Antioquia encabeza número de muertes de líderes sociales


Según el Cinep, el país vive una cuarta fase del paramilitarismo. Las víctimas, dirigentes de base.

Homicidios en Medellín

En los últimos dos años, de acuerdo con el informe del Cinep/PPP, las muertes de líderes comunales y cívicos han aumentado un 71 por ciento.Foto:

Johan Lopez / Archivo EL TIEMPORELACIONADOS:

LÍDERES SOCIALES

Por: Redacción Domingo 12 de mayo 2019 , 04:11 p.m.

No hay un fenómeno de violencia del que se hable más y que cause más indignación desde que se firmaron los acuerdos de paz con las Farc –el 24 de noviembre del 2016– que el aumento de las muertes y amenazas contra líderes sociales. 

El caso más reciente fue el atentado con arma de fuego y granada contra Francia Márquez Mina, ganadora el año pasado del Premio Goldman (considerado el ‘Nobel’ de medioambiente), y varios líderes sociales en Santander de Qulichao, Cauca. Caso en el cual un menor fue capturado el viernes en Caloto.

El último informe del Centro de Investigación y Educación Popular/Programa por la Paz (Cinep/PPP), publicado esta semana, le ha dado a los investigadores elementos para analizar este fenómeno de violencia a la luz del perfil de los líderes que están siendo asesinados y de la modalidad de exterminio que están usando ahora los autores, intelectuales y materiales.

En los últimos dos años (2017-2018), de acuerdo con el informe del Cinep/PPP, las muertes de líderes comunales y cívicos han aumentado un 71 por ciento. El documento señala que mientras en el 2017 las autoridades dieron cuenta de 20 casos de asesinatos, esa cifra se disparó a 70 en el 2018. Antioquia, con 20, es de lejos el departamento con mayor número de casos el año pasado. Le siguen Meta y Putumayo, ambos con 6, y Arauca, con 5.Defensoría del Pueblo pide claridad sobre la protección colectivaBuscan ocultar muertes de líderes vinculándolos a atracos: CinepCrearán grupo especializado de jueces para casos de líderes socialesSolo 3 de 27 líderes amenazados en el Atlántico cuentan con protección‘Los escoltas y las medidas individuales no son suficientes’

Entre tanto, los ataques a defensores de derechos de las comunidades pasaron de 38, en el 2017, a 98 el año pasado, es decir, aumentaron en un 61 por ciento. 

Estas cifras –dice el informe– se enmarcan dentro de una situación preocupante de violencia política que para 2018 dejó 648 muertos, 1.151 personas amenazadas y 22 desaparecidos.Perfil de las víctimas

Una de las estadísticas que más ha llamado la atención de los investigadores tiene que ver con el perfil de las víctimas. El informe registra que entre los 90 líderes asesinados en el periodo de dos años analizado, 39 de ellos tienen relación directa con temas como reclamación de tierras, sustitución de cultivos ilícitos, oposición a megaproyectos de minería y minería ilegal, y medioambiente, principalmente en la defensa de las fuentes de agua.

Todo parece indicar, asegura Alejandro Burgos, uno de los investigadores del Cinep que participó en la elaboración del documento, que existe una intención de golpear la base de diferentes procesos sociales. 

“La nueva manera de acabar con esos procesos es victimizar las pequeñas organizaciones de base que trabajan en las periferias del país; muchas de las víctimas mortales y de amenazas son miembros de juntas de acción comunal y veredal, de resguardos indígenas, de organizaciones campesinas, comités de víctimas, reclamantes de tierras y ambientalistas de medio perfil, entre otros”, asegura.

La otra cifra que analizan los investigadores se relaciona con la identidad de los presuntos responsables: de los 70 casos ocurridos en el 2018, en 61 de ellos no hay información clara sobre los autores, se los identifica como “hombres armados o encapuchados” o solamente como “desconocidos”.

Los investigadores del Cinep sostienen, con base en el documento, que este común denominador no es más que una nueva modalidad de operación de los grupos al margen de la ley, a la que ellos llaman “paramiltarismo de cuarta fase”.

En los últimos dos años (2017-2018), de acuerdo con el informe del Cinep/PPP, las muertes de líderes comunales y cívicos han aumentado un 71 por ciento


Para el padre Giraldo, miembro del equipo de derechos humanos del Cinep, este tipo de hechos –la falta de claridad sobre los autores– está frenando las investigaciones. “Hace algún tiempo, los delincuentes, para ejercer control e intimidar, se presentaban como paramilitares del ‘clan del Golfo’, ‘Caparrapos’, ‘Águilas Negras’, etc., pero hoy se afianzan en el anonimato, lo que cambia la dinámica, aunque el fin sea el mismo, eliminar las bases comunales”, sostiene.

Para el padre Giraldo y los demás investigadores, este fenómeno, que el Cinep denomina en su informe como “ocultamiento de los autores”, está logrando camuflar los asesinatos de líderes en delitos como robos, atracos, préstamos gota a gota, líos pasionales o problemas de vecindario. “Así las cosas –reza el documento–, las víctimas nunca van a conocer ni siquiera un alias de los autores. Jamás van a conocer la verdad”.Jueces especiales para agilizar procesos

Esta semana, la Fiscalía, el Consejo Superior de la Judicatura y el Gobierno activarán jueces especiales para agilizar los procesos por ataques a líderes sociales y defensores de derechos humanos. 
El fiscal general, Néstor Humberto Martínez, sostuvo que hay sentencias condenatorias en casi el 60 % de los casos en juicio. “Lo que queremos es que si ya hemos hecho las imputaciones y las acusaciones y tenemos más de 250 capturados por ataques a líderes sociales, que haya sentencias rápidas”, dijo. 

Los juzgados estarán en zonas con más ataques como Nariño, Cauca, Antioquia y Norte de Santander. Según cifras de la Fiscalía, organizaciones criminales (como se identifica a grupos ilegales dedicados al narcotráfico, la extorsión y la minería ilegal) son responsables del 57 % de asesinatos de líderes sociales desde enero del 2016, que son 274, con base en la cifra de los crímenes certificados por la oficina de DD. HH. de la ONU. 

Se han tomado decisiones judiciales para aclarar plenamente 157 de los asesinatos. En total, según la Fiscalía, hay 244 detenidos, 68 con órdenes de captura por su vinculación con esos ataques.

REDACCIÓN DOMINGO
EL TIEMPO
redacciondomingo@eltiempo.com

https://www.eltiempo.com/justicia/conflicto-y-narcotrafico/antioquia-encabeza-numero-de-muertes-de-lideres-sociales-360428

No dijeron nada, tenían mucho miedo (Mc 16, 8): X. Pikaza


Ha llegado la hora de las mujeres 

 El ángel de Jesús con las mujeres de pascua, mientras los hombres soldados duermen de miedo y mentira... Quiero que esa imagen presida presida mi nueva postal de la Pascua, con el nacimiento de una iglesia de mujeres.La ocasión me la ha ofrecido el libro de Paolo Mascilongo,  Il Vangelo de Marco, Città Nuova, Roma 2018, 962 págs (imagen 2), el último comentario exegético que conozco del evangelio de Marcos. Acabo de escribir una recensión crítica para la Revista Bíblica, del Inst. Bíblico de Roma, que publicaré cuando salga en la revista.   Aquí sólo puedo decir que se trata de un comentario bíblico fascinante, por su erudición, por su apertura eclesial… A pesar de todo, le encuentro un fallo: El autor no se atreve a desvelar (al menos hipotéticamente) el sentido de fondo del final truncado del evangelio: El ángel de la pascua les dicen que vayan, que anuncien la noticia a Pedro y a los otros, que reinicien el camino de la Iglesia… Pero ellas no van, tienen miedo… (Mc 16, 1-8).   ¿Qué significa eso? ¿Por qué no van? ¿Pueden y deben ir hoy todavía, el año 2020? En mi comentario de Marcos (imagen 3) le dediqué el tema muchas páginas, que he querido retomar aquí, en plano académico y actual, para completar el comentario de P. Mascilongo.1- MARCOS, UN FINAL ENIGMÁTICA   Unos libros se definen por el origen (sus primeras palabras…); otros por su fin, en forma de enigma o provocación. Entre esos últimos se encuentra en evangelio de Marcos.El tema del final del evangelio de la pascua en Marcos es el miedo de una mujeresque no se atreven a decir a Pedro y a los otros lo que han visto, porque tienen miedo:-¿Tienen miedo de Jesús, de lo que han visto?
-¿Tienen miedo de Pedro y de los hombres de la pascua porque no serán capaces de entender y aceptar lo que ellas han visto?Según Marcos, es evidente que las mujeres han tenido miedo… y lo siguen teniendo, porque si dijeran lo que han visto y saben quizá el mundo estallaría de un gozo distinto, de una vida diferente. 

Este es el extraño relato (real por imposible) de Marcos, el primero de los evangelistas:

— las mujeres de la pascua llegaron al sepulcro, vieron que estaba vacío y huyeron, poseídas por un pavor inmenso (tromos kai ekstasis), y no dijeron nada a nadie.

Sobre ese silencio clamoroso y pavoroso de las mujeres se asienta el evangelio de la pascua, la experiencia cristiana de la resurrección.

Ellas ven lo que no puede verse (un sepulcro sin muerte) y escuchan lo que no puede decirse (¡no está aquí, ha resucitado!),

recibiendo una misión que no puede cumplirse (¡decid a sus discípulos y a Pedro que les precede a Galilea!). No pueden decir ni hacer nada, simplemente huye, pues tenían miedo (ephobounto gar).

Con estas palabras, que terminan en una partícula explicativa que no sirve para explicar (gar), se cierra el evangelio y empieza la misión cristiana. Cien libros se han escrito sobre ese final, empezando por el añadido posterior de Mc 16, 9-20, que la Iglesia ha tomado como canónico, para evitar de alguna forma el “escándalo” de Marcos.

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Comentario a Marcos para explicar este silencio de las mujeres  Como he dicho ya,  he escrito un inmenso comentario al evangelio de Marcos, más de mil páginas,para explicar si es posible este final imposible de su evangelio, este silencio clamoroso de las mujeres que ha revolucionado la historia del mundo, la pascua cristiana

En ese silencio culmina y empieza la paradoja del evangelio: Al llegar la hora definitiva, da la impresión de que las mismas mujeres fracasaron, como habían fracasado antes los Doce. También ellas se escapan, huyen del sepulcro (unir Mc 14, 50 con 16, 8) y “parece” que no van a Galilea (como les ha mandado el joven de Dios), aunque no el texto no dice que “no fueron”, sino que huyeron con miedo, sin decir nada a nadie.

Esta huida y este silencio de las mujeres que no dicen nada a nadie, porque tienen miedo constituye (con Mc 14, 3-9: la unción de Betania) un signo clave para entender el evangelio. Por eso debemos estudiarlo con cierta detención, distinguiendo los planos de lectura del texto.

2. FORMAS DE ENTENDER EL FINAL DE MARCOS

 Plano textual, primer nivel.

Mc 16, 8 afirma que las mujeres han huido (ephygon) del sepulcro con miedo, y que no han dicho nada a nadie, de manera que parece que no han cumplido la palabra de Jesús. Ellas han huido lo mismo que los Doce en Getsemaní (donde emplea la misma palabra: ephygon, 14, 50), y lo mismo que el joven desnudo de la sábana (también con ephygen, 14, 52). En los tres casos ha empleado Marcos la misma palabra (huyeron), pero en sentidos muy distintos.

Los discípulos varones de 14, 50 habían quedado marcados por el “miedo de la muerte” del Mesías, de manera que no habían podido ser testigos de la cruz. El joven de 14, 52 huye desnudo dejando su sábana inútil, porque es testigo de una “vida” que nadie puede sujetar y encerrar en un sepulcro (por eso hemos dicho que en el fondo era el mismo Jesús, presentado de un modo simbólico). La mujeres, en cambio, huyen porque tienen miedo de lo que han visto y escuchado en el sepulcro de Jesús. No les ha detenido la muerte (por eso han estado ante la cruz y han ido al sepulcro). Pero les detiene el miedo (el pavor sagrado) de la resurrección y por eso huyen.

El texto no dice que “no han dicho” a los discípulos lo que han visto, ni tampoco que “no han ido” a Galilea, sino sólo que han tenido un gran temor, un éxtasis, y que han huido del sepulcro sin decir nada a nadie (en ese momento).

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En un sentido es lógico que huyan, pues tampoco ellas se hallaban preparadas para entender y aceptar la novedad cristiana, para comprender el misterio de la vida que brota de la muerte. Todo lo que pueden decir resulta insuficiente, todo lo que hagan es al fin inadecuado, pues el mensaje del Jesús pascual desborda el nivel de sus acciones y palabras. En la raíz de la pascua sigue habiendo un principio de miedo:con la muerte de Jesús ha terminado todo, no se puede construir humanidad (familia) partiendo del vacío de una tumba. Por eso, es lógico que Mc 16, 8 asegure que ellas no dijeron nada .

− Plano histórico.

Parece claro que, de alguna forma, en contra de lo que dice externamente el texto, estas mujeres han ido a Galilea (al lugar del evangelio), contando la historia que no puede contarse (el mensaje pascual de la tumba vacía) y reiniciando allí el camino del Reino de Jesús. Conforme al ritmo de Marcos, puede suponerse que ellas han dicho la palabra a Pedro y al resto de los discípulos, asumiendo con ellos el proyecto de Jesús, en dimensión de pascua. Por eso han sido y siguen siendo las primeras hermanas y madres de Jesús, garantes del mensaje pascual, hecho palabra que se anuncia, para volverse de esa forma “pan” multiplicado y compartido. Así podemos afirmar que, en un sentido, ellas han cumplido su misión, iniciando el “rito pascual” del perfume (14, 3-9).

Pero, afirmado eso, podemos y debemos añadir, en otro plano, que ellas no han ido todavía (en el momento en que escribe Marcos) o, mejor dicho, no han llegado al final del mensaje de pascua, no se han integrado en la auténtica Iglesia. En ese sentido, Marcos sigue queriendo que ellas (y toda la iglesia representada por ellas) vayan a Galilea, de manera que su evangelio puede interpretarse como “guía para cristianos que quieren hacer el camino de Galilea” (es decir, el camino de la historia mesiánica de Jesús, que empezó en Galilea).

Conforme al testimonio de Hech 1, 13-14, las mujeres “estaban” en Jerusalén, iniciando allí la iglesia (iglesia jerosolimitana, no galilea), con los parientes de Jesús (y los Doce). Marcos supone que hay (ha habido) en Jerusalén una iglesia vinculada a los parientes de Jesús que no ha dejado el legalismo judío, no ha entendido la novedad de la muerte de Jesús ni el sentido de su pascua (cf. 3, 20-35). Pues bien, al escribir este pasaje, Marcos puede dirigirse a esas mujeres, que han formado parte de la iglesia de Jerusalén, centrada en Santiago y José (hijos de María, hermanos de Jesús), para que salgan (ellas, con Pedro y con los otros discípulos) del entorno jerosolimitano de la tumba vacía, para iniciar en Galilea el verdadero camino de evangelio, pues sólo allí (yendo a Galilea) podrán ver a Jesús (al verdadero Mesías). Ésta sigue siendo para Marcos, en este momento (hacia el 70 d.C.), la tarea pendiente de aquellos cristianos de Jerusalén que están representados por estas mujeres.

Por eso, la palabra del joven a las mujeres (y por ellas a los discípulos y a Pedro) es palabra de mandato actual, programa de refundación de iglesia, que han de retomar ellas (las mujeres, su comunidad) con Pedro y los restantes discípulos de Jesús, tras la gran catástrofe del 66-70 d.C., o mejor dicho ahora, el año 2019, el años de las mujeres de Pascua, creadoras de Iglesia.

Lo que las mujeres debían hacer (y en un primer momento no han hecho, pues huyeron, cf. 16, 78), lo está diciendo (y haciendo) ahora el evangelio de Marcos que transmite esa palabra y la reinterpreta desde la misma Galilea (o, quizá mejor, desde su entorno en Damasco de Siria); así podemos afirmar que su evangelio es signo del cumplimiento de esta palabra no-dicha (y, sin embargo, dicha) del joven de la pascua a las mujeres .

— Según eso, Marcos sabe que en un plano las mujeres (y algunos discípulos con Pedro) no han ido todavía, no han culminado su trayectoria cristiana. Pero, al mismo tiempo, en otro plano, él sabe que tienen que ir, pues la verdad de la iglesia y la palabra de su mismo evangelio depende de esa ida y experiencia pascual en Galilea, como supone el mismo Jesús en 14, 3-9, al decir que el gesto y experiencia de aquella mujer (de estas mujeres pascuales) se extenderá con el evangelio en todo el mundo.
Marcos no condena a las mujeres, no las deja abandonadas en su fijación jerosolimitana (como quizá deja a Jacob). Ellas, las mujeres, entre las que se encuentra la madre de Santiago (que en su lugar, 15, 40-41, hemos interpretado como madre del mismo Jesús), deben abrir un camino de pascua que ha de expresarse de forma privilegiada en Galilea.

Esta exigencia y misterio del inicio galileo de la misión eclesial aparece también, de forma convergente, en Jn 21, que ha entendido Galilea (con el lago y la pesca), como punto de partida del mensaje universal, con Pedro al frente del grupo de los siete misioneros, que recuerdan necesariamente los siete panes y cestos de la segunda multiplicación de Mc 8, 1-21 que es culmen y conclusión de su evangelio galileo (antes del camino a Jerusalén).

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3. LAS MUJERES, FUNDADORAS DE LA IGLESIA

− Plano textual, segundo nivel.

En un primer sentido, las mujeres han “huido” de la tumba, sin decir nada a Pedro y a los otros (sin vincularse con ellos en Galilea). Pero, conforme he venido mostrando en este comentario, en los lugares clave de su texto, Marcos ha mostrado con finísima ironía, de un modo indirecto, aquello que debemos hacer todos, no solo las mujeres, sino el resto de los discípulos: abandonar Jerusalén, con la tumba vacía, para encontrarnos en Galilea y comenzar desde allí el camino de Jesús, para verle asíy para empezar allí de nuevo, en verdad, el camino del evangelio (que debe llegar todas las naciones: 13, 10; 14, 9), superando de esa forma el miedo, con estas mujeres.

Este mandato aparentemente no cumplido del joven de la tumba vacía a las mujeres nos sigue situando cerca de algunos lugares centrales del evangelio, y de un modo especial cerca de 13, 14 donde el mismo Jesús dice a los de Judea que, al ver la Abominación de la Desolación “huyan” (pheugetôsan) de la ciudad hacia los montes. Las mujeres también han huido, con el mismo verbo (ephygon: 16, 8), aunque no se dice expresamente que hayan llegado a Galilea y hayan compartido su experiencia con Pedro y los discípulos.

A través de las mujeres, a las que el joven de pascua ordena que digan a los discípulos y a Pedro que vayan a Galilea para “ver” allí a Jesús, Marcos sigue hablando a sus lectores, de manera que son ellos los que deben (es decir, lo que  nosotros cristianos del año 2019 debemos) escuchar de una manera personal esa palabra, situándonos al principio y decidiendo, por nosotros mismos, si queremos ir a Galilea. Como he dicho, Marcos no afirma que las mujeres “no fueran”, sino que huyeron del sepulcro, llenas de miedo, sin decir nada a nadie. Es evidente que, en un sentido, también ellas han “sufrido” la absoluta novedad del mesianismo de Jesús, de forma que han empezado huyendo de la tumba vacía, sin poder decir nada a nadie. Pero, en otro sentido, ellas han ido, de manera que Marcos las presenta como garantes de la novedad de su evangelio .

 Desde ese fondo ha de entenderse su “huida”, como he destacado ya, comparando su gesto con el de los discípulos, que huyeron también (con el mismo verbo ephygon), cuando Jesús se entregó a los enviados del Sanedrín en el Huerto de los olivos (14, 50), y con la huida del joven desnudo, que también huyó (ephygen) cuando quisieron agarrarle (14, 52). En otro contexto, pero desde una perspectiva de miedo ante lo “sobrenatural”, huyeron (ephygon) también los porqueros de Gerasa, tras la expulsión de los demonios del hombre-legión (5, 14).

Este final de Marcos (¡las mujeres huyeron, no dijeron nada…!), nos sitúa sin duda, ante una experiencia radicalmente religiosa, que muestra la “imposibilidad” humana de comprender la trayectoria mesiánica (y el mensaje) de Jesús, algo que Pablo ha descrito, en otra perspectiva, al hablar del “pecado universal” (suponiendo que todos, pantes, lo han cometido: cf. Rom 5, 12). No se trata, evidentemente, de un pecado en sentido moralista, sino del descubrimiento de la alteridad radical de Dios y de su plan de salvación en Cristo. Por eso, también estas mujeres (las “ultimas” de Jesús) tienen que huir y huyen, pues no existe ninguna base humana para aceptar el mensaje del “joven” de la tumba vacía.

En este contexto ha destacado Marcos el “miedo” ante lo radicalmente distinto, explicando de esa forma la huida de las mujeres, “pues tenían miedo” (ephobounto gar), y terminando así, con la razón del miedo, el texto del evangelio. Ese texto final “justifica” y comprende la huida (con gar) de las mujeres, pues el mensaje del joven de pascua les desborda, a pesar de que él haya apelado a lo que Jesús había dicho (“en Galilea le veréis como os dijo”: 16, 7) y anunciado (cf. 8,31; 9, 31; 10, 32-34). Marcos nos sitúa así ante el miedo radical, expresado con dos palabras clave: tromos y ekstasis, pavor y espanto.

Como he destacado ya, él no dice que las mujeres “no fueron a Galilea” (ni que permanecieran siempre en silencio), sino que, en aquel momento, tuvieron miedo y huyeron, llenas de pavor y espanto, ante el mensaje del joven de pascua. Sólo una “presencia personal” de Jesús podría haberles hecho superar el miedo, como ha sabido Mateo, cuando traduce esta escena diciendo que estaban llenas de “miedo y de alegría”, pero que, mientras corrían, les salió al encuentro el mismo Jesús que les dijo “no temáis…” (Mt 28, 8-10).

Sólo un encuentro directo con Jesús podría hacer que ellas superen el miedo de la muerte, transformando ese miedo y superando la muerte con el mensaje de pascua. Pero Marcos no ha querido (o no ha podido) introducir ningún encuentro (aparición pascual) de Jesús en Jerusalén, pues ello habría resultado contra-producente y contra-evangélico y habría servido para avalar de alguna forma el judaísmo del templo. Por otra parte, como he dicho también, Marcos no quiere (no puede) hablar en su texto de apariciones de Jesús (como las de 1 Cor 15, 3-9), pues la experiencia pascual que él propone es diferente, y se sitúa más allá del texto de su evangelio.

Un evangelio como el suyo sólo puede hablar de la pascua contando la experiencia de la vida de Jesús, en términos simbólicos e indirectos (como hemos ido viendo a lo largo del comentario). Por eso, en línea “histórica”, Marcos sólo puede llevarnos hasta el gran miedo de las mujeres de la tumba vacía, pues allí culmina y se despliega el “miedo” que produce la revelación de Dios en la muerte pascual de Jesús. Así nos ha llevado de la mano hasta esas mujeres, situándonos ante un sepulcro de muerte sin muerto (pues Jesús ha resucitado), para que escuchemos allí la palabra de envío y promesa (la promesa de ver a Jesús en Galilea). El mismo vacío de la tumba, la misión y la promesa, produce en las mujeres un miedo inmenso (ephobounto), que se expresa como temor y temblor (tromos y ekstasis) y desemboca en la huida sin palabras, es decir, más allá de todas las palabras .

— Significativamente, la tradición paulina ha destacado la unión escatológica de phobos y tromos en 2 Cor 7, 15; Flp 2, 12 y Ef 6, 5. Cf. también Mc 5, 33. Me he referido al ekstasis ante la resurrección al comentar el “milagro” de la hija del archisinagogo, en 5, 42, tema que se puede relacionar con el éxtasis-locura (exesthê) que los familiares atribuyen a Jesús en 3, 21. Estamos ante un phobos o miedo que aparecía también en el relato de fondo pascual de la tempestad calmada (4, 41). Marcos nos deja de esa forma ante un final de miedo, sin que Jesús venga y diga “no temáis” (mê phobou) como al archisinagogo; de esa forma nos deja a este lado del “gran temor”, para que la misma presencia pascual de Jesús nos permita superarlo.

Ampliación conclusiva: las mujeres, todo el evangelio

Aquí (16, 8) termina Marcos como texto, haciendo que sus lectores compartan el miedo de las mujeres, huyendo con ellas, pero invitándoles, al mismo tiempo, para que hagan con ellas el camino de Galilea, es decir, todo el evangelio, superando el mismo miedo. Marcos ha querido llevarnos así hasta el lugar de la “ruptura de pascua”, hasta el límite espacial y temporal de una humanidad que siente la presencia de Dios (el cumplimiento mesiánico) al borde de la tumba vacía. De esa forma nos sitúa ante el “gran temor religioso”, que sólo puede superarse viendo a Jesús Nazareno en Galilea, en visión que ya no se puede contar, pues pertenece al compromiso y tarea de cada creyente, en un camino que debe comenzar precisamente ahora (en el ahora del evangelio), caminando Galilea para compartir allí la experiencia del Jesús de las mujeres, con los otros discípulos y Pedro.

Como he dicho, el texto afirma que las mujeres huyeron del sepulcro, sin decir nada a nadie, pues tenían miedo… (16, 8), de manera que, si todo hubiera sido eso, nadie podría haber conocido esa historia de la tumba vacía, ni podía haber “escuchado” la palabra que les dijo el ángel desde dentro de ella. Pero Marcos, como autor omnisciente, que ha ido recogiendo en su voz las diferentes voces de la historia de Jesús, recoge también la palabra del joven de la pascua a las mujeres, lo que significa que ellas han debido transmitirla, a pesar de su huída y de su miedo, pues de lo contrario no se podría haber escrito este evangelio en el que se contienen. En ese sentido, se puede y debe afirmar que el evangelio de Marcos recoge y recrea toda la historia (vida, muerte y pascua) de Jesús desde la perspectiva de esas mujeres, que han empezado escuchando y huyendo.

Las mujeres huyeron. ¿Cómo sigue el evangelio?

Como vengo poniendo de relieve, en un sentido, el texto afirma que ellas huyeron, y que no dijeron nada. Pero el despliegue cristiano en su conjunto sólo puede entenderse a partir de “la voz de esas mujeres”, es decir, como expresión y expansión de lo que ellas han dicho, en la línea de la mujer del vaso de alabastro (14, 3-9), que enseñaba a los discípulos incrédulos y hostiles, con perfume, el sentido de la vida y pascua de Jesús. Más aún, a diferencia de lo que va indicando de los discípulos y en especial de los Doce, de quienes asegura que iban avanzando de un no-entender a otro no-entender cada vez más profundo, a lo largo de la vida de Jesús (cf. 8, 21; 9, 32), hasta que le abandonan en Getsemaní (14, 50), Marcos no dice aquí (16, 8) que las mujeres “no entendieran”, sino que supone que ellas han entendido el “misterio pascual” (el secreto mesiánico, latente en todo el evangelio: cf. 4, 21) y que, precisamente por ello han huido, porque ese misterio de la muerte salvadora produce el mayor de todos los miedos.

El misterio de la muerte mesiánica de Jesús significa que también ellas (las mujeres) y todos los discípulos tienen que “morir con él”. Su muerte no fue una excepción, algo que se ve y observa desde fuera (como si Jesús hubiera muerto para que los otros, nosotros, no muramos), sino la “norma” mesiánica, de forma que también nosotros, todos, tenemos que tomar su cruz y morir con él (8, 34-37). Esta mujeres lo han comprendido y por eso comienzan huyendo.

Estas mujeres huyen porque han comprendido algo que va a cambiarles toda la existencia. En esa línea, el evangelio supone que ellas, sólo ellas, pueden iniciar el camino de vuelta a Galilea, para recordar y recrear de un modo positivo todo lo que Jesús fue diciendo y haciendo. Sin esa huida primera (¿cómo mantenerse ante el gran misterio?), y sin la vuelta iniciática posterior de las mujeres (que deben enseñar lo que han entendido a los discípulos y a Pedro) no podría haber surgido el cristianismo, no existiría Marcos, de manera que la misma existencia del evangelio de Marcos constituye el argumento y prueba de esta vuelta de las mujeres a Galilea, pero no a solas, sino con otros discípulos y Pedro.

Desde esa perspectiva, el miedo de las mujeres sigue siendo necesario, porque ellas son portadoras de un mensaje que les desborda, de una vida que les sobrepasa.

En el fondo resultaría más fácil quedarse en Jerusalén, contando la historia gloriosa de aquel que ha muerto y manteniendo de algún modo las fidelidades del antiguo judaísmo (y de Roma). Por eso, este miedo de 16, 8 no es sólo “pavor” ante lo radicalmente nuevo (que es el Jesús del sepulcro vacío), sino también temor ante la misión que los discípulos (re-educados por las mujeres) deben iniciar en Galilea, un miedo semejante al que una y otra vez habían sentido los discípulos haciendo la dura la travesía sobre el lago, pasando al otro lado, cruzando el mar que conduce a las naciones (o que comunica con ellas), sin seguridad legal, sin protección política herodiana, sin llevar en la barca más que un pan (cf. 4, 40; 6, 50-52; 8, 14-21).

3. RETOMAR EL CAMINO DEL EVANGELIO, QUE VUELVAN Y EMPIECEN LAS MUJERES

Por eso, a fin de superar ese miedo de las mujeres y asumir la misión que empieza en Galilea, los lectores de Marcos pueden y deben retomar sus pasajes “pascuales” o, mejor dicho, todo el evangelio, desde perspectiva de pascua. Como vengo diciendo, Marcos no ha querido (o no ha podido) recoger “apariciones concretas” del Jesús pascual, como hacen Mt 28, Lc 24 y Jn 20-21, porque hay la experiencia pascual tiene a su juicio un elemento de fe interior que no puede contarse en un libro; pero todo su libro es la expresión de una epifanía pascua que se cuenta y actualiza en forma de historia .

— Todo el evangelio, y en especial algunos de sus relatos pueden entenderse de un modo pascual, como epifanías indirectas pero fuertes del resucitado, entre las que podemos destacar las que siguen: 1. La palabra del Padre a Jesús (¡a Jesús resucitado!): ¡Tú eres mi Hijo querido! (1, 11). 2. La reunión de hermanos/as, madres e hijos en la casa eclesial (3, 31-35; 10, 28-30). 3. Los “viajes” misioneros peligrosos por el mar (4, 35-41; 6, 46-52). 4. Las multiplicaciones de los panes (6, 30-44; 8, 1-10). 5. La experiencia del Tabor (9, 2-9). 6. Las predicciones de la muerte, con la promesa de resurrección (8, 31; 9, 31; 10, 34). 7. El sermón escatológico, con el anuncio de la misión universal (13, 5-36). 8. La palabra de Jesús a la mujer del vaso de alabastro (14, 9). 9. La pascua del pan compartido y la alianza de la sangre de Jesús (14, 22-2-25). 10. El signo del velo rasgado del templo de Jerusalén (15, 38).

En ese sentido, el evangelio de Marcos viene a presentarse como gran relato de la “aparición pascual completa” o, mejor dicho, de la presencia histórica de Jesús resucitado, que se ha ido revelando a lo largo de su evangelio, escrito como proclama pascual y recuperación de la historia de Jesús (las dos cosas el mismo tiempo), tras la destrucción de Jerusalén (70 d.C.) y tras el fin de un tipo de iglesia judeocristiana, probablemente desde Galilea/Siria (pero recuperando un testimonio abierto a Roma). De esa forma, tras esa inmensa ruina de Jerusalén (que los judíos rabínicos han superado de otra forma muy significativa, volviendo a la Ley, en su concreción social y nacional), el evangelio de Marcos ha contado la “pascua histórica” de Jesús como principio de una misión eclesial para todas las naciones, partiendo del mensaje y comienzo de Reino que Jesús inició en Galilea.

¿Cómo ha sido esa “vuelta”? ¿De qué forma ha sucedido, a pesar de la huída y del miedo? Quien pida a Marcos que responda de manera externa a esas preguntas es que no ha entendido el evangelio. Hay cosas que se dicen, hay explicaciones que se deben dar, pero otras, las más importante, han de quedar en la penumbra, en el silencio más intenso, y entre ellas se encuentra la forma en que las mujeres lograron “convertir” a otros discípulos y a Pedro, para que dejaran la tumba vacía de Jerusalén y volvieran a la patria del evangelio que es Galilea, para ver allí a Jesús Nazareno, el crucificado, iniciando desde allí el camino de evangelio a todas las naciones (13, 10; 14, 9).

Entendido así el final de Marcos, Galilea es mucho más que un lugar geográfico, es la totalidad del evangelio al que ha de volverse tras la ruina (tumba) triunfante (vacía) de Jerusalén, para recrear desde allí el mensaje y camino del Reino. Por eso, debemos concluir este argumento diciendo que, en un plano, en un momento, las mujeres no fueron, porque tenían un gran miedo, pero, en otro plano, en otro momento, ellas fueron, pues de lo contrario no se podría haber contado esa historia.

En un sentido, ellas huyeron, pero en otro, según 14, 3-9, no sólo fueron de hecho, sino que contaron a los otros discípulos lo que habían descubierto y sentido, su experiencia de Jesús/Perfume, de manera que ellas son las iniciadoras (fundadores) de la iglesia, que debe extenderse y se extenderá a todo el cosmos (13, 10; 14, 9). En esa línea, podemos afirmar que Marcos ha terminado su texto a modo de pegunta implícita, diciendo a los lectores: ¿Queréis ir vosotros? En ese sentido podemos añadir que su evangelio retoma y cumple la función de las mujeres, diciendo a sus oyentes y lectores que la tumba de Jerusalén está vacía y que Jesús ha resucitado, para conducirles (conducirnos) otra vez a Galilea, donde le veremos .

Verán a Jesús en Galilea, no en Jerusalén

Las mujeres, y el resto de los discípulos, tienen que dejar Jerusalén (la tumba vacía, el fracaso triunfador de Jesús), para volver a Galilea y encontrarle allí, retornando a lo que ha sido el evangelio, desde su comienzo. Se trata de volver a la comunidad universal de hermanos/as, madres/hijos (3, 31-35; 10, 29-30) y a los caminos de la mesa compartida (multiplicaciones: 6, 6b-8, 26). No es volver para reiniciar otra vez el círculo de eterno retorno del fracaso (subir otra a Jerusalén, bajar a Galilea, subir-bajar, subir-bajar), sino para iniciar en firme el camino definitivo de Galilea, la Vía del Reino, que se abre desde allí a todas las naciones, en la línea del testimonio de la mujer de 14, 9 (cf. 13, 10).

Los cristianos ya no dicen, como los judíos rabínicos, ¡el próximo año en Jerusalén!, sino que van Galilea para no volver más a la ciudad del templo, porque la muerte de Jesús en Jerusalén ha tenido y tiene valor definitivo. Van para quedarse en Galilea, retomando los ideales y prácticas del Reino que Jesús había inaugurado (cf. 1, 14-15), y para salir desde allí (no desde Jerusalén) a todos los pueblos del cosmos, con el mensaje del Mesías crucificado.

Otros grupos cristianos, como los de Santiago y los Doce (con Pedro) habían optado por Jerusalén, reinterpretando desde la Ciudad Santa (y el templo) la aportación mesiánica de Jesús (a pesar de que allí le habían juzgado y condenado). Ellos pensaban que el Reino de Dios (anunciado por Jesús) debería iniciarse de nuevo desde Jerusalén, donde habían creado la primer comunidad cristiana. El mismo Pablo histórico quiere volver a Jerusalén con la “colecta” de los pueblos gentiles, para seguir manteniendo el ideal del Reino de Dios vinculado a Jerusalén (cf. Rom 15,22-33; 1 Cor 16; Hech 21-23) y a la comunidad de Santiago, el hermano del Señor.

Marcos, en cambio, está convencido de que la “etapa” de Jerusalén ha terminado,pues la ciudad ha sido destruida, con su templo (cf. 13, 2) y porque allí sólo queda para los cristianos un sepulcro vacío. Por eso, la misión de la comunidad cristiana no puede comenzar ya en Jerusalén, sino en Galilea, retomando de esa forma los ideales mesiánicos más antiguos del pueblo, los que están vinculados a la creación de una comunidad renovada, no al triunfo de la gran ciudad sagrada.

Según eso, como he venido destacando en todo el comentario, Marcos va en contra de una visión del mesianismo sagrado de Jerusalén, no en teoría, sino de un modo histórico concreto: Jerusalén ha rechazado al Mesías, ya no es ciudad de salvación. Por eso, el Reino del Dios de Jesús ya no viene por (desde Jerusalén), sino desde Galilea, el lugar del mensaje mesiánico y de las primeras comunidades de Jesús.

RESUMEN FINAL, VOLVER AL EVANGELIO DE PASCUA, CON LAS MUJERES

 A modo de resumen, se puede afirmar que Jerusalén ha sido un cumplimiento, un fracaso y el comienzo de un principio mesiánico nuevo.

a) Jerusalén ha sido un cumplimiento, como indican las predicciones de la pasión (8, 31; 9, 31; 10, 32-34). Jesús “debía” (dei) asumir el camino de anuncio de Reino en Jerusalén, para instalarlo allí, conforme a las promesas mesiánicas de los profetas. Por eso, subiendo a la ciudad y siendo asesinado en ella, Jesús ha cumplido su tarea mesiánica, culminando la misión de los profetas y expresando de esa forma el misterio de Dios.

b) Jerusalén ha sido un fracaso, el gran fracaso mesiánico de Jesús, que vino a los suyos, pero los suyos no le recibieron (cf. Jn 1, 11). Éste es el misterio sobre el que Pablo había reflexionado en la parte culminante de la carta a los Romanos (Rom 8-11). Por eso, en el centro del mesianismo de Jesús está su muerte en la ciudad, el rechazo de Jerusalén que, condenando a su Mesías, se ha rechazado y destruido a sí misma, negando su tarea mesiánica.

c) Tras el fracaso de Jerusalén se abre un camino mesiánico distinto, que no se se expresa ya en la nueva Jerusalén Celeste (de la que habla Pablo en Gal 4, 26 y el Apocalipsis: 3, 12; 21, 2), sino en la historia y tarea concreta de Jesús en Galilea. Ha fracasado Jerusalén (el camino del Reino en el Templo), para que los discípulos de Jesús puedan retomar el mesianismo de Galilea, donde ellos tienen que volver, no al Jordán de Juan Bautista, ni al Templo de Caifás.

En este contexto se entiende el ideal mesiánico de Marcos y su iglesia, que no es un ideal de sacerdocio (con un templo como el anterior), sino de nueva humanidad, de curación de los enfermos y de pan compartido. Por eso, de la nueva Galilea pascual hay que que abrirse a todas las naciones como Marcos ha indicado con suficiente claridad no sólo en el discurso apocalíptico ante el templo (en 13, 10), sino, de un modo especial, en la unción mesiánica (14, 9), donde el mismo Jesús dice que su evangelio se anunciará a todas las gentes, con lo que ha hecho esta mujer (estas mujeres) y como Mt 28, 16-20 proclamará ya de un modo temático.

Jerusalén queda atrás, como lugar de entrega y muerte, con un sepulcro vacío. Por eso, la comunidad de Jesús no puede fundarse en los valores de Jerusalén (cf. 3, 20-35). Ha sido necesario el camino pascual de sufrimiento y muerte del Mesías en Jerusalén. Pero su triunfo mesiánico no se iniciará en Jerusalén, sino en Galilea, donde el ángel/joven de la pascua envía a las mujeres (con los discípulos y Pedro), para aprender de esa manera a ser cristianos, es decir para “ver” allí a Jesús, con todo el Evangelio (cf. 16, 1-8).

Los cristianos de Marcos no pueden retomar los ideales y las leyes de Jerusalén, ni pueden volver al Jordán, con Juan Bautista, sino que han de retomar el camino de Jesús en Galilea, teniendo como guía el mismo evangelio de Marcos. Entendida así, esta experiencia pascual de las mujeres en la tumba vacía (siendo muy antiguo, de los comienzos de la fe cristiana), tal como está siendo redactada por Marcos nos sitúa en un estadio tardío de la iglesia, en torno al año 70 d.C. Marcos supone que hubo una experiencia antigua de Jesús, en relación con el sepulcro vacío. Pero, en su forma actual, este relato nos sitúa, como he dicho, en el momento culminante de la creación de su comunidad, en torno al año 70 d.C..

Lógicamente, las apariciones concretas de Jesús resucitado resultan innecesarias. Para Marcos no hay un evangelio de apariciones posteriores, separadas de la “vida pascual” que él ha escrito. Su evangelio es, según eso, la epifanía histórica del Cristo resucitado. Lo que a un nivel es narración y recuerdo de la vida de Jesús (de algo pasado) viene a presentarse a otro nivel como testimonio de presencia pascual.

De una forma lógica, conforme al dinamismo de su texto, el evangelio Marcos no ha contado unas posibles apariciones pascuales concretas de Jesús, sino que presenta su evangelio (su historia de Jesús) como una experiencia de Pascua, que arraiga a los creyentes en el camino de Jesús en Galilea. Éste es un evangelio que se funda en el testimonio y presencia pascual de las mujeres, pero no aisladas, sino incluyendo en ellas y con ellas, de un modo crítico, a los otros discípulos y a Pedro en el contexto más extenso de la Iglesia, fundada en Jesús «que os precede a Galilea; allí le veréis, como os dijo» (16, 7).

Allí deben juntarse todos, precedidos por Jesús, que ha de mostrar su faz más honda a los que vengan a escuchar su voz y a retomar su camino de discipulado, según el libro de Marcos. No vuelven al Jordán, aunque conservan la memoria de Juan Bautista, y aunque retoman de otra forma su experiencia de bautismo, sino que deben juntarse en Galilea, lugar del mensaje y comienzo del Reino (1, 14-15).

En este retorno y esta junta en Galilea resulta especial la función de las mujeres, que aparecen así como portadoras del mensaje, encargadas de enseñar a los discípulos y a Pedro lo que significa pasar del sepulcro vacío (de Jerusalén como ciudad fracasada) a la experiencia del encuentro con Jesús (allí le veréis) en Galilea, lugar del que se puede extender el evangelio del Reino de Dios (curación, pan compartido, perdón…) a todas las naciones (cf. 13, 10; 14, 9), de un modo que no esté ya cerrado en el judaísmo nacional (como suponía la ley de Jerusalén). En esa línea podemos decir que Marcos es un libro de llamada pascual, un libro-guía para personas que quieren “ver a Jesús” en Galilea

También a nosotros, lectores y oyentes del siglo XXI, deben convocarnos las mujeres de la tumba vacía, volviendo del miedo que les había dominado. Con ellas tenemos que volver a Galilea, para retomar así la trayectoria del Reino, en el lago de las tormentas, en la montaña donde Jesús escogió a sus misioneros, en las tierras del entorno (Gerasa, confines de Tiro….), movidos por la esperanza del Dios para quien nada es imposible (cf. 10, 27) .

Marcos no es un tratado de moral, ni un texto de doctrina teórica ni puro recuerdo de un pasado, sino el libro guía para el encuentro con Jesús en Galilea. Por eso, sólo se puede entender asumiendo su mismo compromiso mesiánico. Sin ese compromiso, el evangelio acaba siendo texto muerto, y nuestro mismo comentario no sería más que tecnicismo inútil, juego de palabras sin sentido. Sólo buscando al Jesús pascual en Galilea, para retomar su camino y seguirle allí, podremos descubrir el secreto mesiánico de Jesús de Nazaret, el Cristo, Hijo de Dios (cf. 1, 1) que ha dado la vida por los hombres.

https://www.religiondigital.org/el_blog_de_x-_pikaza/dijeron-miedo-Mc_7_2114858495.html

Iglesia, con posición castigadora e indolente con mujeres: activista


Inicio/ Sucesos 12:38 14 de mayo de 2019 Cecilia Sierra/Quadratín MORELIA, Mich., 14 de mayo de 2019.-

Circe López Riofrío, líder de Humanas Sin Violencia, hizo un llamado al arzobispo para que “siga teniendo una posición de mayor misericordia, apertura y menos criminalización”. López Riofrío agregó “México ha pasado por una vía ideología y política donde el tema de las mujeres hay una posición criminalizante, castigadora e indolente. Yo esperaría que la Iglesia Católica, y la gente católica, tuviera una posición menos dogmática y mucho más comprensible ¿A quién le gustaría que su hija pasara por una agresión sexual y una incidía de odio y sometimiento?”.

Explicó la activista social, y principal impulsora de la Alerta de Violencia de las Mujeres, que lo que buscan es el respeto a sus derechos, consagrados en la Constitución, no la confrontación, porque el odio incita al odio.   Lo anterior lo dio a conocer en rueda de prensa en las instalaciones de Movimiento Ciudadano, con motivo del posicionamiento de ese instituto en relación a la promoción de la iniciativa Por el Derecho a Decidir. 

El texto original de este artículo fue publicado por la Agencia Quadratín en la siguiente dirección: https://www.quadratin.com.mx/sucesos/iglesia-con-posicion-castigadora-e-indolente-con-mujeres-activista/

Este contenido se encuentra protegido por la ley. Si lo cita, por favor mencione la fuente y haga un enlace a la nota original de donde usted lo ha tomado. Agencia Quadratín. Todos los Derechos Reservados © 2018.

Fuente: http://www.quadratin.com.mx

Revitalizar la iglesia doméstica: Olga C. Vélez



Mucho se habla de la urgencia de revitalizar la iglesia doméstica, es decir, la familia, para despertar la vivencia de fe de los niños y niñas que constituyen el futuro de la Iglesia. Pero este trabajo no se puede hacer ajeno a la imagen de iglesia que de hecho vivimos y buscamos construir. Así se lo preguntaba una joven teóloga que terminando su doctorado en teología y acabando de tener una hija, sentía la responsabilidad de pensar por qué bautizar a su hija, por qué introducirla en esta familia de fe. La pregunta podría resultar simple y sin problemas para aquellas personas que viven una fe tradicional que se conforma con repetir los sacramentos que se han realizado toda la vida. Pero no para una persona que no sólo busca vivir su fe sino que se pregunta por ella en su tarea teológica y que entiende la profundidad de la piedad popular pero también las dificultades que viven las personas con formación crítica a la hora de confrontar su fe con algunas incoherencias, incomprensiones e intolerancias de algunos sectores eclesiales.
Después de un largo proceso de discernimiento y con el compromiso de seguir trabajando por una vivencia eclesial más parecida a la iglesia que Jesús quería, la respuesta que esta teóloga se dio a sí misma, fue positiva. Ella desea que su hija pueda vivir la experiencia eclesial no como un lugar de culto y ritualismo sino como una comunidad de acogida, celebración y comunión de vida. Y que el culto sea expresión de la vida y comprometa con ella. Además ella desea que su hija aprenda en la iglesia el amor a los más pobres, su servicio total y desinteresado hacia todos ellos. En otras palabras, quiere que pueda encontrarse con Dios pero no sólo en la oración sino en el compromiso con las necesidades de cada tiempo presente. Desea que su hija conozca a un Dios Padre-Madre que le haga mirar a todos con respeto, con igual valoración, sin ningún tipo de discriminación, ni exclusión. Espera también que su hija no sienta ningún tipo de discriminación por ser mujer. Y este aspecto aún le parece difícil porque aunque existe una nueva conciencia sobre la mujer en la sociedad y en la iglesia, tantos siglos de subordinación y exclusión no se superan rápidamente. No basta con cambiar algunas actitudes. Se exige un trabajo constante y decidido por transformar la mentalidad machista que nos ha formado. También quiere que en la iglesia no se busque el poder sino que se distinga por el servicio a todos y sin condiciones ya que espera que su hija encuentre en la comunidad cristiana una formación que contrarreste la competencia y el lucro que modela la sociedad actual, donde triunfan los más fuertes y poderosos. En otras palabras, que en la Iglesia sea el Espíritu el que la guíe y la dirija. Finalmente quiere que su hija pueda conocer a Jesús en la comunidad eclesial y el encuentro con él sea el que le comunique vida a la doctrina y sentido a las exigencias de la vida cristiana. 
Esta teóloga espera mucho de la vida eclesial que quiere ofrecer a su hija y sabe que será muy difícil hacerlo realidad en algunos ambientes eclesiales. Pero ella confía en que el Espíritu abra caminos de renovación en nuestra iglesia. Pero lo que en realidad más desea es que muchas mamás y papás hoy también se pregunten si vale la pena comunicar a sus hijos e hijas, la fe que viven y que esa pregunta los confronte con su propia experiencia eclesial. La iglesia doméstica no se vive por el mero hecho de invocar la urgencia de revitalizarla.

Surge de la toma de conciencia del papel que juega en la vida de la familia y en lo que se transmite a los hijos. Nadie da lo que no posee. Nadie comunica lo que no vive. Por eso esta pregunta puede llevar a que unos decidan no bautizar a sus hijos. Pero puede hacer que otros revitalicen su propia fe y constituyan verdaderas iglesia domésticas. Y la renovación de nuestra comunidad cristiana vendrá de la autenticidad personal y de la profundidad con que respondamos por las razones de nuestra fe

Remitido al e-mail

Obispo apoya “huelga de mujeres” contra la Iglesia por el no del Papa a diaconisas


Redacción ACI Prensa

Algunas de las participantes en la huelga de mujeres contra la Iglesia en Alemania. Foto: Katolisch.de

Algunas de las participantes en la huelga de mujeres contra la Iglesia en Alemania. Foto: Katolisch.de

Un obispo y varios clérigos con importantes responsabilidades en Alemania expresaron su apoyo a la “huelga contra la Iglesia” convocado por un grupo de católicas tras el no del Papa Francisco a la ordenación de diaconisas.

En la conferencia de prensa que ofreció a su regreso de Macedonia a Roma, el Pontífice manifestó que, tras el trabajo de la comisión que creó para el estudio de la posibilidad de ordenar diaconisas, el tema “hasta este momento no va”.

Lo dicho por el Santo Padre generó la huelga de mujeres que se autodenomina “Mary 2.0” y que se desarrolla del 11 al 18 de mayo. En ella los participantes celebrarán sus propios oficios litúrgicos en vez de ir a Misa.

Asimismo, las organizadoras difundieron una carta abierta dirigida al Papa en la que señalan que “los hombres de la Iglesia solo toleran a una mujer en medio de ellos: María”. También exigen la aprobación de la ordenación de mujeres y que “María baje de su pedestal y esté en medio de nosotras, como una hermana que mira en nuestra dirección”.

En el sitio web que han creado para difundir la huelga se puede ver imágenes de la Virgen y otras mujeres con la boca cubierta con cinta adhesiva.

El sitio web oficial de la Iglesia Católica en Alemania ha cubierto ampliamente la huelga, promoviendo el deseo de las organizadoras de que se expanda a otros países. También informó del apoyo de Mons. Franz-Joseph Bode, Obispo de Osnabrück y presidente de la comisión de mujeres del episcopado alemán.

Mons. Bode lamentó que los participantes de la huelga no vayan a Misa, pero en declaraciones a la agencia EPD indicó que reconoce la impaciencia “de muchas mujeres en la Iglesia Católica” y que ve cómo sus sentimientos “son heridos profundamente” por no ser debidamente reconocidas por su contribución.

En la carta abierta dirigida al Santo Padre, las organizadoras también hacen una serie de demandas como la abolición del “celibato obligatorio”, la “actualización” de la enseñanza moral de la Iglesia; y la ordenación de las mujeres “en todos los ministerios”.

De otro lado, el Vicario General de la Arquidiócesis de Paderborn, Mons. Alfons Hardt, alabó la huelga de mujeres que están “preocupadas por la sustentabilidad de su Iglesia”. El sacerdote dijo además que “esta es una motivación que valoro altamente” aunque pueda crear ciertas fracturas.

Pese a reconocer que San Juan Pablo II zanjó la cuestión de la imposibilidad de ordenar sacerdotisas en la Iglesia, el presbítero comentó que “por otro lado no tenemos una respuesta final. Al menos en Alemania este asunto se debate muy abiertamente, especialmente entre los teólogos. Es claro que se necesita un consenso global eclesial para esto y que actualmente este no es el caso”.

El 2 de mayo, el Obispo de Eseen y director de la agencia Adveniat que financia una gran cantidad de proyectos de ayuda en América Latina, Mons. Franz-Josef Overbeck, comentó que “nada será como era antes” tras la realización del Sínodo de la Amazonía que se llevará a cabo en octubre en el Vaticano.

En declaraciones a la prensa, el Prelado dijo que en el Sínodo se reconsiderará el papel de las mujeres en la Iglesia, la moral sexual, el rol del sacerdocio y toda la estructura jerárquica eclesial.

La grave crisis de la Iglesia en Alemania

En marzo de este año, el Arzobispo de Múnich y Freising, Cardenal Reinhard Marx, anunció que la Iglesia Católica en Alemania se está embarcando en un “proceso sinodal” para abordar y debatir lo que denomina las tres cuestiones clave que surgen de la crisis de abusos sexuales: el celibato sacerdotal, las enseñanzas de la Iglesia sobre la moral sexual y la reducción del poder clerical.

El “proceso sinodal” implicará consultas con el “Comité Central de Católicos Alemanes”, una organización laica que coopera estrechamente con la conferencia episcopal, y varios expertos externos.

En febrero de este año un grupo de nueve católicos, entre ellos tres sacerdotes y dos miembros del Comité, escribieron una carta abierta al Cardenal Marx solicitándole cambiar la moral sexual de la Iglesia.

Asimismo, en 2018 la Conferencia Episcopal Alemana elaboró un documento que proponía algunas condiciones para dar la comunión eucarística a los protestantes casados con católicos.

Siete obispos bávaros, entre ellos el Arzobispo de Colonia, Cardenal Rainer Maria Woelki, se opusieron a la propuesta. En junio de ese año, en la fiesta del Corpus Christi, el Purpurado afirmó que “la Iglesia se erige desde la Eucaristía. Por lo tanto, quienquiera que reciba el Cuerpo del Señor y haya dicho previamente, al final de la Plegaria Eucarística, su ‘Amén’ afirmativo, dice ‘sí y Amén’ a que Jesús está verdaderamente presente, y no solo en sentido figurado”.

Las cifras de la crisis

“Las últimas cifras de la Conferencia Episcopal Alemana pintan un cuadro negativo: más de 160.000 católicos dejaron la Iglesia Católica en 2016, mientras que solo 2.574 se convirtieron (la mayoría de ellos del luteranismo)”, escribió en 2017 Christoph Wimmer, editor de CNA Deutsch, agencia en alemán del Grupo ACI.

“El número total de sacerdotes en Alemania en 2016 fue 13.856, una caída de más de 200 comparado con el año anterior. Matrimonios, confirmaciones y otros sacramentos están en declive”, señaló.

Además, “el sacramento de la Confesión, del que la Conferencia Episcopal no proporciona números, ha desaparecido a todos los efectos de muchas, si no la mayoría, de las parroquias”, lamentó.

En el año 2015, solo 2,5 millones de católicos, de un total de unos 24 millones iban a Misa los domingos en 2015

https://www.aciprensa.com/noticias/obispo-apoya-huelga-de-mujeres-contra-la-iglesia-por-el-no-del-papa-a-diaconisas-21227

Ellas, el silencio y las palabras


por Claudia Leal 3 mayo, 2019

Ellas, el silencio y las palabras
Es probable que nosotras no hayamos todavía aprendido a transitar, con autoridad y sin complejos, entre la tensión de una identidad femenina funcional y de corte metafísico adoptada por las buenas o por las malas, y la enorme y rica diversidad que hemos desplegado sincrónica y diacrónicamente. No conocemos aún del todo nuestra fuerza interior, y hay mucho que está por verse.

Hay un solo estereotipo de ser humano que en la cultura occidental no se ha visto nunca en la necesidad de fundamentar su humanidad. Su elenco de características es bien preciso: varón, blanco, cristiano, europeo o de ascendencia europea, sano, alfabetizado, independiente económicamente, heterosexual.

Todo el resto -los indígenas, los negros, los minusválidos, las minorías sexuales, las mujeres- hemos debido, por nosotros mismos o a través de otros, fundamentar -esto es, legitimar- nuestra pertenencia a eso que llamamos humanidad.

La humanidad (sic), este varón blanco como único sujeto de derecho, posee la palabra y la razón, tiene el privilegio de la salvación, acaricia las armas, llama a la guerra, define a los demás seres y a los dioses a partir de sí mismo: razonable y consciente.

¿Cómo se resiste al peso de esta autorreferencia? La historia es este relato adulterado que escuchamos: de obras de santos, de héroes protectores, de padres cuidadosos y sacrificados, de esposos -nunca tan- fieles. Tenemos su torrente de palabras a nuestra disposición acerca de quiénes son y, especialmente, acerca de quienes deben ser las mujeres; desde Aristóteles a Donald Trump, desde las “hombres imperfectos” del primero hasta las “objetos estéticamente agradables” del segundo. Todo esto pasando por una infinidad de tipos que – lo reconozco – admiro, como Tomás de Aquino, Kant, Freud, Tolstoi, Kazantzakis, Juan Pablo II, Gandhi, etc.

No abundan, en cambio, los relatos en primera persona que exploren y expliquen quienes en realidad son las mujeres, cómo se auto interpretan en sus roles y cómo imaginan sus identidades funcional y formalmente.

Los que antes se legitimaban con la palabra, ahora se deslegitiman en el silencio, y es en este silencio que podemos escuchar otras voces, tímidos relatos de memorias reprimidas, memorias disociadas, vidas derribadas, guerras perdidas.

Cuánto nos costó a los chilenos aceptar el vulgar humor de “Chiqui Aguayo”, o aquél de Natalia Valdebenito explicándonos en cetáceo el feminismo. Así, pero mil veces más, nos cuesta aceptar el relato de las mujeres abusadas y violentadas. Palabra contra palabra, se suele decir, y ya se sabe quien que vale más y quien que tiene que callar/se.

Curiosamente, lo que nos toca ver hoy es que la mayor parte de los imputados y condenados por los abusos y encubrimientos en la iglesia chilena, en todo su derecho desde el punto de vista legal, optan por el silencio, y no se atribuyen más el privilegio de la palabra. Silencio contra palabra.

Ahora, por fin, se insinúa el cambio de paradigma. Los que antes se legitimaban con la palabra, ahora se deslegitiman en el silencio, y es en este silencio que podemos escuchar otras voces, tímidos relatos de memorias reprimidas, memorias disociadas, vidas derribadas, guerras perdidas.

Es probable que nosotras no hayamos todavía aprendido a transitar, con autoridad y sin complejos, entre la tensión de una identidad femenina funcional y de corte metafísico adoptada por las buenas o por las malas, y la enorme y rica diversidad que hemos desplegado sincrónica y diacrónicamente. No conocemos aún del todo nuestra fuerza interior, y hay mucho que está por verse.

Martha Nussbaum señala que la vida social se asienta en dos sentimientos morales fundamentales: la indignación y la compasión. La indignación frente a situaciones que nos parecen injustas y la compasión que, a través de la imaginación moral, nos permite ponernos en la posición del otro y actuar en consecuencia.

Vengan todos, nadie sobra. Hagan silencio, pongan a trabajar la imaginación, y pónganse en el lugar de Marcela Aranda, de todas las que susurran, de las que gritan, de las que se fueron y de las que vendrán.

  • El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.

https://www.elmostrador.cl/braga/2019/05/03

DESDE CHILE: ¿MATE O RISTRETTO?


13 MAYO, 2019830COMPARTE:

Por Sol Tejeda Rodríguez *
Osorno, 13 de may 2019.

Atravesamos una crisis eclesial del tamaño de un buque, bueno, un buque es muy poco para todo lo que estamos viviendo.

Desde la experiencia palpada en Osorno desde el 10 de enero del 2015 hasta hoy, fueron muchas veces las que repetimos con profundo dolor: “No nos escuchan… ¿Una Iglesia que Escucha, Anuncia y Sirve?… ¿Por qué no nos quieren escuchar?… ¿Qué tenemos que hacer para que nos escuchen?”.

Algunos jerarcas de la iglesia hablaban de diálogo, que al final eran imposiciones, guías, orientaciones, consejos, como cada quien quiera llamarle, pero desde una mirada vertical, de arriba hacia abajo, desde un padre a su hijo o una madre a su hija, “patrones de fundo” metaforizó una amiga. Lo que sigue, es ya historia conocida…

En una de las asambleas diocesanas en Osorno (post Barros), nos agruparon en la diversidad más amplia posible que puedan imaginarse y la idea principal era reflexionar en conjunto, buscando acciones en concreto de cómo reestablecer confianzas, cómo preparar la tierra comunitaria con la famosa reconciliación y por sobretodo, cómo volver a mirarnos a la cara reconociéndonos hermanos y hermanas… después de poco más de 3 años con un obispo que muchos no aceptamos y otros si, los famosos negros y blancos del 21M-2015.

En el grupo al que me integré, casi todos y todas habíamos hablado, expresando nuestro pensar y sentir, confrontándonos también, por qué no decirlo.

Sin embargo, había una hermana de San Juan de la Costa de la zona Williche, que permaneció silente, observando y escuchando atentamente lo que cada persona decía, con ojos que reflejaban curiosidad y comprensión. Sin duda, esta mujer era mapuche, lo decía claramente las facciones de su rostro, su paciencia, su respeto y escucha que expresaba sentada tranquilamente desde su silla.

La verdad es que yo estaba un poco incómoda que poco la tomaran en cuenta, y que pasara un tanto inadvertida; mi mente y corazón me decían que esta hermana también tenía una palabra que decir.

Por otro lado, no quería que se sintiera obligada a hablar por una norma subjetiva personal. Fue entonces que, una vez más alcé mi voz para enunciar más o menos lo que sigue: “Pido permiso con mucho respeto si es que hay alguna hermana o hermano mapuche presente, para decir que…, si hay algo que he aprendido en medio del pueblomapuche, ha sido la escucha atenta y el compartir la vida de manera sincera en torno al fogón y un rico mate, la conversa y diálogo que sale desde lo más profundo del corazón, con palabras que hacen memoria sabia para traspasar la historia, enseñanzas y sabiduría”.

Lo anterior fue una provocación para esta hermana. Una vez que dejé de hablar, ella sacó su voz fuerte y clara, y dijo: “Sí, hace unos días atrás, nos reunimos en nuestra comunidad para hacer una ceremonia y recordar a los hermanos de la matanza de Forrahue, que fue un hecho muy triste para nuestra comunidad. Lo que nos ha ayudado a seguir adelante fue esto de conversar, escuchar a los demás tomando mate…”

Esas palabras no solo quedaron retumbando en mi mente, sino que también me cuestionaron nuevamente sobre la escucha atenta. Pareciera que sentarse a tomar mate, al lado del fuego, o alrededor de la mesa, fuera una pérdida de tiempo, contracultural en nuestra era tecnologizada.

El mate puede durar largas horas, incluso noches o días enteros según donde se comparta, se va renovando la yerba, se llena la tetera o el termo con agua caliente y va pasando el mate de mano en mano… Lo curioso es que con este acto de tomar mate, es mucho más que ingerir una bebida, pues, también es escucharse, es profundizar, es reflexionar, es pensar, es compartir lo que cada uno tiene para decir, es intercambio de opinión…

No es solo el “copuchenteo” que graciosa y erradamente decimos al tomar mate, sino que implica mostrarse transparentemente lo que somos y tenemos con quienes compartimos este brebaje. Hasta saber decir “gracias”. Al decir “gracias”, manifestamos al cebador/a que no queremos más mate, por tanto, puede que también se acabe la conversa.

Ojalá pudiéramos aprender más de nuestros/as lamngen (hermanos/as) mapuche, saber escuchar atentamente, con respeto, paciencia y hablar con voz fuerte cuando se nos toma en cuenta, cuando nos visibilizan y nos provocan.

Hablar correctamente significa partir el corazón y abrirlo a los demás, garantizar al otro el acceso a nuestro propio corazón, hablar de modo que crezca la relación y nazca confianza… Al hablar, la coraza que envuelve nuestro corazón se parte. Estalla dentro de nosotros. Hacemos partícipe al otro de nuestras emociones, de nuestra voz, de nuestro estado de ánimo. Estamos de acuerdo cuando la palabra concuerda con el corazón y cuando concedemos voz a nuestros sentimientos” (Grün, 2011:75).

¿Sabrán tomar mate los obispos de la Conferencia Episcopal de Chile? ¿O ¿son más de café espresso o ristretto en Echaurren 4 o algún local pituco de la capital?

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* La autora es mujer mestiza williche. Rupanquina. Hija de Enrique y Fresia, ambos campesinos. De profesión Profesora de Educación General Básica. Tesista Magíster Acompañamiento Psicoespiritual UAH.

https://kairosnews.cl/2019/05/13

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