Los diarios de Raimon Panikkar ven la luz en India en el año de su centenario: Milena Carrara


PRETENDEN MOSTRAR EL “CAMINO HUMANO Y TAMBIÉN ESPIRITUAL” DEL FILÓSOFO ESPAÑOL

‘El agua de la gota, fragmentos de los diarios de Panikkar’, una selección de su “enorme” trabajoRedacción, 08 de diciembre de 2018 a las 15:14  

El filósofo y teólogo Raimon PanikkarRELIGIÓN | MUNDO

Dejé Europa como cristiano, me encontré a mí mismo como hindú, luego me convertí en budista sin perder mi identidad cristiana

Los diarios del filósofo español de origen indio Raimon Panikkar (Barcelona, 1918) han visto hoy la luz en Nueva Delhi en una presentación que ha ensalzado la figura de este sacerdote católico como una persona abierta a todas las tradiciones religiosas, al cumplirse este año el centenario de su nacimiento.

Milena Carrara Pavan, presidenta de la Fundació Vivarium Raimon Panikkar, a la que el catalán de padre indio dejó a cargo de su obra, ha viajado hasta la capital de la India para mostrar al mundo una recopilación extraída de más de medio centenar de manuscritos en cuatro idiomas, que ha sido presentada en el Instituto Cervantes.

Carrara ha explicado a Efe cómo conoció a Panikkar “por casualidad” y comenzó a traducir sus libros hasta que se convirtió en su “colaboradora”, “traductora” y ayudante en la preparación de su Opera Omnia -recientemente publicada en la India tras las versiones en italiano, catalán, español, francés e inglés-.

Creía en mi lealtad, así que me dio sus 50 manuscritos escritos con una letra pequeña, pequeña y dijo: ‘puedes hacer lo que quieras con ellos, si los quieres quemar, quémalos; si los quieres guardar o publicar sólo una parte, eres totalmente libre'”, ha recordado Carrara.

Así fue como nació “El agua de la gota, fragmentos de los diarios de Panikkar”, una selección del “enorme” trabajo que dejó detrás, con el que la presidenta de la Fundació Vivarium pretende mostrar el “camino humano y también el camino espiritual” del filósofo español.

“El título es ‘El agua de la gota’, da una idea de cuál era mi objetivo ya que él usaba a menudo la metáfora de la gota de agua, todos somos gotas de agua. Pero descubrir que no somos la gota, sino lo que está dentro de la gota, es encontrar el camino divino del ser humano”, ha concluido.

Milena Carrara

Aunque con motivo de su centenario, que se cumplió el 2 de noviembre, 2018 acogió todo tipo de eventos para conmemorar a Panikkar por todo el mundo, los celebrados en la India tienen un valor especial por su origen indio.

El especialista en estudios de Panikkar Anand Amaladass, de la Facultad Loyola de Chennai (sur), ha recordado en declaraciones a Efe que el padre del filósofo era un hindú y su madre una católica española, por lo que el sacerdote quiso ser “fiel a ambas tradiciones”.

El español había sido ordenado sacerdote católico en 1946 y viajó por primera vez a la India en 1954.

Era un hombre, ha afirmado, “abierto a otras tradiciones” y de ahí su famosa cita: “Dejé Europa como cristiano, me encontré a mí mismo como hindú, luego me convertí en budista sin perder mi identidad cristiana”.

Panikkar mantuvo esta filosofía hasta su muerte y pidió que parte de sus restos fuesen enterrados en el cementerio familiar en Barcelona y la otra fuese esparcida en el sagrado río Ganges de la India, de acuerdo con Amaladass.

Además, a juicio del experto, fue gracias a sus traducciones del Libro de los Vedas, texto sagrado hindú, que los cristianos pudieron sumergirse en ellas. (RD/Efe)

https://www.periodistadigital.com/religion/mundo/2018/12/08/los-diarios-de-raimon-panikkar-ven-la-luz-en-india-en-el-ano-de-su-centenario-iglesia-religion

Francesc Torralba: «El sentido de la vida te la tienes que construir siempre tú»


 El filósofo dice que «la cuestión no es cuánto tiempo vivos, sino qué haces»

Gemma Ventura FarréEspecial: Conversaciones
Desde el sentido de la vida hasta el arte de saber estar solo . El filósofo y teólogo Francesc Torralba (Barcelona, 1967) mira la vida desde el matiz, y sobre todo desde la profundidad. Hablamos del reto de la vida: ser. 

Esta conversación está patrocinada por la bodega Más Que Palabras . 

Foto: Archivo Francesc Torralba
Vivimos mucho de cara a la galería?

Vivimos muy pendientes de lo que dirán los demás, y esto es una forma de alienación y de subyugación. Nos autolimitado las conductas y los mensajes verbales, pensando mucho qué recibimiento tendrán. Y esto lleva censuras. Lo veo incluso en el ámbito universitario: cuando una persona tiene un criterio que no es habitual, si no tiene audacia, tiende a esconderse. Entonces, la minoría y la singularidad se disuelven.Podríamos decir la esclavitud de lo políticamente correcto. Es una cárcel y hace que buscamos mucho la aceptación, el reconocimiento y la veneración de los demás. 

Estamos pendientes de encajar en un patrón.

En el fondo, preferimos pertenecer al rebaño, ser reconocidos, tener el calor y saber que somos alguien para los demás, que no apostar por el camino de la libertad y de la autenticidad, que a menudo es solitario. Lo veo en personas que eligen opciones muy diversas. Por ejemplo, quien se hace cura, o monja, o quien estudia una carrera de humanidades aunque se considere inútil y absurda. La cultura del éxito es fundamental y lo que se espera de ti es que tengas beneficios, que seas relevante. En nuestro contexto, las minorías sufren siempre y hay que ser muy valiente para tener autenticidad y poder manifestar, porque muchas veces sólo es vivida hacia dentro.Públicamente no manifiesto lo que creo, porque me dirán conservador o lo que quieras. Por lo tanto, voy diciendo lo que toca decir para ser aceptado. Pero en el ámbito privado e íntimo sí que manifiesto lo que pienso y creo. 

Estamos más preocupados por aparentar que para ser.

Sí, la diferencia es importante: una cosa es aparentar, que es lo que muestras hacia fuera, y otra cosa es lo que eres. Muy a menudo hacemos una selección de lo que somos y sólo mostramos lo que los demás aceptarán. Esto lo vemos en el terreno de las creencias, de las opciones políticas, espirituales, sexuales. Y aunque pasa más en contextos de desconfianza, como lo puede ser la empresa. Donde hay un nexo de confianza -el amigo, la pareja- no debes aparentar. El otro te conoce desnudo: estas son mis heridas, mis límites, mis fronteras. Acéptame como soy. Pero en contextos de desconfianza, donde no sabes qué hará el otro con tus fragilidades, aunque vallas más la puerta. Imagínate en un contexto de tanta hipercompetitvitat que significa mostrar tus debilidades. 

Pero es de valientes mostrarse débil.

Por supuesto, pero pide un pacto de confianza. Cada vez tienes que seleccionar más a quien confías esta información que puede utilizar de manera muy contraproducente hacia ti. 

O al contrario, te puede hacer mejor.

Exacto. Y eso lo vas viendo en el trato. Cuando abres el corazón? Cuando tienes garantías que el otro, con ello que le revelo, no se reirá, sino que lo respetará y velará para que pueda crecer. Esto significa que en contextos de desconfianza tendemos más a encerrarnos. En contextos marcados por la tiranía de lo políticamente correcto lo hacemos mucho. Sobre todo si las opiniones son muy diferentes de la mayoría o son puntos de vista que podrían ser considerados muy extraños. 

Nos toca ser valientes.

Sí. Nos toca decir lo que pensamos, mostrar lo que somos. Porque si todos acabamos pensando lo mismo, vistiendo el mismo, comiendo lo mismo, creyendo lo mismo, esto se convierte en una autopista gris y se pierde riqueza. En cambio, en la medida en que hay singularidad, tendemos a una sociedad multicolor. 

Es que si no, perdemos el poder sobre nosotros mismos.

Pierdes el poder, la autenticidad y perdemos riqueza de diversidad de pensamiento.Tenemos otra asignatura pendiente: como entendernos siendo tan diversos. De acuerdo, somos diferentes, pero debemos coexistir en una plaza, en un bar, a las ramblas. Esto nos pedirá trabajos de consenso, de pactos. 

De escuchar.

Es básico. ¿Por qué te comportas así? ¿Qué piensas? ¿Qué esperas de tu vida? La escucha es una sabiduría básica en el diálogo entre religiones. La escucha pide tiempo, pero no tenemos. Si el otro te dice “sólo dispongo de treinta segundos, dime todo lo que piensas”, necesariamente harás una simplificación, una especie de esperpento de lo que eres. Entonces hay incomunicación e incomprensión. El imperio de la velocidad a la que estamos tan sometidos hace que los procesos de escucha queden reducidos al mínimo. 

E incluso con personas muy cercanas a ti.

Y tanto. Con el hijo, la pareja, el hermano. 

Puedes vivir toda la vida y no saber nada.

Como si fuéramos dos extraños bajo un mismo techo. Nos vemos mañana y por la noche, un rozamiento: buenos días y buenas tardes, en el mejor de los casos.Cortesía, buena educación. Pero dices: “Tú y yo por qué nos casamos un día?”, O: “¿Por qué me engendraste?”. Los pocos intersticios que tenemos de relación los saturamos con estímulos audiovisuales: televisión, radio, redes. Es que el rostro a rostro es muy violento: mientras hay alguien que habla o que dice tonterías en las redes, tenemos un pretexto para hablar. Pero en el rostro a rostro no hay redes, internet, televisión. Por primera vez dices: “Hija, ¿qué quieres hacer con tu vida? ¿Cómo te van las relaciones?”. Pero estas preguntas piden tiempo, silencio y la interrupción del ruido ambiental, que es la gran excusa para no profundizar. 

Nos da miedo profundizar?

Sí. Nos hace un miedo terrible profundizar, porque rompemos los tópicos. El etiquetado rápido es lo que funciona en la sociedad industrial. En cambio, cuando escuchas a alguien las etiquetas que le habías puesto caen. 

Y vienen los matices.

Y, aparte, las preguntas inquietantes. Tú tenías calificado de una manera, y la persona te rompe ese tópico. A medida que vas cogiendo confianza, ya no te dirá sólo lo que t’afalaga: “Eres cojonudo, lo haces todo muy bien”. Y viene el: “De todos modos, padre, creo no hablamos nunca. Trabajas demasiado.” Esto significa que tienes que estar dispuesto a escuchar críticas. Es como el director general que sale del despacho y recorre toda la empresa. Te expones que alguien te diga: “Oiga, ha visto las humedades que hay?”. Estás encerrado en tu despacho y tienes un consejo de dirección que te lo blinda, y no pasa nada. Pero tampoco sabes nada. Sales, eres más vulnerable. Pero puedes crecer, puedes ver como es la organización en la que estás, qué esperan de ti, como está la tribu; porque has roto los filtros. 

No dejemos que las personas estén tristes.

No aceptamos la tristeza. 

Y hay una especie de alegría postiza.

Siempre toca estar alegre. Parece que estemos obligados a ser felices ya ser divertidos. Hay una serie de estados que no aceptamos: la tristeza sería una. La miramos de suplir con el fármaco. La nuestra es una sociedad farmacocràtica, la del poder del fármaco para resolver todos los males del alma. 

Pero no los resuelve.

Ciertamente. Este señor se siente culpable: pastilla. Este señor se siente vacío: pastilla. Este otro está angustiado porque tiene que decidir si se separa o no: pastilla.Si se te muere alguien, toca estar triste. Y desesperado. Todo lo intentamos tipificar como estados patológicos, que tienen un correlato que es el fármaco o la terapia inmediata para resolverlo. Y no es así: te puedes levantar por la mañana y estar triste.Y al día siguiente estar triste. Y el otro, también. Y el otro. Y no saber por qué lo estás. 

Y no sentirse te culpable, porque a veces te hacen sentir mal por estar mal.

Hay situaciones que no se aceptan: tenemos una intolerancia al envejecimiento.Tienes que aparentar, sea como sea, ser joven. Porque si no lo eres, no estás aceptado socialmente. Estás en el cajón de los que sobran. 

Todo esto esconde miedos.

Miedo al envejecimiento, al paso del tiempo, a la muerte. El tabú del siglo XIX era el sexo, estaba prohibido hablar. El tabú de ahora es el fracaso: nadie dice que fracasa.Mira, escucha, me casé con mi pareja, lo hemos intentado y no ha ido bien. ¿Qué he aprendido de este fracaso? O he fracasado con esta empresa: hice un estudio de mercado, pensaba que saldríamos y tuvimos plegar. El fracaso es una palabra prohibida. U otra palabra sería dependencia: todo el mundo debe ser autónomo, yo sólo dependo de mí. En cambio, lo que somos es extraordinariamente dependientes unos de otros. 

Incluso dependemos de la mirada del otro.

Por supuesto. Hay dependencias que son muy evidentes, pero el caso es que no lo queremos reconocer. Yo soy independiente, me he hecho solo, no necesito a nadie: mi piso, mi sueldo, mis vacaciones. 

No nos gusta mostrarnos frágiles.

La fragilidad es otra palabra prohibida. Los frágiles no los soportamos, los llevamos a hospitales y geriátricos. Nos resulta muy pesado convivir con una persona que sufre una grave fragilidad. En cambio, nos rompemos con facilidad. La Biblia utiliza una imagen muy bonita: compara el hombre con un vaso de barro. Sólo que haga un poco de aire y caiga, se rompe en mil pedazos. Contiene un tesoro dentro, pero tienes que ser muy cuidadoso con él. Y eso es lo que somos nosotros. 

Hay que tratar con tacto.

El tacto es una virtud clave. Quiere decir cuidar del objeto que tienes entre manos. Si vas demasiado rápido, el romperás. Si gritas demasiado, el romperás. Tienes que tener cuidado, y eso quiere decir tener delicadeza. Por lo tanto, requiere tiempo, conocimiento del otro, empatizar con ellos. En medio de una cubertería de porcelana, no entres como si fueras con un caballo siciliano, ve con pies de plomo. El cuidado y la escucha van ligadas al tiempo, y no tenemos. 

Es absurdo, porque vivimos 80 o 90 años y decimos que no tenemos tiempo.

Vivimos más tiempo que nuestros antepasados. Hacemos muchas más cosas en un día para que la tecnología nos lo permite. Sin embargo, tenemos la sensación de tener menos tiempo. 

Nos toca ser, y no tanto hacer?

Exacto. Toca priorizar y discernir: con el tiempo de que dispongo, que son 24 horas para todos, qué hago? Hay un tiempo que tengo que dedicar a resolver las necesidades básicas: comer, dormir, descansar. Y por eso necesito recursos. Pero qué hago con el tiempo sobrante? De tiempo hay mucho, pero el tema es cómo lo utilizas.Tenemos adolescentes que cada día están navegando seis horas. El tiempo es un don precioso. 

Y que se acaba.

Justamente por eso lo es. Te ha sido dado un tiempo, no sabes hasta cuándo. En mayo celebré 50 años, y no me lo imaginaba, que pasara tan rápido. Si hace cuatro días que iba en bicicleta. Lo tienes que asumir, es muy difícil que viva 50 años más. A medida que te vas haciendo mayor vas viendo que el tiempo es precioso porque no es indefinido. 

Valoramos las cosas cuando vemos que se han terminado.

Exacto. No serás siempre. Aprovecha el tiempo al máximo. Pero aprovecharlo no significa hacer tanto dinero como puedas, o trabajar lo mejor, sino tomar partido de la manera que te parezca más creativa: paseando, conversando, escribiendo, mostrando como eres en el mundo. La cuestión no es cuánto tiempo vivos sino qué haces, de lo que tienes. Hay gente que ha vivido muy poco y ha hecho grandes cosas, y otros que han vivido mucho y son un parásito de la historia. 

Hay quien sólo se proyecta en el futuro.

Sí, que dicen “haré esto, haré aquello”. Pero el ahora les disuelve entre los dedos.Podemos planificar, pero esto no nos debe sacar ser plenamente en el ahora. Que ahora no haya nada más en el mundo que lo que tú y yo decimos. Se trata de no dejar escapar el momento que vivos, estar presentes. 

La Montserrat Abelló decía que ” nuestro peor enemigo somos nosotros mismos“.

En la vida hay varias luchas, porque con los demás también te tienes que encontrar: te frenan el paso, te limitan, las envidias, los celos, los resentimientos, debes defender tu espacio al trabajo. Ojalá no fuera así, pero no vivimos solos en una isla. La lucha más fuerte es la que contra ti mismo. Nos exigimos demasiado. 

Y nos castigamos masa.

El peor examen es lo que te haces a ti mismo, porque te conoces muy por dentro. A veces hay un exceso de exigencia: tengo que hacer, tengo que decir, tengo que ser el número uno, tengo que tener esta inteligencia, este sueldo, ser reconocido. Esto te pone con una tensión enorme contigo mismo. Cuando te liberas de estas expectativas, vivos mucho mejor. 

Y como te liberan?

Aprendiendo lo que eres y lo que puedes aportar. Es como aquella persona que está desquiciada porque quiere tener el mismo cuerpo que aquella actriz, y se cambia la nariz, los labios. Hace todo tipo de ejercicios, de inversiones, de cirugías plásticas. Tú eres tú, debes aceptar quién eres y agradecerlo, y tratar de extraer todo tu potencial.Pero no estás hecha para ser el clon de otra persona. 

Dices que la peor envidia no es la de tener sino la de querer ser igual que otro.

Una cosa es la envidia del tener: quiero tu coche, tu propiedad. Lo peor que te puede pasar es querer ser como alguien, porque tú siempre serás tú. Podría llegar a tener las mismas zapatillas que tú, pero no puedo ser quien eres. Lo que tienes que ser es capaz de aceptar tu ser, amarlo, agradecerlo, trabajarlo y dar todo lo que hay en ti.Pero la envidia nos puede devorar por dentro. 

A veces estas comparaciones vienen de fuera.

Porque este espíritu comparativo ya nos la han transmitido educativamente: “Mira tu hermano qué notas”. Ya te ponen el veneno del espíritu de la comparación dentro de tu ADN. ¿Y si te dicen un día y otro y otro? Que al final deseas que muera esa persona, que desaparezca. Le tienes ojeriza, porque constantemente te lo ponen como referente. Hay hubieras podido tener una buena relación, pero es que te comparan y eso te va vaciando la personalidad. 

En las comparaciones siempre hay alguien que sale perdiendo.

Siempre, porque te ponen un modelo. Tengo que ser lo que estoy llamado a ser, no como él. La comparación la tenemos muy metida: comparamos la escuela -este niño juega al fútbol, ​​yo no-, en la universidad -él tiene una beca, yo no-, a la empresa -él tiene un alto cargo, yo no- y los geriátricos -este tiene salud, yo no-. Nos pasamos la vida comparando. 

Faulkner decía: “Intenta ser mejor que tú mismo”.

Esta sería la buena. Compárate con como eras cuando tenías treinta años, o quince.¿Qué has aprendido, en el que podrías mejorar. Pero la comparación con el otro es destructiva, porque suele ser jerárquica: es mejor o peor. Y no vemos que en lo que es mejor también hay debilidades. De acuerdo, cobra tres veces más que tú, pero no tiene ningún amigo, no tiene sábados ni domingos y no tiene ninguna relación con sus hijos. Ha ganado el Tour de Francia, pero mira los sacrificios que ello conlleva.Hacemos trampa: nunca comparamos las debilidades, sino la excelencia. Esto lo hacemos mucho: “Si hubiera dicho eso a mi padre!” Las comparaciones destruyen quien tienes delante y hacen que mitifican el que es ausente. Lo que no está es el mejor, pero tú que estás en frente no vales nada. Y no es así, porque el de antes no era tanto y el de ahora tiene capacidades. 

Deberíamos cultivar un poco más la autoestima.

Sin caer en el narcisime, que es un defecto muy común. Yo, yo, yo y nadie más que yo.Y posesivo: mío, mío, mío. Me preocupo por mí, mis cosas, mi cuerpo, mi móvil. Nadie quiere vivir con un individuo que tiene como única preocupación es él mismo. El destino final de un narcisista es la soledad. No lo aguanta nadie. 

No es lo mismo estar solo que sentirse te.

Puedes estar solo, en el bosque, y no sentirse te. Puedes estar aislado en una prisión y no sentirte solo, porque sabes que a tres mil kilómetros alguien llora por ti. En cambio, el sentimiento de soledad va ligado con el “nadie se interesa por mí”. Es un abuelo en el Eixample de Barcelona: se ha levantado, pero podría no haberse levantado y nadie se habría dado cuenta. Luego está la soledad buscada, para meditar y ordenar las ideas. 

La vida tiene sentido?

Debemos construir un sentido. No bajará del cielo. Y lo tenemos que construir por ensayo y error. Te puedes equivocar. Hay personas que durante parte de su vida han pensado que lo que les daría sentido sería tener mucho dinero. Después, tienen 45 años, se miran al espejo y piensan que su vida es un asco. Tengo una casa donde no voy nunca, un coche maravilloso, pero me siento vacío. Lo contrario del sentido es el vacío, que es terrible. Es muy temerario decir a alguien cuál es el sentido de la vida.Una bailarina te dirá que lo que le llena es bailar cada día ocho horas, aunque viva en un piso precario, y no sepa si el próximo año tendrá contrato. 

Es tener un vínculo con la vida.

Encontrar una narración, un argumento, un porque a lo que hacemos. Hay quien encuentra el sentido de su vida en sus hijos, en amarlos en acompañarlos. Y cuando se van de casa? Tienes que reconstruir. Tienes que reinventarte, porque el argumento que tenías se acaba. Usted se jubilará. Es que el sentido de mi vida era venir a enseñar estos jóvenes. Pues tal vez ahora puede pasear con sus nietos, que es lo que no hacía con los hijos. 

Y si está permitido estar tristes, también lo puede estar no encontrar sentido.

Por supuesto. A todos nos puede pasar que no encontramos sentido a una enfermedad, a un trabajo, a una relación. Hay momentos de bajada, de crisis de sentido. Pero lo tienes que volver a encontrar, a alimentar, porque si no, no sales de casa. Si no hay sentido, no hay lucha. 

El empuje te lo tienes que hacer tú mismo.

A veces los demás te darán una vez, pero el sentido de tu vida te la tienes que construir siempre tú. 

https://www.catorze.cat/…/francesc/torralba/…/vida/te/…/construir/…

Tres pasos para estudiar filosofía por tu propia cuenta


Leer, pensar, cuestionar, volver a leer, conversar, dudar y llevar a la práctica tus ideas es la mejor forma de estudiar filosofía por tu cuenta.

Leer, pensar, cuestionar, volver a leer, conversar, dudar y llevar a la práctica tus ideas es la mejor forma de estudiar filosofía por tu cuenta. | Foto: EFE

Publicado 13 agosto 2018
Estudiar filosofía puede parecerte más confuso que pensarla, pero si te organizas a ti y a tus idea, verás cuan atractivo y enriquecedor es para tu mente y tu espíritu.

La filosofía, al contrario de otras materias, no cuenta con fórmulas o reglas ni tampoco se puede memorizar, por lo que quienes la estudian necesitan de una buena técnica para no abandonarla, mientras intentan razonar y entender el mundo que nos rodea.

La filosofía es el estudio del pensamiento y la justificación de las creencias, lo que puede generar grandes y enriquecedoras dudas. Para disfrutarla y sacarle el mayor provecho, te damos tres consejos fundamentales para que puedas estudiar esta materia por tu cuenta.

Paso 1: Investiga a los grandes filósofos y lee algo de historia

Imagen: heavenandearthdesigns.com

La historia nos ha dejado a grandes filósofos como AristótelesPlatón Sócrates que marcaron el inicio de esta ciencia; puedes leerlos a ellos, además de investigar la historia de la materia que vino después, te ayudará a contextualizar y saber el desarrollo de los problemas filosóficos. Asimismo, te brindará la motivación y curiosidad que causan los problemas filosóficos que, aunque no lo creas, son los que enfrentamos día a día.

¡Aquí te dejamos una lista de libros que te podrán ayudar!

* Historia de la filosofía, de Frederick Copleston.

* Historia de la filosofía occidental, de Bertrand Russell.

* La colección “Historia del pensamiento”, de Jesús Mosterín. (está compuesta por nueve libros)

* Fundamentos de filosofía, de Bertrand Russell.

* 100 ideas. El libro para pensar y discutir en el café, Crisis y reconstrucción de la filosofía, y Evaluando filosofías, de Mario Bunge.

* Bombas de intuición, de Daniel Dennett.

* Filosofía para Victoria, de Gabriel Andrade.

Otro buen dato es buscar diccionarios de filosofía como el Diccionario de Filosofía de José Ferrater Mora, el Diccionario de Filosofía de Mario Bunge, el Diccionario de Lógica y Filosofía de la Ciencia de Jesús Mosterín y Roberto Torretti y la Enciclopedia Oxford de Filosofía.

Paso 2: Lee, resume y esquematiza tus ideas 

Imagen: Abrir Mundo Castellano

Para entender la filosofía es necesario leer mucho sobre el mismo tema, ya que puede que las primeras veces que leas no entiendas o no comprendas del todo lo que el texto te quiere decir.

Una forma para facilitar este proceso, es resumir los textos y crear tus propios apuntes para, en poco tiempo, hacer referencia a los conceptos, como definiciones e ideas concretas, breves y concisas.

Una vez que hayas leído y resumido todos tus apuntes, pruébate a ti mismo, intenta poner a prueba todas esas ideas que has desarrollado en el tiempo que has invertido en estudiar. Puedes ponerte en contacto con otras personas que, como tú, han decidido ser autodidactas y conversar con ellas las ideas que se les han ido nacinedo o que les causen dudas.

Paso 3: Desarrollar tus propias ideas

Imagen: fondos.wallpaperstock.net

Es recomendable que después de un tiempo vuelvas leer tus apuntes, reflexiones y pensamientos, además de las nuevas reflexiones que van surgiendo. Esto ayudará a aclarar tu mente. Recuerda que según el filósofo Descartes “vivir sin filosofar es, propiamente, tener los ojos cerrados sin tratar de abrirlos jamás”.

¿Aún sin muchas motivaciones? Tal vez, ver la serie catalana Merlí (2015-2018), producida por Veranda TV y emitida en Netflix pueda ayudarte. En ella, un profesor de filosofía -llamado precisamente Merlí- estimula a sus alumnos a pensar libremente mediante interesantes métodos que sin duda también podrán estimularte a ti.

https://www.telesurtv.net/news/tres-pasos-estudiar-filosofia-cuenta-20180812-0047.html?utm_source=planisys&utm_medium=NewsletterEspa%C3%B1ol&utm_campaign=NewsletterEspa%C3%B1ol&utm_content=29

LO EFÍMERO DEL SER Y EL HACER: ELENA ESTRADA FERNANDEZ (9°B)


En esas noches, cuando prima el insomnio, y ni el café ni el tabaco apaciguan el sueño; en esas noches, finitamente eternas, sombrías e indómitas, que entre el delirio y la razón me siento y pienso, en mis pensamientos me pierdo, y en mi perdida me encuentro. Es en el torbellino de la incertidumbre en el que encuentro mis certezas, y construyo mis verdades, sin saber si hijo, o si vivo en el engaño. Cargo en mi conciencia el fantasma constante de la curiosidad, que me agobia, que me hace cuestionar la trascendencia de las palabras que hago, que me ahoga en el desengaño de rato en rato. Es este el cuento de las noches, de mis conclusiones, de mis adicciones …

¿Quienes somos? ¿Qué venimos a hacer al mundo ?, acaso, ¿Hay algún producto que sirva a una fuerza mayor ?, ¿Es acaso nuestra vida parte de un ciclo de eternidad inmutable? No sé, no sé si nuestro rastro perdura para la eternidad. Sé que son muy pocos los personajes en los libros. Pero hemos realizado hazañas que han afectado, para bien o para mal. la vida de millones de personas en lo ancho y largo del planeta, que han ameritado el contar de sus historias, que han sido tan grandes y tan célebres, que no queda más remedio que preservarlas para la posteridad. Han logrado independencias, conglomerado vastos imperios, llevado a cabo genocidios, promulgado mensajes de paz sin precedentes en la historia del hombre, han tenido impactos en masa. Sí, no hay nada que ver lejos para darnos cuenta como la cultura aún nos afecta, o para el impacto de una guerra en la humanidad y su desarrollo, pero más allá de eso, ¿Qué hay? ¿Qué fuerza mayor mueve todo esto? Los libros se archivan, y en muchos casos, hasta se funden en el polvo del tiempo y la ignorancia, pero todo lo que pasa, todo, lleva a una reacción, una cascada de hechos y eventos a un tatuaje en la historia.

Los seres humanos tendemos a pensar en la Tierra como la fuente de todo, concebir nuestro conocimiento como la prueba y la verdad absoluta, y pensar en nuestro planeta, nuestras ideas, nuestros dioses, nuestra concepción de “vida”, como las únicas o las mejores. Pensar que tenemos tanta trascendencia, es obviamente, un producto del desconocimiento y de las fronteras cerradas que existe entre nosotros y lo que sea que haya más allá. Esa brecha que existe, entonces, prueba que nuestras verdades son, en su mayoría, certezas, pero que últimamente, es casi imposible saber el qué, el cómo o el para qué con exactitud. ¿Qué hacemos entonces? ¿Qué limita a nuestros efectos de acción y reacción? ¿Cómo afectamos el orden de todo, siendo nosotros simples pasajeros humanos? ¿Acaso vale algo nuestro vivir? ¿Cómo contribuimos a la eternidad? Puede que nuestra vida sea efímera, y que paso y legado no sea en el mar, que los niños en el futuro, que nuestros niños tengan que hacer en su vida, familiares, arcáicos para que valerse de nuestra existencia; pero, sí, tengo una certeza, una que no sea ni una ni la otra ni la reflexión, la introspección ni el cambio de imagen, lo que hagamos, cualquier cosa que pueda, afectar a los demás, y tiene un efecto así, involuntario del mar, en la vida de todos a nuestro alrededor. Es inevitable que nuestra vida acabe y terminemos bajo tierra, que nuestro paso y sus recuerdos pasen al exilio junto con nosotros. Pero entonces, si de pronto no hay nada más allá, hay que hacer que cuente lo del acá. Pienso entonces en el efecto mariposa; se cree que el batido de las alas de una mariposa, un ser pequeño, un ser de vida precoz, puede desatar tornados. Con el tiempo y su paso, estos subsiden, se calman los cielos, pero sus efectos quedan. Las ciudades se reconstruyen, la gente deja vivir el miedo, pero inevitablemente, el presente tuvo sus bases en el ayer, y el paso del tornado, aunque no sobrevivió en la memoria de quienes lo siguieron, el desarrollo de todo lo que hizo pasó subsecuentemente. Y así como funcionaremos nosotros, y funcionarán los que vivieron en atrás, y funcionarán los que vivirán después. Morimos, se olvida nuestro nombre, pero está tatuado nuestro rastro, y, así que el camino que andamos lo vamos haciendo, y dejamos caer las manos para que los otros lo pavimenten, dañen, o reconstruyan, y que el conocimiento de lo que hay detrás, sobre todo,

Y entonces, aunque al vender, la luna vista en la amargura y el vicio, y me pesan las espaldas y las manos me tiemblen, y las noches sean largas y me aspen el pensamiento, sé, en el fondo de mi ser, que no somos casos perdidos, ni irrelevantes, ni inútilmente efímeros, y entonces se calma el miedo, se ilumina mi alcoba y viene con esa luz la paz del sueño.

Encuentro Literario . Primero a Undécimo grado.

Colegio Marymount: Comité Cultural Marymount

Escuela Marymount-Medellín

2018

 

Lo sagrado y lo profano


June 11, 2018

ITALIA. VENECIA.ELENA CORNARO PSICOPIA, LA PRIMERA MUJER EN EL MUNDO CON TITULO DE “DOCTORA”


Elena Cornaro Psicopia, la doctora

Teniendo diecisiete años Elena ya era una destacada compositora y concertista. Llegó a ser una virtuosa tocando el arpa, el clavicémbalo y el violín. Era reconocida como una gran compositora y concertista

Nace el cinco de junio de 1646 en Venecia. Sus padres fueron Giovanni Battista Cornaro y Zanetta Boni. Fue la tercera hija de la pareja. Su padre era procurador de San Marco, un puesto por detrás del Dogo de la ciudad, que significaba tener un alto cargo en la República veneciana. Su alta responsabilidad le permitía vivir en la plaza de San Marcos.

Su madre Zanetta era campesina y no estaba casada aún con Giovanni cuando nació Elena. Vivió veinte años con su futuro esposo y le dio sus primeros cinco hijos antes de casarse, mostrando una libertad poco común en aquellos momentos históricos rompiendo muchísimo con el convencionalismo tradicional.

Estaba inscrita en el noble registro de nobles, cuando su padre pagó 100.000 ducados para criar patricios para ella y sus hermanos. Durante el siglo XVII, la educación era un mundo cerrado para la mayoría de las mujeres y, también para muchos hombres, a menos que fueran de las clases privilegiadas.

Por lo tanto, Elena tuvo la suerte de nacer en Venecia en una familia noble muy antigua y distinguida que se remonta a la época romana, lo que le permitió asegurar a Giovanni que su hija fuera educada junto con sus hermanos.

e8Elena tiene una educación muy esmerada basada en el humanismo, que estaba en boga en la época. Para este fin, contrató al teólogo Giovanni Battista Fabris, al latinista Juan Valier, al erudito griego Alvise Gradenigo, el profesor de Teología, Felice Rotonfi y Shemel rabino Aboaf con el que Elena aprendió el hebreo.

Enseguida empezó a estudiar latín y griego con muy buenos profesores y ya con siete años dominaba ambas lenguas. Siguió estudiando español, francés, hebreo y árabe, lo que le sirvió para obtener el título de “Oraculum septilingue”.Al mismo tiempo, estudia matemáticas, filosofía, música, gramática y teología.

Teniendo diecisiete años Elena ya era una destacada compositora y concertista. Llegó a ser una virtuosa tocando el arpa, el clavicémbalo y el violín. Era reconocida como una gran compositora y concertista.

Su formación, su nivel y su aspecto la hicieron objeto de numerosos pretendientes al matrimonio. Sin embargo, se declara célibe y con diecinueve años tomó los hábitos benedictinos, pero nunca llegó a ser monja porque su padre no le concedió su deseo de convertirse en monja.

Se predisponía así a llevar una vida alejada de los roles tradicionales de las mujeres y aspiraba con su renuncia a ser respetada por los hombres eruditos y estudiosos.

Con veintitrés años, Elena tradujo del español al italiano la obra de Giovanni Laspergio “Colloquio di Cristo nostro Redentore all anima devota”.

Su fama se fue extendiendo. Era invitada a participar en numerosas sociedades intelectuales y ya en el año 1670, con veinticuatro años fue nombrada presidente de la sociedad veneciana “Accademia dei Pacifici”. Durante su formación, disfrutaba de encuentros con personas de toda Europa, en los que se producían debates que se hicieron famosos en toda Venecia.

e7Mientras que en Europa los debates filosóficos estaban en decadencia, en Italia se seguían con gran pasión, tanto sobre las matemáticas como la filosofía, ramas ambas inseparables en esa época. Durante los doscientos años precedentes, los mejores matemáticos proponían problemas y daban soluciones a ellos.

Fue su padre Giovanni, quien la animó para que se inscribiera en la universidad de Padua. Elena aceptó la propuesta de su padre y en el año 1672, comenzó sus estudios de Teología. Fue el momento en que su precaria salud comenzó a mejorar. Reconocía que el aire de Padua y el disfrute por el estudio, le estaban sentando muy bien. Hemos de saber, que su presencia en la universidad, la convirtió en una de las personas más influyentes de la época. Sus intervenciones siempre provocaban una gran expectación.

Su profesor de filosofía solicita a la universidad de Padua que se le otorgué el título de doctora en Teología. Sin embargo, el obispo de Padua se niega totalmente a la concesión de dicho título, su único argumento es que es mujer. Sí se le permitió conseguir el título de doctora en filosofía. El título de doctor en Teología le habría otorgado el derecho automático a predicar, lo que iba en contra de la posición aceptada por la Iglesia, de que las mujeres debían “aprender en silencio con toda sujeción”,según Timoteo I: 11- 12.

La petición de doctorarse en Teología produjo confusión y resistencia entre el clero. Se formuló un compromiso que le presentaría “un libro cerrado y abierto, para meditar y describir los misterios divinos”,en lugar de “un libro cerrado y abierto, con el derecho de interpretar, exponer, glosar, predicar y abriendo los misterios divinos”.Esto demostró ser insuficiente para calmar las preocupaciones de los clérigos, por lo que se le ofreció la oportunidad de solicitar un doctorado en filosofía.

Elena se graduó en la Catedral de Padua, ante la presencia de las autoridades de la universidad, los profesores de todas las facultades, los estudiantes y la mayoría de los senadores venecianos, junto con numerosos invitados de las Universidades de Bolonia, Perugia, Roma y Nápoles. Elena habló durante una hora en latín clásico, explicando pasajes complejos seleccionados al azar de un libro de Aristóteles.

Ha siso siempre muy comentado el debate filosófico protagonizado por Elena en el año 1677 en la universidad de Padua en presencia del Senado de Venecia, donde se enfrentó con gran oratoria a Giovanni Gradenigo, G. Fiorello y el padre Caro que eran todos personajes de gran prestigio intelectual.

No es de extrañar que los miembros que evaluaban, a pesar de que se había solicitado voto secreto, no se resistieran a emitir su juicio positivo en voz alta ante todo el público asistente. Se decidió por unanimidad proclamarla “Magistra et doctrix en philosophia”.

Este debate fue debido al intento de obtener el grado de doctora por la Universidad de Padua, pues era la primera mujer que quería obtenerlo. Elena quería el título de Teología, pero este título le hubiera permitido poder enseñar a los monjes y ante esto, como siempre la Iglesia se negó. De ahí que solicitara el doctorado en Filosofía.

Elena fue una de las primeras mujeres que recibió un título académico avanzado. Fue miembro de varias academias y era bien considerada en toda Europa por sus logros y sus virtudes.

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El veinticinco de junio del año 1678, Elena Cornaro Piscopia recibió el Doctorado en Filosofía de la Universidad de Padua. A la edad de treinta y dos años ella fue la primera mujer en el mundo en recibir un doctorado. Además del doctorado, recibió el Anillo del Doctor, la capa de armiño del maestro y la corona de laurel del poeta.

Durante gran parte de su vida estuvo mal de salud, y el extenso trabajo de caridad, las penitencias rigurosas que realizó y su extrema dedicación a sus estudios, hicieron mella en su débil condición física.

Fue famosa por su fuerte espíritu religioso y caritativo, así como por su gran religiosidad. Quedan algunas de sus obras literarias como Discorsi y Elegie., coplas, epigramas, versos en varios idiomas. En ellos se puede comprobar la vivacidad de su temperamento. Se le ha considerado durante mucho tiempo, sobre todo como un fenómeno.

Elena aparece siempre como una figura tremendamente humana, rodeada de una gran soledad además de un profundo compromiso por su pensamiento religioso y por ayudar a los pobres.

e4Dedicó los últimos siete años de su vida al estudio y la caridad. Se dedicó a cuidar a los menos afortunados y terminó sus días como oblata, o monja laica. Tenía una constitución no muy fuerte y el estudio y las maceraciones ascéticas a las que fue sometida la habían debilitado aún más.

Falleció en Padua en el año 1684 de tuberculosis cuando tenía treinta y ocho años Los pobres de Padua y Venecia lloraron en público, afirmando que había muerto una santa.

Recibió sepultura en la Basílica de Santa Justina en la capilla mortuoria de San Luca como monja oblata, donde estaban enterrados los monjes de esa orden y no en el lujoso sepulcro de su familia. Su fama desapareció con ella y hasta bien entrado el siglo XIX no se recuperó su memoria.

En la Universidad de Padua se erigió una estatua en su honor. Tras su muerte, se le realizaron servicios funerarios en Venecia, Padua, Siena y Roma. Sus escritos, publicados en Parma en 1688, constaron de discursos académicos, traducciones y tratados religiosos. Incluso hoy, Elena es ampliamente citada por otros estudiosos y escritores. Por desgracia, poco ha quedado de sus escritos, pero al menos podemos asegurar como logros científicos, el probar la capacidad de las mujeres para la actividad científica, para su enseñanza, su divulgación y el contraste de ideas.

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La universidad de Padua no vuelve a conceder un doctorado a una mujer hasta pasado más de trescientos años. Elena sigue siendo un símbolo extraordinario, ejemplo de libertad y autoridad femenina. El logro científico más grande de Elena fue demostrar que las mujeres podían ser académicas consumadas y eruditas.

En el año 1895, la abadesa Mathalida Pynsent de las monjas benedictinas inglesas de Roma abrió la tumba de Piscopia. Su cuerpo fue enterrado nuevamente en un ataúd y una nueva tableta, elogiando sus virtudes y relatando la historia de su vida, se colocó en su cabeza.

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En 1685, la universidad de Padua creó una medalla en su honor. En el año 1773, Caterina Dolfin donó una estatua de Elena Cornaro Piscopia al Ateneo de Padua, que ahora se encuentra al pie de la escalera de Cornaro, en el antiguo patio del Palazzo Bo. Es un homenaje a la primera mujer graduada en el mundo, siendo actualmente un símbolo de la emancipación femenina. Uno de sus retratos está en la Galería de Arte Ambrosiana en Milán.

El Vassar College construyó una vidriera conmemorativa el día de la lectura de su tesis en el ala oeste de la Biblioteca Thompson Memorial en Estados Unidos. Diseñado por Dunstan Powell, representa a Elena Cornaro Piscopia vistiendo un vestido con los colores rosa y gris originales de la universidad, con las luces en la tracería representando gramática, dialéctica, música, filosofía, astronomía, medicina, geometría y teología, todas las áreas en las que siempre destaco.Por iniciativa de Ruth Crawford, quien se graduó allí, un fresco está dedicado a ella en la Universidad de Pittsburg.

Mujer de una gran capacidad intelectual, fue referente de su época.

https://www.nuevatribuna.es/articulo/historia/elenacornaropiscopia-doctora-elenacornaro-mujeres-historia-mujeresdepelicula/20180509175817151725.html

ALEMANIA. Jürgen Habermas: “¡Por Dios, nada de gobernantes filósofos!”


Jürgen Habermas: “¡Por Dios, nada de gobernantes filósofos!”
GORKA LEJARCEGI

A punto de cumplir 89 años, el filósofo vivo más influyente del mundo está en plena forma. El viejo profesor alemán, discípulo de Adorno y superviviente de la Escuela de Fráncfort, mantiene un pulso de hierro en sus juicios sobre las cuestiones esenciales de ahora y de siempre, que sigue destilando en libros y artículos. Los nacionalismos, la inmigración, Internet, la construcción europea y la crisis de la filosofía son algunos de los temas tratados durante este encuentro en su casa de Starnberg.

EN TORNO AL LAGO de Starnberg, a unos 50 kilómetros de Múnich, se arraciman sucesivas hileras de chalets estilo alpino. La única excepción a la apabullante dosis de melancolía, madera oscura y flores en los balcones surge en forma de un bloque blanco y compacto de esquinas suaves, con ventanas grandes y cuadradas como única concesión a la sobriedad. Es el racionalismo hecho arquitectura en el país de Heidi. La Bauhaus y su modernidad rabiosa en medio de la Baviera eterna y conservadora. Una minúscula placa blanca sobre una puerta azul confirma que ahí vive Jürgen Habermas (Düsseldorf, 1929), sin duda el filósofo vivo más influyente del mundo por trayectoria, obra publicada y actividad frenética aun hoy, cuando falta mes y medio para que cumpla 89 años. Su esposa desde hace más de 60 años, la historiadora Ute Wesselhoeft, recibe en el pequeño vestíbulo y solo tarda unos segundos en girar la cabeza y exclamar: “¡Jürgen, los señores de España han llegado!”. Ambos habitan esta casa desde 1971, cuando Habermas pasó a dirigir el Instituto Max Planck de Ciencias Sociales.

“No puede haber intelectuales comprometidos si ya no hay lectores a los que seguir llegando con argumentos”

El discípulo y asistente de Theodor Adorno, además de miembro insigne de la segunda generación de la Escuela de Fráncfort y antiguo catedrático de Filosofía en la Universidad ­Goethe de Fráncfort avanza desde su estudio, una coqueta leonera de papeles y libros en estado de caos cuyos ventanales dan a un bosque. Da la mano con fuerza. Es muy alto, camina muy recto y tiene una espectacular mata de pelo blanco como la nieve. Saluda afable e invita a sentarse en uno de los grandes sofás. La estancia está decorada en tonos blancos y arena y acoge una pequeña colección de arte moderno que incluye pinturas de Hans Hartung, Eduardo Chillida, Sean Scully y Günter Fruhtrunk, y esculturas de Oteiza y Miró (esta última simboliza el Premio Príncipe de Asturias de Ciencias Sociales recibido en 2003). Se abre imponente al visitante la biblioteca de Habermas, que aloja viejos volúmenes de Goethe y de Hölderlin, de Schiller y de Von Kleist, y filas enteras de obras de Engels, Marx, Joyce, Broch, Walser, Hermann Hesse y Günter Grass, entre otra infinidad de escritores y pensadores.

El autor de obras imprescindibles del pensamiento, la sociología y la ciencia política del siglo XX como Historia y crítica de la opinión pública, Conocimiento e interés, El espacio público, Discurso filosófico de la modernidad o Teoría de la acción comunicativa intercambia con El País Semanalimpresiones acerca de algunos de los temas que le han preocupado durante seis décadas y le siguen preocupando. Con una excepción: el entrevistado prefirió esquivar toda cuestión relacionada con el pasado nazi de su país y con su propia experiencia al respecto (fue miembro de las Juventudes Hitlerianas —como tantos compatriotas suyos, obligado—). Habermas está enfadado. “Sí…, sigo enfadado con algunas de las cosas que ocurren en el mundo. Eso no es malo, ¿no?”, bromea.

Jürgen Habermas: “¡Por Dios, nada de gobernantes filósofos!”
GORKA LEJARCEGI

Profesor Habermas, se habla mucho de la decadencia de la figura del intelectual comprometido. ¿Considera justo ese juicio? ¿No es a menudo un mero tema de conversación entre los propios intelectuales? Para la figura del intelectual, tal como la conocemos en el paradigma francés, desde Zola hasta Sartre y Bourdieu, fue determinante una esfera pública cuyas frágiles estructuras están experimentando ahora un proceso acelerado de deterioro. La pregunta nostálgica de por qué ya no hay intelectuales está mal planteada. No puede haberlos si ya no hay lectores a los que seguir llegando con sus argumentos.

¿Puede pensarse que Internet ha acabado por diluir esa esfera pública que quizá garantizaban los grandes medios tradicionales y que eso ha afectado a la repercusión de los filósofos y los pensadores? Sí. Desde Heinrich Heine, la figura histórica del intelectual ha ganado altura de la mano de la esfera pública liberal en su configuración clásica. Sin embargo, esta vive de unos supuestos culturales y sociales inverosímiles, principalmente de la existencia de un periodismo despierto, con unos medios de referencia y una prensa de masas capaz de dirigir el interés de la gran mayoría de la ciudadanía hacia temas relevantes para la formación de opinión política. Y también de la existencia de una población lectora que se interesa por la política y tiene un buen nivel educativo, acostumbrada al conflictivo proceso de formación de opinión, que saca tiempo para leer prensa independiente de calidad. Hoy en día, esta infraestructura ya no está intacta. Si acaso, que yo sepa, se mantiene en países como España, Francia y Alemania. Pero también en ellos el efecto fragmentador de Internet ha desplazado el papel de los medios de comunicación tradicionales, en todo caso entre las nuevas generaciones. Antes de que entrasen en juego estas tendencias centrífugas y atomizadoras de los nuevos medios, la desintegración de la esfera ciudadana ya había empezado con la mercantilización de la atención pública. Estados Unidos y su dominio exclusivo de la televisión privada es un ejemplo espeluzante. Ahora, los nuevos medios de comunicación practican una modalidad mucho más insidiosa de mercantilización. En ella, el objetivo no es directamente la atención de los consumidores, sino la explotación económica del perfil privado de los usuarios. Se roban los datos de los clientes sin su conocimiento para poder manipularlos mejor, a veces incluso con fines políticos perversos, como acabamos de saber a través del escándalo de Facebook.

“La única forma de hacer frente a las oleadas mundiales de emigración sería combatir sus causas económicas en los países de origen”

¿No cree que Internet, más allá de sus indiscutibles ventajas, ha forjado una especie de nuevo analfabetismo? Usted se refiere a las controversias agresivas, las burbujas y los bulos de Donald Trump en sus tuits. De este individuo no se puede decir siquiera que esté por debajo del nivel de la cultura política de su país. Trump destruye ese nivel permanentemente. Desde la invención del libro impreso, que convirtió a todas las personas en lectores en potencia, tuvieron que pasar siglos hasta que toda la población aprendió a leer. Internet, que nos convierte a todos en autores en potencia, no tiene más que un par de décadas de edad. Es posible que con el tiempo aprendamos a manejar las redes sociales de manera civilizada. Internet ya ha abierto millones de nichos subculturales útiles en los que se intercambia información fiable y opiniones fundadas. Pensemos no solo en los blogs de científicos que intensifican su labor académica por este medio, sino también, por ejemplo, en los pacientes que sufren una enfermedad rara y se ponen en contacto con otra persona en su misma situación de continente a continente para ayudarse mutuamente con sus consejos y su experiencia. Se trata, sin duda, de grandes beneficios de la comunicación, que no sirven solo para aumentar la velocidad de las transacciones bursátiles y de los especuladores. Yo soy demasiado viejo para juzgar el impulso cultural que originarán los nuevos medios. Lo que me irrita es el hecho de que se trata de la primera revolución de los medios en la historia de la humanidad que sirve ante todo a fines económicos, y no culturales.

En el paisaje hipertecnologizado de hoy, donde triunfan los mal llamados saberes útiles, ¿qué vigencia y sobre todo qué futuro tiene la filosofía?Mire, soy de la anticuada opinión de que la filosofía debería seguir intentando responder a las preguntas de Kant: ¿qué puedo saber?, ¿qué debo hacer?, ¿qué me es dado esperar? y ¿qué es el ser humano? Sin embargo, no estoy seguro de que la filosofía, tal como la conocemos, tenga futuro. Actualmente sigue, como todas las disciplinas, la corriente hacia una especialización cada vez mayor. Y eso es un callejón sin salida, porque la filosofía debería tratar de explicar la totalidad, contribuir a la explicación racional de nuestra manera de entendernos a nosotros mismos y al mundo.

El pensador alemán se asoma a una ventana de la casa donde vive con su esposa, Ute, desde 1971.
El pensador alemán se asoma a una ventana de la casa donde vive con su esposa, Ute, desde 1971.GORKA LEJARCEGI

¿Qué queda de su vieja filiación marxista? ¿Sigue siendo Jürgen Habermas un hombre de izquierdas? Llevo 65 años trabajando y luchando en la universidad y en la esfera pública a favor de postulados de izquierdas. Si desde hace un cuarto de siglo abogo por la profundización política de la Unión Europea, lo hago con la idea de que solamente ese régimen continental podría domar un capitalismo que se ha vuelto salvaje. Jamás he dejado de criticar al capitalismo, pero tampoco de ser consciente de que no bastan los diagnósticos a vuelapluma. No soy de esos intelectuales que disparan sin apuntar.

Kant + Hegel + Ilustración + marxismo desencantado = Habermas. ¿Le sirve esta ecuación para despejar la “x” de su ideología y de su pensamiento? Si hay que expresarlo en estilo telegráfico, estoy de acuerdo, aunque no sin una pizca de la dialéctica negativa de Adorno…

Usted acuñó en 1986 el concepto político del patriotismo constitucional, que hoy suena casi medicinal frente a otros supuestos patriotismos de himno y bandera. Es mucho más difícil ejercer el primero que los segundos, ¿no? En 1984 pronuncié una conferencia en el Congreso español por invitación de su presidente, y al acabar fuimos a comer a un restaurante histórico. Estaba, si no me equivoco, entre el Parlamento y la Puerta del Sol, en la acera de la izquierda. Sea como sea, durante la animada tertulia con nuestros impresionantes anfitriones —muchos de ellos eran compañeros socialdemócratas que habían participado en la redacción de la nueva Constitución del país—, mi esposa y yo nos enteramos de que en ese local había tenido lugar la conspiración para preparar la proclamación de la Primera República española en 1873. Al saberlo, experimentamos una sensación totalmente diferente. El patriotismo constitucional necesita un relato apropiado para que tengamos siempre presente que la Constitución es el logro de una historia nacional.

Y en ese sentido, ¿se considera usted un patriota?Me siento patriota de un país que, por fin, tras la Segunda Guerra Mundial, dio a luz una democracia estable, y a lo largo de las subsiguientes décadas de polarización política, una cultura política liberal. No acabo de decidirme a declararlo y, de hecho, es la primera vez que lo hago, pero en este sentido sí, soy un patriota alemán, además de un producto de la cultura alemana.

¿De qué cultura alemana? ¿Solo hay una o hay culturas alemanas? Yo me siento orgulloso de esa cultura también cuando de la segunda o la tercera generación de inmigrantes turcos, iraníes, griegos, o de donde quiera que hayan llegado, aparecen de repente en la esfera pública los cineastas, los periodistas y las locutoras de televisión más fabulosos; los ejecutivos y los médicos más competentes, o los mejores literatos, políticos, músicos o profesores. Todo ello constituye una demostración palpable de la fuerza y la capacidad de regeneración de nuestra cultura. El rechazo agresivo de los populistas de derechas contra las personas sin las cuales esa demostración habría sido imposible es una majadería.

“Macron me inspira respeto porque, en la paralizante escena actual, es el único que se atreve a tener una perspectiva política y que ha demostrado valor”

Creo que prepara un nuevo libro sobre la religión y su fuerza simbólica y semántica como remedio a ciertas lagunas de la modernidad. ¿Puede contarnos algo sobre ese proyecto? Bueno, la verdad es que este libro no trata tanto de religión como de filosofía. Yo espero que la genealogía de un pensamiento posmetafísico desarrollado a partir de un discurso milenario sobre la fe y el conocimiento pueda contribuir a que una filosofía progresivamente degradada en ciencia no olvide su función esclarecedora.

Hablando de religiones y de guerra de religiones y culturas… Teniendo en cuenta el actual nivel de intransigencia y los fundamentalismos de todo corte, ¿cree que vamos a un choque de civilizaciones? ¿Quizá estamos ya inmersos en él?En mi opinión, esta tesis es totalmente errónea. Las civilizaciones más antiguas e influyentes se caracterizaron por las metafísicas y las grandes religiones que estudió Max Weber. Todas ellas poseen un potencial universalista, y por eso se levantaron sobre la base de la apertura y la inclusión. Lo cierto es que el fundamentalismo religioso es un fenómeno totalmente moderno. Se remonta a los desarraigos sociales que surgieron y siguen surgiendo a consecuencia del colonialismo, la descolonización y la globalización capitalista.

Escribió en cierta ocasión que Europa debería fomentar el auge de un islam ilustrado y europeo. ¿Cree que lo está haciendo? En la República Federal de Alemania nos esforzamos por incluir en nuestras universidades la teología islámica, de manera que podamos formar profesores de religión en nuestro propio país y no tengamos que seguir importándolos de Turquía o de otros lugares. Pero, en esencia, este proceso depende de que logremos integrar verdaderamente a las familias inmigrantes. No obstante, esto no alcanza ni mucho menos a las oleadas mundiales de emigración. La única manera de hacerles frente sería combatir sus causas económicas en los países de origen.

¿Cómo se hace eso? No me pregunte cómo conseguirlo sin cambios en el sistema económico mundial del capitalismo. Es un problema de siglos. No soy un experto, pero lea el libro de Stephan Lessenich Die Externalisierungsgesellschaft [La sociedad de la externalización] y verá que el origen de las oleadas que ahora refluyen hacia Europa y el mundo occidental está en estos mismos.

“Europa es un gigante económico y un enano político”. Firmado, Jürgen Habermas. Nada parece haber ido a mejor tras el Brexit, el auge de populismos y extremismos, los movimientos neonazis, los intentos nacionalistas de escisión en Escocia o Cataluña… La introducción del euro ha dividido la comunidad monetaria en norte y sur, en ganadores y perdedores. La causa es que las diferencias estructurales entre las regiones económicas nacionales no se pueden compensar si no se avanza hacia la unión política. Faltan válvulas, como por ejemplo la movilidad en un mercado laboral único o un sistema de seguridad social común, y faltan competencias europeas para una política fiscal común. A ello se añade el modelo político neoliberal incorporado a los tratados europeos, que refuerza aún más la dependencia de los Estados nacionales con relación a los mercados globalizados. El elevado desempleo juvenil en los países del sur es un escándalo que clama al cielo. La desigualdad ha aumentado en todos nuestros países y ha erosionado la cohesión de la ciudadanía. Entre los que consiguen adaptarse, se extiende el modelo económico liberal que orienta la acción en beneficio propio; entre los que se encuentran en situación precaria, cunden los miedos regresivos y las reacciones de ira irracionales y autodestructivas.

¿Sigue de cerca el problema catalán? ¿Cuál es su opinión y su diagnóstico? Pero realmente, ¿cuál es el motivo de que un pueblo culto y avanzado como Cataluña desee estar solo en Europa? No lo comprendo. Me da la sensación de que todo se reduce a cuestiones económicas… No sé lo que pasará. ¿Usted qué cree?

Creo que pensar en aislar políticamente a una población de en torno a dos millones de personas con aspiraciones independentistas no es realista. Y desde luego, no es sencillo… Está claro que eso es un problema, sí. Es demasiada gente.

Jürgen Habermas lee en el salón de su casa de Starnberg, cerca de Múnich.
Jürgen Habermas lee en el salón de su casa de Starnberg, cerca de Múnich. GORKA LEJARCEGI

Jürgen Habermas habla con mucha dificultad debido a un defecto de nacimiento en forma de fisura de paladar y labio leporino. Una pequeña tragedia personal para alguien cuya misión filosófica primordial ha sido poner en valor el lenguaje y la dimensión social y comunicativa del hombre como remedio de tantos males (todo ello recogido en su célebre Teoría de la acción comunicativa). El viejo profesor se muestra realista y resignado cuando, mirando por la ventana, susurra: “Ya no me gustan los grandes auditorios ni los grandes salones. No me entero bien de las cosas. Hay una cacofonía que me desespera”.

Profesor, ¿considera los Estados-nación más necesarios que nunca o por el contrario cree de algún modo que están superados? Hum, quizá no debería decir esto, pero considero que los Estados-nación fueron algo que casi nadie se creía pero que hubo que inventar en su tiempo por razones eminentemente pragmáticas.

Siempre culpamos a los políticos del fracaso en la construcción europea, pero ¿no tenemos los ciudadanos de a pie de la UE nuestra parte de culpa? ¿De verdad creemos los europeos en la europeidad? Veamos, hasta ahora, los liderazgos políticos y los gobiernos han llevado adelante el proyecto de manera elitista, sin incluir a las poblaciones de los países en estas complejas cuestiones. Tengo la impresión de que ni siquiera han familiarizado a los partidos políticos ni a los diputados de los Parlamentos nacionales con la complicada materia de la política europea. Bajo el lema “mamá cuida de vuestro dinero”, Merkel y Schäuble han protegido durante la crisis, de manera verdaderamente ejemplar, sus medidas contra la esfera pública.

¿Conserva Alemania una vocación de liderazgo europeo? ¿Ha confundido Alemania a veces liderazgo con hegemonía? ¿Y Francia? ¿Qué papel debe desempeñar el país que lidera su adoradopresidente Macron? Seguramente el problema ha sido, más bien, que el Gobierno federal alemán ni siquiera ha tenido el talento ni la experiencia de una potencia hegemónica. De lo contrario habría sabido que no es posible mantener Europa unida sin tener en cuenta los intereses de los demás Estados. En las dos últimas décadas, la República Federal ha actuado cada vez más como una potencia nacionalista en el terreno económico. En lo que respecta a Macron, sigue intentando persuadir a Merkel de que tiene que pensar en su imagen con vistas a los libros de historia.

¿Qué papel cree que puede jugar España en la mejora de la construcción europea? España simplemente tiene que respaldar a Macron.

En artículos recientes usted ha defendido con pasión la figura del presidente Macron, quien, por cierto, es filósofo como usted. ¿Qué es lo que más le atrae de él? ¿Cree que es bueno que un líder político sea un filósofo? ¡Por Dios, nada de gobernantes filósofos! No obstante, Macron me inspira respeto porque, en la escena política actual, es el único que se atreve a tener una perspectiva política; que, como persona intelectual y orador convincente, persigue las metas políticas acertadas para Europa; que, en las circunstancias casi desesperadas de la contienda electoral, demostró valor personal, y que, hasta ahora, desde su cargo de presidente, hace lo que dijo que iba a hacer. Y en una época de paralizante pérdida de identidad política, he aprendido a apreciar estas cualidades personales en contra de mis convicciones marxistas.

Sin embargo, es imposible por ahora saber cuál es su ideología… en el caso de que la tenga. Sí, tiene usted razón. Hasta la fecha sigo sin ver claramente qué convicciones subyacen tras la política europea del presidente francés. Me gustaría saber si al menos es un liberal de izquierdas convencido…, y eso es lo que espero.

Esta entrevista, que pudo realizarse gracias a los buenos oficios del profesor y escritor Daniel Innerarity, es un cruce de caminos entre respuestas ofrecidas por escrito e intercambios de impresiones durante aquella mañana en Starnberg. Cuando la conversación acabó, el único superviviente de la segunda Escuela de Fráncfort desapareció de repente tras la puerta de la cocina de su casa. Volvió dibujando en su cara una sonrisa cómplice, con una botella de Rioja en una mano y otra de Riesling en la otra. España y Alemania, juntas en casa de Habermas.­

El guardián de la conversación

Jürgen Habermas, durante una intervención en el refectorio de la Universidad de Fráncfort en junio de 1968.
Jürgen Habermas, durante una intervención en el refectorio de la Universidad de Fráncfort en junio de 1968. ABISAG TÜLLMANN (BPK)

Por Daniel Innerarity

Tres invitados sentados a comer en casa de los Habermas equivale a ir directos al grano, es decir, al pensamiento, sin la distracción de una comida que haya que valorar. Enseguida la conversación ocupaba toda la escena, y no el monólogo que podíamos haber esperado, pues Habermas escuchaba y preguntaba más de lo que intervenía. Y eso que seguramente era el único allí con verdadero derecho a la grandeza, pero que, tal vez por tenerla, era el más curioso de todos. Se tenía la sensación de estar conversando con uno de los más grandes, tal vez con el último de esos intelectuales públicos que han gozado de una autoridad que en la era de las redes sociales y la inmediatez oportunista comenzamos a echar de menos. Me atrevo a decir que el legado de Habermas no será tanto su inmensa obra escrita como ese aprecio hacia lo público y lo común, que es más una virtud cívica, una actitud intelectual, que una teoría. Habermas es, antes que nada, un entusiasta de la conversación, alguien convencido de que cuanto vale la pena ha sido el resultado de una empresa común, de lo que hemos dicho y hecho entre todos. Su preocupación fundamental ha sido siempre cómo proteger y mejorar ese espacio de la intersubjetividad porque es ahí donde realizamos los verdaderos descubrimientos y, sobre todo, el lugar en el que se edifica la convivencia democrática.

Formado en la tradición de la gran filosofía clásica alemana, a la que quiso someter a la prueba del contraste con otras formulaciones más modernas, como las teorías analíticas del lenguaje o las formulaciones republicanas de la democracia, Habermas posee una amplia cultura que no es tanto agregación de informaciones, sino transversalidad que ha constituido como un diálogo interior. En sus propuestas filosóficas están Kant, Marx y Adorno, pero no como piezas mudas de museo, sino como interlocutores a los que se puede poner a hablar con Austin, Derrida y Rawls. La totalidad no está construida en la mente de Habermas como un sistema, sino como una conversación de muchos interlocutores. Este gusto por las interpretaciones generales del mundo y la cultura es algo que parece extemporáneo en una época de fragmentación y especialismo. El primer obstáculo al que ha de hacer frente quien pretenda elaborar algo así como una teoría general de las cosas es el escepticismo de quienes lo creen imposible o al menos no tan rentable como saberlo todo de casi nada. Habermas ha resistido siempre la posible acusación de que preocuparse por la totalidad era una empresa arrogante o ingenua. Gracias a esa temeridad le debemos algo que, más que una teoría, es un hilo conductor de su visión del mundo: situar al ser humano que dialoga en el centro de todas las soluciones.

Tal vez esa pasión por el argumento público es lo que explica el sentido de responsabilidad que ha presidido su vida como intelectual público. Su tarea como profesor e investigador es inseparable de su intervención continua en los grandes debates que han tenido lugar en los últimos decenios, ya fuera el uso público de la historia, los riesgos de la intervención genética o, más recientemente, el modo como Europa debía resolver sus crisis. Si Voltaire resumía todos nuestros deberes en que hemos de cultivar nuestro propio jardín, Habermas parecía haber traducido esa metáfora en el cuidado de la conversación. Nos daba así la lección a los comensales de que el dominio público no debe ser imaginado como un gigantesco y solemne debate entre los poderosos de este mundo, sino también como una charla de sobremesa en la que por cierto no siempre estábamos de acuerdo.

https://elpais.com/elpais/2018/04/25/eps/1524679056_056165.html

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