EL TEÓLOGO JUAN JOSÉ TAMAYO PIDE EN CÁDIZ EL CESE DEL OBISPO DE CÁDIZ. Juan Cejudo, miembro de MOCEOP y de Comunidades Cristianas Populares



El pasado día 4 estuvo en Cádiz  el teólogo Juan José Tamayo, reunido con un amplio número de militantes cristianos de base, muy interesados en escuchar su charla sobre la Democracia en la Iglesia y la vida de las primeras comunidades cristianas.

Quiero decir que me sorprendió muy positivamente el número de asistentes (cerca de 50 personas), que fueron convocadas por mí de modo informal, pues no hubo tiempo material de haberlo convocado por el Grupo Cristiano de Reflexión- Acción, al que pertenezco. Asistió casi todo el grupo cristiano de Reflexión- Acción, también de Iniciativa Galilea, del Comité Óscar Romero, MOCEOP, de Comunidades Cristianas Populares y de otros colectivos y militantes cristianos de diversas parroquias.


El local de la charla nos fue cedido generosamente por la Asociación cultural “Cofrades de Cádiz” en la calle Berrocal, a quien desde aquí le envío mi agradecimiento por su oferta desinteresada.

Presenté a Tamayo como un antiguo amigo de hace ya muchos años, con el que he coincidido en numerosas ocasiones en encuentros en Madrid de la Asociación de Teólogos/as Juan XXIII, de MOCEOP, de Redes Cristianas….El es uno de los teólogos de mayor prestigio, con proyección no sólo nacional (ha estado dando conferencias en numerosas ciudades), sino también a nivel internacional, pues lo llaman con frecuencia de EEUU y de América Latina. Él es el secretario de la Asoc de Teólogos/as Juan XXIII y tiene escrito numerosos libros (74) de temas muy diversos: Teología de la Liberación, La Comunidad Cristiana, feminismo, derechos humanos, Islam…etc..etc..


Empezó la charla sobre el tema que le habíamos sugerido:

1.- ¿Dónde empezó lo que llamamos Iglesia?

     Surge en Palestina en la región de Galilea por un grupo de mujeres libres y emancipadas. Es un movimiento igualitario, de hombres y mujeres, donde no hay discriminación ni por sexo, ni por cultura, ni creencias…Es una comunidad itinerante, donde no existe la propiedad privada…Se escucha la palabra de Dios y se procura llevarlo a la práctica.

Todo lo contrario al actual sistema piramidal de la Iglesia: Papa-obispos-sacerdotes-fieles—-NO.

Es una comunidad de discipulado para seguir las enseñanzas y las prácticas liberadoras de Jesús el Nazareno.


A este movimiento lo cohesiona la comida entre iguales, la comensalía y la crítica al poder, a todo poder: religioso,  político, económico, patriarcal..Es un movimiento contrahegemónico ubicado en los márgenes de la sociedad y solidaria con las personas marginadas con quienes comparte su estilo de vida y las luchas de la liberación del poder imperial y de la religión oficial. Ser críticos contra todo poder será señal inequívoca de ser seguidores de Jesús.

2.- La Iglesia después de la Resurrección.

  La Iglesia no estaba en el proyecto de Jesús. Jesús anunció el Reino y vino la Iglesia, dijo Alfred Loisy. Y Tamayo añadió ¡Qué fracaso! Las primeras testigos de la Resurrección de Jesús son las mujeres, quienes se encuentran en el origen de la iglesia cristiana. La primera Iglesia  se configura en torno al binomio  Comunidad-ministerios-carismas y bajo la tríada  apóstoles (Testigos de Jesús histórico), profetas (transmiten el mensaje de Jesús) y doctores (enseñan).


No se configura la iglesia en forma de poder, sino en comunidades domésticas donde hay diversidad de carismas y ministerios. La responsabilidad  de estas comunidades recaía sobre las mujeres, quienes, como afirma Schillebeeck, quizá presidieran la eucaristía. 


3 .- Paso de la Iglesia doméstica a la Iglesia institución. 
Poco después se produce un cambio en la estructura de la Iglesia: se pasa de apóstoles-profetas-doctores a obispos-presbíteros-diáconos con un sentido  muy cultual, jerárquico y patriarcal.

Los ministros religiosos ejercerán sus funciones como los funcionarios del Imperio romano. Se marca la gran diferencia: Obispos y sacerdotes -fieles. Las mujeres quedarán excluidas.



Se impone el episcopado monárquico. El Papa, los obispos y sacerdotes se apropian de la eclesialidad.. Pero la Iglesia no son solo los jerarcas. La Iglesia somos todos. Hay un movimiento  internacional  que se llama “Somos Iglesia” y  así lo reivindica .


Prácticamente hasta el primer milenio, los obispos eran nombrados por el pueblo.

4. Nuevas perspectivas desde el Vaticano II.

  En el Vaticano II hay dos eclesiologías enfrentadas o al menos yuxtapuestas y no debidamente articuladas: la Iglesia como institución jerárquica y la del discipulado y Iglesia pueblo de Dios y comunidad de creyentes.

Con Juan Pablo II y Benedicto XVI, que gobiernan durante 33 años, se refuerza el carácter jerárquico-piramidal y se vacía su carácter comunitario y popular. Se produce una fuerte involución. 


5.- La Iglesia con el Papa Francisco.

  Se dan cambios importantes en la defensa de los derechos sociales, en la crítica del capitalismo como sistema injusto en su raíz, en la defensa de la Casa común  con su magnífica encíclica Laudato Si.

Pero  ¿en lo eclesial? ¿Hay una vuelta al discipulado y a la vida comunitaria? NO.

Aunque sí hay cambios significativos cuando habla de  que la Iglesia no puede ser autoreferencial, sino que tiene que  ir a las periferias…

Pronto se dará a conocer un documento sobre la reforma de la Iglesia, elaborado por un grupo de cardenales


 ¿Puede ese documento contribuir a dar un giro a la Iglesia? Hombres ancianos, todos clérigos, todos varones, sin representación alguna de las comunidades de base, de los seglares, de las mujeres, de las congregaciones religiosas, de los teólogos y teólogas….

Por lo que se refiere a los obispos españoles, siguen siendo nombrados por el Vaticano, sin intervención alguna por parte de las comunidades a las que son destinados y con tendencias conservadoras.

Hubo luego una importante  relación de preguntas por parte de los asistentes sobre numerosos temas.

Tamayo recopiló las cuestiones  planteadas y estuvo insistiendo en algunas cuestiones muy importantes: el peligro del neofascismo. Neofascismo apoyado en España por grupos importantes católicos  como Hazte Oir, Infocatólica y algunos obispos.

El problema del dinero en las prioridades de la Iglesia: inmatriculaciones (que algunos calculan en más de 40.000). Lo estamos viendo en la diócesis de Cádiz cómo lo que prima es el dinero, pero también en otras muchas diócesis…Los cobros millonarios por las visitas a la  Mezquita o la Catedral de Sevilla, la campaña de la renta del IRPF con la cruz….


Si hay algo claro en el evangelio es que “No se puede servir a Dios y al dinero”. Por eso Tamayo terminó diciendo que por todo lo que había expuesto en su charla, le parecía claro que el obispo de Cádiz  y Ceuta debería ser cesado: no ha sido nombrado por el pueblo y está haciendo daño a muchísimas personas.


Qué cristianismo hay que seguir?

El cristianismo es anticapitalista, antifascista, solidario con los movimientos sociales, una iglesia en salida como dice Francisco, al estilo de Óscar Romero y otros profetas de nuestro tiempo…

Yo intervine al final para decir que ante tanto tinglado eclesiástico, ajeno al evangelio de Jesús, debemos optar por ser una alternativa para vivir la fe en comunidades vivas de base, para leer la palabra de Jesús y procurar llevarla a la práctica, todos unidos y celebrar nuestra fe en común al estilo de las primeras comunidades cristianas.


Varios libros de Tamayo estuvieron puestos a la venta. Yo compré el último suyo: “Un proyecto de Iglesia para el futuro de España”. Se vendieron bastantes. También se informó del Congreso de Teología a celebrar en Madrid del 6 al 8 de septiembre y de un curso de verano en Laredo donde interviene también Tamayo.


Gran satisfacción en general por parte de todos los asistentes que dieron un fuerte aplauso al terminar su charla con nosotros.


Ya en la calle un buen grupo de personas le estuvo informando de todas las cosas que vienen sucediendo en la diócesis desde la llegada de Zornoza a Cádiz. Tamayo se quedaba perplejo.


Nota: El resumen de la charla de Tamayo es mía, tomada un poco a vuela pluma. Cualquier imprecisión o frase no correcta no hay que achacarla a él sino a quien ha tomado estas notas.

http://www.juancejudo.blogspot.com/2019/07

Dolores García Pi: se necesitan “laicos que se arriesguen, que no tengan miedo de equivocarse, ni de ensuciarse las manos”


La Presidenta del Foro de Laicos clausura la 72ª Semana Española de Misionología
Dolores García Pi (a la derecha)
Dolores García Pi (a la derecha)
La misión de la Iglesia es una realidad de la que participan todos los bautizados
“El laico tiene mucho que aportar a la misión de la Iglesia”
Es necesario superar la tendencia de las Iglesias particulares de replegarse en sí mismas
No se trata de llevar Cristo al otro, sino ayudarle a descubrir al Cristo que siempre ha estado presente en él

04.07.2019 | Luis Miguel Modino

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Este jueves, 4 de julio, ha sido clausurada en Burgos la 72ª Semana Española de Misionología, que desde el día 1 ha reunido en la capital castellana a más de 100 participantes relacionados con el mundo de la misión y a muchos más a través de las redes sociales, donde han participado millones de personas, llegando a ser trending topic en Twitter a través del hastag #MisionologiaBurgos. Este año, con motivo del centenario de su proclamación, la carta apostólica Maximum Illud y sus implicaciones en la misión de la Iglesia, ha sido lo que ha centrado la reflexión en las diferentes conferencias y mesas redondas.

La misión de la Iglesia es una realidad de la que participan todos los bautizados, como recoge el tema del Mes Misionero Extraordinario, convocado por el Papa Franciscopara este mes de octubre, “Bautizados y Enviados”. Tradicionalmente reservada a la vida religiosa y el clero, las últimas décadas han supuesto una llamada para que el laicado tenga un mayor protagonismo en esta misión ad gentes.

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Esa reflexión sobre los laicos y la misión ad gentes desde la Maximum Illud hasta nuestros días, ha sido la motivación de la conferencia que impartía Pilar Rodríguez, de la Fraternidad Misionera Verbum Dei, misionera en diferentes países a lo largo de su vida. Ella partía de la afirmación de que “la misión ad gentes es un diamante”, insistiendo en la necesidad de buscar “cómo hacer a todos partícipes de la misión evangelizadora”, pues “el laico tiene mucho que aportar a la misión de la Iglesia”.

Después de hacer un recorrido por los documentos relacionados con la misión, promulgados en los últimos cien años, llegaba a la conclusión de que aunque la comprensión de la misión se va abriendo, “la misión ad gentes sigue teniendo validez”, y en ese campo “es muy importante la aportación de los laicos”. En ese sentido, Pilar Rodríguez insistía en la necesidad de “mantener el equilibrio entre evangelización y desarrollo humano”. Al mismo tiempo, reconocía que es necesario superar la tendencia de las Iglesias particulares de replegarse en sí mismas y ver cómo enfrentar las dificultades económicas por las que en ocasiones pasan los laicos en la misión ad gentes.

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El laicado en España se prepara para el Congreso Nacional de Laicos, convocado para 2020 y que llama a reflexionar sobre el Pueblo de Dios “en salida”. La presidenta nacional del Foro de Laicos ha llamado a los presentes en la 72ª Semana Española de Misionología a entender la misión a partir del magisterio del Papa Francisco, que sueña con una Iglesia “en salida”, marcada por la conversión pastoral misionera, que quiere hacer realidad una misionología del encuentro, que nos hace descubrir que no se trata de llevar Cristo al otro, sino ayudarle a descubrir al Cristo que siempre ha estado presente en él, y en clave existencial, donde el ser tiene la primacía sobre el hacer.

Dolores García Pi ha puesto de manifiesto seis claves en las que el Papa Francisco pone el acento. En primer lugar destacaba la importancia del discernimiento como actitud, que lleva a reconocer, interpretar y elegir, teniendo la vocación como punto de partida. El Papa Francisco destaca la importancia del acompañamiento, que debe estar sustentado en la empatía, la escucha, haciendo que el otro se sienta mirado como persona, la misericordia y la paciencia.

García Pi reflexionaba sobre la importancia de la sinodalidad, caminar juntos, en comunión y desde la corresponsabilidad del Pueblo de Dios, cuidando de las relaciones, superando el clericalismo, que lleva a considerarse superior y alejarse de la gente, e incrementando el protagonismo de la mujer, dando valor a la mirada que la mujer tiene de la realidad. Junto con eso, destacaba la importancia de la presencia del laicado en la vida pública, laicos que se arriesguen, que no tengan miedo de equivocarse, ni de ensuciarse las manos, y de la formación.

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Por ello, al hablar sobre el sueño misionero de nuestra Iglesia en España, la Presidenta del Foro de Laicos insistía, siguiendo el pensamiento del Papa Francisco, hacía una llamada a una conversión misionera, donde la colaboración de los laicos es indispensable. Lourdes García Pi insistía en que todavía se dedica mucho tiempo a hablar de cuestiones intraeclesiales y menos a hablar de ecología, pobreza, migración, y otros aspectos que forman parte de la vida de la sociedad, que cambia de forma vertiginosa, en cuanto el ritmo de la Iglesia es mucho más lento.

Como ha afirmado Monseñor Francisco Pérez, arzobispo de Pamplona y Presidente de la Comisión Episcopal de Misiones de la Conferencia Episcopal Española, todo lo vivido en estos días, “nos ayuda a vivir la comunión”. Junto con él, Monseñor Fidel Herráez, arzobispo de Burgos y Presidente de la Semana Española de Misionología, daba las “gracias a Dios y a todos los que hicieron posibles las 72 semanas españolas de misionología”, una dimensión que forma parte esencial de la Iglesia. También daba la “enhorabuena al equipo de trabajo de esta 72ª semana” y pedía continuar “adelante, comenzar a preparar la 73ª con mucho ánimo, sabiendo que es el Espíritu del Señor quien nos impulsa, acompañados de la Madre de Cristo”.  

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http://www.religiondigital.org

Reunión secreta en Roma para preparar el Sínodo de la Amazonía.


COMENTARIO A LA PRESENTE “NOTICIA”: Es una lástima la forma periodistica de presentación de esta nota, sobre la Reunión preparatoria al Sinodo de la Amazonia. Ha sido una reunión normal, el Papa y sus asesores estan en todo su derecho de reunirse. Acaso por otro lado “otros” no lo hacen para acabar con la Iglesia y provocar un cisma, para seguir atrapando el mensaje de Jesús de Nazareth y perpetuarsen en el poder piramidal, engañando al Pueblo de Dios? Como Iglesia que somos, honrados/as por el Bautismo, sentimos dolor de Iglesia. Olga Lucia Alvarez Benjumea ARCWP

Por La Cigüeña De La Torre | 25 junio, 2019

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Si es cierta la noticia, se ha reunido lo peor de cada casa: los cardenales Hummes, Kasper Baldisseri y Schönborn y los obispos Overbeck y Krautler. Para echarse a temblar.

Una reunión de progres pasados de años casi todos.  Hummes tiene 84 años, Kasper 86, Baldisseri, 78, Schönborn, 74, Krautler, 79. El único joven es Overbek, que tiene 55 años. El peor pasado conspirando desde la ancianidad.

Y para demostrar que el Amazonas es sólo un pretexto y que los ríos verdaderos son el Rhin y el Danubio, de los seis participantes hay mayoría absoluta de lengua alemana, cuatro de seis. Hay además un italiano y un brasileño.

Como tantos veníamos diciendo la Amazonía es sólo el pretexto, de verdad no importa a nadie, para dar paso a la liquidación de la Iglesia que propone la Iglesia alemana secundada por la austriaca que son la misma cosa. ¿Y Francisco? Amigos suyos son los seis. Y muy amigos.

P.D.: Pues si como dice Hermenegildo Hummes es también de origen germánico, verde y con asas. O blanco y en botella. La Amazonía es un burdo pretexto alemán

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VOCACIÓN Y MISIÓN DE LOS LAICOS EN LA IGLESIA Y EN EL MUNDO: W.KASPER


Estamos en la hora de los laicos en la iglesia.

Ya en el pasado los laicos tenían su misión, consubstancial a la esencia de la iglesia. Pero en el presente esta misión ha cobrado una significación especial. La justificación de esta tesis no radica en fenómenos como la escasez de sacerdotes, el creciente significado de la corresponsabilidad y de la incidencia en el mundo, ni tan siquiera en el postulado de la democratización de la iglesia, que son factores externos.

La explicación reside en que la iglesia ha tomado mayor conciencia de sí misma y de su misión en este mundo. Tanto este proceso como el último concilio han de ser vistos como signos de la actividad del Espíritu de Dios en nuestro tiempo. Por ello el autor reflexiona aquí sobre el significado de los laicos hoy en la iglesia. Berufung und Sendung des Laien in Kirche und Welt. Geschichtliche und systematische Perspektiven, Stimmen der Zeit, 205 (1987) 579 – 593 Deberíamos preguntarnos si hemos entendido realmente los signos del Espíritu. Pues si fuera así no serían comprensibles el descontento y la crítica, en especial por parte de las mujeres, ni sería necesario un sínodo episcopal sobre este tema. De cualquier forma, el fuerte compromiso de los laicos es uno de los signos más alentadores de la iglesia postconciliar.

Pero la relación entre clérigos y laicos no se ha resuelto satisfactoriamente a pesar del concilio y del progreso en el nuevo derecho canónico. I. La misma misión para todos los bautizados 1. ¿Laico = no clérigo? El problema empieza con la pregunta: ¿Qué es un laico y quién es un laico? Normalmente un laico es una persona que no tiene noción de una cosa. Este sentido peyorativo proviene de muy antiguo. En Clemente de Roma (90 d.C.) laikos significa aquél que no pertenece al clero, entendido como clase elegida. Posteriormente los laicos fueron designados, negativamente, como los no clérigos, los no monjes. También hoy en día es identificada la iglesia con el clero y con la jerarquía. Los laicos son miembros pasivos, no sujetos responsables. No en vano se ha propuesto la posibilidad de desestimar el término equívoco laico y hacerlo desaparecer de nuestro vocabulario religioso. 2. Laico = miembro del pueblo de Dios Si se quiere dotar al término “laico” de un contenido teológico adecuado y de un sentido cristiano hay que acudir al sentido originario y bíblico de laos (pueblo). En el AT, laos no significaba pueblo común, sino el pueblo elegido por Dios en contraposición a los pueblos paganos. Laikos es aquel que pertenece al pueblo de Dios a raíz de una elección WALTER KASPER y un llamamiento especiales. Laico es una designación honorífica y digna para aquellos que, tras el bautizo, son “linaje elegido, sacerdocio real, nación santa, pueblo adquirido” (l P 2,9). En esta acepción genérica, laico significa lo mismo que los términos bíblicos discípulo, hermano, santo, cristiano. Por tanto, la línea de separación no transcurre entre clérigos y laicos, sino entre cristianos y no cristianos. La igualdad fundamental de todos los creyentes y bautizados es previa a las diferenciaciones posteriores. La gran obra del concilio Vaticano II volvió a destacar este elemento común que une a todos los cristianos. Para ello, en la constitución de la iglesia Lumen gentium incluyó un capítulo sobre el pueblo de Dios, antes de los capítulos sobre la jerarquía y los laicos, en el que se trata de la vocación y misión comunes para todos los cristianos, así como de su participación en el sacerdocio común de todos los bautizados y en el ministerio profético, sacerdotal y real de Jesucristo. De manera parecida se incluye un capítulo sobre la vocación de todos los cristianos a la santidad, antes del capítulo sobre los religiosos.

II. La diferenciación entre laicos y sacerdotes 1. En los primeros siglos primó la unidad de misión Desde un principio la iglesia se constituyó como un todo estructurado que se componía de una gran variedad y riqueza de carismas, ministerios y servicios. La iglesia y sus comunidades se autoconcibieron, desde su inicio, como un solo cuerpo, en el que cada órgano tenía su propio deber (l Co 12, 4-31). La iglesia no es clerical, vista “desde arriba”, o laica, “desde abajo”. Es una totalidad estructurada y diferenciada, una realidad viva de comunión. La doctrina bíblica de un sacerdocio y responsabilidad común a todos los bautizados se articula en especial a partir de 1 P 2,5.9-10 y de Ap 1,6; 5,10. Encuentra un eco importante en tiempo de los Padres que se prolonga hasta la escolástica tardía. Según san Ireneo todos los justos poseen rango sacerdotal. Esto mismo se refleja en la liturgia, donde la comunidad entera es denominada plebs sancta, y en el Crisóstomo, donde es designada como plenitud sacerdotal del obispo. Según los Padres, la alta escolástica e, incluso, el concilio de Trento, en conjunto, los creyentes son los que sacrifican y consagran a través del servicio del sacerdote. A partir de la interpretación de Mt 16,19 Agustín pudo escribir que la iglesia en conjunto tenía la llave del reino de los cielos. San Cipriano creía que no debía suceder nada en la iglesia sin el consentimiento de todo el pueblo. Esta corresponsabilidad de los laicos en la iglesia antigua queda patente, ante todo, en la elección de los ministros y en el papel que jugaban los laicos en los concilios. La fundamentación teológica viene dada por la unción, por medio del Espíritu Santo, que todos han recibido, y la doctrina del sentido de la fe de todos los creyentes. El cardenal J.H. Newman ha demostrado que en la crisis arriana del s. IV no fueron los obispos, sino el pueblo creyente, el que profesó la fe auténtica. WALTER KASPER

2. Breve historia de la diferenciación En el transcurso de la historia de la teología y de la iglesia, la estructura “de comunión” de la iglesia y el sacerdocio común de todos los creyentes no sólo no fueron desarrollados, sino también, a menudo, ignorados e, incluso, olvidados. Una serie de factores juegan un papel muy importante. El más importante es el introducido por Constantino, que llevó al cristianismo a ser permitido en el imperio, para pasar, después, a ser declarado religión oficial del estado. Como consecuencia de ello las masas entraron a formar parte de la iglesia y así el cristianismo perdió su fuerza originaria. Los obispos fueron equiparados a los altos funcionarios del imperio, tomando parte en sus privilegios. La diferenciación teológica inherente a la iglesia entre clérigos y laicos se convirtió en una diferenciación sociológica; los clérigos superiores se convirtieron en una clase poderosa, la mayoría de los laicos, en cambio, en el pueblo “sencillo”. Además en la temprana edad media los clérigos recibieron el privilegio de la formación. De esta forma, carisma y poder se confundieron, a menudo, de manera funesta. La protesta de los monjes pronto se erigió contra esta secularización y aburguesamiento de la iglesia. Los monjes pretendían mantener el ideal cristiano originario, viviéndolo radicalmente. Todos los obispos famosos de la iglesia antigua, todos los Padres de la iglesia de oriente y occidente surgieron de los monasterios que influyeron así, decisivamente, en la iglesia. Naturalmente durante la edad media el monacato se convirtió en una institución política y económicamente muy poderosa, que constantemente se hallaba en peligro de secularización. Sobre todo a partir de la reforma gregoriana y de la contienda de las investiduras del s. XI se intentó diferenciar nítidamente entre los ámbitos espiritual y terrenal. Pero la diferenciación originaria entre cristianos y no cristianos, iglesia y mundo, fue trasladada a la misma cristiandad. Se reservó a los clérigos el campo espiritual, mientras que los laicos recibían el mundano. Así prosiguió hasta la proclamación fatal en el “decreto de Graciano”: hay dos clases de cristianos, los espirituales y los carna les (mundanos). En el N.T. tal afirmación hubiera sido totalmente inconcebible. El papa Bonifacio VIII manifestaba en la bula Clericis laicos (1296) que los laicos siempre han sido enemigos de los clérigos. Esta afirmación hace referencia a las desavenencias políticas entre el papa y el emperador o el rey de Francia, pero muestra una tendencia peligrosa. Conflictos parecidos se sucedieron en numerosas ciudades episcopales, donde los obispos príncipes dirigían a menudo batallas contra los ciudadanos cristianos. Este trasfondo nos permite comprender mejor el surgimiento de movimientos laicos anticlericales ya en la temprana edad media y que posteriormente cobraron importancia en la edad moderna. Clericalismo y laicismo son dos caras de una misma moneda. Las pretensiones clericales eran políticas, teológicas y económicas; por ello los movimientos laicos no sólo pusieron en tela de juicio las exigencias políticas, sino también las teológicas. Ello llevó a que la teología, desde el IV concilio de Letrán (1215) hasta el concilio de Trento, defendiera unilateralmente la posición de los ministerios en la iglesia en contra de los reformadores, con lo cual tales constataciones teológicas fueron concebidas erróneamente en la práctica como instrumentos ideológicos para conquistar posiciones de poder terrenal. Bajo estas condiciones la eclesiología se convirtió cada vez más en jerarcología. Era una visión piramidal de la iglesia, en contraposición a la eclesiología de comunión de la sagrada escritura y de la iglesia antigua. WALTER KASPER

3. Inicio de la revalorización de los laicos Naturalmente también hay ejemplos destacables de obispos y sacerdotes que eran buenos pastores de su rebaño. Además ya en la piedad de la tardía edad media, en la “devolución moderna”, se fue configurado una piedad marcadamente laica. Erasmo de Rotterdam y Tomás Moro fueron representantes posteriormente de una espiritualidad laica en otro ámbito. A finales de la edad moderna la visión positiva de los laicos empieza a abrirse paso. A ello contribuyen la secularización tras la revolución francesa y el desmoronamiento de la cultura occidental con su orden eclesioimperial tras la primera guerra mundial. Había llegado la hora de los laicos. Ya no era posible que el clero representase la presencia de los cristianos en el mundo; en numerosos países esta presencia fue fuertemente combatida: pensemos en las revueltas de Colonia, el conflicto entre la iglesia y el estado del s. XIX, la persecución de la iglesia en el tercer Reich. Así teólogos, laicos católicos y pastores descubrieron de nuevo el significado de los laicos para la consecución de la misión de la iglesia en el mundo. De entre los papas destacó Pío XI que promovió la separación de la iglesia y el estado, retiró a los clérigos de la política e hizo nacer en su encíclica Ubi arcano (1922) el apostolado de los laicos. El programa del papa estaba configurado por las situaciones que se daban en Italia. Y su idea principal – “participación de los laicos en el apostolado jerárquico”- contenía, además, el peligro de que los laicos continuasen siendo una prolongación del clero. De todas formas se había dado un paso muy importante. En el período de entreguerras surgió la teología de los laicos. Fueron dos ideas, sobre todo, las que fueron subrayadas: 1. La misión de los laicos no radica en una participación extraordinaria en el apostolado jerárquico; tiene sus propias raíces en el bautismo, la confirmación y el matrimonio (en el campo de la familia). 2. Los ámbitos seculares (trabajo, políticas…) poseen, gracias al orden creacional, su propia legitimidad, que ha de ser conocida y respetada, si se las quiere configurar cristianamente. Aquí son los laicos los expertos. Esta tendencia acaba con la antigua suposición de que se podían derivar directamente de la fe normas concretas de comportamiento secular. Contra este totalitarismo teológico se opuso la propia competencia y responsabilidad de los laicos en los asuntos seculares. Se les tomó como sujetos y no como meros objetos de cuidados pastorales o como simples órganos de la jerarquía. Con ello queda claro que, por dolorosa que fuera, la secularización de la edad moderna tuvo un eminente significado positivo para la iglesia, quedando así liberada de un lastre histórico y de implicaciones terrenales para poder realizar así su auténtica misión en y para el mundo. El descubrimiento de la misión teológica de los laicos es una parte importante de este nuevo nacimiento de la iglesia. 4. Papel del concilio Vaticano II El concilio Vaticano lI y sus afirmaciones sobre la misión de los laicos y sobre la libertad de religión han de ser entendidos bajo las perspectivas anteriores. Este concilio significa el final de la época constantiniana de la historia de la iglesia. Una ruptura de este tipo no es posible sin dolor; algunas crisis de la iglesia postconciliar son fruto de esta situación. No podemos contemplar la situación actual como catastrófica, sino como nacimiento esperanzador de una nueva figura de la iglesia. WALTER KASPER Como idea rectora de esta nueva configuración, el concilio escogió la eclesiología de comunión -una figura bíblica y de la antigua iglesia-, la unidad en la variedad de carismas, ministerios y servicios. Se confirmó que los laicos son creyentes, que pertenecen al pueblo de Dios y son copartícipes en la misión de todo el pueblo de Dios. Por consiguiente, los laicos toman parte activa en los tres servicios principales de la iglesia: en el testimonio de la fe y sentido de la fe sobrenatural, en la celebración litúrgica y en el ministerio real de Jesucristo, sobre todo, sirviendo a todas las personas. La responsabilidad común de todos los miembros de la iglesia debe reflejarse en los consejos pastorales, diocesanos y, según el nuevo derecho canónico, también en los sínodos. Por otro lado, sin embargo, el concilio no niveló las diferenc ias entre clérigos y laicos. El sacerdocio especial no es una intensificación del sacerdocio común. Si así fuera, los clérigos serían cristianos mejores y más completos, cosa que naturalmente no es así. Sacerdocio común y especial no se diferencian en el nivel de “ser cristiano”, sino que dentro de la comunión responden a diferentes vocaciones y misiones. Conscientemente el concilio no estableció ninguna definición teológica de laico, sino que se conformó con una descripción tipológica. Se constató que los laicos son los miembros del pueblo de Dios que no pertenecen a un estado consagrado o a una orden religiosa. El carácter secular es propio de los laicos, ellos llevan a cabo su misión inmersos en el mundo. Naturalmente también los clérigos viven en el mundo, pero su misión cristiana no está unida directamente a la conformación de las relaciones que se dan en el mundo. En contrapartida para los laicos, tras el concilio, la existencia mundana no es una concesión a la debilidad de los hombres, sino que comporta un llamamiento específico. Los laicos deben ocuparse en buscar el reino de Dios en la administración y regulación de las cosas temporales, para así, dirigidos por el espíritu del evangelio, contribuir a la evangelización del mundo desde su mismo corazón. Los pastores deben procurar “luz y fuerza” a los laicos, pero no en forma de tutelaje, sino respetando su libertad cristiana y escuchándoles. En el seno de la comunidad cristiana hay diferentes llamamientos y misiones. En este punto radica la diferencia específica de los laicos. No tiene por encima ningún ministerio en su llamamiento y misión específicos, sino que está a su servicio acompañándolos. El concilio ha determinado la existencia de una relación fraternal entre sacerdotes y laicos. Este es un ideal de eclesiología de comunión y de corresponsabilidad que aún no corresponde del todo con la realidad. III. Tres problemas actuales La discusión sobre la posición de los laicos en la iglesia y en el mundo no ha permanecido inalterada desde el último concilio. A finales de los sesenta y principios de los setenta la secularización y la emancipación recibieron un nuevo impulso en occidente, así como la democratización de todos los ámbitos de la vida. Ello produjo, por un lado, un crisis en la concepción del ministerio eclesial y una cierta nivelación de sacerdotes y laicos y, por otra parte, como reacción, una acentuación excesiva de las diferencias sin tener en cuenta lo común y unificador. Así a los laicos se les adjudicó, a menudo unilateralmente, el servic io secular y a los WALTER KASPER sacerdotes el servicio salvífico. La participación de los laicos en el servicio salvífico específico de la iglesia sólo podía concebirse en forma de nuevos ministerios eclesiales. Algunos teólogos opinaban que la distinción conciliar entre clérigos y laicos debía abandonarse en favor de la aceptación de una variedad de carismas y ministerios. La relación existente entre el servicio secular y el salvífico nos lleva a preguntarnos por la relación entre iglesia y mundo moderno. Este es uno de los puntos más conflictivos en la actualidad. Ya antes del concilio la teología había superado la relación dualística y extrínseca entre iglesia y mundo, entre naturaleza y gracia. Además de esto el concilio afirmó que sólo existe un plan divino que abarca a la creación y a la salvación. El mundo se halla orientado hacia la gracia; el mensaje de la salvación y de la gracia es la más profunda finalidad del mundo. La iglesia está profundamente unida a la historia de la humanidad. 1. El servicio del laico ¿un servicio sólo mundano? De lo dicho se siguen tres consecuencias. En primer lugar, el servicio del laico en el mundo no es un servicio puramente mundano, sino que es un servicio salvífico que, a la vez, es servicio eclesial. Pues, dado que la iglesia es, por su esencia, iglesia “en” y “para” el mundo, el servicio del laico al mundo tiene una dimensión eclesial. Este servicio permite que las cuestiones y necesidades, a la vez que las riquezas y experiencias espirituales y culturales del mundo estén presentes y enriquezcan la iglesia. A su vez los laicos han de hacer presente en el mundo el mensaje y la realidad salvífica del cristianismo. Por medio de ellos se debe llegar a una interpenetración de iglesia y cultura, a una especie de encarnación del cristianismo en nuestro mundo actual. Por tanto, el servicio del laico al mundo participa del carácter significativo-sacramental de la iglesia, que como un todo es sacramento universal de salvación. 2. ¿Convertir a los laicos en clérigos de segundo orden? En segundo lugar, a partir de esta situación fundamental del laico en la relación iglesiamundo, la misión de los laicos no debe ser reducida a la cuestión intraeclesial de los “nuevos ministerios de los laicos” en la iglesia (p. Ej. los de aquellos que trabajan con dedicación plena en ella). Estos son importantes para la consecución del cometido pastoral de la iglesia, pero no deben cegarnos ante la labor primaria del laico en los diferentes ámbitos de la familia, el trabajo, la ciencia, la economía, la cultura, la política. Actualmente hay una forma nueva de huida del mundo: situar la tarea del laico sobre todo dentro de la iglesia. Pero no es bueno que esquematicemos demasiado. Hoy, al igual que en los tiempos originarios de la iglesia, hay numerosos laicos dispuestos a participar activamente en el ámbito más estrecho de la iglesia y asumir determinados servicios pastorales. La iglesia ha tenido en cuenta esta evolución y a raíz de la correspondiente prescripción del concilio ha acuñado en el nuevo derecho canónico un concepto de ministerio que recoge tanto los ministerios que se transmiten por la ordenación sacramental como los nuevos ministerios pastorales de los laicos. WALTER KASPER Entre ellos encontramos servicios litúrgicos como los de acólitos y lectores, distribuidores de la comunión, cantores. Cabe destacar a los catequistas en las misiones y, entre nosotros, a los catequistas y profesores de religión. En los países germanoparlantes encontramos, además, a los asistentes pastorales y a los responsables de los servicios caritativos. También existe el ministerio del animador de pequeños grupos, el encargado de las celebraciones de la Palabra y de las liturgias dominicales sin sacerdote, así como los responsables de comunidades sin sacerdotes. Por último también hay responsables de movimientos apostólicos y espirituales.

Tiene un significado fundamental el que estos nuevos ministerios laicos posean una base sacramental en la confirmación y en el bautismo, por ello no es posible hablar de una escisión del sacramento del orden. Estos ministerios no son un mal necesario por el reducido número de sacerdotes. Son una contribución positiva y un signo de que el servicio secular y el salvífico no son dos ámbitos herméticamente cerrados. A través de estos ministerios la actividad pastoral de la iglesia debe ser más rica en contenido de “mundo”. Por otra parte, los laicos no pueden prescindir de los sacerdotes, para los que la vida terrena no es extraña, sino que se han comprometido personalmente en ella. Esta incidencia recíproca al servicio de un testimonio más activo del evangelio se muestra también en otro fenómeno actual: los institutos seculares. Sus miembros viven según principios evangélicos, pero lo hacen en medio del mundo y participando en una profesión laica. La vida en las órdenes y la vida en el mundo forman parte de una nueva síntesis, sin que por ello desaparezca la distinción entre clérigos y laicos. A través de la aceptación de los nuevos ministerios tiene lugar una estrecha colaboración entre ,clérigos y laicos, sin que por ello los nuevos titulares se conviertan en clérigos. Clericalizar los ministerios no serviría de nada, tan sólo suprimiría su relativa autonomía. 3. La posición de la mujer en la iglesia Una tercera problemática se desprende del último concilio: la posición dula mujer en la iglesia. El hecho de que aún deba hablarse expresamente de las mujeres y sus tareas indica que su rol eclesial aún no es evidente. Ya Juan XXIII en su encíclica Pacem in terris incluía la participación de la mujer en la vida pública como uno de los signos del momento. Esta conciencia social distinta tiene, naturalmente, consecuencias para la iglesia de hoy. El problema tan sólo fue insinuado por el concilio; desde entonces se ha convertido en uno de los problemas pastorales más candentes. Vamos a tratar esta cuestión en la . medida en que afecta a la posición de la mujer como laica. En la iglesia, en el ámbito de los laicos, las mujeres no sólo son equiparadas “canónicamente” a los hombres, sino que, prácticamente, son valoradas por un igual. Esto no tiene nada que ver con “igualitarismo”. Hombres y mujeres no son iguales, pero poseen la misma condición y dignidad. Esta diferencia explica la atracción y tensión existentes entre sexos. Esto debe conducir a una relación fraternal entre los hombres y las mujeres. No hay ninguna razón teológica por la que las mujeres no puedan acceder a puestos directivos en la formación religiosa de adultos, en teología, en la administración eclesial o en trabajos caritativos. WALTER KASPER El hecho de que se de una situación insatisfactoria perjudica especialmente a la iglesia. Las mujeres podrían aportar sus propias experiencias y dones a la iglesia, con lo que ésta se enriquecería notablemente. El futuro de la iglesia va a depender de la disposición de las mujeres para colaborar, pero también de la disposición de la iglesia a aceptarlas. IV. Espiritualidad de los laicos 1. Una espiritualidad de la vida entera: opción por Dios y por los demás Cuando los Padres de la iglesia hablan del servicio sacerdotal de todos los creyentes, están hablando del culto de la vida cristiana que consiste en la opción por Dios y por el otro. Esta autoentrega llega a su grado máximo en el ofrecimiento de la vida en el martirio. Tomás de Aquino resume la tradición patrística. Entiende el carácter sacramental del bautismo y de la confirmación como participación del sacerdocio de Jesucristo y como deputación para el culto. Por culto no entiende un rito externo, sino el rito de la vida cristiana, Pues, como la iglesia en conjunto, tampoco los laicos inciden en primera instancia por lo que dicen y hacen, sino por le que son y viven. ¿Cómo es, pues, concretamente, la espiritualidad de los laicos? La espiritualidad laica comporta lo mismo que cualquier espiritualidad cristiana: oración personal, conversión diaria, celebración de la eucaristía. Pero será, especialmente, una espiritualidad abierta al mundo. Su divisa es: encontrar a Dios en todas las cosas; alegrarse de lo que Dios nos ha dado y dar gracias por ello; sufrir con los necesitados. La solidaridad con los pobres y perseguidos es una característica importante de la espiritualidad secular cristiana. 2. Espíritu de libertad cristiana y discernimiento A esto se añade el espíritu de la libertad cristiana. El laico está en el punto crítico de contacto entre una realidad mundana y una realidad salvífica con todas las tensiones y conflictos que ello conlleva. Se exige una existencia cristiana en la tensión entre diálogo y martirio, entrega al mundo y contratestimonio bajo la señal de la cruz. El justo discernimiento de los espíritus no es siempre fácil. A menudo el cristiano se acomodará, pero nadie puede sustraerle su propia decisión. Al contrario, tiene que haber en la iglesia mucho más espacio para la tolerancia, el respeto y el estímulo para tales decisiones. La mejor ayuda que puede ofrecer la iglesia en estos casos es la oferta de una formación cualificada de la fe y de la conciencia. 3. Espiritualidad de comunión Finalmente una tercera cosa. Tertuliano dijo una vez: “Un cristiano no es cristiano”. Se es cristiano junto a otros formando parte de la gran comunión de los santos. La comunión necesita de la comunicación. Esta se da de modo diferente en grupos, equipos de matrimonios y de amigos, asociaciones, aunque la célula más importante sigue siendo la familia. Actualmente los movimiento espirituales y las comunidades de base desempeñan un papel muy importante. Ambos representan una esperanza para la iglesia. A pesar de que su configuración concreta aún conlleva problemas, representan WALTER KASPER importantes señales del espíritu de Dios, son signos de la configuración que comienza a tomar el apostolado de los laicos. Lo que significan las comunidades de base lo experimenté por primera vez en barrios de chabolas en Lima y después en África. Es fácil malinterpretar estas comunidades y creer que son células revolucionarias. Normalmente estos cristianos se reúnen sin sacerdote para leer la palabra de Dios, orar, cantar, preparar los oficios, para asesorarse sobre cuestiones humanas que les afectan. Aquí la responsabilidad y la actividad de los laicos es impresionante. Aquí revive la iglesia como comunión. Sería ingenuo pensar que tales formas son exportables a Europa. Europa debe encontrarse a sí misma, eso sí, prestando atención a las nuevas iglesias. Esto sólo es posible en la medida en que encuentre y reactive sus raíces cristianas. Europa es grande gracias a la síntesis de la fe cristiana con las culturas paganas. Esta síntesis se ha seguido atomizando en los procesos de secularización y emancipación. La renovación no será posible sin una nueva evangelización y conversión. Esta penetración del espíritu cristiano en nuestra civilización es cosa de los laicos. En ellos reposa la responsabilidad del futuro de la iglesia en esta parte del mundo. Por eso ha llegado la hora de los laicos. Es un momento de nuevas y grandes esperanzas.

Tradujo y condensó: JUAN JOSE PRIEGO

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Por una religiosidad laica. José M. Castillo, teólogo


espiritualidadjul032019 

Enviado a la página web de Redes Cristianas

Castillo1

Las declaraciones, que ha hecho el Nuncio de la Santa Sede, al despedirse de la Nunciatura de Madrid, están dando que hablar por un motivo comprensible. El representante oficial del Papa en España se ha despedido haciendo alusiones o dando su opinión sobre un problema, el enterramiento del dictador Franco, ante el que muchos españoles no son indiferentes.
Al hablar de este asunto, mi intención no es pronunciarme a favor o en contra del Nuncio cesante. Lo que pretendo es indicar el problema de fondo que se oculta en todo este asunto. Un problema que mucha gente no se imagina, pero que tiene más actualidad y envergadura de lo que normalmente se suele pensar o decir en estos casos.

¿A qué me refiero? El centro y eje del cristianismo, como bien sabemos, es el Evangelio. Y en el Evangelio, todo se centra en torno al personaje capital, que es Jesús. Pues bien, si la Iglesia tiene su origen en el Evangelio y su razón de ser es hacer presente ese mismo Evangelio, resulta evidente que los representantes oficiales de la Iglesia no pueden ir por el mundo haciendo y diciendo exactamente lo contrario de lo que, según los evangelios, Jesús hizo y dijo mientras estuvo en la tierra.

Esto supuesto, si algo hay claro en los evangelios es que Jesús fue un hombre profundamente religioso, que hablaba constantemente de su relación (y de nuestra relación) con el Padre del cielo. Y se pasaba las noches enteras en oración a Dios. Pero siempre hizo esas cosas de tal forma, que la vida de Jesús transcurrió, no sólo al margen de la “religión oficial”, la religión del templo y de los sacerdotes, sino que – sobre todo y como bien sabemos – Jesús “se enfrentó directamente” al templo y sus funcionarios, a muchos de sus rituales y ceremonias y al “yugo” (Mt 11, 29) de normas que los clérigos aquéllos le imponían a la gente.

De tal forma que Jesús entendió y practicó la religión de tal manera, que aquello terminó en un conflicto mortal. Porque, como es bien sabido, fue el Sanedrín (el Consejo Supremo de la Religión) el que condenó a muerte a Jesús (Jn 11, 47-53). Y el que forzó a las autoridades civiles y militares para que ejecutaran la sentencia de la forma más cruel que había entonces.

Esto es lo que ocurrió. Pero ¿por qué se produjo aquel crimen? No fue por defender la religión, que estaba bien defendida. Ni fue por proteger a los Sacerdotes y sus ganancias. El templo y sus hombres eran la gran fuente de riqueza que tenía Jerusalén en aquel tiempo, como bien han demostrado los mejores estudiosos de esta historia (cf. J. Jeremias, Jerusalén en tiempos de Jesús, Madrid, Cristiandad, 1977).

Entonces, ¿por qué persiguieron y mataron a Jesús? Sencillamente porque Jesús vio, con claridad meridiana, que lo más urgente y apremiante, en este mundo, no es el sometimiento a los que tienen el poder, aunque sea el poder sagrado de la religión. Lo más importante, que no admite espera, es remediar el sufrimiento de los que no pueden seguir, hundidos como están en sus carencias y miserias. Por eso Jesús curaba a los enfermos, acogía a pecadores y extranjeros, defendía a las mujeres, se ponía de parte de niños, mendigos y gente desamparada.

Sin duda alguna, todo esto es lo que irritaba a los hombres de la religión. Sobre todo, cuando Jesús les dijo en su cara que habían hecho del templo “una cueva de bandidos”. ¿No se daban cuenta los “profesionales de lo sagrado” – los de entonces y los de ahora – que la religión o es “laica” (del pueblo, de todos por igual) o no es religión, es decir, no nos lleva a Dios, porque a donde nos lleva derechos es a la tranquilidad de la conciencia y al “señorío del disparate”, como ha dejado patente el Nuncio que se va?

Y es que, cuando un colectivo de hombres se cree que es superior a los demás, porque sabe más y puede más que los demás, ¿no se puede sospechar con fundamento que la experiencia religiosa que nos predica ese colectivo ya no es de fiar, porque nos remite a una falsa religión?
Cada día veo más claro que la religión del futuro es la “religión laica”. Que no es la religión que niega a Dios. Eso es una burda contradicción. La “religión laica” es la religión que nos iguala a todos. Y a todos nos concentra en la firme convicción que se centra en este criterio: una conducta ética tan honesta y tan transparente que no tenga más explicación que la existencia de un más allá y la experiencia de un Padre que es la clave que explica lo que nunca llegaremos a explicar.

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La mujer salida de las entrañas de Nueva York que terminó en la selva de Guainía


NOTA: El testimonio de Sofia Muller, sirvió de inspiración para impulsar el emponderamiento de mujeres seglares, que antes no se podian supuestamente desplazar solas a realizar un trabajo misionero de Evangelización en las zonas de Territorios Misionales. Dentro de la Iglesia Católica Romana, quien apoyó siempre el ministerio de los seglares, Fundando la UFEMI, actual USEMI, fue Gerardo Valencia Cano, Obispo de los Pobres, fallecido, en un dudoso accidente de aviación el 21 de Enero de 1972 en un avión de SATENA, que hasta el sol de hoy, no ha sido esclarecido. Olga Lucia Álvarez Benjumea ARCWP-

Sofia Müller abandonó su academia de arte para terminar en la odisea de traducirle la biblia a los indígenas curripacos del Amazonas de Colombia y BrasilPor: Iván Gallo | Julio 01, 2019

La mujer salida de las entrañas de Nueva York que terminó en la selva de Guainía

Laguna de Matracas. Ha parado de llover. El cielo ha quedado limpio, el agua también. Las toninas respiran con fuerza. Vemos su fuente. Son cinco. Armando Da Silva, nuestro boga, apaga el motor para que los delfines se tomen confianza. Hemos andado todo el día por todo el río Inírida. Las pocas personas que hemos visto en la desembocadura con el río Guaviare, uno de los lugares más apartados de Colombia, pertenece a la etnia curripaco. Desde acá hasta el Brasil, pasando por los impresionantes cerros de Mavecure, solo hay dos pueblos: el curripaco y los puinaves. Hace unos setenta años ellos adoraban a dioses de nombre impronunciables, viejos dioses como Yapericoli que solo los más ancianos pueden recordar. Hace unos sesenta años una gringa cambió la manera de pensar de toda esta razón del amazonas colombiano.

Desde la Academia Nacional de Diseño de Nueva York donde estudiaba Bellas Artes Sofía Muller escuchó el llamado de la selva. Se presentó a la Misión Nuevas Tribus que planteaba su  Sus papás apenas lo entendían pero el grito era más fuerte, era un imán que la atraía. Era abril de 1944 cuando aterrizó en Bogotá, la recibieron un par de amigos neoyorquinos. Se quedó dos días. La impresionó esa ciudad gris en donde las mujeres al parecer no tenían derecho a salir a la calle: por los andenes solo caminaban hombres que vestían de negro. Gracias a ellos pudo conectar a un inglés que vivía en Mitú. Desde ahí empezó su viaje al corazón de las tinieblas.

Llegó al poblado de Cejal, capital espiritual curripaca, en diciembre de 1945. Estaba a solo una hora en lancha de la frontera brasilera. Los caucheros ya habían dejado su estela de ambición, tortura y muerte. Allí la recibieron con aspavientos. En esa época las mujeres no iban a la selva y menos las norteamericanas. Creían que era una hechicera. Ella había aprendido su idioma y en Curripaco les habló del paraíso, de la vida después de la muerte, de un Dios que castigaba y perdonaba. En la Cosmogonía de las tribus del Amazonas los dioses no juzgan ni salvan, solo están ahí para ayudar a la organización de sus pueblos.

Vea también: Los demonios que quieren poseer al Guainía

En Cejal estuvo aislada y despreciada durante más de 15 días. La lluvia caía como una tela que nunca se deshacía. Los pulmones se congestionaban, pensó muchas veces en devolverse para su país. Pero la pasión por predicar podía con todo. Incluso con pruebas que sólo un desquiciado podía atreverse a afrontar. Uno de los líderes de la tribu dio el dictamen sobre ella: Sofía era una bruja que quería hechizar y maldecir a Cejal. Si era alguien bueno debería atreverse a tomar el más potente de los venenos que la tribu conocía. Sin pensarlo, Sofía se encomendó a Dios y se bebió en un cuenco de bejuco una cantidad de veneno que podría matar a 20 personas.

Fueron dos días en donde el alma casi se le sale por la boca. El dolor era tan intenso como el de tener una víbora en los intestinos. Se revolcó durante cuarenta y ocho horas. Los indios que no creían en ella celebraban su muerte inminente. Pero sobrevivió. Al séptimo día se levantó y los indios empezaron a creer en todo lo que les decía. Creer en la vida eterna los deslumbró.

La evangelización en el Guainía no fue obra de grandes misiones católicas. Fue una sola mujer, con la resistencia de un ejército, la que se sobrepuso a la voracidad de los caucheros, de los comerciantes brasileros, la ferocidad de los indios quienes nunca le perdonaron tratar de arrebatárseles los dioses de sus ancestros.

Puerto Inírida, seis de la mañana. Desde el puerto se levanta, junto con el sol, el olor a pescado podrido y gasolina de contrabando. Venezuela queda muy cerca en este lugar alejado de todo. Lo primero que se mueve en el día, después de las pequeñas olas que levantan las lanchas en el río, son los cristianos yendo a alguna de las treinta iglesias de esta población de 16 mil personas, epicentro de un departamento despoblado, milenario y cristianizado por una mujer que se la ganó a las misiones católicas.

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CUANDO UN COORDINADOR LAICO PUEDE CELEBRAR LA CENA DEL SEÑOR.



El día 18/06/2019.

pensando en el Sínodo Panamazónico de octubre, escribimos sobre el deseo del Papa Francisco de ordenar en el sacerdocio a casados, especialmente indígenas, para los lugares distantes de la Amazonia. Será un sacerdote de estilo indígena, seguramente, distinto del tradicional.

En los sitios sin asistencia de sacerdotes, hay coordinadores de comunidades eclesiales de base que ya están presidiendo las celebraciones de la Cena del Señor. No están ordenados pero nadie dirá que Cristo no está ahí presente en la Palabra, en la comunidad y en su celebración. La cuestión no es solo intraeclesial católica, también es ecuménica. Las Iglesias que salieron de la Reforma celebran en sus comunidades la Cena del Señor con pastores no ordenados e el sacramento del Orden. ¿Cuál es el valor de estas celebraciones? ¿Estará realmente Cristo presente ahí en la comunidad que esucha la Palabra de Dios y celebra bajo las especies del pan y del vino?

Trataremos de responder en ambos casos positivamente, fundados en una vasta documentación histórico-teológica que no puede ser aducida aquí, pero que se encuentra en el libro Eclesiogénesis: la reinvención de la Iglesia, Editora Record 2008, p165-188 o Sal Terrae, Santander 2002.

La afirmación básica, definida por el Concilio Vaticano II, es: «La celebración del Sacrificio Eucarístico es el centro y la cumbre de toda la vida de la comunidad cristiana» (Christus Dominus, n. 30). Los fieles desean la eucaristía. ¿Se les puede negar por el hecho de no tener un ministro ordenado en su medio? Los coordinadores de las comunidades hacen todo lo que un ordenado hace, ¿por qué no pueden consagrar? Lo normal sería que fueran ordenados, pero no lo son porque no son célibes.

La investigación rigurosa sobre el tema concluyó que ha habido dos fases: en el primer milenio del cristianismo la ley básica era «quien preside la comunidad, preside también la eucaristía: podía ser un obispo, un presbítero, un profeta, un doctor, un confesor y un simple coordinador ». Era impensable que una comunidad se quedase sin eucaristía por la falta de un obispo o de un sacerdote. Entraba entonces el coordinador de la comunidad, como ocurre en nuestras comunidades. El nexo era el coordinador de la comunidad y la celebración de la eucaristía.

En el segundo milenio hubo un cambio. Las disputas entre el Imperium y el Sacerdotium desplazaron el tema de la comunidad en favor del tema del poder sagrado. Los Papas reivindicaron el poder sagrado por encima del poder imperial. Este poder sagrado viene mediante el sacramento del Orden. El nexo es ahora quién tiene el poder sagrado y quién no lo tiene. Ahora la ley que vale es Sólo quien es ordenado tiene el poder de consagrar. El laico queda excluido aun siendo coordinador. Ahora lo que hay es el orden laical y el sacerdotal.

Con referencia a las celebraciones eucarísticas de las Iglesias cristianas no romano-católicas se parte del hecho de que en ellas se celebra la Cena del Señor por los ministros aceptados por las respectivas comunidades. La validez de esta celebración no viene del sacramento del Orden, vía imposición de las manos hecha por el obispo sobre el fiel laico, que pasa entonces a ser sacerdote con poder de consagrar. Para los evangélicos, el poder de celebrar se deriva de la fe y de la fidelidad a la doctrina apostólica acerca de la presencia del Señor en la celebración de la sagrada Cena. Lo mismo podríamos decir de las celebraciones en las comunidades eclesiales de base: la fe apostólica en la real presencia de Cristo en el pan y en el vino bendecidos por el coordinador o por un grupo de coordinadores, conferiría el poder de consagrar. Cristo estaría presente ahí.

Otro polo de comprensión se funda en el valor del bautismo tomado en su integralidad. Es doctrina común que el bautismo es la puerta de entrada de todos los sacramentos y contendría seminalmente a todos los demás. Por el bautismo todos los fieles participan del único sacerdocio realmente válido que es el de Cristo. El sacramento del Orden no es el sacramento del obispo o del sacerdote. Es el sacramento de la Iglesia como comunidad de los fieles. Si alguien es ordenado en el sacramento del Orden es para el servicio de la comunidad, para su coordinación y animación espiritual. No existe un frente a frente: por un lado el fiel, sacerdote común, sin poder sacramental ninguno y por otro el sacerdote ordenado con todos los poderes. Lo que existe es una comunidad, toda ella sacerdotal y profética, que especifica las funciones sin que una disminuya a las otras, una de consagrar y coordinar, otra de interpretar los textos sagrados, de responsabilizarse de los cánticos, de visitar a los enfermos, etc.

Además es doctrina común que, después del sacerdocio de Cristo, no puede haber ningún otro sacerdocio a título propio. Por eso es Cristo quien consagra. El sacerdote no consagra. Él tiene el poder de representar, de hacer visible en la comunidad a Cristo invisible. Él no sustituye a Cristo.

En una comunidad bien organizada normalmente hay un sacerdote o un pastor con esta función. Pero cuando falte y sin culpa de la comunidad, el coordinador puede asumir esta función de representación de Cristo. Esta situación hoy en día es bastante frecuente, especialmente con la carencia de sacerdotes o de pastores, o en lugares muy lejanos como es el caso de la región amazónica. De ahí la importancia de reconocer la validez de las celebraciones de los pastores y de los coordinadores laicos.

*Leonardo Boff es teólogo, filósofo y escritor. Ha escrito: Iglesia: carisma y poder, Vozes 1982, Sal Terrae 1982 y 2002.

Traducción de Mª José Gavito Milano

Fuente: FB de Anawin Pobres de Yahve

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