DOMINGO DE PENTECOSTÉS: Jesús se va sin dejarnos solos: Eduardo de la Serna





Lectura de los Hechos de los apóstoles     2, 1-11


Resumen: los apóstoles están juntos en Jerusalén, según Jesús les ha indicado, esperando “la promesa” de Dios, a fin de que habiéndolo recibido, puedan salir a anunciar a todos el Evangelio, la predicación de Jesús. El espíritu viene sobre ellos y se manifiesta en las lenguas que deben proclamar a todo el mundo y en la palabra única que deben anunciar, “la buena noticia del reino”. Al recibir el espíritu, la Iglesia recibe el impulso desde Dios para el desempeño de su misión evangelizadora “hasta los confines de la tierra”.

Comentando el comienzo de Hechos de los Apóstoles, el domingo pasado, de la Ascensión, mostramos (remitimos allí) las expresas semejanzas que Lucas pone entre el comienzo del ministerio de Jesús y el ministerio de la Iglesia. En este caso, por cierto, la presencia del Espíritu, que impulsó a Jesús, el descenso de ese espíritu de modo físico, o corporal, una voz o ruido del cielo… Si Lucas quiere señalar que comienza el “tiempo de la Iglesia”, va a destacar que el gran protagonista de todo esto es – precisamente – el Espíritu Santo.

Hay que recordar que los apóstoles, para Lucas, están en Jerusalén aguardando “la promesa” que Dios ha hecho con los suyos. Jerusalén, por otra parte, es la meta de las grandes peregrinaciones litúrgicas de los judíos, especialmente en las tres grandes fiestas: las tiendas (otoño), la pascua y ¡pentecostés! (éstas en primavera). Es por eso que se mencionan tantos judíos oriundos de tantos lugares (partos, medos, elamitas…).todos han ido, como es habitual, a la ciudad santa. Y allí están los discípulos de Jesús esperando el espíritu.

El texto tiene dos partes que parecen aparentemente contradictorias. Al derramarse el Espíritu, los apóstoles comienzan a hablar “en otras lenguas según el espíritu les concedía expresarse”. Por otro lado, a continuación el enfoque cambia y ya no se trata de que se hablan diferentes lenguas sino que al que habla “cada uno lo escucha en su propia lengua”, lo cual es evidentemente opuesto. Probablemente esto señale dos elementos teológicos diferentes que el autor quiere destacar. Ambos signos (y ambos en relación a la palabra) son la consecuencia visible del don del Espíritu Santo sobre la comunidad de discípulos.

Las así llamadas “lenguas” son una consecuencia de la presencia del Espíritu Santo en Hechos (ver también 10,46; 19,6). Del mismo modo que los “signos y prodigios” (2,19.22.43; 5,12; 6,8; 7,36; 14,3; 15,12) estamos ante manifestaciones del espíritu. Evidentemente Lucas quiere hacer patente en estos hechos que se trata de una intervención divina (precisamente la mala interpretación de que se trata de que están borrachos, v.13 requiere mostrar de un modo indudable que se trata del obrar de Dios. De todos modos, por tratarse, como es evidente, de un texto programático que alude al comienzo de la misión de la Iglesia, seguramente no hemos de descuidar que a “toda lengua” debe llegar la predicación de los apóstoles. Deben ir “hasta los confines de la tierra” y allí todos deben escuchar la palabra de Dios.

Pero por otro lado, nos encontramos ante una escena extraña, el texto dice que “cada uno lo escucha hablar en su propia lengua”. Esto es raro ya que por lo general todos entendían el griego. Es decir, no hacía falta ningún milagro para ser comprendidos, sin embargo algo quiere destacar Lucas aquí. Nuevamente el tema es la lengua, pero ahora hay una lengua que todos comprenden cada uno con su propiedad. Se ha pensado que Lucas quiere mostrar los efectos contrarios de la dispersión de lenguas ocurrida en Babel. Es posible (aunque el texto de Babel diga otra cosa, así parece haberse leído en este tiempo), pero si es el caso, no parece que debamos encontrar aquí el eje principal de interpretación del relato. El Evangelio es la palabra que deben anunciar, y debe ser comprensible para todos. Lo que todos entienden son “las maravillas de Dios”. Este término, “maravillas” (megaleia) es la única vez que se encuentra en el NT. En Dt 11,2 se refiere a la manifestación de Dios a los presentes (ver 2 Mac 3,34; 7,17), son manifestaciones que llegan “hasta el cielo” (Sal 70,19). Es un término habitual en el libro del Eclesiástico (17,8.10.13; 18,4; 36,7; 42,21; 43,15; 45,24). El término viene de “megas” (grande, que sí es frecuente). La construcción es semejante a la que María dice en el Magníficat: “ha hecho en mi favor maravillas (megála) el poderoso. Santo es su nombre” (Lc 1,49). Dios actúa en medio de la humanidad, se manifiesta. Y estamos invitados a reconocer esa intervención. Tal es el caso de los milagros (en ambos sentidos) que debemos mostrar a todas las naciones en todas las lenguas. El Evangelio debe ser conocido y aceptado, debe crecer.

Pero esta tarea misionera de llegar a “toda lengua” (cf. Fil 2,11) no es algo que podamos desplegar sin la intervención de Dios. La Iglesia no puede comenzar su ministerio sin el Espíritu que la empuja, la impulsa y la llena de vida. Gente de todos los pueblos puede escuchar la palabra de Dios y – a partir de su fe – recibir el bautismo, y comenzar a su vez ellos a dejar crecer el Evangelio.


Lectura de la primera carta de san Pablo a los cristianos de Corinto     12, 3b-7. 12-13


Resumen: El espíritu es el que anima y fortalece a la comunidad. El que hace que los diferentes miembros de la ekklesia estén al servicio los unos de los otros enriqueciendo el “cuerpo” y siendo gestores de unidad en la plena vivencia de la diversidad.

En 12,1 comienza un nuevo apartado de la carta a los corintios. Como los demás, empieza con la fórmula “con respecto a…” (7,1.25; 8,1; 12,1; 16,1.12) que parece ser – en cada caso – la respuesta que da Pablo a preguntas que los corintios le han formulado por carta (7,1). En la carta también hay enfrentamiento a temas que Pablo conoce por información oral (1,10; 5,1; 11,18; 15,12). En este caso, la pregunta es acerca de “los espirituales” y Pablo desarrolla el tema en tres grandes partes, concluyendo en 14,40. El capítulo 12, por su parte tiene también tres grandes partes donde Pablo presenta el planteo en general (vv.4-11), un análisis a partir de la metáfora del cuerpo (vv.12-27) y la conclusión (vv.28-31). Los vv.1-3 constituyen la introducción a toda la unidad. En este caso, el texto litúrgico mezcla, sin un criterio literario aparente, la última parte de la introducción y la primera parte de cada una de las dos primeras unidades (vv.4-10 y vv.11-12). No es fácil entender el criterio de los cortes, aunque la centralidad del tema del Espíritu, propio de la celebración, queda destacada. Veamos brevemente:

En la introducción, Pablo presenta un contraste entre el pasado y el presente de los destinatarios, el tiempo de la idolatría, tiempo “sin espíritu”  y el hoy, tiempo “con espíritu”, tiempo “en la fe”. El contraste llega al extremo de la máxima blasfemia por un lado y la máxima confesión de fe por el otro; por tanto aquel que dijera “Jesús es anatema”, es algo imposible de decir si ese tal tiene el espíritu, y la gran confesión de fe, “Jesús es Señor”, algo sólo posible de decir “en espíritu”. Esto, así dicho, pone la fe como el eje y el criterio de pertenencia. Pero esta fe está movida por el espíritu de Dios. Muchas cosas que antiguamente los corintios hacían son muy semejantes a lo que hacen ahora (por ejemplo hablar en aparentes lenguas extrañas), ¿cómo saber si a ello nos mueve el espíritu de Dios o un espíritu o un ídolo? Pues la fe, la confesión de fe, es el criterio. Si uno confiesa a Jesús, tiene el espíritu de Dios.

Sin embargo – y esto es particularmente duro para aquellos que se creían más importantes que otros por tener manifestaciones del espíritu que son más espectaculares (como el don de lenguas) – lo primero que Pablo señala es que esos son “espirituales” por tener carismas. Es decir, dones de la gracia. Nadie puede, por tanto, jactarse, ya que todo es don de Dios, y no para el propio provecho, sino para el servicio de la comunidad. No es propio ni para sí. Esos dones son “distribuidos” (v.4), y tienen su origen en Dios. A cada uno Dios le da diversos “carismas” y todos son para el provecho de la comunidad (v.7). A continuación Pablo enumera algunos de esos carismas (lo que es omitido en el texto) y más adelante continuará mencionando otros. Es decir, no pretende dar una lista exhaustiva de los dones, sino mencionar algunos para destacar la pluralidad y variedad, pero en el sentido de la unidad.

El texto está cortado, como dijimos, y comienza la primera parte de la metáfora del cuerpo. Aquí se limita a la presentación de la figura y a presentar lo que es un aparente dicho pre-bautismal pre-paulino. La imagen del cuerpo y los miembros destacando la unidad y la diversidad parece haber sido tomada de la filosofía estoica, donde era común, aunque varios autores piensan en otros orígenes diversos. La imagen de la ciudad o del universo entendido como cuerpo es común en el entorno. Y los astros o la creación, y los “ciudadanos” entendidos como miembros. En este caso, el punto de partida es este, y refiere a la unidad y la diversidad, pero dando un paso extraño gramaticalmente: “así también Cristo”, no es “así también el cuerpo de Cristo” o “estando en Cristo”, etc. Sin duda la unión de los cristianos en Cristo es tal que genera, para Pablo, una unidad indisoluble. Lo cual hace impensable la división en el seno de la misma. División que no necesariamente significa ruptura, pero que puede ser hacer sentir a otros que por no ser como nosotros somos (o por no tener el carisma espectacular que nosotros tenemos) no son parte nuestra. O – por el contrario – hacer creer a otros, los más débiles, que no son “de los nuestros” por no tener nuestros carismas (ambos elementos se ven reflejadas en las imágenes que siguen: “no te necesito” o “no soy del cuerpo”, como dichos de unos y otros en la comunidad). Esta imagen, supone una mutua pertenencia al cuerpo al cual ingresamos por el bautismo. Es por esto que Pablo pone aquí un dicho (que es semejante a Gal 3,28 y parece semejante a Col 3,11). Esto parece indicar que existía una suerte de confesión de fe, o catequesis pre-bautismal que indicaba algunas características del bautismo en los que reciben el sacramento, y que Pablo utiliza y coloca aquí. En este caso, fiel al tema que está desarrollando, Pablo destaca que la diversidad (judío y griego, esclavo y libre) no afecta la comunidad, sino que por el contrario, la enriquece (en Gálatas, como el tema es otro y los conflictos también, el acento está puesto en que no hay superioridad de unos sobre otros y lo que cuenta es la unidad). 

Una nota con respecto al dicho: en Gálatas encontramos otro par: “varón y mujer”. Ciertamente, si 1 Corintios es cronológicamente anterior a Gálatas, hemos de decir que más tarde, Pablo añade el par varón-mujer al dicho que había recibido; por el contrario, si Gálatas es anterior a 1 Corintios, habría que explicar por alguna razón, por ejemplo, en el seno de la comunidad corintia, la causa por la que Pablo omite expresamente a la mujer y el varón en este texto. Parece bastante probable que Gálatas sea posterior a 1 Corintios, por lo que pareciera que en 1 Cor Pablo simplemente cita el texto (incorporando al Espíritu, donde decía Cristo). La importancia del lugar de la mujer en 1 Corintios mueve a Pablo a que la siguiente vez que cita este texto, es decir Gálatas, añada “varón y mujer”, como lo hace aquí.

Pero veamos brevemente el tema del espíritu en esta unidad. Para empezar, es sensato suponer que Pablo no está pensando en la “tercera persona de la Santísima Trinidad”. Sería anacrónico. El espíritu es el don de Dios; se dona y envía su fuerza para que la comunidad pueda mantenerse fiel a los caminos de Dios. Este es el don que se da a la comunidad y por el cual proclama su fe (Jesús es Señor), es la fuerza que unifica el cuerpo y sus miembros, y que manifiesta en cada miembro diferentes “carismas” a fin de que toda la comunidad se enriquezca y crezca. Este don, recibido en el bautismo es gestor de unidad en la comunidad eclesial, del mismo modo que los miembros lo son en el cuerpo del que forman parte.

Evangelio según san Juan     20, 19-23

Resumen: Jesús se va, pero el espíritu es derramado para continuar en la comunidad con sus mismas características, y así poder vivir conforme al testamento que Jesús deja en su discurso final.

El segundo domingo de Pascua hemos comentado este Evangelio (aquí se encuentra sólo la primera parte, la escena “sin Tomás”, allí incluía también la segunda parte). Remito a ese texto. Aquí simplemente destaco una nota sobre el Espíritu en Juan. Es evidente que este texto hoy es puesto en la liturgia por la referencia al envío del Espíritu.

Podríamos señalar la importancia que en Juan tiene el personaje al que llama “Paráclito”, o detenernos en el “envío”, que tan importante es el en Cuarto Evangelio. O la relación entre el espíritu y la comunidad joánica. Intentaremos – brevemente – un camino intermedio.

Las Biblias contemporáneas tienden a no traducir la palabra griega “paráclito” que antiguamente se traducía por consolador, abogado, etc. Es que el término “paráclito” es muy amplio y abarca esos elementos y también otros más. Como se sabe, las referencias al paráclito se encuentran en el largo discurso de despedida de Juan (Jn 13-17). Como una suerte de “testamento” de Jesús, él prepara a los suyos para su partida, y reconoce como verdaderos “herederos” a aquellos que vivan como él, en este caso, “el amor, como yo los he amado”. El paráclito aparece como una suerte de personaje que Jesús enviará cuando se vaya. Por eso “conviene” que se vaya ya que si no, no recibirán el paráclito. Si miramos algunos términos que se le aplican: verdad, envío, está con los discípulos, que el mundo no puede recibir ni conoce, que enseñará, son términos que se aplican también a Jesús en Juan. En cierta manera el Paráclito es una nueva manera de presencia de Jesús glorificado en medio de los suyos. Es un enviado a una comunidad, y con una misión concreta: que esta comunidad sienta la presencia en su vida cotidiana, en el conflicto, en conocer la verdad.

Un elemento interesante que concentra “el misterio” en Juan es el momento de la muerte de Jesús. Allí, afirma Juan, Jesús “entregó su espíritu”. El grupo al pie de la cruz resume, en cierto modo, la primera Iglesia: dos personajes con fuerte carga simbólica están allí (al decir “simbólica” por supuesto que no negamos su entidad real): el discípulo amado y la madre de Jesús. Que a partir de este momento serán “madre e hijo”. Hay elementos (no tantos como los que luego desplegarán los Padres de la Iglesia a partir de Justino) para pensar en la madre como una suerte de “Eva”: hay referencia a un jardín, a una mujer-madre, a una costilla. Y hay un discípulo que es amado, que tiene profunda intimidad con Jesús en la pasión, lo acompaña en la cruz, lo reconoce resucitado y cree sin ver a Jesús. En cierto modo, la novedad que Jesús trae, la nueva comunidad de discípulos está allí en la cruz, y a ellos “entrega su espíritu”. En un instante Juan concentra pasión y envío del Espíritu, algo que luego desarrollará en el relato que nos toca comentar.

Mirando el término “espíritu”, en Juan no es muy frecuente, como lo es en otros (x19 en Mt; x23 en Mc; x36 en Lc [+ x70 en Hch] y x24 en Jn). Luego de una alusión al Bautismo de Jesús – no mencionado en Juan – habla de un “nacimiento” según el espíritu que refiere a los discípulos a partir de nuestro bautismo, a una verdadera adoración “en espíritu”, las palabras de Jesús “son espíritu y vida”. En 7,39 señala expresamente que el Espíritu lo recibirán los seguidores a partir de la glorificación de Jesús, esto es, a partir de la Pascua. Fuera de esta mención expresa, debemos esperar al discurso de despedida para escuchar hablar del Espíritu como un don. Este don, presentado como paráclito, como se ha dicho, es un modo nuevo de presencia de Jesús entre los suyos: espíritu de verdad, enviado y maestro, que no hablará por su cuenta, como también ocurre con el enviado. Luego de estos anuncios, quedan los dos textos finales a los que hemos hecho referencia: Jesús, que en la cruz “entrega su espíritu” y que a los discípulos reunidos (¿quiénes? No se dice) les entrega su espíritu en un soplo.

La comunidad de los discípulos de Jesús continúa, Jesús se va pero no se desentiende de nuestra suerte. El y el Padre envían un paráclito, alguien con las mismas características de Jesús para que los discípulos puedan vivir el testamento que ha dejado, vivir el amor los unos a los otros como él nos ha amado.

Dibujo tomado de http://ismaelojeda.wordpress.com

Fuente: http://www.amerindiaenlared.com

Festividad de Pentecostés


9 junio 2019

Jn 20, 19-23

Al anochecer de aquel día, el día primero de la semana, estaban los discípulos en una casa, con las puertas cerradas, por miedo a los judíos. En esto entró Jesús, se puso en medio y les dijo: “Paz a vosotros”. Y diciendo esto, les enseñó las manos y el costado. Y los discípulos se llenaron de alegría al ver al Señor. Jesús repitió: “Paz a vosotros. Como el Padre me ha enviado, así también os envío yo”. Y dicho esto, exhaló su aliento sobre ellos y les dijo: “Recibid el Espíritu Santo, a quienes les perdonéis los pecados, les quedan perdonados; a quienes se los retengáis, les quedan retenidos”.

EL ESPÍRITU ES PAZ Y DINAMISMO

         Los relatos de apariciones asocian la experiencia del Resucitado a realidades específicas y fundamentales para el creyente: la paz, la misión, el perdón y el Espíritu.

          La paz (shalom) es el saludo del Resucitado, como había sido el saludo de los ángeles en el relato mítico del nacimiento: “Paz a los hombres, amados de Dios” (Lc 2,14). Si lo único que nos quita la paz es la mente no observada –las cavilaciones mentales–, es claro que la Presencia es sinónimo de aquella paz “que supera todo lo que podemos pensar” (Filp 4,7). No es extraño que en el Nuevo Testamento se llame a Jesús “nuestra paz” (Ef 2,14) y que Pablo hable reiteradamente del “Dios de la paz” (1Tes 5,23; Rom 15,33; Filp 4,9).

          La misión se presenta totalmente en línea con la del propio Jesús, tal como la entiende el cuarto evangelio:“Como el Padre me ha enviado, así también os envío yo”. El eje de la misma no podrá ser otro que el de comunicar y favorecer la vida, ya que él ha venido “para que tengan vida, y vida en plenitud” (10,10).

          La misión no tiene nada que ver con el proselitismo ni nace porque alguien se crea en posesión de la verdad. Es algo mucho más hondo, gratuito y desapropiado.Sentirse “enviado” es, sencillamente, reconocerse como “cauce” a través del cual la Vida se expresa. Por eso mismo, no hay apropiación ni expectativas; se deja que la Vida sea. Por eso, en este sentido en el que lo estamos planteando, únicamente puede sentirse “enviado” quien ha dejado de identificarse con su yo, se ha desprendido del ego. El yo no puede nunca vivir como “enviado”, aunque lo proclame, porque su característica es vivir egocentrado, justo lo opuesto a ser cauce.

        El lector del evangelio sabe ya que una de las grandes promesas de Jesús fue el don del Espíritu. Promesa que ahora el autor explicita: “Exhalando su aliento sobre ellos” –las mismas palabras con que se narra la creación del primer hombre: “El Señor Dios formó al hombre del polvo de la tierra, exhaló en sus narices un aliento de vida y el hombre se convirtió en un ser viviente”: Gn 2,7)–, los “despierta” para que se hagan conscientes del Dinamismo y del Gozo, el Espíritu o Anhelo que nos constituye.

          El Espíritu nos capacita para ser “jueces” del mundo. El “perdonar y retener los pecados” se halla vinculado a la tradición sinóptica de “atar y desatar”. Los teólogos están de acuerdo en que la lectura que hizo el concilio de Trento, que vio en estas palabras la institución del sacramento de la penitencia, parece una interpretación dogmática, que va más allá de lo que el texto quiere expresar.

          El significado más ajustado parece ser otro: en línea con el llamado “testamento espiritual” de Jesús (Jn 13-17), en el que se habla del “Espíritu de verdad” que desenmascara el engaño del mundo, aquí también se reconoce a los discípulos, en cuanto habitados por aquel mismo Espíritu de verdad, la capacidad de discernir lo verdadero de lo falso.  

¿Reconozco el Espíritu como el Fondo de lo que somos? ¿Qué experimento cuando me vivo desde ahí?

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MENSAJE PARA NIÑOS/AS: Título: El soplo de un viento nuevoTema: El Espíritu Santo (Domingo de Pentecostés)


Objeto: un cometa (chiringa) y pedacitos de papel
Escritura: Cuando llegó el día de Pentecostés, estaban todos juntos en el mismo lugar. De repente, vino del cielo un ruido como el de una violenta ráfaga de viento y llenó toda la casa donde estaban reunidos. Se les aparecieron entonces unas lenguas como de fuego que se repartieron y se posaron sobre cada uno de ellos. Todos fueron llenos del Espíritu Santo y comenzaron a hablar en diferentes lenguas, según el Espíritu les concedía expresarse. Hechos 2:1-4 (NVI)
¿A cuántos de ustedes les gusta volar cometas? Es muy divertido mirar las cometas subir bien alto al cielo. ¿Qué es lo que las mantiene allá arriba? Es el viento ¿no? ¿Cuántos de ustedes han visto el viento? ¡Esto es una broma! Nadie ha visto el viento. No podemos verlo porque es invisible. Pues, si no podemos verlo ¿Cómo podemos saber que existe?Una forma de saber que el viento existe es que lo oímos. Cuando me despierto por la mañana, a veces pongo la televisión para escuchar cómo estará el tiempo. Algunas mañanas, no tengo que ver la televisión para saber el mucho viento que hace.
¡Puedo oírlo! Lo oigo silbar al pasar entre los árboles, al bajar por la chimenea y alrededor de las ventanas y puertas. No podemos ver el viento, pero sabemos que sí existe porque lo oímos.Otra forma de saber que el viento existe es que podemos verlo moviendo cosas. (Tome pedazos de papel en la mano y sóplelos al aire.) Podemos verlo al soplar las hojas de los árboles y los pedazos de papel. No podemos ver el viento, pero sabemos que sí existe porque podemos ver lo que hace.Aun otra manera de saber que el viento existe es porque lo sentimos. Sóplense la parte de atrás de la mano. ¿Vieron algo? ¡No!, pero sí sintieron algo ¿no es así? No podemos ver el viento, pero podemos sentirlo soplando contra nuestro rostro y cabello.Hoy día, muchas iglesias celebran un día especial llamado Pentecostés.

Fue en el día de Pentecostés cuando Dios envió el Espíritu Santo a la Iglesia. La Biblia nos dice que los apóstoles estaban reunidos cuando de repente hizo un ruido como una violenta ráfaga de viento. Entonces, dice la Biblia, todos fueron llenos del Espíritu Santo. El Espíritu Santo de Dios es como el viento. No podemos verlo, pero sabemos que está aquí, de la misma manera que sabemos que el viento está aquí.Podemos saber que el Espíritu Santo está con nosotros porque podemos escucharlo.

La Biblia dice, “Mira que estoy a la puerta y llamo. Si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré, y cenaré con él, y él conmigo.” (Apocalipsis 3:20) No podemos ver el Espíritu Santo, pero sabemos que está aquí porque él habla a nuestro corazón.Otra manera de saber que el Espíritu Santo está entre nosotros es que podemos verlo moviendo a la gente para hacer su voluntad. La Biblia dice que el Espíritu de Dios impulsa a su gente a hablar y hacer cosas por él (2 Pedro 1:21). No podemos ver a Dios, pero podemos ver a la gente hacer lo que el Espíritu Santo les impulsa a hacer.Podemos saber que el Espíritu Santo está cerca de nosotros porque podemos sentir su presencia.
La Biblia dice, “…no temo peligro alguno porque Tú estás a mi lado.” (Salmo 23:4) La Biblia también dice que “…si nos amamos los unos a los otros, Dios permanece entre nosotros” (1 Juan 4:12). No podemos ver el Espíritu Santo, pero sabemos que sí está porque podemos sentir Su presencia en nuestra vida.Padre, gracias por enviar tu Espíritu Santo. Aunque no podemos verlo, agradecemos que podemos escuchar cuando le habla a nuestro corazón, sentir su presencia en nuestra vida, y ser movidos a hacer tu voluntad. En el nombre de Jesús oramos, amén.
ACTIVIDADES ACTIVIDADES GRUPALES INTERACTIVASPÁGINA PARA COLOREARCRUCIGRAMAPALABRAS SECRETASSOPA DE LETRASBOLETÍN PARA NINOS (MS Word)BOLETÍN PARA NINOS (PDF)
IMPRIMIR Y MENSAJES ALTERNATIVOS Impresión amistosa:. “El soplo de un viento nuevo”Otra sermón por Domingo de Pentecostés:. “Una celebración de cumpleaños”
Esperamos que este sermón y actividades les ayuden a ministrar a sus hijos. Oramos por ustedes para enseñar a sus hijos acerca de Jesús y su amor.Saludos cordiales,  
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José A. Pagola: “A los cristianos se nos ha olvidado que somos portadores de la bendición de Jesús”


Ascensión
Ascensión Agustín de la Torre

“Según el relato de Lucas, Jesús no piensa en sacerdotes ni obispos. Tampoco en doctores o teólogos. Quiere dejar en la tierra ‘testigos'”

“¿Dónde encontrarán la audacia para ser testigos de alguien que ha sido crucificado por el representante del Imperio y los dirigentes del Templo?”

“Jesús es una bendición y la gente lo tiene que saber. Lo primero es promover una ‘pastoral de la bondad'”

27.05.2019 José Antonio Pagola

Son los últimos momentos de Jesús con los suyos. Enseguida los dejará para entrar definitivamente en el misterio del Padre. Ya no los podrá acompañar por los caminos del mundo como lo ha hecho en Galilea. Su presencia no podrá ser sustituida por nadie.

Jesús solo piensa en que llegue a todos los pueblos el anuncio del perdón y la misericordia de Dios. Que todos escuchen su llamada a la conversión. Nadie ha de sentirse perdido. Nadie ha de vivir sin esperanza. Todos han de saber que Dios comprende y ama a sus hijos e hijas sin fin. ¿Quién podrá anunciar esta Buena Noticia?

Según el relato de Lucas, Jesús no piensa en sacerdotes ni obispos. Tampoco en doctores o teólogos. Quiere dejar en la tierra «testigos». Esto es lo primero: «Vosotros sois testigos de estas cosas». Serán los testigos de Jesús los que comunicarán su experiencia de un Dios bueno y contagiarán su estilo de vida trabajando por un mundo más humano.

Pero Jesús conoce bien a sus discípulos. Son débiles y cobardes. ¿Dónde encontrarán la audacia para ser testigos de alguien que ha sido crucificado por el representante del Imperio y los dirigentes del Templo? Jesús los tranquiliza: «Yo os enviaré el don prometido por mi Padre». No les va a faltar la «fuerza de lo alto». El Espíritu de Dios los defenderá.

Para expresar gráficamente el deseo de Jesús, el evangelista Lucas describe su partida de este mundo de manera sorprendente: Jesús vuelve al Padre levantando sus manos y bendiciendo a sus discípulos. Es su último gesto. Jesús entra en el misterio insondable de Dios, y sobre el mundo desciende su bendición.

A los cristianos se nos ha olvidado que somos portadores de la bendición de Jesús. Nuestra primera tarea es ser testigos de la Bondad de Dios, mantener viva la esperanza, no rendirnos ante el poder del mal. Este mundo que a veces parece un “infierno maldito” no está perdido. Dios lo mira con ternura y compasión.

Ascensión

También hoy es posible, hacer el bien, difundir bondad. Es posible trabajar por un mundo más humano y una convivencia más sana. Podemos ser más solidarios y menos egoístas. Más austeros y menos esclavos del dinero. La misma crisis económica nos puede llevar a buscar con urgencia una sociedad menos corrupta.

Jesús es una bendición y la gente lo tiene que saber. Lo primero es promover una «pastoral de la bondad». Nos hemos de sentir testigos y profetas de ese Jesús que pasó su vida sembrando gestos y palabras de bondad. Así despertó en las gentes de Galilea la esperanza en un Dios Bueno y Salvador. Jesús es una bendición y la gente lo tiene que conocer.

Ascensión del Señor – C 
(Lc 24,46-54)
2 de junio 2019

José Antonio Pagola

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Homilía – 6º Domingo de Pascua – Ciclo C – 26 may 2019. Roberta Meehan RCWP.


Hechos 15: 1-2, 22-29

Salmo 67: 2-3, 5, 6, 8

Apocalipsis 21: 10-14, 22-23

Juan 14: 23-29

Durante estas últimas semanas como hemos atravesado el tiempo de Pascua la lectura y escuchar extractos del Evangelio de Juan, hemos visto el énfasis en el amor y en nuestra llamada a adherirse a los mandatos de Jesús extendió por nosotros. A medida que examinamos las lecturas de hoy y las lecturas de la próxima semana, vemos una continuación de este mismo tema. Cada uno de los pasajes en nuestras liturgias tiempo de Pascua nos da una perspectiva diferente de nuestro llamado a amar y seguir las enseñanzas de Jesús. La semana siguiente a la finalización de la celebración de la Pascua de comenzar la temporada de Pentecostés, un tiempo en el que podemos ver la culminación terrenal de nuestro llamamiento al amor entre sí y seguir nuestro Redentor.

De hoy Salmo estribillo – “Oh, Dios, que todos los pueblos te alaben” – establece el tono para el mensaje combinado de las lecturas del día. Toda la selección Salmo es una exclamación optimista clásico que resuena con la emoción del pueblo de Dios.

Evangelio de hoy comienza con Juan 14:23, “El que me ama guardará mi palabra”. Algunas traducciones de las Escrituras usan la palabra “obedecer” en lugar de “mantener” y algunas traducciones usan la palabra “enseñanza” en lugar de “palabra”. Vamos a dejar que los lingüistas sostienen la semántica aquí mientras nos concentramos en los significados internos de acuerdo a lo que Jesús nos enseñó. Y tener en cuenta que el mensaje de Jesús era y es, básicamente, el mandato simple pero profundo amor por completo sin ningún compromiso – ya sea de Dios o de otros seres humanos.

Con esto en mente, vamos a empezar por el examen de la primera lectura de hoy, tomada del libro de los Hechos. Aquí aprendemos que algunas de las gentes que venían a la iglesia se les decía que si no fueron circuncidados en la tradición mosaica, no podían ser salvados. Esto puede sonar totalmente absurdo para nosotros (dos milenios después del hecho) pero si tomamos un momento para recordar que Jesús no fundó una nueva religión sino que estaba tratando de reformar el judaísmo por el restablecimiento de su línea con las primeras enseñanzas de la Escritura , entonces la idea de la circuncisión de los gentiles no parece tan descabellada. Estos gentiles estaban convirtiendo en esencia primero en el judaísmo, donde se requiere la circuncisión, y luego a partir de ahí que podría convertirse en una parte de esta secta reforma .. Muchos Judios pensó que esto era necesario. Otros, incluyendo a los gentiles la conversión, sintieron que este mandato la circuncisión era una carga innecesaria.

Una delegación de discípulos se fueron a Antioquía para discutir este asunto. Toda la iglesia se reunió y acordó que sólo había unos pocos principios básicos que deben ser observados. Todo lo demás era preocupante la paz interior de los conversos y no estaba en consonancia con el mensaje de Jesús. Además, se decretó que no hay cargas innecesarias deben ser colocados en los miembros. Una vez más, cargas innecesarias fueron contrarios a las enseñanzas de Jesús.

Esa idea de cargas innecesarias realmente se destaca. Si nos detenemos a pensar en ello durante un tiempo, nos damos cuenta de que el concepto de cargas innecesarias se puede encontrar en todos los aspectos de la vida, no sólo los religiosos. Para nuestros propósitos aquí, sin embargo, lo mejor sería simplemente concentrarse en las ramificaciones religiosas de cargas innecesarias. Al hacerlo, nos damos cuenta de repente que la distinción entre necesaria e innecesaria es una línea muy fina y excepcionalmente difusa de demarcación. Cuando se enfrentan con preguntas o preocupaciones, siempre necesitamos preguntarnos varias preguntas: ¿Es este requisito religioso de origen humano o de origen divino? O es de origen divino con tintes humanos – o viceversa? También debemos tener en cuenta la cuestión del propósito original de la exigencia de que se trate. A veces, el requisito no tiene ninguna repercusión moral, sino que es más bien un símbolo de identificación del grupo. ¿Qué haría Jesús? ¿Qué quiere Jesús que hagamos? ¿Cómo los mandatos de amor de Jesús entran en juego con nuestro dilema? ¿Cómo podemos equilibrar nuestros propios deseos con lo divino quiere? Por supuesto, estas preguntas son sólo la mera punta de lo que hay que investigar cuando se trata de discernir si algo constituye una carga necesaria o innecesaria. El discernimiento a menudo puede ser muy difícil.

La segunda lectura es del Libro de la Revelación. En el estilo clásico de la Revelación, el paso es exuberante en tono y simbólica en el significado. Estaba claramente escrito por alguien que no tiene las palabras para describir los acontecimientos que se estaban experimentando. La experiencia religiosa era claramente muy edificante!

Después de contemplar esa primera lectura y el concepto de cargas innecesarias en nombre de la religión, se podía leer esta segunda lectura de la Revelación y tener la tentación de hacer un poco de significado subyacente desconocida en una carga innecesaria sombrío para nuestro crecimiento religioso. Creo que hay que acercarse a esta lectura de una manera muy diferente. Este pasaje es una declaración triunfal de la soldadura de la humana y la divina. Si bien es cierto que hemos perdido una comprensión de algunos de los símbolos conocidos por nuestros antepasados religiosos, sin embargo, es fácilmente comprensible que esta lectura es una recopilación de la gloria de todo y de todos. Es la unidad de todos. Y, de ser así, se trata de una manifestación de amor absoluto.

Esto nos lleva de nuevo al Evangelio – al punto de partida. Como se dijo antes, Jesús dijo: “El que me ama guardará mi palabra.” Eso significa que la búsqueda de la palabra, discernir el significado de la palabra, el amor a Dios y al prójimo, sin obstaculizar otros (religiosas o seculares) con cargas innecesarias. Eso significa el reconocimiento de la universalidad de la unidad, al ver la luz de Dios, sabiendo que Dios nos ama absolutamente.

Esto puede parecer bastante una orden, una tarea de enormes proporciones para nosotros, pero Jesús también dice en este pasaje, “No dejen que sus corazones se preocupen o miedo.” Jesús dice estas palabras hacia el final de esta lectura. El comando no tener miedo ocurre con más frecuencia en las Escrituras que cualquier otro comando. Seremos capaces de llevar a cabo nuestro mandato y nuestro amor a Dios a estar ahí para ayudarnos y enseñar todo lo que necesitamos saber.

norte Rev. Dr. Roberta M. Meehan, D. Min.

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MENSAJES PARA NIÑOS/AS: Tema: Jesús ora para que todos los creyentes sean uno (Resurrección 7-C)


 Título: Jesús ora por todos los creyentes.
Objeto: Ingredientes necesarios para hacer un bizcocho (pastel o tarta) de chocolate (harina, sal, cocoa (cacao), azúcar, huevos, etc)
Escritura: “Yo les he dado la gloria que me diste, para que sean uno, así como nosotros somos uno: yo en ellos y tú en mí. Permite que alcancen la perfección en la unidad, y así el mundo reconozca que tú me enviaste y que los has amado a ellos tal como me has amado a mí” (Juan 17:22-23 – NVI).¡Mira todas las cosas que tengo para enseñarte en esta mañana! (Demuestre y comente sobre cada una de los ingredientes.) Tengo harina, cocoa, azúcar, sal, huevos, leche y mucho más. 
Observando las cosas individualmente, posiblemente no sabrías que hacer con todas ellas. Cada una de ellas podría ser usada de muchas maneras, pero adivina qué podríamos hacer si juntamos todas ellas. Bueno, para empezar, ¡podríamos hacer un bizcocho de chocolate!
¿Te gustaría comer una cucharada de harina? ¿Qué tal una cucharada de sal o de aceite vegetal? ¡Me imaginaba que no! Muchos de las cosas que tenemos aquí no saben bien si se comen separadamente, es decir, una a la vez, pero cuando las mezclas en un tazón, pones la mezcla en un molde y lo horneas, terminas con algo maravilloso… ¡un delicioso bizcocho!Estos ingredientes diferentes, que se unen al hornear un bizcocho, nos pueden enseñar una lección muy importante sobre la iglesia. La iglesia está compuesta de miembros individuales. Tal como estos ingredientes, los miembros de una iglesia son bastante diferentes, pero cuando están todos juntos y trabajan como si fueran uno, la iglesia pueda hacer cosas maravillosas. En nuestra lectura bíblica de esta mañana, Jesús mismo oraba para que todos los creyentes fueran uno para que el mundo pudiera ver el amor de Dios en ellos. Tú y yo somos parte de la iglesia. Jesús desea que nos amemos, nos ayudemos y nos sirvamos los unos a los otros. Cuando hacemos eso, no convertimos en uno, tal como Jesús oró que llegáramos a ser, y cuando somos uno, el mundo puede ver el amor de Dios en nosotros.Desafortunadamente, a veces los miembros individuales de la iglesia tienen problemas en llegar a ser uno con los demás. Podemos escuchar a personas en la iglesia decir cosas como “No me gustan las canciones que cantamos” o “El predicador predica muy largo.”
Cuando decimos cosas como esas y deseamos que se haga solo lo que deseamos, no estamos siendo uno. Somos como los ingredientes individuales del bizcocho. El mundo no puede ver el amor de Dios en nosotros. No llegan a gozar de las cosas maravillosas que Dios tiene guardadas y disponibles para ellos.Si alguna vez te encuentras pensando sobre ti, en lugar de estar unido a otros en la iglesia, recuerda que Jesús oró para que llegáramos a ser uno. Cuando somos uno, atados y unidos por el amor de Cristo, el mundo llega a tener un sabor de las cosas maravillosas que Dios tiene para ellos.Amado Padre, ayúdanos a ser uno en ti para que el mundo pueda saborear el dulce amor tuyo en nosotros. En el nombre de Jesús oramos, amén.
ACTIVIDADES ACTIVIDADES GRUPALES INTERACTIVASPÁGINA PARA COLOREARCRUCIGRAMAESCOGEPALABRAS SECRETASSOPA DE LETRASBOLETÍN PARA NIÑOS (PDF)BOLETÍN PARA NIÑOS (MS WORD)
IMPRIMIR Y MENSAJES ALTERNATIVOS Impresión amistosa:. “Jesús ora por todos los creyentes”Otra sermon para Domingo de Ascención:. “¡Subió, súbio y se fue!”
Esperamos que este sermón y actividades les ayuden a ministrar a sus hijos. Oramos por ustedes para enseñar a sus hijos acerca de Jesús y su amor.Saludos cordiales,  
Sermons 4 Kids | info@sermons4kids.com | http://www.sermons4kids.com

LO QUE SOMOS TRANSCIENDE EL ESPACIO


26-MAYO-2019ENRIQUE MARTÍNEZ LOZANO

Festividad de la Ascensión 

2 junio 2019

Jn 24, 46-53

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: “Así estaba escrito: el Mesías padecerá, resucitará de entre los muertos al tercer día y en su nombre se predicará la conversión y el perdón de los pecados a todos los pueblos, comenzando por Jerusalén. Vosotros sois testigos de esto. Yo os enviaré lo que mi Padre ha prometido; vosotros quedaos en la ciudad, hasta que os revistáis de la fuerza de lo alto”. Después los sacó hacia Betania y, levantando las manos, los bendijo. Y mientras los bendecía se separó de ellos, subiendo hacia el cielo. Ellos se postraron ante él y se volvieron a Jerusalén con gran alegría; y estaban siempre en el Templo bendiciendo a Dios.

LO QUE SOMOS TRANSCIENDE EL ESPACIO

          Con ese texto concluye Lucas su evangelio (como es sabido, su relato continuará en la segunda parte de su obra, el libro de Los Hechos de los Apóstoles). Este final constituye un “cierre catequético”, que subraya algunas cuestiones que resultaban prioritarias para las primeras comunidades de discípulos.

          Por un lado, necesitaban entender el significado de la muerte de Jesús que, para ellos, había supuesto, no solo una decepción dolorosa, sino un auténtico escándalo: ¿Cómo Dios había podido permitir la muerte de su Ungido? Lucas responde: “Estaba escrito” (en la Torá o libro sagrado del judaísmo). Como si quisiera decirles: no dudéis; todo obedecía a un plan divino.

          Una segunda prioridad era la “misión” que debían asumir. Los discípulos son reconocidos como “testigos” y llamados a proclamar el anuncio del evangelio, comenzando –subraya expresamente Lucas– por “Jerusalén”, es decir, manteniendo las raíces del judaísmo de donde provenían.

          En tercer lugar, les asegura la fuerza divina (“de lo alto”) que, en el libro de Los Hechos, personificará en la figura del Espíritu y escenificará con el relato de Pentecostés (Hech 2,1-13).

          En cuarto lugar, alude a la “ascensión” (o “subida al cielo”), en un lenguaje mítico, que podía casar bien con la cosmovisión de la época que daba por sentado la existencia de tres planos o niveles en el espacio, pero que resulta inasumible con la cosmovisión contemporánea. Entre otras cosas, tal como es el universo, ¿dónde es “arriba” y dónde sería “abajo”?

          Finalmente, el texto concluye subrayando dos actitudes típicamente lucanas: la alegría y la oración en el Templo.

          Para advertir que se trata de un texto catequéticoes suficiente notar que el propio Lucas no tiene ningún reparo en contradecirse a sí mismo. Si hubiera tenido la pretensión de que el texto se hubiera aceptado en su literalidad, habría cuidado la contradicción manifiesta. Porque, mientras en el evangelio afirma que Jesús “sube al cielo” el mismo día de la resurrección (“el primer día de la semana”: Lc 24,1), en el comienzo del Libro de los Hechos escribe que Jesús se les apareció durante cuarenta días (Hech 1,3) hasta que “lo vieron elevarse” (Hech 1,9).

         La imagen de la ascensión o “subida al cielo” es una metáfora para referirse a la glorificación de Jesús. El crucificado ha sido exaltado, el aparente fracaso era en realidad triunfo, la Vida ocupa el universo entero, transciende el espacio y el tiempo.

        En ese sentido, la fiesta de la “ascensión” constituye la celebración de la Vida una, que el relato evangélico personaliza en Jesús de Nazaret pero que, en realidad, constituye una metáfora que nos alcanza a todos. Más allá de todas las circunstancias que acontezcan, la Vida se halla a salvo. Hay motivo para la alegría.

¿Me abro conscientemente a la Vida en mí y en todo lo que me rodea?

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