Aborto legal: Religiosas y religiosos se manifestaron a favor del derecho a decidir


Una teóloga metodista, una pastora pentecostal y una especialista en género e Islam leyeron la proclama en nombre de religiosxs a favor del proyecto (Lucia Navarro)

ARGENTINA-

En el Día Internacional de Acción por la Salud de las Mujeres cientos de personas acompañan la presentación, por octava vez, del proyecto de ley por la Interrupción Voluntaria del Embarazo (IVE), impulsada por la Campaña Nacional por el Derecho al Aborto Legal, Seguro y Gratuito. Recordemos que en 2018 el proyecto fue aprobado por Diputados pero rechazado en el Senado.

Un grupo de religiosos y religiosas que están a favor del proyecto, convocados/as por Católicas por el Derecho a Decidir, dio a conocer un comunicado que publicamos a continuación:

Hoy nos hacemos presentes aquí juntos a todxs ustedes, nos convoca la defensa de la vida, y como siempre nos convoca el sentir de nuestro pueblo, hoy distintas expresiones identitarias de fe decidimos una vez más acompañar la presentación del proyecto de Interrupción Voluntaria del Embarazo de la Campaña Nacional por el Derecho al Aborto Legal, Seguro y Gratuito, y juntxs proclamamos que “el aborto legal es vida”.

Entendemos que nuestra religión es libertaria, está basada en la creencia en un Dios Padre-Diosa Madre que de ningún modo respalda la opresión a la que las jerarquías religiosas y el oscurantismo clerical quieren someter a las mujeres y cuerpos gestantes.

Fuimos creadas para elegir sobre nuestro propio cuerpo, deseos y placer a pesar de que intentan silenciar nuestras voces con la falsa doctrina de la culpa. Nos calumnian, pero no les tememos y ante sus amenazas sabemos que no lograrán intimidarnos porque estamos cada vez más unides alrededor de los ejemplos que nos dieron las primeras discípulas, las primeras maestras, las primeras sacerdotisas cristianas, las primeras rabinas judías, las primeras imamas islámicas.

El tema del aborto también salió del closet dentro de las iglesias. Demostramos que ningún libro sagrado contiene lo que el fundamentalismo dogmático religioso inventa acerca del aborto como un pecado para seguir sometiendo a la mujer. El fundamentalismo le teme al empoderamiento de nuestra libertad y diversidad, no para evitar el aborto legal ni las muertes por aborto clandestino que callan. Lo que temen las jerarquías eclesiales es el ejercicio de nuestro empoderamiento, de nuestra autodeterminación y libertad de conciencia Temen que, empoderades, exijamos la necesaria separación de la Iglesia y Estado para encaminarnos hacia un verdadero Estado Laico.

A pesar de su accionar, nos empoderamos junto con compañeras que pertenecen a distintas comunidades de fe para que seamos conscientes de nuestros derechos. Somos también víctimas de la violencia machista encarnada en la figura de un sacerdote o de un pastor que nos obliga a tener estrictos códigos domésticos y a sostener la figura de la mujer únicamente como reproductora y dadora de vida. Somos víctimas también, de abusos sexuales cometidos por estas figuras de poder. ¡El patriarcado clerical también se va a caer!

El motivo real por el que las jerarquías eclesiásticas se oponen al aborto legal es porque saben que si las mujeres y cuerpos gestantes deciden sobre sí mismes, sobre sus propios cuerpos y deseo, se acabaría el tutelaje perverso que han ejercido contra nosotres desde los orígenes de todas las religiones. Privar de la libertad de conciencia es cosificar nuestra autonomía. Reconocemos en la libertad el principio rector de nuestros espacios de fe.

Comprendemos a Dios Padre-Madre, como fuente de nuestro poder emancipador y libertario que nos guía en la realidad de decidir sobre nuestros cuerpos y conciencias. Condenamos los fundamentalismos religiosos que olvidan que sin libertad no hay juicio y parecen olvidar que es Dios/a quien nos concede esa libertad, que en nuestra vida política ellos no pueden quitarnos.

Enfatizamos que las interpretaciones teológicas de las jerarquías eclesiásticas masculinas, machistas, coloniales y patriarcales que niegan nuestro derecho a decidir no podrán parar nuestra lucha por los Derechos Humanos. Los oscurantismos nos llevan a la división y a la fragmentación social, y en esta corriente de comunión social, disidente y sorora somos luz y el futuro.

Proclamamos frente a ustedes los signos del reino del dios/a inclusivx y diversx en el mundo y, en eso, el derecho a decidir, la libertad de conciencia que defendía Jesús frente al Imperio de turno. Proclamamos la autonomía de nuestros cuerpos como territorio sagrado y la vida digna en plenitud, que de ningún modo respalda la opresión a la que las jerarquías religiosas y el oscurantismo clerical quieren someter a las personas con capacidad de gestar – mujeres, lesbianas y varones trans.

Proclamamos que las interpretaciones teológicas de las jerarquías eclesiásticas masculinas, machistas, coloniales y patriarcales que niegan nuestro derecho a decidir no podrán parar nuestra lucha por los Derechos Humanos.

Que nuestra madre Diosa, el Dios diversx y radicalmente inclusivx nos guíe y acompañe, así movidxs por su Espíritu profético y aferradxs a la propuesta del Resucitado, sigamos abonando a la digna rabia organizada junto a nuestro pueblo.

Proclamamos junto a ustedes “Educacion Sexual para decidir, Anticonceptivos para no Abortar, Aborto legal para no Morir.

¡Aborto legal ya!  ¡Estado Laico Ya! ¡Que sea ley! Amén


Nota de la Editora: 

El proyecto puede leerse aquí: http://www.abortolegal.com.ar/proyecto-de-ley-presentado-por-la-campana/

“Las mujeres pobres nos morimos por abortos clandestinos”


Fueron las palabras de Ada Vivanco, en el marco del pañuelazo para despenalizar la interrupción voluntaria del embarazo. Hay descreimiento por la postura de los legisladores a nivel nacional e insisten en que el debate se gana en la calle.

A pesar de las temperaturas bajo cero, se concentraron en la esquina de Kirchner y San Martín un importante número de personas -en su mayoría mujeres jóvenes- para pedir por la despenalización del aborto. La movilización se dio a nivel nacional, luego que se presentara en el Congreso un nuevo proyecto por la Interrupción Voluntaria del Embarazo (IVE). Más allá de la simbología del pañuelo verde, hubo lugar para el paño naranja por la separación de la Iglesia del Estado. Es que desde quienes están a favor del IVE coinciden en que el sector eclesiástico es una de las paredes más importantes que impide el avance en el Congreso del proyecto.

A nivel nacional el contexto fue todavía mas grande. El verde copó las plazas y el Congreso, con grito unificado. Esperan que el clamor no pase desapercibido a los ojos de los legisladores. Desde el Plenario de Trabajadoras consideran que hay injerencia del clero. “Son los que están en contra del pleno derecho de las mujeres sobre su cuerpo. Nosotros estamos en la calle y así vamos a arrancar con el aborto. Lanzamos además el plebiscito vinculante para que en cada uno de los ámbitos llevemos adelante la discusión”, indicó la referente Ada Vivanco en diálogo con TS-Digital.

“Se gana cada vez más el debate. Se ve cómo crece el movimiento por la legalización del aborto”, sostuvo.

Hay muchas mujeres que salen a la calle y que saben que es un flagelo. Quienes tienen plata se practican el aborto en cualquier clínica y las pobres morimos por abortos clandestinos.

Por otra parte, este medio también entrevistó a Gabriela Ance, referente tanto del Partido Obrero como del Plenario de Trabajadoras. Mantuvo una línea similar a la de Vivanco en cuanto al descreimiento de los senadores y diputados de los bloques mayoritarios. Nosotros tenemos expectativas en lo que es la lucha en las calles. La movilización y la organización en los sectores de trabajo y estudio es fundamental para lograr el impulso de la ley en el Congreso”, analizó la entrevistada.

“Desde el plenario llevamos adelante la consulta, porque más allá del recambio electoral, el parlamento está compuesto por sectores que responden a la Iglesia Católica y Evangélica, que rechazaron el año pasado la aprobación de la ley. La única manera de presionar es lo que venimos haciendo ahora, con esto pañuelazo y la concientizacion y el reclamo vigente de sostener el derecho constantemente”.

Ance indicó que a nivel nacional ellos cuentan con dos legisladores y que dentro del espacio político, todos están a favor de despenalizar el aborto. “No existe la división de pañuelos en un mismo partido”, indicó.

“Si existe la posibilidad que cambie será por la presión de las mujeres en las calles”, cerró.

A nivel nacional

Con el respaldo de un multitudinario “pañuelazo” en las calles lindantes al Congreso, referentes de la Campaña Nacional por el Aborto Legal, Seguro y Gratuito y diputadas nacionales de distintos bloques presentaron por octava vez el proyecto de Ley de Interrupción Voluntaria del Embarazo (IVE), y reclamaron que sea tratado durante este 2019 pese a ser un año electoral, al tiempo que pidieron que los candidatos fijen postura sobre el tema.

El proyecto ingresó en la tarde de este martes con la firma de 70 diputados, casi la misma cantidad que el año pasado, pese a las escasas chances que tiene de debatirse durante este 2019, que va a estar absorbido por la campaña electoral.

Al igual que el texto aprobado el año pasado en Diputados y rechazado en el Senado tras un extenso debate, esta versión legaliza el aborto en las primeras 14 semanas de gestación, y también lo autoriza más allá de ese plazo cuando corre riesgo la vida o la salud de la mujer y en casos de violación.

http://www.tiemposur.com.ar/nota/173874–las-mujeres-pobres-nos-morimos-por-abortos-clandestinos

Las definiciones de Ivone Gebara, la monja y teóloga feminista que fue castigada por el Vaticano por hablar del aborto


Las definiciones de Ivone Gebara, la monja y teóloga feminista que fue castigada por el Vaticano por hablar del aborto
La religiosa brasileña habla con El Desconcierto sobre los cuestionamientos del feminismo a la religión, los casos de abusos de curas a menores y monjas, y de la llegada de la ultraderecha a su país.

Por Meritxell Freixas / 19.03.2019

Tenía 22 años cuando entró a la vida religiosa y desde entonces se ha dedicado en cuerpo y alma a ella. Ivone Gebara es una monja brasileña, doctora en Filosofía y Ciencias de la Religión por la Universidad Católica de Lovaina, en Bélgica. A su regreso a Brasil, en 1973, topó de frente con la Teología de la Liberación, que estaba en plena efervescencia en aquel entonces. Le llamó tanto la atención que la convirtió en su nueva opción religiosa. Desde ahí, reconoce que no sabe muy bien cómo se convirtió en una teóloga feminista. El cambio se dio de forma progresiva, sobretodo cuando tomó consciencia de que muchos temas que afectan a las mujeres han sido históricamente invisibilizados por la Iglesia.

Hija de una familia de inmigrantes siriolibaneses, en 1994 se enfrentó al Vaticano de la época de Juan Pablo II por defender el aborto en una entrevista. Un momento que, reconoce, fue “muy duro”, pero que consiguió superar sin tener que abandonar su comunidad, las Hermanas de Nuestro Señor-Canónigas, tal y como le pedía la institución religiosa. Entre sus principales referentes menciona a las feministas estadounidenses, francesas, brasileñas y nombra a mujeres tan diversas como Rosemary Radford, Mary Hunter o incluso textos de la teoría queer de Judith Butler.

– ¿Cómo pasó de identificarse con la teología de la liberación a unirse a la teología feminista?

– La primera vez que escuché hablar de la Teología de la Liberación fue en Lovaina (Bélgica) y me sentí totalmente revolucionada porque de repente me di cuenta que era una teología que tenía que ver con mis opciones: hablaba del pueblo y para el pueblo. Yo salía de una teología más bien tradicional y entré en la Teología de la Liberación, siempre con una clave de cuestionamiento a los conceptos teológicos. Con la teología de la liberación nunca me había abierto al feminismo, hasta que un día me llamaron por teléfono algunas feministas de Sao Paulo y Río de Janeiro y me invitaron a un almuerzo. Me preguntaron qué significaba hacer teología y les expliqué lo que yo hacía. Me preguntaron qué tienen que ver esos temas con los problemas de las mujeres y fue una pregunta crucial. Me preguntaron si yo estudiaba la sexualidad de las mujeres, qué dice la teología a las mujeres que abortan, o a las que usan anticonceptivos. Yo no sabía nada de eso. Muy respetuosamente me dijeron que no servía para nada. Hice un click teórico.

– ¿A partir de ese momento todo cambió?

– Después tuve otro click, desde la práctica. Esta historia la he contado miles de veces, pero es sugestiva. Era un momento en el que daba clases de teología una vez al mes a un grupo de obreros e iba a la casa de uno de ellos. Las mujer del obrero donde hacíamos los estudios siempre nos preparaba un tecito y se quedaba con sus hijas. Yo la llamaba muchas veces, pero siempre me decía que tenía que cuidar de las niñas. Un domingo fui a visitarla y me dijo: “¿Quieres saber de verdad por qué no vengo a las clases? Porque no me interesa. Tu hablas a los hombres, tienes un lenguaje de varón y explicas cosas que sólo interesan a varones”. Me preguntó: “¿Sabes qué significa ser mujer de un obrero? ¿Sabes cuál es el peor día para la mujer de los obreros?” Me contó que es el viernes, porque reciben su pago semanal el sábado. Me quedé muerta. No me creía así y fue una catástrofe. Mi autoestima bajó porque me despeñó completamente. Ahí me dije: “Es verdad, soy una ignorante”. Otro cambió llegó cuando empecé a leer a las feministas norteamericanas y alemanas. Ahí fue el momento en el que empecé a hacer teología feminista y a sufrir haciéndola.

– ¿Por qué sufrió?

– La teología hecha y recibida desde la Iglesia está anclada en figuras masculinas, Dios padre, hijo y espíritu. Todo me pareció un sufrimiento. En este punto hay diferencias entre teólogas, no todas han sentido lo mismo. Para mí, era casi una necesidad de encontrar otros sentires y empecé a escuchar a la gente, sus dudas e intentar ver si se puede explicar la tradición cristiana desde otras claves.

– ¿Cómo fue el episodio que vivió en el 1994, en el que la censuraron? Todo empezó por una declaración que dio en off a un periodista.

– Un grupo de feministas de Río de Janeiro me propuso dar una entrevista sobre la formación de los sacerdotes a la revista Bello, muy conocida en las peluquerías. Contesté lo que me preguntaron y cuando terminó y bajé en el ascensor con el periodista. Ahí me preguntó en off si conocía gente de mi barrio que hubiera abortado. Yo le digo que sí y me preguntó cómo había vivido eso. Le expliqué que mi vecina tenía cuatro niños y se embarazó una noche con un tipo que la dejó embarazada y se fue. Me preguntó si la condenaba y yo le dije que no podría condenarla porque la situación en la que estaba. “Entonces, en este caso, el aborto no es pecado”, me dijo. Yo le respondí: “Sí, no es pecado”. Luego él escribió que yo había hablado en contra de la hipocresía de la Iglesia y que decía que el aborto no es pecado, pero yo no había dicho eso. A los pocos días había una visita del Papa a Brasil e imagínate una monja católica diciendo eso. El tema llegó a mi obispo, que me pidió que hiciera una retractación pública. Le dije que no podía hacer eso porque lo que dije yo lo creo, no la forma como se escribió. Aún tengo las cartas que me mandaron.

– ¿Cómo la penalizaron?

– Querían echarme de mi congregación. Entonces, intervinieron algunos amigos, sobretodo el presidente de la Conferencia Episcopal de Brasil de la época, don Luciano. Después, cambiaron el castigo de expulsión, pero querían que hiciera de nuevo mis estudios de Teología. Me obligaron a hablar con un teólogo muy importante, pasé un día con él y me hizo muchas preguntas teológicas. Tuve la sensación que no aceptaba mis posiciones, pero era buena gente. Él escribió una carta a Ratzinger, entonces responsable de la Doctrina de la Fe, diciendo que era una buena persona, una religiosa muy comprometida con los pobres y que mi error fue por ingenuidad. Por eso recomendaba que en vez de echarme, me mandaran a estudiar Teología de nuevo. Cuando leí esa carta me sentí tan tan ofendida. Más que con la publicación de la revista porque yo no hacía eso por ingenuidad, sino por convicción. Le llamé por teléfono y le dije que para mí era muy triste lo que había hecho conmigo y me contestó que fue la única manera que encontró para que no me echaran de mi comunidad. Me fui a hacer un doctorado en Lovaina.

– ¿Quién financió esos estudios?

– Desgraciadamente, mi congregación. Yo pedí a mi superiora general que el Vaticano pagara mis estudios de un año, pero ella no aceptó y los acabó pagando el Consejo General.

“La teología tiene género”

– ¿Cómo definiría sus principales postulados de la teología feminista?

– Hablar de teología es hablar de género porque la teología tiene género: la dominación del género masculino, del poder masculino. Es suficiente ver que la imagen de Dios y que la relación que la gente tiene con Dios es la de un hombre invisible habitando tu terreno personal, tu interior. Dios se visibiliza a través de figuras masculinas: el clero, el obispo, los sacristanes. La mente y el cuerpo están controlados por un Dios que tiene representantes masculinos. Además, hay una idea extremadamente molesta de que es un Dios que siempre da órdenes que terminan siendo explicitadas por varones que dicen que es la voluntad de Dios, que toman la Biblia y la leen a su manera. Una teología feminista recusa estos límites que se pone al misterio de la vida, al nacimiento del plantea. Hay que admitir que poco sabemos de todo. Una teología feminista no quiere decir que Dios es una diosa. Hay muchas teólogas que lo defienden, pero, para mí, no se trata de feminizar los conceptos, sino de hablar desde otra perspectiva. Cuando ayudamos a las mujeres a pensar desde otra perspectiva, cada una desde su vida y experiencia, se produce una liberación en ellas.

– ¿Por ejemplo?

– Una mujer de un barrio popular de Sao Paulo perdió su hijo, que había sido un adicto al alcohol y luego se rehabilitó y consiguió entrar en la universidad. Justo la semana que termina su carrera se muere por problema cardíaco. La madre decía que tenía que descubrir cuál había sido su pecado para que Dios la castigara de esa manera. La lógica patriarcal, para las mujeres, vincula la muerte y la enfermedad a un castigo. Estoy harta de esta teología que dice que Dios sabe [por qué pasó esta muerte o enfermedad]. No, Dios no sabe, no sabemos. Pero sí podemos darnos las manos, estar juntos y recordar a esa persona. Ahora esta mujer recibe una indemnización por la muerte de su hijo y ese dinero le permite vivir. Hubo un cambio y desde entonces siempre da las gracias por eso. Las mujeres pueden empoderarse desde su vida cotidiana. Es otro discurso, menos sacrificial y culpabilizador.

– ¿Se trataría, entonces, de sacar el peso que la religión ha puesto históricamente en las espaldas de la mujer para que pueda resurgir al mismo nivel que vive un hombre?

– No quiero decir “resurgir al mismo nivel que un hombre” porque la religión patriarcal también los aplasta. Creo que hay que cambiar esa teología patriarcal, sacrificial y castigadora,que da determinadas órdenes que no existen. Lo que podemos hacer está en el Evangelio. Por ejemplo, una persona tiene sed y le comparto el agua. Tengo mucha tierra, hagamos una reforma agraria. Lo divino es el soplo de vida compartido. No puedo tomar todo el agua o todo el aire para mí porque sólo existimos como colectividad. Sí somos individuos, pero individuos colectivos. No queremos hablar de las mismas cosas que fueron consagradas en el Siglo III por Constantino, no queremos una teología desde el poder imperial. No queremos más obispos príncipes de la Iglesia. Yo sé que esto va a significar una pérdida de lugar de la Iglesia en la historia, pero el precio de esta pérdida de lugar va a ser una transformación ética del cristianismo, para estar más cerca del pueblo.

– En esta mirada que propone, ¿cómo hay que entender a las personas que son trans o homosexuales y que han sido víctimas por muchos años de la propia Iglesia? Me habló de Judith Butler, quien ahondó mucho en la construcción social del sexo y el género.

– La ética cristiana no tiene que imponer modelos de sexualidad, sino aceptar que la sexualidad humana es plural, diversa, multiforme. La dimensión ética no es la dimensión del control de las formas de vida sexual. Un trans, un gay o una lesbiana tienen tanta obligación como las personas hetero de compartir el agua, el pan, la solidaridad.

– Hay algunas corrientes del feminismo que defienden que no puede haber feminismo vinculado a la religión. ¿Qué opina de este argumento?

– Es una postura muy teórica y elitista considerando que el feminismo quiere ayudar a la gente, a las mujeres de los barrios populares. Por ejemplo, en Recife, el mundo de las mujeres pobres es muy religioso. Las mujeres católicas o protestantes son terriblemente esclavas de los preceptos religiosos. ¿Cómo voy a abandonar estas mayorías? No puedo dejar de escucharlas aunque no sean mis convicciones. No puedo no acercarme al sufrimiento de estas mujeres que encuentran en la religión un consuelo. Respeto que digan que feminismo y religión no se pueden juntar, pero puedo decir que más que juntarse hay una solidaridad entre mujeres que es más grande que la institucionalidad del feminismo o la institucionalidad de las religiones. Hay que juntarse a escuchar porque hay mujeres que dicen ‘yo no aborto porque la Virgen no me lo permite’. No podemos ser una élite o un baloncito feminista en el mundo y vivir en él como si el resto no me interesara.

– ¿Cómo observa el manejo del Vaticano y de Charles Scicluna del tema de los abusos sexuales (y sus encubrimientos) a menores y monjas?

– Este es un tiempo estupendo porque estas cosas están saliendo a la luz. Todo este sufrimiento no es reciente. El abuso de curas con niños y monjas es viejo, pero lo que me preocupa es el tratamiento de estos casos, que es siempre punitivo. Más que criminalizar, habría que tomar otras providencias y para mí una de ellas, además de un proceso educativo para los jóvenes que buscan sacerdocio, pasa por un necesario cambio de la concepción de la sexualidad en las iglesias cristianas y especialmente en la Iglesia Católica. El esquema sacrifical del que hemos hablado se reproduce en la sexualidad y se criminalizan en las relaciones prematrimoniales, el embarazo antes del matrimonio, las personas divorciadas, los que se casan por segunda vez, la sexualidad en sí misma. Lo criminalizan, pero ellos mismos lo hacen: criminalizan el aborto pero cuántos curas lo han pedido para las mujeres a las que han embarazado. El tratamiento antropológico de la sexualidad es muy limitado en la Iglesia y esta idea de que Dios controla la sexualidad a partir de un modelo establecido con el padre, la madre y la familia, tiene que revisarse.

– ¿Cree que esto puede abrir una puerta a un cambio real para que las mujeres puedan ejercer como curas?

– No. A pesar de que el Papa hizo una comisión para estudiar el diaconato, creo que es pura diplomacia. Lo hizo porque vio que el feminismo y los movimientos de mujeres crecen en el mundo. Es una concesión que no llevará a nada. La comisión empezó hace dos años y no se habló nunca más de eso. No ha invitado a ninguna mujer de las organizaciones que luchan por el sacerdocio de las mujeres. Ni una.

– ¿Cómo observa la llegada de la ultraderecha en Brasil y en el mundo y los valores que defiende en lo que se refiere a temas que afectan directamente a las mujeres?

– Vamos a vivir un periodo de triste oscuridad y por eso tenemos que organizarnos como resistencia, pero no podemos ser una resistencia que polarice sus posiciones. Las feministas y teólogas tienen que estudiar el fenómeno religioso con más seriedad y reflexión. Hacer grupos de estudio y de vida, de experiencias diferentes en arte, música. Tenemos que fortalecernos y ser un contrapunto a esta ola de ignorancia global.

https://www.eldesconcierto.cl/2019/03/19/las-definiciones-de-ivone-gebara-la-monja-y-teologa-feminista-que-fue-castigada-por-el-vaticano-por-hablar-del-aborto/?fbclid=IwAR1LrGwmj24TDCuWsPesBD1pwBQXxzEY6BqQw1YG0YkwF0rErpSDsRqD3nI

Violaciones grupales y abortos forzados: los horribles abusos que perpetró el cura Renato Poblete


El jesuita chileno “me obligó a abortar tres veces”, denuncia Marcela Aranda
La ingeniera y teóloga Marcela Aranda
La ingeniera y teóloga Marcela Aranda
“Me llevaba donde otros hombres, con los rostros cubiertos, para que me violaran y me golpearan por turnos, mientras él miraba”, denuncia la ingeniera y teóloga
“Fueron ocho años de martirio. Me fue despedazando palmo a palmo hasta que no quedara nada en mi”
Las víctimas de Karadima la elogian: “Qué mujer más impresionante y con un alma enorme”

01.05.2019 | RD/La Tercera

Marcela Aranda, denunciante del sacerdote Renato Poblete -expárroco del Hogar de Cristo- realizó, en una entrevista con AhoraNoticias, un descarnado relato de los abusos que cometió en su contra el fallecido sacerdote.

La mujer, ingeniera mecánica y teóloga, contó que “él comenzó a abusarme sexualmente con mucha violencia. Me llevaba donde otros hombres, con los rostros cubiertos, para que me violaran y me golpearan por turnos, mientras él miraba”. Todo ocurrió en la década del 80 y terminaron en los años 90.

Luego indicó que “fue un periodo de ocho años de abuso. Es un abuso de conciencia, poder y sexuales”. Manifiesta que decidió hablar porque “contando algo de mi historia puedo ayudar a muchas personas a salir de su dolor”.

La mujer, que en ese entonces tenía 19 años, agrega que “lo que más me hace sufrir es que él me obligó a abortar, y no solo una vez, tres veces”, agregó.

Renato Poblete
Renato Poblete

“Fueron ocho años de martirio”

Detalla que los abusos de Poblete fueron en las oficinas del Hogar de Cristo, en su casa y en distintos lugares. “Fueron ocho años de martirio. Me fue despedazando palmo a palmo hasta que no quedara nada en mi”, confidencia.

Asegura que el religioso se aprovechó de la fragilidad de su entorno familiar en el tiempo que ingresaba a la universidad. “Seré tu padre de ahora en adelante y yo te voy a cuidar”, afirma que le dijo el cura. “Nunca imaginé que una bestia como Poblete podría transformarlo en un abuso”.

Más adelante indica que contó su situación al padre Juan Ochagavía, ex Provincial de los Jesuitas. Con él que conversó en varias ocasiones.  “Le conté lo que me estaba pasando, le presenté un escrito y no recibí ninguna respuesta, mientras los abusos se seguían repitiendo”.

Dice que después terminaron los abusos porque el padre Poblete se entusiasmó con otra niña. “Yo he pensado mucho en esa chica”, expresa con pena.

Tras dos intentos de suicidio, amigos y cercanos la ayudaron a salir adelante. Junto con precisar que sigue siendo católica, cuenta que ahora disfruta de su hija. “Ella me ha hecho vivir, mi hija le dio sentido a mi vida”.

Al conocer las denuncias la Compañía de Jesús inició una investigación canónica, la que ya acumula diez denuncias de abusos sexuales contra el expárroco del Hogar de Cristo, fallecido en 2010.

Video insertado

Juan Carlos Cruz Ch.@jccruzchellew

Ahora en @ahoranoticiasAN en Mega el terrible y crudo testimonio de la valiente Marcela Aranda sobre los abusos de Renato Poblete. Todo mi cariño, respeto y apoyo a Marcela.1.07320:08 – 29 abr. 2019 · Philadelphia, PA551 personas están hablando de estoInformación y privacidad de Twitter Ads

Víctimas de Karadima expresan su “cariño, respeto y apoyo”

Por su parte, Juan Carlos Cruz, José Andrés Murillo y James Hamilton, víctimas del cura pederasta Fernando Karadima y ahora conocidos activistas anti-pedofilia, mostraron en las redes todo su “cariño, respeto y apoyo” a Marcela Aranda tras su desgarrador testimonio.

“Estoy descompuesto con el relato de la valiente Marcela Aranda. Cuánto dolor y cuánta valentía. Qué mujer más impresionante y con un alma enorme. Miserable Poblete y todos los que lo encubren”, tuiteó Cruz.

“Cuando uno piensa que te has puesto más resistente, oyes a sobrevivientes y sufres con sus relatos”, agregó. “Oyes el de la gran Marcela Aranda y te descompone. Poblete acompañó a mi papá mientras moría a los 39 años, amigo de mi familia. Se merece el infierno por todo el mal que ha causado“.

“Yo te creo y admiro tu valentía, Marcela Aranda”, tuiteó por su parte Murillo, tachando a Poblete de “abusador asesino de cuerpos y de almas”. Sentimientos a los que se sumó Hamilton, elogiando la “dignidad, coraje [y] ejemplo” de Aranda a la vez que denunció a la “basura” de Poblete.

“Qué valor de mujer, ¡solo gracias totales!”, finalizó Hamilton.

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Declaración del cardenal O’Malley sobre el ROE Act


EN: 4/6/2019 ,  POR PILOT STAFF , EN: LOCAL


La Arquidiócesis de Boston publicó el 6 de abril la siguiente declaración del cardenal Seán P. O’Malley sobre la propuesta de legislación de Massachusetts que amplía el acceso al aborto: Editor. 

Nuestra Comunidad se enfrenta a un problema que tiene importantes implicaciones morales para todos los ciudadanos. En este momento, hay dos proyectos de ley (HB 3320 y SB 1209) propuestos en la legislatura de Massachusetts que tienen consecuencias extremas para la protección de la vida. Estos proyectos de ley se han descrito como un medio para proteger las disposiciones de la decisión de 1973 del Tribunal Supremo en Roe v. Wade, pero van mucho más allá de esa decisión y nos llevan en direcciones peligrosas. Los proyectos de ley son una amenaza para la vida y la dignidad humanas y deberían, a mi juicio, oponerse incluso a aquellos que apoyan la decisión Roe v. Wade.

Los ciudadanos de Massachusetts y sus funcionarios electos representan muchas religiones y también una posición secular que no abarca ninguna tradición religiosa en particular. No abordo la legislación propuesta desde una perspectiva religiosa, sino como un tema de derechos humanos, en este caso el derecho a la vida, ya que también hablo sobre otros temas relacionados con los derechos humanos, como dar la bienvenida a los inmigrantes a nuestro país y apoyar una red de seguridad social sólida. Por los pobres y el llamado a la justicia racial. No busco imponer las enseñanzas de la Iglesia Católica en una sociedad diversa, sino que deseo ayudar a construir una sociedad que proteja la vida humana desde su inicio hasta la muerte natural.


El propósito de la legislación propuesta es claro: en un momento en que la ley estatal puede convertirse en un foco central en el debate más amplio sobre el aborto, estos proyectos de ley buscan extender la ley actual de Massachusetts de manera innecesaria e injustificada. Específicamente, la legislación propuesta produciría las siguientes consecuencias: 

– Permitir el aborto en Massachusetts durante los nueve meses de embarazo. 

– Eliminar cualquier requisito de que incluso los abortos tardíos se realicen en hospitales. 

– Eliminar el requisito de hacer esfuerzos para cuidar a un niño que sobrevive a un intento de aborto. 

– Eliminar cualquier requisito de que una menor embarazada (menor de 18 años) tenga el consentimiento de un adulto (paterno oa través de los tribunales) antes de someterse a un aborto.

En conjunto, estos cambios tienen consecuencias radicales para la sociedad. En la legislación propuesta, el aborto se describe como “cualquier tratamiento médico destinado a inducir la interrupción de un embarazo clínicamente diagnosticable, excepto con el propósito de producir un nacimiento vivo”. Hay muchos procedimientos clínicos que pueden describirse satisfactoriamente en términos puramente médicos. El aborto no es uno de ellos. Si bien el procedimiento tiene dimensiones clínicas significativas, también existe una realidad humana que merece un reconocimiento más adecuado en cualquier etapa del desarrollo. Al despersonalizar la realidad, la legislación deshumaniza la decisión que enfrentan las mujeres, sus familias y los médicos.

Antes y después de la decisión de Roe v. Wade de 1973, la Iglesia ha tratado de brindar atención, compasión y asistencia a las mujeres en embarazos en crisis. La Arquidiócesis de Boston patrocina hoy Embarazo Ayuda para brindar asistencia espiritual y material a las mujeres que enfrentan decisiones difíciles sobre el aborto. También patrocinamos el Proyecto Rachel, un programa de retiros para mujeres que buscan consejo y se curan después del aborto.

No buscamos juzgar o culpar a las personas, en particular a las mujeres y familias que enfrentan embarazos terriblemente difíciles. Nuestro objetivo es considerar las implicaciones de la legislación propuesta, que entre sus disposiciones elimina cualquier límite al aborto en el tercer trimestre del embarazo. La legislación se promueve sobre la base de casos médicos complejos y emocionalmente desgarradores, pero las implicaciones de estas leyes sin límites pueden llevar mucho más allá de los casos difíciles.

La legislación propuesta (HB 3320 y SB 1209) presenta a todos los ciudadanos de la Commonwealth una cuestión moral seria con respecto a la protección de la vida humana. Espero que los legisladores no asuman que el amplio apoyo en Massachusetts para el aborto legal se traduce automáticamente en la disposición del público a aceptar las disposiciones extremas de estos proyectos de ley. Estas realidades merecen nuestra seria consideración con las más altas convicciones de lo que es correcto y nuestra total compasión. Y los niños no nacidos que serán impactados más directamente por las propuestas merecen que sus vidas estén protegidas.

https://thebostonpilot.com

Mujeres deben ser conscientes de sus derechos para defenderlos: Maria Consuelo Mejia Piñeros.


NOTIMEX 21.03.2019 – 14:06H

Para defender los derechos de la mujer este sector debe ser consciente de ellos y tener la fuerza interna para protegerlos, subrayó María Consuelo Mejía Piñeros, quien el próximo 26 de marzo recibirá… Para defender los derechos de la mujer este sector debe ser consciente de ellos y tener la fuerza interna para protegerlos, subrayó María Consuelo Mejía Piñeros, quien el próximo 26 de marzo recibirá del Senado de la República la medalla “Elvia Carrillo Puerto”.

En entrevista con Notimex sostuvo que el empoderamiento no es una fórmula “ni una pastilla que te tomas”, debido a que tiene que ver con la posibilidad de que la mujer sea activa defensora de sus propios derechos, “de actuar de acuerdo con tu conciencia y de no permitir que te impongan nada que tú no quieras”. Al considerar que la historia tiene una deuda con las mujeres, la presidenta de Católicas por el Derecho a Decidir, citó por ejemplo, la elección de ser madre y lamentó que aún existan sectores de la sociedad que den cabida a presiones sociales. “Si eres una mujer indígena que vive en una comunidad marginada es más probable que esa presión sea más fuerte”, lamentó la antropóloga de profesión. 

María Consuelo Mejía Piñeros nació en Colombia, sin embargo la mayor parte de su vida ha radicado en México donde trabajó por la justicia en el Movimiento Estudiantil de 1968 y posteriormente con los movimientos indígenas.  “Ha sido siempre la pasión por la justicia, y pues en eso me identifico mucho como católica con el ejemplo de Jesucristo, el tema de la justicia y del amor por los demás y la entrega y el servicio son para mí factores importantísimos”, compartió. Sin embargo, la próxima galardonada con la medalla “Elvia Carrillo Puerto” ha denunciado los abusos y la pederastia contra niñas y niños de parte de sacerdotes, obispos y cardenales. En ese sentido consideró como un hecho histórico la Cubre Anti-pederastia que se realizó en el Vaticano, así como un paso importante por parte de Papa Francisco pero lamentó que no hubiera habido conclusiones concretas. “Las víctimas están reclamando mucha más concreción y estoy de acuerdo con ello”. Consideró al celibato como una opción para que los sacerdotes no ejerzan su sexualidad de manera escondida y “perversa”, lo que ha generado también un tema de encubrimiento de abusos por parte de la Iglesia Católica. “Los apóstoles no eran célibes, y esa cosa de imponer una situación, una condición relacionada con la sexualidad de esa forma no es positiva de ninguna manera y tiene que ver con esa concesión tan negativa y de doble moral que ha tenido la jerarquía de la Iglesia Católica”. María Consuelo Mejía Piñeros, quien considera que en la presente administración se logrará un avance significativo en la igualdad de género, recibirá el próximo 26 de marzo en sesión solemne en el Senado de la República la medalla “Elvia Carrillo Puerto”.

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Las definiciones de Ivone Gebara, la monja y teóloga feminista que fue castigada por el Vaticano por hablar del aborto


Las definiciones de Ivone Gebara, la monja y teóloga feminista que fue castigada por el Vaticano por hablar del aborto

La religiosa brasileña habla con El Desconcierto sobre los cuestionamientos del feminismo a la religión, los casos de abusos de curas a menores y monjas, y de la llegada de la ultraderecha a su país.

Por Meritxell Freixas / 19.03.2019 @MeritxellFrCompartir en FacebookCompartir en TwitterEnviar por WhatsAppCompartirEnviar por EmailCompartir en LinkedIn

Tenía 22 años cuando entró a la vida religiosa y desde entonces se ha dedicado en cuerpo y alma a ella. Ivone Gebara es una monja brasileña, doctora en Filosofía y Ciencias de la Religión por la Universidad Católica de Lovaina, en Bélgica. A su regreso a Brasil, en 1973, topó de frente con la Teología de la Liberación, que estaba en plena efervescencia en aquel entonces. Le llamó tanto la atención que la convirtió en su nueva opción religiosa. Desde ahí, reconoce que no sabe muy bien cómo se convirtió en una teóloga feminista. El cambio se dio de forma progresiva, sobretodo cuando tomó consciencia de que muchos temas que afectan a las mujeres han sido históricamente invisibilizados por la Iglesia.

Hija de una familia de inmigrantes siriolibaneses, en 1994 se enfrentó al Vaticano de la época de Juan Pablo II por defender el aborto en una entrevista. Un momento que, reconoce, fue “muy duro”, pero que consiguió superar sin tener que abandonar su comunidad, las Hermanas de Nuestro Señor-Canónigas, tal y como le pedía la institución religiosa. Entre sus principales referentes menciona a las feministas estadounidenses, francesas, brasileñas y nombra a mujeres tan diversas como Rosemary Radford, Mary Hunter o incluso textos de la teoría queer de Judith Butler.

– ¿Cómo pasó de identificarse con la teología de la liberación a unirse a la teología feminista?

– La primera vez que escuché hablar de la Teología de la Liberación fue en Lovaina (Bélgica) y me sentí totalmente revolucionada porque de repente me di cuenta que era una teología que tenía que ver con mis opciones: hablaba del pueblo y para el pueblo. Yo salía de una teología más bien tradicional y entré en la Teología de la Liberación, siempre con una clave de cuestionamiento a los conceptos teológicos. Con la teología de la liberación nunca me había abierto al feminismo, hasta que un día me llamaron por teléfono algunas feministas de Sao Paulo y Río de Janeiro y me invitaron a un almuerzo. Me preguntaron qué significaba hacer teología y les expliqué lo que yo hacía. Me preguntaron qué tienen que ver esos temas con los problemas de las mujeres y fue una pregunta crucial. Me preguntaron si yo estudiaba la sexualidad de las mujeres, qué dice la teología a las mujeres que abortan, o a las que usan anticonceptivos. Yo no sabía nada de eso. Muy respetuosamente me dijeron que no servía para nada. Hice un click teórico.

– ¿A partir de ese momento todo cambió?

– Después tuve otro click, desde la práctica. Esta historia la he contado miles de veces, pero es sugestiva. Era un momento en el que daba clases de teología una vez al mes a un grupo de obreros e iba a la casa de uno de ellos. Las mujer del obrero donde hacíamos los estudios siempre nos preparaba un tecito y se quedaba con sus hijas. Yo la llamaba muchas veces, pero siempre me decía que tenía que cuidar de las niñas. Un domingo fui a visitarla y me dijo: “¿Quieres saber de verdad por qué no vengo a las clases? Porque no me interesa. Tu hablas a los hombres, tienes un lenguaje de varón y explicas cosas que sólo interesan a varones”. Me preguntó: “¿Sabes qué significa ser mujer de un obrero? ¿Sabes cuál es el peor día para la mujer de los obreros?” Me contó que es el viernes, porque reciben su pago semanal el sábado. Me quedé muerta. No me creía así y fue una catástrofe. Mi autoestima bajó porque me despeñó completamente. Ahí me dije: “Es verdad, soy una ignorante”. Otro cambió llegó cuando empecé a leer a las feministas norteamericanas y alemanas. Ahí fue el momento en el que empecé a hacer teología feminista y a sufrir haciéndola.

– ¿Por qué sufrió?

– La teología hecha y recibida desde la Iglesia está anclada en figuras masculinas, Dios padre, hijo y espíritu. Todo me pareció un sufrimiento. En este punto hay diferencias entre teólogas, no todas han sentido lo mismo. Para mí, era casi una necesidad de encontrar otros sentires y empecé a escuchar a la gente, sus dudas e intentar ver si se puede explicar la tradición cristiana desde otras claves.

– ¿Cómo fue el episodio que vivió en el 1994, en el que la censuraron? Todo empezó por una declaración que dio en off a un periodista.

– Un grupo de feministas de Río de Janeiro me propuso dar una entrevista sobre la formación de los sacerdotes a la revista Bello, muy conocida en las peluquerías. Contesté lo que me preguntaron y cuando terminó y bajé en el ascensor con el periodista. Ahí me preguntó en off si conocía gente de mi barrio que hubiera abortado. Yo le digo que sí y me preguntó cómo había vivido eso. Le expliqué que mi vecina tenía cuatro niños y se embarazó una noche con un tipo que la dejó embarazada y se fue. Me preguntó si la condenaba y yo le dije que no podría condenarla porque la situación en la que estaba. “Entonces, en este caso, el aborto no es pecado”, me dijo. Yo le respondí: “Sí, no es pecado”. Luego él escribió que yo había hablado en contra de la hipocresía de la Iglesia y que decía que el aborto no es pecado, pero yo no había dicho eso. A los pocos días había una visita del Papa a Brasil e imagínate una monja católica diciendo eso. El tema llegó a mi obispo, que me pidió que hiciera una retractación pública. Le dije que no podía hacer eso porque lo que dije yo lo creo, no la forma como se escribió. Aún tengo las cartas que me mandaron.

– ¿Cómo la penalizaron?

– Querían echarme de mi congregación. Entonces, intervinieron algunos amigos, sobretodo el presidente de la Conferencia Episcopal de Brasil de la época, don Luciano. Después, cambiaron el castigo de expulsión, pero querían que hiciera de nuevo mis estudios de Teología. Me obligaron a hablar con un teólogo muy importante, pasé un día con él y me hizo muchas preguntas teológicas. Tuve la sensación que no aceptaba mis posiciones, pero era buena gente. Él escribió una carta a Ratzinger, entonces responsable de la Doctrina de la Fe, diciendo que era una buena persona, una religiosa muy comprometida con los pobres y que mi error fue por ingenuidad. Por eso recomendaba que en vez de echarme, me mandaran a estudiar Teología de nuevo. Cuando leí esa carta me sentí tan tan ofendida. Más que con la publicación de la revista porque yo no hacía eso por ingenuidad, sino por convicción. Le llamé por teléfono y le dije que para mí era muy triste lo que había hecho conmigo y me contestó que fue la única manera que encontró para que no me echaran de mi comunidad. Me fui a hacer un doctorado en Lovaina.

– ¿Quién financió esos estudios?

– Desgraciadamente, mi congregación. Yo pedí a mi superiora general que el Vaticano pagara mis estudios de un año, pero ella no aceptó y los acabó pagando el Consejo General.

“La teología tiene género”

– ¿Cómo definiría sus principales postulados de la teología feminista?

– Hablar de teología es hablar de género porque la teología tiene género: la dominación del género masculino, del poder masculino. Es suficiente ver que la imagen de Dios y que la relación que la gente tiene con Dios es la de un hombre invisible habitando tu terreno personal, tu interior. Dios se visibiliza a través de figuras masculinas: el clero, el obispo, los sacristanes. La mente y el cuerpo están controlados por un Dios que tiene representantes masculinos. Además, hay una idea extremadamente molesta de que es un Dios que siempre da órdenes que terminan siendo explicitadas por varones que dicen que es la voluntad de Dios, que toman la Biblia y la leen a su manera. Una teología feminista recusa estos límites que se pone al misterio de la vida, al nacimiento del plantea. Hay que admitir que poco sabemos de todo. Una teología feminista no quiere decir que Dios es una diosa. Hay muchas teólogas que lo defienden, pero, para mí, no se trata de feminizar los conceptos, sino de hablar desde otra perspectiva. Cuando ayudamos a las mujeres a pensar desde otra perspectiva, cada una desde su vida y experiencia, se produce una liberación en ellas.

– ¿Por ejemplo?

– Una mujer de un barrio popular de Sao Paulo perdió su hijo, que había sido un adicto al alcohol y luego se rehabilitó y consiguió entrar en la universidad. Justo la semana que termina su carrera se muere por problema cardíaco. La madre decía que tenía que descubrir cuál había sido su pecado para que Dios la castigara de esa manera. La lógica patriarcal, para las mujeres, vincula la muerte y la enfermedad a un castigo. Estoy harta de esta teología que dice que Dios sabe [por qué pasó esta muerte o enfermedad]. No, Dios no sabe, no sabemos. Pero sí podemos darnos las manos, estar juntos y recordar a esa persona. Ahora esta mujer recibe una indemnización por la muerte de su hijo y ese dinero le permite vivir. Hubo un cambio y desde entonces siempre da las gracias por eso. Las mujeres pueden empoderarse desde su vida cotidiana. Es otro discurso, menos sacrificial y culpabilizador.

– ¿Se trataría, entonces, de sacar el peso que la religión ha puesto históricamente en las espaldas de la mujer para que pueda resurgir al mismo nivel que vive un hombre?

– No quiero decir “resurgir al mismo nivel que un hombre” porque la religión patriarcal también los aplasta. Creo que hay que cambiar esa teología patriarcal, sacrificial y castigadora,que da determinadas órdenes que no existen. Lo que podemos hacer está en el Evangelio. Por ejemplo, una persona tiene sed y le comparto el agua. Tengo mucha tierra, hagamos una reforma agraria. Lo divino es el soplo de vida compartido. No puedo tomar todo el agua o todo el aire para mí porque sólo existimos como colectividad. Sí somos individuos, pero individuos colectivos. No queremos hablar de las mismas cosas que fueron consagradas en el Siglo III por Constantino, no queremos una teología desde el poder imperial. No queremos más obispos príncipes de la Iglesia. Yo sé que esto va a significar una pérdida de lugar de la Iglesia en la historia, pero el precio de esta pérdida de lugar va a ser una transformación ética del cristianismo, para estar más cerca del pueblo.

– En esta mirada que propone, ¿cómo hay que entender a las personas que son trans o homosexuales y que han sido víctimas por muchos años de la propia Iglesia? Me habló de Judith Butler, quien ahondó mucho en la construcción social del sexo y el género.

– La ética cristiana no tiene que imponer modelos de sexualidad, sino aceptar que la sexualidad humana es plural, diversa, multiforme. La dimensión ética no es la dimensión del control de las formas de vida sexual. Un trans, un gay o una lesbiana tienen tanta obligación como las personas hetero de compartir el agua, el pan, la solidaridad.

– Hay algunas corrientes del feminismo que defienden que no puede haber feminismo vinculado a la religión. ¿Qué opina de este argumento?

– Es una postura muy teórica y elitista considerando que el feminismo quiere ayudar a la gente, a las mujeres de los barrios populares. Por ejemplo, en Recife, el mundo de las mujeres pobres es muy religioso. Las mujeres católicas o protestantes son terriblemente esclavas de los preceptos religiosos. ¿Cómo voy a abandonar estas mayorías? No puedo dejar de escucharlas aunque no sean mis convicciones. No puedo no acercarme al sufrimiento de estas mujeres que encuentran en la religión un consuelo. Respeto que digan que feminismo y religión no se pueden juntar, pero puedo decir que más que juntarse hay una solidaridad entre mujeres que es más grande que la institucionalidad del feminismo o la institucionalidad de las religiones. Hay que juntarse a escuchar porque hay mujeres que dicen ‘yo no aborto porque la Virgen no me lo permite’. No podemos ser una élite o un baloncito feminista en el mundo y vivir en él como si el resto no me interesara.

– ¿Cómo observa el manejo del Vaticano y de Charles Scicluna del tema de los abusos sexuales (y sus encubrimientos) a menores y monjas?

– Este es un tiempo estupendo porque estas cosas están saliendo a la luz. Todo este sufrimiento no es reciente. El abuso de curas con niños y monjas es viejo, pero lo que me preocupa es el tratamiento de estos casos, que es siempre punitivo. Más que criminalizar, habría que tomar otras providencias y para mí una de ellas, además de un proceso educativo para los jóvenes que buscan sacerdocio, pasa por un necesario cambio de la concepción de la sexualidad en las iglesias cristianas y especialmente en la Iglesia Católica. El esquema sacrifical del que hemos hablado se reproduce en la sexualidad y se criminalizan en las relaciones prematrimoniales, el embarazo antes del matrimonio, las personas divorciadas, los que se casan por segunda vez, la sexualidad en sí misma. Lo criminalizan, pero ellos mismos lo hacen: criminalizan el aborto pero cuántos curas lo han pedido para las mujeres a las que han embarazado. El tratamiento antropológico de la sexualidad es muy limitado en la Iglesia y esta idea de que Dios controla la sexualidad a partir de un modelo establecido con el padre, la madre y la familia, tiene que revisarse.

– ¿Cree que esto puede abrir una puerta a un cambio real para que las mujeres puedan ejercer como curas?

– No. A pesar de que el Papa hizo una comisión para estudiar el diaconato, creo que es pura diplomacia. Lo hizo porque vio que el feminismo y los movimientos de mujeres crecen en el mundo. Es una concesión que no llevará a nada. La comisión empezó hace dos años y no se habló nunca más de eso. No ha invitado a ninguna mujer de las organizaciones que luchan por el sacerdocio de las mujeres. Ni una.

– ¿Cómo observa la llegada de la ultraderecha en Brasil y en el mundo y los valores que defiende en lo que se refiere a temas que afectan directamente a las mujeres?

– Vamos a vivir un periodo de triste oscuridad y por eso tenemos que organizarnos como resistencia, pero no podemos ser una resistencia que polarice sus posiciones. Las feministas y teólogas tienen que estudiar el fenómeno religioso con más seriedad y reflexión. Hacer grupos de estudio y de vida, de experiencias diferentes en arte, música. Tenemos que fortalecernos y ser un contrapunto a esta ola de ignorancia global.

https://www.eldesconcierto.cl/2019/03/19/las-definiciones-de-ivone-gebara-la-monja-y-teologa-feminista-que-fue-castigada-por-el-vaticano-por-hablar-del-abor

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