Josep Camps, cura y padre de familia


JOAN LLORET DEVESA BarcelonaEl combativo ex párroco de Sant Andreu (Barcelona) ha tenido una hija con su compañera y sigue administrando los sacramentos

El 25 de octubre pasado tuvo una hija con su compañera Emilia y todavía no ha decidido si será él mismo quien le administre el sacramento del bautismo. Sacerdote de 49 años, aspecto de jeque árabe o patriarca bizantino, cordialidad levemente fría y una punta de sorna acompañando sus palabras, Josep Camps bucea entre montones de papeles que cubren su escritorio. Trata de regir la oficina municipal de información de Santa Coloma de Gramenet -cuyo alcalde es cura y comunista-, un conglomerado de aluvión que bordea las 150.000 almas, inmigrados en sus tres cuartas partes, y una de las más importantes poblaciones del cinturón industrial de Barcelona

Josep Camps es un sacerdote conocido por la progresía barcelonesa, con una biografía rica en anécdotas y polémica. “Nada de ex sacerdote o cura secularizado: en lista, en nómina (al menos simbólicamente) y en ejercicio”, se apresura a puntualizar. “Me dejaron sin empleo concreto y no iba a quedarme mano sobre mano. Me sopló un amigo que buscaban un jefe de información y me dije: ‘Ése soy yo’. Me presenté y me dieron el puesto”. El cura Camps y su compañera llevaban una vida de pareja sin ocultamiento alguno, con la mayor naturalidad. “Lo sabían hasta los gatos, pero, para mi sorpresa, pasaban los años y no sucedía nada. Al fin sucedió: el arzobispo (‘con dolor en el alma’, así lo dijo) me dejó sin empleo”. Sin embargo, no renunció a la administración de los sacramentos, que sigue ejerciendo a petición de sus amigos conocidos.

Aún sigue vivo en los medios obreros el recuerdo de la parroquia de Sant Andreu, barrio extremo de Barcelona que Camps y sus colaboradores convirtieron en reducto de conspiradores demócratas y refugide pecadores antifiranquistas. Con aplomo de estatua, el cura de Sant Andreu se plantó varias veces ante los grises, impidiéndoles el acceso al templo. Difundía un boletín semanal famoso por su agudeza y desparpajo, que asustaba y divertía a sus númerosos lectores. “Dicen los obispos que debe haber libertad de expresión, pues háyala”, ése era su criterio, dice, “y pase lo que pase”. Nunca pasó nada, excepto cuatro incendios provocados, varios años sin pasaporte y alguna invasión de grises rompiendo muros y puertas.

“Pertenezco a la generación de los curas jóvenes, que todavía lo somos aunque rondemos los 50. Jóvenes casi no hay (por más que hace 15 años que nos dicen que el asunto empieza a remontar, es puro bluff), y la Iglesia va en camino de ser, además de una falocracia y una celibatocracia, una gerontocracia”. Cree haber sido el primero que organizó en este país, hace ya 20 años, una confesión colectiva. Estuvo seis años en Latinoamérica. “De allí me han echado tres veces. La tercera expulsión fue la más sonada: en agosto de 1976 (siendo ya párroco de Sant Andreu) caí en Riobamba (Ecuador) con 18 obispos y un grupo de teólogos que, por estar planeando la subversión continental, fuimos encarcelados y expulsados del país”. La épica narración del incidente inició la serie de colaboraciones de Josep Camps en Interviu, que levantaban ampollas en algunos colegas.

En lo político es creyente y practicante del nacionalismo radical catalán, como muchos curas, y socialmente se ve en la extrema izquierda, donde sus colegas son escasos. Sigue con más atención la política latinoamericana que la catalana, no sólo a través de lecturas y contactos de primera mano sino también con viajes frecuentes.

En sus pocas horas libres edita Dial, un boletín de información latinoamericana que se difunde desde Barcelona hacía aquellos países. “No basta rechazar la violencia verbalmente y cruzarse de brazos. En América Latina nadie sabe lo que pasa en los demás países. Revelar el documento de Santa Fe de los asesores de Reagan o explicar qué hace el Institut For Religion and Dernocracy, como hacemos en Dial, es más movilizador que montones de bombas”.

https://elpais.com/diario/1983/12/06/ultima/439513203_850215.html

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Cómo el cristianismo ‘asesinó’ la cultura clásica


La historiadora británica Catherine Nixey detalla en ‘La edad de la penumbra’ la rápida destrucción del mundo antiguo a manos del fanatismo religioso

Cómo el cristianismo ‘asesinó’ la cultura clásica
Estatua de Afrodita dañada por el cristianismo primitivo y con una cruz en la frente (Art Institute Chicago)

Las destrozadas estatuas de Palmira hablan de atrocidades. Sus mármoles ojos han visto con inmovilizado horror cómo hombres barbudos vestidos de negro se lanzaban contra ellas en nombre de una fe que no compartían. Y no hablamos de los recientes ataques de los yihadistas del ISIS, que también, sino de cristianos que los precedieron muchos siglos antes, cuando la nueva religión se imponía a golpes de fanatismo y de terror.

“Durante los siglos IV y V la Iglesia cristiana demolió, destrozó y fundió una cantidad de obras de arte simplemente asombrosa”, explica la historiadora y periodista cultural de The Times Cahterine Nixey, que acaba de publicar el libro La edad de la penumbra (Taurus) con el objetivo de aportar luz a uno de los episodios más oscuros de la historia: cómo el cristianismo triunfó aniquilando mucho más que la cultura clásica, imponiendo un nuevo modelo que premiaba la fe y condenaba el conocimiento.

Catherine Nixey, autora de 'La edad de la penumbra: cómo el cristianismo destruyó el mundo clásico'
Catherine Nixey, autora de ‘La edad de la penumbra: cómo el cristianismo destruyó el mundo clásico’ (Dani Duch)

“El cristianismo también contenía aspectos positivos en su ideología”, justifica la autora, “pero su triunfo armó con gran efecto la ignorancia y el fanatismo”, analiza. Algo que fue posible gracias a una “combinación de ley, retórica y violencia”. “A medida que transcurría el siglo IV, cualquiera que hiciera sacrificios a los antiguos dioses podría, según decía la ley, ser ejecutado”.

Con la ley a su favor, los pensadores cristianos atizaron la llama del terror. San Agustín, por ejemplo, exclamó: “¡Que toda superstición de paganos debe ser aniquilada es lo que Dios quiere, Dios ordena, Dios proclama!”. “Dijo que no era crueldad sino bondad vencer con varas a quienes tenían creencias incorrectas y al final la violencia fue terrible”, cuenta Nixey. “En la ciudad de Harran, las personas que no se convertieron fueron ejecutadas y sus extremidades, colgadas en la calle”, ejemplifica. “El pensamiento libre difícilmente puede sobrevivir en un mundo así”.

¡Que toda superstición de paganos debe ser aniquilada es lo que Dios quiere, Dios ordena, Dios proclama!

SAN AGUSTÍN

Los intelectuales de la época quizás pecaron de condescendientes ignorando o menospreciando una religión que no valía la pena ni rebatir porque sus creencias no se basaban en experimentos u observaciones, pero que finalmente acabaría con la mismísima Academia de Atenas y sus filósofos. “Muchos pensadores veían como una estupidez la enseñanza cristiana y para ellos Jesús era un simple embaucador”, apunta Nixey.

Solo algunas voces como la de Celso en el 170 d.C. lanzó ataques contra esas creencias que consideraban irracionales, desde la supuesta virginidad de María a la doctrina de la resurrección. “Describió a los cristianos como estúpidos y al Antiguo Testamento como basura”, añade la historiadora. “¿Cómo puede ser inmortal un muerto?”, se preguntaba Celso sarcásticamente a la vez que también lanzaba fuego contra el mito de la creación. Cabe tener en cuenta que en aquella época ganaba peso entre las élites la teoría del atomismo de Demócrito que consideraba que el mundo había sido creado por la colisión y la combinación de átomos.

No fueron solo las piedras las que fueron atacadas, pronto todos tenían que ser cristianos o pagar un precio por ello

CATHERINE NIXEY

Pero todo cambió por orden casi divina. Cuando el emperador Constantino, que proclamaba “un dios, un emperador”, legalizó el cristianismo abrió, quizás sin saberlo, la caja de Pandora. “No fueron solo las piedras las que fueron atacadas, pronto todos tenían que ser cristianos o pagar un precio por ello”. Los que han pasado a la historia con el epíteto de ‘paganos’ “fueron perseguidos de todas las maneras posibles: legal, financiera y físicamente”.

En cambio, los que empuñaban martillos y piedras “no fueron vistos como criminales”, al contrario “fueron elogiados y santificados”, aclara Nixey. “En la Galia, San Martín fue aplaudido por su habilidad para reducir templos antiguos a escombros”, explica.

El emperador Constantino.
El emperador Constantino. (piola666 / Getty)

Los no cristianos “estaban horrorizados por estos matones barbudos y vestidos de negro que recorrían el campo destrozando con palos y barras de hierro”, cuenta Nixey. La desolación avanzaba a pasos gigantescos. “Sabemos exactamente lo que las personas cultas pensaban mientras veían tales actos de violencia porque nos han llegado sus palabras”, añade. Por ejemplo, un poeta escribió: “Somos hombres reducidos a cenizas. Porque todo se ha vuelto en nuestra contra”. Un filósofo inmortalizó desesperado: “Estamos siendo arrastrados por el torrente”.

Tal figura retórica no era para nada gratuita. En tan solo un siglo, los cristianos pasaron a ser del 10% al 90% de la población del imperio. Los números se invertieron gracias a “muchas personas que se convertieron felizmente al cristianismo”, pero también debido a la “violencia y a su hermana aún más eficiente, el miedo a la violencia”, argumenta Nixey.

Arte destrozado y personas silenciadas

La autora realiza un gran trabajo de recopilación de arte destrozando en La edad de la penumbra, detallando las grandes obras que perdió la humanidad a manos de la barbarie cristiana. No solo se derrumbaron las estatuas de la ciudad de Palmira, también cayeron las del Partenón de Atenas y se desfiguraron las imágenes del templo egipcio de Dendera, dedicado a la diosa Hathor.

El templo más hermoso del mundo, el Serapis de Alejandría, fue arrasado por orden del obispo Teófilo. Evidentemente, tampoco se salvó el Museion, el templo dedicado a las musas. La lista es interminable. “Este período presenció la mayor destrucción de arte que la historia humana haya visto jamás, desde Antioquía a España”, detalla la autora.

Ruinas de la  Acropolis de Atentas y la ciudad de fondo en Grecia
Ruinas de la Acropolis de Atentas y la ciudad de fondo en Grecia (Poike / Getty Images/iStockphoto)

Nixey también repasa las voces que fueron silenciadas, como la de la famosa matemática Hipatia de Alejandría, desollada viva “porque los cristianos creían que era una criatura satánica del infierno porque usaba símbolos matemáticos de apariencia demoníaca”.

Unas pocas décadas después, se lanzó una persecución contra los filósofos no cristianos de la ciudad. “Como era de esperar, la filosofía disminuyó precipitadamente”, ironiza a la vez que recuerda que una de las pérdidas más irreparables fue la destrucción “de todo lo que quedaba en la Gran Biblioteca de Alejandría”.

Hipatia de Alejandría
Hipatia de Alejandría (LV)

El físico italiano Carlo Rovelli calificó que la pérdida de todas las obras del pensador griego Demócrito fue “la mayor tragedia intelectual derivada del colapso de la antigua civilización clásica”. El filósofo y matemático griego “dijo que no había necesidad de temer a los dioses porque el mundo está hecho de átomos, que todo lo que vemos y sentimos solo son átomos que se unen y se separan”, recuerda Nixey.

“En términos de cultura, nunca recuperaremos lo que se perdió”, resume la historiadora británica. Se estima que el 90% de toda la literatura clásica se desvaneció en los siglos posteriores a la cristianización. La famosa hoguera de las vanidades de Savonarola en el Renacimiento parece una broma insignificante al lado de la sabiduría que desapareció para siempre entre las llamas de los cristianos que pretendían enviar al infierno el conocimiento clásico.

Savonarola
Savonarola (.)

Pero no todas las obras se redujeron a cenizas. Algunas se rasparon para aprovechar los caros pergaminos “con temas mas elevados”, ironiza Nixey. Así pues, Agustín escribió comentarios a los Salmos encima del único ejemplar que quedaba de Sobre la república de Cicerón. Otro ejemplo: una obra biográfica de Séneca desapareció para copiar un Antiguo Testamento.

“¿Qué pasaría si aún tuviéramos a Demócrito, a todos los Arquímides, a todos los Cicerón?”, se pregunta Nixey. “Para mí la mayor pérdida es algo más intangible: la forma en que hablamos y nos vemos a nosotros mismos”, valora. “Desde el cristianismo, el mundo se ha roto en líneas religiosas”.

Así pues, los vientos oprimidos del cristianismo golpearon sin piedad los fundamentos de la civilización conocida hasta entonces, cuya debilidad “era la pluralidad”, según la autora. El mundo clásico fue tambaleándose hasta desmenuzarse en el suelo hecho añicos. De sus restos, el Cristianismo construyó su nuevo mundo, levantando iglesias de los mármoles de los templos caídos. “La historia la escriben los vencedores, y la victoria cristiana fue absoluta”, concluye Nixey.

http://www.lavanguardia.com/cultura/20180519/443668307179/como-el-cristianismo-asesino-la-cultura-clasica.html

ARGENTINA: El padre “Pepe” contra la legalización de la marihuana: “Son banderas que levantan las clases medias, pero deberían mirar a los más humildes”


El cura villero visitó Santa Fe para compartir sus experiencias de trabajo social en lugares vulnerables. Con UNO dialogó sobre la problemática de las adicciones en los barrios, el feminismo y el Papa Francisco, entre otros temas.

Esta semana, el cura villero “Pepe” Di Paola llegó a la ciudad de Santa Fe para visitar las parroquias Santa Rosa de Lima y Virgen de los Pobres –ubicadas en el cordón oeste– y compartir sus experiencias sobre la recuperación de jóvenes adictos. Fue invitado por la Pastoral de Adicciones y por la diputada Silvina Frana, presidenta de la Comisión de Prevención de Adicciones y Control del Narcotráfico de la Cámara de Diputados de la Nación. “Creo que es importante compartir la experiencia del trabajo que hacemos en lo que es la recuperación, plantear la problemática y ver que se pueda dar una respuesta, como nos pasó a nosotros, que hemos visto otros ejemplos al iniciar este camino. Siempre las experiencias de otras personas nos ayudan a poder organizar la respuesta propia”, expresó el referente de la Iglesia Católica.
—¿Cómo es la situación actual que se puede leer con las adicciones?
—Y es un tema complicado. Estamos peor. Hace cincuenta años que estamos en declive en este tema. La presencia de la droga creció mucho. Son datos del Ministerio de Educación de varios años atrás, el crecimiento de consumo en escuelas secundarias. El aumento es muy grande y eso significa que la droga está presente en todos lados. La medición no es solamente de colegios de los barrios humildes, hay una naturalización del consumo que va acompañada de una presencia en toda la Argentina. Y las respuestas no fueron acordes al incremento del problema, nunca estuvieron a la altura de lo que pasa.
—¿Qué es lo que pudo saber de lo que ocurre en la ciudad de Santa Fe?
—Voy conociendo de a poco. Santa Fe, como muchos lugares del interior, está viendo de qué manera puede actuar. Con los grupos con los que me reuní, pude saber que no hay lugares de internación que sean accesibles. También vi gente con ganas de organizarse, de contar experiencias. Por ahí estas charlas o encuentros pueden ayudar a desarrollar esta actividad.
—¿En qué consisten las charlas y los programas que usted emprende?
—Tenemos algo que se llama El Hogar de Cristo, que es una propuesta barrial. Es muy propia de una comunidad que se organiza en un lugar determinado para atender a los chicos que han caído en una adicción dentro de ese mismo barrio. Es una respuesta de una institución, en este caso mi parroquia, a los problemas de los chicos del barrio. La realidad que así empezó, nos mantuvimos y nos permitió crecer. Es una organización simple que tiene un camino de recepción de la persona como viene sin requisitos y de iniciar junto a él la recuperación. Es un centro que está dentro del barrio y atiende todos los días, cualquiera puede acercarse. Es atendido, charla con los encargados. También hay profesionales que van algunos días. Siempre hay referentes con los cuales se hacen reuniones de grupos, tienen talleres, almuerzan, eso genera un vínculo y a partir de allí vamos viendo el recorrido que tiene que hacer cada uno, que no va a ser siempre el mismo. Algunos capaz no hace falta que se internen, van manejando su adicción junto a las personas que lo acompañan. Otros necesitan un tiempo de desintoxicación de camino espiritual para volver nuevamente.
Y siguió: “Lo que tienen estos centros es que reciben las personas para organizar un proyecto de vida, para poder vivir sin la necesidad de consumo. Y en este trabajo estamos desarrollando cosas nuevas que no pensábamos. Primero empezamos con varones, luego seguimos con las casas de las chicas. Después recibimos a curas que nos hicieron ver experiencias que se replicaron en lugares muy diferentes a una villa, como puede ser una ciudad, en pueblos originarios, donde hay muchos problemas de alcoholismo, o en grupos trans, que estaban muy afectados por el tema de las drogas. Por eso es importante el intercambio, porque permite después que el centro barrial aplique la creatividad de cada comunidad para los problemas propios que ese lugar tiene. Otro caso es un pequeño hospitalito que tiene una de las parroquias para chicos en situación de calle, entonces tiene una atención directa a los jóvenes con enfermedades propias de la calle como tuberculosis o sida, y tantas otras por vivir en esa marginalidad. Puedo pensar también en otros que han hecho casas para los que vuelven de la cárcel. Entonces, no es un modelo que se agota en una estructura que se tiene que replicar. Más bien, es un modelo que permite que cada comunidad con creatividad le pueda ir dando la forma necesaria para poder desarrollarlo”.
—Esta problemática y el proceso de recuperación, ¿es de igual manera para los varones, las mujeres o la comunidad trans?
—Puedo decir sobre los varones y las mujeres, a la comunidad trans la conozco poco. Recién ahora fui a una de las casas que está en Buenos Aires y realmente vi que recuperaron cierta dignidad que habían perdido, se sienten en un lugar donde no se las discrimina. Además de la droga, nosotros vemos el tema de la sustancia y lo que rodea a la persona, que es lo más importante. Con respecto a las chicas, hay mucho para decir ahí. Con el tema del paco, muchas se prostituían para seguir consumiendo así como los varones salen a robar. Entonces es muy importante el cuidado de ellas y la atención que se les diera al cuidado de los hijos, porque en esa situación se debe ver cómo acompañar el cuidado de sus chicos y a los que quiere realmente. Se siente mal con ella misma y porque no puede estar. Es una tarea que no es solamente la sustancia de por sí, es también la persona y todo lo que vive, sufre y es parte de su vida.
—Hace tiempo que está instalado el debate de la despenalización y legalización de la marihuana en la sociedad. Este tipo de propuestas, ¿sería favorable?
—Nosotros decimos que no. En los casos de nuestros centros, muchos chicos han entrado con la marihuana y la cerveza. La evaluación que hacemos es que es una puerta de entrada para después otras drogas más pesadas en los ambientes en que trabajamos nosotros. Entonces, imaginá que si ahora en un hospital no pueden ayudar a sacar el problema en alguna crisis, menos lo van a hacer después. Los países que han trabajado la legalización hicieron una labor seria en salud y educación, que Argentina no la hizo nunca. En general, las banderas estas las levantan las clases medias. Pero debieran mirar que las clases más humildes con pibes que no tienen trabajo, ni capacitación laboral, que no van a la escuela seguro, que su vida es una esquina en una fogata, el cigarrillo de marihuana que se puede llamar consumo recreativo en algún lado, acá termina siendo problemático, la puerta de entrada para cualquier droga.
—¿Qué pasa con el alcohol?
—Pasa lo mismo. Por eso es triste que la propaganda “El sabor del encuentro” en este país sea de una marca de cerveza. Ahora, ¿quién permite eso? Seguramente que el alcohol debería tener sus limitaciones, es una bebida socialmente aprobada. Cuando comprás un paquete de cigarrillo tenés esas imágenes horribles que te advierten lo que te va a pasar si lo consumís. El alcohol debería tener una ley.
—El gobernador Miguel Lifschitz propuso que la provincia de Santa Fe adhiera a la ley de narcomenudeo. ¿Qué opinión tiene sobre este tema?
—Antes que nada quiero aclarar que no estoy muy familiarizado con las problemáticas tan locales. Ahora, el gran tema es cómo poder llegar a los grandes narcos siempre para no agarrar al último eslabón y no criminalizar al adicto. Sin dudas el negocio de la droga está destruyendo la vida de los chicos en los barrios. No sé cómo van a tener en cuenta todas estas cuestiones a la hora de legislar. Tendría que haber posibilidades para aquellos chicos cuya voluntad está quebrada, un proceso de recuperación que no sea voluntario. Cambiar muchas veces las penas por la obligación de un proyecto de recuperación, por eso debe haber casas adecuadas a eso. Porque la mayoría, como la nuestra, tienen que ver con el querer recuperarse. Es muy importante que existan dentro del Estado opciones que signifiquen no criminalizar al adicto y sí ayudarlo a su recuperación. Porque generalmente lo que pasa es que por no atenderlo a tiempo llega a las instituciones cuando ya cometió un delito grave, entonces después ya está. El Estado respeta su libertad aparentemente, entonces esa libertad lo deja fumar acá, drogarse allá y de pronto está esperando que cometa un delito para poder llegar. El Estado siempre llega tarde en la vida del chico. Lo importante es si llegaste antes, si lograste encontrarlo al pibe con una cantidad de droga que no comprometa su salud o la de otros que tenga que hacer un tiempo de recuperación.
—¿Qué opinión tiene sobre la salud mental en Argentina?
—Es una locura. La verdad es que la ley de salud mental ha sido una medida que quiso ser muy progresista y que de hecho lo es. Mira a la persona desde otra óptica, sin criminalizar, pero que es impracticable. Es como una ley para Suiza. Porque vemos que los hospitales, al menos en el conurbano bonaerense, no atienden a una persona que tiene un problema de apéndice; entonces menos van a atender a una persona con problemas de adicciones. No tuvo un correlato que podríamos decir de sanación o de ayuda. Así que hay varias cosas que se tienen que ver, otras que implementar y otras que revisar.
—¿Por qué es importante la presencia de las parroquias de la Iglesia Católica en los barrios?
—En algunas parroquias, para la recuperación de los chicos hemos abierto una posibilidad para relacionarnos mucho mejor con otras instituciones, como los centros de salud y las escuelas. Y el eje del trabajo me parece que pasa por ese lado, por la relación con lo propositivo. Decir: “Un chico dentro de este barrio tan vulnerable tiene la posibilidad de crecer sanamente”. Y eso se lo puede dar la iglesia, más el cura, más el centro de salud, más cualquier organización que realmente quiera trabajar en serio y en tiempo. No es un trabajo para gente que no tenga paciencia, todo esto es a largo plazo. Y el rol de la iglesia se juega más en esto, porque es algo que después perdura y hace que muchos chicos que terminan cambiando después convenzan a sus compañeros para que se sumen a seguir una recuperación.
—¿Continúa en contacto con el Papa Francisco? ¿Cómo es el trabajo con él?
—Sí. Él está conforme. Todo este trabajo lo empezamos cuando era nuestro obispo. Fuimos haciendo un camino pequeño y ahora se fue multiplicando. De hecho los centros barriales, cuando estuvo Juan Carlos Molina –que está a cargo del Sedronar– lo puso como una de las posibilidades de dispositivo territorial, vio que era una respuesta. Hoy día se conformó como una de las tantas respuestas que puede tener un lugar de recuperación. En ese sentido estamos conformes. Y al Papa le sorprendió el crecimiento que tuvieron estos centros.
—Es indudable el trabajo social que hacen las iglesias en estos barrios, pero es también inevitable preguntarse cómo se convive con casos tan graves de curas pederastas dentro de la misma institución.
—Primero que tanto los curas que los cometieron como cualquier persona –si hablamos del club Independiente– que hace un trabajo social como nosotros, sabemos que la mayoría de los abusos pasa dentro de las familias. Estos curas tendrían que ser condenados como cualquier persona, pero son una parte muy pequeña de la iglesia. Lamentablemente, la otra parte de la iglesia es la que no tiene la propaganda, que es el cura que trabaja todos los días, la religiosa que está siempre, el que construyó un colegio para que estén los chicos. Esa parte tan pequeña de la iglesia merecerá una condena, como también la merecen, porque trabajan muy mal los servicios locales, los familiares que abusan de los menores en el ámbito familiar y que son la mayoría de los casos. El que trabaja en cualquier servicio local podrá darse cuenta de esto. Y hoy día empiezan a salir casos de otros lugares donde pasó lo mismo. Generalmente el pedófilo va a buscar lugares donde haya muchos niños o adolescentes para generar un vínculo. Entonces, hay que tener mucho cuidado con aquellos que se acercan a trabajar.
—Aquellos que tienen poder, justamente. ¿No piensa que se requiere una revisiónde las estructuras de poder dentro de la institución?
—Puede ser en la familia, que es el mayor caso en este momento de abusos, ¿Cómo hacés para revertir eso? Es un tema del poder sobre aquel que es más chico, más indefenso. Es un tema que evidentemente hay que trabajarlo pero que no piensen es patrimonio de una institución sino que es, lamentablemente, una realidad mucho más común de lo que se piensa en Argentina.
—Y en tiempos feministas, ¿qué piensa del lugar que ocupa la mujer dentro de la Iglesia Católica?
—Un lugar muy importante. Creo que nadie de nosotros se puede comparar con la Madre Teresa de Calcuta. Si es que tienen que ser obispos o no, para mí no. Pasa por otro lado, por quien vive bien el Evangelio y quien no. Si nos referimos al poder, sería otra cosa. Creo que la mujer ha desarrollado en la iglesia las tareas que nadie hizo. A veces las mismas mujeres no reflejan lo que hicieron tantas mujeres siglos atrás. Acá las que cuidaban a las chicas que no tenían familia eran las monjas. Los hospitales, cuando nadie atendía porque había epidemia y se escapaban, se quedaban y morían las monjas. Hay mujeres abnegadas en la historia de nuestra iglesia, que es la fe cristiana, que es mucho más importante que llegar a una autoridad eclesiástica. Lo digo realmente porque lo siento así. Creo que hay un desconocimiento de las mujeres en la historia de las mujeres en la iglesia que merecería un lugar mucho más protagónico. Por eso digo que como la Madre Teresa no hay. Y, por otro lado, creo que en esta etapa la mujer va a ir adquiriendo roles que hasta ahora no tuvo y se van a ir dando de a poco. Yo por ejemplo me fui ahora de la parroquia y quién quedó: la hermana Patricia. Es quien hace las celebraciones, la que canta, la que dirige la catequesis, los grupos. O sea, tiene un rol protagónico en la evangelización de nuestra villa en León Suárez. Se van a ir dando los lugares porque lo exige el tiempo y la realidad. Pero volvería a hacer hincapié en todas las mujeres que viven su vida en la iglesia y que el feminismo no reconoce. Porque cuando hablan de la mujer… ¿sabés la cantidad de mujeres que atendían en los hospitales a la gente que estaba sola, que venían del interior, haciendo la monjita de madre casi? Hay un rol que se desconoce o a veces de desvaloriza inclusive de parte de las mujeres hacia las mismas mujeres. Es importante que eso se tome en cuenta.
—¿De qué mujeres habla cuando dice que estas no conocen la historia de las mujeres en la iglesia?
—Estoy diciendo las mujeres en general. Las de la iglesia algunas conocen, pero las mujeres en general no la conocen. Y sería algo interesante –que lo hagan–, porque hicieron mucho más de lo que se piensa. Algunas historias te dejan pensando en que tenemos una cantidad de santas, de mujeres entregadas que no son parte del reconocimiento.

Falleció en Bogotá el teórico de la comunicación Eric McLuhan


El académico estaba en la ciudad invitado por la Universidad de La Sabana.
Eric Mcluhan

El teórico de la comunicación, Eric McLuhan.

Foto:

Universidad de La Sabana

Por: REDACCIÓN EL TIEMPO
19 de mayo 2018 , 12:49 p.m.

Este viernes falleció en Bogotá Eric McLuhan, reconocido profesor canadiense con más de 40 años de experiencia en los campos de la comunicación y la literatura.

McLuhan, hijo del también teórico de la comunicación Marshall McLuhan, estaba en Colombia como invitado especial al lanzamiento del Doctorado en Comunicación de la Facultad de Comunicación de la Universidad de La Sabana.
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“Durante su estadía, el profesor compartió sus invaluables conocimientos, los cuales, al igual que las teorías de su padre Marshall McLuhan, son pilares vigentes de la comunicación”, dijo la institución.Sus exequias se llevaron a cabo este sábado en la iglesia de Nuestra Señora de Torcoroma a las 11:00 a. m.

Precisamente durante esta visita al país, EL TIEMPO entrevistó a McLuhan sobre sus importantes enseñanzas.

De forma póstuma reproducimos a continuación esa entrevista.

‘Las redes sociales son tan adictivas como la droga’: Eric McLuhan

Por: Sebastián Cortés Fonseca
Redactor guiaacademica.com

El gurú de la comunicación dio sus últimas impresiones sobre el futuro de la educación y el impacto de las redes sociales en entrevista con guiaacademica.com.

El reconocido teórico de la comunicación, Eric Mcluhan, hijo del filósofo y profesor, Marshall McLuhan, estuvo en Colombia dando sobre sus impresiones sobre el futuro de la educación y las comunicaciones, así como del impacto de las redes sociales en la juventud.

Invitado por la Universidad de la Sabana para dar apertura a su doctorado en Comunicación, Mcluhan concedió su última entrevista a guiaacademica.com y esto fue lo que dijo.

¿Cuáles son los efectos de un ‘ambiente tecnológico’ en la educación?

Cada medio tecnológico, háblese de un smartphone, computador o red social, causa una gran disrupción en la ecología del ambiente en el que estamos. Uno podría decir que cada avance tecnológico trae un cambio de clima, y es así, hay un cambio mental, físico, psicológico, social y cultural, como resultado.

Cada avance tecnológico trae un cambio de clima, y es así, hay un cambio mental, físico, psicológico, social y cultural, como resultado

¿Cómo pueden ayudar las redes sociales a la educación?

Las redes sociales están hechas para exactamente las mismas cosas que hemos hecho, pero de otra forma. Si quieres saber su efecto en la educación tienes que preguntarte de dónde los estudiantes recogen la información ahora. Muy poco de eso viene del salón de clases, es una nueva forma de la educación que está tomando forma.

¿Cuál es el futuro la educación tradicional?

La escuela es un lugar donde los chicos reciben una información muy especializada pero a una velocidad muy lenta. En las redes sociales e internet la tienes muy rápidamente y sabes qué está pasando ya mismo o qué pasará esta semana.

En la escuela sabes qué pasó hace un año, diez o veinte años atrás. La naturaleza de la educación es diferente, tienes que usar todo el ambiente tecnológico en el salón de clases. Con el computador puedes estar donde quieras, eso no era posible en un aula tradicional.

¿Qué opinión le merecen las redes sociales?

Las redes sociales plantean un nuevo tipo de sociedad, una nueva cultura, y ¿quién crea esa nueva cultura? Pues los niños.

Las redes sociales plantean un nuevo tipo de sociedad, una nueva cultura, y ¿quién crea esa nueva cultura? Pues los niños

¿Está bien mostrar todo en redes sociales?

No importa si está bien o mal, solo se está haciendo. Lo que hay que preguntarse hoy es ¿qué significa privacidad? No hay privacidad ahora, se fue. La privacidad hoy está en la misma posición que lo que era el ‘copy right’ en la industria musical hace unos 20 años. Pensaban que podían defender eso de las descargas gratis o de los formatos como el MP3. Lo mismo pasó con la privacidad, ya no hay, a donde quiera que vayas estás siendo observado. Olvida la privacidad, es algo del pasado, ya no vuelve más.

Lo que hay que preguntarse hoy es ¿qué significa privacidad? No hay privacidad ahora, se fue

¿Cuál es el desafío con las redes?

Las redes son una nueva cultura. En la era de la televisión, 30 o 40 años atrás, las diferencias de edad en grupos tendían a desaparecer, porque los niños de todas las edades veían los mismos programas, los mismos shows de entretenimiento, los mismos avisos y así. Ahora, los jóvenes son más adaptables que sus hermanos mayores o padres; están en una cultura de lo viral. No tenemos idea realmente de cómo enfrentarnos a eso, nos estamos viendo en otra era.

Entonces, ¿hay que saber manejarlas?

Una de las cosas más malas de esto es que son muy, muy adictivas. Tanto como las drogas de opio o cualquier otra clase de droga. Son por sí mismas drogas y causan efectos similares a los que ya conocemos. Si se las quitas se vuelven ansiosos, invierten todo su tiempo en ellas y no pueden manejarlo. Hay institutos que ofrecen tratamiento para el uso de computador, redes sociales o videojuegos; eso es terrible.

Una de las cosas más malas de esto es que son muy, muy adictivas. Son por sí mismas drogas y causan efectos similares a los que ya conocemos

http://www.eltiempo.com/vida/educacion/murio-eric-mcluhan-teorico-de-la-comunicacion-219606

ESPAÑA: El «poder» femenino en la Galicia medieval


Aunque lejos de experimentar una igualdad real, investigadores gallegos logran documentar el papel «sumamente activo» que durante la Edad Media ejercieron las mujeres gallegas como propietarias, mecenas o incluso como políticas

SantiagoActualizado:

Ni sumisas ni encerradas en casa relegadas al trabajo doméstico. Las mujeres gallegas ejercieron durante la Edad Media un papel «sumamente activo» en la sociedad de la época como propietarias, mecenas o incluso como políticas. Es al menos el retrato que un grupo de investigadores de la Comunidad reflejan en el libro «Mujeres con poder en la Galicia medieval (siglos XIII-XV)», una publicación editada por el CSIC que documenta cómo la presencia femenina en determinadas esferas de la sociedad de la época destierra muchos de los tópicos que conservamos en la actualidad. «Aunque en el periodo medieval no cabe esperar una igualdad real, lo cierto es que el papel familiar y social de las mujeres y el alcance mismo de sus actuaciones van mucho más allá de los tópicos que gustan recluirlas en el espacio doméstico», apunta en declaraciones a ABC Eduardo Pardo de Guevara y Valdés, coordinador de la publicación y delegado del CSIC en Galicia.

Según Pardo de Guevara, la extensa documentación manejada refleja cómo el rol femenino «iba más allá de la triple dimensión convencional de madres, hijas y esposas», sino que disfrutaban de «amplios márgenes de libertad» para intervenir, por ejemplo, en la gestión del patrimonio familiar, en los actos jurídicos o en la «afirmación social del linaje» y la perpetuación de su memoria. «La sociedad gallega de la época era eminentemente rural y ahí la mujer tenía un papel fundamental: estaban a cargo del ganado, gestionaban las propiedades de la familia e incluso, una de las grandes particularidades del caso gallego, es que a la hora de conceder los fueros lo habitual era que se hiciesen todos los documentos tanto para el hombre como la mujer, es decir, ellas tenían plena responsabilidad jurídica», relata Miguel García-Fernández, otro de los investigadores gallegos que ha participado en esta publicación.

Miguel García-Fernández, investigador
Miguel García-Fernández, investigador – CEDIDA

Además, la presencia femenina alcanzó también el ámbito político. Algunas de ellas ejercían el poder sobre determinados territorios por delegación expresa del rey en su papel de «tenientes». «Estaban al frente de castillos, tierras, cobraban impuestos, ejercían poderes judiciales, organizaban toda la intendencia para el monarca…», recalca García-Fernández. No solo eso. Su influencia se adentraba también en el campo religioso, llegando incluso a fundar instituciones o a ejercer como mecenas de grandes obras. «No solo lo hacían por religiosidad, también porque eran conscientes del papel que tenían ellas mismas en la sociedad y querían guardar su memoria. Tenemos documentadas obras de patrocinio femenino en donde ellas reivindican su poder, no ocultan su nombre ni el nombre de su familia», concreta el investigador, al tiempo que apunta que las mujeres de la época tampoco renunciaban al ocio. «Muchas también salen a las fiestas, a divertirse. Tengo documentada una mujer de la nobleza que prácticamente era ludópata: le encantaba jugar a las cartas, se iba a La Coruña, aSantiago y jugaba con todos», señala.

«No todo avance es progreso»

Pese a desterrar el «falso tópico del matriarcado gallego», los investigadores sí inciden en el peso de las mujeres —tanto nobles como del resto de clases sociales—en la Galicia de la época, en parte por su carácter fundamentalmente rural y «tradicional». Con el paso del tiempo y la llegada de la industrialización, aseguran, su papel fue perdiendo relevancia. «Cuando se avanza hacia la industrialización hay un cierto empeoramiento de la situación de las mujeres, ellas van a estar más ligadas a la casa, se va a considerar su salario como una pieza secundaria que contribuye simplemente al núcleo familiar, pero lo importante es el trabajo del hombre. Cabe destacar que no todo avance en el tiempo es progreso; en la Edad Media había unos márgenes de libertad que tenían las mujeres que se han ido perdiendo incluso en épocas posteriores», incide el historiador Miguel García-Fernández. «Cuanto más se formaliza el poder y cuanto más se asienta la industria, más se resiente su papel».

http://www.abc.es/espana/galicia/abci-poder-femenino-galicia-medieval-201805200959_noticia.html

 

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