TRAS EL 25N, CAMBIO MENTAL: PONGAMOS EL ACENTO EN LOS HOMBRES


26 noviembre 2018 · por Lourdes Zambrana · en GéneroViolencia

Lourdes Zambrana. Día 25 de noviembre de 2018 por la mañana, escuchando la radio mientras desayuno.  Una tertuliana comenta que ve muchas chicas borrachas los fines de semana, y que son presas fáciles para los hombres que quieren abusar de ellas. Que hay que educar a las chicas para que no pierdan el control sobre sí mismas. El locutor, un hombre joven, le responde que las chicas tienen derecho a beber los que quieran, y a emborracharse si quieren. La tertuliana responde que si pero…

¿Por qué siempre se pone el acento en nosotras y no en ellos? Por si alguien no se ha dado cuenta, la violencia machista la ejercen los hombres…. ¿Por qué tenemos que educar a nuestras hijas en el miedo? ¿No sería más lógico educar a nuestros hijos en el respeto?

Educamos a las jóvenes para prevenir y defenderse de la violencia, pero sería mejor educarlos a ellos en la idea de que no es normal ir violando chicas borrachas, ni es normal aprovechar las aglomeraciones para acosar y agredir sexualmente… Que no somos ganado para su disfrute, somos personas, y solo queremos que se nos trate como a tales. Solo queremos que las relaciones sexuales sean consentidas claramente, para disfrute de las dos personas. Solo queremos que nos pregunten si queremos, y respeten que podamos cambiar de opinión.

Seguimos poniendo el acento, culpabilizando a las mujeres: nos agreden porque no sabemos defendernos, porque somos imprudentes… Si seguimos estirando este argumento al final nos agreden porque llevamos minifalda, o tanga, por culpa nuestra, al fin y al cabo.

Hagamos un cambio de lugar mental, por favor. Pongamos el acento en los hombres. En lugar de madres avisando a sus hijas de que vuelvan en grupo y por calles principales, que no pierdan de vista su bebida cuando salen de fiesta, etc., empecemos a avisar a nuestros hijos de que tienen que respetar cuando se dice no, que no somos objetos sexuales, sino personas con sus mismos derechos. Que las relaciones sexuales y afectivas se han de dar en un marco de libertad. En lugar de hablar solo de que hay que empoderar a las mujeres que sufren violencia machista (cosa que hay que hacer, sin duda), hablemos también de los maltratadores, de cómo prevenir, y abordar en ellos la violencia machista. Además de hacer talleres de autodefensa para mujeres, hagamos también talleres de respeto y empatía con los hombres.

Y busquemos la complicidad de los hombres, que los hay, que también están hartos de un modelo de masculinidad con el que no se sienten identificados, que les fuerza a ser lo que no son. Complicidad con los hombres adultos que han sufrido violencia machista cuando eran niños, que han sufrido maltrato y han vivido como maltrataban a sus madres. Ayudémosles a no repetir las mismas actitudes, sino a reconocerse como víctimas. Busquemos alianzas con el colectivo LGTBI que también sufre la presión y la violencia patriarcal.

Al fin y al cabo, el feminismo es un movimiento de liberación colectivo que beneficia a hombres y mujeres; que permite a los hombres vivir su masculinidad de manera libre y positiva, sin tener que responder a los esquemas y restricciones de una masculinidad basada en la fuerza y en el poder; que facilita vivir relaciones sexuales y afectivas libres y entre iguales; y que permite a todas las personas vivir su opción sexual, sea la que sea, con libertad y tolerancia.

Ya lo dijo Angela Davis: “El feminismo es la idea radical que sostiene que las mujeres somos personas”. Tan fácil y tan sencillo como eso.

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En esta línea de cambiar el foco hacia los hombres, os recomendamos ver el vídeo de la campaña argentina #CambiáElTrato:

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Imagen extraída de: Publimetro

¿Por qué se celebra el 25 de noviembre el Día de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer?


Las hermanas Mirabal, de la República Dominicana, fueron brutalmente asesinadas por el dictador Rafael Leónidas Trujillo tal día como hoy

ELPLURAL Domingo, 25 de noviembre de 2018

Las hermanas Mirabal

Las hermanas Mirabal

Este domingo 25 de noviembre se celebra el Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer 2018 en aras de denunciar los ataques que sufre  la mujer en todo el mundo y de exigir a los diferentes gobiernos medidas para combatirlos.

¿Por qué el 25 de noviembre?

Las hermanas MirabalPatriaMinerva y María Teresa, conocidas como ‘Las Mariposas’, fueron asesinadas el 25 de noviembre de 1960 por su actividad en la lucha a favor de la democracia y contra Rafael Leónidas Trujillo, dictador de la República Dominicana entre los años 1930 y 1961.

Las tres hermanas y sus maridos fueron juzgados “por atentar contra la seguridad del Estado dominicano”. Ellos entraron a prisión, ellas quedaron libres. Sin embargo, tras volver de visitar a sus compañeros, un Escuadrón de la Muerte del Servicio de Inteligencia Militar, las secuestró, para inmediatamente trasladarlas a una casa en la localidad de La Cumbre.

Las tres mujeres murieron tras las brutales palizas de los sicarios del dictador, quienes intentaron disfrazar el terrible asesinato, fingiendo un accidente de tráfico. Este suceso significó el despertar del pueblo dominicano contra el férreo poder de Trujillo, quien sería asesinado meses más tarde.

Tras la caída del régimen, los asesinos fueron juzgados en 1962, fueron a prisión pero no cumplieron la pena de forma completa. Años más tarde, escaparían a Estados Unidos donde recibieron asilo y murieron por causas naturales.

20 años más tarde, el movimiento feminista latinoamericano, elegiría esta fecha para exigir la defensa de la mujer contra la violencia durante el Primer Encuentro Feminista Latinoamericano y del Caribe que tuvo lugar en Bogotá, Colombia.

https://www.elplural.com/sociedad/por-que-se-celebra-el-25-de-noviembre-el-dia-de-la-eliminacion-de-la-violencia-contra-la-mujer_206958102

Elisa Leonida Zamfirescu, la primera mujer ingeniera de la historia


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la vanguardia

Su admisión en el Colegio de Puentes y Caminos de Bucarest fue rechazada por ser mujer, por lo que cursó en la Universidad Técnica de Berlín.

Elisa Leonida Zamfirescu se convirtió en la primera mujer ingeniera de la historia. Este fin de semana se cumple el 131 aniversario de su nacimiento, ocasión que Google ha aprovechado para dedicarle un doodle.

Zamfirescu, nacida en Galati -Rumanía- en 1887, trató de inscribirse sin éxito en el Colegio de Puentes y Caminos de Bucarest tras terminar el instituto con notas sobresalientes. Sin embargo, fue rechazada por ser mujer así que optó por marcharse a Berlín.

Google le dedicó un doodle a Elisa Leonida

No sin polémica, Elisa Leonida se inscribió en 1909 en la Universidad Técnica de Berlín, en Charlottenburg. El decano de entonces trató de convencerla para que renunciara a sus ambiciones citando las tres K: Kirche, Kinder, Küche (iglesia, niños y cocina), que definían el perfil y los objetivos que debían cumplir las mujeres de la época.

Iglesia, niños y cocina

El decano de la Universida de Berlín trató de convencerla para que renunciara a sus ambiciones citando las tres K: kirche, kinder, küche (iglesia, niños y cocina)

Los directores de la Academia estaban ante una situación nueva: era la primera candidata de la historia de la Academia, pero escribía y hablaba perfectamente el alemán y tenía conocimientos sobresalientes en matemáticas, física y química. Su hermano Dimitre Leonida, también estudió en la misma universidad, cosa que ayudó a que finalmente fuese admitida.

La historia cuenta que gran parte de sus compañeros la ignoraron y que algunos profesores se mostraron contrarios con comentarios como “la cocina es el lugar de las mujeres, no la Politécnica”. A pesar de las dificultades, Zamfirescu se graduó en 1912 con honores convirtiéndose en la primera mujer ingeniera del mundo.

Dificultades por ser mujer

Muchos de sus compañeros la ignoraron y que algunos profesores se mostraron contrarios con comentarios como “la cocina es el lugar de las mujeres, no la Politécnica”

Al graduarse, durante la Primera Guerra Mundial , trabajó como directora de un hospital de la Cruz Roja en Marasesti, lugar de la principal batalla entre Rumania y Alemania. Por su labor recibió varios galardones. Fue precisamente durante su estancia en el hospital cuando conoció al químico Constantin Zamfirescu, hermano del escritor Duiliu Zamfirescu. Se casaron durante la guerra.

Más tarde fue directora de los laboratorios del Instituto Geológico de Rumania y, al mismo tiempo, desempeñó labores de profesora de física y química en la Escuela de Niñas “Pitar Moș” y en la Escuela de Electricistas y Mecánica.

Zamfirescu también fue la primera mujer miembro de la Asociación General de Ingenieros en Rumania (AGIR) y formó parte de la Asociación Internacional de Mujeres Universitarias. Trabajó hasta los 75 años y murió el 25 de Noviembre de 1973 en Bucarest.

Fue la primera mujer miembro de la Asociación General de Ingenieros en Rumania y formó parte de la Asociación Internacional de Mujeres Universitarias

https://wordpress.com/read/feeds/82088988/posts/2061853009

Cómo el feminismo se convirtió en la sierva del capitalismo – y cómo reclamarlo Nancy Fraser


Un movimiento que comenzó como una crítica a la explotación capitalista 
terminó aportando ideas clave a su última fase neoliberal

Como feminista, siempre he asumido que al luchar por la emancipación de 
la mujer estaba construyendo un mundo mejor, más igualitario, justo y 
libre. Pero últimamente he empezado a preocuparme de que los ideales 
iniciados por las feministas estén sirviendo para fines muy diferentes. 
Me preocupa, en concreto, que nuestra crítica al sexismo esté ahora 
justificando nuevas formas de desigualdad y explotación.

En un giro cruel del destino, me temo que el movimiento por la 
liberación de la mujer se ha enredado en una peligrosa relación con los 
esfuerzos neoliberales para construir una sociedad de libre mercado. Eso 
explicaría cómo sucedió que las ideas feministas que antes formaban 
parte de una cosmovisión radical se expresaran cada vez más en términos 
individualistas. Mientras que las feministas criticaban antes a una 
sociedad que promovía el profesionalismo, ahora aconsejan a las mujeres 
que se “inclinen”. Un movimiento que antes priorizaba la solidaridad 
social ahora celebra a las mujeres empresarias. Una perspectiva que 
antes valoraba el “cuidado” y la interdependencia, ahora fomenta el 
avance individual y la meritocracia.

Lo que hay detrás de este cambio es un cambio radical en el carácter del 
capitalismo. El capitalismo dirigido por el Estado de la posguerra ha 
dado paso a una nueva forma de capitalismo: “desorganizado”, 
globalizador y neoliberal. El feminismo de la segunda ola surgió como 
una crítica de la primera, pero se ha convertido en la sierva de la 
segunda.

Con el beneficio de la retrospectiva, ahora podemos ver que el 
movimiento por la liberación de la mujer apuntó simultáneamente a dos 
futuros posibles diferentes. En un primer escenario, prefiguró un mundo 
en el que la emancipación de género iba de la mano de la democracia 
participativa y la solidaridad social; en un segundo, prometió una nueva 
forma de liberalismo, capaz de otorgar a las mujeres y a los hombres los 
bienes de la autonomía individual, el aumento de las opciones y el 
avance meritocrático. El feminismo de la segunda ola era en este sentido 
ambivalente. Compatible con cualquiera de las dos visiones diferentes de 
la sociedad, era susceptible a dos elaboraciones históricas diferentes.

En mi opinión, la ambivalencia del feminismo se ha resuelto en los 
últimos años a favor del segundo escenario, el del individualismo 
liberal, pero no porque hayamos sido víctimas pasivas de las seducciones 
neoliberales. Por el contrario, nosotras mismas contribuimos con tres 
ideas importantes a este desarrollo.

Una de las contribuciones fue nuestra crítica al “salario familiar”: el 
ideal de una familia de proveedor masculino / ama de casa que fue 
central en el capitalismo organizado por el estado. La crítica feminista 
a ese ideal sirve ahora para legitimar el “capitalismo flexible”. 
Después de todo, esta forma de capitalismo depende en gran medida del 
trabajo asalariado de las mujeres, especialmente el trabajo de baja 
remuneración en los servicios y la manufactura, realizado no sólo por 
mujeres jóvenes solteras sino también por mujeres casadas y mujeres con 
hijos; no sólo por mujeres racializadas, sino por mujeres de 
prácticamente todas las nacionalidades y etnias. A medida que las 
mujeres se han ido incorporando a los mercados laborales de todo el 
mundo, el ideal del capitalismo organizado por el Estado sobre el 
salario familiar está siendo reemplazado por la norma más nueva y 
moderna -aparentemente sancionada por el feminismo- de la familia de dos 
asalariados.

No importa que la realidad que subyace al nuevo ideal sea la disminución 
de los niveles salariales, la disminución de la seguridad laboral, la 
disminución de los niveles de vida, un aumento pronunciado del número de 
horas trabajadas a cambio de un salario por hogar, la exacerbación del 
doble turno -ahora a menudo triple o cuádruple- y un aumento de la 
pobreza, cada vez más concentrada en los hogares encabezados por 
mujeres. El neoliberalismo convierte la oreja de una cerda en un 
monedero de seda al elaborar una narrativa sobre el empoderamiento 
femenino. Invocando la crítica feminista del salario familiar para 
justificar la explotación, aprovecha el sueño de la emancipación de la 
mujer como motor de la acumulación de capital.

El feminismo también ha hecho una segunda contribución al ethos 
neoliberal. En la era del capitalismo organizado por el Estado, 
criticamos con razón una visión política restringida que se centraba tan 
intensamente en la desigualdad de clases que no podía ver injusticias 
“no económicas” como la violencia doméstica, la agresión sexual y la 
opresión reproductiva. Rechazando el “economicismo” y politizando “lo 
personal”, las feministas ampliaron la agenda política para desafiar las 
jerarquías de estatus basadas en las construcciones culturales de la 
diferencia de género. El resultado debería haber sido ampliar la lucha 
por la justicia para que abarcara tanto la cultura como la economía. 
Pero el resultado real fue un enfoque unilateral de la “identidad de 
género” a expensas de las cuestiones de pan y mantequilla. Peor aún, el 
giro feminista hacia la política de identidad encajaba perfectamente con 
un neoliberalismo en ascenso que no quería otra cosa que reprimir toda 
la memoria de la igualdad social. En efecto, absolutizamos la crítica 
del sexismo cultural precisamente en el momento en que las 
circunstancias exigían una atención redoblada a la crítica de la 
economía política.

Finalmente, el feminismo aportó una tercera idea al neoliberalismo: la 
crítica al paternalismo del Estado del bienestar. Innegablemente 
progresista en la era del capitalismo organizado por el Estado, esa 
crítica ha convergido desde entonces con la guerra del neoliberalismo 
contra “el estado niñera” y su más reciente y cínica aceptación de las 
ONG. Un ejemplo elocuente es el “microcrédito”, el programa de pequeños 
préstamos bancarios a mujeres pobres en el sur del mundo. El 
microcrédito se presenta como una alternativa de empoderamiento, de 
abajo hacia arriba, a la burocracia de arriba hacia abajo de los 
proyectos del Estado, y se promociona como el antídoto feminista para la 
pobreza y el sometimiento de las mujeres. Sin embargo, lo que se ha 
pasado por alto es una coincidencia inquietante: el microcrédito ha 
florecido al igual que los Estados han abandonado los esfuerzos 
macroestructurales para luchar contra la pobreza, esfuerzos que los 
préstamos a pequeña escala no pueden reemplazar. También en este caso, 
una idea feminista ha sido recuperada por el neoliberalismo. Una 
perspectiva dirigida originalmente a democratizar el poder estatal con 
el fin de empoderar a lxs ciudadanxs se utiliza ahora para legitimar la 
comercialización y el recorte del Estado.

En todos estos casos, la ambivalencia del feminismo se ha resuelto a 
favor del individualismo (neo)liberal. Pero el otro escenario, el 
solidario, puede seguir vivo. La crisis actual ofrece la oportunidad de 
retomar su hilo una vez más, reconectando el sueño de la liberación de 
la mujer con la visión de una sociedad solidaria. Para ello, las 
feministas deben romper nuestro peligroso vínculo con el neoliberalismo 
y reclamar nuestras tres “contribuciones” para nuestros propios fines.

En primer lugar, podríamos romper el espurio vínculo entre nuestra 
crítica del salario familiar y el capitalismo flexible militando por una 
forma de vida que descentralizara el trabajo asalariado y valorizara las 
actividades no remuneradas, incluyendo -pero no sólo- el trabajo de 
cuidado. En segundo lugar, podríamos interrumpir el paso de nuestra 
crítica del economicismo a la política de identidad integrando la lucha 
por transformar un orden de estatus basado en valores culturales 
masculinistas con la lucha por la justicia económica. Por último, 
podríamos romper el falso vínculo entre nuestra crítica de la burocracia 
y el fundamentalismo del libre mercado reclamando el manto de la 
democracia participativa como medio para fortalecer los poderes públicos 
necesarios para restringir el capital en aras de la justicia.

Fuetne: 
https://www.theguardian.com/commentisfree/2013/oct/14/feminism-capitalist-handmaiden-neoliberal?CMP=share_btn_tw

Ivone Gebara: “La Iglesia va a perder a las mujeres que piensan”


    LA TEÓLOGA BRASILEÑA SOSTIENE QUE “LO QUE MOLESTA A LA IGLESIA NO ES LO FEMENINO, ES EL FEMINISMO”

    “Jesús tenía que aprender, ser contestado, responder, equivocarse”, asegura desde ComillasJesús Bastante, 01 de octubre de 2018 a las 20:24  

    La teóloga brasileña sostiene que “lo que molesta a la Iglesia no es lo femenino, es el feminismo”RDRELIGIÓN | MUNDO

    No todos los hombres son machistas, ni todos los obispos son machistas, por eso yo prefiero hablar de un fundamento patriarcal. Aquí quien manda es el varón porque es el representante de Jesús

    (Jesús Bastante).- “Decir que la Virgen María es más importante que los apóstoles, sólo sirve para que todo siga igual. Eso no viene del Evangelio“. La teóloga brasileña Ivone Gebara es una de las máximas representantes de la teología feminista en el mundo.

    Desde Comillas, donde esta tarde ha participado en unas conversaciones organizadas por la Asociación de Teólogas Españolas, Gebara critica a la “Iglesia patriarcal” que, asegura, corre el riesgo de “perder a las mujeres que piensan”. Hablamos con ella en exclusiva.


    En tu ponencia, hablas de alteridad, diferencia e igualdad. ¿Qué quieres decir con todo eso?

    Son conceptos muy conectados con el feminismo, y por eso algunas filósofas feministas han trabajado, y yo también, estos conceptos, que no nacieron con el feminismo, sino de otras reflexiones filosóficas, como las del filósofo judío francés Lèvinas, que habló mucho del otro, de quién es el otro. Mi aportación es levantar una sospecha de que las reflexiones sobre la alteridad han colocado a la mujer como ‘la otra’. Y cuando se habla de diferencia, se hace dentro de un contexto, donde la universalidad masculina es bastante fuerte.


    ¿Vivimos una ética machista?

    No necesariamente machista. Quiero decir que no siempre están conectados con una ética, sino también con una manera de reducir al otro, de no tener en cuenta la diferencia. Estos conceptos pasan a ser teóricos, casi vacíos en la práctica. La igualdad, la alteridad, la diferencia… están relacionadas con algo. Igual a qué, diferente de qué. En este sentido quiero hablar de algo que está conectado con la vida de las mujeres, que es la belleza. Se fabrica una sola belleza, que en realidad son los productos que se venden. Las mismas marcas producidas para diferente marca…

    Esta es una tela de araña en la que caemos todas, porque esa belleza es algo exterior, y es muy sacrificada. Tenemos que sacrificarnos mucho para tener el peso ideal, la piel sin arrugas… miles de esclavitudes. Finalmente, hablo del cuerpo femenino desde el Cristianismo. Y es interesante que el Cristianismo, y cuando hablo del Cristianismo hablo de la teología, no del tiempo de Jesús, el ideal de la belleza femenina es un ideal ‘espiritual’, pero es la belleza del servicio. La mujer que es buena es la que sirve, la que es una buenísima madre… Por ejemplo, todas estas mujeres que salen a la calle para hablar de los derechos de las mujeres, traicionan el ideal de la mujer como madre, cuidadora, sometida, ama de casa, limpiadora de la Iglesia, servidora de los curas. Son las mujeres que les cocinan, limpian los seminarios….

    ¿La Iglesia no da cuenta de que el día que las mujeres digan ‘Ya basta’ a ser siervas, esclavas… y no otras cosas dentro de esa Iglesia, la Iglesia puede quedarse vacía?

    Es que hasta ahora ellos ven este proyecto de mujeres muy lejano, sobre todo en América Latina. Se dan cuenta, pero hacen como si el problema no existiera. Yo conozco a unos curas que pagan un sueldo mísero y, al mismo tiempo, hablan de justicia social. Estas contradicciones existen, porque existe la pobreza, que viven las mujeres. Pobreza material, en primer lugar, pero también hay una ‘compensación’, porque a veces el cura es buen tipo, educado, no es como el borracho del marido. Está el consuelo…

    Sí, pero la mujer no cambia su rol, sigue estando sometida…

    Pero el sometimiento es distinto. El cura no la pega, el cura le agradece, le dice que va a rezar por ella. Hay una idea del cura como representante de Jesús. Esta simbología, en cierta manera, atrasa el proceso.

    Eso, aquí, se llama ‘micromachismos’, sin darte cuenta…

    … estás fomentando la injusticia. Y el día en que el cura se da cuenta, las relaciones van a cambiar. Pero son más relaciones de amistad.


    ¿Cuándo la Iglesia reconocerá a las mujeres, también, como discípulas de Jesús?

    Lo primero que hay que decir es que si decimos ‘discípulas’, ya establecemos una jerarquía. Yo prefiero hablar de ‘Movimiento Jesús’. En este movimiento, Jesús no siempre tenía la última palabra. Las teologías masculinas han subrayado una sabiduría infusa en Jesús, como si no necesitara aprender nada de nadie, hasta el punto de decir que María fue la primera discípula de su hijo. Eso no puede sostenerse. Jesús tenía que aprender, ser contestado, responder, equivocarse. Creo que tenemos una idea muy romántica de Jesús de Nazaret, y al hablar de movimiento estamos bajando a la realidad de la vida. En el mundo judío, las mujeres tienen un rol importantísimo, como madres, educadoras, que son escuchadas. El mundo patriarcal, el Cristianismo de a partir del siglo II y III va a conectarse con la idea de poder del Imperio Romano, y allí las cosas empiezan a cambiar. La autoridad pública de la mujer se pierde totalmente.

    La Iglesia, ¿es machista?

    Yo prefiero no usar la palabra machismo, porque esa palabra tienen una connotación de subjetividad y emocionalidad muy negativa. No todos los hombres son machistas, ni todos los obispos son machistas, por eso yo prefiero hablar de un fundamento patriarcal. Aquí quien manda es el varón porque es el representante de Jesús, y yo no lo soy. Entonces, yo podría tener más razón que tú, pero la última palabra es tuya. El mundo patriarcal no solo subsiste en la Iglesia.


    ¿Es evangélico que sólo los hombres puedan ser sacerdotes, que las mujeres no tengan un papel sacramental en la Iglesia?

    Esto no viene del Evangelio. Los sacerdotes quieren ver a los 12 apóstoles, varones, como una elección de Jesús. Yo no veo eso. La hermenéutica bíblica feminista ve otras cosas, pero desgraciadamente no nos leen, no nos escuchan y nos echan afuera de las instituciones de formación. Las pocas teólogas que enseñan en facultades de Teología tienen que ajustarse a las normas.Ver imagen en Twitter

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    Conversatorio con Ivone Gebara: Montse Escribano, socia de la Asiciación, Raquel Lobato @HOAC_es , Marisa Vidal de Exeria #galicia, pensar sobre lo que nos está pasando…

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    ¿Cómo interpretas que el Papa haya incluido tres mujeres en la Comision teológica internacional, o haya abierto una comisión para el diaconado femenino?

    Yo soy muy crítica. No soy la única que piensa así. Primero, ¿quién ha elegido a estas teólogas como representantes? Pueden ser representantes de lo femenino, pero no del feminismo católico. Porque lo que molesta a la Iglesia no es lo femenino, es el feminismo. Porque femenino es decir, como dice el Papa, la Virgen María es más importante que los apóstoles, ese es un discurso romántico y que sirve para que todo siga igual.

    El Papa pone tres mujeres, entre ellas hay una monja, dos teólogas alemanas. ¿Por qué no preguntó a las diferentes organizaciones de teólogas, por ejemplo, la ATE de España, qué nombres indicarían?


    ¿Crees que es más tema de cuota, y no de convencimiento?

    Claro, y luego te ponen dos cardenales viejos que no tienen nada que ver. Dicen que están estudiando, pero no van a llegar a ninguna conclusión. Ya de antemano, él ya ha dicho no a la ordenación presbiteral. Ahora abre una pequeña brecha para la diaconal, pero no hay que tener mucha esperanza.


    ¿Qué tenemos que hacer los católicos feministas, hombres o mujeres, que entendamos que la Iglesia debe ser un lugar donde la igualdad se practique?

    Creo que los varones hablan muy poco de esto. Pueden hacerlo en círculos cerrados, pero no hablan en los congresos, no escriben al Papa. Están satisfechos, aunque se podría hacer diferente. No hay voces masculinas. Están los dominicos, jesuitas, que hablan de respeto a las mujeres, contra la violencia, hay textos muy bonitos sobre esto. Pero entre esto y decir ‘Hay que cambiar la teología’, hasta el momento en que hablemos de los apóstoles, de Dios Padre Todopoderoso, de los sacramentos solamente conectados con la figura masculina de Jesús… entonces no hay cambios. Y si hay cambios, estoy segura que no será ahora, pero hay que empezar a cambiar.


    ¿Por dónde deberíamos empezar?

    Cada comunidad, en cada grupo, en cada país, tiene que empezar desde su propia realidad. Yo invitaría a las mujeres que se reúnan, que estudien, por su parte, y a los varones que reflexionen por su lado.


    ¿Qué futuro le espera a la Iglesia si no rompe con el paradigma de varones con poder y mujeres servidoras?

    No sé hablar del futuro, pero el presente lo que pasa es que muchas mujeres se salen de la Iglesia. La Iglesia ya perdió a lo sobreros, ya perdió al campesinado, y va a perder a las mujeres que piensan. Las mujeres que piensan y las líderes de movimientos populares. La Iglesia católica ya no les dice casi nada. En el mundo indígena, esta manera de la Iglesia con el feminismo comunitario, no les dice nada. Sí que van a quedar algunas, pero van a perder a muchas.

    Por si algun@ estáis en casa y queréis seguir la conferencia de Ivone Gebara en directo @alandar @ReligionDigit @teologiafeminis @Revista_VN https://tv.comillas.edu/media/1+10+2018+CONFERENCIA+%22ALTERIDAD%2C+DIFERENCIA+E+IGUALDAD.+CONVERSACIONES+CON+IVONE+GEBARA%22+F.+DE+TEOLOG%C3%8DA/1_ykwebp5s …

    1/10/2018 CONFERENCIA “ALTERIDAD, DIFERENCIA E IGUALDAD. CONVERSACIONES CON IVONE GEBARA” F. DE TEOLOGÍA

    https://www.periodistadigital.com/religion/mundo/2018/10/01/ivone-gebara-la-iglesia-va-a-perder-a-las-mujeres-que-piensan-religon-iglesi

    El mito del ‘empoderamiento’ de la mujer


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    CreditCristina Spanò

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    Con solo 100 dólares puedes empoderar a una mujer en India. Esta módica cantidad, según el sitio web de la organización India Partners, le proporcionará a una mujer una máquina de coser de su propiedad, lo cual le permitirá dar el primer paso en su camino al empoderamiento.

    O puedes enviarle un pollo. La cría de aves, según Melinda Gates, empodera a las mujeres en países en vías de desarrollo al permitirles “manifestar su dignidad y tomar el control”.

    Si los pollos no son tu herramienta preferida de empoderamiento, Heifer International sí lo será, pues por 390 dólares le entregará una canasta empresarial a una mujer en África. La canasta incluye conejos, peces jóvenes y gusanos de seda.

    La hipótesis que subyace tras estas donaciones es la misma: el empoderamiento femenino es un tema de índole económica que puede separarse de la política. Así pues, es posible que un benévolo donador de Occidente que ofrezca máquinas de coser o pollos resuelva el problema y libere, así, a las mujeres de India (o de Kenia, Mozambique o de cualquier lugar del Sur Global) de una vida de aspiraciones sin poder.

    El empoderamiento no siempre fue sinónimo de paquetes de empresario emergente. Tal como Nimmi Gowrinathan, Kate Cronin-Furman y yo escribimos en un artículo reciente, las feministas del Sur Global comenzaron a incluir el término en el repertorio léxico del desarrollo a mediados de la década de los ochenta. Aquellas mujeres comprendían el “empoderamiento” como la tarea de “transformar la subordinación de género” y eliminar “otras estructuras opresoras”, así como la “movilización política” colectiva. Lograron parte de sus objetivos cuando la Cuarta Conferencia Mundial sobre la Mujer, realizada en 1995, adoptó “una agenda para el empoderamiento de la mujer”.

    No obstante, a veintidós años de esa conferencia, el “empoderamiento” se ha convertido en una palabra de moda entre los profesionales del desarrollo en Occidente pero se eliminó su aspecto más relevante: el de la “movilización política”. En su lugar queda una definición limitada y contrita expresada a través de la programación técnica que busca mejorar la educación o la salud, sin hacerle mucho caso a los problemas de equidad de género más profundos. Este “empoderamiento” despolitizado es positivo para todos, menos para las mujeres a las que supuestamente debe ayudar.

    Al entregar pollos o máquinas de coser, las feministas de Occidente y las organizaciones para el desarrollo pueden identificar a las mujeres no occidentales que han “empoderado”. Pueden exponer a las depositarias de sus esfuerzos en conferencias y presentarlas en sitios de internet. Los profesionales del desarrollo pueden apuntar a las sesiones de capacitación, los talleres y las hojas de cálculo llenas de “productos finales” a modo de evidencia de otro proyecto exitoso de empoderamiento.

    En este sistema no caben las complejidades de las depositarias. Las mujeres no occidentales son reducidas a sujetos mudos y pasivos a la espera de su rescate.

    Veamos, por ejemplo, los proyectos de avicultura de la Fundación Gates. Bill Gates insiste en que, dado que los pollos son animales pequeños que pueden criarse cerca de casa, son muy apropiados para “empoderar” a la mujer. Pero los investigadores no tienen datos de que la entrega de pollos genere ganancias económicas a largo plazo, y mucho menos de que propicie la emancipación o la equidad para la mitad de la población.

    Para mantener el flujo del dinero, la industria del desarrollo ha aprendido a crear medidas que indican mejoras y éxitos. Las estadísticas de USAID en Afganistán, por ejemplo, se concentran en la cantidad de niñas “inscritas” en escuelas, aunque su asistencia sea escasa o no siempre se gradúen. Los grupos que promueven la avicultura miden el impacto de los pollos a corto plazo y el aumento transitorio del ingreso familiar, en lugar de tener en cuenta los cambios sustanciales en la vida de las mujeres a largo plazo.

    En esos casos, hay una tendencia a evadir la realidad de que, sin un cambio político, es imposible eliminar las estructuras que discriminan a la mujer y de que cualquier avance que se logre será insostenible. Los números nunca mienten, pero sí omiten.

    En ocasiones, las organizaciones para el desarrollo vuelven invisible a la mujer con el fin de cumplir con sus discursos. Un trabajador que se encontraba con un grupo que lucha contra del tráfico de personas en Camboya le contó a una de mis colaboradoras sobre el video que una organización occidental realizó para recaudar fondos. Cuando se preparó a una mujer para el video, la rechazaron porque su imagen no correspondía con la de la sobreviviente desamparada que esperaban ver los donadores.

    Cuando las mujeres no occidentales ya tienen identidades políticas sólidas, a veces se busca eliminar esa identidad, aunque eso signifique devolverlas a los roles de los que el empoderamiento debía rescatarlas. En Sri Lanka, una exmilitar del grupo Tigres de Liberación de la Patria Tamil le comentó a una colega mía que a muchas excombatientes les habían ofrecido clases de repostería, estilismo y costura. Una funcionaria del gobierno confesó que, a pesar de los años de programas de capacitación, ella jamás había visto que ninguna de esas mujeres viviera de ejercer esos oficios.

    Es tiempo de cambiar el discurso del “empoderamiento”. Los programas de las organizaciones para el desarrollo deben evaluarse con base en su capacidad de permitir a las mujeres aumentar su potencial para la movilización política, de modo que puedan generar una equidad de género sostenible.

    En el escenario global, un retorno a este modelo original de empoderamiento requiere que se deje de reducir a la mujer no occidental a su condición de víctima: la sobreviviente de una violación, la viuda de guerra, la niña novia. Debemos acabar con la idea de que las metas y las agendas del desarrollo deben ser apolíticas.

    El concepto de empoderamiento de la mujer necesita un rescate inmediato y urgente de las garras de quienes buscan ser los salvadores de la industria para el desarrollo. En el núcleo del empoderamiento de la mujer yace la exigencia de una hermandad global sólida, en la que ninguna mujer sea relegada a la pasividad y al silencio, ni a que sus opciones se limiten a tener una máquina de coser o un pollo.

    El ‘Martillo de las brujas’ y la misoginia histórica


    El libro ‘Malleus Maleficarum’ es un tratado renacentista sobre las brujas y sirvió para la persecución, tortura y exterminio de cientos de miles de mujeres.
    MILENIO DIGITAL

    El Malleus Maleficarum o Martillo de las brujas es el más famoso de todos los libros sobre brujería, publicado en 1487 se convirtió desde finales del siglo XV y hasta principios del XVIII en manual indispensable y autoridad final para la Inquisición, los jueces, magistrados y sacerdotes, tanto católicos como protestantes, en la lucha contra la brujería en Europa.

    El libro fue compilado y escrito por dos monjes inquisidores dominicos,Heinrich Kramer, también conocido como Heinrich Institoris, y Jacob Sprenger, quienes lo presentaron a la Facultad de Teología de la Universidad de Colonia el 9 de mayo de 1487.

    La mayoría de las creencias y prácticas que aparecen en él, están tomadas de dos obras anteriores, el Directorium Inquisitorum (1376), de Nicolau Aymerich y el Formicarius (1435) de Johannes Nider.

    El título Malleus Maleficarum, contiene la palabra maleficarum, la forma femenina del sustantivo, y los escritores declaran (incorrectamente) que la palabra femina (mujer) es una derivación de fe+minus, sin fe (o infiel, o desleal).

    El libro tuvo un profundo impacto en la histeria de la cacería de brujas y sus juicios en el continente europeo durante más de 200 años, persecución que alcanzó su máxima expresión de mediados del siglo XVI a mediados del XVII.

    Päginas del ‘Malleus Maleficarum’ (Especial)

    La caza de brujas como fenómeno generalizado caracteriza a Europa Central a inicios de la Edad Moderna. El Malleus Maleficarum fue la base para la persecución masiva de mujeres por la Iglesia y sobre todo por la justicia civil. Sembró entre teólogos y juristas la idea de una conspiración del Demonio para acabar con la Cristiandad, y al libro se remitían autores y demonólogos como el inquisidor italiano Bernardo Rategno da Como, el jesuita hispano-belga Martín del Río y el jurista francés Jean Bodin.

    Odio y temor hacia las mujeres

    Los dominico Kramer y Sprenger eran prolíficos escritores, y parte delMalleus Maleficarum es un resumen de un exhaustivo manuscrito sobre brujería escrito por Kramer. El libro también echa mano de obras deAristóteles, la Biblia, Agustín de Hipona y Tomás de Aquino para respaldarse.

    El sexismo y la misoginia del libro son innegables: la creencia de los autores de que las mujeres eran criaturas inferiores, más débiles y corruptibles, está enfatizada a lo largo de toda la obra.

    La misoginia del libro se apoya en la tradición cristiana. Es la primera vez que se establece un vínculo directo entre la mujer y la herejía de la brujería, y para eso reúnen una serie de ideas ya existentes pero dispersas sobre la mujer que toman del Antiguo y el Nuevo Testamento, de la antigüedad clásica, de autores católicos medievales y de los padres de la Iglesia. 

    Para el cristianismo, la virginidad siempre fue un ideal y, según El Martillo de las brujas, la mujer es peligrosa por su sexualidad, a pesar de ser necesaria para la reproducción. Según el texto, toda la brujería proviene del apetito carnal que en las mujeres es insaciable. La superstición se encuentra ante todo en las mujeres, el sexo frágil, porque las mujeres son más crédulas, más propensas a la maliginidad y embusteras por naturaleza.

    Ilustración de la “quema de mujeres-brujas” (Especial)

    El pecado que nació de la mujer destruye el alma al despojarla de la gracia, y todos los reinos del mundo han sido derribados por mujeres. Una mujer es hermosa en apariencia, contamina al tacto y es mortífero vivir con ella.Existen tres vicios generales que tienen un especial dominio entre las mujeres: la infidelidad, la ambición y la lujuria.

    Tomado como un todo, el libro declara que algunas cosas confesadas por las brujas, tales como transformaciones en animales, eran meras ilusionesinducidas por el Demonio para atraparlas, mientras que otros actos, como por ejemplo volar, causar tormentas y destruir plantaciones, eran reales.

    El libro habla detalladamente sobre los actos licenciosos y promiscuos cometidos por las brujas, su habilidad de crear impotencia sexual en los varones e incluso se pregunta sobre si los demonios podrían ser los padres de los hijos de las brujas.

    La visión que propone el libro es que, por un lado, están las brujas agresivas y, por el otro, los varones amenazados en su capacidad de erección y de reproducción. Hay capítulos enteros dedicados a contar cómo las brujas les arrebatan el miembro viril a los varones.

    Las brujas y la cristiandad

    A pesar de que la creencia en la brujería es anterior al cristianismo, no es sino hasta 1484 cuando el papa Inocencio VIII hace constar oficialmente la creencia de la Iglesia católica en su existencia, mediante la bula Summis desiderantes affectibus.

    Poco después surge el Malleus Maleficarum (escrito en 1486 y publicado en 1487), que se convirtió en la primera fuente a consultar para cualquier comprensión de la historia y la naturaleza de la brujería. A la vez, hizo accesible a un amplio público el concepto de la brujería demonológica, contribuyendo a la caza de brujas al atribuir autoridad y credibilidad a los procesos por brujería.

    Grabado sobre brujería y mujeres (Especial)

    El libro iba precedido por la bula papal auténtica, por lo que la posición de la Iglesia con respecto a las brujas agravó la crisis de las persecuciones y le dio su cariz particular incrementando el odio hacia las mujeres, además de encubrir las masacres. Aunque la Iglesia nunca aprobó la caza de brujas, fue hasta 1657 cuando explícita y oficialmente la prohibió en la bula Pro formandis.

    Durante el siglo XV, la Inquisición se dedicó a quemar más herejes que brujas, pero cuando los Estados feudales se organizaron como monarquías independientes del Papa, el poder punitivo se trasladó de la Inquisición a los jueces laicos de estas monarquías, quienes continuaron la tarea de la Iglesia de quemar brujas aún hasta el siglo XVIII, teniendo como base El Martillo de las brujas.

    Las mujeres

    Los cálculos sobre la cantidad de mujeres quemadas por brujas son  extremadamente distintos, pues van desde la cifra mínima de 60 mil hasta los 2 millones, y aún hay autores que hablan de más mujeres víctimas.

    En la actualidad no existe consenso, pero basados en las cifras parciales de que se dispone, algunos creen que el número total de procesos en Europa Central para toda la Edad Moderna podría llegar a ser de 110 mil, que habrían producido unas 60 mil ejecuciones. En la mayor parte de las regiones de Europa, la proporción de mujeres ejecutadas sobrepasó el 75 por ciento y en algunas llegó incluso al 90 por ciento.

    Muchas de estas mujeres eran curanderas o parteras, cocineras y comadronas, así como las encargadas de cuidar niños, pero fueron objeto de la caza de brujas. Gran parte de ellas eran de edad avanzada, mayores de 50 años, lo que se ajusta al estereotipo tradicional de la bruja. La mayoría de las mujeres acusadas de brujería eran solteras o viudas, y en general pertenecían a los estratos más bajos de la sociedad.

    —El Sacro Imperio Romano Germánico: Sus territorios sufrieron con mayor intensidad la caza de brujas, pues se habla de entre 20 mil y 30 mil ejecuciones, lo que supone alrededor del 40 por ciento del total. En un territorio del nordeste de Alemania, el Ducado protestante de Mecklemburgo, tuvieron lugar aproximadamente 4 mil juicios, que causaron unas 2 mil ejecuciones.

    —La Confederación Helvética: Fue otro de los lugares en los que se realizó una caza de brujas particularmente intensa. Se ha calculado que dentro de sus fronteras fueron ejecutadas unas 10 mil mujeres. En otros territorios autónomos como el Franco Condado y los Países Bajos la persecución fue también muy intensa. En Lorena, Nicolas Rémy envió a la muerte a 800 brujas entre 1586 y 1595, y a más de 2 mil a lo largo de toda su carrera.

    Las brujas de Salem, el capítulo americano de la cacería de brujas (Especial)

    —Francia: El número de ejecuciones, con ser elevado, fuesignificativamente menor que en los territorios del Imperio, con alrededor de 4 mil ejecuciones durante el siglo XVI. 

    —Islas Británicas (Inglaterra, Escocia e Irlanda)y colonias inglesas de América: La caza de brujas conoció una intensidad menor que en los territorios alemanes. Las cifras oscilan entre las mil 500 y las dos mil 500 mujeres ejecutadas. La mitad de las 234 víctimas en Nueva Inglaterracorresponde al año 1692, fecha de los conocidos Juicios de Sálem.

    —Escandinavia (Dinamarca, Suecia, Noruega, Finlandia): Se ha calculado un número total de alrededor de 5 mil procesos, de los cuales habrían resultado entre mil 700 y dos mil ejecuciones.

    —Este de Europa: El fenómeno de la caza de brujas fue bastante tardío (la mayor parte de los procesos tuvo lugar en el último tercio del siglo XVII y el primer cuarto del XVIII). La caza de brujas se concentró en Polonia, con 10 mil ejecuciones. En Hungría hubo alrededor de mil 500 procesos, de los cuales al menos 450 terminaron en ejecuciones. En cuanto a Rusia, Transilvania, Valaquia y Moldavia (Imperio otomano) la caza de brujas fue menor.

    —Región Mediterránea: Fue la zona de Europa en la que hubo menos ejecuciones por brujería. Si se excluyen las regiones alpinas de lengua italiana, entre Italia, España y Portugal (y los territorios ultramarinos en América de estos últimos), el número de procesos fue bastante elevado, pero la cifra de ejecuciones fue de alrededor de 500. 

    *Con información de National Geogrraphic, Lecturalia y Wikipedia

    AG

    http://www.milenio.com/cultura/el-martillo-de-las-brujas-y-la-misoginia-historica

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