El poder del pueblo. El pueblo tiene poder para elegir a sus obispos y quitar al obispo indigno – José Mª Castillo


Posted: 06 Jun 2019 11:20 AM PDT

¿No nos damos cuenta de que, en cosas muy importantes, la cultura y la sociedad cambian a una velocidad que la Iglesia no es capaz de seguir? Es un hecho, por ejemplo, que hay curas jóvenes que miran más al pasado que les conviene a sus ideas conservadoras que al futuro que les interpela.

Hace más de cuarenta años, yo enseñaba a mis alumnos que, en el s. III (en otoño del 254), los cristianos de la España romana le presentaron al obispo Cipriano (el más importante de entonces, aunque estaba en Cartago) un problema complicado. Tal problema consistía en que los fieles de tres diócesis españolas (León, Astorga y Mérida) se enteraron de que sus obispos no habían dado el debido testimonio de su fe en una persecución del emperador Decio. Y aquellos fieles, ante el ejemplo escandaloso de sus obispos, tomaron la decisión (impensable ahora) de quitar a los obispos, echarlos a la calle y deponerlos de sus cargos. Los cristianos, en aquel tiempo, se sentían responsables de sus diócesis. Y no toleraban el escándalo de obispos que no eran capaces de confesar su fe en Jesucristo, cuando se veían amenazados. Así las cosas, los cristianos acudieron al obispo más reconocido y ejemplar de entonces, que era Cipriano de Cartago.

Pero todo se complicó cuando uno de los obispos depuestos, un tal Basílides, recurrió al papa Esteban, obispo de Roma. Pero se valió de una información manipulada y en la que el asunto era presentado como a Basílides le convenía. Con lo que el asunto de complicó. Y esto fue lo que motivó el recurso de los cristianos de la España romana al obispo Cipriano, el más reconocido y respetado de la Iglesia de entonces.

Cipriano convocó un concilio, cuyas decisiones nos han llegado en la carta 67 de Cipriano, que está firmada por 37 obispos que participaron en aquel sínodo. Esta solución, para un conflicto local, era perfectamente aceptada en el s. III.

Ahora bien, en aquel sínodo local, se tomaron tres decisiones, que constan en la carta mencionada:

1) El pueblo tiene poder para elegir a sus ministros, concretamente al obispo: “Vemos que viene de origen divino el elegir al obispo en presencia del pueblo, a la vista de todos… Dios manda que ante la asamblea se elija al obispo” (Epist. 67, IV, 1-2).

2) El pueblo tiene poder para quitar al obispo indigno: “Por lo cual el pueblo… debe apartarse del obispo pecador y no mezclarse en el sacrificio de un obispo sacrílego, cuando sobre todo, tiene poder de elegir obispos dignos o de rechazar a los indignos” (Epist. 67, III, 2).

3) Incluso el recurso a Roma no debe cambiar la situación, cuando el recurso no se ha hecho con verdad y sinceridad: “Y no puede anularse la elección verificada con todo derecho, porque Basílides… haya ido a Roma y engañado a nuestro colega Esteban que, por estar lejos, no está informado de la verdad de los hechos, y haya obtenido el ser restablecido ilegítimamente en su sede, de la que había sido depuesto con todo derecho” (Epist. 67, 5, 3).

Queda patente, por tanto, que la Iglesia del s. III tenía una mentalidad según la cual la Iglesia consistía más en la comunidad que en el clero. Lo cual no era atentar contra los derechos del clero, sino sencillamente reconocer el papel que desempeñaba y los derechos que tenía la comunidad de los fieles.

Ahora bien, si la Iglesia de los primeros siglos se comportaba y era gestionada de esta manera, ¿Por qué, con el paso de los siglos, se le ha quitado a la comunidad de los fieles un derecho que tuvo en sus orígenes más antiguos y originales?

Y quede claro que, al plantear esta pregunta, no se trata – de ninguna manera – de limitar los derechos y poderes del obispo de Roma. Se trata de todo lo contrario. Lo que más nos tiene que importar es lo que más desea el Papa actual, el Papa Francisco: recuperar la dignidad, autoridad y grandeza de un Papa que no desea ni quiere poderes y grandeza, sino una Iglesia en la que todos los fieles cristianos sientan y vivan como problema de todos lo que a todos nos va a devolver la fuerza evangélica de una Iglesia, que no quiere grandezas humanas, sino la eficacia evangélica de la comunidad de los seguidores de Jesús el Señor.

http://www.fecansada.com

El principal grupo de sacerdotes católicos de Estados Unidos pide a los obispos que pongan fin al clericalismo


Los obispos necesitan ayudar a los sacerdotes a corregir los errores de la Iglesia y poner fin a la cultura del secreto, dice presidente de la Asociación de Sacerdotes Católicos de EE. UU.

La Croix International staff 
Estados Unidos6 de junio de 2019

La Iglesia Católica en los Estados Unidos debe centrarse en tres prioridades: abrir el telón de su cultura de secreto, poner fin al clericalismo y otorgar a las mujeres más roles en los asuntos de la Iglesia, escribió el presidente de la Asociación de Sacerdotes Católicos de los Estados Unidos (AUSCP) en una Carta a los obispos del 4 de junio.

«Estamos en crisis. Necesitamos un cambio», escribió el padre Kevin Clinton, sacerdote de la Arquidiócesis de St. Paul, Minneapolis. «Por favor, involucre a todo el pueblo de Dios para lograr el cambio necesario. El clericalismo, especialmente, debe ser erradicado, y las mujeres deben integrarse».

Describió a los sacerdotes como «colaboradores» en esto y prometió el apoyo total de AUSCP, que se reunirá del 24 al 27 de junio para discutir la crisis de abuso sexual y las formas en que todos los miembros de la iglesia trabajarán juntos de manera más cohesiva.

«Los obispos han operado en secreto durante demasiado tiempo. Debes admitirlo y luego hay que ponerle fin», escribió el padre Clinton.

«Le pedimos a usted como obispo que haga lo que el Papa Francisco le instó a hacer: dialogar con nosotros, el clero y los laicos, con atención y con respeto. Escúchenos, comprométanos a establecer la dirección de nuestra Iglesia y acompáñenos en nuestro trabajo. Trabajar en los hospitales de campo de nuestra Iglesia «.

Destacó cómo el Papa Francisco ha instado a los clérigos a fomentar «una Iglesia profundamente sinodal y no solo jerárquica».

«La gente está cada vez más consciente de que nuestra Iglesia sigue enferma por los tres virus mortales señalados a principios del Vaticano II: el legalismo, el triunfalismo y el clericalismo. Estos virus se generan entre el orgullo del liderazgo, el secreto y la falta de responsabilidad. Tenemos que abordar esta crisis juntos». . «

También lamentó el número cada vez menor de ministros laicos ordenados o adecuadamente capacitados y capacitados, y pidió más asistencia con el trabajo de los sacerdotes en los hospitales de campo administrados por la Iglesia «para que no sigamos rechazando e implosionando».

http://www.international.la-croix.com/news/head-of-us-catholic-priests-largest-group-asks-bishops-to-end-clericalism/10268?utm_source=Newslett

«El pueblo tiene poder para elegir a sus obispos, y quitar al obispo indigno»


«Es urgente actualizar la Iglesia», constata el teólogoCastillo:
Los obispos, de ejercicios
Los obispos, de ejercicios USCCB
«¿No nos damos cuenta de que, en cosas muy importantes, la cultura y la sociedad cambian a una velocidad que la Iglesia no es capaz de seguir?»
«Necesitamos recuperar la dignidad, autoridad y grandeza de un Papa que no desea ni quiere poderes y grandeza»

28.05.2019 José María Castillo

¿No nos damos cuenta de que, en cosas muy importantes, la cultura y la sociedad cambian a una velocidad que la Iglesia no es capaz de seguir? Es un hecho, por ejemplo, que hay curas jóvenes que miran más al pasado que les conviene a sus ideas conservadoras que al futuro que les interpela.

Hace más de cuarenta años, yo enseñaba a mis alumnos que, en el s. III (en otoño del 254), los cristianos de la España romana le presentaron al obispo Cipriano (el más importante de entonces, aunque estaba en Cartago) un problema complicado. Tal problema consistía en que los fieles de tres diócesis españolas (León, Astorga y Mérida) se enteraron de que sus obispos no habían dado el debido testimonio de su fe en una persecución del emperador Decio. Y aquellos fieles, ante el ejemplo escandaloso de sus obispos, tomaron la decisión (impensable ahora) de quitar a los obispos, echarlos a la calle y deponerlos de sus cargos. Los cristianos, en aquel tiempo, se sentían responsables de sus diócesis. Y no toleraban el escándalo de obispos que no eran capaces de confesar su fe en Jesucristo, cuando se veían amenazados. Así las cosas, los cristianos acudieron al obispo más reconocido y ejemplar de entonces, que era Cipriano de Cartago.

Pero todo se complicó cuando uno de los obispos depuestos, un tal Basílides, recurrió al papa Esteban, obispo de Roma. Pero se valió de una información manipulada y en la que el asunto era presentado como a Basílides le convenía. Con lo que el asunto de complicó. Y esto fue lo que motivó el recurso de los cristianos de la España romana al obispo Cipriano, el más reconocido y respetado de la Iglesia de entonces.

Cipriano convocó un concilio, cuyas decisiones nos han llegado en la carta 67 de Cipriano, que está firmada por 37 obispos que participaron en aquel sínodo. Esta solución, para un conflicto local, era perfectamente aceptada en el s. III.

Los obispos españoles, de ejercicios espirituales el pasado enero
Los obispos españoles, de ejercicios espirituales el pasado enero

Ahora bien, en aquel sínodo local, se tomaron tres decisiones, que constan en la carta mencionada:

1) El pueblo tiene poder para elegir a sus ministros, concretamente al obispo: “Vemos que viene de origen divino el elegir al obispo en presencia del pueblo, a la vista de todos… Dios manda que ante la asamblea se elija al obispo” (Epist. 67, IV, 1-2). 

2) El pueblo tiene poder para quitar al obispo indigno: “Por lo cual el pueblo… debe apartarse del obispo pecador y no mezclarse en el sacrificio de un obispo sacrílego, cuando sobre todo, tiene poder de elegir obispos dignos o de rechazar a los indignos” (Epist. 67, III, 2). 

3) Incluso el recurso a Roma no debe cambiar la situación, cuando el recurso no se ha hecho con verdad y sinceridad: “Y no puede anularse la elección verificada con todo derecho, porque Basílides… haya ido a Roma y engañado a nuestro colega Esteban que, por estar lejos, no está informado de la verdad de los hechos, y haya obtenido el ser restablecido ilegítimamente en su sede, de la que había sido depuesto con todo derecho” (Epist. 67, 5, 3).

Queda patente, por tanto, que la Iglesia del s. III tenía una mentalidad según la cual la Iglesia consistía más en la comunidad que en el clero. Lo cual no era atentar contra los derechos del clero, sino sencillamente reconocer el papel que desempeñaba y los derechos que tenía la comunidad de los fieles.

Ahora bien, si la Iglesia de los primeros siglos se comportaba y era gestionada de esta manera, ¿Por qué, con el paso de los siglos, se le ha quitado a la comunidad de los fieles un derecho que tuvo en sus orígenes más antiguos y originales?

Y quede claro que, al plantear esta pregunta, no se trata – de ninguna manera – de limitar los derechos y poderes del obispo de Roma. Se trata de todo lo contrario. Lo que más nos tiene que importar es lo que más desea el Papa actual, el Papa Francisco: recuperar la dignidad, autoridad y grandeza de un Papa que no desea ni quiere poderes y grandeza, sino una Iglesia en la que todos los fieles cristianos sientan y vivan como problema de todos lo que a todos nos va a devolver la fuerza evangélica de una Iglesia, que no quiere grandezas humanas, sino la eficacia evangélica de la comunidad de los seguidores de Jesús el Señor.

http://www.religiondigital.org/teologia_sin_censura/urgente-actualizar-Iglesia-castillo-obispos-pueblo_7_2125957398.html

CHILE: El round de las laicas con el nuevo obispo auxiliar de Santiago nombrado por el Papa


Autor: María José Navarrete

 JUE 30 MAY 2019 |  01:29 PM
Tras los polémicos dichos del sacerdote Carlos Irarrázaval, quien señaló que quizás a las mujeres “les gusta estar en la trastienda” y que “en la Última Cena no había mujeres sentadas a la mesa”, la organización denominada Mujeres Iglesia escribió una carta dirigida al mismo Pontífice, en la cual se quejan por lo ocurrido. “Nos preocupan de sobremanera sus declaraciones respecto de las mujeres, y su lectura y conocimiento bíblico e histórico”, dicen en la misiva.

“En la Última Cena no había mujeres sentadas a la mesa” y “quizás a ellas mismas les gusta estar en la trastienda” son algunas de las apreciaciones sobre el rol de la mujer en la Iglesia que dio la semana pasada el recién nombrado obispo Carlos Irarrázaval, en una entrevista con CNN.

El sacerdote llegó en 2011 a la parroquia del Sagrado Corazón de Jesús en Providencia, para suceder a Juan Esteban Morales. Se trata del templo que se hizo conocido en 2010 por los abusos allí cometidos por Fernando Karadima. Su arribo, sin embargo, no fue sencillo y su experiencia para unificar a una comunidad herida se cree que fue clave en su nombramiento.

El 22 de mayo reciente el Papa Francisco anunció que Irarrázaval, junto con el argentino Alberto Lorenzelli,  serían nombrados como obispos auxiliares de Santiago. La arquidiócesis, luego de la renuncia masiva de la Conferencia Episcopal en Roma hace un año, tiene a gran parte de sus obispos auxiliares fuera de sus cargos, en regiones, como administradores apostólicos de las diócesis donde el Papa le aceptó la dimisión a los prelados. Es el caso de Fernando Ramos (Rancagua), Galo Fernández (Talca), Pedro Ossandón(Valparaíso) y Jorge Concha (Osorno).

Laicas levantan la voz

El problema para el recién nombrado obispo Irarrázaval es que sus palabras no pasaron desapercibidas. Esta semana no solo tuvo que ofrecer disculpas a la Comunidad Judía, ya que además afirmó que “la cultura judía es una cultura machista hasta hoy día”. Ayer también tuvo que retractarse de sus dichos sobre las mujeres. En el sitio web del Arzobispado de Santiago señaló que “días atrás, al conceder una entrevista a un medio de comunicación, utilicé expresiones que han provocado molestia e incluso dolor en muchas personas, especialmente al referirme al rol de las mujeres en la vida de la iglesia (…) Quisiera pedir muy sinceramente perdón por el sufrimiento y desconcierto que mis declaraciones pudieron causar”.

En la misiva, de cuatro párrafos, el nombrado obispo añadió que “estoy comprometido con el Señor en trabajar por la comunión de la Iglesia, sabiendo que sinodalmente todos somos constructores -mujeres y hombres- con la riqueza de nuestras diferencias, para una Iglesia más acogedora e inclusiva”.

La principal agrupación de laicas a nivel nacional, llamada Mujeres Iglesia, no tardó en manifestarse. Formada por alrededor de 120 integrantes, su objetivo, explican ellas mismas, es “reflexionar críticamente sobre el rol de la mujer en la Iglesia y anunciar el evangelio de nuestro ser mujer”.

Así, después de unos días de reflexión, se coordinaron por correo electrónico para escribir una carta pública dirigida al Papa Francisco, que se le hará llegar una vez que este sábado termine el proceso de recolección de firmas.

Necesitamos no solo hombres de bien, sino líderes preparados, con una teología y visión del mundo actualizadas, que dialoguen con los tiempos y con una experiencia lúcida y adulta. Lo que hemos escuchado del designado obispo auxiliar no tiene nada de esto y es altamente preocupante”, se sostiene en uno de los párrafos de aquella misiva.

Judith Schönsteiner, académica de la UDP y laica coordinadora del grupo Mujeres Iglesia, descartó que esta fuese una petición de renuncia: “La carta se refiere al modo de nombrar los obispos y a los argumentos teológicos y eclesiológicos con los cuales criticamos su visión de la mujer y su visión de los evangelios sobre la mujer”.

Respecto de las disculpas públicas entregadas ayer, la coordinadora de la red indicó que “creo que una carta es una primera respuesta, ni siquiera podría decir si respondió a nosotras, porque no lo dice. Yo hubiera pensado que a lo mejor podría reparar un poco en el contenido de sus dichos“.

http://www.latercera.com/la-tercera-pm/noticia/el-round-de-las-laicas-con-el-nuevo-obispo-auxiliar-de-santiago-nombrado-por-el-papa/676974/

Todos somos sacerdotes: José Carlos Enriquez Díaz.


30/05/19

Todos somos sacerdotes, todas y todos nacimos para serlo, aunque algunos lo nieguen y digan que sólo los consagrados se merecen ese tratamiento.
La Iglesia que fundó Jesús es el nuevo Pueblo de Dios: un pueblo sacerdotal, profético y real. Jesucristo es Aquel a quien el Padre ha ungido con el Espíritu Santo y lo ha constituido “Sacerdote, profeta y Rey”. “Todo el pueblo de Dios participa de estas tres funciones y tiene las responsabilidades de misión y de servicio que se derivan de ellas”, indica el catecismo (783)
El papa Francisco también nos ha advertido del peligro del clericalismo.
Clerical es el sacerdote encerrado en sí mismo, en sus propios horizontes, que no consulta, que no da espacio a los demás, sobre todo a los laicos, ni les reconoce el papel que tienen en la Iglesia.
Los sacerdotes clericales consideran que pueden dominar, sobre todo a los pobres y a los ignorantes, y que pertenecen de alguna manera a una casta, por lo que se atribuyen privilegios y poderes. El clericalismo daña a los laicos porque les impide crecer como cristianos adultos y comprometidos, pero también daña a los sacerdotes porque genera una distorsión en su misión.
La élite pensante eclesial ha desconfiado mucho de la capacidad de los laicos y se ha conformado pacíficamente con “la fe del carbonero”. ¿Qué hacemos con quienes de hecho no tienen una formación suficiente, una capacidad adecuada de resistencia y de respuesta?
Se cierran librerías religiosas con el pretexto de que no son rentables. Algunos eclesiásticos han caído en la trampa de la planificación y el mercado, aplicando a la iglesia católica las formas del sistema.
No cabe duda que a la autoridad le resulta más simpático un súbdito pasivo y receptivo que uno que interroga y creativo. Así, podemos escuchar predicaciones que parecen correcciones y llamadas de atención, y no precisamente fraternas, como si la misión de los sacerdotes fuera recriminar y amonestar en lugar de ilusionar y animar a sus fieles. Esto también es fruto de un clericalismo que abunda mucho en la Iglesia, como ha dicho el Papa. Hay sacerdotes que se sienten más dueños que servidores: “ Aquí quien manda soy yo”. Sus homilías no son sino el reflejo de esa autoridad trasnochada.
La gente está cansada de su trabajo de toda la semana y lo que no quieren ni necesitan es que, encima, alguien les eche una bronca.
Adorarse a sí mismo es tarea placentera. Y en ésta, se ven más los llamados “hombres públicos” que, como pasan la vida subidos a plataformas, púlpitos y pedestales, tienen fácil tendencia a olvidar su altura; pero esta clase de personas son las que se odian a sí mismos, son los no se perdonan por no haber realizado sus sueños. Son personas decepcionadas de sí mismas y convierten su decepción en amargura y mal café.
Quizás en nuestra Iglesia necesitemos obispos como el colombiano Gerardo Valencia Cano. Este obispo tenía en muy alto concepto al seglar: sabía que la grandeza del hombre le viene de que es creación de Dios, de que fuimos hechos a su imagen y semejanza y luego, después del pecado original, redimidos por Cristo, por el bautismo, alcanzamos nuestra máxima grandeza de hijos de Dios e, incorporados al cuerpo místico de Cristo, de copartícipes de su realeza y de su sacerdocio.
Para Monseñor Gerardo Valencia Cano, la mujer es igual al hombre, por tanto es tan llamada al apostolado y a la predicación del Evangelio, como el hombre.
Estoy de acuerdo con este hombre de Dios. El cristianismo tiene su origen en Jesús de Nazaret, pero Jesús no fue sacerdote. Jesús fue un laico, que vivió y enseñó un mensaje como laico. Jesús reunió un grupo de discípulos y nombró doce apóstoles, pero aquel grupo estaba compuesto por hombres y mujeres que iban con él de pueblo en pueblo (Lc 8,13 Mc 15, 40-41)
La iglesia vivió durante casi doscientos años sin sacerdotes. La comunidad celebraba la eucaristía, pero nunca se dice que la presidiera un “sacerdote” En las comunidades cristianas había responsables o encargados de diversas tareas, pero no se los consideraba hombres especialmente “sagrados” o consagrados.
Jesús fue laico, no sacerdote. No quiso reformar las instituciones sacrales antiguas, ni crear unas nuevas, sino potenciar los valores de la vida, partiendo de los excluidos, en línea de gratuidad, siendo asesinado por ello. Sus seguidores creyeron en él y fundaron comunidades para mantener su memoria, centrada en el mensaje de Reino, del perdón y del pan compartido.
La afirmación reformada del sacerdocio universal de todos los fieles (1 Pedro 2:9; Apoc 1:6; 5:10) impulsa, lógicamente, un proceso de progresiva democratización dentro de la Iglesia y, por consiguiente, dentro del mundo moderno.
El pastor ha de ir por delante de la grey, pero no tanto con la autoridad vivida como poder, sino vivida como servicio gratuito, respetuoso y humilde. Así lo hizo el Señor Jesús que vino, no a ser servido, sino a servir.
Hoy día, tanto en círculos católicos como protestantes, se reconocen los carismas de todos los fieles y se cuestiona constantemente el clericalismo. El poder mundano no atrae a nadie.
La prueba la tenemos en la cruz de Cristo, que ejerce un poder infinitamente mayor que el poder mundano. Jesús, desde la cruz, nos atrae. Me vienen a la mente aquellas palabras del Magnificat: “Su abrazo intervendrá con fuerza, desbarata los planes de los arrogantes, derriba del trono a los poderosos y exalta a los humildes. A los hambrientos los colma de bienes y a los ricos los despide vacíos”.
¿Qué pasaría si se acabaran los sacerdotes en la Iglesia? Simplemente que la Iglesia recuperaría, en la práctica, el modelo original que Jesús quiso. Lo que pasaría, por tanto, es que la Iglesia sería más auténtica. Una Iglesia más presente en el pueblo y entre los ciudadanos. Una Iglesia sin clero, sin funcionarios, sin dignidades que dividen y separan. Sólo así retomaríamos el camino que siguió el movimiento de Jesús; un movimiento profético, carismático, secular.

http://www.diariodeferrol.com/opinion/jose-carlos-enriquez-diaz/todos-somos-sacerdotes/20190529233631257330.html

Un proyecto de Iglesia para el futuro en España. Todavía las comunidades de base (2)


23 de Mayo de 2019

[Por: Juan José Tamayo]

En este segundo artículo de mi libro Un proyecto de Iglesia para el futuro en España. Cuarenta años después voy a exponer las grandes líneas por las que discurre subrayando la originalidad de la propuesta de las comunidades de base, como eje del nuevo paradigma eclesial y como experiencia liberadora en el nuevo contexto histórico, no solo a nivel religioso, sino también social, cultural y político. El libro se define como “ensayos de la Iglesia del futuro… experimentados por numerosas comunidades y grupos cristianos en tiempos de clandestinidad…; experimentos arriesgados y cruces entre la Iglesia y el pueblo que pueden ser fecundos al margen de los emparejamientos oficiales”. 

La obra comienza con una crítica de las estructuras trasnochadas de la Iglesia, entre ellas: la parroquia y sus frustrados intentos de renovación; la Acción Católica como institución supuestamente laical, pero dependiente de la jerarquía como su brazo largo; la Curia romana y su centralismo antidemocrático; el ministerio eclesial y episcopal bajo el signo del clericalismo; el derecho eclesiástico, que suplanta al Evangelio, etc.

Tras la crítica de estas instituciones que impiden la realización de un proyecto de Iglesia al servicio de la realización del Reino de Dios en la historia, propongo las mediaciones para hacer operativo el nuevo paradigma eclesial: análisis de la realidad desde una teoría crítica de la sociedad, entorno secular, nuevo universo simbólico, lenguaje de la libertad y de la liberación, ubicación en la base eclesial y popular, pedagogía que fomente la creatividad y la creación de comunidades de base como caminos de fraternidad-sororidad y liberación y como alternativa de Iglesia al servicio del pueblo. Es esta última mediación la más importante, la que ocupa la parte más extensa del libro y la que mejor refleja la originalidad de la nueva eclesiología. 

Para llevar adelante este proyecto de Iglesia contamos hoy con un aliado especial: el Papa Francisco, que desde el minuto uno de su elección se comprometió a una reforma estructural de la Iglesia en la dirección marcada por el Concilio Vaticano II y por el cristianismo liberador del Sur global, cuyas líneas fundamentales son las siguientes: 

– “Iglesia pobre y de los pobres”, “con las puertas abiertas”, “en salida para llegar a las periferias humanas”, “una Iglesia accidentada, herida y manchada por salir a la calle antes que una Iglesia enferma por el encierro y la comodidad de aferrarse a las propias seguridades” (La alegría del evangelio, n. 49). 

– Iglesia laical, descentralizada y crítica del clericalismo, considerado por Francisco uno de los graves males de la Iglesia, que mantiene al laicado al margen de las decisiones (id., n. 102).

– Iglesia no monocultural y monocorde, sino con muchos rostros, que no puede encerrarse en los confines de una cultura, sino que reconoce la diversidad cultural (id., nn. 115-117),   

– Que “primerea”, es decir, que “sabe adelantarse, tomar la iniciativa sin miedo, salir al encuentro, buscar a los lejanos, y llegar a los cruces de los caminos para invitar a los excluidos” (id., n. 24) 

– Que incluya socialmente a los pobres y fomenta la paz y el diálogo social.

– Que amplíe “los espacios para una presencia más incisiva de las mujeres en la Iglesia” y “en los diversos lugares donde se toman las decisiones tanto en la Iglesia como en las estructuras sociales” (n. La alegría del evangelio, n. 194).   

Francisco no tiene una concepción autorreferencial de la Iglesia, ni es presa de una introversión eclesial. Cuestiona, más bien, la reclusión en “las tareas intra-eclesiales sin un compromiso real por la aplicación del Evangelio a la transformación de la sociedad” (n. 102).  El centro de sus preocupaciones son los problemas más acuciantes de la humanidad en una doble dirección: crítica y propuesta de alternativas.  

Hay, por tanto, una convergencia, si bien parcial, entre el proyecto de Iglesia de Francisco y el de las comunidades de base. Y digo parcial por existe un aspecto en el que se distancian: el del papel de la mujer. El papa apenas ha dado un solo paso en el reconocimiento de las mujeres como sujetos religiosos, eclesiales, teológicos, ministeriales y morales, tampoco en el acceso directo al ámbito de lo sagrado, ni en su incorporación a puestos de responsabilidad donde se toman las decisiones importantes sobre la marcha de la Iglesia. Mantiene intacto el patriarcado religioso. Tal discriminación constituye una gravísima injusticia de género.

Por el contrario, las comunidades de base intentan reparar dicha injusticia con el reconocimiento de la igualdad entre hombres y mujeres y el protagonismo y empoderamiento de estas, en continuidad con el movimiento igualitario de Jesús de Nazaret y conforme a la afirmación de Pablo de Tarso: “Ya no hay más judío ni griego, ni esclavo ni libre, sino varón ni hembra, pues vosotros sois todos uno mediante el mesías” (Gálatas 3,28). 

El libro ofrece una serie de claves para la Iglesia del futuro: iniciar un proceso comunitario constituyente, que se corresponde con la propuesta de Leonardo Boff de una verdadera eclesiogénesis: las comunidades de base reinventan la Iglesia; activar la creatividad para imaginar “otra Iglesia posible”; llevar a cabo un proceso permanente de educación en la fe para formar comunidades cristianas adultas; eliminar las oposiciones clérigos-laicos, Iglesia docente-Iglesia discente, jerarquía-pueblo, carisma-institución, Iglesia-mundo, sagrado-profano, y sustituirlas por el binomio comunidad-ministerios y por la creación de una comunidad de iguales; optar por las y los pobres de la tierra. 

La significación y la relevancia de la Iglesia hoy no se logran a través de la alianza con el poder, ni con la creación de guetos, ni con la afirmación del dogma, ni con el rigorismo moral, ni con la mirada añorante al pasado, sino con la presencia crítico-liberadora en la sociedad y respondiendo a los nuevos desafíos en actitud des-colonizadora, des-patriarcalizadora, des-mercantilizadora, des-idolatrizadora, etc. 

Las comunidades de base siguen siendo realidades vivas y activas que enriquecen y dinamizan el tejido social y eclesial. No podemos permitirnos la insensatez de minusvalorarlas ni la irresponsabilidad de destruirlas. Constituyen un rico patrimonio religioso y cultural, ético y cívico a proteger, fomentar y expandir. Por eso mi conclusión es: ¡Todavía las comunidades de base! 

Solo por eso creo que merece la pena este libro. 

Juan José Tamayo es Director de la Cátedra de Teología y Ciencias de las Religiones. universidad carlos III de Madrid

http://www.amerindiaenlared.org

Mujeres hablan de su lugar en la Iglesia en la sede del Episcopado


Martes 21 May 2019 | 12:11 pm« Volver

Buenos Aires (AICA):

 Más de 150 mujeres dialogaron sobre el lugar que les cabe en la Iglesia en la sede de la Conferencia Episcopal Argentina. Es la primera vez que los obispos ceden ese espacio para una actividad de este tipo. Fue el viernes 17 de mayo y participaron las teólogas Virginia Azcuy, hermana Josefina Llach ACI y Nancy Raimondo. Organizó el Departamento de Laicos (Deplai).  

    La Conferencia Episcopal Argentina (CEA) cedió por primera vez la sala de reuniones de los obispos, en la sede del barrio porteño de Retiro, para más que de 150 mujeres dialoguen sobre el lugar que les cabe en la Iglesia. 

El «Diálogo sobre el lugar de las mujeres en la Iglesia», a salón repleto, fue el pasado viernes 17 de mayo y estuvo a cargo de las teólogas Virginia Azcuy, hermana Josefina Llach ACI y Nancy Raimondo. 

Coordinó la también teóloga Marcela Mazzin, participante del Sínodo de la Familia, y la introducción estuvo a cargo de Daniel Martini, director del Departamento de Laicos (Deplai) de la CEA. 

La actividad fue organizada por el Deplai y se constituyó en el primer acto público de la nueva Área de las Mujeres. 

Informes: www.deplai.org.ar y en las redes sociales Facebook e Instagram @deplai_cea.+ 

http://www.aica.org/39226-mujeres-hablan-de-su-lugar-en-la-iglesia-sede-del.html

MEXICO: Feligreses protestan en solidaridad al sacerdote Florentino Hernández en Choluteca


 

19 mayo, 2019 – 3:21 pm92VISTOFacebookTwitterWhatsapp

Unos dos mil feligreses de la iglesia católica del municipio de El Triunfo, protestaron frente al edificio del obispado de la ciudad de Choluteca en solidaridad al sacerdote Florentino Hernández. 

Los feligreses de diversas comunidades de El Triunfo, se transportaron en unos 40 autobuses hasta la plaza de La Solidaridad en Choluteca y luego emprendieron la caminata pacifica hasta el Obispado, sin embargo, no fueron atendidos por ninguna autoridad eclesiástica. 

Los miles de católicos, hombres y mujeres, coreaban canticos religiosos y a la vez gritaban consignas a favor del sacerdote Hernández. 

Con pancartas alusivas al acto como también camisetas con la fotografía del sacerdote, se observó durante el recorrido donde las diversas pastorales de la parroquia Cristo de Esquipulas, El Triunfo, leyeron sus pronunciamientos a favor del religioso. 

El señor Filadelfo Escobar con 30 años de pertenecer a la Pastoral de El Triunfo, dijo que “los triunfeñosno queremos a otro sacerdote. Queremos que el padre Florentino Hernández continúe en la parroquia. No aceptaremos que nos impongan a otro sacerdote”. 

Florentino Hernández es el padre más querido en El Triunfo y más evangelizador en todo Choluteca, además que él ha llevado desarrollo al municipio y, es gran defensor de la naturaleza, en especial contra la minería. 

Mientras tanto Ofelia Martínez, una de las coordinadoras de la movilización, dijo que el articulo 522 del Canon católico, les respalda ya que enuncia que todo párroco debe estar en la parroquia que ha sido nombrado de manera indefinida. 

Al tiempo indicó que los triunfeños en un 99% están respaldando al sacerdote y, que lamenta que el obispo u otra autoridad del Obispado no los haya atendido, sin embargo, la lucha continuara a favor del sacerdote. 

“No queremos que el padre Florentino Hernández sea trasladado a otra parroquia. Lo queremos en El Triunfo. No queremos al padre Teodoro Gómez ni a otro sacerdote en nuestra parroquia”. 

Mientras tanto, el coordinador de la agrupación ambientalista, Masvida, German Chirinos, dijo que acompañaron a los feligreses a la manifestación pacífica porque lo vieron justo, ya que la suspensión del sacerdote Hernández no fue por asuntos religiosos, sino políticos y económicos. 

El padre Florentino es un líder en El Triunfo y tiene todo un pueblo que lo respalda y, el seguirá luchando contra la no minería como desarrollando varios proyectos de desarrollo del municipio. 

Los feligreses en sus sonados discursos, advirtieron que, si el padre Hernández sea castigado otra vez, la parroquia Cristo de Esquipulas se separara del Obispado y así tener por siempre a su líder religioso. 

El evento fue acompañado por organismo de derechos humanos como Ac-participa, Centro de Desarrollo Humano (CDH) como una de Suiza.           

https://www.latribuna.hn/2019/05/19/feligreses-protestan-en-solidaridad-al-sacerdote-florentino-hernandez-en-choluteca/

«Contrariamente a lo que se piensa, hay una gran sed espiritual»


SOCIEDAD

22/04/2019 14:30

"Contrariamente a lo que se piensa, hay una gran sed espiritual"

El número de fieles de la Iglesia Católica está en un mínimo histórico pero, para Miguel Pastorino, Uruguay sigue la tendencia de la región.«El descenso de los fieles es un fenómeno de causas múltiples pero que hay que aclarar algo que muchas veces se traduce lineal y es un error. La Iglesia Católica, así como otras iglesias cristianas, salen a evangelizar y a buscar a los alejados porque eso es intrínseco a su identidad, porque la iglesia existe para evangelizar. No importa si hay más fieles, menos fieles o un fenómeno de caída. Sturla viene preparando esta misión hace mucho tiempo. No hay un nexo causal entre una salida misionera y una caída en el número de fieles. Las misiones se hacen en sociedades poco católicas como la uruguaya y en otras muy católicas, como pueden ser Paraguay o México, donde la cultura católica tiene un componente muy fuerte. Pensar que la Iglesia Católica sale a hacer una misión porque tiene pocos fieles es un razonamiento trillado y ridículo», dijo a ECOS el Licenciado en Filosofía, Magíster en Comunicación y actual alumno del Doctorado en Filosofía, Miguel Pastorino, ex sacerdote y ex vocero de la Arquidiócesis de Montevideo. 

La cifra que uno de cada tres uruguayos se define como católico y la decisión de la Iglesia de abrir las parroquias para salir a recuperar a los fieles disparó el debate sobre la religiosidad en el país.

«La iglesia quiere salir y anunciar. En cada familia estará el anuncio silencioso y el anuncio que se hará en distintas parroquias: convocamos a un encuentro durante los días, 9, 10 y 11 de mayo en las distintas parroquias de Montevideo», dijo el arzobismo de Montevideo, Daniel Sturla, al anunciar la misión «Casa de todos».

El anuncio de la campaña busca revertir las cifras expresadas por el Latinobarómetro y por el Monitor de Opinión Pública realizado por Opción Consultores, que indican que uno de cada tres uruguayos se define como católico y que solo 1 de 10 va a misa por semana.

Desde Buenos Aires, donde cursa el doctorado en la Universidad Católica de esa ciudad, Pastorino dijo que la postura de la Iglesia Católica ante ciertos temas puede ser vista como una causa en la caída de los fieles, pero que esta responde a fenómenos culturales.

«Hay una causa que se repite mucho y no tiene nada que ver con el descenso y es la postura de la Iglesia respecto a ciertos temas morales. Se dice, por ejemplo, que la iglesia pierde fieles por su postura sobre el aborto. Hay iglesias protestantes más liberales como la metodista, que fue favorable al matrimonio igualitario o a la despenalización del aborto y le bajaron los fieles mucho más que a la Iglesia Católica a nivel mundial. No se ganan más fieles por una postura ética porque no hay una relación causal. Algunos creían que porque el Papa Francisco había tenido un giro en su discurso iba a atraer a los fieles y no fue así, generó más simpatía entre los que están fuera de la Iglesia como institución. La simpatía cambia entre los que están afuera pero los que están adentro no pierden la fe», agregó Pastorino. 

Sin embargo, si se analizan los números, la Iglesia Católica perdió en Uruguay mucho peso del que tenía, por ejemplo, hace menos de 40 años.

En 1979 el número de uruguayos que asistían a misa en Montevideo estaba apenas por encima de los 60.000 y en 2016 son menos de 30.000 los que siguen concurriendo.

«Lo que pasa es que hay muchos católicos culturales o nominales, personas que tomaron la comunión y tienen una formación de colegio católico pero que, si se les pregunta, no vive una vida de fe católica, no van a misa los domingos o no lee la biblia. Hay un 38% de católicos nominales en Uruguay y entre un 4% y 5% de católicos practicantes. En Montevideo asisten a misa 30.000 personas y es un número que también bajó. Entre 1979 y 2009 las personas que van a misa bajaron a la mitad», sostuvo el especialista.

La caída no responde solo a Uruguay sino que es un fenómeno global, con países que sintieron más el impacto como Brasil.

«Brasil bajó del 92% al 64% en 30 años y eso, en Brasil, es una cantidad de gente. Como elemento hay que tener en cuenta los cambios culturales y los procesos de secularización más allá del accionar o la omisión de la Iglesia Católica. Uruguay es un país laico donde la secularización se hizo muy fuerte. Benedicto decía que la iglesia iba hacia una minoría pero de católicos en serio, entendidos estos como fieles que vivían una vida más humilde. En el imaginario creo que la figura de la Iglesia Católica se alejó de los pobres pero la realidad marca que en todos los barrios más vulnerables hay presencia de la iglesia, con católicos de a pie, voluntarios, catequistas y trabajadores que sacan el barrio adelante. Cada uno de esos jóvenes o veteranos que dan su vida por los más pobres todos los días, son la Iglesia también», aseguró.

La caída en el número de fieles de la Iglesia Católica también responde a determinadas zonas, donde el poder adquisitivo, la formación académica vinculada a la religión y las propias constituciones familiares juegan un rol clave.

«Hay una diferencia también en la franja etaria porque el quiebre cultural afectó a los abuelos que no pueden transmitir esa identidad cultural. Antes los creyentes se socializaban cristianos primero en las familias y luego en las iglesias. Hoy los jóvenes no llegan y ahí hay una diferencia territorial también. En la costa de Montevideo las misas de los domingos se llenan de jóvenes de 20 a 30 años en Punta Carretas, Punta Gorda, Malvín, Pocitos o Carrasco. Del otro lado de Avenida Italia el panorama es otro, hay iglesias con muy poquita gente y gente muy mayor», definió Pastorino.

El 62% de las mujeres son religiosas (el 43% católicas) contra el 51% de los hombres (32%). Hilando más fino, los cristianos non católicos (evangelistas, pentecostales, protestantes) son un 10% y los creyentes de otras religiones (judaismo, islamismo, afroumbandismo, hinduismo) son un 9%. 

De acuerdo al estudio publicado por Opción, si se incluye a los creyentes sin confesión, tres de cada cuatro uruguayos «tiene algún tipo de vinculación con los fenómenos religiosos, ya sea en el plano de las creencias o de la auto-idetificación». 

Para Pastorino la Iglesia Católica tiene un desafío en la renovación y dijo que otros movimientos religiosos pusieron el foco en captar adeptos, una pulseada que, al parecer, da resultado.

«Mientras la Iglesia Católica discute sobre lo pastoral hay nuevos movimientos religiosos que se dedican a captar adeptos las veinticuatro horas del día. Hay sectas que invierten tiempo y dinero en una evangelización directa y personalizada. Contrariamente a lo que muchos piensan, hay una gran sed de atención espiritual y hay otros movimientos que llegaron para ocupar ese lugar con cursos bíblicos, seminarios de espiritualidad y atención espiritual para personas en busca de una orientación. Las parroquias se transformaron en academias o clubes sociales que quedaron reducidas a administrar sacramentos», definió.

Según los resultados del Research Center´s Religion and Public Life Project publicados en 2010 los «creyentes sin religión» eran en Europa un 18%, en Asia, 21%, y en América Latina un 8%. 

Si se manejan cifras globales, en el mundo hay un 31,4 % de cristianos, un 23,2% de musulmanes y un 16,4 % de creyentes sin religión definida. 

«Solo en Estados Unidos las personas que no se identifican con ninguna religión pero que tienen una espiritualidad pasaron del 16,1 % en el 2007 a un 22,8 % en 2014. Esta categoría es el grupo más numeroso dentro de los norteamericanos. La única excepción son los evangélicos pentecostales, que por su religiosidad más acorde a la sensibilidad postmoderna, descienden menos en Estados Unidos pero crecen mucho más en América Latina», agregó.

La fuga de creyentes es, a nivel regional, hacia iglesias de corte pentecostal, mientras que en Uruguay asume un camino diferente.

«Los católicos nominales migraron a otras iglesias pentecostales en otros países como Brasil donde el peso de la religión es muy fuerte. En Uruguay, como nación laica, los creyentes sin filiación religiosa son un 24% y es un número alto. Ese pasaje es hacia una religiosidad difusa, de corte new age. Las encuestas cometen el error de poner a esa gente como atea o agnóstica y es un error garrafal. Estas personas creen en dios o en una espiritualidad, pero no tienen un vínculo con las instituciones», sentenció.

http://ecos.la/13/Sociedad/2019/04/22/32700/

VENEZUELA: FUNDALATIN, CELEBRANDO ECUMENICAMENTE EL JUEVES SANTO Y LA PASCUA 2019.


La Rvda Maria Eugenia Russian, nos comparte la celebración de la Pascua, por medio de una crónica gráfica:

Preparando el altar en nuestras sede de Fundalatin.


Celebrando el Jueves Santo, en nuestra sede.

La pequeña quiere preguntar a papá, que esta pasando?

Nos disponemos a celebrar la Pascua: Cristo esta resucitado entre nosotros.

Estan presentes entre nosotros aquellos seres queridos que ya han realizado su Pascua, y nosotros preparamos la nuestra.

Compartimos la Palabra, la comentamos y celebramos la Vida, y nos comprometemos con ella, para que cada día sea más digna y plena en equidad y justicia.

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