La ordenación de la conferencia de las mujeres – Mujeres Católicas – Llamado Paula HOEFFER


 

En una amplia entrevista esta semana con Reuters , se le pidió a Francisco responder a la idea de una mujer con un “fuerte deseo” de ser sacerdote.

A lo largo de su pontificado, Francisco ha quedado atrapado en argumentos obsoletos sobre el papel de la mujer como la “esposa de Cristo”, y no quería andar con las mujeres que con oración distinguir una llamada al sacerdocio.

Francisco tiene que cumplir con Paula Hoeffer.

Más allá de sólo el deseo, las mujeres con oración discernir su llamada al sacerdocio de Dios, al igual que los hombres. Sabemos que estas mujeres y apoyamos estas mujeres .. Para ser un sacerdote tiene sus raíces en un llamado de Dios; ningún hombre debe tratar de negar esa llamada.

En video llamado Mujeres católica de esta semana, las acciones de Paula cómo su llamada inesperada la llevaron a más profunda alegría y autenticidad.

https://youtu.be/eLHAU1X4SeE


Al respaldar la misoginia de sus predecesores, Francisco pierde credibilidad entre la mayoría de los católicos que piden la ordenación de mujeres como sacerdotes y diáconos. Hasta las vocaciones sacerdotales de las mujeres se reconocen y confirmado por la Iglesia a través de la ordenación, las mujeres no tendrán un verdadero liderazgo y equidad en sus estructuras, no importa cuántas dicasterios hayan sido nombrados para dirigir.


Nuestro trabajo para abogar sin compromisos por la igualdad de las mujeres en nuestra Iglesia sigue con urgencia. Una puerta atascado con el sexismo no puede sostener.

 

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GINEBRA.SUIZA: “VINE AQUÍ COMO PEREGRINO EN BUSCA DE UNIDAD Y DE PAZ” Papa Francisco.


El Papa, en Ginebra

El ecumenismo es “una gran empresa con pérdidas”. Pero se trata de pérdida evangélica, según el camino trazado por Jesús

(José M. Vidal).- Primer acto ecuménico del Papa Francisco en el Centro Ecuménico del CMI, con un sentido discurso del Papa, invitando a caminar ya, juntos, hacia la unidad, “rezando, evangelizando y sirviendo”. Porque, “caminar juntos no es una estrategia, sino un acto de obediecia a Dios y de amor al mundo”.

En el citado centro, los líderes de todas las confesiones religiosas de Ginebra, la ciudad de la paz, en un auténtico arcoiris de religiones.

Entra el Papa, acompañado de diversos líderes religiosos y del cardenal Koch, presidente dle Pontificio Consejo para la Unidad de los cristianos.

El Papa inicia el rito en nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. La asamblea recita la antífona de un salmo.

El primero en intervenir es un ortodoxo: “Bienvenidos a esta oración ecuménica”. “Desde su fundción en 1948 se ha convertido en una fraternidad universal” “Damos gracias por los que trabajaron por la unidad de los cristianos”

Una obispa toma el relevo: “Damos las gracias al Santo Padre”

Una líder protestante: “Un instrumento de Dios para la reconciliación” “Invoquemos la presencia de Dios entre nosotros”

Se interpreta un canto.

Oración del reverendo Tveit y del cardenal Koch.

Y la asamblea interpreta un nuevo canto.

A continuación, la oración por la unidad, rezada por distintos líderes religiosos: “Todos somos uno en Cristo Jesús”.

Y la asamblea canta un himno gospel.

Texto íntegro del discurso del Papa

Queridos hermanos y hermanas: Hemos escuchado las palabras del Apóstol Pablo a los Gálatas, quienes estaban pasando por tribulaciones y luchas internas. De hecho, había grupos que se enfrentaban y se acusaban mutuamente. En este contexto y hasta dos veces en pocos versículos, el Apóstol invita a «caminar según el Espíritu» (Ga 5,16.25). Caminar. El hombre es un ser en camino. Está llamado a ponerse en camino durante toda la vida, a salir continuamente del lugar donde se encuentra: desde que sale del seno de la madre hasta que pasa de una a otra etapa de la vida; desde que sale de la casa de los padres hasta el momento en que deja esta existencia terrena.

El camino es una metáfora que revela el sentido de la vida humana, de una vida que no es suficiente en sí misma, sino que anhela algo más. El corazón nos invita a marchar, a alcanzar una meta. Pero caminar es una disciplina, un esfuerzo, se necesita cada día paciencia y un entrenamiento constante. Es preciso renunciar a muchos caminos para elegir el que conduce a la meta y reavivar la memoria para no perderla. Caminar requiere la humildad de volver sobre los propios pasos y la preocupación por los compañeros de viaje, porque únicamente juntos se camina bien.

Caminar, en definitiva, exige una continua conversión de uno mismo. Por este motivo, son muchos los que renuncian, prefiriendo la tranquilidad doméstica, en la que atienden cómodamente sus propios asuntos sin exponerse a los riesgos del viaje. Pero así se aferran a seguridades efímeras, que no dan la paz y la alegría que el corazón aspira, y que solo se consiguen saliendo de uno mismo. Dios nos llama a esto ya desde el principio. A Abraham le pidió que dejara su tierra y que se pusiera en camino, con el único equipaje de la confianza en Dios (cf. Gn 12,1). Moisés, Pedro y Pablo, y todos los amigos del Señor vivieron en camino. Pero es sobre todo Jesús quien nos ha dado ejemplo.

Salió de su condición divina por nosotros (cf. Flp 2,6-7) y vino entre nosotros para caminar, él que es el Camino (cf. Jn 14,6). Él, el Señor y Maestro, se hizo peregrino y huésped entre nosotros. Cuando regresó al Padre, nos dio el don de su mismo Espíritu, para que también nosotros tuviéramos la fuerza para caminar hacia él y hacer lo que Pablo pide: caminar según el Espíritu. Según el Espíritu: si cada hombre es un ser en camino, y encerrándose en sí mismo reniega de su vocación, mucho más el cristiano. Porque -indica Pablo- la vida cristiana lleva consigo una alternativa irreconciliable: por una parte, caminar según el Espíritu, siguiendo el itinerario inaugurado por el Bautismo; por otra, «realizar los deseos de la carne» (Ga 5,16).


¿Qué quiere decir esta expresión? Significa intentar realizarse buscando la vía de la posesión, la lógica del egoísmo, con la que el hombre intenta acaparar aquí y ahora todo lo que le apetece. No se deja acompañar con docilidad por donde Dios le indica, sino que persigue su propia ruta. Las consecuencias de esta trágica trayectoria saltan a la vista: el hombre, insaciable de cosas materiales, pierde de vista a los compañeros de viaje. Entonces, por los caminos del mundo, reina una profunda indiferencia. Empujado por sus propios instintos, se convierte en esclavo de un consumismo frenético y, en ese instante, la voz de Dios se silencia; los demás, sobre todo si son incapaces de caminar por sí mismos, como los niños y los ancianos, se convierten en desechos molestos; la creación no tiene otro sentido, sino el de producir en función de las necesidades.

Queridos hermanos y hermanas: Las palabras del Apóstol Pablo nos interpelan hoy más que nunca. Caminar según el Espíritu es rechazar la mundanidad. Es elegir la lógica del servicio y avanzar en el perdón. Es sumergirse en la historia con el paso de Dios; no con el paso rimbombante de la prevaricación, sino con la cadencia de «una sola frase: amarás a tu prójimo como a ti mismo» (v. 14). La vía del Espíritu está marcada por las piedras miliares que Pablo enumera: «Amor, alegría, paz, paciencia, afabilidad, bondad, lealtad, modestia, dominio de sí» (v. 22.23).

Todos juntos estamos llamados a caminar de ese modo: el camino pasa por una continua conversión y la renovación de nuestra mentalidad para que se haga semejante a la del Espíritu Santo. A lo largo de la historia, las divisiones entre cristianos se han producido con frecuencia porque fundamentalmente se introducía una mentalidad mundana en la vida de las comunidades: primero se buscaban los propios intereses, solo después los de Jesucristo. En estas situaciones, el enemigo de Dios y del hombre lo tuvo fácil para separarnos, porque la dirección que perseguíamos era la de la carne, no la del Espíritu. Incluso algunos intentos del pasado para poner fin a estas divisiones han fracasado estrepitosamente, porque estaban inspirados principalmente en una lógica mundana.


Pero el movimiento ecuménico -al que tanto ha contribuido el Consejo Ecuménico de las Iglesias- surgió por la gracia del Espíritu Santo (cf. CONC. ECUM. VAT. II, Unitatis redintegratio, 1). El ecumenismo nos ha puesto en camino siguiendo la voluntad de Jesús, y progresará si, caminando bajo la guía del Espíritu, rechaza cualquier repliegue autorreferencial. Alguno podría objetar que caminar de este modo es trabajar sin provecho, porque no se protegen como es debido los intereses de las propias comunidades, a menudo firmemente ligados a orígenes étnicos o a orientaciones consolidadas, ya sean mayoritariamente “conservadoras” o “progresistas”.

Sí, elegir ser de Jesús antes que de Apolo o Cefas (cf. 1 Co 1,12), de Cristo antes que «judíos o griegos» (cf. Ga 3,28), del Señor antes que de derecha o de izquierda, elegir en nombre del Evangelio al hermano en lugar de a sí mismos significa con frecuencia, a los ojos del mundo, trabajar sin provecho. El ecumenismo es “una gran empresa con pérdidas”.

Pero se trata de pérdida evangélica, según el camino trazado por Jesús: «El que quiera salvar su vida la perderá; pero el que pierda su vida por mi causa la salvará» (Lc 9,24). Salvar lo que es propio es caminar según la carne; perderse siguiendo a Jesús es caminar según el Espíritu. Solo así se da fruto en la viña del Señor. Como Jesús mismo enseña, no son los que acaparan los que dan fruto en la viña del Señor, sino los que, sirviendo, siguen la lógica de Dios, que continúa dando y entregándose (cf. Mt 21,33-42). Es la lógica de la Pascua, la única que da fruto.

Mirando nuestro camino, podemos vernos reflejados en ciertas situaciones de las comunidades de la Galacia de entonces: qué difícil es calmar la animadversión y cultivar la comunión; qué complicado es escapar de las discrepancias y los rechazos mutuos que han sido alimentados durante siglos. Más difícil aún es resistir a la astuta tentación: estar junto a otros, caminar juntos, pero con la intención de satisfacer algún interés personal. Esta no es la lógica del Apóstol, es la de Judas, que caminaba junto a Jesús, pero para su propio beneficio. La respuesta a nuestros pasos vacilantes es siempre la misma: caminar según el Espíritu, purificando el corazón del mal, eligiendo con santa obstinación la vía del Evangelio y rechazando los atajos del mundo. Después de tantos años de compromiso ecuménico, en este setenta aniversario del Consejo, pedimos al Espíritu que fortalezca nuestro caminar.


Con demasiada facilidad este se detiene ante las diferencias que persisten; con frecuencia se bloquea al empezar, desgastado por el pesimismo. Las distancias no son excusas; se puede desde ahora caminar según el Espíritu: rezar, evangelizar, servir juntos, esto es posible y agradable a Dios. Caminar juntos, orar juntos, trabajar juntos: he aquí nuestro camino fundamental. Este camino tiene una meta precisa: la unidad. La vía contraria, la de la división, conduce a guerras y destrucciones. El Señor nos pide que invoquemos continuamente la vía de la comunión, que conduce a la paz. La división, en efecto, «contradice clara y abiertamente la voluntad de Cristo, es un escándalo para el mundo y perjudica a la causa santísima de predicar el Evangelio a toda criatura» (Unitatis redintegratio, 1).

El Señor nos pide unidad; el mundo, desgarrado por tantas divisiones que afectan principalmente a los más débiles, invoca unidad. Queridos hermanos y hermanas: He querido venir aquí, peregrino en busca de unidad y paz. Doy las gracias a Dios porque aquí os he encontrado, hermanos y hermanas ya en camino. Caminar juntos para nosotros cristianos no es una estrategia para hacer valer más nuestro peso, sino que es un acto de obediencia al Señor y de amor al mundo. Pidamos al Padre que caminemos juntos con más vigor por las vías del Espíritu. La cruz oriente el camino, porque allí, en Jesús, los muros de separación ya han sido derribados y toda enemistad ha sido derrotada (cf. Ef 2,14). Allí entendemos que, a pesar de todas nuestras debilidades, nada nos separará de su amor (cf. Rm 8,35-39).

Tras las entidas palabras del Papa, se guarda un silencio meditativo y se entonca el himno del ‘Misericordes sicut Pater“.

A continuación, todos juntos rezan el Credo y siguen las oraciones y los cantos. Para concluir rezando, en diversas lenguas, el Padre Nuestro.

A continuación, el Papa reza la oración por la unidad de los cristianos. E imparte la bendición.

El pastor Tveit despide el acto, que concluye con un nuevo canto gospel, mientras el Papa bendice a diversos enfermos, para trasladarse, a continuación, en autobús al Instituto ecuménico de Bossey, para almorzar con los líderes el CMI.

¿PODRÁN NUESTROS LIDERES RELIGIOSOS EL VALOR DE HABLAR?


NCR llamadas para los Obispos de hablar

Podrán nuestros líderes religiosos tienen el valor de hablar?   Un artículo NCR hoy llama a los obispos católicos para hablar de: hacer sonar la bocina, obispos, estamos esperando.  https://www.ncronline.org/news/opinion/editorial-sound-horn-bishops-were-waiting .

Las mujeres en la iglesia siguen liderando el camino. Los sacerdotes católicos romanos de las mujeres y los miembros de la Sala Superior Incluido Comunidad Católica de Albany, Nueva York se están uniendo a los movimientos de base como el cambio de decisiones en sus comunidades. Esta caricatura apareció en la gaceta diaria Periódico (Schenectady, Nueva York) e inmediatamente, los mensajes de correo electrónico comenzó a volar en protesta.

Acción ciudadana de Nueva York publicó este mensaje: Estamos pidiendo a todos a llamar Jefe de Redacción, Miles Reed, al 518-395-3106 y editor, John DeAugustine al 518-395-3051.

Nuestro mensaje es: No aceptamos la publicación, y la perpetuación, del racismo. Exigimos el reconocimiento de que el ataque atroz contra los inmigrantes y personas de color y una disculpa publicada por el dibujo animado creado por Tom Stiglich y publicado el miércoles 20 de junio de, 2018.

Necesitamos que todos llamar y no dejar que este tipo de estereotipos vicioso siga pasando. Las mujeres líderes están tomando medidas en cuestiones locales, nacionales y globales. Estamos hablando fuera! ¿Cuándo vamos a saber de los obispos?

En la ciudad de Calvino. Visita ecuménica de Francisco


21.06.18 | 15:24.

Francisco ha venido a Ginebra para dialogar con diversos grupos protestantes, y en especial con los “calvinistas” (reformados, presbiterianos, hugonotes…), cuyo origen está vinculado a la “reforma” de esta ciudad suiza, donde Calvino ejerció su autoridad “teocrática”.

Se le llamó el “ginebrino” (aunque era francés del norte), porque se estableció en Ginebra, creando allí el más significativo de los “estados” nuevo, de tipo popular y dictatorial. Era un hombre intenso, un duro intelectual… y muchos le acusaron y le siguen acusando de intransigente y violento, incluso de sanguinario (por su forma de humillar y ejecutar por ejemplo a M. Servet).

Pero fue, al mismo tiempo, un gran pensador… y todavía se leen con provecho sus Instituciones Cristianas y sus Comentarios bíblicos… Por otra parte, su visión político-social ha sido influyente, no sólo en Suiza sino en varias partes de Francia e Inglaterra y, sobre todo, en Escocia, y después en Estados Unidos (en una línea que, conforme a la visión de M. Weber influyó bastante en la creación del capitalismo moderno).

Calvino no fue muy dialogante en su vida con algunos de sus adversarios como Servet (ni con los “papistas”), pero sus propuestas teológicas, eclesiales e incluso económicas ejercieron un gran influyo en el desarrollo de la modernidad, y son fundamentales para entender el mundo actual.

Por otra parte, Ginebra, la ciudad donde él impuso su teocraciaha venido a convertirse con el tiempo en metrópoli de pactos, de diálogos y encuentros… en un tipo de Vaticano Protestante, lugar de referencia para el Consejo Mundial de las Iglesias y para diversos tipos encuentros ecuménicos (siendo, al mismo tiempo, ciudad del Dinero).

Allí ha venido Francisco, para aceptar e impulsar el diálogo, desde la “patria” de Ginebra, donde hay un gran letrero que dice Post Tenebras Lux, tras la tinieblas del “papismo” llegó la luz de los reformadores…

Aquel lema es hoy en parte una historia pasada (para calvinistas y católicos), pues tanto Papa Francisco como muchos líderes “protestantes” quieren hoy abrir en Ginebra (y no sólo en Roma) un resquicio para que penetre en el mundo la Luz del Evangelio.

Deseamos esa luz de Dios para Francisco y para todos los representantes de las iglesia, en Ginebra que (por su mismo espíritu calvinista recreado…) ha venido a convertirse en una de las capitales del diálogo y encuentro entre grupos cristianos y no cristianos, entre pueblos y naciones (a pesar de que puede correr el riesgo de ser diálogo de ricos, en una capital de gran riqueza).

CALVINO, JEAN (1509-1564).
(Pikaza, Diccionario Pensadores Cristianos, Estella 2011, 167-170)

Reformador, teólogo y dirigente eclesial francés (Nacido en Noyon, Picardía, al norte de París), hijo de un abogado, al servicio del obispo. En torno al 1535 abrazó la Reforma de Lutero, proclamando la justificación por la fe y tomando la Biblia como único fundamento de la fe cristiana. Vivió en Ginebra (Suiza), donde impulsó la Reforma, en una línea propia y más radical, apareciendo así como fundador de la rama “reformada” (calvinista, prebiterana) del protestantismo.

1. Elementos básicos de su movimiento.

Calvino estableció en Ginebra una “teocracia”cristiana, condenando incluso a muerte a los que a su juicio eran contrarios a los principios de la fe, como a . Servet, por ser anti-trinitario (cf. Castellio). Sus seguidores se llaman “calvinistas” (por su fundador), “reformados” (por la intensidad con que insisten en la reforma) y “presbiterianos” (porque niegan en principio la estructura episcopal de la Iglesia).

Calvino destacó la importancia de la fe pura, insistiendo mucho menos que Lutero en los sacramentos y en la jerarquía de la iglesia. Por eso abolió el episcopado, de manera que sus seguidores se establecieron como comunidades igualitarias y democráticas de seguidores de Jesús, dirigidas por unos “ancianos” o presbíteros, nombrados por las mismas comunidades (que han podido llegar a ser muy radicales y exigentes).

Los calvinistas se extendieron en diversas zonas de Francia, desde el País Vasco hasta Normandía, recibiendo el nombre de “hugonotes” y formando una especie de estado propio, dentro del Estado francés, pero fueron perseguidos y tuvieron que huir a vivir en un tipo de clandestinidad. Ellos se establecieron también, de un modo preferente, en Escocia, donde formaron una iglesia nacional.

Durante un tiempo tuvieron gran influjo en Inglaterra (en los años de Cromwell: 1653-1658), pero fueron perseguidos, precisamente porque sus ideales democráticos iban en contra de los poderes instituidos (de reyes y obispos). Muchos de ellos emigraron a los Estados Unidos, donde contribuyeron de manera radical al surgimiento de la democracia americana que, en su principio, resulta ejemplar (aunque sus aplicaciones posteriores puedan ser dictatoriales).

Los cristianos reformados o calvinistas han sido muy estrictos en la vida social, estableciendo comunidades intensa, de «cristianos puros». Ciertamente, ellos quisieron ser pacíficos, pero muchos se estructuraron de un modo militar, estableciendo fuertes dictaduras, aunque también han sido grandes promotores de la democracia. Su participación en las guerras religiosas de Francia e Inglaterra resulta sobradamente conocida. Desde →
M. Weber, suele afirmarse que los calvinistas han influido no sólo en el surgimiento de la democracia europea sino, sobre todo, en el nacimiento del espíritu moderno del capitalismo porque ellos han puesto de relieve la honradez en el trabajo, destacando la necesidad de una racionalización social en el plano de la producción y consumo de bienes.

En ese sentido, su religiosidad más intensa, fundada en el principio de responsabilidad personal, puede vincularse con el riesgo de una racionalización económica de la vida, donde la búsqueda del éxito venga a ponerse por encima del respecto a las personas y del amor a los pobres. Si esa hipótesis es cierta, el calvinismo se encuentra en la raíz de unos de los fenómenos más violentos de la historia moderna: el despliegue del capitalismo. De todas formas, más que por el posible influjo en la economía, el calvinismo ha sido importante en la historia del pensamiento cristiano por los grandes teólogos que ha suscitado. Entre los últimos quiero citar a → K.Barth y J. Moltmann, que han renovado de manera la teología de todas las iglesias.

Éstos son los cuatro puntos básicos de su enseñanza.

a. Pecado radical: Por la Caída de “Adán”, todos los hombres y mujeres nacen esclavizados por el pecado: no buscan el bien, ni aman a Dios, sino que tienden necesariamente a conseguir sus intereses, pecando siempre.

b. Predestinación particular. Dios escoge y llama desde toda la eternidad a los que él quiere salvar, por pura misericordia gratuita, sin contar con los méritos de los hombres.

c. Salvación limitada. Dios no llama a todos, sino a los que quiere. Por eso, a pesar de que en general puede desear la salvación universal, en concreto, sólo llama y ama a los que quiere, para atraerlos hacia sí, sin que los hombres puedan hacer nada por su parte (en esta línea, algunos calvinistas como K. Barth hablarán de una salvación universal).

d. Perseverancia de los elegidos. Los que han sido llamados por Dios en Cristo y ungidos por el Espíritu Santo no pueden abandonar la fe, ni perder la salvación. Todo está en las manos de Dios, que llama y salva a los que quiere, sin que los hombres y mujeres puedan oponerse a su decreto. Eso significa que Dios realizará su voluntad sin que nadie se le pueda oponer. Eso significa que los verdaderos creyentes están ya salvados.

2. Confesión de fe.

La obra fundamental de Calvino (Institutionis Christianae religionis, 1536) fue traducida al castellano por C. de Valera (año 1597) y se han venido editando de un modo regular entre los cristianos reformados. Esa obra ha sido y sigue siendo el texto teológico fundamental de la reforma protestante, un compendio de teología dogmática, estructurada y desarrollada a partir de la justificación por la fe. Lutero no había escrito nada semejante (en línea dogmática).

Es en ella donde el protestantismo ha encontrado por primera vez su identidad teológica, en forma de tratado, es decir, de unidad de pensamiento. Ésta y las restantes obras de Calvino indican su fidelidad a la gran tradición de la Iglesia universal, pero desde una doctrina “reformada”, es decir, de justificación por la fe y de libertad individual creyente, dentro de una iglesia que “salvaguarda” esa libertad, como indicamos a continuación, citando uno de sus textos más significativos, en el que muestra que la salvación del hombre se realiza en las tres personas de la Trinidad:

(Trinidad).

«Acabamos de exponer lo que obtenemos en Cristo por la fe.
Escuchemos ahora lo que nuestra fe debe mirar y considerar en Cristo para consolidarse. Esto está desarrollado en el Símbolo (como se le llama), en el que vemos cómo Cristo fue hecho para nosotros, por el Padre, sabiduría, redención, vida, justicia y santificación. Poco importa el autor o autores que compusieron este resumen de la fe, puesto que no contiene ninguna enseñanza humana, sino que proviene de los firmísimos testimonios de la Escritura. Pero con el fin de que nuestra confesión de fe en el Padre, en el Hijo y el Espíritu Santo no perturbe a nadie, hablemos primero un poco de ella. Cuando nombramos al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo, no nos imaginamos tres dioses; sino que la Escritura y la experiencia de la piedad nos muestran en el Ser único de Dios, al Padre, a su Hijo y a su Espíritu. De modo que nuestra inteligencia no puede comprender al Padre sin comprender igualmente al Hijo en el cual brilla su viva imagen, y al Espíritu en el cual aparece su poder y su fuerza. Detengámonos, pues, y fijemos todo el pensamiento de nuestro corazón en un solo Dios. Y sin embargo contemplemos siempre al Padre con el Hijo y su Espíritu».
(Creo en Dios Padre Todopoderoso, creador del cielo y de la tierra). «Estas palabras no sólo nos enseñan a creer que Dios existe, sino también, y sobre todo, a reconocer que es nuestro Dios y a tener por cierto que formamos parte de aquellos a. quienes Él promete que será su Dios y a los que ha recibido como pueblo suyo. A Él se le atribuye todo poder: dirige todo con su providencia, lo gobierna con su voluntad y lo conduce con su fuerza y con el poder de su mano. Decir “creador del cielo y de la tierra”, significa que cuida, sostiene y vivifica perpetuamente todo lo que creó una vez».

(Y en Jesucristo, su único Hijo, Nuestro Señor).

«Lo que hemos enseñado más arriba, a saber, que Cristo es el objeto mismo de nuestra fe, aparece claramente en estas palabras que describen en Él todos los aspectos de nuestra salvación. Le llamamos Jesús, título con que le honra una revelación celestial, pues ha sido enviado para salvar a los suyos de sus pecados. Por esta razón la Escritura afirma que “no hay otro nombre debajo del cielo, dado a los hombres, en que podamos ser salvos”. El título de Cristo significa que ha recibido con plenitud la unción de todas las gracias del Espíritu Santo (simbolizadas en la Escritura por el óleo), sin las cuales caemos como ramas secas y estériles. Esta unción le consagró: Primero como Rey, en el nombre del Padre, para tener todo poder en el cielo y en la tierra, a fin dé que fuésemos nosotros reyes por Él, con dominio sobre el Diablo, el pecado, la muerte y el infierno. En segundo lugar como Sacerdote, para damos la paz y reconciliación con el Padre por medio de su sacrificio, a fin de que fuésemos sacerdotes por Él, ofreciendo al Padre nuestras plegarias, nuestras acciones de gracias, nosotros mismos y todo lo que nos pertenece, ya que es nuestro intercesor y nuestro mediador. Además se le llama Hijo de Dios, no como los fieles que lo son solamente por adopción y por gracia, sino como verdadero y legítimo Hijo que lo es, y por consiguiente el único, en contraposición a nosotros. Él es nuestro Señor, no sólo según su divinidad, que es desde toda la eternidad una sola con el Padre, sino también según esta carne creada en la que se nos ha revelado…»

(Creo en el Espíritu Santo).

«Enseñamos a creer en el Espíritu Santo, quiere decir que se nos manda esperar en Él todos los bienes que nos han sido prometidos en la Escritura. Todo lo que existe de bueno, sea donde sea, lo hace Jesucristo por el poder de su Espíritu. Por él crea, sostiene, conserva y vivifica todas las cosas. Por él nos justifica, santifica, purifica, llama y atrae hacia sí, para que obtengamos la salvación. Por eso el Espíritu Santo, cuando habita de este modo en nosotros, es quien nos ilumina con su luz para que aprendamos y sepamos perfectamente las infinitas riquezas que, por la divina bondad, poseemos en Cristo. El Espíritu Santo es quien inflama nuestros corazones con el fuego de un ardiente amor a Dios y al prójimo.

Es Él quien, cada día y cada vez más, mortifica y destruye los vicios de nuestra codicia, de modo que si hay en nosotros algunas obras buenas, son frutos y efectos de su gracia. Sin Él no habría más que tinieblas en nuestra inteligencia y perversidad en nuestro corazón» (Breve Instrucción Cristiana, 1537, Parte III, Núm 9).

Obras: Se han publicado en diversas ocasiones las obras completa de Calvino; cf. Oeuvres complètes (Paris 1936ss).
En castellano: La institución cristiana I-II (Barcelona 1982). Hay una edición latina: Institutio Christianae Religiones, Univer. Valencia 1996.
Cf. además El libro de la Verdadera Vida Cristiana, Clie, Terrasa 1991. Estudios.

Calvino es uno de los pensadores cristianos que sigue suscitando más discusiones e interpretaciones. Cf.
H. Schützeichel, Die Glaubenstheologie Calvins (Trier 1972); Der Herr ist mein Hirt. Calvin und der Psalter (Trier 2005);
F. D. Tosto, Calvino punto di convergenza (Napoli 2003);
G. Tourn, Giovanni Calvino. Il riformatore di Ginevra (Torino 2005);
Cornelis van der Kooi, As in a mirror. John Calvin and Karl Barth on knowing God (Leiden 2005);
M. Oertner, Martin Luther and John Calvin (Louisville Ky 2005);
M. García Alonso, La teología política de Calvino: Pensamiento 62 (2006) 5-20; La “contrarrevolución” juridica de Calvino: Ius canonicum 47 (2007) 99-118;
V. Reinhardt, Die Tyrannei der Tugend. Calvin und die Reformation in Genf (München 2009);
W. de Greef, J. Calvin. Eine Einfürunf in sein Leben und seine Schriften (Neukirchen-Vluyn 2009).

http://blogs.periodistadigital.com/xpikaza.php/2018/06/21/en-la-ciudad-de-calvino-visita-ecumenica

LIBRO PARA BAJAR: EL HOLOCAUSTO DE LOS EMPOBRECIDOS. Fausto Marinitti


PARA BAJAR EL LIBRO, ABRIR EL SIGUIENTE ENLACE:

 

MarinettiHolocausto

 

COLOMBIA-ARCWP: CARTA ABIERTA A MI HERMANO FRANCISCO, EL PAPA. Olga Lucia Alvarez Benjumea*


 

Mi querido hermano Francisco:

Acabo de leer un artículo de la agencia Reuters, (1) en el que se hace referencia a una entrevista que usted les concedió, refiriéndose al sacerdocio de la mujer: “La puerta está cerrada para el sacerdocio de las mujeres”.

Santo Padre, esa frase usted la dijo refiriéndose a lo expresado por el Papa Juan Pablo II en relación a la ordenación de la mujer dentro de la Iglesia,  pero posteriormente usted ha afirmado que “no debemos reducir la presencia de la mujer en la Iglesia a la mera funcionalidad”. Estoy de acuerdo con usted en lo de no reducir la presencia de la mujer en la Iglesia a la mera funcionalidad. Efectivamente esta es una cosa que el hombre no puede hacer. “El hombre no puede ser la esposa de Cristo. Es la mujer, la Iglesia, la esposa de Cristo”. Muy interesante su comentario.

En muchas ocasiones hemos escuchado, algo parecido y ofensivo de parte de la Jerarquía que usted dirige: “El sacerdote, por ser hombre, es representante de Dios en la Tierra”.

Sin ánimo de discutir, pero sí de reflexionar, pregunto: ¿Todavía cree o puede creer la Jerarquía de la Iglesia, en pleno siglo XXI, que las mujeres no somos y no podemos ser representantes de la imagen de Dios y sin embargo sí se puede afirmar, como usted ha hecho que, “es la mujer, la Iglesia, la esposa de Cristo”?  Según esto se anularía el texto bíblico que dice:

“Y Dios creó al ser humano a su imagen; lo creó a imagen de Dios. Hombre y mujer los creó” Génesis 1:27

¿Cómo se puede evangelizar al ser humano, sobre todo a las niñas, pasando por alto su dignidad como hijas de Dios Madre-Padre? ¿Cómo decir a los niños, que deben respetar y amar a las niñas, si éstas son despojadas de facto de sus derechos, de su propia identidad de imagen de Dios, pues no se les permite tener, hacer uso y ejercer como imagen de Dios en paridad con el hombre? ¡Cuando nos dirigimos a ellos, no estamos dando una clase de urbanidad, estamos evangelizando! Por tanto,  mujeres y hombres debemos cumplir el mandato divino: “Amaos los unos a los otros, como Yo os he amado” Juan 13:34

No puedo creer que usted que ha defendido el papel de la mujer diciendo que no se puede reducir a la mera funcionalidad, le siga haciendo eco a la frase del Papa Juan Pablo II. Me cuesta creer que en esa entrevista sea usted el entrevistado. Debe ser un “falso positivo”, le están manipulando, hablando o escribiendo en su nombre. Tampoco puedo creer que sus frases delicadas hacia nosotras, las hagan aparecer como si se gloriara de ofrecer empleo a las mujeres dentro de las oficinas de la Curia, cuando dice: “para poner a una mujer como subdirectora de la Oficina de Prensa (del Vaticano) he debido luchar”. Santo Padre, es que no es esa clase de empleos que estamos pidiendo a la Iglesia. El Evangelio no tiene “jurisdicción”:

Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura”. Marcos 16:15

Siempre le he admirado y le seguiré admirando, porque usted es un hombre de Evangelio, y un hombre muy humano. Todo lo que ha dicho la Jerarquía eclesiástica sobre nosotras las mujeres, es doctrina de hombres, más no doctrina de Evangelio, porque el mensaje de Jesús, sus actitudes y gestos, fueron muy diferentes, El rompió normas, leyes y costumbres judías, que ninguneaban y dejaban a las mujeres en un segundo plano, y las marginaban y alejaban de las sinagogas.

Santo Padre, le ofrezco mis oraciones, yo, necesito las suyas. Soy una mujer presbítera que amo, bendigo, protejo mi Iglesia a pesar de sus debilidades, y delante de Dios y de mi pueblo renuevo mi ministerio, el mismo que las mujeres recibimos el sábado de Resurrección,

Mat 28, 8-10

“Ellas partieron a toda prisa del sepulcro, con miedo y gran gozo, y corrieron a dar la noticia a sus discípulos. 9. En esto, Jesús les salió al encuentro y les dijo:  «¡Dios os guarde!» Y ellas, acercándose, se asieron de sus pies y le adoraron. 10. Entonces les dice Jesús: «No temáis. Id, avisad a mis hermanos que vayan a Galilea; allí me verán.”

 

Fraternalmente,

+Olga Lucia Álvarez Benjumea

Asociación de Presbíteras Católicas Romanas.

 

Bibliografía:

https://www.aciprensa.com/noticias/papa-francisco-la-puerta-esta-cerrada-para-el-sacerdocio-de-mujeres-56060

 

 

 

Papa Francisco: La puerta está cerrada para el sacerdocio de mujeres


POR WALTER SÁNCHEZ SILVA | ACI Prensa
Foto Daniel Ibáñez / ACI Prensa

Foto Daniel Ibáñez / ACI Prensa

El Papa Francisco aseguró que la puerta está cerrada para el sacerdocio de mujeres en la Iglesia Católica porque “dogmáticamente no va”.

En una entrevista concedida a la agencia de noticias Reuters, el Santo Padre resaltó que si bien las mujeres deben tener más funciones en la Iglesia, es necesario tener en cuenta que “con el orden sagrado no se puede porque dogmáticamente no va y Juan Pablo II fue claro y cerró la puerta, y yo no vuelvo sobre esto. Era algo serio, no un capricho”.

Respondiendo a la pregunta de Reuters sobre lo que le diría a una mujer que “realmente siente el fuerte deseo de convertirse en sacerdote”, el Pontífice señaló que “existe la tentación de ‘funcionalizar’ la reflexión sobre las mujeres en la Iglesia, que deben hacer esto, que tienen que ser esto otro. No, la dimensión de la mujer va más allá de las funciones. Es algo más grande”.

Tras señalar que “no hay Iglesia sin mujeres”, Francisco destacó que “la Iglesia es mujer, esposa de Cristo, es mujer dogmáticamente y sobre esto se debe profundizar y trabajar y no estar tranquilos porque funcionalizamos a las mujeres. Sí, se debe dar funciones, pero esto es poco, se debe ir más allá”, aunque no con el sacerdocio que está reservado a los hombres.

En ese sentido dijo que “no debemos reducir la presencia de la mujer en la Iglesia a la funcionalidad. No. Es una cosa que el hombre no puede hacer. El hombre no puede ser la esposa de Cristo. Es la mujer, la Iglesia, la esposa de Cristo”.

“En el cenáculo parece ser más importante María que los apóstoles. Sobre esto se debe trabajar y no caer –lo digo con respeto– en una actitud feminista. Al fin sería un machismo con falda. No debemos caer en esto”.

El Obispo de Roma indicó asimismo que “en la Iglesia hay funciones diversas, también la mujer puede ser jefe de un Dicasterio. Esto tiene una función, pero debe tener más que la función. Es otra dimensión de unidad, de acogida, de esposa. La Iglesia es esposa”.

Poniendo como ejemplo el impulso que ha dado a las mujeres en el servicio a la Iglesia, el Papa explicó que “para poner a una mujer como subdirectora de la Oficina de Prensa (del Vaticano) he debido luchar”.

Además, continuó, “entre los candidatos con los que estoy hablando para cubrir el puesto de Prefecto en la Secretaría de Comunicación también había una mujer, pero no estaba dispuesta porque tenía otras tareas”.

“Ahora las dos subsecretarias que he nombrado en el Dicasterio de Laicos, Familia y Vida son mujeres. En este sentido es necesario avanzar según la calidad. No tengo ningún problema en nombrar como jefe de un dicasterio a una mujer, si es que el dicasterio no tiene jurisdicción” como “el de economía, que podría ser dirigido por una mujer competente”.

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