Presidente de la Conferencia Episcopal Francesa: Benedicto tiene razón al vincular la crisis del abuso con la revolución sexual


Presidente de la Conferencia Episcopal Francesa: Benedicto tiene razón al vincular la crisis del abuso con la revolución sexual
SOBRE LA CRISIS DE ABUSOS EN EL SENO DE LA IGLESIA

Arzobispo Georges Pontier, presidente de la Conferencia Episcopal de Francia discute la crisis de abuso de clérigos y otros asuntos con el National Catholic Register.

28/04/19 4:44 PM

(NCR/InfoCatólica) El Papa Francisco recibió la Conferencia de Obispos de Francia (CEF) en una audiencia privada en el Vaticano después de su asamblea plenaria de primavera en Lourdes el 3 de abril.

La visita, que se celebra todos los años en el mismo período, tuvo lugar después de la elección de una nueva presidencia para dirigir la Conferencia de Obispos de Francia. Los nuevos líderes tomarán posesión el 1 de julio por un mandato de 3 años.

Casi al final de su mandato, el actual presidente de la Conferencia, el arzobispo Georges Pontier de Marsella, los vicepresidentes el obispo Pascal Delannoy de Saint-Denis y el arzobispo Pierre-Marie Carré de Montpellier, y el secretario general monseñor Olivier Ribadeau Dumas se reunieron con el Santo Padre en la oficina del Palacio Apostólico para discutir los eventos recientes de la Iglesia de Francia.

El National Catholic Register entrevistó al Arzobispo Pontier luego de su reunión con el Papa, que ocurrió antes del incendio de la Catedral de Notre Dame.

Acabas de tener una audiencia privada con el Papa Francisco. ¿Pudiste discutir la situación en Francia y las diversas manifestaciones de la crisis que la Iglesia enfrenta allí?

Tuvimos una muy buena conversación, que se centró en el diálogo interreligioso y la reciente visita a Abu Dhabi y Marruecos. Hablamos sobre la situación del diálogo en nuestros respectivos países, especialmente con los musulmanes y la posición que él trata de vivir y encarnar a través de la fraternidad y su búsqueda de la paz y la convivencia. Discutimos el clima actual dentro de la Iglesia con respecto tanto internamente como en nuestra sociedad. Con respecto a la situación interclerical, discutimos algunos temas relacionados con la cumbre que el Papa organizó en febrero sobre la crisis de abuso sexual y a la que asistí en nombre de Francia. Le informé lo que hice en la Conferencia de Obispos de Francia después de esta cumbre y las diversas iniciativas que hemos estado tomando en el país durante los últimos 5 o 6 años. Actualmente estamos desarrollando muchos proyectos relacionados con la prevención, el reconocimiento, las gestiones financieras y el seguimiento y apoyo a las víctimas en su viaje de recuperación. El Santo Padre reiteró su invitación a continuar el proceso de purificación de la Iglesia y a la conversión.

Su mandato como jefe de la Conferencia de Obispos de Francia finalizará en julio. ¿Qué evaluación harías después de estos 6 años como presidente de la conferencia? ¿Estás satisfecho con las reformas de la Iglesia hasta ahora?

Estoy muy satisfecho con nuestro trabajo y el progreso que hicimos en la conferencia, especialmente con respecto al tema del abuso sexual. Existe un acuerdo unánime sobre las medidas a tomar. Estamos en el camino correcto. Realmente sentimos que la persona humana está en el centro de nuestra responsabilidad. Es indispensable encontrar las palabras correctas y tomar las decisiones correctas. Puedo ver que tenemos que continuar lo que hemos comenzado con respecto a la prevención con aquellos que están en contacto con jóvenes dentro de la Iglesia, con respecto a la capacitación en seminarios y la educación continua de los sacerdotes, para que siempre tenga en cuenta esta realidad.

En la esfera eclesiástica, es importante, como mencionó el Santo Padre en febrero, practicar la sinodalidad para dar un lugar adecuado a los laicos dentro de las parroquias y en la vida de las diócesis. Debemos entender que no todo puede estar centrado en la autoridad del sacerdote o del obispo. En los diversos concilios y realidades eclesiales, la visibilidad de las mujeres debe incrementarse. Todavía hay trabajo por hacer en esto, así como en otras áreas. Tenemos mucho camino por recorrer para reconsiderar nuestras funciones eclesiales.

La próxima semana será el 92º cumpleaños de Benedict, y acaba de publicar su carta sobre el abuso. ¿Qué opinas sobre su diagnóstico sobre las causas de la crisis actual?

He estado viajando mucho durante los últimos días, así que aún no he tenido la oportunidad de tener una lectura en profundidad. Pero creo que el Papa Benedicto tiene razón al decir que esta crisis está en parte enraizada en la liberación sexual de 1968. De hecho, es uno de los elementos clave de este problema. Pero creo que esta crisis también es espiritual. Claramente, el seguimiento de Cristo no era una prioridad para estas personas que ejercían autoridad en la Iglesia. Y creo que la posición de superioridad de algunos ministros ordenados es algo que podría haber debilitado el comportamiento y las acciones de algunos sacerdotes. Pero creo que este es definitivamente uno de los elementos. Después de esta liberalización general de mayo del 68, pudimos ver que había una segunda ola de excesos en los años 70, en términos de abuso sexual. La primera ola fue al comienzo de la Segunda Guerra Mundial, en 39-40 hasta los años 50, y disminuyó un poco. Luego tuvimos otra oleada de abusos entre 1970 y 1975. Desafortunadamente, continuó en los años 90, pero el fenómeno fue menos generalizado. Así que está fuertemente conectado con los problemas sociales, y mayo del 68 ha sido un evento muy fuerte.

La gente habla mucho hoy en día sobre la confusión y la desorientación en la Iglesia, especialmente sobre las enseñanzas morales. ¿Por qué es esto, y cómo puede abordarse esto?

No estoy de acuerdo con esta visión. Creo que las referencias morales dadas por la Iglesia son claras y nunca han cambiado. Creo que estamos menos dispuestos a escucharlos, pero son muy claros. Por otro lado, el contexto cultural no es bueno y no está aportando nada bueno en el campo moral. Por lo tanto, debilita considerablemente a las personas. Por supuesto, el uso de sitios web de mala reputación y pornográficos es perjudicial, y nuestra sociedad parece renuente a ser consciente de ello.

Recientemente concedió una entrevista al diario francés Provence que apareció en los titulares. Según informes, usted dijo que algún día podrían ordenarse mujeres u hombres casados. ¿Es esa tu opinión?

Yo nunca dije eso. Gracias por darme la oportunidad de aclarar esto porque no es absolutamente lo que pienso. La persona que me entrevistó por teléfono y que hizo el artículo me hizo la misma pregunta 2 o 3 veces, y le expliqué que la crisis era una crisis espiritual y que, debido a que algunas personas piden que los hombres y mujeres casados sean ordenados sacerdotes, no lo hacen. Significa que el problema será resuelto. El tema es espiritual; es un problema de conversión y un problema de vivir una doble vida. Mientras algunas personas lleven una doble vida, podemos tener todas las regulaciones, las decisiones y las situaciones que queramos; no resolveremos la sustancia del asunto. Eso es lo que dije. El periodista tomó una oración fuera de contexto y la presentó como si fuera mi opinión. Pero esta no era mi opinión en absoluto.

¿Qué piensa acerca de la decisión del Papa Francisco de no aceptar la renuncia del Cardenal Philippe Barbarin después de su sentencia inicial por encubrir abusos sexuales en su Diócesis de Lyon?

Entiendo la decisión del Papa, que no quiso eludir la justicia francesa. Dado que el cardenal Barbarin presentó una apelación, el veredicto aún no se ha pronunciado definitivamente. Esta posición es, por lo tanto, comprensible. También entiendo que el cardenal Barbarin dio su renuncia porque siente que, para gobernar la diócesis, es necesario dar nuevos pasos que no puede tomar él mismo. Se resigna humildemente a dejar espacio para que otros vengan. Estamos en una fase intermedia que no puede durar mucho para el bien de la Diócesis de Lyon. Pienso y espero que Roma pronto proporcione aclaraciones y tome decisiones, para favorecer una organización clara en esta diócesis, a fin de encontrar la paz. Esto es también lo que desea el cardenal Barbarin.

Se llevará a cabo una comisión parlamentaria para discutir la ola de actos anticristianos en Francia. ¿Crees que podría ayudar a aumentar la conciencia pública sobre este tema?

Sería algo bueno porque es responsabilidad del estado. En cuanto a los obispos, informamos a la policía todo tipo de profanación o vandalismo contra una iglesia. El obispo del lugar generalmente analiza el caso con sus colaboradores para determinar si fue una profanación deliberada o si fue cometido por una persona desequilibrada. Las consecuencias variarán según el caso. No estamos excesivamente preocupados, pero tomamos estas cosas en serio. Tratamos de analizarlos pacíficamente, pero con la determinación de proteger a nuestros fieles.

¿Cómo interpretas estos actos? ¿Está relacionado con la crisis de abuso sexual o con los excesos de la secularización en Francia?

No sé realmente cómo analizarlos por ahora. Debemos determinar si nos enfrentamos a una verdadera ola de actos anticristianos o si estos actos son cometidos por personas desequilibradas que no saben lo que están haciendo. Sabemos que ambos casos son plausibles. Hay que tener cuidado antes de usar la palabra «profanación», ya que primero debemos haber descartado la opción de un trastorno psicológico.

La corresponsal de NCR en Europa, Solène Tadié, escribe desde Roma.

http://www.infocatolica.com

Paul Tillich: Teología existencial y diálogo con la cultura: Juan Esteban Londoño


A comienzos y mediados del siglo XX, el pensamiento occidental profundizó en la sospecha de que no hay un sentido para vivir. Filósofos como Martin Heidegger y Jean Paul Sartre, artistas plásticos como Edvard Munch, y literatos como Albert Camus y Emil Cioran, no hallaban valor trascendental en la existencia. Ante la pregunta de por qué es importante el ser, y no más bien la nada, muchos de ellos optaron por la nada. La teología se enfrentó a esta pregunta que dejaba al humano desnudo ante el vacío, y se dio a la tarea de pensar cuál es el mensaje cristiano para las personas que afirman esta conciencia desgarrada.

Una de las respuestas más contundentes es la de Paul Tillich —y lo es porque asume como verdad muchos de los postulados del existencialismo, del nihilismo, del socialismo y del psicoanálisis—.

Paul Tillich (1886-1965) nació en Starzeddel, Brandeburgo, Alemania. Estudió Teología y se doctoró en Filosofía, por lo que conocía hondamente el pensamiento y el arte europeos, en especial la filosofía de la religión, el idealismo alemán y el existencialismo. También era pastor luterano, lo cual le permitió acercarse a personas que vivían en graves condiciones de pobreza y vio la necesidad de cambios sociales y políticos radicales en el mundo. Fue profesor de Filosofía de la religión y Filosofía de la cultura en Dresden y Leipzig. Dio clases de Teología en la Universidad de Berlín y en la Universidad de Frankfurt, donde desarrolló un trabajo en conjunto y una respetuosa amistad con los filósofos Max Horkheimer y Theodor W. Adorno. Tillich, incluso, fue el supervisor de la tesis de habilitación para que Adorno llegara a convertirse en profesor universitario.

Dos aspectos de las guerras mundiales fueron determinantes en la vida de Tillich. El primero fue haber servido como capellán del ejército alemán en la Primera Guerra. Allí comprendió que el idealismo alemán  había llegado a su fin y que la cultura humana no había alcanzado el máximo nivel del espíritu, sino la total destrucción a través de la razón instrumental. El segundo aspecto fue la subida de los Nazis al poder. Estos consideraban el pensamiento socialista de Tillich una amenaza para los ideales de la nación y le quitaron la licencia para ser profesor universitario. Por esto se exilió en los Estados Unidos, convirtiéndose en profesor de Teología en el Union Theological Seminary de New York, y después en la Universidad de Chicago y en la Universidad de Harvard, trabajando muy de cerca con filósofos de la religión como Mircea Eliade y Paul Ricoeur.

Los últimos años han revelado algunos escándalos en  la vida personal de Tillich que lo hacen más lejano a los intérpretes fundamentalistas, y más cercano a creyentes que exploran otras formas de relaciones humanas. Como Barth, Tillich también experimentó una relación matrimonial abierta con su esposa Hannah. Hace poco se publicaron los diarios de su pareja, donde revela que tanto él como ella tenían experiencias eróticas con otras personas, bisexuales en el caso de ella, y de fetichismo sadomasoquista por parte él. Esto, como veremos, es un reflejo más del pensamiento de Tillich, el cual muestra que el ser humano habita en el desgarramiento, entre el viejo y el Nuevo Ser, y sólo puede hallar sentido en la gracia.

El pensamiento de Paul Tillich es un reflujo entre la Teología y la Filosofía. A diferencia de lo que piensan algunos teólogos judaizantes, quienes dicen que el cristianismo se corrompió cuando entró en contacto con el mundo griego y olvidó sus raíces judías, Tillich considera que no es justo que critiquemos a los teólogos cristianos de habla griega  por haber utilizado algunos conceptos filosóficos de su época, ya que ellos no disponían de otras expresiones manifestaran el encuentro del hombre con su mundo.

Para Tillich, las expresiones a través de las cuales el cristianismo se ha dado a entender, incluso las expresiones judías que están en la Biblia, son símbolos temporales, y nunca deben limitarse a un sentido literal ni mucho menos eterno.

A diferencia de la teología de Karl Barth, el pensamiento de Tillich se funda desde abajo, desde el ser humano en la situación de revelación, y no desde «arriba», desde desde una ley sagrada que se impone en contra de la cultura.

De la Teología desde abajo surge el método de Tillich, conocido como el método de correlación. Esta forma de trabajo establece una correlación entre las preguntas existenciales del ser humano y las respuestas que ofrece el mensaje cristiano, las cuales no están aisladas del contexto, sino que también hallan sus raíces en la cultura y la sociedad, aunque siempre más allá del propio entorno.

La pregunta desde la cual surge la Teología está anclada en lo que Tillich entiende como una preocupación existencial, la Preocupación última (The Ultimate Concern), que es el modo en que este pensador nombra a Dios.

En lenguaje místico, Dios es una forma de nombrar a la profundidad de la vida y su carácter inagotable. Otros lo han llamado Abismo. En el lenguaje filosófico, Dios es la forma, el elemento de significado y de estructura de la vida, el Logos. En el lenguaje religioso es llamado Espíritu. Todo lo que decimos de Dios es simbólico.

Que Dios sea personal no significa que sea una persona. Significa que Dios es el fondo de todo lo personal y que entraña el poder ontológico de la personalidad. Dios, entonces, es una relación, o el fondo de toda relación. En su vida están presentes todas las relaciones humanas y naturales, el Eros, que es el amor al conocimiento, y el Ágape, que es el amor a los humanos.Tweet

La Teología es una pregunta filosófica por la búsqueda humana del sentido o por la Preocupación última. Como disciplina cristiana, es la interpretación crítica de los contenidos de la fe. Mientras el filósofo de la religión investiga y analiza desde afuera el fenómeno religioso, el teólogo está comprometido con ese mensaje y de algún modo lo predica. Sin embargo, el teólogo no está en el mismo lugar que cualquier creyente, puesto que debe observar el mensaje cristiano con distancia. Por eso, escribe Tillich:

«Todo teólogo está comprometido y alienado; siempre está en la fe y en la duda; siempre está dentro y fuera del círculo teológico».

Al hacer Teología, se dialoga con cuatro fuentes principales: la Biblia, la Historia de la Iglesia, la Experiencia y la Historia de la religión y de la cultura.

La Biblia es la fuente primordial de la Teología. Es el documento original que nos relata los acontecimientos sobre los que se establece la Iglesia cristiana. Sin embargo, la palabra «documento» no debe entenderse en modo jurídico, como un libro lleno de leyes y estipulaciones. El carácter documental de la Biblia descansa en el hecho de que contiene el testimonio original de quienes participaron en el encuentro con el Cristo.

Pero Tillich piensa que la «palabra de Dios» no está limitada a las palabras de un libro, y que el «acto de revelación» no se identifica con la «inspiración» de un «libro de revelaciones». El mensaje cristiano abarca más (y también menos) que los libros bíblicos, y por lo tanto la fe no debe encerrarse en un manual. La Biblia es una antología de literatura religiosa, escrita, compilada y publicada a través de los siglos. Pero la palabra de Dios es el Cristo.

La Historia de la Iglesia es una fuente para la reflexión teológica, tanto en sus aspectos positivos (la historia de los mártires, por ejemplo), como en sus aspectos negativos (las cruzadas y la inquisición). Sin embargo, este pensador no le da a la tradición la importancia que le dan otras formas de cristianismo, como es el caso de los católicos y de los ortodoxos. Como buen protestante, Tillich argumenta que un teólogo debe poner en duda las tradiciones de su propia iglesia.

La Experiencia es fundamental en la Teología cristiana, puesto que la Teología es importante solo para quien participa de la fe en modo activo. Pero Tillich es cuidadoso ante las formas de religión que privilegian la experiencia como la fuente más importante de la Teología, tal como es el caso del pentecostalismo, porque nuestras experiencias también pueden ser engañosas.

Tillich añade al método teológico un aspecto nuevo: la Historia de la religión y de la cultura. La vida espiritual de una persona está modelada por su encuentro social e individual con la realidad. Tal encuentro se expresa en el lenguaje, la poesía, el arte y la filosofía de la tradición cultural en la que se ha crecido. De este modo la Teología siempre es un diálogo con la cultura y no una negación de ella.

Sin embargo, Tillich es fiel al principio protestante de la diferencia radical entre Dios y el ser humano, y nos recuerda que el ser humano está desgarrado de su relación con la Preocupación última. Por esto la Teología dialoga con la cultura pero no la considera una revelación final. Y no solamente sospecha de la cultura, sino incluso de la Iglesia y de los textos bíblicos, ya que ninguna de estas fuentes puede ser considerada como el mismo Dios, ni como la revelación en sí, sino como testimonio de la preocupación por la realidad última.

El ser humano está roto, separado de la plenitud que busca. Esto es lo que el cristianismo ha llamado tradicionalmente «pecado», y los protestantes han enfatizado como «naturaleza caída». El ser humano, piensa Tillich, está alienado de su verdadero ser. Para esto se apoya, además, en la filosofía de Søren Kierkegaard y de Martin Heidegger para mostrar que el ser está arrojado, y en este arrojamiento nada puede consolarlo ni suplantar su sensación de arrojo. Además, interpreta la simbología del pecado y del mal desde una perspectiva psicológica, al considerar que los ángeles y los demonios son nombres mitológicos con los que se designa a los poderes constructivos y destructivos del ser, poderes ambiguamente entretejidos y en mutua lucha en el seno de una misma persona, de un mismo grupo social y de una situación histórica. Los ángeles y los demonios no son seres sino poderes que pueden llegar a dominarnos.

Ante la alienación del ser humano de su fondo, de lo que llamamos Dios, Tillich ofrece la respuesta cristiana de la fe en Jesús como el Cristo. Pero no se trata de un mensaje de salvación trasmundano, que ocurra después de la muerte. La salvación consiste más bien en una metamorfosis personal (en medio de la paradoja) del ser humano en su individualidad y en su existencia histórica y social. No se trata de aniquilar al hombre y a la mujer y a su cultura, sino de encontrar sentido en medio del arrojamiento:

«El Mesías no salva a los hombres conduciéndolos fuera de la existencia histórica; el Mesías existe para transformar la existencia histórica. El hombre entra, pues, en una nueva realidad que incluye a la sociedad y a la naturaleza. Según el pensamiento mesiánico, el Nuevo Ser no exige el sacrificio del ser finito; muy al contrario, lleva a la plenitud la totalidad del ser finito al vencer su alienación existencial».

Paul Tillich Park, Indiana.

El Cristo es el símbolo del Nuevo Ser, del «poder ser», la imagen que vence a la alienación existencial. Por esto, para Tillich, experimentar el Nuevo Ser significa experimentar el poder que en Cristo ha vencido la angustia y la perturbación de la ruptura. El ser humano ya no es no es objeto de la voluntad de otros, ni de circunstancias, ni de instituciones, sino que habita en el reino de la gracia y del poder para decidir sobre aquello que lo dominaba previamente.

Sin embargo, la aceptación del Nuevo Ser no elimina la finitud y la congoja, la ambigüedad y la tragedia, pues asume las negatividades de la existencia como parte de la unidad de la vida. Esta es la fe, la cual se basa en la experiencia de sentirse embargado por el poder de ser, gracias al cual son vencidas las consecuencias destructoras de la alienación.

En este sentido, el creyente vive a la vez la cruz y la resurrección, y ambos símbolos afectan su modo de relacionarse con el mundo, no siendo solamente crucificado, sino también resucitado.

Salir del antiguo ser y situarse en el Nuevo Ser es la salvación. Y esta salvación se recibe por la fe, o lo que Tillich entiende como el «coraje de ser». Se trata de un arrojo que nos permita vencer la angustia de la finitud, encontrando un sentido de unidad, en la vida y en la muerte, en el individuo y en su entorno:

El coraje último se fundamenta en nuestra participación en el poder último del ser.Paul TillichTweet

En síntesis, podemos hablar del pensamiento existencial de Paul Tillich como una teología relevante para nuestra época. Contraria a la teología clásica protestante, que ve en la cultura principalmente manifestaciones del pecado, este filósofo abre la posibilidad de un diálogo ecuménico con lo que el catolicismo de la liberación ha llamado «los signos de los tiempos» y la filosofía comprende como la razón humana. En su modo de trabajo, cabe el encuentro con las ciencias sociales, las artes y la cultura, y abre un camino para ver a Dios también afuera de la Iglesia, a Dios afuera de Dios.


https://teounder.com/2019/04/28

DE LA DUDA A LA FE: José Antonio Pagola


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Jn 20, 19-31

El hombre moderno ha aprendido a dudar. Es propio del espíritu de nuestros tiempos cuestionarlo todo para progresar en conocimiento científico. En este clima la fe queda con frecuencia desacreditada. El ser humano va caminando por la vida lleno de incertidumbres y dudas.

Por eso, sintonizamos sin dificultad con la reacción de Tomás, cuando los otros discípulos le comunican que, estando él ausente, han tenido una experiencia sorprendente: «Hemos visto al Señor». Tomás podría ser un hombre de nuestros días. Su respuesta es clara: «Si no lo veo… no lo creo».

Su actitud es comprensible. Tomás no dice que sus compañeros están mintiendo o que están engañados. Solo afirma que su testimonio no le basta para adherirse a su fe. Él necesita vivir su propia experiencia. Y Jesús no se lo reprochará en ningún momento.

Tomás ha podido expresar sus dudas dentro del grupo de discípulos. Al parecer, no se han escandalizado. No lo han echado fuera del grupo. Tampoco ellos han creído a las mujeres cuando les han anunciado que han visto a Jesús resucitado. El episodio de Tomás deja entrever el largo camino que tuvieron que recorrer en el pequeño grupo de discípulos hasta llegar a la fe en Cristo resucitado.

Las comunidades cristianas deberían ser en nuestros días un espacio de diálogo donde pudiéramos compartir honestamente las dudas, los interrogantes y búsquedas de los creyentes de hoy. No todos vivimos en nuestro interior la misma experiencia. Para crecer en la fe necesitamos el estímulo y el diálogo con otros que comparten nuestra misma inquietud.

Pero nada puede remplazar a la experiencia de un contacto personal con Cristo en lo hondo de la propia conciencia. Según el relato evangélico, a los ocho días se presenta de nuevo Jesús. Le muestra sus heridas.

No son «pruebas» de la resurrección, sino «signos» de su amor y entrega hasta la muerte. Por eso, le invita a profundizar en sus dudas con confianza: «No seas incrédulo, sino creyente». Tomas renuncia a verificar nada. Ya no siente necesidad de pruebas. Solo sabe que Jesús lo ama y le invita a confiar: «Señor mío y Dios mío».

Un día los cristianos descubriremos que muchas de nuestras dudas, vividas de manera sana, sin perder el contacto con Jesús y la comunidad, nos pueden rescatar de una fe superficial que se contenta con repetir fórmulas, y estimularnos a crecer en amor y en confianza en Jesús, ese Misterio de Dios que constituye el núcleo de nuestra fe.

José Antonio Pagola

Remitido al e-mail

Espiritualidad femenina migrante


por Blogger
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Una espiritualidad alternativa
YOLANDA CHÁVEZ, yolachavez66@gmail.com
LOS ÁNGELES (USA).

ECLESALIA, 26/04/19.- Las relaciones íntimas con Dios tienen lugar en la realidad humana y trascienden toda certeza racional, social o política. En la experiencia de migrar se descubren atajos, shortcuts, puntos de encuentro escondidos donde una puede entregarse completa al indescriptible Misterio. Estos atajos pueden llegar a ser conocidos únicamente por quien ha migrado.

No es casualidad que hayan sido mujeres migrantes quienes con sus experiencias, tejieron el entramado que reveló a la humanidad un gran plan de salvación.

A Agar por ejemplo, una certeza racional, social y política la expulsó al desierto de la incertidumbre. Caminó sola con su hijo por ese desierto… quien haya cruzado las candentes moles arenosas con el espíritu herido por el dolor de no pertenecer, sabe lo que esto significa.

Hasta ese momento el destino de esta mujer lo habían decidido otros sin tomarla en cuenta, fue puesta en una situación donde las posibilidades de encontrar la muerte eran muy altas. De pronto se vio allí peregrinando con su hijo, sin agua y sin pan, expuestos a cualquier cosa. Ella sabía que en esa travesía se podía perder la vida. Pero ¿resistiría ver apagarse la vida que ella había dado a luz? la vida de su hijo, un niño frágil que lloraba asustado, cansado, sediento y hambriento, a punto de morir.

En esa realidad de hostilidad y muerte Agar tomó por primera vez en su vida una decisión: no iba a dejar que su hijo muriera sin cruzar las fronteras de la dubitación, del desierto de la incertidumbre. ¡Se resistió!

Fueron precisamente la incertidumbre, la aridez de la hostilidad, la soledad, la sed, el hambre y la desolación quienes le descubrieron el atajo escondido que la condujera al Dios con que tuviera un encuentro íntimo. Experiencia que culminó con una generosa promesa cumplida: “Haré tan numerosa tu descendencia, que no la podrás contar” (Gn 16, 10).

Y efectivamente; la relación profunda entre Dios y una mujer migrante dio lugar a una numerosa descendencia. Una mujer “indocumentada” es el primer personaje bíblico en ver a Dios y atribuirle un nuevo nombre. Le llamó El-Roi-Dios: veo al que me ve (Gn 16:13). A pesar de la vulnerabilidad de sus circunstancias por el contexto cultural y social que la había echado al desierto, no toleró el destino de muerte que los demás le habían impuesto a ella y a su hijo. La experiencia con Dios le dio a esa mujer una determinación que la llevó a realizar acciones bien concretas para cuidar la vida de su hijo.

El-Roi-Dios- Amor encuentra caminos alternativos cuando la intolerancia intenta detener su flujo. Establece puntos de encuentro para la intimidad que rompen el tiempo, los muros, las fronteras, los espacios racionales, sociales y políticos. De allí que la gran capacidad de amar que tienen las mujeres que cruzan desiertos se agudice en las inhóspitas circunstancias de los días oscuros donde todo parece imposible. Fue en esas mismas circunstancias que Agar encontró agua en el desierto para su hijo y evitó que muriera, de la misma forma las mujeres inmigrantes desarrollan la habilidad de optimizar los recursos durante los duros días sin trabajo por las redadas, los arrestos y las deportaciones, para preservar la existencia, para continuar con la procreación. Siguen amando para que el amor siga retoñando y floreciendo contra corriente, siguen sembrando fe, confiando; siguen generando esperanza, sonriendo; saben cómo encontrar esos caminos alternativos, esos atajos o shortcuts escondidos que las llevan al amante encuentro con el Misterio de Dios para seguir engendrando y gestando vida, a pesar de todos los obstáculos que a the huge evil mind se le puedan seguir ocurriendo

(Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

Xabier Pikaza: “Murió Jesús, ha resucitado Magdalena”


“Magdalena no es una mujer caída, es la teóloga de la Pascua”
'Noli me tangere'
‘Noli me tangere’
“Magdalena es signo de una humanidad que busca amor, que quiere culminar camino de diálogo afectivo con el mismo Dios del cielo”

25.04.2019 Xabier PikazaMurió precisamente para que ella y otros muchos como ella pudiéramos resucitar, pues como dice Jn 12,24: “Si el grano de trigo no muere…”. Jesús era el grano de trigo, ella es el primer fruto. Por eso, más que la resurrección de Jesús, la pascua es la resurrección de María Magdalena y de millones de creyentes hasta el día de hoy.Conforme a la primera creación (Gen 2),  propia de la tierra, de la humanidad antigua (ADAM), nació ella, la mujer, la vida ya concreta (Eva), como primera persona de la historia. En esta nueva creación pascual, que es la definitiva (como dice Pablo en 1 Cor 15, 20-21.42-49), en el huerto donde han echado/enterrado a Jesús (como trigo inútil) nace/resucita Magdalena, primera creyente cristiana, como sigue diciendo Jn 20, 11-18, evangelio que vamos hoy a comentar.

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Más que la resurrección de Jesús, este evangelio cuenta la de María Magdalena,  pues más que en sí mismo, Jesús resucita en los otros, en aquellos por quienes ha vivido, en aquellos por los que ha muerte.  Así lo ha comprendido Magdalena, que es una persona individual, siendo, al mismo tiempo, signo de todas las mujeres que han seguido a Jesús, de todos los resucitado, varones y mujeres.

Ella sigue siendo para la Iglesia, con el Discípulo Amado (con quien puede identificarse) y con la Madre de Jesús (con la que a veces parece confundirse), el signo más hondo de la humanidad pascual, esto es, de la Iglesia de los resucitados

Así la presentó el Papa francisco, al llamar apostola apostolorum (22.8.217),apóstol de los apóstoles, de manera que la iglesia,siendo apostólica (de los apóstoles) es magdalenita, es decir, de Magdalena. Así la recuerdo, esta semana de Pascua, como experiencia y esperanza de amor sobre la muerte.

Introducción

Cristo y María Magdalena,tras la Resurrección.

Empecemos leyendo todo el texto (Jn 20, 11-18) con cuidado, destacando cada uno de sus rasgos. Quizá podamos distinguir ya desde ahora dos aspectos en María:

(a) Ella es la humanidad fracasada por amor, al final de todos los caminos, perdida en un jardín sin más flor que la muerte, llorando por la ausencia de su amado. Destacando algunos de esos rasgos, las visiones posteriores de los gnósticos dirán que la humanidad en una pobre figura de mujer prostituida, caída sobre el suelo.

(b) Pero ella es al mismo tiempo la mujer del nuevo amor. No es simplemente una mujer caída, seducida, condenada al cautiverio, sino que representa a todas las mujeres y varones que buscan redención de amor sobre la tierra, apareciendo así como principio de nueva humanidad. Todos somos en esa perspectiva María Magdalena. Ella es nuestra voz y figura de Pascua.

Siendo una mujer derrotada e impotente, sobre el huerto de una vida que se vuelve sepultura, María es, al mismo tiempo, una mujer que que tiene y busca amor: signo de la humanidad que, ansiando al Cristo, quiere alcanzar la redención. No ha escapado como el resto de los discípulos varones, sino que permanece ante la cruz, con otras mujeres (cf. Mc 14, 27; 15, 40. 47). Ella permanece.

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Su amor a Jesús es mayor que la muerte y por eso queda, llorando y deseando más amor ante un sepulcro vacío.Interpretada así, la pascua será una respuesta de Dios a la búsqueda de amor de las mujers y los hombres. María es signo de una humanidad que busca amor, que quiere culminar su desposorio, es decir, su alianza y camino de diálogo afectivo con el mismo Dios del cielo, en una tierra convertida en jardín de muerte.

¿Qué hace? Busca apasionadamente a su amigo muerto. Ésta es la paradoja. Conforme a tradiciones espirituales que elaboran más tarde los gnósticos, ella (la mujer caída) debería encontrarse anhelando solo una fuente espiritual de sabiduría, para recibir así la gran revelación de Dios. Sólo entonces podrían celebrarse las bodas finales del varón celeste (Palabra superior) y la mujer caída (humanidad que sufre condenada sobre el mundo). Pues bien, en contra de eso, ella busca sabiduría de amor, pero un amor concreto, inseparable del cadáver (de la historia) de su amigo muerto.

Principio del texto

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Ésta es la paradoja: la Sabiduría y salvación de Dios parecen haberse escondido en un cadáver. Sobre el jardín del viejo mundo han enterrado a Jesús. María le busca apasionadamente, pues el amor verdadero resulta ineparable del cadáver, de la historia, del amogo muerto. Bien pensada, su acción puede llamarse una locura:

María estaba fuera del sepulcro, llorando.
Mientras lloraba, se inclinó para mirar el monumento
y vio a dos ángeles, vestidos de blanco,
uno junto a la cabeza y otro junto a los pies,
en el lugar donde había yacido el cuerpo de Jesús.
Ellos le dijeron: Mujer ¿por qué lloras?.
Ella les dijo: han llevado a mi señor y no sé dónde le han puesto.
Mientras decía esto se volvió hacia atrás
y vio a Jesús de pie, y no supo que era Jesús.
Le dijo Jesús: Mujer ¿por qué lloras?, ¿a quién buscas?.
Ella, pensando que era el hortelano, le dijo:
Señor, si te lo has llevado, dime dónde lo has puesto y yo lo tomaré (Jn 20, 10-15).

Éste es el principio de una conversación prodigiosa donde influyen y culminan todos los motivos de la historia humana. Esta mujer no necesita una teoría de iluminación interior: quiere un cadáver, busca el cuerpo de su amigo asesinado. De esa forma rompe los esquemas de la gnosis espiritualizante. No quiere un mundo edificado sobre cadáveres que se ocultan. No se responde con teorías al misterio del amigo muerto.

Sobre el jardín de este mundo, que en el principio pudo haberse presentado como paraíso (cf. Gén 2), parece que sólo puede florecer el árbol de la muerte. El nuevo Adán hortelano sería en el fondo un custodio de cadáveres, un sepulturero. Ella, María, parece aceptar ese destino, pero quiere el cadáver de su amigo muerte. No quiere que lo manipulen, no quiere que lo escondan. Algunos han dicho que se encuentra loca, pero lo está en la forma de los grandes amantes de la historia: como Juana, reina de Castilla, que seguía llorando por los campos, y siguiendo en luto el cortejo del marido muerto; como tantos varones y mujeres que recuerdan a su amado y quedan fijados para siempre en actitud de llanto. Necesita el cadáver: no quiere que lo oculten, que lo tapen, para que todo siga como estaba.

Un mundo que oculta sus cadáveres

Estamos en un mundo que quiere ocultar sus cadáveres… Enterrarlos, apartarlos, negarlos: que nadie se acuerde de ellos, que nadie sepa que nosotros (los ricos, los favorecidos) vivimos sobre los cadáveres de miles y millones de “crucificados”,muertos y enterrados (sin que nadie recuerde su cadáver).

Necesitamos ocultar los cadáveres, echar sobre ellos más tierra, una piedra más grande, para así “lavar” nuestra manos y quedar tranquilos. Pues bien, en contra de eso, Magdalena necesita llorar por el amigo muerto,mantener el recuerdo de su cadáver. Éste es un amor que dura, un amor que mantiene el recuerdo, que no quiere olvidar a los amigos muertos.Humanamente hablando, el gesto de Magdalena parece una locura: no está permitido tomar un cadáver del sepulcro y llevarlo a la casa o ponerlo en la plaza, para que todos vean al que han matado; no es posible mantener de esa manera el recuerdo de un muerto… La historia de los vencedores avanza sobre el olvido de los asesinados (a los que se puede elevar un hermoso sepulcro para olvidarlos mejor).

No se puede detener la muerte, pero mucho han querido hacerlo, de diversas maneras, pero siempre para olvidar mejor, para convertir a los muertos en un recordatorio de nuestro propio poder. En esa línea, los faraones de Egipto y otros grandes magnates de la historia desearon guardar su cadáver o el cadáver de sus familiares, en inmensas pirámides, para así mostrarse superiores e imponerse al resto de los hombres. Sobre la tumba de los grandes héroes muertos se edifican los imperios…

Pero esta mujer no quiere construir una pirámide, no intenta mantener el control sobre los otros por medio de la muerte. Ella pretende algo más simple y más profundo: conservar el amor hacia su amigo muerto, mantener la memoria de su vida. Por eso necesita su cadáver, para llorar por él, para sentir el poder de la muerte y para continuar después su vida (la forma de vida del muerto). No quiere imponerse sobre nadie; le basta con amar, pero necesita el signo de su amado muerto, su cadáver.

Podemos decir que está loca María, pero loca de amor,loca a favor de la vida. Sólo allí donde alguien ama a Jesús se hace posible la experiencia de la pascua. Ciertamente, Jesús estaba vivo y verdadero al interior de esta mujer. Pero la verdad que ella tiene y desea guardar (un cadáver) va a revelarse como fuente y principio de revelación mucho más honda. Ella tendrá a Jesús de otra manera.

Diálogo de amor, resurrección

Ya se han encontrado de algún modo; el jardinero ha preguntado, ella le ha dicho su amor, en el jardín de la muerte, al lado de la tumba vacía. Pero el encuentro verdadero empieza cuando el jardinero, Señor del nuevo huerto de la Vida, toma la palabra y llama a la mujer, diciéndole su nombre:

– Jesús dijo: ¡María!
– Ella se volvió y dijo en hebreo
¡Rabboni! (¡mi maestro!)
– Jesús le dijo: No me toques más,
que todavía no he subido al Padre.
Vete a mis hermanos y diles:
subo a mi Padre y vuestro Padre, a mi Dios y vuestro Dios.
– María Magdalena vino y anunció a los discípulos:
¡ He visto al Señor y me ha dicho estas cosas! (Jn 20, 16-20).

María buscaba el amigo en la muerte, es decir, al final de un camino que había empezado en el jardín del paraíso: no quedaba árbol de vida, sólo había un tronco seco de muerte. Buscaba allí el amor de un muerto, pero Jesús le ha respondido ofreciéndole la vida y el amor de Aquel que está vivo, llamándole por su nombre: María. De esta forma, en gesto de conversación personal, ha culminado la experiencia de la pascua.

Sólo quien escucha a Jesús cuando le llama de un modo personal sabe de verdad que existe vida, que hay resurrección. Todo lo demás es presupuesto o consecuencia. La resurrección es en el fondo encuentro personal de amor, descubrimiento de Jesús que se ha elevado de la muerte y que nos dice, llamándonos de un modo íntimo, por nuestro nombre: ¡vive, estoy contigo, sé tu mismo!

Pascua, un encuentro de vida

Esto es la pascua: encuentro con Jesús, encuentro para la vida. Eso significa que no estamos condenados a seguir amando a un muerto, buscando en el jardín nuestro cadáver (como buscaba antes María). El verdadero amor suscita vida, transformando el jardín del cadáver en huerto de gracia que dura por siempre. No se trata de negar el cadáver, sino todo lo contrario: de convertir el cadáver en principio de vida. No se trata de ocultar al muerto, para que sigan triunfando los que matan, sino de vivir desde aquel que ha muerto de amor, para vencer en amor a los asesinos de la historia.

Sigamos leyendo el texto. En gesto que se parece al de Mt 28, 10, María se agarra a los pies de Jesús, en encuentro afectuoso donde se vinculan adoración (echarse a los pies), confianza (tocarle) y amor hondo (acariciarle). Ella pretende eternizar esa actitud: estaría así toda la vida, en actitud de unión profunda, en donación de corazones. Nada busca, ya no necesita cosa alguna, tiene todo lo que quiere. La pascua se le hace encuentro permanente de unión con el amado.

No tiene miedo. Por eso, Jesús no tiene que animarle diciendo ¡no temas! (como en otras ocasiones: Mc 16, 6; Mt 28, 20). Como mujer que ha encontrado su dicha, como persona que al fin ha llegado a la meta del camino, María puede mantenerse para siempre en ese gesto de encuentro con su amado. Este es el tiempo de la dicha, de los ojos que se miran, de las voces que dialogan, de las manos que tocan.

En la línea de algunas formulaciones posteriores de la gnosis,pudiéramos afirmar que, María ha empezado a vincularse con Jesús resucitado en desposorio místico, intimista. Ellos representan al ser humano entero: son la díada (o pareja) inicial que simboliza ya la salvación de los humanos, en el nuevo paraíso de este mundo, sobre el huerto de la muerte convertido en manantial de vida. Esa perspectiva es buena, pero debe completarse, como ahora indicaremos.


Paradójicamente ha venido Jesús, se ha mostrado en persona, le ha dicho su amor… Es lógico que ella quiera mantener ese momento, mantenerse en gesto de intimidad por siempre. Pero Jesús responde:¡No me toques!.

Noli me tangere,no me sigas tocando de esta forma

Parece que esta palabra significa: no me toques más, no me sigas agarrando. De esa manera señalar que hay una unión de en este mundo que no puede cerrarse en sí misma. La experiencia pascual es un principio, una promesa que no puede separarse del camino de vida y de misión, es decir, de la tarea al servicio de los demás.

Esta palabra ¡no me toques! recuerda la fragilidad del tiempo, nos sitúa dentro del misterio de una pascua que no puede culminar sobre la tierra. No existe en este mundo amor perfecto, para siempre; todo lo que aquí vamos viviendo sigue abierto hacia la muerte. Por eso, el encuentro con Jesús ha sido un signo de esperanza en el camino, no es aún la realidad cumplida.
María ha descubierto por un breve momento el gran misterio: ha encontrado a Jesús, se ha llenado de su vida pascual y de su gloria. De ahora en adelante no será una pecadora: una mujer caída, estéril, fracasada. La experiencia pascual le ha convertido en portadora del misterio de Dios (Jesús) para los hombres.

Al decirle no me toques, Jesús le está diciendo que ella debe ocuparse de tareas importantes, de misiones nuevas sobre el mundo. La pascua no se puede interpretar como experiencia de escapismo, no es huída hacia un nivel interno, puramente espiritual, de la existencia. Jesús resucitado hace a María misionera de su pascua y de la gracia de Dios ante los hombres.
Conforme a la visión anterior, reflejada en Mc 16, 1-8 y Mt 28, 1-10, las mujeres de la pascua han de decir a los discípulos que vayan pronto a Galilea, para encontrarse allí con Cristo. Pues bien, nuestro pasaje muestra una experiencia pascual nueva. María es portadora de una forma de misión distinta; tiene que buscar a los discípulos para transmitirles el mensaje o misterio mas profundo de Jesús: ¡subo a mi Padre y vuestro Padre, a mi Dios y vuestro Dios!

María, mensajera de Pascua

María es, según eso, la primera teóloga de pascua: ha descubierto en su vida el camino de Jesús; sabe que ha triunfado y sube al Padre y así debe decirlo. Desde esta perspectiva se comprende ya mejor el ¡no me toques!. Ella es un signo viviente de la ausencia presente de Jesús; por eso puede decir que vive (ha resucitado) y que ha subido al misterio de Dios Padre.


Entre el Jesús que en un sentido le ha dejado (¡no me toques!) y los discípulos a los que debe buscar y evangelizar, en clave de pascua, se encuentra ahora María. Buscaba un cadáver en el huerto; Jesús le ha ofrecido una misión y camino apasionante de vida.

Ahora comprendemos que pascua es el ascenso final de Jesús que ha recorrido su camino sobre el mundo y viene a culminarlo en el seno de Dios Padre. Pero, al mismo tiempo, culminando su camino de subida y plenitud recreadora, Jesús abre un camino de seguimiento para sus discípulos, partiendo del mensaje de María.


Ella ha sido la primera: ha tocado a Jesús por un momento sobre el mundo como, en algún sentido, pueden tocarle o descubrirle todos los creyentes. Pero luego, María y los discípulos deben saber que Jesús ha subido ya al Padre. No se encuentra a la mano, de manera externa, sobre el mundo. Por eso no pueden agarrarle para siempre, no pueden detenerle en nuestra historia.

También aquí encontramos una perspectiva pascual que es contraria a la que ofrece en aquel tiempo la gnosis espiritualizante. El gnóstico es un hombre que piensa que ha encontrado plenamente a Jesús sobre la tierra; por eso puede afirmar que ha culminado su camino y ya no tiene que andar más. Por el contrario, María Magdalena ha descubierto que la pascua es experiencia de ascenso a lo más alto y de misión liberadora: es como una luz, un toque de presencia que nos hace capaces de entender buscar y caminar luego sobre el mundo.

Subir con Jesús, volver a la tareas de la vida
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Sólo se puede experimentar a Jesús cuando se asume su gesto de subida, al descubrir que no podemos tocarle al modo antiguo para siempre. Ha sido una experiencia breve, un consuelo de amor sobre el huerto. Después, la misma Magdalena que antes parecía loca tiene que volverse misionera, dando testimonio de aquello que ha visto y sentido, haciéndose iniciadora de misterio para los mismos apóstoles.

La pascua de Jesús responde a algunas de nuestras preguntas, abriéndonos luego (al mismo tiempo) al misterio más alto del Padre. Si sólo existe pascua dentro de la vida de este mundo es que no hay pascua. El triunfo de Jesús, que se ha expresado sobre el huerto como encuentro de amor con María, viene a abrirse luego a modo de camino de ascenso hacia el Padre.
Ella se había refugiado en el huerto de su propio llanto. Ahora debe dirigirse a los discípulos, hablarles, comenzando a realizar sobre la tierra la gran experiencia de la transformación que nos conduce hacia Dios Padre. De esa forma, la antes solitaria se convierte en mensajera de Dios sobre la tierra.

La experiencia y palabra de María vale también para nosotros. Ya no tenemos que volver a Galilea; no tenemos que cerrarnos en las cosas de este mundo. Con Jesús que sube al Padre, unidos a María Magdalena, en el centro de la iglesia, debemos iniciar un camino de ascenso salvador que nos conduce de verdad hasta el misterio de Dios. María es la primera de aquellos que han hecho esta experiencia pascual.

https://www.religiondigital.org/el_blog_de_x-_pikaza/pascua-Maria-Magdalena_7_2114858494.html

Estamos subiendo a Jerusalén: Dolores Aleixandre rscj


Domingo de Ramos. Yegon Evans
Domingo de Ramos. Yegon Evans

Él sabía que estaba comenzando su último descenso

15.04.2019 Dolores Aleixandre

Estaban subiendo. Lo sabía él y lo sabían los discípulos que le acompañaban. El paisaje familiar de Galilea se iba quedando atrás y la fatiga de la subida pesaba ahora sobre sus cuerpos cansados; lo sabían sobre todo por la inquietud que llenaba sus corazones de oscuros presagios. El Maestro se había puesto en cabeza y caminaba con paso rápido; ellos iban detrás más lentamente, como si quisieran retrasar el momento de la llegada.

Mientras subía, Jesús era consciente de que, una vez más, la contradicción y la paradoja estaban rozando su vida. Había intentado infinitas veces enseñar a sus discípulos a “bajar”, a sospechar de su deseos de ascenso  y dominación y a elegir en cambio los lugares de abajo, allí donde se mueven y habitan los que carecen de poder y significatividad, los que parecen haber nacido para cargar con los pesos de otros. El tema del descenso aparecía una y otra vez en sus palabras y, sobre todo, en su vida: en medio de un mundo en el que casi todos ambicionaban estar arriba, él, calladamente, había decidido plantar su tienda en dos lugares “de abajo”, en dos pequeños pueblos tan perdidos como Belén y Nazaret. Conocía de primera mano lo que era vivir “fuera”, incardinado entre aquellos que ni entonces ni ahora tienen sitio en las posadas del mundo. Para él ninguna herida era incurable y ninguna brecha irremediable y su poder de sanar y transfigurar los alcanzaba en lo más hondo del abismo.

Ahora, en aquel lugar encumbrado, en la altura del Templo, en la Jerusalén situada en lo alto del monte Sión, a él le esperaba un huerto en lo más hondo del torrente Cedrón, los sótanos de los palacios de Caifás y Pilato, un montecillo fuera de las murallas donde crucificaban a los malhechores, un sepulcro excavado en una cueva.

Subían, pero él era consciente de que había emprendido su último descenso.

https://www.religiondigital.org/un_grano_de_mostaza/subiendo-Jerusalen_7_2112758717.html

“Sabemos dónde vive, sabemos dónde trabaja”: así son las amenazas que reciben víctimas de curas pederastas australianos


Una televisión dedica un programa a las intimidaciones “estilo mafioso”
No a los abusos y encubrimientos
No a los abusos y encubrimientos
Peter Creigh, víctima que declaró en el juicio por encubrimiento del ex-arzobispo de Adelaida, Philip Wilson, denunció ante la policía que un hombre autodeclarado “custodio de la fe” le intimidó para que no testificara
La policía especula con que las amenazas podrían haber llevado incluso al suicidio de un cura informante clave en el proceso contra Wilson, el jerarca de mayor rango en la Iglesia en ser condenado, y luego absuelto, de ocultación

28.04.2019 Cameron Doody

Es difícil imaginar un calvario peor que ser víctima de abusos sexuales. Más si tu agresor fue alguien en quien confiabas plenamente, como un cura. Más si para lograr justicia tienes que pasar años y años en el tortuoso sistema legal. Pero algunas víctimas de los abusos del clero australiano, e incluso algunos valientes curas informantes, han denunciado haber pasado por algo que ha exacerbado aún más su vía crucis personal: amenazas e intimidaciones “estilo mafioso” para que no declaren o, una vez que han declarado, para que se retracten de sus testimonios.

El agente inmobiliario Peter Creigh es una de las víctimas que ha denunciado su horrible historia de intimidaciones a la cadena estatal ABC, la cual ha dedicado un programa televisivo a las amenazas que sufren víctimas de curas pederastas australianos. Una vez en la inspección de una casa en 2017, contó Creigh, un desconocido con gafas de sol se le acercó. Creigh le dio la mano, pero el hombre no lo reciprocó.

“Solo me dijo: ‘Sé quién es usted, señor Creigh. Está involucrado en el caso contra el arzobispo Wilson'”, recordó Creigh. “Dijo…: ‘Soy un custodio preocupado de la fe’ y ‘sería de su interés no declarar en el juicio próximo”.

“Me dejó alucinado. Estaba en estado de shock. Y el tío se dio la vuelta y salió de la casa”, dijo Creigh.

El arzobispo Wilson al que se refería el matón eraPhilip Wilson, ex-arzobispo de Adelaida y el prelado de mayor rango en ser condenado, y luego absuelto, de encubrimiento de abusos. El testimonio de Creigh fue clave para el caso, ya que de joven, en 1976, denunció dos veces al entonces sacerdote Wilson que otro cura había abusado de él, y Wilson no hizo nada.

Philip Wilson, absuelto
Philip Wilson, absuelto

Pero el incidente en la casa no fue la única vez que Creigh recibió amenazas. El mismo hombre, esta vez montado en una moto con la matrícula cubierta de plástico negro, se le acercó un día con dos dedos en el aire como segundo aviso.

“Sus palabras fueron, ‘Señor Creigh, nos vemos de nuevo. Parece que no nos está tomando en serio’. Y después dijo que no debiera seguir con mi testimonio en el juicio”, denunció Creigh.

Otra vez un hombre distinto se acercó a Creigh cuando estaba colocando folletos de su inmobiliaria en buzones de su pueblo.

“Me dijo, ‘Sabemos donde vive, sabemos donde trabaja’, que ‘pensara en mi familia’, y ‘queremos que se retracte de su testimonio'”, recordó Creigh. “Yo dije: ‘Vete a la mierda’. Y él me dijo: ‘Señor Creigh, le compensaremos si lo hace’. Y que ‘debe tomárselo muy, muy en serio'”. Creigh preguntó al hombre quién era. “Dijo, ‘Estamos aquí para proteger a la Iglesia y, por supuesto, al arzobispo’. Fueron sus palabras exactas”.

Quizás lo más siniestro de las amenazas fuera que, en el momento de recibirlas, su nombre aún estaba suprimido por los tribunales. Creigh denunció los tres incidentes a un detective, Jeff Little, que, aunque no logró dar con los agresores, afirmó que el lenguaje de los matones sugería “una afiliación con la Iglesia católica”.

El detective Little insinuó incluso que las amenazas, que quizás pudieran haberse originado en la Iglesia, podrían haber llegado a un cura que denunció los abusos del mismo sacerdote que abusó de Creigh. El presbítero denunciante, el padre Glen Walsh,se suicidó tres semanas antes de que empezara el juicio contra Wilson

“El padre Glen Walsh fue un hombre honorable y fue un testigo crucial en el caso” contra Wilson, dijo Little a la ABC. “Ciertamente me dijo que estaba aterrorizado por testificar contra sus superiores en la Iglesia y, lamentablemente, el testimonio que pudiera haber dado se lo llevó a la tumba”.

“¿A él también le presionaron? ¿Quién sabe? Pero es más que una coincidencia”, lamentó Little.

Silencio de los obispos ante los abusos
Silencio de los obispos ante los abusos

https://www.religiondigital.org/mundo/amenazas-victimas-curas-pederastas-australianos_0_2115688433.ht

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