MENSAJE DEL 37 CONGRESO DE TEOLOGÍA. MUJERES Y RELIGIÓN: DE LA DISCRIMINACIÓN A LA IGUALDAD DE GÉNERO


1.Del 7 al 10 de septiembre de 2017 hemos celebrado el 37 Congreso de Teología sobre “Mujeres y Religión: De la discriminación a la Igualdad de Género” en un clima de debate sereno, diálogo sincero y encuentro fraterno-sororal. Comenzamos guardando un minuto de silencio como expresión de condena por los atentados terroristas de Barcelona y Cambrils y de solidaridad con las familias, y otro por los asesinatos de mujeres producidos en España y en todo el mundo. Nos unimos con un nuevo minuto de silencio al dolor de los pueblos afectados por varios huracanes y terremotos que han causado decenas de muertos en Estados Unidos, México y El Caribe.

  1. Hemos hecho un análisis crítico del patriarcado como sistema de dominación contra las mujeres, las niñas, los niños y las personas más vulnerables de la sociedad. Este sistema se encuentra en alianza con otros modelos de dominación: capitalismo, colonialismo, fundamentalismo, depredación de la naturaleza, y provoca discriminaciones de género, clase etnia, cultura, religión, procedencia geográfica y orientación sexual en todas las esferas de la vida: lenguaje, vida cotidiana, política, economía, educación, trabajo, familia, espacio doméstico, cultura, ciencia, creación artística, lugares de ocio, medios de comunicación, publicidad.
  2. Nuestra crítica se extiende a las religiones, que tienen una estructura patriarcal, transmiten una ideología androcéntrica, imponen una moral machista y desarrollan prácticas sexistas. En la mayoría de los casos no se reconoce a las mujeres como sujetos religiosos y éticos, sino que las consideran inferiores, subalternas y dependientes. Las excluyen de los espacios de lo sagrado, las marginan de los puestos de responsabilidad, del ejercicio del poder y de los ámbitos de decisión. Generan en ellas actitudes de obediencia y sumisión calificadas como virtudes.
  3. Hemos analizado críticamente y condenado la violencia contra las mujeres y las identidades sexuales disidentes en sus múltiples manifestaciones: cuerpos colonizados; violencia machista como arma de guerra, violaciones, prostitución, trata de mujeres, vientres de alquiler, abusos sexuales de niñas y niños, venta de órganos, niñas y niños robados, penas de muerte, feminicidios, agresiones contra gais, lesbianas, bisexuales, transexuales, intersexuales, maltrato a la infancia, retirada de la custodia de los hijos y las hijas a las madres y entrega a los padres condenados por maltrato.
  4. Los dirigentes religiosos se prodigan en condenas contra el aborto, el divorcio, las relaciones prematrimoniales, los métodos anticonceptivos, el matrimonio homosexual, la fecundación in vitro, los derechos sexuales y reproductivos. Descalifican la teoría de género a la que llaman “ideología de género” y la consideran la más perversa de la humanidad. Condenan los movimientos feministas y el LGTBI y muestran su oposición a las leyes de igualdad efectiva entre hombres y mujeres. En sus documentos y declaraciones públicas generan con frecuencia diferentes formas de violencia de género: sexual, simbólica, religiosa, psicológica, y fomentan actitudes y comportamientos machistas y homofóbicos en las personas creyentes y en la ciudadanía. Muestran, sin embargo, insensibilidad hacia la violencia de género, el patriarcado, el sexismo y la LGTBIfobia. En la Iglesia católica se veta a personas sexualmente disidentes el acceso al ministerio sacerdotal y la participación en actividades pastorales.
  5. Hemos dado la palabra a mujeres activistas que han expuesto las aportaciones de los movimientos feministas en diferentes áreas geoculturales, especialmente en América Latina, África y España, y a mujeres creyentes que han hablado de los Movimientos de Mujeres en las religiones que, en sintonía con los movimientos feministas, luchan contra todo tipo de discriminación y en defensa de la igualdad de género.
  6. Valoramos positivamente el encuentro fecundo entre feminismo y cristianismo, que ha provocado la rebelión de las mujeres contra el sistema patriarcal y el nacimiento de la teología feminista, que reconoce el protagonismo de las mujeres en el movimiento de Jesús entendido como discipulado igualitario, en el nacimiento de la Iglesia cristiana por ser testigos de la resurrección y en las primeras comunidades cristianas donde ejercían los ministerios y los carismas sin discriminación, conforme a la afirmación de Pablo de Tarso: “Ya no hay judío ni griego; ni esclavo ni libre; ni hombre ni mujer, ya que todos vosotros sois uno en Cristo Jesús” (Gálatas 3,28).

La exclusión de las mujeres del ministerio ordenado no responde a razones bíblicas, teológicas o históricas, sino que es el resultado de la pervivencia del patriarcado instalado en la cúpula del poder y en la organización de las instituciones religiosas. Denunciamos que se castigue con la excomunión a las mujeres ordenadas sacerdotes en la Iglesia católica.

  1. Fecundo está siendo el encuentro entre el feminismo decolonial y las teologías feministas, que critican el feminismo hegemónico-occidental, cuestionan la colonialidad del poder, del saber, del tener, del ser y del género, defienden la descolonización de las mentes, del discurso teológico y de las prácticas liberadoras de las religiones y recuperan los saberes, los símbolos y la espiritualidad de los pueblos originarios.
  2. Hemos descubierto que espiritualidad y política son dos realidades indisociables y hemos tomado conciencia de la necesidad y urgencia de una espiritualidad política, que lleva a escuchar el grito de la Tierra y el clamor desgarrador de millones de personas hambrientas de pan y de derechos y a luchar por Otro Mundo Posible.

 

  1. La lección que hemos aprendido en este Congreso es que entre feminismo y religión no hay contradicción y que se puede ser creyente y feminista. Ese es el desafío al que hemos de responder.

Madrid, 10 de septiembre de 2017

Remitido al e-mail

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“Proyectos mineros están acabando la Sierra Nevada”: Consejo Territorial Indígena


En una reciente reunión con la Corte Constitucional y el procurador general de la nación, Fernando Carrillo, las etnias indígenas de la Sierra Nevada de Santa Marta expusieron problemas culturales y ambientales que están deteriorando el macizo montañoso de forma acelerada, principalmente por acción de la actividad minera, y lo dicho alarmó tanto al Ministerio Público al punto que definió una agenda de atención y seguimiento prioritaria sobre esta zona del país.

La preocupación de los indígenas kogui, arhuacos, wiwas y kankuamos principalmente se mostró orientada a la desaparición de la Línea Negra, que es para ellos un territorio sagrado que está siendo atacado por minería legal e ilegal, sobre la cual existen 132 títulos mineros vigentes y 244 solicitudes más para ejecución de proyectos según la Agencia Nacional Minera.

Según el Consejo Territorial Indígena, la minería está contaminando 30 ríos del Magdalena que nacen en las zonas altas de la Sierra Nevada y han bajado dramáticamente su caudal hasta en un 70%, como por ejemplo los ríos Manzanares, Piedras o Gaira que bañan la ciudad de Santa Marta; además está afectando ríos que bañan el Cesar como el Gutapurí que de los 11.200 litros por segundo que recorrían su cauce hace dos décadas hoy solo alcanza los 5.000.

En un documento que los indígenas entregaron a la Procuraduría y la Corte Constitucional, advirtieron que la situación de los ríos podría agravarse con la puesta en marcha de un nuevo proyecto de hidroeléctrica sobre el Río Don Diego, en jurisdicción de Santa Marta, que utilizará el 80% de su caudal.

Las etnias también denunciaron que los proyectos mineros están impidiendo su derecho al tránsito por los caminos que conducen a lugares sagrados, impidiéndoles hacer pagamentos y fortalecer la enseñanza de su cultura ancestral a los más jóvenes.

El Consejo Territorial Indígena le habló a la Procuraduría y la Corte sobre el estado de la Ciénaga Grande de Santa Marta, que también hace parte de la Línea Negra, indicando que en ese ecosistema especial los bosques se están muriendo por quemas indiscriminadas que en 2014 arrasaron con 3 mil hectáreas, los espejos de agua se redujeron de 3.109 a 739 entre 2002 y 2012, animales han desaparecido como el jaguar, el paujil pico azul, la danta y algunos tipos de guacamaya; y las tierras degradadas aumentaron de 67 hectáreas en 2002 a 12.567 en 2012.

Según el informe de los indígenas, la pérdida del glacial de la Sierra Nevada retrocedió en un 85% entre los años 1850 y 2012 pero en 2017 se incrementó al 92%.

Por último, el Consejo Territorial Indígena aseguró ante el procurador Carrillo y la Corte Constitucional que sus pueblos están dispuestos a negociar los proyectos energéticos y mineros en la Sierra Nevada pero continuarán en su posición de no participar en ninguna consulta previa hasta que haya una solución estructural a los problemas que esos procesos le están causando al macizo montañoso.

Fuente:http://caracol.com.co/emisora/2017/09/04/santa_marta/1504528828_994034.html

El reconciliador: Miguel Ceballos Arévalo.


  •  2017/09/08 21:15

    El papa Francisco, como sucesor de Pedro, como jefe de Estado, como sacerdote, como hombre, como líder, nos deja a los colombianos la tarea de la reconciliación, a través de la cual la paz verdadera será posible.

Todos y cada uno de los discursos y homilías del papa Francisco están llenos de sabiduría, simbolismos, mensajes espirituales, y sí, también mensajes políticos. Pretender que las palabras de un hombre tan vigente e importante como Francisco, no tengan un efecto político es querer desconocer más de 2.000 años de existencia de la Iglesia católica, que ha sido arquitecta de la construcción de la cultura y la historia occidental, mezclando el poder del mensaje de Jesucristo, con el poder de la transformación de las sociedades y sus estructuras, las cuales no son nada distinto a los seres humanos que las conforman.

En muchos programas de opinión se escuchaban estériles discusiones entre aquellos que abogaban por “no politizar” la visita papal, y aquellos que defendiendo no politizarla, terminaban por convertirla en instrumento político para respaldar sus propios argumentos. Yo prefiero defender abiertamente el carácter político que siempre hay y habrá en las palabras de un papa. Lo anterior de ninguna manera minimiza ni desconoce su misión de predicar y recordar la palabra de Jesucristo, por el contrario, dicha palabra es la que enriquece y da sentido a los contextos en los cuales debe ser sembrada, cultivada y puesta en práctica, contextos sociales, culturales y por supuesto, políticos.

Dicho esto, quisiera rescatar uno de los pasajes más políticos de los discursos pronunciados por Francisco, que toca las fibras más profundas de la Colombia de hoy, se trata del llamado papal a la reconciliación, aclarándonos que “todo esfuerzo de paz sin un compromiso de reconciliación será un fracaso.”

De una manera profunda y reveladora el papa nos explica que la reconciliación “No es legitimar las injusticias personales o estructurales. El recurso a la reconciliación no puede servir para acomodarse a situaciones de injusticia”.  Esta maravillosa frase es complementada por Francisco con una cita que recuerda la enseñanza de su antecesor Juan Pablo II, para quien la reconciliación “Es un encuentro entre hermanos dispuestos a superar la tentación del egoísmo y a renunciar a los intentos de pseudojusticia; es fruto de sentimientos fuertes, nobles y generosos, que conducen a instaurar una convivencia fundada sobre el respeto de cada individuo y de los valores propios de cada sociedad civil”

Para los dos papas, la reconciliación y la justicia van de la mano, una no pude darse sin la otra. El perdón y la reconciliación van acompañados de un ejercicio de justicia en el cual no puede “acomodarse” la historia de tal manera que se desconozcan y justifiquen los excesos, las violaciones a libertad y a los derechos más fundamentales del ser humano.

Por lo anterior es altamente significativa la decisión del papa de beatificar a dos sacerdotes colombianos, Pedro María Ramírez Ramos, asesinado en 1948 en Armero (Tolima) en los días posteriores al Bogotazo, y el obispo de Arauca, Jesús Emilio Jaramillo Monsalve, asesinado por el ELN en 1989. Una muestra clara de “sanción histórica” a la violencia política que terminó ensañándose con dos miembros de la Iglesia católica, y a la vez un reconocimiento a la persona misma de los sacerdotes como mártires que murieron defendiendo su fe. Ambos escenarios tienen como elemento común el reconciliarse con la historia de Colombia sin sacrificar la justicia, visibilizando a las víctimas de un acto injusto e injustificable, y a la vez exaltándolas al ubicarlas en el más alto de los peldaños del ideal cristiano.

Mucho camino queda por recorrer para que los colombianos nos reconciliemos. El primer paso es garantizarles a todos y cada uno de nuestros ciudadanos, la administración de una justicia autónoma, transparente, pronta y eficaz, que vaya más allá de la coyuntura de los acuerdos de paz con las Farc, pues la reconciliación que llevará a una verdadera paz no puede ni debe reducirse a lo pactado en La Habana.

*Exviceministro de Justicia. Decano Escuela de Política y Relaciones Internacionales, Universidad Sergio Arboleda.                      

@ceballosarevalo

http://www.semana.com/opinion/articulo/el-reconciliador-de-miguel-ceballos-arevalo/539533

Francisco de Roux, sj: “Necesitamos sacar la paz de la política en Colombia y mostrar que es un ideal querido por Dios”


Francisco de Roux, SJ

“El perdón cristiano se coloca más allá de la reconciliación”

“Los valores son el campo de las cosas por las cuales luchamos gratuitamente”

RV, 09 de septiembre de 2017 a las 15:36

La necesidad de esta visita es muy grande porque el país vive fracturas muy profundas, dado que acabamos de terminar el proceso con las FARC y todavía hay muchas preguntas sobre lo que ha de ser el futuro

(RV).- La preparación de la visita del Papa Francisco es muy cauta para no exacerbar las profundas discrepancias en la sociedad. No hay un liderazgo que prevea un futuro sino que es necesaria la esperanza, y el Papa la puede dar con su mensaje de fraternidad y de confianza, de los unos hacia los otros. Por lo tanto “lo que el Papa avance en la dimensión del perdón cristiano es de gran importancia porque éste último se coloca más allá de la reconciliación”.

Son las líneas generales de la entrevista realizada al padre jesuita Francisco de Roux, sacerdote colombiano, facilitador de paz en su país, que trabaja en articulación con el Centro de Investigación y Educación Popular (CINEP), quien llegara a ofrecer su libertad en cambio de la de un ex congresista colombiano, en el ámbito de la guerrilla con las Fuerzas Armadas Revolucionarias.

El padre De Roux realiza un examen profundo y extremamente claro de la situación colombiana actual, y de la incidencia de la visita del Santo Padre Francisco para la reconstrucción de la paz y del tejido social del país.

El Papa Francisco llega a Colombia en plena implementación del proceso de paz, para dar un mensaje de esperanza pero también un aliento para dar el primer paso: el primer paso al perdón, el primer paso hacia la reconciliación, ¿cuán pertinente es la visita del Papa en este momento de “post acuerdo” de paz en Colombia?

La visita del Papa es inmensamente pertinente y muy oportuna en el momento que está viviendo en Colombia. En realidad se ha creado muchísima expectativa. En un principio, en algunos sectores que justamente se oponen al proceso de paz, se manifestaron prevenciones e incluso hostilidades, sectores minoritarios. Pero con el correr de los días lo que hemos sentido en Colombia es que la confianza y el entusiasmo por lo que significa tener al Papa Francisco y en general por lo que significa tener una vez más la visita del Pontífice.

La necesidad de esta visita es muy grande porque el país vive fracturas muy profundas, dado que acabamos de terminar el proceso con las FARC y todavía hay muchas preguntas sobre lo que ha de ser el futuro, y muchas víctimas esperan que el Papa les traiga el consuelo y la posibilidad de saber que hacia delante será posible profundizar la convivencia, y acabar con la violencia entre nosotros en Colombia.

Como usted dice, la sociedad está viviendo una ruptura tras sesenta años de guerras internas, de conflictos armados. Hay una discrepancia y una rotura en la sociedad civil, ¿nos puede dar un pantallazo de lo que se está viviendo en las diversas regiones?

Es una pregunta muy importante. Las rupturas que hay en la sociedad colombiana tienen que ver con las regiones y con la historia. Sobre esto quisiera hacer claridad: en estos momentos de la llegada del Papa el problema no es la disputa con las FARC y proceso específico que se llevó a cabo con ellas, ese proceso ha terminado. La FARC ya se constituyó como partido político y se entregaron las armas. Los que hemos seguido de cerca las FARC sabemos que en lo masivo del grupo y en su dirigencia hay una decisión irreversible en la condición total de no volver a la guerra. Allí no está el problema. Por supuesto hay una serie compleja de dificultades para poner en marcha los acuerdos, pero la paz con las FARC está consolidada.

El problema de fondo es el problema de la ruptura entre los colombianos que es muy pero muy profunda, y tiene por supuesto diferencias regionales, en un país que tiene muchas culturas regionales y muchas sensibilidades regionales diversas, que divide muy en profundidad este país. El tema de la paz, el tema de lo que será el futuro inmediato con las elecciones que vienen, y en algún momento incluso el tema de la venida del Papa, quedó metido en esta enorme ruptura que hace que, si se toman los temas en la mesa de conversación de las familias, en las conversaciones de amigos, en las conversaciones empresariales, inmediatamente las confrontaciones pueden llegar a niveles bárbaros: las familias se dividen, los amigos se acaban, las empresas familiares se rompen. El Papa con su capacidad de liderazgo, que está más allá de todas estas cosas, puede traer un mensaje que permita que superemos estas realidades.

Para explicarlo en una forma que sea comprensible, estoy seguro que estamos viviendo un momento hondo de trauma social – tal como se define en la sociología – y me explico: el trauma se produce porque el país en muchas regiones y por todos lados ha sido golpeado por la barbarie de la guerra. Hay mucho dolor y mucha rabia, hay muchas memorias impresionantes. Ese golpe cambió a Colombia. Colombia es otra después de la guerra vivida, lo que se une también a lo que fueron los tiempos de la violencia en los años cincuenta, y esto está en el fondo del terror en Colombia. Pero eso no es lo que produce el trauma. Lo que produce el trauma son los relatos que sobre ese golpe terrible se hicieron. Los relatos que son manejados por los grupos que tienen el poder de controlar la opinión pública, de manejar el sentido de la sociedad. Son relatos muy fuertes y muy contradictorios. Relatos que también son manejados por los grupos armados que tenían que constreñir a la gente a pensar de una manera y no de otra. Esos relatos son muy duros, y son los que destruyen el tejido social y rompen la posibilidad de que nosotros vivamos en una comunidad nacional con un sentido de “nosotros”, “nosotros los colombianos”, porque se trata de relatos muy excluyentes y extremadamente duros, en los que el otro no tiene lugar y no se le puede recibir.

Lo bello de la venida del Papa es que puede ayudarnos a superar esto y a colocarnos en la comprensión de que aquí tenemos que ser hermanos unos y otros. Unidos por Dios, para hablar en términos del Papa, en la belleza de este territorio con un destino común para construir juntos una nación. Es sobre todo en ese sentido que muchos esperaríamos que con sus palabras, con sus gestos, con sus expresiones simbólicas, que son tan elocuentes, nos ayude a captar ese “nosotros” que hemos perdido.

¿Cuál es la importancia de la dimensión del perdón en este proceso de diálogo, de comprensión y de escucha al otro, en este momento tan difícil pero también “esperanzador” en la historia de Colombia?

Me parece muy importante la pregunta porque nosotros, en alguna forma, en el proceso con las FARC en la Habana lo que tuvimos fue un sendero o un proceso de reconciliación política, en que las FARC pedían unas cosas y se les concedían otras, siempre y cuando ellos además entregaran otras. Por ejemplo, ellos decían: “pedimos que se nos deje participar en política” y el Estado decía: “sí, es posible, pero ustedes tienen que dejar las armas”. Las FARC pedían: “pero nosotros no queremos ir a la cárcel”, y entonces el Estado decía: “sí, pero si se someten a una justicia especial en la que tienen que decir la verdad y restaurar las víctimas”. Así se fueron haciendo ajustes de una “conciliación”, que produce lo en latín se llama un quid pro quo, es decir algo por algo: ustedes entregan estas cosas y nosotros concedemos esto, pero exigimos esto otro. Es un proceso en que simplemente se busca “parar” la guerra.

Ahora hemos entrado en un proceso mucho más complejo, podemos hablar de ya eso, de la construcción de la paz. En Colombia es absolutamente necesario el perdón. En muchos procesos de paz en el mundo ha bastado que haya un proceso de conciliación y de reconciliación política: aquí no. Aquí los odios son muy profundos, como los apetitos de venganza, es decir, las exigencias del “ojo por ojo”. Una señora después de que tuvo a su marido secuestrado por cinco años, a quien posteriormente mataron, me decía: “mientras que a esos … de las FARC no los hagan sufrir lo mismo que ellos me hicieron sufrir a mí y a mi familia, yo no acepto nada con ellos y no les perdono”. Es en ese contexto en que el perdón cristiano en Colombia toma un papel muy importante.

Podría ser solamente el perdón cívico, que es el perdón civil. La virtud civil del perdón es para que podamos tener futuro, depongamos el odio y el apetito de venganza. Eso nos va a curar, nos va a sanear de una verdadera enfermedad social; es sano para el país y para cada persona individual deponer los odios: ése es el perdón cívico.

Pero creo que el Papa puede hablar muy claramente a Colombia desde el perdón cristiano, porque las tradiciones cristianas en Colombia son profundísimas, al igual que en México. En eso nos parecemos a México, a España, a Polonia, a Italia. Y aquí la vibración por la tradición cristiana es muy honda.

Ahora, como todos sabemos, el perdón cristiano se basa en que todos y todas hemos sido perdonados por Dios, Él nos ha regalado el perdón gratuitamente incluso antes de que nosotros se lo pidiéramos. Sabe que hemos fallado muchas veces y que vamos a volver a fallar, y sin embargo, nos perdona. Y éste es un país en el que todos tenemos las manos sucias, y quiero ser muy claro: todos somos responsables de lo que ha pasado en Colombia. Son responsables los políticos, los presidentes de la República, los miembros del congreso, los miembros de la Iglesia. Son responsables las escuelas, son responsables los empresarios, los campesinos. Todos somos responsables de lo que ha pasado, por lo que hemos hecho y por lo que hemos dejado de hacer. Creo que – sobre todo para nosotros que tenemos una responsabilidad religiosa – el pecado de omisión es una realidad. Y el pecado de omisión es el que Jesús más fustiga en la parábola del juicio final «váyanse ustedes malditos al fuego eterno porque tuve hambre y no me disteis de comer; tuve sed y no me disteis de beber; era peregrino y no acogisteis; estaba desnudo y no me vestisteis, enfermo y en la cárcel y no me visitasteis» (Mt 25, 34-36).

Nosotros hemos tenido muchas omisiones y necesitamos perdonar y ser perdonados. Es así como los elementos del perdón cristiano, aquí caben muy profundamente y el Papa lo sabe.

Perdón, es importante repetirlo, no significa que olvidamos lo que pasó. Al contrario, significa que vamos a mantener la memoria viva de las cosas espantosas que ocurrieron justamente para que jamás vuelvan a ocurrir y para comprender que asumimos las responsabilidades de las cosas que sucedieron.

Perdón no significa dejar sin reparar a las víctimas. Al contrario, implica una decisión muy grande de sanear los dolores no solamente moralmente si no también materialmente.

Perdón no significa que no haya justicia: por eso se hace la justicia especial para la paz en la que los victimarios, como parte de la sentencia tienen que trabajar en la reparación de las personas que sufrieron por culpa de ellos.

Lo que perdón significa y es en lo que el Papa nos tiene que ayudar, es que nos decidimos a deponer los apetitos de venganza, desterramos del corazón los odios, y la necesidad de hacer sufrir al otro en la medida en que nos hizo sufrir , el ojo por ojo diente por diente.

Significa cosas muy hondas que nosotros necesitamos en Colombia: recibir a la persona que nos hizo mal y decirle que estamos dispuestos a nunca hacerles mal, ni a los paramilitares, ni a los de las FARC, ni a los políticos que nos hicieron mal, y esto porque estamos dispuestos a perdonarles. Decirles que estamos dispuestos a acogerles en nuestra sociedad, y que ellos pueden sacar adelante sus proyectos entre nosotros. Y ya, más a fondo, saltando a lo cristiano, a lo que nosotros hacemos en el perdón cristiano, decirles que estamos dispuestos a ser amigos de ellos, que vamos construir la caridad y a poner el amor por encima de todas las cosas y, finalmente, a apostarlo todo, como lo hace Jesús en la cruz, como cuando estaba ante sus victimarios, cuando hubiera podido hacer el gran discurso contra los perpetradores de los crímenes, contra los grandes torturadores, y, sin embargo, Jesús solamente delante de ellos dice: «Padre, Dios misericordioso, perdónales porque no saben lo que hacen».

Eso es lo que esperamos del Papa y es un mensaje en lo que nos puede ayudar muchísimo en un momento que Colombia necesita que se hagan actos de perdón.

Quiero decirles que eso viene ocurriendo. Hemos visto a las FARC pidiendo perdón en Bojayá, y terminar diciendo después de esa masacre en la que murieron 73 personas por una bomba de las FARC: “hemos llegado aquí para reconocer que somos responsables y a pedir perdón. Ojalá algún día ustedes nos perdonen”.

Les oímos decir lo mismo de la iglesia de San Francisco en Cali; a familias de los diputados del Valle del Cauca que fueron asesinados por ellos; hemos visto cómo el comandante de las FARC ha dicho “nosotros los matamos nosotros los teníamos en nuestras manos, nosotros los matamos somos responsables y pedimos perdón”.

Los hemos visto pedir perdón a las 193 víctimas del fuerte Nogal y 33 muertos, en donde llegaron para decir “nosotros aceptamos la plena responsabilidad como Secretariado Ejecutivo de las FARC, nosotros lo hicimos y aceptamos no sólo la responsabilidad de hacer reparación moral, sino de hacer reparación material”.

Éstos actos tienen que multiplicarse en Colombia y pasar por todas partes en el país, y supone realmente una conversión del país. Por eso la venida del Papa tiene que estar acompañada de mucha oración para que lleguemos en la sinceridad del corazón a transformarlo nosotros a una verdadera “metanoia”, se dice en griego, es decir una transformación interior profunda.

En la reconstrucción de este tejido social cabe destacar la importancia del diálogo y de la comunicación: saber “comunicar” el perdón. ¿Cuál es el rol que desempeña la Iglesia Católica en ese sentido y cuál es la responsabilidad social de los medios de comunicación en general?

Mi sentir es que la Iglesia en ese punto ha sido muy clara, no sólo porque tiene muy claro lo que significa el perdón profundo en la forma en que el Evangelio lo hace, sino también por la práctica misma de la Iglesia en todas partes. Con todo quisiera hacer una pequeña anotación que me parece importante y que esperaría también del Papa: la Iglesia, como toda la sociedad colombiana, ha quedado atrapada en estos relatos que nos hieren tan profundamente y que se han convertido en causas políticas que ahora preparan las próximas elecciones.

Y quiero llamar la atención porque la Paz -el Papa nos trae un mensaje de paz y de perdón- la paz, el perdón, la verdad y la justicia son valores del Evangelio y también valores sociales y morales para todo el mundo; y los valores son el campo de las cosas por las cuales luchamos gratuitamente: uno da la vida gratis por la justicia y no espera que alguien le pague por eso. Uno da la vida por la verdad, y no espera ni premios ni recompensas. Uno da la vida por la paz, y no espera que le den premios ni fotos, ni nada. Sino que si no, no podemos vivir, nuestra vida humana no tiene sentido. Pero estas cosas por las que luchamos gratuitamente cuando se vuelven política, y cuando nos metemos y permitimos que la paz se convierta en política, hace que las cosas se confundan, porque en política no hay nada gratis: todo lo que usted gana yo lo pierdo y yo no le puedo dejar ganar nada.

Por eso necesitamos sacar la paz de la política en Colombia y mostrar que es un ideal profundo y querido por Dios: es el mensaje de Jesús en la Resurrección «la paz sea con ustedes». Esperamos que el Papa nos ayude en esto, y ésta es la paz que está vinculada con el perdón.

Respecto a los medios de comunicación, desafortunadamente los medios han caído atrapados en estos relatos que son relatos excluyentes en Colombia, si bien hay excepciones. Desafortunadamente como todos estamos metidos en este trauma, incluso yo, que les estoy hablando como colombiano, es tan importante la intervención de una persona externa como el Papa. Nosotros todos estamos en el trauma y difícilmente podemos hablar, pronunciarnos, hacer actividades públicas, incluso dentro del mundo religioso, sin que se nos mezcle de una u otra forma el trauma que llevamos por dentro, y entonces suscitamos aversiones, rupturas. Hemos visto por ejemplo la televisión aprovechando imágenes de archivo después de dar una noticia sobre la paz, para inmediatamente suscitar la desconfianza o el odio sobre los que están pretendiendo hacer la paz, con la invitación a que nadie crea. Esto ha sido muy común en todo este tiempo, y yo también esperaría que todo esto nos ayude a cambiar entre nosotros y a ponernos en otra perspectiva, en la de que tenemos que construir el nosotros, y esperamos que el Papa nos ayude a ponernos en marcha con lo que hemos llamado “el primer paso”.

El pueblo colombiano tiene una característica de fe y de acogida que podemos verlo en lo que está sucediendo con los desplazados de Venezuela. ¿Cuál es la situación en relación a los migrantes que están llegando desde ese hermano país?

El pueblo colombiano justamente, porque ha sufrido tanto, inmediatamente se llena de compasión por los que sufren. Las víctimas son las únicas que nos ayudan a salir de nuestras polarizaciones, porque saben de lo que somos capaces los seres humanos. Por eso hoy en día hay una gran compasión por lo que pasa en Venezuela y una gran sensibilidad.

Aquí en Medellín nos llenamos de deseo de ayudar y de compasión, cuando uno encuentra migrantes en la calle vendiendo arepas venezolanas a la hora del desayuno, que es la forma en que se están procurando un modo de vivir. En general el país está profundamente abierto. Tenemos más de medio millón de venezolanos entrados en los últimos meses, y seguramente llegaran más. Por supuesto que también hay polémicas y no faltan políticos que, para ganar en este momento reconocimiento, protestan. Incluso hay alguno pidiendo cerrar las fronteras, lo que no es el sentir de la mayoría de la inmensa mayoría de Colombia, que sabe que el pueblo venezolano está sufriendo y quiere acompañarlo.

Si esperaríamos, a mí me parece importante, posiblemente no públicamente, pero sí sentimos que todo lo que pueda hacer el Papa y hasta donde pueda ir mas allá para contribuir a la solución del caso venezolano “se dé”, porque Venezuela también es un país católico y no le va a poner atención a los Estados Unidos ni a la OEA, pero sí al Papa.

Es una situación que agrava las cosas en Colombia, no solo porque hace difícil el proceso de paz colombiano, en particular aquel con el Ejército de Liberación Nacional que tiene sus hombres allá, sino que también complica la situación social en Colombia, tensa la frontera y puede llevarnos a que se produzcan desgracias muy grandes si se consolidan coaliciones internacionales con las que, por causa de estas dinámicas perversas que no podemos controlar, los seres humanos puedan “incendiar” ese territorio. Hay tiempo para actuar, y una palabra y las gestiones diplomáticas, que seguramente el Papa ya está haciendo, y todo lo que ponga el Santo Padre en este momento, es crucial para el futuro de los dos países.

A partir de Venezuela y del contexto Latinoamericano en general, por una parte ¿cómo influirá el acuerdo de paz en el continente? Y por la otra, ¿en punto se encuentra el diálogo con el ELN? ¿Representa un riesgo para la Paz o es un actor independiente a este proceso?

Es evidente que el proceso de paz de Colombia tiene muchos efectos en el continente, porque la falta de estabilidad en Colombia es una cosa muy curiosa: Colombia ha mantenido un crecimiento más o menos estable en orden del 4.5 anual durante los 50 años de guerra, incluso durante la crisis del año 2008, 2009 y 2010 en el mundo. Es decir, es una economía fuerte, estable, y sin embargo ha tenido este problema durísimo de los 8 millones de víctimas que ha detenido muchas inversiones en Colombia, y que ha hecho sin embargo la realidad de un proceso social y económico tallado de dolor en una forma descomunal. La transformación de ese dolor en Colombia y la consolidación de una democracia abierta y la posibilidad de enfrentar los problemas que nunca resolvimos, como la inequidad social, la corrupción, la destrucción del medio ambiente, nos hermana mucho con el resto del continente que está luchando por estos propósitos en los que nosotros no habíamos podido participar con vigor, porque estábamos ocupados en la guerra.

Con respecto a Venezuela y el Ejército de Liberación Nacional, lo que ocurre es que los comandantes importantes del ELN están en Venezuela y el ELN es importante en algunas regiones de Venezuela. Mientras la inestabilidad continúe en Venezuela, mi sentir – puedo estar equivocado y es una opinión personal – , es que el Ejército de Liberación Nacional encontrará un espacio político que le es propicio, y que le permite mantenerse allá. Si bien es cierto que esto es una rebelión sobre Colombia, no son completamente aliados con el gobierno de maduro. No sé si el gobierno de Maduro es aliado de ellos, pero creo que sin el apoyo venezolano no hubieran podido mantenerse en el territorio venezolano, y las circunstancias serían muy distintas. De ahí la importancia que se resuelva el problema de Venezuela para que se resuelva el problema de Colombia con el ELN.

El Ejército de Liberación Nacional es una guerrilla mucho más pequeña que las FARC – puede tener en este momento unos 1500, 1800 hombres en armas – y tienen un apoyo social muy fuerte que puede llegar a las 250.000 personas, que no es armado, es decir, que no está en la guerra propiamente dicha, pero que constituye comunidades que participan en su ideología política, siendo de alguna forma partidaria de que estas comunidades tengan una retaguardia armada que los apoye. Lo que quiero decir es que el Ejército de Liberación Nacional tiene mucha influencia política. Es una influencia parcial, en números posiblemente no es muy grande para un país de casi 50 millones de habitantes, pero es significativo.

¿Cuánto tiene que ver el narcotráfico en esto?

El narcotráfico está en el corazón de las rupturas y de las violencias colombianas y ha sido el foco de alimentación y si se quiere, el eje. La producción de la coca ha estado en la base de la consecución de los recursos tanto para el paramilitarismo colombiano, que sido un paramilitarismo absolutamente narcotraficante, como en la consecución de recursos por parte de la insurgencia para mantenerse en armas ante el Estado colombiano, y por eso cuesta descentrar la solución de la coca en el acuerdo con las FARC, que es el tercer punto del acuerdo y sobre el que estamos con la esperanza de que pueda a ir muy lejos. Pero hoy en día, comandantes locales del ELN continúan vinculados. No son “carteles del narcotráfico”, pero sí están vinculados a las ganancias que producen las siembras y el transporte de la coca y lo mismo de la minería legal. Por supuesto si el ELN mantiene la guerra será un atractivo para que muchachos desilusionados en el proceso de las FARC que ven que el gobierno no les cumple o no les asegura un futuro claro inmediatamente, pues vayan hacia allá y se vuelva levantar un movimiento guerrillero que en el fondo pues, fortalezca el que el ELN lleva consigo.

Por eso tenemos tantas expectativas con lo que está pasando en Quito y por eso también esperaríamos a que el Papa nos ayude a que el proceso hacia el cese al fuego bilateral y la suspensión de las hostilidades a la población civil se logre consolidar en Quito. El ELN tiene muchísimo respeto al Papa y en general a la Iglesia, pues tiene la historia del padre Camilo Torres y de otros cinco sacerdotes que participaron en sus filas. Y particularmente a Francisco le tienen muchísimo respeto y profundísima credibilidad. Creo que una palabra del Papa al ELN puede tener un efecto muy hondo en sus hombres. El ELN tiene mucha gente inteligente. Necesitamos que dejen las armas y que esos ideales que tienen de justicia social vengan a hacerlos en Colombia con tranquilidad en la lucha política dentro de una democracia que necesita también posiciones, una izquierda seria democrática dispuesta a transformar este país, en donde quepan los pensamientos de todos, pero en donde se respete al ser humano y no nos matemos por política.

¿Un mensaje al pueblo colombiano?

Quisiera invitar a todos a que tengamos confianza en el futuro, no solamente porque nuestro pueblo, como las víctimas nos lo han enseñado, tiene desde el fondo del dolor una determinación muy grande de salir adelante y de volver a creer los unos en los otros, y confianza en que este país que lo podemos hacer como un día lo soñaron los abuelos para que sea el país de los nietos. Pero que además tengamos confianza en que el Papa nos va a dar una fuerza nueva para que eso sea posible. Las cosas que han pasado, me refiero a el proceso de paz y al proceso que viene haciéndose con el ELN, lejos de llevarlos al pesimismo porque son dificultades serias las que hay que enfrentar para poder salir adelante, nos deben llenar de confianza en que somos capaces, y de que independientemente de quién quede como presidente en Colombia el año entrante, vamos a sacar adelante este país y vamos a tener un país en donde las armas desaparecieron definitivamente de la política y  podemos construir lo que Dios puso en nuestras manos cuando nos juntó en nuestra comunidad de Colombia.

http://www.periodistadigital.com/religion/america/2017/09/09/francisco-de-roux-sj-la-paz-con-las-farc-esta-consolidada-religion-iglesia-dios-jesus-papa-francisco-fe-reconciliacion-perdon-dialogo-herida-dolor-sociedad.shtml

“Todos, de un modo u otro, también somos víctimas. Inocentes o culpables, pero todos víctimas”


Francisco saluda a víctimas y victimarios

El Papa preside un emocionante encuentro de reconciliación en Villavicencio

“Colombia, déjate reconciliar. Es hora de sanar heridas, tender puentes, limar diferencias”

Jesús Bastante, 09 de septiembre de 2017 a las 00:28

Es la hora para desactivar los odios y renunciar a las venganzas y abrirse a la convivencia basada en la justicia, la verdad y la creación de una verdadera cultura del encuentro fraterno. Que podamos habitar en armonía y fraternidad

Una de las intervenciones/>

Una de las intervenciones

(Jesús Bastante).- Cuando dentro de muchos años, los fieles hablen sobre el pontificado de Francisco, resultará imposible no recordar el momento vivido esta noche en el Parque Las Malocas de Villavicencio. La emoción de un Papa que escuchaba, visible conmovido, las palabras de víctimas y victimarios, a los pies de la rotunda imagen del Cristo de Bojayá, una figura sin brazos ni piernas, destruida en una explosión durante los combates entre las FARC y los paramilitares en 2002. Aquel día, en el templo, murieron 79 personas.

El Cristo mutilado fue testigo mudo de las experiencias de cuatro personas, reflejo del dolor y el sufrimiento de un país, pero también de sus ganas de levantarse y construir un mundo nuevo, donde la paz, la justicia y la misericordia venzan al odio, la venganza y la enemistad. Los distintos conflictos en Colombia se han cobrado la vida de 8.432.104 personas. “Todos ellos víctimas“, como recordó el Papa en su alocución.

Sin lugar a dudas, el testimonio más impactante vino de la mano de Pastora Mira García, quien a lo largo de los años sufrió el asesinato de su padre y de su marido, el secuestro y muerte de su hija y el asesinato de su otro hijo. Que cuidó “al asesino de mi padre, que estaba enfermo, anciano y abandonado”. Y que desde 2004 viene acompañando a familias víctimas de los secuestros, como ella misma. Durante siete años esperó el regreso de su hija, en vano. Su hija, que regaló una camisa a su otro hijo, muerto en 2005, tres días antes de que su asesino llegara a su casa malherido y le revelara cómo lo habían torturado antes de matarlo.

 

 

Y sin embargo, en su mirada, la misma del Cristo de Bojayá, sólo se veía un deseo, el de la paz. “Coloco el dolor y el sufrimiento de las miles de víctimas a los pies de Jesús, para que lo una al suyo, y sea transformado en bendiciones y capacidad de perdón para romper el ciclo de violencia que en las últimas cinco décadas ha sufrido Colombia”, señalaba Pastora, que quiso entregar, junto a la vela que cada uno de los intervinientes colocaban al lado de la imagen, la camisa que su hija entregó a su hermano, “como auspicio de que eso nunca vuelva a ocurrir, y que la paz triunfe en Colombia”.

Antes, Juan Carlos Murcia, que fue reclutado por las FARC y perdió su mano izquierda manipulando explosivos; o Desisy Sánchez, reclutada para las autodefensas unidas de Colombia; o Luz Dary, víctima de las minas antipersonas. Juntos, víctimas y victimarios, que no se resignaron a vivir llenos de odio.

En sus palabras, el Papa parecía no saber qué decir, más que reconocer el gesto de sus cuatro interlocutores. “Vengo aquí con respeto y con una conciencia clara de estar, como Moisés, pisando un terreno sagrado. Una tierra regada con la sangre de miles de inocentes, heridas que cuesta cicatrizar y que nos duelen a todos, porque cada violencia cometida contra un ser humano es una herida en la carne de la Humanidad”.

“Estoy aquí no tanto para hablar yo, sino para estar cerca de ustedes, mirarlos a los ojos, para escucharlos, abrir mi corazón a vuestro testimonio de vida y de fe”, proclamó el Papa, quien deseó “llorar con ustedes”. “Quisiera que recemos juntos y que nos perdonemos. Yo también tengo que pedir perdón. Y que así todos juntos podamos mirar y caminar hacia adelante, con fe y esperanza”.

Mirando al Cristo de Bojayá, “mutilado, herido”, el Papa puso a todas las víctimas del conflicto. “Ya no tiene brazos, y su cuerpo ya no está, pero conserva su rostro, y con él nos mira y nos ama. Cristo roto y amputado, para nosotros, es más Cristo aún, porque nos muestra una vez más que él vino para sufrir por su pueblo y con su pueblo“.

 

 

 

 

“Y para enseñarnos, también, que el odio no tiene la última palabra, que el amor es más fuerte que la muerte y la violencia”, y que se puede transformar el dolor en vida, “para que aprendamos la fuerza del perdón, la grandeza del amor”.

“Estoy conmovido, son historias de sufrimiento y amargura, pero también y sobre todo historias de amor y perdón, que nos hablan de vida y esperanza, de no dejar que el odio la venganza y el dolor se apoderen de nuestro corazón”, añadió el Papa, quien dio las gracias “por el testimonio de los que han inflingido dolor y piden perdón, de los que han sufrido injustamente, y perdonan. Eso ya es un signo enorme de que quieren restaurar la paz y la concordia en esta tierra colombiana”.

Dirigiéndose a Pastora Mira, el Papa sostuvo que “la violencia engendra violencia, y la muerte más muerte. Tenemos que romper esa cadena, y eso solo es posible con el perdón y la reconciliación concreta“. Es Cristo quien “te ha dado esa fuerza para perdonar y para amar, y para ayudarte a ver en la camisa que tu hija regaló a tu hijo no sólo el recuerdo de sus muertes, sino la esperanza de que la paz triunfe definitivamente en Colombia. Gracias, gracias”.

 

 

Refiriéndose a Luz Dary, mutilada por las minas, Francisco subrayó que “las heridas del corazón son más profundas y difíciles de curar que las del cuerpo”. La mujer entregó al Cristo una de sus muletas, y Bergoglio reconoció que “ese andar espiritual no necesita violencia, es rápido y firme porque piensas en los demás y en ayudarlos”.

Finalmente, y sobre los testimonios de Daisy y Juan Pablo, el Papa indicó que “todos, de un modo u otro, también somos víctimas. Inocentes o culpables, pero todos víctimas, los de un lado y los del otro, todos víctimas. Todos unidos en esa pérdida de humanidad que supone la violencia y la muerte”.

No todo está perdido. Hay esperanza para quien hizo el mal“, concluyó Bergoglio, quien recordó que “en Colombia todavía hay espacio para la cizaña, no nos engañemos. Estén atentos a los frutos, cuiden el trigo, no pierdan la paz por la cizaña”.

 

 

“No impidamos que la justicia y la misericordia se unan en un abrazo. Sanemos aquel dolor y acojamos a todo ser humano que cometió delitos, los reconoce, se arrepiente y se compromete a reparar, contribuyendo a la contribución de un orden nuevo donde brille la justicia y la paz”, culminó. Porque “en todo este proceso largo, difícil pero esperanzador de la reconciliación, resulta indispensable asumir la verdad. Es un desafío grande pero necesario. La verdad es compañera inseparable de la justicia y la misericordia. Las tres son imprescindibles para construir la paz”.

Ante eso, incidió en que la verdad “no debe conducir a la venganza, sino a la reconciliación y al perdón“, pues “verdad es contar a las familias desgarradas por el dolor lo que ha ocurrido con sus parientes desaparecidos, contar qué pasó con los menores reclutados, reconocer el dolor de las mujeres víctimas de la violencia y de abuso”.

Colombia, abre tu corazón de pueblo de Dios, déjate reconciliar. Es hora de sanar heridas, de tender puentes, de limar diferencias. Es la hora para desactivar los odios y renunciar a las venganzas y abrirse a la convivencia basada en la justicia, la verdad y la creación de una verdadera cultura del encuentro fraterno. Que podamos habitar en armonía y fraternidad”.

 

 

Tras el encuentro y la bendición, el Papa se detuvo en la Cruz de la Reconciliación en el Parque de los Fundadores, donde tras rezar por espacio de diez minutos, plantó un árbol junto tres niños, como símbolo de la paz entre los pueblos y la reconciliación que tanto ansía Colombia. Después, el “Pastor Uno” reemprendió vuelo hacia Bogotá, donde Francisco descansará. Próxima etapa: Medellín.

 

 

Por su interés, les ofrecemos los cuatro testimonios:

 

 

1) – Testimonio de Juan Carlos Murcia Perdomo (por 12 años en las FARC) sobre la Verdad

Papa Francisco,
Soy Juan Carlos Murcia Perdomo, provengo del Caquetá y por 12 años he estado en las FARC. Cuando me reclutaron tenía dieciséis años; después de poco tiempo perdí la mano izquierda, manipulando explosivos.
Al inicio colaboré con convicción en la causa de la revolución. Así, fui promovido a comandante de escuadra con la tarea de acercarme a la población para ilustrarla sobre la doctrina de nuestro grupo alzado en armas. Con el tiempo, sin embargo, me sentí frustrado y utilizado. Al mismo tiempo, sentía una ansiosa nostalgia por mis padres, de los cuales me habían obligado a perder cualquier rastro.
A pesar de que me enseñaron que el único verdadero Dios son las armas y el dinero, no perdí del todo la fe y Dios me hizo comprender que la violencia no es verdad y que debía salir de la selva más profunda, la de mi corazón esclavizado por el mal, si quería vivir feliz. Percibía que la verdadera revolución traía consigo, ante todo, que asumiera la verdad sobre mí mismo, como también la aceptación de las obligaciones de la justicia respecto a mí y la demostración de que definitivamente he cambiado.
De este modo nació Funddrras, una Fundación para el desarrollo del deporte: al inicio doce, y ahora setenta jóvenes, a quienes, a través del deporte, ayudo a no ser reclutados ni por las armas ni por las drogas. Ellos me han enseñado muchas cosas y yo he buscado trasmitirles a ellos la pasión por la verdad y la libertad.
Con esta misma pasión he aceptado dar hoy mi testimonio. Puedo pedir así una vez más perdón, mi corazón se desahoga y me siento más libre.

 

 

2) – Testimonio de Deisy Sánchez Rey (reclutada para las Autodefensas Unidas de Colombia) sobre la Justicia

Santidad,
Me llamo Deisy Sánchez Rey y provengo de Barrancabermeja, Santander. A los 16 años fui reclutada por mi hermano para las Autodefensas Unidas de Colombia. Por 3 años abracé las armas, desempeñándome sobre todo en las comunicaciones, hasta cuando fui arrestada.
Después de más de dos años de cárcel quería cambiar de vida, pero las AUC me obligaron a entrar nuevamente en sus filas, donde permanecí hasta cuando se desmovilizó el Bloque Puerto Boyacá, del cual era integrante.
En mi familia no todos son católicos, pero personalmente permanecí cercana a la Iglesia y, en la Eucaristía dominical, encuentro ahora consuelo y una orientación para el futuro. He comprendido, por ejemplo, aquello que ya sentía desde hacía tiempo, o sea que yo misma había sido una víctima y tenía necesidad de que me fuese concedida una oportunidad. He aceptado también que era justo que aportase a la sociedad, a la cual había hecho daño gravemente en el pasado. Así, decidí estudiar sicología y ahora aporto al trabajo con población víctima de la violencia y ayudo profesionalmente a jóvenes vulnerables y personas adultas en rehabilitación por consumo de sustancias psicoactivas.
Pido al Señor, y a Usted Santo Padre, que rece para que los victimarios se dignifiquen a sí mismos, y a las víctimas, dándoles la cara, mostrándose disponibles a saldar sus deudas con la justicia y a contribuir positivamente a la sociedad que han lacerado. ¡Muchas gracias!

 

 

3) – Testimonio de Luz Dary Landazury (víctima de la explosión de un artefacto) sobre la Misericordia

Papa Francisco,
Soy Luz Dary Landazury. El 18 de octubre del 2012 la explosión de un artefacto puesto por la guerrilla en los alrededores de Tumaco, en el Océano Pacífico colombiano, acabó irremediablemente con mi talón de Aquiles, fracturó mi tibia y el peroné y puso en riesgo de amputación mi pierna izquierda. Las esquirlas provocaron decenas de heridas en mi cuerpo. De aquel día recuerdo solo los gritos de la gente y que había sangre por todas partes. Lo que más me aterrorizaba era la suerte de Luz Ariana, mi niña de 7 meses: ella estaba cubierta de sangre y en su rostro se le habían incrustado innumerables pedazos de vidrio.
Ahora Luz Ariana está bien y yo me he recuperado lentamente, gracias a Dios, a través de la Diócesis de Tumaco. Hoy deseo ofrecer a Cristo crucificado la única muleta que me queda después del atentado y que he usado para la recuperación. La segunda la he regalado a otra víctima, que la necesitaba urgentemente.
Aquella bomba es como si hubiera estallado también dentro de mi corazón, para permitirme curar las heridas mucho más profundas que aquellas de la piel. Al inicio sentía rabia y rencor, pero después he descubierto que, si me limitaba a transmitir este odio, creaba más violencia todavía. He entendido que muchas víctimas tenían necesidad de descubrir, por medio de mi experiencia, que tampoco para ellas había terminado todo y que no se puede vivir del rencor. Así he comenzado a visitarles y a ayudarles, me he preparado para enseñar a prevenir el riesgo de accidentes por los millones de minas sembradas en nuestro territorio, y ahora me siento mejor. Doy gracias a Dios por haber comprendido que ayudar a los demás no es tiempo perdido, sino que me enriquece.

 

4) – Testimonio de Pastora Mira García (víctima de la violencia) sobre la Paz

Santidad,
Me llamo Pastora Mira García, soy católica, viuda y, en varias ocasiones, víctima de la violencia. Cuando tenía 6 años, la guerrilla y los paramilitares no habían llegado todavía a mi pueblo: San Carlos, Antioquia. Mi padre fue matado. Años más tarde, pude cuidar a su asesino, quien, en ese momento, se había enfermado, era ya anciano y estaba abandonado.
Cuando mi hija tenía solo 2 meses, mataron a mi primer marido. En seguida, entré a trabajar en la inspección de policía, pero tuve que renunciar por las amenazas de la guerrilla y los paramilitares, que se habían instalado en la zona. Con muchos esfuerzos logré montar una juguetería, pero la guerrilla empezó a cobrarme vacunas, por lo cual terminé regalando las mercancías.
En 2001, los paramilitares desaparecieron a mi hija Sandra Paola; emprendí su búsqueda, pero encontré el cadáver solo después de haberlo llorado por 7 años. Todo este sufrimiento me ha hecho más sensible al dolor ajeno y, a partir de 2004, trabajo con las familias de las víctimas de desaparición forzada y con los desplazados.
¡Pero no todo estaba aún cumplido! En 2005, el Bloque Héroes de Granada, de los paramilitares, asesinó a Jorge Aníbal, mi hijo menor. Tres días después de haberlo sepultado, atendí, herido, a un jovencito y lo puse a descansar en la misma cama que había pertenecido a Jorge Aníbal. Al salir de la casa, el joven vio sus fotos y reaccionó contándome que era uno de sus asesinos y cómo lo habían torturado antes de matarlo. Doy gracias a Dios que, con la ayuda de Mamita María, me dio la fuerza de servirle sin causarle daño, a pesar de mi indecible dolor.
Ahora coloco este dolor y el sufrimiento de las miles de víctimas de Colombia a los pies de Jesús Crucificado, para que se una al suyo y, a través de la plegaria de Su Santidad, sea transformado en bendición y capacidad de perdón para romper el ciclo de violencia de las últimas 5 décadas en Colombia. Como signo de esta ofrenda de dolor, depongo a los pies de la cruz de Bojayá la camisa que Sandra Paola, mi hija desaparecida, había regalado a Jorge Aníbal, el hijo que me mataron los paramilitares. La conservamos en familia como auspicio de que todo esto nunca más vaya a ocurrir y la paz triunfe en Colombia.
Dios transforme el corazón de quienes se niegan a creer que con Cristo todo puede cambiar y no tienen la esperanza de un país en paz y más solidario.

 


 

Este fue el discurso del Papa:

 

Queridos hermanos y hermanas:
Desde el primer día he deseado que llegara este momento de nuestro encuentro. Ustedes llevan en su corazón y en su carne las huellas de la historia viva y reciente de su pueblo, marcada por eventos trágicos pero también llena de gestos heroicos, de gran humanidad y de alto valor espiritual de fe y esperanza. Vengo aquí con respeto y con una conciencia clara de estar, como Moisés, pisando un terreno sagrado (cf. Ex 3,5). Una tierra regada con la sangre de miles de víctimas inocentes y el dolor desgarrador de sus familiares y conocidos. Heridas que cuesta cicatrizar y que nos duelen a todos, porque cada violencia cometida contra un ser humano es una herida en la carne de la humanidad; cada muerte violenta nos disminuye como personas.
Y estoy aquí no tanto para hablar yo sino para estar cerca de ustedes y mirarlos a los ojos, para escucharlos y abrir mi corazón a vuestro testimonio de vida y de fe. Y si me lo permiten, desearía también abrazarlos y llorar con ustedes, quisiera que recemos juntos y que nos perdonemos -yo también tengo que pedir perdón- y que así, todos juntos, podamos mirar y caminar hacia delante con fe y esperanza.
Nos reunimos a los pies del Crucificado de Bojayá, que el 2 de mayo de 2002 presenció y sufrió la masacre de decenas de personas refugiadas en su iglesia. Esta imagen tiene un fuerte valor simbólico y espiritual. Al mirarla contemplamos no sólo lo que ocurrió aquel día, sino también tanto dolor, tanta muerte, tantas vidas rotas y tanta sangre derramada en la Colombia de los últimos decenios. Ver a Cristo así, mutilado y herido, nos interpela. Ya no tiene brazos y su cuerpo ya no está, pero conserva su rostro y con él nos mira y nos ama. Cristo roto y amputado, para nosotros es «más Cristo» aún, porque nos muestra una vez más que Él vino para sufrir por su pueblo y con su pueblo; y para enseñarnos también que el odio no tiene la última palabra, que el amor es más fuerte que la muerte y la violencia. Nos enseña a transformar el dolor en fuente de vida y resurrección, para que junto a Él y con Él aprendamos la fuerza del perdón, la grandeza del amor.
Agradezco a estos hermanos nuestros que han querido compartir su testimonio, en nombre de tantos otros. ¡Cuánto bien nos hace escuchar sus historias! Estoy conmovido. Son historias de sufrimiento y amargura, pero también y, sobre todo, son historias de amor y perdón que nos hablan de vida y esperanza; de no dejar que el odio, la venganza o el dolor se apoderen de nuestro corazón.
El oráculo final del Salmo 85: «El amor y la verdad se encontrarán, la justicia y la paz se abrazarán» (v.11), es posterior a la acción de gracias y a la súplica donde se le pide a Dios: ¡Restáuranos! Gracias Señor por el testimonio de los que han infligido dolor y piden perdón; los que han sufrido injustamente y perdonan. Esto sólo es posible con tu ayuda y presencia. Eso ya es un signo enorme de que quieres restaurar la paz y la concordia en esta tierra colombiana.
Pastora Mira, tú lo has dicho muy bien: Quieres poner todo tu dolor, y el de miles de víctimas, a los pies de Jesús Crucificado, para que se una al suyo y así sea transformado en bendición y capacidad de perdón para romper el ciclo de violencia que ha imperado en Colombia. Tienes razón: la violencia engendra más violencia, el odio más odio, y la muerte más muerte. Tenemos que romper esa cadena que se presenta como ineludible, y eso sólo es posible con el perdón y la reconciliación. Y tú, querida Pastora, y tantos otros como tú, nos han demostrado que es posible. Sí, con la ayuda de Cristo vivo en medio de la comunidad es posible vencer el odio, es posible vencer la muerte, es posible comenzar de nuevo y alumbrar una Colombia nueva. Gracias, Pastora, qué gran bien nos haces hoy a todos con el testimonio de tu vida. Es el crucificado de Bojayá quien te ha dado esa fuerza para perdonar y para amar, y para ayudarte a ver en la camisa que tu hija Sandra Paola regaló a tu hijo Jorge Aníbal, no sólo el recuerdo de sus muertes, sino la esperanza de que la paz triunfe definitivamente en Colombia.
Nos conmueve también lo que ha dicho Luz Dary en su testimonio: que las heridas del corazón son más profundas y difíciles de curar que las del cuerpo. Así es. Y lo que es más importante, te has dado cuenta de que no se puede vivir del rencor, de que sólo el amor libera y construye. Y de esta manera comenzaste a sanar también las heridas de otras víctimas, a reconstruir su dignidad. Este salir de ti misma te ha enriquecido, te ha ayudado a mirar hacia delante, a encontrar paz y serenidad y un motivo para seguir caminando. Te agradezco la muleta que me ofreces. Aunque aún te quedan secuelas físicas de tus heridas, tu andar espiritual es rápido y firme, porque piensas en los demás y quieres ayudarles. Esta muleta tuya es un símbolo de esa otra muleta más importante, y que todos necesitamos, que es el amor y el perdón. Con tu amor y tu perdón estás ayudando a tantas personas a caminar en la vida. Gracias.
Deseo agradecer también el testimonio elocuente de Deisy y Juan Carlos. Nos hicieron comprender que todos, al final, de un modo u otro, también somos víctimas, inocentes o culpables, pero todos víctimas. Todos unidos en esa pérdida de humanidad que supone la violencia y la muerte. Deisy lo ha dicho claro: comprendiste que tú misma habías sido una víctima y tenías necesidad de que se te concediera una oportunidad. Y comenzaste a estudiar, y ahora trabajas para ayudar a las víctimas y para que los jóvenes no caigan en las redes de la violencia y de la droga. También hay esperanza para quien hizo el mal; no todo está perdido. Es cierto que en esa regeneración moral y espiritual del victimario la justicia tiene que cumplirse. Como ha dicho Deisy, se debe contribuir positivamente a sanar esa sociedad que ha sido lacerada por la violencia.

 

 

Resulta difícil aceptar el cambio de quienes apelaron a la violencia cruel para promover sus fines, para proteger negocios ilícitos y enriquecerse o para, engañosamente, creer estar defendiendo la vida de sus hermanos. Ciertamente es un reto para cada uno de nosotros confiar en que se pueda dar un paso adelante por parte de aquellos que infligieron sufrimiento a comunidades y a un país entero. Es cierto que en este enorme campo que es Colombia todavía hay espacio para la cizaña. Ustedes estén atentos a los frutos, cuiden el trigo y no pierdan la paz por la cizaña. El sembrador, cuando ve despuntar la cizaña en medio del trigo, no tiene reacciones alarmistas. Encuentra la manera de que la Palabra se encarne en una situación concreta y dé frutos de vida nueva, aunque en apariencia sean imperfectos o inacabados (cf. Exhort. ap. Evangelii gaudium, 24). Aun cuando perduren conflictos, violencia o sentimientos de venganza, no impidamos que la justicia y la misericordia se encuentren en un abrazo que asuma la historia de dolor de Colombia. Sanemos aquel dolor y acojamos a todo ser humano que cometió delitos, los reconoce, se arrepiente y se compromete a reparar, contribuyendo a la construcción del orden nuevo donde brille la justicia y la paz.
Como ha dejado entrever en su testimonio Juan Carlos, en todo este proceso, largo, difícil, pero esperanzador de la reconciliación, resulta indispensable también asumir la verdad. Es un desafío grande pero necesario. La verdad es una compañera inseparable de la justicia y de la misericordia. Juntas son esenciales para construir la paz y, por otra parte, cada una de ellas impide que las otras sean alteradas y se transformen en instrumentos de venganza sobre quien es más débil. La verdad no debe, de hecho, conducir a la venganza, sino más bien a la reconciliación y al perdón. Verdad es contar a las familias desgarradas por el dolor lo que ha ocurrido con sus parientes desaparecidos. Verdad es confesar qué pasó con los menores de edad reclutados por los actores violentos. Verdad es reconocer el dolor de las mujeres víctimas de violencia y de abusos.

 

 

Quisiera, finalmente, como hermano y como padre, decir: Colombia, abre tu corazón de pueblo de Dios y déjate reconciliar. No temas a la verdad ni a la justicia. Queridos colombianos: No tengan temor a pedir y a ofrecer el perdón. No se resistan a la reconciliación para acercarse, reencontrarse como hermanos y superar las enemistades. Es hora de sanar heridas, de tender puentes, de limar diferencias. Es la hora para desactivar los odios, renunciar a las venganzas y abrirse a la convivencia basada en la justicia, en la verdad y en la creación de una verdadera cultura del encuentro fraterno. Que podamos habitar en armonía y fraternidad, como desea el Señor. Pidamos ser constructores de paz, que allá donde haya odio y resentimiento, pongamos amor y misericordia (cf. Oración atribuida a san Francisco de Asís).

 

Deseo poner todas estas intenciones ante la imagen del crucificado, el Cristo negro de Bojayá:
Oh Cristo negro de Bojayá,
que nos recuerdas tu pasión y muerte;
junto con tus brazos y pies
te han arrancado a tus hijos
que buscaron refugio en ti.
Oh Cristo negro de Bojayá,
que nos miras con ternura
y en tu rostro hay serenidad;
palpita también tu corazón
para acogernos en tu amor.
Oh Cristo negro de Bojayá,
haz que nos comprometamos
a restaurar tu cuerpo.
Que seamos tus pies para salir al encuentro
del hermano necesitado;
tus brazos para abrazar
al que ha perdido su dignidad;
tus manos para bendecir y consolar
al que llora en soledad.
Haz que seamos testigos
de tu amor y de tu infinita misericordia.

 

http://www.periodistadigital.com/religion/vaticano/2017/09/09/encuentro-por-la-reconciliacion-religion-iglesia-colombia-francisco-victimas-victimarios-verdad-justicia-reparacion-venganza.shtml

La reflexión del papa Francisco sobre machismo y violencia de género


Dijo que en este mundo la violencia psicológica, verbal y física sobre la mujer es patente.

Papa Francisco en Villavicencio

En la jornada, hubo cientos de mujeres que reclamaron contra la violencia de género.

Foto:

Óscar Bernal / Llano Sie7e Dias

Por: Nelson Ardila Arias
08 de septiembre 2017 , 10:22 p.m.

Dejar los estilos patriarcales y machistas pidió el papa Francisco durante la homilía que celebró este viernes en Villavicencio, en honor a la Virgen Madre de Dios.

En férrea defensa de la mujer, el pontífice subrayó que en algunas comunidades “todavía arrastramos estilos patriarcales y machistas (por lo que) es bueno anunciar que el Evangelio comienza subrayando mujeres que marcaron tendencia e hicieron historia”.

Hay que dejar en el pasado las historias de postergación y sometimiento –dijo el Papa– y puso como ejemplo el comportamiento de José con María, en el seno del hogar de Jesús, que “toma decisiones mostrando su calidad humana antes de ser ayudado por el ángel y llegar a comprender todo lo que sucedía a su alrededor”.

Y agregó, “la nobleza del corazón de José le hace supeditar a la caridad lo aprendido por ley; y hoy, en este mundo donde la violencia psicológica, verbal y física sobre la mujer es patente, José se presenta como figura de varón respetuoso, delicado que, aun no teniendo toda la información, se decide por la fama, dignidad y vida de María. Y, en su duda por cómo hacer lo mejor, Dios lo ayudó a optar iluminando su juicio”.

“Este pueblo de Colombia –dijo el Papa– está lleno de historias, muchas de amor y de luz; otras de desencuentros, agravios y también de muerte. ¡Cuántos de ustedes pueden narrar destierros y desolaciones!, ¡cuántas mujeres, desde el silencio, han perseverado solas y cuántos hombres de bien han buscado dejar de lado enconos y rencores, queriendo combinar justicia y bondad!”.

Enseguida preguntó: “¿Cómo haremos para dejar que entre la luz? ¿Cuáles son los caminos de reconciliación?”, a lo que respondió: “Eso es posible si todos los colombianos decimos sí a la verdad, a la bondad, a la reconciliación. Y esto solo es posible si llenamos de la luz del Evangelio nuestras historias de pecado, violencia y desencuentro”.

Finalmente, señaló que cuando las víctimas vencen la comprensible tentación de la venganza, se convierten en los protagonistas más creíbles de procesos de construcción de la paz.

¡Cuántos de ustedes pueden narrar destierros y desolaciones!

Petición de las mujeres

Luego de este discurso, las mujeres del Meta celebraron, frente al parque Sikuany, cerca del estadio de Villavicencio. Y no era para menos. El papa Francisco tuvo en cuenta la petición que le habían hecho llegar a través del Nuncio Apostólico. En dicho manifiesto le piden que las ayude en la lucha contra la violencia de género y sexual dentro y fuera del conflicto.

Leila Rosa Peña, secretaria de la Mujer de la Alcaldía, señaló que en el documento se resumen decenas de reuniones de los últimos tres meses, a los que asistieron representantes de 35 organizaciones. “En una sola voz queremos decir: no más violencia contra las mujeres”, dijo la funcionaria, quien se convirtió en líder de esta causa.

Esas asociaciones y ONG, entre las que hay indígenas y afro, representan a unas 12.000 mujeres, de las que 5.000 se ubicaron estratégicamente en el recorrido del papamóvil y se autodenominaron ‘La gran mancha naranja’, porque estaban vestidas con ropa de ese color que representa la defensa de los derechos de la mujer. Lo único que no lograron, como era su propósito, fue detener la caravana del santo padre y que este recibiera de sus manos el documento, como una señal de que esa lucha también será mundial.

NELSON ARDILA ARIAS
Redactor Llano Sie7edías

http://www.eltiempo.com/colombia/otras-ciudades/reflexion-sobre-machismo-del-papa-francisco-en-villavicencio-128778

“Colombia… ¡déjate reconciliar!” Tercera crónica de la visita del Papa. Por Fernando Torres Millan


 

 

Villavicencio, la puerta de los inmensos llanos orientales, se convirtió en una gran maloca (casa comunitaria amazónica) para acoger el encuentro entre el Papa Francisco y las víctimas del conflicto colombiano. Nada había podido ser mejor que una maloca fresca, sencilla, silenciosa para la escucha de tantas historias de dolor enquistadas en el corazón de un pueblo sufriente, como herida profunda aún abierta y putrefacta. Nada mejor que una maloca para invocar el soplo sanador de los ancestros indígenas, capaz de activar memorias y presencias vivas y acompañantes.

En la cúspide, como grito de ocho millones de víctimas levantado hacia el cielo, la imagen de un Cristo destrozado, el “Cristo negro de Bojayá”, traído en peregrinación desde la población afrocolombiana de Bellavista (Chocó), en donde se sufrió uno de las masacres más espantosas del conflicto (2 de mayo de 2002), conservado sin restaurar como memoria pedagógica para que hechos así nunca más vayan a suceder.

Después de expresar respeto por pisar tierra regada con sangre de tantas víctimas, el Papa Francisco compartió su sentimiento de cercanía, de escucha y afecto a fin de solicitar el desafiante camino del perdón mutuo y la reconciliación. Escuchó con profunda conmoción el testimonio de tres mujeres y un hombre, víctimas de la infame guerra que los arrolló destrozándoles sin compasión. Compartieron cómo han venido haciendo caminos de restauración en compañía de sus diezmadas familias y cómo la acción solidaria hacia otras víctimas ha sido el bálsamo sanador de sus heridas.

Con estos relatos acogidos en su corazón y junto a este Cristo amputado, “más Cristo”, el Papa Francisco recordó que el odio no tiene la última palabra, que el amor es más fuerte que la muerte y que el dolor se transforma  con la fuerza del perdón y la grandeza del amor, que la escucha de historias de amor y perdón “hace mucho bien” pues hablan de vida y esperanza ayudando a romper las cadenas del odio y del dolor y a dar comienzo a nuevos caminos restauradores. Llamó a estar atentos sobre el peligro de la cizaña contra la paz y a asumir la verdad, pues ésta es compañera inseparable de la justicia y la misericordia, lanzó un clamor desgarrador: “Colombia, abre tu corazón de pueblo de Dios y déjate reconciliar. No temas a la verdad ni a la justicia. No tengan temor a pedir y a ofrecer el perdón. No se resistan a la reconciliación para acercarse, reencontrarse como hermanos y superar las enemistades”, insistió con serenidad pero con firmeza, que “Es hora de sanar heridas, de tender puentes, de limar diferencias. Es la hora para desactivar los odios, renunciar a las venganzas y abrirse a la convivencia basada en la justicia, en la verdad y en la creación de una verdadera cultura del encuentro fraterno”.

Terminado el discurso de la reconciliación, exclamó la oración ante el “Cristo negro de Bojayá”:

Oh Cristo negro de Bojayá,

Que nos recuerdas tu pasión y muerte;

Junto con tus brazos y pies

Te han arrancado a tus hijos

Que buscaron refugio en ti.

Oh Cristo negro de Bojayá,

Que nos miras con ternura

Y en tu rostro hay serenidad;

Palpita también tu corazón

Para acogernos en tu amor.

Oh Cristo negro de Bojayá,

Haz que nos comprometamos

A restaurar tu cuerpo.

Que seamos tus pies

Para salir al encuentro

Del hermano necesitado;

Tus brazos para abrazar

Al que ha perdido su dignidad;

Tus manos para bendecir y consolar

Al que llora en soledad.

Haz que seamos testigos

De tu amor y de tu infinita misericordia.

 

Después de la misa de beatificación del padre Pedro María Ramírez y del Obispo de Arauca Jesús Emilio Jaramillo, víctimas de la violencia colombiana, el Papa Francisco regresó anocheciendo a Bogotá. En la nunciatura se encontró con otro grupo de víctimas organizadas quienes resaltaron su misión de ser “hospital de campo” para ayudar a otras víctimas. Escuchó sus testimonios y en especial el de María Cecilia Mosquera, víctima de Machuca, quien se refirió al difícil camino del perdón, el que aún no ha terminado de recorrer. Tomó la palabra para agradecer las diversas expresiones testimoniales y para resaltar una expresión que le impactó de una víctima: “Dios perdona en mí!”. Hizo oración para pedir que Colombia abra su puerta  para que Dios entre en su casa y perdone…pidió reconciliación con verdad, justicia y misericordia, y dio gracias por todo lo que las víctimas le habían enseñado. Se despidió no sin antes abrazar a cada una de las personas del “hospital de campo” y a las niñas y los niños que cantaron y bailaron para él.

 

Fernando Torres Millán

Bogotá, 8-09-2017

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