En la mente de los curas abusadores


Nicolas Alonso 20 Junio, 2019 Tags: Columnas y entrevistasentrevistaFrancisco MaffiolettiInstituto Chileno para el Estudio de la Violenciaprimer estudio psicocriminalístico de religiosos chilenos condenados por abuso sexual infantilFotos: Emilia RothenCompártelo Tuitéalo Wasapéalo Telegraméalo 

El psicólogo forense Francisco Maffioletti asesoró durante 14 años a la PDI y a la Fiscalía Nacional con más de 500 casos de abusadores sexuales. En ese lapso, hizo pericias psicológicas a sacerdotes católicos y a pastores evangélicos condenados por abuso, violación y explotación sexual infantil, y en 2013 sistematizó esa información en el primer estudio psicocriminalógico sobre 18 religiosos condenados en el país. En esta entrevista, analiza por primera vez el perfil de los curas abusadores chilenos y las dinámicas propias de la institución que los hacen posibles. “El aporte de la jerarquía de la Iglesia ha implicado que esto se haya alargado en muchos casos y se hayan generado muchas más víctimas”, dice.

La oficina es pequeña, atiborrada y no tiene adornos, solo un retrato de Sigmund Freud que clava su mirada en un breve pasillo vacío. El edificio, que alberga los magísteres de Psicología de la Universidad Diego Portales, es silencioso y blanco. Sentado frente a un computador, entre varias pilas de libros y artículos sobre abusadores sexuales, el doctor en Psicología Jurídica y Forense Francisco Maffioletti, de 48 años, busca ensimismado entre centenares de archivos la palabra sacerdotes.

—Sacerdotes —dice al fin, y abre una  carpeta que a su vez contiene decenas.

Noticias, investigaciones, estudios. Años, meses, documentos. El archivo que ha ido acumulando en la última década sobre casos de sacerdotes condenados por abuso sexual en Chile decanta en una sobrecargada plantilla de Excel, con la descripción de cada hecho, la relación del agresor con la víctima, la edad y género de los abusados, los atenuantes y agravantes, la frecuencia, las circunstancias y la condena.

…ciudad, Coquimbo; dos delitos; relación con la víctima, feligrés; mayores de 18 años; masculino postrado en una cama en la UCI, coma profundo; el cura le va a dar la extremaunción, lo toca en la zona genital; es observado por un auxiliar… —lee un caso al azar, con el tono y la velocidad de quien ya lo ha leído demasiadas veces.

En el documento está el detalle criminal y jurídico de 18 casos de abusos sexuales cometidos por sacerdotes entre 2004 y 2010, que Maffioletti utilizó en 2013 —junto a Adriana Sosman y Nathalie Coliñir, ambas investigadoras de la fundación Instituto Chileno para el Estudio de la Violencia, que él preside—, para realizar el primer estudio psicocriminalístico de religiosos chilenos condenados por abuso sexual infantil. Para entonces, ya había sido un testigo directo del auge de los casos de pedofilia en las iglesias chilenas, en particular en la Iglesia católica. Tras especializarse en Psicología Forense en la Universidad Complutense de Madrid —y hacer un primer estudio de 35 violadores en las cárceles chilenas—, fundó el primer magíster en esa área en el país, en la UDP, e ingresó a la PDI como jefe pericial a imputados en todo el país, en donde realizó otro estudio sobre 70 abusadores sexuales. En 2005 se convirtió en asesor de la Fiscalía Nacional en materia de delitos sexuales, en donde permaneció 11 años.  En total, cuenta el psicólogo, evaluó y aplicó Test de Roscharch a unos 500 abusadores a lo largo de Chile. Entre ellos, le tocó analizar a Paul Schäfer y un número cada vez mayor de sacerdotes, de distintas iglesias, condenados por abusos, violaciónexplotación sexual infantil e incluso producción de material pornográfico con niños.

—Esto era un grupo distinto, particular, que empezó a ser cada vez más grande —dice Maffioletti, quien ha escrito más de 40 artículos sobre psicología jurídica y forense, y ha participado en 19 libros—. Yo evalué a un cura del Pequeño Cottolengo, en la Sexta Región, que abusó de dos niños con retraso mental profundo, con edad mental de dos años. Tuve que declarar en el juicio oral y estaban todas las banquetas llenas de monjas rezando. Aparecieron Karadima y O’Reilly, y dijimos: aquí hay una cosa transversal. Los estudiamos, empezamos a levantar sentencias, vimos los informes psicológicos y sistematizamos estudios internacionales. En Chile no había casi nada de investigación sobre abusadores y nada sobre sacerdotes. Antes de 2010, era un pecado decir que un sacerdote había abusado. Te aseguro que de aquí a dos años se va a estar estudiando lo que hizo o no Alberto Hurtado, porque hay dos discípulos directos suyos, Renato Poblete y Fernando Karadima, que tenían esta conducta. Yo no tengo indicios de que lo haya hecho, pero no tengo ningún buen motivo para descartarlo.

El estudio que publicaron en 2013, basado en las pericias psicocriminalógicas a 18 curas abusadores —y el análisis del Test de Roscharch aplicado a tres de ellos, incluido John O’Reilly—, entregó algunos de los primeros datos duros sobre el tema en Chile: entre otras cosas, que la edad de las víctimas va desde los cuatro a 17 años; que la mitad de los casos se trataron de abusos reiterados; que el 55% de éstos ocurrió dentro de las parroquias y el 11%, en colegios; y que el 22% llegó a ser una violación. La muestra incluyó 60% de sacerdotes católicos, 35% de pastores evangélicos y 5% de líderes de cultos tipo secta. Las pericias a los condenados detectaron rasgos de inmadurez emocional, narcicismo, predominio de los impulsos básicos, necesidad de gratificación inmediata, déficit de empatía, menosprecio por las emociones, fantasías de omnipotencia y represión de las emociones y la sexualidad.

El año pasado, profundizaron ese trabajo con un nuevo artículo, sobre las reacciones y directrices de las conferencias episcopales latinoamericanas frente a la ola de abusos. Con el detalle de los casos desplegado en su pantalla, el psicólogo forense advierte que no puede hacer comentarios sobre pericias en particular, por razones éticas, pero sí desarrollar los rasgos psicocriminalógicos comunes entre los sacerdotes abusadores en Chile, que hoy, dice, deberían ser considerados para generar procesos de selección más profundos, con entrevistas realizadas por servicios externos a la Iglesia.

¿Los sacerdotes abusadores llegan al seminario ya siendo pedófilos?
—Entran no siendo pedófilos, pero ya con una personalidad bien asentada y definida. Uno podría pensar que se meten a esta institucionalidad porque tiene buen prestigio, porque los blinda, les da un manto de pureza y les permite no ser cuestionados. Nuestra hipótesis es que ellos alcanzan a percibir cierta debilidad intrapsíquica. El diagnóstico en estos casos es pedofilia, un patrón estable de atracción sexual por niños, que los perturba en el ámbito afectivo, social o laboral. Es un doble juego: por una parte, creen que allí les van a poner límites frente a eso que sienten y se les está escapando de las manos, pero por otra parte es una institución que se caracteriza por tener una posición de poder, por defender a ultranza a sus propios miembros y porque te garantiza el contacto cotidiano, próximo y cercano, con niños y niñas. Cosa que ellos buscan.

¿Cómo incide en ellos la obligación del celibato?
—Ese es uno de los grandes problemas de la Iglesia, porque lo que hace es inhibir una tendencia natural, la sexual, que es muy fuerte, se presenta en todos y que hay que tramitar de alguna manera. Hay que encauzarla y muy pocas personas pueden hacerlo como pretende la Iglesia, sublimando toda esa energía hacia una realización espiritual. Cuando se les prohíbe algo intrínseco a su naturaleza, que va a seguir pulsando todos los días, la única alternativa del sacerdote recién formado es irlo ocultando, haciéndolo a la mala. El celibato deberían asumirlo solo quienes crean estar capacitados para sobrellevarlo, y si en algún punto ven fragilidad en eso, deberían poder dejarlo, sin dejar de ser sacerdotes. No creo que eso disminuya ostensiblemente el abuso sexual, pero ayudaría a que busquen vías normales de tramitación del impulso sexual. La Iglesia tiene que cambiar su discurso respecto a la sexualidad, dejar sus idealismos y fantasías de santidad, y esta imposición a los sacerdotes y a los propios feligreses.

¿Eso potencia la posibilidad de casos de pederastia?
—Puede potenciarlo, pero no es obligatorio que así sea. Porque por otro lado tenemos a sacerdotes evangélicos, y también a gente común con familia, que igual caen en eso. El celibato propiamente tal no explica el abuso de menores, pero sí, cuando es impuesto, les exige a ellos tramitar sus impulsos sexuales por una vía oculta, y ahí es donde aparecen las distorsiones cognitivas, que es una forma de separar esa realidad sexual de lo que ellos son, a través de un mecanismo defensivo de disociación. Los sacerdotes abusadores pueden estar predicando el amor al prójimo, la compasión, la sensibilidad frente a las realidades de los otros, y en algún punto creyéndolo.

¿Sin sentirse impostores?
—Exacto, porque ese mecanismo los ayuda a que después, detrás de la sacristía o en la casa parroquial, puedan estar transgrediendo sexualmente a niños, sin considerar que les están produciendo un gran daño. Eso se observa sobre todo en los casos de sacerdotes, más que en otros agresores sexuales no forzados a llevar una vida santa. No cualquiera se vuelve pedófilo, hay ciertos controles que desarrolla nuestro psiquismo muy tempranamente, a los dos o tres años, que son el asco, la vergüenza, la culpa, la compasión y la moral. En estos casos, lo que falla es la empatía, que es la capacidad de ponerse en el lugar del otro tanto a nivel cognitivo como afectivo.

¿Sacerdotes como Fernando Karadima son incapaces de sentir empatía?
—Si no está cortada del todo, está bien en desmedro. Cuando entran al seminario pueden tener eso de forma incipiente, pero a medida que empiezan a avanzar y a subir de grado, va aumentando. El narcicismo implica que todo está centrado en ti y por lo tanto vas a hacer prevalecer tus necesidades por sobre las del otro, que no es tan digno de consideración como tú. Estas personas tienden a instrumentalizar a los otros. Carecen de empatía, envidian o piensan que los envidian, muestran comportamientos arrogantes y explotan las relaciones interpersonales.

¿Cuáles son sus rasgos limítrofes y antisociales?
—El limítrofe está definido por una inestabilidad en las relaciones personales, en su autoimagen y en sus afectos, una impulsividad intensa, idealización y devaluación de los otros, y una sensación crónica de vacío. El antisocial está caracterizado por un patrón de desconocimiento de la norma. Pueden decir: “las normas las pongo yo, quién más adecuado que yo”. Ahí uno se va dibujando estos tipos de personalidad, que son los más comunes en sacerdotes abusadores y en abusadores en general.

***

Tus estudios describen a curas con un mundo interior infantil, necesidad de gratificación inmediata, menosprecio por las emociones, y temor y represión frente a lo corporal ¿Cuánto influye la Iglesia en formar ese perfil?
—Las características de personalidad están definidas antes de que entren. ¿Qué es lo propio de la institución que potencia eso? El celibato obligatorio, el encubrimiento por parte de la jerarquía y la garantía de contacto con niños y personas en situaciones de fragilidad. Es muy transversal el hecho de que se acerquen a niños cuando se les mueren los padres, como predadores que buscan madres solteras o viudas con las cuales relacionarse. Les dicen explícitamente a muchas víctimas: “Yo ahora voy a ser tu padre”. A partir de esa posición, y de ganarse la confianza de la madre, empiezan a tener aproximaciones sucesivas, en que van juzgando si el niño es abusable o no.

¿Esta tendencia a idealizarlos que se presenta dentro de muchas comunidades, a llamarlos “santitos”, les facilita el acceso a sus víctimas?
—Sin duda, y no sólo el acceso, sino que después eso se constituye como un escudo protector contra las críticas. Me acuerdo de un caso en San Felipe, en donde una madre le entregó a su hija menor al cura, porque creía que no podía estar mejor cuidada que con él. Cuando el niño quiere decirles a sus padres lo que pasó, ve a través de los ojos de ellos que va a ser imposible que cambien su mirada sobre él. Y, por tanto, van a poner en cuestión su versión. Uno de los elementos que previenen este tipo de abusos es que los padres confíen en sus hijos, tengan buena comunicación, hablen con ellos de sexualidad, y que su primera reacción sea la de protegerlos y creerles.

¿Qué significa que tengan un “mundo interior infantil”?
—En la medida en que vamos madurando, vamos entendiendo que no somos perfectos, ni los otros tampoco. Vamos controlando los impulsos, desarrollando su postergación o no gratificación inmediata. Los niños quieren un dulce y lo quieren ya. La gratificación diferida del impulso implica que puedes obtenerla diferida en el tiempo y desplazada en el objeto. Los vínculos infantiles, por otra parte, tienden a la inmediatez, no postergación y al poco uso del lóbulo frontal, que posterga y jerarquiza. Estos sujetos están poco desarrollados, y a quienes ven dentro de su rango tiende a ser a los niños. Si la Iglesia católica fuese más coherente con sus principios, podría ayudar a estos sujetos, que tienen una identidad frágil, a tener una vida más consecuente, pero ha construido un estereotipo, una forma de ser que es muy alejada de la realidad.

¿Qué rasgos psicológicos describen a Renato Poblete, acusado por Marcela Aranda de someterla para que otros hombres la golpearan y abusaran?
—Lo que lo distingue de otros casos es esa aparente excitación por el sometimiento, no solamente hacia él, sino que también hacia terceros. Eso es un elemento sádico: infligir dolor a otra persona, sin que eso te importe, implica que estás viendo al otro como un objeto y que no tienes capacidad de conmoverte con el dolor ajeno. Algo que es relativamente característico de la sicopatía, pero que, en este caso, con el dolor vinculado a un tema sexual, habla de sadomasoquismo. Eso transforma este caso en algo particular, fuera de lo común, pero perfectamente posible.

¿Es creíble que quienes lo rodeaban no notaran esos rasgos?
—No los van a exteriorizar, porque tienen una mínima capacidad de reconocer que lo que están haciendo no es bueno. Tal vez con el confesor, porque la confesión es una de las formas que tiene la Iglesia de liberarse del pecado; el que abusa vuelve a cero y empieza a instrumentalizar ese espacio, como un lugar en el que después se limpia.

Según tus estudios, el 67% de los abusos suceden bajo una relación de “guía espiritual” del sacerdote con el abusado ¿Consideras que esta relación de poder, entre “pastor” y “oveja”, es un caldo de cultivo para el abuso?
—No es que el ejercicio de un poder explique que lleguen a abusar, sino que ese poder se transforma en garantía de impunidad. Y en un medio por el cual ellos van a ir buscando y seleccionando. Algunos investigadores plantean que son depredadores, porque, a diferencia del abusador sexual común, estos son seriales. Van a tener muchos casos a lo largo del tiempo. En Pensilvania, por ejemplo, eran 300 sacerdotes para más de mil casos. Tienen varias víctimas en paralelo y eso los hace tremendamente peligrosos. Ellos tienen mil niños de los cuales disponer, en un colegio, en scout, en retiros espirituales, pero solo van a seleccionar a aquellos en los que vayan viendo, por aproximación, que dan garantías de que no van a hablar.

¿Es posible hacer una descripción psicológica de la víctima probable?
—La prevalencia en el abuso sexual infantil es que cuatro de cada cinco víctimas son niñas. Pero en nuestra muestra, más de un 44% eran varones, lo que se explica por la disponibilidad. Los sacerdotes en Chile tienen un mayor acceso a varones, por los colegios de curas y porque no es tan normal que una niña de diez años sea acólita, se vaya a un retiro espiritual o acompañe a un sacerdote durante todo un día. Hay mayor resguardo. Por otra parte, qué hace que un niño sea una mejor víctima para ellos: cuando está solo, cuando es más tímido, cuando tiene mayor dificultad para vincularse y hablar, cuando hay ausencia de figuras paternas y se da el espacio para que ocupe el rol de padre sustituto. Cuando el niño está más desprovisto de atención.

Varias autoridades de la Iglesia Católica han intentado correr el foco del tema hacia la supuesta homosexualidad de muchos sacerdotes.
—Yo soy totalmente contrario a vincular pedofilia con homosexualidad, en estos casos y en cualquier otro. No hay ninguna relación, y si bien muchos de los abusos pederastas son hacia niños del mismo sexo, me parece peligrosa y nociva la idea de estigmatizar la homosexualidad así, porque el heterosexual abusa igualmente de niños. Hay un montón de casos de curas heterosexuales que han abusado, por lo que uno podría decir que la heterosexualidad te puede llevar a la pedofilia… Hemos visto muchos casos de sacerdotes que tienen parejas mujeres ocultas, y además abusan de niños.

¿Es un riesgo que las congregaciones manejen colegios? ¿Qué medidas se deberían tomar para que no sean lugares que atraigan a sacerdotes abusadores?
—No me parece complicado que las congregaciones estén a cargo, pero sí se deben definir y regular de forma más clara las actividades. Procurar que los sacerdotes no estén en espacios cerrados y a solas con niños. Las oficinas deben tener ventanas en que se pueda ver qué sucede, sin cortinas cerradas. Tiene que haber controles dentro de la relación que van a establecer esos adultos con los niños, porque el problema se da cuando están solos en espacios íntimos. La confesión debiera ser dentro de una iglesia y con el niño a la vista. Lo que hay que garantizar es la intimidad para conversar, pero no para que no te puedan ver. Deben ser actos públicos.

¿Qué rol ha jugado el encubrimiento de las congregaciones en la proliferación de los abusos? Según tus estudios, las víctimas tardan cerca de 30 años en denunciar, y durante todo ese tiempo los sacerdotes siguen abusando.
—Uno ha visto que las congregaciones han sido cómplices, en muchos casos. (El exsacerdote) Renato Hevia contaba que todos le decían “Polvete” a Renato Poblete… Yo creo que hay un cambio con las últimas declaraciones de Francisco, muy duras, en que dijo abiertamente que están obligados a ir a la justicia civil para ser juzgados. Les dijo: “No los vamos a guardar más, van a tener que responder como humanos”. Creo que Francisco recién entendió que esto es una cuestión muy grave, que puede hacer caer a la Iglesia. Lo han ido asumiendo muy de a poco, reconociendo lo mínimo, pero se han ido dando cuenta de que la magnitud de esto atenta contra su propia existencia.

¿Qué responsabilidad crees que tiene la Conferencia Episcopal Chilena en el desarrollo de esta maquinaria de abusos?
—Ese es el gran problema, que el aporte de la jerarquía de la Iglesia ha implicado que esto se haya alargado en muchos casos y se hayan generado muchas más víctimas. Cuando un sacerdote denuncia un caso de otro sacerdote, pone en riesgo su propio ascenso dentro de la jerarquía, empieza a perder posibilidades de ser considerado leal dentro de sus filas. Agachar el moño lleva a ocupar cargos de mayor jerarquía en la Iglesia, y no sé hasta qué punto quienes toman conocimiento estén libres de haber desarrollado algunas de estas conductas y teman que denunciarlas dé pie para que se pongan los ojos sobre ellos. Aunque algunos estudios hablan de 3% a 5% de sacerdotes involucrados en estas conductas, yo creo que la cifra es mucho, mucho, más alta.

¿Crees que las acciones de Ezzati y Errázuriz generaron más víctimas?
—Hoy Ezzati y Errázuriz están procesados y es lo que corresponde. El artículo 14 del Código Penal habla de los niveles de participación en un delito, y está el autor, el cómplice y el encubridor. Ellos, si tenían conocimiento de esto y no lo tramitaron como corresponde, no lo revelaron y denunciaron, caen en la categoría de encubridores. De acuerdo a los antecedentes que han planteado muchas personas, lo que han hecho ha sido dificultar la labor de la justicia y en ese sentido tienen responsabilidad.

¿Cómo cambia la situación de los sacerdotes abusadores el hecho de que dos figuras centrales de la Iglesia chilena hayan sido imputadas?
—Va a ayudar a que se disminuya la impunidad con que se desarrollan este tipo de acciones, pero ese mero hecho no garantiza que disminuyan los abusos. El foco público está puesto en esto, y eso va a hacer que los sacerdotes sean aún más selectivos, que traten de garantizar la impunidad, porque se van a sentir más expuestos. Pero la vía para dejar de hacer lo que hacen es necesariamente un tratamiento psicológico de largo aliento, pensando en que son predadores sexuales y abusadores de niños.

¿Un sacerdote pedófilo puede dejar de serlo por un tratamiento?
—Lo primero es que exista una egodistonía entre la conducta que se quiere cambiar, y cómo el propio sujeto la concibe. Le tiene que molestar de verdad, no ser una molestia declarada para afuera. Ese es el primer paso para que se produzca un cambio. Al que ya ha cometido abusos no queda más que echarlo y que enfrente la vía penal, pero tú puedes reconocer al que tiene impulsos y aún no los ha cometido, y a esa persona habría que ayudarla, dentro de la estructura de la Iglesia o de forma independiente. Hay un sacerdote y psicólogo en Estados Unidos, Stephen Rosetti, que creó una institución de tratamiento para sacerdotes en el Saint Luke Institute, que lleva 30 años trabajando temas como asumir la responsabilidad, empatizar con las víctimas, mejorar el control de impulsos y la educación sexual, en las cuales les produce una restructuración cognitiva y se trabaja con las habilidades sociales.

¿Qué se puede esperar de una intervención así?
—En la mayoría de los casos, se hace una intervención operativa, cognitivo-conductual, porque hay distorsiones del tipo “yo a estos niños los salvé”, “les di el afecto que no tenían de sus padres”, “tocarlo era una demostración de afecto”. Están disociados. Muchos se dicen que si no les hubiese gustado no hubiesen vuelto, que no tuvieron que obligarlos, que no vieron que lo pasaran mal, sin reconocer que era imposible para el niño tener una conducta distinta. Tienen que trabajar en todas esas distorsiones cognitivas del tipo “él me buscó” para entender que están modificando la realidad, favorecidos por una institución que no es drástica en su respuesta a estos hechos.

Revisa a continuación  el primer estudio psicocriminalístico de religiosos chilenos condenados por abuso sexual infantil: 

http://www.theclinic.cl/2019/06/20/en-la-mente-de-los-curas-abusadores/

COLOMBIA: Me temo que esta violencia ha sido engendrada por nuestra tradición religiosa. RICARDO SILVA ROMERO


El síndrome de Colombia (Macondo, costa Atlántica)

12 JUN 2019 – 09:51 COT

Ya han dicho tres papas que el infierno es “un fuego interior”. García Márquez dejó en claro, antes de irse a su cielo, que el polvoriento Macondo era “un estado de ánimo”. Puede decirse sin ningún temor a los clichés, pues, que Colombia no es una nación, sino una enfermedad mental: un síndrome. Si no es así, si las guerras degradadas de estas siete décadas no han ido dejando una sociedad traumatizada e impune que aún no ha tenido tiempo para la terapia, entonces ¿por qué esta violencia diagnosticada hasta la náusea sigue siendo una pandemia?, ¿por qué los abusos contra las mujeres crecen en todo el territorio según las cifras de Medicina Legal?, ¿por qué un informe nuevo de la ONG Save the Children señala al país como el segundo del mundo con más homicidios de niños?

¿Por qué ha podido empotrarse en este Gobierno una minoría capaz de violentar –en una misma semana– a los 193 países de la ONU, a The New York Times, a EL PAÍS, al Banco de la República, a las altas cortes colombianas, a todo aquel, en fin, que ejerza la tarea de la fiscalización?

Me temo que esta violencia ha sido engendrada por nuestra tradición religiosa. Colombia no fue educada, no, fue evangelizada hasta criar una cultura en la que se habla de “la Violencia” como una bestia del mal para que no sea un problema de nosotros sino para nosotros; una cultura en la que se ve la necesidad de erradicar –en palabras del historiador Jorge Orlando Melo– “las formas del pensamiento contrarias a la tradición católica e hispánica”, y se justifica la barbarie contra aquellos que no se han sumado a una Verdad que va también con V mayúscula porque vino de arriba. Nos han gustado los uniformes, de las sotanas a las camisetas de la selección, porque durante siglos nos han enseñado a prevalecer, porque nos han convencido de que, como la verdad religiosa, cualquier verdad tiene que ser la verdad para todos.

Quizás, si la idea es acabar con la cultura de la dominación, sea un giro importante que se revelen los abusos de los curas colombianos. Duele de la garganta al estómago el informe del diario El Tiempo, de hace un par de semanas, sobre los procesos penales de pederastia contra 57 curas colombianos: “Apenas 57…”, se dice en el principio. Y duele, sí, porque hay sacerdotes leales, porque se supone que la casa de Dios es un refugio, porque Colombia ha vuelto al catolicismo una y otra vez, a pesar de las evidencias y de los horrores humanos, como al alma de su cuerpo, como a la realidad de su nación. Y que haya “apenas 57” procesos significa que el infierno se está revelando hasta ahora, pero que ya puede decirse, me temo, que aquí hay demasiados espíritus torturados por curas traidores.

Repito “me temo”, con voz de que querría que fuera diferente, pues desde que tengo memoria llevo adentro plegarias e imágenes del catolicismo, he visto a sacerdotes de verdad dar sus vidas por otras, y sé que gracias a monseñor Germán Guzmán, que recorrió el país de 1958 a 1962 para describir sin eufemismos la orgía de sangre y vísceras de la época de la Violencia bipartidista, sabemos que sólo hemos sido capaces de ver la brutalidad ajena. Me temo que aquellos curas que se permitieron abusar sexualmente de aquellos niños, encubiertos por una cultura acostumbrada a la subyugación, se dijeron a sí mismos que violación y tortura y barbarie y crueldad es lo que cometen los otros. Me temo que el tono condescendiente de ciertos sacerdotes, que creen en la tolerancia hasta que amenaza su poder, es el tono de ciertos políticos inoculados en este Gobierno.

Y que su manía de callar a los críticos sigue forzándonos a ser un estado de la mente, un infierno o un coraje, que hace rato se ganó el derecho de ser un país.

http://www.elpais.com/internacional/2019/06/12/colombia/1560308351_605303.html

El Vaticano considera ordenar a hombres casados y otorgar ministerio a las mujeres


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El Vaticano debatirá en octubre próximo la posible ordenación de hombres casados en la Amazonia, para hacer frente a la grave escasez de sacerdotes que sufre la remota región sudamericana, informó hoy la Oficina de Prensa de la Santa Sede.

En un hito, también debatirá que identificará “el tipo de ministerio oficial que puede ser conferido a la mujer”, según el mismo documento.

Bajo el nombre de “Amazonia: nuevos caminos para la Iglesia y para una ecología integral”, que consta de tres fases que incluyen preparación, celebración y aplicación, el documento de trabajo apuntó que también se examinará un rol más activo para los denominados laicos.

Estas fórmulas serán examinadas en el sínodo, que se celebrará en el Vaticano, del 6 al 27 de octubre próximo, para hacer frente a los problemas de las poblaciones indígenas de la región que comprende parte de Brasil, Bolivia, Perú, Ecuador, Colombia, Venezuela, Guyana, Surinam y Guayana Francesa.

La ordenación sacerdotal estará contemplada para hombres ancianos, preferiblemente indígenas, respetados y aceptados por su comunidad, “incluso aquellos que ya tienen familias estables y consolidadas…”, destacó.

En relación con el papel de la mujer en la Iglesia, el documento reconoce que “en el campo eclesial la presencia femenina en las comunidades no es siempre valorada”, por lo que se propone que tengan garantizado su liderazgo y espacios cada vez más amplios y relevantes en áreas formativas.

A pesar de esto, el documento no habla de “diaconado femenino”, debido a que aún se encuentra en estudio dentro de la comisión encargada para ese análisis por el papa Francisco en 2016.

En relación con el punto de un rol más activo para los laicos, el documento de trabajo señaló que es necesario reconocer su protagonismo y “reconocerles su espacio”, lo mismo que se pide a los misioneros “tener una disponibilidad” para aprender lenguas, culturas, tradiciones, cosmologías y mitologías autóctonas.

Antes de la celebración de la reunión en el Vaticano se han realizado más de 250 eventos en territorio amazónico, entre ellos, 70 asambleas territoriales, 25 foros temáticos, además de seminarios y reuniones de todo tipo, confirmó el cardenal Baldisseri.

http://www.economiahoy.mx/internacional-eAm-mexico/noticias/9952603/06/19/El-Vaticano-considera-ordenar-a-hombres-casados-y-otorgar-ministerio-a-las-mujeres.html

Una juez de Barcelona investiga por delito de falsedad al cardenal Omella en el caso de un cura secularizado


Una juez de Barcelona investiga por delito de falsedad al cardenal Omella en el caso de un cura secularizado
EL EX-SACERDOTE ACUSA AL CARDENAL DE OCULTAR DOCUMENTOS AL VATICANO

Según informa el País, el cardenal Juan José Omella, arzobispo de Barcelona, declarará en julio como investigado por su implicación en una supuesta trama para apartar del sacerdocio a Miquel Ángel Barco por una presunta paternidad.

20/06/19 10:21 AM

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(El País/InfoCatólica) La titular del juzgado de instrucción número 10 de Barcelona ha admitido a trámite la querella del ex-sacerdote, ha citado a Omella y ha ordenado una comisión rogatoria a la Ciudad del Vaticano para que envíe «copia del expediente seguido» contra Barco y que culminó con su expulsión del sacerdocio.

Barco no puede ejercer el sacerdocio desde que la Congregación para el Clero le dimitió del «estado clerical» a finales de 2017. En una carta, el dicasterio vaticano haber «recibido acusaciones» sobre la inobservancia del celibato, lo que llevó a Barco a la «concepción y posterior nacimiento de prole». «Estimo que va a ser muy difícil que vuelva a ejercer el ministerio sacerdotal», le advierte en la carta el arzobispo Joël Mercier, secretario de la Congregación para el Clero, y le anima a «pedir voluntariamente al santo Padre la dispensa de sus obligaciones». Esa renuncia, agrega, sería «el camino más adecuado para usted y para la Iglesia».

El sacerdote niega los hechos, que se remontan a 2006, cuando ejercía en su diócesis, Alcalá de Henares (Madrid). Dice que asesoró a la mujer, madre soltera, y que eso generó suspicacias en los familiares. Barco señala que la decisión le ha provocado perjuicios económicos –ha dejado de percibir su sueldo de la Iglesia–, y morales. Y se niega a acatar la orden (la Iglesia le considera «en rebeldía») porque «lo injusto no obliga en conciencia», repite parafraseando a Santo Tomás.

En su pugna con el Vaticano, Barco apunta al cardenal Omella, que le entregó en persona la carta de la Congregación. Dice que el arzobispo «se negó» a darle una copia de las acusaciones y que, por «delicadeza y respeto», se limitó a leerle unos párrafos, lo que le ha generado «indefensión». El cura dice además que las acusaciones están basadas en tres testigos dudosos. El cardenal declarará por un delito de falsedad en documento privado porque «no envió a Roma el escrito de defensa» con un acta notarial de la madre de la criatura y una prueba de paternidad. Dos documentos que, según Barco, demuestran que él no es el padre. «Ocultó los documentos a sabiendas y con temerario desprecio a la verdad», señala la querella, cuya veracidad deberá examinar la juez.

Al margen del encaje legal de esa conducta, la querella va más allá y acusa a Omella de ser, en realidad, «el autor de las falsas acusaciones» pese a que no tenía competencia para ello. Barco argumenta que la Congregación para el Clero solo investiga a instancias del obispo de turno. Y señala que ni la diócesis de Alcalá ni el arzobispado de Zaragoza –donde trabajó como cura de la localidad de Épila entre 2007 y 2015– promovieron cargos contra él. En una carta, la Archidiócesis de Barcelona respondió que no tuvo «competencia alguna en el caso» y que se limitó a «comunicar la decisión por expreso mandato» del Vaticano.

Caso Ureña

Barco sospecha que detrás de su caso está una pugna por el poder en la iglesia a raíz de otro escándalo en el que se vio involucrado en otoño de 2014: el presunto acoso sexual a un diácono de 27 años con el que convivía. El cura también niega esos hechos. El caso acabó provocando la salida del entonces arzobispo de Zaragoza, Manuel Ureña,. Pese a que no dio credibilidad a las acusaciones, Ureña acabó pagando 60.000 euros al diácono.

Las noticias llegaron a Roma, que forzó la salida del arzobispo. En esos contactos intervino Omella, entonces obispo de Logroño-Calahorra. El Periódico de Aragón publicó unos whatsapps en los que Omella anima a las personas que estaban preparando el informe sobre Ureña para el papa Francisco:

«Ya sé que no paráis en la recogida de datos. Ánimo. Va todo, por lo que veo, por buen camino. Seguid así. Ojalá logremos sanearlo todo. Un abrazo».

Consultado sobre el caso, el Arzobispado de Barcelona dice que no se pronuncia sobre una materia bajo investigación judicial y añade que colaborará con la justicia.

Fuente: http://www.infocatólica.com

Si la pobreza tiene rostro de mujer, la teología no puede no tenerlo. JUDITH SCHÖNSTEINER


Duele. Y aunque muchas veces -tanto mujeres como hombres- quisiéramos pretender que esa realidad no existe, ser mujer significa, tarde o temprano, verse enfrentada a la violencia. Violencia verbal, psicológica, económica, sexual, física. Muchas veces la pobreza tensa aún más la situación: ¡cuánto más difícil es para las mujeres pobres encontrar caminos, oportunidades y apoyo para hacer frente a la violencia! En realidad, ¡la pobreza femenina es, en sí misma, una de estas violencias! El Papa puso el dedo en la llaga cuando en Colombia, ante los obispos de ese país y del Consejo Episcopal Latinoamericano (CELAM), denunció el clericalismo, diciendo: “las mujeres no pueden ser siervas de nuestro clericalismo” (Colombia, 2017). Permítanme ser aún más clara: siendo el clero masculino, el clericalismo es la forma eclesial del machismo. No concibo opción preferente por los pobres si no significa también una opción preferente por la mujer. Incluso, y particularmente, en la teología y dentro de la Iglesia.

Los datos hablan por sí solos. En Chile, según la CASEN 2015, el porcentaje de mujeres jefas de hogar casi se duplicó entre 1990 (20,2%) y 2015 (39,5%). En el primer decil, este porcentaje llega hasta el 52,8%, mientras en el décimo decil (la población más rica) representa un no despreciable 30%. Por otra parte, más del 77% de las mujeres jefas de hogar conforman hogares monoparentales, según la misma encuesta. Con respecto al índice de pobreza por ingresos, éste es de 12,9% para mujeres jefas de hogar, mientras que para los hombres llega solo a un 8,8%.

Si bien ha bajado considerablemente desde 2006, la brecha de ingresos entre hombres y mujeres era aún de 24,6 puntos en 2015. Además, se evidencia una diferencia considerable en el trabajo no remunerado de cuidado (hijas e hijos, padres, parientes con discapacidad): Según un informe mundial del Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), las mujeres trabajan 2,5 veces más que los hombres en tareas no remuneradas en el hogar (cuidado)[1]. Tanto hombres como mujeres padecen un peakde pobreza cuando alcanzan la edad de jubilar, pero éste es considerablemente más alto en las mujeres que en los hombres (32,4% vs 28,3%)[2]. Finalmente, según la Red Chilena contra la Violencia hacia las Mujeres, 65 mujeres fueron víctimas de femicidio en Chile durante el 2016[3], ¡en un país de solo 17 millones de habitantes! Una de cada tres mujeres (68%) ha sufrido acoso[4]. De hecho, el 88,9% de las mujeres en Chile afirma que es verdad que “la mayoría de las mujeres es acosada sexualmente alguna vez en su vida”[5].

La exhortación apostólica Amoris Laetitia del Papa Francisco, publicada en 2015, reconoce estas realidades que son semejantes en todo el mundo (AL 242). Menciona también las distintas categorías de pobreza y violencia que sufrimos las mujeres (AL 54), y la dificultad que la pobreza significa especialmente para las mujeres jefas de hogar. ¡Peor aun cuando se encuentran encarceladas! Como escuchamos, conmovid@s, a Jeannette Zurita, durante la visita del Papa al Centro Penitenciario Femenino de Santiago.

Las mujeres somos las que damos vida a las parroquias y a muchas obras sociales. En labores voluntarias, completamente gratis, o con trabajo muchas veces mal pagado. Pero, ¿recibimos la atención, como mujeres, que debiéramos recibir? ¿Cuestionamos nuestra propia mirada hacia cómo se hacen las cosas, tratando de reflejar que la “pobreza tiene rostro de mujer”?[6] Me preocupa especialmente, pensando que los discursos crean y mantienen las realidades: ¿cómo las mujeres podemos participar en el discurso y diálogo teológico si estamos muchas veces en condiciones que limitan nuestro empoderamiento, nuestra dignidad, nuestra igualdad con los varones?

Mi deseo es que el anuncio del Evangelio y la teología tomen en cuenta (¡y en serio!) los signos de los tiempos en relación a la realidad de nosotras, las mujeres. Si la pobreza tiene rostro de mujer, una teología de los signos de los tiempos no puede no tenerlo. La verdad sobre la pobreza material y eclesial, que también tienen rostro de mujer, nos hará libres, a mujeres y hombres.

¿Cómo participar en la teología en una Iglesia donde hay discriminación estructural contra las mujeres? Es una Iglesia donde las monjas, según una denuncia de L’Osservatore Romano, muchas veces trabajan en situaciones de “servidumbre”, sufren abuso de poder, y no se les permite desarrollar sus dones (especialmente, intelectuales) a causa de una comprensión misógina de “humildad” que solo se aplica a las mujeres y no a los hombres[7]. Es una Iglesia donde el Vaticano acaba de vetar a tres conferencistas mujeres, invitadas al encuentro Voces de Fe, convocado para el 8 de marzo de 2018, por sus posturas sobre la homosexualidad: la ex presidenta de Irlanda, una activista lesbiana de Uganda, y una teóloga polaca. Los organizadores no vieron otra opción que realizar la conferencia fuera del Vaticano para mantener las tres conferencistas[8].

Una teología y el anuncio del Evangelio ante la “pobreza con rostro de mujer” no es posible sin una real y verdadera participación de la mujer en la teología misma y en la toma de decisiones en la Iglesia. Así se lograría que no sea una teología sobre nosotras, sino una teología hecha por nosotras y con nosotras, y concebida especialmente, paralas que más sufren de violencia y pobreza.

Ivone Gebara, teóloga feminista brasilera, indica que incluso la Teología de la Liberación ha tenido sus sesgos y cegueras machistas. No ha visto el sesgo de la educación diferenciada para varones y niñas, no está consciente de su error al asumir que para la liberación femenina sería necesario lo mismo que para la liberación “del hombre”. La Teología de la Liberación no ve, concluye, la necesidad de la liberación femenina en la Iglesia[9]. Este sesgo se puede percibir también en Amoris Laetitia, aunque el Papa, en un paso sorprendente para muchos, reconoce explícitamente las contribuciones del feminismo “cuando no pretende la uniformidad” (AL 173). No está completamente claro lo que ha querido señalar con esta condicionalidad, pero es la primera vez que un Papa reconoce algún valor positivo al feminismo.

Es necesario promover una relectura de la Teología de la Liberación desde la perspectiva femenina, que se ha ido desarrollando desde los años 90 en América Latina, Estados Unidos y Alemania: una relectura que no se quede en los rincones de los congresos de mujeres teólogas, sino que permee las prédicas dominicales, las facultades de Teología y las listas de lectura de sus ramos principales. Una relectura, además, que no se quede en una sola versión de cómo ver a la mujer, sino que admita y busque la pluralidad de visiones que tenemos las mujeres, así como la diversidad de posturas que tienen las teólogas. Ciertamente, ha habido un debate teológico en varias de estas facultades, sin embargo, no han sido debates que hayan tenido mayor eco en la jerarquía, ni replicados entre el pueblo de Dios.

Creo que nadie podrá dudar seriamente de la capacidad femenina de participar en la reflexión teológica en distintos ámbitos, conociendo su desempeño en las otras ciencias. Además, tenemos una segunda fuente que justifica nuestra participación: nuestra igual dignidad, nuestras experiencias de fe, nuestro conocimiento. Finalmente, y como sugiere Martha Zechmeister cj: “José Batista Metz (tal como Ignacio Ellacuría) habla mucho sobre la autoridad de los que sufren, que Dios nos habla en las situaciones de sufrimiento y, a partir de ahí, debemos determinar nuestra praxis”[10]. Ciertamente, ¡ésta es una propuesta polémica para muchas mujeres! ¡Que no sea solamente desde su calidad de víctimas que hable la mujer! Sin embargo, que también hable desde allí, que pueda gritar sus sufrimientos invisibilizados, su sufrimiento en y por la Iglesia, pero que no sea tampoco lo único que se le permita decir. Las mujeres también gozamos, queremos hablar de nuestra dignidad, de nuestra fuerza en la superación de la pobreza y otras tantas dificultades… en fin, de nuestra experiencia de Dios.

Mi deseo es que el anuncio del Evangelio y la teología tomen en cuenta (¡y en serio!) los signos de los tiempos en relación a la realidad de nosotras, las mujeres. Si la pobreza tiene rostro de mujer, una teología de los signos de los tiempos no puede no tenerlo. La verdad sobre la pobreza material y eclesial, que también tienen rostro de mujer, nos hará libres, a mujeres y hombres.

[1] Ver http://www.undp.org/content/undp/es/home/blog/2015/5/20/The-hidden-aspects-of-women-s-poverty.html.

[2] Todas las cifras y los porcentajes de http://observatorio.ministeriodesarrollosocial.gob.cl/casen-multidimensional/casen/docs/CASEN_2015_Resultados_equidad_genero.pdf.

[3] Véase por la diferencia de esta cifra con las cifras oficiales de SERNAMEG, ADN Radio, http://www.adnradio.cl/noticias/nacional/organizaciones-de-mujeres-contradicen-cifras-oficiales-de-femicidios-en-chile/20180108/nota/3683162.aspx, 8 de enero de 2018.

[4] Véase Instituto Nacional de la Juventud (Injuv) y el Observatorio contra el Acoso Callejero (OCAC Chile), “Jóvenes y acoso sexual callejero: opiniones y experiencias sobre violencia de género en el espacio público”, 2015.

[5] Encuesta Corporación Humanas, 2017, disponible en http://www.humanas.cl/wp-content/uploads/2017/12/ENCUESTA-HUMANAS-2017-VERSIÓN-FINALNOV.pdf.

[6] Para las muchísimas referencias a esta expresión, véase en presentación, CEPAL, XIII Conferencia Regional sobre la Mujer de América Latina y el Caribe, Montevideo, 26 de octubre de 2016.

[7] Revista Donne, Chiesa, Mundo, Marzo 2018, resumido en BBC, Monjas pizza, http://www.bbc.com/mundo/noticias-43254029.

[8] Véase http://www.affaritaliani.it/cronache/vaticano-no-ex-presidente-irlanda-mcalleese-per-la-giornata-della-donna-522566.html, también https://www.aciprensa.com/noticias/vaticano-cardenal-veta-a-2-activistas-lgbt-para-evento-por-el-dia-de-la-mujer-19879.

[9] Entrevista con Ivone Gebara, por Hugo José Suárez: “Ivone Gebara, teóloga y feminista”, disponible en http://www.mujeresenred.net/spip.php?article2062.

[10] Entrevista con Martha Zechmeister, religiosa y teóloga, evaluando el papel de la mujer en la Iglesia en el pontificado de Francisco. Por Cristina Fontenele, 17 de febrero de 2016, www.evangelizadorasdelosapostoles.wordpress.com.

JUDITH SCHÖNSTEINER

HACE UN AÑO

Judith Schönsteiner

Alemana, vive en Chile y es miembro de la CVX adultos. Cientista Político por la universidad Johannes Gutenberg, de Mainz, Alemania, y Doctora en Derecho por la universidad de Essex, Reino Unido. Académica, especialista en derecho internacional y derechos humanos.

https://territorioabierto.jesuitas.cl

COLOMBIA: HACIENDO REAL LA PAZ. SAN JOSÉ DE APARTADÓ, COMUNIDAD DE PAZ.


Olga Lucia Álvarez Benjumea ARCWP

Hoy he conocido la Historia más hermosa, tejida en medio del dolor, bañada en hilos de lágrimas, unas veces de tristeza y otras de sueños y esperanza, hecha realidad.

Hemos creído que el solo hecho de pronunciar la palabra fraternidad, comunidad, no es sino sentarnos a esperar que todo lo que ellas nos significan aparezcan como por arte de magia. Muy fácilmente sentamos cátedra y hacemos homilías hermosas, dando lecciones para que otras/os las practiquen, Mat 23:4.

Esta experiencia tiene más de 20 años de estar trabajando, construyendo y haciendo realidad la PAZ en nuestro país.

Es una población que le ha tocado ser desplazada, compuesta por 80 familias campesinas de diferentes veredas y poblaciones, que se han organizado, que han aprendido a convivir unidas teniendo como principio el no participar en ningún grupo que genere guerra o violencia, no aceptando en su Comunidad miembros que apoyen o participen en cualquier grupo armado, llámese como se llame, -lejos de estigmatizar como discriminación-. Esto lo viven intensamente como una objeción de conciencia.

Laboran unidos, sobre todo se protegen mutuamente, en aquel sentir presente a Dios en cada ser humano: “Yo soy tu”. Se han propuesto erradicar todo aquello que divide la Paz en la Comunidad, como las bebidas embriagantes (alcohol), alucinógenas, es no a la participación en cultivos de carácter ilícito.

Buscando solidaridad, apoyo para las familias integrantes de dicha Comunidad de la No-violencia, acudieron a las instituciones previstas oficial y legalmente por la Constitución colombiana para protección y defensa ante la injusticia y violación de los Derechos Humanos, donde tuvieron la “grata sorpresa” de darse cuenta del humo de corrupción que las envuelve, viéndose en la necesidad de abstenerse de estar involucrados en un sistema que en nada les beneficia y protege, espacios donde se encuentran víctimas y victimarios haciendo “cola”, lo que les hace, renunciar totalmente de esperar cualquier apoyo que viole y ofenda la dignidad de la Comunidad a la que pertenecen.

Las revanchas del poder y la política, no se hicieron esperar el boleteo, amenazas, asesinatos y masacres…no es desconocida la actividad oscura y solapada que han hecho siguen haciendo, ya que a los medios de comunicación no trascienden estas situaciones que se viven no solo en esta Comunidad de la No-violencia, sino en otros sitios de nuestro país.

Es más, el hecho de que la Corte Constitucional les haya reconocido el 23 de marzo de 1997 ha sido despertar toda la crueldad, sádica, contra esta Comunidad, que ha querido, quiere y lo es una Comunidad de Paz, así decidieron proclamarse en la celebración de la Eucaristía, como compromiso personal y comunitario, toda la Comunidad, ancianos, mujeres, hombres, jóvenes y niños. Todos unidos en aquella Eucaristía, celebraron e hicieron dar a conocer el significado de celebrar el Corpus Christi en vivo y en directo para que todo el mundo lo sepa, convocando de nuevo aquella invitación de Cristo: “Hagan esto en memoria Mía” Lucas 22:9, I Corintios 11:24-25.

Por ser una Comunidad de Paz, diferente, con estrategias para la producción colectiva, en terrenos colectivos, con una convivencia de fraternidad y apoyo, no ha faltado la amenaza y agresividad verbal, llevada a los hechos, para decirles: “por ser así diferentes, por no regirse por las normas del Estado, por no aceptar el desarrollo y el progreso, deben de ser desaparecidos, exterminados”.

Es una Comunidad de Paz, que, con hechos reales, nos está mostrando que el mensaje de Jesús es posible vivirlo: “amanse los unos a los otros” (Juan 15:12) y lo confirma Hechos de los Apóstoles, donde nos cuentan, acerca de un solo sentir, unidos todos/as en las primeras comunidades cristianas: Hechos 2:32-33.

Hoy, en medio de la situación de violencia en que vive nuestro país, embrutecida por el alcohol, la droga, la falta de empleo, salud, vivienda, educación, Esta Comunidad de Paz, se levanta con su mensaje y testimonio como una luz, anunciado el Evangelio para conocer, aprender de ellos/as: “Mirad cómo se aman” Juan 17:20-26, se ayudan y protegen mutuamente, ante la violencia de los poderosos y su imperio.

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Fiesta del Corpus Christi, Comunidad de Paz.

Gracias, Comunidad de Paz, San José de Apartadó, que cada vez se les conozca más, les apoyamos y protegemos.

Más de mil personas denuncian abusos sexuales en la Iglesia anglicana de Australia


El informe oficial de la comisión que estudia los casos de pederastia en el país llega sólo un mes después de que se conocieran 4.000 casos en la Iglesia católica

Justin Welby, arzobispo de la Iglesia anglicana de Canterbury. REUTERS
Justin Welby, arzobispo de la Iglesia anglicana de Canterbury. REUTERS

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SIDNEY (AUSTRALIA) 

EFE

La comisión oficial que investiga los abusos sexuales a menores en Australia reveló hoy la denuncia de más de mil casos en la Iglesia anglicana, un mes después de hacerse eco de más de 4.000 en la Iglesia católica. Un informe entregado a la comisión mostró que un 75% de las 1.082 víctimas eran varones y su edad media era de once años, aunque los más jóvenes tenían poco más de siete, según las denuncias que estos presentaron entre 1980 y 2015.

“Hemos visto sus rostros, oído sus voces, no solamente el dolor del abuso que sufrieron como niños, sino el daño que les hicimos después cuando ya adultos buscaron justicia y consuelo y los apartamos”, dijo ante la comisión la secretaria general del sínodo general de la Iglesia anglicana australiana, Anne Hywood. “No creímos a aquellos que denunciaron y tratamos de silenciarlos (…) Nos preocupó más la reputación de la Iglesia que aquellos que fueron dañados”, añadió Hywood.

La admisión siguió a la presentación del informe ante la comisión creada en 2012 para investigar la respuesta institucional a la pederastia y que hoy comenzó en Sidney la última serie de audiencias centrada en los casos que ocurrieron dentro de la Iglesia anglicana. Los agresores identificados son 569, de los cuales 247 eran clérigos ordenados, 285 laicos y otros 37 de estatus desconocido, según el informe obtenido por Efe, en el que se señala que el 94% de los violadores eran varones.

La abogada consejera de la comisión, Gail Furness, advirtió que el número de casos podría ser mayor ya que “muchos de los supervivientes afrontan barreras que les impiden denunciar los abusos externamente o ante las instituciones donde ocurrieron estos abusos”.

“Redes de agresores”

El informe también indica que la diócesis de Brisbane acumula 371 denuncias, mientras que la Sociedad de los Niños de la Iglesia (CEBS, siglas en inglés), una organización que opera en varias ciudades australianas, suma unas 147. En esa sociedad existían “redes de agresores” que “tenían conocimiento de los delitos de los otros contra los menores y facilitaron el abuso sexual de los niños o otros asociados con el CEBS”, apuntó Furness. También se supo que la Iglesia anglicana australiana, que se disculpó ante las víctimas en 2004, ya ha pagado unos 24 millones de dólares (22 millones de euros) en indemnizaciones por unas 459 denuncias.

Representantes de la comisión que investiga los abusos, antes de la rueda de prensa. REUTERS

Antes de la audiencia, el arzobispo anglicano, Philip Freier, expresó la consternación de su Iglesia ante las revelaciones de la comisión y el calado del daño infligido a las víctimas en el seno de la institución. “Estamos profundamente avergonzados por la forma en que se ha decepcionado a los supervivientes, tanto por la manera como actuamos como por cómo fallamos en actuar”, dijo Freier en un comunicado.

Los casos de la Iglesia anglicana se suman a las 4.440 denuncias que se hicieron entre 1980 y 2015 por abusos en el seno de la Iglesia católica australiana, en la que se ha identificado a 1.880 agresores, entre ellos 597 hermanos religiosos y 572 sacerdotes.

La comisión presentó el año pasado 99 recomendaciones a las autoridades sobre cómo atender a las víctimas, además de un plan de compensaciones de 4.000 millones de dólares australianos (3.061 millones de dólares estadounidenses o 2.845 millones de euros). En noviembre pasado, el Gobierno de Australia anunció que indemnizará a cada víctima de abusos sexuales cometidos en el seno de instituciones públicas y religiosas del país con hasta 150.000 dólares australianos (114.850 dólares de EEUU o 107.000 euros).

http://www.publico.es/internacional/abusos-sexuales-iglesia.html

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