Un proyecto de Iglesia para el futuro en España. Todavía las comunidades de base (2)


23 de Mayo de 2019

[Por: Juan José Tamayo]

En este segundo artículo de mi libro Un proyecto de Iglesia para el futuro en España. Cuarenta años después voy a exponer las grandes líneas por las que discurre subrayando la originalidad de la propuesta de las comunidades de base, como eje del nuevo paradigma eclesial y como experiencia liberadora en el nuevo contexto histórico, no solo a nivel religioso, sino también social, cultural y político. El libro se define como “ensayos de la Iglesia del futuro… experimentados por numerosas comunidades y grupos cristianos en tiempos de clandestinidad…; experimentos arriesgados y cruces entre la Iglesia y el pueblo que pueden ser fecundos al margen de los emparejamientos oficiales”. 

La obra comienza con una crítica de las estructuras trasnochadas de la Iglesia, entre ellas: la parroquia y sus frustrados intentos de renovación; la Acción Católica como institución supuestamente laical, pero dependiente de la jerarquía como su brazo largo; la Curia romana y su centralismo antidemocrático; el ministerio eclesial y episcopal bajo el signo del clericalismo; el derecho eclesiástico, que suplanta al Evangelio, etc.

Tras la crítica de estas instituciones que impiden la realización de un proyecto de Iglesia al servicio de la realización del Reino de Dios en la historia, propongo las mediaciones para hacer operativo el nuevo paradigma eclesial: análisis de la realidad desde una teoría crítica de la sociedad, entorno secular, nuevo universo simbólico, lenguaje de la libertad y de la liberación, ubicación en la base eclesial y popular, pedagogía que fomente la creatividad y la creación de comunidades de base como caminos de fraternidad-sororidad y liberación y como alternativa de Iglesia al servicio del pueblo. Es esta última mediación la más importante, la que ocupa la parte más extensa del libro y la que mejor refleja la originalidad de la nueva eclesiología. 

Para llevar adelante este proyecto de Iglesia contamos hoy con un aliado especial: el Papa Francisco, que desde el minuto uno de su elección se comprometió a una reforma estructural de la Iglesia en la dirección marcada por el Concilio Vaticano II y por el cristianismo liberador del Sur global, cuyas líneas fundamentales son las siguientes: 

– “Iglesia pobre y de los pobres”, “con las puertas abiertas”, “en salida para llegar a las periferias humanas”, “una Iglesia accidentada, herida y manchada por salir a la calle antes que una Iglesia enferma por el encierro y la comodidad de aferrarse a las propias seguridades” (La alegría del evangelio, n. 49). 

– Iglesia laical, descentralizada y crítica del clericalismo, considerado por Francisco uno de los graves males de la Iglesia, que mantiene al laicado al margen de las decisiones (id., n. 102).

– Iglesia no monocultural y monocorde, sino con muchos rostros, que no puede encerrarse en los confines de una cultura, sino que reconoce la diversidad cultural (id., nn. 115-117),   

– Que “primerea”, es decir, que “sabe adelantarse, tomar la iniciativa sin miedo, salir al encuentro, buscar a los lejanos, y llegar a los cruces de los caminos para invitar a los excluidos” (id., n. 24) 

– Que incluya socialmente a los pobres y fomenta la paz y el diálogo social.

– Que amplíe “los espacios para una presencia más incisiva de las mujeres en la Iglesia” y “en los diversos lugares donde se toman las decisiones tanto en la Iglesia como en las estructuras sociales” (n. La alegría del evangelio, n. 194).   

Francisco no tiene una concepción autorreferencial de la Iglesia, ni es presa de una introversión eclesial. Cuestiona, más bien, la reclusión en “las tareas intra-eclesiales sin un compromiso real por la aplicación del Evangelio a la transformación de la sociedad” (n. 102).  El centro de sus preocupaciones son los problemas más acuciantes de la humanidad en una doble dirección: crítica y propuesta de alternativas.  

Hay, por tanto, una convergencia, si bien parcial, entre el proyecto de Iglesia de Francisco y el de las comunidades de base. Y digo parcial por existe un aspecto en el que se distancian: el del papel de la mujer. El papa apenas ha dado un solo paso en el reconocimiento de las mujeres como sujetos religiosos, eclesiales, teológicos, ministeriales y morales, tampoco en el acceso directo al ámbito de lo sagrado, ni en su incorporación a puestos de responsabilidad donde se toman las decisiones importantes sobre la marcha de la Iglesia. Mantiene intacto el patriarcado religioso. Tal discriminación constituye una gravísima injusticia de género.

Por el contrario, las comunidades de base intentan reparar dicha injusticia con el reconocimiento de la igualdad entre hombres y mujeres y el protagonismo y empoderamiento de estas, en continuidad con el movimiento igualitario de Jesús de Nazaret y conforme a la afirmación de Pablo de Tarso: “Ya no hay más judío ni griego, ni esclavo ni libre, sino varón ni hembra, pues vosotros sois todos uno mediante el mesías” (Gálatas 3,28). 

El libro ofrece una serie de claves para la Iglesia del futuro: iniciar un proceso comunitario constituyente, que se corresponde con la propuesta de Leonardo Boff de una verdadera eclesiogénesis: las comunidades de base reinventan la Iglesia; activar la creatividad para imaginar “otra Iglesia posible”; llevar a cabo un proceso permanente de educación en la fe para formar comunidades cristianas adultas; eliminar las oposiciones clérigos-laicos, Iglesia docente-Iglesia discente, jerarquía-pueblo, carisma-institución, Iglesia-mundo, sagrado-profano, y sustituirlas por el binomio comunidad-ministerios y por la creación de una comunidad de iguales; optar por las y los pobres de la tierra. 

La significación y la relevancia de la Iglesia hoy no se logran a través de la alianza con el poder, ni con la creación de guetos, ni con la afirmación del dogma, ni con el rigorismo moral, ni con la mirada añorante al pasado, sino con la presencia crítico-liberadora en la sociedad y respondiendo a los nuevos desafíos en actitud des-colonizadora, des-patriarcalizadora, des-mercantilizadora, des-idolatrizadora, etc. 

Las comunidades de base siguen siendo realidades vivas y activas que enriquecen y dinamizan el tejido social y eclesial. No podemos permitirnos la insensatez de minusvalorarlas ni la irresponsabilidad de destruirlas. Constituyen un rico patrimonio religioso y cultural, ético y cívico a proteger, fomentar y expandir. Por eso mi conclusión es: ¡Todavía las comunidades de base! 

Solo por eso creo que merece la pena este libro. 

Juan José Tamayo es Director de la Cátedra de Teología y Ciencias de las Religiones. universidad carlos III de Madrid

http://www.amerindiaenlared.org

La jerarquía y la necesidad de una ‘cultura de vulnerabilidad’


22 de mayo de 2019por Tom RobertsResponsabilidadOpiniónTeología

"Cristo lavando los pies de los discípulos" (circa 1509-10, detalle) por Albrecht Dürer (Galería Nacional de Arte)

“Cristo lavando los pies de los discípulos” (circa 1509-10, detalle) por Albrecht Dürer (Galería Nacional de Arte)

La jerarquía y la vulnerabilidad son ideas aparentemente incompatibles. La jerarquía (en la imaginación católica) señala el estado, el poder, el privilegio y la capacidad de control. La vulnerabilidad, por otro lado, señala debilidad, una falla de algún tipo. Se debe evitar.

Pero la vulnerabilidad, bien entendida, es precisamente lo que los miembros de la jerarquía católica romana deben aceptar como una fortaleza, argumenta el p. James Keenan , un teólogo jesuita. Si alguna vez es comprender un elemento interior esencial en el núcleo de nuestra humanidad, cuya ausencia se encuentra en el centro de la crisis de abuso sexual, la jerarquía debe desarrollar una cultura de vulnerabilidad.

Keenan, profesor de Canisius y director del Instituto Jesuita en el Boston College, está desarrollando una visión importante y fascinante de la crisis de abuso, elevando la discusión sobre la cultura clerical y jerárquica mucho más allá de los cambios en la ley y los protocolos y la estructura institucional que el escándalo ha forzado. sobre la iglesia. Por lo tanto, me limitaré a un tema esta semana, con conexiones a las columnas anteriores en el mismo y con la esperanza de que la discusión continúe en el futuro.

Hace dos meses, en un segmento de esta columna , hice una referencia extendida a una pieza perspicaz del Padre. Mark Slatter , profesor asociado de ética teológica en la Universidad St. Paul, Ottawa, Ontario, sobre cultura clerical. En general, describió la cultura como “una red de significado y valoración personal”. En el mundo clerical, eso significa una psicología que “engendra redes de parentesco entre sacerdotes, obispos y grupos laicos, obispos y cardenales dispuestos de manera similar, católicos laicos adinerados y think tanks”.

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Keenan lo leyó y, en particular, se tomó con la línea de Slatter que “la cultura jerárquica es la zanahoria de oro para aquellos predispuestos a sus atractivos”. Había estado buscando la palabra para expresar ese nivel de cultura que era diferente del clericalismo en su formación y privilegio. Cuando vio el uso de Slatter de la “cultura jerárquica”, pensó: “Eso es todo. Así que me senté y le escribí esa carta”, dijo en una reciente conversación telefónica desde Roma, donde está enseñando este semestre en la Pontificia Universidad Gregoriana. .

En esa carta , en parte, dijo: “El jerarquismo es esa cultura precisamente en el centro del escándalo de abusos sexuales más reciente … La cultura jerárquica tiene mayor poder y capacidades de red que la cultura clerical. Necesitamos distinguir los dos, no porque el clericalismo no sea pernicioso, lo es, sino porque tenemos que entender mejor la crueldad de la cultura más aislada y protegida que el clero y, ciertamente, más compleja, insidiosa y motivada de lo que sabemos o reconocemos “.

Aislando la cultura jerárquica, dijo en nuestra conversación reciente, “cambia la agenda a una resolución más creativa y exitosa de las cosas”.

Simultáneamente, estaba considerando la posibilidad de enfatizar la vulnerabilidad como un problema central para resolver la crisis de abuso. La idea se originó durante su trabajo con el p. Hans Zollner , un compañero jesuita, reconocido experto en abuso sexual y jefe del Centro de Protección Infantil en la Universidad Gregoriana. En ese momento, Keenan estaba desarrollando un enfoque hacia la ética sexual.

“Creo que la razón por la que estamos tan preocupados por la sexualidad es porque ahí es donde, en esas relaciones, somos más vulnerables”, dijo en una entrevista telefónica reciente. “Como adultos, las personas buscan esto, ser vulnerables y ser vulnerables entre sí. Pensé que la vulnerabilidad era algo para reflexionar, y cuando comencé a reflexionar sobre la vulnerabilidad, y leí más y más sobre ella, cuanto más comencé a hacerlo. date cuenta de que tenía una connotación más amplia que la simple ética sexual “.

Esas dos ideas, la cultura distintiva de la jerarquía y el concepto de vulnerabilidad, se unieron en un documento que entregó a petición del Arzobispo Charles Scicluna a sus sacerdotes en la Arquidiócesis de Malta. Fue una invitación desalentadora. Scicluna es ese raro clérigo que es ampliamente respetado por su trabajo como hombre clave para el Vaticano en la clasificación del asunto del abuso sexual.

Keenan cita el trabajo del teólogo moral irlandés p. Enda McDonagh, quien desarrolló una teología de la vulnerabilidad en su libro Vulnerable to the Holy: In Faith, Morality and Art ; La filósofa estadounidense Judith Butler; y la psicoanalista y teórica feminista Jessica Benjamin. Keenan sostiene que la vulnerabilidad no es “una responsabilidad” sino más bien “algo que establece para nosotros como seres humanos la posibilidad de ser relacional y, por lo tanto, moral”.

“Demasiadas personas piensan que la vulnerabilidad es una responsabilidad”, dijo en el periódico, “porque la confunden con la precariedad”.

Para ilustrar el punto, Keenan usa dos parábolas: el hijo pródigo y el buen samaritano.

Del primero, escribe: “Mientras que el comienzo de la historia se centra en la precariedad del hermano menor, el centro de la parábola se centra en el vulnerable, que es el Padre que reconoce a su hijo a la distancia, lo abraza, lo reincorpora él, y trabaja para restaurar todo lo que era inestable, amenazado, expuesto y comprometido. El mismo Padre sigue siendo vulnerable a su hijo mayor que no sufre precariedad sino resentimiento. La estabilidad en la historia es el padre vulnerable “.

En la parábola del buen samaritano, Jesús, Keenan escribe, responde la pregunta “¿Quién es mi prójimo?”, De manera sorprendente. Al comienzo de la historia, se nos hace pensar que la respuesta a la pregunta “es el hombre herido en el camino, es decir, el precario. Pero al final de la historia ya no estamos buscando al vecino. como el precario, pero ante el vulnerable que está actuando. El escriba responde acertadamente que el vecino es el que muestra misericordia “.

La parábola, entonces, escribe Keenan, “trata del escándalo de nuestra redención, no de lo malos que somos, sino de lo vulnerable que es Dios en Jesucristo”.

Cierra con la pregunta: “¿Por qué no podríamos desarrollar una eclesiología basada en la vulnerabilidad de asumir riesgos de Dios? En este momento, mientras intentamos reconstruir nuestra iglesia, no debemos mirar precisamente la vulnerabilidad, una realidad que ignorados mientras nuestros obispos hacían oídos sordos a los padres vulnerables, acerca de los niños vulnerables y los adultos vulnerables que fueron violados horriblemente? “

Los ejemplos de la vulnerabilidad de Jesús son abundantes, entre los que destaca el que dio en la Última Cena cuando “renunció a sus ropas y lavó los pies de sus discípulos, transmitiendo la misma vulnerabilidad que mostró en su pasión y muerte”, escribe Keenan.

¿Cómo formaríamos al clero y especialmente al episcopado, cuyos miembros están en gran parte capacitados, como señala Keenan, en una pista bastante distinta de la de otros clérigos, en los que el énfasis de la capacitación “no estaba en el dominio sino en la vulnerabilidad? ¿Cómo estaríamos? ¿Los laicos y en particular con las mujeres? ¿Y el clero, por lo tanto, vulnerable, estaría atento “a aquellos cuya vulnerabilidad ha sido pasada por alto o cuya precariedad está ahora en mayor riesgo?”

La vulnerabilidad no es un medio para preservar la jerarquía. “Para llegar al sacerdocio de un servidor o al episcopado de un servidor, debemos pasar y vivir una cultura de vulnerabilidad”, escribe. “Hay una profunda ironía graciosa en esto: porque es precisamente la vulnerabilidad que nuestros clérigos y jerarcas ignoraron a lo largo de este escándalo”.

Al final de su artículo, señala: “Nosotros, sacerdotes y obispos, hemos recibido una paliza: todos tenemos un programa. Un juicio, un reclamo, una estrategia para nosotros”. Pero él ve detrás de cada crítica “una esperanza de que nuestra actitud defensiva y nuestra guardia caigan y nos volvamos lo que realmente somos, vulnerables”.

“Si permitimos que la vulnerabilidad de nuestro Dios entre en nuestros seminarios y nuestras cancillerías, tal vez podríamos dejar de lado algunos de los atractivos que ya sabemos que son tan banales como comprometedores”, dijo.

Quizás.

Estos son el tipo de preguntas esenciales ahora, en lo que Keenan describe como la fase tres de la crisis de abuso, en la que, finalmente, las culturas clericales y jerárquicas se ubican al frente y en el centro. Me dijo que continúa desarrollando las ideas y sus implicaciones y que publicaremos más a medida que se comunique con nosotros. Es un privilegio hospedar este tipo de discusión en este espacio. Manténganse al tanto.

[Tom Roberts es editor ejecutivo de National Catholic Reporter. Su correo electrónico es troberts@ncronline.org .]

https://www.ncronline.org/news/accountability/ncr-connections/hierarchy-and-need-culture-vulnerability

Jesús Flórez: “El sínodo debe apoyar las espiritualidades vinculadas a la naturaleza”


Jesús Alfonso Flórez
Jesús Alfonso Flórez
“La inculturación es un proyecto colonialista”
“El diálogo con el concepto de madre tierra nos lleva a repensar quiénes somos como seres humanos”
“Poder vivir es el primer desafío de las organizaciones étnico-territoriales del Pacífico”

22.05.2019 | Miguel Estupiñán

¿Se puede hacer un proyecto de evangelización sin que pase necesariamente por una práctica colonial? He aquí la pregunta que dio origen a Religión y descolonización*, el libro del antropólogo colombiano Jesús Alfonso Flórez, hoy decano de la facultad de Humanidades de la Universidad Autónoma de Occidente.

A mediados de la década de 1990 el autor se desempeñaba como misionero en el departamento de Chocó y como secretario de la Sección de Etnias del Secretariado Permanente de la Conferencia Episcopal de Colombia. La Iglesia Católica en tiempos de Juan Pablo II se había propuesto “la inculturación de la fe” entre los pueblos, expresando el evangelio desde los símbolos de sus  propias culturas. Al cumplirse quinientos años del inicio de la evangelización en el continente americano, el papa polaco pidió perdón a los pueblos indígenas y afrodescendientes por lo que en ese proceso estuvo marcado por “el pecado, la injusticia y la violencia”.

Sin embargo, según Flórez, a nivel institucional, el catolicismo nunca garantizó las condiciones de posibilidad para una relación auténticamente respetuosa con la diversidad cultural de los pueblos. “Esto reforzó en mí la decisión de no seguir siendo el vehículo de una imagen inexistente de iglesia y continuar el camino fuera de la estructura eclesiástica para buscar la afirmación de los pueblos indígenas y afrocolombianos desde su ser identitario en diálogo con las diversas religiones y expresiones de sacralidad”.

Décadas de trabajo en defensa de los derechos étnicos y territoriales, junto a organizaciones afro e indígenas, especialmente en el Pacífico, lo han llevado a concluir que el diálogo intercultural debe girar alrededor de “la comprensión de la vida, de las formas de asumirla y de los retos para hacer que esas diversas formas de vida se prolonguen en la historia”.

A su parecer, uno de los retos urgentes de nuestro tiempo sigue siendo superar la “etnofagia”, esa forma de destrucción física y cultural de los pueblos indígenas, según la expresión acuñada por Héctor Díaz Polanco. La clave del sínodo, en su opinión, consiste en propiciar un diálogo sincero, para posibilitar que avancen los proyectos de vida de las poblaciones amazónicas. Según Flórez, “repintar” la imagen de la Iglesia para estos pueblos en perspectiva de inculturación solo les haría más daño.

Protesta de los pueblos indígenas
Protesta de los pueblos indígenas
¿De dónde nació la iniciativa de escribir y publicar Religión y descolonización? ¿Qué lo llevó a dar cuenta, a través del libro, de ese viaje personal desde lo que usted llama el “pensamiento mágico católico” a la “antropología biocentrista”?

El texto manifiesta una trayectoria personal, un recorrido por mi vida. Me inspiró el deseo de contar las reflexiones que he ido haciendo alrededor de ese encuentro entre la religión y el catolicismo, particularmente, con los pueblos indígenas. Yo no lo he podido explicar desde fuera, sino desde dentro, teniendo en cuenta esa dialéctica entre mi doble formación: por una parte, la teología, y, por otra parte, haber hecho estudios de antropología en la Universidad Nacional y luego en París. Ese campo es referente; pero el otro es la experiencia directa. La gran pregunta que está siempre viva es si efectivamente se puede hacer un proyecto de evangelización sin que pase necesariamente por una práctica colonial. Esa es la pregunta de fondo. Me gasté varios años, tal vez más de dos décadas, en la práctica, resolviendo esa pregunta en mi interior y trato dar un aporte. Utilizo la figura autobiográfica como un recurso literario, pero también como lo indica la misma metodología de las historias de vida en la antropología y es que los conceptos están en los hechos. Tenía previsto un texto estrictamente conceptual, pero me pareció más oportuno que esos conceptos fluyeran a partir del testimonio.

¿Qué caracteriza el planteamiento de una antropología biocentrista, al cual usted desemboca en la obra?

Que el diálogo entre culturas, para que sea más auténtico, no tiene que girar alrededor de los elementos explícitamente religiosos, porque quedamos atrapados en relaciones coloniales. El diálogo tiene que girar alrededor de la búsqueda de lo que esos datos religiosos pretenden hacer, que es finalmente cómo podemos vivir. Es esa la gran búsqueda de toda cultura. En esa pregunta sobre cómo podemos vivir es que aparece lo biocéntrico. Optar por el biocentrismo no es estrictamente algo ecologicista ni nos pone únicamente en el plano de la biología; teniendo en cuenta esos referentes, consiste más en concebir la vida como una categoría social, entendiéndola en un entramado muy complejo, donde está lo biológico, pero que llega hasta lo cósmico, y donde está lo humano, el individuo, pero se desarrolla en las culturas. Eso es lo que nos debe llevar a generar procesos dialógicos.

Desde la antropología biocentrista, en Religión y descolonización usted entabla un diálogo sobre el agua que atiende a diversas tradiciones e incluso a la visión del río Atrato como sujeto de derecho. ¿Qué otro ejemplo podría plantear para explicar su  propuesta?

Como usted acaba de decir, puse el agua como ejemplo, en relación con la mitología diversa de los indígenas y con otras tradiciones; pero también, fundamentalmente, como el espíritu vital, que hace que exista lo que hoy llamamos vida. En ese orden de ideas, todo lo que nos lleve a ello, a descubrir el espíritu vital en sus diversas expresiones, es a lo que nos convocaría esa antropología biocentrista. Avanzando en ejemplos, es claro el concepto de tierra del cual se derivarían otros, más políticos, como el de territorio. La tierra, expresión de ese espíritu vital que constituye la vida, también se nos vuelve objeto para ese diálogo biocentrista. En los Andes suramericanos es claro cómo para muchos pueblos esa tierra elevada que son las montañas, y que ellos llaman apus, son realmente sus abuelos, sus ancestros, que podemos personificar de acuerdo a esas cosmovisiones y entablar diálogos con ellos. Ese diálogo con esos apus o con ese concepto tan global, genérico o tan extendido de los indígenas como es el de madre tierra nos lleva a repensar quiénes somos como seres humanos. Otras tradiciones religiosas también han hecho alusión a la tierra. Por ejemplo, el mito bíblico de creación o de organización del cosmos arranca por identificarla y separar las aguas para que emergiera lo seco. El nombre de Adán refiere a que, como seres humanos, venimos de la tierra. Entonces, también allá, esa tradición oriental está muy estrechamente vinculada con ella. Así como el agua nos permite hacer un diálogo, la tierra también.

Otro concepto sobre el cual también deberíamos dialogar, y hacer ese desarrollo, es el alimento, lo cual nos manda a unas implicaciones políticas tremendas: qué es la alimentación hoy en día, a favor de quién está, quién la favorece, y por qué hoy, en un mundo que tiene más comida que nunca antes, es cuando hay más millones de muertos por hambre. En Colombia estamos padeciendo de mortalidad por hambre. Los niños indígenas, incluso, que más se han mencionado; pero hay mucha más gente. Desde hace más de 10 años tenemos una estadística grave, que nos planteó el Programa Mundial de Alimentos de Naciones Unidas: un crecimiento alarmante del hambre en Colombia. En 2007 hicimos un informe de la ONU, justamente publicado bajo el título Derecho a la alimentación y al territorio en el Pacífico colombiano. Desde 2005 Naciones Unidas venía mostrando 100.000 más hambrientos por año. Eso, puesto en planetario, es mucho más grave. Entonces los alimentos también se nos vuelven objeto de esa antropología biocentrista y habría que desarrollarlo.

Amazonia, pulmón del planeta
Amazonia, pulmón del planeta
Usted es crítico de la pretensión eclesiástica de inculturación del evangelio y sostiene que dicho proyecto está al servicio de la reproducción institucional, más que de un verdadero reconocimiento del otro y de un respeto auténtico de la identidad cultural de los pueblos. En este momento la Iglesia Católica prepara un sínodo de obispos dedicado a su presencia en la Amazonía, que se llevará a cabo en octubre en Roma. Sin embargo, ya se advierten dos polos de tensión: por un lado, una preocupación predominantemente sacramental sobre qué ajustes debe hacer la Iglesia Católica a nivel del ministerio para poder responder a exigencias evangelizadoras; y, por otro lado, una segunda preocupación representada en sectores cuyo interés es, en primer lugar, la defensa del bioma y de los pueblos más vulnerables. ¿Cómo lee usted esta situación y qué opinión le ha merecido la convocatoria del sínodo por parte del papa Francisco?

La estrategia de la inculturación puesta en marcha por Juan Pablo II no se inserta en una opción diáfana de reconocimiento del otro. Intenta responder a la preocupación sobre el hecho de que la Iglesia no ha sido capaz de meterse en las culturas. Aparentemente es un concepto muy novedoso, positivo y “no neutral”; pero es un proyecto colonialista el de la inculturación. Por eso hay que abrirse a otro esquema.

Teniendo en cuenta eso, yo creo que es muy afortunada la convocatoria que hace Francisco, el actual papa, al hablar de la Amazonía. Muy afortunada, porque preguntarse por la Amazonía no es un tema estrictamente eclesiástico, sino un punto que conecta a toda la humanidad. Es lo mismo que si nos preguntáramos por el bosque húmedo tropical de la franja ecuatorial africana, muy desconocido por nosotros, o por el bosque húmedo tropical del Pacífico. Nos pone en el tema contemporáneo de la pregunta por el futuro de la humanidad. Y que sea la Amazonía el referente es una suerte de modernización del discurso católico para dialogar con las culturas en general.

La preocupación que puede venir alrededor de eso es que para un sector o para sectores significativos de la Iglesia esto pueda ser algo similar a la inculturación, es decir, una estrategia para “pegarse” del lenguaje ambientalista, proteccionista, e ir a ese encuentro con la sociedad contemporánea que está tocando estos temas. Y eso, no para decir que todo lo que digan tiene que ser criticable. No. Se puede caer en el riesgo de utilizar ese campo de reflexión exclusivamente como estrategia para la sobrevivencia institucional de la Iglesia.

La encíclica Laudato si’ no es contundente para romper con el antropocentrismo; lo critica, lo señala, pero no hace una ruptura evidente y contundente. Esas son discusiones genéricas que tenemos en este campo hoy en día cuando hablamos de la sostenibilidad ambiental o de la sostenibilidad en general.

¿Cómo podría ser más afortunado ese sínodo y toda esa trama?

En los últimos tres años he tenido una aproximación a la Amazonía ecuatoriana, peruana y colombiana en la frontera con el Putumayo y he estado analizando esas temáticas con animadores indígenas vinculados a la labor de los misioneros consolatos, cuya preocupación es la siguiente: ¿para qué hacemos ese sínodo cuando tenemos tantos problemas?

Entonces, ¿cuál sería la clave? Tener un diálogo sincero, abierto, para que a las poblaciones amazónicas, a los pueblos indígenas, realmente se les posibiliten espacios para que sus proyectos de vida avancen. Se hace más daño si se hace exclusivamente con esa perspectiva de inculturación o de “repintar” la imagen de la Iglesia para estos pueblos.

El diálogo sobre la Amazonía tiene que versar sobre las tradiciones sagradas y espirituales de los indígenas, pero no como recurso para poder hacer sacramentos, porque eso daña; sino como auténtico reconocimiento de una dimensión profunda y milenaria. Reconocer eso no es un asunto gnoseológico de conceptos, sino uno eminentemente práctico: cómo se traduce ello en la defensa de los territorios.

Entonces, un espacio de encuentro como el sínodo debería convertirse en opciones de apoyar las consecuencias de esas espiritualidades vinculadas a la naturaleza, es decir, vincularse a las luchas y exigencias de los pueblos indígenas que cuestionan las políticas de los más de siete estados que cobijan a la Amazonía.

Hacia la paz en Colombia
Hacia la paz en Colombia
Pensando, por otra parte, en el Pacífico colombiano, un territorio al que usted le ha dedicado décadas de trabajo, ¿qué desafíos enfrentan las organizaciones étnico-territoriales en este momento?

Lamentablemente, el primer desafío es poder vivir. Hemos acogido con mucha esperanza, ilusión y compromiso el acuerdo de paz firmado por la guerrilla de las FARC y el Estado colombiano, para que eso se transforme en acciones que vayan pacificando el país y la región, en particular; y hay símbolos: las víctimas en general y, particularmente, las de Bojayá, que recientemente conmemorábamos los diecisiete años de esa tremenda masacre. Hay símbolos de gente que está haciendo compromisos en la construcción de los planes de desarrollo con enfoque territorial, ya terminados en su diseño. Sin embargo, hay mucha preocupación porque  la violencia no ha terminado, y en algunos lugares se ha incrementado, como en el Medio y Bajo Atrato, ya que se rompió la mesa con el Ejército de Liberación Nacional (ELN) y vienen esas fases normales de acrecentar la tensión. El paramilitarismo no ha sido acabado plenamente en Colombia, y el gran combustible del narcotráfico sigue muy presente. Todo eso ocurre y se posibilita gracias a una terrible corrupción e inestabilidad social y política. Ese es el primer desafío: poder sobrevivir en medio de eso. El gran llamado que nos vienen haciendo las organizaciones desde hace dos años atrás es un gran acuerdo humanitario, un pacto por la convivencia. El segundo gran desafío es que todo lo que se ha ido construyendo en estos largos treinta años de titulación colectiva, de propiedad territorial, pueda pasar a una fase tranquila de poder hacer un uso sostenible desde la perspectiva de ese territorio y la perspectiva de esos pueblos, que es lo que llaman ellos planes de vida. Y un tercer gran desafío es poder ejercer gobernabilidad; y esa gobernabilidad como expresión de la autonomía. La autonomía, como autogobierno, se ejerce controlando el territorio a través de los planes de vida; pero, para eso, necesitamos un gran acuerdo, para que el Estado, que trasciende cualquier Gobierno, se comprometa, primero, a  detener toda la acción paramilitar. Hay instrumentos. También los grupos paramilitares han manifestado que quieren hacer acogimiento social. Se aprobó la ley de acogimiento colectivo de estos grupos y este Gobierno no la ha puesto en marcha. Hay unas condiciones para que eso se de.

Ante estos desafíos, ¿cuáles son las principales fortalezas de las organizaciones étnico-territoriales?

La primera gran fortaleza es que existen y no se han dejado destruir en medio de tantas dificultades que han generado estos últimos treinta años de conflicto intenso en la región. La segunda, que han podido avanzar en la titulación colectiva. Hoy en el Pacífico hablamos entre comunidades afrocolombianas y pueblos indígenas de más de siete millones de hectáreas tituladas. Significa que son siete millones de título colectivo que están fuera del mercado. Otra gran fortaleza es que tienen un diseño de territorio; diverso, porque cada pueblo tiene una cosmovisión: el pueblo wounaan, el pueblo tul, el pueblo embera, el pueblo chamí, los eperara, los mismos pueblos afrocolombianos, que tienen también una diversidad de apropiación del territorio. Y ese diseño territorial busca que el Estado definitivamente se siente a hacer un diálogo social, para que se vea que la única manera de aprovechar el Pacífico no es el extractivismo, sino generar que ese diseño que tienen las comunidades, que es amigable con el territorio, apropiado para las mismas condiciones culturales, se pueda llevar a cabo.

*Flórez, Jesús. Religión y descolonización. Cali: Centro de Estudios Étnicos/Otramérica. 2018.

Portada del libro

https://www.religiondigital.org/libros/Jesus-Florez-espiritualidades-vinculadas-naturaleza-Sinodo_0_2124087591.html

«Por qué me he hecho católica ahora, aunque la Iglesia esté infectada de pecado y escándalo»


Kasey Kimball era protestante, leía, pensaba, sufría y dudaba

Kasey Kimball ha meditado mucho sobre la Iglesia, el sentido del dolor y el pecado, antes de hacerse católica en época de escándalos

Kasey Kimball ha meditado mucho sobre la Iglesia, el sentido del dolor y el pecado, antes de hacerse católica en época de escándalosF

P.J.Ginés/ReL

21 mayo 2019TAGS:

Kasey Kimball es una joven norteamericana que ha estado estudiando Arte y Teología en Vancouver, Canadá en los últimos 4 años. Formada en el cristianismo protestante anglicano, durante ese periodo ha meditado y leído mucho, ha explorado la fe católica y se ha hecho católica en esta Pascua de 2019. Le ha costado dar el último paso, y lo ha hecho reflexionando sobre los escándalos y graves pecados que se han dado en el clero y en las estructuras católicas.

En tierra de nadie eclesial: ¿qué decidir?

En agosto de 2018, Kasey estaba en una “tierra de nadie” eclesial… Llevaba ya un año acudiendo a la misa católica. En agosto, ya había conseguido sentirse cómoda con el rosario, usaba el misal del Magníficat sistemáticamente y ya no se consideraba protestante. Quería ser católica y prácticamente vivía como si lo fuera. Había hecho los distintos ritos de presentación y había terminado su curso de iniciación a la fe católica.

Pero no había dado el paso a entrar en la Iglesia en esa Pascua de 2018. “Simplemente, no estaba teológicamente lista“, dice.

Tampoco podía volver al protestantismo. La liturgia protestante y anglicana le parecía ahora llena de palabras humanas huecas. En el culto protestante que conocía “parecía que reinventáramos la rueda cada domingo, cuando la riqueza de la tradición estaba ahí lista para ser usada”.

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“Sentí que Jesús me miraba, era apenas soportable”

También había sentido con fuerza la presencia de Cristo en la misa. “No es que diga que Cristo esté ausente en el protestantismo, pero hay una diferencia de intensidad palpable. Un domingo por la mañana sentí que Jesús me miraba desde el tabernáculo; la intensidad era profundamente convincente, aunque apenas soportable. La idea de que Cristo estaba presente de una manera única en la Iglesia Católica la encontraba yo ofensiva, pero mi experiencia sugería que podía, simplemente, ser verdad”.

Y estaba el tema de la autoridad. Los anglicanos, en EEUU y en Canadá están divididos profundamente, en varias denominaciones. Unos grupos y obispos aceptaban obispesas lesbianas, el matrimonio gay, incluso el aborto. Otros no lo aceptan del todo, o lo intentaban esquivar, o limitar. ¿Quién tiene autoridad para enseñar de verdad lo que Dios aprueba?

“Si bien los protestantes afirman que la Biblia es su autoridad final, en realidad todos apelábamos a alguien a la hora de interpretar los que la Biblia decía y significaba, fuera Lutero, Calvino, Cranmer o Barth o un blog que nos guste o nuestro pastor local”, señala Kasey.

¿Qué le faltaba? Convencerse de que la Iglesia era quien decía ser.

Un sermón sobre abusos en la Iglesia

Ese verano, en un campamento de vacaciones, acudió a misa a una pequeña capilla. No podía comulgar, pero podía responder todas las partes de la misa, participar con su oración, escuchar la homilía. Y el sacerdote predicó sobre los abusos del cardenal McCarrick con seminaristas y cómo nadie había rendido cuentas ni tomado medidas en su momento para evitarlo o castigarlo. “Aprecié que fuera directo, que se negara a mantener una cadena de silencio”.

Y entonces Kasey tuvo una sensación peculiar.

“Me dio la impresión de que si la Iglesia Católica era el cuerpo de Cristo de una forma peculiar -y ese era aún un gran ‘si’- necesitaba acercarme más a ella en este tiempo de crisis. Si a ustedes les parece una reacción rara ante la revelación de más abusos y encubrimientos… a mí también”.

Dios en el sufrimiento, y la amistad de los santos

Kasey llevaba unos años reflexionando sobre la presencia de Dios en el sufrimiento. En los últimos 3 años había sufrido bastante: sus padres se habían divorciado, a ambos les diganosticaron cáncer y la misma Kasey sufría una depresión clínica y dolores de cabeza crónicos. “Pasaba el día en mi habitación viendo teleseries: no podía hacer ni mis deberes de clase, mucho menos ‘cosas grandes por Jesús'”.

Estaba trabajando en una tesis sobre los textos de San Buenaventura, el santo místico y superior franciscano del siglo XIII, especialmente los que trataban sobre la Pasión. Para San Buenaventura, que el Dios hecho hombre aceptara sufrir para curar y salvar a los hombres, es algo de gran hermosura, una forma de medir la grandeza de ese amor. “Buenaventura deja claro que la victoria de Cristo no significa que la Iglesia cese de sufrir. De hecho, la realidad es la contraria”, escribe Kasey.

Ella pasó dos años leyendo a Buenaventura mientras experimentaba sus dolores físicos y emocionales. Conoció además a otros santos que se mantuvieron fieles a Dios pero muy probados por el dolor: San Francisco, Santa Catalina, Santa Teresita, Santa Faustina y muchos otros… “Sus historias era inspiradoras, enloquecedoras y convincentes. Empecé a creer en su testimonio de que el sufrimiento valía la pena para poseer la libertad y el gozo de la beatitud. Empecé a considerarlos mis amigos. Quería formar parte de su familia”.

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Ofrecer los sufrimientos: poder para el bien

Kasey empezó a explorar el lenguaje católico de “ofrecer los sufrimientos” a Dios por los demás. ¿Podía usarse como una excusa para la inacción, o para el masoquismo? Podía, sí. Pero ella encontró que también podía dar fuerza y poder: “con esta forma de pensar, el sufrimiento en sí sigue siendo malo, pero se le puede obligar a que produzca un bien”. Y así, ofreciendo desde su cama sus dolores, podía seguir participando en las cosas que Dios hace en el mundo, seguir produciendo bienes.

Así, entendió que “el sufrimiento, aunque es malo y temporal, es una forma de conocer a Cristo”. También, dice, le ayudó a ser más paciente, compasivo, dependiente y “profundamente eclesial, porque al conectarnos a Cristo nos conecta con los demás”.

Después, Kasey empezó a leer y conocer el pensamiento de una católica inglesa muy peculiar, la mística, artista, escritora y terapeuta informal Caryll Houselander, que vivió entre 1901 y 1954.

En sus experiencias místicas, Caryll Houselander había visto a Cristo “en todo tipo de personas”. “Si buscas a Dios solo en los santos no lo encontrarás”, escribió. Houselander ordenó un poco su vida al volver a la Iglesia en 1925, pero sin faltarle heridas. Se enamoró del famoso espía Sidney Reilly (un judío de Odessa al servicio de Su Majestad), que fue el modelo para las novelas de James Bond, pero él la hirió y se fue con otra mujer (se casó con unas cuantas). Caryll nunca se casaría, pero dedicó mucho tiempo a acompañar y aconsejar a personas dañadas por la Segunda Guerra Mundial, con una gran empatía. El psiquiatra Eric Strauss la admiraba y consideraba “una excéntrica divina”.

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Caryll Houselander en sus últimos años; murió con 54 años

A Kasey le inspiraba leer a Caryll, que veía que igual que Cristo resucitó alzándose de su tumba, puede resucitar en los corazones de personas muy pecadoras, muy alejadas de Dios, que tienen a Cristo muy muerto en su corazón. Y así, si miramos con respeto la tumba de Cristo muerto, también debe haber cierta reverencia hacia esas tumbas que son los pecadores endurecidos.

La Iglesia no deja de ser Iglesia aunque haya pecado

Todo esto cristalizó en una idea para Kasey: “la Iglesia no deja de ser Iglesia cuando se infecta de pecado y escándalo. Mucha gente ha sido atraída a la Iglesia Católica precisamente porque es honesta en su necesidad de ser probada y purificada”.

Kasey recuerda además una escena que ayudó al escritor Chesterton a hacerse católico. Vio un cartel en la parroquia que avisaba: “cuidado, no dejen los paraguas en la cesta, pueden ser robados durante la misa”. Chesterton pensó que esa iglesia era honesta y consciente de la realidad del pecado en su interior. La Iglesia ideal para alguien como él, pecador en necesidad de misericordia.

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G.K.Chesterton, acompañado del escritor Israel Zangwill.

Sí, el pecado no era razón para no estar en la Iglesia. Pero ¿de verdad la Iglesia que Cristo fundó para actuar en el mundo era la Iglesia Católica?

Kasey empezó a leer a los Padres de la Iglesia de los primeros siglos: “¡Me sorprendió lo católicos que eran! No era una iglesia hippie con liderazgo horizontal y gente que se reune de manera informal en casas y tienen la Eucaristía como una comida normal”. Los primeros cristianos tenían líderes, normas, liturgia, insistían en la vida común y en la perseverancia, obediencia, unidad, amor y humildad.

Una y otra vez los escritores cristianos de los primeros siglos insisten en la obediencia al obispo: desobedecer al obispo es como desobedecer a Cristo, separarse de la Iglesia es como separarse de Cristo, escribían. Eso exigía al obispo un alto nivel de santidad, según los textos de los primeros siglos cristianos.

“Lo que para los católicos era obvio, ahora lo podía ver claro yo: Dios no nos había dado un libro, sino un pueblo. Y este pueblo, pese a sus pecados y herejías, fallos y errores, estaba aún intacto, por Gracia de Dios”.

Así, esta Pascua de 2019 entró plenamente en la Iglesia Católica.

“Cuidado con la gente real, mediocre”

Hay católicos veteranos que han avisado a Kasey: cuidado, tras leer a tantos grandes santos, no se decepcione cuando vea a los católicos reales, de a pie, la gente concreta y mediocre que encontrará en las parroquias…

Pero ella no se desanima: “en la Iglesia Católica real, sobre el terreno, encuentro una mezcla profunda de lo ordinario y lo divino. En mi parroquia de Vancouver veo a mi vecindario: ricos y pobres, hombres y mujeres, casados y solteros, jóvenes y viejos, sanos e impedidos, de muchos orígenes étnicos… Mi convicción creciente es que este cuerpo de gente ordinaria es, misteriosa y verdaderamente, también el Cuerpo de Cristo“, escribe.

(Kasey Kimball contó su testimonio en la Newman Association de Vancouver, y fue publicado en The BC Catholic, con fotos de Agnieszka Ruck)

https://www.religionenlibertad.com/personajes/991211783/Por-que-me-he-hecho-catolica-ahora-aunque-la-Iglesia-este-infectada-de-pecado-y-escandalo.html

Celebra Pentecostés con todos tus sentidos.


Por polly house

Un diseño de altar con tema de Pentecostés para Fellowship Convo 2009 por el artista y pastor, el reverendo Todd Pick.  Foto de cortesía del sitio web de Pick, www.wordmadeimage.com.
Un diseño de altar con tema de Pentecostés para Fellowship Convo 2009 por el artista y pastor, el reverendo Todd Pick. Foto de cortesía del sitio web de Pick, http://www.wordmadeimage.com.

¡Pentecostés es un día en el calendario cristiano que casi ordena que todos tus sentidos se despierten y celebren!

Mira este pasaje de las Escrituras:

Marcia McFee es una autora, diseñadora de culto y líder, profesora, predicadora y artista de San Anselmo, California.  Foto de cortesía.

 Una colorida imagen de Pentecostés del artista y pastor, el reverendo Todd Pick. Foto de cortesía del sitio de Pick, www.wordmadeimage.com .

Cuando llegó el día de Pentecostés, estaban todos juntos en un solo lugar.  Y de repente, del cielo, se oyó el ruido de una ráfaga de viento violento, que llenó toda la casa donde estaban sentados.  Lenguas divididas, como de fuego, aparecieron entre ellas, y una lengua descansó sobre cada una de ellas.  Todos ellos se llenaron con el Espíritu Santo y comenzaron a hablar en otros idiomas, ya que el Espíritu les dio la capacidad. (Hechos 2: 1-4, NRSV)

¡Tanta acción!

“Pentecostés es nuestro día para celebrar el ‘cumpleaños’ de la Iglesia”, dijo Marcia McFee . Autor, diseñador de culto y líder, profesor, predicador y artista de San Anselmo, California, McFee es reconocido como uno de los principales artistas de culto.

“El pasaje de las Escrituras [Hechos 2: 1-4] a menudo se usa en Pentecostés para contar la historia de cómo se instó a los discípulos de Jesús a continuar su ministerio”, dijo.

“Podemos dibujar tanto simbolismo rico de este pasaje: la comunidad se reunió, un viento violento del cielo, lenguas de fuego”, continuó McFee. “Para las artes dramáticas, ¿qué hay de dar plumas para representar al Espíritu Santo como una paloma? ¿O usar luces de té para hacer eco de las lenguas de fuego? ¿O la música que refleja el ‘fuego sagrado’ y el movimiento del Espíritu Santo?

Grace Cox-Johnson es una artista visual de renombre nacional de Kansas City, Missouri, cuyo trabajo se ha presentado en la Conferencia General Metodista de los Estados Unidos.  Cortesía de Grace Cox-Johnson.

 Este dramático altar de Pentecostés en la Conferencia General 2012 fue diseñado por el reverendo Todd Pick. Foto cortesía del Rev. Todd Pick. 

Grace Cox-Johnson es una artista visual de renombre nacional de Kansas City, Missouri, cuyo trabajo se ha presentado en la Conferencia General Metodista de los Estados Unidos. Ella dijo que Pentecostés es un día único de celebración en la iglesia porque es para la iglesia y no tanto para los que están fuera de la iglesia.

“El trabajo de la iglesia es atraer a la gente a Cristo”, dijo. “Pero Pentecostés es tal vez el único día en que se trata de las personas que ya están en la iglesia. La mayoría de los colores en la iglesia son frescos y tranquilos. Ves muchos neutrales, azules, verdes. Consideramos esto como acogedor y acogedor.

“Pero Pentecostés es diferente. Pentecostés es sobre el viento y el fuego. Utilizamos rojo, rosa intenso, fucsia y naranja. Hay tanta pasión en estos colores “.

Cox-Johnson está convencido de que involucrar a todos los sentidos en la adoración hace que la experiencia sea más inclusiva y significativa para los fieles.

Para Pentecostés, ella dijo: “Haz cosas prácticas. Cualquier cosa que tenga que ver con el viento: ventiladores, molinillos, cometas, globos de helio. Nada es más vibrante que el pensamiento del Espíritu Santo moviéndose como un viento poderoso ”.

Bailarines litúrgicos utilizan pancartas en forma de llama.  Foto de cortesía del sitio web del Rev. Todd Pick, www.wordmadeimage.com.

 Congregantes ondean banderas que representan al Espíritu Santo en Pentecostés. Foto de cortesía del sitio web del Rev. Todd Pick, www.wordmadeimage.com .

El reverendo Todd Pick , pastor de la Iglesia Metodista Unida de Wesley Chapel en Gholson, Texas, es un artista consumado. Dijo que cuando lees sobre Pentecostés en las Escrituras, ves que fue una experiencia apasionada, visual y sensorial para la gente de allí. Él cree que los adoradores de hoy pueden tener una experiencia similar.

“Pentecostés siempre ha sido un día santo de celebración y drama”, dijo. “Se sabe que las catedrales en Italia lanzan pétalos de rosa a través de aberturas secretas en el techo para simular lenguas de fuego descendentes. Hay tanta riqueza en algo tan simple que es tan impactante “.  

Ofreció una lista de maneras de incorporar los sentidos en la adoración para encarnar mejor el espíritu impredecible y creativo de Pentecostés.

HABLA

Pentecostés nos recuerda que Dios no tiene un solo idioma, sino que nos habla en nuestra diversidad.

  • Coloque varios lectores alrededor del santuario para leer las escrituras, letanías u oraciones en diferentes idiomas.
  • Aprende y canta una nueva “canción del corazón” en el lenguaje del corazón de otra cultura. 

COLOR

  • Cubre el santuario con telas rojas de nuevas maneras: en lo alto, en lo alto, en los pasillos. Las tiendas de artículos para bodas y fiestas de graduación en línea tienen tornillos grandes que son asequibles.
  • ¡Anuncia e invita a todos a vestirse de rojo!

MOVIMIENTO

  • Dele a todos un “bastón de espíritu”: una varilla corta con una cinta roja adherida. Estos pueden hacerse fácilmente a mano o en línea de forma masiva (busque “varitas de cinta”). Invite a toda la congregación a saludarlos cada vez que se hable la palabra “Espíritu”.
  • En las últimas semanas de Eastertide, coloque largas tiras de cinta de florista de color naranja y amarillo sobre una mesa en su sala de nártex, vestíbulo o comunidad. Invite a todos a escribir una palabra de “visión” o “sueño” para la iglesia. Coloque las cintas en un “poste en T” para que las cintas puedan procesarse y ondearse por encima.
  • Deje que los bailarines se muevan por el espacio con grandes banderas en tonos rojos o ardientes. Que el movimiento y el color permitan que la comunidad reunida se convierta en una llama viva.
Este dramático altar de Pentecostés en la Conferencia General 2012 fue diseñado por el Rev. Todd Pick, pastor de la Iglesia Metodista Unida de Wesley Chapel, Gholson, Texas.  Foto cortesía del Rev. Todd Pick.

 Congregantes ondean banderas que representan al Espíritu Santo en Pentecostés. Foto de cortesía del sitio web del Rev. Todd Pick, www.wordmadeimage.com.

SÍMBOLO

  • Las imágenes suelen incluir imágenes de fuego, viento y paloma. Considere qué metáforas adicionales vienen a la mente para mostrar la relación del Espíritu con el agua, la creación, los dones y los frutos.
  • Echa un vistazo a Pinterest para ver cómo otros han creado teléfonos móviles, pancartas y transmisiones procesionales. También encontrarás formas de incorporar objetos como cometas, globos y molinetes.

SONAR

  • Considere usar campanitas de viento, que nos dicen cuándo sopla el viento, como un momento límite para entrar y “agitar” nuestra adoración.
  • Toque sonidos grabados o use instrumentos de percusión para crear una “tormenta” de fuego y viento.

GESTO

  • Enseñar a la congregación a firmar el “Espíritu Santo” usando el lenguaje de señas estadounidense; Repite este gesto a lo largo del llamado a la adoración o corta letanía.

RESPIRACIÓN

  • Para contrastar el sonido caótico de las múltiples lenguas y el viento ruidoso, enseñe a la congregación una oración de aliento para que podamos practicar “respirar con” (literalmente, “conspirar”) el Espíritu. Usa esta técnica de oración para entrar o cerrar la oración pastoral.

Pentecostés es un domingo importante para la Iglesia. Nos recuerda que Dios tiene planes grandes, ruidosos, brillantes y dramáticos para nosotros como cristianos. Haga de este día un recordatorio de lo que Dios hizo por nosotros ese día: ¡Dios vino del cielo y nos dio el precioso don del Espíritu Santo!

Polly House es una escritora y editora independiente que reside en Nashville, Tennessee, EE. UU.

Publicado originalmente el 15 de mayo de 2019.

Un sacerdote español en Sri Lanka: “Los católicos han dado ejemplo de dolor sereno, sin ningún tipo de venganzas”


Las personas que murieron en los atentados se las consideran mártires: murieron después de renovar sus promesas de bautismo

Cardenal Malcom Ranjith en una visita a mezquita musulmana.

photo_cameraCardenal Malcom Ranjith en una visita a mezquita musulmana.FECHA21/05/19access_time 1:20COMPARTIR

Estos cuatro niños hicieron su Primera Comunión el día del atentado terrorista en Sri Lanka
Estos cuatro niños hicieron su Primera Comunión el día del atentado terrorista en Sri Lanka

A pesar de que se ha desatado algunos episodios de violencia contra comunidades musulmanas en Sri Lanka, como represalia a los atentados yihadistas del Domingo de Resurrección,  “los católicos están dando un ejemplo maravilloso de dolor sereno, sin ningún tipo de venganzas”, afirma el sacerdote español José Luis Durán que lleva en Sri Lanka desde 2011.

En una carta remitida a sus familiares y amigos a la que ha tenido acceso Religión Confidencial, el sacerdote recuerda los atentados de terroristas islámicos que atacaron en este país dos iglesias católicas, una protestante y cuatro hoteles.

“Los consideramos mártires” 

En las dos iglesias católicas murieron más de 200 personas, “gente sencilla que participaba en la Misa de la mañana. Aquí ya los consideramos mártires: murieron después de renovar sus promesas de Bautismo. Ha habido también muchos heridos. El párroco de la iglesia que ha llevado la peor parte, me decía hace dos días que en Cuaresma se confesó toda la parroquia”, señala José Luis Durán. 

Este presbítero español estaba celebrado Misa en otra iglesia de Colombo esa misma mañana. “Os pido oraciones por Sri Lanka y por la iglesia aquí. Los familiares de los fallecidos están mostrando una fe inmensa”. 

Al final de su carta, señala: “Si alguno de vosotros quiere mandar algún euro, se lo haré llegar al Cardenal en mano, para que ayude a las familias. Unos pocos euros aquí hacen mucho: con uno comen y cenan” y adjunta una cuenta bancaria: 00493830732114037358. 

Por su parte, el arzobispo de Colombo, el cardenal Malcom Ranjith, visitó recientemente una mezquita y se reunió con líderes musulmanes. Desde el primer momento, el cardenal instó al Gobierno a que se encontrarán y castigaran a los culpables pero también ha pedido en reiteradas ocasiones a los cristianos que no tomen represalias contra ningún musulmán ·porque son nuestros hermanos y son parte de nuestra sociedad”. 

“Musulmanes piden que les perdonemos”

“Los cristianos de Sri Lanka están muy conmocionados y enojados debido a estos ataques. Pero el cardenal que guía al pueblo de su diócesis ha pedido a todos los cristianos que sean pacientes y prudentes y suplicó perdonar a todos los terroristas que nos atacaron, recordando las mismas palabras de Jesús: “perdónalos porque no saben lo que hacen”. No es fácil, pero es posible, es posible pues somos cristianos. Nos esforzamos por lavar y desterrar la ira de nuestras lágrimas”, ha manifestado otro sacerdote de Sri Lanka, el P. Joseph Ignatius Niroshan Vaz que actualmente estudia en Roma. 

“Muchos musulmanes nos piden que los perdonemos. Piensan que han descuidado su responsabilidad de corregir a sus hermanos y correligionarios que participaron en los ataques. Ahora los musulmanes están ayudando al ejército a encontrar a los miembros del grupo extremista musulmán de Thowheed Jamath. La policía y el ejército han arrestado a casi todos los miembros que están conectados directamente a los atentados”, señala el mismo sacerdote. 

https://religion.elconfidencialdigital.com

Mujeres católicas en medio de todo


Un punto de vista por Mary E. Hunt

Vaticano con un rayo en el fondo

Las feministas católicas enfrentan tiempos difíciles. La institucionalidad de la Iglesia Católica Romana está implosionando ante nuestros ojos cuando el abuso sexual del clero y su encubrimiento se desarrollan con detalles cada vez más complicados. A muchos de nosotros nos resulta difícil participar en la adoración en cualquier entorno institucional; aún más personas están cuestionando los conceptos básicos de una tradición de fe que se ha distinguido por su comportamiento homogéneo, la transfobia y la misoginia al mismo tiempo que son dirigidos por clérigos cuya vida personal nos hace ver como Girl Scouts en el campamento de verano.

Ofrezco un resumen de los principales contornos para profundizar nuestros lazos comunes como amigos y colegas ecuménicos / interreligiosos y para sugerir cómo todos podemos ayudar sin ser acusados ​​de anti-catolicismo. Mi punto de partida es como una feminista blanca educada en teología en los Estados Unidos. Viajo y leo mucho para tener una idea del panorama más amplio, aunque se lo dejo a las mujeres en otros entornos para articular sus propias realidades.

El principal problema que se plantea a los católicos es simplemente si las mujeres son miembros de la comunidad católica, iguales o iguales, o no. La respuesta corta y honesta es que no lo somos. La ordenación, que confiere responsabilidades sacramentales / ministeriales y el derecho a la jurisdicción o la toma de decisiones, está reservada a las personas de sexo masculino (en latín, vir) . Hasta ya menos que las mujeres y los hombres sean elegibles para la ordenación, este modelo de poder asimétrico hace que el catolicismo sea impotente en sus afirmaciones sobre los valores del Evangelio. También deja a más de mil millones de personas en la estacada espiritual, ya que están surgiendo opciones de fe igualitaria más inclusivas y, afortunadamente, más acogedoras.

En un nivel práctico, esta disparidad hace que las mujeres católicas participen en muchas formas de servicio a la iglesia pero sin poder de toma de decisiones. Incluso los problemas locales más mundanos, por ejemplo, qué grupos pueden usar un salón parroquial, cómo se gastará el dinero donado a la comunidad, quién presidirá los sacramentos y demás, están totalmente fuera de las manos de las mujeres. Por ejemplo, es común que las mujeres preparen a los niños para la primera comunión y luego permanezcan ociosas mientras un sacerdote varón dirige la celebración.

En el catolicismo, el sexismo se eleva a un nivel ontológico. Los sacerdotes son vistos como categóricamente diferentes; leer eso como: mejor que los laicos. Incluso la ministra más educada y más hábil no tiene una posición eclesial al lado del hombre menos preparado. Me apresuro a señalar que aquellos de nosotros que nos oponemos a este modelo de sacerdocio no tenemos interés en replicarlo para que algunas mujeres puedan ser ontológicamente mejores que el resto de la humanidad. Pero es importante reconocer que esta enseñanza teológica está en el corazón de la experiencia católica. No está anticuado, anticuado, pasado de moda; más bien, es la realidad de hoy, cincuenta años de teología feminista más tarde.

El abuso generalizado por parte de sacerdotes de monjas y otras mujeres laicas está entrando en una conversación pública. Las mujeres indias, por ejemplo, han denunciado violaciones cometidas por sacerdotes durante muchas décadas, pero solo ahora están viendo a algunos de los autores acusados. Persiste la continua erosión de la justicia sexual y reproductiva, especialmente cuando se trata del aborto. Esto es particularmente irritante dado el estímulo institucional para la duplicidad en torno a la sexualidad. Ahora se supone que la mayoría de los sacerdotes son homosexuales, pero en el armario, sin embargo, se atreven a pronunciar lo que las mujeres deben hacer con nuestros cuerpos. Esta es una receta para que las mujeres salgan de sus parroquias, llevándose a sus hijos con ellas. Como la mayoría de las congregaciones católicas son mujeres, la escritura está en la pared.

Escalera de caracol

Mientras que la ordenación sacerdotal de mujeres está fuera de la mesa, el Papa Francisco fue acorralado hace tres años para considerar el tema del diaconado para mujeres. Tuvo la temeridad de bromear: “cuando quieres que algo no se resuelva, crea una comisión”. Así lo hizo, y el grupo estaba compuesto por personas que vieron el problema de manera muy diferente.

Parece haber consenso entre los eruditos de que había diáconos en la iglesia primitiva que atendían a las mujeres y los niños. Manejaron el bautismo por inmersión de mujeres desnudas; examinaron a las mujeres golpeadas en busca de magulladuras para poder disolver los matrimonios (ni una palabra sobre lo que les pasó a los abusadores) En resumen, las mujeres diáconos se dedicaban al servicio, que es lo que también quieren las mujeres de hoy.

El problema es que, a lo largo del largo camino histórico, la forma masculina de ser un diácono se dividió en dos: una forma de ser una etapa temprana de ordenación después de la cual uno pasaría a ser sacerdote y la otra forma de ser un estado permanente en la Iglesia, los llamados diaconados transicionales y permanentes, respectivamente.

Los progresistas temían que la comisión solicitaría un diaconado de segunda clase, a saber, diaconisas, en el que las mujeres no serían elegibles para una futura ordenación al sacerdocio. Tampoco se dedicarían a las tareas diaconales comunes de predicar, presidir bodas y más. En su lugar, se les encomendaría el manejo de lo que equivale a “trabajo de mujeres”, liberando a los sacerdotes y diáconos masculinos para asuntos más sustantivos.

En una conferencia de prensa a 35,000 pies, en un avión que regresaba de Bulgaria, el 7 de mayo de 2019, el Papa Francisco explicó que la comisión no pudo llegar a una conclusión común, por lo que no habría mujeres diáconos. Aparte del absurdo de esperar o inferir que cualquier comisión de este tipo llegaría a la unanimidad en una pregunta tan pegajosa, el Papa no pudo resistirse a decir que los grupos paganos tenían mujeres sacerdotes y, bueno, no somos paganos, ejem. . .

Ni siquiera de acuerdo con la pregunta sobre la dignidad de un documento o declaración de prensa, esta última salva papal refleja siglos de maltrato a las mujeres y la estupidez eclesial cuando se trata de rechazar las ofertas de servicio de buena fe de las mujeres. Incluso yo, que aconsejo contra el diaconado para las mujeres como una trampa obvia para promover la subordinación de las mujeres en la Iglesia Católica Romana, simpatizo con las mujeres que se sienten llamadas a este trabajo y han tenido agua fría y profana en sus rostros una vez más.

El Papa Francisco tiene sus fortalezas cuando se trata de asuntos económicos y ambientales. Pero tiene un déficit decidido cuando se trata de algo que tiene que ver remotamente con las mujeres. No me interesan los aspectos psicológicos y espirituales que las personas ensayan para excusarlo. No se trata de él. Se trata de la igualdad en el siglo XXI, que tiene un carácter cualitativamente diferente a la igualdad en el siglo XIX. Ignorar la antropología contemporánea es como ser un negador del clima. Es simplemente una tontería, y por ahora es una ignorancia culpable.

Mientras tanto, muchas mujeres católicas se han abierto camino de ninguna manera. Algunos han abandonado la institución y ahora adoran y / o ministran en otras tradiciones, cristianas y no. El budismo ha visto una afluencia de católicos, al igual que la Iglesia de Cristo Unida y los universalistas unitarios. Otras mujeres se han ordenado en grupos como los Peregrinos de Mujeres Católicas Romanas, la Comunión Católica Ecuménica, la Asociación de Mujeres Sacerdotes Católicas Romanas y otros grupos que se modelan sobre algunos aspectos del catolicismo y rechazan otros, pero al menos ordenan a mujeres. Todavía otras mujeres católicas por tradición no tienen ninguna afiliación o práctica religiosa y parecen estar bien.

Techo de san pedro

El impacto real de la implosión de la iglesia está en aquellas personas a las que considero “personas al borde de las bancas”. Son personas que asisten a misa en Navidad y Pascua, quizás algunos otros domingos cuando el tiempo lo permita, pero que esperan que Los bautizos familiares, bodas y funerales se llevarán a cabo en espacios católicos de manera católica. No pertenecen a iglesias de casas pequeñas ni a comunidades eucarísticas intencionales; no están al tanto de las últimas disputas internas, ni están interesados. Pero están profundamente escandalizados por la creciente reputación de la Iglesia Católica Romana como un refugio para perpetradores sexuales y aquellos que encubren actividades delictivas. No quieren más parte de eso.

Si lo pensaran dos veces, podrían conectar algunos puntos. Por ejemplo, como los laicos, las mujeres y los hombres no tienen agencia cuando se trata de tomar decisiones, no hay sínodos para asistir a votar sus opiniones, no hay una reunión anual para decidir sobre el presupuesto de la parroquia, no hay un comité de búsqueda para encontrar un nuevo obispo. La mayoría de ellos están tan ocupados trabajando para alimentar a sus familias que tales preocupaciones están muy abajo en su lista de prioridades. Entiendo eso, pero las consecuencias son muy injustas. Aquellos de nosotros que estudiamos estos asuntos estamos obligados a plantearlos una y otra vez, a pesar de lo agotador que resulta repetir lo obvio, porque las personas buenas están siendo tratadas mal. ¡No en mi reloj!

Me imagino que muchos colegas ecuménicos se preguntan por qué a las mujeres católicas se les molestan más. ¿De cuántas maneras debemos decirnos que no antes de decidirnos a pasar a campos más fructíferos? Tengo dos razones para incluso plantear estas cuestiones. Primero, la injusticia es injusticia, y se hace aún más atroz por tener que hacer, en este caso, con temas que son profundamente formativos, espiritualmente arraigados y que afectan a las personas de manera profunda. Dicho sin rodeos, no permitiré que otra generación de niñas reciba las mentiras de las generaciones anteriores. Sabemos mejor, e implementaremos una mejor teología.

En segundo lugar, y quizás lo más revelador, el daño causado por el pensamiento dualista y jerárquico es incalculable. Las raíces del cambio climático, por ejemplo, están muy arraigadas, en contra, contra nosotros, las formas de pensar de hombres y mujeres que fomentan el excepcionalismo humano (estamos a cargo) y desalientan a la comunidad cósmica. Repito, no en mi reloj.

Entonces, ¿cómo pueden los colegas ecuménicos participar en este trabajo sin ser acusados ​​de anti-catolicismo? Comience pensando y hablando y actuando como si un “católico” fuera una cosa de muchos esplendores. La trampa más fácil de caer es que la Iglesia católica romana institucional es lo que significa ser católico y el resto de nosotros también somos rans. Eso no es cierto. Entonces, en lugar de invitar a un obispo que usted sabe que no asistirá a su evento interreligioso, invite a un laico católico.

Entonces es un paso rápido para etiquetar ciertas posiciones teológicas como católicas, como la oposición al aborto. Más bien, comience a considerarlo como un punto de vista católico, aunque de la iglesia institucional, entre muchos otros puntos de vista católicos. ¡Puede que te sorprenda lo católico que eres realmente, o, mejor aún, cuán protestantes, interreligiosos o incluso religiosos son los católicos! Eso es lo que significa vivir en un ambiente religioso pluralista.

El Papa Francisco tiene sus fortalezas cuando se trata de asuntos económicos y ambientales. Pero tiene un déficit decidido cuando se trata de algo que tiene que ver remotamente con las mujeres. – Mary E. HuntCLICK TO TWEET

No permitiré que otra generación de niñas reciba las mentiras de las generaciones anteriores. Sabemos mejor, e implementaremos una mejor teología. – Mary E. HuntCLICK TO TWEET.

.. el daño causado por el pensamiento dualista y jerárquico es incalculable. – Mary E. HuntCLIC PARA TUITEAR

© 2019 por Christian Feminism Today.

Fuente: https://eewc.com

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