Desaparecidos: la emoción apretando por dentro


(M.Estupiñán)

COLOMBIA-

Miguel Estupiñán-

Cementerio central de Villavicencio (Meta). 30 de agosto de 2018. Daniel Calderón, desaparecido a los 17 años, salió de su casa y nunca volvió. Nació hace 29 años. Su mamá llora su ausencia.

(M. Estupiñán)

Escribe su nombre sobre el ala ancha de un alegórico sombrero blanco que rodea un monumento en memoria de los desaparecidos de los Llanos orientales. Saca una foto del joven: cara redonda, bigote incipiente, mirada expectante. La memoria congelada en una imagen, pero caliente en el alma. La mujer exige saber la verdad sobre el destino y el paradero de su hijo. La verdad con mayúscula.

Fue a buscarlo hasta Mesetas, todavía más lejos, cuando lo del proceso de paz. No sabe de él. La suya es una angustia permanente; una espera atrabancada que no da tregua.

Si el infierno de una madre es que el hijo no llegue entrada la noche, ¿qué son 4.380 noches esperando la llegada del desaparecido? ¿Cómo dar cuenta del tormento? Una lágrima contiene todo el dolor en una gota. Lo llorado en el departamento del Meta haría ríos.

El padre Henry Ramírez conoce el dolor de los familiares de los desaparecidos. Es su dolor y lo lleva en cuerpo y alma. Cada año el misionero claretiano organiza una peregrinación por veredas del municipio de El Castillo. Los peregrinos recorren un territorio marcado por el genocidio del partido político Unión Patriótica y por la violencia contra otros pobladores de la región.

(M.Estupiñán)

Los cementerios veredales albergan cuerpos de antiguos combatientes, cuyos familiares deben estarse preguntando dónde están sus hijos, nietos, sobrinos, esposos… El dolor trasciende ideas políticas. Cayó muerto el familiar. Su nombre es clandestino, pero su ausencia todavía carcome.

Entre vereda y vereda los peregrinos conocen, además, los peligros ambientales que se ciernen en el piedemonte ante proyectos de explotación petrolera. Donde corrió la sangre puede dejar de correr el agua, si no se respeta el rechazo de la población civil al cambio de la vocación agrícola y ganadera de la región por una vocación petrolera foránea.

Hoy en Villavicencio hay actividades en distintas partes de la ciudad para honrar la memoria de los familiares y multiplicar los reclamos de justicia. “No más desapariciones forzadas”, reza una cartelera en el cementerio central, en donde se reunieron víctimas para manifestar su situación.

“La desaparición forzada es un crimen de lesa humanidad, ¿quién nos responde?”, reclama alguien más. Flores en las manos. Sombreros blancos rodeando un monumento. Fotos como la de Daniel Calderón y familiares como su madre, quien se enteró de la cita a través de radio y llegó trayendo la foto entre un libro de “Minutos de amor”.

Algo debe decir el evangelio ante tanto dolor.

Acomodo mi sombrero y sigo mi camino. Mientras tanto, suena de fondo Heredia: “… que nos digan a dónde han escondido las flores que aromaron las calles persiguiendo un destino”.

http://alc-noticias.net/es/2018/08/30

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