ACTUALIDAD DE LA TEOLOGÍA DE LA LIBERACIÓN: Luis Carlos Bernal.


Comencemos por hacer una pregunta que se oye con frecuencia: ¿Qué queda hoy de la teología de la liberación? No se trató de una veleidad, ¿de una moda más que ya se desvaneció?

No lo creemos. Por el contrario, queremos afirmar que queda todo, es decir, que la teología por su naturaleza debe ser liberadora. Algo diferente es que todavía requiera un mayor desarrollo, que haya que evitar escollos en los cuales se ha caído, que el Magisterio eclesiástico debe acoger y desarrollar su intuición fundamental: la liberación personal y social de los pueblos, que la Iglesia, comunidad de hermanos, debe ser pobre y misericordiosa o que no representa la Iglesia de Jesús.

Es cierto que queda mucho trabajo por hacer pero siempre de la mano de esa gran intuición nacida del Evangelio: que los pobres son los preferidos de Dios.

Es bueno recordar que si muchos piensan que la teología de la liberación ya murió, es porque ha tenido que pasar todo tipo de pruebas. Ha debido sufrir un desconocimiento generalizado, presentaciones inadecuadas, la tergiversación de no pocos, el castigo y la descalificación de las autoridades eclesiásticas: Pablo VI… Juan Pablo II… Benedicto XVI…La Congregación para la doctrina de la fe, en fin, la involución de la Iglesia en el nombramiento de la Jerarquía, en la formación de los seminarios; la desautorización, censura y aun condena de brillantes intelectuales a la vez que abnegados pastores comprometidos en las luchas populares. Todo ello ha llevado a la institucionalidad eclesiástica a cerrar filas en una visión extremadamente conservadora que todavía hoy estamos padeciendo. Consecuencia de todo ello, esa larga hibernación que ha tenido que sufrir la teología de la liberación.

Después de estas breves pinceladas, queremos detenernos en dos puntos que explican y fundamentan el valor perene de la teología de la liberación.

En el primero queremos llamar la atención sobre algunos elementos que explican la validez de la teología de la liberación. En el segundo navegaremos mar adentro hasta encontrar el ancla inamovible que fundamenta la teología de la liberación: Jesucristo, el Mesías, el liberador.

1 – VALIDEZ DE LA TEOLOGÍA DE LA LIBERACIÓN.

Algunas reflexiones generales nos permiten comprender la validez de la teología de la liberación.

  1. Conocimiento y epistemología.

Mientras los teólogos europeos y en general la teología tradicional explican y desarrollan conceptos teológicos de sentido, es decir, se preocupan por un interés eminentemente doctrinal sin que analicen su operatividad social, ni su significación transformadora de la realidad, la teología de la liberación, a partir de una actividad pastoral comprometida en el seguimiento de Jesús, dirige su interés y sus esfuerzos a la transformación de la realidad.

Para Ignacio Ellacuría, por ejemplo, la estructura formal de la inteligencia no es solamente de comprensión del ser o captación de sentido, sino la de aprehender la realidad y la de enfrentarse con ella. Este enfrentarse con la realidad, según dice Ellacuría, tiene una triple dimensión: el hacerse cargo de la realidad, el cargar con la realidad y el encargarse de la realidad. Aunque pueda parecer un simple juego de palabras, la verdad es que en la formulación de Ellacuría hay más meollo del que parece. Creo yo que el primer paso: el hacerse cargo de la realidad, puede recubrir lo que tradicionalmente ha sido el concepto de conocimiento, a saber, una operación intelectual de interpretación o captación de sentido a nivel conceptual. Los dos pasos ulteriores: el cargar con la realidad que vendría a indicar el fundamental carácter ético de la inteligencia y el encargarse de la realidad, que indicaría el carácter práxico y comprometido de la misma, son aspectos que hasta ahora, es decir, hasta la revolución epistemológica propiciada por el marxismo, no habían sido tenidos en cuenta.

He aquí, pues, un punto en donde la teología de la liberación, precisamente por partir de estos presupuestos últimos, va mucho más lejos que la teología clásica, fundamentada sobre el concepto escolástico de conocimiento, que no es otro que la “adaecuatio rei et intellectus” (adecuación de la mente al objeto).  No solamente va más lejos sino que su “concreticidad” práctica del materialismo histórico permite develar lo que La  teología tradicional hasta ahora ha pasado por alto, a saber, su compromiso con un estado de cosas que sólo ha tenido que conocer, ha tenido que leer, interpretar pero no propiamente transformar. El que esto último se hiciera sería algo de supererogación, tarea que estaría más allá del clásico conocimiento        teológico.

  1. Utilización de las ciencias sociales.

En un ambiente de cristiandad como el de la Edad Media, donde lo temporal, aún el poder político estaba orientado y aun subordinado al poder religioso, donde la teología, precisamente por ser “scientia Dei” (la ciencia sobre Dios) era considerada como la reina de las ciencias, era lógico que la teología, en asocio de la filosofía “ancilla theologiae” (servidora de la teología) creyera bastarse a sí misma. Es así como a partir de este “status” de la teología, ésta era considerada como una ciencia de realidades y proposiciones dadas, extrínsecas a la historia misma del hombre. Lo que hasta ayer, la Edad Media, podía parecer válido, hoy es inaceptable.

De ahora en adelante, según el propósito de la teología de la liberación, no se tratará principalmente de interpretar el mundo, de darle sentido y coherencia al lenguaje sobre Dios, cuanto de transformar el mundo, de posibilitar la implantación histórica del Reino de los cielos. En otras palabras, al ocuparse la teología de la liberación también de la realidad concreta y material y no de sus conceptos hay que referirse forzosamente a las ciencias sociales ya que éstas son las mediaciones imprescindibles para poder llegar a ella.

Las ciencias, pues, se constituyen en la posibilidad real de una elaboración teológica, al mismo tiempo que el test de su validez.

En último término, si además de la utilización de las ciencias sociales para analizar, comprender, proponer, ejecutar actividades a fin de cambiar la realidad, y esto se posibilita mediante las ciencias sociales, contamos con la sensibilidad propia y esperanzadora que pone a nuestra disposición el Evangelio en orden a leer en profundidad los “signos de los tiempos”, nos encontramos especialmente dispuestos para trabajar eficazmente por el Reino de los cielos.

  1. Metodología de la teología de la liberación.

La metodología es quizá la característica  más específica y que mejor diferencia la teología de la liberación de la teología tradicional. Mientras en la teología tradicional se ha seguido el método escolástico, eminentemente racional: formulación de una tesis, exposición de adversarios, pruebas bíblicas, razones teológicas y finalmente, anotaciones o consecuencias (“scholion”); la teología de la liberación estará orientada a transformar una realidad de opresión y de muerte, siempre a la luz del Evangelio, pues se trata de una praxis iluminada por la fe.

El método de trabajo de la teología de la liberación ha sido descrito de diferentes maneras pero siempre teniendo en cuenta  lo que podríamos llamar  tres momentos de ejecución: ver – juzgar – actuar. Otros como por ejemplo L. Boff, haciendo referencia a la Gaudium et Spes y en general a los documentos de Medellín 1968, prefieren formular dicha metodología como: análisis de la realidad – reflexión teológica – pistas de acción pastoral.

Por mi parte, teniendo presente la validez de estas dos formulaciones, yo describiría la metodología como un proceso teológico en el que la reflexión y la praxis están estrechamente implicadas: la reflexión nacerá a partir de la práctica y a su vez ésta estará orientada y alimentada por una acuiciosa reflexión evangélica. Así las cosas, la teología dejara de ser una ciencia específicamente conceptual y teórica para convertirse en algo mucho más amplio y totalizante: será el caminar práctico-teórico emprendido para responder a la acción del Señor y madurar en la fe.

Es así como la teología es consciente de que lo primero es comenzar a caminar, a hacer camino, a “teologar” en el sentido evangélico de “hacer la verdad” para luego reflexionar sobre el camino que se ha recorrido. En otras palabras, primero se da un “teologar” es decir, un ejercicio completo en sus dos tiempos complementarios y dialécticos, a saber, práctica-teoría y teoría-práctica para luego volver sobre dicho “teologar” y así poder sistematizar la metodología con miras a prestar alguna ayuda a otros que transiten un camino semejante. La reflexión teológica, es decir la teología de la liberación termina siendo un momento segundo complementario a la praxis

1.4 – Relación teología – política

En el ejercicio mismo de su reflexión, la teología tradicional se ha creído colocada fuera de la división de clases y extraña a toda lucha entre ellas. Siempre ha proclamado que la Iglesia y su acción pastoral están por encima de tales divisiones; más aún, no ha cesado de repetir que ella es ajena a toda ideología: que sólo el Evangelio es su norma de vida. En su práctica histórica las cosas no siempre han sido así.

También se suele aducir para defender la apoliticidad de la teología el carácter específico del Evangelio: tanto éste como la vida misma de Jesús, – se afirma – tienen un sentido estrictamente religioso.

Quienes argumentan en esta forma son simplemente ciegos o no quieren ver la dimensión política que impregna y determina la vida de Jesús. Si hay algo claro en el Evangelio es esa oposición permanente, dolosa, refinada, a muerte que está presente desde la persecución del Rey Herodes hasta la muerte en cruz decretada por el Gobernador romano Poncio Pilatos. Y a lo largo de toda su vida Jesús está del lado de los pobres y de los que no alcanzan Justicia.

El teólogo de la liberación que no puede ser otro que alguien que se encuentra comprometido en medio de la lucha social que se libra, ya ha hecho una opción clara y definitiva: poner sus capacidades intelectuales y entregar sus esfuerzos a favor del pueblo. Su opción es por el pobre y el oprimido y en esta lucha que es real  en nuestras sociedades, no puede haber claudicaciones.

Ante esta situación, el teólogo de la liberación ha comprendido que su compromiso evangélico, para que sea evangélico, tiene una nueva dimensión: tiene que ser político. Si la raíz de  la miseria del pueblo está en un sistema político, el capitalismo, al menos este tipo de capitalismo, sólo mediante una opción política diferente podrá hacer efectiva su decisión de trabajar por la liberación del pobre. El habrá comprendido que, en América Latina, la fe tiene una dimensión política.

2 – FUNDAMENTO  DE LA TEOLOGÍA DE LA LIBERACIÓN.

El hecho Jesucristo, Hijo de Dios, es un misterio que sólo por la fe lo podemos conocer y aceptar.   Este misterio, sin embargo, desde el punto de vista espacio- temporal y humano cuenta con elementos y precisiones históricas  que son imposibles de negar. Ya se intentó negarlas cuando en el siglo primero de la era cristiana surgió el Docetismo, herejía que pretendía desconocer que Jesucristo hubiera sido verdadero hombre. Hoy en  día es universalmente aceptada la existencia histórica de Jesús de Nazareth. Más aún, a través de los primeros escritos del cristianismo: Evangelios, Hechos de los Apóstoles, Cartas Apostólicas, etc. Podemos conocer con detalles concretos, aun teniendo en cuenta los diferentes géneros literarios de dichos escritos, los valores expresados, las motivaciones profundas, las intenciones últimas del paso de Jesús por este mundo. Es decir, en último término, se trata de un hecho histórico,  universalmente confesado, que ha partido la historia de la humanidad en dos: antes y después de Cristo.

Si para los cristianos Jesucristo es el camino, la verdad y la vida, si El es el  maestro, si sólo El conoce al Padre (Dios) y ratifica sus enseñanzas con su propia vida y muerte, bien podemos aceptar su seguimiento como un hecho razonable y digno de atención.

Ahora bien, aunque todos los hechos y situaciones de la vida de Jesús de Nazareth son salvíficos hay una expresión que traduce y sintetiza la esencia de su mensaje-realidad: QUE EL REINO DE DIOS YA ESTA PRESENTE.

Abramos el Evangelio de Lucas y reflexiones brevemente sobre los diferentes episodios que nos describe el evangelista antes de entregarnos esta BUENA NOTICIA que es el objetivo último de su mensaje y el motor generador de la familia humana.

La primera alusión que hace Lucas sobre el Jesús adolescente, en el capítulo segundo versículo 41ss., es una escena en la cual Jesús está rodeado por los Maestros de la Ley. Ante las palabras de su madre que lo había estado buscando afanosamente “Hijo, ¿por qué te has portado así? Tu padre y yo te buscábamos muy preocupados…” su  respuesta va al corazón de su misión: afirma que está ocupado trabajando en las cosas de su Padre.

En un segundo episodio, cap. 3, el autor sagrado nos presenta a Juan Bautista preparando la llegada del Mesías, larga y ansiosamente esperado: “Juan empezó a predicar su bautismo… diciéndoles que cambiaran su manera de vivir para que se les perdonaran sus pecados”. La muchedumbre lo acosa con preguntas: “la gente le preguntaba: Qué debemos hacer… también  los cobradores de impuestos… también algunos soldados…” y, en resumen, aunque con otras palabras y más ampliamente, él les contestó: vivan honestamente y compartan lo que tienen.

Ante la pregunta que se hacía la  gente si Juan  no sería el Cristo largamente esperado? El Bautista se empequeñece para dar paso a alguien más poderoso… “del cual no soy digno de soltar los cordones de sus zapatos”. Mientras Juan bautiza con agua El, Jesús, bautizará con fuego y el Espíritu Santo!

A Pesar de la grandeza del profeta, de su acogida por la muchedumbre, es él mismo quien confiesa la inmensa superioridad de Jesús, el Mesías esperado.

Inmediatamente después, cap.  3 vers. 21 ss., Lucas nos presenta un tercer episodio, el bautismo de Jesús. En este caso el propósito de Lucas no es otro que mostrarnos a Jesús como el Hijo de Dios, como el elegido y el amado del Padre. Ahora cuando va a dar comienzo a su obra de trabajo por el Reino, Lucas lo exalta como el hijo escogido, el amado, que tiene toda la autoridad de su Padre, Dios.

Lo presenta orando, en profunda unión con su Padre, mientras el Espíritu Santo desciende sobre El :”mientras estaba orando, se abrieron los cielos; el Espíritu Santo bajo sobre él y se manifestó exteriormente con una aparición como de paloma. Y del cielo llegó una voz: Tu eres mi hijo, el amado; tu eres mi elegido”. El Padre mismo, Dios, da testimonio incondicional sobre  su propio Hijo, Jesús.

Pero llega también un cuarto episodio, que podríamos calificar como la respuesta de Jesús a esa unción recibida de parte de su Padre. Jesús se retira al desierto para mediante la oración y el ayuno, profundizar la identificación con su Padre.

Las tentaciones que aparecen en el Evangelio, Lucas 4, no expresan otra cosa que el rechazo de todo aquello que pueda separarnos de Dios. Jesús se retira al desierto, se entrega a la oración y a la penitencia como preparación inmediata a la promulgación de la misión que su Padre le ha encomendado.           

                                                        Cual es esa Misión?

“Vino (Jesús) a Nazareth donde se había criado  y, según su costumbre,

Entró en la sinagoga el día sábado, y se levantó para hacer la lectura.

Le entregaron el libro del Profeta Isaías, y desenrollando el volumen, halló el pasaje donde estaba escrito:

El Espíritu del Señor sobre mí,

porque me ha ungido.

Me ha enviado a anunciar a los pobres

La Buena Nueva

A proclamar la liberación a los cautivos

 Y la vista a los ciegos,

 para dar la libertad a los oprimidos

y proclamar un año de gracia del Señor.

Enrollando el volumen lo devolvió al ministro y se sentó. En la sinagoga todos los ojos estaban fijos en él. Comenzó, pues, a decirles: “Esta Escritura, que acabáis de oír, se ha cumplido hoy.” Lc.4, 16-21

Esos cuatro episodios primeros que hemos recordado son como la obertura solemne a esa gran ópera que es la proclamación inaugural que hace Jesús de su Misión sobre la tierra que no es otra que el establecimiento del Reino de los Cielos.

Este no es un texto más del Evangelio. Es la puerta de entrada a la vida pública de Jesús. Se sirve de un texto del más grande de los profetas de Israel, Isaías, para definir el objetivo de su paso por       este mundo: colaborar en el establecimiento del Reino de los cielos. Y El mismo define en qué consiste el establecimiento del Reino de los Cielos:

                                          anunciar la Buena Noticia a los pobres…

                                          proclamar la liberación a los cautivos…

                                          dar la libertad a los oprimidos…

                                          y proclamar un año de gracia del Señor

Y esto que proclamó Jesús en palabras de Isaías fue lo que El realizó a lo largo de su ministerio público. Veámoslo en una breve síntesis

La enfermedad es una situación que mantiene al ser humano en condición de incapacidad para realizar todo aquello que en condiciones normales podría y estaría llamado a realizar. Está disminuido, está preso de esa anormalidad.  Es el caso de los ciegos, de los cojos, del paralítico, de la mujer encorvada o de la que tiene flujo de sangre… personas que ansían ser liberados de esa condición que los tiene prisioneros.  

Otros muchos,  dadas sus obras y el parecer de los demás, son presos social cultural y espiritualmente. Es el caso de los pecadores, publicanos, personajes como Zaqueo,  la Magdalena, la mujer adúltera a quienes Jesús liberó de su pecado, “tampoco yo te condeno”.

Caso especial es el de los endemoniados, el de Cafarnaún, el de Gerasa, el epiléptico… casos que nos sitúan en el corazón mismo de la misión de Jesús: la lucha radical contra las fuerzas del mal hacia la plena liberación-realización del hombre que no es otro que el Reino de Dios. “ Pero si yo expulso los demonios es que ha llegado el Reino de Dios a vosotros” .

Ese múltiple y variado proceso de liberación llega al máximo en este mundo espacio temporal cuando Jesús rescata de la muerte al hijo de la viuda de Naím  Lc. 7, 11 o  a la hija de Jairo  Lc. 8,49  o a su entrañable amigo  Lázaro Jo. 11.  Es el poder de su misericordia infinita y de su capacidad humana de conmoverse  ante las necesidades de los demás que lo llevan a liberarlos del poder de la muerte y a sus parientes y amigos del dolor que están padeciendo.

En conclusión, la vida y obra de Jesucristo se puede sintetizar en la  fecundidad siempre renovada de un proceso de liberación.

Su doctrina, la que El nos entregó para nuestra plena realización, va surgiendo  desde la humildad hacia la grandeza, desde la honestidad y la verdad hacia la perseverancia y el heroísmo, desde la humanidad hacia la divinidad.

Su actuación a lo largo de toda su vida fue un ininterrumpido proceso de liberación de todo aquello que nos impide ser cada vez más humanos. Por algo nos dice Pedro “ vosotros sabéis…  cómo Dios a Jesús de Nazareth le ungió con el Espíritu Santo y con poder y cómo El pasó  haciendo el bien y curando a todos los oprimidos por el diablo, porque Dios estaba con él. Hech. 10, 37-38

Liberación es pues el concepto que mejor sintetiza la vida de Jesús. Cuando los enviados de Juan Bautista le preguntan “¿Eres tú el que ha de venir (el Mesías) o debemos esperar a otro? Jesús no responde con palabras sino con obras “Vayan a contarle a Juan lo que han visto y oído: los ciegos ven, los cojos andan, los leprosos son purificados, los sordos oyen, los muertos resucitan, se anuncia la Buena Nueva a los pobres; ¡Y dichoso aquel que no se escandalice de mi!” Lc. 7, 21ss.

Liberación será aquella acción o aquella realidad que desate, que destruya todo aquello que impida caminar hacia el estado perfecto de la realización humana:  hombres y mujeres plenamente humanos. Es decir, el Reino de los cielos será la realización de la humanidad: el estado de perfección en que todo ser es y se comporta como plenamente humano. La humanidad en estado actuante de imagen y semejanza de su Padre Dios.

Remitido al e-mail

Responder

Por favor, inicia sesión con uno de estos métodos para publicar tu comentario:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

This site uses Akismet to reduce spam. Learn how your comment data is processed.

A %d blogueros les gusta esto: