6 filósofas vivas que no conocías


¿Cuántas filósofas actuales conoces? ¿Una… o ninguna? Los libros de filosofía actuales están dominados por hombres. Pero cuando conozcas alguna de estas 6 filósofas te sorprenderás de como piensan. Te dejamos las 6 filósofas vivas que no conocías y debes conocer.

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1. Teresa Forcades

Nacida en 1966 en Barcelona (España) y Doctora en Salud Pública y en Teología. Hasta hace poco tiempo ha sido monja de la Orden de San Benito. Sus análisis conceptuales, su pericia argumentativa y su crítica ética al capitalismo y a la industria farmacéutica (sobretodo en el caso de las vacunas de Gripe A) la convierten en una de las filósofas más críticas y empeñativas de nuestros días.filósofas 1

2. Susan Haack

Actual profesora de Filosofía en la Universidad de Miami, nació en Inglaterra en el año 1945. Esta filósofa es conocida por la variedad de obras filosóficas que ha escrito – incluye la lógica, la filosofía del lenguaje y la metafísica. Aún así, su obra principal ha sido el fundherentismo – su teoría sobre la justificación del conocimiento.Filósofas 2

3. Mary Warnock

Nacida en Inglaterra, en Winchester, en el año 1924, esta filósofa inglesa está especializada en filosofía moral, filosofía de la educación y filosofía de la mente, así como en el existencialismo. Ha discutido y cuestionado muchos dilemas morales actuales sobre la embriología.Filósofas 3

4. Susanna Siegel

Actual profesora de filosofía en la Universidad de Harvard, su trabajo se centra en la filosofía de la mente y epistemología. Ha sido citada varias veces por su trabajo de filosofía de la percepción, más concretamente en su libro de título original The Contents of Visual Experience. También argumenta que podemos evaluar epistémicamente las transacciones subpersonales que conducen a una experiencia perceptiva.Filósofas 4

5. Ana María Martínez de la Escalera

Nacida en Montovideo, Uruguay, en el año 1953, pero nacionalizada mexicana. Su trabajo se centra en el análisis del discurso de la experiencia, la cual ha reformulado como el campo de encuentro entre las fuerzas retóricas y pragmáticas de las lenguas en uso. Ha indagado sobre la configuración de prácticas de subjetividad en rebeldía contra las formas de subjetivación y los espacios institucionales donde éstas se ejercen de manera dominante.Filósofas 5

6. Ana de Miguel Álvarez

Filósofa y feminista española nacida en Santander en 1961, es responsable del departamento de Filosofía de la Universidad Juan Carlos de Madrid. En su obra denuncia la ideología neoliberal que tiene como objetivo convertir la vida en mercancía, incluso a los seres humanos. Considera que la conversión de los cuerpos de las mujeres en mercancía es el medio más eficaz para difundir y reforzar esta ideología.filósofas 6

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NICARAGUA: Ernesto Cardenal: “Nicaragua es una dictadura. Soy perseguido político de Ortega y su mujer”


Ernesto Cardenal

Poetas, escritores, periodistas y religiosos de todas las latitudes se unen en apoyo al sacerdote

La medida judicial agita el desarrollo del XIII Festival Internacional de Poesía de Granada (Nicaragua)

Redacción, 16 de febrero de 2017 a las 22:09

Al poeta más grande de Nicaragua le han notificado la sentencia condenatoria, urdida a medianoche, por medio de cédula judicial, como a alguien que no tiene domicilio conocid

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Ernesto Cardenal, junto al féretro de su hermano

(Israel González Espinoza, corresponsal de RD en Nicaragua).- El poeta y sacerdote trapense Ernesto Cardenal denunció estar siendo víctima de una persecución política urdida por el gobierno del presidente Daniel Ortega y su esposa Rosario Murillo por medio del sistema de justicia nicaragüense, mientras se ha articulado un movimiento de solidaridad con el bardo que ha involucrado poetas, periodistas, intelectuales y religiosos que han exigido al régimen de Managua la suspensión del acoso gubernamental.

Éste martes, el padre Ernesto Cardenal dio las primeras declaraciones sobre la sentencia judicial que le obliga a pagar 17,2 millones de córdobas nicaragüenses (unos 750.000 euros) por supuestos daños, prejuicios, deterioro de bienes y pérdida de activos en un litigio por la propiedad de un hotel en la isla de Solentiname interpuesta por Nubia del Socorro Arcia Mayorga, viuda de Alejandro Guevara (líder formado en la comunidad que creó el sacerdote en la isla, fallecido en un accidente de tránsito en 1994) y exministra del primera administración de Ortega tras su retorno al poder tras 17 años de gobiernos de centro-derecha.

Me alegra que el mundo entero se esté enterando de que soy un perseguido político en Nicaragua. Perseguido por el gobierno de Daniel Ortega y su mujer, que son dueños de todo el país, hasta de la justicia, de la policía, y del Ejército. No te puedo decir más, porque esta es una dictadura”, le expresó el sacerdote -nominado en 2010 al premio Nobel de Literatura- a un periodista del portal de noticias socialdemócrata Confidencial.

Según el autor de “Hora 0” y “Oración por Marilyn Monroe y otros poemas”, le alegra que el mundo se esté dando cuenta que el gobierno de Daniel Ortega y su esposa Rosario Murillo lo persiguen políticamente. Además, señaló a la pareja gobernante de Nicaragua de tener poderes omnímodos en todo el andamiaje del Estado nicaragüense. Enfático, el poeta y sacerdote no dudó en decir que el país ha regresado a una dictadura.

Señaló además que su única defensa es Dios y la solidaridad de las personas que lo están acompañando en éste momento. Las declaraciones del poeta y sacerdote se dieron en el marco de su participación en el XIII Festival Internacional de Poesía de Granada (FIPG-Nicaragua 2017), que este año reúne a 100 poetas de 91 países del mundo, en la considerada “capital turística de Nicaragua”.

 

La demanda contra Ernesto Cardenal ha levantado ampollas en el Festival, y varios poetas del mundo no han dudado en mostrar su enfado y sorpresa con la decisión de la justicia nicaragüense -controlada totalmente por el partido de gobierno-, de obligar al veterano sacerdote de 92 años a pagar una millonaria deuda que es vista dentro del país como una muestra de revanchismo político contra un hombre que ha dedicado su vida a trabajar por Nicaragua desde la poesía, el sacerdocio y el compromiso con la opción preferencial por los pobres.

“Ahora todo el mundo se está enterando, me alegra mucho esto, de que en Nicaragua yo soy un perseguido político. Me persigue el gobierno que tenemos, la pareja presidencial de Daniel Ortega y su mujer. Ellos son dueños de todos los poderes de Nicaragua. Tienen un poder absoluto, infinito, que no tiene límites, y ese poder está ahora contra mí. No tengo ninguna más defensa que Dios, que no me desampara… y tengo una solidaridad de muchas gentes que me está acompañando en estos momentos, pero no puedo decir más que esto, porque como es una dictadura, no puedo hablar más”, expresó Cardenal al redactor de Confidencial en la ciudad de Granada (45 kilómetros de Managua).

SOLIDARIDAD NACIONAL E INTERNACIONAL CON EL PADRE ERNESTO CARDENAL

La medida judicial contra Ernesto Cardenal no ha caído en gracia en la clase intelectual de Nicaragua, compuesta en su mayoría por artistas, poetas, escritores y periodistas que participaron activamente durante la década revolucionaria (1979-1990).

Sergio Ramírez Mercado, escritor, ex vicepresidente de Nicaragua (1985-1990) y premio Alfaguara de Novela 1998 escribió en su cuenta personal de Facebook un artículo de opinión titulado “Los jueces de Caifás”, en la que expresa que el poder le tiene “tirria a Ernesto Cardenal por ser tan grande y por hablar tan alto”.

“Cuando vengan los jueces de Caifás con sus tasadores oficiales a levantar inventario de lo que hay en esta casa (de Ernesto Cardenal) para confiscarlo todo, encontraran muy poco. Los mismos viejos muebles, sus libros en los estantes, esos sí, muchos, pero que seguramente no servirán a la voracidad de quienes quieren despojarlo por venganza. Tirria, decimos en Nicaragua. Le tienen tirria por ser tan grande y por hablar tan alto, por no callarse nunca”, señaló el escritor.

El autor de “Margarita está linda a la mar” (1998) y “¿Te dio miedo la sangre?” (1977), indicó que el único propósito de la sentencia judicial es despojar al poeta Ernesto Cardenal de lo poco que posee para dejarlo en la calle. Así mismo, invitó al sacerdote a mudarse a su casa (son vecinos en la misma colonia del centro de la capital nicaragüense) y a prepararse, porque muchos pugnarán para invitarlo a vivir con ellos.

“Al poeta más grande de Nicaragua le han notificado la sentencia condenatoria, urdida a medianoche, por medio de cédula judicial, como a alguien que no tiene domicilio conocido. El juez que lo ha condenado va a ordenar que lo saquen de esta casa para entregarla al demandante inventado por el poder que quiere humillarlo. Ninguna otra cosa puede esperarse. La pretensión es dejarlo en la calle. Eso sí, agrego, prepárese para una gran disputa, porque serán miles en Nicaragua los que querrán llevárselo a vivir con ellos también, un honor así no pasa tan fácilmente desapercibido, como no pasa desapercibida esta injusticia colosal a la que lo someten los jueces de Caifás”, finaliza el texto de Sergio Ramírez Mercado.

 

 

Si bien es cierto que desde la Iglesia Católica nicaragüense (a la que pertenece Cardenal en su calidad de sacerdote) no hay un pronunciamiento oficial, Monseñor Silvio José Báez Ortega, OCD. Obispo Auxiliar de Managua retuiteó en su cuenta personal oficial de Twitter @silviojbaez la publicación del escritor Sergio Ramírez Mercado “Los jueces de Caifás”.

También diferentes sacerdotes, religiosas en Nicaragua y América Latina, así como medios de comunicación como Amerindia en la Red se han hecho eco de la noticia.
Otros, como la activista feminista Sofía Montenegro y el periodista Carlos Fernando Chamorro Barrios condenaron el actuar de la justicia nicaragüense y compartieron la nota periodística de Religión Digital para hacerse eco que el “caso Cardenal” está a nivel internacional.

“Al poeta Cardenal se le absolvió en 2010 y ahora vuelve a salir un edicto absurdo. Aquí estamos todos los nicaragüenses para abrazarlo, para recibirlo en nuestras casas y defenderlo como merece”, manifestó a la agencia DPA la escritora Gioconda Belli, amiga de Cardenal, presente en el Festival de Poesía de Granada.

La poetisa mexicana Lina Zerón manifestó su desacuerdo con la medida, puesto que en su opinión Ernesto Cardenal ha contribuido al desarrollo del país centroamericano. “Es una injusticia terrible. Él ha sido fundamental para el desarrollo de Nicaragua”, dijo.

En una carta abierta, el escritor, guionista y periodista uruguayo Fernando Butazzoni calificó al presidente Ortega de “reyezuelo atrapado en su palacio, dizque casi príncipe consorte”, y expresó que bastaría una orden del mandatario para cesar el acoso contra Cardenal, exponente de la teología de la liberación.

“Hoy él es un anciano de 92 años, y es un patrimonio del idioma y de toda América latina. Tiene mucho más prestigio ahora que en 1979. A vos, Daniel, no te pasa lo mismo, aunque tenés mucho más poder y mucha más plata que en aquel entonces. Él es un cura decente, pobre y revolucionario, admirado en todo el mundo. Vos sos apenas un reyezuelo atrapado en su palacio, dizque casi un príncipe consorte. Todos sabemos que bastaría un gesto emanado de tu corte para que cesen los acosos y el encarnizamiento contra Ernesto Cardenal. Somos miles los escritores y artistas que, en todo el mundo, te exigimos desde hace años que dejes en paz al poeta. Muchos piensan que reclamártelo una vez más es un gesto inútil. En todo caso es un gesto de dignidad que bien merece el pueblo de Nicaragua. Te pido que lo consideres”, expresa Butazzoni, quien participó de la lucha revolucionaria contra la dictadura de Anastasio Somoza Debayle.

 

CAMPAÑA DE APOYO A CARDENAL DESDE ESPAÑA

Mientras tanto, la Red Internacional de Escritores por la Tierra (RIET) desde España emitió un contundente comunicado de apoyo al poeta y sacerdote trapense, y reclama al gobierno del presidente Daniel Ortega Saavedra el retiro de la millonaria multa que la justicia del país centroamericano le ha puesto a Ernesto Cardenal, añadiendo que dicha medida “es una venganza del gobierno de Ortega”.

Así mismo, la RIET ha abierto nuevamente una campaña de apoyo internacional en favor del padre Ernesto Cardenal desde la plataforma virtual, como ya lo había hecho en 2008, durante los más álgido de la persecución del gobierno de Nicaragua contra disidentes del Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN), entre los que estaba el poeta y sacerdote; quién no ha dudado en denunciar la deriva totalitaria de administración de Daniel Ortega.

“La RIET siempre ha criticado este proceso ya que es evidente que responde a la instrumentalización judicial que se vive en Nicaragua y es una excusa para perseguir a Cardenal (no hay que olvidar que en 2005 fue declarado inocente). Así, la RIET llevó a cabo varias campañas mediáticas para dar apoyo a su presidente honorífico. En 2008 promovió ‘Escritores contra la Dictadura’ un documento que contó con el apoyo de todos los miembros de la RIET y de otras destacadas personalidades como José Saramago, Mario Benedetti, Joan Manuel Serrat, Mario Vargas Llosa, Almudena Grandes, Fernando Savater, Joaquín Sabina, etc”, señala parte del comunicado.

Según este mismo comunicado, la RIET iniciará esta semana a pedir la solidaridad mundial de sus miembros para con el padre Ernesto Cardenal, además abrirán un espacio en su plataforma web para que las personas puedan mostrar su descontento con la medida. Por último, informan que enviarán una carta de protesta a la embajada de Nicaragua en Madrid para solicitar al gobierno de Ortega el cese del acoso.

“La RIET ha decidido lanzar una nueva campaña a favor de Cardenal, y esta misma semana animará a sus miembros a que le hagan llegar su apoyo a través de la Red. Asimismo, la organización abrirá un apartado en su página web para que todo el mundo pueda expresar su rechazo a esta condena. Finalmente, la RIET enviará una carta oficial a la embajada nicaragüense en España en la que mostrará su rechazo a esta situación y solicitará al gobierno de Daniel Ortega y a la justicia nicaragüense que intervengan en este asunto, anulen la sanción económica y acaben para siempre con este proceso judicial que no sólo perjudica a Ernesto Cardenal sino también a la imagen que Nicaragua está proyectando al mundo”, finaliza el comunicado fechado el 13 de febrero del año en curso, desde la península ibérica.

 

http://www.periodistadigital.com/religion/america/2017/02/16/ernesto-cardenal-nicaragua-es-una-dictadura-soy-perseguido-politico-de-ortega-y-su-mujer-religion-iglesia.shtml?utm_source=Religión+Digital&utm_c

El lenguaje religioso: desmitologización y cambio cultural : Andrés TORRES QUEIRUGA


Publicado originalmente en gallego en «Encrucillada» 198(mayo-junio 2016) 245-256.

Traducción al castellano de Koinonía, publicado en febrero de 2017.

 

En un artículo anterior traté el tema del lenguaje religioso atendiendo sobre todo a los problemas planteados por lo que Richard Rorty bautizó como “giro lingüístico” del pensamiento moderno[1]. Aquí lo doy por supuesto y tataré de tocar dos temas complementarios: el suscitado por el programa de la desmitologización defendido por el escriturista protestante Rudolf Bultmann, y el más hondo y englobante que nace de la magnitud del cambio causado por la entrada de la Modernidad[2].

 

1. La alerta de la “desmitologización”

 

1.1 La necesidad del cambio

“No se puede usar la luz eléctrica y el aparato de radio, o echar mano de modernos medios clínicos y médicos cuando estamos enfermos, y al mismo tiempo creer en el mundo de espíritus y milagros del Nuevo Testamento”[3].

Esta frase, que impresiona por su contundencia, no fue escrita ayer por uno de los nuevos ateos, sino hace ya bastantes años, el año 48 del siglo pasado, por uno de los grandes exégetas cristianos, el alemán Rudolf Bultmann. Y no la escribió para atacar a la fe cristiana, sino para defender su vigencia, aunque que, eso sí, llamando a la necesaria y urgente actualización en el modo de comprenderla y anunciarla. Fue lo que él chamó el problema de la “desmitologización”. No hace falta estar de acuerdo en todo con él, demasiado influido por un fuerte radicalismo exegético y por un claro reduccionismo teológico (muy marcado por el concepto de “autenticidad” en la filosofía de Heidegger) para comprender la seriedad del desafío y la justicia de su llamada de atención.

En el agudo y profundo prólogo a la traducción francesa de su pequeño e influyente libro sobre Jesús, Paul Ricoeur señaló bien sus límites, pero también sus méritos irrenunciables[4]. Hace una distinción, tan obvia como fundamental, entre dos niveles. Cuando su lectura invade los dominios de la ciencia, confiriendo valor de solución científica a la cosmología primitiva de la cultura bíblica –la “concepción de un mundo estratificado en tres pisos: cielo, tierra, infierno, poblado de poderes sobrenaturales que descienden aquí abajo desde allá arriba”–, el mito debe ser “pura e simplemente eliminado” (383). Pero el mito es “algo distinto de una explicación del mundo, de la historia y del destino; expresa, en términos de mundo, o más bien de ultra-mundo o segundo mundo, la comprensión que el ser humano hace de sí mismo en relación con el fundamento y con el límite de su existencia”[5]. Por eso, ante el mito, de lo que verdaderamente debe tratarse es de interpretar su intención genuina, eliminando las explicaciones objectivantes, y buscando en cambio lo que revela acerca del sentido último de la existencia.

Confrontados pues con la envoltura mítica en la que en ocasiones viene presentado el mensaje del Nuevo Testamento, es necesario tomar muy en serio la necesidad de una traducción que vaya al fondo de lo que allí se nos revela. Nada sería más opuesto a esto que una banalización que, sin estudio serio ni meditación profunda, se quedase en un barniz superficial. Ya sea despreciando todo y tirando el niño con el agua sucia de la bañera, o ya sea con una acomodación puramente formal, pudiendo llegar al ridículo de una anécdota que ya he contado: en cierta ocasión oí por casualidad a un locutor radiofónico que, pretendiendo “modernizar” el mensaje de la Ascensión, tuvo la brillante ocurrencia de describir a Cristo como “el divino astronauta”.

 

1.2 La seriedad del desafío

Ante expresiones como ésa, cuando se supera una cierta e irremediable sensación de ridículo, surge enseguida la sospecha de estar ante un problema muy grave. El ejemplo muestra, en efecto, cómo la urgencia de la reinterpretación en la comprensión y expresión de la fe enlaza con el enorme cambio cultural que desde la entrada de la Modernidad ha sacudido las raíces más hondas del pensamiento y de la expresión de la experiencia cristiana.

Porque resulta evidente que la descripción neotestamentaria no encaja en la nueva visión de un mundo que no tiene ya un arriba ni un abajo, que no se divide en lo terrenal (imperfecto, mutable y corrupto) como opuesto a lo supralunar o celestial (impoluto, circular, perfecto y divino). Por eso, tentar, como en la anécdota, forzar el encaje mediante un superficial ajuste lingüístico, lleva al absurdo; y, lo que es peor, confirma la acusación, tan extendida, de que la religión pertenece irremediablemente a una mitología pasada.

Y, una vez alertados, basta una simple mirada para comprender que no se trata de un caso aislado, sino que el problema afecta profundamente al marco mismo de las formulaciones en que se expresan las grandes verdades de nuestra fe. ¿Quién, a la vista de los datos proporcionados por la historia humana y la evolución biológica, es capaz de pensar hoy el comienzo de la humanidad a partir de una pareja perfecta, en un paraíso sin fieras y sin hambre, sin enfermedades y sin muerte? Más grave aún: ¿quién, siendo incapaz, como toda persona normal, de golpear a un niño para castigar una ofensa de su padre, puede creer en un “dios” que sería capaz de castigar durante milenios a miles de millones de hombres y mujeres, sólo porque sus “primeros padres” lo desobedecieron comiéndose una fruta prohibida?

Esto puede parecer una caricatura, y lo es en realidad; pero todos sabemos que fantasmas iguales o parecidos habitan de manera muy eficaz el imaginario religioso de nuestra cultura. Y la enumeración podría continuar, en asuntos, si cabe, más graves. Así, por ejemplo, se sigue hablando con demasiada facilidad de un “dios” que castigaría por toda una eternidad y con tormentos infinitos culpas de seres tan pequeños y frágiles como, en definitiva, somos todos los humanos. O que exigió la muerte de su Hijo para perdonar nuestros pecados; y grandes teólogos, desde Karl Barth a Jürgen Moltmann y Hans Urs von Balthasar, no se recatan de hacer afirmaciones que recuerdan demasiado aquellas teologías y aquella predicación que hablaban de la cruz como el castigo con el que Deus descargó sobre Jesús su “ira” hacia nosotros[6] …

Bien sabemos que bajo estas expresiones palpita una honda experiencia religiosa, y que, incluso, con esfuerzo y buena voluntad, resulta posible llegar a entenderlas de una manera más o menos correcta. Pero sería pastoral y teológicamente suicida no ver que el mensaje que de verdad llega a la gente normal es el sugerido por el significado directo de esas expresiones, puesto que las palabras significan dentro del contexto cultural en el que son pronunciadas y recibidas.

De otro modo, se incurre en lo que alguien llamó con acierto una “traición semántica”[7], que acaba haciendo inútil y aun contradictorio el recurso a procedimientos hermenéuticos, artificios oratorios o refinamientos teológicos, para lograr una significatividad actual, pretendiendo al mismo tiempo conservar palabras y expresiones que son deudoras del contexto anterior. Como en esos diques cuya estructura ha cedido ya a la presión de la riada, los muros de contención y los remedios provisionales son incapaces de contener la hemorragia de sentido provocada por las numerosas y crecientes rupturas del contexto tradicional. O se renueva la estructura, o el resultado sólo puede ser el desbordamiento y la catástrofe.

Como queda dicho, sería lamentable que, por culpa de ciertas exageraciones por parte de Bultmann y de ciertos alambicamientos teológicos de muchos críticos, se descuidase su grito de alerta. Piénsese que, por mucho que lo diga el libro de Josué, ninguno de nosotros es capaz de creer que el sol se mueve alrededor de la tierra; y si a nuestro lado alguien se cae al suelo por un ataque epiléptico, no podemos creer que la causa fue un demonio, aunque que así se pensase en tiempo de Jesús, o, mejor, aunque así lo diese culturalmente por supuesto el mismo Jesús.

Afirmar esto no implica de ningún modo negar el contenido religioso ni el valor simbólico (Bultmann hablaba de “significado existencial”) de esas narraciones. Lo que se cuestiona no es el significado, sino la aptitud de aquellas expresiones para vehicularlo en el nuevo contexto.

Digámoslo con un ejemplo concreto: la creación del ser humano en el capítulo 2º del Génesis sigue conservando todo su valor religioso y toda su fuerza existencial para una lectura que trate de ver ahí la relación única, íntima y amorosa de Dios con el hombre y la mujer, a diferencia de la que mantiene con las demás criaturas. Pero para verlo así, resulta indispensable traspasar la letra de las expresiones. Por el contrario, si nos mantenemos en querer leer en esos textos, de evidente carácter mítico, una explicación científica del funcionamiento real del proceso evolutivo de la vida, todo se convierte en un puro disparate[8]. De hecho, sabemos muy bien que durante casi un siglo, en este caso concreto, la fidelidad a la letra se convirtió en una terrible fábrica de ateísmo, haciendo verdad la advertencia paulina de que “la letra mata, mientras que el Espíritu vivifica” (2 Cor 3,6).

 

2. La Modernidad como cambio de paradigma cultural

Pero reducir el problema a la desmitologización sería minimizarlo, porque su necesidad se enmarca en el proceso más amplio y profundo de cambio de paradigma cultural, que, afectando al conjunto de la cultura, modifica profundamente la función del lenguaje. Resulta obvio que eso lleva consigo la urgencia de una remodelación y una retraducción del conjunto de conceptos y expresiones en que culturalmente se encarna la fe.

 

2.1 La hondura y la transcendencia de la mutación cultural

La afirmación es grave y comprometida. No cabe desconocer que tomarla en serio implica para el cristianismo una reconfiguración profunda –muchas veces incómoda e incluso dolorosa– de los hábitos mentales, de los usos lingüísticos y de las pautas piadosas. Basta pensar en un dato simple y evidente: la inmensa mayoría de los conceptos y buena parte de las expresiones en que nos llegó verbalizada la fe –en la piedad y en liturgia, en la predicación y en la teología– pertenecen al contexto cultural anterior a la Ilustración. Tienen por tanto sus raíces vitales en el mundo bíblico, fueron reconfiguradas culturalmente durante los cinco o seis primeros siglos de nuestra era, y recibieron su formulación más estable a lo largo de la Edad Media. Posteriormente hubo, desde luego, actualizaciones; pero –sobre todo en el catolicismo, por su mayor control magisterial– tuvieron por lo general un marcado carácter restauracionista (neo-escolástica barroca y decimonónica, neo-tomismo y reacción antimodernista).

La situación se agravó más todavía por el hecho de que el cambio moderno no se produjo en la evolución pacífica de un avance lineal, sino como una transición violenta. La caída de la cosmovisión antigua produjo a muchos la sensación de haber sido engañados, de que era preciso reconstruirlo todo de nuevo. Las reacciones fueron sin duda excesivas muchas veces; pero marcaban una tarea ineludible: la cultura, y por lo mismo la religión, en la medida en que era solidaria con ella, no podían seguir hablando el mismo lenguaje. No era posible continuar ni con la lectura literalista de la Biblia ni con la concepción ahistórica del dogma.

Para la teología, la tarea parecía inmensa, y no pueden extrañar las reacciones defensivas y el estilo mayoritariamente restauracionista. El resultado fue un claro atraso histórico, que agrava la situación. Por suerte, el Vaticano II, al proclamar la urgencia del aggiornamento, reconoció la necesidad de la renovación y abrió oficialmente las puertas para ponerla en marcha. Aun así, el peso de las dificultades se hizo sentir, y el miedo a lo nuevo frenó muchas iniciativas. Por fortuna, aunque a corto o medio plazo no cabe todavía esperar soluciones suficientemente satisfactorias, el nuevo pontificado de Francisco, retoma con vigor evangélico la fecunda sementera del Concilio. Si hasta entonces poco se hablaba de invierno eclesial, todo indica que, como en las higueras evangélicas, se anuncia una nueva primavera.

 

2.2 La posibilidad de cambio

Por eso hoy estaría fuera de lugar una actitud resignada y pesimista. Cuando con cierta perspectiva se piensa en los profundos cambios ocurridos sobre todo a partir del Concilio, si se está atento a los procesos de fondo que se van dando en la vida eclesial y se palpa la acogida cordial y llena de ilusionada esperanza suscitada por el nuevo papa, no resulta difícil percibir avances muy importantes. Queda mucho por hacer, ciertamente, pero la percepción profunda de esta mutación fundamental y la necesidad de continuarla constituyen ya una fuerte presencia en el ambiente general.

Las resistencias son fuertes, incluso por parte de personalidades eclesiásticas, que deberían ser las primeras en apuntarse a la renovación. Pero la misma extrañeza que produce su inconsecuencia –tan rígida y fiel al magisterio papal cuando todo parecía discurrir conforme a su ideología religiosa– y, por otro lado, la movilización eclesial que se está generando en los ambientes más sanos del cristianismo, muestran que esas resistencias perdieron protagonismo y tienen en contra el viento del Espíritu. También en este caso se realiza el principio enunciado por Hölderlin de que “donde aparece el peligro, allí crece igualmente la salvación”. Por dos razones fundamentales: porque la percepción del desajuste obliga a la claridad, y porque la nueva situación trae consigo posibilidades específicas, sólo desde ella perceptibles y realizables.

La magnitud del cambio, en efecto, permite ver mejor la estructura del problema: justamente la mutación cultural que nos impide tomar a la letra el relato de la Ascensión es la misma que nos permite liberar de su esclavitud literal el significado permanente de su significado profundo. La imposibilidad de ver el relato como una ascensión material nos deja en libertad para buscar su intención auténticamente religiosa.

Operación no fácil ni sencilla, ciertamente, puesto que entre la forma y el contenido no se trata de una relación extrínseca, ni siquiera como la que se da entre el cuerpo y el vestido. El significado no existe nunca desnudo, “en estado puro”, sino que está siempre traducido en una forma concreta: no leer la Ascensión como un subir en la atmósfera, significa necesariamente estar leyéndola ya en el marco de otra interpretación. Con todo, resulta posible la distinción, y resulta muy importante comprenderlo y afirmarlo, pues únicamente desde ahí nace la legitimidad del cambio y la libertad para emprenderlo.

Vale la pena aclararlo con un ejemplo, tomando como referente el agua y su figura (no su fórmula), en lugar del cuerpo y su vestido. No existe nunca la posibilidad de tener la figura del agua “en estado puro”: siempre tendrá la forma del recipiente –vaso o botella, jarra o palangana– que la contenga. Si no nos gusta una figura, podemos cambiarla, pero sólo a condición de substituirla por otra: la que impone el nuevo recipiente. Con todo, distinguimos bien entre el agua y sus figuras; y comprendemos que se puede cambiar de recipiente, sin que por eso deba cambiar la identidad del agua. Desde luego, en todo transvasamiento existe siempre el peligro de pérdidas y derrames; pero, si no queremos que el agua se estanque y se corrompa, la alternativa no está en conservarla siempre en el mismo sitio, sino en cuidar que el traslado resulte íntegro, sin disminución del contenido.

Con las limitaciones de todo ejemplo, algo parecido sucede con la fe y sus expresiones. La fe no existe nunca en estado puro, sino siempre en el seno de una interpretación determinada. Pero si ha de vivir en la historia, no puede quedar estancada en un tiempo determinado, sino que debe atravesarlos todos, adaptándose a sus necesidades y aprovechando sus posibilidades. Lo cual implica a la vez libertad y modestia. Modestia, porque parece claro que ninguna época puede pretender que su interpretación es única o definitiva, ni siquiera la mejor: nuestras actualizaciones son siempre provisionales. Pero libertad también, porque, precisamente por eso, toda época tiene derecho a su interpretación. Justamente porque la fe quiere ser “agua viva”, la manera de conservarla no es represarla en un depósito muerto, sino construir –con afecto y respeto, para que nada se pierda, pero también con valentía y creatividad, para que no se estanque ni corrompa– cauces siempre nuevos por los que fluya adelante, fecundando los tiempos y las culturas.

 

2.3 Los caminos del cambio

Esto es tan serio, que rompe de por sí la sacralización de cualquier configuración expresiva de la fe, incluida la primera, no digamos la medieval. Ni siquiera en la Escritura está la experiencia cristiana en estado puro, sino traducida ya a los esquemas culturales de su tiempo y a las “teologías” de los diversos autores o comunidades: el mismo Jesús hablaba y pensaba dentro de su marco temporal, que no es ni puede ser el nuestro. De hecho, la inevitabilidad de este hecho se hizo notar, de manera francamente impresionante, ya en los mismos orígenes. Porque, cuando se piensa un poco, no resulta difícil comprender la magnitud de la transformación que supuso traducir no sólo a la lengua, seno también a la cultura griega, cargada de intelectualismo filosófico, el mensaje evangélico, formulado en arameo y nacido en una mentalidad simbólica y decididamente funcional.

En la actualidad, la revolución exegética, rompiendo la prisión fundamentalista del literalismo bíblico y la renovación patrística, haciendo ver la historicidad del dogma y el amplio margen de legítimo pluralismo teológico”, puso al descubierto de manera irreversible la apertura intrínseca de la comprensión de la fe. Lo cierto es que, a pesar de las hondas resistencias restauracionistas, se han abierto grandes posibilidades no sólo para la ruptura de esquemas obsoletos, sino también para la búsqueda de nuevas fórmulas y expresiones. La floración de la teología que siguió al Concilio, imprevisible y casi insoñable pocos antes, muestra que la fecundidad de la Palabra sigue viva, capaz de fecundar el futuro.

Inicialmente el cambio exigido por la nueva cultura no resultó, ni podía resultar, fácil. De hecho, provocó una de las crisis más graves en la historia del cristianismo. Afrontarla supuso, a pesar de las resistencias, molestias y represiones, un coraje de tal transcendencia, que Paul Tillich, siguiendo a Albert Schweitzer, llegó a afirmar que “quizás a lo largo de la historia humana ninguna otra religión tuvo la misma osadía ni asumió un riesgo parecido” [9]. Por eso nunca agradeceremos bastante el aire fresco que gracias a ello entró en la Iglesia. Y ningún agradecimiento mejor que el de continuar la empresa, tratando de llevarla a su plena consecuencia. Lo que en definitiva se nos pide, por estricta fidelidad al dinamismo de la fe, es trabajar en la búsqueda de una interpretación y de su correspondiente lenguaje, que rompiendo moldes culturales que ya no son los nuestros, hagan transparente el sentido originario para los hombres y mujeres de hoy.

La nueva situación no se limita a arrojar claridad sobre el problema, sino que ofrece también nuevas posibilidades para afrontarlo. La misma conciencia de la necesidad del cambio supone ya una ayuda enorme, porque convoca a la utilización de todos los recursos de la hermenéutica moderna. Por algo estamos en la “edad hermenéutica” de la teología[10], y no como recurso ocasional, sino por profunda convicción, puesto que la experiencia religiosa, precisamente por la dificultad que ofrece la transcendencia de sus referentes, pide profundizar al máximo el ejercicio de la interpretación. No es casualidad que Friedrich Schleiermacher esté en las raíces de la hermenéutica moderna; y, yendo más allá, Richard Schäffler indicó con razón que, ya desde los griegos, la religión constituye históricamente la matriz y el modelo de toda crítica[11] .

La nueva cultura no sólo ofrece el instrumento formal de la hermenéutica, como instrumento para la interpretación renovada de lo recibido. Ofrece igualmente algo acaso más importante: al abrir campos inéditos a la comprensión humana, amplía el espacio del intellectus fidei (la comprensión de la fe) y aumenta los recursos para expresarlo y hacerlo accesible a la sensibilidad actual.

Piénsese, por ejemplo, en las brechas que en la incomprensión ambiental del fenómeno religioso abrieron teologías como las de la esperanza, de la política y de la liberación, gracias a que supieron aprovechar los medios ofrecidos por el análisis social. Y en otro sentido, cabe valorar también el aporte que viene desde la ciencia psicológica; que muchas veces su entrada resulte conflictiva, como en el caso Jacques Pohier o en el de Eugen Drewermann, no invalida la constatación, sino que la confirma, pues indica que toca puntos sensibles y bien reales[12]. Desde aquí puede recibir ayudas fecundas y purificadoras un campo tan sensible e importante como el de la moral, que, cada vez más consciente de su autonomía, tiene delante de sí la urgente y delicada tarea de clarificar su verdadera relación con la teología; en definitiva, con la religión[13].

En general, es importante aprender a valorar cada vez más el hecho de que el auténtico progreso cultural, lejos de ser una amenaza para la fe, constituye un fuerte enriquecimiento. De hecho, la historia reciente muestra claramente que una alianza crítica con aquella parte de la cultura que busca lo verdaderamente humano (y por eso mismo, “divino”) fue siempre beneficiosa para las iglesias: piénsese, por ejemplo, en la tolerancia, la democracia o la justicia social.

En una palabra, si ante la cuestión estructural el lenguaje religioso ha de buscar su renovación acudiendo sobre todo a los hondos recursos de la tradición bíblica, del diálogo de las religiones y de la experiencia religiosa e incluso mística, en lo que respecta al desafío cultural son principalmente las ciencias humanas las que han de ser aprovechadas. Y no cabe duda de que una apertura generosa y una utilización al mismo tiempo crítica y valiente ofrece ricas posibilidades para ir afrontando la difícil pero irrenunciable tarea de la retraducción del cristianismo que postula nuestra situación cultural.

 

 

 


[1] De Flew a Kant: Empirismo e obxectivación na linguaxe relixiosa: Grial 30 (1992) 494-508.

[2] Con ligeras variantes y complementos, tomo el texto de mi libro Fin del cristianismo premoderno. Retos hacia un nuevo horizonte, Sal Terrae, Santander 2000, 70-78. (De este libro hay traducción portuguesa: Fim do cristianismo pré-moderno. Desafios para um novo horizonte, Ed. Paulus, São Paulo 2003, e italiana, algo aumentada, Quale futuro per la fede? Le sfide del nuovo orizzonte culturale, Elledici, Torino 2013).

[3] Neues Testament und Mythologie, en Kerygma und Mythos (hrsg. von H.W. Bartsch), Hamburg 1948, 18; cf. Zum Problem der Entmythologisierung, en Glauben und Verstehen IV, Tübingen 1967, 128-137.

[4] “Préface à Bultmann”, en Le conflit des interprétations, Paris 1969, 373-392.

[5] Cf. Ibid., 388-386.

[6] Ver, por ej., B. Forte, Jesús de Nazaret, historia de Deus, Madrid 1983, 255-268, que aporta muchos datos y que, por fortuna, a pesar de un discurso en el que de algún modo acepta esta visión horrible, sabe leer en la cruz el increíble amor de Deus. Esto último es sin duda lo que todos queren decir (¿cómo serían teólogos, si no?); pero el afán de conservar la letra de ciertos pasajes de la Escritura los lleva a ese tipo de retórica teológica. Retórica que de entrada resulta muy eficaz, pero que con el tiempo deja ver los estragos de su incoherencia en un contexto secularizado, que, interpretándolas en su sentido normal, las encuentra absurdas e insufribles.

[7] Expresión de P. Fernández Castelao, O transfondo da finito. A revelación na teoloxía de Paul Tillich, Desclée de Brouwer, Bilbao, 2000.

[8] Cf. las acertadas observaciones de P. Ricoeur, Finitude et culpabilité. II La symbolique du mal, Paris 1960, 13-30.323-332.

[9] Teoloxía Sistemática II, Barcelona 1972, 146. A. Schweitzer afirma que esa empresa “representa la empresa más poderosa que jamás osó realizar la reflexión religiosa” (Geschichte der Leben-Jesu-Forschung, München-Hamburg 1976, 45).

[10] Cf. J. Greisch, L’âge herméneutique da raison, Paris 1985; C. Geffré, O cristianismo ante o risco da interpretación. Ensaios de hermenéutica teolóxica, Madrid 1984.

[11] Religion und kritisches Bewusstsein, Freiburg / München 1973, 90-91, 95-99, 105, 109, 118, 160.

[12] Cf. J. I. González Faus.- C. Domínguez Morano.- A. Torres Queiruga, Clérigos en debate, Ed. PPC, Madrid 1996.

[13] Tema que, a mi parecer, no está recibiendo toda la atención que merece. Me permito remitir a los capítulos IV-V de mi libro Recupera-la creación. Por unha relixión humanizadora, SEPT, Vigo 1996 (hay trad. castellana: Recuperar la creación. Por una religión humanizadora, Sal Terrae, Santander 1997; 3ª ed. 2001; y también portuguesa y alemana).

El Papa Francisco: Proteger a los indígenas y a sus territorios


El Pontífice pidió que las actividades económicas no interfieran con las “culturas indígenas y su relación ancestral con la tierra”

El Papa Francisco: Proteger a los indígenas y a sus territorios

©ServizioFotografico OR/CPP/CIRIC

El Papa Francisco hizo un llamamiento a conciliar el derecho al desarrollo (social y cultura) y proteger a los indígenas y sus territorios. “Creo que el problema principal está en cómo conciliar el derecho al desarrollo, incluyendo también el de tipo social y cultural, con la protección de las características propias de los indígenas y sus territorios”, dijo.

El Pontífice recibió este miércoles, 15 de febrero en 2017, en audiencia a los Representantes de los Pueblos Indígenas que participan en la 40º Sesión del Consejo de Gobernadores del Fondo Internacional para el Desarrollo Agrícola (IFAD).

“Los indígenas tienen una relación ancestral con la tierra”. Así, explicó que no es bueno dar prioridad únicamente a las “estructuras económicas”.

Papa Francisco hacía referencia a la minería sin control, la extracción de petróleo, la tala salvaje de árboles y otras actividades económicas que cada vez más se extienden en reservas o territorios donde viven los indígenas y sus comunidades, quienes por siglos han sido excluidos y marginados en varias sociedades y realidades.

Antes de la audiencia general, en el aula pequeña adyacente al Aula Pablo VI, Francisco manifestó su “placer” de encontrarse con los líderes indígenas tras concluir los trabajos del III foro de los Pueblos Indígenas en la sede romana del IFAD sobre la responsabilidad de los pueblos autóctonos en la economía.

A young girl attends a mass celebrated by Pope Francis with representatives of the indigenous communities of Chiapas in the municipal sport center in San Cristobal de Las Casas, Chiapas, Mexico on February 15, 2016. Pope Francis reached out to Mexico's long-marginalized indigenous population on Monday, asking for forgiveness over their exclusion as he celebrated an open-air mass in native languages in impoverished Chiapas state.   AFP PHOTO / GABRIEL BOUYS / AFP / GABRIEL BOUYS
A young girl attends a mass celebrated by Pope Francis with representatives of the indigenous communities of Chiapas in the municipal sport center in San Cristobal de Las Casas, Chiapas, Mexico on February 15, 2016. Pope Francis reached out to Mexico’s long-marginalized indigenous population on Monday, asking for forgiveness over their exclusion as he celebrated an open-air mass in native languages in impoverished Chiapas state. AFP PHOTO / GABRIEL BOUYS / AFP / GABRIEL BOUYS

Derechos de los indígenas

El Papa Francisco, que en la Encíclica social, Laudato sí sobre el cuidado de la Casa Común ya había pedido respetar también las culturas autóctonas, explicó que el desarrollo es problemático “cuando se trata de estructurar unas actividades económicas que pueden interferir con las culturas indígenas y su relación ancestral con la tierra”.

En este contexto, el Papa ha citado el “derecho al consentimiento previo e informado”, antes de emprender cualquier actividad. Según, indicó, “exige el art. 32 de la Declaración sobre los Derechos de los Pueblos Indígenas”.

“Sólo así se puede garantizar una cooperación pacífica entre las autoridades gubernamentales y los pueblos indígenas, que supere contradicciones y conflictos”, añadió.

Proteger la dignidad indígena

Por otro lado, el Papa se refirió a la elaboración de “directrices y proyectos que tengan en cuenta la identidad indígena, que presten una atención especial hacia los jóvenes y las mujeres”.

El Pontífice insiste en la inclusión de los indígenas y sus comunidades en los procesos de desarrollo porque muchas veces no es solamente tener, “consideración solamente”.

“Esto implica que los gobiernos reconozcan que las comunidades indígenas son una parte de la población que debe ser valorada y consultada, y que se ha de fomentar su plena participación, a nivel local y nacional”.

 El progreso de la mano de la calidad de vida

Asimismo Papa Francisco exhortó a que haya financiación y competencia para ayudar a desarrollar los territorios ancestrales. Así, “reconociendo que «un desarrollo tecnológico y económico que no deja un mundo mejor y una calidad de vida integralmente superior no puede considerarse progreso» (Enc. Laudato si’, 194)”.

Por último, les agradeció su presencia: “pido al Todopoderoso que bendiga vuestras comunidades e ilumine el trabajo de los que tienen la responsabilidad de la gestión del FIDA”.

El Papa Francisco: Proteger a los indígenas y a sus territorios

SIN EMBARGO, ELLAS PERSISTIERON …: Por Katherine A. Greiner


8 de febrero de 2017 ·  · en Teología y Cultura . ·

Gracias a un post que vi en Upworthy , me sentí inspirado para escribir una reflexión rápida en algunas mujeres de fe que nos encontramos en las escrituras que fueron advirtió, recibió explicaciones, y, sin embargo, persistió. Esta lista está lejos de ser exhaustiva. Espero que aliente a otros a reflexionar sobre la multitud de mujeres que nos ofrecen su valor, su fe y su persistente testimonio.

Gabriel_Mary2Miriam de Nazaret: Lucas 1: 26-56;

Es más apropiado empezar por María, la madre de Jesús. Sólo podemos especular las advertencias y explicaciones que ella escuchó cuando era una niña con respecto al comportamiento social apropiado para una mujer judía del primer siglo. No es de extrañar que estuviera perpleja cuando el Ángel Gabriel anunció el plan de Dios para ella. Sin embargo, ella persistió. Su fiat no sólo era un sí para llevar al hijo de Dios, sino un sí a las luchas cotidianas que esa tarea requeriría. Ella era un profeta, soportando todo el dolor que vino con llevar las buenas nuevas de Dios al mundo. Ella persistió en su sí a través del embarazo, a través del trabajo, a través de huir de su tierra natal, a través de la crianza de los hijos, ya través del ministerio de su hijo. Ella persistió en su sí, incluso cuando vio a su hijo brutalmente crucificado y morir. Ella persistió en su sí como ella también aprendió de la resurrección de Jesús, ponderando toda la obra de Dios en su corazón.

4.2.3

Mujer con la hemorragia: Marcos 5: 25-34; Mateo 9: 20-22; Lucas 8: 43-48

Encontramos a esta mujer sin nombre en todos los evangelios sinópticos. Sabemos muy poco acerca de ella, excepto que había estado hemorragia durante doce años. Mark nos dice que “había sufrido mucho a manos de muchos médicos y había gastado todo lo que tenía”. Sólo podemos imaginar las muchas advertencias, los innumerables tratamientos, las explicaciones que recibió de estos médicos. También habría recibido advertencias sobre estar en público en un estado tan “impuro”, y mucho menos extender la mano y tocar la capa de un maestro y sanador como Jesús. Sin embargo, ella persistió. Ella se abre camino entre la multitud y simplemente toca su capa. Sanada por su fe, ella es curada y bendecida por Jesús.

 

4.2.7La mujer sirofenicia: Mateo 15: 21-28 (ver nota más abajo)

Todo lo que sabemos acerca de esta madre desesperada es que ella y su hija enferma son forasteros, presumiblemente excluidos de recibir la curación de Jesús. Ella es rechazada por los discípulos y, por un breve momento, incluso Jesús mismo. Sin embargo, ella persistió. Y su fe y persistencia no sólo liberaron a su hija, sino que también abrieron el ministerio salvífico de Jesús a todos los seres humanos.

 

 

Mujer-baño-jesús-piesLa mujer que baña los pies de Jesús: Lucas 7: 36-50

Jesús está cenando en la casa de un fariseo, cuando entra una mujer y comienza a bañarse los pies con ungüento y con sus lágrimas. Se nos dice que esta mujer es pecadora, aunque sus pecados no están en la lista. A juzgar por la respuesta hostil del fariseo a su presencia, se la considera impura. Podemos imaginar las duras objeciones del fariseo a ella entrar en la casa en absoluto. Probablemente la advirtió de lo que él, un hombre en el poder, podía hacer a una mujer desdichada como ella. Probablemente ofreció muchas explicaciones de por qué no era bienvenida. ¡Qué espantosas miradas deben haber sido lanzadas a su manera! Qué palabras horribles debían haberse susurrado detrás de ella, palabras equivalentes a las insinuaciones contemporáneas como “puta”, “puta” y “mujer desagradable”. Sin embargo, ella insistió. Ella arriesgó su propia reputación y seguridad dando testimonio público de su fe en y amor por Jesús. Y para esto, ella es presentada como un ejemplo de fe auténtica.

Samaritano-mujer-en-el-pozo2xLa mujer samaritana en el pozo: Juan 4: 4-42

Oh, la mujer del pozo. Otra mujer sin nombre, rechazada por su comunidad por sus pecados. Debe haber sido advertida de no ir a buscar agua temprano en el día en que las otras mujeres estaban allí. Se le debió dar la explicación de que ella, una mujer de mala reputación, que vivía con un hombre al que no estaba casada, se había excluido de la comunidad. Sin embargo, ella persistió. Ella se presenta al pozo a mediodía. Y allí encuentra a un Jesús sediento y cansado. No sólo le ofrece agua. Ella también lo involucra en una conversación teológica. Ella le habla de su persistente fe en la venida del Mesías. Y esta conversación la cambia. Ella corre y persuade a la gente del pueblo -la misma gente que la había rechazado- de que ella, de hecho, se encontró con el Mesías.

IconofmarymagdaleneMaría de Magdala y las otras mujeres en la cruz y la tumba

Cuando los demás discípulos huyeron con miedo, fueron las mujeres que se quedaron en la cruz, presentes al sufrimiento de Jesús. Podemos imaginar los jabs, las miradas, de nuevo, las advertencias mezquinas que debieron ser gritadas a ellos desde las multitudes y los soldados. Debían haber sido advertidos de lo peligroso que era estar asociado con Jesús. Sin embargo, persistieron. Regresaron a la tumba para cuidar su cuerpo. Allí, descubren que, de hecho, había sido criado. Sin embargo, cuando María de Magdala, ahora conocida como el apóstol de los apóstoles, anuncia esta buena noticia a los discípulos hombres, no la creen. No pueden creer hasta que lo vean con sus propios ojos. Sin embargo, María de Magdala y las otras mujeres que estuvieron presentes hasta el final, persistieron. Y por eso también estaban presentes desde el principio, cuando la primera noche del sábado santo se convirtió en la mañana de Pascua, cuando la muerte se convirtió en resurrección y la desesperación se convirtió en esperanza.

Martha_and_Mary_by_He_Qi_China

Una vez más, esto es sólo una pequeña muestra de mujeres persistentes que encontramos en las Escrituras. Se les advirtió lo que sus acciones podrían significar. Recibieron explicaciones de por qué se consideraban peligrosas, por qué no se les daba la bienvenida, o por qué eran consideradas socialmente inaceptables. Sin embargo, persistieron. Y su persistencia da testimonio del Espíritu Santo cada vez más persistente, que nos ofrece a todos la misericordia y el amor.

Nota: Añadí esta reflexión sobre la mujer sirofenicia (también conocida como la Mujer Cananita) al post original, gracias a un recordatorio de un lector. La mujer sirofenicia debe ser mencionada aquí, ya que su persistencia ayudó a Jesús a entender su ministerio en una escala más global.

Nevertheless, They Persisted…

Epifanio o el perfume de la libertad : Reinaldo Spitaletta



18 de Diciembre de 2016

Crónica con poeta de manicomio y un himno huracanado.

9

Epifanio Mejía.

Biblioteca UdeA

Reinaldo Spitaletta

A los que ejercimos la infancia en los albores de los sesentas, digo, en estos breñales de Antioquia, en particular en el Valle de Aburrá, tal vez nos marcaron en las escuelas públicas con himnos de altoparlante, como el inútil Canto a la Bandera que batía sus pliegues allá en Boyacá, y con la monstruosa letra del Himno Nacional, que no es más feo porque no es más largo. También con el himno de Antioquia, con unos versos en los que no hay lugares comunes y es, me parece, sin caer en chauvinismos deleznables ni en regionalismos de pacotilla, uno de los más bellos cantos del mundo a la libertad.
Lo creó uno que, nacido en Yarumal (1838), vivió buena parte de su vida en un manicomio y cuando residió en Medellín, en la calle del Chumbimbo (hoy Maracaibo) se iba hasta la quebrada Santa Elena y, en sus orillas, ido, piantao, como el loco de un tango contemporáneo, le recitaba versos a las nereidas exiliadas, náyades y otras ninfas que él veía en el exuberante entorno de ceibas y pedruscos.
El canto del antioqueño (nombre original del poema), con música del payanés Gonzalo Vidal, sonaba en las bocinas y al principio uno no entendía casi nada sobre selvas, excepto las que se apreciaban en las tiras cómicas de Tarzán, pero la palabra huracán sí era una manera, una metáfora, de la fuerza, aunque lo del hacha, más que la enunciación de una herramienta, era un modo de recordarme a mi abuelo materno, que tenía varias en su finca de Rionegro y con ellas astillaba troncos y me hacía desear que, en cualquier momento de la faena, se llevara un pedazo de pierna. La crueldad infantil.
Por aquellas épocas el himno de Antioquia se mezclaba, en los salones de clase, con cánticos religiosos de vírgenes innumerables y uno muy profano que nos hizo desear el mar y los barcos de bandera negra con calavera y tibias cruzadas: “Soy pirata y navego en los mares donde todos respetan mi voz…”. Todavía faltaba mucho tiempo para la aprobación de la absurda medida de poner en las emisoras, a las seis de la mañana y a las seis de la tarde, el himno de Oreste Sindici y Rafael Núñez. Y de hacerlo sonar en los estadios, antes de los partidos de fútbol.
Uno sabe que la patria no es un himno ni un escudo ni una bandera ni un presidente y menos una selección futbolera. Tal vez la patria sea sólo la infancia, tan redicho por poetas de ayer y hoy. O la casa. O la calle en que se descubrieron los primeros asombros. Bueno, y de pronto hasta la escuelita, como aquella de Bello en la que hacían sonar himnos y músicas patrioteras. No sé por qué el ingeniado por Epifanio siempre me gustó, aunque al comienzo no entendiera mucho aquello de “llevo el hierro entre las manos porque en el cuello me pesa”.
Después, al final de la escuela, y para seguir con Epifanio, nos aprendimos dos de sus poemas, que, si vamos a ser justos, son poco poéticos: La muerte del novillo y La historia de una tórtola. En cambio, en casa, y sin saber quizá que era una composición del nacido en las faldas yarumaleñas, mamá decía en momentos de efervescencia familiar: “‘Todos estamos locos’, grita la loca / ¡qué verdad tan amarga dice su boca!”.
Pasados los días, y ya no sé cuándo, en algunas clases se hablaba de Epifanio, como un orate, un desquiciado, que nos había legado unas hermosas palabras que ensalzaban la libertad. No sé ya cuál profesor nos refirió del encerramiento del poeta en el manicomio de Bermejal, y se llegó a decir que, a orillas del río Medellín, de seguro límpido y vivo entonces, el vate se quedaba extasiado viendo correr el agua, y tal vez pudo pensar cosas como Heráclito, quién sabe, y tornaba a mirar con sus ojos volados los cuerpos etéreos de las míticas muchachas de la corriente infinita.
Al escritor Mario Escobar Velásquez le escuché decir alguna vez que, dándose a una tarea como de coleccionista, se puso a escuchar himnos de todas partes y llegó a la conclusión de que el más bello era el de Antioquia. Idea que había plasmado en un artículo sobre el poeta: “A Epifanio, digo, que prefería el hierro en las manos como espada o puñal o lanza no en el cuello, como cadena, acabaron encerrándolo en un manicomio, y en él pasó sin libertad treinta enormes y largos años”. O sea, allí, en esa suerte de prisión para enfermos mentales, se quedó sin viento, sin canto, sin hacha, sin huracán, sin los perfumes de la libertad.
Digamos que las veintitrés estrofas del Himno Antioqueño, que no todo el mundo canta ni se sabe, son una oda a la libertad, a los seres libres, a la resistencia frente a la tiranía y la esclavitud. Publicado en 1868 en la revista El Oasis por el alucinado poeta que era amigo de sirenas y espíritus acuáticos, es, hoy, una representación de identidad que trasciende lo bucólico. Dije un día en Facebook que en todos los parques principales de cada pueblo de Antioquia (incluido el parque Berrío de Medellín) debía erigirse una estatua a Epifanio Mejía, y no faltó quién preguntara si se trataba de una broma o trastada de mi parte.
Y en este punto quiero recordar al Indio Uribe (al que Carrasquilla llamó “Petronio del prosal”), maestro de la lengua, fundador de El Correo Liberal, desterrado por Núñez, que en un discurso expresó sus admiraciones por Mejía, no sin antes aclarar que en Colombia se acostumbra “recibir lo forastero con proporciones de aumento y reducir lo propio a tamaño insignificante”:  “Lo proclamamos (a Epifanio Mejía) el primero de los poetas sobrevivientes, como lo quiere el pueblo que ha recogido sus canciones, las mujeres que suspiran sus endechas, y por los fueros de su desgracia”.
Epifanio, el melancólico, el de los delirios, el cantor de montes y pájaros, el de la luna del Pandeazúcar, se murió en 1913 (año del centenario de la Independencia de Antioquia). Tal vez su poema mayor, el de los vientos eternos, es aquel que en una escuela nos hizo comprender en qué consistía la libertad. Su voz, de poeta y loco, sigue sonando: “He tenido horas tristes / y placenteras horas: / por eso son mis versos / crepúsculos y auroras.

EPIFANIO MEJIA

El canto del antioqueño

I

Amo el Sol porque anda libre / sobre la azulada esfera,
al huracán porque silba / con libertad en las selvas.
II
El hacha que mis mayores / me dejaron por herencia,
la quiero porque a sus golpes / libres acentos resuenan.
III
Forjen déspotas tiranos / largas y duras cadenas
para el esclavo que humilde / sus pies de rodillas besa.
IV
Yo que nací altivo y libre / sobre una sierra antioqueña
llevo el hierro entre las manos / porque en el cuello me pesa.
V
Nací sobre una montaña, / mi dulce madre me cuenta
que el sol alumbró mi  cuna / sobre una pelada sierra.
VI
Nací libre como el viento / de las selvas antioqueñas
como el cóndor de los Andes / que de monte en monte vuela.
VII
Pichón de águila que nace / sobre el pico de una peña
siempre le gusta las cumbres / donde los vientos refrescan.
VIII
Cuando desciendo hasta el valle / y oigo tocar la corneta,
subo a las altas montañas / a dar el grito de alerta.
IX
Muchachos, le digo a todos / los vecinos de las selvas
la corneta está sonando… / ¡tiranos hay en la sierra!
X
Mis compañeros, alegres, / el hacha en el monte dejan
para empuñar en sus manos / la lanza que el sol platea.
XI
Con el morral a la espalda / cruzamos llanos y cuestas,
y atravesamos montañas / y anchos ríos y altas sierras.
XII
Y cuando al fin divisamos, / allá en la llanura extensa,
las toldas del enemigo / que entre humo y gente blanquean
XIII
Volamos como huracanes / regados sobre la tierra,
¡ay del que espere empuje de / nuestras lanzas revueltas!
XIV
Perdonamos al rendido / porque también hay nobleza
y en los bravos corazones / que nutren las viejas selvas.
XV
Cuando volvemos triunfantes  /  las niñas de las aldeas
rinden coronas de flores  /  a nuestras frentes serenas.
XVI
A la luz de alegre tarde  /  pálida, bronceada, fresca
de la montaña en la cima  /  nuestras cabañas blanquean.
XVII
Bajamos cantando al valle  /  porque el corazón se alegra;
porque siempre arranca gritos  /  la vista de nuestra tierra.
XVIII
Es la oración; las campanas  /  con golpe pausado suenan;

con el morral a la espalda  /  vamos subiendo la cuesta.
XIX
Las brisas de las colinas  /  bajan cargadas de esencia,
la luna brilla redonda  /  y el camino amarillea.
XX
Ladran alegres los perros  /  detrás de las arboledas
el corazón oprimido  /  del gozo palpita y tiembla…

XXI

Caminamos… Caminamos… /  y blanqueas… y blanquean…
y se abren con ruido  /  de las cabañas las puertas.
XXII
Lágrimas, gritos, suspiros, / besos y sonrisas tiernas,
entre apretados abrazos / y entre emociones revientan.
XXIII
¡Oh libertad que perfumas / las montañas de mi tierra,
deja que aspiren mis hijos / tus olorosas esencias!

https://spitaletta.wordpress.com/2016/11/25

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