El sacerdote chileno Fernando Karadima, acusado de abusos sexuales, a la salida de un tribunal en Santiago (Chile), en 2015 / Luis Hidalgo (AP)

La Santa Sede ha informado hoy que el Santo Padre ha aceptado la renuncia de mons. Barros al frente de la diócesis chilena de Osorno y ha nombrado Administrador Apostólico sede vacante et ad nutum Sanctae Sedis a S.E. Mons. Jorge Enrique Concha Cayuqueo, O.F.M., obispo auxiliar de Santiago de Chile (Chile).

Fray Jorge fue nombrado hace 3 años obispo auxiliar de la capital chilena cuando era Ministro Provincial de la Provincia Franciscana de La Santísima Trinidad del Chile y Presidente de la Conferencia de Ministros provinciales del Cono Sur (Argentina, Paraguay y Chile).

El franciscano tiene ahora la dificil tarea de sanar las heridas que la corrupción ha dejado en los miles de católicos de la diócesis y afrontar la necesaria limpieza de las instituciones diocesanas.

El Papa Francisco aceptó, además, las renuncias de los obispos de Valparaiso y de Puerto Montt.

Recordamos que el pasado mes de mayo, tras una reunión de emergencia con el papa en Roma, los 31 obispos en activo presentaron su renuncia y pusieron su destino en manos del pontífice.

El caso Karadima

El sacerdote chileno Fernando Karadima, acusado de abusos sexuales, a la salida de un tribunal en Santiago (Chile), en 2015 / Luis Hidalgo (AP)

“Aunque hay centenares de autores, y no sólo en Chile, sino en todo el mundo, el caso de Chile es emblemático e impactante por la cantidad de abusos cometidos por el clero, en comparación con otros países”. Son las palabras de Juan Carlos Cruz, una de las víctimas de los abusos sexuales cometidos por el sacerdote chileno Fernando Karadima, que ha relatado su experiencia en el programa ‘La Ventana’ de Cadena Ser

Cruz, que ha afirmado que la red de abusos sexuales llevados a cabo por miembros de la Iglesia Católica en este país “funcionaba como una mafia”, ha expresado su “satisfacción” tras la renuncia de todos los obispos chilenos el pasado mes, a raíz de una investigación del Vaticano que les acusaba de encubrir estos casos.

“Espero que esto siga, que tenga un efecto grande y que a los supervivientes se les empiece a creer, a respetar y a tomar en cuenta como debió de haber sido siempre”, ha dicho esperanzado Juan Carlos Cruz, que es periodista y autor del libro El fin de la inocencia.

Abusos horribles

“Yo estuve ocho años ahí, pero otros estuvieron mucho más tiempo y sufrieron mucho más que yo. Sufrimos abusos horribles”. Hasta que, en 2009, él y otras víctimas denunciaron a Karadima: “Pasaron muchos años hasta que nos atrevimos a hablar, pero como este hombre seguía abusando, llegó un momento en el que decidimos que había que pararlo”.

Juan Carlos Cruz fue una de las víctimas que se reunieron con el Papa Francisco para denunciar los abusos y el encubrimiento de la jerarquía católica en su país: “El Papa estaba muy afectado y cuando lloré, me apoyó y me dijo: Llora chiquillo, llora. Fue tremendamente compasivo”, ha reconocido Cruz, que no entiende ni puede explicar “cómo dejé que este desgraciado me hiciera lo que me hizo”.

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