¿QUE NOS DIRÍA HOY, GERARDO VALENCIA CANO? Olga Lucia Álvarez Benjumea ARCWP*


Monseñor Gerardo Valencia Cano mxy

Antes de compartir el tema con ustedes, acerca de lo que Gerardo Valencia Cano nos diría hoy. Permítanme agradecer a las personas que han tenido a bien invitarme a compartir el pensamiento de Gerardo, como al  Prof. Armando Olave, al Equipo Coordinador para el Centenario del Nacimiento de Monseñor Valencia Cano, a Ferdinàn Peña que nos hizo la conexión.

¡Vaya pregunta la que se les ha ocurrido!

No obstante, para mí ha sido y es una delicia recordarlo y hablar de él, como el Profeta, el visionario, el maestro, el amigo, el Apóstol de la No-Violencia-Activa, el hombre enamorado de la Divinidad, el hombre del compromiso, con el Evangelio, la Iglesia y con su pueblo.

En muchas ocasiones tuvimos la oportunidad de dialogar con él, fuera del horario de Oficina. Algunos, domingos por la tarde, le buscábamos en la Catedral, las compañeras Diva Maria Ibarra, Maruja Bravo y yo. Nos tomábamos un tinto con él. Subíamos a la salita de recibo, al lado de su habitación, donde él tenía su radio y una figura de Gandhi.

Recuerdo que el 19 de Abril, de 1970. domingo, día de elecciones en el país, le acompañábamos a escuchar los resultados de las elecciones. Según el informe final, después de estar reportando todo el tiempo la votación sobre Rojas Pinilla, como ganador, de pronto un silencio sepulcral en la radio y los resultados fueron cambiando a favor de Misael Pastrana Borrero. Monseñor, se levanta del asiento y nos dice: “¡Ahí esta!  La maquinita, la maquinita”.

Esta anécdota, me lleva a continuar con él, una conversación imaginaria y es la que quiero compartir con ustedes:

Sentadas a los pies de Gerardo, así lo hacíamos, cual discípulas sedientas en la búsqueda de la verdad y el  deseo de querer vislumbrar un futuro mejor para nuestro país y la Iglesia.

Pregunta: Después de todos estos años, en que ni nos veíamos ni conversábamos, cóntanos ¿cómo ves hoy la situación de Buenaventura y Colombia, la Iglesia y la mujer, en general?

Gerardo: La veo, con optimismo y esperanza.

Pregunta: ¿Cómo? ¿Por qué?

Gerardo: ¿Ustedes no han aprendido todavía? ¿No lo acaban de ver en el pasado PARO CIVICO? El pueblo, dio una gran lección a toda Colombia, muy difícil de olvidar.

Buenaventura, no puede seguir siendo invisible, a los ojos de los colombianos. No, al racismo, no a la discriminación, no a la falta de educación, no a la falta de vivienda digna, no a la falta de salud.

Pregunta: Pero, Gerardo, ¿no te parece que los problemas han crecido y que se han agudizado?

Gerardo: Si, Buenaventura, también ha crecido en población. No podemos seguir siendo gente resignada, somos  gente que hemos ido  creciendo, tambien, en identidad y en dignidad.

Me ha fascinado el papel que jugó en las conversaciones el “Comité Ejecutivo del Paro Cívico”, quienes en medio del estrés e intenso trabajo, uno de los primeros logros es haber alcanzado la creación del proyecto de ley para declarar el patrimonio autónomo para Buenaventura que fue radicado el 26 de julio de 2017 en el Senado de la República.

Es que, así tenía que ser, “proyecto de Ley” porque de lo contrario, ya sabemos lo que nos hubiera pasado.

No se puede bajar la guardia, ante los grandes problemas que azotan al Puerto de Buenaventura y a sus habitantes.

Es preciso no dejar de insistir ante el Gobierno Nacional y local, que declare,a Buenaventura en emergencia de salud.

Y si no, miremos, el masivo contagio de la conjuntivitis, que apareció en estos días. Mañana, ¿a qué otra situación más grave quedaremos expuestos?.

Tampoco podemos, ni debemos bajar la guardia, ante el aislamiento en que nos quieren dejar, a través de los 17 mega-proyectos, iniciados mediante, la privatización de Puertos de Colombia, convirtiendo el empleo en algo inexistente. Situación que de manera paralela, impulsa el crecimiento del narcotráfico, y con ellos los grupos armados en nuestras zonas rurales, generando el fenómeno de un 80% de desplazados, además de obstaculizar la generación de empleo en la población, como si no existiéramos y si trayendo personal de afuera.

Esta situación, ya se veía venir.

No nos podemos quedar callados, ante el daño generado por el negocio del dinero fácil, que ha involucrado a los jóvenes y sus familias, exponiéndolas a las vendettas, al odio, a las envidias, al terror y a la muerte. Acabando con la unión en las familias, fomentando la violencia intrafamiliar, de manera especial la violencia contra nuestras mujeres, ancianos y niños.
Es inconcebible que podamos subsistir sin agua potable, en las casas, y todavía no contemos con el alcantarillado.

Parece que no hemos llegado todavía a la mayoría de edad. ¿De qué nos ha servido celebrar los 477 años de fundación de Buenaventura?  No se nos tiene en cuenta, seguimos siendo invisibles. Se nos aplican diversas formas de desarrollo a fin de beneficiar el único modelo económico del país, el cual se viene ejecutando, con presencia del paramilitarismo y sus máquinas: La desforestación  de nuestras selvas que afecta cada día mas  al medio ambiente. El despojo infame de nuestros campesinos de la tierra de los abuelos, donde generaban el “pan-coger”, se mantenía la unidad de la familia, su economía y su desarrollo social.

No podemos bajar la guardia.

Nos toca empoderarnos, que todos los hombres y mujeres aprendamos a ser nuestros propios veedores, cuidando y vigilando, desechando la podredumbre de la corrupción que tanto nos afecta. No solo en el aspecto social, sino también, como miembros de la Iglesia. Debemos hacerlo cada uno desde nuestro lugar, ya seamos religiosos, religiosas, o laicos, todos sin excepción estamos llamados a la misma tarea,  también están llamados los que no son creyentes. Los creyentes testimoniando su fe y comprometidos con la Iglesia y con el Evangelio y los no creyentes comprometidos con el servicio humano y la mejora de sus condiciones  de vida. Los cristianos no podemos olvidar nunca que es a través del compromiso de nuestro Bautismo, que veremos brillar la Justicia y la Paz, sin exclusiones, sin marginar, sin rechazar, sin racismo, sin violencia, en una palabra sin discriminaciones sociales y religiosas.

No nos olvidemos del papel de las mujeres. Vimos su apoyo y compromiso en el pasado PARO CIVICO, de 22 días. No basta con que les digamos: son bellas, útiles, necesarias e importantes. No es hora de piropos y flores, ¡es la hora de reconocerlas, impulsarlas, valorarlas, dignificarlas, al mismo nivel  que se reconoce, impulsa, valora y dignifica a los varones. ¡Hoy estamos llamados a darles el espacio y el reconocimiento pleno de su dignidad humana, reconociendo que ellas, han sido las pioneras en el anuncio del Evangelio y que por méritos propios de su ser mujeres, pueden y deben caminar junto con los hombres en la transformación de la sociedad y en el anuncio del Reino en cualquier ámbito  de la vida!

Se dice que no escribo grandes aportes teológicos, ni grandes documentos académicos. Mi teología y academia, ha sido la realidad que he vivido con ustedes. La cual espero seguir viviendo, porque tengo permiso de la Divinidad para pasar mi Cielo, en Buenaventura, trabajando y celebrando con ustedes.

Gracias, por invitarme a la celebración centenaria de mi nacimiento, pero, ¿saben qué? Mejor, no hacer tanta algarabia.”

Buenaventura, Agosto 24 de 2017

*Presbitera católica

Edith Stein, ‘no existe el azar’


edith_steinSe la vio por última vez en una estación de tren, en Schifferstadt, Alemania. Iba en un vagón precintado junto a otros viajeros forzosos. Fue una de sus alumnas la que la vio por última vez y recuerda que le dijo: “Saluda en mi nombre a las hermanas de Speyer y diles que me llevan hacia el Este”. Pero como en el caso de tantos otros en aquellos días, en realidad la llevaban al campo de exterminio nazi de Auschwitz. Allí la marcarían con el número de deportación 44.074 y poco tiempo después moriría asesinada en una cámara de gas. Edith muere como judía y como mártir cristiana. Después queman su cuerpo y las cenizas las arrojan a un campo cercano. Solo tenía 51 años de edad.

Edith Stein (1881-1942) nace en Breslau (hoy Polonia). Era solo una adolescente cuando en su lucha personal por dar sentido a su vida abandona el judaísmo y se dedica a estudiar. Con 20 años empieza a estudiar Historia y Germanística en la Universidad de Breslau. Más tarde, atraída por la filosofía fenomenológica de Husserl, estudia en la Universidad de Gotinga. Allí escribe su tesis Sobre el problema de la Empatía y desde entonces no cesa de escribir sobre todo lo que le apasiona: Causalidad sentiente e Individuo y Comunidad, Una investigación sobre el Estado (un texto filosófico no comprometido con las cuestiones políticas del momento), Introducción a la Filosofía (obra ésta en la que en diálogo con Kant y Hurssel demuestra amplios conocimientos de física, biología y filosofía), La estructura de la persona humana. 

edith-stein4Edith comenzó su labor como asistente de Hurssel en octubre de 1916, lo que la llevó no solo a conocer en profundidad su obra sino a postular perspectivas nuevas y originales. En su libro Edith Stein, un prólogo filosófico 1913-1922, (Nuevo Inicio, Granada 2008), Alasdair MacIntyre escribe,

Stein editó, revisó y proporcionó una continuidad, añadiendo algunos fragmentos, a lo que serían partes sustanciales de las Ideas II. Sawicki ha defendido insistentemente de que Stein fue responsable de partes esenciales del párrafo 18… y de los párrafos 43-47… De una manera parecida Stein realizó un borrador revisado y coherente de los manuscritos de Hursserl acerca de la constitución del tiempo, un borrador que Heidegger publicó con posterioridad identificándose como editor y sin mencionar siquiera a Stein“. – Pág. 181.

Las diferencias con Hursserl la llevaron a renunciar al cargo de asistente en 1919, después de ingente trabajo e intensa colaboración. No obstante, su talento como profesora y su claridad de mente eran más que suficientes para impulsarla a solicitar la habilitación como profesora de filosofía en la universidad de Götingen. Sin embargo, fue rechazada por ser judía y por ser mujer.

Durante los años de la guerra, como tantas otras gentes, Edith conoció el dolor de las ausencias de amigos y personas cercanas. El constante aumento de muertes desde el frente no cesaba. Durante aquel tiempo horrible se alista como enfermera. En el año 1914 los ciudadanos judíos de Alemania no se diferenciaban del resto de la población. Existía gran integración y el país entero se sentía como uno solo en el deber patriótico. Pero al acabar la Gran Guerra en 1918, el fantasma antisemita de la derecha emergió después de haber estado latente. Ahora necesitaba urgentemente un chivo expiatorio que culpara de la pérdida de la guerra a los judíos. A partir de entonces, su exclusión progresiva de la sociedad fue mucho mayor.

Comunidad e individuo

edith-stein5En 1922 ve la luz un escrito suyo en el que analiza la relación entre el individuo y la comunidad, “Causalidad Psíquica” (Edith Stein, Obras completas, II, Monte Carmelo, Madrid 2005). Llama la atención que en algunas obras posteriores de Husserl se vea la influencia de estos escritos de Stein, aunque Husserl nunca haya reconocido su fuente. Una de las ideas con la que comienza su ensayo filosófico es,

Cuando me siento cansado, entonces la corriente de la vida parece que se estanca… que va deslizándose perezosamente hacia adelante, afectando a todo cuanto surge en todos los campos sensoriales. Los colores parecen descoloridos, los sonidos huecos… Cualquier color, cualquier sonido, cualquier roce causa dolor“.

Stein expresa aquí cuán vulnerable es la razón cuando la mente está cansada, cómo nuestros sentimientos, pensamientos y percepción dependen de factores externos a la conciencia. Parece que la razón cartesiana es siempre lúcida y que nunca se fatiga. Cuando los filósofos escriben lo hacen usando ejemplos en los que la razón está atenta y bien consciente. Edith, sin embargo, se muestra aquí humilde y sincera: cuántos factores puede haber que condicionen seriamente nuestra capacidad de percepción y entendimiento sobre las cosas.

Otro de los conceptos que se encuentra en ellos es cuando describe los tipos de comunidades que no permiten que sus miembros se desarrollen como sujetos libres, cómo eso les hace insensibles a los valores éticos, estéticos y religiosos. Como gran conocedora del momento que le tocó vivir, Edith Stein tenía razones suficientes como para reconocer las potencialidades y peligros del nacionalsocialismo.

Conversión al cristianismo

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Siendo estudiante no creyente, Edith había leído los Ejercicios espirituales de Ignacio de Loyola pero solo por su interés en la psicología. Sin embargo, hubo un hecho posterior que la impresionó profundamente. Eso la haría abrazar el cristianismo, pero no desde el judaísmo, porque nunca lo había sentido o practicado, sino desde el ateísmo o la indiferencia religiosa.

Edith tenía una amiga, Anna Leinach, cuyo esposo había muerto en la guerra. Era cristiano y desde las trincheras había escrito pensamientos que según Edith eran bellos y llenos de esperanza. Cuando aquél murió, Edith fue a visitar a Anna para consolarla. Pero el talante tranquilo y la paz que transmitía Anna impresionó profundamente a Edith. En lugar de encontrar a una esposa destrozada, encontró a alguien que transmitía paz interior y esperanza. Aquello la hizo reflexionar hasta el punto de interesarse de manera seria en la religión de Anna.

Su lectura más importante fue el Nuevo Testamento, donde pudo leer de primera mano el espíritu de las enseñanzas de Jesús de Nazaret. También leyó la Práctica del cristianismo, de Soren Kierkegaard. En 1921 cae en sus manos un libro que resulta determinante para ella: “El libro de la vida“, de Teresa de Ávila. Desde entonces su pensamiento filosófico se introduce en una nueva cosmovisión que sin duda lo enriquece. Lee las obras de Tomás de Aquino y Duns Escoto y al cabo de cierto tiempo escribe una obra basada en Aquino y Husserl que la convierten en una de las tomistas más originales de la historia de la filosofía. En 1932 da unas conferencias sobre “Mujer y pedagogía“. Le apasionan la física y las matemáticas. Su disposición vital era la búsqueda de la verdad, “una enamorada de la verdad“, dicen sus biógrafos. A diferencia de Simone Weil Hannah Arendt, su perspectiva de la historia es positiva y esperanzada en lo que se refiere al ser humano. Ve la historia como una lucha entre el bien y el mal, por eso escribe a Pío XI para que detenga con su palabra el horror nazi.

Cuando el que fue su maestro en filosofía fenomenológica, Edmund Husserl, murió, Edith Stein escribió una breve reflexión a una de sus amigas. Lo que dice muestra su amplitud de miras y gran corazón, mostrando comprensión y aprecio por todo ser humano: “No tengo preocupación alguna por mi querido Maestro. He estado siempre muy lejos de pensar que la misericordia de Dios se redujese a las fronteras de la Iglesia visible. Dios es la verdad. Quien busca la verdad, sea de ello consciente o no,  busca a Dios”.

Edith logra ofrecer sus servicios como traductora al alemán de Newman y también de las Quaestiones Disputatae de Veritate, de Tomás de Aquino, añadiendo sus propios comentarios. Ahora su percepción de la filosofía es diferente. Según ella, a la razón natural del hombre le falta el sentido de ultimidad y claridad, diferente a la razón inspirada por la fe. Husserl había pretendido una justificación última de todo a través de su filosofía, pero para ella ese objetivo es inalcanzable. El error de Husserl fue creer que los seres humanos son capaces de poseer cierta clase de conocimiento que solo corresponde a Dios. La razón natural humana nunca llega a la meta, solo se aproxima. De ahí el carácter fragmentario de la filosofía, muy distinto al carácter de plenitud que corresponde al conocimiento divino. Eso solo se podrá alcanzar según Stein, cuando lleguemos a la meta final de la vida, a nuestra patria celestial. Será entonces cuando nuestra razón verá de manera definitiva lo que ya se le ha mostrado por la Revelación. – Edith Stein, La fenomenología de Husserl y la filosofía de Santo Tomás de AquinoDiálogo filosófico, Encuentro, Madrid 2001.

Cuando se encontraba en el Carmelo de Echt, Holanda, escribe su última obra, “La ciencia de la Cruz“, su más personal y autobiográfico escrito. El 2 de agosto es arrestada por la Gestapo y conducida al campo de concentración de Amersfoort desde donde será trasladada el 9 de agosto a Auschwitz-Birquenau. Allí será asesinada en una cámara de gas con solo 51 años, pero manifestando hasta el último momento la firme convicción de que nada de todo aquello era en vano.

A Edith le tocó vivir en el más oscuro de los mundos, como a tantos millones de personas entonces. Un mundo donde el terror de la realidad, como tantas veces sucede en esta vida, supera por mucho a la mera ficción. Tanto sus orígenes como su fe la convertían de hecho en persona non grata, prescindible y maldita. Mujer inteligente y llena de fe, ávida por saber y progresar, su vida fue truncada como cuando se arranca violentamente una flor sin tener en cuenta su belleza o como si careciera de toda dignidad. Cuando algo así sucede, algo se conmociona aunque no se vea, aunque no sea ostensible. Edith, como tantos otros, cayó como un pequeño gorrión, como un alma indefensa. Pero como dijo Jesús de Nazaret, “ni un gorrión cae sin que su Padre que está en el cielo lo sepa. No temáis, vosotros valéis más que muchos gorriones” (Mat. 10:29-31). Años más tarde fue canonizada y se le dio mucha honra ‘oficial‘. Pero bien pensado ella no lo necesitaba. Y es que hacía ya tiempo que, cuando aquel gorrión cayó, su Padre en el Cielo ya lo sabía.

edith-steinEl teólogo Xabier Picaza escribe sobre ella,

Encontrarse con Edith Stein es hallarse ante un pensamiento profundo y una antropología humanizada y humanizadora. La suya en una vida apasionada, ahíta de conocimiento y abierta a todo; una vida ‘al servicio de la humanidad’, en palabras suyas. Sobre la base de una personalidad recia, independiente, voluntariosa y sincera hasta la transparencia, vemos evolucionar y transformarse a esta mujer singular cuyo mayor logro será… haber conseguido encarnar su pensamiento filosófico, religioso y místico en la propia vida. Edith Stein forma junto a Simone Weil y Hannah Arendt (judías la tres) una especie de triángulo donde, de forma virtual, podríamos encerrar para su estudio y comprensión gran parte del pensamiento del siglo XX en el corazón de Europa.- Xabier Picaza, “Diccionario de pensadores cristianos“, Verbo Divino, 2010.

Algo de su pensamiento

Hay un estado de sosiego en Dios, de total relajación de toda actividad espiritual, en el que no se hacen planes ningunos, no se toman decisiones de ninguna clase y , sobre todo, no se actúa, sino que todo el porvenir se deja a la voluntad de Dios, se abandona uno totalmente al destino“.

No sé hacia dónde Dios me lleva, pero sé que él me guía”.

Lo que no estaba en mis proyectos, se encontraba en los proyectos de Dios y cuanto más se me representaban tales acontecimientos, más viva se hacía mi convicción de fe de que no existe el azar“. – Edith Stein, Ser finito y ser secreto.

A cada cual Dios lleva por su propio camino, y uno llega más fácil y más rápido a la meta que el otro. Lo que nosotros podemos hacer, en relación a lo que se nos da, es realmente poco. Pero debemos hacer ese poco. Ante todo: pedir insistentemente que vayamos por el camino recto y sigamos sin resistencia alguna el estímulo de la gracia, cuando lo notemos. Quien procede así y persevera pacientemente, ese tal no deberá decir que sus esfuerzos son inútiles. Únicamente no se debe poner plazo alguno al señor”. – Edith Stein, Autorretrato epistolar (1916-1942). Madrid 1996

Durante el tiempo que precedió a mi conversión e incluso un buen tiempo después, tenía la convicción de que llevar una vida religiosa significaba el abandono de todo lo terrestre para vivir solo en el pensamiento de las cosas divinas. Progresivamente aprendí a reconocer que algo más se nos pide en este mundo y que incluso en la vida contemplativa, el ligamen con el mundo no se debe romper. Creo incluso, que cuanto más profunda es la atracción que nos conduce a Dios, mayor es el deber de “salir de sí”, en este sentido también, es decir en dirección al mundo para llevar allí la vida divina”. – Una espiritualidad para hoy según Edith Stein.

La vida de Dios es amor: amor desbordante, sin límites y que se da libremente; amor que se inclina misericordioso hacia toda necesidad; amor que sana al enfermo y resucita lo que estaba muerto; amor que protege, defiende, alimenta, enseña y forma; amor que llora con los que lloran y se alegra con los que están alegres; dispuesto a servir a todos para que lleguen a ser lo que el Padre quiere; en una palabra: el amor del corazón divino”. – Edith Stein Werke V, 11.

Esta suerte me fue deparada después de una experiencia, que sobrepasó mis fuerzas, que absorbió toda mi energía vital y que me privó de toda actividad. La quietud en Dios es algo totalmente nuevo y particular en contra de la negación de la actividad por falta de fuerza vital. En su lugar aparece el sentimiento de estar escondido, de estar liberado de todo problema, preocupación u obligación. Y mientras más me entrego a este sentimiento, me comienzo a llenar más y más de vida nueva, que me empuja a nuevas ocupaciones, sin que para ello actúe la voluntad“.  – Una espiritualidad para hoy según Edith Stein.

El de un corazón libre de todo apego a cualquier cosa creada: a sí mismo y al resto de las criaturas, pero también a todo consuelo y cosas similares que Dios pueda conceder al alma, a cualquier forma de devoción especial, etc.; el de un corazón que no desea otra cosa sino que se cumpla la voluntad de Dios y que se deje guiar por Él sin resistencia“. -Edith Stein. Autorretrato epistolar (1916-1942), Madrid 1996.

Yo me sé sostenido y este sostén me da calma y seguridad. Ciertamente no es la confianza segura de sí misma del hombre que, con su propia fuerza, se mantiene de pie sobre un suelo firme, sino la seguridad suave y alegre del niño que reposa sobre un brazo fuerte, es decir, una seguridad que, vista objetivamente, no es menos razonable. En efecto, el niño que viviera constantemente en la angustia de que su madre le dejara caer, ¿sería razonable?” – Edith Stein, Ser infinito y ser eterno, México 1994.

Quien busca la verdad, consciente o inconscientemente, busca a Dios“. – Carta de Edith Stein a una benedictina.

  • Bibliografía: Alasdair MacIntyre, Edith Stein, un prólogo filosófico 1913-1922, (Nuevo Inicio, Granada 2008),

Esteban López

Edith Stein, ‘no existe el azar’

FRANCIA. TAIZÉ: SE ENCARNA EN LOS REFUGIADOS.


http://www.vidanuevadigital.com/2017/08/11/taize-se-encarna-los-refugiados/

Donde la Reforma lo tuvo errado sobre la Eucaristía


 POR KELLY PIGOTT

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Shutterstock_146941265En la noche de la última cena de Cristo, un grupo cansado de discípulos se reunieron a la mesa. Los escritores del evangelio salen de su manera de describir lo inepto y clueless que eran. Nadie había ayunado ni confesado sus pecados o tenido la cristología ortodoxa. Estaban más preocupados y llenos de duda que de fe. Su líder, Pedro, estaba a punto de convertirse en apóstata. Judas ya había vendido a Jesús. Creo que es seguro decir que todos estaban asustados por sus vidas. Y durante las próximas veinticuatro horas, todos ellos rechazarán a Jesús. Todos ellos. Uno estará tan desesperado por escapar que huirá desnudo, un cuerpo pálido desapareciendo en la oscuridad.

No se trataba de un grupo de élite de super fieles. Ni siquiera eran “cristianos” en la forma en que la palabra se usa generalmente hoy en día.

Sin embargo, Jesús se paró delante de ellos y ofreció Su cuerpo y sangre en forma de pan y vino. La liturgia que se ha transmitido en los evangelios y en las cartas de Pablo da escasos comentarios sobre el momento, permitiendo que el poder y el misterio del lenguaje sacrificial de Jesús hablen por sí mismos. Desde el primer día se entendió como gracia. Última gracia, incluso. Porque como Jesús dijo: “Nadie tiene mayor amor que esto, para dar la vida por los amigos” (Juan 15:13, NVI).

A pesar de esta teología fundamental en la primera Cena del Señor, la iglesia primitiva rápidamente la convirtió en un campo de batalla como los creyentes discutieron y lucharon por este acto sagrado. Y las batallas eucarísticas sólo se intensificaron a lo largo de los siglos. ¿Cuándo debemos celebrar la comunión? ¿Todos los domingos? ¿Una vez por trimestre? ¿Debe la Pascua estar ligada a la Pascua? ¿Debería estar vinculado al calendario judío o romano? ¿Qué pasa con los elementos? ¿Pan con levadura o sin levadura? ¿Jugo de uva o vino? Sacramentalista o memorialista? ¿Servicio abierto o cerrado? ¿Has estado en confesionario? Tostado ¿Abstenido del sexo? ¿Qué pasa con el pan? ¿Transubstanciación? ¿Consubstanciación? ¿Es simplemente un símbolo?

Tal vez la iglesia comenzó a desviarse cuando se obsesionó con dos temas. La primera, que comenzó tan pronto como el primer siglo como se evidenció en el Didache, fue una discusión acerca de la dignidad del adorador. Baste decir que se hizo cada vez más claro que no se permitían herejes ni pecadores. Porque en la adoración, cuando llegó el momento de la comunión, sólo se permitió que la élite espiritual se reuniera alrededor de la mesa. Quien no estaba en buena posición con el obispo fue invitado a marcharse.

La segunda obsesión se produjo alrededor de mil años más tarde, cuando la iglesia occidental debatió sobre lo que pasó con el pan y la copa. La palabra “transubstanciación” fue adoptada como la posición oficial de la Iglesia Católica Romana, describiendo de una manera bastante técnica y aristotélica cómo la sustancia del pan se convirtió en la carne literal de Cristo, permitiendo que el “accidente” permaneciera pan.
Pero el asunto no estaba en absoluto resuelto. A través de los siglos, se presentaron puntos de vista alternativos, y en el siglo XVI, una pelea importante estalló sobre el tema. Las cosas se pusieron tan mal que los líderes de la iglesia no sólo excluyeron a los hermanos creyentes por desacuerdos sobre la teología eucarística, también los torturaron y mataron.

No estoy seguro de que sea posible pintar un cuadro más diferente que el descrito en los evangelios con Jesús y sus discípulos. Pero por extraño que parezca, tal vez sea más fácil para nosotros hablar de lo que sucede con el pan y el vino que con el verdadero trabajo que la comunión exige, que es seguir a Jesús convirtiéndose en sacrificios vivos.

Porque para que esto suceda, debemos centrar nuestra atención en cosas que nos hacen sentir incómodos. Y esto es realmente difícil de hacer, especialmente últimamente ya que va en contra de la cultura popular cristiana donde la prioridad parece ser que la adoración debe hacernos felices.

Pero la adoración no se trata de un ajuste de actitud. Tampoco se trata de la exclusión. Se trata de la unión con Dios. Y en el contexto de la comunión, se trata de procesar el alimento espiritual para nosotros mismos, meditando en la Palabra y escuchando al Espíritu. Es dificil. Muy duro. Porque aquí las verdades que aprendemos acerca de Dios deben ser desarrolladas. Por ejemplo, no basta con creer porque se te ha dicho que creas que Jesús murió por tus pecados. Debes experimentarlo aquí en Su presencia mientras te agonizas por un horrible error que has cometido que tiene trágicas consecuencias. No es suficiente creer porque se te ha dicho que creas que Jesús te ama. Debes encontrarlo aquí aunque no puedas abrazarlo físicamente. Ustedes creen que Dios está siempre con ustedes, pero no creerán esto verdaderamente hasta que ustedes clamen a Él en la mesa: “Dios mío,

Muchos cristianos modernos han sido llevados a creer que la adoración nos saciará, como el sentimiento que se come después de comer una comida combinada de gran tamaño. La verdad es que el verdadero alimento espiritual, como lo que sucede cuando consumimos el pan y el vino, nos quema, como las brasas en los labios de Isaías. Nos rompe, como cuando Jacob luchó con Dios y su cadera se dislocó. Nos asusta, como cuando Moisés escondió su rostro cuando oyó la voz de la zarza ardiente. Esto revela nuestra necesidad más que cualquier otra cosa, como Job descubrió cuando proclamó: “Por el oído del oído te oí, y ahora mi ojo te ha visto. Por eso lo aborrezco, y me arrepiento de polvo y ceniza “(Job 42: 5-6).Cuando consumimos el pan y el vino nos volvemos desnudos, vulnerables, obligados a acercarnos a un Dios que infunde temor y afecto. Tener cuidado. Cuando aceptamos, nos convertimos en lo que es verdaderamente transustanciado cuando compartimos la misma pasión de Cristo. De modo que la pregunta eterna que uno debe pedir de comunión no es, ¿soy digno? Tampoco lo es, ¿qué pasa con el pan y el vino? Más bien, ¿qué me pasa? ¿Me cambio en la carne y sangre de Jesús? Si de alguna manera esto sucede, la mayoría de las veces nos encontraremos alejándose del servicio sin hacer comentarios sobre el predicador o la banda o el drama, sino en silencio, porque nos hemos intimado con Aquel que se entendió como el “Hombre de sufrimientos.”

Henri Nouwen era un sacerdote católico que sufría como alguien que ansiaba intimidad pero que lo encontraba fuera de su alcance. Pasó los últimos años de su vida trabajando con los desafiados con discapacidades mentales en L’Arche-Daybreak Community en Toronto, Canadá. Mientras trataba de relacionarse con un Dios que siempre parecía distante, Nouwen, como muchos de nosotros, creyó que algo debía estar equivocado debido a su constante batalla con el vacío. Y entonces un día, Nouwen se dio cuenta de que no había nada malo en él. Más bien, estaba malinterpretando lo que significaba consumir el cuerpo y la sangre de Cristo.

El escribe,

Cuando nos alcanza y pone el pan en nuestras manos y trae la copa a nuestros labios, Jesús nos pide que dejemos de lado la amistad más fácil que hemos tenido con él hasta ahora y que dejemos ir los sentimientos, las emociones e incluso Pensamientos que pertenecen a esa amistad. Cuando comemos de su cuerpo y bebemos de su sangre, aceptamos la soledad de no tenerlo más en nuestra mesa como un compañero consolador en nuestra conversación, ayudándonos a lidiar con las pérdidas de nuestra vida cotidiana. Es la soledad de la vida espiritual, la soledad de saber que él está más cerca de nosotros de lo que nunca podemos ser para nosotros mismos. Es la soledad de la fe (Robert Jonas, Henri Nouwen: Escritos seleccionados con una introducción de Robert A. Jonas (Serie de maestros espirituales modernos), Maryknoll, NY: Orbis Books, 1998, pág.

Imagen cortesía de Shutterstock.com

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Kelly Pigott es profesora de historia de la iglesia que enseña en la Universidad Hardin-Simmons en Abilene, Texas. Usted puede encontrar más reflexiones sobre la historia, la cultura, la espiritualidad contemplativa y la teología, junto con entrevistas con los autores en  kellypigott.com . Síguelo en twitter @kellypigott

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José María Castillo: “El uso pastoral que la Iglesia ha hecho de la muerte ha sido el abuso del miedo”


No a la religión del miedo

RD

“El ‘pecado original’ no es pecado alguno y el ‘Infierno’ no existe”

“La ha usado para obtener la sumisión de la gente a la normativa moral y sacramental”

José Mª Castillo, 10 de agosto de 2017 a las 10:57

(José Mª Castillo).- En la primera semana de agosto, se ha celebrado en Italia una importante Semana de Estudios Bíblicossobre un tema que siempre tiene la máxima actualidad y que, sin embargo, no se suele analizar a fondo. Me refiero al tema de la muerte.

No la muerte de los demás, sobre todo si son víctimas de la violencia o la injusticia. En tal caso, el problema de la muerte se analiza como problema social, político o jurídico. Lo cual, sin duda alguna, es uno de los asuntos más urgentes y más graves que tenemos que afrontar en este momento. Esto es un hecho indiscutible.

Pero también es un hecho que la muerte personal -de la que nadie se escapa- es un tema que cada cual suele afrontar en su intimidad secreta, pero en la que poca gente piensa, compartiendo su pensamiento con otros, a no ser cuando vamos al médico, para un problema serio, o cuando tenemos que ir al cementerio para dar el pésame por la muerte de un pariente o un amigo.

La Semana a la que me refiero -y en la que he tenido la suerte de participar- ha sido organizada en el Centro de Estudios Bíblicos “G. Vannucci”, con sede en Montefano (Maccerata), no lejos de Ancona. Asistencia más que plena, con gentes venidas de toda Italia, desde Sicilia a Trieste o Génova. Señal indiscutible de que el problema de la muerte nos preocupa a todos. ¿Qué ha dicho y qué dice la religión sobre este asunto?

El fundador y director del Centro de Estudios Bíblicos de Montefano, Alberto Maggi, ha estado (hace poco) a las puertas de la muerte durante meses. En él, la vida ha sido (y es) más fuerte que la muerte. Fruto de su experiencia única, el precioso libro L’ultima beatitutdine. La morte come pienezza di vita (Garzanti, Milano).

Sobre el contenido de este libro, con la valiosa ayuda del profesor del “Marianum”, de Roma, el español (de Granada), Ricardo Pérez Márquez, quienes hemos tenido la suerte de poder asistir a la Semana, de estudio y reflexión sobre la muerte, hemos podido pensar a fondo en lo que ha sido y debe ser el hecho de “tener que morir”. Y esto, tanto en la vida de la Iglesia, como sobre todo en la experiencia de cada uno de los creyentes en Jesús, el Señor.

Dado que yo me encontraba entre los asistentes, la amistad que me une a los profesores de la Semana Bíblica, Alberto y Ricardo, me puso en la grata obligación de exponer (brevemente) a los oyentes tres temas relacionados con la muerte: el pecado original, el pecado personal, el infierno.

Por desgracia, el uso pastoral que la Iglesia ha hecho (tantas veces) de la muerte, ha sido el abuso del miedo, que todos tenemos a morir, para obtener la sumisión de la gente a la normativa moral y sacramental que la ley eclesiástica impone a los fieles. No hace falta explicarlo. Todos lo hemos soportado y sufrido.

Cuando en realidad, como bien dice Alberto Maggi, la muerte es “la plenitud de la vida”. No es el final. La “vida eterna”, de la que tanto habla el Nuevo Testamento, la tenemos ya, en esta vida, según la asombrosa e insistente afirmación del cuarto evangelio. La muerte no puede ser el final. Es la última y la más grande de todas las “bienaventuranzas” que nos dejó el recuerdo genial de Jesús.

Y acabo resumiendo mi modesta aportación a la “Semana”:

1) “Pecado original”: no es pecado alguno, ni por semejante pecado entró la muerte en el mundo (Rm 5, 12). La religión no puede convertir un mito (Adán y Eva) en historia y menos aún en teología.

2) “Pecado personal”: se ha explicado como “culpa”, “mancha”, “ofensa” (P. Ricoeur). Pero, ¿puede el ser humano, inmanente, ofender al Trascendente? “Sólo si actuamos contra nuestro propio bien” (Tomás de Aquino).

3) “Infierno”: no existe. Ni está definido como dogma de fe. Además, ¿puede el absolutamente Bondadoso ser, a la vez, absolutamente castigador eternamente, o sea sin otra posible finalidad que hacer sufrir? Si creemos en el Infierno, no podemos creer en Dios.

La muerte da que pensar. Para el creyente, es una fuente inagotable de esperanza y felicidad, ya poseída y lograda.

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La Eucaristía, una unión profunda e íntima con la persona de Cristo


La Eucaristía, una unión profunda e íntima con la persona de Cristo“La Eucaristía, si bien constituye la plenitud de la vida sacramental, no es un premio para los perfectos sino un generoso remedio y un alimento para los débiles” (EG 47)

Dios es un misterio, incomprensible, insondable, ininteligible, porque está más allá de lo que la mente puede percibir. Va más allá de las palabras y de cualquier imagen del pensamiento.
Las palabras y los pensamientos son maravillosos para describir personas, animales, paisajes, situaciones, pero ocurre que Dios no se parece a nada que podamos expresar con palabras, ni tiene nada que ver con lo que podamos imaginar o pensar que es. Si no se puede describir verbalmente algo tan simple como el perfume de una flor, cómo pensar que puede hacerse con la experiencia de Dios. Sin embargo, podemos aproximarnos de algún modo a la idea de Dios, al concepto de Dios, con las palabras de Juan: “Dios consiste en estar amando” (1 Jn 4: 8-16). Estamos saliendo permanentemente de las manos de Dios porque Él nos crea amándonos en cada segundo. Si dejara de hacerlo un momento, desapareceríamos inmediatamente; dejaríamos de ser. Esa es una imagen muy linda que, aunque imperfecta, permite asomarnos al maravilloso misterio del Creador.

“Y el verbo se hizo carne y habitó entre nosotros…” (Juan 1:14)

Dios se hizo hombre para que creyéramos en Él. Y fue precisamente Jesús quien nos dejó la Eucaristía, es decir, el Pan de Vida; nos dejó su cuerpo y su sangre bajo la apariencia de pan y vino.
Cuerpo y Sangre del Señor, el sacramento por excelencia. Jesús quiso quedarse entre nosotros de ese modo especial, de una manera viva y real como presencia de Dios que está en medio de nosotros permanentemente, pero allí, en el Pan consagrado, de una forma diferente. Ni mejor, ni peor. Distinta.

“Donde haya dos o tres reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos” (Mt. 18:20)

No hay un Jesús que está aquí en medio de nosotros y otro que está en la Eucaristía. Es el mismo, sólo que en distintos modos de presencia, aunque la presencia es una sola. Como dos personas que se quieren, cada una siempre siente la presencia de la otra, pero no es lo mismo estar presentes cuando ambas están comiendo sentadas a la mesa que cuando una está en la casa pensando en la otra y ésta está trabajando lejos, o de viaje, o cuando están amándose: todos son distintos modos de estar presentes, pero en cada presencia está la misma persona. Allí donde Jesús está, lo está con su cuerpo, con su sangre, con su alma, con su divinidad: con todo lo que Él es. Y cuando está presente en la Eucaristía, también.
Sin embargo, al reunirnos para celebrar –la Eucaristía–, la presencia de Jesús entre nosotros tiene características muy especiales; y nosotros nos abrimos más a ella que cuando estamos distraídos en las actividades y los quehaceres diarios, compartiendo un almuerzo, charlando en familia o en grupo de amigos. Congregados en torno de la Mesa del Señor, reunidos para celebrar la Eucaristía, automáticamente nos sentimos más en presencia de Él, pero el cambio no está en Jesús, está en nosotros. Y lo que ya era una verdadera presencia se transforma, entonces, en un encuentro íntimo con Él. Cuando comulgo, el pan ya no es pan, no lo como para alimentarme sino como símbolo real para hacer más presente a Cristo en mí.
Comulgar es todo lo contrario a abrir pasivamente, “consumísticamente” la boca para recibir algo. Es abrir la propia existencia para acoger a alguien en el deseo intenso de poder corresponder a su amor con una entrega semejante. La Eucaristía, entonces, no es hacer presente a Dios, sino un modo de comprender, creer y animarse a acoger su presencia y a hacerla viva en nosotros.
Se trata de una situación muy importante aunque en general no lo pensamos. Muchas veces oímos decir que a un enfermo, por ejemplo, “le van a llevar a Jesús”, por decir que van a llevarle la comunión. En realidad, a Dios no se lo lleva ni se lo trae. Dios está siempre, al lado del enfermo, del que sufre y también del que ríe, del que goza y de cada uno de nosotros, sus hijos amados, en todo momento. Lo que ocurre con la comunión llevada al enfermo es que le ayuda, con los signos, a darse cuenta y a asegurarse de que Dios está con él, para que se deje consolar y confortar por la presencia del Padre.

“… y mi carne descansa serena” (Salmo 15, 9)

En lenguaje bíblico, carne y sangre significan “persona”. La Eucaristía nos permite entrar en común unión con la persona misma de Cristo. Por eso comulgar no es una actividad ni una acción, es una experiencia vivida y celebrada, y cada domingo, por ejemplo, es un modo de vivir intensamente la cotidianeidad de la semana: me abro a dar, a recibir; sé pedir y ofrecer; vivo en comunión y entonces lo celebro allí, en el ritual sacramental de recibir el pan consagrado, que siempre es carne y sangre: carne entregada, sangre derramada, Persona (de Cristo) ofrendada. Sólo la recibo si a mi vez estoy decidido y dispuesto a ofrendar la mía –mi persona– a los demás.
Todo esto lleva a que, antes de una celebración litúrgica, en el templo, nos preparemos con el silencio, con la disposición interior, abriendo el corazón. ¿De lo contrario Dios se ofende? No. Los fallos nunca vienen de Dios. Dios no tiene necesidades, nosotros las tenemos. Somos nosotros quienes necesitamos un espacio distinto y así cambiamos el tono de voz, hablamos más bajo e ingresamos en un espacio de recogimiento intenso. La preparación y disposición ayuda e invita a acoger la presencia del Padre en nuestra realidad, en nuestra finitud, en el ahora de ese momento y nos permite hacernos más conscientes de ello.
Sin embargo, no podemos recibir ni percibir más amor que aquel que estemos dispuestos a entregar. Las puertas del corazón para que ingrese el amor son las mismas que las de salida hacia afuera, cuando amamos a los demás y al mismo Dios. Cuando retaceo mi entrega porque no soy generoso, porque soy cómodo o egoísta, temeroso o vanidoso, porque estoy en mí, en mi mundo, en mi metro cuadrado, cuando estoy cerrado “al amar”, me clausuro al “ser amado”; no puedo ser amado si no experimento lo que es darse al otro.
La Eucaristía es entonces el modo por excelencia de percibir la presencia del mismo Dios, que siempre está presente y nunca, jamás, nos abandona, para descubrirlo de una manera diferente. Dispongamos nuestro corazón para celebrar cada misa con la máxima fe, convirtiendo nuestras luchas, fatigas y desvelos, nuestras preocupaciones, logros y fracasos cotidianos, en una ofrenda al Señor, diciéndole “Aquí estoy yo con toda mi vida y te la quiero entregar”. Escucharemos, en lo profundo del corazón, que Él nos dice: “Aquí estoy yo con toda mi vida y te la estoy entregando”.
Que nuestra vida sea eucarística: esto es, una entrega y una ofrenda permanentes para poder acoger la que Jesús quiere darnos en la Comunión.

El autor es diácono permanente.

http://www.revistacriterio.com.ar/bloginst_new/2017/08/08/la-eucaristia-una-union-profunda-e-intima-con-la-persona-de-cristo/

Espiritualidad maya y franciscana


por Blogger

kippah-photo-susan-katz-millerESPIRITUALIDAD MAYA Y FRANCISCANA
Reflexión sobre Dios en la cosmovisión y espiritualidad de los pueblos originarios y las semejanzas en la espiritualidad franciscana
ROBERTO JOSÉ CASTILLO TELLES, estudiante de teología, robercaste25@gmail.com
GUATEMALAECLESALIA, 21/07/17.- En la fe cristiana ha habido la intencionalidad de acogida e inculturación. San Justino en el siglo II, hace mención de la presencia de “semillas del verbo en el mundo”, mostrando indicios que desde siempre ha sido necesaria la inculturación de la fe, no a la fuerza, ni menospreciando tradiciones y religiosidades, ya existentes. A pesar de este principio que nos propone este padre de la Iglesia, la cristiandad se ha visto envuelta en la historia de dolor e intromisión en la cultura maya, movida en su mayor parte por intereses económicos y políticos.

La Iglesia sin embargo, ha estado inmersa en la historia de conquista y persecución de los pueblos Mayas en Guatemala, desde abril de 1541.

Desde la época de la colonización los pueblos originarios que habitaban las tierras del quetzal, han sido sometidas a innumerables atropellos. Esta cultura es manifiesto de grandes avances, a nivel de astronomía, ecología, gastronomía y religiosidad, en comparación con culturas existentes a lo largo de la historia.

Dentro de la cosmovisión maya existen semejanzas con la cosmovisión y espiritualidad cristiana. Esta desde sus orígenes ha sido nutrida por diversos carismas, que se conoce como la acción carismática y dinámica de la Ruah divina que impulsa y anima el andar de una Iglesia que le ha sido confiada por Jesús, para su cuidado y acompañamiento.

Entre una de estas líneas carismáticas se encuentra la de Francisco de Asís, hombre con una profunda y visionaria concepción de lo que implica la llamada y seguimiento radical de Jesús de Nazaret.

Esta corriente franciscana ha sido paradigmática en el caminar del pueblo de Dios a través de la historia medieval y los siglos sucesivos.

Sin embargo y no minimizando lo que se exponía anteriormente, presentaremos algunos de los ideales y principios de la espiritualidad Franciscana y su relación con la espiritualidad maya.

Similitudes:

  • Debido al contexto en que vivían los pueblos originarios en donde las relaciones humanas e interpersonales gestadas desde el cotidiano, adquieren un profundo sentido religioso unido a sus distintas divinidades, todo su entorno y el ser de cada persona se ligan profundamente a lo divino. En la jerarquización de la estructura socio-religiosa se pretendía establecer una sana convivencia entre la comunidad.
    El franciscanismo ha retomado el sentido de una vivencia fraternal en sus comunidades, la principal respuesta a esta exigencia la propone Francisco de Asís, que desde la minoridad e igualdad entre los hermanos, se experimenta lo sagrado que habita cada persona. El servicio de la autoridad no hace diferenciación en la comunidad, ni mucho menos una jerarquización o estatus.
  • Una de las imágenes sobresalientes de la deidad en la cosmovisión maya es la de: “Dios como corazón del cielo y tierra”, ya hacíamos referencia, a que el cotidiano y todo lo que se viera implicado en el, adquieren un carácter divino que conlleva a una vivencia ritual y religiosa. La naturaleza como parte importante del cosmos, está impregnada de la divina presencia, que a la vez es ausente, pero viva, con la centralidad fija en el Dios insondable que se manifiesta y revela en la sacralidad, que posee la armoniosa y purificadora naturaleza.
    Al ruiseñor de Asís, tachado de loco por su profunda admiración, cuidado y respeto a la que él llamaba: “la hermana naturaleza”, recuerda de forma visionaria el sentido sacramental que debe de representar para cada cristiana/o. Ha sido el entorno natural el hábitat del ser humano, en donde han acontecido los distintos procesos reveladores de Dios, que ha creado todo por puro amor, en libertad y gratuidad. La libertad mal utilizada por el ser humano, tiende  a expoliar a la hermana naturaleza,  a la que distintas religiones y espiritualidades, han considerado como sagrada.
  • La integralidad y totalidad de la persona, es precedente dentro de la cosmovisión maya. El ser humano es concebido como un ser unitario conformado por espíritu y cuerpo, que se expresa de forma –novedosa- en la divinidad que es padre y madre, definiendo al ser humano, no como macho y hembra, sino como la conformación de la persona. Esta unicidad del ser humano es también punto de partida del calendario principal de los mayas (Tzolkin), en donde las cuentas de los meses son de 20 días, simbolizando los 20 dedos de una persona, como la conformación de todo el ser.

Recopilando y entrelazando con el testimonio espiritual del seráfico padre, que invita  a los hermanos a poder recuperar el carácter tierno y cariñoso, -este aspecto fundamental para todo ser humano- que por la cultura hemos estereotipado únicamente a la mujer. Es desde la profunda experiencia de amor entre Francisco y Dios, que hereda e invita a los suyos, a poder recobrar la misma, basada en la ternura, en donde prevalezca el bienestar de las personas, a rescatar la pluridimensional con que debe el ser humano, regir y orientar su vida, al servicio de los marginados y empobrecidos.  Es decir el ser entero de la persona, debe estar orientado a la dignificación de cada ser humano, que es también medio de la revelación de Dios con innata sacralidad, de tipo ontológico

(Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

 

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