«Les doy un mandamiento nuevo» o «un mandamiento que les doy de nuevo»


Publicada en 21 enero, 2019

Un análisis crítico y gramatical del texto griego de Juan 13.34

Héctor B. Olea C.

A manera de introducción debo decir que el origen de este breve artículo se encuentra en una pregunta que en privado me hizo un apreciado contacto. La pregunta en cuestión tiene que ver con la forma en que Roberto Hanna, en su conocida obra «Ayuda gramatical para el estudio del Nuevo Testamento Griego» (Editorial Mundo Hispano, año 1993), explica Juan 13.34. En síntesis, la pregunta que me fue planteada fue: Profesor, ¿es cierto que el adjetivo «kainén» tiene en Juan 13.134 un sentido adverbial, como lo sugiere Roberto Hanna?

Luego, pienso que las personas que habrán de leer mi artículo tienen el derecho de saber lo que en realidad y de manera íntegra dice Hanna en su referida obra, cito: “El adjetivo «kainén» tiene un sentido adverbial, y significa: yo lo doy de nuevo”.

Ahora bien, ¿es acertada la conclusión de Roberto Hanna?

En mi primer lugar, debo decir que, en mi opinión, la conclusión y sugerencia de Roberto Hanna tiene los matices de una simple presuposición teológica y no de una conclusión con base en una sólida argumentación gramatical.

En segundo lugar y, consecuentemente, desde el punto de vista estrictamente gramatical, la oración «entolén kainén dídomi jumín», involucra sencillamente un adjetivo en posición atributiva, o sea, «entolén kainén»: traducción acertada: «un mandamiento nuevo».

En tal sentido, llama la atención que Roberto Hanna haya ignorado la indiscutible relación sintáctica que existe en el texto griego de Juan 13.34 entre la palabra «entolén» (sustantivo: mandamiento) y la palabra «kainén» (adjetivo: nuevo).

Consecuentemente, un serio análisis morfosintáctico (gramatical) de la frase «entolén kainén» ha de concluir, por un lado, que dicha frase debe ser traducida «un mandamiento nuevo», y que constituye el complemento directo (por eso se encuentra en el caso acusativo femenino singular) del verbo «dídomi» (doy). Por otro lado, que la palabra «jumín» (pronombre personal de la segunda persona del plural, en caso dativo: a ustedes, les) constituye el complemento indirecto del mismo verbo «dídomi» (doy).

En tercer lugar, me parece que la hipótesis de Roberto Hanna es que Jesús, con la frase «entolén kainén» sencillamente está haciendo un énfasis en el conocido y ya establecido mandamiento del AT (Tanaj, Biblia Hebrea): «ama a tu prójimo como a ti mismo» (Levítico 19.18, 34), un mandamiento ya establecido.

La palabra «mandamiento» en el Evangelio de Juan

La palabra «mandamiento» se encuentra en el Evangelio de Juan en cinco  ocasiones y en la siguiente manera:

En la primera mención Jesús presenta como “un mandamiento del Padre” que pusiera su vida, aunque tendría la autoridad de volver a tomarla (Juan 10.18).

En la segunda mención Jesús pone de relieve que sus obras y sus dichos también fueron “ordenanzas de su Padre”. En otras palabras, lo que Jesús hizo, lo hizo porque su Padre se lo ordeno, y lo que dijo, lo dijo porque así también se lo ordeno el Padre (Juan 12.49).

En la tercera mención Jesús, en el mismo contexto de la mención anterior, especifica que “el mandamiento que recibió del Padre” produce vida terna, porque lo que él habla, lo habla en conformidad al mandamiento que recibió del Padre (Juan 12.50).

Con las dos últimas menciones (la cuarta y la quinta), el Jesús joánico hace referencia a “un nuevo mandamiento” (Juan 13.34 y 15.12).

Ahora bien, la hipótesis de Roberto Hanna respecto de la frase «entolén kainén» («yo lo doy de nuevo») se hace más cuestionable, a nuestro juicio,  cuando consideramos los siguientes factores.

Primer factor: La frase «améis (que se amen) los unos a los otros» (RV 1960) es típica del Evangelio de Juan. En efecto, la frase en cuestión se encuentra en todo el Nuevo Testamento en sólo cuatro ocasiones: tres veces en el Evangelio de Juan (13.34; 15.12, 17) y la restante en Pablo (1 Tesalonicenses 4.9).

Segundo factor: De las tres referidas ocasiones en que el Evangelio de Juan menciona la frase «améis (ámense) los unos a los otros» (RV 1960), sólo en dos ocasiones se la encuentra con un detalle vital añadido, detalle que en mi opinión Roberto Hanna ha perdido de vista. Dicho detalle consiste en la frase o expresión «como yo os he amado», frase que por cierto, sólo se emplea en Juan 13.34 y en el capítulo 15.12 (y que tampoco se la encuentra en 1 Tesalonicenses 4.9).

Tercer factor: No se puede demostrar que antes de Juan 13.34 el Jesús joánico haya hecho mención del mandamiento del amor, de modo que la mención de Juan 14.34 venga a constituir la simple reiteración de un mandamiento dado con anterioridad («yo lo doy de nuevo»).

Luego, atendiendo al matiz que le agrega la frase «como yo os he amado» (redacción que no se encuentra en ninguna otra parte de la Biblia (y que no es equivalente a «ama a tu prójimo como a ti mismo», compárese 1 Juan 3.23); es indiscutible que en Juan 13.34 y 15.12 estamos en realidad ante un mandamiento nuevo del Jesús joánico.

En otras palabras, el mandamiento del Jesús joánico se diferencia del antiguo mandamiento de Levítico 19.18, 34 precisamente en el elemento que toma o pone de referencia y sus implicaciones. Mientras que el mandamiento de Levítico 19.18, 34 tiene como referencia a «uno mismo» («ama a tu prójimo como a ti mismo»), el mandamiento de Jesús tiene como referencia el ejemplo dado por «el mismo Jesús, por él mismo» («ámense los unos a los otros como yo los he amado a ustedes»).

Además, la frase «como yo os he amado», dicha por el Jesús joánico, punta al amor sacrificial (considérese Juan 15.13). En tal sentido, indiscutiblemente, el mandamiento de Juan 15.34 y 15.12 constituye un nuevo mandamiento, pero no porque hable de la necesidad de amar al semejante (principio vital del antiguo mandamiento de Levítico 19.18, 34), sino más bien por el fundamento sobre el cual se sustenta: la forma en que Jesús nos amó, obviamente, según la teología del Evangelio de Juan.

Finalmente, no es posible perder de vista que en Juan 15.12 el Jesús joánico, haciendo referencia precisamente al mandamiento de Juan 13.34 («ámense como yo los he amado»), lo identifica como una ordenanza original y estrictamente suya, con las palabras «jáute estín je entolé je kainé»: «este es mi mandamiento».

Conclusiones:

Primera: La frase «entolén kainén» en Juan 13.34 pone de manifiesto, desde el punto de vista del análisis morfosintáctico (gramatical), una estructura sintáctica del adjetivo en posición atributiva, entre el sustantivo «entolén» (mandamiento) y el adjetivo «kainén» (nuevo). En consecuencia, la traducción acertada  de la expresión «entolén kainén» es: «un mandamiento nuevo».

Segunda: No se puede demostrar que antes de Juan 13.34 el Jesús joánico haya hecho mención del mandamiento del amor, de modo que Juan 13.34 venga a constituir la simple reiteración de un mandamiento dado con anterioridad («yo lo doy de nuevo»).

Tercera: El matiz que le agrega la frase «como yo os he amado» (redacción que no se encuentra en ninguna otra parte de la Biblia (y que no es equivalente a «ama a tu prójimo como a ti mismo», compárese 1 Juan 3.23); es indiscutible que en Juan 13.34 y 15.12 estamos en realidad ante “un mandamiento nuevo” del Jesús joánico.

Cuarta: El mandamiento del que nos dan cuenta Juan 13.34 y 15.12, constituye “un nuevo mandamiento”, pero no porque hable de la necesidad de amar al semejante (principio vital del antiguo mandamiento de Levítico 19.18, 34), sino más bien por el fundamento sobre el cual se sustenta: la forma en que Jesús nos amó (obviamente, según la teología del Evangelio de Juan).

Quinta: La hipótesis de Roberto Hanna de que “el adjetivo« kainén “en Juan 13.34 tiene un sentido adverbial, y significa: yo lo doy de nuevo”, a la luz de nuestro análisis y nuestro juicio, es cuestionable y desacertada, así como sencillo Facebook WhatsApp Twitter Google+ LinkedIn Facebook Messenger Compartir

http://estudiosbiblicosyteologicosacademicos.com/2019/01/21/les-doy-un-mandamiento-nuevo-o-un-mandamiento-que-les-doy-de-nuevo/?fbclid=

Dom 20.1.19.María quiere vino: Las bodas de la Iglesia


17.01.19 | 22:41. Archivado en Iglesia InstitucionesNuevo TestamentoAmigos, la voz de losMaríaDomingo, dia de la PalabraFamilia

Dom 2, Ciclo 3. Jn 2, 1-11. El texto de las Bodas de Caná de Galileaofrece el tema final de la Navidad (es decir, de la Epifanía de Jesús), con los oros dos motivos anteriores: Adoración de los Magos y Bautismo de Jesús.

Es un evangelio rico en motivos históricos, cristológicos, eclesiales y marianos, que deberían exponerse con más cuidado. Yo lo he titulado María (=la madre de Jesús), quiere vino, no para ella, sino para la Iglesia, para todos los que buscan y quieren a Jesús, para todos los hombres y mujeres de la tierra.

— Hay ciertamente un recuerdo de Jesús participando en bodas, hombre de vida, al servicio del amor y de la vida.. Éste es el Jesús verdadero, iniciador de bodas, hombre de amor y de vino, promotor de una esperanza de paz (shalom), simbolizada en la Biblia con buenas bodas.

— Hay un matiz de Iglesia, es decir, de humanidad: Debemos pasar de las bodas de agua y purificación (mucha ley, muchas normas, piedra a piedra, gran pobreza) a las bodas del vino . Que todos los hombres y mujeres de la tierra, todas las casas, tengan lo necesario para vivir (pan, agua, casa…), pero también algo de vino, que es el gozo de la vida, algo que sobra para el regalo, para el amor, para las bodas…

— Hay un recuerdo de la Madre de Jesús, que es persona concreta y signo de Israel, una mujer festera, promesa de vino y de amor para hombres cargados de les y normas frustradas (los cántaros de piedra para las purificaciones).


a. Santa María de las bodas

La Madre de Jesús se sitúa ante las bodas humanas (antes judías, hoy cristianas) y descubre en ellas mucha mucha ley (agua de purificaciones, normas bien aseguradas…), pero sin vino de vida, que es la alegría de los novios que se irradia y expande a todos los invitados. Por eso critica las bodas antiguas (de Israel, quizá de gran parte de las bodas de nuestras Iglesias, cargadas de leyes y normas de piedra y agua, con poco vino de vida.

La Virgen de muchas “apariciones marianas” habla más de penitencia que de vino; ella puede ser piadora, pero no es la Virgen de Caná de Galilea, iniciadora de evangelio, de vino y de bodas, de alegría esperanzada (es decir, cristiana).

b. San Jesús del Vino

Jesús se manifiesta en Cana para dar vino y “marcha” de vida (esperanza, alegría) a las bodas de la historia humana, pasando de la pura ley (cántaras de agua de purificaciones) a la vida intensa, al vino abundante, sobrado, bueno, de la fiesta, con María su Madre (que es signo del paso, de camino que se debe hacer para ir del Antiguo al Nuevo Testamento).

Hemos manipulado a Jesús (hemos manipulado a su Madre), muchas veces, para seguir teniendo a la puerta de nuestras iglesias las seis cántaras de agua de las purificaciones (prohibiciones, normas…). Jesús, en cambio, ha venido y su madre le ha “presentado” para que sea fuente de vino, es decir, de amor, de bodas para el conjunto de la humanidad. Éste es el mensaje del evangelio de hoy.

Todo eso y mucho más está latente en este texto prodigioso, que comentaré en tres partes:

a) Comentario básico
b) Manifiesto del vino
c) Observaciones finales

Imágenes Son normales todas… menos la segunda: Una Fiesta de Bodas del pintor judío M. Chagall… Parece Caná de Galilea, bullicio de fiesta, con Jesús en algún lado, con la Madre, con los novios… y todos con sus ánforas de vino. Es la mejor representación moderna que conozco de las Bodas de Caná.

Buen domingo a todos.

Texto: Juan 2, 1-11

En aquel tiempo, había una boda en Caná de Galilea, y la madre de Jesús estaba allí. Jesús y sus discípulos estaban también invitados a la boda. Faltó el vino, y la madre de Jesús le dijo: “No les queda vino.”
Jesús le contestó: “Mujer, déjame, todavía no ha llegado mi hora.”Su madre dijo a los sirvientes: “Haced lo que él diga.”
Había allí colocadas seis cántaras de piedra, para las purificaciones de los judíos, de unos cien litros cada una. Jesús les dijo: “Llenad las tinajas de agua.”
Y las llenaron hasta arriba. Entonces les mandó: “Sacad ahora y llevádselo al mayordomo. “Ellos se lo llevaron.
El mayordomo probó el agua convertida en vino sin saber de dónde venía (los sirvientes sí lo sabían, pues habían sacado el agua), y entonces llamó al novio y le dijo: “Todo el mundo pone primero el vino bueno y cuando ya están bebidos, el peor; tú, en cambio, has guardado el vino bueno hasta ahora.”
Así, en Caná de Galilea Jesús comenzó sus signos, manifestó su gloria, y creció la fe de sus discípulos en él.

1. COMENTARIO BÁSICO

El evangelio nos sitúa en el centro del misterio humano, allí donde nos dice Gén 2, 24 que los hombres se encuentran a sí mismos para unirse: abandonan a los padres y se unen entre sí para formar una sola carne. Bodas son celebración de amor, fiesta de la humanidad que goza en su mayoría de edad, como unión matrimonial y promesa de vida.

Lógicamente, la madre de Jesús estaba allí (2,1).

No se dice que haya venido o que la inviten. Ella pertenece al espacio de las bodas, al lugar del surgimiento mesiánico, al camino de la nueva esperanza de familia de los hombres. Está precisamente en su función de madre y de esa forma se la llama, silenciando su nombre propio de María. En este primer plano, ella refleja la experiencia israelita: es la madre creadora de familia, entregada plenamente a la fiesta de esponsales de los hombres.

Pues bien, el hilo de la narración, la historia de la boda, se corta para introducir una novedad que cambiará toda la línea del relato: «pero también fue invitado Jesús y sus discípulos a la boda» (2,2). Ellos no estaban allí desde el principio, vienen de fuera a interrumpir y transformar el curso de los acontecimientos. Precisamente su venida pone al descubierto la carencia de la fiesta: ¡no tienen vino! En un nivel externo, aquí puede tratarse de carencia material, pero es evidente que el relato apunta a otro nivel: no es que se haya acabado un vino que antes hubo, aunque fue escaso; es que no hubo ni hay vino de ninguna especie.

Israel no puede terminar la fiesta de sus bodas: tiene la promesa y el camino, pero no llega por sí mismo al cumplimiento, porque falta el vino;
 tiene anhelo de familia, pero no logra crearla, porque se clausura en el padre (tradiciones) de la tierra. La Iglesia actual se parece mucho a ese Israel aquí criticado, incapaz de abrir para los hombres y mujeres el tiempo de las bodas.

Los novios de aquel antiguo Israel y de esta iglesia 2019 no han podido conseguir el vino de la vida, como indica certeramente la madre (Jn 2,3). Solamente tienen el agua de las purificaciones judías, el agua de los ritos y las leyes, que limpia una vez, externamente, para que volvamos de nuevo a descubrir que nuestras manos siguen estando manchadas (cf. Heb 9,23-10,18). Precisamente en ese fondo de insuficiencia israelita y búsqueda de bodas que no pueden culminar, viene a situarse la palabra de María. Sin entrar en sus matices teológicos más hondos señalamos su manera de ponerse ante las bodas. 49

En primer lugar,
María se muestra preocupada y atenta.

Por ser obvio, este nivel aparece pocas veces destacado. No sabemos si es que había otros que vieron y sintieron la carencia de vino, a la llegada de Jesús, pero sabemos que María lo ha advertido. Ella mira atenta a las necesidades de los hombres, gozosa ante unas bodas que prometen dicha. Pudiéramos decir que está al servicio de la fiesta del amor y de la vida: quiere que haya gozo, que haya vino y, mientras otros están quizá perdidos en quehaceres más pequeños, ella sabe mantener distancia y descubrir las necesidades de los hombres, lo mismo que lo ha hecho en el Magníficat (Lc 1, 46-55).

Tiene clarividencia especial y, en gesto de servicio abierto, descubre la carencia de la vida. Sabe que los hombres han sido creados para celebrar las fiestas del amor, para las bodas del vino escatológico, y por eso sufre al verlos deficientes, oprimidos, incompletos, sometidos al agua de los ritos y purificaciones del mundo. Por eso, quiere conducirles a la nueva familia del Reino.

En segundo lugar,
María lleva ante Jesús las carencias de los hombres.


La madre sabe ver, pero no puede remediar. Ella se encuentra ante un misterio que la desborda, ante una carencia que no puede solucionar por sí misma. Lógicamente acude al hijo: «no tienen vino» (2,3). La indicación es delicada, respetuosa, y, sin embargo, el hijo debe rechazarla: «¿Qué tenemos en común yo y tú, mujer? Aún no ha llegado mi hora» (2,4). He querido respetar la dureza del pasaje (ti emoi kai soi gynai), porque nos sitúa en la línea de los textos antes estudiados (Mc 3,31-35; Lc 11,27-28).

Humanamente hablando, en plano israelita, la madre carece de poder sobre Jesús. No puede marcar su camino, cerrándole en la vieja familia de la tierra.
Esto significa que la hora, el tiempo y gesto de Jesús, no viene marcado por María. Sin embargo, si miramos a más profundidad, descubriremos que la misma respuesta negativa refleja un tipo de asentimiento implícito: Jesús no rechaza la observación de su madre, no niega la carencia de vino. Simplemente indica que la hora se halla en manos de su Padre de los cielos (cf. Lc 2,48-49).

María le mostraba una carencia desde un punto de vista que es todavía humano. Jesús acepta esa carencia, pero sube de nivel: él no ha venido simplemente a rellenar un hueco de los hombres, a solucionarles un problema de la tierra. Sin este primer distanciamiento, sin esa ruptura creadora, ni Jesús hubiera sido verdadero salvador, ni su madre nos podría valer como modelo de fidelidad en el camino hacia el nivel de salvación definitiva donde surge la familia nueva de las bodas.

Esto nos conduce al tercer plano:
la actitud de la madre respecto a los servidores de la boda.

Ella acepta la palabra de Jesús, su trascendencia. Sabe que no puede dominarle ni mandarle, trazándole un camino sobre el mundo. Pero puede dirigirse a los ministros de la fiesta, a todos los hombres de la tierra: «haced lo que él os diga» (2,5).
Así deja la respuesta en manos de Jesús, deja el tiempo de su «hora» y poniéndose en el plano de los servidores, María viene a presentarse como gran diaconisa, servidora primera de la fiesta: prepara así las cosas para el cambio de las bodas. Su gesto viene a interpretarse como un reconocimiento mesiánico: está cerca de aquello que, en visión de Jn, ha realizado Juan Bautista.

También el Bautista pertenece al tiempo de las bodas. No es el Señor, no es el esposo, pero anuncia su venida y prepara a sus discípulos, llevándoles precisamente hasta el lugar donde está el Cordero de Dios que quita los pecados del mundo (Jn 1,29; cf. 1, 19-42). Por eso se alegra de que el Cristo aparezca mientras él desaparece (1,30): «el que tiene a la esposa es el esposo. En cambio, el amigo del esposo, que está allí para atenderle, se alegra muchísimo al escuchar la voz del esposo» (Jn 1,29).

Juan es el amigo del esposo, el que ha preparado el camino de sus bodas y se alegra de estar a su servicio. Por eso le cede (le traspasa) sus propios discípulos y desaparece cuando empiezan ya los esponsales. Pues bien, de una manera semejante, podemos afirmar que María es la madre de Jesús esposo. También ella prepara el camino, pero no puede mandar sobre Jesús ni obligarle a comportarse de una forma determinada. Por eso dispone a los servidores, diciéndoles que escuchen a Jesús para realizar de esa manera el gran cambio de las bodas.

María actúa como «diaconisa»,
es el Antiguo Testamento que se abre al Testamento y Fiesta de Jesús

Ella aparece así como iniciadora de la nueva familia de Jesús, el protagonista (esposo-esposa) de las nuevas bodas mesiánicas, del Reino. Ciertamente, en la visión tradicional de Lc 14,15-24, María no aparece como sierva del banquete; no es de aquellos mensajeros-profetas que caminan anunciando la gran fiesta por los pueblos y los campos, recibiendo así nombre de «siervos» (douloi). Pero ahora ella está presente, realizando una función superior: prepara a los servidores (los diakonoi) del banquete (cf. Jn 2,5), enseñándoles a escuchar y acoger a Jesucristo.

María no está aquí para cuidar de Jesús, para arroparle en medio de los riesgos de una fiesta donde suelen perderse los modales de la buena educación y sobriedad sobre la tierra. Está para ocuparse de los hombres, de aquellos hambrientos y oprimidos que quisieran llegar hasta las bodas de alegría-vida de la tierra pero no pueden hacerlo porque falta el vino del amor y de la vida, la vida de la fiesta.

Precisamente al servicio de ese amor y de esa vida, de ese vino y de esa fiesta, se ha puesto María conforme al evangelio. Ella está con los diáconos, servidores del banquete, anunciando y preparando el gozo que se acerca. Está al servicio del festín de manjares suculentos y vinos generosos que el Dios de su hijo Jesucristo ha preparado sobre el monte de la tierra, conforme a la palabra ya citada de Is 25,6-
En esta perspectiva ha de entenderse un detalle textual bien significativo.

En medio del banquete donde los judíos sólo tienen el agua de purificaciones rituales (cf. Jn 2,6) ella ha conducido a los hombres hacia el tiempo nuevo de Jesús, el Cristo. Ciertamente, es judía. Pero es una judía que supera su antigua perspectiva legalista y muere al mundo viejo para renacer de esa manera en Cristo, conviniéndose en cristiana. Ella es la primera cristiana de la historia, miembro de una familia en la que todos somos con Jesús esposo-esposa de las nuevas bodas de un amor que nunca acaba.

2. CANTO AL VINO, MANIFIESTO DE LA IGLESIA

1. Un presente seco.

La iglesia actual se encuentra en la misma situación de los novios y los invitados de la escena: No tenemos vino. Anunciamos con trompetas nuestra fiesta, pero lo logramos ofrecer nada. Sólo la apariencia de unas bodas, UNA fiesta externa, incluso músicos pagados, pero nos falta vino.

Y sin vino ni los novios pueden pronunciar su palabra de amor, ni los amigos compartirla y celebrar con ellos, conforme al ritual judío. Ésta parece haber sido la situación de muchas iglesias judeo-cristianas (o paganas) del tiempo del Evangelista Juan. Para ellos va escrito el evangelio. Esta es nuestra situación. La iglesia 2019 parece un funeral de críticas, lamentaciones y abandono. Muchos se marchan de la fiesta, falta el vino.

2. Toma de conciencia, la Madre de Jesús…

Ella es la primera en tomar conciencia de la situación… Nadie se da cuenta de ella. Los convidados hablan, quizá discuten, pero no logran comprender que su fiesta está vacía. Los señores de esta fiesta de la Iglesia han nuevamente (año 2019) preparado seis grandísimas tinajas de agua (de leyes y normas para purificación, de derecho, de prohibiciones). Sólo tienen eso: Normas, leyes, prohibiciones, purificaciones y nuevas purificaciones, con leyes nuevas…

Una vuelta obsesiva a las normas de poder, simbolizadas por el agua de una liturgia vacía. Falta el vino, la boda no es boda, sino una forma de engañar al personal. Pero ella, la madre de Jesús (que es signo de las promesas del buen judaísmo) se da cuenta, y le dice a Jesús… También entre nosotros hay algunos que advierten la falta de vino, cristianos más comprometidos, poetas y profetas, servidores de los demás en un mundo donde se acaba la fiesta de la vida.

3. Resistencia, no es todavía mi hora.

¿Quién le dice a Jesús, de verdad, que nos falta el vino? ¿Quién puede llegar y decirlo: ¡es tu hora!? El evangelio concede ese “oficio” a la madre de Jesús, que es el signo de las promesas de la vida. No es ya tiempo de más purificaciones, de tinajas de agua, de normas y normas, y ella se lo dice a Jesús, parece resistirse, y dejarnos para siempre con el agua de los ritos, como si nada hubiera pasado (con templos externos, rituales vacíos, normas y normas llenas de prohibiciones).

Es como si Jesús nos hubiera abandonado, dejándonos en manos de nuestros cenáculos vacíos, de bodas que no son bodas, de vino que no es vino… Gran parte de la jerarquía actual de la Iglesia parece resistirse, diciendo que no es todavía la hora, para centrarse en sus ritos, en sus purificaciones sin vida, en sus fiestas sin alma.

4. Decisión: Llenad las tinajas de agua…

Pero Jesús escuchó a la madre y se puso en marcha, puso en movimiento su proyecto mesiánico de vino. Por eso pide a los servidores que llenen hasta arriba las tinajas, rebosantes… para que el agua del antiguo rito (purificación, gloria vacía…) se convierta en vino de fiesta. Éste es oficio de todos, de los servidores de la boda y del architriclino (que son los clérigos antiguos, que hoy serían el papa, los obispos y los celebrantes…). Es como si hubiéramos celebrado con agua de normas y ritos, queriendo purificarnos, pero sin nunca lograrlo.

Es el momento de la boda, de la vida, del amor, de la alegría…Sólo este paso del agua real al vino realísimo de la fiesta, de la nueva conciencia, del gozo compartido, expresa la novedad de Jesús. Hemos vuelto a cerrar el proyecto de Jesús y encerrarlos en grandes ánforas de agua… Pues bien, bien, es la hora de ponerse en marcha, de abrir las tinajas y llenarlas de agua nueva, para que Jesús nos ayude a convertir el agua en vino de fiesta sin fin.

5. Celebración: El vino nuevo de la fiesta.

Es ante todo el vino de los “novios”, de aquellos que se han unido para celebrar la fiesta de su vida, para beber juntos de una misma copa el vino del amor que crece y crece… Es la fiesta de todos los invitados, entre ellos los discípulos, que deben transformar el mundo a base de buen vino. Cuando abunda el vino, y aprende a beber en comunión de gozo, la vida cambia.

Este es el motivo central de la fiesta de Jesús que nos hace celebrantes de la vida, animadores de esa fiesta, que es de todos, hombres y mujeres, invitados al banquete de bodas, sin que nadie quede excluido, sin que nadie lo acapare. Éste es el tiempo de pasar del vino malo al buen vino de fiesta, de amor generoso, de bodas de vino para todos, superando las viejas leyes y las purificaciones, para ponernos al servicio de la vida.

6. Expansión: discípulos de Jesús.

El evangelio dice que ellos creyeron y le acompañaron, poniéndose en marcha. Pues bien, también los nuevos ministros han de creer y convertirse en o servidores de la fiesta del vino, ellos, los que ahora existen y muchos nuevos. Pero no les veo convencidos de ellos; se han hecho guardianes de tradiciones, conservadores de un agua que se termina perdiendo, pudriendo…

Por eso ha de darse un cambio radical. Ciertamente, muchos ministros de las iglesias (varones y mujeres) siguen siendo portadores de una fiesta de vida. Pero muchos otros me parecen cerrados en leyes de purificaciones, en normas ya antiguas (cuyo origen nadie sabe explicar…), andan a lo suyo, que no es aquello que empezó a realizar Jesús en Caná de Galilea, entre amores raros, mientras el corazón de muchos se seca. Aquí es precisa una tarea nueva al servicio del vino de Jesús, con gente nueva, vino nuevo en odres nuevos, dice en otro lugar el evangelio (Mc 2).

7. Compromiso gozoso, siempre el vino.

Las tinajas de las purificaciones no son algo del pasado. Ellas forman gran parte del presente de la Iglesia, hecha de ritos, envidias, cansancios, normativas… que no dejan que el vino se expanda y que corra por todos los sarmientos y cepas de la Iglesia y de la humanidad la savia de Jesús (cf. Jn 15). Pues bien, según su evangelio, Jesús nos quiere portadores del vino de la fiesta, animadores de la celebración, prontos al baile, al abrazo, a perder la cabeza en amor, por amor, en comunión… Ésta es la imagen que debíamos dar, desde el Papa de Roma hasta el monaguillo del puenlo… Celebradlo con vino, nos dice Jesús, o con el equivalente al vino, que es el amor que se expande, se contagia…

3. ANOTACIONES FINALES

(Para los que quieren aún seguir leyendo)

Seis ánforas, seis cántaras de piedra

Había seis ánforas de piedra, colocadas para las purificaciones de los judíos (2, 6). Eran necesarias y debían encontrarse llenas de agua, para que los fieles de la ley se purifiquen conforme al ritual de lavatorios y abluciones. Pues bien, el tiempo de esas ánforas (¡son seis! ¡el judaísmo entero!) ha terminado cuando llega el día séptimo del Cristo de las bodas.

Los judíos continúan manteniendo el agua, el rito de purificación en que se hallaba inmerso el mismo Juan Bautista (cf Jn 1, 26). La Madre de Jesús había descubierto ya que es necesario el vino, superando de esa forma la clausura legal (nacional) del antiguo judaísmo que se encuentra reflejado por el agua. Finalmente, cumpliendo la palabra de Jesús (que anuncia y anticipa el misterio de su Pascua), los ministros de las bodas ofrecen a los comensales el vino bueno de la vida convertida en fiesta.

En este comienzo eclesial, en el primero de los signos de Jesús, está su Madre, como iniciadora paradójica y sublime de su obra. Ella es la mujer auténtica que sabe aquello que los otros desconocen. Ella es la primera servidora de la Iglesia mesiánica que dice a los restantes servidores de las bodas: ¡haced lo que él os diga!

Acabamos de indicar que ella aparece como mediadora de la alianza: pide a los hombres que cumplan lo que Cristo les enseña. Pero dando un paso más podemos afirmar que ella se pone de algún modo en el lugar del mismo Dios (del Padre de la Transfiguración) cuando decía desde el fondo de la nube a los creyentes: ¡este es mi Hijo querido, escuchadle! (Mc 9,7 par). La que ahora pide a los humanos (especialmente judíos) que acojan a Jesús es ya su Madre. No lo hace por orgullo o vanidad, pues como vimos ya en Lc 2, 34-35 y veremos en Jn 19, 25-27, ella es madre sufriente que conoce el carácter doloroso del servicio de Jesús.

No tienen vino! (2, 3).

Esta es una de las palabras más evocadoras del NT y del conjunto de la Biblia. La Madre se la dice en primer lugar al Hijo, pero luego las podemos y debemos aplicar a nuestra historia. Son palabras que escuchan los cristianos, devotos de María, sobre todo los que están comprometidos en la gran tarea de liberación. Precisamente allí donde podemos sentirnos satisfechos, allí donde pensamos que las cosas se encuentran ya resueltas, todo en orden, se eleva con más fuerza la voz de la Madre de Jesús diciendo:

¡No tienen libertad, están cautivos! ¡No tienen salud, están enfermos!
¡No tienen pan, están hambrientos! ¡No tienen familia, están abandonados!
¡No tienen paz, se encuentran deprimidos, enfrentados!

Nosotros no podemos: ¿qué nos importa a tí y a mí? ¡no es nuestra hora! Sabemos que en Jesús y por Jesús ha llegado la hora de la Madre que nos muestra las necesidades de sus hijos, los humanos sufrientes. Sobre un mundo donde falta el vino de las bodas de la libertad/amor/justicia, sobre un mundo que sufre la opresión y el fuerte hueco de la vida, la voz de la Madre de Jesús resuena como un recordatorio activo de las necesidades de los hombres, es principio de fuerte compromiso.

¡Haced lo que él os diga! (2, 5).

Esta es la hora de la fidelidad cristiana de la madre de Jesús. Se ha dicho a veces que ella nos separa del auténtico evangelio, que nos lleva a una región de devociones intimistas y evasiones, desligándonos del Cristo (acusación de algunos protestantes). Pues bien, en contra de eso, los católicos sabemos que la Madre nos conduce al Hijo, recordándonos con fuerza que debemos hacer lo que él nos diga, igual que ella lo hizo.

Es la hora de la Madre a quien el mismo Jesús llama Mujer (2, 4). Es la hora de la mujer cristiana que puede y debe conducirnos al lugar del verdadero Cristo, para cumplir de una manera intensa su evangelio. Sólo allí donde se unen estas dos palabras (¡no tienen vino! y ¡haced lo que él os diga!) encuentra su sentido la figura de María. Tenemos que descubrir la necesidad del mundo (plano de análisis liberador) e iniciar con Jesús un camino de compromiso liberador, haciendo lo que él dice en su evangelio.

Ese es evangelio de bodas y por eso en el fondo de todo sigue estando la alegría de un varón y una mujer que se vinculan en amor y quieren que ese amor se expanda y que llegue a todos, expresado en el vino de fiesta y plenitud gozosa. El judaísmo era religión de purificaciones y ayunos (cf Mc 2, 18 par); por eso necesitaba agua de abluciones. Pues bien, en contra de eso, el evangelio empieza siendo (unir Jn 2, 1-12 con Mc 2, 18-22) experiencia mesiánica de fiesta. En medio de ella, como animadora y guía, como hermana y amiga, encontramos a la Madre de Jesús. No la busquemos en la muerte, encontrémosla en la vida. Sólo así, cuando gocemos con ella del vino de Jesús, podremos dedicar nuestro trabajo y alegría al servicio de los pobres (los que no tienen vino).

La madre Israel recuerda a Jesús su camino

Precisamente allí donde pudiera parecer que la madre intenta dominar al Hijo (¡no tienen vino!), ella aparece como servidora de ese Hijo, pidiendo a los humanos que cumplan su mandato. Y precisamente allí donde parece que el Hijo se separa de la madre está más cerca de ella, cumpliendo de manera más alta su deseo: no ofrece simplemente un normal vino de bodas del mundo, sino el Vino de las Bodas del Reino, de la plenitud definitiva de la historia.

La palabra de la Madre (¡haced lo que él os diga!) nos sitúa en el centro de la teología de la alianza, allí donde los antiguos judíos decían ¡haremos todo lo que manda el Señor!: Ex 24, 3). Así nos conduce al lugar donde se ha cumplido la historia antigua, ha llegado la alianza del vino, que hemos evocado al ocuparnos de la Última Cena (cf. Mc 14, 24-25; Lc 22, 20; 1 Cor 11,25). En esta perspectiva ha de entenderse el signo eucarístico, que ha estado presente (en ausencia) desde el comienzo de la escena: ¡no tienen vino!. La Madre habla de un vino, Jesús ofrece otro, mucho más valioso. En el lugar de unión y cruce del vino de la Madre (Israel) y de Jesús (eucaristía cristiana) nos sitúa Jn 2, iniciando un tema que desarrollarán los textos eucarísticos posteriores del evangelio, como indicaremos (Jn 6 y Jn 15). De esa forma suponemos que ella conocer de algún modo aquello que pasará, sabe que el vino de Jesús será distinto de que ella ha bebido hasta ahora. Por eso dice ¡haced lo que él os diga!

La Madre de Jesús no quiere adueñarse del Árbol de la Vida, como Eva, ni Tentar a Jesús (nuevo Adán), como algunos apócrifos del tiempo se han destacado. Ella es madre mesiánica que ha sabido educar a los humanos para la aceptación del Cristo: es mujer de bodas, la única que sabe lo que pasa lo que falta sobre el mundo, de la manera que podemos preparar y Preparar a los humanos (varones y mujeres) para el vino eucarístico final. No lo puede dar (ella no lo tiene); Pero puede pedírselo a su hijo.

http://blogs.periodistadigital.com/xpikaza.php/2019/01/17/p421721#more421721

EL EVANGELIO BORDADO A MANO.SIENDO DE BUENA FAMILIA, SE HIZO POBRE ENTRE LOS POBRES: Lucas 2:1-20: Olga Lucia Alvarez Benjumea ARCWP*


Lucas, nos ubica en el momento histórico-político del momento en que el pueblo judío se encontraba. Era el primer censo ordenado por el Emperador Augusto. Todos deben censarse cada uno en su lugar de origen. No era como ahora, que nos censan, ahí donde vivimos y estamos. Así que les tocaba movilizarse quisieran o no, cueste lo que cueste. Hasta donde sabemos no había subsidio para el transporte en ese entonces.

José salió como pudo de Nazaret con María en estado de embarazo, hacia Belén, la Ciudad de David en Judea. Este dato es para indicarnos, que José era de “buena familia”.

Llegando a Belén, a María le llegó la hora del parto. ¡Vaya apuro! Y sin poder encontrar hospedaje, es que no tuvieron tiempo de hacer las reservas, no es que no tuvieran con qué pagar, que eso quede claro. José, era de clase, de “sangre azul” para mejores señas, (Lucas 2:4) como se dice ahora, pero es que Él quería nacer pobre entre los pobres. Parece que a José le llegó tarde la citación; entre enjalmar el burro, ayudar a montar a María, salir a toda carrera, se le olvidó llevar los títulos para acreditar sus credenciales, y pudiera ser atendido como se lo merecía.

Con el apuro de María, no tuvieron más remedio que recibir el Niño, y envolverlo en unos pañales y lo acostó en un pesebre (Lucas 2:7). Lamento mucho, no poder escribir sobre la situación de calefacción o sea del buey y la mula, pero es que Lucas, en su texto, no hace mención de ellos.

Lucas es muy parco, al hablar del nacimiento de Jesús. Resalta la realidad del acontecimiento en un pesebre como espacio no “sagrado” y lo irreligioso del Decreto del Emperador, que nos coloca a José y María con el Niño, en una circunstancia que bien le hubiera pasado a cualquier grupo familiar dentro de lo normal y corriente. Conociendo, que el que nació era Jesús, el Mesías, Hijo del Altísimo, esto es visto como un sacrilegio, un irrespeto, una profanación, alguien podría decir: ¡qué falta de Caridad!

El hecho real y de gran importancia es que Jesús nació y se hizo pobre entre los pobres. ¡Hecho indiscutible!

Jesús, nació además de un pesebre, entre los más pobres, de los pobres, unos pastores, desechados, marginado, considerados unos delincuentes, ladrones, atracadores, rebeldes, contra el sistema operante, sucios, mal olientes, muertos de hambre, borrachos, drogadictos, marihuaneros, degenerados (últimos adjetivos de actualidad). Total, eran gente peligrosa, la sociedad judía los rechazaba, además por su condición de supuestos “desplazados” o “inmigrantes”, no le aportaban nada al Estado del momento, no cumplía con las normas religiosas, no pagaban impuestos y menos cumplían la Ley, no se sentían judíos, no tenían identidad, como tal, ni siquiera habían sacado “papeles” como diríamos por aquí.

José y María estaban muy ocupados atendiendo a Jesús, había llovido y recogieron agua para lavarlo, envolverlo en los pañales y colocarlo en el pesebre (Lucas 2:7). Cuando José, siente que viene un tropel de hombres con sus ovejas, se alcanza a preocupar, pues ya algunos clientes habían pasado por la carpintería, comentando la situación que se presentaba con esos desarrapados y que catalogaban como bandidos peligrosos.

Qué situación tan diferente de cómo los cristianos celebramos el nacimiento de Jesús, en iglesias protegidas, calienticas, por el roce humano, en medio de villancicos, luces, globos, pólvora, regalos, pero para entre nosotros, música bailable y buena comida y bebida. ¿Qué decir de la celebración en la iglesia? Al altar, donde supuestamente esta Jesús, ni los niños y menos las niñas, se acercan, solo están los exclusivos, con sus extrañas vestimentas, hay pan (comida) y vino, solo para algunos/as.

Es increíble que hayamos perdido la pista de quienes fueron, eran y son los destinarios del mensaje, de liberación; los pobres pastores, campesinos, los oprimidos, marginados y pueblo en general.

Es el Dios mismo, quien se dirige a ellos/as, “un Salvador, el Mesías, el Señor” (Lucas 2:8-12); “el grande, el Altísimo” (Lucas 1:31:32). Da la dirección y señales correcta: “Y les doy esta señal: encontrarán un niño envuelto en pañales y acostado en un pesebre” (Lucas 2:8-12).

Dios, en Jesús, se hizo pobre entre los pobres. No lo busquemos, donde no está. Por que nos empeñamos en buscarlo en lo alto, lejos de nosotros, de la vida cotidiana, en lo material, en lo humano. ¿Quién inventó lo divino, ¿Quién inventó lo sagrado, ¿Quién creo que la distancia entre lo divino y lo humano?

Son los pobres, quienes son evangelizados, son ahora nuestros evangelizadores. (Lucas 15:20)

“Hagan como ellos dicen, pero no como ellos hacen” Mateo 23: 3

Presbitera católica

BORDANDO EL EVANGELIO A MANO. UN ANUNCIO, SIN PRENSA, T.V. Y REDES SOCIALES. Lucas 1:26-80. Olga Lucia Alvarez Benjumea ARCWP*


Qué alegría siento el ir desenredando este enredo, son muy lindos los colores, pero es que los muchachos han hecho un enredo…te invito a ayudarme. Ahí te dejo una punta y veamos con qué salimos.

Seguimos leyendo a Lucas, el evangelista que era médico, de origen griego. Lucas, como médico, resalta los aspectos más humanos y nos hace aterrizar el mensaje del Reinado de Dios.

Para Lucas es muy importante darnos a conocer los antecedentes familiares de Jesús, época (Lucas 1:5) y la ubicación. Es Lucas, quien se atreve a abrir la carpeta de archivos de la familia.

Nos llama la atención y vale la pena recordar cómo Dios, fue haciendo llegar su bendición a través de mujeres declaradas estériles y mayores de edad, como Sara, la madre de Isaac, la madre, de Sansón, cuyo nombre es desconocido (Jueces 13) lo acabamos de ver en el caso de Isabel, la madre de Juan Bautista. Estos hechos, nos hacen ver la venida de Jesús, como una novedad única e irrepetible, dentro de la historia de la liberación.

Los personajes antes mencionados, corresponden todos al Antiguo Testamento. Familias todas muy cumplidoras de la Ley de Moisés, en sus ritos, normas y lugares “sagrados”. Esta observación, que salta a la vista, nos resalta cómo cuando aparece Jesús, todo es una novedad, desde que nace, hasta que muere.

El anuncio que le hace el ángel Gabriel a María, no fue en el templo, ni en medio de ningún culto y sin incienso. No hubo sacerdote de intermediario. María, estaba muy ocupada en su casa, en sus oficios caseros, y todo lo que hacía era una oración al cielo. Era una joven desconocida, vivía en Nazaret, un pueblo, casi una vereda, o pequeño caserío como diríamos hoy, desconocido, parece no figuraba en la demarcación o mapa del Antiguo Testamento, lejos de la corrupción, el ruido, la violencia propia de las grandes ciudades, como Jerusalén, que se debatía entre el poder judaico (poder religioso) y el imperio romano (poder político). María está tan concentrada en sus oficios, que el ángel la sorprende, es Ella, la escogida entre todas las mujeres del lugar, es Ella, de quien Dios se ha cautivado. Se asusta y muestra sorprendida. El ángel la tranquiliza diciéndole: “No temas María, gozas del favor de Dios” (Lucas 1:28-30).

Lucas, como buen narrador del hecho, saca a relucir el abolengo del joven con quien María está comprometida diciendo: “…un hombre llamado José, de la familia de David…” (Lucas 1: 27). Nos da a conocer el pasado ancestral de José, y descubrimos que, en María, sin tantos certificados reales y marcado abolengo vendrá algo nuevo, que cambiará la historia del mundo entero. Es Ella la que entra en contacto directo con Dios, sin intermediarios, para mostrar al mundo el camino de la historia de la liberación, haciendo presente el reinado de Dios en Jesús.

Es posible que a Lucas no se lo haya propuesto y ni era su intención, aunque sin querer queriendo, deja ver que José, queda rezagado, en un segundo lugar. Es el mismo caso de Manoa, esposo de la madre de Sansón (Jueces cap.13), el de Zacarías, como lo veremos más adelante. Todo ocurre dentro de lo normal y ordinario en la vida de una familia, sin presencia de la alta alcurnia y clase gobernante, sin los políticos de turno, sin la jerarquía judía-religiosa, sin la presencia de ningún altar privado.

La liberación llegó, llegará y llega, a través de la gente sencilla, el mensajero Gabriel así nos lo está haciendo caer en la cuenta, el “servientrega” que traía y tenía destinatarios, para personajes poco conocidos, este es el caso de María cuando le dice:

“Pues mira, vas a concebir; darás a luz un hijo y le pondrás de nombre Jesús.

Será llamado Hijo del Altísimo” … (Lucas 1:31-32)

¡Por supuesto María, no se esperaba semejante encomienda! Y antes de comprometerse, hace una pregunta muy inteligente, con autoridad, de carácter rebelde y nada sumiso:

¿Cómo sucederá eso si no convivo con un hombre? (Lucas 1:34)

Aunque Lucas no nos cuenta, podemos entender que el ángel Gabriel, estuvo en apuros para dar respuesta a semejante pregunta y responderle lo que le respondió, pero lo que hace reaccionar a María, fue que en el mensaje había un aviso adjunto que le llama la atención y le intriga: “Mira, también tu prima Isabel ha concebido en su vejez, y la que se consideraba estéril, está ya de seis meses. Pues nada es imposible para Dios”. (Lucas 1:35-37).

Aunque la respuesta era de carácter inverosímil, a María la mueve la parte humana, solidaria y fraterna hacia la situación de embarazo de su prima, no quiere perder tiempo, y emocionada le dice al ángel:

“Yo soy la esclava del Señor: “Cúmplase en mí lo que has dicho. El ángel la dejó y se fue.” (Lucas 1: 38)

Entre alegre, emocionada y casi sin poder salir de semejante sorpresa, sale a buscar a Isabel. Su total y plena fe en Dios, la impulsó, movió y dio energía para atravesar la serranía y los caminos peligrosos hacia la casa de su prima, la casa de Zacarías, para anunciar la buena nueva que llevaba y aceptar confirmando el embarazo de Isabel. Es Ella la primera mujer entre todas, la única, por su gran capacidad de fe, capaz de aceptar y dar a conocer las grandezas que el Señor ha hecho en Ella. (Lucas 1:45).  María, es la mujer de fe profunda en Dios que no vacila en compartirlo y anunciarlo. No digamos más nada de Zacarías, ya sabemos lo que le pasó por su falta de fe.(Lucas 1:20).

Es María la imagen de un sacerdocio nuevo, sin altares, sin templos, sin jerarquías, sin normas y leyes, en dimensión profética, sin temor y sin temblor se atreve a proclamar:

“Derriba del trono a los poderosos y exalta a los humildes” (Lucas 1:52)

Antes de entrar a la casa, Isabel sale al encuentro de María. María la saluda (Lucas 1:40). Zacarías, no entra en acción, está mudo y se queda a cierta distancia…son dos mujeres las únicas protagonistas de un gran mensaje de liberación que liberará al mundo, dando a conocer a Jesús y el reinado de Dios. Y es María quien a través de su vida nos dará testimonio de Él, de manera explícita y contundente, como lo veremos más adelante.

María, se queda allí 3 meses, y regresa a casa. (Lucas 1:56)

Lucas no nos deja muy claro, si María se quedó hasta el nacimiento. Directamente entra a narrar el nacimiento de Juan. Hubo gran gozo entre los parientes y amigos y uno y otro proponían que le colocaran de nombre el de su padre Zacarías. Entonces es cuando Isabel dice: “No; ni riesgo, se tiene que llamar Juan” (Lucas 1:60).  Como los presentes, no entendían el porqué de ese cambio, alguien aconsejó muy patriarcalmente que se le consultará a Zacarías, como este no podía hablar, pidió a un joven que estaba presente que le prestara The Table (perdonen el inglés, la tablilla) y en ella empezó a escribir: “su nombre es Juan”. (Lucas 1:63).

Con este episodio, dos mujeres nos dejan claro, el paso del Antiguo Testamento al Nuevo Testamento, visibilizando el papel de la mujer en la sociedad, cultura y religión, haciendo profano, si me lo permiten decir, lo “sagrado”, aportando lo mejor de sí, de todos sus dones y su gran sensibilidad humana, en lo normal y ordinario de la vida común y corriente, dejándose guiar por el Espíritu, anunciando el reino de Dios, haciendo gala de su fe, aceptando y confiando plenamente en los designios de Dios. Designios que nos desafían a las mujeres a tomar en serio nuestro papel de cambio, en la sociedad y en la Iglesia (si se quiere).

*Presbitera católica

INICIANDO UN BORDADO A MANO DEL EVANGELIO… Lucas 1: 1-66: Olga Lucia Álvarez Benjumea ARCWP*


Ha sido un placer, acercarme a este texto con emoción y temblor.

Podemos observar aquí, cómo sobresalen varios datos dicientes, de los participantes que aquí aparecen: Zacarías, sacerdote y dos mujeres del común y corriente, llamadas Isabel y María.

¡Llama la atención cómo empezó todo! En un templo, con Zacarías, un sacerdote que no tiene fe, en “sucesión” del grupo de Abías, casado con mujer de la familia de Aarón. Pareja intachable en el conocimiento y cumplimiento de las Leyes y Normas (Lucas 1:6). Los dos eran adultos mayores, dicen que ella era la estéril (Lucas 1:7).

A Zacarías le tocaba el turno de la celebración de su grupo. Estaba oficiando, en su lugar “sagrado” como sacerdote “ordenado”, consagrado para administrar lo sagrado, lejos del mundanal ruido, supuestamente concentrado en su oficio como celebrante, en su sitio privado, reservado, único y exclusivo para atender las manifestaciones divinas. Se encuentra en pleno desarrollo de la liturgia, envuelto en raras vestimentas y entre aromas de rico incienso. Mientras él estaba en estas, el pueblo, muerto del susto, (el susto es mío) estaba afuera, “elevando” sus plegarias (Lucas 1:8-10) Cuando de repente, alguien a quien no vemos, pero nos dice Lucas que ahí se presentó, Zacarías se desconcentró y se asustó.

El visitante, que ni más ni menos, no era de este mundo, le dijo:

«No temas, Zacarías, porque tu petición ha sido escuchada; Isabel, tu mujer, te dará a luz un hijo, a quien pondrás por nombre Juan; será para ti gozo y alegría, y muchos se gozarán en su nacimiento, porque será grande ante el Señor; no beberá vino ni licor; estará lleno de Espíritu Santo ya desde el seno de su madre, y a muchos de los hijos de Israel, los convertirá al Señor su Dios, e irá delante de él con el espíritu y el poder de Elías, = para hacer volver los corazones de los padres a los hijos, = y a los rebeldes a la prudencia de los justos, para preparar al Señor un pueblo bien dispuesto.» (Lucas 1:11-17).

El hombre que no acababa de salir del susto, empezó con sus deslices de falta de fe, disculpándose y diciéndole al mensajero celestial, que eso era imposible, que ellos ya eran unos viejos… (Lucas 1:18).

El mensajero, empieza a cambiar de color y para que no haya dudas, se identifica, saca sus “papeles” y le dice: Ve Zacarías, perdón Reverendo, estas son mis credenciales:

«Yo soy Gabriel, el que está delante de Dios, y he sido enviado para hablarte y anunciarte esta buena nueva.

Mira, te vas a quedar mudo y no podrás hablar hasta el día en que sucedan estas cosas, porque no diste crédito a mis palabras, las cuales se cumplirán a su tiempo.» (Lucas 1:19-20)

Mientras tanto el pueblo ya estaba preocupado por su demora en el Sancta Santorun. Hasta que el hombre salió pálido y temblando, no le podía explicar a la gente que le había pasado, y para ello hasta tuvo que aprender hablar en el lenguaje de señas. (Lucas 1:1-21-23). Parece, que Zacarías, desde que nació su hijo, ya no volvió a hablar como “sacerdote” sino como profeta, y lleno del Espíritu Santo es cuando proclama El Benedictus:

“Bendito sea el Señor Dios de Israel” (Lucas 1:67-6

Una fuerte lección nos queda, enviada del Cielo, el sacerdocio, no puede quedarse solamente reglamentado y argumentado en normas y leyes; según la Tradición, el Espíritu de Dios, “se mueve”, sopla donde quiere, nadie lo puede detener, no es propiedad privada de ninguna institución. El sacerdocio no es sólo fe, ritos, cultos y templos “sagrados”. El sacerdocio es la plena escucha y aceptación a las advertencias, llamado, y mensaje a llevar, siempre acompañado del testimonio, y compromiso de vida, porque de lo contrario nos quedaremos mudas/os, hasta recuperar la confianza plena y absoluta en Dios.

“La Ley y los Profetas llegaron hasta Juan; desde entonces se anuncia el reinado de Dios” (Lucas 16:16)

*Presbitera católica

Un niño nace. La palabra de Dios se encarna en nuestra historia.


FUENTE: http://www.amerindiaenlared.org/contenido/13819/comentarios-biblicos-un-nino-nacela-palabra-de-dios-se-encarna-en-nuestra-

NATIVIDAD DEL SEÑOR
25 de diciembre

Eduardo de la Serna

Lectura del libro del profeta Isaías     52, 7-10

Resumen: La venida de un mensajero divino en Sión comunica la buena noticia de la liberación de la opresión babilónica expresada como liberación y consuelo por la donación de la paz, el bienestar y la salvación. Es allí que Dios, y no Marduk, empieza a reinar en Jerusalén.

El así llamado “Segundo Isaías” se dirige a la élite que se encontraba en el exilio en Babilonia. Los sentimientos de los exiliados eran mezclados: castigo divino, “Dios se ha olvidado de nosotros”, “estamos pagando las culpas de otros”, etc. En este contexto de angustia, el profeta viene a cantar la esperanza, que se concreta históricamente en el fin de la situación de angustia y esclavitud. Lo que cuenta en este poema, más que el mensajero son sus pies ya que se detendrá en el tema de la llegada del mensajero y el tema del “camino”. Y el contenido expresado con tres términos cargados de sentido bíblico: paz (salom), bienestar (tôb) y salvación (yesu’á); son bienes sociales, económicos, políticos y espirituales. Hacen referencia a situaciones concretas, y en estos tres términos se sintetiza la felicidad del pueblo que se espera y anuncia. El mensajero no es especificado, y la receptora de las “buenas noticias” es Sión. Todo esto es especificado en que “reina tu Dios”. Ciertamente de este modo se entra en contraste con la realeza de los dioses babilonios. Por ejemplo, así dice el relato babilónico de la creación:

“… tú, Marduk, eres el más honrado de los grandes dioses. Tu decreto no tiene par, tu orden es Anu. Desde este día inalterable será tu sentencia. Ensalzar o humillar estará en tu mano. Tu expresión será veraz, tu mandamiento será indiscutible. ¡Ninguno de los dioses salvará tus límites! Necesitando adorno para las sedes de los dioses, esté el lugar de sus santuarios en tu lugar. ¡Oh Marduk!, ciertamente tú eres nuestro reivindicador. Te hemos concedido la realeza sobre el universo entero. Cuando en la asamblea tomes asiento, tu palabra será suprema” (Enuma Elis IV,4-15).

Los salmos de “Yahvé rey” lo repiten (47,9; 93,1; 96,10; 97,1; cf. Is 24,23). Esto está dicho muy lejos de Babilonia y debe comunicar seguridad a los oyentes. El “rey Marduk” está al caer. Los guardias de los alrededores ven venir la noticia y se propaga por doquier con júbilo indescriptible. Dios mismo está llegando en esta noticia.

La Jerusalén devastada y solitaria a la que se dirige la noticia, recibe dos verbos que son clave de todo el profeta: “consolar” y “redimir”. Tan importante es el primero que el Segundo Isaías es conocido como “el libro de la consolación”. Con ese verbo arranca toda la obra (40,1) y se acumulan ambos en esta unidad: 51,3.12.19 (consolar), 51,10; 52,3 (redimir) pero señalado como algo ya realizado (no futuro, como 40,1). La ciudad en ruinas (v.9) recibe la buena noticia de una promesa ya realizada (lo político es evidente). Para actuar con más libertad, Dios se “arremanga” (v.10; cf. Ez 4,7; Sal 74,11). Si antes el acento estaba en los pies, ahora se ubica en las manos como expresión del obrar de Dios. Y este obrar de Dios, su brazo, su salvación es visto por “todas las naciones”, o por los exiliados en todas las regiones que ven que nadie, sino sólo Yahvé es actor en la liberación de los suyos.

Los vv.11-12 culminan la unidad literaria relacionando con el éxodo, tema también importante en el Segundo Isaías, pero es omitido en el texto litúrgico del día.

Sin duda, la relectura del mensajero entendido como Jesús que viene a “evangelizar” (anunciar buenas noticias) es decisiva en la selección del texto en la fiesta de Navidad.



Lectura de la carta a los Hebreos     1, 1-6


Resumen: Poniendo en una línea de continuidad y superación la antigua y la nueva alianza, con sus mediadores: los profetas y el hijo y los destinatarios: los padres y “nosotros”, el autor de la homilía prepara todo el texto mostrando la novedad aportada por cristo, entendido desde una perspectiva sacerdotal a partir de una lectura cristológica del A.T.

Un comienzo solemne presenta la gran homilía llamada “carta a los Hebreos”; una larga oración de cuatro versículos. El punto de partida es la comunicación de Dios con la humanidad, en el pasado y en el presente obviamente contrastándolos. “De muchas formas y muchos modos en el pasado” (polymerôs kaì polytropôs) en el pasado (pálai) habló Dios a os Padres. Los mediadores de esta comunicación fueron los profetas. En los “últimos días” nos habló “en su hijo”. Ciertamente el contraste pasado –  presente se refuerza por los medios de comunicación escogidos: profetas – hijo. Y los días “esjaton” (= finales) dan sentido a esta novedad. La novedad del hijo viene dada por su ser heredero, a lo que se añade su relación (diá) con la creación (“las edades”) y por una relación tan estrecha con Dios (= Hijo, que en Hebreos es notablemente más elevado que en los primeros escritos cristianos) que no se separa de la “gloria” de Dios y no manifiesta una fracción sino la totalidad de la imagen, es “imagen perfecta”. Así “sostiene” (presente) todo lo creado en su intervención en la historia (pasado). Así se prepara la lectura del Sal 110 que será fundamental en toda la obra, comenzando por la cristología tradicional, de la primera parte del sermón (1,5-2,18) cuanto la cristología sacerdotal que se desplegará en adelante. 

La lectura añade los vv.5 y 6 cambiando el sentido del texto. En el sermón la introducción “de su primogénito en el mundo” alude a la entrada gloriosa de Cristo en el “mundo venidero, del que venimos hablando” (2,5), pero al introducirse en el texto de Navidad se alude a “este mundo” y por tanto cambiando el sentido del texto se refiere a la encarnación, y no a la Resurrección.

La importancia de la antigua alianza entendida como “revelación” y –por lo tanto- como válida, pero superada por la nueva alianza será importante en toda la obra y el motor de su lectura bíblica en toda la homilía, aquí reflejada no solamente en los tiempos verbales e históricos sino en la mención a los “padres” y a “nosotros”. En este caso la importancia de lo antiguo –visto como palabra- y por tanto mediado por los profetas, y la plenitud de la palabra del Hijo. Este movimiento del hijo  desde la preexistencia a la exaltación culmina con una menciona los ángeles, para señalar –y lo repetirá a continuación- la superioridad de Cristo sobre ellos, y la insistencia a sus destinatarios de que son continuación y plenitud del Israel antiguo de la promesa. Es en esto donde cuatro momentos son referidos: la preexistencia, la función sostenedora del universo, la salvación y la exaltación gloriosa (cf. Sab 7,25-26). La traducción de los términos griegos es difícil ya que se pueden presentar diferentes opciones: ¿es reflejo o es irradiación? (apaugasma), ¿es impresión, sello o reflejo? (jaraktêr). La ambigüedad quizás sea adrede y pueda entenderse que Cristo es irradiación o reflejo, e impronta o sello del ser divino. Haciendo eco de la palabra creadora de Génesis 1, la estrecha relación entre el Hijo y el Padre sostiene lo creado por su “palabra poderosa”. La acción expiatoria comienza –sutilmente al principio- a insinuar el tema sacerdotal y sus efectos (1,3; 9,13-14.22.28; 10,2.22; 12,24). Estar sentado a la diestra de Dios es –como se dijo- alusión al Sal 110, tan importante aquí (1,13; 8,1; 10,12).

+ Principio del Evangelio según san Juan     1, 1-18

Resumen: Un himno antiguo canta la presencia de Dios en medio de la historia. Juan lo retoma destacando que eso ocurre desde “el principio”. En nuestra historia, Dios eligió plantar una carpa para moverse con nosotros en la vida.

El conocido “Prólogo” del Evangelio de Juan constituye la lectura del día, aunque –como veremos- no es evidente que todo el texto aluda a Cristo. 

Para comenzar, llaman la atención las dos referencias en medio del himno a la figura de Juan, el Bautista (vv.6-8 y v.15) y tienen toda la apariencia de haber sido insertadas en un momento posterior (de hecho, la lectura breve del texto omite estas partes). Se ha propuesto –y parece muy probable- que el autor que introduce el himno en el Evangelio (quizás en la última etapa de la redacción) conozca un himno cristológico primitivo al cual le realiza algunos añadidos, un “Himno a la palabra de Dios”. En este sentido, el himno primitivo cantaba la palabra de Dios activa en la Creación (vv.1-5; cf. Gen 1), la palabra enviada por Dios en la historia de su pueblo, por ejemplo en los profetas (“fue dirigida por Dios la palabra al profeta X…”, cf. 1,9-13) y finalmente esa palabra se hizo carne en la historia en el envío de Jesús (vv.14.16-18). Tres momentos, entonces marcan que Dios no se ha desentendido de la humanidad en la historia, pero –como se ve- recién en el tercer momento el himno primitivo habría hecho expresa referencia a Jesús como la palabra viva que Dios dirigió. 

Ahora bien, este himno primitivo fue tomado y reelaborado por el Evangelio, y la incorporación del Bautista en diferentes momentos provoca que esa “palabra” de Dios sea vista como el mismo Jesucristo desde el primer momento. Cristo es “palabra de Dios” desde siempre, y no ya desde la Encarnación Al releerlo ya desde antes de la Creación la palabra –que ahora es Jesús- estaba “junto a Dios” y “era Dios”. El término “palabra” (lógos) es sin duda el término clave, y parece que debe entenderse en continuidad con la palabra de Dios en la historia de su pueblo, manifestada en las escrituras, y no en el sentido que le daban los griegos o los gnósticos (para estos, el “logos” tenía otro rol que es bastante diferente del que podemos encontrar en este himno). 

Hay una serie de términos que se encuentran en el relato que son claves en todo el Evangelio y sería muy extenso detenernos en ellos (por ejemplo, luz – tinieblas, vida, creer, gloria, verdad, etc.); especialmente teniendo en cuenta que la Navidad es la razón de su incorporación en la liturgia. El v.14 parece ser fundamental en este tiempo y el motivo de su incorporación:

«Y la Palabra se hizo carne, y acampó entre nosotros, y hemos contemplado su gloria, gloria que recibe del Padre como unigénito, lleno de gracia y de verdad».

La palabra “acampó” (skênóô) está relacionada con la “gloria de Dios” (doxa) en la referencia a la “tienda del Encuentro” en el desierto, donde Dios se hace presente a su pueblo (Ex 40,34.35; Lev 9,23; Núm 14,10; 16,19; 17,7;  20,6); también se dice en relación a la Sabiduría (Sir 24,8). Allí el pueblo podía encontrarse con Dios, ahora esta gloria se manifiesta en la presencia de Jesús como palabra hecha carne. Es probable que la insistencia en la carne (sarx, Mt x5, Mc x4, Lc x2; Jn x13) tenga que ver con una posición conflictiva con los espiritualistas de la comunidad que terminan negando la carne en nombre de la novedad aportada por Jesús, pero esta “desencarnada”. Lo que viene por esta palabra encarnada es la “gracia” y la “verdad” (gracia en Juan sólo se encuentra en el prólogo, vv.14.16.17) que superan la ley dada por Moisés (v.16). Esta gloria le viene dada por su condición de “unigénito” (monogenês). Pero la novedad también viene dada por el uso del “nosotros” (antes se expresó en tercera persona), los lectores y oyentes somos introducidos en este mundo nuevo por la encarnación. La carpa puesta por la palabra no nos deja fuera o como espectadores sino que actúa en nosotros y “hemos recibido” (v.16).

Re-Cordis: 1988 Año de articulación del movimiento bíblico latinoamericano “Recojan los trozos sobrantes para que nada se pierda” Jn 6:12


1988 fue un año privilegiado para el movimiento bíblico latinoamericano pues en él confluyeron cuatro hechos de articulación a nivel continental que lo fortalecieron y le dieron impulso vital e innovador, todos ellos impulsados por el recién creado “Programa Común de Biblia” el año anterior en Buenos Aires. ¿A qué se debió tal dinamismo? Si bien es cierto que se vivía un ambiente epocal propicio para unir fuerzas y diversidades en un mismo sentir con la animación de la solidaridad con Centroamérica, el retorno de la democracia en Brasil, el triunfo del NO a la dictadura de Pinochet en Chile, el desarrollo de la perestroika en la URSS, etc… también es muy cierto que al frente estuvieron como responsables dos personas de inmensa fuerza espiritual, de honda calidez en las relaciones inter-personales y una inagotable capacidad de trabajo como fueron Mercedes Brancher y Milton Schwantes por el Centro de Estudios Bíblicos CEBI del Brasil, cruciales para que todo esto sucediera con admirable creatividad.

Los cuatro hechos que menciono a continuación están íntimamente ligados a los procesos ecuménicos de renovación eclesial latinoamericanos que venían desde los años 60, especialmente la teología de la liberación y las comunidades eclesiales de base que tuvieron en la década del 80 su punto alto. Vemos como cada uno de ellos expresan la riqueza de una caminada de emancipación y resistencia de los nuevos movimientos sociales que emergían como “fuerza del arco iris” exigiendo revisión y re-elaboración de paradigmas, lenguajes, metodologías, sentidos avizorando lo que efectivamente se dio a partir de la caída del muro de Berlín (1989), la derrota electoral del Frente Sandinista en Nicaragua (1990), la irrupción del movimiento zapatista en Chiapas-México (1992), la Declaración y la Plataforma de la Cuarta Conferencia Mundial Sobre la Mujer (Beijing, 1995), constituyéndose lo que en educación popular se denominó la “refundamentación” como período histórico de cambios de gran magnitud, lo que requirió dinámicos y osados espacios y discusiones para leer esos cambios y sus implicaciones, para ir encontrando nuevas perspectivas en diálogo con diversas prácticas y sus planteamientos, para ir “bebiendo en los propios pozos” de la sistematización de experiencias, para ir elaborando los nuevos discursos, sentidos y prácticas requeridas…
Estos son esos cuatro procesos articuladores que en un solo año, 1988, consiguieron cohesionar el movimiento bíblico latinoamericano dándole el empuje y la cohesión que requería para asumir la desafiante década del 90:

  1. Boletín “El pueblo hace camino. Una lectura latinoamericana de la Biblia” del programa común de Biblia de la RED Latinoamericana de la Comisión para la Participación de las Iglesias en el Desarrollo (CPID) del Consejo Mundial de Iglesias. Este programa fue creado en la asamblea de la Red en Buenos Aires en el año de 1987, cuando diversos “centros” expresaron la necesidad de incentivar el intercambio de lectura popular de la Biblia, y escogieron al CEBI de Brasil, por su larga y significativa experiencia, para coordinarlo.

Participan del Programa Común de Biblia los siguientes “centros” latinoamericanos: Centro Ecuménico Diego de Medellín (Chile), Centro Ecuménico de Formación Pastoral y Acción Social CEPFAS (Costa rica), Centro Ecuménico de Promoción e Investigación de Teología Andina CEPITA (Bolivia), Centro Ecuménico Antonio Valdivieso CAV (Nicaragua), Consejo de Iglesias Metodistas de América Latina CIEMAL (México), Centro de Investigación y Educación Popular CINEP (Colombia), Centro de Estudios del Consejo Ecuménico de Cuba (Cuba), Teología para el Desarrollo TD (Brasil), Centro Ecuménico de Servicio a la Evangelización y Educación Popular CESEP (Brasil), Centro Ecuménico de Documentación e Información CEDI (Brasil), Centro Ecuménico de Estudios Bíblicos CEBI (Brasil). Estos centros articulan la reflexión teológica y bíblica con el análisis político, la investigación social y la educación popular. Son llamados así por constituirse como espacios de la sociedad civil, independientes en la mayoría de los casos, del Estado y de las iglesias, con el fin de fortalecer y reflexionar la
acción transformadora de los movimientos sociales y eclesiales. Son expresión “de punta” del ecumenismo latinoamericano de liberación…

Fueron publicados dos números en 1988. El primero sobre “Lectura popular de la Biblia” en el primer semestre con aportaciones de participantes del primer curso intensivo de Biblia CIB: Lectura popular de la Biblia. Carlos Mesters Los chiriguanos descubren su Antiguo Testamento. Margot Bremer Hoy, nosotros prestamos el servicio de abrir los ojos. Fernando Torres Millán Mujer, resistencia en la opresión. Marli Lutz La lectura de la Biblia genera una práctica nueva. Dario Vaona Se puede hablar de milagro hoy? María Engracia Robles

El boletín número 2 sobre “El campesino lee la Biblia” en el segundo semestre con las siguientes aportaciones: La palabra de Dios en la boca del pueblo. Agostinha Vieira de Mello La palabra en el corazón de los pobres. Javier Saravia Nabot y la situación del campesino venezolano. Nidia Fonseca Escalante Las plagas de Egipto. Cómo superar el poder del opresor. Leonídio Gaede Es lindo entregar la vida para que otros la tengan. Ana de Dios Castro Toma de posesión de la tierra liberada. Haroldo Reimer

En la presentación del primer número, Mercedes Brancher, coordinadora del Programa Común de Biblia manifiesta los siguientes objetivos del boletín: 1. Reunir las experiencias de lectura e interpretación de la Biblia y socializarlas. 2. Favorecer la expresión ecuménica latinoamericana del nuevo modo de leer la Biblia. 3. Mantener viva la memoria de las experiencias populares con la Biblia. 4. Aproximar, solidariamente, las diferentes experiencias. 5. Contribuir para una profunda caminada bíblica popular y comunitaria, a partir de los oprimidos, a nivel latinoamericano y caribeño.
Mercedes aclaraba que el boletín tiene un subtítulo, “Una lectura latinoamericana de la Biblia” que quiere caracterizar e impulsar el tipo de lectura y la perspectiva con la que se lee. Es una lectura desde la óptica latinoamericana, a partir de las mujeres y de los hombres empobrecidos. Es
el sentido y razón de ser del programa común como articulación y animación latinoamericana y del boletín como expresión que comunica, une y dinamiza.

  1. Revista de Interpretación bíblica latinoamericana RIBLA. El primer número publicado en 1988 tiene por título “Lectura popular de la Biblia en América Latina. Una hermenéutica de la liberación”.

En su presentación Milton Schwantes dice que la revista está situada en las experiencias de fe y lucha de las comunidades de América Latina y el Caribe y tiene como cuna la vida sufrida de los pueblos y su resistencia hacia una vida digna y justa. Este es el contexto que fermenta la hermenéutica bíblica. También tiene como fin ser un eslabón que interrelacione las experiencias locales, regionales y nacionales en un lenguaje común que comunique la interpretación y fortalezca el hermanamiento entre las comunidades. El primer número fue producido desde Centroamérica, dada la lucha de esta región por sostener el fuego de la revolución que desde Nicaragua ardía y se propagaba. La revista está integrada a la caminada ecuménica pues tiene su origen en la diversidad de “tribus” que pertenecen al mismo pueblo de Dios enriqueciéndolo en su complementariedad.

El primer número contó con los siguientes aportes: La lectura bíblica en las cebs. Neftalí Vélez Lectura popular de la Biblia en América Latina. Hermenéutica de la liberación. Pablo Richard Los profetas, Juan y Jesús y otros líderes populares de aquella época. Carlos Mesters Elementos bíblicos que iluminan el camino de la comunidad cristiana. Un ejercicio hermenéutico de la carta de Santiago. Elsa Tamez Oseas: una propuesta de lectura desde América Latina. Jorge Pixley Jacob el pequeño y visiones en Amós 7-9. Milton Schwantes Nicaragua en la Biblia. Javier Saravia

En el mismo año se publicó el #2 de RIBLA con el tema “Violencia, poder y opresión” coordinado por Dagoberto Ramírez y contó con los siguientes aportes: Violencia y desmesura del poder. Severino Croatto
Celebremos las justicias de YAVÉ. Libro de Josué. Sandro Gallazzi ¿Qué Dios os podrá librar de mis manos? Releyendo Daniel 13. Hans de Wit Una liturgia fúnebre para la caída del tirano. Isaías 14: 4b-23. Severino Croatto Violencia y testimonio profético. Evangelio de Marcos. Dagoberto Ramírez ¿Exige el Dios verdadero sacrificios cruentos? Jorge Pixley

Al llegar al número 50 en el 2005, Milton e Ivoni Richter Reimer hacen memoria de los comienzos de esta caminada: “La revista es fruto de encuentros. Es así como la experimentamos desde sus inicios. Ella es fruto de un deseo de intercambio. Seguimos encontrándonos desde el primer semestre de 1985. La primera vez fue en casa de Jorge Pixley, que, en aquellos años vivía en la ciudad de México; en aquella ocasión se reunía una comisión de estudios, promovida por el Consejo Mundial de Iglesias. En el contexto de este encuentro, se juntaron algunos biblistas para soñar con la elaboración de una revista latinoamericana que recogiera la variedad de nuevas lecturas y experiencias bíblicas. Allí se proyectó un encuentro de biblistas de otros países: Chile, Argentina, Bolivia, Colombia, teníamos la intuición de comenzar con una revista, simultáneamente en portugués y en español, con el fin de que creciese el intercambio entre nosotros, y buscando entender mejor las transformaciones culturales y sociales latinoamericanas y caribeñas que se formulaban en el lenguaje de la interpretación bíblica”.

  1. Bibliografía bíblica latinoamericana coordinada por Milton Schwantes con el apoyo del programa de post-graduación en ciencias de la religión de la Universidad Metodista de Sao Paulo (Brasil) y con la colaboración de mucha gente articulada en el movimiento bíblico latinoamericano, con el fin de difundir y facilitar el intercambio del material bíblico producido en América Latina incentivando la investigación y la innovación bíblica latinoamericana.

En 1988 fue publicado el primer volumen en español y en portugués. No podemos olvidar a Milton buscando materiales, datos, contactos, informaciones, novedades a donde quiera que iba y llenando su equipaje con tanta y diversa riqueza para ser registrada minuciosamente en la bibliografía, que poco a poco se fue tornando en un inmenso archivo y memoria viva de nuestra caminada.

  1. Curso Intensivo de Biblia CIB, es uno de los proyectos de formación de asesores populares de Biblia promovido y organizado por el CEBI, con la dirección de Milton Schwantes y Carlos Mesters, la secretaría de Ildo Bon
    Gass y la animación permanente de Mercedes Brancher. El primer curso se realizó en 1988 en la Facultad de Teología de la Universidad Metodista de Sao Paulo (Brasil), de enero a junio, con la participación de 37 personas procedentes de diversos países del continente y de diversas iglesias. Contó con la asesoría de Claudio Molz (hebreo y griego), Carlos Dreher (obra deutoronomista y cronista), Carlos Mesters (sabiduría), José Severino Croatto (pentateuco), Sandro Gallazi (post-exilio), Milton Schwantes (historia de Israel), Paulo Lockmann (sinópticos), Dagoberto Ramírez (apocalíptica), Tercio Siqueira (sinópticos), Agostinha Vieira de Mello (lectura popular de la Biblia), Regene Lamb (lectura feminista de la Biblia), José Comblin (Paulo), Uwe Wegner (post-exilio y nuevo testamento), Gilberto Gorgulho y Ana Flora Anderson (proyectos post-exilicos), Marcelo Barros (salmos), Francisco Rubeaux (literatura joanina).

Fue un semestre intenso en contenidos, en afectos, en alianzas y complicidades, en aperturas a nuevos horizontes, en discusiones y lecturas desafiantes, en sueños y luchas compartidas, en encuentros y desencuentros. No podré olvidar la resistencia de los hombres a la lectura feminista de la Biblia y el irrespeto hacia la joven profesora Regene Lamb. La perspectiva feminista abrió camino a pesar de la dura resistencia del machismo clerical. A partir de esta crisis ética y epistemológica, tomé la decisión de leer en cuanto regresara a Colombia el libro recomendado por Regene, “En memoria de ella” de Elizabeth Schüssler Fiorenza, recién publicado en inglés (1987) y próximamente en español (1989) y de comprometerme con más ahínco con la caminada feminista. También me
llamó la atención que siendo el año en que se celebraba los 100 años de la abolición de la esclavitud en Brasil, no hubiéramos tenido ningún contenido al respecto dentro del curso, sin embargo, la sensibilidad en el ambiente del curso fue creciendo y logramos participar en algunos de los muchos eventos conmemorativos realizados en Sao Paulo.

El curso fue una linda oportunidad para tejer complicidades. Soñamos en un curso itinerante “por los caminos de Latinoamérica” nutrido con las riquezas y las asesorías de cada lugar. Esto se logró a partir del cuarto curso realizado en México en 1991. Soñamos en la dinamización de los procesos locales y regionales. En conectar el programa común con procesos de base y su rica diversidad. En acrecentar la participación de mujeres y del laicado. En ampliar la perspectiva ecuménica y ahondar en la latinoamericanidad. En desarrollar el diálogo de saberes entre la academia y las comunidades. En sostener el vínculo de afecto y solidaridad que acoja la diversidad y pluralidad. De desafiar las lecturas con las luchas específicas que emergían en el continente. Fue un tiempo rico en sueños y utopías. Estaba naciendo el PT y se preparaba el primera candidatura presidencial de Lula da Silva, así mismo, la CUT y el MST iniciaban un largo camino de luchas y articulaciones. Las CEBs y la Teología de la Liberación estaban en auge. Se esperaban días mejores y se defendía con indignación pero con admiración y hondo entusiasmo la revolución de “Nicaragua, Nicaragüita”… y para ello sí que fueron útiles las cartas desde el Mato Grosso del obispo de Sao Félix, don Pedro Casaldáliga!!!

Quienes tuvimos la gracia y el privilegio de vivir de cerca estos cuatro momentos de luz no podemos más que sentir una enorme gratitud por lo que se vivió con ardor e intensidad. Soñar con otras y otros es muy bueno y construir colectivamente esos sueños, pues más gratificante. Es lo que hemos vivido estos 30 años de caminada bíblica poniendo en común la energía, el trabajo, la creatividad, las iniciativas que fueron surgiendo de a poco. Hoy vivimos otros tiempos, nuevos desafíos y nuevas generaciones con sus búsquedas, anhelos y preguntas, solicitándonos caminar juntas y juntos con lo aprendido, lo errado y lo construido. Sigue siendo hoy, urgente tarea articuladora el pedido de Jesús a la comunidad discipular… “recojan los sobrantes” ….que sepamos responder creativamente, abrigando nuevos amaneceres…”para que nada se pierda”!!!

Fernando Torres Millán Kairós Educativo – KairEd Bogotá-COLOMBIA

17-12-2018

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