La fe jugó un papel complejo en la batalla por el derecho al voto de las mujeres


8 de junio de 2019por Bob Smietana , Servicio de Noticias de ReligiónJusticiaPolítica

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Las mujeres llevan una urna en un desfile de sufragio femenino en la ciudad de Nueva York, el 27 de octubre de 1917. (Biblioteca del Congreso / Colección George Grantham Bain)

Las mujeres llevan una urna en un desfile de sufragio femenino en la ciudad de Nueva York, el 27 de octubre de 1917. (Biblioteca del Congreso / Colección George Grantham Bain)

La semana pasada se cumplieron 100 años desde que el Congreso aprobó la 19ª Enmienda a la Constitución, garantizando a las mujeres el derecho a votar.

Pasado a raíz de una cataclísmica guerra mundial, no fue ratificado hasta 1920.

Muchas de las mujeres que habían cabildeado por ello (fue presentada por primera vez en el Congreso en 1878), incluidas Susan B. Anthony y Elizabeth Cady Stanton, estaban muertas.

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La fe jugó un papel clave en la lucha por el sufragio femenino. Las convicciones religiosas obligaron a muchos a hacer campaña a favor del sufragio de las mujeres, y muchos a luchar duramente contra él.

“La religión surge bastante y de muchas maneras diferentes”, según la periodista Elaine Weiss, autora de La hora de la mujer: La gran lucha para ganar la votación .

La batalla por los derechos de voto, según Weiss y otros expertos, reunió a mujeres en un espectro de práctica religiosa, desde cuáqueros hasta mujeres activas en el movimiento de santidad, quienes vieron la reforma social como un medio para testificar su búsqueda de la santidad.

Muchos defensores del sufragio femenino, incluidos activistas como Lucrecia Mott, surgieron del movimiento abolicionista. Vieron el sufragio como una cuestión de justicia divina, así como los derechos humanos, dijo Weiss.

Otras mujeres vieron el derecho al voto no solo como un problema político y social sino también moral, al igual que sus oponentes.

“El movimiento para ganar votos verá a muchos clérigos de ambos lados, y usarán argumentos bíblicos para reforzar su lado”, dijo Weiss, quien observó que muchas denominaciones, incluyendo metodistas, presbiterianos y católicos, estaban divididas sobre el tema del sufragio.

El sufragio de las mujeres también fue un tema de división para el clero judío.

La reforma El rabino Stephen Wise viajó por todo el país dando conferencias en apoyo del derecho al voto de las mujeres, según Weiss. Wise, que en ese momento era rabino en la Sinagoga Libre de la Ciudad de Nueva York, fue miembro fundador de la Liga de Hombres para el Sufragio de Mujeres y logró un récord de 78 para promover el tema.

“Tenía una gran rivalidad con un rabino [Joseph Silverman] de Temple Emanu-El, una gran sinagoga en Manhattan”, dijo. “Luchan desde el púlpito por esto durante años, cada uno dando su propio giro religioso”.

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Una carroza de "Mujeres de las Tierras Bíblicas" pasa por el Capitolio de los EE. UU. Durante el Desfile del Sufragio de la Mujer que se realiza en Washington, DC, el 3 de marzo de 1913. (Biblioteca del Congreso / Colección George Grantham Bain)

Una carroza de “Mujeres de las Tierras Bíblicas” pasa por el Capitolio de los EE. UU. Durante el Desfile del Sufragio de la Mujer que se realiza en Washington, DC, el 3 de marzo de 1913. (Biblioteca del Congreso / Colección George Grantham Bain)

Uno de los iconos del movimiento del sufragio fue Anna Howard Shaw, una médica y ministra que se convirtió en presidenta de la National American Woman Suffrage Association y la dirigió desde 1904 hasta 1915 (murió en 1919, antes de que se ratificara la enmienda).

Erin Sears, una estudiante de segundo año en ascenso en la Escuela de Teología Candler y Metodista Unida, dijo que estudió a Shaw mientras estaba en la universidad. Pero ella dijo que no siempre era consciente de que la fe jugaba un papel en la lucha por el derecho al voto.

“Es realmente importante que las mujeres sepan que otras mujeres estuvieron con ellas durante años y años en su lucha por ser tratadas de manera justa. Como una mujer que busca la ordenación [yo], es realmente humillante e inspiradora estar en una línea de mujeres que ponen su La fe en acción “, dijo Sears. “Es un testimonio de que la fe va más allá de los edificios de las iglesias y que nos extendemos al mundo”.

Otros partidarios se vieron envueltos en la batalla por el sufragio de las mujeres como parte del movimiento de la temperancia, dirigido por la educadora y reformadora social evangélica Frances Willard.

En 1879, cuando el metodista Willard se convirtió en presidente de la Unión Cristiana de Templanza de Mujeres, comenzó a alinear la virtud doméstica con el cambio social, según la historiadora del Calvin College, Kristin Du Mez.

Para las mujeres afectadas por la bebida de sus maridos, impotentes para proteger a sus propios hijos, el voto se convirtió en un medio para adquirir poder político y hacer el bien al mismo tiempo.

“Willard estratégicamente atrae a más y más mujeres al activismo por los derechos de las mujeres, con cautela y de manera gradual”, dijo Du Mez. “Las esposas y las madres tenían que votar. Es un buen deber de la mujer cristiana votar. Las personas tienen que votar para proteger a sus familias”.

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Una postal de propaganda del sufragio femenino de 1915 contradice la retórica de que votar haría a una mujer masculina al asumir roles masculinos.  (RNS / Katherine Milhouse, Creative Commons)

Una postal de propaganda del sufragio femenino de 1915 contradice la retórica de que votar haría a una mujer masculina al asumir roles masculinos. (RNS / Katherine Milhouse, Creative Commons)

A finales del siglo XIX, dijo Du Mez, el sufragio se había convertido en una causa respetable en la que las mujeres cristianas podían participar.

Al mismo tiempo, aquellos que se oponían a la campaña de votación aumentaron su propia retórica infundida en la fe, dijo Weiss.

Ellos “usan la religión como un garrote para vencer el movimiento del sufragio”, dijo Weiss. “Si las mujeres votan, la salud moral de la nación estará en peligro”.

Usando argumentos basados ​​en textos bíblicos y acusando a los sufragistas de ser inmorales, los opositores dijeron que la sumisión de Eva a Adán en Génesis fue divinamente ordenada, dijo.

Las mujeres afroamericanas como Frances Ellen Watkins Harper, Mary Church Terrell y Harriet Forten Purvis también estuvieron profundamente involucradas en el sufragio femenino, pero no son tan conocidas.

“Susan B. Anthony y Elizabeth Cady Stanton creían que a las mujeres blancas se les debería dar el voto antes que a los hombres negros”, dijo el sacerdote y erudito episcopal Kelly Brown Douglas, decana de la Escuela de Divinidad Episcopal en el Seminario Teológico de la Unión. “Todo se reducía a este asunto de la raza, de las mujeres blancas que sentían que tenían una prerrogativa y un privilegio sobre las personas negras”.

Weiss estuvo de acuerdo.

“La 19ª Enmienda fue daltónica”, dijo Weiss, y agregó que los principales sufragistas creían que necesitaban acercarse a los racistas blancos para obtener sus votos. “La forma en que se implementó no fue”.

Al igual que el abolicionismo, la campaña para ganar a hombres y mujeres negros, el voto siempre estuvo arraigado en la comunidad de fe negra, dijo Douglas, y se definió por la búsqueda de la justicia racial, rechazando la narrativa cristiana de los blancos de esclavitud.

Por otro lado, agregó, el papel de las iglesias blancas estadounidenses, incluida su propia denominación, ha sido más complicado: a veces abogaba por la justicia racial y otras veces por los privilegios estructurales que conlleva ser blanco en Estados Unidos.

¿Qué se puede deducir de este momento histórico?

Este aniversario, sugirió Douglas, puede convertirse en un catalizador para reflexionar sobre el registro histórico y resolver actuar para remediar los males raciales que aún aquejan a los Estados Unidos de hoy.

“Creo que el arrepentimiento siempre se debe”, dijo. “Las iglesias tienen que decir la verdad sobre su propia historia y hacer la pregunta, quiénes hemos sido y quiénes somos en la lucha por la justicia social y racial”.

Aunque mucho ha cambiado desde la muerte de Willard a fines del siglo XIX, las feministas cristianas como ella, que atrajeron a las mujeres estadounidenses “promedio” a un movimiento social creciente y las empoderaron, pueden proporcionar inspiración para aquellas personas que quieran crear alianzas entre feministas de fe. y las seculares, sugirió.

“¿Cómo podemos tener mejores conversaciones, coaliciones de tiendas grandes e incluir mujeres de fe?”

Una agenda que excluye a las mujeres de fe es probable que tenga menos éxito, dijo.

“Creo que Frances Willard se sentiría desconsolada por la división entre la mayoría del cristianismo estadounidense y el feminismo cristiano. Eso causaría su dolor”, dijo Du Mez. “Me pregunto si nuestro marco polarizado en este momento no está ocultando una esfera más tranquila a la que vale la pena mantener”.

Pero Weiss, que es miembro del movimiento conservador judío, dijo que le preocupa la idea de llevar a Dios a la esfera pública.

“La moral sí, la religión no”, dijo. “Como persona de fe, no creo que la religión tenga ningún lugar en la esfera pública”.

http://www.ncronline.org/news/justice/faith-played-complex-role-battle-womens-right-vote

Tres mujeres de tres religiones para dar una imagen de pluralidad de Bahréin


31 Marzo, 2019Comparte esta noticia

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La presencia de la mujer en puestos destacados de la vida política de Bahréin ha ido creciendo en los últimos años, al tiempo que se ha hecho hincapié en que esa presencia vaya unida a una mayor representatividad de las diferentes comunidades religiosas del país, de mayoría musulmana.

En un encuentro con un grupo de periodistas españoles de visita en Bahréin tres destacadas representantes del poder legislativo de este país explicaron las reformas que en los últimos años se han venido haciendo en el país para conseguir una mayor integración y empoderamiento de la mujer.

En la sede del Consejo de la Shura (poder legislativo, formado por dos cámaras, ambas integradas por 40 miembros, una elegida por sufragio universal y la otra por designación directa del rey), las legisladoras subrayaron que en lo tocante a la cuestión de los derechos de la mujer “Bahréin está por delante de otros países del Golfo” Pérsico.

La Constitución aprobada en 2002, que estableció la monarquía parlamentaria como forma de Estado en Bahréin, que asimismo, pasó de ser un emirato a convertirse en reino, concedió por primera vez a la mujer el derecho al voto y a ser elegida para el poder legislativo.

“Actualmente, hay seis mujeres diputadas elegidas por sufragio directo”, indicó la legisladora Nancy Dinah Elly Khadouri, de religión judía, quien atendió a los periodistas junto a la vicepresidenta segunda de la cámara, Hala Ramzy Fayez, católica, y la presidenta del Comité de Asuntos Legales, Dalal Alzayed, musulmana.

Khaoduri indicó que una de las primeras medidas tendentes a una verdadera integración y empoderamiento de la mujer la adoptó el rey de Bahréin, Hamad Bin Isa Al Jalifa, al suprimir en 2002 el Consejo de la Mujer, en coincidencia con la adopción de una nueva Constitución.

“Suprimir el Consejo de la Mujer fue una decisión estratégica para igualar a la mujer en todos los órdenes de la vida del país”, afirmó por su parte Fayez.

“La mujer tiene igualdad de derechos en Bahréin y el empeño de sus dirigentes es hacer que disponga de ellos y se empodere” por completo, manifestó la diputada Alzayed, quien subrayó que desde el legislativo nacional “se hace un constante trabajo en la lucha contra la discriminación”.

En lo tocante a la violencia de género, si bien no dieron datos estadísticos sobre el número de casos registrados, las diputadas indicaron que existe una legislación destinada a salvaguardar y proteger la dignidad de la mujer y que los abusos de cualquier tipo son llevados a los tribunales y solventados por la vía penal.

En 2017, el Parlamento bahreiní abolió el artículo 353 del Código Penal, que permitía a los violadores eludir la cárcel si la víctima consentía en casarse con ellos.

Con respecto al derecho de familia, las diputadas señalaron que está basado en la ley islámica (“sharía”), si bien se le ha dotado de una componente civil destinada a preservar los derechos de las demás comunidades religiosas del país.

Fayez explicó que se elaboran informes periódicos en los que se evalúa el estado real de los derechos de la mujer y se hacen recomendaciones al respecto, al tiempo que se redactan proyectos de ley destinados específicamente a proteger y garantizar los derechos de la mujer.

“Se hace un fuerte trabajo destinado a luchar contra la discriminación por razones de género o credo”, indicó la vicepresidenta segunda del legislativo bahreiní.

“El esfuerzo es constante en el combate contra los abusos y en favor de la dignidad de las mujeres y, de manera específica, de las niñas, incluso en el seno de la familia”, afirmó.

Asimismo, las diputadas señalaron que en Bahréin existe el divorcio civil, no vinculado expresamente al ámbito religioso y la mujer puede solicitarlo “en cualquier circunstancia”, aunque como dijo una de ellas, “el objetivo es preservar la unidad de la familia.”

En el encuentro participó brevemente el presidente del Consejo de la Shura, Alí Bin Saleh Al Saleh, quien subrayó un mensaje que ha sido una constante en estos días de visita del grupo de periodistas españoles: “Bahréin es un país de tolerancia, de convivencia. Es un pequeño país, pero su papel en la región es grande.” EFE

http://www.aurora-israel.co.il/tres-mujeres-de-tres-religiones-para-dar-una-imagen-de-pluralidad-de-bahrein

City of Joy: mujeres sanando mujeres


Ilka Oliva Corado

En ningún tiempo de la historia de la humanidad  ha sido fácil ser mujer, el patriarcado se encarga de hacernos la vida insoportable con su misoginia y machismo; desde el inicio de los tiempos se emprendió una guerra contra las mujeres que conforme pasan los siglos crece en lugar de desaparecer; porque somos el peor enemigo de los cobardes que temen a nuestra fuerza, capacidad, inteligencia, entereza  y resistencia. A lo que somos capaces de hacer si llegáramos a gobernar el mundo en lugar de los hombres, si estuviéramos en las posiciones de poder que nos niegan. 

Entonces, nos insultan, nos golpean, nos abusan sexualmente, nos mutilan, nos desparecen y nos asesinan. El documental Ciudad de la alegría, o City of Joy como es su nombre original en inglés nos muestra la crueldad humana y de qué forma ésta guerra estructural se empecina en atacar a las mujeres que sobreviven en el último peldaño de las clases sociales en la África mancillada, específicamente en la República Democrática del Congo. 

Las empresas trasnacionales, las minerías, los traficantes de diamantes, de cobalto, de oro,  de todos los minerales que sacan de África para la industria mundial y que llevan la sangre de miles de familias destruidas, de pueblos enteros acabados y expulsados de sus tierras, de miles de niñas, adolescentes y mujeres violentadas sexualmente como forma de destrucción masiva a los poblados. Porque por nuestros patrones patriarcales sabemos que  una mujer jugada a ningún hombre importa, una mujer que fue tocada por otro hombre en lo más íntimo de su ser sin haberse casado antes  se convierte en la apestada de la comunidad, así es como estas grandes mafias de la extracción minera utilizan la violación sexual como el arma principal para destruir  los poblados donde con la autorización de las mafias del gobierno extraen los minerales que se llevan prácticamente de forma gratuita. 

Son turbas de paramilitares que toman los poblados, queman las casas, disparan, violan y se van; dejando heridos física y emocionalmente a los sobrevivientes. Un tipo de bandas que trabajan para el gobierno, adolescentes producto de violaciones sexuales, adolescentes a quienes les mataron a sus familiares, que lo han perdido todo  y que posteriormente son contratados por estas mafias para que ellos mismos acaben con otros poblados de la misma forma en que acabaron con los de ellos  otros hombres jóvenes que también lo vivieron. Entonces violan, golpean, mutilan, asesinan a otras mujeres para sacar la rabia de lo que otros les hicieron a sus hijas, hermanas, primas, abuelas, esposas, madres, amigas. Una cadena de violencia patriarcal que beneficia a quienes hacen de la clase obrera el lomo que sostiene el descaro del mundo. Acabando con el tejido social del poblado, acaban con la resistencia, así es como se llevan toda la riqueza mineral de África, así es como lo han hecho milenariamente. 

Un día un doctor de un poblado se vio sobrepasado con la cantidad de mujeres que llegaban mutiladas en sus partes genitales, fue el horror, él pensó que era otra guerra y jamás se imaginó que era específicamente la guerra contra las mujeres: violarlas, golpearlas, mutilarlas para destruir el tejido social de los poblados. Así es como el doctor Mukwege  realizó cirugías reconstructivas a más de 40,000 niñas, adolescentes y mujeres que llegaron al hospital después de ser atacadas por las milicias que destruían sus poblados.  Cirugías de reconstrucción vaginal, porque la saña, la finalidad no era solamente violarlas sino destruirlas físicamente también. 

Y nace City of Joy, o Ciudad de la alegría,  un centro de sanación donde mujeres atienden a mujeres, donde se cura para curar. El doctor Mukwege (ganador del Nobel de la Paz 2018) Christine Schuler Deschryver  quien es activista  y defensora de Derechos Humanos y Eve Ensler (creadora de Los monólogos de la vagina) deciden fundar el centro al que ingresan las niñas, adolescentes y mujeres que han sido víctimas de violencia sexual, están ahí durante 6 meses y reciben ayuda de psicólogas, trabajadoras sociales y otras mujeres que han sobrevivido a la violencia sexual de estas turbas, de estas milicias que se encargan de limpiar el terreno para que otros se lleven a costa de vidas y desgracias familiares los minerales que se esparcen por el mundo en tecnologías, por ejemplo: de teléfonos celulares inteligentes. 

6 meses donde las abrazan, donde tienen la oportunidad de dar sus testimonios y hablar, de reconstruirse, de conocer lo que  a otras les ha pasado, de saber que no están solas, de sanar: mujeres sanando mujeres. 

No soy de recomendar ni películas, ni libros, ni nada, pero City of Joy es una muestra de la capacidad que tenemos las mujeres para levantarnos, ponernos en pie y continuar. Es una muestra del amor humano, de la solidaridad, de la sanación del alma y es un testimonio también y una evidencia de la maldad humana, de lo que somos capaces de hacer para obtener riqueza y poder a costa de la vida de otros. 

Lugares como Ciudad de la alegría no deberían existir porque no debería existir la violencia sexual, no debería existir el robo de tierra ni el robo de minerales, no deberían existir las milicias, los paramilitares, las bandas de traficantes de minerales, no debería existir la maldad humana. Pero existe y gracias a  que City of Joy está, cientos de mujeres han podido sanar gracias al amor de otras, a los oídos de otras que se han sentado a escuchar, a la humanidad de otras que tuvieron la capacidad de sanarse para sanar. 

City of Joy es un documental revelador, cruel, duele verlo, los testimonios de violencia sexual son desgarradores pero es necesario que se vea en cuanto lugar sea posible, porque necesitamos educarnos sobre todos los tipos de violencia contra la mujer y los fundamentos que hacen que esta guerra en lugar de ser erradicada crece cada día más. 

Por mi parte agradezco a cada una de las mujeres que participaron en este documental, las veo como mis hermanas de sobrevivencia y admiro su capacidad de resistencia, su valor para dar sus testimonios frente a otras y dejarse grabar por una cámara. Admiro su capacidad para reponerse y continuar y su profundo amor para darse y sanar a otras. Ése debería ser nuestro canal de comunicación entre mujeres:  sanarnos unas a otras, jamás destruirnos entre nosotras. Y admiro también y agradezco a quienes decidieron fundar Ciudad de la alegría. 

https://cronicasdeunainquilina.com/2019/03/24/city-of-joy-mujeres-sanando-mujeres/

La relación de géneros y el día de la mujer


01 de Marzo de 2019

[Por: Marcelo Barros]

El día internacional de la mujer (08 de marzo) recuerda que en Nueva York, en 1857, un grupo de mujeres fue asesinado por reclamar mejores condiciones salariales y el derecho al voto. Hoy, en casi todo el mundo, la igualdad legal entre hombre y mujer está garantizada. Sin embargo, todavía hay muchos prejuicios y violencias. En muchos países de nuestro continente, diariamente, ocurren hechos que revelan irrespeto, malos tratos y asesinatos, en los cuales la víctima es mujer y sufre violencia por ser mujer.

Actualmente, en la sociedad y en las Iglesias, se difunden rumores sobre lo que impropiamente llaman “ideología de género“. Ese termo es invocado para impedir la discusión abierta y necesaria del problema real, así como la urgencia de una justa relación de géneros. Para que eso ocurra, es necesario comprender la distinción entre sexo y género. Sexo es lo que nos diferencia en términos anatómicos y fisiológicos. Así los sexos son dos: masculino y femenino. Género es categoría social. Es lo que diferencia socialmente a las personas. La identidad de género es la manera en que alguien se identifica en la sociedad. No siempre la identidad de género corresponde al sexo fisiológico. Por eso, hay diversos géneros. Es fundamental que, a causa de ello, nadie sea discriminado o perseguido. La humanidad sólo construirá su felicidad si respeta el derecho de las personas à la diversidad de géneros y à la salvaguarda de la dignidad de todas las personas, sean de qué género sean y sea cual sea su orientación sexual. Este derecho à diversidad es causa común para mujeres y hombres.

Las Iglesias cristianas y otras religiones tienen una deuda histórica y moral con la causa de la igualdad entre hombre y mujer y la aceptación de las relaciones de género. En el nombre de Dios, la mayoría de las Iglesias y religiones han sido cómplices del patriarcalismo y del moralismo vigente. Aún si usa el nombre divino para legitimar prejuicios sociales e injustos. Por el contrario, quien se deja guiar por el Espíritu, cualquiera que sea su tradición religiosa, sabe que la desigualdad o discriminación, sea de género, racial o social, son anti-espirituales. 

Dios es Amor y nos crea diferentes y para ser lo que somos. Sobre la causa de la igualdad de géneros y la promoción de la mujer, recordemos lo que afirmó su santidad, el Dalai Lama: “Todos nosotros tenemos que desarrollar la capacidad de empatía recíproca que, interiormente, cada persona posee. Es la incapacidad de soportar el sufrimiento de la otra persona. Sólo la solidaridad compasiva salvará al mundo “. 

La “libre elección” es la peor mentira del patriarcado


AUTORA

Natalia Salvo Casaus

Directora del Instituto Aragonés de la Mujer. Licenciada en Historia, especialidad en Historia de las Mujeres y estudios feministas.

Hace unos días leía en este mismo medio a Pilar Aguilar un brillante artículo en el que cuestionaba el término heteropatriarcado, precisamente por acotar un sistema que impregna todas las esferas de nuestra vida a una población muy concreta. El feminismo nos obliga a estar alerta, pues a través del lenguaje o de la manipulación de éste nos intentan colar goles por toda la escuadra. El último: los vientres de alquiler, que ahora eufemísticamente llaman maternidad subrogada.

Los vientres de alquiler liberan a las mujeres, dicen con todo el aplomo del mundo quienes nunca pensaron en nosotras ni en nuestras opresiones. Las mujeres ni somos máquinas reproductoras ni estamos en esta sociedad para hacer felices a quienes, chequera en mano, se pueden permitir comprarnos. No somos territorios de conquista, ni tampoco transacciones en nombre de un fin idealizado y revestido de un falso altruismo.

El mito de la libre elección, del que nos hablaba Ana de Miguel, es la mentira más despiadada del sistema patriarcal, donde la feminización de la pobreza, la cosificación de las mujeres y la violencia extrema contra nosotras definen los modelos relacionales de nuestra sociedad.

El doloroso mito de la libre elección sólo ha servido para mantener los privilegios patriarcales de quienes no estarán jamás dispuestos a ceder poder, aunque se pongan la etiqueta de “feministas.

El doloroso mito de la libre elección sólo ha servido para mantener los privilegios patriarcales de quienes no estarán jamás dispuestos a ceder poder, aunque se pongan la etiqueta de “feministas. Nos decían que había mujeres que ejercían la prostitución por elección, pero nunca les oí decir a esas mismas personas que más del 90% de las mujeres prostituidas son tratadas y que ese supuesto porcentaje, ínfimo, que lo habrían “elegido”, vivían en la más absoluta de las miserias. Estos y estas son las mismas personas que nos dicen que las mujeres se convierten en incubadoras por placer, para hacer felices a otras personas. Altruismo, lo llaman. Son las mismas personas, no cambian.

Los eufemismos se han impuesto para dulcificar una práctica que lleva siglos operando y que no es sino la compra de mujeres pobres. Son los vientres de alquiler de toda la vida. Y las cifras las tenemos. Así como los rostros de las mujeres a quienes les han borrado su identidad hasta el punto de denominarlas “gestantes”.

La paternidad y la maternidad no son derechos, son deseos. Ante la dificultad para serlo puedes optar por dos vías: adoptar o acoger niños y niñas que necesitan más que nadie una familia, o comprar a una mujer pobre para engendrar un hijo o una hija ajenos. Y, claro, aquí también hablamos de ideología y prioridades.

La paternidad y la maternidad no son derechos, son deseos. Ante la dificultad para serlo puedes optar por dos vías: adoptar o acoger niños y niñas que necesitan más que nadie una familia, o comprar a una mujer pobre para engendrar un hijo o una hija ajenos.

¿Os imagináis a la izquierda pensando que como la explotación laboral está presente en nuestra sociedad lo que tenemos que hacer es regularla para que sea lo menos dolorosa posible? Pues lo que no vale para los trabajadores sí vale para las mujeres, por lo visto.

Pero lo más doloroso que he tenido que presenciar los últimos días no es eso, sino ver cómo hombres y mujeres que se dicen de izquierdas emprenden una campaña pública contra las feministas a las que tildan de “locas”, “intolerantes” y “violentas”. ¡Qué deja vu histórico más grande! Cuando las feministas luchamos contra nuestra opresión los argumentos para desprestigiarnos siempre son los mismos. Lo que no creí nunca es que los esgrimiesen personas que se dicen progresistas.

Los vientres de alquiler son la máxima expresión del libre mercado, donde todo está a la venta, se compra y se vende. En la inmensa mayoría de los casos son mujeres pobres o abocadas por una situación de desigualdad estructural, ¿debemos legislar, pues, para una supuesta minoría, a costa de acrecentar la dolorosa situación de la inmensa mayoría de mujeres? Por no hablar de que en la mayoría de países del mundo la maternidad supone la principal causa de mortalidad femenina, algo que olvidamos desde nuestra óptica eurocentrista.

Las mujeres no están en venta, y mucho menos dulcificando una situación de desigualdad estructural bajo el mito de una libre elección que nunca será tal hasta que no derribemos el sistema patriarcal

No es una cuestión de debates, sino de prioridades y de ideología. De ser, o no, feministas. De pensar, o no, en las mujeres. De creer, o no, que en esta vida todo se compra y todo se vende. Las mujeres no están en venta, y mucho menos dulcificando una situación de desigualdad estructural bajo el mito de una libre elección que nunca será tal hasta que no derribemos el sistema patriarcal.

https://tribunafeminista.elplural.com/2017/06/la-libre-eleccion-es-la-peor-mentira-del-patriarcado/

La mirada masculina y (mi) autoestima: Nana Valentina Ruiz Bravo.


septiembre 22, 2018 de Nana Valentina

Éste iba a ser mi primer post de reflexiones, pero el asunto de las elecciones sucedió y decidí sacar ese primero por relevancia dentro del marco político en Colombia. De todas formas, este post tiene un lugar especial porque se trata de uno (probablemente uno de los primeros) de los tantos aprendizajes que he tenido desde que vine a Suecia.

Como ya conté en una de las entradas en la sección de fotografía, hace un año realicé mi sueño desde que estaba adolescente de estudiar en el exterior. Ahora estoy viviendo y estudiando en una ciudad al norte de Suecia en donde el frío en invierno puede llegar casi a -30°C, pero en contraste, la gente que habita aquí tiene el corazoncito cálido, siempre una sonrisa y una palabra amable.

Emprender un viaje a tierras desconocidas siempre va a traer aprendizajes, y los míos llegaron casi inmediatamente. No solamente en términos de comida, cultura y lenguaje (se habla sueco e inglés), sino en términos personales y lo que, vivir en un país que tiene el asunto de derechos de las mujeres y la equidad bastante más avanzado que en otros lados, significa para una mujer latinoamericana como yo. Esta experiencia particular me cambió la percepción que tenía de mi autoestima y mi belleza…

Llegué a finales de agosto, del 2017, a esta ciudad norteña con una maleta llena de ropa para invierno, pero cuando me bajé del avión, resulta que aún estaba terminando el verano y la temperatura era superior a la de Bogotá (cuando me fui), así que no tenía mucha ropa adecuada para el momento. Tuve que improvisar un poco mi vestimenta y pese a que había dejado el 80% de mi ropa, la cual cargaba toda mi “identidad”, en Colombia, no sentí que estuviera terriblemente mal vestida. Cuando iniciaron las clases, sin embargo, empecé a sentir que, o me había equivocado y estaba super mal vestida, o algo había pasado y había dejado mi “belleza” en Colombia…

Durante un par de meses tuve la sensación de “no soy pretty enough (suficientemente bella)” porque nadie (hombres) me volteaba a mirar… o al menos no como yo estaba acostumbrada en Colombia… En ningún momento he sentido que sea especialmente bella-modelo, pero aparentemente, a lo largo de mi vida he recibido un número de miradas que determinaron mi visión sobre mí misma y mi belleza. Esto de no recibir miradas lascivas, y un poco incómodas muchas veces, me puso a pensar sobre qué tanto yo validaba mi belleza por las miradas masculinas en la calle, por ejemplo, o por los comentarios que recibía de amigos, conocidos y hasta de los (mal llamados) piropos.

Dentro de mi círculo en Colombia, y lo que había escuchado hasta antes de venir, era que, a los europeos, y en especial a los nórdicos, les ‘mataban’ las latinas bajitas, menuditas, con pelo negro y ojos negros, o sea, básicamente yo; pero cuando llegué y no recibí la atención esperada, puse en tela de juicio mi belleza. Tanto, que un día me senté un rato muy largo en la fuente de la Universidad (un sitio más o menos central en el campus universitario), a observar el comportamiento de la gente. Ese día empecé a entender qué pasaba y cómo era manejado el asunto de las miradas y el acercamiento de las personas aquí.

Resulta que en Suecia las personas (hombres y mujeres) no te andan mirando de forma lasciva, de hecho, las personas te miran siempre a la cara y no a otros lados. Aquí las leyes en contra del abuso sexual son duras y claras. Cualquier persona te puede poner una demanda si se siente incómoda con tu mirada, o si le dijiste algo inapropiado. Esto lo tienen muy claro e interiorizado hombres y mujeres aquí. En Suecia tú no te vas a encontrar personas que te anden mirando como si te desvistieran, como sí pasa en Colombia, por ejemplo, en donde salir a la esquina significa que por lo menos tres hombres te miren como si te quisieran comer, y otros dos te hagan comentarios no solicitados sobre tu aspecto (y eso sin contar los comentarios que son groseros y ofensivos). Aquí, con la mitad de uno de esos comentarios o miradas ya tendría a la policía encima.

Todo esto me hizo pensar en la relación entre la autoestima femenina (o incluso masculino) y la mirada masculina. ¿Qué tan acostumbradas estamos las mujeres latinoamericanas (voy a generalizar en este caso), a recibir cierto tipo de miradas de nuestros compañeros hombres? ¿Qué tanto llegamos a definir nuestro aspecto a partir de la mirada masculina? Éstas preguntas son importantes dentro del marco que estoy contando porque la verdad, no fue sino hasta que esta situación me sucedió, que pude analizar y ver que mi percepción de belleza propia estaba ligada a la mirada masculina.

Me parece importante que se hagan reflexiones sobre esto porque el machismo está metido hasta los rincones más profundos de nuestra sociedad y hace falta muchísimo trabajo para limpiar todo eso. Reconocer que éste es un problema y que tiene una afectación en la autoestima de las mujeres es un trabajo importante para hacer.

Un día hablando con mi mejor amiga, me contaba que en un curso que ella hizo sobre el feminismo en la moda, les habían planteado hacer una reflexión sobre cómo la mirada en el vestido y la moda ha sido, siempre, desde una lógica masculina. Ella me decía que, de hecho, nosotras las mujeres también nos vemos a través de los ojos masculinos pues en algún momento, desde la moda, ellos nos dijeron qué era lo bonito, lo feo, lo sexy, lo no sexy, entre otras valoraciones. Esto es interesante porque si lo pensamos, la forma en que las mujeres vemos a otras (más allá de la moda), tiene también un filtro masculino, y de la misma manera, nos juzgamos entre nosotras.

Con esto quiero invitar a las mujeres que me leen, que me cuenten si les ha sucedido algo que les haya hecho hacer una evaluación de su autoestima y su belleza, si la han separado de la mirada masculina o no, y si sienten que este filtro masculino permea más partes de sus vidas.

No sé si los hombres también puedan hacer una reflexión al respecto, es decir, no sólo en moderar sus miradas (y sus comentarios no deseados, mal llamados “piropos”), sino también identificar si se vean afectados por esta mirada machista. La hipermasculinidad plasmada por los medios de comunicación también debe tener algún tipo de impacto en los hombres y su autoestima. La mirada (tóxica, me atrevería a decir) de otros hombres también debe tener alguna incidencia.

Invito a los hombres que me leen que me cuenten si esto también les afecta y de qué modo. Si, haciendo una respectiva reflexión sobre sus propias miradas, pueden empezar a moderarla, a desintoxicarla, y mirar a sus congéneres de una manera diferente. Y de paso, que la reflexión se extienda a sus propias miradas hacia las mujeres.

Dentro de mi invitación a las mujeres, también, es a que reflexionemos si no sería interesante tratar de quitar este filtro masculino de nuestros ojos y deconstruir estos patrones de comportamiento para con nosotras mismas. Tal vez nos sorprendamos al ver que podemos percibirnos como bellas sin necesidad de la aprobación masculina. Tal vez así empecemos a ver el mundo con ojos realmente femeninos…

¡Espero sus comentarios!

“LA IDEOLOGÍA DE GÉNERO NO EXISTE, ES EL TÍPICO CASO DE UNA POSVERDAD”: Ana Maria Bidegain


Ana María Bidegaín, colombosuiza de ancestros uruguayos, hace un repaso de las razones que han propiciado en los últimos años movimientos de fieles religiosos de la iglesia Católica hacia iglesias evangélicas, analiza el avance hacia un estado con pluralidad de confesiones y secularización, y comenta la relación religión-política.

Ana María Bidegaín nació en Suiza, tiene ancestros en Uruguay y vivió 20 años en Colombia, país del que obtuvo la ciudadanía. Tiene un doctorado en Ciencias Históricas de la Universidad de Louvain, es profesora de la Universidad de la Florida y lo fue, entre otras, de la de Harvard. Ha publicado, entre muchos otros textos y ensayos, dos  libros: ‘Historia del Cristianismo en  Colombia, corrientes y diversidad’ ( Taurus), y ‘Globalización y diversidad religiosa en Colombia’ (Universidad Nacional). Bidegaín conversó con EL HERALDO sobre política y religión, dos temas de palpitante actualidad.

P.No resultó cierta la pretensión de que la secularización fuera una consecuencia inevitable de la modernidad. ¿Cuáles factores, a su juicio, contribuyeron a que el mundo de los primeros años del tercer milenio parezca un mundo furiosamente religioso?

R.

Por empezar, hay que entender que la modernidad, como cualquier proceso histórico, no ha llegado al mismo tiempo para todas las personas, ni tampoco las incluyó de la misma manera a todas. En nuestra América Latina,  eso es claro. Si bien sectores importantes de la población vivieron ese proceso de secularización, otros, y muy amplios, se mantuvieron aferrados a la religiosidad popular. Entendida esta como una religiosidad que se produce y reproduce por fuera del control y del magisterio eclesiástico, y que toca a todos los sectores sociales.

P.América Latina parecía el más inexpugnable bastión de la Iglesia Católica. De pronto, el crecimiento de las iglesias evangélicas y pentecostales significó no solo una marcha atrás de las esperadas expectativas laicistas, sino un retorno, a veces agresivo, a la sacralización de las organizaciones sociales. ¿Cómo perdió la iglesia Católica su hegemonía y su monopolio?

R.

Por una parte la Iglesia Católica adoptó como modelo de ser iglesia, el de la cristiandad. Es decir usar las instituciones del Estado para poder realizar su misión, mientras la iglesia legitimaba la acción del Estado; lo que implicaba ese estrecho nexo que conocimos entre la iglesia Católica y el Estado. Esta situación provocó que grupos políticos con opción de poder también se interesaran en mantener esta relación, como sucedió  con lo liberales bajo el Frente Nacional; lo que hizo que el proyecto de estado laico perdiera interés, para este sector que tanto lo había defendido anteriormente.  Por otro lado, la iglesia descansó toda su pastoral en las instituciones educativas y en el control del modelo de familia cristiana que era impuesto en las mismas instituciones del Estado, y ellas sí recibían el impacto de la secularización. Al mismo tiempo,  los sectores del clero que quisieron enfrentar este proceso transformando la acción pastoral y buscando construir otro modelo de Iglesia se estrellaron con las autoridades tanto religiosas como políticas, motivando una fuerte crisis sacerdotal y de vocaciones religiosas masculinas y femeninas y pérdida del laicado más activo desde los años 60 y 70.  Período  en el que se agudiza el fuerte proceso migratorio campo-ciudad y las misiones pentecostales que se habían instalado en las áreas rurales también sufren los embates de la llamada ”violencia”, y se mueven a la ciudad, a los barrios informales donde van a lograr afianzarse y crecer. En los 80 también logran crecer en los sectores medios urbanos.

P.A mediados del siglo pasado, el Concilio Vaticano, la teología de la liberación y el acento en “el pueblo de Dios” presagiaban una iglesia Católica progresista. Mientras ese debate planteaba confrontaciones internas en el catolicismo latinoamericano, las religiones voluntaristas del fundamentalismo ganaban imperceptiblemente terreno. La iglesia “progresista” repitió el desprecio que los sectores más tradicionalistas sentían por esas iglesias poco ilustradas, desreguladas y populistas. ¿Qué pasó?

R.

La iglesia Católica progresista si bien logra, en el Concilio Vaticano II y en la reunión episcopal  en Medellín, 68 reformas importantes que la llevarían a construir un nuevo modelo de ser iglesia, y aunque en muchas partes lograba avanzar y formular las bases de la teología de la liberación, fue detenida por el retorno al modelo de cristiandad que encarnaron Juan Pablo II a nivel universal y monseñor Alfonso López Trujillo a nivel latinoamericano. Al freno y represión institucional se sumó la política, porque este proceso coincidió con la Guerra Fría y el establecimiento de las dictaduras en el cono sur y la guerra en Centroamérica. La enorme lista de mártires latinoamericanos, obispos, sacerdotes, religiosos y laicado recién empieza a ser reconocida ahora con el papa  Francisco.  Las iglesias evangélicas fueron vistas como una buena opción para contrarrestar la iglesia Católica progresista, que nacía de las comunidades de base, y por eso estas iglesias pentecostales fueron  estimuladas y apoyadas por organismos y fundaciones internacionales en los 70. Pero por otro lado, la represión que vivían los dirigentes de la llamada iglesia popular y la  jerarquización y rigidez del catolicismo conservador imperante no daba el espacio  que sí otorgaban las iglesias protestantes. Por ejemplo, una mujer divorciada que era hostigada en la iglesia Católica era bien recibida en las pentecostales, donde “nacía de nuevo” y era reconocida.  Un líder religioso  en poco tiempo lograba ser reconocido como pastor y podía desarrollar su propia iglesia y multiplicarse con facilidad.

P.En la misma línea de la pregunta anterior, sorprende que la iglesia Católica haya escogido como su estrategia para enfrentar la competencia de las iglesias evangélicas el parecerse a ellas. En los años 70, Juan Pablo Segundo encabeza un giro hacia lo carismático. ¿Esa fue una fórmula para la “entrega del mando”?

R.

Quizás fue un intento de refrenar el proceso de pérdida de fieles, pero el daño estaba hecho. Además, no era solo el retorno a una religiosidad más espiritualista lo que se buscaba sino nuevas propuestas de sentido y presencia pastoral.

P.Es indudable que la crisis de sentido que acusan las naciones del mundo contemporáneo favoreció ese retorno hacia lo religioso. Secularización y laicismo vuelven a ser paradigmas improbables. Las tendencias de lo religioso serían, según sus propias palabras, “un sendero hacia un estado pluriconfesional, afianzando sistemas tradicionales de clientelismo”. ¿Cómo recuperar el impulso hacia estados democráticos para “el pueblo de Dios”?

R.

En estas primeras décadas del siglo XXI se han consolidado varios aspectos, que exigen que se vuelva a definir la relación iglesia-estado-sociedad. La laicidad ya no se puede pensar como en el siglo XIX imponiendo desde arriba el estado laico y la secularización. Existe una pluralización religiosa y una secularización creciente;  hay una mayor conciencia de proteger la dignidad y los derechos humanos,  la libertad de conciencia y de creencias incluidos los derechos de las minorías. Y a pesar de las dificultades se han consolidado los regímenes democráticos, por tanto el reconocimiento de que las instituciones políticas se legitiman por la soberanía popular  y no por elementos sagrados o religiosos de ningún tipo.

Si queremos fortalecer la democracia hay que crear mecanismos mediante el diálogo interreligioso e intercultural  que nos permitan un nuevo acuerdo en torno a lo religioso, para que a todas las instituciones religiosas se les reconozcan derechos y garantías, pero no solo a ellas, sino también a los ciudadanos creyentes y no creyentes. Por eso el estado pluriconfesional que nace de los acuerdos políticos clientelistas como el decreto 354 de 1998, que  fue otorgado a un grupo de cristianos no-católicos, dejando por fuera de este esquema a otras iglesias y religiones que no tienen la misma capacidad de representación y movilidad política, y sobre todo de la ciudadanía,  no es un buen  camino.  De esta manera  se está perpetuando el trato desigual e inequitativo. Es un contrasentido con lo logrado en la Constitución del 91 y con muchos de los postulados del protestantismo.

P.Los hechos demostraron recientemente, con ocasión del plebiscito para la paz, la decisiva intervención de las iglesias evangélicas y similares en la votación por el ‘No’. En lo esencial, esa actitud fue justificada por sus propios protagonistas, como resultado de un inasible temor a lo que llamaron “ideología de género”. Resulta poco menos que imposible entender que simples referencias al “enfoque de género” en el Acuerdo con las Farc se convirtieran en una confusa asociación de peligros “encriptados”. Lo sorprendente fue que a ello se sumó la iglesia Católica, parapetada en una “neutralidad” que el Papa no postulaba, y un exótico “lefebvrista”. ¿Cómo explicar que hayamos estropeado una posibilidad cierta de paz con semejantes niveles de irresponsabilidad?

R.

Desgraciadamente vivimos a nivel planetario  una era  en que, por un lado, le creemos al líder político o al líder religioso como si fuera la divinidad en la cual creemos, y le creemos todo lo que nos quiera decir. Como que fuera “nuestro Señor Jesucristo”. Pero lo grave es que esos líderes políticos, que usan lo religioso, viven de la “posverdad” – es decir, abundan verdades a medias que no son controladas y suficientemente bien refutadas. Otros lo llaman “hipérboles verdaderas” que sin ser una verdad me permiten decir una mentira pareciendo que son verdad, y eso lo están usando mucho  en  la propaganda  para vender un producto o imponer una línea de pensamiento o ideología política. Pero como la política la vivimos como una religión, la aceptamos como verdadera sin matices y el líder político  no se lo controvierte sino de lo sigue ciegamente.  La “ideología de género” no existe, es el típico caso  de una post verdad o hipérbole verdadera. Hay temas que pueden ser controvertidos pero esos temas en particular, como el matrimonio igualitario o el aborto, no hacían parte, ni tenían nada que ver, con los acuerdos y fue una gran estafa. Como católica creo que la iglesia debió apoyar la realización de talleres de lectura juiciosa de los puntos del acuerdo  que facilitaran a los creyentes ejercer  un verdadero derecho ciudadano.

https://www.elheraldo.co/entretenimiento/la-ideologia-de-genero-no-existe-es-el-tipico-caso-de-una-posverdad-303837

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