COLOMBIA. HOMENAJE A TERESITA RAMIREZ. RELIGIOSA MÁRTIR.


                    Vida de Teresita Ramirez


28 de Febrero de 1989
Colombia 

 
Religiosa de la Compañía de María. Asesinada delante de sus alumnos  en Cristales  Antioquia.
Teresita, de 41 años y origen campesino, decide ser religiosa a los 17. Su formación intelectual y religiosa culmina en Medellín. Fiel a su origen de campesina elige siempre trabajar con los marginados. En Barranquilla permanece durante 9 años en El Bosque, un barrio donde impulsa las Comunidades Eclesiales de Base y donde recibe el apodo de “Hermana Chévere”, sinónimo de afecto, confianza, entrega, alegría, sencillez que en Teresita brotan de su profunda fe y de su confianza en el sentido liberador del Evangelio.
 
 


En 1987 se traslada a Cristales y ofrece a Dios su vida en forma definitiva. vive con entusiasmo, con la pasión misionera,  siente profundamente el sufrimiento de este pueblo abandonado.
Se desplaza a las veredas, comparte con las familias campesinas  la vida diaria, la oración comunitaria, la reflexión de la Palabra.    
“Yo por ti diera mi propia vida” quedó escrito en el tablero del salón el día 28 de Febrero de 1989, donde Teresita se encontraba con los estudiantes en clase de español, cuando llegaron los sicarios a quitarle la vida!
Eran Las 11.20 am, “Dos de los muchachos entran al colegio, saludan a la Secretaria y solicitan a la Hermana…
Tere sale a la puerta del salón y saluda de mano a los muchachos . Un corto intercambio de palabras…
 “una ráfaga de ametralladora que hace  blanco en su espalda y luego en su cara, pone punto final a su clase, a su misión educadora, a su vida de mujer, de cristiana, de hermana y amiga de todos, especialmente de los más pobres!”


 “Hoy tu nombre, Tere, nos sabe a justicia, nos sabe a     esperanza…!
Pasaste tu vida entre sonrisas, brindando confianza y seguridad, tocando las manos tendidas sin distingo alguno, enseñándonos con esto que todos somos importantes y por encima de tus defectos y errores como persona, supiste darte a los demás con tus valores y cualidades”
“ Hna. Teresita Ramírez,  un signo del amor misericordioso de Dios Padre; un testimonio de lo que significa e implica seguir a Jesús hoy en Colombia; un estímulo para superar el miedo y renovar nuestra decisión de cumplir  la voluntad de Dios, que en este momento nos exige luchar decididamente por la justicia, por la vida, por la dignidad  humana” .

http://teresita-ramirez.blogspot.com.co/p/vida-de-teresita-ramirez.html

Colombia. Cura denuncia presencia paramilitar en el noroeste del país


Resumen Latinoamericano / Telesur / 26 de abril de 2017.-

Al padre Javier Giraldo Moreno le llama la atención que el Gobierno colombiano desconozca la presencia paramilitar en zonas rurales del país desde la retirada de la FARC-EP a las zonas veredales.

El sacerdote jesuita Javier Giraldo Moreno denunció la presencia de paramilitares en la zona rural del municipio de Apartadó, en el Urabá, departamento de Antioquia, Colombia.

El sacerdote aseguró que este grupo se consolidó en los últimos meses al salir las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia – Ejército de Pueblo (FARC-EP) del territorio hacia las zonas veredales.

El padre Giraldo, quien es investigador del Centro de Investigación y Educación Popular (Cinep), recopiló la historia de esta comunidad en el libro Fusil o toga toga y fusil.

Entre los hechos más recientes acontecidos en la zona resalta la intromisión en la vereda Mulatos Medio de 30 hombres armados en la procesión de Viernes Santos el 14 de abril y la denuncia de violación de una adolescente de 13 años en la vereda La Hoz del corregimiento San José de Apartadó a finales de enero.

El padre Giraldo reseñó que en los últimos cinco meses los paramilitares consolidaron su presencia en un amplio territorio, entre los municipios de Apartadó, Turbo, y Carepa, en Antioquia; y Tierralta, en Córdoba.

Expone que alrededor de 500 hombres del grupo que se hace llamar Autodefensas Gaitanistas de Colombia patrullan de forma constante la región. Estos paramilitares además construyeron una vía que va desde la vereda Rodoxali, en Apartadó, hasta Nueva Antioquia, Turbo, aseguró.

El padre Giraldo dice llamarle la atención el desconocimiento por parte de las autoridades sobre esta carretera.

Según el sacerdote, esta circunstancia afecta a más de 400 campesinos que viven de la Comunidad de Paz de San José de Apartadó y sus Aldeas de Paz. El clérigo invita a los pobladores de Urabá a ser consecuentes con la paz, y no admitir ningún grupo armado.

 

El religioso detalla que esta circunstancia afecta a más de 400 campesinos que viven en San José de Apartadó y sus Aldeas de Paz. | Foto: Sputnik Nóvosti

http://www.resumenlatinoamericano.org/2017/04/26/colombia-cura-denuncia-presencia-paramilitar-en-noroeste-de-colombia/

Colombia: Las FARC-EP rechazan el brutal asesinato de dos familiares de guerrillero


Resumen Latinoamericano, 26 de abril 2017.

El Estado Mayor Central de las FARC-EP rechaza el brutal asesinato de dos familiares de guerrillero en el sur del Chocó.

Comunicado:

El pasado 16 de de abril en la vereda Pichimá del municipio Litoral San Juan, departamento del Chocó, paramilitares torturaron y asesinaron a Dalmiro Cárdenas Victoria y Anselmo Cárdenas Victoria, hermanos del camarada Robinson Victoria, guerrillero de las FARC-EP y prisionero político recluido en la cárcel de Chiquinquirá.

Los hechos ocurrieron con alarmante sevicia y dan cuenta de la permanencia del paramilitarismo en los territorios, sin que el Estado actúe de manera alguna o ponga en marcha el acuerdo de Garantías de Seguridad. Asimismo, se dan en el marco de las amenazas sistemáticas en contra de los familiares de guerrilleros y guerrilleras en la región del río San Juan.

Nuestra organización entera rodea a Robinson y su familia en estos momentos luctuosos. Para él toda nuestra solidaridad y camaradería. Estos hechos nunca han debido ocurrir: la paz no puede representarle dolor a ninguna familia colombiana.

Exigimos justicia y verdad frente a este hecho que va en contravía del espíritu de paz del país entero. Persistiremos en la solución política y en la reconciliación de la patria.

Estado Mayor Central de las FARC-EP

http://www.resumenlatinoamericano.org/2017/04/26/colombia-las-farc-ep-rechazan-el-brutal-asesinato-de-dos-familiares-de-guerrillero/

“Pacificar la paz” Por: Gustavo Gallón


 

Uno de los tres objetivos de la Comisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición es promover la convivencia en los territorios. No solo debe contribuir al conocimiento de lo ocurrido y al reconocimiento de las víctimas y de las responsabilidades, que es lo típico de una entidad de esa naturaleza. El Acuerdo de Paz le exigió además crear “un ambiente transformador que permita la resolución pacífica de los conflictos y la construcción de la más amplia cultura de respeto y tolerancia en democracia”. Es un desafío enorme, pero muy valioso.

Para afrontarlo convendría tener en cuenta la experiencia de la Comisión para la Superación de la Violencia, creada en 1991 por los acuerdos de paz celebrados entre el Gobierno, el Ejército Popular de Liberación y el Movimiento Armado Quintín Lame. Su informe, Pacificar la Paz, fue publicado por IEPRI y otros (Bogotá, 1992). Parte de su trabajo consistió en organizar talleres de reflexión entre actores regionales sobre las causas y propuestas de solución de la violencia en los territorios donde habían actuado esas guerrillas: Córdoba, Urabá, Putumayo, Norte de Santander, Risaralda, Noroccidente antioqueño y Cauca. De no haber sido por la persistencia del conflicto armado con otros grupos, las sinergias generadas por dichos talleres entre sectores populares, empresariales, autoridades, organizaciones de víctimas, de derechos humanos y de desarrollo habrían podido concretarse en pactos de convivencia en diversas zonas del país hace 25 años.

En cada región se identificaron conflictos generados por la apropiación excluyente de recursos económicos (tierras, banano, petróleo), agravada en ocasiones por economías de enclave que no revertían sus beneficios a la región, y por narcotráfico, además de corrupción administrativa, violencia estatal y no estatal, impunidad, ausencia o precariedad de servicios públicos. Fue evidente la necesidad de un fortalecimiento de la sociedad civil que potencie su acción ante el mercado y ante el Estado, con un enfoque participativo y de concertación entre diversos grupos de ciudadanos y las instituciones estatales (pág. 290), en vez de un crecimiento generador de inequidad, que ha sido lo predominante en nuestra historia.

La Comisión de la Verdad es el instrumento más adecuado para hacer realidad ese propósito. La mayoría de los conflictos armados en nuestro país durante los últimos dos violentos siglos se han concluido mediante negociaciones de paz, seguidas de reformas constitucionales. Lo que ha faltado es negociar la convivencia a nivel local y entender, humildemente, que ella se basa en la identificación de las posibilidades de juntar, como lo han hecho otras naciones, las potencialidades de los habitantes, a partir de la vida cotidiana en su territorio, para obtener ganancias colectivas, empezando por el trabajo, la alimentación, la vivienda, la salud, y la educación. Para ello se requiere un pacto de no violencia, también previsto en el Acuerdo de Paz.

Utópico, dirán algunos. En realidad, realista, luego de tantos años de violencia inútil. Y factible, a juzgar por la experiencia de la Comisión para la Superación de la Violencia.

*Director de la Comisión Colombiana de Juristas

 

26 Abril 2017

En el marco del acuerdo final de paz

Las bases para garantizar la protesta social

Por Marcela Osorio granados

La Comisión Nacional de Diálogo definió los lineamientos para un proyecto de ley con el que se buscará dar garantías a la participación y movilización ciudadana.

Mucho se dijo durante los diálogos de paz con las Farc en La Habana sobre que uno de los ejes centrales de la negociación era la búsqueda de mecanismos para una ampliación democrática que no sólo permitiera el surgimiento de nuevas fuerzas en el escenario político -con garantías suficientes-, sino que además fortaleciera las organizaciones y movimientos sociales, y robusteciera los espacios de participación ciudadana.

Por eso, en el Acuerdo Final de Paz, quedó establecido que el Gobierno no sólo presentaría un proyecto de ley para permitir el tránsito de las Farc a la política, sino también uno que estableciera garantías y promocionara la participación ciudadana. Y habiendo casi concluido el primer trámite, ya comienza a trabajarse en el segundo.

http://www.elespectador.com/noticias/politica/las-bases-para-garantizar-la-protesta-social-articulo-690950

COLOMBIA: Las 21 Yulianas diarias que Colombia no vio


Por Staff ¡PACIFISTA! Publicado Diciembre 7, 2016 En Opinión

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El andén frente al edificio en el que fue asesinada Yuliana Andrea se ha convertido en un sentido altar. /Mateo Rueda  Por: Julia Alegre Barrientos* El lunes 5 de diciembre Colombia se despertó con la macabra noticia del asesinato y violación de Yuliana Andrea, una niña de siete años a quien las autoridades policiales encontraron sin vida en un apartamento de Chapinero Alto, Bogotá. La menor fue raptada el domingo a las nueve de la mañana mientras jugaba con su primo a las puertas de su casa en el barrio de Bosque Calderón, también en la localidad de Chapinero. La Fiscalía dictó orden de captura contra el arquitecto Rafael Uribe Noguera, de 38 años, un día después del hallazgo. Y poco más de 24 horas después, Uribe Noguera era acusado de feminicidio agravado (por ser la víctima una menor de edad), de secuestro simple, tortura y acceso carnal violento. El martes seis de diciembre un periódico independiente denunció la violación de una joven de 19 años y activista de la Red Juvenil Compaz en San Vicente del Caguán, Caquetá. La noticia todavía no ha saltado a los grandes medios colombianos. Mucho menos internacionales, como sí ha sucedido con el asesinato de Yuliana. No hay sospechosos. El 30 de noviembre murió en el hospital Dora Lilia Gálvez, una mujer de 43 años del municipio vallecaucano de Buga, que no superó las heridas que su asesino le dejó en su cuerpo el 6 de ese mismo mes: la violó, empaló y quemó. Su caso sí que protagonizó algún que otro titular en la prensa y en televisión, pero sin mayor seguimiento ni impacto en la opinión pública. Tampoco se ha oficializado el nombre del sospechoso/sospechosos. Tres casos diferentes, con diferentes protagonistas y escenarios, seguro que también con diferentes móviles. Pero a todos ellos los aflige una misma afección: son el reflejo de una Colombia retorcida, perversa y arbitraria que no ahonda en el problema estructural de violencia contra la mujer que le golpea a diario.

Cada día se violan 21 niñas y niños en el territorio, según el Fondo de Población de las Naciones Unidas (Unfpa), por poner una sola cifra (suficiente). Sin embargo, los medios masivos sólo reproducen de forma puntual e intencionada las informaciones que a este respecto saben que les reportarán mayor lecturabilidad, clics y rating. Yuliana puede ser cualquiera. Dora Lilia puede ser cualquiera. La joven del Caguán de la que no ha trascendido el nombre puede ser cualquiera. Pero cualquiera no moviliza a las masas ni a los medios, ni a las autoridades. Cualquiera nos importa una mierda, vaya. Nos están matando y nadie ahonda en los porqués o las causas que han llevado al país a este escenario vergonzoso de feminicidios. Los lectores y audiencia tampoco preguntan. Y bajo esta lógica facilista y de estupidez generalizada, los medios se permiten el lujo de caer en perversiones, trivialidades y amarillismo que no ayudan a atajar esta lacra de violencia contra la mujer, sino a dudar más de su labor como contrapoder. Sin hablar de la reacción de la mayoría de políticos, subiéndose al carro de la coyuntura para obtener visibilidad política, pero incapaces de llegar a compromisos que generen verdadero impacto para que historias como la de Yuliana, la de Dora Lilia o la de cualquier mujer violentada en Colombia no se repita no solo en Bogotá. Porque, señores políticos, el #NiUnaMenos debe aplicarse tanto en las grandes ciudades como en el resto del territorio. Esa doble moral que indigna al colombiano cuando un asesino sesga una vida y no otra es insostenible y bochornosa. Eso sí, saquemos de nuevo el tema de las cartillas de educación sexual y les falta tiempo a todos los defensores de la familia para salir en tropel a las calles armados de pancartas con lemas tan poderosos (y creíbles) como “nosotros protegemos a los niños de Colombia”. Una belleza. ¿Y qué decir de la importancia que se le da en este país a la procedencia de los asesinos, violadores y maltratadores de mujeres? Otra belleza. El estrato, quiénes son sus padres o dónde estudiaron son razones de peso para que la sociedad se movilice en masa y pida justicia. Diga “No” al asesino rico. Si se tiene en cuenta que en Colombia, según Medicina Legal, se denuncian en promedio unos 17.000 casos de abuso sexual cada año, lo más ventajoso que le puede pasar a una mujer es que la viole un señorito bien de estrato 20.000 y no un don nadie de un municipio apartado que solo los ñoños saben ubicar en el mapa. Así usted se asegura que su historia como víctima no va a pasar inadvertida ante las autoridades policiales, judiciales y políticas y ante una opinión pública mediatizada, sesgada e influenciable.

Analizando el caso de Yuliana, desde el minuto uno el tratamiento informativo que le dieron los medios de comunicación al asesinato y violación de la niña fue nefasto y miserable. Un ejemplo de que la inmediatez y la lógica del click fácil está matando a la profesión y no aporta nada a la generación de un pensamiento crítico en los colombianos. Los otros dos casos —les recuerdo: el de la mujer de Buga y el de la del Caguán— apenas tuvieron (tienen) seguimiento. “¿Y esas quiénes son?”. Pues eso. Tampoco los medios han mostrado el mismo interés para que se encuentre a los culpables. ¿Nadie se pregunta por qué? Es una cuestión de lucro: los medios saben del morbo que genera en la población las historias que involucran a culpables con apellidos poderosos. Y la población participa de ese juego: el morbo mueve montañas y conciencias. Leí en uno de los medios más importantes de este país, mucho antes de que la Fiscalía oficializara la posible vinculación de Uribe Noguera, que el —por aquel entonces— supuesto sospechoso de la muerte de Yuliana era “aficionado al cigarrillo, las bebidas alcohólicas y energizantes”. Eso sí que es un verdadero indicio para apuntar a alguien de violador. Les explico una cosa: la ética periodística también aplica para asesinos, violadores y maltratadores, y el nombre del supuesto responsable (que ya es oficialmente el principal sospechoso, como indiqué en párrafos anteriores) debería haberse resguardado hasta que autoridades policiales o judiciales hubieran hecho oficial su implicación. De hecho, la ética periodística aplica para no trivializar con una noticia que se ha llevado por delante la vida de alguien. Mientras escribo, estoy tomándome una bebida energizante, por si alguien quiere sacar conclusiones al respecto. ¿Qué pasa con todas las informaciones no contrastadas que salieron y que no ayudan al proceso de esclarecimiento de los hechos ni mucho menos a conocer la verdad? Por no hablar del daño que tanto bombardeo mediático pudo haber ocasionado a la familia de la niña asesinada. Bajo la premisa del “supuesto”, los medios nos estamos permitiendo todo, y todas las bajezas que atentan contra las bases del periodismo y el esclarecimiento de la verdad.  ¿Qué hubiera pasado si el supuesto asesino al que todo el mundo apuntó sin tener pruebas confirmadas hubiera sido inocente? Resultó que Uribe Noguera parece no serlo, y ahora, todo el mundo le quiere linchar. Un mensaje muy apropiado: resolver el odio con más odio. Lo más probable es que, cuando termine el aluvión mediático y los colombianos tengan otra noticia en la que recrearse (seguramente más macabra), la niña Yuliana sea un recuerdo. Y con ella se irán diariamente 21 Yulianas más por las que nadie se conmueve. Lo dicho: la indignación en este país dura lo que dura un noticiero. *Periodista española radicada en Colombia, en Twitter la consiguen por aquí.

Copyright: http://pacifista.co/en-colombia-hay-21-yulianas-que-a-diario-no-nos-conmueven/ .

Mujeres en Colombia: ciudadanas de segunda clase


El Estado y la sociedad son cómplices de los feminicidios en Colombia, el silencio y la falta de medidas que eviten la violencia hacia la mujer son responsables
Por: Julieth Zúñiga Cárdenas Abril 26, 2017
Este es un espacio de expresión libre e independiente que refleja exclusivamente los puntos de vista de los autores y no compromete el pensamiento ni la opinión de Las2Orillas.
Mujeres en Colombia: ciudadanas de segunda clase

Foto: Uniradio

Según datos de Medicina Legal, en lo que va corrido del año 2017 van 204 mujeres asesinadas en Colombia. Por otro lado, en la Fiscalía General de la Nación han sido denunciados 345 casos de feminicidios, donde se encuentra que los principales agresores son los compañeros sentimentales.

Ante este panorama debemos preguntarnos, ¿por qué en Colombia los hombres asesinan a las mujeres? Porque somos una cultura profundamente machista, les enseñamos a los hombres desde niños que son los dueños de la vida de las mujeres, que ellas son sub-humanos, es decir, andan en “el proceso de convertirse en seres humanos” y mientras eso ocurre, son ellos quienes deben decidir sobre nuestros cuerpos y si vivimos o no.

No se trata solo de decir “mujer, quiérete, valórate”, aquí hay un trasfondo más preocupante, la lucha por la igualdad de género. Esta no es solo cuestión de empoderar mujeres, porque aunque yo soy feminista, creo y lucho por la igualdad de derechos entre hombres y mujeres, cuando salgo a la calle me acosan, los hombres opinan sobre mi cuerpo, mi vestido y forma de caminar. No ha pasado un día en que salga a manejar bicicleta sin que me acosen, sin que me hagan sentir completamente incomoda los conductores que lanzan frases violentas, miradas lascivas o besos, violentando mi subjetividad y mi derecho a la ciudad. Así que la cuestión no es solo que nosotras estemos empoderadas puesto que mientras ellos ignoren el tema seguirán violentándonos.

En este orden de ideas escuchamos otras frases de campañas que ya suena trillado y es “mujer denuncia”, como si denunciar en Colombia fuera la solución. Claudia Rodríguez denunció, huyó, gritó, imploró por su vida y no sirvió de nada. Estamos ante un Estado feminicida y un Gobierno que tiene como máximo exponente al premio Nobel de Paz, que hace alardes sobre el trabajo para la consecución de un país en paz, pero que nos deja morir. Vivimos en un país donde desde niñas nos matan por ser mujeres, donde unos padres matan a una bebé de 33 días de nacida porque no nació niño, donde una niña que huyó con su familia de la violencia del conflicto armado es asesinada por el hecho de ser mujer (Yuliana Samboní). Este es el país en paz donde ni en el colegio están seguras nuestras niñas porque los compañeros, profesores y trabajadores abusan sexualmente de ellas. La violencia machista está tan naturalizada en la población como en el Estado que es cómplice de nuestras muertes, que calla o que no sensibiliza a sus instituciones en materia de género y entonces revictimizan a las mujeres, las hacen contar 11 veces ante la Fiscalía cómo fue que fueron abusadas sexualmente como en el caso de la periodista Jineth Bedoya.

Las culpables de la violencia machista que vivenciamos las mujeres no somos nosotras mismas: iniciar una relación amorosa con alguien que estuvo en prisión, ni por no denunciar, ni por vestirnos de x manera, o por salir solas a la calle, por salir tarde, por no parar a tiempo. La violencia contra nosotras es un problema estructural y cultural. La culpa es de una sociedad que en silencio ve día a día como somos víctimas y no hacen nada para exigir a ese otro culpable que es el Estado que nos vulnera, que también nos culpa cuando denunciamos y que no vela por nuestros derechos, ¿será por qué en Colombia las mujeres seguimos siendo ciudadanas de segunda clase?

https://www.las2orillas.co/mujeres-colombia-ciudadanas-segunda-clase/

COLOMBIA. ALTO NAYA. Territorialidad en un contexto interétnico


Foto: JenzeraFoto: Jenzera

Por Efraín Jaramillo Jaramillo*

25 de abril, 2017.- Hacemos público este texto inédito de unas notas preparadas para un conversatorio con estudiantes de Geografía Raizal, pues hacen parte de la memoria histórica de una convulsionada región del Cauca, conocida como el Alto Naya, que fue objeto de una violencia atroz. Esta violencia culminó con la masacre de cerca de 50 indígenas nasa, perpetrada por un grupo paramilitar en abril del 2001.

En esa ocasión fuimos  invitados al Naya para hacer parte de un equipo de trabajo para acompañar a los pobladores de la región en la búsqueda de salidas a la difícil situación que estaban atravesando. Esa experiencia de trabajo dio origen a la Escuela Interétnica que desde entonces viene desarrollando el Colectivo de Trabajo Jenzera en varias regiones del Pacífico para seguir promoviendo relaciones interculturales entre comunidades étnicas, diferenciadas culturalmente, pero unidas por la agresividad con que la alianza entre el Estado e inversionistas ha afrontado la oposición indígena a la ocupación de sus territorios, generando situaciones extremadamente difíciles que han afectado aspectos fundamentales para la vida en comunidad como la tranquilidad, la integridad social, la seguridad alimentaria y el derecho a un territorio propio. 

Consideramos que lo vivido en esa corta pero ilustrativa experiencia de trabajo, ofrece insumos para seguir pensando las posibilidades de construir territorialidades interétnicas,  más cuando en estos momentos se habla de que la paz debe construirse territorialmente.

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Apreciados estudiosos de la geografía que vincula a su objeto de estudio la problemática social y cultural. Aquí no voy a abordar el tema sólo desde una perspectiva teórica; la idea es tratar de plantear la problemática interétnica partiendo de una situación concreta que se vivió en una región del Pacífico colombiano, cuando los pobladores de la cuenca del río Naya (límites entre Cauca y Valle) buscaron construir un territorio interétnico. Vamos entonces a mostrar esta experiencia, señalando a) los momentos más importantes del proceso; b) las estrategias que sostienen la lógica de los actores que participaron en el proceso; c) los discursos geopolíticos de estos actores; y d) las relaciones de poder que se presentaron por el  dominio de los espacios al interior de  este territorio.

También queremos discutir las razones por las cuales este proceso se encuentra estancado, aunque no liquidado, y espera mejores tiempos (ojalá no vaya a ser muy tarde) para seguirlo desarrollando.

Algunos datos significativos sobre la región del Naya

1. Cuenca emblemática del Pacífico, con una extensión de aproximadamente 300.000 hectáreas. Tiene aproximadamente 27.000 habitantes: (22.000 afrocolombianos, 3.500 indígenas nasa, 1.000 campesinos y 400 indígenas eperara siapidaara.

2. Es una Colombia en miniatura: Allí se presentan muchos de los aspectos naturales y sociales que caracterizan al país (los buenos y los malos):

– Variedad de climas y sistemas de vida: desde los páramos hasta los manglares.

– Asombrosa biodiversidad con alto grado de endemismo.

– Región multiétnica.

– Con excepción de los indígenas eperara siapidaara, el resto de pobladores no tienen títulos ni individual, ni colectivamente sobre las tierras del Naya, y la universidad del Cauca les ha venido disputando el derecho de propiedad.

– En la parte alta del río la economía depende del cultivo de la hoja de coca y procesamiento de pasta. Los pobladores de esta parte de la cuenca son importadores netos de alimentos. La entrada se realiza por un camino de herradura que atraviesa la cordillera occidental, por donde cerca de 200 mulas entran diariamente  transportando víveres e insumos para la producción de la base de coca.

– Cultivos de uso ilícito que inicialmente se encontraban en la zona alta y que ahora se han apoderado de toda la cuenca.  Fumigaciones. Contaminación. Deforestación.

– Presencia de grupos armados ilegales. Corredor geográfico para la movilización de tropas y transporte de drogas. Tiene zonas inexpugnables, que permitieron que un reducto del ELN ocultara durante meses los secuestrados de la iglesia la María y los del kilómetro 18 de la vía al mar.

– Disputa por el control económico, político y territorial.

– Violencia y asesinatos. En el Alto naya tuvo lugar en abril del 2001 una de las últimas y más cruentas masacre, donde perdieron la vida cerca de 50 personas, entre indígenas nasa (la mayoría) y campesinos.

– Existen muchos diagnósticos sobre el Naya y muchas ideas sobre lo que debería ser ese territorio para los pobladores. Sobre todo existen muchos intereses económicos, políticos y militares sobre esta región: Intereses del Estado, de la academia, de comerciantes, narcotraficantes, empresas extractoras de recursos, grupos armados y, naturalmente, de los pobladores indígenas, negros y campesinos. Paradójicamente son los intereses de estos pobladores los que menos cuentan a la hora de buscar soluciones a la problemática territorial.

El proceso de construcción social del territorio del Naya tuvo tres momentos:

a) Un momento constituyente, en el cual se buscó configurar el sujeto social que iría  a desarrollar las acciones necesarias para esta construcción del territorio, una construcción que es social. Lo fundamental aquí es que el  sujeto es plural;

b) Un momento de definiciones y acuerdos para conducir el proceso, para el cual se realizaron cuatro encuentros interétnicos con 10 delegados de cada uno de los sectores sociales del Naya sobre los temas de territorio, uso y manejo de recursos, convivencia intercultural y gobernanza territorial interétnica; y,

c) Un momento de construcción de agenda estratégica y movilización: Economía propia, como mecanismo para apropiarse del territorio. Desarrollo de las organizaciones de base de los pueblos (Consejo Comunitario, Cabildos Indígenas, Juntas de Gobierno Campesino) y de UTINAYA (Unión Territorial Interétnica del Naya), como medios para apropiarse políticamente del territorio y presionar la titulación.

Estos tres momentos se dieron simultáneamente, si aquí los separamos es por razones didácticas para tratar de entender mejor el proceso. Este proceso está plenamente documentado y lo podemos poner a disposición de ustedes los geógrafos que como ustedes, vinculan la geografía con procesos sociales y económicos. Los componentes de estos tres momentos son:

a) Todos los sectores sociales del Naya, independientemente de su fuerza o capacidad de acción, poseen un discurso geopolítico, es decir, tienen una serie de ideas (individuales o colectivas) acerca del espacio que habitan;

b) Los afrocolombianos, los indígenas nasa, los indígenas eperara siapidaara y los campesinos tienen un conocimiento de los espacios que les pertenecen. Pero ya venían advirtiendo, mucho antes de la masacre del 2001, que sobre el Naya se agitaban intereses económicos que no siempre respetaban ese dominio de hecho que tienen sobre sus tierras. Afirmaban entonces que mientras no tuvieran títulos, cualquiera podría disputarles su dominio.  De allí es que surgen las demandas por una protección legal sobre sus predios. Los indígenas nasa emprenden la lucha por la constitución de un resguardo indígena en el Alto Naya. Los afrocolombianos exigen la titulación colectiva del territorio que pueblan en el Bajo Naya. Los campesinos, cuyos predios están intercalados en un territorio habitado fundamentalmente por indígenas, piden la titulación individual de sus fincas, una reclamación que tiene la oposición de los indígenas nasa, pues esto haría inviable la constitución de su resguardo; y,

c) La lucha por la legalización de sus posesiones llevó a estos pobladores a solicitar apoyo a varias organizaciones sociales y ONG amigas o conocedoras de la problemática. Ese fue el momento en que hicimos presencia en la región un equipo interétnico e interdisciplinario para acompañar este proceso.

Sabíamos por experiencia en otras regiones del Pacífico que no teníamos mucho tiempo para organizar largos estudios y análisis rigurosos y objetivos sobre esta problemática. La información relevante para desbrozar el camino a seguir la íbamos obteniendo en las reuniones informales y charlas con los pobladores, y en los encuentros interétnicos, donde se expresaban los temores y deseos, pero también las formas particulares que tenían de ver el territorio, las relaciones sociales y económicas entre vecinos y sus historias particulares. Nos sirvió también de referencia para entender lo que estábamos tratando de construir con la gente en materia territorial, otras experiencias, que aunque efímeras, fueron muy significativas  en eso de construir territorialidad en el Pacífico: El territorio Wounaan negro en el sur del Chocó. Pero también de la experiencia vivida en Chiapas, donde indígenas y campesinos mestizos habían emprendido una lucha común por el territorio. Esa fue la forma en que nos fuimos aproximando al problema.

Los paradigmas centrales los aportaron las comunidades. Para entender el territorio se partió de una analogía que los indígenas y los negros hicieron sobre la cuenca del río Naya y el cuerpo humano, una metáfora que caló bien en la población y poco a poco fue haciendo escuela en la región.

– El territorio del Naya es un cuerpo con vida. Lo que le da vida a este cuerpo es el río Naya y sus 46 afluentes. En el Naya viven comunidades diferentes, con culturas diferentes, con historias diferentes. A estas comunidades las une el río, que es la columna vertebral de este cuerpo. Sin este cuerpo estas comunidades no tendrían vida.

– De esta metáfora implícitamente se derivaba la responsabilidad de los habitantes con ese cuerpo-territorio: Su integridad física debe mantenerse. Desmembrarlo sería matar este cuerpo. Debía haber un manejo integral del territorio con responsabilidades compartidas.

– Esta analogía entre territorio y cuerpo humano  dio lugar a otra metáfora, esta vez tomada de la cultura eperara siapidaara: La Casa Grande, donde se reúne el pueblo sia para aconsejarse mutuamente y junto con la líder espiritual , la Tachi Nawe, tomar las decisiones más importantes para su futuro.  De esa forma surge la idea de que había que conformar una organización-techo, donde estuvieran representados todos los pueblos. Una organización que coordinara y ayudara a fortalecer a todas y a cada una de las organizaciones de los pobladores: cabildos, consejos comunitarios y juntas de gobierno campesino.

El reto que teníamos por delante era enorme y lleno de incertidumbres, pues como veremos más adelante, en la decisión que se tomó de proteger los suelos bosques, y ríos de la depredación y la propuesta de una Unión Territorial Interétnica se encontraba también el germen de los conflictos que viviría más tarde el Naya, para decirlo en términos gramcianos, los grandes intereses, propiciaron también que emergieran los pequeños intereses.

Los pobladores del Naya atravesaban una de las situaciones más difíciles de su historia. La penetración en su vida social de una economía basada en el cultivo y procesamiento de la coca, había quebrado la columna vertebral de su economía tradicional y desestructurado su sociedad y su cultura. La conclusión de que solo frenando la expansión de esta economía, que estaba también destruyendo bosques y ríos, podría iniciarse un proceso de reconstrucción territorial, social, económica y cultural, comenzó a abrirse paso.

Aquí y allá, encontrábamos familias y comunidades de colonos e indígenas  que utilizaban sus antiguas estrategias de trabajo y aprovechamiento de la oferta ambiental de su territorio, adaptadas a las condiciones de este ecosistema, que les había permitido vivir bien y ofrecerles a sus hijos las mismas condiciones que ellos recibieron de sus padres, sin causarle daños sensibles al territorio. Como resultado de estos análisis que se propiciaron con los pobladores surgió lo que se llamaron “cinco tesis para que el Naya continúe con vida”:

1. Sin acuerdos sobre su manejo, el Naya no tiene perspectivas de seguir existiendo como cuerpo-territorio. En la parte alta se está destruyendo el bosque primario y se están contaminando las aguas con desechos tóxicos. La parte baja está recibiendo las consecuencias (por ejemplo escasea el pescado).

2. Sin convivencia, las culturas no tienen la fuerza para sostener con vida a este cuerpo-territorio. Dicho en otras palabras: El Naya para existir como territorio necesita la convivencia intercultural.

3. La interculturalidad es vida, es práctica. No sólo saber (teoría) sino proceder (acción): La multiculturalidad es la realidad que se da. La interculturalidad es una realidad por construir.

4. Construir interculturalidad no es un camino fácil. Tomando lo que decía Bachelard para la educación, que para “aprender hay que desaprender”, para construir interculturalidad, para entender al otro y llegar a convivir con él, hay que despojarse de muchos prejuicios aprendidos.

5. No se estaba hablando de biculturalismo: esquizofrenia, ser dos personas al mismo tiempo. Se estaba hablando de interculturalidad: Una cultura que se apropia de/y se enriquece con elementos de otras culturas,  y que en aras de construir la convivencia, prescinde de aquellos elementos circunstanciales y no esenciales de su cultura, que afecta a los otros.

Sobreestimamos la generosidad de la gente con su territorio. La inserción de la región a la economía de la coca, el impacto permanente de representaciones y señales provenientes de la sociedad regional y nacional, nos indicó tardíamente la necesidad de relativizar esa sobreestimación. Ante todo entendimos que los apremios económicos, políticos y sociales que coartan voluntades, dificultan los diálogos interculturales que son fundamentales para la construcción social de un territorio interétnico.

Reclamos territoriales y particularidades étnicas

Para iniciar un proceso intercultural se requiere un diálogo entre iguales sin que medie algún tipo de coacción. Y no se construye interculturalidad si no se acepta como igual al interlocutor o si se tiene una visión simple del otro: los indios y los negros son los que poseen culturas auténticas. Los esencialismos conducen a oposiciones que inhiben o bloquean cualquier proceso intercultural.

Las organizaciones indígenas y negras, debido al desconocimiento y la exclusión autoritaria que han sufrido sus pueblos, responden a menudo con fundamentalismo. El esencialismo y el fundamentalismo no son buenos  consejeros para establecer diálogos interculturales.

El auge de las luchas indígenas por la tierra y la conciencia de delimitar áreas de especial importancia ecológica condujo al Estado a partir de los años 70 a crear resguardos indígenas y parques naturales en la Amazonia, la Orinoquia y el Pacífico. Este ordenamiento territorial bajo los conceptos de etno- y ecodesarrollo, estuvo acompañado de fuertes controversias. Por un lado se reducían las expectativas de ganaderos de ampliar latifundios a costa de “baldíos”. Por otro lado no se tuvo en cuenta la situación social de los campesinos (colonos) que habían emigrado a esas regiones desde la zona andina y valles interandinos.

Con el fin de facilitar la unidad política como estrategia para la construcción de un territorio interétnico, había la necesidad de flexibilizar los reclamos territoriales con base en los rasgos étnicos. Aunque en Colombia esta discusión no se ha dado en profundidad, la apreciación que teníamos es que en el Naya, por sus particularidades de región pluriétnica y por el perfil y desarrollo de las luchas que habían dado los indígenas nasa, se daban condiciones que favorecían una perspectiva política que difuminaba las fronteras étnicas, semejante a Chiapas o Guatemala, donde los campesinos son asimilados o reconocidos como grupo étnico.

Nietzsche decía que la democracia era un asunto para los débiles. Esto lo aplaudió el Nacionalsocialismo para su proyecto de dominación. Sin embargo Nietzsche tenía razón, pues los débiles necesitan practicar la democracia si algún día querían ser fuertes. Ningún grupo puede entonces imponer su voluntad a los otros. Así no se construye interculturalidad ni sociedades democráticas y la democracia es un principio fundamental de la interculturalidad y la convivencia.

Tales propuestas demuestran un vínculo íntimo de la gente del campo con las luchas por la democratización de las sociedades y la creación de unidades de gobierno que sean compartidas por todos. Para el caso que venimos presentando, se trataría de uniones territoriales interétnicas, que son no sólo más democráticas, sino más eficientes en términos de manejo ambiental (permite abarcar unidades geográficas más amplias); sobre todo son más efectivas a la hora de pisar tierra y enfrentar a sus adversarios, que hoy vuelven con más ímpetu por el oro, los hidrocarburos y otros recursos de sus territorios, que amenazan a estos pobladores en transformarlos de propietarios agrarios, en jornaleros y pobres rurales.

Para regiones pluriétnicas en el Pacífico o el resto de Colombia son de gran relevancia estos acercamientos y “mestizajes” culturales y políticos, pues señalan caminos para reducir las tensiones y polarizaciones entre los grupos, que impiden la fusión de esfuerzos y voluntades para construir un proyecto social y político común como es una territorialidad interétnica.

Aparentemente, uno de los obstáculos para conformar un territorio interétnico es que sólo los indígenas y los negros tendrían mecanismos jurídicos para acceder a la titulación colectiva (resguardos y territorios colectivos de comunidades negras), caso contrario es el de los campesinos que  no contarían  con una fórmula legal de acceso a la propiedad colectiva de la tierra. Las reservas campesinas que posibilitaban la defensa de sus tierras y eran un obstáculo para la expansión del latifundio, fueron anuladas por el Estado. Las posibilidades de reclamar títulos para un territorio interétnico es una lucha, que aunque no imposible era por lo menos del largo plazo y en el largo plazo, como decía Keynes todos estaremos muertos.

La idea que surgieron en los debates interétnicos, es que la clave para avanzar en la conformación de un territorio interétnico sería la apropiación del territorio por medio de una economía propia que fundamentara garantizara la estabilidad de la población en el territorio, una estabilidad que no la asegura daba la coca, ni los títulos sobre el territorio, en una región, donde el Estado no tiene ni la capacidad ni la voluntad de garantizar los derechos de indios, negros y campesinos.

El territorio interétnico del Naya sin modelos productivos propios, sin una economía propia, solidaria, que se parezca a la gente, con rostro humano, como dice Max Neef, no tiene futuro. El Naya requiere una economía que responda a las necesidades y deseos de las comunidades, ante todo que sea controlada por las comunidades, pues la economía es política y expresa relaciones de poder.

En el portafolio del Estado se encuentran una serie de proyectos económicos extractivos, de plantación y de infraestructura) que iban a cercenar el cuerpo y a arrasar con sus comunidades.

No es indiferente el tipo de economía que se decida para el Naya. Aquí, distinto a lo que es la interculturalidad, no pueden estar conviviendo varios sistemas económicos, por ejemplo uno mercantilista extractivo, uno capitalista y uno solidario, pues el más fuerte, el más depredador se ‘traga’ al que menos capacidad tenga para defenderse.

Echar a andar un proceso intercultural de tal envergadura necesita superar dos obstáculos. El primero de ellos es que las organizaciones requieren, lo decimos con franqueza, renovar sus liderazgos. Liderazgos que sean receptivos a nuevas ideas. Liderazgos que le impriman a sus movilizaciones un marco más coherente y más acorde con la realidad que viven sus pueblos.  Los lemas de unidad, territorio, cultura y autonomía son banderas que unieron en un solo haz las luchas indígenas. Empero son hoy insuficientes, para enfrentar los nuevos poderes generadores de desigualdad, que tienen que ver con la transnacionalidad de las decisiones económicas que impone la globalización neoliberal.

El segundo obstáculo es el miedo a perder la identidad y el determinismo de lo propio y autóctono de su historia particular, un miedo que impide entender las condiciones de existencia de los otros, sin lo cual es imposible unirse con los diferentes y compartir con ellos proyectos comunes. Para decirlo en palabras de Michael Taussig, un estudioso de la problemática de indígenas y negros:

“Perder el miedo a enfrentar la tarea de construir una estabilidad en la inestabilidad, que implica el ejercicio mimético de los seres humanos de “danzar entre la similitud y la diferencia”


*Efraín Jaramillo Jaramillo pertenece al Colectivo de Trabajo Jenzera.

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Fuente: Jenzera: http://jenzera.org/web/?p=3168

https://www.servindi.org/actualidad-noticias/24/04/2017/territorialidad-en-un-contexto-interetnico

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