Una de las principales causas del machismo en el mundo son las religiones.


Opinión 20 de abril de 2019Por Rodolfo LeivaMachismo ancestral y religión van unidos, juntos hasta el morir, son absolutamente inseparables, forman las dos caras de una misma moneda, y la inmensa mayoría de prácticas y fenómenos aberrantes que sufren las mujeres en el mundo, no podrían explicarse sin un trasfondo religioso.

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Esposas, sométanse a sus esposos como al Señor. Porque el esposo es cabeza de su esposa’ (Efesios 5:22-23)”.

En el sagrado nombre de las religiones se sigue defendiendo la discriminación de la mujer, su recorte de derechos, su dependencia en todos los sentidos del hombre, y la perseverancia de una serie de prácticas ancestrales, tales como los arreglos matrimoniales llevados a cabo en el seno de las familias, la ablación del clítoris, o el castigo por lapidación para las mujeres adúlteras, entre otras muchas.

Machismo ancestral y religión van unidos, juntos hasta el morir, son absolutamente inseparables, forman las dos caras de una misma moneda, y la inmensa mayoría de prácticas y fenómenos aberrantes que sufren las mujeres en el mundo, no podrían explicarse sin un trasfondo religioso.

Las religiones, como aliadas del pensamiento dominante (tenga éste el disfraz o el aspecto que tenga), siempre han sido cómplices de todas las perversas prácticas que éste ha desplegado, y a su vez, el pensamiento dominante siempre ha disfrutado de las diferentes iglesias como fieles aliadas en la difusión de dicho pensamiento. Y de esta forma, y para el caso que nos ocupa, desde la antigüedad religiosa, el papel de las mujeres ha sido defenestrado, infravalorado e insultado.

Confucio, el gran pensador chino, que estableció gran parte de los moldes de las sociedades de su época, dejó dicho que “La mujer es lo más corruptor y lo más corruptible que hay en el mundo”, y el fundador del budismo, Siddhartha Gautama, aproximadamente en la misma época, expresó que “La mujer es mala.”

Y es que la cosmovisión religiosa que lo inunda todo, sobre todo en algunas culturas orientales, es la causa que justifica social y políticamente las diferencias de género, la presencia de poderes masculinos, la ausencia de lideresas religiosas (mujeres), etc.

Las religiones siempre han sido y continúan siendo el último faro que justifica todo este conjunto de diferencias ético-jurídico-culturales, que proporcionan todo el marco ideológico donde se bendicen estas prácticas y se socializan todas las diferencias.

En las “Sagradas Escrituras”, tanto en el Viejo como en el Nuevo Testamento, también atacan directamente el papel de las mujeres. 
Fue Eva, la primera mujer de la creación, la responsable de instigar a Adán para que cometiera el pecado original, a través de la figura de una serpiente (femenina), y en los textos sagrados se encuentran frase como que “El nacimiento de una hija es una pérdida” o “El hombre que agrada a Dios debe escapar de la mujer, pero el pecador en ella habrá de enredarse. Mientras yo, tranquilo, buscaba sin encontrar, encontré a un hombre justo entre mil, más no encontré a una sola mujer justa entre todas”.

Ya el Génesis sentencia a las mujeres en los siguientes términos: “Parirás a tus hijos con dolor. Tu deseo será el de tu marido y él tendrá autoridad sobre ti”, o en versículos de Timoteo se refleja que “La mujer debe aprender a estar en calma y en plena sumisión. Yo no permito a una mujer enseñar o tener autoridad sobre un hombre; debe estar en silencio”.

Aún hoy día, entre la población africana, es común que en nombre de absurdos preceptos religiosos, más de 100 millones de mujeres y niñas son víctimas de la mutilación genital femenina, practicada como una “tradición” por parteras o ancianas experimentadas, al compás de oraciones y cánticos, a partir del concepto, tradicionalmente machista, de que la mujer no debe gozar sexualmente, privilegio que sólo le está consagrado al hombre en sus culturas.

Y por su parte, los musulmanes en su libro sagrado (El Corán) tienen establecido “de serie” el patriarcado, expresado por ejemplo en el verso 38 del capítulo “Las mujeres”, que textualmente dice: “Los hombres son superiores a las mujeres, a causa de las cualidades por medio de las cuales Alá ha elevado a éstos por encima de aquéllas, y porque los hombres emplean sus bienes en dotar a las mujeres. Las mujeres virtuosas son obedientes y sumisas: conservan cuidadosamente, durante la ausencia de sus maridos, lo que Alá ha ordenado que se conserve intacto. Reprenderéis a aquéllas cuya desobediencia temáis; las relegaréis en lechos aparte, las azotaréis; pero, tan pronto como ellas os obedezcan, no les busquéis camorra”

Uno de los más eminentes filósofos de la teología cristiana, como San Agustín, dejó dicho hace más de mil quinientos años: “Vosotras, las mujeres, sois la puerta del Diablo: sois las transgresoras del árbol prohibido: sois las primeras transgresoras de la ley divina: vosotras sois las que persuadisteis al hombre de que el diablo no era lo bastante valiente para atacarle. Vosotras destruisteis fácilmente la imagen que de Dios tenía el hombre. Incluso, por causa de vuestra deserción, habría de morir el hijo de Dios”.

La figura de la Santa Inquisición, durante toda la Edad Media, condenó a “las brujas” (en femenino) por todas las supuestas aberraciones que practicaban, y gracias a todo este pensamiento, fueron quemadas en la hoguera miles de mujeres, por su supuesta brujería. La idea religiosa seguía siendo la base moral para estas prácticas, instauras por la “Reina Católica”, aquélla que se propuso que en todos sus reinos se impusiera la “fe verdadera”. Y así, la idea de “pecado decadente” ligado a las mujeres, no sólo en el catolicismo, sigue estando presente en diversas cosmovisiones religiosas, todas de carácter heteropatriarcal.

Como vemos, mayoritariamente las religiones promulgan ideologías que presentan a la mujer como un peligroso objeto para el hombre, y una causa para su perversión. Insta al hombre a cuidarse de los perjuicios que la mujer le pueda traer, y a relegar para ella un papel secundario. La mujer es concebida como incitación al pecado, a la decadencia. Su sola presencia ya es sinónimo de malignidad.

Con todos estos antecedentes, no es de extrañar que el fenómeno machista, de hondas raíces de toda índole, continúe presente en nuestras sociedades. Tantos siglos de influencia de un pensamiento abyecto hacia la mujer no pueden ser borrados con una Ley, ni con mil leyes. Necesitaremos grandes dosis de educación, desde la base, y de erradicación del pensamiento dominante (sobre todo de carácter religioso) para poder eliminar esta lacra.

Si se quiere eliminar el machismo en el mundo, resulta de todo punto un imperativo ético de nuestras sociedades plantear la ruptura con todos estos valores patriarcales y misóginos que la religiones amparan.

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El feminismo, teoría crítica de la sociedad patriarcal: JUAN JOSE TAMAYO.


07 de Junio de 2019

Toda ciencia y toda disciplina operan con categorías propias conforme al objeto de estudio. También la teoría de género. Pero, ¡cuidado con las definiciones de los diccionarios! En el caso de las categorías de esta teoría, los diccionaristas ejercen a veces un trato semántico inadecuado, quizá por desconocimiento de los estudios feministas.

Durante el curso 2018-2019 he impartido la asignatura “Principales categorías de la teoría de género” dentro del Postgrado de Gestión en Políticas de Igualdad, del Instituto Universitario de Estudios Género, de la Universidad Carlos III de Madrid, del que soy investigador. En este artículo ofrezco una reflexión sobre la primera de dichas categorías: el feminismo.

1. El feminismo es una teoría crítica de la sociedad que analiza y cuestiona la  estructura patriarcal del orden social, cultural, económico, simbólico, religioso, posibilita una nueva interpretación de la realidad y ofrece nuevas categorías de análisis.

2.  Es un movimiento social y político reivindicativo que ha permitido a las mujeres constituirse como sujeto colectivo con una historia común de opresión y exclusión y de lucha contra su discriminación y por la igualdad y la paridad en todos los ámbitos: legal, laboral, doméstico, político, económico.

3. Es una de las principales revoluciones de los últimos siglos que intenta recuperar la subjetividad de las mujeres negada en el Renacimiento, en la Ilustración, en la Revolución Francesa y en general en todas las revoluciones. Reconoce a las mujeres como sujetos políticos, morales con identidad propia, no en relación con los varones. Es una revolución incruenta, que está provocando una reacción violenta del patriarcado.

4. El feminismo es un estilo de vida coherente con la teoría, que se caracteriza por que cada mujer a nivel personal tenga tiene su proyecto, diseñe su propio futuro, viva con autonomía, sin depender caracterizado por un proyecto de vida propio, viva con autonomía, sin someterse a las dependencias que en todos los niveles le impone el patriarcado. 

En el epílogo de su Declaración de los Derechos de la Mujer y de la Ciudadana, de 1791, que escribió como respuesta a la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano, de carácter patriarcal, la política francesa Olympia de Gouges escribió:

“¡Mujer, despierta!; el arrebato de la razón se hace oír en todo el universo; reconoce tus derechos. El potente imperio de la naturaleza ha dejado de estar rodeado de prejuicios, fanatismo, superstición y mentiras. La antorcha de la verdad ha disipado todas las nubes de la necedad y la usurpación. El hombre esclavo ha redoblado sus fuerzas y ha necesitado apelar a las tuyas para romper sus cadenas. Pero una vez en libertad, ha sido injusto con su compañera. ¡Oh, mujeres!, ¡mujeres!, ¿cuándo dejaréis de estar ciegas?, ¿qué ventajas habéis obtenido de la revolución?: un desprecio más marcado, un desdén más visible. […] Cualesquiera sean los obstáculos que os opongan, podéis superarlos; os basta con desearlo”.

El 3 de noviembre de 1793, durante el gobierno de Robespierre y Murat, fue guillotinada, sin lograr que se cumpliera el artículo décimo de su declaración: “Si la mujer tiene el derecho de subir al cadalso, debe tener también igualmente el de subir a la Tribuna”. Subió al cadalso, pero, aun siendo una prestigiosa política, no logró subir a la Tribuna DE LA Asamblea Nacional Francesa  

5. El feminismo es una instancia crítica sobre nuestro legado de pensamiento, que critica el interés patriarcal de los discursos y desvela la contradicción en que incurren. Es una “filosofía de la sospecha” (Amelia Valcárcel) del discurso ilustrado de la universalidad de la razón y de los derechos humanos y de la igualdad de todos los seres humanos, que excluye a las mujeres y, por ello, desmiente su universalidad. De-construye los discursos de la tradición filosófica que perpetúan la desigualdad, denuncia el lado oscuro de quienes reclaman igualdad y libertad, pero no se las reconocen a las mujeres. Como ejemplo de tal contradicción Luisa Posada se refiere a Rousseau y a Kant1:

– El filósofo político Rousseau incurre en una crasa contradicción: en El Contrato social hace una defensa radical de la igualdad y en Emilio o de la educación presenta a la compañera del ciudadano como prototipo de la mujer recluida en el hogar y desigual por naturaleza. El Contrato social solo reconoce derechos políticos a los varones y los niega a las mujeres. El pacto social no tenía vigencia en el hogar, donde la mujer debía estar sometida al marido. Léase para comprobarlo el capítulo V del libro de Rousseau), cuya protagonista es Sofía, la compañera de Emilio, que en las relaciones morales debe ser pasiva y débil y cuya función es “agradar al hombre”:

“En la unión de los sexos, cada uno concurre de igual forma al objetivo común, pero no de igual manera. De esa diversidad nace la primera diferencia asignable entre las relaciones morales de uno y otro. Uno debe ser activo y fuerte, el otro pasivo y débil; es totalmente necesario que uno pueda y quiera, basta que el otro resista poco.  Establecido este principio, de él se sigue que la mujer está hecha para especialmente para agradar al hombre. Si el hombre debe agradarle a su vez, es una necesidad menos directa, su mérito está en su potencia, agrada por el mero hecho de der fuerte. Convengo en que no es esta la ley del amor, pero es la de la naturaleza, anterior al amor mismo”2

– Kant, prototipo de filósofo ilustrado, por una parte, reclama la autonomía y la auto-legislación de la razón humana y el lema ilustrado “¡Atrévete a pensar!”, y, por otra, afirma que: “una mujer letrada (…) tendría además que tener barba”.

Juan José Tamayo estudia el feminismo y su aplicación a la teología en varias obras, entre las que destacan: Otra teología es posibleInterculturalidad, pluralismo religioso y feminismo, Herder, Barcelona,  2012, 2ª ed.; Islam. Sociedad, política y feminismo, Dykinson, Madrid, 2018, 2ª ed.; Religión, género y violencia, Dykinson, Madrid, 2019, 2ª  edición, 2ª reimpresión. 

Notas: 

1 Cf. Luisa Posada Kubissa, Filosofía, crítica y (re)flexiones feministas, Editorial Fundamentos, Madrid, 2015.

2 Juan Jacobo Rousseau, Emilio o de la educación, Alianza Editorial, Madrid, 2011, segunda reimpresión, 565.

Imagen: https://www.publico.es/sociedad/feminismo-diccionario-feminista-miembros-atonitos-patriarcado-hombres-mujeres.html 

http://www.amerindiaenlared.org

MACHISMOS Y VIOLENCIA: MARITZA BABIANO


Mucus pone el acento “en el machismo y su huevolución”.

Para el machismo o neomachismo todas las violencias son iguales, pero no lo son. Existen tipos diferentes de violencia, según para qué se utilice y por qué.

Así por ejemplo podremos ver:

  • Una violencia para imponerse, dominar, controlar…, anulando a la persona.
  • Una violencia generalizada, personas que suelen ser agresivas con todo el mundo (normalmente asociados a trastornos de personalidad)
  • Otra circunstancial (que se da porque hay un conflicto o conflictos no resueltos) de ataque y defensa y viceversa.

Es importante distinguirlas y por tanto evaluarlas adecuadamente, para poder hacer una intervención precisa. Lo cual exige conocimiento, atención, trabajo, cuidado… y a pesar de todo es posible equivocarse ¡somos humanos y humanas!

Sin embargo las meteduras de pata están aseguradas cuando no se tienen conocimientos y encima se cree que sí, entonces se transita entre la inconsciencia y el ir sobrados o sobradas, o también entre el narcisismo agresivo y la sencilla calma que aporta el conocimiento cierto. Las consecuencias dependiendo de qué profesión se ejerza, pueden ser nefastas para las víctimas.

En cuanto a la violencia ejercida por un maltratador consistirá en agredir a la pareja para dominarla y controlarla anulando su autoestima, y puede que su problema consista en ser un maltratador y no tener más problemas como la bebida, o como un trastorno de personalidad, si se diese este caso entonces tendría los tres: el maltrato, la bebida y el trastorno de personalidad. Lo que a la hora de la intervención se tiene que tener en cuenta.

Como existen unos roles y estereotipos de género aprendidos en la cultura machista, sucede que:

  • Las mujeres no van en manadas con la intención de violar a un hombre para divertirse traumatizándolo.
  • Las mujeres no apuñalan a sus ex parejas un día sí y otro también… como se ve habitualmente a través de los medios de comunicación, que sí lo hacen los hombres, y muchos de ellos reincidentes y “expertos” en ese maltrato, con otras ex parejas. 
  • Los hombres “normalmente” no trabajan de prostitutos, por considerarlo un trabajo como otro cualquiera, en tal caso ejercen de puteros habitualmente.
  • Muchos jueces lejos de comprender a las mujeres violadas, comprenden a los hombres, y que un desliz lo tiene cualquiera, además con la visión machista entienden que las mujeres pueden disfrutar… y que como iban provocando…

También hay mujeres violentas y agresivas, asesinas… pero esa agresividad suele ser generalizada, pues en estos casos lo más habitual es que padezcan un trastorno de personalidad, otras psicopatías, un brote psicótico… y como con todo comportamiento, hay que analizarlo en toda su amplitud, para distinguirlo de manera concreta e intervenir convenientemente.

Asimismo podemos encontrarnos con hombres y mujeres con la suficiente inteligencia afectiva, como para ejercer respeto por las personas independientemente de su sexo, orientación sexual, religión… para lo cual es imprescindible relacionarse desde la reciprocidad y no desde el poder-“autoridad”; siendo la consideración de la otra persona como un igual que tiene los mismos derechos humanos, una condición indispensable en las relaciones de empatía. Ya que en una relación basada en la “autoridad”-sumisión no hay respeto, hay imposición y una exigencia de obediencia.

Mientras en la sociedad competitiva la agresividad está bien considerada y además es premiada, y la distracción y la impulsividad a la orden del día… una consecuencia lógica puede ser que fiarse, lo que se dice fiarse podemos dejarlo para anteayer… 

Mucus, recuerda que: La superioridad intelectual del machismo consiste en: mandar un huevo, apoyarse en otro y hacer todo por cojones.

La inteligencia mocarra esputa:

Antes de opinar, aprender 

antes de mirar respetar 

antes de hablar, pensar 

y antes de hacer, querer.

HTTPS//periodistas-es.com/machismo-y-violencias-128999

EN CHINA POLINIZAN A MANOS LOS ARBOLES FRUTALES A FALTA DE LAS ABEJAS…


En China los agricultores polinizan a mano los frutales por la falta de …
https://lavozdeldespertar.com/?p=6625

hace 5 días – Por el abuso de pesticidas, los agricultores en China tienen que ‘hacer el trabajo de las abejas’. Para polinizar deben usar tarros de polen, …

LOS HOMBRES SOMOS INFERIORES, POR ESO NOS INVENTAMOS EL PATRIARCADO Y EL MACHISMO: MARIO MENDOZA.



https://www.facebook.com/…/videos/los-hombres-somos-inferiorescanalcapital/22850…

Los hombres somos inferiores… #CanalCapital. … 193 Comments1.8K Shares. Share. Related Videos. Metallica Argentina for all. En el año 1992 sucedió esto .

‘Creedme’ y los orígenes de la justicia patriarcal


MAYO 26, 2019

‘Creedme’ es un reportaje sobre la investigación de varios casos de violación en Estados Unidos que pone en evidencia los mecanismos que genera el descrédito con el que se suele tratar a las víctimas. Sus autores, T. Christian Miller y Ken Armstrong, ganaron el premio Pulitzer en la categoría de Reportaje Explicativo en 2016. La editorial Libros del K.O. lo acaba de publicar (traducido por Miguel Ros González y con prólogo de Patricia Simón) y nos ofrece este adelanto editorial en clave histórica.

Portada de la edición ‘Creedme’ en Libros del K.O. que salió a la venta el pasado 20 de mayo.
Sinopsis:
Marie es una adolescente que se ha criado en casas de acogida. Nada más alcanzar la independencia, denuncia haber sufrido una violación. Pero nadie la cree. Dos años más tarde, unas investigadoras trabajan para resolver unos casos de violación ocurridos a miles de kilómetros, pero que siguen el mismo patrón que la de Marie. Los autores de Creedme reconstruyen la persecución del culpable, al mismo tiempo que desenmascaran los mecanismos detrás de la escasa credibilidad que históricamente se ha concedido a las mujeres que sufren una violación.
Por la sensibilidad con la que cuentan historias reales (cómo afecta el trauma a las víctimas, cómo viven su desamparo…) y por la claridad con la que exponen otros episodios históricos (hasta dónde se remontan los sesgos policiales y judiciales en estas investigaciones), T. Christian Miller y Ken Armstrong ganaron el premio Pulitzer en la categoría de Reportaje Explicativo en 2016.
Netflix se encuentra preparando una miniserie de ocho capítulos titulada Unbelievable, cuyo estreno está previsto para septiembre, y en la que participan como guionistas Susannah Grant, Michael Chabon y Ayelet Waldman, y como actrices Toni Collette (El sexto sentido y Little Miss Sunshine) y Merritt Wever (Nurse Jackie y Godless).
Adelanto editorial:
Cuando se trata de denuncias de violación, el sistema penal abraza desde hace mucho tiempo, como escribió Susan Brownmiller, la «muy querida premisa masculina de que las mujeres son proclives a mentir»1. En los tribunales a lo largo y ancho de Estados Unidos, la posición histórica por defecto ha sido la duda.
El jurista con más influencia en la forma en que el sistema legal estadounidense responde a las acusaciones de violación vivió hace cuatro siglos. Sir Matthew Hale, contemporáneo de Oliver Cromwell y Carlos II, se convirtió en el Lord Presidente de los Tribunales de Inglaterra en 1671. Era, «con mucho, el juez más famoso y respetado de su época», según se cuenta2. En los círculos legales se veneraba su nombre, y un biógrafo escribió en 1835: «Sus virtudes, en suma, eran tan resplandecientes que, hasta la fecha, si hay que nombrar un ejemplo singular de virtud e integridad, en especial en el ámbito del derecho, la mente se dirige al instante a lord Hale como la brújula al Polo»3. Podemos encontrar un lenguaje igual de obsequioso en numerosos textos posteriores.
Hale, famoso por su piedad, integridad y sobriedad judicativas, escribió un enorme tratado de dos volúmenes sobre derecho penal: La historia de las súplicas de la Corona. Definía la violación como «uno de los crímenes más detestables», y luego añadía unas palabras citadas en un sinfín de ocasiones desde entonces: «Hemos de recordar que se trata de una acusación fácil de hacer y difícil de demostrar, y aún más difícil de defender desde la parte acusada por muy inocente que sea»4.
Hale evocaba el temor a la acusación falsa —cuyas raíces llegan incluso hasta la Biblia, donde la mujer de Potifar, rechazada por José, lo acusa de violación— y creaba un marco legal para enfrentarse a ese temor. Describía dos casos de hombres a los que consideraba injustamente acusados, uno de ellos por una chica de catorce años que pretendía chantajearlo. Hale escribió que los miembros del jurado debían plantearse lo siguiente: ¿la mujer que denuncia la violación tiene «buena o mala fama»? ¿Gritó pidiendo auxilio? ¿Intentó huir? ¿Denunció los hechos de inmediato? ¿Hay otras personas que respalden su testimonio? Los jueces y los jurados han de permanecer vigilantes, continúa Hale, no sea que la atrocidad del crimen los enardezca «con tanta indignación que se precipiten en condenar al acusado tras oír el firme testimonio de testigos en ocasiones malintencionados o perjuros»5.
El juez inglés tenía consejos para dar y regalar, que a veces incluso trascendían la ley. De hecho, escribió una carta de 182 páginas a sus nietos, ofreciendo consejo a todos y cada uno de ellos. A Mary: «Si no consigue gobernar la grandeza de su espíritu, será orgullosa, arrogante y vengativa…»6. A Frances: «Si logra cultivar el temor reverencial, en particular frente a la mentira y al engaño, será una buena mujer y ama de casa»7. En cuanto a Ann, percibía su «naturaleza débil», y por ende le prohibía obras de teatro, baladas y libros melancólicos, «pues dejarán una huella indeleble en su mente»8.
En su carta, Hale se estremece al observar el mundo que lo rodea: «Todo el pueblo de este reino está corrompido por el libertinaje, la embriaguez, la glotonería, las prostitutas, el juego, la abundancia y la prodigalidad más necia y beoda que uno pueda imaginarse…»9. En particular, desprecia aquello en lo que se han convertido las jovencitas: «aprenden a ser descaradas» y a «hablar en voz alta». Dedican «su tiempo a pintarse o empolvarse la cara, a rizar sus rizos y a buscar las prendas más nuevas y costosas. Cuando se levantan antes de las diez, se pasan la mañana entre el peine, el espejo y el estuche del maquillaje; y, como no saben cuidarse solas, necesitan que les hagan la comida…»10. Sus quejas continúan, y la frase llega a las 160 palabras. Hale se casó dos veces. Corría el rumor de que su primera mujer le había sido infiel, y lo apodaban el «cornudo mayor»11. Se refiere a las damas inglesas como «la ruina de las familias»12.
«Hay […] pruebas de que sir Matthew Hale podría estar un poco atrasado a su época en lo que atañe a su opinión sobre las mujeres», escriben Gilbert Geis e Ivan Bunn en su libro A Trial of Witches13. La obra describe un acontecimiento que empañó el legado de Hale, «aunque fuese mínimamente». En 1662, en Bury St. Edmunds, Hale presidió el juicio de dos ancianas acusadas de brujería. Advirtió al jurado que las brujas existían, asegurando que así lo afirmaban las Escrituras. Cuando el jurado pronunció el veredicto de culpabilidad, Hale condenó a Amy Denny y a Rose Cullender a la horca. (Cuatro años antes ya había condenado a otra bruja hallada culpable). Treinta años después, la forma en que Hale llevó el juicio, que había quedado registrada por escrito, sirvió de modelo en Massachussetts. «De hecho, es probable que los juicios de Salem no hubiesen tenido lugar de no haberse producido el juicio en Bury St. Edmunds: los acontecimientos de Salem imitaron, tristemente, a los de Bury», concluyen Geis y Bunn14.
La influencia de Hale en los juicios por brujería desapareció a medida que fue menguando la creencia en las brujas. Sin embargo, su influencia en los casos de violación perduró. Incluso trescientos años después de su muerte, allá por 1676, a muchos jurados de Estados Unidos se les seguían recordando sus palabras. Los tribunales lo llamaban «advertencia de Hale», e instruía a los miembros del jurado en los juicios por violación para que se mostrasen cautelosos ante las acusaciones falsas, difíciles de defender y fáciles de hacer.
El 16 de diciembre de 1786, Thomas Jefferson le escribió una carta a James Madison desde París. Se quejaba de su muñeca derecha dislocada —«la hinchazón no baja»—, que solo le permitía escribir con «gran dolor»15. Le decía que pronto pondría rumbo al sur de Francia, con la esperanza de que las aguas termales le curasen, y le hablaba de comercio —pescado, harina, aguarrás y tabaco— entre Estados Unidos y Francia. Luego, casi de pasada, le decía que no era partidario de los castigos severos por violación, «habida cuenta de la tentación que tendrían las mujeres de convertirlos en un instrumento de venganza contra un amante veleidoso o después de un desengaño ante una rival»16.
El autor de la Declaración de Independencia le estaba escribiendo al hombre que años más tarde redactaría la Carta de Derechos, advirtiéndole sobre las mujeres despechadas que denunciaban violaciones.
Siete años después, un juicio penal en la ciudad de Nueva York fue el fiel reflejo de cómo el sistema legal estadounidense original usaba los criterios de lord Hale para socavar la credibilidad de las mujeres. Henry Bedlow se enfrentó a un juicio en 1793, acusado de violar a Lanah Sawyer. Bedlow era un aristócrata, descrito en los anales como «libertino» y «vividor». Sawyer era una costurera de diecisiete años, hija de un marinero. Los dos se conocieron cuando unos hombres acosaron a Sawyer, que estaba dando un paseo una tarde de verano, y Bedlow intervino. Él le dio un nombre falso a la chica, diciéndole que era un abogado apellidado Smith. Ella accedió a dar un paseo por la noche con él, unos días después. Según contó, esa noche Bedlow la obligó a entrar en un burdel y la violó. Él decía que la había seducido.
En el juicio, cinco abogados defensores hablaron en nombre de Bedlow. Uno advirtió a los doce hombres del jurado de que ese caso ponía «la vida de un ciudadano en manos de una mujer, que dispondría de ella casi a su entera voluntad y placer». Otro afirmó: «Cualquier mujer que no sea una prostituta perdida parecerá mostrarse reacia a lo que, en su fuero interno, anhela». Un tercero se preguntaba cómo una «costurera» podía aspirar a que un abogado le prestase la más mínima atención, «a no ser que fuese ante la perspectiva de promover un comercio ilícito». Había paseado con él en plena noche. «¿Cuántas posibilidades hay de que una chica que abandona las defensas de su castidad y deja desprotegidos todos los accesos se demore en rendir la ciudadela?».
El abogado defensor que más habló fue Henry Brockholst Livingston, que luego sería nombrado juez del Tribunal Supremo de Estados Unidos. (Nombramiento auspiciado por Thomas Jefferson). Al dirigirse al jurado, Livingston citó a Hale («una acusación fácil de hacer») y sometió a Lanah Sawyer a las preguntas prescritas por el juez inglés. ¿Tenía buena fama? Aunque «una nube de testigos» afirmó que sí, Livingston le dijo al jurado que «podía ser que dominase el arte de mostrar un exterior puro a pesar de estar podrida por dentro». Sawyer también aseguraba que gritó. ¿Pataleó, además? ¿Y por qué, si había accedido a parar para tomarse un helado, decidió alargar la noche? «En lugar de tomarse una tarrina y volver a casa, como haría cualquier chica celosa de su reputación, se queda con él toda una hora y media». Livingston argüía que Sawyer se había inventado la historia de la violación al descubrir que Bedlow no tenía mayor interés por ella. «Todos sabemos lo intensas que son las ansias de venganza que anidan en el seno de las mujeres; la ira de una mujer despechada no conoce límites».
El juicio duró quince horas; el jurado tardó quince minutos en deliberar. Veredicto: «No culpable».
John Henry Wigmore fue el mayor experto del siglo xx en el campo de las pruebas legales. Este académico bigotudo, que dominaba doce idiomas, contribuyó a fundar la revista Harvard Law Review y fue decano de la Facultad de Derecho de la Universidad del Noroeste durante veintiocho años17. Los profesores y estudiantes de Derecho llaman a su obra maestra Wigmore on Evidence, que es más sencillo que decir A Treatise on the Anglo-American System of Evidence in Trials at Common Law: Including the Statutes and Judicial Decisions of All Jurisdictions of the United States and Canada. Un profesor de la Universidad de Chicago definió la obra de Wigmore como, «probablemente, el mejor tratado legal moderno», asegurando que su análisis constituye «la estructura misma del código probatorio actual»18.
Wigmore también investigaba sobre psiquiatría y psicología, y se convirtió en «el mejor amigo que tuvo la psicología en el mundo del derecho»19. En los casos donde una mujer denunciaba una violación, recomendaba fundir el derecho con la psiquiatría. En la tercera edición de su tratado, que se convertiría en la versión final y acreditada, publicada en 1940, Wigmore desarrolló con mayor profundidad una idea sobre las mujeres y la credibilidad que había expresado a lo largo de la década de 1930. Partía de una noción acuñada por Henry Brockholst Livingston siglo y medio antes —un exterior puro, podrido por dentro— y le daba un toque de Sigmund Freud.
Los psiquiatras modernos han estudiado en profundidad el comportamiento de las jóvenes y las mujeres descarriadas que se presentan ante los tribunales en todo tipo de casos. Sus complejos psíquicos son múltiples y variopintos, y están distorsionados por defectos inherentes, por desviaciones enfermizas o instintos anormales, por un entorno social perjudicial y por trastornos fisiológicos o emocionales transitorios. Una de las formas que adoptan dichos complejos es la de inventar una acusación de violación contra un hombre. Su mentalidad impura (por qué no llamarla por su nombre) encuentra su expresión fortuita pero directa en la narración de incidentes sexuales imaginarios, donde la narradora es la heroína o la víctima. En la superficie, la descripción es franca y convincente. Sin embargo, la auténtica víctima de estos casos es, con demasiada frecuencia, el hombre inocente…20
En resumidas cuentas: la mujer se lo imaginó.
«Sin lugar a dudas», recalcaba Wigmore, todos los jueces y fiscales habían visto casos por el estilo. Así las cosas, continuaba: «Ningún juez debería permitir jamás que una acusación de agresión sexual llegase ante el jurado a menos que el historial social y la integridad mental de la denunciante hubiesen sido examinados y garantizados por un médico cualificado»21.
Wigmore murió en 1943. Cuarenta años después, Leigh Bienen —a la sazón abogada de oficio, luego miembro del claustro de la Universidad del Noroeste de Wigmore— analizó las fuentes científicas en las que Wigmore fundamentaba su argumento y le resultaron deficientes. Sin embargo, a pesar de la dudosa investigación de Wigmore y de su «postura represiva y misógina»22, sus opiniones siguieron siendo muy influyentes entre abogados y jueces. «De hecho, la única fuente sobre la preocupación del sistema legal ante las denuncias falsas en los casos de delitos sexuales es la doctrina Wigmore», escribió Bienen23.
Para las mujeres que denunciaban violaciones, la premisa fundamental de esa doctrina («se lo imaginó») no era más que una variación del «en el fondo quería», una suposición que llevaba mucho tiempo oyéndose en los juzgados y leyéndose en la bibliografía legal. «Aunque la mujer nunca dijo que “sí”, aunque repitió constantemente que “no” y mostró una decente resistencia hasta el final, aún podría darse el caso de que consintiese parcialmente la violación», escribió en 1842 Greene Carrier Bronson, juez del Tribunal Supremo de Nueva York24. En 1952, un artículo del Yale Law Journal aseguraba que «muchas mujeres» demandaban una «actitud agresiva por parte del hombre. A menudo, su placer erótico puede verse incrementado, o incluso depender, de que lo acompañen de cierto grado de violencia física»25.
En las décadas de 1970 y 1980, el potente impulso del movimiento feminista contribuyó a que se reformasen las leyes en materia de violación a lo largo y ancho de Estados Unidos. Mientras Marty Goddard y Susan Irion colaboraban para implementar los kits de violación y la formación sobre el trauma, el poder legislativo promulgaba leyes «escudo»—para proteger a las denunciantes, restringiendo las pruebas sobre su historial sexual— y los tribunales dejaban de dar instrucciones al jurado usando el lenguaje de sir Matthew Hale.
Como algunos expertos en derecho han apuntado, el repudio de Hale llegó con unos tres siglos de retraso. Sus palabras no pueden considerarse ciertas hoy día: considerando que la mayoría de las violaciones no se denuncia, no puede decirse que la acusación sea «fácil de hacer». Pero tampoco lo era por aquel entonces: aquella época ofrece un sinfín de ejemplos de mujeres a las que hicieron sufrir por dar la cara y denunciar. En 1670, dos criadas de Virginia con contrato forzado acusaron a su amo de violación; en consecuencia, las castigaron con más años de servidumbre obligatoria26. A principios del siglo xviii, en dos juicios entre los que pasaron siete años, dos mujeres de Maine denunciaron haber sido violadas. Una recibió una advertencia por grosería pública y la otra quince latigazos por indecencia27.
Y aunque Hale se haya desvanecido, su legado aún perdura, al acecho. En 2007 —un año antes de que Marie denunciase su violación—, un legislador del estado de Maryland, abogado penal que presidía la Comisión de Justicia de la Cámara, recordó la advertencia de Hale en una sesión para decidir si se denegaba la patria potestad a los violadores cuyas víctimas quedaban embarazadas. El legislador en cuestión, Joseph Vallario Jr., dijo citar a Hale a modo de clase de historia. Sin embargo, sus palabras fueron motivo de «indignación», según un titular del Washington Post. Un grupo de defensores de las víctimas criticó a Vallario por citar «una doctrina arcaica y misógina»28. La ley no prosperó. Diez años después, cuando la representante estatal Kathleen Dumais intentó por novena vez que se aprobase la medida, un comité formado exclusivamente por hombres de las dos cámaras dejó que la ley muriese por inanición, con lo que Maryland es uno de los dieciséis estados que no permite a una víctima de violación quitarle la patria potestad a su agresor29.
Ken ArmstrongLibros del K.O.PulitzerT. Christian MillerFuente: Pikara
Notas al pie:
1 Brownmiller, Susan: Contra nuestra voluntad, editorial Planeta, 1975, traducción de Susana Constante.2 Geis, Gilbert y Bunn, Ivan: A Trial of Witches: A Seventeenth-Century Witchcraft Prosecution, editorial Routledge, 1997.3 Williams, John Bickerton: Memoirs of the Life, Character, and Writings, of Sir Matthew Hale, Knight, Lord Chief Justice of England, (página viii), editorial Jackson and Walford, 1835.4 Hale, Sir Matthew: Historia Placitorum Coronae: The History of the Pleas of the Crown, ed. Sollom Emlyn, vol. I (página 635), impreso por E. y R. Nutt, y R. Gosling, por encargo de Edward Sayer, Esq., 1736).5 Hale, Historia Placitorum Coronae (página 636).6 Hale, Sir Matthew: Letter of Advice to His Grand-Children, Matthew, Gabriel, Anne, Mary, and Frances Hale (páginas 30-31), editorial Taylor and Hessey, 1816.7 Hale, Letter of Advice (página 31).8 Ibid. (página 30).9 Ibid. (página 15).10 Ibid. (página 116).11 Cromartie, Alan: Sir Matthew Hale 1609-1676: Law, Religion and Natural Philosophy (página 5), editorial Cambridge University Press, 1995.12 Hale, Letter of Advice (página 119).13 Geis, A Trial of Witches (página 119).14 Ibid. (página 7).15 Boyd, Julian P., editor: The Papers of Thomas Jefferson, vol. 10 (página 602), editorial Princeton University Press, 1954.16 Ibid. (página 604).17 Roalfe, William R. y Wigmore, John Henry: Scholar and Reformer (página ix), editorial Northwestern University Press, 1977.18 James, George F.: «The Contribution of Wigmore to the Law of Evidence», University of Chicago Law Review 8(1940-1941) (página 78).19 Doyle, James M.: «Ready for the Psychologists: Learning from Eyewitness Errors», Court Review: The Journal of the American Judges Association 48, n.º 1-2 (página 4), 2012.20 Wigmore, John Henry: Wigmore on Evidence, 3ª edición revisada por James H. Chadbourn, vol. 3A (página 736), editorial Little, Brown and Company, 1970.21 Wigmore: Wigmore on Evidence (página 737)22 Bienen, Leigh B.: «A Question of Credibility: John Henry Wigmore’s Use of Scientific Authority in Section 924a of the Treatise on Evidence», California Western Law Review 19, no. 2 (página 236), 1983.23 Bienen: «A Question of Credibility” (página 241).24 People v. Hulse, 3 Hill (NY), (página 316).25 Citado en Sanday, Peggy Reeves, A Woman Scorned: Acquaintance Rape on Trial (página 158), editorial University of California Press, 1996.26 Freedman, Estelle B.: Redefining Rape: Sexual Violence in the Era of Suffrage and Segregation (página 15), editorial Harvard University Press, 2013.27 Block, Sharon: Rape and Sexual Power in Early America (páginas 38, 92), editorial University of North Carolina Press, 2006.28 Rein, Lisa: «Comments on Rape Law Elicit Outrage», Washington Post, 6 de abril de 2007.29 Rentz, Catherine: «All Male Panel Ruled on Rape Bill During Maryland’s Legislative Session», Baltimore Sun, 17 de abril de 2017.

http://www.laciudaddelasdiosas.blogspot.com/2019/05/creedme-y-los-origenes-de-la-justicia.html

Cinco mujeres nos hablan de libertad sexual y de su lucha contra el patriarcado en el documental #Placer Femenino


Se estrena un documental que explora el papel de la mujer en la historia y por qué, en pleno siglo XXI, la sociedad, la política y la religión siguen permitiendo actos tan inhumanos como la ablación y siguen censurando y condenando la libertad de expresión y la libertad sexual de la mujer.

#Placer Femenino
#Placer Femenino | Mons Veneris

PEDRO MATEO

  Madrid | 21/05/2019

Sin duda es uno de los documentales más esperados de la temporada. Un documental, como se suele decir, y ahora más que nunca, necesario. El propio título sintetiza la esencia de lo que pretende explorar con bastante acierto, el placer femenino sexual y cómo este ha sido motivo de rechazo y represión a lo largo de la historia.

Un documental avalado por su éxito en festivales como Locarno, el del Cine Suizo o en los Romy Adwards. Su directora, Barbara Miller, a través de cinco mujeres, explora los motivos que han provocado tanta censura, persecución, condena y violencia contra las mujeres sólo por el hecho de ser mujeres.

La psicoterapeuta somalí Leyla Hussein sufrió mutilación genital femenina o ablación. Con tan sólo siete años, un grupo de mujeres de su círculo más cercano, en un ritual festivo al que los hombres no asisten, la abrieron de piernas y le practicaron varios cortes hasta que destrozaron sus genitales y eliminaron cualquier tipo de posibilidad de futuro placer sexual. Un acto inhumano, inexplicable y salvaje con más de 200 millones de víctimas alrededor de 30 países de África, Asia y Oriente Medio. Leyla vive en constante amenaza por muchos de los miembros de su comunidad.

En 2014 la artista japonesa Rokudenashiko fue arrestada por infringir la ley japonesa relativa a la obscenidad por haber esculpido moldes de su propia vulva. Llegó incluso a diseñar un kayak con la forma de su vagina y fue condenada a 2 años de cárcel y 20.000 dólares de multa. Pero Rokudenashiko no se retractó y reivindicó aún más su libertad de expresión publicando un manga sobre su encarcelación con el que pretendía romper los tabúes que impiden la representación del sexo femenino en la sociedad japonesa.

Una sociedad patriarcal y cosificadora que, paradójicamente, celebra la Kanamara Matsuri o Fiesta del Pene. Miles de personas abarrotan las calles y rinden culto al dios de la virilidad, es decir, al pene. De hecho, las calles de Japón son invadidas por penes de todos los tamaños, colores y sabores, puesto que también se consumen golosinas y helados con todo tipo de formas fálicas.

“Mi superior entró en mi habitación y me desnudó, y, a pesar de que le dije que no tenía permiso para hacer esto, me tocó y finalmente me penetró”. Estas son las duras palabras de la joven ex-monja alemana Doris Wagner, que, a través de ‘Voice of Faith’, el #MeToo de las religiosas, Wagner lucha contra los abusos sexuales de la Iglesia Católica. Y pese a que hace unos días el Tribunal Supremo de la Signatura Apostólica absolvió al sacerdote denunciado por la ex-monja, ésta ha conseguido que incluso el propio Papa Francisco ponga voz a dichos abusos.

En una sociedad en la que la violación y el abuso sexual se consideran delitos provocados por mujeres, donde los hombres nunca pueden ser objeto de agresión sexual, y donde la homosexualidad es considerada una enfermedad, es donde focaliza todo su esfuerzo la activista por los derechos humanos Vithika Yadav.

Yadav es la fundadora de Love Matters, la primera plataforma multimedia que ofrece información sobre salud y derechos sexuales y reproductivos en la India. Las relaciones sexuales son un derecho, una elección y un placer, este es el mensaje de Yadav, que las mujeres puedan hablar sobre amor, sexo y relaciones sexuales sin prejuicios y en total libertad.

Deborah Feldman es una escritora americana que creció en una comunidad judía de Brooklyn. En 2012 publicó “UnOrthodox”, una autobiografía que relata la experiencia de su huida de la comunidad ultra-ortodoxa de Satmar.

Actualmente, vive en Berlín. Gracias a su libro y a sus conferencias, Deborah habla, por ejemplo, de cómo fue educada en la sumisión al hombre y en la vergüenza hacia su propio cuerpo. De su matrimonio concertado a los 17 años. De cómo las mujeres no pueden tocar a los hombres durante la menstruación y de los baños post-regla a los que son sometidas para dejar de ser dejar de ser impuras. Y esto es sólo la punta del iceberg.

Estas cinco mujeres no son sólo unas valientes y unas luchadoras sino también una inspiración para cualquiera de nosotros. Le han plantado cara a muchos de los grupos sociales, culturales y religiosos que desde hace siglos persiguen, castigan y ejecutan a las mujeres. En pleno siglo XXI es una auténtica locura y una aberración tener que estar reivindicando el derecho y la libertad de la mujer a disfrutar del sexo. Pero todavía hay hombres, y por desgracia mujeres, que si pudieran prohibirían o directamente quemarían el cuadro de Gustave Voubert “El origen del mundo”.

https://www.lasexta.com/tribus-ocultas/cine-series/cinco-mujeres-nos-hablan-libertad-sexual-lucha-patriarcado-documental-placer-femenino_201905215ce460cc0cf2edf73882f4fc.html

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