Claves para entender a Francisco


13 DE FEBRERO 2019 – 13:11 El acercamiento con el Islam y la Iglesia china responde al propósito de que las religiones sean portadoras del ideario de la fraternidad en el mundo de hoy. 

Claves para entender a Francisco

Mientras la prensa internacional abunda en elucubraciones sobre la posición de Francisco en la crisis venezolana, el Papa protagonizó dos acontecimientos que iluminan sobre el sentido histórico de su pontificado.

El primero fue su viaje a la Península Arábiga, cuna de la religión musulmana, graficado en una foto que recorrió al mundo en la que aparece besándose con el Imán Ahmed al-Tayeb, rector de la Universidad de El Cairo y una de las máximas autoridades espirituales y académicas del Islam sunita (rama a la que pertenece el 85% de los seguidores de Mahoma).

El segundo acontecimiento fue la asignación de funciones pastorales a nueve obispos chinos, en lo que representó el primer paso en la implementación del acuerdo celebrado en septiembre de 2018 entre la Santa Sede y el Gobierno de Beijing.

Iglesia e Islam

Francisco y al-Tayeb suscribieron el Documento sobre la Fraternidad Humana, que fija posición ante la problemática mundial: “Entre las causas más importantes de la crisis del mundo moderno están una conciencia humana anestesiada y un alejamiento de los valores religiosos, además del predominio del individualismo y de las filosofías materialistas que divinizan al hombre y ponen los valores mundanos y materiales en el lugar de los principios supremos y trascendentes”.

El texto rechaza enérgicamente cualquier tipo de fundamentalismo: “El pluralismo y la diversidad de religión, color, sexo, raza y lengua son expresión de una sabia voluntad divina, con la que Dios creó a los seres humanos. Esta Sabiduría Divina es la fuente de la que proviene el derecho a la libertad de credo y la libertad de ser diferente. Por eso se condena el hecho de que se obligue a la gente a adherir a una religión o cultura determinada, como también que se imponga un tipo de civilización que los demás no aceptan”.

La declaración conjunta sostiene que “el terrorismo execrable que amenaza la seguridad de las personas, tanto en Oriente como en Occidente, tanto en el Norte como en el Sur, propagando el pánico, el terror y el pesimismo no es a causa de la religión aun cuando los terroristas la utilizan, sino de las interpretaciones equivocadas de los textos religiosos”, y subraya que “es necesario interrumpir el apoyo a los movimientos terroristas a través del suministro de dineros, armas, planes o justificaciones y también la cobertura de los medios, y considerar esto como crímenes internacionales que amenazan la seguridad y la paz mundiales”.

Estas coincidencias fueron avaladas por un hecho de enorme contenido simbólico. En sendas ceremonias, Francisco y al-Tayeb inauguraron juntos una mezquita y una iglesia cristiana, que no casualmente lleva el nombre de San Francisco, no por el Papa sino por San Francisco de Asís, quien en febrero de 1219, hace exactamente 800 años, en plena era de las cruzadas, había viajado a la región y mantuvo un encuentro con el entonces sultán de Egipto, Al-Kamil, sobrino del legendario caudillo militar árabe Saladino, que quedó registrado históricamente como la primera tentativa de acercamiento entre la Iglesia Católica y el Islam. Sólo las grandes civilizaciones de Oriente y Occidente pueden recoger episodios de varios siglos atrás para ayudar a interpretar las realidades del presente.

El ideario de la fraternidad

Al regresar a Roma, Francisco afirmó que su presencia en la península arábiga abría “una nueva página en la historia del diálogo entre el cristianismo y el Islam”. El reverso de la medalla, alimentado por los voceros europeos y estadounidenses de la islamofobia, fueron las ácidas críticas de unos 2.000 exmusulmanes convertidos al catolicismo, quienes en una declaración pública emitida hace un año, ya advertían que “la ingenuidad frente al islamismo es suicida y muy peligrosa”.

Mientras esto ocurría en Abu Dhabi, Francisco oficializaba una nueva distribución de funciones entre los obispos chinos, reconocidos tanto por la Santa Sede como por el Gobierno de Beijing a partir del acuerdo suscripto en septiembre de 2018, que resolvió la vieja disputa sobre la facultad para las designaciones episcopales, convertida históricamente en uno de los escollos fundamentales para la presencia de la Iglesia Católica en el coloso asiático, otorgando a las autoridades chinas injerencia en los futuros nombramientos.

Así como en su diálogo con el Islam Francisco recoge la tradición del santo de Asís, en su acercamiento a Beijing el Papa jesuita reivindica a su admirado Mateo Ricci, un sacerdote de la orden de San Ignacio que hace cinco siglos inició una tarea para la evangelización de China, frustrada entonces por la incomprensión de Roma, que no admitió la incorporación a la liturgia católica de ciertas creencias ancestrales chinas, como el culto a los antepasados.

Esa redistribución de las diócesis obedece al reconocimiento papal de obispos pertenecientes a la Iglesia Patriótica China, creada por el régimen comunista en 1957, que habían sido designados por el Gobierno de Beijing al margen de la Santa Sede.

Esta decisión de Francisco formalizó la reunificación de la Iglesia china bajo la autoridad del Papa.

 Pero, como ocurre con los islamófobos en el diálogo con el Islam, estas concesiones del Vaticano, indispensables para el éxito de la negociación, generaron también protestas en círculos católicos conservadores de Occidente y en un sector tradicionalista del clero chino, que tras padecer feroces persecuciones y funcionar virtualmente en la clandestinidad ahora se siente menoscabado al ser puesto bajo el mismo techo y en igualdad de condiciones con “la otra iglesia”.

El diálogo y la libertad 

Tanto en el Documento sobre la Fraternidad Humana como en el acuerdo con el régimen de Beijing, Francisco persigue dos objetivos fundamentales. Uno es el avance de la libertad religiosa para los católicos en países que, sea por razones religiosas, en el mundo islámico, o ideológicas, en China, imponen severas restricciones a su ejercicio. El otro es la profundización del diálogo entre la Iglesia Católica y las grandes civilizaciones de Oriente. Para Francisco, ese el camino para que la Iglesia sea efectivamente “católica” en el sentido etimológico del término, es decir universal.

Más allá del antagonismo 

El término “fraternidad”, que encabeza la declaración suscripta con al-Tayeb, tiene para el Papa un hondo significado conceptual. Según su mirada, que en este punto abreva en una corriente del pensamiento católico contemporáneo, la mítica trilogía “Libertad, Igualdad, Fraternidad”, que alumbró la Revolución Francesa y el nacimiento del mundo moderno, derivó en el siglo XX en un antagonismo irreductible entre una idea de libertad a secas, expresada en el liberalismo, y un principio de igualdad a ultranza, encarnada por el comunismo, a expensas precisamente de la noción de fraternidad, que podía funcionar como factor de equilibrio entre ambos opuestos. En la visión de Francisco, las religiones tienen que erigirse en las principales portadoras del ideario de la fraternidad en el mundo de hoy. Desde esa clave habría que interpretar los distintos actos de su pontificado.

https://www.eltribuno.com/salta/nota/2019-2-13-0-0-0-claves-para-entender-a-francisco

Sacerdotes católicas romanas trazan un nuevo camino en respuesta a la crisis de abuso sexual y ordenación – Comunicado de prensa en respuesta a la reunión del Papa Francisco en Roma, del 21 al 24 de febrero de 2019


Sacerdotes católicas romanos trazan un nuevo camino en respuesta a la crisis de abuso sexual y la ordenación 

CONTACTOS:

JANICE SEVRE DUSZYNSKA ARCWP

RITMOS DE THED1@GMAIL.COM

859-684-4247

MARTHA SHERMAN RCWP-USA

REVMMSHERMAN@GMAIL.COM

 605-421-0820

EL PAPA FRANCISCO HA PROGRAMADO UNA REUNIÓN PARA ABORDAR LA HORRIBLE CRISIS MUNDIAL DE ABUSO SEXUAL EN LA IGLESIA CATÓLICA DEL 21 AL 24 DE FEBRERO. (VER ENLACE A RCWP / ARCWP CARTA A LA COMISIÓN). 

HTTPS://BRIDGETMARYS.BLOGSPOT.COM/2019/01/WORLDWIDE-ROMAN-CATHOLIC-WOMEN-PRIESTS.HTML

 

Además, el Papa Francisco está considerando reincorporar a las mujeres diáconos, pero no a las mujeres sacerdotes.Si bien las mujeres diáconos pueden ser un posible primer paso para las mujeres sacerdotes, ambas son necesarias en un ministerio sacerdotal renovado.   En una carta abierta publicada el de febrero 3rd , nueve alemanes prominentes   sacerdotes y teólogos llaman a la ordenación de mujeres sacerdoteshttps://www.catholicnewsagency.com/news/open-letter-to-cardinal-marx-urges-changes-to-church-teaching-on-sexual-morality-92352
La historia y la tradición apoyan a las mujeres en los ministerios ordenados. Los teólogos católicos romanos como Dorothy Irvin afirman que las mujeres sacerdotes y obispos sirvieron en la Iglesia primitiva. En el año 820 d. C., había una obispa Theodora cuyo ícono con su título todavía se puede ver en la Iglesia de St. Praxedis en Roma.
El abuso de menores, monjas y mujeres y el hecho de no incluir a las mujeres en todos los ministerios de la iglesia es un ejemplo de abuso del poder patriarcal. Es una violación de la justicia y los derechos humanos. Seamos claros, los negocios como de costumbre en el encubrimiento del abuso clerical y sexual por parte del clero católico romano ya no serán tolerados por nadie.  

La Iglesia no puede avanzar sin el liderazgo de las mujeres. Mujeres diáconos, sacerdotes y obispos están ministrando a sobrevivientes del abuso del clero ahora. Si bien el Vaticano aún no ha iniciado un diálogo con nosotras, la justicia como un río fluye en comunidades católicas inclusivas en 35 estados. Desde 2002, nuestro movimiento internacional RCWP ha crecido desde el Danubio 7 hasta aproximadamente 265.

En resumen, las mujeres sacerdotes en un ministerio sacerdotal renovado son una solución a simple vista que muchos católicos que ya apoyan.

http://bridgetmarys.blogspot.com/2019/02/roman-catholic-women-priests-chart-new.html

Abuso en la Iglesia católica: cuestión de poder, no de sexualidad


Con todos los casos que han salido a la luz pública no es “la iglesia” la que está herida, sino el sector jerárquico que encubre los delitos de la institución vaticanaPor: hugo machín fajardo | Febrero 17, 2019Este es un espacio de expresión libre e independiente que refleja exclusivamente los puntos de vista de los autores y no compromete el pensamiento ni la opinión de Las2Orillas.

Abuso en la Iglesia católica: cuestión de poder, no de sexualidad

Foto: PxHere

El Vaticano convocó a sus principales integrantes para analizar la magnitud del descrédito que acarrea a la Iglesia católica el sistemático encubrimiento de pedófilos clericales. Por si fuera poco, se suman las denuncias de monjas convertidas por obispos y curas en “esclavas sexuales”, como ha reconocido Mario Bergoglio.

¿Qué tienen en común los abusos clericales sobre niños, cuyas denuncias se multiplican, con los abusos cometidos por obispos y curas contra monjas y que recién comienzan a ser masivamente difundidos?

El poder con mano de hierro, a veces con guante de terciopelo, ejercido mediante el verticalismo institucional, sumado a una historia milenaria de administrar las penas a los criminales.

Téngase en cuenta que en los siglos teocráticos de la “venganza divina”, delitos y pecados eran percibidos en igualdad de condiciones por los sacerdotes, quienes se autopresentaban como delegados divinos en una sociedad en que Dios era el rey de reyes.

“Durante mucho tiempo los pontífices son los únicos jurisconsultos. Como existían pocos actos en la vida sin relación con la región casi todo se sometía a la decisión de los sacerdotes y estos se consideraban los únicos jueces competentes en un número infinito de procesos”, enseña Fustel de Coulanges.

En la Edad Media, la Iglesia inauguró el encierro de los sacerdotes infractores para que hicieran penitencia. De ahí viene el nombre de penitenciaría, sitio donde, mediante el arrepentimiento, se reconciliasen con Dios. Fue un avance humanitario desde que la prisión podía sustituir el cortar la lengua a los blasfemos, mutilar dedos y orejas, azotes, cortar la carne con tenazas ardientes, etc.

¿Por qué protegen a los pedófilos? Hasta la Revolución francesa los clérigos intervienen en la justicia que hoy conocemos como ordinaria. Entendían en los procesos seguidos a las personas. Administraba las penas, incidían en los castigos. Todo bajo la concepción de sus propias creencias religiosas y su interpretación de lo que su Dios disponía para los reos que eran, primero, pecadores y luego delincuentes.

En esa intromisión, en la que persiste el derecho canónico con pretensión de seguir incidiendo en la vida republicana, tenemos ya una primera explicación de por qué en el presente tantos jerarcas de la iglesia han protegido a sus curas pedófilos. En que antes que delincuentes, los consideran pecadores y, por lo tanto, aplican el refrán colombiano de que “quien peca y se confiesa, empata”. Con esa supuesta sanción, dan por cerrado el caso. La víctima no importa en esa cosmovisión. Mejor dicho, se la convierte en elemento hostil, se le niega veracidad, se le destruye la autoestima y si se puede, se evita indemnizarla. Así fue durante siglos hasta que comenzó a correrse el velo de la impunidad.

Esa autosuficiencia clerical participa de un “mundo mágico” en el que un individuo tendría la capacidad de transformar harina y vino en el cuerpo y la sangre de alguien que, sí existió históricamente, fue hace dos mil años. Magia privativa durante casi dos mil años y que llega al siglo XXI: la primera quema de libros contemporánea la realizó en Pittsburgh la secta cristiana Harvest Assembly of God cuando en 2001 quemó ejemplares de Harry Potter por promover la magia.

Sobre el abuso mental que antecede al sexual es altamente esclarecedora la entrevista del canal de televisión alemán DW al médico chileno James Hamilton, uno de los tres adultos víctima de abuso sexual clerical a quien en reunión privada Mario Bergoglio le pidió perdón. Antes le había acusado de calumniar al obispo Juan Barros, encubridor de Fernando Karadima, el cura depredador más famoso de Chile por cantidad de víctimas y por haber generado la mayor indemnización que la curia chilena está obligada pagar a los abusados: 450 millones de pesos.

Sin violencia física. El poder eclesiástico depredador no es ejercido con la violencia física que habitualmente emplean los abusadores laicos, en su mayoría provenientes del ámbito familiar como lo documentan diversas investigaciones. La última, Pequeñas inocentes, donde se consigna que 614 niñas y adolescentes fueron asesinadas en los últimos seis años, en siete países latinoamericanos luego de ser abusadas sexualmente.

La sapiencia milenaria católica construyó un entramado de persuasión y abuso mental previos al abuso sexual que evita el homicidio de la víctima y, además, permite la violación continuada. Lo admitió el jueves 7 de febrero Bergoglio al reconocer que sacerdotes y obispos habían tratado a monjas como “esclavas sexuales” durante décadas. Y los testimonios de esas exreligiosas avalan que, primero, hubo un abuso psicológico, la llave que abrió luego a esos “hombres de Dios” el ingreso a sus lechos.

No se descarta que algún obispo alegue que esas monjas provocaron a los dignatarios eclesiásticos, como ha dicho en 2007 el obispo de Tenerife, España, Bernardo Álvarez: hay menores que “consienten, desean e incluso, provocan las violaciones”. En 2011, otro prelado católico reprodujo esos conceptos. El arzobispo Robert Cunningham, de la diócesis de Siracusa, Nueva York, afirmó en audiencia judicial sobre abusos sexual a menores que “el chico es culpable”, refiriéndose a las víctimas como “cómplices”.

Ese abuso psicólogo o inicial y necesario para consumar el abuso sexual comienza desde la pila bautismal, cuando los adultos responsables de un niño le imponen una creencia en flagrante violación de los derechos de la infancia. Lo dice a texto expreso la Convención de 1989 en su artículo 13°: “El niño tendrá derecho a la libertad de expresión; ese derecho incluirá la libertad de buscar, recibir y difundir informaciones e ideas de todo tipo”. La libertad de cultos, que fuera un avance contra la hegemonía teocrática del Antiguo Régimen, es un derecho de adulto. Es absurdo pretender que un niño conciba la religiosidad, salvo como adoctrinamiento.

Está tan asumido el abuso sobre niños, que hace unos meses se hizo público en redes sociales y medios de prensa el momento en que un cura abofeteó a un bebé porque lloraba durante la ceremonia bautismal.

Ese concepto abusivo sobre la infancia integra la creencia de que la vida clerical es superior la laica y lleva a los obispos a encubrir a los delincuentes, porque, como dicen, constituyen “nuestra familia”.

Ahora, ¿por qué actúan así en los cinco continentes?

¿Toda la iglesia herida? Porque como me explicó en los inicios de los noventa el ensayista uruguayo Alberto Methol Ferré, especialista en catolicismo y asesor del CELAM, “la Iglesia católica es la única empresa multinacional que habla el mismo idioma en Sao Paulo, Buenos Aires, o Santiago”. Al argumentarme que la Iglesia católica era la institución más preparada para implementar culturalmente el flamante Mercosur, Tucho Methol sostenía que “un obispo levanta el teléfono en San Paulo y habla el mismo idioma que el obispo que le llama desde Buenos Aires”, aunque uno se exprese en español y el otro le responda en portugués.

¿Cuál es la estrategia vaticana para quitar el pie del lazo?

Argüir que todos somos igualmente culpables. Que abuso sexual infantil existe en todos los ámbitos. Que se trata de un mínimo porcentaje de sacerdotes violadores.

Pero ante la resistencia de la sociedad civil a comprar esos supuestos argumentos, y cuando ya la escala de autoflagelación verbal —no concretada en efectivas medidas antiabuso— de Bergoglio, se agota, este apeló a dirigirse a la grey católica del mundo en su rol de Papa Francisco: “la iglesia está herida” dijo recientemente.

¿Es justo incluir en la misma bolsa a millones de católicos, personas honestas, absolutamente ajenas a las aberraciones que un día sí, y otro también, se conocen por obra y por omisión de los príncipes del Colegio Cardenalicio? ¿Es justo estigmatizar a los miles de curas y monjas que ejercen sus ministerios religiosos ajenos a esas perversiones? Parecería que no es ese el camino. No es “la iglesia” la que está herida, sino el sector jerárquico encubridor de delitos de la institución vaticana.

https://www.las2orillas.co/abuso-en-la-iglesia-catolica-cuestion-de-poder-no-de-sexualidad/

«¿Por qué no se habla de los obispos que violan a monjas?»


Varias religiosas indias denuncian las violaciones sufridas a manos del obispo de Kerala, Franco Mulakkal. / R. C.
Varias religiosas indias denuncian las violaciones sufridas a manos del obispo de Kerala, Franco Mulakkal. / R. C.

Religiosas denuncian los abusos por parte de curas, especialmente en India y África

Domingo, 17 febrero 2019, 11:190

Las monjas venden lo que tienen: la parte que entregaron al Señor la tienen que coger y comerciar con ella para poder vivir». Han tenido que pasar más de tres años desde que la religiosa congoleña Rita Mboshu Kongo, profesora de la Pontificia Universidad Urbaniana, hiciera esta denuncia en la revista ‘Vida Nueva’ para que el Papa por fin afronte en público la próxima crisis que acecha a la Iglesia católica: la violación de monjas por parte de sacerdotes y obispos.

El guante lanzado por Mboshu Kongo, que desveló cómo muchas congregaciones africanas mandan a estudiar a Roma a sus religiosas sin medios para su sustento, por lo que quedan a merced de benefactores que las «someten y explotan», fue recogido hace unas semanas por Lucetta Scaraffia, directora de ‘Donne Chiesa Mondo’ (Mujeres, Iglesia, Mundo), el suplemento femenino de ‘L’Osservatore Romano’, el diario de la Santa Sede. En un demoledor artículo, Scaraffia se preguntó: «¿Por qué no se habla de los obispos que violan monjas?».

«El silencio da impunidad»

Profesora de Historia Contemporánea en la Universidad La Sapienza de Roma, Scaraffia tiene una pluma valiente que ha aprovechado el altavoz de ‘Donne Chiesa Mondo’ para criticar los atropellos que sufren las mujeres dentro de la Iglesia católica. En esta ocasión denunció que muchas religiosas se ven obligadas a abortar o a abandonar la vida consagrada después de sufrir abusos sexuales por parte de sacerdotes y obispos y pidió a la Santa Sede que intervenga de una vez frente a este problema. «No se ha planteado ninguna comisión para verificar los hechos. Es cierto que no habría dado grandes resultados, pero al menos podría ser un signo de responsabilidad ante esta situación explosiva», lamentó Scaraffia, que hizo un paralelismo con los abusos sexuales a menores cometidos por eclesiásticos. «El silencio tranquiliza con impunidad a los culpables y los deja en libertad de cometer otros actos de violencia».

A Francisco le tocó afrontar este espinoso asunto en el vuelo de vuelta a Roma el pasado 5 de febrero tras concluir su viaje a Emiratos Árabes Unidos. Al ser preguntado por una reportera si la Santa Sede iba a hacer algo para afrontar el problema, reconoció que hay eclesiásticos «que hicieron eso» y dijo que las violaciones a monjas se dan «en todas partes», si bien son más frecuentes en «algunas congregaciones nuevas y en algunas regiones». África e India son los territorios donde este fenómeno es más habitual. En este último país, un grupo de religiosas destapó recientemente los abusos sexuales sufridos durante diez años a manos de algunos sacerdotes e incluso del obispo de Kerala. Harta de que no le hicieran caso en las instituciones eclesiásticas, una de las monjas acudió a la Justicia civil para denunciar al prelado por violarla trece veces en los últimos dos años.

Bergoglio aseguró que «varios clérigos» han sidos apartados por este motivo y se comprometió a «hacer más» para afrontarlo. Aunque el Papa no quiso citar casos concretos, en Roma se recuerda el escándalo de la Comunidad de San Juan, una congregación creada por el dominico francés Marie-Dominique Philippe que se vio en el ojo del huracán por el maltrato que sufrían sus consagradas, sometidas a una auténtica esclavitud sexual por parte del fundador y de sus acólitos.

https://www.diariovasco.com/sociedad/habla-obispos-violan-20190217004846-ntvo.html

Jesús de Nazaret, el judío que nunca fue cristiano


Jesús de Nazaret

Portada » Jesús de Nazaret, el judío que nunca fue cristianoHUMANIDADESRELIGIÓN

 Martha Leticia Martínez de León28 diciembre, 2018

Con el transcurrir del tiempo, la imagen del Sacerdote ha perdido su valor y sentido.

Desde tiempos antiguos hasta principios del siglo XX, el sacerdote era una autoridad respetable, se les consideraba sabios, no sólo por los grandes estudios que realizaban sino porque se creía tenían una conexión directa con D/os o con los dioses, quienes les ofrecían grandes conocimientos para otorgar respuestas éticas y fortalecer la vida de los pueblos y comunidades, por ello se nombraban y consideraban representantes de los dioses en la tierra. 

sacerdote

Los sacerdotes eran una figura ética, incluso pertenecían a una sola estirpe, como lo fue la tribu de Leví en el pueblo hebreo, pero, conforme las personas depositaron su confianza en ellos, comenzaron a abusar de su poder, a olvidarse del respeto por servir, de la responsabilidad de la coherencia de sus palabras, y sobre todo se olvidaron del amor a D/os. Comenzaron a imponerse ante las necesidades de las comunidades y sometieron a la misericordia y a las palabras sagradas a su conveniencia.

Los pueblos obedecían no por respeto sino por miedo, no sólo a las consecuencias de la realidad sino a las invenciones de infiernos y torturas en un más allá, lo cual alejó la ética del ser humano, ya que la persona preocupada por su estancia en una vida eterna provocó dejase de preocuparse por su semejante, además de que la muerte se convirtió en un castigo dejando de ser ese proceso de la existencia.

En tiempos antiguos la muerte era un proceso del alma, un lugar de estancia para purificarse y renacer, así era visto en civilizaciones precolombinas, mesopotámicas, sumerias y egipcias por nombrar algunas. Civilizaciones donde los sacerdotes eran consejeros del faraón o del monarca, pero en las cuales el poder, la ambición los absorbió y los llevó a contemplar a los ciudadanos como simples instrumentos de trabajo y a tomar las palabras divinas y a la religión para su beneficio, prostituyendo la esencia divina ya sea al olvidarse de ella, al trastocarla y/o ponerle significados a conveniencia, o tomar al pie de la letra lo escrito alejando el significado ético y el mensaje.

Judas el Galileo
Judas el Galileo

Por ejemplo, dentro de las castas sacerdotales del pueblo judío antiguo se tomaba la palabra de la Ley a manera textual, y se le otorgaba más valor a la palabra que a la dignidad humana, separaban, marginaban y juzgaban, actos que al realizarse derrocan y pisotean el nombre de D/os. Esas circunstancias de manera similar existían en el pueblo hindú, donde las castas jerarquizadas eliminaban a muchos de su encuentro con D/os, así los parias dejan de verse como seres humanos sufrientes para convertirse en ejemplos del pago del karma y de la decisión de los dioses, alejando la responsabilidad social y culpando a los dioses, poniendo otros significados a las palabras védicas para deshacerse del problema de manera justificable y por decirlo así espiritual. O en el cristianismo donde se malinterpreta la pobreza bíblica con la pobreza material, es decir, esa pobreza de espíritu de la cual habla el Nuevo Testamento, se convierte en un arma para hacer que la persona se conforme con su realidad y de esta manera se convierta en un ser obediente y sumiso sin pretensiones a exigir una mejor vida aquí porque exigir lo llevará a perder la estabilidad de un paraíso.

Las circunstancias anteriores han llevado a que dentro de las propias religiones se separen, es decir, se crean diversas posturas de quienes realmente comprenden que la religión y el amor a D/os se fundamenta en hacer fructificar al semejante y entre quienes utilizan la palabra de D/os para tener esclavos espirituales que se sometan no sólo a estancias doctrinales, sino que se unen con los imperios y/o gobiernos para dominar.

Esta visión injusta de utilizar la palabra de D/os particularmente en el pueblo judío provocó la separación de la escuela Talmúdica en dos escuelas, la Schamaita, preocupada más por el cumplimiento de la Ley que por el ser humano y la escuela de Hillel, la cual enfatiza que más allá de la letra de la Torá está la consagración de la dignidad humana.

Así surgen grupos como:

  • Los Zelotas, movimiento político surgido en el siglo I d.C, bajo el mandato de Judas el Galileo, convirtiéndose en un grupo extremadamente violento ya que en sus enfrentamientos contra los saduceos y los fariseos asesinaban a todo aquél que colaborara con el Imperio Romano. Dentro de este grupo se encontraba Bar-Abbas o Barrabas, nombre cuyo significado es “Hijo de su Padre”. Bar-Abbas era perseguido según el evangelio de Lucas por sedición, según el evangelio de Marcos por insurrección y según el evangelio de Mateo era un preso famoso, este grupo añoraba no sólo liberar a Judea del imperialismo romano sino también del extremismo del sanedrín.
  • Los caraítas, quienes negaban las interpretaciones rabínicas y sus enseñanzas, denunciando la corrupción de los textos sagrados a conveniencia.
  • Shamai y HilelLa escuela Shamaita, seguidores del Rabino Shamai, donde se daba más valor a lo estipulado en la ley escrita y rabínica, sin darle importancia a la dignidad humana. También añoraban derrocar al Imperio Romano y esperaban al Mesías el acabaría con el poder y de la ambición romana, liberando al pueblo de Israel. A esta escuela pertenecía Judas Iscariote.
  • La escuela Hilleita, perteneciente al Rabino Hillel, quien mostraba un gran interés en la dignidad del ser humano, se preocupaba por consagrar la realidad más que por cumplir la Ley. Para esta escuela si la palabra sagrada dañaba la dignidad no tenía porque seguirse. Por otra parte reconocía su falta de poder para derrocar al Imperio Romano, por lo que promulgaba derrumbar primero los errores propios y el imperio interior el cual causa muertes espirituales. Sus enseñanzas se mostraban a través de la no violencia.

De esta escuela era perteneciente Jesús de Nazaret, un hombre amante de la justicia social y de la dignidad, quien comprendió que nada es más importante que otro ser humano. Para él,  rezar dentro de un templo aleja a la persona de su prójimo y convierte al amante de D/os en un hipócrita, por eso dijo, cuando queraís hablar con D/os ve a una montaña y contempla el cielo, no seaís como esos hipócritas. Enseña la belleza de la creación, y se pregunta ¿por qué encerrar a D/os en un templo cuando se le puede encontrar en todos lados, particularmente en el interior? Hillel se cuestiona, ¿para qué crear templos a un D/os  que no ves si no se respetas al D/os que está a tu lado? ¿Por qué añorar un Reino en un más allá, mientras se destruye aquél que se va construyendo junto con el propio?, es por esto que la escuela Hilleita y el pensamiento de Jesús exclamaba, ama al otro como a ti mismo, en eso se basa la Torá (la ley) lo demás sólo son palabras.

Jesús de Nazaret convirtió estás palabras y dijo, Por eso, todo cuanto queráis que os hagan los hombres, así también haced vosotros con ellos, porque esta es la ley y los profetas. Mt, 7, 12.

San Agustín
San Agustín

Jesús de Nazaret, comenzó un camino de justicia, desarrolló parábolas antiguas acomodándolas a su tiempo, así entre historias y situaciones cotidianas sin juicios y castigos promulgó que amar a Dios no es demostrar su amor bajo sacrificios y sumisión sino a través de la misericordia y de ese amor que hace crecer. La Misericordia que crea empatía por el otro, el amor el cual sobrepasa cualquier prejuicio, porque para un amante de D/os nunca ningún acto es ni será tan fuerte para no poder abrazar a quien se equivoca.

Esto parece complicado, Por qué, ¿cómo abrazar a quien asesina, viola, pisotea? La repuesta utópica es desde la misericordia, perdonando para no vivir con odio, dolor, para no juzgar sin antes comprender que todo acto tiene una raíz, que ese árbol venenoso devora porque no tuvo ni tiene quien lo sanará, porque creció desapercibido entre todas las demás raíces y tierra sin tener a alguien capaz de regar y alimentar su semilla para ser un  árbol sano, con frutos que alimenten.

Jesús de Nazaret, enseñó que todo acto de maldad tiene una pequeña responsabilidad en cada persona. Si alguien hace daño y no se corrige en base al amor, con dedicación y tiempo, si no se hace algo como comunidad y se evita que esa semilla crezca retorcida o muera envenenada por sí misma, seguirá dañando el campo, pero, si se le dedica tiempo, sanará desarrollando en su interior armonía, otorgando estabilidad,  paz al semejante, por ello, al decir Shalom, se  recuerda en Silencio su etimología, es decir,  integridad y se crea un compromiso, Shalom, significa, mi paz depende de tu integridad y mi integridad de tu paz,nombrarlo corresponde a un compromiso social.

Por otra parte sanar, curar significa tener el poder espiritual de no aceptar las cosas pasivamente, salvar es cambiar el cambio del destino otorgándole un significado de vida a la esperanza. Es así, que las curaciones realizadas por Jesús no tienen un sentido sobrenatural, sino que implican su decisión de no permitir que el tiempo corra sin que el ser humano se permita hacer algo por cambiar para bien el destino de su semejante.

Cada enseñanza de Jesús de Nazaret era un compromiso con D/os desde lo humano, desde lo social, no arrancando la mala hierba sino sanándola a través del amor y del cuidado evitando produzca frutos envenenados, por ello, simbólicamente cada uno de sus discípulos y apóstoles representaban lo marginado, lo discriminado, contra esto, Jesús mostraba que la aceptación hacia el otro y la escucha más allá de los errores conducen a la persona a cambiar, a convertirse de personas a seres humanos, a vivir sin máscaras, a no enjuiciar,  a nunca imponer, a no desechar a la persona por una equivocación, o porque no coincide con las ideas morales.

Marcos el Evangelista
Marcos el Evangelista

Jesús de Nazaret anhelaba que D/os se convirtiera en una forma de vida, no en un Templo, no en una Iglesia, ni en una doctrina, su idea no era que en su nombre ni en nombre de D/os la humanidad creará poder, deseaba que el ser humano se comprendiera Reino de Dios en sí mismo y en el otro, porque solo así la responsabilidad tendría su fundamento en el amor, no en el miedo y la imposición, por eso menciona, ¡Ay de vosotros, escribas y fariseos, hipócritas!, porque pagáis el diezmo de la menta, del eneldo y del comino, y habéis descuidado los preceptos de más peso de la ley: la justicia, la misericordia y la fidelidad; y éstas son las cosas que debíais haber hecho, sin descuidar aquéllas.

Esta entre otras muchas enseñanzas son el caminar de Jesús de Nazaret, enseñanzas con fundamentadas en lo espiritual-social. Por ejemplo, la Última Cena tiene un significado de comunión, de estar con el otro, porque el verbo comer, desde el hebreo antiguo no es un acto físico que alimenta el estómago, sino un acto espiritual, emocional referente a contemplar al otro con todo los sentidos, hace de la presencia, palabras, Silencio de cada persona un alimento el cual pasa por los siete lenguajes (corporal, emocional-sentimental,  sensorial, instintivo, intelectual, sexual, espiritual), es decir, simbólicamente, saborear al otro, hacerlo y hacerte parte de su y tu vida. Consagrar el pan, símbolo de la humanidad, el vino, símbolo de la sangre, de la vida.

La Última Cena es una enseñanza, es estar con el otro. Convivir con el semejante implica consagrar todo lo que es, pero, ¿en qué momento se perdió esta enseñanza? ¿en qué momento Jesús de Nazaret se convirtió en el Jesús de los cristianos? ¿En qué momento su enseñanza de amar unicamente a D/os lo convirtió en el D/s de un Imperio?, ¿en que momento una forma de vida tan hermosa se llenó de dogmas, castigos, juicios?, ¿cuándo Jesús trató de crear una imagen a sus discípulos, a obligarlos a seguir un camino sin escucharlos, sin aceptar sus errores? ¿A partir de qué tiempo la oveja perdida se convirtió en un estorbo el cual es mejor eliminar del camino?

Estás preguntas surgen en el caminar, al contemplar la distorsión de las enseñanzas de Jesús de Nazaret por parte de san Pablo, san Agustín y la jerarquía, sino también por parte de los creyentes y no creyentes, quienes  interpretan, afirman, y se burlan con o sin conocimiento.

La Última cena
La Última Cena

Es claro que la Iglesia ayuda, se extiende hacia muchos lugares donde muchos no quieren ir, va al infierno de cada persona para sanar, no puede negarse su aportación. Gritemos lo bueno que hace la Iglesia dicen algunos, ¡No!, lo bueno, la caridad realizada por la Iglesia no debe gritarse porque es su misión, ¡Qué tu mano derecha no sepa lo que hace la izquierda, pero si deben gritarse los errores, no para condenar, sino para mejorar, para no dañar las enseñanzas de Jesús de Nazaret, en ocasiones tan distorsionado por el Jesús Cristiano, por ello escribe Gibrán JalilUn día en los jardines del Líbano Jesús de Nazaret y el Jesús de los Cristianos se sentaron a platicar y después de conversar se despidieron  dándose cuenta que nunca estarían de acuerdo.

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Seguir las enseñanzas de Jesús, así como la de los otros grandes sabios, Mahoma, Lao Tse, Confucio, (por mencionar algunos)  y/o tradiciones,  no llevan consigo doctrinas, porque una forma de vida no debe adoctrinarse, no debe memorizarse ni imponerse en base a castigos. La enseñanza de los grandes sabios son caminos para encontrarse con uno mismo y con el otro, haciendo de cada Libro Sagrado una guía, un sendero para encontrar paz y sabiduría liberando a la persona de culpas, dolor, y mostrando que el significado del pecado sólo es vivir sin misión de vida, con tristeza porque el ser humano fue creado para vivir y trabajar con alegría. Jesús de Nazaret enseñó que si la religión no se convierte en una fortaleza ética no funciona, que D/os es una forma de vida donde el significado de religión,  toma sentido porque tiene que ver con la comprensión y la aceptación del otro. (religión – religare, unión  creada en base a la comprensión y la aceptación del otro).

Jesús de Nazaret, enseñó que en nombre de D/os todo tiene solución, nada merece un castigo que lleve al sufrimiento, al alejamiento social, al prejuicio, condenación y/o discriminación.

Jesús de Nazaret reveló a D/os como padre, para que cada ser humano viese al otro como su hermano, para construir un reino fraterno. El D/os Padre de Jesús de Nazaret, es un padre amoroso, cómplice, quien acompaña en Silencio para otorgar seguridad, no para mostrarse como un padre perseguidor que convierte a sus hijos en paranoicos. Entonces, ¿Por qué juzgar a quien se equivoca, condenar a quien tiene opciones de vida distinta, a quienes comprenden que el amor no es suficiente, o que en ocasiones se acaba? ¿Por qué quienes tienen poder sobre la vocación de otros deciden en base a su moral quien es capaz de promulgar el Reino de Dios, de segregar caminos a quienes han donado su vida para ayudar a otros haciendo de su vida un camino misionero? ¿Por qué se creen portadores del cielo y del infierno? ¿Por qué pisotean la salvación de Jesús y crean infiernos? ¿Por qué se creen con la calidad moral para condenar? ¿En qué momento han dejado de escuchar las enseñanzas de Jesús de Nazaret para imponer su moral dañando la espiritualidad y el acercamiento a D/os, y no sólo eso, por qué impedir que quien anhela ofrecer su vida en beneficio del otro lo haga?, ¿en qué instante la mala lectura de las enseñanzas de los Libros Sagrados ha convertido a quienes tienen cargos religiosos en censores?, ¿en qué fragmentos de los Evangelios, de la Torá, del Talmud, el Corán, los Vedas se menciona que alguien pueda impedir el acercamiento a D/os a través del cuidado hacia el otro, cuando lo  mencionado éticamente es todo lo contrario? ¿En qué momento Jesús de Nazaret creó el Cristianismo? ¿En que instante el ama a D/os sobre todas las cosas convirtió a Jesús en el líder del segundo poder? ¿En que momento la doctrina creada por san Pablo dañó el verdadero mensaje?

Benedicto XVI
Benedicto XVI

Jesús de Nazaret, aquél que menciona en pocas líneas el Talmud, en quien se basan las enseñanzas del Evangelio,  a quien el Corán dedica varios Suras, y quien es considerado como un gran crítico social en el judaísmo, es un hombre que vivió a D/os en sí mismo y por ello caminó enseñando que amar a D/os no es encerrase en un Templo o hincarse pidiendo perdón en base al miedo, Jesús de Nazaret mostró a D/os como una forma de vida, no le dio un nombre en particular, sólo lo nombró Abba, padre para hacernos hermanos, para no imponer una verdad y para no negar la manera en la que otros pueblos lo nombran, mostró que D/os no está en el cielo, sino en cada semejante, en cada ser vivo y en toda la Creación, enseñó que todo el ser humano es profeta y sacerdote porque la vivencia personal de Dios, vivida con amor y respeto es sagrada y distinta para todos, por ello cada uno tiene la responsabilidad de no permitir perderse al otro, porque como está escrito en la sabiduría de los pueblos semitas “Si el ha cometido una falta es porque yo como pueblo algo he hecho mal, y como mencionó Benedicto XVI en su discurso del 13 de mayo, No hemos sido enviados a anunciarnos a nosotros mismos o nuestras opiniones personales, sino el misterio de D/os y en Él, la medida del verdadero humanismo.

Jesús de Nazaret enseñó que ser hijo de D/os no es tener un privilegio en el cielo o en un Paraíso sino mostró que tener a D/os como padre es contemplar a cada ser humano, ser vivo, como hermano, ver a la creación como un hogar y sentir al cuerpo como una casa haciéndolo el verdadero Templo de D/os. Jesús de Nazaret no creó ninguna doctrina, él era un hombre judío, conocedor de la Ley de sus profetas, pero sobre todo era Hijo de D/os porque luchó y dio su vida para que las generaciones siguientes aprendieran que sanar es no conformarse y que dar la vida por el otro y retornarle la gracia significa darle el conocimiento, la fortaleza y la sabiduría para crecer y construir una sociedad justa fundamentada en el amor y la misericordia.

https://lasnuevemusas.com/jesus-de-nazaret-el-judio-que-nunca-fue-cristiano/

DOCUMENTO SOBRE LA FRATERNIDAD HUMANA POR LA PAZ MUNDIAL Y LA CONVIVENCIA COMÚN



Prefacio

La fe lleva al creyente a ver en el otro a un hermano que debe sostener y amar. Por la fe en Dios, que ha creado el universo, las criaturas y todos los seres humanos —iguales por su misericordia—, el creyente está llamado a expresar esta fraternidad humana, protegiendo la creación y todo el universo y ayudando a todas las personas, especialmente las más necesitadas y pobres.

Desde este valor trascendente, en distintos encuentros presididos por una atmósfera de fraternidad y amistad, hemos compartido las alegrías, las tristezas y los problemas del mundo contemporáneo, en el campo del progreso científico y técnico, de las conquistas terapéuticas, de la era digital, de los medios de comunicación de masas, de las comunicaciones; en el ámbito de la pobreza, de las guerras y de los padecimientos de muchos hermanos y hermanas de distintas partes del mundo, a causa de la carrera de armamento, de las injusticias sociales, de la corrupción, de las desigualdades, del degrado moral, del terrorismo, de la discriminación, del extremismo y de otros muchos motivos.

De estos diálogos fraternos y sinceros que hemos tenido, y del encuentro lleno de esperanza en un futuro luminoso para todos los seres humanos, ha nacido la idea de este «Documento sobre la Fraternidad Humana». Un documento pensado con sinceridad y seriedad para que sea una declaración común de una voluntad buena y leal, de modo que invite a todas las personas que llevan en el corazón la fe en Dios y la fe en la fraternidad humana a unirse y a trabajar juntas, para que sea una guía para las nuevas generaciones hacia una cultura de respeto recíproco, en la comprensión de la inmensa gracia divina que hace hermanos a todos los seres humanos.

Documento

En el nombre de Dios que ha creado todos los seres humanos iguales en los derechos, en los deberes y en la dignidad, y los ha llamado a convivir como hermanos entre ellos, para poblar la tierra y difundir en ella los valores del bien, la caridad y la paz.

En el nombre de la inocente alma humana que Dios ha prohibido matar, afirmando que quien mata a una persona es como si hubiese matado a toda la humanidad y quien salva a una es como si hubiese salvado a la humanidad entera.

En el nombre de los pobres, de los desdichados, de los necesitados y de los marginados que Dios ha ordenado socorrer como un deber requerido a todos los hombres y en modo particular a cada hombre acaudalado y acomodado.

En el nombre de los huérfanos, de las viudas, de los refugiados y de los exiliados de sus casas y de sus pueblos; de todas las víctimas de las guerras, las persecuciones y las injusticias; de los débiles, de cuantos viven en el miedo, de los prisioneros de guerra y de los torturados en cualquier parte del mundo, sin distinción alguna.

En el nombre de los pueblos que han perdido la seguridad, la paz y la convivencia común, siendo víctimas de la destrucción, de la ruina y de las guerras.

En nombre de la «fraternidad humana» que abraza a todos los hombres, los une y los hace iguales.

En el nombre de esta fraternidad golpeada por las políticas de integrismo y división y por los sistemas de ganancia insaciable y las tendencias ideológicas odiosas, que manipulan las acciones y los destinos de los hombres.

En el nombre de la libertad, que Dios ha dado a todos los seres humanos, creándolos libres y distinguiéndolos con ella.

En el nombre de la justicia y de la misericordia, fundamentos de la prosperidad y quicios de la fe.

En el nombre de todas las personas de buena voluntad, presentes en cada rincón de la tierra.

En el nombre de Dios y de todo esto, Al-Azhar al-Sharif —con los musulmanes de Oriente y Occidente—, junto a la Iglesia Católica —con los católicos de Oriente y Occidente—, declaran asumir la cultura del diálogo como camino; la colaboración común como conducta; el conocimiento recíproco como método y criterio.

Nosotros —creyentes en Dios, en el encuentro final con él y en su juicio—, desde nuestra responsabilidad religiosa y  moral, y a través de este Documento, pedimos a nosotros mismos y a los líderes del mundo, a los artífices de la política internacional y de la economía mundial, comprometerse seriamente para difundir la cultura de la tolerancia, de la convivencia y de la paz; intervenir lo antes posible para parar el derramamiento de sangre inocente y poner fin a las guerras, a los conflictos, a la degradación ambiental y a la decadencia cultural y moral que el mundo vive actualmente.

Nos dirigimos a los intelectuales, a los filósofos, a los hombres de religión, a los artistas, a los trabajadores de los medios de comunicación y a los hombres de cultura de cada parte del mundo, para que redescubran los valores de la paz, de la justicia, del bien, de la belleza, de la fraternidad humana y de la convivencia común, con vistas a confirmar la importancia de tales valores como ancla de salvación para todos y buscar difundirlos en todas partes.

Esta Declaración, partiendo de una reflexión profunda sobre nuestra realidad contemporánea, valorando sus éxitos y viviendo sus dolores, sus catástrofes y calamidades, cree firmemente que entre las causas más importantes de la crisis del mundo moderno están una conciencia humana anestesiada y un alejamiento de los valores religiosos, además del predominio del individualismo y de las filosofías materialistas que divinizan al hombre y ponen los valores mundanos y materiales en el lugar de los principios supremos y trascendentes.

Nosotros, aun reconociendo los pasos positivos que nuestra civilización moderna ha realizado en los campos de la ciencia, la tecnología, la medicina, la industria y del bienestar, en particular en los países desarrollados, subrayamos que, junto a tales progresos históricos, grandes y valiosos, se constata un deterioro de la ética, que condiciona la acción internacional, y un debilitamiento de los valores espirituales y del sentido de responsabilidad. Todo eso contribuye a que se difunda una sensación general de frustración, de soledad y de desesperación, llevando a muchos a caer o en la vorágine del extremismo ateo o agnóstico, o bien en el fundamentalismo religioso, en el extremismo o en el integrismo ciego, llevando así a otras personas a ceder a formas de dependencia y de autodestrucción individual y colectiva.

La historia afirma que el extremismo religioso y nacional y la intolerancia han producido en el mundo, tanto en Occidente como en Oriente, lo que podrían llamarse los signos de una «tercera guerra mundial a trozos», signos que, en diversas partes del mundo y en distintas condiciones trágicas, han comenzado a mostrar su rostro cruel; situaciones de las que no se conoce con precisión cuántas víctimas, viudas y huérfanos hayan producido. Asimismo, hay otras zonas que se preparan a convertirse en escenario de nuevos conflictos, donde nacen focos de tensión y se acumulan armas y municiones, en una situación mundial dominada por la incertidumbre, la desilusión y el miedo al futuro y controlada por intereses económicos miopes.

También afirmamos que las fuertes crisis políticas, la injusticia y la falta de una distribución equitativa de los recursos naturales —de los que se beneficia solo una minoría de ricos, en detrimento de la mayoría de los pueblos de la tierra— han causado, y continúan haciéndolo, gran número de enfermos, necesitados y muertos, provocando crisis letales de las que son víctimas diversos países, no obstante las riquezas naturales y los recursos que caracterizan a las jóvenes generaciones. Con respecto a las crisis que llevan a la muerte a millones de niños, reducidos ya a esqueletos humanos —a causa de la pobreza y del hambre—, reina un silencio internacional inaceptable.

En este contexto, es evidente que la familia es esencial, como núcleo fundamental de la sociedad y de la humanidad, para engendrar hijos, criarlos, educarlos, ofrecerles una moral sólida y la protección familiar. Atacar la institución familiar, despreciándola o dudando de la importancia de su rol, representa uno de los males más peligrosos de nuestra época.

Declaramos también la importancia de reavivar el sentido religioso y la necesidad de reanimarlo en los corazones de las nuevas generaciones, a través de la educación sana y la adhesión a los valores morales y a las enseñanzas religiosas adecuadas, para que se afronten las tendencias individualistas, egoístas, conflictivas, el radicalismo y el extremismo ciego en todas sus formas y manifestaciones.

El primer y más importante objetivo de las religiones es el de creer en Dios, honrarlo y llamar a todos los hombres a creer que este universo depende de un Dios que lo gobierna, es el Creador que nos ha plasmado con su sabiduría divina y nos ha concedido el don de la vida para conservarlo. Un don que nadie tiene el derecho de quitar, amenazar o manipular a su antojo, al contrario, todos deben proteger el don de la vida desde su inicio hasta su muerte natural. Por eso, condenamos todas las prácticas que amenazan la vida como los genocidios, los actos terroristas, las migraciones forzosas, el tráfico de órganos humanos, el aborto y la eutanasia, y las políticas que sostienen todo esto.

Además, declaramos —firmemente— que las religiones no incitan nunca a la guerra y no instan a sentimientos de odio, hostilidad, extremismo, ni invitan a la violencia o al derramamiento de sangre. Estas desgracias son fruto de la desviación de las enseñanzas religiosas, del uso político de las religiones y también de las interpretaciones de grupos religiosos que han abusado —en algunas fases de la historia— de la influencia del sentimiento religioso en los corazones de los hombres para llevarlos a realizar algo que no tiene nada que ver con la verdad de la religión, para alcanzar fines políticos y económicos mundanos y miopes. Por esto, nosotros pedimos a todos que cese la instrumentalización de las religiones para incitar al odio, a la violencia, al extremismo o al fanatismo ciego y que se deje de usar el nombre de Dios para justificar actos de homicidio, exilio, terrorismo y opresión. Lo pedimos por nuestra fe común en Dios, que no ha creado a los hombres para que sean torturados o humillados en su vida y durante su existencia. En efecto, Dios, el Omnipotente, no necesita ser defendido por nadie y no desea que su nombre sea usado para aterrorizar a la gente.

Este Documento, siguiendo los Documentos Internacionales precedentes que han destacado la importancia del rol de las religiones en la construcción de la paz mundial, declara lo siguiente:

– La fuerte convicción de que las enseñanzas verdaderas de las religiones invitan a permanecer anclados en los valores de la paz; a sostener los valores del conocimiento recíproco, de la fraternidad humana y de la convivencia común; a restablecer la sabiduría, la justicia y la caridad y a despertar el sentido de la religiosidad entre los jóvenes, para defender a las nuevas generaciones del dominio del pensamiento materialista, del peligro de las políticas de la codicia de la ganancia insaciable y de la indiferencia, basadas en la ley de la fuerza y no en la fuerza de la ley.

– La libertad es un derecho de toda persona: todos disfrutan de la libertad de credo, de pensamiento, de expresión y de acción. El pluralismo y la diversidad de religión, color, sexo, raza y lengua son expresión de una sabia voluntad divina, con la que Dios creó a los seres humanos. Esta Sabiduría Divina es la fuente de la que proviene el derecho a la libertad de credo y a la libertad de ser diferente. Por esto se condena el hecho de que se obligue a la gente a adherir a una religión o cultura determinada, como también de que se imponga un estilo de civilización que los demás no aceptan.

– La justicia basada en la misericordia es el camino para lograr una vida digna a la que todo ser humano tiene derecho.

– El diálogo, la comprensión, la difusión de la cultura de la tolerancia, de la aceptación del otro y de la convivencia entre los seres humanos contribuirían notablemente a que se reduzcan muchos problemas económicos, sociales, políticos y ambientales que asedian a gran parte del género humano.

– El diálogo entre los creyentes significa encontrarse en el enorme espacio de los valores espirituales, humanos y sociales comunes, e invertirlo en la difusión de las virtudes morales más altas, pedidas por las religiones; significa también evitar las discusiones inútiles.

– La protección de lugares de culto —templos, iglesias y mezquitas— es un deber garantizado por las religiones, los valores humanos, las leyes y las convenciones internacionales. Cualquier intento de atacar los lugares de culto o amenazarlos con atentados, explosiones o demoliciones es una desviación de las enseñanzas de las religiones, como también una clara violación del derecho internacional.

– El terrorismo execrable que amenaza la seguridad de las personas, tanto en Oriente como en Occidente, tanto en el Norte como en el Sur, propagando el pánico, el terror y el pesimismo no es a causa de la religión —aun cuando los terroristas la utilizan—, sino de las interpretaciones equivocadas de los textos religiosos, políticas de hambre, pobreza, injusticia, opresión, arrogancia; por esto es necesario interrumpir el apoyo a los movimientos terroristas a través del suministro de dinero, armas, planes o justificaciones y también la cobertura de los medios, y considerar esto como crímenes internacionales que amenazan la seguridad y la paz mundiales. Tal terrorismo debe ser condenado en todas sus formas y manifestaciones.

– El concepto de ciudadanía se basa en la igualdad de derechos y deberes bajo cuya protección todos disfrutan de la justicia. Por esta razón, es necesario comprometernos para establecer en nuestra sociedad el concepto de plena ciudadanía y renunciar al uso discriminatorio de la palabra minorías, que trae consigo las semillas de sentirse aislado e inferior; prepara el terreno para la hostilidad y la discordia y quita los logros y los derechos religiosos y civiles de algunos ciudadanos al discriminarlos.

– La relación entre Occidente y Oriente es una necesidad mutua indiscutible, que no puede ser sustituida ni descuidada, de modo que ambos puedan enriquecerse mutuamente a través del intercambio y el diálogo de las culturas. El Occidente podría encontrar en la civilización del Oriente los remedios para algunas de sus enfermedades espirituales y religiosas causadas por la dominación del materialismo. Y el Oriente podría encontrar en la civilización del Occidente tantos elementos que pueden ayudarlo a salvarse de la debilidad, la división, el conflicto y el declive científico, técnico y cultural. Es importante prestar atención a las diferencias religiosas, culturales e históricas que son un componente esencial en la formación de la personalidad, la cultura y la civilización oriental; y es importante consolidar los derechos humanos generales y comunes, para ayudar a garantizar una vida digna para todos los hombres en Oriente y en Occidente, evitando el uso de políticas de doble medida.

– Es una necesidad indispensable reconocer el derecho de las mujeres a la educación, al trabajo y al ejercicio de sus derechos políticos. Además, se debe trabajar para liberarla de presiones históricas y sociales contrarias a los principios de la propia fe y dignidad. También es necesario protegerla de la explotación sexual y tratarla como una mercancía o un medio de placer o ganancia económica. Por esta razón, deben detenerse todas las prácticas inhumanas y las costumbres vulgares que humillan la dignidad de las mujeres y trabajar para cambiar las leyes que impiden a las mujeres disfrutar plenamente de sus derechos.

– La protección de los derechos fundamentales de los niños a crecer en un entorno familiar, a la alimentación, a la educación y al cuidado es un deber de la familia y de la sociedad. Estos derechos deben garantizarse y protegerse para que no falten ni se nieguen a ningún niño en ninguna parte del mundo. Debe ser condenada cualquier práctica que viole la dignidad de los niños o sus derechos. También es importante estar alerta contra los peligros a los que están expuestos — especialmente en el ámbito digital—, y considerar como delito el tráfico de su inocencia y cualquier violación de su infancia.

– La protección de los derechos de los ancianos, de los débiles, los discapacitados y los oprimidos es una necesidad religiosa y social que debe garantizarse y protegerse a través de legislaciones rigurosas y la aplicación de las convenciones internacionales al respecto.

Con este fin, la Iglesia Católica y al-Azhar, a través de la cooperación conjunta, anuncian y prometen llevar este Documento a las Autoridades, a los líderes influyentes, a los hombres de religión de todo el mundo, a las organizaciones regionales e internacionales competentes, a las organizaciones de la sociedad civil, a las instituciones religiosas y a los exponentes del pensamiento; y participar en la difusión de los principios de esta Declaración a todos los niveles regionales e internacionales, instándolos a convertirlos en políticas, decisiones, textos legislativos, planes de estudio y materiales de comunicación.

Al-Azhar y la Iglesia Católica piden que este Documento sea objeto de investigación y reflexión en todas las escuelas, universidades e institutos de educación y formación, para que se ayude a crear nuevas generaciones que traigan el bien y la paz, y defiendan en todas partes los derechos de los oprimidos y de los últimos.

En conclusión, deseamos que:

esta Declaración sea una invitación a la reconciliación y a la fraternidad entre todos los creyentes, incluso entre creyentes y no creyentes, y entre todas las personas de buena voluntad;

sea un llamamiento a toda conciencia viva que repudia la violencia aberrante y el extremismo ciego; llamamiento a quien ama los valores de la tolerancia y la fraternidad, promovidos y alentados por las religiones;

sea un testimonio de la grandeza de la fe en Dios que une los corazones divididos y eleva el espíritu humano;

sea un símbolo del abrazo entre Oriente y Occidente, entre el Norte y el Sur y entre todos los que creen que Dios nos ha creado para conocernos, para cooperar entre nosotros y para vivir como hermanos que se aman.

Esto es lo que esperamos e intentamos realizar para alcanzar una paz universal que disfruten todas las personas en esta vida.

Abu Dabi, 4 de febrero de 2019

Su Santidad 
Papa Francisco
Gran Imán de Al-Azhar
Ahmad Al-Tayyeb

http://w2.vatican.va/content/francesco/es/travels/2019/outside/documents/papa-francesco_20190204_documento-fratellanza-umana.html

Ética, interculturalidad y encuentro inter-religioso con Francisco


El Papa Francisco y el Imán de Al-Azhar, Ahmad Al-Tayyib, han realizado un importante e imprescindible “documento sobre la fraternidad humana por la paz mundial y la convivencia común… Al-Azhar y la Iglesia Católica piden que este Documento sea objeto de investigación y reflexión en todas las escuelas, universidades e institutos de educación y formación, para que se ayude a crear nuevas generaciones que traigan el bien y la paz, y defiendan en todas partes los derechos de los oprimidos y de los últimos”. Pues bien esto es lo que nos proponemos con este artículo, que asimismo tiene su raíz en mi viaje y estancia en la querida Colombia, en la bella ciudad de Bucaramanga, con motivo de mi conferencia en las V Jornadas Internacionales de humanidades y educación. Organizadas por la Universidad de Santander (UDES), con la temática-cuestión “educación y cultura”, en donde estuve invitado como ponente internacional. Y en la Universidad Industrial de Santander (UIS), impartiendo clases de ética.

Empezaremos tratando de exponer el sentido de la cultura que, como indica su etimología (similar a la de “agricultura”), es la realidad por la que nos cultivamos como seres humanos. El pensamiento y la filosofía nos transmite que la cultura nos humaniza como los animales (seres) racionales que somos. Efectivamente, la personas es un animal (ser) cultural. Más allá de nuestros impulsos instintuales, la cultura es lo que nos diferencia del resto de animales y lo que nos hace propiamente humanos. Gracias a nuestra capacidad cultural, nos convertimos en personas y damos sentido a la existencia mediante las creencias, costumbres, tradiciones, estilos de vida, ciencias u otras formas de conocimiento, leyes, instituciones…que conforman la cultura. Por la cultura vamos realizando nuestras formas de pensar, sentir y hacer, los diversos proyectos vitales, sociales e históricos que promovemos con la vida cultural. Las relaciones humanas, sociales e históricas se van plasmando por las culturas que van dando sentido y significado a la realidad del ser humano.

Aunque en ocasiones se han contrapuesto natura y cultura, como nos van mostrando los estudios del pensamiento y de las ciencias humanas o sociales, no hay tal oposición o dualismo, sino distinción o diversidad en la unidad estructural entre naturaleza y cultura. Y es que la cultura tiene una base física, biológica y psico-corporal sobre la que se desarrolla la vida cultural del ser humano. Desde una adecuada antropología integral, se puede observar la inter-acción fecunda entre los sentidos y la razón, por la que el ser humano se constituye como una “inteligencia sentiente” (Zubiri), entre el cuerpo y psique-alma.

El pensamiento y la antropología, o las mismas neurociencias, nos muestran la denominada “unidad psíquica” del género humano: toda la humanidad comparte una serie de características universales, que nos constituyen como humanos; como personas, todos tenemos las capacidades racionales, de buscar la verdad y establecer el diálogo, éticas para discernir el bien o el mal y estéticas en el anhelo de belleza.
Todos amamos, sentimos o nos indignamos ante el mal e injusticias. Estas dimensiones universales, propias de toda persona, hacen posible el diálogo y encuentro con los otros de diferentes áreas culturales y, evidentemente, no niegan la diversidad cultural. Las diversas culturas expresan estas constitutivas dimensiones racionales, éticas y estéticas, como el amar y sentir o la pasión por la justicia, de diversas formas, expresiones y tradiciones que son complementarias y se fecundan entre los distintos pueblos.

De ahí que es propio del ser humano establecer el diálogo y encuentro inter-cultural, para que los pueblos vayan compartiendo y fecundándose entre sí, gracias a esta diversidad de cauces culturales. Acogiendo así lo verdadero, bello y bueno de los otros con lo que nos fecundamos y en este sentido, como ya hemos indicado, ir uniéndonos en lo compartido y común con la humanidad a la que pertenecemos. No es sano ni adecuado un relativismo cultural que no permita el diálogo y el encuentro con los otros seres humanos, a los que estamos unidos por nuestra propia naturaleza personal y humana compartida, universal que no se puede negar. Ni tampoco un etnocentrismo o uniformismo cultural que quiera dominar o excluir a las otras culturas, con pretensiones de superioridad sobre los otros que llevan al racismo, o a la negación de esta esta vitalidad fecunda y belleza de la diversidad cultural.

En esta línea, nuestras capacidades racionales, críticas y éticas nos permite rechazar y liberarnos todo aquello de inhumano e injusto que haya en las culturas, que nunca se pueden sacralizar, para que se respeten la vida, dignidad y derechos humanos de las personas. El cuidado y protección de la vida en todas sus formas, desde la fecundación-concepción, dimensiones y aspectos, de la familia con el amor fiel entre un hombre y la mujer abiertos a la vida, a los hijos, a la solidaridad y al bien común. La vida y la familia son pilares de toda sociedad-mundo que quiera ser humanizadora, cultural, ética y espiritual.

De esta forma, mediante una educación (formación) integral, podemos y debemos ir promoviendo todo este sentido de la persona con sus capacidades culturales e inter-culturales para un desarrollo humano, social, liberador y global. Tal como se impone actualmente, la educación y formación no puede caer en el individualismo posesivo e insolidario, en la razón tecnocrática, mercantilista e instrumental. Al contrario, en su propia entraña, la educación debe cultivar toda esta formación cultural e integral del ser humano que engloba todas estas inherentes dimensiones humanas, sociales y culturales de la persona.

La educación pues se encarna en la vida y cultura de los pueblos, cultiva y potencia las diversas tradiciones culturales, espirituales (como es la religiosidad popular) y sociales de los pueblos por las que se van humanizando, desarrollando y liberando integralmente. Una educación razonable e inteligente que busca el conocimiento de la realidad, la verdad real, ética que promueve el discernimiento de lo bueno y justo u honrado, estética que se admira de la belleza en una ecología integral.

Una educación y cultura en los valores, principios y humanismo que nos constituyen como personas. Esto es, una educación y cultura para la solidaridad, la paz, la justicia liberadora con los pobres de la tierra, el trabajo decente con un salario justo y la economía ética, lo femenino que respeta la vida digna y el ser sujeto de la mujer, el cuidado y la ecología integral. En oposición a la deshumanización e in-cultura de la egolatría posesiva e individualista, del mercado y capital como ídolos, de las idolatrías de la riqueza-ser rico y del poder. Frente a la sinrazón e inhumanidad de las desigualdades e injusticia sociales-globales, de las guerras y violencias, la destrucción ecológica y de toda forma de vida en cualquier fase o dimensión, del machismo, racismo o cualquier “fobia” e (integr)”ismo” que dañe y excluya el otro. De ahí que las diversas tradiciones espirituales y religiones como las orientales, el budismo e hinduismo o confucionismo, la judía, cristiana e islámica: tienen mucho bueno, verdadero y bello que aportarnos.

Ahora se hace necesario, más que nunca, acoger y valorar todo lo bueno, bello y verdadero de los otros u otras religiones como el islam. Es un diálogo y encuentro inter-religioso para la búsqueda de la paz, la justicia y una convivencia fraterna entre todos los pueblos. No es cierto que las personas, culturas y religiones, cual fuera, sean malas por naturaleza. Al contrario, como nos muestran hasta las propias neurociencias junto a la filosofía o teología y las diversas ciencias, la persona por su propia naturaleza humana, social, cultural y espiritual está vocacionada, llamada y constituida por el amor, la empatía y la compasión; por la paz, solidaridad y justicia hacia el otro. En esa búsqueda común de la libertad, igualdad y fraternidad que promueva la civilización del amor.

La mundialización solidaria, equitativa y eco-pacífica en contra de la globalización neoliberal del capital, de la guerra y de la destrucción eco-cultural. Todo ello es lo que nos muestra la razón y la fe, por ejemplo la denominada ley natural, la iglesia y los Papas como San Juan Pablo II o Francisco en dicho documento que, junto al resto de su enseñanza, sigue el espíritu del Concilio Vaticano II.

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