“TODO TIEMPO PASADO FUE MEJOR” Olga Lucia Alvarez Benjumea ARCWP*


Esta era una frase que siempre escuchábamos en nuestros hogares, a las personas mayores.

¿A qué se querían referir? El tiempo no ha cambiado, lo que ha cambiado han sido los calendarios, pero el tiempo es el mismo. Si conoces la Historia del mundo, en todas esas épocas del ayer, las guerras y las desavenencias, existieron entre los pueblos. Si quieres leer sobre el Antiguo Testamento (Biblia), cuantos desastres y horrores no se cometieron. Cada época tuvo además de sus violencias bien fueran internas o de fuera, las dolorosas experiencias y huellas imborrables en los pueblos inmigrando, que bien iban buscando mejores condiciones de vida o huyendo de las guerras.

Lo interesante de este ayer, bien lo podemos descubrir en las obras costumbristas de Don Juan José Botero, Don Tomás Carrasquillas celebres personajes, que al no existir la radio, ni la TV. Ni las redes sociales, recreaban a sus amigos, contando las historias que recogían por el recorrido de nuestras montañas, ríos y valles, escuchando a los cacharreros (comerciantes) ambulantes que iban a lomo de mulas, o caminando, llevando sus mercancías de casa en casa, en los pueblos o en el campo.

No faltaron algunas mujeres, que nos dejaron sus legados y testimonios de luchas, contando sus experiencias de aquel entonces como una Santa Laura Montoya, María Cano, historias donde nos dejaron reflejado el tratamiento de la cultura, sociedad y religión patriarcal de la época. 

Y en la violencia, no escrita desde un escritorio, sino vivida y conocida de cerca, contamos con la novela histórica de Fidelito Blandón, (exsacerdote) como le llamaban en casa de mis abuelos y padres, “Lo que el Cielo no perdona”, y la obra de Mons. Guzmán “La violencia en Colombia”.

Una historia que “falta” por contar, la historia de las intrigas, competencias y protagonismos en defensa de intereses individuales, abusos sexuales, misoginia, divisiones, guerras de proselitismos, entre las iglesias, que se han olvidado del plan de Jesús de Nazareth. Eso sería una novela histórica de conocer “leyendas”, individuales y colectivas, que nos han afectado y hecho daño, a mujeres y hombres en general, en nombre de lo sagrado, representado en un clericalismo-laicismo, no solo de vestimentas, mitras y báculos, sino actitudes vergonzosas de artimañas y trampas dignas de conocer para empezar a derribar la corrupción de la que tanto nos quejamos, insertadas y disfrazadas en lo más profundo de una sociedad y cultura patriarcal como la nuestra, olvidando que: “es preciso que El crezca y yo disminuya” Juan 3:30.

No es que el tiempo pasado haya sido mejor, no, el tiempo es el mismo no ha cambiado, la diferencia es que hoy podemos conocer por las redes sociales y demás Medios de Comunicación, acerca de las estrategias sucias que se siguen ejecutando en nombre de nobles causas y cruzadas: la Paz, el Perdón, la Reconciliación, el Ecumenismo, la Solidaridad, etc. Estrategias que realizan algunos de los políticos muy conocidos, líderes religiosos, de diferentes denominaciones y personas inescrupulosas, ante el dolor y fragilidad humana, como la falta de empleo, la salud, la vivienda, la educación, destruyendo familias, grupos comunitarios, sembrando odio, rencores y más violencia.

*Presbitera.

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