Seminario Católico de la gente y místicos cristianos


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“El cura debería dejar de ser el eje. La prioridad, el protagonismo retorna a la comunidad”


El celibato visto por Cortés

José Luis Cortés

Más de treinta años del movimiento internacional de curas casados

“La Iglesia necesita una transformación fundamental de los corazones y de las estructuras”

Ramón Alario Sánchez, 18 de junio de 2017 a las 08:05

Corresponsabilidad, sacerdocio común, derechos humanos de todo creyente y de las comunidades; y también, de diversidad de ministerios. Este es el sentir y la reivindicación de otros muchos grupos reformadores de Iglesia

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Encuentro de MOCEOP

(Ramón Alario y Julio Pinillos).- En distintos continentes, países y colectivos de Iglesia -tras muchos años de andadura- queremos ofrecer nuestra ya larga experiencia y reflexión en torno a otras formas ministeriales y presbiterales al servicio de las comunidades cristianas.

Nos alegra comprobar que el enfoque inicial por el celibato opcional de los curas, que nos sirvió de despegue y de aglutinante, muy pronto y en muchos países se abrió hacia otro eje transversal más amplio y fundamental: qué ministerios y presbíteros son necesarios desde y para unas comunidades corresponsables, en una Iglesia misionera y periférica como la que alienta el Papa Francisco.

Nos parece oportuno, superando el silencio institucional y alentados por los gestos y orientaciones del Papa Francisco, ofrecer al público que está buscando luz, nuestras experiencias y reflexión. Deseamos que puedan ser útiles de cara al próximo Sínodo 2018.

La primavera eclesial impulsada por el Vaticano II, duró pocos años, apenas una década. Acontecimientos como la Humanae Vitae (1968) y el Sínodo de los Obispos (1971), anticiparon una paulatina y larga restauración más allá de la defensa teórica de los textos conciliares. Una hemorragia sin precedentes en el clero católico diezmó un colectivo tan esperanzado como frágil: más de 100000 curas -una cuarta parte de los efectivos totales- se casaron y dejaron su ministerio (Annuarium Statisticum Ecclesiae). En la década de los 70 obtuvieron con facilidad la dispensa del celibato; no sucedió así posteriormente. Como resultado, numerosas comunidades se quedaron sin presbíteros; muchos de estos fueron abandonados a una situación irregular.

Antes de 1980, ya se habían formado diferentes grupos y movimientos de curas casados: ponían en común su nueva situación. La reivindicación de un celibato opcional era el banderín de enganche. La reflexión en común, la valoración sin nostalgia de su experiencia pastoral, la negativa a refugiarse en una actitud pasiva, una profunda fe en Jesús y el deseo de seguir siendo útiles a las comunidades, animaron a estas personas a reorientarse en la vida, tanto en lo laboral como en la vivencia y expresión de su fe. Muchos dejaban el ministerio oficial, pero mantenían su compromiso con comunidades, en un servicio más amplio, más allá de lo cultual.

Desde el principio, una nueva perspectiva se abría paso con fuerza: el celibato impuesto por ley no era un problema exclusivo del cura, sino que repercutía en las comunidades, en su atención y en su configuración en torno a un presbítero. En el fondo latía el sentimiento y la convicción de estar viviendo algo que afectaba profundamente a toda la comunidad de creyentes. En comunidades concretas surgieron curas que habían decidido contraer matrimonio y no veían incompatibilidad -solo un impedimento jurídico- entre su nueva situación y su vocación de servicio comunitario. En ciertos casos, eran los propios movimientos y comunidades las que aceptaban esa decisión de su cura o, por lo menos, se cuestionaban su viabilidad futura.

Esta problemática afectaba a la Iglesia católica universal. Y las demandas de una reforma se fueron manifestando en muchos países. El movimiento internacional de curas casados (formalizado en París, 1986: 35 países, 7 congresos internacionales y otros muchos nacionales) coordinó gran parte de esos colectivos. Como queda destacado, el sentido eclesial de sus apuestas y compromisos fue un principio incuestionable: se partía de la opción por una reforma eclesial, en la que los integrantes estaban implicados. Descalificativos como prófugo, traidor, desertor, renegado, parecen fuera de lugar.

La tentación de unas iglesias paralelas no fue una vía contemplada. La opcionalidad del celibato se veía como una primera condición para esa reforma en la manera de ser y de analizarse como iglesia: quienes desempeñaran las tareas o ministerios eclesiales debían disfrutar de libertad para elegir estado de vida. Con ello se respetaría un derecho humano fundamental y se facilitaría la atención de tantas comunidades que perdían a sus pastores.

La reflexión posterior fue dando lugar a un planteamiento global más rico. Ya no se hablaba de cura-celibato-opcionalidad; sino de ministerios, servicios -en plural- en el seno de la comunidad. El cura debería dejar de ser el eje. La prioridad, el protagonismo retornaba a ella. No parece correcto y dificulta la maduración de las comunidades que el cura acapare toda la responsabilidad, el servicio y el poder de decisión. Lo cual nos lleva, en consecuencia, a hablar de corresponsabilidad, sacerdocio común, derechos humanos de todo creyente y de las comunidades; y también, de diversidad de ministerios. Este es el sentir y la reivindicación de otros muchos grupos reformadores de Iglesia.

El título del último congreso (Guadarrama. Madrid. 2016) puede ser ilustrativo del final de este recorrido: “Curas en unas comunidades adultas”. Tras el análisis de un conjunto de experiencias comunitarias de varios países, se constata el hecho y la necesidad de una rotunda afirmación del protagonismo de cada comunidad. Es una realidad ya en muchos grupos comunitarios. El cura es un servidor más de la comunidad; la prioridad está en ella: el grupo de creyentes no se constituye en comunidad por la presencia de un presbítero.

El reto de fondo, por tanto, no se encuentra en cómo ha de ser o vivir el cura; sino en que exista una comunidad adulta en la que los creyentes asumen la responsabilidad de que ese grupo surja, sirva y crezca. En esta perspectiva cobran nuevas dimensiones todos los ministerios y servicios que nacen y se desarrollan en cada comunidad, incluido el presbiteral; así como la designación de qué personas son las elegidas y presentadas por la comunidad para el desempeño de esas tareas.

Los problemas de fondo que hicieron surgir estos grupos hace 20, 30 o 40 años, siguen aún de actualidad; y tal vez más hoy que entonces. Abusos sexuales del clero, relaciones clandestinas de curas, mujeres condenadas a la invisibilidad y una descendencia sin referentes públicos y reconocidos; parroquias cerradas, comunidades atendidas por clero importado, curas sobrepasados en sus tareas y abocados a una profesionalización casi inevitable… son otros tantos motivos que nos interpelan y alientan nuestro compromiso.

Nos consta que, a iniciativa del Papa Francisco y de otros obispos y comunidades, se están dando pasos en esta dirección: buscando salidas desde la creatividad del Espíritu y negándose a la rutina de la falta de vocaciones. Queremos apoyar estas iniciativas y ofrecer nuestra experiencia y disponibilidad.

Para poder servir a las personas, la Iglesia necesita urgentemente realizar una transformación fundamental de los corazones y de las estructuras, partiendo de cada pequeña parroquia, de cada comunidad local o doméstica. De no ser así, será difícil que pueda ser entendida y captada como algo que tiene vida y que sirve. En su interior deben resplandecer la igualdad, la fraternidad, el compartir, la corresponsabilidad, la tolerancia, la misericordia, el servicio; y deben desterrarse la prepotencia, el autoritarismo, la inercia, el dogmatismo, las condenas, la exclusión…

Este cambio de perspectiva resitúa en el centro, como eje, a la comunidad de creyentes, toda ella ministerial y corresponsable; y a su servicio a toda persona creyente que desempeñe cualquier ministerio, desde la igualdad fundamental de todas las hijas e hijos de Dios. Deberá ser la propia comunidad la que elija a quien vaya a desempeñar esas tareas o servicios, en comunión con toda la Iglesia universal, representada y ejercida a través del ministerio episcopal de la unidad. La comunidad plantea y decide. Y presenta sus decisiones para la imposición de manos…

http://www.periodistadigital.com/religion/mundo/2017/06/18/mas-de-treinta-anos-del-movimiento-internacional-de-curas-casados-religion-iglesia-dios-jesus-papa-francisco-fe-celibato-sinodo-comunidad-corresponsabilidad.shtml

CELEBRACIÓN EN LA COMUNIDAD DEL CENÁCULO. TU ERES EL CUERPO DE CRISTO. JUNIO 18/17 ARCWP


PUEDES MIRAR LAS FOTOS ABRIENDO EL ENLACE SIGUIENTE:

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Dennis McDonald, ARCWP, y Mary Theresa Streck, ARCWP llevaron a la Comunidad Cenáculo con el tema: Tu eres el Cuerpo de Cristo. La homilía del arranque Dennis sigue a la primera lectura por Henri Nouwen. 


Oración inicial: el sustento de la vida divina, que se reúnen hoy en esta mesa para recordar una comida hace mucho tiempo, en el que el pan y el vino fueron utilizados por Jesús para anunciar la llamada a ser dadores de vida para el mundo y los que nos rodean. Como bendecimos pan y el vino hoy, celebremos el don de nosotros mismos que presentamos y que se ofrecen en esta liturgia. Bendigamos y ánimos unos a otros, en nuestra respuesta a las necesidades de los afligidos, los olvidados y los oprimidos. Que continúe siendo transformada por el poder del Espíritu para que pudiéramos ser el Cuerpo vivo de Cristo. Amén.    

Una lectura de ¿Pueden beber la copa? Por Henri Nouwen

Nadie en nuestra familia volvería a beber de su vaso antes de que todos habían servido y mi padre había levantado su copa, miró a cada uno de nosotros, habló una palabra de bienvenida, e hizo hincapié en la singularidad de la ocasión.

Al levantar la copa es una invitación para afirmar y celebrar la vida juntos. Al elevar la copa de la vida y miramos el uno al otro en el ojo, decimos: No seamos ansiedad o miedo. Vamos a celebrar nuestra copa juntos y se saludan. No dudemos que reconocer la realidad de nuestras vidas y alentar a los demás a estar agradecido por los dones que hemos recibido.

 

Elevamos la copa de la vida para afirmar nuestra vida juntos y celebrar como un regalo de Dios. Cuando cada uno de nosotros puede mantenerse firmes en nuestra copa, con sus muchos dolores y alegrías, alegando que es nuestra vida única, entonces también, podemos levantarla para que otros puedan ver y animarles a levantar sus vidas también. Por lo tanto, al elevar nuestra copa en un gesto sin miedo, proclamando que vamos a apoyarse mutuamente en nuestro camino común, creamos comunidad.

Homilía de arranque por Dennis McDonald, ARCWP:

Me encantó leer sobre las reuniones familiares de Nouwen y la acogida ofrecida por su padre cada vez. Él estaba diciendo a los presentes, más que de nada aquí, pero tenemos la suerte de tenerlo aquí para esta ocasión especial. Fue especialmente significativo que se veía cada persona a los ojos, tirando de ellos en la vida de la familia.

Jesús durante la comida compartida con compañeros, mire, estoy seguro, en cada discípulo y se los puso con esa mirada y las palabras habladas, “esto es mi cuerpo, esta es mi sangre, haced esto en memoria mía”.       

La llamada de Jesús era que los discípulos entonces, y ahora, ser como él, el cuerpo y la sangre, nuestro ser para responder a los necesitados, aquellos que buscan una mejor manera, una manera de salir de la oscuridad, fuera de la cárcel, fuera del dolor de la vida. El Cuerpo de Cristo es transformacional, dando lugar a un nuevo mundo de amor, la aceptación y la integridad.Se está siguiendo los pasos de Jesús, que transformó las vidas de los que lo buscaban. Se involucró plenamente como un ser humano, el cuerpo y la sangre, para ayudar a cada persona para ver que ellos también eran dignos de ser plenamente humano y lleno de la presencia divina.

Agustín, en una homilía afirmó: Entonces, si usted quiere saber lo que el cuerpo de Cristo es, debe escuchar lo que el Apóstol dice a los fieles: “Ahora usted es el cuerpo de Cristo, y todos ustedes son miembros de ella.”

Si esto es así, es el sacramento de ustedes mismos que se colocan en el altar del Señor, y es el sacramento de ustedes mismos que recibe.

Responde “Amén” a lo que eres, y por lo tanto acepta que tal estás. Se oye las palabras “El cuerpo de Cristo” y responde “Amén.” Sed, pues, un miembro del cuerpo de Cristo, para que su “Amén” puede acuerdo con la verdad.

Nuestra puesta en común de esta comida común, el pan y el vino, o en nuestro caso, el jugo de uva, significa unirse como comunidad, como el Cuerpo de Cristo, listo para responder a su petición, “Hagan esto en memoria mía”. Es reconocer el sacramento que somos como traemos nuestro cuerpo y la sangre de la tabla. Vamos a escuchar la llamada, vamos más allá de la distribución de pan y vino, y una vez alimentados por esta comunidad, salir y compartir las buenas noticias? La noticia de que la Divinidad está dentro de cada persona y en el medio de la vida diaria, trabajando a través de nosotros, el Cuerpo de Cristo para llevar la esperanza para el desesperado, la liberación de los presos y la libertad a los oprimidos. 

COLOMBIA: “SEÑOR JUEZ, ME PERMITO DEVOLVERLE LA BOLETA DE LIBERTAD, QUE ME HA OTORGADO” Olga Lucia Álvarez Benjumea ARCWP*


Este viernes, en la Fundación Bordado a Mano, escuché con tristeza, dolor y sorpresa, cómo Marta, quien hace apenas 4 meses, salió de la prisión, me cuenta, que no ha podido conseguir trabajo, le ha tocado dormir bajos los puentes del Metro, en medio del frío, expuesta a que la golpeen, o que la maten, aguantando hambre.

Cómo hacer para escapar de sugerencias, y propuesta para volver a caer…no tendrá más oportunidades. ¿Se podrá sostener? Si no le reciben “boleta de la libertad”, volverá a reincidir, y regresar a la prisión…¿Cuál sera el camino más fácil?

Ella, es una campesina, su trabajo ha sido siempre en el campo. Añora volver al campo, para trabajar lo que sabe hacer, cuidar la tierra.

“Si bien, es cierto que en la cárcel se sufre, al menos allá, tenia un techo, y algo de comida…estoy pensando ir al juzgado y devolver mi boleta de libertad…”

Hoy, al ver la siguiente noticia, he vuelto a recordar a Marta:

http://noticias.caracoltv.com/medellin/de-no-creer-detenidos-estallaron-en-jubilo-cuando-supieron-que-iban-ser-enviados-prision

No, tengo más que decirte. Saca tu conclusiones y después me cuentas.

 

*Presbitera católica.

Las mujeres no identificadas por Jan L. Richardson


 

Una oración para la temporada de Pentecostés

Por Jan L. Richardson

Recordamos las mujeres no identificadas, 

 
Ludmilla  Javorová, (d 1987.) –
ordenado sacerdote en la antigua
Unión Soviética.


quien tejió los hilos de la historia;
que dio al mundo
su música, su trabajo,
sus hijos, su lucha,
su arte, sus visiones;
su risa, su sabiduría,
sus palabras, sus vidas;
que sobrevivieron en las guerras;
que murió en los campos de exterminio;
Quien dijo a las historias;
que hizo un camino para salir de ninguna manera;
que dio vida a las mujeres que lo hacen aún:
que sirvieron como sacerdotes en la iglesia subterránea en la antigua Unión Soviética
– cuya ordenación no es reconocida por la Iglesia Católica;
que luchan por la libertad en Sudáfrica;
que orar por sus hijos desaparecidos en El Salvador, Argentina, Chile, Guatemala;
que viven con el SIDA y otras enfermedades;
que trabajan como sanadores, maestros, madres,
obreros, organizadores de la comunidad;
que llevan la copa de la vida;
que derramó para sanar el suelo sobre el que se pone de pie;
que haga una oferta que el sabor y ver
lo bueno que es.

Ven, Espíritu de memoria,
y agitar en nosotros
el recuerdo de todos los
que nos pasó esta copa.

Sedientos de memoria,

clamamos sus nombres;
nos llene, oh viento,
nos transforme, Oh Llama!

 

de Sacred Journeys: Libro de la oración diaria de una mujer, p. 245

Leer más acerca de una de las “Mujeres Sin nombre: Ludmila Javorová” en

http://www.womenpriests.org/called/javo_rep.asp

Ludmila Javorová, 65, Vicario General del Obispo subterránea Checa  Felix Davidek (d.1987) en Brno, declara públicamente por primera vez: “Sí, soy un sacerdote católico!”

http://bridgetmarys.blogspot.com.co/2017/06/unnamed-women-by-jan-l-richardson.html?spref=fb

“EL DIACONADO FEMENINO UNA OPORTUNIDAD PARA ABRIR PUERTAS”


¿QUIENES PUEDEN SER SACERDOTES Y SU PAPEL DENTRO DE LA IGLESIA? Olga Lucia Álvarez Benjumea ARCWP*


Gozo, con todo lo positivo que veo que sucede en mi Iglesia.

Me ha parecido fascinante, lo que esta sucediendo en estos momentos, en que los Cardenales asesores de Francisco, comentan, reflexionan y sugieren que los laicos, puedan participar en la elección de los Obispos.

(Ver: https://www.ncronline.org/news/people/cardinal-francis-considers-mandating-consultation-laity-bishop-selection)

Es muy interesante, que los jerarcas de la Iglesia, se esten planteando el papel del laico dentro de la Iglesia.

¿Quienes pueden ser diáconos, sacerdotes, obispos?

Por el Bautismo, todos somos sacerdotes. Es un don divino. Todxs, mujeres y hombres bautizados. Todxs estamos llamados a servir. Se le conoce y llama como el “sacerdocio común”. El “sacerdocio común” últimamente ha estado muy devaluado, yo diría que ha estado olvidado. No se habla, no se promociona, no se reflexiona sobre este hermoso don. Ha perdido su importancia. Parece, como si se le tuviera miedo.

Por eso, me gusta, lo que ahora esta sucediendo en la Iglesia. Es hacernos sentir a todxs, mujeres y hombres responsables de la Iglesia. Es no dejar que unos que se creen “privilegiados” se apropien de la Iglesia. ¡La Iglesia somos todxs! Si la Iglesia, se cae, se hunde, es responsabilidad de todxs.

De manera especial, hay quienes han sido llamadxs de manera personal  a prestar un servicio, para dar a conocer a Dios, y ser Maestrxs de Ceremonia, enseñando y guiando al Pueblo de Dios, hacia el encuentro con Dios, a través de su Iglesia.

Uno de los principales papeles del sacerdote, es enseñarnos a hacer Eucaristía. ¿Qué es eso? Si, enseñarnos a hacer Eucaristía, es decir; enseñarnos a entregarnos al servicio de los más necesitados. Como Jesús, el sacerdote, nos enseña a entregar nuestro cuerpo y sangre, lo parte y comparte. Como lo hizo, Jesús. “Hagan esto en memoria mía”. Es saber, ¡hacernos pan!.

Perdón? Dije: ¿”lo parte y comparte”?

Si, eso dijiste.

…¡Ah caramba! No, no es así, aunque, debería ser así. Pero, lo que vemos es que el sacerdote, “parte y la consume” no reparte.

¿Cómo que no? ¿Después no salen a repartir la Eucaristía?

¡Eso!: “después”, tu, lo has dicho.

Si  es verdad, que todos somos sacerdotes, no nos deberíamos  sentir unos menos que otros. El compromiso de entrega no es para unos “privilegiadxs” nos corresponde a todxs, por igual.

¡Tienes toda la razón!

El sacerdote ministro, es quien preside y sirve. Nos enseña a servir, a entregarnos en solidaridad, y compromiso. Si esto, no sucede, en la Comunidad que se ha reunido, para aprender a compartir, discúlpenme, pero, allí no ha habido Eucaristía.

Si todxs, fuéramos conscientes de nuestro ser sacerdotes, y en cada Eucaristía, participáramos, y no fuéramos meros espectadores, nuestros problemas sociales ya los hubiéramos resulto poco a poco y de carácter sostenible, en equidad y justicia, sin discriminaciones, sin devaluaciones. No habría falta de empleo, no habría falta de vivienda, no se careciera de servicios de salud, ni de educación, no se abusaría de nuestra “Casa Común”, el planeta tierra.

¿Pero, eso es un cambio total dentro de la Iglesia, dentro de nuestra Comunidad?

Ahí, les dejo la inquietud del vivir en plenitud nuestro Bautismo y lo que nos significa ser “sacerdotes” comprometidxs en un verdadero cambio social cristiano: “Hagan esto en memoria mía”.

 

*Presbitera católica

 

 

 

 

 

 

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