Oficinas de recaudación de fondos de Trump allanadas por autoridades federales en conspiración, investigación de lavado de dinero


Kerry Eleveld  Personal diario de KosLunes 18 de marzo de 2019 · 9:41 AM CST Recomendar 315  Comparte 3655 Pío210 Comentarios 210 nuevos

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Recaudador de fondos Top Trump Elliott Broidy

Los agentes estaban autorizados a usar las manos y la cara del megadonor para desbloquear cualquier teléfono que requiera huellas dactilares o escáneres faciales.

En 2009, Broidy se declaró culpable en un escándalo de soborno masivo que involucró a funcionarios públicos del estado de Nueva York. El año pasado, el ex presidente adjunto de finanzas de  RNC llegó a los titulares  cuando renunció a su cargo luego de que surgieran informes de que estaba haciendo pagos en un acuerdo de $ 1.6 millones de dinero secreto con un ex modelo de Playboy con quien tenía una aventura. Pero esa pequeña indiscreción parece tener poco que ver con la redada.

La orden de registro se centró en tres áreas de grift: conspiración, lavado de dinero y cabildeo ilegal para funcionarios extranjeros. La orden también conectó a Broidy con el ex subjefe de campaña de Trump y el oficial del equipo de transición, Rick Gates, y colocó a Broidy en medio de una red de personas potencialmente involucradas en actividades ilícitas.

Planearon confiscar cualquier evidencia relacionada con una lista de docenas de personas, países y entidades corporativas, según la orden. Entre los nombres en la lista están Rick Gates, el ex oficial de la campaña de Trump que se declaró culpable en la investigación de Mueller; Colfax Law Office, la firma fundada por Robin Rosenzweig, la esposa de Broidy; y varios paises extranjeros.

La orden de registro también conecta a Broidy con el financiero malayo Jho Low , quien ha sido acusado por el gobierno federal y está acusado de intentar robar miles de millones de dólares de un fondo estatal conocido como 1Malaysia Development Bhd., O 1MDB. Según informes, los fiscales federales están evaluando si Low realizó una donación ilegal a través de intermediarios al comité de recaudación de fondos de 2020 Trump Victory, porque nunca es demasiado pronto para inyectar algo de ilegalidad en las próximas elecciones.

Broidy también es sospechoso de ser “Individuo 1” en otra presentación el año pasado en la que se compensó a esa persona por supuestamente intentar que los funcionarios de la administración de Trump rechacen una investigación sobre Low. Pero no termina ahí, amigos. Las autoridades federales también estaban buscando registros en la oficina de Broidy relacionada con los Emiratos Árabes Unidos, el asesor de los EAU George Nader, Qatar, Arabia Saudita y cualquier viaje a Medio Oriente.

¿Recuerda a George Nader, el conducto no oficial de los Emiratos Árabes Unidos que participó en la reunión secreta de Seychelles y fue detenido para interrogatorio por funcionarios federales el año pasado en el Aeropuerto Internacional de Dulles? Al parecer, Nader intentó atraer a Broidy con un lucrativo acuerdo para su firma de seguridad privada si presionaba a los funcionarios de Trump en nombre de los Emiratos Árabes Unidos y Arabia Saudita. Se informó que Nader ha estado cooperando con funcionarios federales en la investigación.

Suena como que Broidy está en un gran montón de problemas.

https://www.dailykos.com/stories/2019/3/18/1843043/-Offices-of-Trump-fundraiser-raided-by-federal-authorit

Ética, interculturalidad y encuentro inter-religioso con Francisco


El Papa Francisco y el Imán de Al-Azhar, Ahmad Al-Tayyib, han realizado un importante e imprescindible “documento sobre la fraternidad humana por la paz mundial y la convivencia común… Al-Azhar y la Iglesia Católica piden que este Documento sea objeto de investigación y reflexión en todas las escuelas, universidades e institutos de educación y formación, para que se ayude a crear nuevas generaciones que traigan el bien y la paz, y defiendan en todas partes los derechos de los oprimidos y de los últimos”. Pues bien esto es lo que nos proponemos con este artículo, que asimismo tiene su raíz en mi viaje y estancia en la querida Colombia, en la bella ciudad de Bucaramanga, con motivo de mi conferencia en las V Jornadas Internacionales de humanidades y educación. Organizadas por la Universidad de Santander (UDES), con la temática-cuestión “educación y cultura”, en donde estuve invitado como ponente internacional. Y en la Universidad Industrial de Santander (UIS), impartiendo clases de ética.

Empezaremos tratando de exponer el sentido de la cultura que, como indica su etimología (similar a la de “agricultura”), es la realidad por la que nos cultivamos como seres humanos. El pensamiento y la filosofía nos transmite que la cultura nos humaniza como los animales (seres) racionales que somos. Efectivamente, la personas es un animal (ser) cultural. Más allá de nuestros impulsos instintuales, la cultura es lo que nos diferencia del resto de animales y lo que nos hace propiamente humanos. Gracias a nuestra capacidad cultural, nos convertimos en personas y damos sentido a la existencia mediante las creencias, costumbres, tradiciones, estilos de vida, ciencias u otras formas de conocimiento, leyes, instituciones…que conforman la cultura. Por la cultura vamos realizando nuestras formas de pensar, sentir y hacer, los diversos proyectos vitales, sociales e históricos que promovemos con la vida cultural. Las relaciones humanas, sociales e históricas se van plasmando por las culturas que van dando sentido y significado a la realidad del ser humano.

Aunque en ocasiones se han contrapuesto natura y cultura, como nos van mostrando los estudios del pensamiento y de las ciencias humanas o sociales, no hay tal oposición o dualismo, sino distinción o diversidad en la unidad estructural entre naturaleza y cultura. Y es que la cultura tiene una base física, biológica y psico-corporal sobre la que se desarrolla la vida cultural del ser humano. Desde una adecuada antropología integral, se puede observar la inter-acción fecunda entre los sentidos y la razón, por la que el ser humano se constituye como una “inteligencia sentiente” (Zubiri), entre el cuerpo y psique-alma.

El pensamiento y la antropología, o las mismas neurociencias, nos muestran la denominada “unidad psíquica” del género humano: toda la humanidad comparte una serie de características universales, que nos constituyen como humanos; como personas, todos tenemos las capacidades racionales, de buscar la verdad y establecer el diálogo, éticas para discernir el bien o el mal y estéticas en el anhelo de belleza.
Todos amamos, sentimos o nos indignamos ante el mal e injusticias. Estas dimensiones universales, propias de toda persona, hacen posible el diálogo y encuentro con los otros de diferentes áreas culturales y, evidentemente, no niegan la diversidad cultural. Las diversas culturas expresan estas constitutivas dimensiones racionales, éticas y estéticas, como el amar y sentir o la pasión por la justicia, de diversas formas, expresiones y tradiciones que son complementarias y se fecundan entre los distintos pueblos.

De ahí que es propio del ser humano establecer el diálogo y encuentro inter-cultural, para que los pueblos vayan compartiendo y fecundándose entre sí, gracias a esta diversidad de cauces culturales. Acogiendo así lo verdadero, bello y bueno de los otros con lo que nos fecundamos y en este sentido, como ya hemos indicado, ir uniéndonos en lo compartido y común con la humanidad a la que pertenecemos. No es sano ni adecuado un relativismo cultural que no permita el diálogo y el encuentro con los otros seres humanos, a los que estamos unidos por nuestra propia naturaleza personal y humana compartida, universal que no se puede negar. Ni tampoco un etnocentrismo o uniformismo cultural que quiera dominar o excluir a las otras culturas, con pretensiones de superioridad sobre los otros que llevan al racismo, o a la negación de esta esta vitalidad fecunda y belleza de la diversidad cultural.

En esta línea, nuestras capacidades racionales, críticas y éticas nos permite rechazar y liberarnos todo aquello de inhumano e injusto que haya en las culturas, que nunca se pueden sacralizar, para que se respeten la vida, dignidad y derechos humanos de las personas. El cuidado y protección de la vida en todas sus formas, desde la fecundación-concepción, dimensiones y aspectos, de la familia con el amor fiel entre un hombre y la mujer abiertos a la vida, a los hijos, a la solidaridad y al bien común. La vida y la familia son pilares de toda sociedad-mundo que quiera ser humanizadora, cultural, ética y espiritual.

De esta forma, mediante una educación (formación) integral, podemos y debemos ir promoviendo todo este sentido de la persona con sus capacidades culturales e inter-culturales para un desarrollo humano, social, liberador y global. Tal como se impone actualmente, la educación y formación no puede caer en el individualismo posesivo e insolidario, en la razón tecnocrática, mercantilista e instrumental. Al contrario, en su propia entraña, la educación debe cultivar toda esta formación cultural e integral del ser humano que engloba todas estas inherentes dimensiones humanas, sociales y culturales de la persona.

La educación pues se encarna en la vida y cultura de los pueblos, cultiva y potencia las diversas tradiciones culturales, espirituales (como es la religiosidad popular) y sociales de los pueblos por las que se van humanizando, desarrollando y liberando integralmente. Una educación razonable e inteligente que busca el conocimiento de la realidad, la verdad real, ética que promueve el discernimiento de lo bueno y justo u honrado, estética que se admira de la belleza en una ecología integral.

Una educación y cultura en los valores, principios y humanismo que nos constituyen como personas. Esto es, una educación y cultura para la solidaridad, la paz, la justicia liberadora con los pobres de la tierra, el trabajo decente con un salario justo y la economía ética, lo femenino que respeta la vida digna y el ser sujeto de la mujer, el cuidado y la ecología integral. En oposición a la deshumanización e in-cultura de la egolatría posesiva e individualista, del mercado y capital como ídolos, de las idolatrías de la riqueza-ser rico y del poder. Frente a la sinrazón e inhumanidad de las desigualdades e injusticia sociales-globales, de las guerras y violencias, la destrucción ecológica y de toda forma de vida en cualquier fase o dimensión, del machismo, racismo o cualquier “fobia” e (integr)”ismo” que dañe y excluya el otro. De ahí que las diversas tradiciones espirituales y religiones como las orientales, el budismo e hinduismo o confucionismo, la judía, cristiana e islámica: tienen mucho bueno, verdadero y bello que aportarnos.

Ahora se hace necesario, más que nunca, acoger y valorar todo lo bueno, bello y verdadero de los otros u otras religiones como el islam. Es un diálogo y encuentro inter-religioso para la búsqueda de la paz, la justicia y una convivencia fraterna entre todos los pueblos. No es cierto que las personas, culturas y religiones, cual fuera, sean malas por naturaleza. Al contrario, como nos muestran hasta las propias neurociencias junto a la filosofía o teología y las diversas ciencias, la persona por su propia naturaleza humana, social, cultural y espiritual está vocacionada, llamada y constituida por el amor, la empatía y la compasión; por la paz, solidaridad y justicia hacia el otro. En esa búsqueda común de la libertad, igualdad y fraternidad que promueva la civilización del amor.

La mundialización solidaria, equitativa y eco-pacífica en contra de la globalización neoliberal del capital, de la guerra y de la destrucción eco-cultural. Todo ello es lo que nos muestra la razón y la fe, por ejemplo la denominada ley natural, la iglesia y los Papas como San Juan Pablo II o Francisco en dicho documento que, junto al resto de su enseñanza, sigue el espíritu del Concilio Vaticano II.

blogs.periodistadigital.com/accion-formacion.php/2019/02/07/etica-interculturalidad-y-en-encuentro

Ética, interculturalidad y encuentro inter-religioso con Francisco


07.02.19 | 20:06. Archivado en Religiones, Ética

El Papa Francisco y el Imán de Al-Azhar, Ahmad Al-Tayyib, han realizado un importante e imprescindible “documento sobre la fraternidad humana por la paz mundial y la convivencia común… Al-Azhar y la Iglesia Católica piden que este Documento sea objeto de investigación y reflexión en todas las escuelas, universidades e institutos de educación y formación, para que se ayude a crear nuevas generaciones que traigan el bien y la paz, y defiendan en todas partes los derechos de los oprimidos y de los últimos”. Pues bien esto es lo que nos proponemos con este artículo, que asimismo tiene su raíz en mi viaje y estancia en la querida Colombia, en la bella ciudad de Bucaramanga, con motivo de mi conferencia en las V Jornadas Internacionales de humanidades y educación. Organizadas por la Universidad de Santander (UDES), con la temática-cuestión “educación y cultura”, en donde estuve invitado como ponente internacional. Y en la Universidad Industrial de Santander (UIS), impartiendo clases de ética.

Empezaremos tratando de exponer el sentido de la cultura que, como indica su etimología (similar a la de “agricultura”), es la realidad por la que nos cultivamos como seres humanos. El pensamiento y la filosofía nos transmite que la cultura nos humaniza como los animales (seres) racionales que somos. Efectivamente, la personas es un animal (ser) cultural. Más allá de nuestros impulsos instintuales, la cultura es lo que nos diferencia del resto de animales y lo que nos hace propiamente humanos. Gracias a nuestra capacidad cultural, nos convertimos en personas y damos sentido a la existencia mediante las creencias, costumbres, tradiciones, estilos de vida, ciencias u otras formas de conocimiento, leyes, instituciones…que conforman la cultura. Por la cultura vamos realizando nuestras formas de pensar, sentir y hacer, los diversos proyectos vitales, sociales e históricos que promovemos con la vida cultural. Las relaciones humanas, sociales e históricas se van plasmando por las culturas que van dando sentido y significado a la realidad del ser humano.

Aunque en ocasiones se han contrapuesto natura y cultura, como nos van mostrando los estudios del pensamiento y de las ciencias humanas o sociales, no hay tal oposición o dualismo, sino distinción o diversidad en la unidad estructural entre naturaleza y cultura. Y es que la cultura tiene una base física, biológica y psico-corporal sobre la que se desarrolla la vida cultural del ser humano. Desde una adecuada antropología integral, se puede observar la inter-acción fecunda entre los sentidos y la razón, por la que el ser humano se constituye como una “inteligencia sentiente” (Zubiri), entre el cuerpo y psique-alma.

El pensamiento y la antropología, o las mismas neurociencias, nos muestran la denominada “unidad psíquica” del género humano: toda la humanidad comparte una serie de características universales, que nos constituyen como humanos; como personas, todos tenemos las capacidades racionales, de buscar la verdad y establecer el diálogo, éticas para discernir el bien o el mal y estéticas en el anhelo de belleza.
Todos amamos, sentimos o nos indignamos ante el mal e injusticias. Estas dimensiones universales, propias de toda persona, hacen posible el diálogo y encuentro con los otros de diferentes áreas culturales y, evidentemente, no niegan la diversidad cultural. Las diversas culturas expresan estas constitutivas dimensiones racionales, éticas y estéticas, como el amar y sentir o la pasión por la justicia, de diversas formas, expresiones y tradiciones que son complementarias y se fecundan entre los distintos pueblos.

De ahí que es propio del ser humano establecer el diálogo y encuentro inter-cultural, para que los pueblos vayan compartiendo y fecundándose entre sí, gracias a esta diversidad de cauces culturales. Acogiendo así lo verdadero, bello y bueno de los otros con lo que nos fecundamos y en este sentido, como ya hemos indicado, ir uniéndonos en lo compartido y común con la humanidad a la que pertenecemos. No es sano ni adecuado un relativismo cultural que no permita el diálogo y el encuentro con los otros seres humanos, a los que estamos unidos por nuestra propia naturaleza personal y humana compartida, universal que no se puede negar. Ni tampoco un etnocentrismo o uniformismo cultural que quiera dominar o excluir a las otras culturas, con pretensiones de superioridad sobre los otros que llevan al racismo, o a la negación de esta esta vitalidad fecunda y belleza de la diversidad cultural.

En esta línea, nuestras capacidades racionales, críticas y éticas nos permite rechazar y liberarnos todo aquello de inhumano e injusto que haya en las culturas, que nunca se pueden sacralizar, para que se respeten la vida, dignidad y derechos humanos de las personas. El cuidado y protección de la vida en todas sus formas, desde la fecundación-concepción, dimensiones y aspectos, de la familia con el amor fiel entre un hombre y la mujer abiertos a la vida, a los hijos, a la solidaridad y al bien común. La vida y la familia son pilares de toda sociedad-mundo que quiera ser humanizadora, cultural, ética y espiritual.

De esta forma, mediante una educación (formación) integral, podemos y debemos ir promoviendo todo este sentido de la persona con sus capacidades culturales e inter-culturales para un desarrollo humano, social, liberador y global. Tal como se impone actualmente, la educación y formación no puede caer en el individualismo posesivo e insolidario, en la razón tecnocrática, mercantilista e instrumental. Al contrario, en su propia entraña, la educación debe cultivar toda esta formación cultural e integral del ser humano que engloba todas estas inherentes dimensiones humanas, sociales y culturales de la persona.

La educación pues se encarna en la vida y cultura de los pueblos, cultiva y potencia las diversas tradiciones culturales, espirituales (como es la religiosidad popular) y sociales de los pueblos por las que se van humanizando, desarrollando y liberando integralmente. Una educación razonable e inteligente que busca el conocimiento de la realidad, la verdad real, ética que promueve el discernimiento de lo bueno y justo u honrado, estética que se admira de la belleza en una ecología integral.

Una educación y cultura en los valores, principios y humanismo que nos constituyen como personas. Esto es, una educación y cultura para la solidaridad, la paz, la justicia liberadora con los pobres de la tierra, el trabajo decente con un salario justo y la economía ética, lo femenino que respeta la vida digna y el ser sujeto de la mujer, el cuidado y la ecología integral. En oposición a la deshumanización e in-cultura de la egolatría posesiva e individualista, del mercado y capital como ídolos, de las idolatrías de la riqueza-ser rico y del poder. Frente a la sinrazón e inhumanidad de las desigualdades e injusticia sociales-globales, de las guerras y violencias, la destrucción ecológica y de toda forma de vida en cualquier fase o dimensión, del machismo, racismo o cualquier “fobia” e (integr)”ismo” que dañe y excluya el otro. De ahí que las diversas tradiciones espirituales y religiones como las orientales, el budismo e hinduismo o confucionismo, la judía, cristiana e islámica: tienen mucho bueno, verdadero y bello que aportarnos.

Ahora se hace necesario, más que nunca, acoger y valorar todo lo bueno, bello y verdadero de los otros u otras religiones como el islam. Es un diálogo y encuentro inter-religioso para la búsqueda de la paz, la justicia y una convivencia fraterna entre todos los pueblos. No es cierto que las personas, culturas y religiones, cual fuera, sean malas por naturaleza. Al contrario, como nos muestran hasta las propias neurociencias junto a la filosofía o teología y las diversas ciencias, la persona por su propia naturaleza humana, social, cultural y espiritual está vocacionada, llamada y constituida por el amor, la empatía y la compasión; por la paz, solidaridad y justicia hacia el otro. En esa búsqueda común de la libertad, igualdad y fraternidad que promueva la civilización del amor.

La mundialización solidaria, equitativa y eco-pacífica en contra de la globalización neoliberal del capital, de la guerra y de la destrucción eco-cultural. Todo ello es lo que nos muestra la razón y la fe, por ejemplo la denominada ley natural, la iglesia y los Papas como San Juan Pablo II o Francisco en dicho documento que, junto al resto de su enseñanza, sigue el espíritu del Concilio Vaticano II.

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Para una ética global con Hans Küng


02.02.19 | 00:35. Archivado en Amistad Europea UniversitariaSociogenéticaPro paceÉticaPro justitia et libertate


La ética global que deseamos y que Hans Küng tiene el mérito de haber propuesto, tras un prolongado esfuerzo de investigación comparativa intercultural e interreligiosa, no es una nueva superestructura ideológica impuesta al resto del mundo por Occidente, sino que ofrece para toda la humanidad el resultado armónico de la confluencia de corrientes doctrinales sobre el buen comportamiento humano, cuyas fuentes religiosas y filosóficas son éticamente complementarias.

El nuevo paradigma de las relaciones internacionales y el papel de las religiones
Hans Küng,
Fundación Weltethos, Tubinga, Alemania.

Breve reseña histórica

Permítanme comenzar con un breve resumen histórico: tres fechas emblemáticas que señalan el nuevo paradigma de las relaciones internacionales que se está estableciendo despacio y trabajosamente: su anuncio (1918), su desarrollo (1945) y su consolidación (1989).

La primera oportunidad: 1918.

La Primera Guerra Mundial, desgraciadamente apoyada en ambos bandos por las Iglesias cristianas, acabó con un resultado de diez millones de muertos y el colapso de cuatro imperios: el alemán, el habsburgo, el zarista y el otomano. El imperio chino se había hundido antes. Por primera vez había tropas americanas en suelo europeo; por otro lado, el imperio soviético estaba en sus albores. Todo ello marcó el comienzo del fin del paradigma imperialista eurocéntrico de la modernidad y el nacimiento de uno nuevo, que todavía no estaba definido pero que ya muchos pensadores progresistas lo vislumbraban a largo plazo, y fue planteado por primera vez en el escenario de las relaciones internacionales por los Estados Unidos de América. Con sus “catorce puntos”, el presidente Woodrow Wilson buscaba alcanzar una paz justa y la autodeterminación de las naciones, sin las anexiones y demandas de indemnizaciones solicitadas en el Congreso. Pero en Estados Unidos el presidente Wilson ha sido muy ignorado, e incluso denigrado por Henry Kissinger, que frecuentemente polemizaba contra el “wilsonismo”.

El Tratado de Versalles de Clemenceau y Lloyd George impidió el desarrollo inmediato del nuevo paradigma. La Realpolitik, palabra utilizada inicialmente por Bismarck, cuya ideología desarrolló Maquiavelo y el cardenal Richelieu trató de practicar en su política. En lugar de una paz justa, emergió una paz dictada en la que las naciones vencidas no participaban. Las consecuencias de este planteamiento son bien conocidas: el fascismo y el nazismo (respaldados por el militarismo japonés en el Lejano Oriente), a los que no se opusieron suficientemente las Iglesias cristianas, son los catastróficos errores reaccionarios que dos décadas más tarde llevarían a la Segunda Guerra Mundial, con mucho, la peor de la historia.

La segunda oportunidad: 1945 .

Vio el final de la Segunda Guerra Mundial, con un resultado de cincuenta millones de muertos y muchos millones más de exiliados. El fascismo y el nazismo habían sido derrotados, pero el comunismo soviético se presentaba ante la comunidad internacional más fuerte y formidable que nunca, aunque internamente estaba en plena crisis política, económica y social debido a la política de Stalin.

De nuevo, la iniciativa para el naciente paradigma llegaba desde Estados Unidos. En 1945 se fundó la Organización de las Naciones Unidas en San Francisco y se firmó el Acuerdo de Bretton Woods para el reordenamiento de la economía global (creación del Fondo Monetario Internacional y del Banco Mundial). En 1948 se firmó la Declaración Universal de los Derechos Humanos y llegó la ayuda económica americana (Plan Marshall) para la reconstrucción de Europa y su incorporación al sistema de libre mercado. Pero el estalinismo bloqueaba este paradigma en su esfera de influencia y condujo a la división del mundo entre Este y Oeste.

La tercera oportunidad: 1989 .

Vio la revolución pacífica y triunfante de la Europa del Este y el colapso del comunismo soviético. Tras la primera guerra del Golfo, fue un presidente americano quien declaró el nuevo paradigma, el nuevo orden mundial, y encontró con este eslogan una entusiasta aceptación en todo el mundo. Pero en contraste con su predecesor Woodrow Wilson, el presidente George Bush senior se vio en apuros cuando tuvo que explicar el significado de lo que, a través de su visión, debería ser el orden internacional. Ningún cambio en Irak, sin democracia en Kuwait, ninguna solución para el conflicto entre Israel y Palestina, ningún cambio democrático en otros Estados árabes. Y en el presente, incluso en Estados Unidos crecen las dudas de que la llamada “guerra contra el terrorismo” sea nuestra visión de futuro. Así que hoy surge la cuestión: ¿hemos vuelto a dejar escapar la oportunidad de un nuevo orden mundial, el nuevo paradigma, en la última década?

No debemos perder la esperanza. Y especialmente los cristianos, judíos, musulmanes y miembros de otras religiones comprometidos, debemos luchar por ese nuevo paradigma. Después de todo, a pesar de las guerras, masacres y masas de refugiados del siglo XX, a pesar del archipiélago Gulag, del Holocausto, el crimen inhumano más grande de la historia, y la bomba atómica, no debemos pasar por alto algunos cambios positivos importantes. Tras 1945, la humanidad no sólo ha visto grandiosos logros científicos y tecnológicos; también se han consolidado muchas ideas planteadas desde 1918, que presionaban en pro de una nueva constelación posmoderna y global. Diversos movimientos, como el pacifista, el de los derechos de las mujeres, el medioambiental y el ecuménico, comenzaron a hacer considerables progresos: ha ido surgiendo una nueva actitud hacia la guerra y el desarme, una alianza entre hombres y mujeres, la relación entre economía y ecología, el entendimiento entre las Iglesias cristianas y las religiones del mundo. Desde 1989, tras el final de la división mundial impuesta entre Este y Oeste y la definitiva desmitificación de ambas partes, con la ideología evolucionista y revolucionaria de progreso se conformaron posibilidades para un mundo pacificado y cooperativo. En contraste con la modernidad europea colonialista, estas posibilidades ya no son eurocéntricas, sino policéntricas. A pesar de los monstruosos defectos y conflictos que todavía plagan la comunidad internacional, este nuevo paradigma es, en principio, postimperialista y postcolonial, con los ideales de una economía de mercado eco-social y con naciones realmente unidas en lo importante.

A pesar de los horrores del siglo XX, “hay todavía algo así como un vacilante progreso histórico”. En el siglo pasado, las orientaciones políticas predominantes fueron reemplazadas por otras mejores. Por una parte, el imperialismo ya no tuvo posibilidades en la política global tras la descolonización. Por otra, desde el final del régimen del apartheid en Sudáfrica, el racismo –potente política de privilegios y discriminaciones raciales– ya no vale como estrategia política en ningún estado. Asimismo, la palabra nacionalismo se convirtió en no-palabra en las naciones de la Europa occidental, precisamente donde se había acuñado, y para muchas personas ha sido reemplazada por vocablos como “diálogo”, “cooperación” e “integración”.

El movimiento ahora tiende hacia un nuevo modelo político de cooperación regional y de integración, e intenta superar pacíficamente siglos de confrontación. El primer resultado es la paz entre Alemania y Francia, luego en la Unión Europea (UE) y, finalmente, en toda el área de la OCDE (Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico, fundada en 1948 y desarrollada en 1960), incluyendo los países industrializados de Occidente (los europeos, Estados Unidos, Canadá, México, Australia, Nueva Zelanda y Japón): medio siglo de paz democrática. Ello, a pesar de los fallos y deficiencias, es realmente un exitoso cambio de paradigma. Sé que todavía hay conflictos en Asia, África, Sudamérica y en el mundo islámico (El Salvador, Guatemala, Nicaragua, Colombia, Israel-Palestina, Sudán. Yemen, Argelia, golfo Pérsico, Bosnia y Kosovo), pero nadie podría ya imaginar una guerra entre Alemania y Francia o entre Estados Unidos y Japón.

El nuevo paradigma

Tras este breve periplo histórico, quiero avanzar ahora hacia la definición fundamental del nuevo paradigma de las relaciones internacionales. He recibido muchos estímulos y apoyos dentro del pequeño “grupo de eminentes personalidades” reunidas por el secretario general de las Naciones Unidas, Kofi Annan, durante el año del “Diálogo entre Civilizaciones”, en el 2001, un trabajo que generó un informe para la Asamblea General de las Naciones Unidas: “Crossing the Divide, Diálogo entre civilizaciones”, Universidad de Seton Hall, 2001.

Basándonos en las experiencias de la UE y de la OCDE, en esta nueva constelación política la cuestión ética no puede ser ignorada. Para empezar, el nuevo paradigma significa políticas de reconciliación regional, entendimiento y cooperación, en lugar de las modernas políticas nacionalistas a favor del propio interés, poder y prestigio. En concreto, el ejercicio de la acción política ahora reclama cooperación recíproca, compromiso e integración en lugar de confrontación, agresión y venganza. Esta nueva constelación política presupone un cambio de mentalidad, que va más allá de la política de nuestros días. Para que esta nueva constelación política se mantenga, se necesitan nuevos planteamientos de política internacional.

Por una parte, para las organizaciones internacionales esto no es bastante; se necesita un cambio de pensamiento. Las diferencias nacionales, éticas y religiosas no deben ser nunca más consideradas, en principio, una amenaza, sino más bien fuente de enriquecimiento. Si el viejo paradigma siempre presuponía un enemigo, el nuevo paradigma ni lo ve ya ni lo considera; es más, busca socios, rivales y oponentes económicos para competir, en vez de la confrontación militar, y utiliza un poder blando (influencia diplomática y persuasión política, influencia cultural y prestigio) en lugar del poder duro militar (Joseph Nye).

Y es así porque está comprobado que, a la larga, la prosperidad nacional no avanza con la guerra, sino con la paz; no en oposición o confrontación, sino con cooperación. Y porque los diferentes intereses que existen se satisfacen en colaboración, ya no cabe una política con juegos de suma cero donde uno gana a costa del otro, sino con un juego de suma positiva donde todos ganan.

Por supuesto, esto no significa que la política se haya hecho más fácil en el nuevo paradigma. Permanece el “arte de lo posible”, aunque hoy se ha vuelto no violento. Si funciona no es basándose en un pluralismo posmodernista al azar, donde todo está permitido; más bien, presupone un consenso social sobre unos valores concretos básicos, unos derechos básicos y unas responsabilidades básicas.

Todos los grupos sociales y todas las naciones deben contribuir a este consenso social básico, especialmente los creyentes religiosos, pero también los no creyentes y los vinculados a diferentes filosofías o ideologías. En otras palabras, este consenso social, que no puede ser impuesto por un sistema democrático, sino que debe ser un presupuesto, no es un sistema ético específico, sino unas mínimas normas éticas comunes, una ética de humanidad.

Esta ética global no es una nueva ideología o superestructura impuesta por Occidente al resto del mundo, sino que ofrece juntas fuentes religiosas y filosóficas para toda la humanidad. Por ejemplo, la regla de oro ya la encontramos en las Analectas de Confucio, en los escritos del rabino Hillel (antes de Cristo), en el sermón de la montaña de Jesús y, también, en los 40 hadices de an-Nawani: “Lo que no deseas para ti, no se lo hagas a los demás”. Ninguno de nosotros es un verdadero creyente hasta que desea para su hermano lo mismo que desea para sí mismo y respeta unas pocas directrices básicas que podemos encontrar en todos los códigos humanitarios: no matar, no robar, no mentir, no abusar sexualmente. Volveré sobre este punto.

La ética global no debería imponerse por ley, sino llevarse a la conciencia pública. La ética global se orienta por igual a personas, instituciones y resultados. En este sentido, la ética global no se proyecta sobre la responsabilidad colectiva para eliminar cualquier responsabilidad individual que pueda haber (como si sólo las condiciones sociales, la historia y el sistema fueran los culpables de abusos y crímenes concretos). Al contrario, se dirige a la responsabilidad individual de cada uno, en su lugar dentro de la sociedad, y, más concretamente, a la responsabilidad individual de los líderes de la política, la economía y la cultura.

El libre compromiso con una ética común, desde luego, no excluye el apoyo de la ley, sino que lo incluye, y en ocasiones puede apelar a ella: en los casos de genocidio, crímenes contra la humanidad, crímenes de guerra y agresiones contrarias a la ley, como en la antigua Yugoslavia. Así pues, con la adhesión de más de sesenta naciones al Tratado de la Corte Penal Internacional, actualmente está establecido que tales violaciones se traten en ella, sobre todo cuando un Estado firmante no puede, o no quiere, ejercer castigos legales sobre atrocidades cometidas en su territorio (por ejemplo, el presidente Milosevic). Pero nuestra visión tiene que hacer frente a la realidad política.

Alternativas realistas para el futuro

Es llamativo que sea precisamente la administración del segundo Bush la que se oponga a acuerdos internacionales como el de Kyoto, para reducir el calentamiento mundial, al Tratado de Prohibición de Ensayos Nucleares, al Tratado de Misiles Antibalísticos, a la implementación del Tratado de Armas Biológicas, etc. ¡Triste para los admiradores de la democracia americana! A mucha gente no sólo del mundo islámico, sino de Asia, África y Europa, le parece que la actual administración de la superpotencia mundial interrumpe la política del nuevo paradigma. Así pues, no puedo evitar comparar el nuevo paradigma con la realidad política tras el 11 de septiembre de 2001, puesto que, sin ninguna duda, la lucha contra el terrorismo tenía que comenzar y el monstruoso crimen de Nueva York y Washington no podía quedar impune.

Tras la, quizá evitable, guerra de Afganistán y la inmoral e ilegal de Irak –dos guerras que han llevado de todo menos la paz a estos dos países–, la cuestión decisiva es, más que nunca la siguiente: ¿qué compromiso internacional debemos tomar? ¿Debemos simplemente continuar luchando de este modo contra el terrorismo? ¿Pueden las fuerzas armadas resolver el problema del terrorismo? ¿Puede una Otan más fuerte parar el terrorismo? ¿Deberían las naciones europeas constituir y financiar una “legión extranjera” al servicio del Pentágono?
No me preocupan las alternativas del pasado, sino las alternativas para el futuro. ¿Tenemos alguna alternativa frente al hecho de que la política militar esté por encima de todas las políticas y se estén gastando billones pecaminosamente en nuevos sistemas de armas y aviones de transporte, en lugar de en guarderías y escuelas, sanidad y servicios públicos en Europa, y en luchar contra la pobreza, el hambre o la miseria del mundo? ¿Hay alguna oportunidad para el nuevo paradigma fuera de la zona OCDE?

Yo creo que sí las hay, y quiero señalarlas con cautela, no como firmes predicciones, sino como que “podría suceder que…”. Voy a hacerlo con plena conciencia de todas las incertidumbres del futuro, que hoy traen constantes cambios fundamentales mucho más rápidamente que antaño, cambios que, a pesar de todo, no siempre son para peor, como hemos visto en el cambio de actitud de la administración Bush con respecto a las Naciones Unidas.

Adoptaré el principio realista anti-Murphy: “Lo que puede ir mal no necesariamente va siempre mal…”. Y como admirador de la gran tradición americana de democracia y defensa de los derechos humanos, yo apostaría por la paz política, incluso de cara a la campaña contra el terrorismo, que no debería ser primordialmente una lucha militar, sino política, económica y cultural.

Podría suceder que la actual o la siguiente administración americana se den cuenta de que quienes piensan que pueden ganar la lucha contra el mal en todo el mundo se están condenando a sí mismos a una guerra eterna, y que la superpotencia mundial puede llevar a cabo una política exitosa sólo si no actúa unilateral y despóticamente, sino con socios y amigos, no satélites, practicando la humildad en su trato con el resto de las naciones, como G. W. Bush prometió antes de su elección, aunque después no la ha llevado a cabo.

Podría suceder que Estados Unidos, más astutamente que los antiguos imperios, no extienda su poder y fracase con su megalomanía, pero preserve su posición predominante teniendo en cuenta no sólo su interés, sino también el de sus socios. El intento de organizar al gusto personal un mundo desordenado es puro orgullo, y en los imperios el orgullo precede a la caída (recuerden los imperios de Francia, Gran Bretaña, Alemania, Japón o Rusia).

Podría suceder que la actual o la siguiente administración americana, porque no desee alejarse del mundo islámico, se tome más interés en las raíces del resentimiento árabe y musulmán hacia Occidente, y hacia los Estados Unidos en particular, y que en lugar de preocuparse sólo de los síntomas se ocupe también de la terapia desde la raíz de los problemas sociales, económicos y políticos del terror, y que, en lugar de gastar aún más billones en objetivos militares y policiales, se preocupe de mejorar la situación social de millones de personas en su propio país y de los que salen perdiendo en todo el mundo, víctimas de la globalización.

Podría suceder también que la superpotencia de Estados Unidos no actuara en interés de su propio progreso con el objetivo de prevenir que el sentido internacional de la ley se viera trastocado, pues si la superpotencia fijara reglas diferentes de las aplicadas normalmente en derecho internacional, eso ayudaría a quienes no desean observar la ley internacional y, además, se reforzaría el terrorismo y se anularían las normas internacionales que regulan el uso de la fuerza.

Podría suceder – por decir también una palabra sobre el conflicto entre Israel y Palestina como fuente principal del terrorismo– que una nueva mayoría del pueblo israelí reemplazase a los líderes que no les han traído paz ni seguridad, sino una economía que hace equilibrios al borde de la ruina, y eligiese otros líderes políticos con mayor mentalidad de paz y con visión y habilidad para sacar al país del pantano y –con fuerte presión americana– implementar la Hoja de Ruta –apoyada por las Naciones Unidas, la Unión Europea, los Estados Unidos y Rusia–, para la retirada de los territorios ocupados y el reconocimiento del Estado de Israel por los Estados árabes, normalizando las relaciones políticas y económicas. La Iniciativa de Ginebra de diciembre de 2003 debería tomarse como sistema de navegación para implantar la Hoja de Ruta. Eso crearía condiciones para un Estado autónomo y viable (no desmembrado) de Palestina, preferiblemente en unión económica con Israel y Jordania, lo que sería una auténtica bendición para toda la región, especialmente para Israel.

Realmente, podría suceder que, entonces, incluso los palestinos extremistas que aplican la misma lógica de violencia, detuvieran sus sangrientas actividades terroristas, y que los palestinos restringieran de verdad su derecho al retorno, a un retorno simbólico para algunos casos particularmente duros, en un intercambio con nuevos asentamientos y compensación económica. A largo plazo, sólo el reconocimiento por parte de Israel traerá una administración menos autoritaria y corrupta y más democrática. Pero lo que ustedes esperan ansiosamente es el postre.

Consecuencias para las religiones y la ética

En este punto planteo demandas concretas para las tres religiones proféticas –judaísmo, cristianismo e islam– no para apoyar sin crítica alguna las políticas oficiales de sus respectivos gobiernos, sino para mostrarles su papel profético:

– “No devolváis mal por mal” (Romanos, 12,17). Esta cita del Nuevo Testamento va dirigida hoy a los cruzados cristianos de América y de cualquier otro lugar que sólo buscan el mal en el otro, pensando que una cruzada santifica cualquier sentido militar y justifica todos los daños humanos colaterales.
– “Ojo por ojo, diente por diente” (Éxodo 21,24). Esta cita de la Biblia hebrea pone límite al daño y va dirigida a los fanáticos israelitas que prefieren sacar los dos ojos al adversario en lugar de uno y les gustaría sacarle varios dientes, olvidando que perpetuar el ojo por ojo conduce a que el mundo se quede ciego (Gandhi).
– “Y si ellos se inclinan hacia la paz, inclínate tú también” (Surah 8.61). Esta cita del Corán va dirigida a los palestinos soldados de Dios a los que todavía hoy les gustaría borrar del mapa el Estado de Israel y que intentan sabotear todas las iniciativas de paz.

La paz entre las religiones presupone la paz entre las naciones. Permítanme concluir con unos puntos elementales de ética global que, en la era de la globalización, son más urgentes que nunca. La globalización de la economía, de la tecnología y de las comunicaciones precisa la globalización de la ética para abordar problemas globales. Las dos demandas fundamentales de la Declaración de Chicago de 1993, confirmadas con la llamada lanzada a los líderes de nuestras instituciones en el III Parlamento de las Religiones –Ciudad del Cabo, 1993– y utilizadas en el manifiesto Crossing the Divide (“Salvando las diferencias”) dentro del Año para el Diálogo entre Civilizaciones de las Naciones Unidas, son las más elementales que pueden redactarse sobre este asunto, pero no son un mero trámite en absoluto.

El primero es el principio de humanidad: la petición de auténtica humanidad: “Hoy como ayer, hombres y mujeres son tratados inhumanamente en todo el mundo. Se les roban sus oportunidades y su libertad; sus derechos humanos son pisoteados; su dignidad ignorada. ¡Pero la fuerza no significa la razón! Frente a esa falta de humanidad, nuestras convicciones religiosas y éticas exigen que cada ser humano sea tratado humanamente”. Esto significa que toda persona –hombre o mujer, blanco o de color, joven o mayor, americano o iraquí– debe ser tratada no de modo inhumano, bestial, sino de modo auténticamente humano.

El segundo punto fundamental es la regla de oro: “Hay un principio que se encuentra y permanece en muchas religiones y tradiciones éticas de la humanidad desde hace miles de años: Lo que no desees para ti, no se lo hagas a los demás… Lo que no quieras para ti, no lo quieras para los demás… Estas palabras deberían ser irrevocables, norma incondicional para todos los aspectos de la vida, para familias y comunidades, para todas las razas, naciones y religiones”.

En la base de estos dos principios fundamentales, debemos recordar cuatro directrices éticas, presentes en todas las grandes tradiciones de la humanidad:

– No matar, torturar, atormentar, herir; en sentido positivo: preservar la vida o, lo que es lo mismo, el compromiso con una cultura de no violencia y de reverencia por la vida.
– No mentir, engañar, calumniar, manipular; en sentido positivo: hablar y actuar honradamente o, lo que es lo mismo, el compromiso con una cultura de sinceridad y tolerancia.
– No robar, explotar, sobornar, corromper; en sentido positivo: actuar con honestidad y transparencia o, lo que es lo mismo, el compromiso con una cultura de imparcialidad y orden económico justo.
– No abusar sexualmente, estafar, humillar, deshonrar; en sentido positivo: respetar y amar al prójimo; en otras palabras, el compromiso con una cultura de asociación-colaboración e igual dignidad para hombres y mujeres.

Concluyo ya. Comencé con la falta de visión tras 1989. Espero haber clarificado lo que pudo haber sido aquel panorama. No es una visión de guerra, sino de paz. Permítanme resumirlo en las cuatro propuestas siguientes:

– No habrá paz entre las naciones sin paz entre las religiones.
– No habrá paz entre las religiones sin diálogo entre las religiones.
– No habrá diálogo entre las religiones sin unas normas éticas globales.
– No habrá supervivencia del planeta sin una ética global.

Fuente: Tamayo Acosta, Juan José. “Interculturalidad, diálogo interreligioso y liberación” (Nuevos desafíos) . Editorial Verbo Divino/Digitalia. Édition du Kindle.

Este libro recoge las actas del I Simposio de Teología Intercultural e Interreligiosa de la Liberación, celebrado en el marco del Fórum de las Culturas de 2004 en Barcelona. Los ponentes trataron de poner las bases para una teología capaz de responder a las desigualdades de nuestro tiempo y a los fundamentalismos.

http://blogs.periodistadigital.com/aeu.php/2019/02/02/hans-kung-el-nuevo-paradigma-de-las-rela

El Vaticano condena a dos años y medio de prisión a un empresario por blanqueo de capitales


ANGELO PROIETTI ESTAFÓ A TRAVÉS DE UNA CUENTA EN EL IOR

Es la primera vez que se aplica este delito en el Estado VaticanoRedacción, 27 de diciembre de 2018 a las 16:17  

Angelo Proietti estafó a través de una cuenta en el IORAgenciasRELIGIÓN | VATICANO

Proietti había sido arrestado por bancarrota fraudulenta en mayo de 2016 en una investigación de la Fiscalía de Roma y se comprobó que tenía cuentas en el IOR con su empresa de construcción que había recibido algunas contratas del Vaticano

El Tribunal del Estado de la Ciudad del Vaticano condenó a dos años y seis meses de prisión al empresario italiano Angelo Proietti por el delito de blanqueo de capitales a través de una cuenta corriente en el Instituto para Obras de Religión (IOR), el banco vaticano.

La Oficina de Prensa del Vaticano informó que la sentencia que se emitió el pasado 17 de diciembre también incluye la confiscación de un millón de euros, que habían sido ya retenidos en 2014 por las autoridades vaticanas.

Se trata, añade la nota, de la primera vez que en el Estado Vaticano se aplica una condena por el delito de lavado de dinero previsto en el artículo 421-bis del Código Penal.

Proietti había sido arrestado por bancarrota fraudulenta en mayo de 2016 en una investigación de la Fiscalía de Roma y se comprobó que tenía cuentas en el IOR con su empresa de construcción que había recibido algunas contratas del Vaticano.

La declaración de la Oficina de Prensa destaca que las investigaciones son fruto de la colaboración entre el promotor de Justicia vaticano (fiscal), la Autoridad de Información Financiera (AIF), la Gendarmería vaticana y la magistratura italiana.

El fallo de la Corte adquiere una importancia fundamental desde el punto de vista del sistema de prevención del lavado de dinero y de contrarrestar la financiación del terrorismo desarrollada por el Estado en los últimos años.

(RD/Aica)

https://www.periodistadigital.com/religion/vaticano/2018/12/27/el-vaticano-condena-a-dos-anos-y-medio-de-prision-a-un-empresario-por-blanqueG

Se prenden las alarmas en la Casa Blanca por nueva demanda contra Trump


Fiscal General de Nueva York demanda a la organización benéfica de Trump

Se prenden las alarmas en la Casa Blanca por nueva demanda contra Trump
Trump dice que estas acusaciones tiene motivaciones políticas

POR:REDACCIÓN05 OCTUBRE 2018

Una vez más el presidente Donald Trump está en aprietos ante la ley, esta vez por usar indebidamente su fundación de caridad.

El Fiscal de Nueva York tiene un caso sólido en contra el presidente Donald Trump por manejar su fundación de caridad sin tener en cuenta las leyes estatales y federales, dijo este jueves Barbara Underwood en una nueva presentación judicial sobre el caso.

La fiscalía está demandando a la fundación de caridad del presidente argumentando que rompió las reglas que prohíben a las organizaciones benéficas a participar en actividades políticas,reportó Time Magazine.

“La ley es clara: las fundaciones privadas no pueden usar sus fondos para el beneficio personal o comercial de sus directores, y no pueden participar en actividades políticas”, argumentó la presentación del tribunal.

En su último informe, los abogados estatales reiteraron su demanda de que Trump no pueda participar en la gestión de organizaciones benéficas durante 10 años.

La demanda aduce que la fundación del presidente se usó indebidamente para beneficiar a Trump personalmente varias veces y se convirtió en un ala de su organización de campaña durante las elecciones de 2016.

Por su parte los abogados de Trump le pidieron a un juez que desestimara el caso, diciendo que tenía motivaciones políticas.

https://laopinion.com/2018/10/05

No llores por mí, Suramérica


Joaquín Roy. Crédito: Cortesía del autor

Joaquín Roy. Crédito: Cortesía del autor

MIAMI, 13 ago 2018 (IPS) – La decisión de Iván Duque, el nuevo presidente colombiano, de retirar a su país de la organización Unasur, no solamente es la inauguración de las medidas que el mandatario deberá tomar en su nuevo cargo, sino también el certificado de defunción del tradicional y precario proyecto de cooperación de la parte sur del continente americano.

La drástica declaración es al mismo tiempo un amplio mensaje de que los tiempos de la integración latinoamericana pasan por un período negativo que se presenta con visos de ser terminal y no meramente temporal.

La atmósfera en el subcontinente latinoamericano no es aislada, sino que viene acompañada de un contexto adverso a los experimentos de integración (y de cooperación económica) en todo el continente, bajo el influjo amenazante de Estados Unidos, liderado por Donald Trump.

Por otra parte, el núcleo de la Unión Europea, que fuera un faro de mensajes positivos en el pasado, no parece pasar por sus mejores momentos.

Se halla bajo la ambivalencia de ciertos miembros (y el influjo del Brexit) y la presión de sectores populistas que no solamente socaban el consuetudinario mensaje de unión, sino que vienen trabajando sin cesar por la prioridad del nacionalismo, azuzado por la inmigración descontrolada.

Mientras la debilidad europea puede considerarse temporal y al mismo tiempo consustancial a su largo desarrollo de más de medio siglo, los síntomas latinoamericanos son más serios, ya que la historia de la integración del subcontinente no rebasa los conatos de experimentos y declaraciones ampulosas.

Además, el registro de proyectos adolece de un problema innato que consiste en no solamente equivocar los límites geográficos, sino también en responder no a unos objetivos positivos de sumar, sino también a responder a unas miras de plasmar proyectos en contra de algunos vecinos y competidores en la media distancia.

La defunción de Unasur (Unión de Naciones Suramericanas) estaba anunciada desde los momentos en que Argentina, Brasil, Chile, Perú y Paraguay decidieron suspender su membresía.

Un largo periodo sin secretario general carcomía su funcionamiento. Pero diversas voces han estado señalando que las carencias de Unasur proceden de orígenes complementarios.

Uno es la limitación geográfica. Otro es el objetivo primordial en un contexto en que Unasur no solamente debía compartir escenario con diversas organizaciones interamericanas y estrictamente latinoamericanas. Un tercero estaba presentado por los objetivos que su curioso ADN anunciaba.

El primer enigma se presentó tempranamente con el limitado marco geográfico. Al ceñirse al subcontinente sudamericano, se revelaba que la nueva organización esquivaba dos actores imponentes: Estados Unidos y México.

Evitar al primero parecía ser el objetivo central de repetir el marco de la OEA (Organización de Estados Americanos), que estaba considerado por la mayoría los miembros fundadores de Unasur como el poder hegemónico obstaculizador.

México se consideraba competidor de Brasil y cómplice de numerosas carencias latinoamericanas. Brasil soslayaba así incómodos socios. Por otra parte, Unasur era una ampliación del escenario del ALBA (Alianza Bolivariana de los Pueblos de Nuestra América), la creación bolivariana de Venezuela, impelida por los argumentos de la ayuda petrolífera.

Los objetivos de Unasur resultaban un tanto etéreos para rellenar el espacio reservado por Ecuador en el “centro del mundo”. El admirable edificio construido sobre la raya de los hemisferios, entonces bajo el influjo entusiasta del presidente argentino Néstor Kirchner (2003-2007), se fue quedando vacío de objetivos.

Nunca se vio claro el proyecto de convertir a Unasur en una eficaz OTAN sudamericana que velara por la seguridad y garantizara a sus miembros la coexistencia en su diversidad. Nunca se palpó su eficacia en convertirse en foro de solucionar controversias.

Simultáneamente, su evolución contrastaba en la deriva de los dos proyectos tradicionales latinoamericanos que compartían el teatro geográfico, la Comunidad Andina de Naciones (CAN) y Mercosur (Mercado Común del Sur). Si de integración regional se trataba, esa función pertenecía a la CAN y Mercosur.

Simultáneamente a la evolución de Unasur, la CAN quedaba herida internamente por su inhabilidad en sublimar su inexistente unión aduanera, a pesar de contar con un notable bagaje de legislación común.

La fuga temprana de Chile fue el aviso de los escarceos que Colombia y Perú fraguaban con la UE y Estados Unidos para plasmar acuerdos individuales comerciales que terminaron por provocar la irritación de Venezuela.

Hugo Chávez (1999-2013) necesitaba excusas para anunciar su particular salida y su extemporánea entrada de Mercosur. El ingreso de Caracas en la organización con sede en Montevideo será recordado como la clásica inserción del elefante en la cacharrería, un trauma del que los socios originarios de Mercosur todavía no se han recuperado.

Las ansias de Bolivia por pertenecer a Mercosur es el penúltimo capítulo del drama sudamericano, del que queda como resto, especialmente luego del desastre de Unasur, el flexible remiendo futuro de una coalición de los miembros más confiables de Mercosur con algunos socios (Perú, Colombia, Chile, incluso México) del oriente de subcontinente, en lo que se llama la Alianza del Pacífico.

Esta sería la alternativa a la tradicional construcción de la integración latinoamericana, soslayando la institucionalización (la hija predilecta de la Unión Europea), y priorizando el pragmatismo de los acuerdos estrictamente comerciales y de inversiones con socios confiables.

Joaquín Roy es Catedrático Jean Monnet y Director del Centro de la Unión Europea de la Universidad de Miami. jroy@miami.edu

 

http://www.ipsnoticias.net/2018/08/no-llores-suramerica/

 

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