Si la pobreza tiene rostro de mujer, la teología no puede no tenerlo. JUDITH SCHÖNSTEINER


Duele. Y aunque muchas veces -tanto mujeres como hombres- quisiéramos pretender que esa realidad no existe, ser mujer significa, tarde o temprano, verse enfrentada a la violencia. Violencia verbal, psicológica, económica, sexual, física. Muchas veces la pobreza tensa aún más la situación: ¡cuánto más difícil es para las mujeres pobres encontrar caminos, oportunidades y apoyo para hacer frente a la violencia! En realidad, ¡la pobreza femenina es, en sí misma, una de estas violencias! El Papa puso el dedo en la llaga cuando en Colombia, ante los obispos de ese país y del Consejo Episcopal Latinoamericano (CELAM), denunció el clericalismo, diciendo: “las mujeres no pueden ser siervas de nuestro clericalismo” (Colombia, 2017). Permítanme ser aún más clara: siendo el clero masculino, el clericalismo es la forma eclesial del machismo. No concibo opción preferente por los pobres si no significa también una opción preferente por la mujer. Incluso, y particularmente, en la teología y dentro de la Iglesia.

Los datos hablan por sí solos. En Chile, según la CASEN 2015, el porcentaje de mujeres jefas de hogar casi se duplicó entre 1990 (20,2%) y 2015 (39,5%). En el primer decil, este porcentaje llega hasta el 52,8%, mientras en el décimo decil (la población más rica) representa un no despreciable 30%. Por otra parte, más del 77% de las mujeres jefas de hogar conforman hogares monoparentales, según la misma encuesta. Con respecto al índice de pobreza por ingresos, éste es de 12,9% para mujeres jefas de hogar, mientras que para los hombres llega solo a un 8,8%.

Si bien ha bajado considerablemente desde 2006, la brecha de ingresos entre hombres y mujeres era aún de 24,6 puntos en 2015. Además, se evidencia una diferencia considerable en el trabajo no remunerado de cuidado (hijas e hijos, padres, parientes con discapacidad): Según un informe mundial del Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), las mujeres trabajan 2,5 veces más que los hombres en tareas no remuneradas en el hogar (cuidado)[1]. Tanto hombres como mujeres padecen un peakde pobreza cuando alcanzan la edad de jubilar, pero éste es considerablemente más alto en las mujeres que en los hombres (32,4% vs 28,3%)[2]. Finalmente, según la Red Chilena contra la Violencia hacia las Mujeres, 65 mujeres fueron víctimas de femicidio en Chile durante el 2016[3], ¡en un país de solo 17 millones de habitantes! Una de cada tres mujeres (68%) ha sufrido acoso[4]. De hecho, el 88,9% de las mujeres en Chile afirma que es verdad que “la mayoría de las mujeres es acosada sexualmente alguna vez en su vida”[5].

La exhortación apostólica Amoris Laetitia del Papa Francisco, publicada en 2015, reconoce estas realidades que son semejantes en todo el mundo (AL 242). Menciona también las distintas categorías de pobreza y violencia que sufrimos las mujeres (AL 54), y la dificultad que la pobreza significa especialmente para las mujeres jefas de hogar. ¡Peor aun cuando se encuentran encarceladas! Como escuchamos, conmovid@s, a Jeannette Zurita, durante la visita del Papa al Centro Penitenciario Femenino de Santiago.

Las mujeres somos las que damos vida a las parroquias y a muchas obras sociales. En labores voluntarias, completamente gratis, o con trabajo muchas veces mal pagado. Pero, ¿recibimos la atención, como mujeres, que debiéramos recibir? ¿Cuestionamos nuestra propia mirada hacia cómo se hacen las cosas, tratando de reflejar que la “pobreza tiene rostro de mujer”?[6] Me preocupa especialmente, pensando que los discursos crean y mantienen las realidades: ¿cómo las mujeres podemos participar en el discurso y diálogo teológico si estamos muchas veces en condiciones que limitan nuestro empoderamiento, nuestra dignidad, nuestra igualdad con los varones?

Mi deseo es que el anuncio del Evangelio y la teología tomen en cuenta (¡y en serio!) los signos de los tiempos en relación a la realidad de nosotras, las mujeres. Si la pobreza tiene rostro de mujer, una teología de los signos de los tiempos no puede no tenerlo. La verdad sobre la pobreza material y eclesial, que también tienen rostro de mujer, nos hará libres, a mujeres y hombres.

¿Cómo participar en la teología en una Iglesia donde hay discriminación estructural contra las mujeres? Es una Iglesia donde las monjas, según una denuncia de L’Osservatore Romano, muchas veces trabajan en situaciones de “servidumbre”, sufren abuso de poder, y no se les permite desarrollar sus dones (especialmente, intelectuales) a causa de una comprensión misógina de “humildad” que solo se aplica a las mujeres y no a los hombres[7]. Es una Iglesia donde el Vaticano acaba de vetar a tres conferencistas mujeres, invitadas al encuentro Voces de Fe, convocado para el 8 de marzo de 2018, por sus posturas sobre la homosexualidad: la ex presidenta de Irlanda, una activista lesbiana de Uganda, y una teóloga polaca. Los organizadores no vieron otra opción que realizar la conferencia fuera del Vaticano para mantener las tres conferencistas[8].

Una teología y el anuncio del Evangelio ante la “pobreza con rostro de mujer” no es posible sin una real y verdadera participación de la mujer en la teología misma y en la toma de decisiones en la Iglesia. Así se lograría que no sea una teología sobre nosotras, sino una teología hecha por nosotras y con nosotras, y concebida especialmente, paralas que más sufren de violencia y pobreza.

Ivone Gebara, teóloga feminista brasilera, indica que incluso la Teología de la Liberación ha tenido sus sesgos y cegueras machistas. No ha visto el sesgo de la educación diferenciada para varones y niñas, no está consciente de su error al asumir que para la liberación femenina sería necesario lo mismo que para la liberación “del hombre”. La Teología de la Liberación no ve, concluye, la necesidad de la liberación femenina en la Iglesia[9]. Este sesgo se puede percibir también en Amoris Laetitia, aunque el Papa, en un paso sorprendente para muchos, reconoce explícitamente las contribuciones del feminismo “cuando no pretende la uniformidad” (AL 173). No está completamente claro lo que ha querido señalar con esta condicionalidad, pero es la primera vez que un Papa reconoce algún valor positivo al feminismo.

Es necesario promover una relectura de la Teología de la Liberación desde la perspectiva femenina, que se ha ido desarrollando desde los años 90 en América Latina, Estados Unidos y Alemania: una relectura que no se quede en los rincones de los congresos de mujeres teólogas, sino que permee las prédicas dominicales, las facultades de Teología y las listas de lectura de sus ramos principales. Una relectura, además, que no se quede en una sola versión de cómo ver a la mujer, sino que admita y busque la pluralidad de visiones que tenemos las mujeres, así como la diversidad de posturas que tienen las teólogas. Ciertamente, ha habido un debate teológico en varias de estas facultades, sin embargo, no han sido debates que hayan tenido mayor eco en la jerarquía, ni replicados entre el pueblo de Dios.

Creo que nadie podrá dudar seriamente de la capacidad femenina de participar en la reflexión teológica en distintos ámbitos, conociendo su desempeño en las otras ciencias. Además, tenemos una segunda fuente que justifica nuestra participación: nuestra igual dignidad, nuestras experiencias de fe, nuestro conocimiento. Finalmente, y como sugiere Martha Zechmeister cj: “José Batista Metz (tal como Ignacio Ellacuría) habla mucho sobre la autoridad de los que sufren, que Dios nos habla en las situaciones de sufrimiento y, a partir de ahí, debemos determinar nuestra praxis”[10]. Ciertamente, ¡ésta es una propuesta polémica para muchas mujeres! ¡Que no sea solamente desde su calidad de víctimas que hable la mujer! Sin embargo, que también hable desde allí, que pueda gritar sus sufrimientos invisibilizados, su sufrimiento en y por la Iglesia, pero que no sea tampoco lo único que se le permita decir. Las mujeres también gozamos, queremos hablar de nuestra dignidad, de nuestra fuerza en la superación de la pobreza y otras tantas dificultades… en fin, de nuestra experiencia de Dios.

Mi deseo es que el anuncio del Evangelio y la teología tomen en cuenta (¡y en serio!) los signos de los tiempos en relación a la realidad de nosotras, las mujeres. Si la pobreza tiene rostro de mujer, una teología de los signos de los tiempos no puede no tenerlo. La verdad sobre la pobreza material y eclesial, que también tienen rostro de mujer, nos hará libres, a mujeres y hombres.

[1] Ver http://www.undp.org/content/undp/es/home/blog/2015/5/20/The-hidden-aspects-of-women-s-poverty.html.

[2] Todas las cifras y los porcentajes de http://observatorio.ministeriodesarrollosocial.gob.cl/casen-multidimensional/casen/docs/CASEN_2015_Resultados_equidad_genero.pdf.

[3] Véase por la diferencia de esta cifra con las cifras oficiales de SERNAMEG, ADN Radio, http://www.adnradio.cl/noticias/nacional/organizaciones-de-mujeres-contradicen-cifras-oficiales-de-femicidios-en-chile/20180108/nota/3683162.aspx, 8 de enero de 2018.

[4] Véase Instituto Nacional de la Juventud (Injuv) y el Observatorio contra el Acoso Callejero (OCAC Chile), “Jóvenes y acoso sexual callejero: opiniones y experiencias sobre violencia de género en el espacio público”, 2015.

[5] Encuesta Corporación Humanas, 2017, disponible en http://www.humanas.cl/wp-content/uploads/2017/12/ENCUESTA-HUMANAS-2017-VERSIÓN-FINALNOV.pdf.

[6] Para las muchísimas referencias a esta expresión, véase en presentación, CEPAL, XIII Conferencia Regional sobre la Mujer de América Latina y el Caribe, Montevideo, 26 de octubre de 2016.

[7] Revista Donne, Chiesa, Mundo, Marzo 2018, resumido en BBC, Monjas pizza, http://www.bbc.com/mundo/noticias-43254029.

[8] Véase http://www.affaritaliani.it/cronache/vaticano-no-ex-presidente-irlanda-mcalleese-per-la-giornata-della-donna-522566.html, también https://www.aciprensa.com/noticias/vaticano-cardenal-veta-a-2-activistas-lgbt-para-evento-por-el-dia-de-la-mujer-19879.

[9] Entrevista con Ivone Gebara, por Hugo José Suárez: “Ivone Gebara, teóloga y feminista”, disponible en http://www.mujeresenred.net/spip.php?article2062.

[10] Entrevista con Martha Zechmeister, religiosa y teóloga, evaluando el papel de la mujer en la Iglesia en el pontificado de Francisco. Por Cristina Fontenele, 17 de febrero de 2016, www.evangelizadorasdelosapostoles.wordpress.com.

JUDITH SCHÖNSTEINER

HACE UN AÑO

Judith Schönsteiner

Alemana, vive en Chile y es miembro de la CVX adultos. Cientista Político por la universidad Johannes Gutenberg, de Mainz, Alemania, y Doctora en Derecho por la universidad de Essex, Reino Unido. Académica, especialista en derecho internacional y derechos humanos.

https://territorioabierto.jesuitas.cl

¿QUE ES EL FEMINISMO?


Marilú Rojas Salazar, religiosa y teologa católica, nos explica qué es el feminismo. Una critica a la razón patriarcal.

VIDEO: TEOLOGIA NEGRA FEMINISTA.


DEI Departamento Ecuménico de InvestigacionesPublicado el 17 jun. 2019SUSCRIBIRSE 72Durante el Taller Socio-Teológico 2019, 33 personas de 16 países de Abya Yala se reunieron en el DEI. Ellas son las que comparten un fragmento de su historia vital en este corto.

En una de las sesiones del taller, Silvia Regina de Lima Silva compartió sobre Teología negra feminista. Es en ese contexto que se produjo este vídeo: la teología negra feminista es parte de las *acciones transformadoras* por la justicia de género. Decidimos mostrar esas acciones de organizaciones y personas, en la campaña #LoQueImporta

Esta iniciativa se concreta de forma colectiva en el DEI a partir de nuestras preocupaciones por el auge de los fundamentalismos religiosos y su influencia en la política nacional y latinoamericana.

En Kurdistán el patriarcado se cayó


Una revolución feminista, sin eufemismos

El Movimiento de Mujeres del Kurdistán ha logrado liberar zonas enteras de las imposiciones patriarcales más violentas y comunes en Medio Oriente: matrimonios forzados en la infancia, violaciones sistemáticas, femicidios que ni siquiera son considerados así sino un derecho de familia. En las ciudades liberadas, cada puesto de decisión es ocupado por una mujer o por una mujer y un hombre a la vez. Una reportera gráfica rosarina llegó al Kurdistán para documentar la revolución que hizo posible que las mujeres decidan sobre sus vidas en esa región que ocupa territorio en cuatro Estados de Medio Oriente. En este momento, miles de presas y presos políticos y otras personas llevan adelante una huelga de hambre para pedir el fin del aislamiento de Abdullah Öcalan, el líder de un movimiento que concibe la opresión hacia las mujeres como la fundante de una sociedad desigual.

Por Sonia Tessa

Virginia Benedetto llega a una montaña en la zona el Kurdistán. Una de las comandantas de la guerrilla kurda hace chistes, le aconseja que estire las piernas. Virginia viajó casi 14.000 kilómetros para conocer de cerca cómo es una revolución protagonizada por mujeres, en el corazón de Medio Oriente. Es reportera gráfica, concibe a la fotografía como una forma de lucha. Toma el té, escucha el sonido metálico del drone que es una amenaza constante de bombardeo. En un momento, saca de su mochila un pañuelo verde de la campaña nacional por el derecho al aborto. Les pide una foto y quiere explicar -a través de una traductora – de qué se trata. No hace falta. La más simpática, la mujer que ríe mientras combate en las montañas, le dice en castellano: “Ni una menos”. En la foto, tres comandantas sostienen el pañuelo verde y sonríen. “Creo que desde nuestro lugar, lo que podemos hacer es entender que no hay fronteras, que las fronteras son impuestas por los estados, que los pueblos son otra cosa. Cuando ellas me dicen Ni Una Menos, no hay frontera ahí. A veces siento que nos miramos mucho el ombligo y que hay que mirar un poco más allá. Si ellas, en ese contexto, pueden pensar en nosotras, me pregunto por qué sentimos que es algo que está lejos. Ellas luchan como nosotras luchamos, con una opresión mucho más fuerte, con una convicción mucho más fuerte, también. Mi deseo sería que nosotras podamos mirarlas un poco más”. 

Casi al mismo tiempo del regreso de Virginia, el 8 de noviembre pasado, la diputada kurda del Partido Democrático de los Pueblos (HDP) Leyla Güven comenzó una huelga de hambre a la que se sumaron al menos cinco mil personas en Turquía y en marzo, otras en Europa, para pedir el fin del aislamiento del líder del Partido de los Trabajadores del Kurdistán (PKK), Abdullah Öcalan, preso desde 1999 en la isla prisión de Imrali, condenado a prisión perpetua y aislado desde 2011. Debido a la presión internacional, recién en enero Apo -como le dicen- pudo recibir durante 15 minutos a su hermano. En ese país hay 260.000 presxs políticos distribuidos en 437 cárceles. Nora de Cortiñas visitó a principios de marzo a la legisladora y ayer al mediodía manifestó frente a la embajada de Turquía, junto al premio Nobel de la Paz Adolfo Pérez Esquivel, en apoyo a las demandas de quienes sostienen la protesta. 

“Öcalan no es solo una persona para el pueblo kurdo, sino que significa la paz y fue la persona que empezó a plantear el tema de la liberación de las mujeres en la sociedad kurda, estamos hablando de una sociedad en la que hace 25 años las mujeres no podían salir, estaban bajo el poder de la sociedad patriarcal y del estado turco”, explica Melike Yasar, del Movimiento de Mujeres del Kurdistán, quien sostiene que “la liberación de Abdullah Öcalan es la liberación de miles de presos políticos, porque la mayoría de quienes están en Turquía lo reconocen como un líder”. Melike recuerda que “en todos los lugares donde se liberaron del ISIS, lo primero que hicieron fue construir casas para las mujeres, con la lógica de la liberación de las mujeres. Las potencias coloniales, la OTAN, que están en el norte de Siria tienen intereses sobre el petróleo, y ahí hay peligro para ellos. No es que Isis ataque a los kurdos porque son kurdos, el peligro es que están liderando las mujeres, y no es algo formal, sino por el trabajo que llevan las mujeres kurdas, casa por casa, de construir otra sociedad. Por eso la liberación de Öcalan es la liberación de todo Medio Oriente”.

En la manifestación de ayer ante la embajada, se entregó un petitorio para que el gobierno de Recep Erdogan cumpla con los tratados internacionales y europeos de derechos humanos. Beverly Keene fue una de las peticionantes, forma parte del colectivo Diálogo 2000, y estuvo con la integrante de Madres de Plaza de Mayo Línea Fundadora en el último viaje a Kurdistán. “Lo principal es mostrar solidaridad a las más de 5000 personas que ahora están haciendo esta huelga de hambre en Turquía, la mayoría de ellos presos y presas y en segundo lugar, a través de esta diseminación, estas acciones, también plantear al gobierno de Turquía, a la comunidad internacional en su conjunto, la urgencia de una respuesta a esta demanda tan elemental, tan humanitaria”, dice la mujer. 

Libertad es la palabra que más escuchó Virginia por distintos lugares de Kurdistán.  Cada una de las historias retorna con la fuerza de lo inolvidable. “Estábamos una tarde en la montaña y nos dijeron que iba a venir una familia guerrillera. Entonces, llega una mujer con el hijo. Estaba el drone en ese momento encima de nosotras  y habíamos tomado algunas precauciones. Nos vamos a tomar el té y a charlar abajo del árbol. Lo primero que a mí se me ocurre es preguntarle cómo era esto de que madre e hijo participaban de la guerrilla, cómo habían llegado. Ella ahí me corta medio en seco, y me dice que ella me quería hablar de la situación de Irán”, el relato de Virginia se detiene en el devenir de la conversación. Ella vuelve a la montaña, al árbol, al té compartido, al rostro de esa mujer. “Ahí empieza a hablarme de las violaciones que sufren las mujeres en ese lugar, de las nenas de 7 años que se tienen que casar con tipos de 70, de que tu marido, o tu hermano, o tu padre pueden matarte y no hay ningún problema, de que este menosprecio por las mujeres se va transmitiendo en los niños también; entonces los niños varones terminan despreciando cuando crecen a sus propias madres, en esta línea de desprecio hacia la mujer que está marcada culturalmente. Entonces, cuando ella me va contando todo eso me dice: ‘Y esa es mi historia’. En ese momento me quedé helada, porque además yo venía anotando en un cuadernito lo que ella me iba diciendo, y pensé que estaba hablándome de una situación más general”, recrea el impacto. “Me dijo esa es mi historia y yo no quería para mi hijo eso, por eso huí y me uní a las milicias, a las autodefensas y hoy puedo decir con orgullo que mi hijo es comandante, que lucha por la libertad de las mujeres”. 

La organización plantea un doble poder para el Movimiento de Mujeres del Kurdistán. “Cada cargo que es ocupado por un hombres, es ocupado por una mujer, pero a su vez, vos tenés organizaciones, por ejemplo, milicias mixtas y milicias de mujeres solas. Las que son de mujeres solas tienen poder de veto sobre las mixtas. Si las mixtas deciden algo y la de las mujeres decide que no, se veta”, cuenta Virginia lo aprendido durante el mes que pasó viajando por distintas zonas. Shengal, un pueblo del Kurdistán iraquí y que fue arrasado en 2014 por ISIS, fue uno de los lugares que más la impactó, pero también el campo de refugiados de Makmur y en distintos lugares de la zona siria, especialmente en Rojava. Al poco tiempo de volver, esos dos lugares fueron bombardeados nuevamente por Turquía. 

Virginia subraya que esta revolución desarrolla “una forma comunitaria de organizar la vida en general. El confederalismo democrático tiene algunas líneas particulares, una es el principio de autodefensa, otra es el protagonismo de las mujeres en ese proceso y la tercera es la convivencia de las diferentes religiones y culturas, porque en esa región viven un montón de pueblos. La idea no es tampoco que todos se adapten a la cultura kurda, sino que cada uno pueda vivir autónomamente en cada región de acuerdo a su idiosincrasia”.

El lugar de las mujeres en esta revolución tiene un sustento en la práctica diaria de las miles de militantes que cada día se organizan en distintas formas comunitarias y también milicias de autodefensa. Un concepto que para ellas -recuerda Virginia- va mucho más allá de la necesaria lucha armada ante la agresión, particularmente de Turquía. Este protagonismo tiene también una base teórica. Para Öcalan, “la historia de la pérdida de libertad es a la vez la historia de cómo la mujer perdió su posición y desapareció de la historia. Es la historia de cómo el macho dominante, con todos sus dioses y sirvientes, gobernantes y subordinados, su economía, ciencia y arte, consiguió el poder. La caída y la pérdida de la mujer es la caída y la pérdida de toda la sociedad y la resultante sociedad sexista”, según expresa en el prólogo de “Liberar la vida: la revolución de las mujeres”. 

Melike lo puntualiza. “No es que es el líder, él fue la persona que empezó a discutir y dio el conocimiento dentro del movimiento de liberación de kurdistan. Muchas mujeres, en los 80, en los 90, cuando se sumaron a la lucha armada, no sabían leer ni escribir, participaron del movimiento y fueron a las montañas para salir de la sociedad patriarcal y feudal. El fue quien hizo el planteo y la lucha de las mujeres se apoyó y está apoyando la lucha de las compañeras contra sus compañeros”, cuenta la integrante del Movimiento de Mujeres del Kurdistán que vive en América Latina. 

El Confederalismo democrático es una forma de organización comunitaria que incluye a otros pueblos de la región del Kurdistán. Las milicias de autodefensa liberan a pueblos que fueron invadidos por Daesh (ISIS) y combaten contra los cuatro estados de esa enorme región de unos 390 mil kilómetros. El pueblo kurdo, especialmente, fue perseguido a lo largo de la historia, pero también el armenio y el yazidí. 

La persecución turca no se limita a su propio territorio, los bombardeos del gobierno de Recep Erdogan se despliegan allí donde haya kurdos. Casi el 20 por ciento de la población turca pertenece al pueblo kurdo. “Turquía tiene una política de etnocidio, de exterminio de la cultura directamente, porque tiene 20 millones de kurdos dentro de lo que ellos denominan su territorio, que tampoco lo es, y ahí viven otros pueblos que no son ni turcos ni kurdos. Este sistema de vida comunitario se opone al sistema de vida turco ultranacionalista, capitalista. Entonces, si estos pueblos se empiezan a organizar y empiezan a tomar esa tradición kurda, pueden poner en jaque al estado. Por eso tienen una política constante de persecución. No podés hablar kurdo, no podés saludar en kurdo, no podés utilizar los colores que referencian a este pueblo”, cuenta Virginia, que se sorprendió por la extensión de la conciencia de la liberación. “Toda la gente es revolucionaria, armados o no, no hace falta que estén en las milicias, porque su concepción es lo que ha cambiado, la revolución está ahí, en la cabeza de esa gente”. 

Justamente, llegar al Kurdistán le permitió a Virginia comprender que la autodefensa va mucho más allá de las necesarias acciones militares. “Me acuerdo de una mujer yazidí, que debía tener más de 80 años, y vino a tomar el té una tarde. Me dijo que ella tenía el universo en su casa, porque tenía sus árboles, sus animales, y le quitaron todo. Para ella, vivir de la naturaleza era su forma de vida. Con el Confederalismo Democrático, está más organizado a partir de la autodefensa”, dice la reportera gráfica rosarina.

La primera vez que supo que había un drone encima de sus cabezas, le costó pensar en otra cosa. La muerte era una posibilidad palpable. Pero también eso aprendió en la montaña: “La idea es seguir viviendo, que el enemigo no se te meta en la cabeza”. Y se construye en la cotidianidad. “El modo que tienen de vivir, todo el tiempo estás charlando, son muy afectuosas. Con el paso de los días lo ubicás en otro lugar. Sabés que te tenés que cuidar, porque ahí se te va la vida, pero es más fuerte la vida, el estar con el otro”, relata su vivencia. 

LEER MÁSRecomendada

Durante el mes que viajó por Kurdistan, Virginia escuchó historias de la crueldad extrema del Isis, pudo ver cómo el gobierno turco apunta a destruir cualquier enclave donde viva un pueblo que defiende sus colores, su lengua, su música. Tomó el té debajo de los árboles y se abrazó con mujeres que la conmovieron. “Suponía que me iba a encontrar con las milicias, con un nivel de conciencia tal como para poder pensar en organizarse de esa manera, pero lo que a mí me impactó es ver esa revolución en el pueblo”, dice ahora, cuando cada día toma dimensión de lo fácil que le resulta abrir la canilla para bañarse con agua caliente. 

Uno de los lugares que la impactó fue el campo de refugiados de Makmur, construido desde los años 90 a partir de un espacio en el desierto, que Saddam Hussein “cedió” para que huyeran de bombardeos, pero en realidad era una trampa. Lo que había, cuentan todas las personas con las que habló Virginia, eran escorpiones. “Ese pueblo fue construyendo de la nada sus casas, sus escuelas, sus hospitales, consiguiendo el agua, la comida. Entre los vecinos se organizaron y mataron a los escorpiones que estaban ahí en esa región. A mí me quedó muy grabada, cuando hablé con un hombre que estuvo en la formación de Makmur, la historia de una madre y un niño que lloraba porque tenía hambre, y no tenían qué darle de comer. Entonces, la madre intentaba que el niño se durmiera para que no pasara hambre, y el niño no se dormía. Ella hirvió piedras en una olla, para hacerle creer al hijo que le estaba cocinando. Y me contaron que cuando empezaron a estudiar, porque decían que tenían que formarse, partían un lápiz entre cuatro o cinco pedazos para que cada uno pudiera tener un pedazo de lápiz para estudiar”, es el registro oral que consiguió, contrastante con lo que pudo ver. “Pensaba en lo que me contaban y veía lo que era ese pueblo hoy, donde hay cinco escuelas, donde hay hospital, donde las maestras piensan cómo educar a esos niños, y siempre todo, todo, la mujer que hace los vestidos, la mujer que hace el pan, las maestras, todo es pensado en un proyecto colectivo, en cómo aporta eso socialmente. Nadie hace pan para ponerse una panadería, o hace vestidos para ponerse una marca de ropa”, subraya.

La llegada de las fuerzas de liberación kurdas son, entonces, la posibilidad de una vida distinta para cada una de las mujeres que son sometidas a condiciones patriarcales. Y si por ese pueblo pasó Isis, como en Shengal, se trata simplemente de la diferencia entre la vida y la muerte. “Las cosas que cuentan, son cosas que una no puede ni siquiera imaginar, el nivel de crueldad. Obligar a una madre a comer a su hijo, cuando hablaban de esclavitud sexual y yo les decía que acá también había, ellas me decían que allá la esclavitud es que los de Isis atan a una mujer en una pared, y la van violando los que pasen hasta que se muere de hambre y sed”, relata con un nudo en la voz. Para los integrantes de Isis, además, que los mate una mujer significa la imposibilidad de acceder al paraíso. Y les temen a las guerrilleras kurdas. Que están en la lucha no por eso, sino por el proceso histórico de liberación que vienen desarrollando desde hace 40 años. 

Las kurdas entienden que el problema de la violencia de género –como todos los demás– es un problema social. No es punitiva su posición: cuando un hombre violenta a una mujer, es formado en cuestiones de género -y de hecho eso es obligación para cualquier militante- y si persiste, es expulsado de su casa, están las milicias para garantizarlo.  Cualquier varón, aunque lleve años de lucha consecuente, debe continuar su proceso de revisión de sus conductas y vínculos con las mujeres, en diálogo con las compañeras. Son dos de las responsabilidades que asumen, como una forma de plantear una nueva sociedad.

Para muchas mujeres, la huida a territorios kurdos es también la posibilidad, simplemente, de vivir una vida propia. En Jinwar, el pueblo construido por las mujeres en Rojava, al suroeste de la zona siria, Virginia pudo hablar con alguien que había llegado, huyendo, porque había visto en la televisión que ese lugar existía.

Como los abrazos, las canciones también fueron una forma de unión con las kurdas. Con Hevidar, “mujer luchadora y de una voluntad inquebrantable”, como la describe Virginia, cantaron juntas “El necio”, de Silvio Rodríguez. En otro lugar, con compañeras internacionalistas, fue el “Hasta siempre comandante”. Pero si tuviera que quedarse con una música en sus oídos, prefiere el canto de las kurdas, como si estuvieran en una cancha, “Dicen que somos todas unas terroristas, pero esta es la revuelta feminista, oh, Kurdistán, Oh, Kurdistán”.

http://www.pagina12.com.ar/182434-en-kurdistan-el-patriarcado-se-cayo?fbclid=IwAR3tYbHEEd6N4PKJf1yEnIHLcoC04EM0V8dH5MpkRq0xN-1hve

SUIZA: Cristianos suizos se unen a la huelga de mujeres


Pide una mayor participación femenina en la fuerza laboral y un papel más importante en la toma de decisiones de la iglesia

Céline Brégand 
Suiza14 de junio de 2019

Manifestación por los derechos de las mujeres en Lausana, el 14 de mayo, un mes antes de la huelga nacional de mujeres el 14 de junio. (Foto de FABRICE COFFRINI / AFP) 

Mujeres católicas y protestantes de la Suiza francófona se unieron a una huelga nacional por los derechos de las mujeres que se realizó el 14 de junio.

“Las mujeres están presentes en todos los niveles de la pirámide jerárquica de la fuerza laboral, como voluntarias o empleadas”, dijo Myriam Stocker, delegada episcopal de las diócesis de Lausana, Ginebra y Friburgo.

“Pero a medida que asciendes en la escalera, hay menos”, dijo, y agregó que en muchos sectores las mujeres se volvieron “inexistentes” en la parte superior.

Stocker también es miembro de Réseau desfemmes en Église, o Red de Mujeres en la Iglesia.

La agrupación reúne a mujeres de los cuatro cantones de la diócesis de Lausana, Ginebra y Friburgo, que se movilizaron en solidaridad con la huelga nacional suiza por los derechos de las mujeres.

Los feligreses de los otros dos cantones de Suiza francófona se unirán a ellos.

Una delegación de seis mujeres, en representación de los seis cantones, presentará un documento con una lista de sus demandas a los consejeros episcopales de la Suiza francófona.

Llamada a las voces de las mujeres a escuchar.

Exigen una participación significativa de las mujeres en los órganos de toma de decisiones y formación, como los consejos episcopales, de vicariatos y de pastoral, así como los seminarios.

Stocker dijo que la misión de las mujeres bautizadas debería ser reconocida como “un ministerio auténtico” sobre la misma base que la de los sacerdotes y obispos.

El Réseau des femmes en Église también busca una mayor reciprocidad, diversidad y menos clericalismo, pero aún no el sacerdocio para las mujeres.

“En nuestra opinión, cuando haya más mujeres en los órganos de toma de decisiones, será más fácil discutir este tema”, subrayó Stocker.

También piden que al menos una vez cada dos años tengan un día con el obispo, en cada diócesis de la Suiza francófona.

Esto sería para que cada obispo “pueda compartir reflexiones y visiones para el futuro con nosotros, las mujeres, para que pueda escuchar nuestras expectativas, nuestras necesidades, que pueda estar interesado en nuestros proyectos, nuestros ideales, nuestra vida espiritual … “

El grupo ‘Maria 2.0’

En Ginebra, el vicariato ha decidido dar a todos sus empleados, hombres y mujeres, un día de licencia con sueldo para que puedan participar en varios eventos el 14 de junio.

Del 11 al 18 de mayo, las mujeres católicas alemanas se declararon en huelga para exigir un lugar más justo en la Iglesia. Algunas mujeres cancelaron sus clases de catecismo o dejaron de asistir a misas.

El llamado grupo “María 2.0”, formado por seis mujeres de la diócesis de Munster en Alemania Occidental, escribió al Papa Francisco pidiendo en particular que las mujeres tengan acceso a todas las funciones en la Iglesia, incluido el sacerdocio.

http://www.international.la-croix.com/news/swiss-christians-join-womens-strike/10327?utm_source=Newsletter&utm_medium=e-mail&utm_content=14-06-2019&utm_campaign=newsletter_crx_lci&PMID=5

Las mujeres salen a la calle por la igualdad en Suiza


Las mujeres salen a la calle por la igualdad en Suiza

Reclaman conciliación familiar, reconocimiento por los trabajos de cuidado y más influencia en las altas esferas de la política y las empresas

JUAN CARLOS BARRENABerlínViernes, 14 junio 2019, 21:440

Hartas de la desigualdad que sufren frente a los hombres y decididas a ganarse el respeto del gobierno, decenas de miles de mujeres protagonizaron hoy la mayor huelga femenina en la historia de Suiza. Exigieron igualdad de salarios, mejores condiciones para compatibilizar la vida laboral y familiar, el reconocimiento por la atención que dedican al cuidado de sus allegados y más influencia en la política y las empresas, donde, frente a otros países europeos, su representación en las altas esferas es mínima. Pero también reclamaron una rebaja de impuestos para los tampones, la apertura del sacerdocio a las mujeres y el fin de la explotación femenina en el hogar. Hubo originales llamamientos a «menstruar sobre el patriarcado», la convocatoria de una «excursión de clítoris» y una «caravana de cochecitos de bebés» durante la movilización

En uno de los países más ricos del continente europeo, las mujeres se ven obligadas a luchar por sus derechos por primera vez, aunque hace casi 40 años que la igualdad de derechos quedó reflejada en la Constitución de la república helvética. En 1991 medio millón de suizas protestaron masivamente en su país para exigir igualdad y muchas consideran que desde entonces poco ha cambiado. En esta ocasión fueron muchas más. En Berna, Lausana, Zúrich o Basilea, la mujeres tomaron las calles, muchas de ellas empujando los cochecitos de sus bebés o luciendo un ostentoso embarazo, vestidas en su mayoría de lila o rosa y en un ambiente pacífico y festivo. Suiza es un caso especial en Europa: no introdujo el derecho de voto de la mujer hasta 1971 y hubo que esperar 20 años más hasta que todos sus cantones y municipios permitieron a las féminas participar en sus elecciones y referendos.

Las protestas se iniciaron poco después de la medianoche, pero crecieron durante la mañana y alcanzaron su zenit a las 15:24 horas, el momento exacto en el que la convocatoria exigía el paro masivo por el simbolismo. A esa hora y debido a la diferencia salarial frente a los hombres, las suizas dejan de ganar dinero en sus empleos y empiezan a trabajar gratis. Sus sueldos son de media casi un 20% inferiores a los de sus compañeros de trabajo. Y también en la dirección de empresas su representación es ridícula. Las 100 mayores firmas suizas tienen 96 jefes y solo 4 jefas.

Solo un día por paternidad

Y las condiciones laborales de las mujeres dejan también mucho que desear. La prestigiosa revista británica ‘Economist’ sitúa a Suiza en su ‘Glass Ceiling Index’ en el puesto 26 de 29 países. Más vergonzoso aun para la pequeña república alpina es el último lugar en la lista de 31 países publicada esta semana por Unicef sobre políticas de conciliación para las familias. A años luz de Islandia, Suecia y Noruega, que encabezan la clasificación, pero también de España, situada en el puesto 15.

Hasta hace poco las mujeres estaban obligadas por ley a ocuparse del hogar familiar, la mayoría se ve forzada a abandonar su empleo para ocuparse de sus hijos pequeños y todavía hoy los hombres solo tienen un día de libranza por paternidad. El parlamento suizo lleva años discutiendo conceder a los varones unas vacaciones por paternidad más generosas y no consiguen ponerse de acuerdo.

No es de extrañar así que en Lausana este viernes muchas mujeres prendieran fuego a sus sujetadores como forma de protesta o que en Basilea el sindicato Unia proyectase sobre la fachada del consorcio farmaceútico Roche el logotipo de la protesta: un puño alzado sobre fondo lila. En Zúrich, donde la manifestación reunió a más de 70.000 mujeres no se vio un solo policía en la calle, solo mujeres uniformadas se encargaron de la seguridad del acto. Y en todas las protestas pudo verse a miembros del movimiento ‘La revolución de las abuelas’ para denunciar su labor gratuita como cuidadoras de sus nietos.

Algunas empresas permitieron a sus empleadas abandonar sus puestos de trabajo para sumarse a las manifestaciones, otras lo prohibieron tajantemente. De ese modo, aunque la huelga no paralizó el país, sí se dejó notar. También en las instituciones. Muchas políticas acudieron vestidas de lila al parlamento suizo y para disgusto de los ultraconservadores, que trataron por todos los medios de evitarlo, la presidenta de la cámara impuso a las once de la mañana una pausa de un cuarto de hora.

http://www.burgosconecta.es/internacional/union-europea/mujeres-salen-calle-suiza-20190615214302-ntrc.html

EL FEMINISMO, TEORÍA CRÍTICA DE LA SOCIEDAD PATRIARCAL: Juan Jose Tamayo


Director de la Cátedra de Teología y Ciencias de las Religiones e investigador del Instituto Universitario de Investigaciones de Género, de la Universidad Carlos III de Madrid

Toda ciencia y toda disciplina operan con categorías propias conforme al objeto de estudio. También la teoría de género. Pero, ¡cuidado con las definiciones de los diccionarios! En el caso de las categorías de esta teoría, los diccionaristas ejercen a veces un trato semántico inadecuado, quizá por desconocimiento de los estudios feministas.

Durante el curso 2018-2019 he impartido la asignatura “Principales categorías de la teoría de género” dentro del Postgrado de Gestión en Políticas de Igualdad, del Instituto Universitario de Estudios Género, de la Universidad Carlos III de Madrid, del que soy investigador. En este artículo ofrezco una reflexión sobre la primera de dichas categorías: el feminismo.

            1. El feminismo es una teoría crítica de la sociedad que analiza y cuestiona la  estructura patriarcal del orden social, cultural, económico, simbólico, religioso, posibilita una nueva interpretación de la realidad y ofrece nuevas categorías de análisis.

            2.  Es un movimiento social y político reivindicativo que ha permitido a las mujeres constituirse como sujeto colectivo con una historia común de opresión y exclusión y de lucha contra su discriminación y por la igualdad y la paridad en todos los ámbitos: legal, laboral, doméstico, político, económico.

3. Es una de las principales revoluciones de los últimos siglos que intenta recuperar la subjetividad de las mujeres negada en el Renacimiento, en la Ilustración, en la Revolución Francesa y en general en todas las revoluciones. Reconoce a las mujeres como sujetos políticos, morales con identidad propia, no en relación con los varones. Es una revolución incruenta, que está provocando una reacción violenta del patriarcado.

4. El feminismo es un estilo de vida coherente con la teoría, que se caracteriza por que cada mujer a nivel personal tenga tiene su proyecto, diseñe su propio futuro, viva con autonomía, sin depender caracterizado por un proyecto de vida propio, viva con autonomía, sin someterse a las dependencias que en todos los niveles le impone el patriarcado.

En el epílogo de su Declaración de los Derechos de la Mujer y de la Ciudadana, de 1791, que escribió como respuesta a la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano, de carácter patriarcal, la política francesa Olympia de Gouges escribió:

“¡Mujer, despierta!; el arrebato de la razón se hace oír en todo el universo; reconoce tus derechos. El potente imperio de la naturaleza ha dejado de estar rodeado de prejuicios, fanatismo, superstición y mentiras. La antorcha de la verdad ha disipado todas las nubes de la necedad y la usurpación. El hombre esclavo ha redoblado sus fuerzas y ha necesitado apelar a las tuyas para romper sus cadenas. Pero una vez en libertad, ha sido injusto con su compañera. ¡Oh, mujeres!, ¡mujeres!, ¿cuándo dejaréis de estar ciegas?, ¿qué ventajas habéis obtenido de la revolución?: un desprecio más marcado, un desdén más visible. […] Cualesquiera sean los obstáculos que os opongan, podéis superarlos; os basta con desearlo”.

El 3 de noviembre de 1793, durante el gobierno de Robespierre y Murat, fue guillotinada, sin lograr que se cumpliera el artículo décimo de su declaración: “Si la mujer tiene el derecho de subir al cadalso, debe tener también igualmente el de subir a la Tribuna”. Subió al cadalso, pero, aun siendo una prestigiosa política, no logró subir a la Tribuna DE LA Asamblea Nacional Francesa 

            5. El feminismo es una instancia crítica sobre nuestro legado de pensamiento, que critica el interés patriarcal de los discursos y desvela la contradicción en que incurren. Es una “filosofía de la sospecha” (Amelia Valcárcel) del discurso ilustrado de la universalidad de la razón y de los derechos humanos y de la igualdad de todos los seres humanos, que excluye a las mujeres y, por ello, desmiente su universalidad. De-construye los discursos de la tradición filosófica que perpetúan la desigualdad, denuncia el lado oscuro de quienes reclaman igualdad y libertad, pero no se las reconocen a las mujeres. Como ejemplo de tal contradicción Luisa Posada se refiere a Rousseau y a Kant[1]:

 – El filósofo político Rousseau incurre en una crasa contradicción: en El Contrato social hace una defensa radical de la igualdad y en Emilio o de la educación presenta a la compañera del ciudadano como prototipo de la mujer recluida en el hogar y desigual por naturaleza. El Contrato social solo reconoce derechos políticos a los varones y los niega a las mujeres. El pacto social no tenía vigencia en el hogar, donde la mujer debía estar sometida al marido. Léase para comprobarlo el capítulo V del libro de Rousseau), cuya protagonista es Sofía, la compañera de Emilio, que en las relaciones morales debe ser pasiva y débil y cuya función es “agradar al hombre”:

“En la unión de los sexos, cada uno concurre de igual forma al objetivo común, pero no de igual manera. De esa diversidad nace la primera diferencia asignable entre las relaciones morales de uno y otro. Uno debe ser activo y fuerte, el otro pasivo y débil; es totalmente necesario que uno pueda y quiera, basta que el otro resista poco.  Establecido este principio, de él se sigue que la mujer está hecha para especialmente para agradar al hombre. Si el hombre debe agradarle a su vez, es una necesidad menos directa, su mérito está en su potencia, agrada por el mero hecho de der fuerte. Convengo en que no es esta la ley del amor, pero es la de la naturaleza, anterior al amor mismo”[2].

– Kant, prototipo de filósofo ilustrado, por una parte, reclama la autonomía y la auto-legislación de la razón humana y el lema ilustrado “¡Atrévete a pensar!”, y, por otra, afirma que: “una mujer letrada (…) tendría además que tener barba”.

Juan José Tamayo estudia el feminismo y su aplicación a la teología en varias obras, entre las que destacan: Otra teología es posible. Interculturalidad, pluralismo religioso y feminismo, Herder, Barcelona,  2012, 2ª ed.; Islam. Sociedad, política y feminismo, Dykinson, Madrid, 2018, 2ª ed.; Religión, género y violencia, Dykinson, Madrid, 2019, 2ª  edición, 2ª reimpresión.


[1] Cf. Luisa Posada Kubissa, Filosofía, crítica y (re)flexiones feministas, Editorial Fundamentos, Madrid, 2015.

[2] Juan Jacobo Rousseau, Emilio o de la educación, Alianza Editorial, Madrid, 2011, segunda reimpresión, 565.

 

Remitido al e-mail

Anteriores Entradas antiguas

A %d blogueros les gusta esto: