ALEMANIA. Jürgen Habermas: “¡Por Dios, nada de gobernantes filósofos!”


Jürgen Habermas: “¡Por Dios, nada de gobernantes filósofos!”
GORKA LEJARCEGI

A punto de cumplir 89 años, el filósofo vivo más influyente del mundo está en plena forma. El viejo profesor alemán, discípulo de Adorno y superviviente de la Escuela de Fráncfort, mantiene un pulso de hierro en sus juicios sobre las cuestiones esenciales de ahora y de siempre, que sigue destilando en libros y artículos. Los nacionalismos, la inmigración, Internet, la construcción europea y la crisis de la filosofía son algunos de los temas tratados durante este encuentro en su casa de Starnberg.

EN TORNO AL LAGO de Starnberg, a unos 50 kilómetros de Múnich, se arraciman sucesivas hileras de chalets estilo alpino. La única excepción a la apabullante dosis de melancolía, madera oscura y flores en los balcones surge en forma de un bloque blanco y compacto de esquinas suaves, con ventanas grandes y cuadradas como única concesión a la sobriedad. Es el racionalismo hecho arquitectura en el país de Heidi. La Bauhaus y su modernidad rabiosa en medio de la Baviera eterna y conservadora. Una minúscula placa blanca sobre una puerta azul confirma que ahí vive Jürgen Habermas (Düsseldorf, 1929), sin duda el filósofo vivo más influyente del mundo por trayectoria, obra publicada y actividad frenética aun hoy, cuando falta mes y medio para que cumpla 89 años. Su esposa desde hace más de 60 años, la historiadora Ute Wesselhoeft, recibe en el pequeño vestíbulo y solo tarda unos segundos en girar la cabeza y exclamar: “¡Jürgen, los señores de España han llegado!”. Ambos habitan esta casa desde 1971, cuando Habermas pasó a dirigir el Instituto Max Planck de Ciencias Sociales.

“No puede haber intelectuales comprometidos si ya no hay lectores a los que seguir llegando con argumentos”

El discípulo y asistente de Theodor Adorno, además de miembro insigne de la segunda generación de la Escuela de Fráncfort y antiguo catedrático de Filosofía en la Universidad ­Goethe de Fráncfort avanza desde su estudio, una coqueta leonera de papeles y libros en estado de caos cuyos ventanales dan a un bosque. Da la mano con fuerza. Es muy alto, camina muy recto y tiene una espectacular mata de pelo blanco como la nieve. Saluda afable e invita a sentarse en uno de los grandes sofás. La estancia está decorada en tonos blancos y arena y acoge una pequeña colección de arte moderno que incluye pinturas de Hans Hartung, Eduardo Chillida, Sean Scully y Günter Fruhtrunk, y esculturas de Oteiza y Miró (esta última simboliza el Premio Príncipe de Asturias de Ciencias Sociales recibido en 2003). Se abre imponente al visitante la biblioteca de Habermas, que aloja viejos volúmenes de Goethe y de Hölderlin, de Schiller y de Von Kleist, y filas enteras de obras de Engels, Marx, Joyce, Broch, Walser, Hermann Hesse y Günter Grass, entre otra infinidad de escritores y pensadores.

El autor de obras imprescindibles del pensamiento, la sociología y la ciencia política del siglo XX como Historia y crítica de la opinión pública, Conocimiento e interés, El espacio público, Discurso filosófico de la modernidad o Teoría de la acción comunicativa intercambia con El País Semanalimpresiones acerca de algunos de los temas que le han preocupado durante seis décadas y le siguen preocupando. Con una excepción: el entrevistado prefirió esquivar toda cuestión relacionada con el pasado nazi de su país y con su propia experiencia al respecto (fue miembro de las Juventudes Hitlerianas —como tantos compatriotas suyos, obligado—). Habermas está enfadado. “Sí…, sigo enfadado con algunas de las cosas que ocurren en el mundo. Eso no es malo, ¿no?”, bromea.

Jürgen Habermas: “¡Por Dios, nada de gobernantes filósofos!”
GORKA LEJARCEGI

Profesor Habermas, se habla mucho de la decadencia de la figura del intelectual comprometido. ¿Considera justo ese juicio? ¿No es a menudo un mero tema de conversación entre los propios intelectuales? Para la figura del intelectual, tal como la conocemos en el paradigma francés, desde Zola hasta Sartre y Bourdieu, fue determinante una esfera pública cuyas frágiles estructuras están experimentando ahora un proceso acelerado de deterioro. La pregunta nostálgica de por qué ya no hay intelectuales está mal planteada. No puede haberlos si ya no hay lectores a los que seguir llegando con sus argumentos.

¿Puede pensarse que Internet ha acabado por diluir esa esfera pública que quizá garantizaban los grandes medios tradicionales y que eso ha afectado a la repercusión de los filósofos y los pensadores? Sí. Desde Heinrich Heine, la figura histórica del intelectual ha ganado altura de la mano de la esfera pública liberal en su configuración clásica. Sin embargo, esta vive de unos supuestos culturales y sociales inverosímiles, principalmente de la existencia de un periodismo despierto, con unos medios de referencia y una prensa de masas capaz de dirigir el interés de la gran mayoría de la ciudadanía hacia temas relevantes para la formación de opinión política. Y también de la existencia de una población lectora que se interesa por la política y tiene un buen nivel educativo, acostumbrada al conflictivo proceso de formación de opinión, que saca tiempo para leer prensa independiente de calidad. Hoy en día, esta infraestructura ya no está intacta. Si acaso, que yo sepa, se mantiene en países como España, Francia y Alemania. Pero también en ellos el efecto fragmentador de Internet ha desplazado el papel de los medios de comunicación tradicionales, en todo caso entre las nuevas generaciones. Antes de que entrasen en juego estas tendencias centrífugas y atomizadoras de los nuevos medios, la desintegración de la esfera ciudadana ya había empezado con la mercantilización de la atención pública. Estados Unidos y su dominio exclusivo de la televisión privada es un ejemplo espeluzante. Ahora, los nuevos medios de comunicación practican una modalidad mucho más insidiosa de mercantilización. En ella, el objetivo no es directamente la atención de los consumidores, sino la explotación económica del perfil privado de los usuarios. Se roban los datos de los clientes sin su conocimiento para poder manipularlos mejor, a veces incluso con fines políticos perversos, como acabamos de saber a través del escándalo de Facebook.

“La única forma de hacer frente a las oleadas mundiales de emigración sería combatir sus causas económicas en los países de origen”

¿No cree que Internet, más allá de sus indiscutibles ventajas, ha forjado una especie de nuevo analfabetismo? Usted se refiere a las controversias agresivas, las burbujas y los bulos de Donald Trump en sus tuits. De este individuo no se puede decir siquiera que esté por debajo del nivel de la cultura política de su país. Trump destruye ese nivel permanentemente. Desde la invención del libro impreso, que convirtió a todas las personas en lectores en potencia, tuvieron que pasar siglos hasta que toda la población aprendió a leer. Internet, que nos convierte a todos en autores en potencia, no tiene más que un par de décadas de edad. Es posible que con el tiempo aprendamos a manejar las redes sociales de manera civilizada. Internet ya ha abierto millones de nichos subculturales útiles en los que se intercambia información fiable y opiniones fundadas. Pensemos no solo en los blogs de científicos que intensifican su labor académica por este medio, sino también, por ejemplo, en los pacientes que sufren una enfermedad rara y se ponen en contacto con otra persona en su misma situación de continente a continente para ayudarse mutuamente con sus consejos y su experiencia. Se trata, sin duda, de grandes beneficios de la comunicación, que no sirven solo para aumentar la velocidad de las transacciones bursátiles y de los especuladores. Yo soy demasiado viejo para juzgar el impulso cultural que originarán los nuevos medios. Lo que me irrita es el hecho de que se trata de la primera revolución de los medios en la historia de la humanidad que sirve ante todo a fines económicos, y no culturales.

En el paisaje hipertecnologizado de hoy, donde triunfan los mal llamados saberes útiles, ¿qué vigencia y sobre todo qué futuro tiene la filosofía?Mire, soy de la anticuada opinión de que la filosofía debería seguir intentando responder a las preguntas de Kant: ¿qué puedo saber?, ¿qué debo hacer?, ¿qué me es dado esperar? y ¿qué es el ser humano? Sin embargo, no estoy seguro de que la filosofía, tal como la conocemos, tenga futuro. Actualmente sigue, como todas las disciplinas, la corriente hacia una especialización cada vez mayor. Y eso es un callejón sin salida, porque la filosofía debería tratar de explicar la totalidad, contribuir a la explicación racional de nuestra manera de entendernos a nosotros mismos y al mundo.

El pensador alemán se asoma a una ventana de la casa donde vive con su esposa, Ute, desde 1971.
El pensador alemán se asoma a una ventana de la casa donde vive con su esposa, Ute, desde 1971.GORKA LEJARCEGI

¿Qué queda de su vieja filiación marxista? ¿Sigue siendo Jürgen Habermas un hombre de izquierdas? Llevo 65 años trabajando y luchando en la universidad y en la esfera pública a favor de postulados de izquierdas. Si desde hace un cuarto de siglo abogo por la profundización política de la Unión Europea, lo hago con la idea de que solamente ese régimen continental podría domar un capitalismo que se ha vuelto salvaje. Jamás he dejado de criticar al capitalismo, pero tampoco de ser consciente de que no bastan los diagnósticos a vuelapluma. No soy de esos intelectuales que disparan sin apuntar.

Kant + Hegel + Ilustración + marxismo desencantado = Habermas. ¿Le sirve esta ecuación para despejar la “x” de su ideología y de su pensamiento? Si hay que expresarlo en estilo telegráfico, estoy de acuerdo, aunque no sin una pizca de la dialéctica negativa de Adorno…

Usted acuñó en 1986 el concepto político del patriotismo constitucional, que hoy suena casi medicinal frente a otros supuestos patriotismos de himno y bandera. Es mucho más difícil ejercer el primero que los segundos, ¿no? En 1984 pronuncié una conferencia en el Congreso español por invitación de su presidente, y al acabar fuimos a comer a un restaurante histórico. Estaba, si no me equivoco, entre el Parlamento y la Puerta del Sol, en la acera de la izquierda. Sea como sea, durante la animada tertulia con nuestros impresionantes anfitriones —muchos de ellos eran compañeros socialdemócratas que habían participado en la redacción de la nueva Constitución del país—, mi esposa y yo nos enteramos de que en ese local había tenido lugar la conspiración para preparar la proclamación de la Primera República española en 1873. Al saberlo, experimentamos una sensación totalmente diferente. El patriotismo constitucional necesita un relato apropiado para que tengamos siempre presente que la Constitución es el logro de una historia nacional.

Y en ese sentido, ¿se considera usted un patriota?Me siento patriota de un país que, por fin, tras la Segunda Guerra Mundial, dio a luz una democracia estable, y a lo largo de las subsiguientes décadas de polarización política, una cultura política liberal. No acabo de decidirme a declararlo y, de hecho, es la primera vez que lo hago, pero en este sentido sí, soy un patriota alemán, además de un producto de la cultura alemana.

¿De qué cultura alemana? ¿Solo hay una o hay culturas alemanas? Yo me siento orgulloso de esa cultura también cuando de la segunda o la tercera generación de inmigrantes turcos, iraníes, griegos, o de donde quiera que hayan llegado, aparecen de repente en la esfera pública los cineastas, los periodistas y las locutoras de televisión más fabulosos; los ejecutivos y los médicos más competentes, o los mejores literatos, políticos, músicos o profesores. Todo ello constituye una demostración palpable de la fuerza y la capacidad de regeneración de nuestra cultura. El rechazo agresivo de los populistas de derechas contra las personas sin las cuales esa demostración habría sido imposible es una majadería.

“Macron me inspira respeto porque, en la paralizante escena actual, es el único que se atreve a tener una perspectiva política y que ha demostrado valor”

Creo que prepara un nuevo libro sobre la religión y su fuerza simbólica y semántica como remedio a ciertas lagunas de la modernidad. ¿Puede contarnos algo sobre ese proyecto? Bueno, la verdad es que este libro no trata tanto de religión como de filosofía. Yo espero que la genealogía de un pensamiento posmetafísico desarrollado a partir de un discurso milenario sobre la fe y el conocimiento pueda contribuir a que una filosofía progresivamente degradada en ciencia no olvide su función esclarecedora.

Hablando de religiones y de guerra de religiones y culturas… Teniendo en cuenta el actual nivel de intransigencia y los fundamentalismos de todo corte, ¿cree que vamos a un choque de civilizaciones? ¿Quizá estamos ya inmersos en él?En mi opinión, esta tesis es totalmente errónea. Las civilizaciones más antiguas e influyentes se caracterizaron por las metafísicas y las grandes religiones que estudió Max Weber. Todas ellas poseen un potencial universalista, y por eso se levantaron sobre la base de la apertura y la inclusión. Lo cierto es que el fundamentalismo religioso es un fenómeno totalmente moderno. Se remonta a los desarraigos sociales que surgieron y siguen surgiendo a consecuencia del colonialismo, la descolonización y la globalización capitalista.

Escribió en cierta ocasión que Europa debería fomentar el auge de un islam ilustrado y europeo. ¿Cree que lo está haciendo? En la República Federal de Alemania nos esforzamos por incluir en nuestras universidades la teología islámica, de manera que podamos formar profesores de religión en nuestro propio país y no tengamos que seguir importándolos de Turquía o de otros lugares. Pero, en esencia, este proceso depende de que logremos integrar verdaderamente a las familias inmigrantes. No obstante, esto no alcanza ni mucho menos a las oleadas mundiales de emigración. La única manera de hacerles frente sería combatir sus causas económicas en los países de origen.

¿Cómo se hace eso? No me pregunte cómo conseguirlo sin cambios en el sistema económico mundial del capitalismo. Es un problema de siglos. No soy un experto, pero lea el libro de Stephan Lessenich Die Externalisierungsgesellschaft [La sociedad de la externalización] y verá que el origen de las oleadas que ahora refluyen hacia Europa y el mundo occidental está en estos mismos.

“Europa es un gigante económico y un enano político”. Firmado, Jürgen Habermas. Nada parece haber ido a mejor tras el Brexit, el auge de populismos y extremismos, los movimientos neonazis, los intentos nacionalistas de escisión en Escocia o Cataluña… La introducción del euro ha dividido la comunidad monetaria en norte y sur, en ganadores y perdedores. La causa es que las diferencias estructurales entre las regiones económicas nacionales no se pueden compensar si no se avanza hacia la unión política. Faltan válvulas, como por ejemplo la movilidad en un mercado laboral único o un sistema de seguridad social común, y faltan competencias europeas para una política fiscal común. A ello se añade el modelo político neoliberal incorporado a los tratados europeos, que refuerza aún más la dependencia de los Estados nacionales con relación a los mercados globalizados. El elevado desempleo juvenil en los países del sur es un escándalo que clama al cielo. La desigualdad ha aumentado en todos nuestros países y ha erosionado la cohesión de la ciudadanía. Entre los que consiguen adaptarse, se extiende el modelo económico liberal que orienta la acción en beneficio propio; entre los que se encuentran en situación precaria, cunden los miedos regresivos y las reacciones de ira irracionales y autodestructivas.

¿Sigue de cerca el problema catalán? ¿Cuál es su opinión y su diagnóstico? Pero realmente, ¿cuál es el motivo de que un pueblo culto y avanzado como Cataluña desee estar solo en Europa? No lo comprendo. Me da la sensación de que todo se reduce a cuestiones económicas… No sé lo que pasará. ¿Usted qué cree?

Creo que pensar en aislar políticamente a una población de en torno a dos millones de personas con aspiraciones independentistas no es realista. Y desde luego, no es sencillo… Está claro que eso es un problema, sí. Es demasiada gente.

Jürgen Habermas lee en el salón de su casa de Starnberg, cerca de Múnich.
Jürgen Habermas lee en el salón de su casa de Starnberg, cerca de Múnich. GORKA LEJARCEGI

Jürgen Habermas habla con mucha dificultad debido a un defecto de nacimiento en forma de fisura de paladar y labio leporino. Una pequeña tragedia personal para alguien cuya misión filosófica primordial ha sido poner en valor el lenguaje y la dimensión social y comunicativa del hombre como remedio de tantos males (todo ello recogido en su célebre Teoría de la acción comunicativa). El viejo profesor se muestra realista y resignado cuando, mirando por la ventana, susurra: “Ya no me gustan los grandes auditorios ni los grandes salones. No me entero bien de las cosas. Hay una cacofonía que me desespera”.

Profesor, ¿considera los Estados-nación más necesarios que nunca o por el contrario cree de algún modo que están superados? Hum, quizá no debería decir esto, pero considero que los Estados-nación fueron algo que casi nadie se creía pero que hubo que inventar en su tiempo por razones eminentemente pragmáticas.

Siempre culpamos a los políticos del fracaso en la construcción europea, pero ¿no tenemos los ciudadanos de a pie de la UE nuestra parte de culpa? ¿De verdad creemos los europeos en la europeidad? Veamos, hasta ahora, los liderazgos políticos y los gobiernos han llevado adelante el proyecto de manera elitista, sin incluir a las poblaciones de los países en estas complejas cuestiones. Tengo la impresión de que ni siquiera han familiarizado a los partidos políticos ni a los diputados de los Parlamentos nacionales con la complicada materia de la política europea. Bajo el lema “mamá cuida de vuestro dinero”, Merkel y Schäuble han protegido durante la crisis, de manera verdaderamente ejemplar, sus medidas contra la esfera pública.

¿Conserva Alemania una vocación de liderazgo europeo? ¿Ha confundido Alemania a veces liderazgo con hegemonía? ¿Y Francia? ¿Qué papel debe desempeñar el país que lidera su adoradopresidente Macron? Seguramente el problema ha sido, más bien, que el Gobierno federal alemán ni siquiera ha tenido el talento ni la experiencia de una potencia hegemónica. De lo contrario habría sabido que no es posible mantener Europa unida sin tener en cuenta los intereses de los demás Estados. En las dos últimas décadas, la República Federal ha actuado cada vez más como una potencia nacionalista en el terreno económico. En lo que respecta a Macron, sigue intentando persuadir a Merkel de que tiene que pensar en su imagen con vistas a los libros de historia.

¿Qué papel cree que puede jugar España en la mejora de la construcción europea? España simplemente tiene que respaldar a Macron.

En artículos recientes usted ha defendido con pasión la figura del presidente Macron, quien, por cierto, es filósofo como usted. ¿Qué es lo que más le atrae de él? ¿Cree que es bueno que un líder político sea un filósofo? ¡Por Dios, nada de gobernantes filósofos! No obstante, Macron me inspira respeto porque, en la escena política actual, es el único que se atreve a tener una perspectiva política; que, como persona intelectual y orador convincente, persigue las metas políticas acertadas para Europa; que, en las circunstancias casi desesperadas de la contienda electoral, demostró valor personal, y que, hasta ahora, desde su cargo de presidente, hace lo que dijo que iba a hacer. Y en una época de paralizante pérdida de identidad política, he aprendido a apreciar estas cualidades personales en contra de mis convicciones marxistas.

Sin embargo, es imposible por ahora saber cuál es su ideología… en el caso de que la tenga. Sí, tiene usted razón. Hasta la fecha sigo sin ver claramente qué convicciones subyacen tras la política europea del presidente francés. Me gustaría saber si al menos es un liberal de izquierdas convencido…, y eso es lo que espero.

Esta entrevista, que pudo realizarse gracias a los buenos oficios del profesor y escritor Daniel Innerarity, es un cruce de caminos entre respuestas ofrecidas por escrito e intercambios de impresiones durante aquella mañana en Starnberg. Cuando la conversación acabó, el único superviviente de la segunda Escuela de Fráncfort desapareció de repente tras la puerta de la cocina de su casa. Volvió dibujando en su cara una sonrisa cómplice, con una botella de Rioja en una mano y otra de Riesling en la otra. España y Alemania, juntas en casa de Habermas.­

El guardián de la conversación

Jürgen Habermas, durante una intervención en el refectorio de la Universidad de Fráncfort en junio de 1968.
Jürgen Habermas, durante una intervención en el refectorio de la Universidad de Fráncfort en junio de 1968. ABISAG TÜLLMANN (BPK)

Por Daniel Innerarity

Tres invitados sentados a comer en casa de los Habermas equivale a ir directos al grano, es decir, al pensamiento, sin la distracción de una comida que haya que valorar. Enseguida la conversación ocupaba toda la escena, y no el monólogo que podíamos haber esperado, pues Habermas escuchaba y preguntaba más de lo que intervenía. Y eso que seguramente era el único allí con verdadero derecho a la grandeza, pero que, tal vez por tenerla, era el más curioso de todos. Se tenía la sensación de estar conversando con uno de los más grandes, tal vez con el último de esos intelectuales públicos que han gozado de una autoridad que en la era de las redes sociales y la inmediatez oportunista comenzamos a echar de menos. Me atrevo a decir que el legado de Habermas no será tanto su inmensa obra escrita como ese aprecio hacia lo público y lo común, que es más una virtud cívica, una actitud intelectual, que una teoría. Habermas es, antes que nada, un entusiasta de la conversación, alguien convencido de que cuanto vale la pena ha sido el resultado de una empresa común, de lo que hemos dicho y hecho entre todos. Su preocupación fundamental ha sido siempre cómo proteger y mejorar ese espacio de la intersubjetividad porque es ahí donde realizamos los verdaderos descubrimientos y, sobre todo, el lugar en el que se edifica la convivencia democrática.

Formado en la tradición de la gran filosofía clásica alemana, a la que quiso someter a la prueba del contraste con otras formulaciones más modernas, como las teorías analíticas del lenguaje o las formulaciones republicanas de la democracia, Habermas posee una amplia cultura que no es tanto agregación de informaciones, sino transversalidad que ha constituido como un diálogo interior. En sus propuestas filosóficas están Kant, Marx y Adorno, pero no como piezas mudas de museo, sino como interlocutores a los que se puede poner a hablar con Austin, Derrida y Rawls. La totalidad no está construida en la mente de Habermas como un sistema, sino como una conversación de muchos interlocutores. Este gusto por las interpretaciones generales del mundo y la cultura es algo que parece extemporáneo en una época de fragmentación y especialismo. El primer obstáculo al que ha de hacer frente quien pretenda elaborar algo así como una teoría general de las cosas es el escepticismo de quienes lo creen imposible o al menos no tan rentable como saberlo todo de casi nada. Habermas ha resistido siempre la posible acusación de que preocuparse por la totalidad era una empresa arrogante o ingenua. Gracias a esa temeridad le debemos algo que, más que una teoría, es un hilo conductor de su visión del mundo: situar al ser humano que dialoga en el centro de todas las soluciones.

Tal vez esa pasión por el argumento público es lo que explica el sentido de responsabilidad que ha presidido su vida como intelectual público. Su tarea como profesor e investigador es inseparable de su intervención continua en los grandes debates que han tenido lugar en los últimos decenios, ya fuera el uso público de la historia, los riesgos de la intervención genética o, más recientemente, el modo como Europa debía resolver sus crisis. Si Voltaire resumía todos nuestros deberes en que hemos de cultivar nuestro propio jardín, Habermas parecía haber traducido esa metáfora en el cuidado de la conversación. Nos daba así la lección a los comensales de que el dominio público no debe ser imaginado como un gigantesco y solemne debate entre los poderosos de este mundo, sino también como una charla de sobremesa en la que por cierto no siempre estábamos de acuerdo.

https://elpais.com/elpais/2018/04/25/eps/1524679056_056165.html

Raimon Panikkar (1918-2010): caminando entre culturas: Juan José Tamayo


Raimon Panikkar (1918-2010): caminando entre culturas

03 de Enero de 2018

[Por: Juan José Tamayo]

Al recibir este amanecer el nuevo año mi primer recuerdo ha sido para el filósofo y teólogo Raimon Panikkar, que en 2018 hubiera cumplido cien años. Falleció el 26 de agosto de 2010 a los 91. Sabedor de nuestra amistad y sintonía, me dio la noticia de su muerte su hermano el filósofo y buen amigo Salvador Pániker. Durante mi reciente viaje a Fez hablé de él con el director del Instituto Cervantes de esa ciudad marroquí, el doctor Oscar Pujol, que conoce muy bien al filósofo y su obra y vivió 16 años en Benarés, en cuya universidad Raimon fue investigador y profesor.

 

Mi relación con Raimon se inició en los Congresos de Teología, de la Asociación Juan XXIII, en varios de los cuales participó. Recuerdo su sugerente conferencia sobre “Dios en las religiones” que pronunció en el V Congreso sobre “Dios de vida, ídolos de muerte” en 1985. Desde entonces nuestra comunicación fue muy fluida por carta, en aquellas tarjetas blancas de letra menos ininteligible que si escribiera en sánscrito, conversaciones telefónicas y encuentros en congresos sobre interculturalidad y diálogo interreligioso. He leído buena parte de su producción bibliográfica. Algunos de sus libros los tengo dedicados. Ahora sigo recibiendo los diferentes volúmenes de sus Obras completas, que está publicando la editorial Herder.

 

¿Quién era, quién es Raimon Panikkar? Sirva como primera aproximación la imagen que ofrece el teólogo colombiano José Luis Meza Rueda, profesor de  la Universidad Javeriana de Bogotá, de la rica y compleja personalidad del intelectual catalán en su excelente obra La antropología de Raimon Panikkar (Universidad Javeriana, Bogotá, 2010):

 

Filósofo y teólogo; místico y maestro; políglota y poeta; cristiano, hindú, buddhista y secular; ciudadano del mundo y estudioso de las culturas y las religiones… De ideas desconcertantes y fascinantes, de un pensamiento agudo, pero problematizador, de una pluma prolija e insistente, de grandes admiradores pero también de grandes detractores. 

 

Yo añadiría: hombre de diálogo interdisciplinar y de interculturalidad“Sin diálogo, el ser humano se asfixia y las religiones se anquilosan”. Fue en 1993 cuando escribió sentencia tan aforística en un artículo sobre “Diálogo inter- e intrarreligioso” que le pedí para mi Nuevo Diccionario de Teología (Trotta, Madrid, 2005). En él establece las bases del diálogo como alternativa a los fundamentalismos, dogmatismos, anatemas e intolerancias de las religiones y de las culturas hegemónicas, pero también como superación de los monolingüismos, los colonialismos y las guerras religiosas.

 

Pero el diálogo no lo defiende en abstracto y en el vacío, sino entre filosofía y teología, religión y ciencia, Occidente y Oriente, Atenas y Jerusalén, culturas y religiones, mística y espiritualidad, la mística entendida como la experiencia suprema de la realidad, plenitud de Vida y “nueva inocencia”, y la espiritualidad como el camino para alcanzar dicha experiencia. Panikkar no considera la mística una experiencia superior reservada a personas privilegiadas. Es una dimensión antropológica fundamental, que, lejos de deshumanizar, ensancha nuestra humanidad y no la reduce a pura racionalidad.

 

A partir de su conocimiento de las culturas, filosofías y religiones de la India, fue pionero en el diálogo con el hinduismo y se adelantó al concilio Vaticano II, definido como “el concilio del diálogo”. En 1961 defendió su tesis doctoral en teología en la Universidad Lateranense de Roma sobre El Cristo desconocido del hinduismo (Marova, Madrid, 1970), el libro más conocido y traducido a numerosos idiomas. Posteriormente abrió una nueva ruta de diálogo con el buddhismo con El silencio de Dios (1970), que más tarde actualizó bajo el título El silencio del Buddha. Una introducción al ateísmo religioso (Siruela, Madrid, 2006).

 

Raimon Panikkar encarnaba en su persona ese diálogo y el peregrinaje por las diferentes tradiciones religiosas y culturales. Es proverbial su confesión de fe interreligiosa: “Marché (de Europa a la India) cristiano, me descubrí a mí mismo hindú y volví buddhista, sin haber dejado de ser cristiano”. Más tarde hablaría de la confluencia en su persona de cuatro grandes ríos: el cristiano, el hindú, el buddhista y el secular. ¡Todo un ejemplo de equilibrio entre creencias religiosas y secularidad, mística y mundanidad!

 

Debido a que filosofamos dialogando con el otro… la filosofía se convierte en intercultural, ya que al hablar con el otro transgredo el ámbito de mi cultura individual y entro realmente en el terreno intercultural que a veces ayudo a crear. 

 

Raimon Panikkar es reconocido como el iniciador y uno de los principales impulsores de la filosofía intercultural, que entiende como algo más que una conversación entre vecinos o un diálogo de sobremesa en torno a lo divino y lo humano, que no confunde con el multiculturalismo, que se limita defender la co-existencia –no convivencia– de las culturas, como tampoco con la trans-disciplinariedad, ya que las culturas son algo más que disciplinas. En la interculturalidad no hay absorción de una cultura por otra, pero tampoco independencia, sino correlación.

 

El método de la interculturalidad es el diálogo. Pero ¿qué tipo de diálogo? Con la originalidad conceptual que le caracteriza, lo define con dos adjetivos que parecen redundantes, pero no lo son: diálogo dialogal y duologal, para contraponerlo al diálogo dialéctico. El diálogo por el que aboga Panikkar no es la confrontación de dos logoi en un combate de caballeros en el marco de una objetividad abstracta, sino “un gran legein” de dos interlocutores que quieren conocerse, se preguntan y se responden, se respetan y se escuchan, y quieren entenderse y entender las razones del otro.

 

El diálogo no es una batalla campal entre ideas, sino “un ágora espiritual del encuentro entre dos personas”. Tampoco es solo una conversación entre vecinos o una tertulia de sobremesa para hablar de lo divino y lo humano tras una comida copiosa, sino un viaje, una aventura hacia lo desconocido que no pretende convencer al otro, y menos vencer dialécticamente. Requiere trascender los intereses particulares de los interlocutores que aspiran a la concordia o, si se prefiere, a la concordia discorde o a la armonía discordante, conforme a la afirmación de Séneca: “la naturaleza es un todo armónico incluso por las mismas disidencias”. Exige superar la “epistemología del cazador”, que consiste en la caza de información gestionada por la razón instrumental sin conexión con el resto del ser humano.

 

El diálogo por el que aboga Panikkar no implica seguridad y certezas, pero sí confianza mutua que lleva a descubrir al otro no como un extranjero, sino como un compañero, no como un “ello” anónimo y despersonalizado, sino como un tú en el yo.

 

Panikkar no busca la unidad de las religiones, ni pretende crear una religión que las incluya a todas, sino establecer una relación armónica entre ellas a partir del reconocimiento mutuo. Para ello propone el diálogo inter-religioso, que no consiste en la confrontación de doctrinas, sino en recurrir al lenguaje simbólico, que tiene carácter  relacional. Es precisamente en la relación entre el símbolo y lo simbolizado donde reside su fuerza expresiva. El diálogo no es una mezcla confusa de elementos diferentes, ni la yuxtaposición de las ideas de los interlocutores. Es un proceso en el que los resultados son imprevisibles. No requiere un común denominador que absorba las diferencias y elabore universos cerrados de obligada referencia.

 

En la base y en el centro del diálogo dialógico y duológico están el amor y la afirmación de la subjetividad, y no el distanciamiento metodológico y la desnuda objetividad. Panikkar hace suyo a este respecto un texto del Llibre d’ Amic e Amat, del filósofo y místico Ramón Llull (1232-1315), a quien considera precursor de la interculturalidad:

 

El pájaro cantaba en el huerto del amado. El amante llega y dice al pájaro: si no podemos entendernos el uno al otro a través de lenguajes, entendámonos entonces uno a otro a través del amor, ya que en tu canción mi amado es evocado en mis ojos. 

 

No creo exagerado afirmar que Panikkar hizo realidad y encarnó el diálogo dialogal y duologal en su persona, donde convivían plurales tradiciones: la india y la europea, la hindú y la cristiana, la científica y la humanística, la cósmica y la humana. Y eso fue posible por su sentido migrante de la vida –India, Inglaterra, Alemania, Italia, Estados Unidos, España…– y por su formación interdisciplinar –química, filosofía, teología…–

 

Se entendía con creyentes y no creyentes, amigos y adversarios, discípulos y maestros, con los distintos sistemas de creencias, culturas y cosmovisiones, por muy diferentes que fueran, incluso dentro de la discrepancia, a través del amor y de la mirada limpia. ¡Excelente método para avanzar en el camino hacia la convivencia entre los pueblos y  en la paz, tanto interior como exterior!

 

 

Imagen: https://www.nuvol.com/wp-content/uploads/2015/01/panikkar-yogaindia.jpg

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COLOMBIA: MÁXIMAS de Gonzalo Arango


 

EL HOMBRE NUEVO NO NACE DESDE AFUERA, SINO DESDE ADENTRO.
THE NEW MAN ISN’T BORN FROM THE OUTSIDE, BUT FROM WITHIN.

LA VERDADERA SANTIDAD ES LA QUE ACEPTA LA OFENSA
COMO CONDICIÓN NECESARIA A LA EXISTENCIA DEL PERDÓN.
TRUE SAINTHOOD IS THAT WHICH ACCEPTS THE OFFENCE
AS A NECESSARY CONDITION FOR THE EXISTENCE OF FORGIVENESS.

EL CORAZÓN NECESITA AUSENCIAS PARA ALIMENTAR EL DESEO.
THE HEART NEEDS TIME AWAY TO FEED THE DESIRE.

LA VENGANZA ES MORTAL COMO LA BALA. SÓLO EL PERDÓN RESTAÑA LAS HERIDAS.
REVENGE IS MORTAL LIKE THE BULLET. ONLY FORGIVENESS STAUNCHES THE WOUNDS.

LA PALABRA NO BASTA SIN LA ACCIÓN QUE COMUNICA. QUIZÁS
LA GRANDEZA NO ESTÁ EN EL PENSAMIENTO, SINO EN LA ACCIÓN.
THE WORD IS NOT ENOUGH WITHOUT THE ACTION IT COMMUNICATES.
MAYBE GREATNESS IS NOT IN THE THOUGHT, BUT IN THE ACTION.

SI TRABAJAS CON AMARGURA, DEJANDO PEDAZOS DE PIEL EN LO QUE
HACES, ES PORQUE ALGO NO VA BIEN EN TU TRABAJO O EN TU VIDA. EN ESE CASO,
CAMBIA DE OFICIO POR UNO MÁS ALTO DE HONRAR LA VIDA.
IF YOU WORK WITH BITTERNESS, LEAVING BITS OF FLESH IN WHAT YOU DO, IT IS BECAUSE SOMETHING
IS NOT GOING WELL WITH YOUR WORK OR IN YOUR LIFE. IN THAT CASE, CHANGE YOUR JOB FOR ONE
WHICH HONOURS LIFE MORE.

EL HOMBRE CIVILIZADO TRABAJA PARA AVIVARSE COMO MATERIA Y APAGARSE COMO ALMA.
EL QUE NO SOPLA LA CHISPA DE LA VIDA, LA APAGA.
CIVILIZED MAN WORKS TO REKINDLE HIMSELF AS MATTER AND EXTINGUISH HIMSELF AS SPIRIT.
IF YOU DON’T BLOW ON THE SPARK OF LIFE, YOU PUT IT OUT.

HÉROE ES EL QUE ES CAPAZ DE ROMPER UNA CADENA EN SÍ MISMO,
Y LUCHAR POR DESENCADENAR A LOS DEMÁS.
HERO IS THE ONE WHO IS CAPABLE OF BREAKING A CHAIN
WITHIN HIMSELF, AND STRIVES TO UNCHAIN OTHERS.

SE GANA MÁS DESCANSANDO QUE TRABAJANDO SIN GANAS.
YOU GAIN MORE BY RESTING THAN BY WORKING HALF-HEARTEDLY.

Nota: Proporcionadas por Angie Mary Hickie

La filosofía de Edith Stein.


por Marisol Chevez HidalgoMay 31, 2017

Marisol Chevez Hidalgo en exclusiva para Diario Judío México – Escribir sobre la filósofa de origen judío Edith Stein, es toda una revelación, ya que ésta mística y religiosa carmelita asesinada en Auschwitz en 1942, quien nació en Alemania a finales de 1891 en el seno de una familia judía practicante, nos puede enseñar mucho más que ser compasivo y solidario aún en los momentos más difíciles que en este mundo alguien pueda atravesar. Ya que como profesora de filosofía en la Europa del siglo pasado, ella fue la primera mujer en Alemania en presentar una tesis de grado en ésta disciplina, desarrollando la teología de la mujer, en una época donde la participación de las mujeres estaba limitada a otros quehaceres.

Pionera en su campo, esta intelectual rompió con varios paradigmas, entre ellos, el mismo hecho de que la filosofía era solo un asunto de hombres. Con lo cual sus escritos son más que un estandarte para todas aquellas mujeres que en la actualidad pueden ser cuestionadas y perseguidas por el solo hecho de pensar sobre el pensar, desde la base misma de la racionalidad, como así también lo planteaba Sócrates y además de ello, tratar que otros razonen para que puedan salir del letargo mental en el cual se encuentran sumidos.

Porque argumentar sobre temas de política, moral, ciencia o religión, es aún hoy en día, todo un tabú, cuando estos temas son abordados por mujeres a pesar de todos los derechos e igualdad de condiciones que supuestamente poseemos, en relación con otros tiempos. Ya que todavía a mi criterio no se han logrado borrar siglos y siglos de dominación frente al solo hecho de ser féminas y por ello también seres crítico- racionales de todo lo que nos rodea.
Con lo cual debemos hacer brecha, camino al fin, participando en espacios que hasta hace poco tiempo, solo estaban abiertos para a el sexo masculino y que por ende, no permitían exponer la otra cara de la moneda, en éste mundo donde también formamos parte a pesar de los cuestionamientos sobre nuestro quehacer filosófico frente a una sociedad muy machista y que presenta un sin número de trabas para todas aquellas mujeres que osemos traspasar el umbral del saber, más allá de lo que por generaciones ha sido, casi una imposición aceptada sin más.

Limitando nuestro actuar solamente a determinadas tareas ya que en apariencia para algunos, no seriamos capaces de enfrentarnos a los múltiples desafíos que nos circundan día con día y por ello, alzo la voz para que no se nos discrimine ni por ser mujeres intelectuales, escritoras, madres o por provenir de un determinado origen religioso, sea éste judío, cristiano o musulmán o cualquier otro, como así mismo le ocurrió a Edith Stein, durante la Segunda Guerra Mundial ya que cada vez que deba enfrentarme a éste tipo de atropellos, los cuestionaré ética y moralmente, pero también con todos los medios que me sean posibles para denunciar estos actos de discriminación con tintes pseudo-religiosos o de género, principalmente dentro del ámbito de la Academia.
(Especial para el Diario Judío.com de México.)
28 05 2017.

http://diariojudio.com/opinion/la-filosofia-de-edith-stein/243010/

Muere a los 90 años el filósofo Salvador Pániker


Fundador de la editorial Kairós, presidió la Asociación Derecho a Morir Dignamente
Salvador Pániker
Salvador Pániker, entrevistado en su casa de Barcelona en 2013. GIANLUCA BATTISTA

Salvador Pániker Alemany (Barcelona, 1927-2017) ha dejado este mundo con un montón de dudas sobre si hay otro. Posiblemente ése era su aspecto más interesante e inquietante: la perpetua duda sobre todo. Incluso sobre las certezas acumuladas a lo largo de la vida. Hablar con él era un paseo por la incertidumbre y, a la vez, por una más que notable alegría de vivir. De haber vivido. Hizo casi todo lo que quiso. Incluso quejarse de lo que no hacía.

La vida de Pániker está marcada por su familia. Hijo de padre indio afincado en Barcelona, y de madre barcelonesa, creció en un ambiente claramente burgués que ha narrado en sus varios libros de memorias. Estudió ingeniería y acabó haciéndose cargo durante un periodo muy breve de la empresa familiar porque su hermano, Raimundo Panikkar (cada uno eligió la transcripción del apellido paterno que creyó adecuada) desertó de los negocios mundanos para hacerse sacerdote, miembro del Opus Dei, expulsado de la orden y, finalmente, místico a su manera.

Mi pésame a los familiares y amigos de Salvador Pániker, fundador de la editorial Kairós,tan influyente en España.@culturagob

Avui hem perdut un home savi, d’aquells que mesuren la saviesa i la maduresa d’un país. Salvador Paniker DEP.

La libertad económica que le dio la herencia familiar le permitió hacer lo que le dio la gana. Por ejemplo, dedicarse la política (fue diputado por la UCD en 1977 y dimitió a los cuatro días por puro aburrimiento). Fundó una editorial, Kairós, que sigue viva en manos de su hijo Agustín. Hijo también de la mujer que más tiempo estuvo junto a Salvador y, probablemente, la que más le influyó: Núria Pompeya.

En la segunda mitad de los sesenta y principios de los setenta, Salvador Pániker fue un referente constante de la vitalidad cultural extramuros del franquismo. Su editorial editó libros tan sorprendentes como el Manifiesto subnormal, de Manuel Vázquez Montalbán; Las Rumbas, de Joan de Sagarra, o El sadismo de nuestra infancia, de Terenci Moix. Pero pronto optó por una vía que trataba de unir lo que quedara de la sabiduría de occidente con la que le llegaba de oriente. La ciencia de un ingeniero de profesión con lo insondable de los pensadores orientales. Curiosamente, todo ello sin la colaboración de su hermano instalado en la India, después de haber sido expulsado del Opus porque, según alguno de sus biógrafos, hacía sombra intelectual a José María Escribá de Balaguer, algo que no era demasiado difícil.

Fue en esos sesenta cuando publicó dos libros que fueron relativos best-sellers: conversaciones en Cataluña (1966) y Conversaciones en Madrid (1969). Un compendio de charlas con las principales figuras políticas e intelectuales de la época.

Salvador Pániker era también un gran relaciones públicas de sí mismo. Se vendía, pero a decir verdad, estaba convencido de que no timaba a nadie, de que el producto que promocionaba era realmente de calidad. Desde luego, tenía una cultura enciclopedista. No había asunto del que se pudiera hablar con él del que no tuviera cumplida información. Ya fuera de ciencias o de letras. Y de vez en cuando se atrevía con afirmaciones provocadoras. En la última charla que mantuvimos en su casa barcelonesa, desde donde puede verse la gótica silueta del monasterio de Pedralbes, se despachó con calma: “Eso ya lo dijeron los griegos pero, claro, los griegos lo dijeron todo; si no, es que no valía la pena”. Tenía también un notable sentido del humor que le permitía asumir que parte de Barcelona lo reconocía con una expresión atribuida a Juan Marsé: “Pániker en las calles”.

Como Sócrates, fue un gran hablador y, también como Sócrates, no temía la muerte. En sus últimos años batalló por el derecho a una muerte digna. Sin excesivo éxito político, aunque sus ideas sí han cuajado en una población tan distanciada de los usos parlamentarios y, por supuesto, de las consideraciones de la iglesia católica. En una de las últimas conversaciones que mantuvimos me comentó al respecto: “Decía Jacques Monod que la religión es un cerebro biológico. En algún sentido, subsistirá, porque el hombre es una criatura tan desamparada que es comprensible que invente a los dioses. Pero la Iglesia se mantiene, al margen de esto, en una posición integrista para mí incompresible, lo que la hace responsable de que deserte de ella tanta gente”. Recordaba el caso de una amiga suya (fue hombre de múltiples amistades femeninas) que le aseguró que había tenido la mente fuera del cuerpo. “Hay parapsicólogos que se lo toman muy en serio. No lo descarto, aunque sea escéptico. La verdad es que no entendemos casi nada y si profundizamos en la física cuántica, el sentido común se va a paseo. La inteligencia es un órgano para sobrevivir, como los colmillos o los dientes, pero el fondo de la realidad se nos escapa”.

Desde este sábado, Salvador Pániker está en otra realidad. Quizás en uno de esos universos paralelos de los que hablan los físicos. Unos universos con los que, al menos de momento, no hay modo de comunicarse. ¡Es una lástima!

http://cultura.elpais.com/cultura/2017/04/01/actualidad/1491074099_092769.html

El filósofo latinoamericano más importante del siglo XX es colombiano


Nació en Envigado a mediados de 1895, estudió en la U. de Antioquia y publicó más de 10 obras

Por: Fabio Andrés Olarte Artunduaga Marzo 18, 2016
Este es un espacio de expresión libre e independiente que refleja exclusivamente los puntos de vista de los autores y no compromete el pensamiento ni la opinión de Las2Orillas.
El filósofo latinoamericano más importante del siglo XX es colombiano

Foto: eafit.edu.co

En Envigado, un pueblo tan camandulero como todos los demás que existen en Colombia, nació el 24 de abril de 1895, en el seno de la familia González Ochoa, un niño al que sus padres llamaron Fernando. Lo que pocos se esperaban cuando él llegó al mundo era que ese niño que no fue más que un ser libre, brillante, lúcido y genial, con el paso de los años, se fuera a convertir en el filósofo más importante que le daría al mundo nuestro continente, durante el siglo XX.

Daniel, su padre, y Pastora, su madre, lo hicieron realizar sus estudios primarios en colegios religiosos, aunque en esas instituciones perversas, el pequeño Fernando no estuvo mucho tiempo, pues gracias a su buen razón, el muchacho, por ejemplo, se negaba a comulgar. De un colegio dirigido por jesuitas Fernando fue expulsado y, gracias a este acontecimiento maravilloso, surgió su primer escrito, publicado recién en 1916. “Pensamientos de un viejo” fue el nombre le dio el joven a dicha obra que, como todas las suyas, fue descalificada por la infame crítica literaria colombiana, pues fue el primer escritor que escribió como nosotros hablamos, lo que hizo que muchos lo llamaran “mal hablado”.

En 1917, Fernando se graduó como bachiller en filosofía y letras de la Universidad de Antioquia y, dos años más tarde, egresó de la misma institución académica con el título de abogado. Dicha universidad, de la que se han graduado criminales como Álvaro Uribe y Mariano Ospina, en medio de un acto completamente indigno para un centro de estudios superiores, censuró la tesis de González: “El derecho a no obedecer”. Tal vez como consecuencia de tal acción opresora, Fernando no ejerció plenamente como abogado, y dedicó su vida a la escritura.

En la primera edición de “Viaje a pie”, Fernando escribió para una mujer la frase: “A veces creo que no eres mi cónyuge sino mis alas”. La dama a quien se la dirigió era Margarita Restrepo, con quien se casó en 1922 y tuvo cinco hijos, quien logró robarle un pedazo del corazón al filósofo paisa. Margarita, hija del expresidente de Colombia, Carlos Restrepo, hizo que Fernando, el loco con el que decidió compartir su paso por este planeta de cuerdos asesinos, aflorara la ternura en su máximo esplendor.

Sin embargo, Fernando, como todo humano, no era perfecto. Pero, la verdad sea dicha, pecó por creer que con su trabajo, Colombia se podría convertir en un país más justo y menos miserable. Fue magistrado del Tribunal Superior de Manizales, juez y cónsul de Colombia en distintas ciudades europeas.

En menos de 12 años González le regaló al mundo cientos de páginas de verdad que, desgraciadamente, algunos confunden con rebeldía. En 1929 publicó la ya mencionada obra Viaje a pie, en 1930 Mi Simón Bolívar, en 1932 Don Mirócletes, en 1933 El hermafrodita dormido, en 1934 Mi compadre, en 1935 El remordimiento y Cartas a Estanislao, en 1936 Los negroides, en 1940 Santander, y en 1941 El maestro de escuela. Con esa producción literaria tan valiosa, escrita en tan poco tiempo, se debió ganar un Nobel de Literatura. Pero no: no se lo dieron. Y eso que a él lo recomendaron Sartre y Wilder. Aunque, la verdad sea dicha, no me importa que no lo hayas ganado tú y sí el islandés Laxness. ¡A los grandes no los hacen los premios sino si legado, y el tuyo es inconmensurable!

Años más tarde, y a modo de despedida, Fernando publicó un par de obras más que demuestran lo multifacético de González. Libros de los viajes o de las presencias de 1959 y La tragicomedia del padre Elías y Martina la velera de 1962, fueron las últimas gotas preciadas de literatura que él nos quiso brindar. El destino quería que esa alma libre que nos enseñó a los colombianos que todo es una farsa, y que por eso fue odiado por mis paisanos, no fue más que uno de los primeros ateos realmente valiosos de un continente hipócrita.

Su obra, polémica para los mojigatos, y autentica y sincera para los demás, fue vanagloriada por los más grandes pensadores de su generación. Fernando murió el 16 de febrero del mismo año en el que alias Tirofijo fundó las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia –FARC-. El brujo de Otraparte –así llamaban a González- por suerte no tuvo que ver cómo ese delincuente y su guerrilla acabaron con Colombia, con la complicidad de muchos gobiernos incluso más criminales que las mismas FARC.

Para concluir, les comparto algo que Gabriela Mistral alguna vez dijo, refiriéndose al escritor antioqueño: “Los libros de Fernando me sacuden hondamente. Hay en él una riqueza tan viva, un fermento tan prodigioso, que ello me recuerda la irrupción de los almácigos en humus negro. ¡Es muy lindo estar tan vivo!”. Aunque González está condenado al rechazo y al olvido, en un país que cada vez es más violento y menos racional, su verdad sigue penetrando esferas de pensadores mundiales, por lo que él merece ser leído por todos los latinoamericanos.

https://www.las2orillas.co/filosofo-latinoamericano-mas-importante-del-siglo-xx-colombiano/#.VvZrtnJNS3d.facebook

Giordano Bruno, el filósofo que desafió a la Inquisición.


Sus revolucionarias ideas sobre el universo y la religión le valieron la implacable persecución de los inquisidores de Roma, que lo procesaron y lo condenaron a morir en la hoguera

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Miguel Servet, mártir de una época de intolerancia

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Se hacía llamar “el Nolano”, por haber crecido en Nola, una localidad próxima a Nápoles. Pero ninguna ciudad ni ningún país lograron contener a quien fue uno de los espíritus más inquietos e indómitos de la Europa del siglo XVI. A los 15 años Giordano Bruno partió hacia Nápoles, donde intentó encauzar su exaltada religiosidad ingresando en un convento de la orden de los dominicos, pero muy pronto empezó a causar revuelo por su carácter indócil y sus actos de desafío a la autoridad. Por ejemplo, quitó de su celda los cuadros de vírgenes y santos y dejó tan sólo un crucifijo en la pared, y en otra ocasión le dijo a un novicio que no leyera un poema devoto sobre la Virgen.Tales gestos podían considerarse sospechosos de protestantismo, en unos años en que la Iglesia perseguía duramente en Italia a todos los seguidores de Lutero y Calvino. Bruno fue denunciado por ello a la Inquisición. La acusación, sin embargo, no tuvo consecuencias y Bruno pudo proseguir sus estudios. A los 24 años fue ordenado sacerdote y a los 28 obtuvo su licenciatura como lector de teología en su convento napolitano.

Bruno parecía destinado a una tranquila carrera como fraile y profesor de teología, pero se atravesó de por medio su insaciable curiosidad. Se las arregló para leer los libros del humanista holandés Erasmo, prohibidos por la Iglesia, que le mostraban que no todos los “herejes” eran ignorantes. También se interesó por la emergente literatura científica de su época, desde los alquimistas hasta la nueva astronomía de Copérnico.

El universo infinito

De este modo fueron germinando en la mente de Bruno ideas enormemente atrevidas, que ponían en cuestión la doctrina filosófica y teológica oficial de la Iglesia. Bruno rechazaba, como Copérnico, que la Tierra fuera el centro del cosmos; no sólo eso, llegó a sostener que vivimos en un universo infinito repleto de mundos donde seres semejantes a nosotros podrían rendir culto a su propio Dios.

Bruno tenía también una concepción materialista de la realidad, según la cual todos los objetos se componen de átomos que se mueven por impulsos: no había diferencia, pues, entre materia y espíritu, de modo que la transmutación del pan en carne y el vino en sangre en la Eucaristía católica era, a sus ojos, una falsedad. Como Bruno no dudaba en mantener acaloradas discusiones con sus compañeros de orden sobre estos temas sucedió lo que cabía esperar: en 1575 fue acusado de herejía ante el inquisidor local. Sin ninguna posibilidad de enfrentarse a una institución tan poderosa, decidió huir de Nápoles.

En cuatro años Giordano Bruno pasó por Roma, Génova, Turín, Venecia, Padua y Milán

A partir de ese momento, Bruno se convirtió en un fugitivo que iba de una ciudad a otra con la Inquisición pisándole los talones. En los siguientes cuatro años pasó por Roma, Génova, Turín, Venecia, Padua y Milán. La vida errante no era fácil, los viajes eran duros, las habitaciones para alguien sin recursos estaban sucias e infestadas de ratas, los asesinatos de viajeros eran frecuentes, y las enfermedades y epidemias constituían una amenaza que se sumaba a la de sus perseguidores.

Célebre en toda Europa

Durante sus viajes, Bruno conoció a pensadores, filósofos y poetas que se sintieron atraídos por sus ideas y se convirtieron en verdaderos amigos, al tiempo que le ayudaron en la publicación de sus obras. Tras pasar un tiempo en Ginebra, Lyon y Toulouse, en 1581 llegó a París. Su fama le precedía y enseguida fue aceptado en grupos influyentes. El propio rey Enrique III se sintió atraído por sus disertaciones y, aunque no podía apoyar de manera abierta sus ideas heréticas, le extendió una carta de recomendación para que se trasladara a Inglaterra. En Londres, Bruno se alojó en la casa del embajador francés y fue presentado a la reina Isabel. Tras casi tres años en Inglaterra reanudó su vida itinerante, viajando a París, Wittenberg, Praga, Helmstedt, Fráncfort y Zúrich.

Hallándose en Fráncfort, Bruno recibió una carta de un noble veneciano, Giovanni Mocenigo, quien mostraba un gran interés por sus obras y le invitaba a trasladarse a Venecia para enseñarle sus conocimientos a cambio de grandes recompensas. Sus amigos advirtieron a Bruno de los riesgos de volver a Italia, pero el filósofo aceptó la oferta y se trasladó a Venecia a finales de 1591. Allí asistía a las sesiones de la Accademia degli Uranini, lugar donde se reunían ocultistas famosos, académicos e intelectuales liberales y daba clases en la Universidad de Padua.

En mayo de 1592 el filósofo decidió volver a Fráncfort para supervisar la impresión de sus obras. Mocenigo insistió en que se quedara y, tras una larga discusión, Bruno accedió a posponer su viaje hasta el día siguiente. Fueron sus últimos momentos en libertad. El 23 de mayo, al amanecer, Mocenigo entró en la habitación de Bruno con algunos gondoleros, que sacaron al filósofo de la cama y lo encerraron en un sótano oscuro. Al día siguiente llegó un capitán con un grupo de soldados y una orden de la Inquisición Veneciana para arrestar a Bruno y confiscar todos sus bienes y libros.

Tras declarar que había tendido una trampa a Bruno, proporcionó una larga lista de ideas heréticas que había oído del acusado

Tres días más tarde dio comienzo el juicio. El primero en hablar fue el acusador, Mocenigo, que trabajaba desde hacía algunos años para la Inquisición. Tras declarar que, efectivamente, había tendido una trampa a Bruno, proporcionó una larga lista de ideas heréticas que había oído del acusado, muchas distorsionadas y algunas de su propia invención. Entre otras cosas, dijo que el acusado se burlaba de los sacerdotes y que sostenía que los frailes eran unos asnos y que Cristo utilizaba la magia. Cuando fue interrogado, Bruno explicó que sus obras eran filosóficas y en ellas sólo sostenía que “el pensamiento debería ser libre de investigar con tal de que no dispute la autoridad divina”.

Bruno creía que podría convencer al tribunal de Venecia, una ciudad liberal dedicada al comercio, donde la Inquisición no actuaba con tanta dureza como en Roma. Pero en febrero de 1593 fue puesto en manos de la Inquisición Romana. Si había tenido alguna posibilidad de librarse de la hoguera, ésta acababa de esfumarse.

Una condena anunciada

Giordano Bruno pasó siete años en la cárcel de la Inquisición en Roma, junto al palacio del Vaticano. Sus mazmorras eran famosas y temidas. Se encerraba a los prisioneros en celdas oscuras y húmedas, desde las cuales se podían oír los gritos de los prisioneros torturados y donde el olor a cloaca era insoportable. Cuando compareció ante el tribunal, en enero de 1599, era un hombre delgado y demacrado, pero que no había perdido un ápice de su determinación: se negó a retractarse y los inquisidores le ofrecieron cuarenta días para reflexionar. Éstos se convirtieron en nueve meses más de encarcelamiento.

El 21 de diciembre de 1599 fue llamado otra vez ante la Inquisición, pero él se mantuvo firme en su negativa a retractarse. El 4 de febrero de 1600 se leyó la sentencia. Giordano Bruno fue declarado hereje y se ordenó que sus libros fueran quemados en la plaza de San Pedro e incluidos en el Índice de Libros Prohibidos.

Bruno dijo: “El miedo que sentís al imponerme esta sentencia tal vez sea mayor que el que siento yo al aceptarla”

Al mismo tiempo, la Inquisición transfirió al reo al tribunal secular de Roma para que castigara su delito de herejía “sin derramamiento de sangre”. Esto significaba que debía ser quemado vivo. Tras oír la sentencia Bruno dijo: “El miedo que sentís al imponerme esta sentencia tal vez sea mayor que el que siento yo al aceptarla”.

El 19 de febrero, a las cinco y media de la mañana, Bruno fue llevado al lugar de la ejecución, el Campo dei Fiore. Los prisioneros eran conducidos en mula, pues muchos no podían mantenerse en pie a causa de las torturas; algunos eran previamente ejecutados para evitarles el sufrimiento de las llamas, pero Bruno no gozó de este privilegio. Para que no hablara a los espectadores le paralizaron la lengua con una brida de cuero, o quizá con un clavo. Cuando ya estaba atado al poste, un monje se inclinó y le mostró un crucifijo, pero Bruno volvió la cabeza. Las llamas consumieron su cuerpo y sus cenizas fueron arrojadas al Tíber.

Para saber más

Giordano Bruno, filósofo y hereje. Ingrid Rowland. Ariel, Barcelona, 2010.

Giordano Bruno, el hereje impenitente. Michael White. Javier Vergara. Barcelona, 2002.

http://www.nationalgeographic.com.es/historia/grandes-reportajes/giordano-bruno-el-filosofo-que-desafio-a-la-inquisicion_7273

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