El Papa Francisco niega la participación de las mujeres en la Iglesia


Por Pita Ramírez – 22 febrero, 2019Compartir FacebookTwitter

Ante la discusión sobre los pederastas, el Papa Francisco dijo que las mujeres no son necesarias, pues “todo feminismo acaba siendo un machismo con falda”

Regeneración, 22 de febrero de 2019.  Tras los múltiples casos de violencia contra las monjas en la Iglesia Católica, así como los abusos sexuales contra los menores de edad por parte de padres pederastas, el papa Francisco aseguró que no es necesario dar más participación o funciones a las mujeres en esta religión, pues “todo feminismo acaba siendo un machismo con falda”.LEER MÁS:  Mujeres salvan a víctima que era violentada frente a policías de la CDMX

Es decir, el papa argentino prefiere seguir dejando al poder a quienes en su casi mayoría han violentado a los grupos vulnerados.

Asimismo aseguró que “no se trata de dar más funciones a la mujer en la Iglesia”, pues no resolvería el problema, pues se trata de integrar a las mujeres como “figura de la Iglesia en nuestro pensamiento”.

Lo anterior fue declarado a lado de la única mujer que ha intervenido en el atrio del Aula Nueva del Sínodo, Linda Ghisoni, experta en Derecho Canónico, durante la segunda jornada de la cumbre donde el Vaticano debate sobre los 190 padres pederastas que abusaron de menores.LEER MÁS:  Comisionado justifica con comentario machista los feminicidios en Morelos

Hasta el momento el líder religioso se ha limitado a colocar sólo oraciones en su cuenta personal de Twitter:

Papa Francisco@Pontifex_es

Señor, líbranos de la tentación de querer salvar nuestra reputación y a nosotros mismos; ayúdanos a asumir la culpa y a buscar juntos respuestas humildes y concretas, en comunión con todo el Pueblo de Dios. #PBC201931,8 mil7:00 – 22 feb. 2019Información y privacidad de Twitter Ads9.277 personas están hablando de esto


Ante estos comentarios desafortunados algunos usuarios de la plataforma reaccionaron de  la siguiente forma:

Maria Castro.@mariacastro1111

Ah, ya entiendo porqué ustedes todavía están por ahí revoloteando en falda. @Pontifex_eseldiario.es@eldiarioesEl Papa: “Todo feminismo acaba siendo un machismo con falda” https://www.eldiario.es/sociedad/Papa-feminismo-acaba-machismo-falda_0_870713842.html …318:16 – 22 feb. 2019Información y privacidad de Twitter AdsVer los otros Tweets de Maria Castro.

Enrique Stola@Stolae

El MACHO-papa-Francisco, contra el feminismo: “Termina siendo un machismo con faldas” https://www.infobae.com/america/mundo/2019/02/22/el-papa-francisco-contra-el-feminismo-termina-siendo-un-machismo-con-faldas/ …218:13 – 22 feb. 2019Información y privacidad de Twitter AdsEl papa Francisco, contra el feminismo: “Termina siendo un machismo con faldas”El Sumo Pontífice agregó también que dar más espacios a las mujeres en la Iglesia no resolvería el problema de los abusosinfobae.comVer los otros Tweets de Enrique Stola

https://regeneracion.mx/el-papa-francisco-niega-la-participacion-de-las-mujeres-en-la-iglesia/

Confirmado: Estados Unidos cerca militarmente a Venezuela (+ Infografía, Mapas y Videos)


Por: Sergio Alejandro GómezEdilberto Carmona TamayoEn este artículo: Bases MilitaresEstados UnidosInjerenciaIntervencion ExtranjeraPolíticaVenezuela18 febrero 2019 | 322 |  Compartir2.2K

El portaaviones USS Abrahm Lincoln (CVN-72) se mantiene en operaciones cerca de la Florida, a escasos días de navegación de la región del Caribe. Foto: AFP

Los recientes movimientos de tropas estadounidenses, reportados por fuentes públicas y medios de prensa, confirman que Washington se dispone a cercar militarmente a la República Bolivariana de Venezuela bajo la excusa de una supuesta “intervención humanitaria”.

Cuba aseguró el pasado 13 de febrero, mediante una declaración del Gobierno Revolucionario, que Estados Unidos pretende fabricar “un pretexto humanitario para iniciar una agresión militar contra Venezuela” y denunció vuelos militares en la región del Caribe como parte de los preparativos.

Infografía: Edilberto Carmona / Cubadebate

Aunque fuentes en Washington y algunos de los países involucrados se aprestaron a negar las denuncias cubanas, las últimas informaciones disponibles ratifican y amplían las evidencias de un cerco militar premeditado contra Caracas.

“Estados Unidos acumula silenciosamente su poder militar cerca de Venezuela”, señaló en el diario Washington Examiner el periodista y experto militar británico, Tom Rogan.  “Una importante presencia naval y marítima de los Estados Unidos está operando cerca de Colombia y Venezuela. Ya sea por coincidencia o no, estos despliegues le brindan a la Casa Blanca un rango creciente de opciones”.

De acuerdo con Rogan, en menos de una semana el Pentágono está en condiciones de desplegar 2 200 marines, aviones de combate, tanques y poner dos portaaviones en Venezuela.

Las tres puntas del tridente norteamericanoson El Caribe, Colombia y Brasil. No es casual que el almirante Craig Faller, jefe del Comando Sur, haya visitado Bogotá, Brasilia y Curazao durante los últimas semanas, bajo la cobertura de la supuesta organización de la entrega de “ayuda humanitaria” a Venezuela.

Infografía: Edilberto Carmona / Cubadebate

El Caribe: Del portaaviones Abraham Lincoln a Curazao

Con la autorización de Holanda, Estados Unidos organiza un centro de distribución de la supuesta ayuda en la isla de Curazao, a escasos kilómetros de las fronteras con Venezuela.

Pero la movilización militar es mucho más amplia en la región del Caribe. En la denuncia cubana, se explica cómo entre el 6 y el 10 de febrero de 2019, se realizaron vuelos de aviones de transporte militar hacia el Aeropuerto Rafael Miranda de Puerto Rico, la Base Aérea de San Isidro, en República Dominicana y hacia otras islas del Caribe estratégicamente ubicadas.

Ahora se suma el anuncio de que la Marina de los Estados Unidos desplegó un Grupo de Ataque con Portaaviones (CSG) en el Océano Atlántico y frente a las costas de Florida.

Infografía: Edilberto Carmona / Cubadebate

La flota está compuesta por el portaaviones USS Abrahm Lincoln (CVN-72), un crucero misilístico y cuatro destructores, además de una fragata de la marina española invitada a participar.

La fragata F-104 Méndez Núñez, de la marina española, participa de los ejercicios. Foto: Facebook: USSLincoln

“Los GSG tienen capacidades multiplataforma para operar donde sea y cuando sea requerido. Además de poseer la flexibilidad y sustentabilidad para pelear guerras de gran escala y asegurar la libertad de los mares, los CSG son símbolos visibles y poderosos del compromiso de Estados Unidos hacia sus aliados, socios y amigos”, señaló una nota de prensa oficial de la marina estadounidense.

A bordo del USS Abraham Lincoln, portaaviones nuclear de la clase Nimitz, opera el Escuadrón Aéreo Embarcado (CVW) 7, equipado con los Lockheed F-35C Lightning II, el cazabombardero más avanzado del arsenal estadounidense.

El grupo inició el 25 de enero los ejercicios COMPTUEX, destinados supuestamente a poner a punto a la formación previamente a un despliegue militar. 

Aunque su ubicación actual y el destino de su despliegue se desconocen, las consultoras especializadas en asuntos militares Stratfor y Southfront han ubicado al GSG en algún punto del Atlántico frente a las costas del estado de Florida.

En los últimos días se reportó que el grupo había ensayado un cruce de estrechos, maniobra necesaria para ingresar al Mar Caribe, del cual lo separan escasos días de navegación.

Ragan apunta en su artículo otro dato interesante. Estados Unidos podrían tener no uno, sino dos portaaviones en el rango operacional de Venezuela en una semana.

El portaaviones USS Theodore Roosevelt y el navío de desembarco anfibio USS Boxer, se hayan “casualmente”, ahora mismo, en el puerto de San Diego, California, a menos de una semana de navegación de la costa pacífica colombiana.

“El USS Boxer lleva a bordo la undécima Unidad Expedicionaria de Marines (MEU), una de las 7 MEU con las que cuenta el ejército de Estados Unidos. Esta unidad de Marines tiene aproximadamente 2 000 hombres. El propósito expreso de una MEU es ofrecer una rápida capacidad de despliegue militar”, considera Ragan.

Colombia, donde Bolton quiere mandar 5 000 tropas

Aviones de transporte militar pesado de largo alcance C-17 Globemaster III aterrizan en Cúcuta, Colombia. Foto: Telemundo

Desde los tiempos del Plan Colombia, inaugurado en 1999, Colombia es uno de los principales aliados militares de Estados Unidos en la región. Washington estuvo a punto de instalar formalmente siete bases militares en territorio colombiano durante el mandato de Álvaro Uribe, pero una decisión de la Corte Constitucional bloqueó el plan.

Sin embargo, Bogotá encontró la manera de burlar los controles y finalmente se autorizó una presencia y despliegue logístico estadounidense en las principales instalaciones militares de la nación andina.

Esa estrecha alianza saltó a los titulares a finales de enero, cuando el asesor de Seguridad Nacional de la Casa Blanca, John Bolton, mostró “accidentalmente” una anotación en su cuaderno de apuntes con el plan de enviar 5 000 tropas estadounidenses a Colombia, como parte de la operación contra Venezuela.

Cuaderno de notas de Bolton donde se deja entrever el posible envío de 5000 tropas a Colombia. Foto: AP

El propio presidente Donald Trump no descartó la idea y, al ser preguntado al respecto durante una reunión con su homólogo colombiano, Iván Duque, se limitó a decir: “Ya veremos”.

El presidente colombiano, por su parte, prefirió no responder con un “sí” o un “no” la posibilidad de que Colombia permita el ingreso de tropas estadounidenses, a pesar de que el periodista Bricio Segovia, de la Voz de América, le preguntó lo mismo en varias ocasiones:

Durante la entrevista, Segovia le pregunta a Iván Duque:

– ¿Colombia estaría dispuesta a recibir 5.000 tropas en su territorio?

A lo que el presidente colombiano respondió: – Yo no soy bueno interpretando cuadernos de otras personas.

Segovia insiste: – Usted ha estado con él (John Bolton), recientemente.

– Yo lo que le puedo decir es que estamos trabajando intensamente por la liberación del pueblo venezolano y lo hemos venido haciendo con un exitoso cerco diplomático. Ese cerco diplomático no tiene precedentes. Ese cerco diplomático ha aislado al dictador. Ese cerco diplomático es irreversible y la continuidad de este va a venir del efecto dominó que se debe activar desde las Fuerzas Militares de Venezuela – responde Duque.

– Pero, ¿está dispuesto Colombia a recibir a tropas militares en su territorio? – replica Segovia.

– Yo he sido claro, la solución en la que creo es en la del cerco diplomático. La continuidad del cerco diplomático debe ser el efecto dominó que se va a generar en Venezuela cuando más miembros de las Fuerzas Militares le entreguen su lealtad a Juan Guaidó – enfatiza Iván Duque.

– Entonces, no esta dispuesta Colombia a recibir tropas estadounidenses en su territorio… – aclara Segovia.

– Nosotros hemos sido claros. Lo más importante para que Venezuela alcance la libertad es el cerco diplomático, dice Duque.

– Entonces, ¿es un no? – insiste Segovia

– El cerco diplomático es la herramienta más importante que se ha visto en la historia de Latinoamérica. Entonces, creo que este es un gran triunfo para celebrar. La continuidad de esto se ve representada en que haya más militares al igual que los que ya lo hicieron en los últimos días entregándole su lealtad y juramento a Juan Guaidó.

– Discúlpeme señor presidente, pero no me está contestando la pregunta. ¿Está dispuesto Colombia a recibir tropas estadounidenses en su territorio? – vuelve a insistir Segovia.

– Le vuelvo a responder… – dice Duque.

pero Segovia lo interrumpe – ¿Sí o no? no tiene matices esta pregunta.

– Es que como no tiene matices le reitero que creo fehacientemente en la importancia del cerco diplomático, concluye Duque.

Segovia pidió a sus seguidores en su cuenta de Twitter que saquen sus propias conclusiones tras la evasión del presidente.

Aunque aún no se confirma el arribo de los 5 mil efectivos militares, Estados Unidos ya tiene en funcionamiento un puente aéreo desde la base militar de Homestead en Florida a la localidad colombiana de Cúcuta, a 2 600 kilómetros de distancia.

Para las operaciones se utilizan al menos tres aviones de transporte militar pesado de largo alcance C-17 Globemaster III, fabricados por Boeing  y con capacidad de cargar 180 toneladas y entre 80 y 100 tripulantes.

Homestead es, además, la sede del polémico Comando Sur de EE.UU.

Comando Sur

Es el Comando Unificado de las Fuerzas Armadas de Estados Unidos que operan en América Latina y el Caribe y uno de los nueve comandos que están directamente vinculados a la máxima dirección del Departamento de Defensa de EEUU.

Opera en un radio de acción de 32 países, 19 de ellos en Centro y Sudamérica y el resto en el Caribe. Desde 1997 su cuartel general se halla en el Estado de la Florida.

Antes, desde 1947, estuvo basado en Panamá. Su propio historia reconoce que como un antecedente “glorioso” el desembarco de marines yanquis en ese país a principios del siglo XX. El Comando Sur, conocido también por su nominación inglesa USSOUTHCOM, se ha convertido en un símbolo del injerencismo norteamericano en la región y ha sido aliado de las fuerzas militares y paramilitares que tan nefasto registro de muertes, torturas y desapariciones han dejado en los pueblos latinoamericanos y caribeños a lo largo de más de un siglo.

En los últimos años, el USSOUTHCOM ha estado armando, entrenando y adoctrinando a los ejércitos nacionales para servir a los intereses de EE.UU bajo su liderazgo. La finalidad es evitar la utilización de tropas norteamericanas y de esta forma reducir la oposición política en los Estados Unidos.

El modelo consiste en que Washington dirige y entrena a los ejércitos latinoamericanos mediante “programas conjuntos” extensivos e intensivos, y subcontrata compañías privadas de mercenarios que proporcionan militares especializados, todos ellos oficiales “retirados” del ejército norteamericano. (Tomado de la Enciclopedia contra el Terrorismo)

El Brasil de Bolsonaro, un nuevo aliado del Pentágono

Frontera entre Brasil y Venezuela en el Estado de Roraima. Foto: Archivo

Brasil, el mayor país de Sudamérica y que cuenta con las mayores fuerzas militares, se ha convertido en los últimos años en un aliado inesperado del despliegue del Pentágono en la región.

Los gobiernos de Michel Temer (interino tras un golpe de Estado parlamentario) y de Jair Bolsonaro, pretenden cambiar la matriz de fuerte nacionalismo que se consolidó durante los gobiernos del Partido de los Trabajadores.

En una de las primeras entrevistas tras asumir como presidente, el ultraderechista Bolsonaro aseguró al canal SBT tener abierta la posibilidad de instalar una base militar estadounidense en el país.

Pero Bolsonaro, un excapitán de rango menor, se retractó en parte de su idea al recibir fuertes críticas de sus propios generales.

Sin embargo, nadie pone en duda la cercanía del nuevo presidente brasileño con su homólogo estadounidense, ni la admiración de dos de sus hijos por el Mossad (servicios secretos hebreos) y por el Ejército de Israel.

El jefe del Comando Sur de Estados Unidos estuvo la semana pasada en Brasil y fue recibido por el canciller Ernesto Araújo, con quien discutió el “asunto Venezuela”.

Bolsonaro se comprometió a utilizar el estado de Roraima como centro de acopio de  la supuesta ayuda humanitaria contra Venezuela, y por lo tanto del despliegue logístico estadounidense.

Sea cual sea el objetivo de la movilización militar ordenada por la Casa Blanca -desde los preparativos de una agresión directa a otra medida de presión psicológica contra sus autoridades legítimas-, lo que resulta innegable en este momento es que Estados Unidos mueve sus fichas en la región para cercar Venezuela por todas las vías a su alcance.

Ante ese escenario, Cuba hizo un llamado a todos los pueblos y gobiernos del mundo a defender la Paz y a oponerse unidos, por encima de diferencias políticas o ideológicas, para detener una nueva intervención militar imperialista en la América Latina y el Caribe que dañará la independencia, la soberanía y los intereses de los pueblos del Río Bravo a la Patagonia.

http://www.cubadebate.cu/especiales/2019/02/18/confirmado-estados-unidos-cerca-militarmente-a-venezuela-infografia-

Ivone Gebara: feminista, católica, ecuménica y crítica


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CRISTINA HINCAPIÉ

  • Febrero 15, 2019

Es un derecho pensar diferente.Ivone GebaraT

Llevo varios meses escuchando y leyendo, es decir, conociendo, a la filósofa y teóloga brasileña Ivone Gebara. Lejos estoy aún de poder hacer un completo acercamiento a sus postulados teológicos, pero, como mujer, teóloga y sujeto de fe, me veo profundamente identificada en sus palabras e ideas, he disfrutado y abrazado las imágenes que me ha regalado en varias charlas suyas —muchas de ellas disponibles en la web— y he reflexionado, sobre todo, acerca del camino que, como ella, muchas mujeres vamos construyendo, buscando una respuesta a la pregunta por ¿qué significa hoy ser mujer, teóloga y creyente?

De la comunicación entre su corazón, alimentado por la experiencia con cientos de mujeres en América Latina, y su razón, fortalecida con el constante ejercicio académico que realiza, emergen preguntas que, considero, son más que necesarias en este ejercicio de hacer teología más allá de los programas académicos que, como lo denuncia Ivone, han marginado la enseñanza de la teología feminista y han ocultado no solo el papel de las mujeres en el ámbito teológico, espiritual y religioso, sino también el abuso de poder al que han sido sometidas por estos discursos a lo largo de la historia.

Ivone Gebara nació en Sao Paulo en 1944, se graduó como filósofa y, en 1967, unos cuantos años después del Concilio Vaticano II que invitaba al aggiornamento, es decir, a la renovación o modernización de la Iglesia, ingresó a la orden de las Hermanas de Nuestro Señor, motivada por su acercamiento a algunas religiosas cuya opción se centraba en los pobres. Sus apuestas sociales y políticas le hicieron ver a aquella joven estudiante de filosofía, en este camino, una alternativa de vida que podría conectarla con la libertad, su búsqueda incansable.

Ivone suele contar una anécdota que «le abrió los ojos a su condición de mujer en la iglesia», situación que, con cierta mística, he escuchado y leído ya varias veces y que considero digna de ser recordada, no solo para quienes aún no la conocen, sino también, y sobre todo, para recordarnos cómo, de esa misma manera, su teología nos invita y nos exige reconectarnos con la experiencia real de las mujeres.

Cuenta entonces que mientras acompañaba a un grupo de hombres en un barrio popular en el estudio de la Biblia desde una perspectiva social «para fundamentar en las escrituras las huelgas y sus reivindicaciones laborales», se percató que la esposa del dueño de la casa nunca participaba de sus charlas y se quedaba en la cocina o aparecía solo para llevarles café. Hasta que un día…

«(…) fui a visitarla sólo a ella y le pregunté por qué no iba a nuestras charlas. Me dijo que tenía que cuidar a sus niñas, que tenía que hacer café. Discutimos. Hasta que me dijo, casi enojada: “¿Quieres saber por qué no voy? Porque tú hablas como un hombre”. Yo intenté defenderme. Ella me preguntó: “¿Tú conoces los problemas económicos que nosotras, mujeres de obreros, tenemos?” No. “¿Tú sabes que el viernes es el peor día para nosotros porque el sueldo del obrero sale el sábado y el viernes casi no hay comida?” No, yo le decía. “¿Tú sabes el tipo de trabajo que hacemos para aprovechar el sueldo del esposo?” No. “¿Tú sabes las dificultades sexuales que tenemos con nuestros esposos?” No. “Entiendes por qué no quiero ir a tus charlas, porque no hablas desde nosotras”, me dijo. Esa mujer me abrió los ojos».

Entonces comenzó a leer a las teólogas feministas norteamericanas como Mary Daly, o a la alemana Dorothee Sölle, y empezó a cuestionarse qué cambios traía su teología a la vida real de las mujeres de su país y del mundo. Desde ese momento hizo su opción por el feminismo. Ya había obtenido su doctorado en filosofía y dedicaba su obra a la teología de la liberación en diálogos fervientes con la teología feminista. Fue profesora, agitadora del espíritu vivo de las Escrituras, y en los años 90’ fue obligada a realizar estudios en Teología y castigada con el silencio por hablar de temas como el aborto, el cuerpo y la sexualidad femenina. Realizó un doctorado en Ciencias Religiosas en la Universidad de Lovaina y publicó uno de sus libros más destacados: Rompiendo el silencio: una fenomenología feminista del mal.

Ha dedicado los últimos años a compartir sus reflexiones con quienes queremos conocerla y aprender de ella a través de publicaciones, charlas y conferencias, recordándonos en cada idea la importancia de visibilizar en la teología y en las iglesias a aquellas realmente «desaparecidas» en la historia, las mujeres.

En mi constante reflexión y en consonancia con la esencia de mi pensamiento, más holístico e interdisciplinar, han hecho eco algunos puntos esenciales de su teología que, como puntadas, he ido tejiendo en relación con la mitología de la Gran Madre, con mi construcción como mujer y feminista, con la experiencia compartida con otras mujeres y la pregunta por una espiritualidad femenina, donde la divinidad está presente en el cosmos, en el encuentro, en la esperanza y la libertad.

Las mujeres y la naturaleza, una teología ecofeminista

A Ivone, el ecofeminismo le ha permitido conectar la explotación de la naturaleza con la opresión vivida por las mujeres, a quienes se les ha explotado y dominado por igual, relegándolas a ser fuentes productivas al servicio de un sistema jerárquico patriarcal. La violencia puesta sobre la naturaleza, relacionada ideológica, antropológica y míticamente con las mujeres (creadoras de vida), es una imagen que nos refleja, a su vez, la desconexión del patriarcado con los aspectos y los cuerpos femeninos, sobre quienes ejerce control a través del abuso de poder.

De la misma manera, la teología ecofeminista, contribuye a la reflexión sobre las relaciones establecidas desde los discursos religiosos y sus instituciones jerárquicas, donde los cuerpos de las mujeres, su participación en la historia del pueblo de Dios y la lectura que se ha dado a los textos bíblicos, han estado al servicio de la opresión y no de la liberación. Esta teología busca entonces recuperar la sabiduría de un ecosistema más completo, donde es vital la experiencia, la memoria y el relato de aquellas que han asumido una postura sumisa y pasiva frente al discurso antropocéntrico, androcéntrico, blanco y occidental del quehacer teológico.  

El cuerpo de las mujeres en la teología

Somos seres encarnados, portadores de un cuerpo, somos cuerpos. El cuerpo, nos recuerda Ivone, es un espacio político y religioso, «todo lo que hacemos es por nuestros cuerpos, nuestra vida se ubica dentro de nuestro cuerpos y desde nuestros cuerpos. La organización del mundo es para nuestros cuerpos, las políticas son para nuestros cuerpos, la institución del estado, la democracia u otro régimen es para nuestro cuerpos. Decir que el cuerpo es espacio político y religioso es una tautología, es una evidencia». Sin embargo, insiste en que si bien hay teorías sobre los cuerpos, debemos recordar que una cosa es la teoría y otra la práctica en relación a los cuerpos. «Sabemos hacer teorías sobre los cuerpos y a través del pensamiento se construyen ideas, mundos, modelos de felicidad, de paz, de libertad, de justicia para los cuerpos, pero cuando encontramos un niño hambriento en la calle, una mujer violada en su hogar, o tanta gente sin trabajo, volvemos a la constatación de los límites de nuestras teorías».

Así, el cuerpo femenino que ha estado siempre en el ojo del huracán político y religioso, atravesado por la experiencia de placer y de dolor, de libertad o de subyugación, debe ser observado en la vivencia que de él hacen las mujeres y escuchado en sus propios relatos. Dar eco y volumen a los cuerpos y las voces de las mujeres oprimidas ha sido un trabajo fundamental del feminismo, y la teología feminista, a su vez, se pregunta, entre muchas otras cosas, por la imagen de «pecadoras» que a través de Eva se nos ha infundido y que ha generado en la psique colectiva femenina un aterrador sentimiento de culpa por nuestros cuerpos, lo que nos ha llevado en muchas ocasiones y en palabras de Gebara, «a ver como único camino de salvación el sacrificio» y la obediencia.

La estructura jerárquica del patriarcado se reproduce en relación con nuestros cuerpos, dice, «de forma que hay cuerpos que valen más que otros, hay cuerpos que se presentan como superiores y otros como inferiores, hay cuerpos que dan placer pero que no tienen el derecho a pedirlo». Y critica contundentemente «el hecho de que la teología legitimaba esta jerarquía con sus concepciones retrógradas y arcaicas o con su silencio sobre algunos cuestionamientos fundamentales».

La espiritualidad femenina, alimento para vivir mejor

Hay que aclarar, de antemano, que para Ivone la espiritualidad es eso que nos alimenta, que nos ayuda a vivir mejor. «No es algo impuesto que se deba repetir porque así me han dicho», señala, la espiritualidad no se trata de seguir unas prácticas que nos han hecho creer son necesarias, buenas o fundamentales, sino más bien de lo que tiene sentido para cada persona, pues la espiritualidad trata con la experiencia propia.

¿Qué quiere decir hoy la espiritualidad?, ¿cómo viven su espiritualidad las mujeres, especialmente las mujeres pobres y marginadas? La espiritualidad femenina es un tema central en el discurso de Ivone, y mantiene su énfasis en la espiritualidad como algo que nos da ganas de ir adelante y que sucede en la cotidianidad de nuestras vidas.

«No puedes ser feminista —dice— ignorando la pertenencia religiosa de las mujeres; si no son católicas, son de la Asamblea de Dios, o de la Iglesia Universal, o del candomblé o del espiritismo. Y en cada lugar de éstos hay una dominación de los cuerpos femeninos. La religión es un componente importantísimo en la construcción de la cultura latinoamericana», y para lograr los cambios necesarios, hay que hacerlos desde adentro.

Imagino que, tanto a ella, como a mí, y seguramente a muchas teólogas o mujeres de fe, la pregunta por si se puede ser feminista y teóloga o creyente, nos ha cuestionado más de una vez. Pero, ¿creyente en qué?, ¿feminista de qué manera?, nos cuestiona Gebara.

Para ella, está claro que no podemos cambiar el pasado, pero sí transformar el presente y abonar a las comprensiones del futuro preguntándonos esencialmente «si la interpretación que se hace de las Escrituras y los textos sagrados produce vida o muerte, si ayuda a liberar o nos ata a órdenes ya superadas en nuestro tiempo». Por eso se presenta como filósofa, teóloga, feminista, católica, cristiana, ecuménica y crítica, pues es labor de quien hace teología juzgar los efectos de las interpretaciones y constatar si estas están en pro de la liberación.

Las mujeres y el mal

No podría, personalmente, pasar por alto la contribución que Ivone ha hecho a uno de los temas que más ha cobrado interés y relevancia en mi investigación teológica y psicológica y que se constituye como el más reciente encuentro que he tenido con ella: el mal. A través de una serie de relatos literarios y de testimonios de mujeres y niñas, en su libro Rompiendo el silencio, una fenomenología feminista del mal, esta teóloga brasileña escucha a aquellas que han sufrido y soportado los más terribles males del mundo, y a través de sus vidas, marcadas por el dolor, se ha preguntado ¿cuál es el mal que vivimos las mujeres?, ¿cómo experimentan eso que teológicamente  llamamos «el mal»?, y con esto, ¿cuál es el Dios de las mujeres?

Teológicamente, pareciera existir una delgada línea que separa el mal del pecado, y con este tema, las mujeres, representadas por Eva en el Génesis bíblico, hemos cargado con el señalamiento que la lectura patriarcal ha hecho de estos pasajes. Eva como aquella «que entró el pecado en el mundo, y, por generalización, las mujeres como aquellas que siguen perpetuando el rol de transmisión de dicho pecado», como lo señala la teóloga española Mercedes Navarro, es una idea que, en una perspectiva feminista, nos exige no solo una reinterpretación de las Escrituras, sino también una transformación en la consciencia de hombres y mujeres.

Para abonar a este terreno, Ivone postula diferentes niveles de esta problemática desde las realidades de las mujeres: el mal de no tener, de no poder, de no saber, de no valer y por último, el mal de la invisibilidad.

Las mujeres hemos sido confinadas históricamente a la obligación de tener el sustento básico que alimenta a una familia, por ende, no tener lo suficiente, o «la carencia de lo esencial para vivir, nos afecta de un modo particular». A su vez, se nos impone el mal de no poder, o la imposibilidad de influir en lo que ocurre dentro y fuera de nosotras mismas, imposibilitándonos «disfrutar de las mismas oportunidades sociales» por la falta de democracia.

Hemos experimentado y cargado históricamente con los miedos que nos impiden tener determinación para pensar, cuestionar, dudar, sospechar de aquello que nos han enseñado como la única y absoluta verdad, y nos han arrinconado en el extremo del no valer, atravesando nuestro cuerpo sexuado que ha sido usado como objeto de placer, de guerra y venganza. Finalmente, la suma de estos males se nos presenta en la invisibilidad a la que hemos sido y seguimos siendo sometidas, y que se constituye como la búsqueda de cientos de mujeres teólogas, feministas y creyentes, que seguimos y seguiremos avanzando en la necesaria construcción de un pensamiento reflexivo y sensible que promueva los discursos religiosos y espirituales enfocados en la liberación de la que nos habla el Evangelio y en la libertad que nos fue dada por la divinidad en la creación, donde la justicia y el amor reúnan aquello que el patriarcado ha separado.

Nos queda entonces por hacer y promover una teología renovada que abrace a las mujeres, las grandes excluidas de la historia, a las dolientes y a las pobres, a las sufrientes y a las que renuevan la vida cada día. Una teología que nos mueva a la deconstrucción y a la reconstrucción, que nos invite a la comunión y no a la dominación; y esto, sin duda, podemos hacerlo caminando de la mano de grandes teólogas como Ivone Gebara.  

https://teounder.com/2019/02/15/ivone-gebara-feminista-catolica-ecumenica-y-critica/?fbclid=IwAR1wZAV4JXqng1EsPim2SyqXJw

Un libro contra los hombres y no a favor de las mujeres


Es un libro beligerante, lo cual en sí mismo no es un rasgo negativo, de no ser porque eso entorpece y debilita su propia lógica

Un libro contra los hombres y no a favor de las mujeres
Un libro contra los hombres y no a favor de las mujeres

KARINA SAINZ BORGO

PUBLICADO 22.02.2019 – 05:15ACTUALIZADOhace 48 minutos

Sólo basta leer el título para saber a qué atenerse. Se trata de La guerra más larga de la Historia: 4.000 años de violencia contra las mujeres. En sus páginas las periodistas y filólogas Isabel M. Reverte y Lola Venegas, así como la abogada Margó Venegas proponen un libro de vocación divulgativa escrito no con las estructuras del reportaje, como aseguran sus editores en la cubierta, sino como una recopilación, más o menos histórica, que documenta lo que las autoras consideran modalidades de violencia y agresión contra las mujeres y que dividen en tres grandes apartados: Violencia CulturalViolencia Física y Violencia Estructural.

Es un libro beligerante, lo cual en sí mismo no es un rasgo negativo, de no ser porque eso entorpece y debilita su propia lógica. La premisa de la que parten sus autoras es arriesgada metodológicamente, además de  acusatoria: para ellas la violencia contra la mujer forma parte no necesariamente como parte de un proceso de transformación política, antropológica o cultural de la convivencia entre los seres humanos a lo largo de la historia, sino como un proceso lineal y preconcebido de dominación y exterminio de los hombres hacia las mujeres. Es decir, equipara la convivencia entre ambos casi como una relación colonial.

Desde hace casi 4.000 años, según las autoras, las mujeres han sido objeto de ataques constantes que tienen una expresión total que va desde la religión y las tradiciones hasta las leyes y la conformación del Estado y del poder, un apartado en el que no mencionan por ejemplo, figuras de peso como Isabel I de Inglaterra o la mismísima Isabel La Católica. El punto de partida es difuso y su explicación es casi dogmática, porque no ofrece una proposición matizada sino una sucesión de argumentos concluyentes y sentenciosos.

 “¿Cuándo empezó todo? ¿En qué momento los hombres consiguieron someter a las mujeres y estas aceptaron la sumisión y desvalorización que, sin duda, se encuentra en el origen de la violencia?”, escriben las autoras, quienes se pasean desde explicaciones evolucionistas y factores biológicos hasta lo que los marxistas llamaron “la histórica derrota del sexo femenino”. En un mismo folio las autoras pasan de atribuir a la Odisea  la “desvalorización” de las mujeres –y de transmitir esos valores a Europa, una afirmación correosa no del todo justificada-, a denunciar la pornografía actual. Ocurre muchas veces a lo largo de la lectura. Afirmaciones de una complejidad profundísima  acaban con brochazos de Perogrullo.

Apartado de citas

El hecho de que el libro tenga un aparato de citas no lo hace serio por sí mismo, sino mucho peor, lo convierte en un edificio caótico, que no conserva ni el rigor académico ni la claridad y la contundencia periodística. Hablan con cierta laxitud de feministas egipcias al mismo tiempo que aportan etiquetas genéricas para procesos complejos que demandan una lectura más compleja. Al momento de trazar un origen se remiten al patriarcado como concepto informe en el que todo cabe. La propia noción de familia está planteada en clave bélica, de perpetua oposición. Más que un libro a favor de la mujer, parece un libro en contra de la masculinidad, un razonamiento que autoras a las que podría considerarse voces clásicas del feminismo como Susan Sontag o Doris Lessing se oponían por su componente excluyente.

La cubierta del libro publicado por Espasa.
La cubierta del libro publicado por Espasa.

Novedades editoriales: madres y mujeres

En clave ficción, muchos de los libros de este trimestre visitan el tema de la madre. Por ejemplo, el libro que el argentino Jorge Fernández Díaz escribió para contar la historia de la suya y que Alfaguara reedita 18 años después.  Pero si Jorge Fernández Díaz se valió de la vida de su madre para contar la historia de un país y un tiempo, hay otros autores que se valen de la figura materna para escarbar en la idea sobre si realmente conocemos a los que nos rodean. Así lo ha hecho el escritor y traductor húngaro András Forgách en El expediente de mi madre (Anagrama), un libro que presentó recientemente en el festival BCNegra, y en cuyas páginas se despliega una indagación tanto personal como colectiva. Valiéndose de la investigación y la narración novelesca, Forgách plantea un libro efectivo y profundo en el que no se limita a reconstruir el pasado, sino a adentrarse en las nociones de memoria, verdad y ocultación a partir de la figura de su madre.

La madre, mejor dicho su ausencia, es lo que pone en marcha la nueva novela Anne Tyler, ganadora de los premios Pulitzer, National Book Critics Circle y Pen/Faulkner, quien regresa con El baile del reloj (Lumen), un libro que relata la vida de Willa Drake, una mujer cuya biografía se traza en la pérdida, desde la desaparición de su madre a los once años hasta un matrimonio y una viudez  que llegan igual de pronto. Sin embargo, una llamada la empuja a abandonarlo todo y acudir en la ayuda de la exnovia de su hijo. El lugar del cuidador resitúa el de la madre, el territorio de la protección y el calor humano, una isla del espíritu en medio de la aspereza que el destino ha procurado a esta mujer.

También dedicado a la figura de la madre, el hermoso libro de Luis Antonio de Villena publicado por Cabaret Voltaire. Se titula Mamá y en él Villena vuelca una evocación, un trazo, una estela de amor y herida ejecutada de una manera mestiza, a mitad de camino entre la oración y el fervor, construyendo sus páginas desde la veta de la contradicción: aquello que de tan fuerte termina por convertirse en necesidad y cicatriz. “Es una plegaria y una obsesión. No hay amor sin daño y sin éxtasis, y la parte más débil queda siempre tremendamente desamparada. Por eso el grito que resuena no es el de ella―que descansa plácida―es mío el grito desgarrador y solitario que se oye. Estepario lobezno, tras la pérdida”, escribe Villena sobre ese territorio inabarcable de quien habla del origen… No importa cuánto tiempo transcurra entre quienes pierden o se reinventan, la madre es el puerto en el mar bronco de los afectos. También la escritora Nuria Labarri reflexiona sobre este tema en su novela  La mejor madre del mundo (Literatura Random House, 2019).

https://www.vozpopuli.com/altavoz/cultura/libro-hombres-favor-mujeres_0_1220878630.html

El servicio de las monjas y la llamada de Dios


POR EDUARDO M. BARRIOS, S.J.

Las monjas son mujeres católicas que, siguiendo la llamada de Dios, se incorporan libremente a la vida religiosa para servir según sus capacidades, escribe Eduardo J. Barrios, S.J. MARIO TAMA GETTY IMAGES

El pasado 11 de febrero salió en este periódico el artículo, “La servidumbre de las monjas y el sexismo en la Iglesia Católica”.

La palabra “servidumbre” connota trabajo obligado; equivale a esclavitud.

El Cristianismo valora el servicio, ya que todo cristiano sigue a Jesús, que “no vino a ser servido, sino a servir” (Mc 10, 45). El mismo Papa, cuando habla de su cargo, lo llama “servicio petrino”.

Las monjas son mujeres católicas que, siguiendo la llamada de Dios, se incorporan libremente a la vida religiosa para servir según sus capacidades. Hay consagradas que trabajan como presidentas de universidades y hospitales católicos; muchas imparten enseñanza a diferentes niveles; las hay enfermeras en congregaciones hospitalarias. El fuerte de algunas es la cocina o la costura u otras manualidades. En las comunidades todas comen lo mismo y visten igual; no hay diferencias. Muy pocas prestan servicios domésticos en residencias episcopales.

Los abusos contra monjas que deplora el Papa Francisco hay que enmarcarlos dentro de su elevado número. Ellas llegaron a ser más de 700,000 a nivel mundial; ahora son menos, pero siguen siendo muchas y a muy pocas les ha ocurrido lo que lamenta el Papa.

La mayoría de las monjas entran en el noviciado bien seguras de una vocación que incluye voto de castidad. En cuanto a religiosas que han concebido, es falso que la Iglesia apruebe el aborto como solución; en ningún caso la moral católica justifica ese infanticidio. Es cierto que en países en guerra, como el Congo y Bosnia, hubo monjas que tomaron pastillas anticonceptivas por precaución; pero eso es diferente.

El respeto a la vida humana ha sido constante en el Cristianismo. En La Habana hubo durante casi tres siglos una institución benéfica llamada Casa Cuna, donde las madres llevaban a los bebés que no podían criar. A esos niños les ponían el apellido del obispo Fray Gerónimo Valdés. El personaje ficticio Cecilia Valdés venía de esa institución. Y también el poeta patriótico Gabriel de la Concepción Valdés, alias Plácido, así como el Beato José Olayo Valdés.

Es falso que los hombres de la Iglesia “impongan las reglas, los votos de celibato, obediencia y pobreza”. Desde el siglo III existen hombres y mujeres que libremente se entregan a Dios de un modo radical expresado en los tres votos religiosos. Si durante la formación algunas consagradas descubren que su vocación es otra o se sienten abusadas, salen por la misma puerta por la que entraron. Y si ya tenían votos perpetuos, solicitan la dispensa. Muchos ex religiosos(as) siguen sirviendo a Dios desde el laicado.

Eduardo M. Barrios, S.J.: ebarriossj@gmail.com.

https://www.elnuevoherald.com/opinion-es/article226635124.html

El feminismo que aprendí de las monjas


Por LIESL SCHWABE 22 de febrero de 2019Volver al artículo principalComparte esta página

CreditMonica Garwood

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Puede ser difícil rastrear los orígenes de nuestras convicciones más profundas.

A mí prácticamente me educó una madre soltera y yo sabía, casi desde que nací, que las mujeres tienen la capacidad de hacerlo todo y en ocasiones se ven obligadas a hacerlo, sobre todo cuando no hay nadie más que las apoye. Entré a Antioch College en 1993, el año en que la política sobre delito sexual que hizo la escuela fue objeto de burla incansable en todo el mundo por introducir la idea del consentimiento verbal. No mucho tiempo después, en un monasterio birmano me rapé la cabeza para convencerme a mí misma de que mi cuerpo físico no me definía.

Pero la educación feminista más importante que recibí fue en mi escuela católica, a principios de los ochenta, en los suburbios del Medio Oeste estadounidense. Fue ahí donde mis maestras más queridas eran monjas que nos enseñaron a ayudar a los pobres, rezar por los enfermos y a donar nuestras monedas a El Salvador. Fue ahí donde aprendí la necesidad de cooperar y ser autosuficiente, y las posibilidades que eso brinda.

Vestidas con sus trajes de poliéster y zapatos ortopédicos, la hermana Irene y la hermana Betty, mis maestras de primero y segundo de primaria, respectivamente, emanaban una alegría y un sentido de propósito que me parecían contagiosos.

Fundada en 1923, Our Lady of the Elms (Nuestra Señora de los Olmos), en Akron, Ohio, lleva casi cien años siendo una escuela solo para niñas. La institución promete que “en la experiencia de todas las niñas Olmos se entreteje Veritas, la búsqueda de la verdad y la justicia”.

Quizá debido a que mi propia hija ahora está en segundo de primaria, me doy cuenta de que pienso a menudo sobre cómo me enseñaron a buscar la verdad y la justicia, y lo inseparable que esos ideales se volvieron para entender qué significa ser una niña.

A principios de diciembre de 1980, tres monjas católicas provenientes de Estados Unidos y una voluntaria laica fueron violadas y asesinadas a unos kilómetros del aeropuerto de San Salvador. Los hombres responsables formaban parte de los escuadrones de asesinos, entrenados en Estados Unidos, que ayudaban a mantener el control militar en El Salvador. El Vaticano reprendió al clero por declararse en contra de aquel régimen tan violento. Como explicó la escritora Hilary Goodfriend, estas mujeres habían sido “intensamente valientes” por haber arriesgado “sus vidas para ayudar a las víctimas más vulnerables de la política exterior estadounidense a luchar por una vida digna”.

Tenía 5 años cuando entré a primero de primaria en el otoño de 1981. La hermana Irene, de cabello corto y gris, con lentes enormes, estaba sentada ante el grupo en una pequeña silla anaranjada. Detrás de ella había un mapa desplegado de Centroamérica y nos pasó una copia mal hecha de una foto que retrataba la camioneta calcinada de las monjas. No recuerdo qué palabras usó, pero sí me acuerdo de la sensación: el gran impacto que sentía se fue suavizando porque la hermana Irene insistía en el perdón.

No aprendimos de “capitalismo” ni “revolución”. Las monjas no comerciaban con propaganda. Después aprendí que nos enseñaban a rezar con el mismo tipo de ideas que hay en la práctica budista de la compasión, la conciencia de que todas las personas quieren sentirse seguras. Éramos niñas, pero entendíamos qué era el miedo. La hermana Irene nos enseñó que la vulnerabilidad no separaba a las personas, nos conectaba.

Una vez, cuando estaba en segundo de primaria, mi padre bohemio solo empacó ostiones ahumados en mi lonchera de los Muppets en el Espacio. Tan solo el olor era humillante. Pero cuando quise tirarlos, la hermana Betty se paró delante del basurero con las manos en la cadera.

“Acuérdate de que no tiramos la comida”, dijo, y los rizos de su peinado parecían un halo. Y sí me acordaba: no tirábamos la comida porque en El Salvador los niños se morían de hambre. Yo creo que esa idea nos ayudaba a no pensar tanto en lo que no nos gustaba de nuestra comida sino, más bien, en lo que no nos gustaba en el mundo. Aunque había muchas cosas que no sabía, sí estaba consciente de que había personas que no tenían suficiente comida.

Si bien es indudable que, entre las generaciones de niños a los que se les decía que no dejaran comida en el plato porque en Etiopía o Bangladés los niños no tenían qué comer, se suscitaron ideas ingenuas del excepcionalismo estadounidense, este hábito actual que tenemos de tirar comidas enteras (y atuendos y todo lo que compramos y nunca usamos) me parece mucho peor, parte de una miopía estadounidense que absolutamente nunca considera a los demás.

Hasta hace relativamente poco, ser monja era una de las pocas maneras que las mujeres tenían para acceder a la educación superior o elegir un camino distinto al matrimonio y la maternidad. Por eso, durante más de mil años, las mujeres de todo el mundo eran llamadas a tomar votos de pobreza y celibato.

A lo largo del siglo XX, las monjas construyeron y supervisaron un amplio sistema de escuelas y hospitales. Pero para los años ochenta ya disminuía el número de monjas, desanimadas después de que el Vaticano II no les otorgó a las mujeres la igualdad que muchas hermanas esperaban. Los movimientos por los derechos civiles y de las mujeres, junto con las mayores oportunidades de empleo y educación, también hizo que las mujeres que antes habrían entrado al noviciado, ahora tuvieran otras opciones a su disposición.

Mis compañeras y yo estuvimos en lo que fue el final de una era. Estábamos rodeadas de mujeres instruidas que no eran ni esposas ni madres, que no usaban maquillaje y que vivían en comunidad incluso compartiendo un auto. Para nosotras eran un modelo de igualdad. Nos enseñaban lo que en ese momento no pensábamos que fuera una manera tan completamente diferente de vivir.

Mi experiencia con la educación católica fue breve y, en mi vida adulta, nunca me he considerado cristiana. Pero las monjas nos enseñaron generosidad e introspección de una manera tan directa como cuando enseñaban las fracciones y a escribir en cursiva. En otras palabras, mi formación nunca se trató solo de mí, sino del mundo que yo habría de heredar.

En un momento en el que la violencia en contra de los niños, las mujeres, los desposeídos y el planeta es tan extendida, veo dejos de esperanza en la convicción de las monjas de que la compasión puede ser enseñada y el perdón fomentado. Si logramos aprender a enfrentar la existencia del sufrimiento no como una señal de desesperanza, sino como una oportunidad para el amor, todos estaremos más dispuestos a asumir la responsabilidad de ese sufrimiento. Si comprendemos la necesidad de la verdad, entonces podremos buscar la justicia.

Liesl Schwabe es escritora.

Alberio Riascos: “algunos casados, con un buen matrimonio, pueden ser sacerdotes en su comunidad”


22.02.19 | 16:50. Archivado en MisiónPueblos IndígenasVida ReligiosaRed Eclesial Pan Amazónica – REPAMAmazoniaSínodo Pan Amazonia

Los indígenas disfrutan más de la vida que cualquier otro ser humano, afirma el padre Albeiro Riascos, misionero colombiano que trabaja en el Vicariato del Puyo, Ecuador. El religioso, que pertenece a la Congregación de los Misioneros Javerianos de Yarumal, ve a aquellos con quienes convive como gente que se preocupa por “disfrutar en cada momento”.

Ser misionero en una comunidad indígena es, por encima de todo, “compartir la vida diaria”, lo que en opinión del Padre Alberio, “hace que sienta una hermandad muy bonita con ellos”. Al mismo tiempo reconoce que esa presencia, que es lo que más piden los pueblos indígenas, no es fácil de llevar a cabo, dado el escaso número de sacerdotes en la Amazonía.

Una de las posibilidades, según el misionero, es que “se puede dar el caso de algunos casados, que tengan un buen matrimonio, que puedan ser sacerdotes en su comunidad”. Junto con eso, ve como algo necesario “que la mujer tenga más protagonismo en los ministerios”, pues de hecho las mujeres tienen un papel fundamental en las comunidades indígenas. En ese sentido, el misionero afirma que las mujeres “dan lo mejor de sí para construir el Reino de Dios en su comunidad”.

¿Cómo es su trabajo en una comunidad indígena, qué tiene de diferente?

En la comunidad indígena todo es diferente, empezando por el estilo de vida de las comunidades, que no tiene el ajetreo y la prisa de la ciudad, sino que van viviendo la vida día a día, poco a poco, sin preocuparse tanto por tener muchas cosas acumuladas, sino más bien por disfrutar cada momento, cada espacio y cada cosa que tienen en la vida. Disfrutan más ellos de la vida que cualquier otro humano. Entonces, el trabajo se hace bonito porque es menos complicado.

¿Podríamos decir que eso es hacer realidad el concepto de sobriedad feliz, que el Papa Francisco está usando?

Exactamente, así es. Siente uno que en la comunidad indígena, también se vive eso de oler a oveja que pide el Papa. Sencillamente es estar ahí con ellos, no es estar con muchos conceptos y muchas actividades, sino más bien, compartir la vida diaria, y eso hace que sienta una hermandad muy bonita con ellos.

El Papa Francisco, de cara al Sínodo para la Amazonía, insiste mucho en escuchar a los pueblos de la Pan Amazonía, pero sobre todo a los pueblos indígenas. ¿Qué es lo que ellos podrían enseñar a la Iglesia católica?

Hay muchas cosas que ellos pueden enseñar. Lo que más reclaman es la compañía permanente de los sacerdotes, de las religiosas, eso para ellos es fundamental. Se sabe que en la Amazonía no es fácil tener religiosas y sacerdotes permanentes, sobre todo en el Vicariato del Puyo, que somos 17 o 18 sacerdotes para tanto territorio. Es muy difícil poder acompañar de manera permanente a todas las comunidades. Se hace lo posible por visitarles, acompañarles, y esa es una prioridad.

Otra cosa que ellos piden de manera puntual es mayor protagonismo en las decisiones de la Iglesia, pero se hace un poquito difícil en cuanto que la Iglesia también tiene muchos requerimientos, y para muchos de ellos las comunidades no están dispuestas a ceder. Por ejemplo, ellos quieren sacerdotes, muchos, pero en el proceso se dan cuenta que es muy difícil, por su cosmovisión indígena, vivir el celibato. Su cultura les dice que hay que tener hijos, entonces no son compatibles celibato y cultura indígena.

Ese es una de los temas que está apareciendo en la reflexión sinodal, ¿cómo desde su conocimiento, se podrían hacer realidad ministerios indígenas que pudiesen dar la posibilidad de celebrar los sacramentos, la Eucaristía, y no necesariamente tuviesen que ser sacerdotes?

Pienso que desde la Iglesia es importante pensar en todo eso, primero, algo que ellos también nos reclaman es el diaconado permanente, piensan que de esa manera se puede ayudar mucho más. Yo he pensado hace mucho tiempo que también se puede dar el caso de algunos casados, que tengan un buen matrimonio, que puedan ser sacerdotes en su comunidad, es una posibilidad. No digo al contrario, sino que los casados puedan ser sacerdotes para que puedan prestar un servicio, gente que conoces, que puede dar un testimonio de vida, que su familia es bien organizada. Creo que se podría dar ese paso.

Otro caso, que creo que no se ha ejercitado mucho en las comunidades indígenas de la Amazonía, sobre todo acá en el Vicariato del Puyo, que es que la mujer tenga más protagonismo en los ministerios, ministerio de la Palabra, ministerio de la comunión, para que también pueda aportar un poco más.

¿Cuál es el papel de las mujeres en las comunidades indígenas, en la vida del día a día?

Fundamentalmente la transmisión de la cultura, eso es primordial. La cultura implica todo lo que se vive. Entonces, lo que sabe hacer la mujer, su rol en la sociedad, que la mujer tiene unos espacios propios que no puede franquearlos el hombre. Delimitar esos espacios es particularmente propio de la mujer. Y enseñarles a las niñas como ser mujer indígena, eso es importante según es comprendido en la cultura.

En esa Iglesia con rostro amazónico e indígena que el Papa Francisco está invitándonos a hacer realidad, ¿qué papel podría tener la mujer?

Yo creo que un papel mucho más protagónico que el que tiene hasta hoy, porque si miramos por ejemplo a los catequistas, la mayoría son mujeres, y allí han hecho un trabajo grandísimo y muy valioso. Ahí es donde yo pienso que podría dársele un papel de mucha más responsabilidad, con ministerios de la Palabra y de la comunión, para que aporten más en la construcción del Reino en sus comunidades.

¿Qué es lo que falta por parte de la Iglesia para que las mujeres puedan tener ese papel protagónico?

Por parte de la Iglesia no sé qué tanto puede faltar, un poco más de apertura tal vez, pero siento que es más de ellos hacia acá, porque el papel de la mujer es más cuidar, resguardar la cultura, la casa, los valores tradicionales, y de pronto los esposos no van a permitir que las esposas estén más tiempo en la Iglesia, porque pueden descuidar un poquito su casa. Entonces pienso que ahí puede estar la falencia. Pero las mujeres que se han comprometido desde la catequesis, dan lo mejor de sí para construir el Reino de Dios en su comunidad.

http://blogs.periodistadigital.com/luis-miguel-modino.php/2019/02/22/alberio-riascos-algunos-casados-con-un-b

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