CHILE: Carlos Irarrázaval, nuevo obispo auxiliar: “En la última cena no había ninguna mujer en la mesa y eso tenemos que respetarlo”


Soledad Del Villar. Le responde:

El nuevo obispo auxiliar de Santiago dijo al final de la entrevista: “si me equivoco en algo, por favor corríjanme” …. así que aquí voy con algunas cosas que me llamaron la atención…

1. Ser cura significa cuidar “almas”: si creemos en un Dios que se hace carne en Jesús, creemos también que seguirlo a el es cuidar almas y cuerpos… especialmente los cuerpos de tantos marginad-s, abusad-s, vulnerables… (Mt.25) Es más, separar alma de cuerpo es un dualismo que no es bíblico, una antropología simplista…

2. Quizás a las mujeres les gusta estar en la trastienda: Una generalización muy amplia, a muchas NO nos gusta y nos encantaría tener más responsabilidad, voz y protagonismo. Lo hacemos porque es en la mayoría de los casos el único espacio que nos dejan. Pero varias de nosotras queremos un rol más allá de “ayudar al cura”…

3. Solo había hombres en la ultima cena y eso hay que respetarlo: efectivamente en los tres sinópticos se dice que se sentó a la mesa “con los Doce”, en Juan dice que con sus “discípulos” (entre los que sabemos, había también discípulas). Una biblista feminista diría que esto no necesariamente significa que habían solo hombres, sería muy extraño que en una cena judía de pascua no hubiesen mujeres involucradas. Por otro lado, sabemos de otros pasajes del evangelio en que solo se contaron a los hombres (unos 5.000 en la multiplicación de los panes)… y luego se menciona que además habían mujeres y niños… lo mismo pasa cuando se habla de “los discípulos” he ahí un criterio hermenéutico clave. No asumir que porque no están nombradas no estaban. Mas bien asumir lo contrario. Ahora, incluso si históricamente fuera cierto que solo habían hombres esa noche, entre los doce había un traidor y 11 cobardes que arrancaron cuando llegó la crucifixión. No era un grupo muy de confianza parece. Solo las mujeres lo acompañaron, y luego fueron las mujeres las primeras en saber de la resurrección. Si vamos a hacer una division sexual del trabajo eclesial basado en el relato de la pasión… entonces los hombres solo podrían sentarse a comer en la mesa, y las mujeres serían las únicas capacitadas para anunciar la buena nueva de la resurrección, deberían monopolizar la palabra… Pero hasta donde yo sé nunca las mujeres han usado su protagonismo en una escena bíblica para reclamar para si el monopolio del poder o de la palabra en una comunidad… entonces, porque los hombres sí lo hacen?

4. No pongamos al hombre contra la mujer, no peleemos por el protagonismo y el poder: de acuerdo, la división por la división, el conflicto por el conflicto no aportan mucho. Pero entorno al rol de la mujer en la Iglesia, la pelea no es por quien es el “más grande” (lógica masculina que aparece repetidamente en los evangelios y es condenada por Jesús) sino simplemente por igualdad en responsabilidades y roles. No nos interesa reemplazarlos. Nos interesa compartir el poder y las responsabilidades, tener voz, dejar la trastienda. Porque cuando ustedes tienen o adquieren poder son héroes con vocación “al servicio” de la comunidad? Y cuando las mujeres piden lo mismo somos trepadoras, ambiciosas y generamos división?

5. Y sobre el arroz recalentado: creo que queda bastante arroz añejo en los refrigeradores del clero… y ojalá que se lo sigan comiendo por un buen rato. Me encantaría cocinarle algún día un arroz fresquito y sentarnos a comer juntos, como iguales, en la misma mesa. Pero mientras aquello no sea posible, quédese con su arroz recalentado.

Fuente: remitido al e-mail

“No hay nada que pueda contra la voluntad de un pueblo a resistir”


VIRGINIA BENEDETTO, SOBRE LA REVOLUCIÓN DE LAS MUJERES EN KURDISTÁN

  • La reportera gráfica estuvo un mes en un territorio arrasado por la guerra, de donde emergió, desde la montaña, un movimiento liderado por mujeres. El resultado visible: la muestra que se exhibe hasta el viernes en la Legislatura provincial.
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La reportera gráfica en la presentación de su muestra, el miércoles en la Legislatura santafesina.

Foto: Luis Cetraro.

Nancy Balza

nbalza@ellitoral.com

Tres años le llevó a Virginia Benedetto, reportera gráfica, docente y documentalista, preparar su viaje a Kurdistán, “la etnia sin Estado”. Un mes permaneció en ese territorio asolado por la guerra, retratando y aprehendiendo la vida de su pueblo perseguido. Mucho más tiempo lleva elaborando esa experiencia que la conmovió y que aún sigue procesando para sus adentros. El resultado de aquella travesía es “Soresa Jinê, la revolución de las mujeres”, la muestra fotográfica que la Legislatura santafesina habilitó al público el último miércoles, por iniciativa del diputado Rubén Galassi, y que permanecerá abierta al público hasta el 31 de mayo.

“Volví en noviembre: parece mucho pero es poco para procesar todo aquello”, contó a este diario en horas previas a la inauguración. Y deja, en una frase, apenas una de las tantas convicciones que trajo en el equipaje: “La revolución de las mujeres es la revolución de este siglo”.

—¿Qué significa “Soresa Jinê”?

—La revolución de las mujeres, en kurdo.

—¿Aprendiste el idioma para viajar?

—No, aprendí sólo algunas palabras que tenían que ver con el respeto por llegar a una cultura diferente, sobre los modos de saludar, de agradecer, de comprender cuando hay una situación de peligro: “tengo hambre”, “tengo sed”, “tengo miedo”.

—¿Tuviste que usar la expresión “tengo miedo” en algún momento?

—No la usé directamente pero sí lo he sentido. Turquía tiene una política de opresión continua contra el pueblo kurdo y utiliza toda la tecnología disponible para destruirlo. Utilizan los drones que detectan el movimiento y en menos de diez minutos despega sus aviones de guerra y bombardea. Esas son situaciones de tensión. Por otro lado, esta revolución es a nivel de la cabeza, a nivel subjetivo; es enfrentar el miedo de otra manera. A pesar de estar en esa situación de riesgo, se sigue adelante, tomando recaudos -por supuesto-, pero sin dejar que el miedo entre en la cabeza. Es lo más importante para enfrentar esas situaciones de tensión. Al principio era mucho más difícil para mí incorporar eso porque, desde el primer día que llegué, teníamos los drones encima. Pero con el paso de los días y viendo que la gente sigue adelante, lo empecé a incorporar de otra manera. No significa que no sienta el peligro.

—¿Cómo se gestó este proyecto?

—Me enteré de que en Kurdistán había una revolución y que las mujeres eran las protagonistas. Conocí el proceso de la revolución cubana, porque me sentí identificada políticamente, pero no me da la edad para haber vivido esa época. Después de este viaje, tengo la certeza de que la revolución de las mujeres es la revolución de este siglo. No solamente en Kurdistán sino en todos los espacios en que nos estamos organizando.

—¿Cómo te preparaste para el viaje?

—Tuve que investigar, generar contactos, ganarme la confianza para hacer un trabajo que muestra aquello que es posible sin poner en riesgo el proceso que se está desarrollando. Había que generar una confianza para ingresar a esos lugares. Fue un proyecto de tres años para un viaje que se cayó dos veces, porque no se podía ingresar por los bombardeos. Y la última vez decidí que lo iba a hacer como fuera. Y así fue.

—¿Cuánto tiempo estuviste allá?

—Estuve un mes.

—¿Qué alcanzaste a “absorber” de esa cultura?

—Todavía estoy procesando muchas cosas de las que viví. Puedo decir que Kurdistán es una sociedad en términos diferentes del capitalismo, distinta del modo en el que generalmente vivimos. Por otro lado, me quedé con la certeza de que no hay nada que pueda contra la voluntad de un pueblo. Nada. Ni siquiera los bombardeos, las masacres, los genocidios. Cuando un pueblo está decidido a resistir, no hay nada que pueda contra eso. Es lo más potente de todo. Creo que Kurdistán es un ejemplo de eso; es un pueblo que históricamente ha sido asediado, bombardeado, masacrado. En la región conviven diferentes pueblos y la idea es que convivan entre sí; no que se adapten a la idiosincrasia kurda, sino que cada uno viva como era antes de la formación del Estado turco. Dentro de la región de Turquía viven 20 millones de kurdos de los 40 millones que son en total, y no plantean la destrucción del Estado turco sino vivir de acuerdo a su cultura, su idioma y su religión. Porque todo eso fue prohibido, tuvieron una política de aniquilación donde les negaron su historia. Este movimiento kurdo es la vanguardia de otros pueblos que habitan esta región: asirios, yazidíes, árabes. Y su objetivo es vivir bajo el régimen político del Confederalismo Democrático que tiene cuatro líneas bien marcadas: el protagonismo de las mujeres, la naturaleza, la convivencia de diferentes culturas y religiones, y la autodefensa. Pero tienen dos frentes abiertos: uno es el frente islámico, que tampoco tolera nada por fuera de su ideología, y el otro es el Estado turco.

—En todo ese contexto, ¿cuál es la situación de las mujeres?

—En el contexto previo a la revolución era una situación de opresión: las mujeres no podían salir de su casa ni estudiar, y esperaban a que viniera un marido a decirles lo que tenían que hacer, como antes lo habían hecho sus padres y hermanos. La revolución transformó esa concepción de la vida, rompió con el patriarcado y con algunas cuestiones naturalizadas. Por supuesto que es un proceso. Siempre recuerdo el caso de una mujer que es del pueblo Yazidí, que vivió 74 genocidios. Ella fue esclava del ISIS, asesinaron a sus cuatro hijos, venía de una vida muy opresiva y cuando las fuerzas de autodefensa kurdas entraron a defender al pueblo de la masacre de miles de muertos y bombardeos que dejó el ISIS, dijo: “Desde que conocí el movimiento de mujeres, sé que ningún hombre tiene que decirme cómo tengo que vivir”. Ese ejemplo me pareció muy gráfico para pensar cómo esa revolución, que surge en las montañas, se traduce al resto de la población. La educación se piensa bajo un pensamiento libre y con mucho desarrollo de teatro y literatura, para que se expresen niños y niñas que viven “muy para adentro” en un contexto de guerra. Todo está pensado por el bien de la sociedad.

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Ciudad de Kobane, en el Kurdistán sirio, destruida por el ataque del autodenominado Estado Islámico y Turco, y liberada por las fuerzas de autodefensa kurdas. Foto: Gentileza Virginia Benedetto.

—Decís que éste es el siglo de las mujeres y que te quedaste pensando en muchas cosas que viviste en Kurdistán, antes de volver al país donde el tema género está en un primer plano. ¿Podés hacer un paralelismo entre los dos lugares?

—Sí, primero que ellas saben qué es lo que sucede en todos los lugares del mundo, porque estudian todos los movimientos de mujeres del mundo. Saben perfectamente lo que sucede en la Argentina. De hecho, cuando saqué allá el pañuelo verde (símbolo de la Lucha por el Aborto legal, seguro y gratuito), una de ellas me dijo en castellano “Ni una menos”. Creo que el paralelismo fundamental tiene que ver con que la lucha es contra el patriarcado, que es un sistema y está en todos lados. Y otro es la solidaridad entre los pueblos, algo que se hace necesario. No hay otro modo.

—¿Cómo se ubica el varón ante esa revolución de las mujeres?

—El hombre construye esa revolución junto a las mujeres. Los hombres y las mujeres se interrogan sobre sus prácticas, no únicamente las políticas, sino también las individuales que también son políticas. Un miliciano que está hace 20 años luchando en la montaña tiene que interrogarse sobre su relación con su hermana, con su madre. Y es un ejercicio colectivo. Nunca un problema es del individuo en sí, sino de la sociedad a la que pertenece ese individuo. No tienen, en general, una política punitivista: si un hombre ejerce violencia de género sobre una mujer, tiene la obligación de formarse en género. Si ese hombre no lo cumple y vuelve a cometer un acto de violencia hacia su compañera, es expulsado de su casa. Es el hombre el que tiene que irse de la casa. Y las fuerzas de autodefensa garantizan que eso ocurra.

—¿Qué es lo que mostrás a través de tus fotos?

—La idea es mostrar la lucha de las mujeres kurdas desde un lugar de resistencia. Por supuesto que los lugares de destrucción están, viven en un contexto de guerra y lo que padecen es terrible. Nosotros no lo podemos dimensionar: la guerra es avasallante y no hay modo de transmitir sus marcas. Pero ante todo eso hay una alternativa de Confederalismo Democrático, que es un proyecto de paz para Medio Oriente. Ellas lo piensan desde ese lugar, de proponer una forma de vida de paz para Medio Oriente. Mi trabajo muestra a las mujeres desde un lugar de resistencia, de cómo se organizan y no únicamente desde este contexto de la guerra o con un fusil, como se ha hecho, para ligarla al terrorismo. Por supuesto que están, pero la autodefensa es, para ellas, algo que va mucho más allá de la lucha armada, que es una consecuencia del contexto de guerra en que viven.

PERSONAL

—¿Estás pensando en otro proyecto?

—Sí, vinculado con las mujeres, con la tierra.

—Lo tuyo va más allá del trabajo como reportera gráfica.

—Trabajo como fotoperiodista, pero tengo además una mirada documentalista. Me interesa la fotografía desde la vertiente que pensó a la fotografía como una herramienta de denuncia y transformación, y de poner voz en quienes no la tienen. Hice el camino del Che Guevara por La Higuera, en Bolivia, y trabajé con el conflicto mapuche antes y después de (la muerte de) Santiago (Maldonado). Además, trabajo como docente y trato de construir con los estudiantes un conocimiento que vaya más allá de lo establecido institucionalmente con la idea de que uno no pase de largo por la vida. Por supuesto que estos trabajos dejan marcas, nada es inocuo. Pero creo que esas marcas valen la pena.

—¿Qué significa la fotografía para vos?

—La Asociación de Reporteros Gráficos hizo una entrevista hace algunos años a Osvaldo Bayer, un 24 de marzo, para que hable del lugar de la fotografía y él dijo: “La fotografía es la memoria eterna”. Y me pareció tan gráfico, además de que lo admiro profundamente. La fotografía es historia y, al serlo, hay un compromiso ético mayor de cómo se cuenta esa historia y es el lugar desde donde uno se para y de la sociedad que quiere construir.

HASTA EL 31

La muestra “Soresa Jinê, la revolución de las mujeres” va a estar expuesta en el hall de la Legislatura provincial (General López 3055) hasta el próximo 31 de mayo.

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Cooperativa de pan donde trabajan las mujeres en el Kurdistán iraquí

Foto: Gentileza Virginia Benedetto.

CONTEXTO

La reseña que acompaña la presentación indica que los kurdos constituyen un pueblo perseguido y prohibido por la cultura dominante y patriarcal de Turquía y también por ISIS. Son una nación de más de 40 millones de personas, sin territorio (les fue arrebatado), que se ubica entre Siria, Irak, Irán y Turquía, e intenta mantener viva su cultura, habitando en las montañas y apelando a la autodefensa.

El modo de organización política es el Confederalismo Democrático, régimen político que tiene líneas fundamentales: el protagonismo de las mujeres, la autodefensa, la convivencia de las diferentes culturas y religiones, y la ecología. En lo económico la organización es comunitaria y está sujeta a las necesidades de la sociedad en la que viven.

http://www.ellitoral.com/index.php/diarios/2019/05/25/politica/POLI-09.html

Mujeres católicas en medio de todo


Un punto de vista por Mary E. Hunt

Vaticano con un rayo en el fondo

Las feministas católicas enfrentan tiempos difíciles. La institucionalidad de la Iglesia Católica Romana está implosionando ante nuestros ojos cuando el abuso sexual del clero y su encubrimiento se desarrollan con detalles cada vez más complicados. A muchos de nosotros nos resulta difícil participar en la adoración en cualquier entorno institucional; aún más personas están cuestionando los conceptos básicos de una tradición de fe que se ha distinguido por su comportamiento homogéneo, la transfobia y la misoginia al mismo tiempo que son dirigidos por clérigos cuya vida personal nos hace ver como Girl Scouts en el campamento de verano.

Ofrezco un resumen de los principales contornos para profundizar nuestros lazos comunes como amigos y colegas ecuménicos / interreligiosos y para sugerir cómo todos podemos ayudar sin ser acusados ​​de anti-catolicismo. Mi punto de partida es como una feminista blanca educada en teología en los Estados Unidos. Viajo y leo mucho para tener una idea del panorama más amplio, aunque se lo dejo a las mujeres en otros entornos para articular sus propias realidades.

El principal problema que se plantea a los católicos es simplemente si las mujeres son miembros de la comunidad católica, iguales o iguales, o no. La respuesta corta y honesta es que no lo somos. La ordenación, que confiere responsabilidades sacramentales / ministeriales y el derecho a la jurisdicción o la toma de decisiones, está reservada a las personas de sexo masculino (en latín, vir) . Hasta ya menos que las mujeres y los hombres sean elegibles para la ordenación, este modelo de poder asimétrico hace que el catolicismo sea impotente en sus afirmaciones sobre los valores del Evangelio. También deja a más de mil millones de personas en la estacada espiritual, ya que están surgiendo opciones de fe igualitaria más inclusivas y, afortunadamente, más acogedoras.

En un nivel práctico, esta disparidad hace que las mujeres católicas participen en muchas formas de servicio a la iglesia pero sin poder de toma de decisiones. Incluso los problemas locales más mundanos, por ejemplo, qué grupos pueden usar un salón parroquial, cómo se gastará el dinero donado a la comunidad, quién presidirá los sacramentos y demás, están totalmente fuera de las manos de las mujeres. Por ejemplo, es común que las mujeres preparen a los niños para la primera comunión y luego permanezcan ociosas mientras un sacerdote varón dirige la celebración.

En el catolicismo, el sexismo se eleva a un nivel ontológico. Los sacerdotes son vistos como categóricamente diferentes; leer eso como: mejor que los laicos. Incluso la ministra más educada y más hábil no tiene una posición eclesial al lado del hombre menos preparado. Me apresuro a señalar que aquellos de nosotros que nos oponemos a este modelo de sacerdocio no tenemos interés en replicarlo para que algunas mujeres puedan ser ontológicamente mejores que el resto de la humanidad. Pero es importante reconocer que esta enseñanza teológica está en el corazón de la experiencia católica. No está anticuado, anticuado, pasado de moda; más bien, es la realidad de hoy, cincuenta años de teología feminista más tarde.

El abuso generalizado por parte de sacerdotes de monjas y otras mujeres laicas está entrando en una conversación pública. Las mujeres indias, por ejemplo, han denunciado violaciones cometidas por sacerdotes durante muchas décadas, pero solo ahora están viendo a algunos de los autores acusados. Persiste la continua erosión de la justicia sexual y reproductiva, especialmente cuando se trata del aborto. Esto es particularmente irritante dado el estímulo institucional para la duplicidad en torno a la sexualidad. Ahora se supone que la mayoría de los sacerdotes son homosexuales, pero en el armario, sin embargo, se atreven a pronunciar lo que las mujeres deben hacer con nuestros cuerpos. Esta es una receta para que las mujeres salgan de sus parroquias, llevándose a sus hijos con ellas. Como la mayoría de las congregaciones católicas son mujeres, la escritura está en la pared.

Escalera de caracol

Mientras que la ordenación sacerdotal de mujeres está fuera de la mesa, el Papa Francisco fue acorralado hace tres años para considerar el tema del diaconado para mujeres. Tuvo la temeridad de bromear: “cuando quieres que algo no se resuelva, crea una comisión”. Así lo hizo, y el grupo estaba compuesto por personas que vieron el problema de manera muy diferente.

Parece haber consenso entre los eruditos de que había diáconos en la iglesia primitiva que atendían a las mujeres y los niños. Manejaron el bautismo por inmersión de mujeres desnudas; examinaron a las mujeres golpeadas en busca de magulladuras para poder disolver los matrimonios (ni una palabra sobre lo que les pasó a los abusadores) En resumen, las mujeres diáconos se dedicaban al servicio, que es lo que también quieren las mujeres de hoy.

El problema es que, a lo largo del largo camino histórico, la forma masculina de ser un diácono se dividió en dos: una forma de ser una etapa temprana de ordenación después de la cual uno pasaría a ser sacerdote y la otra forma de ser un estado permanente en la Iglesia, los llamados diaconados transicionales y permanentes, respectivamente.

Los progresistas temían que la comisión solicitaría un diaconado de segunda clase, a saber, diaconisas, en el que las mujeres no serían elegibles para una futura ordenación al sacerdocio. Tampoco se dedicarían a las tareas diaconales comunes de predicar, presidir bodas y más. En su lugar, se les encomendaría el manejo de lo que equivale a “trabajo de mujeres”, liberando a los sacerdotes y diáconos masculinos para asuntos más sustantivos.

En una conferencia de prensa a 35,000 pies, en un avión que regresaba de Bulgaria, el 7 de mayo de 2019, el Papa Francisco explicó que la comisión no pudo llegar a una conclusión común, por lo que no habría mujeres diáconos. Aparte del absurdo de esperar o inferir que cualquier comisión de este tipo llegaría a la unanimidad en una pregunta tan pegajosa, el Papa no pudo resistirse a decir que los grupos paganos tenían mujeres sacerdotes y, bueno, no somos paganos, ejem. . .

Ni siquiera de acuerdo con la pregunta sobre la dignidad de un documento o declaración de prensa, esta última salva papal refleja siglos de maltrato a las mujeres y la estupidez eclesial cuando se trata de rechazar las ofertas de servicio de buena fe de las mujeres. Incluso yo, que aconsejo contra el diaconado para las mujeres como una trampa obvia para promover la subordinación de las mujeres en la Iglesia Católica Romana, simpatizo con las mujeres que se sienten llamadas a este trabajo y han tenido agua fría y profana en sus rostros una vez más.

El Papa Francisco tiene sus fortalezas cuando se trata de asuntos económicos y ambientales. Pero tiene un déficit decidido cuando se trata de algo que tiene que ver remotamente con las mujeres. No me interesan los aspectos psicológicos y espirituales que las personas ensayan para excusarlo. No se trata de él. Se trata de la igualdad en el siglo XXI, que tiene un carácter cualitativamente diferente a la igualdad en el siglo XIX. Ignorar la antropología contemporánea es como ser un negador del clima. Es simplemente una tontería, y por ahora es una ignorancia culpable.

Mientras tanto, muchas mujeres católicas se han abierto camino de ninguna manera. Algunos han abandonado la institución y ahora adoran y / o ministran en otras tradiciones, cristianas y no. El budismo ha visto una afluencia de católicos, al igual que la Iglesia de Cristo Unida y los universalistas unitarios. Otras mujeres se han ordenado en grupos como los Peregrinos de Mujeres Católicas Romanas, la Comunión Católica Ecuménica, la Asociación de Mujeres Sacerdotes Católicas Romanas y otros grupos que se modelan sobre algunos aspectos del catolicismo y rechazan otros, pero al menos ordenan a mujeres. Todavía otras mujeres católicas por tradición no tienen ninguna afiliación o práctica religiosa y parecen estar bien.

Techo de san pedro

El impacto real de la implosión de la iglesia está en aquellas personas a las que considero “personas al borde de las bancas”. Son personas que asisten a misa en Navidad y Pascua, quizás algunos otros domingos cuando el tiempo lo permita, pero que esperan que Los bautizos familiares, bodas y funerales se llevarán a cabo en espacios católicos de manera católica. No pertenecen a iglesias de casas pequeñas ni a comunidades eucarísticas intencionales; no están al tanto de las últimas disputas internas, ni están interesados. Pero están profundamente escandalizados por la creciente reputación de la Iglesia Católica Romana como un refugio para perpetradores sexuales y aquellos que encubren actividades delictivas. No quieren más parte de eso.

Si lo pensaran dos veces, podrían conectar algunos puntos. Por ejemplo, como los laicos, las mujeres y los hombres no tienen agencia cuando se trata de tomar decisiones, no hay sínodos para asistir a votar sus opiniones, no hay una reunión anual para decidir sobre el presupuesto de la parroquia, no hay un comité de búsqueda para encontrar un nuevo obispo. La mayoría de ellos están tan ocupados trabajando para alimentar a sus familias que tales preocupaciones están muy abajo en su lista de prioridades. Entiendo eso, pero las consecuencias son muy injustas. Aquellos de nosotros que estudiamos estos asuntos estamos obligados a plantearlos una y otra vez, a pesar de lo agotador que resulta repetir lo obvio, porque las personas buenas están siendo tratadas mal. ¡No en mi reloj!

Me imagino que muchos colegas ecuménicos se preguntan por qué a las mujeres católicas se les molestan más. ¿De cuántas maneras debemos decirnos que no antes de decidirnos a pasar a campos más fructíferos? Tengo dos razones para incluso plantear estas cuestiones. Primero, la injusticia es injusticia, y se hace aún más atroz por tener que hacer, en este caso, con temas que son profundamente formativos, espiritualmente arraigados y que afectan a las personas de manera profunda. Dicho sin rodeos, no permitiré que otra generación de niñas reciba las mentiras de las generaciones anteriores. Sabemos mejor, e implementaremos una mejor teología.

En segundo lugar, y quizás lo más revelador, el daño causado por el pensamiento dualista y jerárquico es incalculable. Las raíces del cambio climático, por ejemplo, están muy arraigadas, en contra, contra nosotros, las formas de pensar de hombres y mujeres que fomentan el excepcionalismo humano (estamos a cargo) y desalientan a la comunidad cósmica. Repito, no en mi reloj.

Entonces, ¿cómo pueden los colegas ecuménicos participar en este trabajo sin ser acusados ​​de anti-catolicismo? Comience pensando y hablando y actuando como si un “católico” fuera una cosa de muchos esplendores. La trampa más fácil de caer es que la Iglesia católica romana institucional es lo que significa ser católico y el resto de nosotros también somos rans. Eso no es cierto. Entonces, en lugar de invitar a un obispo que usted sabe que no asistirá a su evento interreligioso, invite a un laico católico.

Entonces es un paso rápido para etiquetar ciertas posiciones teológicas como católicas, como la oposición al aborto. Más bien, comience a considerarlo como un punto de vista católico, aunque de la iglesia institucional, entre muchos otros puntos de vista católicos. ¡Puede que te sorprenda lo católico que eres realmente, o, mejor aún, cuán protestantes, interreligiosos o incluso religiosos son los católicos! Eso es lo que significa vivir en un ambiente religioso pluralista.

El Papa Francisco tiene sus fortalezas cuando se trata de asuntos económicos y ambientales. Pero tiene un déficit decidido cuando se trata de algo que tiene que ver remotamente con las mujeres. – Mary E. HuntCLICK TO TWEET

No permitiré que otra generación de niñas reciba las mentiras de las generaciones anteriores. Sabemos mejor, e implementaremos una mejor teología. – Mary E. HuntCLICK TO TWEET.

.. el daño causado por el pensamiento dualista y jerárquico es incalculable. – Mary E. HuntCLIC PARA TUITEAR

© 2019 por Christian Feminism Today.

Fuente: https://eewc.com

Mary Karr: “Tenemos una idea en la cabeza: las mujeres no tienen poder, usan el sexo para conseguir favores de hombres poderosos”


Anatxu Zabalbeascoa

Mary Karr.
Mary Karr. VINCENT TULLO

18 MAY 2019 – 17:00 COT

Desde que publicó en 1995 El club de los mentirosos, la primera de sus tres novelas memorialistas, Mary Karr es conocida en todo el mundo. Ahora se traduce al castellano Iluminada, el tercer libro de la serie. Todos ellos son de una crudeza sorprendente. La vida de esta mujer ha sido terrible: sus padres eran borrachos, fue violada dos veces y fue adicta a la cocaína y al alcohol. Además de novelista y poeta, Karr es desde hace 30 años profesora en la Universidad de Siracusa (Nueva York).OtrosConéctateEnviar por correoImprimir

SU NOVELA El club de los mentirosos marcó un antes y un después en el género de las memorias en EE UU. Tan cruda como desternillante y conmovedora, recrea su infancia con una madre culta y alcoholizada, mientras su padre se evadía bebiendo con sus amigos, los mentirosos. Desde hace 30 años, Mary Karr (Groves, Texas, 1955) da clase en la Universidad de Siracusa (Nueva York). Ha firmado ensayos, como El arte de la memoria, y tres poemarios autobiográficos. Ahora se traduce al castellano su tercera memoria, que da cuenta de su propio alcoholismo, su cura, su transformación en escritora y su encuentro con una fe que es más fe en el ser humano que en ningún dios. Iluminada es, para Karr, su texto más maduro, un viaje a través de la maternidad, la culpa, la caridad y el humor. En su pequeño y luminoso apartamento, en el Upper East Side de Nueva York, hay un rincón con cojines: el reclinatorio donde reza a diario. Karr es diminuta. Parece que pesa medio kilo. Su fuerza y desvergüenza mantienen la cara de la niña despierta que fue. Dice que está sola y que es más feliz que nunca. No elude ningún tema: ni sus adicciones ni su noviazgo con David Foster Wallace. Ha hecho scones, no para el té de las cinco, más bien como quien se los come a mordiscos en el parque: los unta directamente en la mantequilla.

¿Qué le dio el valor de rebuscar en una infancia tan difícil? Necesitaba el dinero. Acababa de divorciarme. Tenía un niño de cinco años y no tenía coche.

Su franqueza marcó un antes y un después en el género. ¿Solo se aporta desde la sinceridad? Muchas mentiras venden libros. Lo que conmueve no tiene por qué ser verdad. Pero al mentir, cierras la puerta de la verdad. Puedes pensar que mientes en un detalle insignificante, pero la elección afecta al todo porque tu mente buscará lo bonito.

¿Tuvo que luchar para no embellecer su infancia?Uy, no. Si uno crece en una familia de alcohólicos sabe que mienten todo el rato. En plan “Ne stoy brrascha” [imita] ¿sabes? Eso, de niña, me volvía loca. Luego, cuando salí al mundo, estaba tan deprimida, herida y atrapada que empecé terapia con 19 años.

“Hay muchas mentiras que venden libros. Lo que conmueve no tiene por qué ser verdad. Pero al mentir cierras la puerta de la verdad”

En Iluminada explica cómo un profesor la ayudó. No me dijo que necesitaba ayuda, me la buscó. Él y su mujer se inventaban trabajos tontos para poder pagarme y que yo pudiera pagar la terapia. Esa terapeuta dijo que tenía que ir a ver a mi madre y preguntarle por qué había intentado matarme con un cuchillo. Hasta entonces la creía cuando decía que si no tuviera hijos sería más feliz. Claro que no lo hubiera sido.

La maternidad puede ser una opresión. Claro. Los hijos son vampiros, chupamos la sangre. Pero tuve uno. Y entonces es cuando te das cuenta de cómo ha sido tu madre. Yo no tenía ni idea de cómo serlo, carecía de referencias.

¿Su hermana no la ayudó? Mi hermana se casó con un tipo del Ku Klux Klan y yo tenía un novio negro. La última vez que la vi me tiró un secador de pelo a la cabeza. Se parecía a mi madre, aunque nunca bebió. Fui a terapia durante años. Pero lo que me curó fue dejar de beber.

¿Por qué empezó a leer memorias tan temprano?Porque no sabía cómo ser una persona. No sabía cómo vivía la gente. Intuía que lo que hacíamos nosotros era raro y equivocado. Tampoco sabía cómo convertirme en escritora.

Pero sabía que quería serlo. Solo tenía a los libros.

Y se los debe a su madre. Sí. Era tan lista…

Tan lista que siendo alcohólica, hereda y se compra un bar… Le diré algo, mi madre era tan competente…, tenía una mente fuera de serie, habilidad para dibujar o construir una casa, pero la maternidad es escribir con una mano y hacer la comida con la otra en parte por tu propia autoexigencia, no porque nadie espere tanto de ti. Es enloquecedor. Nos educan con esa autoexigencia.

¡No a usted! La sociedad lo hace. Cuando tu casa no funciona buscas referencias fuera. Las chicas jóvenes nos van a sacar de ese círculo vicioso.

¿Teme que el movimiento MeToo se convierta en una moda? Le diré lo que pienso. Cada semana una joven entra en mi despacho de catedrática para decirme que ha sido o fue violada. Llevo 30 años dando clase y ha pasado siempre. Tenemos una idea metida en la cabeza: las mujeres no tienen poder, usan el sexo para conseguir favores de hombres poderosos y luego se arrepienten o avergüenzan y culpan a los hombres. Ese es el punto de vista masculino. Mientras eres amable, los hombres te protegen. El minuto en que dejas de serlo, empieza la batalla. Y vas a perder. Cuando me gradué en Princeton, el director del programa se puso ante la puerta de su despacho. No me tocó, pero se humilló contándome que había sido gordo y que las chicas no le hacían caso para que me acostara con él. Le dije que yo había sido flaca y rara y que eso no importa. Estuvo 45 minutos sin apartarse de la puerta. Le dije: “Va a tener que venir aquí y violarme, pedazo de cerdo”. Al final decidió que estaba loca. Lo peor llegó luego. Dijo a los profesores que me había pedido en matrimonio y me había burlado de él.

Mary Karr: “Tenemos una idea en la cabeza: las mujeres no tienen poder, usan el sexo para conseguir favores de hombres poderosos”
VINCENT TULLO

En Princeton. Sí. Las profesoras le creyeron. Mis estudiantes negros se quejaban de que les pedían el carnet. Decían que tenían miedo de que los mataran. Y yo le restaba importancia: “¿Y qué más?”. Me equivocaba. Nuestra generación de feministas se equivocó. Hemos permitido que todo esto siguiera mirando para otro lado, no perdiendo el tiempo en lo que creíamos que no podía cambiar.

¿Qué aconseja a las alumnas que le cuentan una violación? Que si quieren cambiar las cosas deben denunciar y estar preparadas para que no las crean.

Se lo cuentan porque usted contó en sus libros que sufrió dos violaciones. Sin embargo, no destapó a los violadores. En los libros cambié todos los nombres salvo los de mi familia. En mi barrio había niños catalogados como “malos” por los vecinos. Ninguno me hizo nada. El que me violó venía de una de las “buenas familias”. Lo describí con corrector dental para que la gente supiera que no era de los pobres. Cuando lo publiqué, otra chica me contó que la violó. Se lo dijo a su padre y él se pegó un tiro. Quiso matar al tipo, se emborrachó y acabó matándose. El hermano de mi violador es uno de mis mejores amigos. Se lo dije hace poco y fue maravilloso porque no dudó de mí.

¿Le preguntó por qué no lo había dicho antes? Es siempre lo mismo: no quieres causar problemas. Cuando les dije a mi hermana y a mi madre: “Me violaron dos veces, primero el vecino, luego tu segundo marido”. Ella dijo: “Qué hijos de puta”. Y mi hermana: “Vamos a pedir comida mexicana”. Eso fue todo.

¿Por qué no podemos ser amables para poder sentirnos libres? La amabilidad les ha permitido imponerse por la fuerza durante años. Pero no podemos hablar así de los hombres. Es un porcentaje pequeño el que hace eso. Los mejores están descolocados preguntándose qué han hecho mal. Pero cuando uno abusa, no le dice a alguien que tiene las piernas bonitas. Lo coge, lo fuerza y le impide que se mueva. La imaginación es otra cosa. Yo me he imaginado tirándome al repartidor de leña. Eso es la fantasía, una maravilla que nada tiene que ver con los hombres que se masturban en el metro o con el profesor de Princeton, al que por cierto despidieron: se había acostado con ocho estudiantes.

Y eso que era gordo y feo. Pero tenía el poder. ¿Cuál es la lectura? Que las chicas querían subir nota. Yo no compro esa defensa del abuso de poder. No me interesa ser amable si no me respetan. Su defensa es que no se puede ni piropear, cuando lo que no se puede está muy claro.

¿Es más fácil comunicar el dolor? Hay una frase que atribuyen a Tolstói pero que escribió Henry de Montherlant: “La felicidad escribe en blanco”. El dolor exige voluntad, huir de él o repararlo. La lucha, el grito o el insulto duran mientras que la dulzura se derrite como azúcar en agua. En el mundo hay maldad, pero también hay mucho amor, que es lo que nos salva. Está en todas partes, incluso en esta conversación. Con 20 años yo hubiera estado pensando: es más guapa que yo o más cosmopolita…

Su verdad es el horror y lo mejor. Su madre trató de matarlas, pero también las instruyó. Los contrarios conviven. Antes de cumplir 15 años leí a Sartre, a Shakespeare, Neruda, Lorca o T. S. Eliot. La verdad es un terreno complejo.

“La naturaleza del alcoholismo es progresiva. Beber funciona. Cuando empiezas es maravilloso. Luego empeora y ya no deja de empeorar”

Su adolescencia fue una búsqueda, se fue de casa con 17 años. Y una sucesión de adicciones. En los setenta, en California, era más fácil conseguir drogas que cerveza. Estuve tan enganchada a la cocaína que supe que no podía tomar más. Hoy cuando voy al dentista no tomo analgésicos. Me dan miedo.

Su mayor adicción ha sido el alcohol. ¿Qué la desencadenó? Tener un hijo cuando no había sido niña. Saber que eres responsable de un ser tan vulnerable cuando nadie se ha hecho responsable de ti es psicológicamente duro. Ahora sé lo que necesito: una vida organizada, ver a amigos y cuidarme. Eso me hace fuerte. Y libre.

Dedicó Iluminada a su hijo. ¿La ha leído? No. Leyó El club de los mentirosos, aunque quité las páginas de la violación.

¿Por qué? Es demasiado gráfico. Sabe que fui violada, pero no necesita tener esas imágenes en el cerebro.

¿Por qué está peor vista una mujer borracha que un hombre borracho? Se supone que aguantamos peor el alcohol. Yo creo que un hombre no aguanta a una alcohólica de la manera en que las mujeres aguantan a su pareja alcoholizada.

Lleva 30 años sin probar el alcohol. Fue a reuniones de Alcohólicos Anónimos en Boston. ¿Hubiera sido distinto en Texas, donde creció? Oh, también he ido en Texas. Y en España, en Vietnam… Vas cuando lo necesitas. A veces somos tres en la parte trasera de una tintorería. Estableces relaciones de extrema cercanía con gente que nada tiene que ver contigo salvo la cosa más importante de tu vida.

¿Y siempre ayuda? La naturaleza del alcoholismo es progresiva. Beber funciona. Cuando empiezas es maravilloso. Luego empeora y no deja de empeorar. Si te tomas una botella de whisky y crees que en 10 años seguirás bebiendo, lo mismo te equivocas: beberás dos. Primero perderás la casa, luego te dejará tu pareja y luego o te meten en un sanatorio o te quedarás en la calle. Pero no puedes parar porque en tu cabeza beber te ha solucionado la angustia y te va a ayudar otra vez. Cuando aceptas que ya no eres la persona que lo pasaba bien bebiendo, tienes la opción de Alcohólicos Anónimos. Lo que nos une es que queremos recuperarnos de una enfermedad mortal.

Su conversión al catolicismo es otra sorpresa en su biografía. Lo sé. En mi vida solo había oído despotricar contra la Iglesia. Hice un tour por todas. Los baptistas me gustaban porque cantaban. Pero cuando hablaron mal de la homosexualidad, supe que no podría apoyar eso. Al final fue con un cura, el padre Cane, con quien aprendí sobre caridad y amor desinteresado. Lo tenía todo: parálisis, cáncer, úlceras. Le pregunté si estaba enfadado con Dios y contestó que todavía no. Aunque no era ni demasiado listo ni elocuente y era de derechas de una manera que no me gustaba, se comportaba como un gran ser humano. Le pregunté: “¿Cómo puede votar lo que vota y dejar que los gais entren en su iglesia?”. Contestó: “Los echaron de la iglesia presbiteriana y me pidieron el sótano para reunirse. Se lo dejé y empezaron a venir a misa”. Entonces me di cuenta: no es más complicado que eso.

¿Por qué se hizo específicamente católica? A mucha gente que ha sido educada en el catolicismo no debería estarle permitido ser católico. Yo nunca me fui a confesar y mentí. Necesitaba decir la verdad. Sé que el catolicismo se puede asociar a abusos de la Iglesia, pero en mi caso fue una luz que en lugar de cegarme me iluminó. Seguro que ha conocido gente que ha sentido que eran santos.

Pocos. Son pocos. Dorothy Day decía que los pobres huelen mal y son desagradecidos. Es ese realismo. Nada que ver con las mujeres que pasan el rosario y que tienes la sensación de que se te van a comer viva. Compartir será la religión del siglo XXI. Estoy a favor del aborto. Y tienen que cortar esa mierda de los condones. Pero para mí el catolicismo es la posibilidad de volver a ser niña y que alguien me guíe. No me salvará de lo malo, pero hará que, cuando llegue, pueda afrontarlo.

Mary Karr: “Tenemos una idea en la cabeza: las mujeres no tienen poder, usan el sexo para conseguir favores de hombres poderosos”
VINCENT TULLO

Ese crecimiento espiritual ¿debe asociarlo a una religión? Estar sola en casa es muy peligroso para un adicto.

Cuando llegó a Harvard escribió: “No conseguiré trabajo. Hasta los dependientes de librería tienen doctorados”. Cuando decidí ser escritora soñaba con ver mi nombre impreso, no con tener un gran libro, no era tan lista. Pensaba en la foto de la sobrecubierta, en cómo posaría.

¿Hay un límite para el humor? Creí que sería más sarcástica… ¿Y mala? Puedo serlo. Mire, la noche en la que les dije a mi madre y a mi hermana que había sido violada de niña, mi hermana me preguntó: “¿Por qué nadie me violó a mí?”. Le contesté: “A lo mejor no eras lo suficientemente mona”.

¿Cuándo perdió el miedo? Cuando decidí que estaba dispuesta a parecer tonta para evitar ser estúpida.

Fue novia de David Foster Wallace. David estaba loco. Cuando estábamos sobrios fue un buen amigo y todavía pienso que fue tan, tan estúpido que se matara… Creo que la mayoría de las personas que se matan están matando a la persona equivocada.

¿Fue su caso? Creo que hubiera querido que muriera su madre. Era muy promiscua. Había tratado de acostarse con sus amigos del instituto. Él nunca escribió de eso.

Llevamos dos horas hablando de males madres. De los padres ni hablamos porque o no estaban o, en el caso de David, era también un monstruo. Mi padre tiene un aprobado porque no intentó matarme con un cuchillo, aunque nos dejó en manos de mi madre y bebió hasta matarse. Con todo, no sé ni cómo explicarlo, él se iluminaba cuando yo entraba en una habitación. Pensaba que era lista, divertida y mona. Era un fan. Si le hubiera dicho al director del colegio “béseme el culo” y me hubiera ido, su reacción hubiera sido: “Que le den a ese tipo”. Eso te fortalece y te enloquece a la vez.

¿Será capaz de escribir algo que no sea autobiográfico? Dediqué tres años a una novela terrible. Ahora trabajo en un ensayo sobre tener la edad que tengo. El otro día le dije a mi hijo: “Quiero morir acompañada de la señora de la limpieza”. Pagué por los últimos meses de mis padres, los cuidé y no fueron felices. No quiero hacerle eso. No quiero causar más miseria de la que he causado en la vida. Prefiero que él y mi nuera estén por ahí haciendo algo fabuloso. 

https://elpais.com/elpais/2019/05/13/eps/1557765561_553676.html

Ellas, el silencio y las palabras


por Claudia Leal 3 mayo, 2019

Ellas, el silencio y las palabras
Es probable que nosotras no hayamos todavía aprendido a transitar, con autoridad y sin complejos, entre la tensión de una identidad femenina funcional y de corte metafísico adoptada por las buenas o por las malas, y la enorme y rica diversidad que hemos desplegado sincrónica y diacrónicamente. No conocemos aún del todo nuestra fuerza interior, y hay mucho que está por verse.

Hay un solo estereotipo de ser humano que en la cultura occidental no se ha visto nunca en la necesidad de fundamentar su humanidad. Su elenco de características es bien preciso: varón, blanco, cristiano, europeo o de ascendencia europea, sano, alfabetizado, independiente económicamente, heterosexual.

Todo el resto -los indígenas, los negros, los minusválidos, las minorías sexuales, las mujeres- hemos debido, por nosotros mismos o a través de otros, fundamentar -esto es, legitimar- nuestra pertenencia a eso que llamamos humanidad.

La humanidad (sic), este varón blanco como único sujeto de derecho, posee la palabra y la razón, tiene el privilegio de la salvación, acaricia las armas, llama a la guerra, define a los demás seres y a los dioses a partir de sí mismo: razonable y consciente.

¿Cómo se resiste al peso de esta autorreferencia? La historia es este relato adulterado que escuchamos: de obras de santos, de héroes protectores, de padres cuidadosos y sacrificados, de esposos -nunca tan- fieles. Tenemos su torrente de palabras a nuestra disposición acerca de quiénes son y, especialmente, acerca de quienes deben ser las mujeres; desde Aristóteles a Donald Trump, desde las “hombres imperfectos” del primero hasta las “objetos estéticamente agradables” del segundo. Todo esto pasando por una infinidad de tipos que – lo reconozco – admiro, como Tomás de Aquino, Kant, Freud, Tolstoi, Kazantzakis, Juan Pablo II, Gandhi, etc.

No abundan, en cambio, los relatos en primera persona que exploren y expliquen quienes en realidad son las mujeres, cómo se auto interpretan en sus roles y cómo imaginan sus identidades funcional y formalmente.

Los que antes se legitimaban con la palabra, ahora se deslegitiman en el silencio, y es en este silencio que podemos escuchar otras voces, tímidos relatos de memorias reprimidas, memorias disociadas, vidas derribadas, guerras perdidas.

Cuánto nos costó a los chilenos aceptar el vulgar humor de “Chiqui Aguayo”, o aquél de Natalia Valdebenito explicándonos en cetáceo el feminismo. Así, pero mil veces más, nos cuesta aceptar el relato de las mujeres abusadas y violentadas. Palabra contra palabra, se suele decir, y ya se sabe quien que vale más y quien que tiene que callar/se.

Curiosamente, lo que nos toca ver hoy es que la mayor parte de los imputados y condenados por los abusos y encubrimientos en la iglesia chilena, en todo su derecho desde el punto de vista legal, optan por el silencio, y no se atribuyen más el privilegio de la palabra. Silencio contra palabra.

Ahora, por fin, se insinúa el cambio de paradigma. Los que antes se legitimaban con la palabra, ahora se deslegitiman en el silencio, y es en este silencio que podemos escuchar otras voces, tímidos relatos de memorias reprimidas, memorias disociadas, vidas derribadas, guerras perdidas.

Es probable que nosotras no hayamos todavía aprendido a transitar, con autoridad y sin complejos, entre la tensión de una identidad femenina funcional y de corte metafísico adoptada por las buenas o por las malas, y la enorme y rica diversidad que hemos desplegado sincrónica y diacrónicamente. No conocemos aún del todo nuestra fuerza interior, y hay mucho que está por verse.

Martha Nussbaum señala que la vida social se asienta en dos sentimientos morales fundamentales: la indignación y la compasión. La indignación frente a situaciones que nos parecen injustas y la compasión que, a través de la imaginación moral, nos permite ponernos en la posición del otro y actuar en consecuencia.

Vengan todos, nadie sobra. Hagan silencio, pongan a trabajar la imaginación, y pónganse en el lugar de Marcela Aranda, de todas las que susurran, de las que gritan, de las que se fueron y de las que vendrán.

  • El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.

https://www.elmostrador.cl/braga/2019/05/03

DESDE CHILE: ¿MATE O RISTRETTO?


13 MAYO, 2019830COMPARTE:

Por Sol Tejeda Rodríguez *
Osorno, 13 de may 2019.

Atravesamos una crisis eclesial del tamaño de un buque, bueno, un buque es muy poco para todo lo que estamos viviendo.

Desde la experiencia palpada en Osorno desde el 10 de enero del 2015 hasta hoy, fueron muchas veces las que repetimos con profundo dolor: “No nos escuchan… ¿Una Iglesia que Escucha, Anuncia y Sirve?… ¿Por qué no nos quieren escuchar?… ¿Qué tenemos que hacer para que nos escuchen?”.

Algunos jerarcas de la iglesia hablaban de diálogo, que al final eran imposiciones, guías, orientaciones, consejos, como cada quien quiera llamarle, pero desde una mirada vertical, de arriba hacia abajo, desde un padre a su hijo o una madre a su hija, “patrones de fundo” metaforizó una amiga. Lo que sigue, es ya historia conocida…

En una de las asambleas diocesanas en Osorno (post Barros), nos agruparon en la diversidad más amplia posible que puedan imaginarse y la idea principal era reflexionar en conjunto, buscando acciones en concreto de cómo reestablecer confianzas, cómo preparar la tierra comunitaria con la famosa reconciliación y por sobretodo, cómo volver a mirarnos a la cara reconociéndonos hermanos y hermanas… después de poco más de 3 años con un obispo que muchos no aceptamos y otros si, los famosos negros y blancos del 21M-2015.

En el grupo al que me integré, casi todos y todas habíamos hablado, expresando nuestro pensar y sentir, confrontándonos también, por qué no decirlo.

Sin embargo, había una hermana de San Juan de la Costa de la zona Williche, que permaneció silente, observando y escuchando atentamente lo que cada persona decía, con ojos que reflejaban curiosidad y comprensión. Sin duda, esta mujer era mapuche, lo decía claramente las facciones de su rostro, su paciencia, su respeto y escucha que expresaba sentada tranquilamente desde su silla.

La verdad es que yo estaba un poco incómoda que poco la tomaran en cuenta, y que pasara un tanto inadvertida; mi mente y corazón me decían que esta hermana también tenía una palabra que decir.

Por otro lado, no quería que se sintiera obligada a hablar por una norma subjetiva personal. Fue entonces que, una vez más alcé mi voz para enunciar más o menos lo que sigue: “Pido permiso con mucho respeto si es que hay alguna hermana o hermano mapuche presente, para decir que…, si hay algo que he aprendido en medio del pueblomapuche, ha sido la escucha atenta y el compartir la vida de manera sincera en torno al fogón y un rico mate, la conversa y diálogo que sale desde lo más profundo del corazón, con palabras que hacen memoria sabia para traspasar la historia, enseñanzas y sabiduría”.

Lo anterior fue una provocación para esta hermana. Una vez que dejé de hablar, ella sacó su voz fuerte y clara, y dijo: “Sí, hace unos días atrás, nos reunimos en nuestra comunidad para hacer una ceremonia y recordar a los hermanos de la matanza de Forrahue, que fue un hecho muy triste para nuestra comunidad. Lo que nos ha ayudado a seguir adelante fue esto de conversar, escuchar a los demás tomando mate…”

Esas palabras no solo quedaron retumbando en mi mente, sino que también me cuestionaron nuevamente sobre la escucha atenta. Pareciera que sentarse a tomar mate, al lado del fuego, o alrededor de la mesa, fuera una pérdida de tiempo, contracultural en nuestra era tecnologizada.

El mate puede durar largas horas, incluso noches o días enteros según donde se comparta, se va renovando la yerba, se llena la tetera o el termo con agua caliente y va pasando el mate de mano en mano… Lo curioso es que con este acto de tomar mate, es mucho más que ingerir una bebida, pues, también es escucharse, es profundizar, es reflexionar, es pensar, es compartir lo que cada uno tiene para decir, es intercambio de opinión…

No es solo el “copuchenteo” que graciosa y erradamente decimos al tomar mate, sino que implica mostrarse transparentemente lo que somos y tenemos con quienes compartimos este brebaje. Hasta saber decir “gracias”. Al decir “gracias”, manifestamos al cebador/a que no queremos más mate, por tanto, puede que también se acabe la conversa.

Ojalá pudiéramos aprender más de nuestros/as lamngen (hermanos/as) mapuche, saber escuchar atentamente, con respeto, paciencia y hablar con voz fuerte cuando se nos toma en cuenta, cuando nos visibilizan y nos provocan.

Hablar correctamente significa partir el corazón y abrirlo a los demás, garantizar al otro el acceso a nuestro propio corazón, hablar de modo que crezca la relación y nazca confianza… Al hablar, la coraza que envuelve nuestro corazón se parte. Estalla dentro de nosotros. Hacemos partícipe al otro de nuestras emociones, de nuestra voz, de nuestro estado de ánimo. Estamos de acuerdo cuando la palabra concuerda con el corazón y cuando concedemos voz a nuestros sentimientos” (Grün, 2011:75).

¿Sabrán tomar mate los obispos de la Conferencia Episcopal de Chile? ¿O ¿son más de café espresso o ristretto en Echaurren 4 o algún local pituco de la capital?

________

* La autora es mujer mestiza williche. Rupanquina. Hija de Enrique y Fresia, ambos campesinos. De profesión Profesora de Educación General Básica. Tesista Magíster Acompañamiento Psicoespiritual UAH.

https://kairosnews.cl/2019/05/13

Una entrevista a Marianna García Legar por Trini de los Ángeles


“La menopausia es un avance evolutivo privilegio del pueblo de las mujeres”

Entrevisté a Marianna en mi viaje a España del pasado verano. Sin conocerme de nada accedió enseguida a responder a mis preguntas y ayudarme en este texto que forma parte de mi trabajo de final de carrera. La seguía desde hace años, leyendo sus textos y lamentando no poder participar, por la distancia, en los talleres que organiza. Pionera en el trabajo del despertar femenino y la espiritualidad de la Diosa en España, creadora de la sororidad Arboleda de Gaia, ha publicado el libro “Fiestas de la Tierra y espiritualidad matrística en la península ibérica”. Me interesaba mucho hablar con ella sobre la menopausia, etapa vital que en pocos años habré de atravesar. Y como ella es una iniciadora de mujeres en este tránsito, le pedí centrar la entrevista en este momento tan importante para la mujer, a lo que ella accedió amablemente. 


– Tú hablas de la energía núbil ¿podrías explicarnos cómo es esta energía?
Núbil es una palabra que deberíamos incorporar a nuestro vocabulario para referirnos a la mujer que ya ha alcanzado la madurez sexual y puede tener hijos, sin tener que definirla necesariamente como “madre” ya que, sean o no madres, todas las mujeres atraviesan esa etapa. 

La energía núbil está orientada hacia la reproducción, la cual es su razón de ser. Es la energía que domina la frecuencia vital biológica de toda mujer a partir de su primera menstruación. En esta frecuencia el 80% de su actividad biológica diaria está destinada a madurar un óvulo cada luna. Si ese óvulo no es fecundado será eliminado con la menstruación, que desechará toda esa sustancia que el cuerpo tomó de lo mejor de su propia energía vital acumulada en los riñones, las glándulas, el cerebro y la médula ósea. 

El influjo energético núbil está administrado por el poder del ciclo sexual menstrual que, por su naturaleza lunar, es básicamente un influjo inconsciente que escapa al control de la voluntad. Mucho de lo que vivimos como atracción hacia el hombre tiene en realidad que ver con la energía núbil actuando en nosotras para lograr que nuestro cuerpo se reproduzca. En este sentido es interesante recordar a Simone de Beavouir, que define a la mujer núbil como persona “enajenada” de sus propios procesos biológicos reproductivos, los cuales no puede eludir. Como ella nos dice en su libro El Segundo Sexo: … el cuerpo de la mujer es presa de una vida terca y extraña que todos los meses hace y deshace en su interior una cuna; cada mes, una criatura se dispone a nacer y aborta en el derrumbamiento de los rojos encajes; la mujer, como el hombre, es su cuerpo: pero su cuerpo es también algo distinto de ella misma.”

Con o sin hijos todas las mujeres, nos guste o no, vivimos esos años bajo el influjo de la energía núbil que, guiada por el ciclo sexual menstrual y sus alternancias lunares, nos obliga durante más de treinta años a ovular y menstruar cada luna, sufriendo las subidas y bajadas de nuestro estado de ánimo y energía al ritmo que nos marca ese ciclo. 

La mujer es la única mamífera que ovula cada mes y que, debido a la pérdida del estro o celo, está permanentemente receptiva sexualmente. ¿Cuál es la razón de que la naturaleza haya realizado este cambio en nosotras? Básicamente ocurrió para multiplicar las posibilidades de embarazo de nuestra especie y garantizar su supervivencia, ya que el embarazo y el parto en las humanas son procesos complejos, debido a los cambios que nuestra pelvis experimentó con la bipedestación y al crecimiento cerebral que agrandó el cráneo de nuestros bebés. 

Por eso la naturaleza suprimió el celo o estro y puso a las mamíferas humanas en receptividad sexual permanente. Al mismo tiempo, nos vinculó muy profundamente con el ciclo lunar que, al ser más corto que el ciclo solar que domina los ciclos del resto de mamíferas, multiplica las posibilidades de fecundación. Esa es la razón de ser del ciclo sexual menstrual. El hecho de que lleve incluida en su nombre la palabra “sexual” no es casual y tiene muchísimas connotaciones que explican ciertos aspectos de la sexualidad femenina. También hay mucho que reflexionar en el hecho de nuestra permanente disponibilidad sexual, así como de las dimensiones energéticas y espirituales de la sexualidad a las que abrió las puertas este cambio. 

Durante los años menstruales todas las hembras humanas, desde las primeras homínidas que se pusieron de pie y comenzaron a menstruar, hasta las mujeres actuales, hemos sustentado la continuidad de la familia humana ofrendado el 85% de nuestra fuerza vital en el altar de la energía núbil. Siendo conscientes de esto, algunas tradiciones indígenas como el pueblo lakota de América del Norte, consideraba a la mujer una guerrera, ya que mes a mes sangra por la vida de la tribu. Y también consideraban el sangrado femenino (tanto el menstrual como el del parto) como un sacrificio ritual, que eximía a la mujer de tener que participar en otros ritos sacrificiales como la Danza del Sol. 

Antiguamente la menopausia era considerada una bendición por las mujeres. Nuestras bisabuelas y tatarabuelas tenían clarísimo que la desaparición del riesgo de embarazo y de la menstruación era un acontecimiento feliz. Ellas daban la bienvenida con alivio y alegría a esa liberación del mandato de la energía núbil, con todo el desgaste y zarandeo físico y emocional que conllevan sus ritmos lunares. 

También es importante tener presente que nuestro cuerpo está diseñado para experimentar un embarazo cada 3 o 4 años aproximadamente, pero no para ovular 13 veces al año a lo largo de toda nuestra vida fértil. Este es otro tema, que sería largo de explicar en esta entrevista, pero quiero mencionarlo para remarcar la importancia fundamental de los rituales menstruales que ayudan a la mujer a sostener esta época núbil, de profunda entrega femenina. Los trabajos simbólicos de los rituales de ofrenda de la sangre menstrual a la Tierra ayudan a resignificar este período, y ofrecen a la mujer metáforas que pueden sustentarla y que la ayudan a sostener y dar sentido a la constante pérdida de energía que el sacrificio núbil conlleva. 


– ¿Por qué te refieres a la menopausia como a un puente?
La menopausia es un tránsito crucial de nuestra vida. Un tiempo que debe ser aprovechado, y que es fácil malgastar si no lo comprendemos adecuadamente. Dura entre 13 y 15 años y, como si fuera un puente, nos lleva de la etapa núbil en la que bajo el influjo lunar ovulamos y podemos tener hijos, a la etapa del climaterio en la que nuestro cuerpo se moverá en una frecuencia que ya nada tendrá que ver con la energía materna y el influjo lunar. Climaterio es una palabra de origen griego que significa escalón o peldaño. 

Esa metamorfosis es similar a la de la oruga que se transforma en mariposa, y que, siendo el mismo ser, acaba siendo otro completamente distinto. La oruga es ciega, no tiene órganos sexuales ni reproductores, come hojas y se arrastra. La mariposa puede ver, se reproduce sexualmente, liba néctar y puede volar. Del mismo modo, la mujer núbil va a transformarse en la mujer climatérica, un ser nuevo que, siendo ella misma, será también otra completamente distinta de la que fue. Cuando lleguemos al otro lado del puente, nos estaremos adentrando en el territorio de la sabiduría de la anciana. Eso ocurrirá alrededor de los 62 años, época en la cual la Abuela Margarita, anciana sabia mexicana, dice que las mujeres nos volvemos oro molido.

La menopausia no nos inicia en el camino de la anciana sabia, sino en el territorio de la libertad y el gozo de ser una misma. Algunas mujeres temen hacer su iniciación a la menopausia porque creen que las va a envejecer, cuando en realidad las va a ayuda a tomar consciencia de cómo aprovechar el tiempo de vigor que aún les queda por delante. Por eso, cuanto antes haga una mujer su iniciación a la menopausia, mejor será para ella.


– ¿Qué puede aprovechar una mujer su menopausia?
Menopausia significa exactamente “última menstruación”, y es importante recordarlo para entender que la menopausia es al climaterio, lo que la primera menstruación es a la adolescencia. La primera y la última sangre son dos hitos puntuales similares, que nos informan de que el proceso de metamorfosis que se estaba gestando en nuestro cuerpo ya ha avanzado lo suficiente como para poder manifestarse exteriormente, indicándonos que ya no hay vuelta atrás. La metamorfosis ha comenzado, y su evolución será ineludible durante los próximos 13 años. 

A la púber se la denomina adolescente porque, durante su metamorfosis, adolece de identidad propia. Ya no es una niña, pero aún no es una mujer. Está atravesando el puente entre la infancia y la madurez sexual completa de la mujer en la que se transformará. La mujer que experimenta su última sangre vive una realidad análoga. Durante esos años, muchas veces se encontrará adoleciendo de identidad propia. Ya no será la que acostumbraba a ser, pero aún le faltará camino para encarnar la mujer en la que va a transformarse.

La mujer completa su ciclo de madurez sexual con el tránsito de la menopausia, en el que deja de sangrar. A partir de ahora ella contará durante unos años con una ingente cantidad de energía, que se dirigirá por sí sola hacia aquello donde la mujer ponga su foco con la intención de realizarlo. Madre naturaleza nos libera de la atadura de la energía núbil cuando, aunque ya maduras, somos aún jóvenes y aún conservamos un cuerpo vigoroso que puede aprovechar el enorme caudal del poder menopáusico que ahora vamos a recibir. 

La menopausia no es una carencia o una enfermedad, es ni más ni menos que un avance evolutivo privilegio del pueblo de las mujeres, y desde esta perspectiva ha de ser celebrada y honrada. En su origen, se cree que la menopausia apareció para que hubiera más mujeres disponibles para cuidar a las criaturas concebidas. Eran una ayuda imprescindible para las madres, en el duro contexto de vida de los pueblos cazadores recolectores. Mujeres que ya no concebían, pero que disponían de la fuerza y la experiencia necesaria para ayudar a las que sí lo hacían. Actualmente, esa necesidad ha perdido vigencia, por eso la mujer del tercer milenio puede utilizar ese tiempo para completarse a sí misma y contribuir con su sabiduría a su comunidad de pertenencia. 

Cuando llega la última sangre, la mujer ya casi no madura ovocitos, pero su cuerpo aún podría gestar un bebé. La mujer debe aprovechar esta capacidad de gestación que aún alberga orientándola hacia sí misma, para iniciar su propia gestación y evolucionar hacia un estado de libertad interior y sabiduría que la llevará a experimentar una nueva dimensión de sí misma. Con ese fin el cuerpo ha detenido la capacidad reproductiva y la ha librado del desgaste de la ovulación y la menstruación mensuales, y para eso su fuerza vital ahora es retenida en su interior.  

Liberar y recuperar toda esa energía para una misma, en un momento vital en que la mujer es madura, pero aún conserva su vigor, es una experiencia formidable para la mujer iniciada que ha despertado su consciencia, conoce los trabajos que debe realizar en ese momento y asume la responsabilidad de llevarlos a cabo. Por eso, cuando oigo hablar de “maspausa”, como nombre simbólico para resignificar la menopausia, no puedo estar de acuerdo. Mi menopausia fue una época maravillosa en la que pude realizar trabajos ingentes (como traer a España al Consejo de las 13 abuelas indígenas, por ejemplo), ya que dispuse de una enorme energía. En esa época me liberé de la cadena del influjo núbil que nos ata energéticamente al hombre y a las crías, y pude dar lo mejor de mí enfocándome completamente en mi activismo espiritual, gracias a la fuerza que dejar de sangrar me otorgó. A la vez, he sido testigo de este florecimiento femenino menopáusico en todas mis hermanas de camino, así como también lo vi en la menopausia de mi propia madre que, sabiamente, definía la década de la cincuentena como el mejor período de la vida de la mujer. 

Por eso creo que no es “maspausa” lo que toca durante la menopausia. Por el contrario, ahora es el momento de bailar un buen mambo, porque aún no eres vieja hermana, y toda esa sangre que ya no sangras, te siembra por dentro creando nueva vida en ti y para ti. Si aprovechas adecuadamente estos años, completas tu iniciación y no te pierdes por el camino; si trabajas en profundidad las enseñanzas que la menopausia trae consigo, tu climaterio promete ser fantástico. 

Son enormes las implicaciones de darte cuenta de que ya no necesitas sangrar más… La herida se cerró y ya no sangra más, compañera… Al fin cicatrizó y selló la época de tu servicio a esa energía núbil que, afortunadamente, se marcha definitivamente de tu vida porque AHORA TE TOCA A TI. 

En este momento se debe recapitular lo vivido y hacer el duelo por lo que ya no volverá. Soltar lo que ya no corresponde. Completar lo que quedó incompleto o pendiente. Llenar las alforjas con aquello que sí te será útil y partir, para luego quemar las naves con gozo y habitar definitivamente en la Tierra de las que ya no necesitan sangrar.


– ¿Qué es una iniciación de menopausia?
Nuestra tradición originaria europea pre patriarcal no practicaba ninguna religión, pero se reunía en celebración cíclica al ritmo de las fiestas de la Tierra, cuyo ciclo consideraba sagrado. Siguiendo los ritmos de la naturaleza, nuestros ancestros pudieron observar su analogía con nuestro ciclo vital y sus variaciones a través de las edades de nuestra vida. 

Nosotros hemos perdido nuestra tradición originaria y, con esa pérdida, olvidamos la importancia de los ritos de paso iniciáticos de la familia humana, que pueden ayudarnos en el camino de la vida, y que no es casual que sean comunes a todos los pueblos del planeta que han vivido en comunión con la naturaleza. Sin embargo, desde hace ya varias décadas, algunas personas estamos trabajando en su recuperación en la sociedad occidental. En el caso de las mujeres, las iniciaciones más importantes se encuentran en los ritos de paso de la sangre femenina, como bien enseña Myriam Wigutov, maestra de los misterios de la sangre, que señala en su libro La Rueda Púrpura el rito de paso de la menopausia como la culminación de esas iniciaciones.

Comencé a realizar iniciaciones de menopausia en 1999. Pasados todos estos años, el trabajo se ha ido puliendo y mejorando y hemos tenido bellas experiencias, que han sido de gran utilidad para las mujeres participantes. 

La iniciación es un proceso de retiro de cuatro días, en los cuales trabajamos en fusión con la naturaleza utilizando la creación de belleza y el arte ceremonial. Con estas herramientas construimos un portal físico y energético que, al atravesarlo, nos ayuda a soltar los lastres que nos atan al pasado y nos enseña a aprovechar las oportunidades de la nueva etapa vital que se abre ante nosotras. Es un espacio para celebrar entre iguales este momento crucial de nuestras vidas. Lo hacemos en un lugar hermoso y de un modo inolvidable que podamos atesorar en nuestra memoria y que nos ayude a enorgullecernos de ser quien somos en este momento vital. 

Todo este trabajo, por un lado, resignifica la menopausia, nos recuerda su sentido y la sitúa en un lugar comunal de honor, que derrumba las ideas negativas que la sociedad actual ha creado en torno a ella. Por otro lado, esto se acompaña de un trabajo circular en el cual cada mujer puede hacer su propia recapitulación vital, lo que le permite regresar a su vida cotidiana con un mapa personal de lo que cada una tiene que trabajar para transitar libre de lastres el puente de la menopausia. 

Los efectos de una iniciación de menopausia no pueden ser relatados, porque son experiencia y vivencia pura, y las palabras no pueden expresar su belleza y el cambio que produce en nosotras. Es como si nuestro cuerpo y nuestra energía recordaran algo que fue olvidado hace ya cientos, quizá miles de años… y como tenemos gran sed de símbolos y de ritos que puedan sustentar nuestros ciclos vitales, enseguida sentimos que ese espacio y ese tiempo ceremonial que entre todas creamos, es como un hogar al que anhelábamos intensamente retornar y al cual, finalmente, hemos llegado.


Acabamos la entrevista y le comento que, escuchándola, a mis cuarenta y dos años ya me han entrado ganas de que me llegue la menopausia para poder participar de ese rito de paso que me atrae poderosamente. Me responde que no hay que apresurar nada, que ahora debo atender mi momento, que cada etapa vital tiene su propio encanto y que todo llegará a su tiempo. También me dice que está en proceso de concluir su libro “Mujer que ya no sangra: una visión matrística de la menopausia”

Nos despedimos con un cálido abrazo. Gracias Doña Loba por tu camino y por tu enseñanza, pero fundamentalmente gracias por haber sembrado en mí una ilusión que ahuyenta los fantasmas que rodeaban y ensombrecían la idea de ver acercarse mi tiempo de menopausia. Espero que todas podáis disfrutar de la misma sensación con esta entrevista que dedico con amor a todas las mujeres.

Para más información sobre el trabajo de Doña Loba:

www.mujergaiatica.blogspot.com

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