Feminismo campesino y popular: SILVIA RIBEIRO


Silvia Ribeiro

 

ALAI AMLATINA, 22/07/2017.-  De más de setenta países y 164 organizaciones llegaron mujeres campesinas a la Asamblea de Mujeres de La Vía Campesina (LVC) en el País Vasco, este 17 y 18 de julio.  Con perspectivas y propuestas que sacuden lo establecido, no sólo en el injusto mundo que vivimos, también dentro de su propio movimiento. Feminismo campesino y popular llaman a esta identidad en construcción, que desafía al capitalismo y al patriarcado al mismo tiempo, rechaza todos los racismos, violencias, discriminaciones y xenofobias.

 

Es la quinta vez que se reúnen como mujeres de este movimiento –la articulación campesina global más extensa que haya existido– que del 19 al 22 de julio sostiene también su séptima conferencia mundial.  Tanto jóvenes como mujeres han ido construyendo su espacio propio, convocándose en asamblea los días anteriores a la Conferencias de todo el movimiento. Desde allí discuten colectivamente sus aportes específicos, antes de integrarse como delegadas y delegados a la Conferencia general.

 

Muchas llegaron a esta V Asamblea de Mujeres por primera vez. La expectación y el entusiasmo se sienten a flor de piel. La dedicación, casi magia, del colectivo autogestionario de intérpretes COATÍ, hizo posible la traducción simultánea en 11 idiomas: árabe, bahasa indonesia, castellano, coreano, euskera, francés, inglés, japonés, portugués, ruso y tailandés. Entre muchas otras cosas, esta arquitectura que hace posible tender puentes solidarios de comunicación entre tantas lenguas, permite una diversidad de miradas y experiencias que nutre y fortalece no sólo a las mujeres, sino a toda la Vía Campesina.

 

Son mujeres de todas las edades, campesinas, indígenas, trabajadoras del campo, pescadoras, pastoras, artesanas, migrantes.  Todas trabajan por la soberanía alimentaria, todas tienen que luchar contra la discriminación y la violencia, que se manifiesta de muchas maneras. Desde los salvajes feminicidios y ataques a las campesinas que resisten en Honduras –8 muertas en la lucha y 1800 criminalizadas, detenidas, violentadas en los últimos años– a la discriminación laboral y política en Europa, el silencio impuesto a muchas mujeres en regiones enteras, la persecución y desposesión de tierras, cultivos y casas a las mujeres en Palestina; el arco de injusticias se expande globalmente. Es una situación que afecta a las mujeres, no sólo campesinas.

 

Pero aquí la particularidad es la construcción de un feminismo campesino y popular, que por primera vez plantean asumir como tal en toda LVC. Un feminismo desde las mujeres del campo, con identidad campesina y desde la identidad y luchas de los pueblos.

 

Varias de las fundadoras de la Vía Campesina, recuerdan que al origen, hace poco más de 20 años, había una sola mujer en el comité coordinador internacional (CCI).  Era Nettie Wiebe, de la National Farmers Union de Canadá, con la energía de las muchas que la apoyaban. Llegó a la V Asamblea, a compartir su experiencia y también lo que considera los mayores desafíos. Recuerda que comenzaron pidiendo “mayor participación” para las mujeres en todas las instancias de La Vía Campesina. Los compañeros fueron más allá y acordaron que las mujeres debían ocupar el 50 por ciento de los lugares en las instancias de coordinación y decisión (porque en LVC el cuerpo colectivo y pensante es mucho más que la suma de sus partes, muchas de las cuáles aún siguen en proceso de entender y asumir las reivindicaciones de género). La regla de paridad se hizo rutina en toda la organización. Sin embargo, debaten en esta Asamblea, la paridad no era una meta, apenas un camino. A muchas aún les cuesta ocupar los espacios que reclamaron, porque para poder hacerlo se requiere que todo el trabajo, tanto productivo como reproductivo y las tareas militantes sean compartidas, algo que muchas organizaciones locales y nacionales campesinas necesitan entender, integrar y apoyar. Entre los grandes desafíos, plantea Nettie Wiebe, está definir posiciones comunes frente al poder, definir más profundamente entre todas las regiones y diversidades de LVC qué es el feminismo campesino y qué tipo de lucha eligen como mujeres.  Perla Álvarez de la organización de mujeres campesinas e indígenas Conamuri de Paraguay agrega “el patriarcado repliega nuestro trabajo al ámbito privado, el capitalismo no lo reconoce, el racismo niega todas nuestras identidades”. Por eso, continúa, “no es posible separar la lucha contra el capitalismo de la lucha contra el patriarcado y el racismo.”

 

Una lucha que parte de reconocer las diversidades, geográficas, culturales, de género, por eso ya hay también sectores LGBTI en varias organizaciones campesinas, como el MST de Brasil y organizaciones de Vía Campesina en Europa. La diversidad sexual y de género también tuvo su espacio en el programa de la VII conferencia de LVC.

 

Las asambleas anteriores de mujeres de la Vía Campesina establecieron campañas globales por las semillas y contra la violencia, campañas que siguen y donde los ataques en éstos y otros temas recrudecen todo el tiempo. La V Asamblea de Mujeres decidió llamar a la primera conferencia internacional de mujeres del campo, no sólo para organizaciones de la Vía Campesina sino para establecer lazos de análisis, alianzas y caminos de lucha con muchas más mujeres rurales.  Será todo un reto, que desde ya asumen con la misma energía, cariño y rebeldía que cultivan en este espacio.

 

  • Silvia Ribeiro es investigadora del Grupo ETC.

 

URL de este artículo:  http://www.alainet.org/es/articulo/187011

ARTÍCULO JUAN JOSE TAMAYO SOBRE MARÍA MAGDALENA Y VIRGINIA WOOLF


 

Queridas amigas, queridos amigos

Os envío el artículo “María Magdalena y Virginia Woolf, pioneras de la igualdad”, que he escrito con motivo de la fiesta de María Magdalena. Espero sea de vuestro interés.

Un abrazo fraterno-sororal

JUAN JOSÉ TAMAYO

Director de la Cátedra de Teología y Ciencias de las Religiones “Ignacio Ellacuría”

Universidad Carlos III de Madrid

MARÍA MAGDALENA  Y VIRGINIA WOOLF

PIONERAS DE IGUALDAD

22 de julio de 2017, fiesta de María Magdalena

Juan José Tamayo

A las filósofas, teólogas, escritoras y artistas feministas, mis maestras y amigas, en sintonía

 

No he encontrado otra forma mejor de recordar a María Magdalena en su fiesta religiosa del 22 de julio que haciendo una reflexión sobre su figura bajo la inspiración del magnífico libro La resurrección de María Magdalena. Leyendas, Apócrifos y Testamento cristiano (EVD, Estella, 2008), la teóloga Jane Schaberg, y relacionando a María Magdalena y a Virginia Woolf. La mística escéptica y subversiva de la escritora británica sirve de modelo interpretativo a Schaberg para reconstruir la emblemática figura de María Magdalena en clave feminista. ¿Es ésta una alianza espuria? Creo que no.

Las diferencias entre ambas mujeres son ciertamente notables, pero también lo son las similitudes, al menos en el imaginario colectivo. Las dos son tenidas por “trastornadas” o “enfermas”: la una, “maniaco-depresiva, la otra, posesa; ambas están exorcizadas o autoexorcizadas y confiesan momentos de visión. Las dos resultan extrañas para el círculo patriarcal y ninguna de ellas es miembro del selecto grupo de los “Apóstoles”, o al menos han sido excluidas de dicho grupo por el poder patriarcal. Coinciden hasta en la vida póstuma: Woolf y la Magdalena son figuras para el mito y la leyenda e iconos en la lucha por la emancipación.

Desde una lectura feminista, Schaberg reconstruye las figuras de Woolf y Magdalena, hasta identificarse con ellas para crear, con su ayuda, una espiritualidad propia no excluyente conforme al ideal woolffiano: “En mi condición de mujer, no tengo patria. Como mujer no quiero patria. Como mujer, mi patria es el mundo entero”. Y Schaberg añade: “Como mujer, no tengo religión. No soy judía o cristiana o musulmana o pagana. Como mujer soy judía y cristiana, musulmana y pagana”. El deseo confesado de la teóloga feminista es haber “encontrado”  a una María Magdalena tan valiente y arrojada como Virginia Woolf o como Ethel Smyth, amiga suya, compositora inglesa y dirigente del movimiento sufragista, a quien Virginia describe de esta guisa: “Pertenece a la raza de las pioneras, de las que van abriendo camino. Ha ido por delante, y talado árboles, y barrenado rocas, y construido puentes, y así ha ido abriendo camino para las que van llegando tras ella”.

A través de una rigurosa investigación interdisciplinar de las fuentes cristianas canónicas de la Biblia hebrea y del Testamento cristiano, de los escritos gnósticos y de la arqueología, del arte y de las leyendas, Schabert imagina y recupera la figura de María Magdalena liberada de las imágenes negativas que sobre ella ha construido la ideología patriarcal desde los propios textos canónicos hasta la exégesis actual.

Schaber ve en los textos analizados indicios fragmentados de María Magdalena comocontinuadora del profetismo hebreo, iniciadora de la creencia cristiana en la resurrección, sucesora de Jesús de Nazaret y heredera de su autoridad espiritual. Los evangelios apócrifos de carácter gnóstico ofrecen elementos importantes para reconstruir la figura de María Magdalena, si bien de manera tentativa y provisional:

  • Existe como personaje y como memoria en un mundo cuyos textos acusan un lenguaje androcéntrico y patriarcal.

  • Se expresa con atrevimiento y osadía en un mundo real y simbólico dominado por varones, lo que le da un relieve especial.

  • Es una persona preeminente entre los seguidores y las seguidoras de Jesús, ya que posee autoridad espiritual y ejerce un liderazgo en igualdad de condiciones con los discípulos varones.

  • Es presentada como compañera íntima de Jesús.

  • Entra en conflicto con algunos discípulos varones por la fiabilidad de su testimonio.

  • Aparece como consoladora y maestra de los demás discípulos.

  • Es elogiada por su inteligencia superior.

La teología feminista cristiana recurre a María Magdalena como fuente de autoridad para llevar a cabo las transformaciones necesarias en el terreno eclesiástico y como pionera de la igualdad para generar cambios culturales y sociales que eliminen en la sociedad las discriminaciones de todo tipo: étnicas, sociales, culturales, religiosas y de género. Discriminaciones estas últimas que o suelen pasar desapercibidas o no cuentan como prioridad para su superación.

El libro dibuja un sugerente cristianismo en torno a la figura de María Magdalena, vigente durante los dos primeros siglos en algunas iglesias y olvidado por la Iglesia patriarcal hasta hoy: un cristianismo inclusivo de hombres y mujeres bajo el signo de la continuidad profética más que bajo la sucesión apostólica; un cristianismo como posibilidad desconcertante, terriblemente vulnerable, que intentó alcanzar lo imposible. Aquel cristianismo fracasó, o mejor, lo hizo fracasar el patriarcado religioso aliado con el patriarcado político.

Pero no podemos considerar su fracaso por definitivo. Es verdad que ha durado muchos siglos, pero eso no significa caer en el fatalismo histórico que imposibilite su recuperación. Todo lo contrario. Es necesario recuperarlo, reinventarlo, reformularlo y revivirlo en nuestro momento histórico para contribuir en la lucha contra la discriminación de género en intersección con otras discriminaciones que se refuerzan y apoyan entre sí: etnia, clase, sexualidad, religión, procedencia geográfica, etc., y para trabajar por la emancipación y la igualdad en todos los terrenos.

Director de la Cátedra de Teología y Ciencias de las Religiones. Universidad Carlos III de Madrid, y autor de Otra teología es posible. Interculturalidad, pluralismo religioso y feminismo (Herder, Barcelona, 2012, 2ª ed.) y director y coautor de Religión, género y violencia (Dykinson, Madrid, 2016, 2ª ed. Próxima obra: Teologías del Sur. El giro descolonizador (Trotta, Madrid, aparecerá en noviembre).

 

 

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Remitido al e-mail

CRÓNICA Y REPORTE GRÁFICO DE LA ORDENACIÓN AL DIACONADO DE BLANCA AZUCENA CAICEDO. Olga Lucia Álvarez Benjumea ARCWP*


Gran significación ha tenido para nosotras el día de hoy, celebrando la fiesta de la pionera de la cristiandad, nuestra Santa Patrona Maria de Magdala. En su día, hemos celebrado la ordenación al Diaconado de Blanca Azucena Caicedo, en el sitio de trabajo de las mujeres pos-penadas, la Fundación Bordado a Mano.

Nos acompañaron para esta ocasión: Blanca Cecilia (de Popayán), Lucero Arias, de Cañasgordas, el P. Juan David  (anglicano, miembro de la Mesa Ecuménica por la Paz), quien nos acompañó con su guitarra, familia (Yazmin  y Saida, amigas de Blanca Azucena, la Señora Ana (mamá de Lucero), Jaqueline (voluntaria de la Fundación), Elena, (Fundadora y Directora de la Fundación), Sol (Miembro de la Mesa Ecuménica por la Paz), Magdalena (Fundación pos-penadas), Teresita  (Fundación Pos-penadas), Carmen (Fundación Pos-penadas).

Blanca Cecilia invita al brindis después de la ceremonia.

Han sido las pos-penadas quienes han hecho los preparativos para el almuerzo y hermosamente se han sentado a comer con nosotros y nos han atendido, con mucha delicadeza y cariño.

Blanca Cecilia, impone las manos a Blanca Azucena.

 

Entrega del Libro de la Palabra a la nueva diacona.

Presentación de la nueva Diacona a la Asamblea.

El Equipo de celebrantes: Lucero (izquierda-derecha, le sigue el P.Juan David, Blanca Cecilia, Blanca Azucena y Olga Lucia

No importa que nuestro trasfondo sea un ropero, somos la Iglesia Católica de mujeres y hombres,  al servicio de los más necesitados, somos la Iglesia aprendiendo y practicando las vivencias de la Iglesia primitiva, sin triunfalismos, sin ansias de poder, pero con sed, de anunciar el Evangelio.

Listas siempre para anunciar la Buena Nueva.

Próximamente, más fotos y video.

*Presbitera católica

Unción de Gloria Whitley (con Servicio de Comunión), por Elena García ARCWP y Jim Marsh ARCWP en Nueva York


PARA VER LA FOTOS, ABRIR EL ENLACE SIGUIENTE:

http://bridgetmarys.blogspot.com.co/

La amiga de la infancia de Elena de la escuela primaria (Gloria la llama “Nita”), 

La hermana de Gloria Marisa, la sobrina Felicia y la amiga Dolores también estuvieron presentes.

También hay una foto de la familia fuera del restaurante de Silvia en Harlem  
(l a r Gloria, el hijo de Elena

Christopher, Elena, Eric, nieta Maddy, y su hija Beatriz.)

 

Unción de los Enfermos

Introducción        

Canción de Apertura: “Tú eres la Cara de Dios” [Karen Drucker]     

Tú eres el rostro de Dios
Te sostengo en mi corazón,
Tú eres parte de mí
Tú eres la cara de Dios …

Tú eres la cara del amor
Te tengo en mi corazón
Tú eres mi familia
Eres la cara de Dios …

Elena: Alabado sea Abba / Amma Dios, por el regalo de la vida.                 

Jim:             Alabado sea Jesús, nacido de Miriam y José, que nos enseñó a vivir – que nos dijeron que estamos cara a cara con Dios.

Elena: Alabado sea el Espíritu Sophia que inspira nuestro cada respiración.                 

Jim: Mi querido (s) amigo (s),           

Sabemos que Jesús está presente entre nosotros.   Los evangelios nos dicen que los enfermos vinieron a él para sanar; Y porque amó tanto (tuvo compasión), fueron curados y hechos enteros.

Elena:          El Apóstol Santiago nos recuerda y nos urge, cuando escribió:   “¿Alguno de ustedes está en problemas? Entonces ora.   ¿Alguno de ustedes está de buen humor?   Entonces canta una canción de alabanza.   ¿Alguno de ustedes está enfermo?   Entonces llamad a los ancianos de la iglesia y pídeles que oren por los enfermos y los unjan con aceite en el nombre de Jesús, el Cristo.   Y esta oración ofrecida en fe les hará bien (hacerlos enteros de nuevo), … “

Oración de la liturgia de la unción

Jim: Gloria, ¿para qué quieres que oremos?           

                 

Bendito seas, amando a Dios,

El amor ilimitado de tu presencia nos bendice en cada momento de nuestras vidas.   Que su compasión irradie de cada uno de nosotros y traiga la bendición de su tierno toque a Gloria.

Elena:          Gloria, el mismo Espíritu que se movió en Jesús, mora en ti y te llena de amor y paz más allá de toda imaginación.   Todos sus seres queridos presentes en su vida y en la Comunión de los Santos se unan a nosotros en nuestra oración de hoy.   En su nombre y en el nombre del Santo, ahora te ungimos.  Gloria, que se fortalezca con esta santa unción y se libere de todo daño y ansiedad;Puede usted saber la presencia pacífica de dios!   Oremos también por todos los que están enfermos, y todos los que están dedicados al cuidado de los enfermos. 

[Jim ungirá la cabeza]

Jim:             Gloria, eres abrazado por el Santo y por todos los que están orando por ti. Pueden ustedes sentir el poder del amor divinocurándolo, confortándolo y fortaleciéndolo ….En el nombre de Dios, nuestro Creador,

Jesús nuestro hermano, y el Espíritu Santo, nuestra Sabiduría. AMÉN

[Elena ungirá las manos y los pies]

Elena:          A través de esta santa unción, que se le recuerde que usted es el amado de Dios y que Dios te libere de toda ansiedad, quebrantamiento y malestar mientras experimenta el misterio del sufrimiento en su vida …. En el nombre de Dios, nuestro Creador, Jesús nuestro hermano, y el Espíritu Santo, nuestra Sabiduría. AMÉN

[Todos los presentes extienden las manos o la colocan en Gloria mientras Jim y Elena oran …]

 J & E:         Que el Santo que te creó,

Gracia con fuerza para el viaje,

Y en vuestra plenitud y santidad, vuestra oración sea un gracioso “gracias” por todas las bendiciones de vuestra vida.   AMÉN.

El rezo de Jesús

Comunión

Canción de clausura: “Todo está bien” [Karen Drucker]     

Todo está bien,

Puedo descansar,

Estoy a salvo,

todo está bien.

Todo está bien,

todo está bien,

todo está bien,

todo está bien.

Bendición final

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Apostolorum Apostola, Santa María Magdalena


22.7.16.

22.07.16 | 11:32.

La Congregación del Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos, por deseo expreso del Papa Francisco, ha elevado la memoria de santa María Magdalena a la categoría de fiesta en el Calendario Romano General (22 de julio), creando para ello, por deseo del mismo papa, un prefacio propio titulado Apostolorum Apostola (Apóstol de los apóstoles), donde se dice que ella ha sido la iniciadora de la misión cristiana, realizando una tarea superior (y anterior) a la de los mismos apóstoles. Cf. texto vaticano, en latín, con el antiguo y nuevo título de Magdalena como apóstol de los apóstoles, en
https://press.vatican.va/content/salastampa/es/bollettino/pubblico/2016/06/10/magdala.html:

En verdad es justo y necesario, es nuestro deber y salvación, aclamarte siempre, Padre todopoderoso,de quien la misericordia no es menor que el poder, por Cristo, Señor nuestro.

El cual se apareció visiblemente en el huerto a María Magdalena, pues ella lo había amado en vida, lo había visto morir en la cruz, lo buscaba yacente en el sepulcro, y fue la primera en adorarlo resucitado de entre los muertos; y él la honró ante los apóstoles con el oficio del apostolado para que la buena noticia de la vida nueva llegase hasta los confines del mundo.

Por eso, Señor, nosotros, llenos de alegría, te aclamamos con los ángeles y con todos los santos, diciendo: Santo, Santo, Santo…

Este prefacio papal pone a María Magdalena por encima de presbíteros, obispos y apóstoles. Según el famoso adagio lex orandi lex credendi(la oración es el principio de fe de la Iglesia), este prefacio ha de tener grandes consecuencias en la visión de la mujer en la Iglesia y en los ministerios de la comunidad. En ese contexto, este día (22.7.16), quiero recordar la obra y figura de M. Magdalena.

(Imagen y 3. Icono tradicional de Magdalena como apóstol de los apóstoles, enseñado a Pedro con los Doce
Imagen 2: María Magdalena, patrona de los dominicos estudiantes; escalera principal del convento de S. Esteban, Salamanca).

La primera historia.

La llamaban Magdalena porque era de Magdala, ciudad de pescadores de la costa del mar de Galilea, entre Cafarnaúm y Tiberíades, con más de doscientos barcos y famosa por sus salazones. Ella formó parte del círculo más íntimo de los discípulos de Jesús, que caminaba con Doce varones, para simbolizar a las tribus de Israel, pero que tenía otros amigos, varones y mujeres, quizá más importantes que los Doce.

Todos los seguidores/itinerantes, varones y mujeres, eran íntimos de Jesús: con él andaban, comían y dormían en los campos y aldeas. Entre ellos se cuenta María de Magdala. El evangelio de Lucas (Lc 8, 2-3; cf. también Mc 15, 40-41) supone que ella, y otras mujeres, sostenían económicamente a Jesús y a su grupo. Pero ese dato es posterior y resulta, por lo menos, ambiguo pues en el grupo de itinerantes de Jesús no parece que hubiera patronos para sostener a unos «clientes» pobres. Magdalena no era una rica patrona sedentaria, sino discípula itinerante de Jesús y así subió con él a Jerusalén, compartiendo los discípulos todo lo que tenía.

La tradición posterior ha pensado que había sido prostituta y que los males de los que Jesús le había liberado eran males de prostitución. Pero los evangelios no dicen nada de eso, a no ser que la identifiquemos con la mujer de Lc 7, 37-39. De todas maneras, aunque hubiera sido prostituta, ello no sería deshonra en sentido cristiano, pues el mismo Jesús dijo a los sacerdotes y presbíteros de Jerusalén: «Las prostitutas os precederían en el Reino de los cielos”» (cf. Mt 21, 31-32).

En realidad, sólo se le llama prostituta desde el siglo II, para destacar la misericordia de Jesús con ella y para rebajar su autoridad. En esa línea se ha dicho también que estuvo endemoniada (Lc 8, 2-3), pero ese dato ha de tomarse en sentido simbólico: Magdalena sería un ejemplo de las mujeres curadas por Jesús. Pero la primera tradición no dice nada de eso.

PARA NO MULTIPLICAR LAS MARÍAS,

a partir del evangelio de Juan, la tradición ha supuesto que María Magdalena era la hermana de Lázaro y de Marta.

Pero María, la hermana de Lázaro y de Marta (cf. Lc 10, 39 y en Jn 11-12), pertenece a un contexto social y familiar diferente. Más sentido tendría identificar a Magdalena con la mujer de la unción (Mc 14, 3-9, pues las dos se vinculan a la muerte y pascua de Jesús, pero tampoco esto es probable.

Podemos afirmar que Magdalena estuvo en la Última Cena, aunque no sabemos cómo fue esa cena, pues los evangelios sinópticos (Marcos, Mateo y Lucas) la han interpretado de un modo simbólico, para destacar la culminación del camino de Jesús y el fracaso de los Doce. De todas maneras, la importancia de Magdalena no está en su presencia o no presencia en la Cena, sino en el hecho de que ella (con otras mujeres), fue la única «cristiana» que vio morir a Jesús, aunque no pudo «enterrarle» (pues no tenía autoridad para ello; cf. Mc 15, 40. 47; 16, 1-8).

Ella ha sido la primera que ha descubierto, por experiencia de amor personal, que Jesús está vivo, que no se le puede buscar en el sepulcro. En ese sentido, su amor de mujer jugó un papel esencial en el nacimiento de la iglesia cristiana, como lo muestran los textos de la pasión de los cuatro evangelios y de un modo especial el final canónico de Marcos (Mc 16, 9) y Jn 20, 1-18. Así lo supone el comienzo del libro de los Hechos (Hech 1, 13-14), aunque después no hable más de ella.

Celso, el más lúcido de los críticos anticristianos del siglo II, entiende bien los evangelios cuando dice que Magdalena (¡a quien él presenta como una mujer histérica!) fue la fundadora del cristianismo.

Ciertamente, lo fue, pero no por ser histérica, sino por ser una mujer clarividente, capaz de interpretar desde el amor luminoso la historia de la vida y el misterio de la persona de Jesús. Esto es mucho más escandaloso y profundo que lo que algunos críticos afirman cuando dicen que ella fue amante e incluso esposa de Jesús. Ella estuvo en el comienzo de la experiencia pascual y fue iniciadora de la experiencia de la Iglesia.

Los sinópticos presentan a María entre las discípulas que habían seguido y servido a Jesús en Galilea, llegando con él hasta Jerusalén, donde permanecieron a su lado hasta la cruz, a diferencia de los discípulos varones que escapan (cf. Mc 15, 50-51; cf. Mt 27, 56.61; 28, 1). Ella aparece ante el sepulcro vacío y debe trasmitir el anuncio de pascua (Mc 15, 47; 16, 1). En esa línea avanza el final canónico de Marcos que dice expresamente que Jesús resucitado se apareció primero a ella (en contra de Pablo que dice que se apareció primero a Pedro: 1 Cor 15, 5). Ella es, según eso, la primera portadora del mensaje cristiano y resulta lógico que, en sentido simbólico, haya sido identificada con la mujer de la unción, de la que he tratado antes.

El evangelio de Juan ha mantenido la tradición de la presencia de María Magdalena en la tumba vacía (Jn 20, 1), pero después ha desarrollado de un modo ejemplar su experiencia pascual, presentándola como primer testigo de la resurrección, en clave de amor.

Ella ha estado ante la cruz de Jesús, aunque su papel queda eclipsado por la madre y el discípulo amado (Jn 19, 25-27) y después, en contra de la tradición sinóptica (cf. Mc 15, 47 par), no aparece como testigo de la sepultura (Jn 19, 38-42). Sin embargo, ella va al sepulcro el domingo de pascua (sin llevar perfumes para ungir a Jesús, en contra de Mc 16, 1).
Según el evangelio de Juan, Magdalena viene dos veces al sepulcro de Jesús.

Primero sola; ya no necesita de las compañeras que según la tradición iban con ella. Va sola pero actúa como representante de todos los discípulos, de manera que, cuando encuentra el sepulcro vacío (Jn 20, 1), vuelve a contárselo a Pedro y al discípulo amado, representantes oficiales de la comunidad. Después con dos discípulos, que descubren el sepulcro vacío y se marchan. Los otros discípulos se van, pero ella queda en el huerto del sepulcro, con la intención de recoger a un muerto (a un cadáver) y llevárselo a su casa (para vivir de esa manera, para siempre, con la muerte). Pero Jesús se le muestra como vivo, jardinero del nuevo jardín de la vida y que le llama por su nombre y le dice:

María…Vete a donde mis hermanos y diles: subo a mi Padre y vuestro Padre, a mi Dios y a vuestro Dios. Vino María Magdalena y anunció a los discípulos: he visto al Señor y me ha dicho estas cosas (Jn 20, 16-18).

Sin duda, en su forma actual, este relato es posterior, y responde a la teología del evangelio de Juan. Pero transmite un elemento clave del principio del cristianismo: la experiencia pascual (es decir, el origen de la Iglesia) es un recuerdo y encuentro de amor.

En un primer momento, María ha ido al sepulcro para honrar a un cadáver, como han a lo largo de los siglos las mujeres (y los hombres) amantes de la historia. Pero su búsqueda de un «cuerpo» se transforma en encuentro de una persona, de la persona amiga que le acoge (se deja tocar) para darle después una tarea: ¡vete! Mirada así, la experiencia pascual no es sentimentalismo ni pura evasión, sino el descubrimiento de una fraternidad viva: «Vete y diles a mis hermanos… Y María fue…». La buscadora de un muerto se convierte así en compañera y animadora de vivos, como fundadora de la Iglesia.

Desde tiempo antiguo (por lo menos desde Celso, siglo II d.C.), se ha criticado a la Iglesia diciendo que el cristianismo es una experiencia visionaria de un grupo de amigos (de amigas) de Jesús y que el testimonio que ellos han dado, diciendo que le han visto, es un testimonio sesgado, pues los amigos/as ven cosas que no son objetivas, desfigurando la realidad. En contra de eso, los testigos de la resurrección de Jesús (los fundadores de la Iglesia) debían haber sido personas «neutrales», políticos como Herodes o Pilato, economistas, filósofos…

Quienes así argumentan no saben lo que dicen, pues la experiencia pascual es precisamente un testimonio de amistad creadora. Hay realidades que sólo los amigos logran descubrir y trasmitir. La realidad pascual es una de esas o, mejor dicho, «realidad de amor» en su sentido más profundo. Sólo quien ama vive de verdad y expande vida. Así lo ha comprendido María Magdalena, mujer abierta a la experiencia del amor, sobre el huerto de la muerte, convertido en nuevo paraíso, lugar donde la vida empieza. Lógicamente, María, a amante, la amiga, ha sido y sigue siendo para la Iglesia la primera que ha dado testimonio de la resurrección.

2. La tradición posterior.

Se ha dividido en torno a María Magdalena.

(a) La línea más oficial ha destacado los aspectos devocionales, privados y penitenciales, de su figura, que ha quedado expulsada de la vida pública de la iglesia, en contra del testimonio de Jn 20, 1-18 y de Mc 16, 9 (donde se dice que ella fue la primera que vio a Jesús resucitado).

(b) Pero otra tradición, atestiguada por algunos apócrifos, ha presentado a María Magdalena como signo de una iglesia donde las mujeres han ejercido las tareas fundamentales de predicación y presidencia de comunidades, que han venido a estar básicamente definidas por la presencia femenina, rompiendo así la división de espacios que marcaba la tradición romano-helenista (los varones en la vida pública, las mujeres en casa).

En un momento dado, la iglesia más organizada ha podido creer que el signo de María Magdalena podía implicar un peligro para el buen orden comunitario. Por eso ha querido relegar (y ha relegado) a las mujeres al plano privado de la obediencia y de la escucha de la palabra (así lo indican las cartas pastorales: 1 Tim, Tito). Pero en el fondo de ese intento sigue latiendo la importancia que ha tenido María Magdalena, tal como lo atestigua Celso y lo recuerdan diversos textos gnósticos donde María Magdalena aparece como figura dirigente dentro de la iglesia, al lado (y a veces en contra) de Pedro.

La relectura de la figura y función de María Magdalena en el nacimiento del cristianismo constituye uno de los temas y tareas más importantes de la exégesis bíblica en los próximos decenios. En ese contexto podemos citar a Celso, filósofo pagano, que mediados del siglo II d. C., escribe un libro donde define al cristianismo como creación de un grupo de mujeres histéricas:

Pero debemos examinar la cuestión de si alguien que realmente había muerto ha resucitado alguna vez con el mismo cuerpo… Pues bien ¿quién fue el que vio eso? Una mujer histérica, como tú dices, o quizá algunas otras que habían sido embaucadas por la misma brujería, o que lo soñaron, hallándose en un estado peculiar de mente o que, motivadas por su mismo deseo, tuvieron una alucinación fundada en alguna impresión equivocada (una experiencia que ha sucedido a miles de personas); pero es todavía más probable que ellas quisieran impresionar a otros contándoles una fábula fantástica, de tal manera que a través de esta historia, propia de animales sin razonamiento, ellas tuvieran una oportunidad de impresionar a otros mendigos . Texto citado por Orígenes, Contra Celso, 2, 55. Traducción castellana en D. Ruiz Bueno, Orígenes. Contra Celso, BAC, Madrid 1967. Comentario del pasaje en. M. MacDonald, Las mujeres en el cristianismo primitivo y la opinión pagana. El poder de la mujer histérica, Verbo Divino, Estella 2004, 127-128.

Celso critica a los cristianos desde una perspectiva social y religiosa, y lo hace destacando y condenando la función de las mujeres (especialmente de Magdalena) en la vida de Jesús y en el comienzo de la iglesia. El filósofo Celso, lo mismo que otros pensadores romanos y/o helenistas del siglo II d.C., condenó el carácter «femenino» de la iglesia, pues pensó que ella mezclaba dos planos que debían hallarse separados: el oficial, dirigido por sacerdotes y varones, que forman la estructura dominante de la sociedad; el privado, propio de la casa, donde han de estar las mujeres. A su juicio, el cristianismo negaba la distinción de esos niveles, destruyendo así la estructura jerárquica de la sociedad y del Imperio.

Ciertamente, desde mediados del siglo II, la administración oficial de la iglesia (impulsada por las Cartas pastorales, atribuidas a Pablo: 1 y 2 Tim, Tito) tiende a ratificar la estructura patriarcal del entorno, siguiendo modelos helenistas. Pero gran parte del poder real de las iglesias antiguas (y a veces la misma autoridad oficial) se hallaba en manos de mujeres, de tal forma que Celso y otros pensaron que el cristianismo era una religión femenina. Esas comunidades dirigidas por mujeres asumen y desarrollan algunos de los elementos básicos del mensaje de Jesús quien, al situarse ante las mujeres de su tiempo, criticando tradiciones que parecían inmutables por hallarse avaladas por Moisés (cf. Mc 10, 1-12), dijo que al principio no fue así.

Ciertamente, los Doce habían sido varones, como los doce patriarcas de Israel, en su misión israelita, pero en el conjunto del movimiento de Jesús y de la Iglesia primitiva hay otras líneas de autoridad y testimonio en la que no se distinguen las funciones de varones y mujeres (cf. Gal 3, 28).

Por eso es importante recuperar la función de las mujeres en el comienzo de la iglesia. Sin duda, el relato de las apariciones de Pablo (1 Cor 15), escrito desde una perspectiva masculina, no recoge la presencia de las mujeres. De un modo convergente, para potenciar el evangelio en la sociedad greco-romana (con religión oficial masculina), Lucas contará la historia del primer cristianismo a partir de los varones (en Hechos); por su parte, y las Cartas Pastorales (1-2 Tim, Tito) intentarán imponer la estructura masculina de la autoridad cristiana.

Pero al principio de la iglesia no fue así. Las mujeres de la pascua no dependían de Pedro y de los Doce, ni recibieron su autoridad o mensaje a través de unos varones, sino que eran cristianas autónomas y creadoras de comunidad, de manera que, según Celso y otros, la iglesia pudo presentarse como lugar peligroso, pues negaba la distinción de poder entre los sexos. Al principio no había superioridad de Pedro sobre las mujeres, sino caminos convergentes y fraternos, de varones y mujeres que compartían una misma experiencia y tarea, superando el modelo social de un mundo que daba a los hombres el poder en la ciudad y encerraba a las mujeres en la casa.

Ciertamente, las mujeres de la pascua deben compartir su experiencia con Pedro y los otros discípulos (cf. Mc 16; Mt 28: Lc 24; Jn 20) y parece que lo han hecho (a pesar de las divergencias entre los diversos textos), pero no para someterse a Pedro y quedar subordinadas, sino para ofrecer un testimonio de Jesús, que se abre y expresa de formas distintas y complementarias por varones y mujeres. En esa línea el origen múltiple del mensaje pascual (mirado desde varones y mujeres) constituye un dato irrenunciable de la iglesia, aunque algunas comunidades posteriores lo hayan silenciado, impidiendo que las mujeres accedan a los ministerios.

Las mujeres del comienzo de la Iglesia descubrieron y expandieron (cultivaron) una forma de presencia pascual que pudo servir para superar el riesgo apocalíptico de aquellos cristianos, que tendían a esperar pasivamente la vuelta de Jesús. Ellas supieron que lo esencial era amar como Jesús había amado, retomando su experiencia mesiánica, a partir de los excluidos y crucificados de la sociedad. Así ofrecieron una contribución esencial al movimiento cristiano. Pero más que el influjo tuvieron unas mujeres aisladas importa el hecho de que las iglesias primitivas fueron lugares de convivencia abierta (escandalosa, según muchos), comunidades que superaban la división de jerarquías y funciones establecidas (el hombre en público, la mujer en casa), abriendo así un camino que después ha sido en parte silenciado o negado por la institución masculina de la Gran Iglesia.

Respondiendo a las interpretaciones sesgadas de algunos exegetas (y novelistas) parece claro que María amó a Jesús, pero también le amaron otros, como sabe F. Josefo («aquellos que le amaron le siguieron amando tras la muerte», cf. Ant XVI, 3, 63), de manera que no tenemos fundamento para decir que ella había sido la mujer secreta o la amante de Jesús. Magdalena fue, sin duda, de los que amó a Jesús y le siguió amando tras la muerte, viéndole así vivo, como supone Mc 16, 9 y Jn 20, 1-18. Pero hacerla novia o esposa de Jesús es fantasía.

Ciertamente, un evangelio apócrifo afirma que «el Señor amaba a María más que a todos los discípulos y la besaba en la boca repetidas veces» (Ev. Felipe 55). Pero ese mismo texto interpreta a María como Sofía, es decir, como expresión del aspecto femenino de Dios y no como persona de carne y hueso, con lo cual excluye todo matrimonio carnal entre Jesús y María
Ni este «Señor» del Ev. de Felipe, que besa a María en la boca, es el Jesús histórico; ni María es la persona real de la que hablan los evangelios canónicos. Ambos son figuras del amor eterno, expresión y signo de la hierogamia original.

Por eso, los que toman ese pasaje para poner de relieve los «amores carnales» de Jesús no saben entender los textos. Las relaciones entre Jesús y María Magdalena fueron, sin duda, mucho más «carnales» que lo que supone este pasaje, pero nada nos lleva a suponer que han de entenderse en sentido matrimonial. El celibato de Jesús nos sitúa en otra línea.

Sea como fuere, la figura de María Magdalena fue muy importante en la iglesia, de manera que podemos verla como iniciadora real del movimiento cristiano, como mujer capaz de amar y de entender las implicaciones del amor de Jesús, y no como una simple figura de lo femenino que debe perder su feminidad y convertirse en varón para ser discípula de Jesús, como supone el otro pasaje básico de los evangelios de línea gnóstica que tratan de ella: «Simón Cefas les dice: Que María salga de entre nosotros, pues las hembras no son dignas de la vida. Jesús dice: He aquí, le inspiraré a ella para que se convierta en varón, para que ella misma se haga un espíritu viviente semejante a vosotros varones. Pues cada hembra que se convierte en varón, entrará en reino de los cielos» (Ev. Tomás 114; cf. Gen 3, 16).

http://blogs.periodistadigital.com/xpikaza.php/2016/07/22/p387394#more387394

ARCWP: HOMILIA EN LA ORDENACIÓN AL DIACONADO DE BLANCA AZUCENA CAICEDO. Olga Lucia Álvarez Benjumea ARCWP*


HOMILÍA EN EL DÍA DE LA ORDENACIÓN DE

BLANCA AZUCENA CAICEDO CAICEDO.

Medellín, Julio 22 del 2017

 

Hoy es día muy importante en la vida de la Iglesia, de nuestro Movimiento y de   Blanca Azucena. Ella, nos invita, a que le acompañemos, a celebrar en plenitud su Bautismo. Esta es la razón por la que aquí nos encontramos con familiares y amigos acompañándola.

Además la Iglesia celebra el día de nuestra Santa Patrona, la Apóstol de los Apóstoles: Santa María Magdalena.

La Historia sobre Maria de Magdala, no ha sido muy justa, con ella. Como diríamos hoy, más bien la hemos visto víctima de los “falsos positivos” que el patriarcado le ha montado.

Menos mal que a la luz de hoy, siglo XXI, descubrimos que la realidad de las mujeres en el movimiento de Jesús, fue modificada, en los primeros años de la Iglesia. Era normal que las comunidades cambiaran sus tradiciones, según sus intereses y eso le fue restando importancia a la presencia de las mujeres, para estar de acuerdo con la sociedad y la cultura del Imperio Romano. Todo esto ha generado confusión y desorientación, lo que ha impedido que se reconozca el papel de las mujeres en la Iglesia.

Queda claro en los Evangelios, una alta estima por la labor llevada a cabo por las mujeres, en especial la presencia de Maria de Magdala, en el Movimiento de Jesús y el nacimiento de la Iglesia. También salta a la vista la forma como se nota la exclusión de las mujeres, reduciendo la importancia de su labor como   anunciadoras del Evangelio y portadoras del Legado de Jesús. Así consta en Actas de los Apóstoles (Hechos 1:21-22) referente a la elección de Matías.

Si bien, es cierto la Iglesia ha dado pasos, ante el reconocimiento del papel de las mujeres, desde Vaticano II en 1963, debido a los estudios de investigación bíblica, y al descubrimiento de los manuscritos del Qumrán. Lo que ha hecho que la Iglesia institucional, se venga cuestionando su postura tradicional inspirada en la filosofía de Aristóteles y la teología de Tomás de Aquino.

Actualmente con el Papa Francisco, las mujeres hemos sentido en su lenguaje, un reconocimiento, nos considera importantes y valiosas, pero el Canon 1024, sigue vigente, del cual se nos excluye para el ministerio, al servicio de la Iglesia.

Sin Maria de Magdala y las demás mujeres, la Iglesia no existiría. Si mal no recordamos los varones, atemorizados, desilusionados, y ante la persecución judía y romana, así como la condena a muerte de Jesús, sin un juicio previo, habían desistido al proyecto, al que habían sido convocados y llamados por Jesús: la realización de un nuevo Reino. En el que alcanzaron a soñar y tener ilusiones de ocupar los primeros puestos.

La Iglesia nunca ha negado el papel primordial del anuncio de la Resurrección,el hecho más importante del cristianismo,a través de Maria de Magdala. A la muerte de Jesús, las mujeres no siguieron a los varones. Las mujeres de manera autónoma, siguieron construyendo comunidades cristianas y son ellas las primeras cristinas en la Historia de la Iglesia, en el seguimiento a Jesús.

Durante los primeros años del cristianismo, se conoce del servicio de las mujeres consagradas como diaconas, presbiteras y obispas. Algo de ello encontramos en Romanos 16:1 y Colosenses 4:15. Se les reconocía atendiendo comunidades y celebrando la Eucaristía en sus casas, dando a conocer la Buena Nueva.

Tendríamos mucho más para compartir acerca de la pionera del cristianismo, ni la Historia, ni la Iglesia ha podido arrebatar y borrar su labor desempeñada en el cristianismo primitivo. Su seguimiento a Jesús, ha permitido dejar huellas   escapadas de la pluma de los 4 evangelistas, ya que no la pudieron negar y reconocen ya que los 4 hacen mención de ella, a pesar de prevalecer el querer mostrar por encima de todo solo la labor apostólica de los varones que incluso trabajaron y compartieron con ella, en la vivencia del discipulado cerca de Jesús.

Nos ha tocado, hoy, a las Presbiteras Católicas Romanas, continuar el Legado de Jesús entregado a nuestra Santa Patrona. No nos podemos dar el lujo a prestarnos a negar, demorar, o ignorar el papel tanto de ella, como el de las otras mujeres. Las actuales condiciones de la Iglesia en este momento ameritan nuestra presencia urgente en Ella.

No nos dejemos desmotivar por las críticas, aislamiento, burlas, o condicionamiento de una sociedad y una cultura que aunque aparentemente habla de la igualdad entre mujeres y hombres, pero “de dientes para afuera”, nos sentimos llamadas a continuar en la construcción de las comunidades cristianas como en los inicios de la Iglesia. Involucrándonos cada vez más, como Maria Magdalena y ellas lo hicieron dentro de un ministerio eclesial. Con ello estaríamos respetando y rescatando la tradición, dando apertura, a elementos originales para el hoy, dando a conocer el rostro femenino del Evangelio.

Para quienes no conocen la Historia de nuestro Movimiento, este año hemos cumplido 15 años de existencia. Estamos en los 5 continentes, en 13 países, más de 250 mujeres, no en competencia con los varones. Pero si, en desobediencia santa, anunciando la Buena Nueva, entre los desposeídos y marginados de esta sociedad.

El compromiso, que hoy, hace Blanca Azucena, también es nuestro y quienes estamos presente en esta sencilla, pero sentida ceremonia, para acompañarla, la apoyamos, y sabemos que empieza un camino plagado de sorpresas, pero a su vez es la linda aventura, de la misionera que se adentra desde donde sea a llevar el mensaje liberador a todo oprimido/a, haciendo brillar, la Justicia, la Paz y Reconciliación, como servidora fiel al Evangelio, dentro de la Iglesia.

Amén.

 

*Presbitera católica

Mártires colombianos: testigos hasta el punto de muerte


Junno Arocho Esteves

22 de julio de 2017

Mártires colombianos: testigos hasta el punto de muerte

Un hombre agita una bandera colombiana en Bogotá, Colombia, en esta foto de archivo 2015. El Papa beatificará al obispo Jesús Emilio Jaramillo Monsalve de Arauca y al padre Pedro Ramírez Ramos en el país sudamericano el 8 de septiembre. (Crédito: CNS photo / John Vizcaino, Reuters)

En el contexto de una evaluación política curativa, el Papa Francisco visitará Colombia a principios de septiembre y beatificará a dos mártires colombianos que simbolizan la fuerza y ​​la gracia de los llamados a presenciar el Evangelio frente a la adversidad y la persecución.

ROMA – El decreto del Papa Francisco para beatificar a dos mártires colombianos de dos épocas problemáticas en la historia del país sudamericano subraya su llamado a un testimonio valiente en medio de la violencia y la persecución.

“¿Qué necesita hoy la iglesia?”, Preguntó el Papa a principios de este año en un servicio de oración en la noche en honor a los cristianos muertos bajo el nazismo, el comunismo, las dictaduras y el terrorismo.

“Mártires y testigos, esos santos cotidianos, esos santos de una vida ordinaria vivían con coherencia. Pero también necesita a aquellos que tienen el coraje de aceptar la gracia de ser testigos hasta el final, hasta el punto de morir “, dijo.

La vida del obispo Jesús Emilio Jaramillo Monsalve, de Arauca, asesinado por las guerrillas marxistas colombianas en 1989, y el padre Pedro María Ramírez, muerto al inicio de la guerra civil colombiana en 1948, parecen encajar en la descripción del Papa.

Su beatificación, que tendrá lugar durante la visita del Papa a Colombia del 6 al 10 de septiembre, llega en un momento en que la nación se centra en la reconciliación tras décadas de conflicto que vio la muerte de más de 200.000 personas.

Jaramillo estaba entre los cientos de miles de vidas inocentes atrapadas en el fuego cruzado de la guerra civil de 52 años entre las fuerzas gubernamentales y los grupos guerrilleros.

Nacido en Santo Domingo, Colombia, en 1916, ingresó en los Misioneros Xaverianos y fue ordenado el 1 de septiembre de 1940. En 1984, San Juan Pablo II lo nombró primer obispo de la Diócesis de Arauca.

Fue allí donde habló no sólo contra las atrocidades cometidas por el Ejército de Liberación Nacional (ELN), sino que también denunció el clima de temor entre las personas a las que servía.

“Tenemos miedo de los grupos armados. Todos tenemos miedo, todos guardamos silencio por temor. Y lo peor de todo, mis hermanos y hermanas, matamos por miedo “, dijo en una homilía sin fecha. “La gran enfermedad de Colombia se llama miedo. El miedo nos mata a todos.

Fueron sus palabras de aliento contra la violencia lo que llevó al ELN a ordenar su secuestro el 2 de octubre de 1989, mientras visitaba las parroquias locales. Según su biografía, uno de sus párrocos, el padre José Muñoz Pareja, se negó a dejar su lado.

Sin embargo, después de orar juntos y absolver los pecados de los demás, Jaramillo le dijo a Muñoz que se fuera de la obediencia. Cuando el sacerdote se alejó, oyó que el obispo le decía a sus captores: “Hablaré con quien quieras que hable, pero por favor no le hagas nada a mi hijo”.

A pesar de las seguridades de los captores de que ningún daño llegaría al obispo, Munoz encontró su cuerpo al día siguiente, acostado sobre su espalda en forma de una cruz. Jaramillo recibió dos disparos en la cabeza con un rifle de asalto.

Por su valor y su testimonio, los fieles de Arauca honraron al obispo con un título grabado en su lápida que dice: “profeta y mártir de la paz”.

Cuarenta años antes del martirio de Jaramillo, un sacerdote local en Armero, ubicado a unas 200 millas al sur de Medellín, escribió rápidamente su última voluntad y testamento.

“Quiero morir por Cristo y la fe”, escribió, antes de que una multitud enojada lo arrastrara fuera, lo linchó y mató su cuerpo con machetes.

El martirio del padre Pedro María Ramírez se produjo durante otro período difícil en la historia de Colombia, cuando las tensiones entre liberales y conservadores se agudizaron tras la muerte del candidato presidencial liberal Jorge Eliécer Gaitán.

La muerte de Gaitán provocó una guerra civil de 10 años conocida en Colombia como “La Violencia”. También dio origen a los grupos guerrilleros izquierdistas que lucharon contra el gobierno en el siglo XX.

Violentos miembros del Partido Liberal en Armero se rebelaron contra el asesinato de Gaitán y acusaron a la Iglesia Católica de conspirar con el Partido Conservador debido al aparente apoyo de la iglesia y continuos llamados a la no violencia.

El 9 de abril de 1948, una multitud enojada intentó arrestar a Ramírez y destruyó la propiedad de la iglesia, así como un convento cercano. Fue capaz de escapar con la ayuda de una monja, la hermana Miguelina.

Sin embargo, a pesar de los llamamientos de los feligreses y familiares para que abandonaran la ciudad, Ramírez se negó y, al día siguiente, continuó su trabajo celebrando misa, escuchando la confesión de un paciente enfermo en un hospital y visitando a prisioneros.

A su regreso, dio a las monjas las últimas huestes consagradas que quedaban en el tabernáculo, guardando uno para sí. Luego permaneció en el convento para escribir su última voluntad y testamento cuando se oyó el sonido de la muchedumbre que regresaba.

Después de agradecer a su obispo por permitirle convertirse en un “sacerdote de Dios”, Ramírez escribió palabras de aliento a su familia y su rebaño.

“A mi familia, digo que seré el primero en el ejemplo que deben seguir: Morir por Cristo. A todos, con especial afecto, los cuidaré desde el cielo “, escribió.

El obispo Fabio Duque de Garzón, la diócesis donde Ramírez sirvió, dijo que, después de su muerte violenta, la multitud lo decapitó y “jugó con su cuerpo y su cabeza” antes de que sus restos fueran rescatados de una profanación más profunda.

“Los que rescataron su cuerpo fueron las prostitutas, que custodiaron ferozmente el cementerio para que la multitud no continuara maltratándolo”, dijo Duque en una entrevista concedida el 8 de julio al diario colombiano El Tiempo .

Incluso después de su muerte el 10 de abril de 1948, Ramírez siguió siendo calumniado y acusado de llamar a la violencia contra miembros del Partido Liberal.

El 8 de junio, Gloria Gaitán, hija de Jorge Eliécer Gaitán, escribió una carta al arzobispo Ettore Balestrero, nuncio apostólico en Colombia, pidiendo al Papa que reconsiderara su decisión.

Gloria Gaitan reclamó muchos sacerdotes durante ese tiempo, incluyendo Ramírez, usó el púlpito para “denigrar y calumniar vilipendamente” la candidatura de su padre, llevando a su muerte.

“(Padre Ramírez) fue desafortunadamente linchado por haber negado el mensaje de Cristo”, escribió.

Sin embargo, Vicente Silva Vargas, periodista y autor de una próxima biografía sobre Ramírez, dijo que, incluso después de la muerte, el sacerdote fue culpado por varios acontecimientos en una campaña de difamación para justificar su asesinato.

Más notablemente, una frase erróneamente atribuida a él se cree que es una maldición que causó la explosión de un volcán cercano en 1985 que cobró la vida de más de 25.000 personas.

Silva dijo a El Tiempo que la frase, “En Armero, ninguna piedra permanecerá anulada”, fue dicho por el arzobispo de Ibagué, una diócesis vecina; El arzobispo compartió el nombre del sacerdote asesinado: Pedro María.

Duque dijo que, contrariamente a las falsas acusaciones, Ramírez permaneció un ejemplo de santidad y virtud heroica hasta su último aliento.

“La expresión más clara de su santidad es que, en el momento de su muerte, perdonó a los que lo mataron”, dijo.

https://cruxnow.com/global-church/2017/07/22/colombian-martyrs-witnesses-point-death/

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