¿QUE ES ECUMENISMO? JUAN ESTEBAN LONDOÑO


Les comparto este artículo Que publique en mi antiguo Blog de Hace un año. Ahora en la Academia: ¿QUÉ ES ecumenismo?

Dadas Tantas Confusiones Que EXISTEN Acerca del término “ecumenismo”, este artículo SE PREGUNTA POR EL origen y el Uso del término en Términos Bíblicos y Teológicos para dar Una aclaración práctica.
 https://www.academia.edu/32922694/_QU%C3%89_ES_ECUMENISMO

ESPAÑA: Presentación de la jornada por Margarita Pintos, teóloga católica y presidenta de ADIM


XIV Jornada Anual de ADIM (22-04-17): “DEL FUNDAMENTALISMO AL DIÁLOGO”

Sábado, 22 de abril de 2017

En el Centro Cultural Soka (Rivas-Vaciamadrid)

Margarita Pintos          

 

«En el momento tan convulso que vivimos a nivel planetario, nos ha parecido oportuno reflexionar sobre estos dos términos antagónicos, fundamentalismos y diálogo, desde la perspectiva de los colectivos religiosos que componen nuestra asociación ADIM. Podemos constatar, como decía el Manifiesto comunista: ¡Un fantasma recorre el mundo! Hoy ese fantasma se llama fundamentalismo.

Las religiones, o al menos sus dirigentes, no han encarnado precisamente valores como la tolerancia y el diálogo. También las personas creyentes, con su comportamiento, no han sido capaces de transformar las sociedades en las que viven. La mayoría de las religiones han impuesto un pensamiento único y han perseguido, castigado y expulsado de su seno a los creyentes considerados disidentes y heterodoxos. Han invadido espacios civiles que no eran de su competencia y han impuesto sus creencias, muchas veces por la fuerza y recurriendo a la violencia.

El diálogo ha brillado por su ausencia. Se han impuesto, más bien, el anatema, la condena, la exclusión. Lo mismo cabe decir de la no-violencia y de los mensajes de paz, que están presentes en los textos originarios de las mayorías de las religiones y con frecuencia ausentes en sus prácticas. En la programática originaria de las religiones no estaba el fundamentalismo, por lo que nos podemos preguntar qué es lo que ha ocurrido para que aparezca.

La intolerancia hoy adopta la forma extrema de fundamentalismo sobre la que vamos a reflexionar con la ayuda de Juan José Tamayo.

Después del diálogo con el ponente tenemos una pausa. Al salir escogemos una piedra blanca para escribir en ella un rasgo o actitud que exprese un comportamiento para vencer nuestro fundamentalismo.

Las diferentes tradiciones nos expondrán sus problemas con las actitudes y prácticas intolerantes en su interior, para terminar con la recitación en sánscrito de dos mantras por la paz de la tradición hindú.

Nos despediremos intercambiando las piedras, que por su dureza representan la fuerza del fundamentalismo y las heridas que pueden producir, pero la palabra que llevamos escrita en ella, es el antídoto que puede producir acciones liberadoras».

Juan José Tamayo                     

Ponencia de Juan José Tamayo, director de la Cátedra de Teología y Ciencias de las Religiones “Ignacio Ellacuría” de la Universidad Carlos III de Madrid.

FUNDAMENTALISMOS

«Los diferentes fundamentalismos se caracterizan por una serie de elementos que enseguida los hacen reconocibles: absolutización de lo relativo, que desemboca en idolatría; universalización de lo local, que desemboca en imperialismo; generalización de lo particular, que desemboca en pseudo-ciencia; elevación de lo que es opinable a la categoría de dogma, que desemboca en dogmatismo; simplificación de lo complejo, a través del género literario del catecismo de preguntas y respuestas elementales; eternización de la temporal, que desemboca en teología perenne; reducción de lo múltiple y plural a uno y uniforme, que desemboca en verdad única; sacralización de lo profano.

Todos los fundamentalismos desembocan en violencia o la legitiman.

– El fundamentalismo religioso recurre a la violencia, que justifica en nombre de Dios, a quien convierte en un asesino, y se traduce con frecuencia en guerra de religiones.

– El fundamentalismo político del Imperio lleva a cabo intervenciones militares contra los pueblos y Estados que se niegan a someterse a sus órdenes y de cuyas riquezas se apropian.

– El fundamentalismo económico se caracteriza por el ejercicio de la violencia estructural y por la imposición de reglas comerciales que conducen a la extorsión económica.

– El fundamentalismo cultural absolutiza la cultura hegemónica, la impone incluso por la violencia, hasta desembocar en colonialismo, culturicidio e injusticia cognitiva.

– El fundamentalismo patriarcal tiene su base en la naturalización de la inferioridad de las mujeres, legitima su sumisión y recurre a la violencia de género como instrumento estructural y sistemático y como manifestación extrema del odio hacia las mujeres.

– El fundamentalismo científico niega los conocimientos y saberes que no se atienen a la metodología de las ciencias llamadas “naturales” ni al canon de la epistemología occidental, y desemboca en epistemi-cidio.

– El fundamentalismo antropo-céntrico coloca en el centro del cosmos al ser humano, que se considera dueño y señor de la naturaleza, a la que niega sus derechos, le provoca sufrimientos, la explota y depreda en su propio beneficio. La relación con ella no es sujeto a su objeto, sino de sujeto –el ser humano- a objeto- la naturaleza, contra la que ejerce eco-violencia.

Lo más preocupante del fenómeno fundamentalista es que se encuentra instalado en la cúpula de las distintas instituciones: políticas, económicas, culturales, religiosas, etc. El choque y el conflicto se han considerado leyes de la historia, pero, si esto fuera cierto, habríamos desaparecido de la tierra. No son la norma, son la excepción.

El fundamentalismo se lleva todo aquello que quiere contribuir a la paz, la igualdad y la justicia social, sobre todo cuando va acompañado de violencia. Se requieren pedagogías alternativas para liberarse del virus del fundamentalismo, ya que las pedagogías tradicionales con las que nos educaron llevaban de forma inherente dicho virus

El diálogo es la alternativa a los fundamentalismos. Sin diálogo el ser humano se asfixia y las religiones se anquilosan; por el contrario, el diálogo hace que canalicemos nuestra naturaleza esencialmente comunicativa, el diálogo es clave para la razón, el diálogo nos permite entender los textos e interpretarlos, el diálogo es la primera relación de la humanidad: la del Creador con el hombre.

Se requiere un diálogo interreligioso radical que vaya a la raíz de los conflictos económicos y sociales de la humanidad».

Mesa redonda interreligiosa

Participaron miembros de diversas tradiciones para exponer cómo afrontan el fundamentalismo las diferentes tradiciones religiosas

Carola Bendinger y Miguel Mandujano expusieron cómo los laicos del budismo nichiren lograron su independencia frente al conservadurismo de los monjes hace apenas unas décadas y fundaron el Soka Gakkai.

Leila Sant Massarrat comentó cómo los precursores de la comunidad bahá’í se defendieron de forma armada cuando fueron acosados a mediados del siglo XIX y cómo, desde entonces, han resistido con resiliencia constructiva de servicio activo a la sociedad en Irán su país de origen. «La promoción de la investigación independiente de la verdad es un principio religioso que permite eludir el fundamentalismo y filtrar las interpretaciones religiosas a través del tamiz de la ciencia y de la razón».

Guillermo Simó, de Brahma Kumaris, nos orientó a encontrar la serenidad y la seguridad propias en la meditación para evitar actitudes rígidas y fanáticas propias de personas inseguras.

Jesús Martínez, de la tradición cristiana, comentó que en Cristo se manifestó Dios como inmigrante en nuestra Tierra y que en el sentido auténtico de las religiones no tiene cabida una actitud proselitista ni misionera. «El diálogo interreligioso es una especie de migración que enriquece».

Rafa Millán, sufí, abordó la honda espiritualidad que late en el islam desde hace siglos, que nada tiene que ver con la imagen de fanatismo que puedan dar algunas minorías. «Desde la perspectiva sufí a Dios se le reconoce en el encuentro».

Mesa interreligiosa          

Conclusiones de la Jornada

Nos llevamos como imperativo ético fomentar y practicar el diálogo interreligioso. Las diferentes experiencias nos servirán para reconocer, escuchar y dar razones de nuestras prácticas.

Descubrir, conocer y reflexionar sobre la originalidad de nuestra tradición religiosa, reconociendo que no hay “etapas puras” y que el contexto cambiante hace que la manera de vivir las creencias sea diferente.

Reconocer nuestro fundamentalismo es el principio del cambio. Necesitamos incorporar la complejidad a la vida cotidiana, porque las respuestas simples conducen a la intolerancia.

Actitudes a desarrollar: resiliencia constructiva, unidad en la diversidad, buscar el bien común para la gente común, ejercer el poder consultivo y cooperativo no patriarcal.

Cuando la inseguridad nos invade tendemos a mostrarnos rígidos y desarrollar acciones violentas contra otros. Entonces recurrir a “la flauta del conocimiento”.

En estos momentos de migraciones convulsas, podemos descubrir que Dios siempre ha sido migrante en todas las tradiciones, por eso no tiene sentido una actitud “misionera”. Desarrollar una actualización constante para mantener viva la experiencia religiosa y poderla compartir con los demás.

Laskhmi y Shánkara             

Recitación de mantras por la paz

Laskhmi y Shánkara de la tradición hindú cerraron el encuentro trasmitiendo emoción y espiritualidad con sus melodiosos cánticos.

 

 

SECRETARÍA DE ADIM
Avda. Pío XII, 51 – Madrid (España)
WEB: http://www.adimadrid.com/

¿Papa del poder o Papa de la unidad?


El Papa y Tawadros II

Francisco en Egipto: una nueva idea del Papado

“La solución a las divisiones no está en las condenas”

José María Castillo, 30 de abril de 2017 a las 08:41

Lo que yo veo cada día más claro es que Francisco ha optado más por el Evangelio que por los rigores de un poder que se parece más al de los Sumos Sacerdotes que al despojo de poderes y dignidades que asumió y vivió Jesús

Francisco y Tawadros sellan una declaración común/>

Francisco y Tawadros sellan una declaración común

(José María Castillo).- La visita, que el papa Francisco acaba de hacer a Egipto, ha dejado más patente (si cabe) que el actual obispo de Roma tiene una idea del papado, que no coincide exactamente con la idea dominante que han mantenido – durante siglos y a toda costa – los papas anteriores, desde Gregorio VII (s. XI) hasta Benedicto XVI (s. XXI).

Al decir esto, no me refiero simplemente a las costumbres, a la sencillez y cercanía a la gente o a la espontaneidad de Jorge Mario Bergoglio. Todo eso, sin duda, tiene su importancia. Pero aquí estoy hablando de algo mucho más serio y más profundo. Una cuestión que se resume en la pregunta que he puesto como título de esta reflexión: el proyecto determinante de este pontificado, ¿es potenciar el “poder” de Roma o fomentar la “unión” de los cristianos?

Por supuesto, habrá quien piense y diga que los papas anteriores han afirmado y fortalecido el poder del obispo de Roma precisamente para mantener unidos a los cristianos con más eficacia. Pero, en realidad, ¿han conseguido y mantenido los papas esa unión de todos los creyentes en Cristo? Me refiero, como es lógico, a la unión de todos los cristianos entre sí. Y de todos, así unidos, con el obispo de Roma. De sobra sabemos que, por desgracia, esgrimiendo títulos y poderes, ostentaciones, amenazas y anatemas, lo que, de hecho, se ha logrado ha sido una serie interminable de fracturas, enfrentamientos y divisiones, que han hecho trizas el deseo supremo de Jesús, el Señor: “Que todos sean uno” (Jn 17).

Por esto, puedo asegurar que he sentido una enorme alegría por las noticias que nos han llegado de la visita del papa Francisco a el Cairo. Para estar con los cristianos coptos de Egipto, para abrazar al patriarca Tawadros II, para rezar con aquellos hermanos nuestros. Y conste que Francisco ha hecho estas cosas y ha tenido el comportamiento, que nos han explicado los medios de comunicación, a sabiendas de que la fe de los coptos en Jesucristo no es exactamente como la nuestra. Los coptos son “monofisitas”, es decir, no creen que Jesús fuera un hombre de condición humana. O por lo menos, ponen serios reparos a la “naturaleza humana” de Cristo. Una doctrina “demasiado espiritual”, que fue condenada por el concilio de Calcedonia, en el siglo V. Además, como es sabido, sus leyes y su liturgia no coinciden con la doctrina y la praxis de Roma.

Francisco ha visto que la solución a estas divisiones no está en las condenas. Francisco no ha hecho sino un intento de recuperar lo que tan celosamente defendió, a finales del s. VI y comienzos de VII, uno de los papas más grandes que ha tenido la Iglesia, san Gregorio Magno. La idea de este gran papa fue clara y tajante: rechazó el título de “Papa Universal”. Se conservan más de 60 documentos, en los que Gregorio Magno, afirma que el título “universal” es falso e intolerable. Y llega a calificarlo como un título “criminal”, “sacrílego”, “blasfemo”, “estúpido”, “temerario”… Así lo demostró, con toda la documentación necesaria y exacta el profesor Manuel Sotomayor, en un excelente estudio, publicado en la “Miscellanea Historiae Pontificiae” (vol. 50, 1983, 57-77).

Aquí sí cabe decir con firmeza: ¿vamos a ser nosotros “más papistas que el papa”? En todo caso, lo que yo veo cada día más claro es que Francisco ha optado más por el Evangelio que por los rigores de un poder que se parece más al de los Sumos Sacerdotes que al despojo de poderes y dignidades que asumió y vivió Jesús. Por eso yo me pongo de parte de Francisco.

Para leer todos los artículos del autor, pincha aquí:

http://www.periodistadigital.com/religion/opinion/2017/04/30/papa-del-poder-o-papa-de-la-unidad-religion-iglesia-vaticano-francisco-egipto.shtml

CMI NOTICIAS: oración ecuménica histórico en Egipto por la paz y la unidad


Noticias del Consejo Mundial de Iglesias

Oración ecuménica histórica en Egipto para la paz y la unidad

Historical ecumenical prayer in Egypt for peace and unity

Foto: Marianne Ejdersten / CMI

Abr 30 de, 2017

Líderes de la iglesia, dirigidos por el Papa Tawadros II y Francisco, se reunieron para orar por el pueblo de Egipto, por la unidad, la paz y la justicia en San Pedro y la Iglesia de St. Paul, la capilla junto a la catedral copta ortodoxa de San Marcos que era bombardeada en diciembre de 2016, ha sido restaurada.

Francisco y el Papa Tawadros entraron en un corto procesión a la iglesia, donde 29 personas murieron y 47 resultaron heridos el 11 de diciembre de 2016. El Consejo Mundial de Iglesias secretario general, Rev. Dr. Olav Fykse Tveit, también tomó parte en la procesión junto con líderes de la iglesia de Egipto y de otras partes del mundo.

Dentro de la pequeña iglesia, cada uno de los ocho líderes cristianos sentados delante de la congregación, con Francisco; Papa Tawadros de la Iglesia Ortodoxa Copta de Alejandría; Patriarca Ecuménico Bartolomé I, Arzobispo de Constantinopla; El Papa y Patriarch Theodore II de Alejandría y toda África; Patriarch Ibrahim de la Iglesia católica copta de Alejandría; El arzobispo anglicano Mouneer Anis, primado de la Provincia de Jerusalén y el Medio Oriente; Patriarch Gregory III Laham, de Antioquía y todo el Oriente, y Alejandría y Jerusalén; y el Rev. Dr. Andrea Zaki, presidente de la comunidad protestante de Egipto, y el director de la Organización Evangélica Copta para Servicios Sociales.

Cada uno de los líderes de la iglesia leer un verso cada una de las bienaventuranzas del Evangelio de San Mateo. Francisco y el Papa Tawadros II luego dijo algunas palabras en la oración, y todos compartían una señal de paz.

Francisco oró: “Señor Jesús, te pido que nos bendiga, que bendiga mi hermano Papa Tawadros II, para bendecir a todos mis hermanos obispos que están aquí, para bendecir a todos mis hermanos cristianos y para llevarnos por el camino de la caridad y de trabajar juntos hacia la mesa de la Eucaristía. Amén.”

Con música y colocando flores, rezar y encender una vela en el lugar donde muchos de los cristianos coptos ortodoxos fueron asesinados por un atacante suicida el año pasado, Francisco y el Papa Tawadros II rindió homenaje a los que murieron por su fe. El grupo ecuménico oró juntos frente a las fotografías de las víctimas, y Francisco coloca un ramo de flores blancas y amarillas en la pared conmemorativa en su honor.

Tveit, comentó: “Orar juntos en el bombardearon y ahora restauraron la iglesia de San Pablo en El Cairo, con las marcas de la bomba todavía muy visibles en las columnas, y las imágenes de los mártires en la pared de San Pedro y, que se sintieron profundamente conmovidos. Nos sentimos la pérdida trágica, el miedo y la esperanza de los cristianos en Egipto “.

“Orar juntos es una señal importante de estar juntos. En la oración nos hemos reunido por la gracia de Dios, compartiendo las preocupaciones más profundas entre sí en la oración de la Iglesia.“

“La oración es una oración ecuménica entre sí y uno por el otro. Esto demuestra la simpatía y la unión en nuestra lucha por la justicia y la paz en el mundo, como oramos constantemente ‘venga tu reino, hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.’”

Justo antes de la oración ecuménica, en un movimiento histórico y significativo hacia una mayor unidad de los cristianos, el Papa Tawadros II y Francisco firmaron una declaración común sobre el sacramento del bautismo.

La mayoría de los 82,5 millones de egipcios son musulmanes suníes. Entre 12-15 por ciento de la población de Egipto son cristianos, la mayoría de ellos copta ortodoxa, pero hay católicos, protestantes y otras diversas comunidades cristianas en el país también.

Enlace a la oración ecuménica (grabación de vídeo)

Iglesias miembros del CMI en Egipto

“La diversidad a ser valorada en la construcción de nuestras sociedades”, dicen Consejo CMI y musulmanes de Ancianos (comunicado de prensa del CMI 27 de de abril de, 2017)

Tveit: “Creemos en un solo Dios que ha creado una humanidad a vivir junto con su diversidad y las diferencias” (comunicado de prensa del CMI 27 de de abril de, 2017)

Patriarca Ecuménico habla sobre el papel de la religión en la paz mundial (CMI comunicado de 28 de prensado de abril de, 2017)

Jornada de diálogo entre musulmanes y cristianos se desarrolla en Egipto (el comunicado de prensa del CMI 26 de de abril de, 2017)

World Council of Churches

Del ecumenismo de la sangre al del bautismo


Francisco, los patriarcas y representantes cristianos, rezan juntos

El Papa y los patriarcas rezan juntos ante las esquirlas de las bombas del ISIS

Francisco da un paso más en el proceso de la unidad en la diversidad

José Manuel Vidal, 29 de abril de 2017 a las 09:29

Emotivo homenaje ante las fotografías de los mártires coptos. Francisco y los demás Patriarcas, con los ojos humedecidos por la emoción, depositan rosas blancas junto al altar de los mártires

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Plegaria conjunta de las iglesias cristianas en San Marcos

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El Papa, y los patriarcas, juntos

(José Manuel Vidal, e.e. El Cairo).- “Un solo Señor, una sola fe, un solo bautismo, un solo Dios y Padre”. Este es el canto que resuena en todas los templos de la cristiandad durante la semana de oración por la unidad de los cristianos y que se hizo carne y vida, en vivo y en directo, en la catedral de San Marcos de El Cairo.

Un Francisco humilde, sin estrado superior, al mismo nivel de los demás, ni siquiera presidió las vísperas ecuménicas. Las concelebró con los Patriarcas de Oriente. Todos juntos y en comunión visible. En un mosaico de colores y vestimentas diferentes, que brillan por sí mismos y contribuyen al esplendor del cristianismo. “Un solo Señor”.

Un paso más en el proceso de la unidad en la diversidad. Esa unidad de diferentes escenificada por el intercambio de cruces pectorales entre el papa y el patriarca Teodoro.

Y la plegaria común al Padre conduce a la comunión doctrinal, que, poco a poco, de estrecha. Francisco y Teodoro firmaron un documento que hace innecesaria la repetición del bautismo. “Un solo bautismo”, válido aunque se cambie de confesión cristiana. Es decir, “una sola fe”.

Pasos sucesivos en el camino soñado de la unidad, que culminan en el ecumenismo de la vida y, en el caso concreto de los coptos, de la sangre. Emotivo homenaje ante las fotografías de los mártires coptos. Francisco y los demás Patriarcas, con los ojos humedecidos por la emoción, depositan rosas blancas junto al altar de los mártires. En las columnas de la catedral, agujereadas por las esquirlas de las bombas del Isis, las pruebas visibles de la violencia de los profanadores de la religión.
Pero en los lideres cristianos no hay deseo de venganza ni resentimiento.

Solo un clamor por la paz y la proclamación tácita de que la fe auténtica se prueba en el crisol del amor. Incluido, por supuesto, el amor a los enemigos. Convencido de estar asistiendo a un evento histórico, uno de los Patriarcas, Gregorio III Laham, patriarca de Antioquía, Alejandría y Jerusalén, sacó su móvil e inmortalizó el momento. “Un solo Dios y Padre”.

 

http://www.periodistadigital.com/religion/opinion/2017/04/29/del-ecumenismo-de-la-sangre-al-del-bautismo-religion-iglesia-ecumenismo-papa-patriarcas-paz-violencia-isis.shtml

¿RELIGIÓN EN LAS ESCUELAS?: Por Nicolás Panotto


Considerando el tiempo en que nos encontramos, estas resistencias son más que pertinentes. La necesaria laicidad de un Estado juega su carta más importante en las escuelas, por lo que hoy día se hace impensable un adoctrinamiento en términos religiosos –especialmente desde sus voces monopólicas-, como así también en otras áreas del campo social. Ahora bien, estos debates siempre avivan una contracara que tampoco es muy saludable, como lo es el laicisismo extremo que tiende a estigmatizar lo religioso como fenómeno y a endilgar sus expresiones como elementos pertenecientes al campo de lo irracional, medieval, anti-político, etc. Estas comprensiones, más allá de su validez en algunos casos, distan de reflejar la complejidad, profundidad y pertinencia de lo religioso en tanto fenómeno y su real impacto en la sociedad. La negación de lo religioso, implica negar –guste o no- uno de los marcos de sentido más importantes de nuestras sociedades –recalco: uno más entre otros-, y con ello la realidad de una convivencia democrática que nazca de una genuina pluralidad inclusiva entre todas las expresiones identitarias presentes.

De aquí, nos preguntamos si la relación entre lo religioso y lo educativo (así como lo religioso y lo social) puede ser vista desde un punto de partida que habilite nuevas posibilidades en términos de formación social, sin caer en un adoctrinamiento orgánico, y dando por sentado tanto la necesidad de un marco completamente laico dentro de las currículas escolares como la ineludible separación entre iglesia/religión institucional y Estado. En otros términos, ¿es posible abordar lo religioso en espacios educativos desde un marco más amplio, sin imponer ni priorizar sino simplemente otorgando la misma validez que a otro tipo de cosmovisión?

Antes de avanzar, pongamos algunos puntos en perspectiva:
– Lo religioso como fenómeno es un elemento constitutivo de toda sociedad. Los modos de creer son sumamente híbridos y variopintos, inclusive dentro del propio catolicismo como representación principal, al menos en Argentina [1]. La gran mayoría de la ciudadanía posee creencias religiosas, más allá de la multiplicidad de vinculaciones con sus formas institucionales oficiales.
– Lo religioso no simboliza un conjunto de elementos folklóricos sino más bien un modo de ver la vida, la sociedad, la política y lo cultural. Por este motivo, hablar de religión no es tratar con un elemento enclaustrado en la “vida privada” sino con un marco de sentido personal, familiar y comunitario que tiene directa injerencia en los asuntos sociales y públicos.
– La ignorancia en términos religiosos ha llevado –tanto en el pasado como en la actualidad- a prácticas de discriminación, violencia, intolerancia y estigmatización socio-cultural. Es decir que la falta de conocimiento sobre la diversidad de creencias y las implicancias personales y sociales de lo religioso abre la puerta a prácticas anti-democráticas, violentas y perjudiciales para el bienestar social.
– Por todo esto, podemos decir que reconocer la pluralidad de creencias, la inmensa diversidad de formas de aprehender y vivir lo religioso, y su intrínseca relación con los procesos sociales, significa profundizar una cultura democrática que visibilice, acepte e incluya la variedad de expresiones religiosas dentro de una comunidad social, así como se reconocen otras voces.

A partir de estos elementos, nos preguntamos: ¿debe estar lo religioso como tema general completamente ausente de los centros educativos? Reiteramos y enfatizamos que la “enseñanza religiosa” como tradicionalmente se la concibe –es decir, como forma de adoctrinamiento dogmático y eclesial- no tiene lugar alguno dentro de una política educativa laica y un régimen democrático basado en el Estado laico. Ahora bien, dicha distinción no debe llevarnos necesariamente a descartar que lo religioso es un campo que puede estar presente como una cosmovisión más dentro de los temas que se tratan en diversos campos de la educación, para ser abordado y estudiado en relación a distintos fenómenos sociales, culturales y políticos.

¿Podríamos, entonces, pensar en lo religioso (o más concretamente, en el pluralismo religioso) como un elemento que debe estar presente dentro de las currículas escolares, al menos de manera más intencional y explícita, y más allá del marco católico-céntrico que predomina actualmente? No hablamos de una asignatura específica u obligatoria dentro del programa, sino más bien de lo religioso como un eje más dentro de debates, unidades problemáticas y abordajes más amplios, como pueden ser la composición plural de lo social, las definiciones de ciudadanía, las construcciones de subjetividad, la diversidad constitutiva de lo cultural, el sentido de pluralismo ligado a lo democrático, la necesidad de escuchar diversas voces dentro del espacio público, entre otros, ejes todos estos que atraviesan diferentes materias curriculares. En definitiva, ¿podría contemplarse el lugar de lo religioso como una voz legítima, al igual que se promueve la presencia de grupos etarios, indígenas, representaciones de mayorías sociales, voces políticas, etc., tal como se enseña en educación cívica o ciudadana?

Por supuesto que reconocemos las problemáticas existentes en torno al manejo de ciertas expresiones religiosas dentro del espacio público, el Estado o el campo político en general. Pero precisamente por ello, una concientización y formación más amplia y plural sobre lo religioso nos ayudará a manejar los conflictos que se gestan desde dicho campo –especialmente en lo que refiere a la intromisión de diversas cosmovisiones moralistas que promueven ciertas expresiones religiosas, las cuales bloquean la profundización de políticas democráticas e inclusivas-, sin caer en estigmatizaciones o enclaustramientos sino más bien ubicando lo religioso –y con ello, abriendo su perspectiva y des-dogmatizando su propia presencia- dentro del enorme abanico de identidades que componen nuestras sociedades.

En resumen, debemos resguardar la educación de los abusos monopólicos –sean religiosos, políticos o sociales-, en pro de fomentar los valores democráticos del pluralismo, el diálogo, el consenso y la diversidad. Pero precisamente en ese marco debemos incluir y reconocer lo religioso como una voz más a la par de otras, para así mostrar la “foto completa” de lo variopinto de nuestros grupos sociales, como así también de otras concepciones sobre la incidencia social de lo propiamente religioso, que dista de ser un calendario de rutinas cúlticas, sino más bien un modo de asumir la vida personal y comunitaria.

Notas
[1] Para este caso, ver “Primera encuentra sobre creencias y actitudes religiosas en Argentina”

http://gemrip.org/religion-en-las-escuelas/

SOBRE EL APOCALIPSIS. Traducido del francés del Nuevo Testamento Ecuménico. Editorial Du Cerf. 1977.Paris.


B I B L I A


 

Introducción.

Etnológicamente, la palabra apocalipsis viene del término griego Apocaluptein  que significa:  “retirar el velo”, una apocalypse es una “re – velación”. La apocalíptica se emparenta a la tradición profética; constituye un desarrollo particular cuya se manifiesta sobre todo en la literatura bíblica y para bíblica a partir del siglo II antes de Cristo ( Dan.7 – 12 ), pero se encuentra ya en las preparaciones a Ezequiel,  Joel, Zacarías y en Isaías.

Caracteres generales del género literario apocalíptico:

1.- La Forma de la Revelación: El género literario profético, incluso si ocasionalmente hace referencia a visiones, se caracteriza principalmente por el oráculo, palabra divina transmitida por el profeta  quien es considerado haberlo oído anteriormente o comprobarlo inmediatamente.

En la apocalíptica, el hombre de Dios es más bien un visionario, él ha visto “el cielo entre abierto”, o ha sido beneficiado de un forma de “asunción” que le ha introducido en el mundo superior y se le concedido contemplar realidades normalmente inaccesibles. Por lo tanto, el mensaje es transmitido bajo la forma de una descripción y de una interpretación de lo que ha entre-visto; la imagen toma el turno sobre el discurso; la palabra no interviene más que en el marco de una puesta en  escena y normalmente para destacar o completar la significación.

2.- La utilización  del Simbolismo: Por su misma naturaleza, las realidades celestes contempladas por el visionario son de un orden superior, sin una medida común con el hombre. Es, pues, normal que ellas no puedan ser representadas tal cual ni definidas con precisión. Para evocar el dominio de Altísimo y del Sagrado donde ha sido introducido, el autor no puede proceder más que por aproximaciones: se expresa por medio de analogías singulares, impresionantes, a veces paradójicas, donde encuentra ya muchos ejemplos en las teofanías (manifestaciones) bíblicas así como en las representaciones religiosas del mundo greco-oriental o en la liturgia (culto).

El simbolismo tiene como fin valorar el carácter confidencial del mensaje y destacar cuanto privilegio es su comunicación. Con sus alegorías, alusiones cifradas, sus proclamaciones enigmáticas, la literatura apocalíptica pretende dirigirse a iniciadas-os: sólo quienes han sido llamados pueden acceder a la inteligencia de los secretos divinos. El autor sugiere así la importancia del mensaje que entrega, estimulando la curiosidad apasionada del lector-a.

3.- Objeto de las visiones apocalípticas: Mientras que la religiosidad griega tiende libremente hacia el conocimiento de verdades superiores o a la contemplación de realidades ejemplares, la revelación bíblica declara el designio de Dios y la presencia actuante del señor en el seno de la Historia. Esta declaración es al mismo tiempo una elección, un llamado a corresponder a la actuación divina.

En el profetismo clásico, la preocupación de exhortar es directa y  habitualmente explícito. Recordando al pueblo su vocación y su destino privilegiado, los profetas  proclaman las exigencias actuales de la Alianza. La conmemoración de las maravillas pasadas apoya la consigna de la fidelidad; el anuncio de nuevas bendiciones o el castigo que tiene por fin suscitar una resolución inmediata de cambio o reforma espiritual o moral.

En la literatura apocalíptica, la exhortación a la fidelidad o a la conversión es igualmente fundamental, pero con menor inmediatez evidente. Las visiones son consideradas para comunicar los secretos de la historia: ellas revelan el desarrollo inexorable de las grandes etapas finales del designio de Dios, evocan la llegada de la era nueva y sus preparaciones misteriosas, aclaran así  al – la creyente sobre la verdadera encrucijadas (riesgos) de las vicisitudes presentes. Pero la parecida revelación tiene por sí misma valor de advertencia: mantiene la esperanza de las-os perseguidos-as, reanima el valor de los-as tibios-as, solicita la conversión de las-os turbados-as.

En la predicación profética, la conversión y la fidelidad son la condición para la afirmación de la esperanza. En la visión apocalíptica, la revelación del triunfo final de Dios implica la consigna de la perseverancia y la invitación a estar listo, preparada-o.

4.- El tema de la urgencia, el no dar fechas y la seudo-nomía: En la línea del oráculo profético, pero por otras vías, el mensaje apocalíptico se afirma como urgente. El lector-a es conducido-a a presentir la inminencia del “ Día del Señor “ y del Juicio. Esta inminencia  es sugerida como medio de procedimientos diversos siendo los más comunes el no poner fechas y la seudo – nomía de las revelaciones. Estos son supuestos haber sido recibidos antiguamente por un personaje famoso, transmitidos desde entonces por una cadena de iniciados o maravillosamente reencontrados ( por ejemplo: Apocalipsis de Baruc, el Libro de los secretos de Henoc,  Asunsión de Moisés, IV libro de Esdrás. Su origen pretendidamente antiguo y prestigioso confirma su importancia, permite también presentar como futuro un desarrollo histórico que, de hecho, se realiza ya enj el momento de la difusión del mensaje. Como los acontecimientos recientes figuran, bajo símbolos diestramente límpidos, entre los signos últimos del acontecimiento final, los-as lectoras-es que saben prever las fechas pueden esperar a asistir pronto al triunfo de los-as justos-as y al castigo de los impíos-as.

La intención de tal anuncio es evidente: la proximidad de la era escatológica (final de los tiempos) da al  tiempo presente una gravedad particular; mantiene el fervor y anima a compromisos inmediatos.

5.- La Interpretación del mundo y de la historia: Mientras que la predicación profética apunta al desarrollo del designio de Dios en el seno de una duración continua y en el marco del destino histórico del pueblo elegido, la literatura apocalíptica supone una ruptura radical entre la era presente, marcada por el pecado y la empresa de poderes malvados, y la edad futura donde se efectuará en plenitud, el triunfo de Dios y de sus elegidos-as. La era presente, tiempo de conflictos y de prueba, será reemplazada por la manifestación perentoria y definitiva del orden divino. Este cumplimiento no es aleatorio;  no depende del juego de las voluntades humanas. Los plazos son  determinados con anticipación, normalmente desconocidos por la humanidad, pues, Dios sólo es el maestro y juez de la historia.

El cosmos entero es afectado por la llegada final del Reino de Dios: la visión del fin de los tiempos tiene las mismas dimensiones que las de la creación.

Concepción parecida es a la vez pesimista y optimista: pesimista en el sentido que destaca la caducidad del mundo presente y su perversión; optimista, en tanto que afirma el triunfo final de Dios a pesar de las victorias aparentes del  mal. Es particularmente vivo en los períodos de crisis: es además en los tiempos de persecución que se compusieron los escritos apocalípticos.

 

Perspectivas particulares del Apocalipsis de Juan.

Adoptando  en gran parte los procedimientos y estructuras del género literario apocalíptico, el Apocalipsis de Juan no puede reconducirse totalmente.

Una importante sección de la obra no tiene una verdadera forma apocalíptica: las cartas a las siete iglesias de Asia ( Ap. 2 – 3 ) se parecen más a la predicación profética ordinaria. Como en el profetismo igualmente, el autor nombra y dirige su mensaje a sus contemporáneos.

Sobre todo, es por su interpretación religiosa de la historia y por sus verdaderos centros de interés que el Apocalipsis de Juan se diferencia de la mayor parte de las obras de género literario.

1.- Interpretación cristiana de la Historia: La visión joánica del fin de los tiempos a asimilado  ciertas convicciones esenciales de la teología cristiana primitiva. La nueva era, anunciada y esperada por la apocalíptica judía, comenzó con la Resurrección de Cristo. Los últimos tiempos han comenzado y los hechos de bien mesiánicos son comunicados: el espíritu está extendido sobre toda carne ( Hch. Ap. 2, 16 – 21 ) y el – la cristiana – o ha resucitado ya con Cristo ( Col. 3, 1 ). Pero este acontecimiento del Reino se cumplió en el misterio; es siempre objeto de revelación y no puede ser percibido más que por la fe. Tiende hacia su realización plena y su manifestación gloriosa.

Según esta perspectiva cristiana, el “ Día del Señor ” es desdoblado: por una parte, designa el acontecimiento de la Resurrección de Cristo y su exaltación en la Señoría; por otra parte,  aún es esperado en tanto que Parusía (segunda venida de Jesús al final de los tiempos), manifestación universal y espectacular del Reino de Dios por Cristo. Momentáneamente, hay coincidencia del “ tiempo presente “ y la “ nueva era “. La Iglesia está en el tiempo presente, pero ella es de la era futura: ella es una realidad escatológica, a la vez que cumplimiento de las profecías y premisas proféticas del fin de los tiempos.

2.- El Objeto de las Visiones: Puesto que la escatología  ha  comenzado, la ruptura clásica entre la era presente y una era nueva no ofrece más que la misma significación. No evoca más que la sucesión de dos etapas, sino que es más las distinción de dos órdenes: el orden histórico y el ordene escatológico.

Las visiones no tienen sólo  el papel de evocar el proceso del fin de los tiempos con miras a preparar el acontecimiento del “ Día del Señor “. Las visiones se interesan más en las realidades misteriosas ya instauradas y comunicadas. La teología de Cristo y de la Iglesia toma el camino de la descripción apocalíptica de la historia. La  esperanza cristiana no se alimenta solamente de la perspectiva de una Parusía inminente, sino del recuerdo de la participación actual en el combate victorioso de Cristo.

En consecuencia, el tema de urgencia, habitual en la literatura apocalíptica, no se inscribe tanto en el marco de una evaluación cronológica de los plazos escatológicos; se basa sobre todo en la convicción que la etapa decisiva del designio de Dios ha sido revelado e inaugurado en el acontecimiento pascual. Los últimos tiempos son inminentes ya que, en el misterio, ya han comenzado. La espera cristiana es tanto más firme y actuante que concierne a los bienes cuyas premisas son desde ahora acordados.

Dando lugar a la contemplación de los acontecimientos de la Salvación y a la profundización de la condición de la Iglesia, el Apocalipsis de Juan se aproxima a perspectivas de la predicación profética que quería suscitar un sueño espiritual por la conmemoración de las maravillas de la Alianza y la consideración de la vocación de Israel. Esta atención al misterio incluso del “ Reino que viene ” mas bien  que a la fecha de su manifestación gloriosa explica además porqué el Apocalipsis de Juan no adopta los procedimientos de seudo-nomía y de no fijar fechas que, en la apocalíptica tradicional,, estaban principalmente destinadas a  permitir suposiciones en cuanto a la proximidad del “ Día del Señor “.Autor y Circunstancias de composición: El libro del Apocalipsis no nos da casi una precisión en cuanto al autor. Se le da el nombre de Juan y el título de profeta ( 1, 1.4.9; 22, 8 – 9 ); en ninguna parte, y no se presenta como uno de los doce apóstoles. Una tradición bastante firme, que ya se encuentran ya huellas en el siglo II, identifica al autor del Apocalipsis con el apóstol Juan, a quien se le atribuye el cuarto evangelio. La tradición primitiva no fue sin embargo unánime en este tema, el origen apostólico del Apocalipsis permanece mucho tiempo puesto en duda en ciertas comunidades cristianas. Los exégetas contemporáneos están muy divididos. Los unos afirman que las diferencias de estilo y de teología hacen que sea difícil la atribución del Apocalipsis y del cuarto evangelio a un mismo autor. Otros destacan al contrario las analogías temáticas y doctrinales así como el trasfondo semítico de las dos obras; piensan que el Apocalipsis y el evangelio se unen a la enseñanza del apóstol Juan  por medio sin duda al redactor que pertenece a los medios joánicos de Éfeso.

El Apocalipsis es dirigido a las “ siete iglesias de Asia “ ( 1,3.11; 2, 3 ): se trata de hecho de siete comunidades cristinas situadas en la provincia de Asia cuya metrópolis era Éfeso. En razón de la cifra siete que recuerda la plenitud, se puede pensar que el autor  apunta no solamente a algunas comunidades particulares que conocía especialmente, sino también al conjunto de la Iglesia.

En cuanto a las circunstancias de composición, la obra nos aporta dos indicaciones ciertas, pero que no permiten poner una fecha precisa. De una parte, la Iglesia ha hecho la experiencia de la persecución y parece incluso confrontada a una oposición oficial del Imperio Romano. Por otra parte, la Parusía esperada se hace esperar y la prolongación de la espera suscita en algunos-as los compromisos o la tibieza, y en otros el desánimo, el cuestionamiento o la impaciencia. Teniendo cuenta de estos elementos, se puede entrever principalmente dos hipótesis: 1.- el período que sigue a la persecución de Nerón y antes de la ruina de Jerusalem ( 65 – 70 d. de C. ), o el fin del reino de Domiciano ( 91 – 96 d. de C. ). A favor de la primera hipótesis, está sobre todo  la alusión al templo de Jerusalem ( 11, 1 – 2 ) y a la sucesión de los emperadores ( 17, 10 – 11 ). 2.- La segunda hipótesis parece más auténtica a la mayor parte de los exégetas contemporáneos; se atiene al testimonio de Irineo de Lyon y, habiéndose dado la pretensión de Domiciano a promover el culto imperial, da buena cuenta de la insistencia con la que el Apocalipsis recuerda en antagonismo irreductible entre el Reino del Señor Jesús y el reino blasfemo del César. Ciertos autores piensan que las circunstancias de composición son muy complejas, porque el Apocalipsis no sería una obra homogénea sino la armonización equivocada de diversas obras que habrían sido compuestas y retocadas a lo largo de los últimos decenios del siglo I.

La estructura del Apocalipsis y su interpretación: Incluso si se hace la hipótesis de ciertas obras o ciertas uniones del Apocalipsis han conocido primitivamente una existencia independiente, el escrito que nos ha llegado revela una cierta estructura que no corresponde ciertamente a nuestra costumbre actual de composición, pero que deja entrever un movimiento general y procedimientos bastante constantes.

En conjunto, se puede diferenciar dos grandes secciones: 1.- la sección profética que se presenta bajo la forma de “ cartas a las iglesias “ ( 1, 9 – 11, 22 ), y 2.- la sección más estrictamente apocalíptica ( 4, 1 – 22, 5 ). En esta última, se encuentra globalmente el esquema acostumbrado de las evocaciones apocalípticas: los comienzos del fin de los tiempos ( 6, 1 – 11, 19 ), las pruebas inmediatas y la gran confrontación ( 12, 1 – 20, 15 ), el cumplimiento y la manifestación final ( 21, 1 – 22, 5 ). En el Apocalipsis de Juan este esquema está enriquecido y complicado por el juego de los “ septenarios “ ( siete sellos, siete trompetas, siete copas ) y las visiones intermedias que permiten al profeta multiplicar las alusiones, recapitular numerosos textos del Antiguo Testamento  y exponer su meditación sobre el misterio de la Iglesia y el tiempo presente.

El establecimiento de un plan preciso y ciertamente aleatorio, pero la dificultad principal está en la interpretación que es necesario dar a la sucesión incluso de las visiones.  ¿Es preciso ver en esta una evocación más o menos simbólica de la marcha de la historia hacia la Parusía próxima ? O bien  ¿la sucesión no es un marco ficticio al interior del cual el autor querría presentar paso a paso no las diversas etapas del proceso escatológico, sino los múltiples aspectos del triunfo de Cristo, de la condición de la Iglesia y del juicio del mundo ?La elección es fundamental porque compromete la exégesis del conjunto del libro. La interpretación cronológica tiene en ella la costumbre de la literatura apocalíptica, pero supone, para la solución ciertas dificultades, que se admite en el desplazamiento o el carácter advenedizo de varias visiones. Una importante corriente exegética actual, teniendo en cuenta el paralelismo de varios sectores del Apocalipsis, y entre otros los septenarios, no ve en la sucesión de visiones más que un artificio literario: a través del conjunto de la obra, son las mismas convicciones y el mismo mensaje que se afirman, pero retoma sin cesar bajo imágenes diferentes y en vista de aplicaciones o explicitaciones nuevas.

Mensaje y Actualidad del Apocalipsis: Como todo mensaje profético, el Apocalipsis nos proclama la actualidad del designio de Dios y, correlativamente, la urgencia de nuestro compromiso. Esta proclamación, se ha hecho dándonos la inteligencia sobrenatural del tiempo presente y de su cumplimiento.

La obra de Dios ha llegado a su término, y nosotros no esperamos más que la manifestación ( 1, 7; 22, 20 ). Ya Cristo triunfa y su Reino se ha inaugurado. Jesús es el único salvador, y desde entonces, por investidura divina, el único Señor (5, 5 – 14; 11, 15 – 17; 12,10; 19, 11 – 16 ). Estamos en los últimos tiempos, y vivimos en la anticipación de la salvación y los preludios del juicio.. De cara  a este acontecimiento, la humanidad se reparte ya en dos categorías irreconciliables: 1.- quienes reconocen a Cristo están asociados a su triunfo, y constituyen el pueblo de Dios, realización del pueblo mesiánico (7, 9 – 17; 14, 1 – 5; 15, 2 – 4 ; 17,14; 19, 1 – 9 ;20, 4 – 6 ); 2.- quienes no le reconocen, permanecen en estado de oposición: son los “ habitantes de la tierra “, los cómplices de la usurpación impía, que permanecen bajo la empresa de Satán y son entregados como él a la condenación ( 6m 15 – 17 ; 9, 20 – 21; 13, 7 – 8 ; 14 – 17 ; 14, 9 – 11 ;

17, 8 – 14 ; 18, 9 – 19 ;19, 19 – 22 ; 20, 7 – 9 ).

En esta realidad profunda, la Iglesia está estrechamente asociada a la persona y obra de Cristo:

1.- la iglesia es la comunidad elegida, el objeto de su amor ( 1, 5b; 3, 9; 7, 3 – 4 ; 12, 6; 19, 7 – 9 );

2.- la iglesia ha sido rescatada por su sangre ( 1, 5b; 5, 9; 7, 14; 14, 3 – 4 );

3.- la iglesia es la inauguración de su reino, pueblo real y sacerdotal ( 1, 6 ; 5, 10; 7, 15 ; 20, 4 – 6 ).

De esta unión constitutiva, discurre una comunión “ existencial “ ; el destino de la iglesia es visto en su asociación al destino de Jesús:

  • Cristo era profeta, “ testigo fiel “( 1, 5 ; 3, 14 ; 19, 11 ). La iglesia es una comunidad santa que ejerce el testimonio; en este mundo, está en misión profética ( 11, 3 – 6 ; 12, 17 ; 19, 10 ; 22, 9 );
  • Cristo a impulsado su testimonio hasta la pasión, porque ha encontrado la oposición de un mundo enemigo de Dios ( 1, 5 ; 5, 6 ). La iglesia cumple igualmente su misión en la prueba ; conoce el combate y el martirio ( 6, 9 ; 7, 14 ; 11, 7 – 10 ; 12, 2. 4. 11 ; 16, 6 ; 18, 24 ;20, 4 ).
  • Cristo es vencedor y resucitado ( 1, 5. 18 ; 5, 5 ; 12, 5 ; 17, 14 ; 19, 11 – 21 ). La iglesia participa ya de esta victoria; no está solamente en estado de elección, sino que está salvada y vive de las premisas de la resurrección ( 6, 11 ; 7, 16 – 17 ; 11, 11 – 12 ; 12, 11 ; 17, 14 ; 20, 4 – 6 );
  • Cristo es glorificado, establecido en la condición de Señorío ( 1, 5 . 12 – 16 ; 19, 16 ). La iglesia es ya reino sacerdotal; desde ahora ejerce en el culto su función celeste, y pronto será manifestado su triunfo ( 7, 9 – 12 . 15; 14, 3; 20, 4  6 ).

 

Así, en el tiempo presente, la iglesia vive diversos aspectos del misterio de Cristo: ella sigue  al Cordero en todo donde Él va ( 14, 4 ). Esta conformidad implica actitudes morales y espirituales:

  • Pues la iglesia debe testimoniar en un mundo que no reconoce a Dios, se la pide que viva en la fidelidad ( 1, 3 ; 2, 10. 13 . 26 ; 3, 8 ; 14, 12 ; 22, 7 . 9 );
  • En esta tierra, donde la iglesia está en exilio, sufre persecución, pero es también protegida por Dios y alimentada de premisas de la resurrección. La actitud que corresponde a este estado de prueba pero con la seguridad de la Gloria, es la perseverancia, forma particular de la fidelidad, como el martirio es una manera particular del testimonio ( 1, 9; 2, 2. 3. 10; 3, 10 – 11 ; 13, 10 ; 14, 12 );
  • la iglesia está también en éxodo, en camino hacia la revelación de la Jerusalém celeste, su verdadera patria y se prepara a vivir de la plena manifestación de su Señor. Esta perspectiva de la Gloria futura, en el seno de la prueba ´presente, mantiene en la iglesia una tensión llena de esperanza: “ Ven, Señor Jesús ! “ ( 6, 10; 10, 10, 7 ; 11, 17 – 18 ; 12, 10 – 12 ; 15, 3 – 4 ; 19, 7 – 9 ; 20, 3 – 4 ; 22, 17 . 20 ).

 

Este mensaje nos concierne. Desborda el anuncio de una Parusía futura cuyos intercambios y modalidades permanecen inciertos. No está destinado tampoco a mantener a los fieles en una vaga nostalgia que les consolaría de sus decepciones terrestres y les invitaría al no compromiso.

El Reino de Cristo no es un acontecimiento futuro sino una realidad presente. El escenario de la Parusía gloriosa y del Juicio Final no hace más que proyectar en la luz de Dios y en la simultaneidad de la eternidad lo que se  ha cumplido hoy en el misterio y en la duración de la Historia. En todo momento, la persona expresa su pertenencia y precisa su destino; en todo momento se verifica  la autenticidad de su fe y se cumple su juicio; en torno a Él y en Él se ejerce el antagonismo irreductible de la idolatría de la tierra y del reconocimiento  solamente a Cristo. La Palabra profética invita al – la creyente a apreciar la importancia eterna de cada instante; no tolera ni la distracción, ni la ligereza, ni compromisos, sino que provoca el compromiso inmediato e integral. Situando la existencia presente en la perspectiva de la Parusía. El Apocalipsis recuerda que el Señor Jesús está en el final de la Historia como está en el principio y que, más allá de las apariencias, las realidades terrestres son relativas en el designio de Dios. Pero por sus numerosas referencias al simbolismo litúrgico ( cultual ), invita a la comunidad  de fieles a vivir el culto como un encuentro actual con Cristo, como un llamado a conformarse a la Pascua del Señor, como una proclamación y una espera de la manifestación de Jerusalem celeste la cual es la anticipación y el signo”.

 

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