Xabier Pikaza: “La gran mayoría de los presbíteros y religiosos homosexuales han llevado y llevan una vida digna”


“LA QUE TIENE QUE SALIR DEL ARMARIO, DESDE AHORA MISMO, ES LA ESTRUCTURA ECLESIAL”

“Dentro del clero (y de la vida religiosa) el porcentaje de homosexuales es más alto que en el resto de la sociedad”Xabier Pikaza Ibarrondo, 15 de diciembre de 2018 a las 08:06  

En la casa del amor hay muchos caminos y moradasRELIGIÓN | OPINIÓN

Es una buena noticia el saber que hay cientos y miles de homosexuales de inmensa calidad humana y amor en seminarios, obispados y casas religiosas. Si un cristiano se avergüenza de ellos, se avergüenza del mismo Dios creador

(Xabier Pikaza Ibarrondo).-Sigue ardiendo la polémica, encendida por unas declaraciones del nuevo Secretario de la CEE sobre los “varones completos” (los únicos que pueden ser seminaristas y curas) y por un libro de entrevistas del Papa Francisco en el que, según la prensa, dice que “el ministerio o la vida consagrada no es el lugar (de los homosexuales)”. En otras palabras, ni curas ni monjas pueden ser homosexuales.

Ha sido sin duda un paso atrás, pero tiene que ser para pensarlo mejor y abrir un camino hacia adelante, según los signos de los tiempos (que son de igualdad en la diversidad), desde la raíz del evangelio, como seguiré indicando en trece proposiciones.

No voy a entrar en los matices de las declaraciones del Secretario de la CEE ni del Papa, pero pienso que ambas (tomadas así, en general) van en contra de la verdad del evangelio sobre el hombre y la mujer y en contra del mensaje y misión de la iglesia. Parecen declaraciones que surgen del miedo no sólo ante el “estallido” de la bomba de pederastia en un tipo de clero, sino ante el gran cambio en línea de verdad, de aceptación de los distintos y de esperanza del evangelio.

Por eso, retomando reflexiones que he venido exponiendo desde hace más de quince años, quiero exponer una vez más mi visión del tema, superando estereotipos de ideología de género (de un lado o del otro), para entrar en el camino del evangelio, sin miedo de retomar el proyecto de Jesús.

El problema es mayor de lo que externamente parece (¿qué importan unos pocos pederastas…?), yes hora de que no estemos ya a remolque de revelaciones maliciosas, de falsas verdades y de acusaciones de algunos. Es hora de volver de un modo radical al evangelio, a la verdad múltiple del ser humano como proyecto de amor y a la tarea de la iglesia como signo y anticipo de un “reino” de muchas moradas, en el que ser hombre y/o mujer sea descubrimiento y expresión de un despliegue de gracia que es el mismo para todos, siendo múltiple en sus caminos.

Imagen 1. Gracias a Crishom por estar ahí, con Cortés, amigo
Imágenes siguientes: Libros sobre el tema.

En la casa del amor hay muchos caminos y moradas. Trece proposiciones

Varias personas me han llamado, pidiéndome información de fondo y les he remitido a un libro antiguo donde planteaba ya el tema: Palabras de Amor. Homosexualidad 2, Desclée de Brouwer, Bilbao 2006 (págs. 295-299). 

El tema del amor homosexual sigue planteando numerosas dificultades en la iglesia católica, tanto en plano personal como social. Pero el tema no es la homosexualidad en su sentido externo (de géneros cerrados en sí mismos), sino el del amor homosexual, como experiencia y tarea cristiana.

Éste es un amor que resulta difícil de desarrollar abiertamente en la Iglesia Católica, no sólo porque ella se opone al matrimonio de los homosexuales, sino porque les niega el acceso a los ministerios.

El tema del “matrimonio homosexual” (con o sin ese nombre: ¡uniones de hecho!) parece civilmente decidido, al menos en occidente: la sociedad está dispuesta a reconocer la unión legal de dos homosexuales y la iglesia católica no debe oponerse a ello, sino pedir a Dios que los así casados se amen gratuitamente, con generosidad, poniendo su amor al servicio de los demás, que en eso se centra el evangelio.

Menos decidido parece el tema de acceso de los homosexuales (¡y de las mujeres! vaya lío de vinculaciones) a los ministerios de la iglesia (obispos, presbíteros, vida religiossa…) y para ello se esgrimen dos razones principales: (1) la homosexualidad va en contra del amor cristiano; (2) los ministros homosexuales corren el riesgo de caer en la pederastia. Éste es un tema que se sigue discutiendo en los círculos jerárquicos de la Iglesia. En este contexto se pueden hacer algunas afirmaciones de principio, para poner de relieve que “en la casa del Padre hay muchas moradas y en la subida al monte del amor muchos caminos”:

1. Homosexualidad, un hecho, una oportunidad.

Dentro de la iglesia católica, la homosexualidad, tanto masculina como femenina, es un hecho. No empieza siendo buena ni es mala. Simplemente existe: la vida nos ha hecho así (a unos hétero- y a otros homo-sexuales), y así debemos aceptarla, como un elemento de nuestra complejísima y hermosa existencia, un elemento que puede ser muy positivo, si es que nos conduce a más amor (de los homosexuales entre sí y de ellos con el resto de la sociedad humana, en ambas direcciones).

Pero, siendo un hecho, la homosexualidad es una oportunidad para el amor, para la gracia y diversidad de la vida, en sus diversas formas. Lo que une a varones y mujeres no es un tipo de “género” marcado por la naturaleza, sino la tarea personal y comunitaria del amor. No se trata de “soportar” la homosexualidad, como si aquellos que llamamos “del otro lado” fueran un vestido de vergüenza que debemos guardar en el armario. No se trata, tampoco, de sacar ese traje con orgullo como diciendo “aquí estamos nosotros, que somos los mejores… para fastidiaros a los otros. Se trata de encontrar y crear espacios para todos, enriqueciéndonos unos a los otros.

Por eso, es necesario que empecemos dando gracias a Dios por los homosexuales cristianos (y no cristianos). Es una buena noticia el hecho de que muchos homosexuales puedan presentarse como tales, es decir, como personas, con sus valores y problemas, que es claro que los tienen, como los otros grupos de hombres y mujeres. Es una buena noticia el saber que hay cientos y miles de homosexuales de inmensa calidad humana y amor en seminarios, obispados y casas religiosas. Si un cristiano se avergüenza de ellos o los vuelve a meter en el armario, se avergüenza del mismo Dios creador.

Para leer el artículo completo, pinche aquí.

https://www.periodistadigital.com/religion/opinion/2018/12/15/un-paso-atras-un-camino-por-adelante-homosexualidad-y-ministerios-cristianos-religion-iglesia-dios-jesus-pa

Un paso atrás, un camino por adelante. Homosexualidad y ministerios cristianos


Sigue ardiendo la polémica, encendida por unas declaraciones del nuevo Secretario de la CEE sobre los “varones completos” (los únicos que pueden ser seminaristas y curas) y por un libro de entrevistas del Papa Francisco en el que, según la prensa, dice que “el ministerio o la vida consagrada no es el lugar (de los homosexuales)”. En otras palabras, ni curas ni monjas pueden ser homosexuales.

Ha sido sin duda un paso atrás, pero tiene que ser para pensarlo mejor y abrir un camino hacia adelante, según los signos de los tiempos (que son de igualdad en la diversidad), desde la raíz del evangelio, como seguiré indicando en trece proposiciones.

No voy a entrar en los matices de las declaraciones del Secretario de la CEE ni del Papa, pero pienso que ambas (tomadas así, en general) van en contra de la verdad del evangelio sobre el hombre y la mujer y en contra del mensaje y misión de la iglesia. Parecen declaraciones que surgen del miedo no sólo ante el “estallido” de la bomba de pederastia en un tipo de clero, sino ante el gran cambio en línea de verdad, de aceptación de los distintos y de esperanza del evangelio.

Por eso, retomando reflexiones que he venido exponiendo desde hace más de quince años, quiero exponer una vez más mi visión del tema, superando estereotipos de ideología de género (de un lado o del otro), para entrar en el camino del evangelio, sin miedo de retomar el proyecto de Jesús.

El problema es mayor de lo que externamente parece (¿qué importan unos pocos pederastas…?), y es hora de que no estemos ya a remolque de revelaciones maliciosas, de falsas verdades y de acusaciones de algunos. Es hora de volver de un modo radical al evangelio, a la verdad múltiple del ser humano como proyecto de amor y a la tarea de la iglesia como signo y anticipo de un “reino” de muchas moradas, en el que ser hombre y/o mujer sea descubrimiento y expresión de un despliegue de gracia que es el mismo para todos, siendo múltiple en sus caminos.

Imagen 1. Gracias a Crishom por estar ahí, con Cortés, amigo
Imágenes siguientes: Libros sobre el tema.

En la casa del amor hay muchos caminos y moradas. Trece proposiciones

Varias personas me han llamado, pidiéndome información de fondo y les he remitido a un libro antiguo donde planteaba ya el tema: Palabras de Amor. Homosexualidad 2, Desclée de Brouwer, Bilbao 2006 (págs. 295-299). 

El tema del amor homosexual sigue planteando numerosas dificultades en la iglesia católica, tanto en plano personal como social. Pero el tema no es la homosexualidad en su sentido externo (de géneros cerrados en sí mismos), sino el del amor homosexual, como experiencia y tarea cristiana.

Éste es un amor que resulta difícil de desarrollar abiertamente en la Iglesia Católica, no sólo porque ella se opone al matrimonio de los homosexuales, sino porque les niega el acceso a los ministerios.

El tema del “matrimonio homosexual” (con o sin ese nombre: ¡uniones de hecho!) parece civilmente decidido, al menos en occidente: la sociedad está dispuesta a reconocer la unión legal de dos homosexuales y la iglesia católica no debe oponerse a ello, sino pedir a Dios que los así casados se amen gratuitamente, con generosidad, poniendo su amor al servicio de los demás, que en eso se centra el evangelio.

Menos decidido parece el tema de acceso de los homosexuales (¡y de las mujeres! vaya lío de vinculaciones) a los ministerios de la iglesia (obispos, presbíteros, vida religiossa…) y para ello se esgrimen dos razones principales: (1) la homosexualidad va en contra del amor cristiano; (2) los ministros homosexuales corren el riesgo de caer en la pederastia. Éste es un tema que se sigue discutiendo en los círculos jerárquicos de la Iglesia. En este contexto se pueden hacer algunas afirmaciones de principio, para poner de relieve que “en la casa del Padre hay muchas moradas y en la subida al monte del amor muchos caminos”:

1. Homosexualidad, un hecho, una oportunidad.

Dentro de la iglesia católica, la homosexualidad, tanto masculina como femenina, es un hecho. No empieza siendo buena ni es mala. Simplemente existe: la vida nos ha hecho así (a unos hétero- y a otros homo-sexuales), y así debemos aceptarla, como un elemento de nuestra complejísima y hermosa existencia, un elemento que puede ser muy positivo, si es que nos conduce a más amor (de los homosexuales entre sí y de ellos con el resto de la sociedad humana, en ambas direcciones).

Pero, siendo un hecho, la homosexualidad es una oportunidad para el amor, para la gracia y diversidad de la vida, en sus diversas formas. Lo que une a varones y mujeres no es un tipo de “género” marcado por la naturaleza, sino la tarea personal y comunitaria del amor. No se trata de “soportar” la homosexualidad, como si aquellos que llamamos “del otro lado” fueran un vestido de vergüenza que debemos guardar en el armario. No se trata, tampoco, de sacar ese traje con orgullo como diciendo “aquí estamos nosotros, que somos los mejores… para fastidiaros a los otros. Se trata de encontrar y crear espacios para todos, enriqueciéndonos unos a los otros.

Por eso, es necesario que empecemos dando gracias a Dios por los homosexuales cristianos (y no cristianos). Es una buena noticia el hecho de que muchos homosexuales puedan presentarse como tales, es decir, como personas, con sus valores y problemas, que es claro que los tienen, como los otros grupos de hombres y mujeres. Es una buena noticia el saber que hay cientos y miles de homosexuales de inmensa calidad humana y amor en seminarios, obispados y casas religiosas. Si un cristiano se avergüenza de ellos o los vuelve a meter en el armario, se avergüenza del mismo Dios creador.

2. Comunión en la diferencia.

En varios lugares he desarrollado el tema desde la perspectiva del Antiguo Testamento, de los evangelios y de la teología de Pablo, teniendo que superar estereotipos y visiones muy parciales de los textos antiguos. El tema de fondo es la “diferencia”, es decir, la experiencia y llamada de amar a los distintos, de crear comunión con ellos.

Desde ese fondo, hay una línea directriz que comienza en el Génesis y termina en el Apocalipsis, en la que se ponen de relieve las diferencias de hombres y mujer, de judío y de gentil, de poderoso y oprimido (Gal 3, 28), para insistir en la necesidad de amar a los distintos. Según eso, un amor homo‒sexual (es decir, a lo que es homo, igual) sería deficiente, menos ricos. Pues bien, la diferencia principal no se da en un tipos de géneros establecidos por naturaleza, sino en las personas como tales.

En esa línea, en el amor homo‒sexual vivido en profundidad no se tiene ya en cuenta al otro simplemente como varón o como mujer en plano biológico, sino al otro como persona, capaz de ser amada y de amar. En esa línea, el amor homo‒sexual puede abrir una puerta para plantear mejor los caminos y experiencias de la comunidad real entre personas, de un género o de otro, de un pueblo o de otros.

3. Ideología de género.

Ha llegado a ser un mantra ininteligible dentro de ciertos espacios de miedo y oscuridad en la Iglesia. Antes se podía discutir sobre la homo‒ousia de Jesús en Nicea, o sobre el pecado y la gracia en el entorno de Agustín, o sobre el opus operatum en la disputa de los reformados… Ahora hay algunos que se agarran a la ideología de género como tabla de salvación de un tipo de Iglesia que, a mi juicio, acaba no sabiendo lo que dice.

Frente a la posible ideología de género, ha de ponerse de relieve el amor personal y gratuito, el amor liberador de gozo y entrega a (de comunión con) los demás, superando barreras de imperios y pueblos, de purezas e impurezas legales, como ha proclamado y realizado Jesús en su evangelio. A fuer de repetir ese mantra de la ideología de género nos hemos olvidado de la novedad de Jesús, es decir, de la posibilidad de un amor que rompa barreras y sea creador de vida, en formas enamoramiento y cariño, de maternidad y amistad.

4. Homosexuales en el clero y en la vida religiosa.

Dentro del clero (y de la vida religiosa) el porcentaje de homosexuales es más alto que en el resto de la sociedad, quizá por el tipo de vida célibe de sus miembros y también por una forma especial de filantropía y de sensibilidad ante la vida que ellos muestran. No hay porcentajes fiables sobre la iglesia española, pero sí sobre la norteamericana, según un libro ya antiguo de D. B. Cozzens (The Changing face of the Priesthood, Liturgical Press, Collegeville MN 2000; trad. Española: La faz cambiante del sacerdocio, Sal Terrae, Santander 2003), que ha sido uno de los responsables de la formación de los presbíteros católicos en USA.

Conforme a la “mejor” tradición jerárquica de aquella iglesia, Cozzens considera normal que, en las circunstancias actuales, casi la mitad de los seminaristas y presbíteros católicos de USA sean homosexuales, un porcentaje muy superior a la media de la sociedad americana (entre un 10 y un 15 por ciento). Mientras el clero mantenga su tipo actual de vida, tendrá una media más alta de homosexuales que el resto de la sociedad. Por eso, allí donde se dice que no entren homosexuales en los seminarios ni en la vida religiosa, había que empezar haciendo una “estadística de fondo” y diciendo: que salgan los homosexuales de los ministerios y de las casas religiosas.

El hecho de que el índice de homosexuales sea mayor en el clero de la Iglesia Católica no es algo negativo, sino normal, y muy positivo,porque en general los homosexuales se han sentido víctimas y han buscado en la iglesia un espacio de calor humano… y de posibilidad de despliegue afectivo y apostólico. Lo malo es la forma en que muchos han tenido que vivir esa situación en los armarios de la iglesia… Imaginemos sólo que, de pronto, todos ellos, tuvieran que dejar ministerios y vida religiosa un veinte, un treinta o un cincuenta por ciento de curas y monjas. Quedarían vacíos algunos de nuestros mejores armarios…

5. Homosexuales cristianos, una vida en dignidad.

La gran mayoría de los presbíteros y religiosos homosexuales han llevado y llevan una vida digna, trabajan a favor de los demás con honradez, son buenos pastores de la iglesia, cuidadosos profesionales, al servicio del evangelio, de manera que el mismo amor homosexual les permite asumir la exigencia pastoral de Jesús, como indica Jn 21, 15-24. Estos homosexuales no son buenos pastores a pesar de su homosexualidad, sino en virtud de ella.

Es evidente que tienen sus problemas afectivos, lo mismo que los heterosexuales y que, a veces, sus problemas de integración son mayores, porque su forma de ser y de amar es distinta, y también porque han estado y siguen estando marginados. Es evidente que algunos han podido “caer” en la pederastia, no tanto por ellos, sino por el tipo de vida al que han estado sometidos (en seminarios e instituciones cerradas), sino, y sobre todo, porque han tenido un tipo de poder social y afectivo en la Iglesia.

Pero ése no es un tema de ellos, de los homosexuales, sino de todo el clero (homo‒ u hétero‒sexual)… Y además, siendo mayores sus problemas, suelen ser también mayores las aportaciones de tipo afectivo, social y espiritual de los homosexuales. Por eso, la homosexualidad puede ser una bendición para ellos y para el resto de la sociedad, en línea de amor.

6. El escándalo de la pederastia.

Una minoría de ministros homosexuales de la iglesia han realizado prácticas delictivas, seduciendo a menores, sobre todo en lugares donde el contexto social resulta más cerrado o asfixiante, en seminarios, internados y grupos juveniles. Muchos de esos casos podrían resolverse de un tipo “social”, con la ayuda de personas más expertas y/o amigas (médicos, sicólogos etc.). Pero es absolutamente evidente que en caso de que haya “crimen” ha de acudirse a las instituciones judiciales de la sociedad, sin que el clero pueda tener ningún tipo de patente de corso.

Evidentemente, habrá que superar toda declaración de culpabilidad a priori. Pero si ha existido “crimen” de pederastia, allí donde ha existido, los responsables quedar en manos de los tribunales de la sociedad, en verdad, en claridad. Por su parte, los clérigos implicados en la pederastia (presbíteros y obispos, religiosos o religiosas) deberían abandonar deberán abandonar inmediatamente su función clerical, pues esa función no es honor, ni ventaja para siempre (como un grado mayor de humanidad”), sino un servicio.

7. Más que pecado, un crimen contra la humanidad.

El porcentaje de clérigos culpables de seducción y crimen homo- o hetero-sexual resulta “normal” e incluso mejor que en otros contextos semejantes (de familias, de grupos cerrados…), según las estadísticas. Es evidente que la pederastia es un “pecado”, en lenguaje eclesial. Pero, siendo pecado personal, es también y, sobre todo, un crimen social contra la vida afectiva y la maduración de los menores. Pero esa seducción y crimen resulta más perniciosa y grave, porque se ha realizado utilizando el prestigio sacerdotal o religioso de los agresores, su autoridad moral, su poder religiosa, de manera que ellos han herido con más fuerza a sus víctimas.

En este campo han sido y son muchas las tragedias, lo mismo que en otros ámbitos de patología y/o violencia sexual (violaciones y trata de blancas etc.). Ésta ha sido, y quizá seguirá siendo, una herida sangrante para la vida de la iglesia, pues se supone que su misma opción evangélica debería haber ayudado a los clérigos o aspirantes, haciéndoles hombres y mujeres de gratuidad y de libertad. Pero la vida ofrece sus dificultades y, en ciertos ambientes de reclusión afectiva, suelen producirse reacciones violentas. Pero esto no supone que se deba condenar al clero en su conjunto, ni a los homosexuales que lo componen.

8. Salir del armario.

Resulta aconsejable que los clérigos homosexuales se muestren como son, es decir, que salgan del armario, obispos o curas, religiosos y religiosas, pero no a bombo y platillo, pues en algunas circunstancias, dentro de la vida afectiva, la mejor actitud sigue siendo la discreción bondadosa, sin mentiras ni ocultamientos, pero sin alardes propagandísticos, siempre que no tengan que esconderse delitos o injusticias graves.

Posiblemente puede haber cierta responsabilidad de los medios de comunicación, cuando publican temas de este tipo. Pero quizá es mayor la responsabilidad de la estructura clerical. Como persona pública en la iglesia, el clérigo tiene que estar dispuesto a que su vida se conozca. Si una institución religiosa, que debería ser ejemplo de gratuidad, se empeña en defenderse a ultranza, protegiendo su poder y su secreto, es digna de ser condenada y de acabar disolviéndose (o de ser abandonada por el conjunto de los fieles), sin más retrasos, para bien del evangelio y, sobre todo, de la sociedad en su conjunto.

De todas formas, la que sí tiene que salir del armario, ya, desde ahora mismo, es la estructura clerical, si que es que no quiere perder su credibilidad: ella no tiene que airear sus problemas interiores, pero tampoco ocultar sus problemas. El clérigo, como hombre público en la iglesia, tiene que estar dispuesto a que su vida se conozca. Una estructura institucional, empeñada en defenderse a sí misma, protegiendo su poder y su secreto, es digna de ser condenada y de acabar disolviéndose a sí misma (o de ser abandonada por el conjunto de los fieles), sin más retrasos, para bien del evangelio y, sobre todo, de la sociedad en su conjunto.

9. La cuestión del celibato.

Lo que me preocupa no es que haya homosexuales en el clero (que eso es normal, según las estadísticas), sino la forma de vida clerical del conjunto de la iglesia, en línea de “jerarquía”, es decir, de poder sagrado, pues ello va en contra no sólo del tipo actual de vida de la sociedad, sino del mismo evangelio. Estoy convencido de que, al menos en occidente, ha terminado una fase clerical del cristianismo.

El celibato de los presbíteros, que ha tenido en otro tiempo una función social, al servicio de la independencia económico‒social de la Iglesia, ya no lo tiene. Ya no tiene esa función “de poder”, pero puede tener y tiene otra mucho mayor, como camino afectivo de libertad y de comunión distinta, entre hombres y mujeres, un celibato para el amor, en línea hétero‒ u homo‒sexual. Con decir “celibato no” no se arregla nada, sino que se confunden todas las cosas. Decir que todos tienen que “casarse” (de forma homo‒ u heterosexual) resulta una simplificación absoluta.

El tema no se resuelve con celibato sí o celibato no, sino con amor en libertad y en plenitud, conforme al “carisma” o experiencia de cada uno, en un camino de gracia, no de ley.Tiene que terminar ya (hoy, mejor que mañana) el celibato de ley para los ministerios. Tiene que terminar ya (hoy mejor que mañana) la limitación de los ministerios cristianos a los “varones” (¡y enteros!). Los ministerios cristianos no son jerárquicos, ni son de varones, no están limitados por género o sexo, sino que están potenciados por el amor en libertad. Lo que importa no es que el presbítero sea célibe o no, sino si es fiel al amor y a la vida, si es persona de gozo y evangelio, de hondura personal y de servicio cercano y libre a los demás.

10. El tema es la estructural clerical de la Iglesia.

En esa línea, la iglesia está perdiendo y tiene que perder su estructura ministerial de poder jerárquica, para convertirse en federación de comunidades autónomas, que sean capaces de elegir sus propios ministros, para toda la vida o por un tiempo, varones o mujeres, célibes o casados, homosexuales o heterosexuales, buscando sólo la fidelidad al evangelio y el anuncio de Dios, es decir, el gozo de la verdadera vida.

El celibato será opcional, para quienes quieran vivirlo como carisma o como resultado de unos caminos peculiares, quedando vinculado de un modo especial con las diversas formas de comunidades religiosas, de tipo carismático. Vincular el celibato a un tipo de poder clerical constituye un riesgo humano, me parece contrario al evangelio, por más que se sigan buscando razones de tipo ideológico o espiritualista. Pero, dicho eso, quiero añadir con 1 Cor que, en estas circunstancias de la vida, por riqueza de la misma existencia de hombres y mujeres, puede haber un tipo de celibato, es decir, de comunicación de amor no matrimonio que sea no sólo liberadora en sentido social, sino también en sentido personal, de profundización mística personal y comunitaria.

11. Cazadores de homosexuales.


Pasando a otro plano, quiero añadir que casi todos los “cazadores de homosexuales” que conozco (dentro de la estructura clerical de la Iglesia) son, por desgracia, homosexuales que no admiten su identidad sexual y humana, descargando su resentimiento contra otros compañeros mejor afortunados o más honrados. Evidentemente, la sociedad y la iglesia debe liberarse de la pederastia, pero no para condenar al infierno a los pederastas, sino para apartarlos de los lugares donde pueden seguir actuando de esa forma, para bien de la sociedad y de la iglesia, y en el fondo para bien de los mismos pederastas.

No se puede “curar la homosexualidad” (no tiene nada de qué curarse), pero tiene que evitarse la pederastia, y en esa línea Jesús dijo que sería mejor que se ataran una piedra de molino y se echaran al mar…

Pero una vez dicho eso hay que decir que Jesús fue amigo de publicanos y prostitutas, como un hombre que era capaz de poner como ejemplo a los “eunucos” biológicos o sexuales, hombres y mujeres con dificultad en este campo (Mateo XIX, 12). El mismo evangelio le presenta “curando” al amante homosexual del Centurión de Cafarnaúm (Mateo VIII, 5-13). ¡No hará falta decir que, en aquel tiempo, los cuarteles eran lugares de homosexualidad habitual, porque los legionarios no se casaban antes de licenciarse, ya de mayores!. Y perdonen los homosexuales y mujeres, si doy la impresión de marginarles, poniéndoles en esta compañía, con publicanos y prostitutas. Dicho esto, debo añadir que en el camino de Jesús no hay diferencia entre homo y heterosexuales, mujeres y varones, pues todos somos “uno en Cristo” (Gal III, 28).

12. Jesús, un amor multicolor.

He participado hace unos días en una mesa redonda en la que se trató de “los amores de Jesús”, en la que se daba por supuesto que Jesús, para ser hombre en plenitud, tenía que haber amado a Magdalena, acostándose con ella (con matrimonio legal o sin ley de matrimonio) a la vuelta de sus “correrías apostólicas”, un poco al estilo de ciertas comunas “alegres” de algunos lugares.

Me horrorizó el tema, por su banalización, por su alegría falsa de decir que todo en el fondo da lo mismo y que, al final, lo que toca es casi un “amor que no es amor”, sino casi pura diversión, que no es vida, sino evasión de la vida. Presentar así a Jesús es banalizar su proyecto de amor, su forma de acoger a los expulsados, manchados e impuros, formando una comunión abierta a diversos tipos de amor, pero todos en gratuidad y misterio, en responsabilidad creadora, a favor de los niños y excluidos.

El evangelio no me ofrece datos para saber en concreto cómo era el amor “íntimo” de Jesús, si era homo‒ o hétero‒sexual, pues deja ese tema abierto, de tal forma que en él se pueden sentir identificados homo‒ y heterosexuales, pero siempre en compromiso de amor gozoso y responsable (de ofrecer y responder, de dar y acoger…), amor de personas liberadas para la Vida, varones y/o mujeres, desde el don del amor que es Dios.

13. Un apunte personal.

Quiero terminar dando gracias a Dios y a la vida por lo que he sido (religioso de celibato) y por lo que soy ahora (casado, en la Iglesia). No me avergüenzo, ni me enorgullezco por lo de antes, ni por lo de ahora. He vivido muy bien como religioso de la Merced. Vivo bien, y mejor aún, con Mabel, mi mujer, a la que debo lo que ahora soy. Por y con ella soy cristiano, puedo trabajar como teólogo, en una iglesia en la que puedo y quiero vivir en libertad. La “vida” no me ha hecho homosexual, y así la acepto. Pero he conocido y conozco docenas de homosexuales ejemplares, dentro y fuera del “clero” de la Iglesia (obispos, presbíteros, religiosos…), con sus problemas y con su riqueza de vida.
Así como soy, tengo unos valores; si fuera otra cosa tendría otros (igual que si fuera mujer; me ha tocado ser varón, me va bien, no me enorgullezco por ello, pero estoy contento, como estaría contento de ser mujer, si lo fuera). No me ha costado demasiado ser lo que soy, aunque en mi vida de seminario y después he conocido casos duros de des‒ubicación afectiva, en línea de pederastia, pero, en conjunto, las vidas clerical y religiosa y ahora la vida de casado se han portado conmigo de una forma espléndida.

Por eso, doy gracias a Dios y a todos los que me han recibido y tratado como a una persona, aunque ahora, pasados los años, me gustaría contribuir a cambiar la estructura de la vida clerical, por cariño a la vida, por amor al Evangelio, para atravesar con gozo los nuevos y hermosos, pero difíciles caminos de la vida.

Por eso, leyendo día a día los problemas que se airean en la prensa (¡evidentemente con cierta razón!) me gustaría que ella, la iglesia institucional, se trasformara en línea de verdad, aceptando lo que son sus miembros, y en esperanza de evangelio. Quiero que la iglesia, con otros muchos hombres y mujeres no creyentes, abra un camino de humanidad, en esta nueva travesía de la historia que se inicia. Mientras sigo esperando en ello, acabo como empezaba, dando gracias a tantos homosexuales y ahora también a tantos heterosexuales cristianos y clérigos por su servicio difícil, muchas veces menospreciado, al servicio del evangelio.

http://blogs.periodistadigital.com/xpikaza.php/2018/12/03/p420362#more420362

La lucha del papa Francisco por crear una Iglesia sinodal


La sinodalidad para Francisco no es solo una forma de gobierno de la Iglesia, sino una forma de ser Iglesia.

Massimo Faggioli 
Estados Unidos5 de noviembre de 2018

El Papa Francisco posa con los participantes en la asamblea del Sínodo de los Obispos sobre la Juventud, el 27 de octubre. (Foto de Fabio Frustaci / EPA / MAXPPP)

La crítica más visible de la asamblea recién concluida del Sínodo de los Obispos sobre jóvenes se ha centrado en las secciones del documento final que exigen un fortalecimiento de la sinodalidad en todos los niveles de la Iglesia.

Es absolutamente sorprendente lo poco que saben tantos obispos sobre la sinodalidad, un método que el Papa Francisco ha tratado de desarrollar a lo largo de su pontificado y un concepto que los teólogos católicos han estado discutiendo durante al menos un par de décadas.

Para entender cómo se está recibiendo actualmente la eclesiología del papa, debemos mirar hacia atrás al concepto de colegialidad episcopal tal como se introdujo en el Concilio Vaticano II (1962-65).

Es bien sabido que este fue un concepto “nuevo” para los Padres Conciliares, quienes debatieron y finalmente aprobaron por principio, especialmente en la Constitución sobre la Iglesia, Lumen Gentium , que se promulgó en noviembre de 1964.

Menos conocido es que los teólogos católicos habían hecho un trabajo sustancial en la colegialidad durante la fase de preparación del Concilio Vaticano II. Un ejemplo notable fue el libro de 1961 editado por Yves Congar y Bernard-Dominique Dupuy, The Episcopate and the Universal Church .

Durante las sesiones reales del Concilio Vaticano II, otros teólogos e historiadores publicaron aún más libros y artículos académicos sobre el tema.

Estos fueron fundamentales para convencer al concilio de obispos en ambos extremos del espectro de que la colegialidad episcopal no era, de hecho, una novedad, sino parte de la tradición más profunda de la Iglesia.

Giuseppe Alberigo argumentó que estaba arraigado en la fidelidad al principio de la asignación de recursos en su libro sobre la historia de la doctrina del poder en la Iglesia universal. Aunque el texto se publicó en italiano en 1964, ya estaba disponible para los Padres del Consejo un año antes durante la segunda sesión del Vaticano II.

Recepción desigual de los esfuerzos de Francisco hacia la sinodalidad.

Un intercambio similar entre teología y magisterio está actualmente en curso con respecto a la sinodalidad eclesial .

Pero está sucediendo en mucho menor grado y en una Iglesia más fragmentada ideológica y geográficamente. Esto es el resultado de la creciente brecha entre los teólogos y los líderes de la Iglesia, especialmente debido a una debilidad dentro de la teología de habla inglesa.

Una búsqueda de la palabra “sinodalidad” en los títulos ofrecidos por los libreros en líneamás populares produce solo un puñado en inglés. Y solo un par de estos tratan con la sinodalidad en la Iglesia Católica.

Pero la situación es muy diferente en otros idiomas, como el francés, el alemán y el italiano, donde la reflexión teológica sobre la sinodalidad en la Iglesia católica ha estado ocurriendo desde antes de que Francisco se convirtiera en Papa.

Dado que estas obras son más antiguas y más abundantes, la sinodalidad no es tan problemática y menos “novedosa” para los teólogos y los líderes de la Iglesia.

Esta recepción desigual de la contribución del Papa Francisco a la sinodalidad es notable, ya que es una de las ideas eclesiológicas clave de su pontificado, ya elaborada en varios documentos sustanciales.

Incluyen el discurso del Papa en octubre de 2015 para conmemorar el 50 aniversario de la institución del Sínodo de los Obispos; la publicación en marzo de 2018 del texto de la Comisión Teológica Internacional sobre la sinodalidad en la vida y misión de la Iglesia; y la publicación en septiembre de 2018 de la constitución apostólica Episcopalis Communio , que define y realiza cambios en el Sínodo de los Obispos.

Además, también está la nueva instrucción, publicada en octubre pasado, que establece los procedimientos a seguir en las asambleas del Sínodo y delinea las responsabilidades de la secretaría general del Sínodo.

Aún más importante, existe la experiencia de preparar y celebrar las dos asambleas sobre el matrimonio y la familia en 2014 y 2015, en mi opinión, el momento más importante para comprender este pontificado desde un punto de vista eclesiológico e institucional.

Pero la falta de reflexión sobre la sinodalidad en algunas áreas del catolicismo global está contribuyendo a la confusión y la mala interpretación del cambio actual de una Iglesia gobernada por la colegialidad episcopal a una Iglesia en un proceso de reforma hacia la sinodalidad.

Subyugando la Curia Romana a la sinodalidad eclesial mundial.

Si bien la sinodalidad eclesial se basa en la colegialidad episcopal, los términos no son sinónimos.

Primero, la colegialidad episcopal da voz solo a los obispos, mientras que la sinodalidad busca dar voz a todo el Pueblo de Dios, es decir, a otros componentes de la Iglesia (especialmente a las mujeres) pero también a las periferias de nuestro mundo y de la Iglesia.

En segundo lugar, la colegialidad episcopal, tal como fue formulada por el Concilio Vaticano II, dejó mucha discreción al Obispo de Roma para elegir si actuaría colegialmente y cuándo. Pero Francisco habla de la sinodalidad como una dimensión fundamental de ser Iglesia que no puede encontrar expresión solo en los eventos celebrados en el Vaticano.

En tercer lugar, la enseñanza y las acciones de los papas en el período posterior al Vaticano II enmarcaron la colegialidad de una manera que protegía el poder de la Curia romana, tanto teológicamente como en la práctica.

Pero en los últimos cinco años y medio, Francis ha empezado a cambiar eso.

Se espera que articule la precedencia que el Sínodo de los Obispos (y la sinodalidad) tiene sobre la burocracia central de la Iglesia cuando emita la próxima constitución apostólica sobre la reforma de la Curia.

La sinodalidad para Francisco no es solo una forma de gobierno de la Iglesia, sino una forma de ser Iglesia. Requiere no solo cambiar las instituciones, sino también cambiar una mentalidad completa. Hay una agenda completa que aún se está redactando y requerirá mucho tiempo para ser abordada .

Naturalmente, hay problemas que deberán resolverse.

En primer lugar, no está claro cuánta sinodalidad eclesial será capaz de soportar una institución como el Sínodo de los Obispos (concebida en 1965 como un instrumento de colegialidad episcopal y dependiente de la primacía papal).

En segundo lugar, una verdadera Iglesia sinodal no puede asumir que todos los participantes en los eventos sinodales en Roma dominan el italiano. El italiano no debería convertirse en el nuevo latín.

En tercer lugar, la sinodalidad necesita experiencia sinodal a nivel universal, pero también debe ocurrir a nivel nacional y local.

En este sentido, Francis está abriendo el camino hacia la sinodalidad mientras, al mismo tiempo, está tratando de curar las heridas que las políticas y prácticas de sus dos predecesores anteriores infligieron a la colegialidad episcopal.

Al comienzo del período posterior al Concilio Vaticano II hubo una ola de sínodos locales y concilios que se detuvieron al final del pontificado de Pablo VI.

La decadencia de la vida conciliar y sinodal de la Iglesia después del Concilio Vaticano II es similar a lo que sucedió en el período posterior al Concilio de Trento (1545-1563).

La única diferencia es que ocurrió mucho más rápidamente, dado que conciliar local y la actividad sinodal en el período tridentino permanecieron bastante importante hasta mediados y finales de los 18 º siglo.

En un sentido, el Concilio Vaticano II fue solo una breve pausa en más de dos siglos de sentimientos antinodales típicos del ultramontanismo. Y esto es contra lo que Francisco se enfrenta.

El delicado acto de equilibrio del Papa.

La eclesiología de sinodalidad del papa jesuita arroja luz sobre su profunda percepción de la Iglesia de hoy.

Su impulso por una forma diferente de gobernar y ser Iglesia muestra su intención y su intento de mantener unidas a las corrientes opuestas: mantener una estructura institucional en una cultura católica que tiende cada vez más a convertirse no solo en post-clerical, sino también post-eclesial y post -Iglesia; escuchar el sensus fidelium de todo el Pueblo de Dios mientras se preserva el rol de discernimiento para aquellos en posiciones de liderazgo; y promover la colegialidad episcopal del Vaticano II con la sinodalidad eclesial en una época en que la barca de Pedro también se ve sacudida por el populismo y la demagogia.

Pero aún más importante, la sinodalidad es una respuesta necesaria al paradigma pre-global de la gobernanza eclesial.

La Iglesia católica es hoy mucho más grande y más diversa que en los años sesenta.

Se ha vuelto cada vez más urgente encontrar una manera de lidiar con la conciliaridad en una Iglesia global donde es difícil imaginar, aunque solo sea por razones logísticas, la convocatoria de otro concilio ecuménico limitado solo a obispos como el del Vaticano II. .

La idea de que la conciliaridad basada en la colegialidad episcopal está mostrando sus límites es uno de los tabúes más fuertes en la enseñanza oficial de la Iglesia católica actual. No es de extrañar que sea un jesuita el que haya encontrado el coraje para abordarlo.

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Sínodo, Día 3: Hablando con los jóvenes, no sobre ellos.


Congregación General del Sínodo de los Obispos.

El trabajo del Sínodo sobre los jóvenes continúa el miércoles, con 20 padres sinodales hablando en la cuarta Congregación general de la mañana. El hermano Alois, el prior de la comunidad de Taize, invitado especial del Sínodo, también habló esta mañana, al igual que ocho de los jóvenes auditores que participan en la Asamblea.

Por isabella piro

“Hoy en día, hay muchas personas que hablan sobre los jóvenes, pero pocas que les hablan”. Estas palabras de Pablo VI fueron repetidas durante la cuarta congregación general del Sínodo de los Obispos, que tuvo lugar el miércoles por la mañana.

El tema de la escucha fue una parte importante de la asamblea de la mañana. Los Padres sinodales se enteraron de la necesidad de escuchar a los jóvenes en el mundo digital, donde una sobreabundancia de información corresponde a una escasez de sueños, con el riesgo de crear niños “info-obesos”. Pero también existe la necesidad de mirar la cara positiva de los jóvenes, que son portadores de grandes recursos humanos y espirituales, como la amistad, la solidaridad, el voluntariado, la autenticidad en el testimonio, la solicitud de coherencia dirigida a la sociedad civil, el llamado a un Iglesia más alegre y evangélica.

Compromiso constructivo con adultos.

Escucharon que los jóvenes quieren tener un adulto que los escuche, les dedique su tiempo, les dé la bienvenida con empatía y respeto, los acompañe en su discernimiento, incluso con respecto a su vocación, y no los juzgue. Esta necesidad es aún mayor hoy, dada la actitud de algunos adultos hacia los jóvenes, que puede dejar a los jóvenes desorientados, sin un punto de referencia estable.

La importancia de la liturgia y los sacramentos.

Los oradores del miércoles por la mañana también hablaron sobre la importancia de revitalizar la vida espiritual de la Iglesia, especialmente con respecto a la misa, la oración diaria y los sacramentos. Estas pueden ser una manera de atraer a los jóvenes y hacerlos una parte activa de la vida de la Iglesia, alentándolos a desempeñar un papel activo. En las celebraciones litúrgicas, entonces, se debe prestar atención a un uso más inspirador de la música, así como a la catequesis y las homilías. No es suficiente memorizar oraciones y fórmulas, se dijo; más bien, la predicación debe ser alegre e inspiradora, porque los jóvenes deben entender con la cabeza y creer con el corazón. Sólo de esta manera pueden ser los primeros apóstoles de sus compañeros. Como agente de cambio, constructor de paz y unidad en el mundo,

“Soledad en abundancia”

Al mismo tiempo, los pastores no deben limitarse a esperar a los jóvenes en las parroquias: el verdadero desafío es ser una Iglesia “en marcha”, llegando a los jóvenes dondequiera que estén. Muchos jóvenes parecen tener muchas amistades virtuales, pero pocos amigos reales. Sufren una especie de “soledad en abundancia”, a la que la Iglesia puede ofrecer una respuesta real. En el área de la formación, se recordó la importancia de la doctrina social de la Iglesia, una brújula válida que puede guiar a los jóvenes en sus elecciones; así como el papel de las escuelas católicas, entendido como excelentes centros educativos, aunque tal vez no sean capaces de incorporar plenamente a los jóvenes en la vida eclesial.

La Alianza Familia-Iglesia

El llamado a una alianza entre la Iglesia y la familia fue otro tema central del día. Como los educadores primarios de los niños, especialmente para acompañar a la edad adulta, la unidad básica de la familia, basada en el matrimonio cristiano, hoy se debe valorar nuevamente. De hecho, la familia representa de alguna manera el primer seminario para aquellos que perciben una vocación. Por este motivo, parece necesario reflexionar sobre la figura del padre, un pilar para la transmisión de la fe y para la maduración de la identidad de los hijos. Es un papel, como se señaló en la sala del Sínodo, que debe apreciarse en armonía, no en la competencia, con el papel de las madres.

Acogiendo con beneplácito a los migrantes y refugiados

También se hizo un llamamiento para dar la bienvenida a los refugiados y migrantes, que a menudo son jóvenes y cuya dignidad a menudo se viola. Un término clave en esta área es solidaridad, anotaron los prelados, para que los jóvenes refugiados realmente se sientan bienvenidos e integrados. Los oradores también destacaron la necesidad de trabajar juntos para que las personas no se vean obligadas a emigrar, sino que puedan permanecer en sus países de origen.

Un “ministerio de escucha”

Después de las intervenciones de numerosos obispos, los miembros del Sínodo tuvieron la oportunidad de escuchar al hermano Alois, prior de la comunidad de Taizé, un invitado especial en la reunión. Habló sobre la importancia de un “ministerio de escucha”, que tal vez podría confiarse a los fieles laicos. El fundador de la comunidad de Taizé, el ahora fallecido Hermano Roger, había dicho: “cuando la Iglesia escucha, se convierte en lo que es: una comunión de amor”.

Luego se dio tiempo para escuchar a ocho jóvenes, hombres y mujeres, que participan en la Asamblea General como auditores. En sus intervenciones, se señaló que la juventud no es simplemente una categoría estadística; más bien, los jóvenes quieren ser parte de la solución para los problemas contemporáneos. También hubo un llamado a una especie de “opción preferencial” para los jóvenes: heridos por los sistemas que excluyen, los sistemas que no favorecen la igualdad y la justicia, los jóvenes deben ser escuchados y ayudados de manera concreta, precisamente porque corren el riesgo de convertirse en algo así. Pobre de nuestros días, víctimas de una “cultura de desperdicio”.

Desechado y desarraigado

Hoy en día, ser joven casi parece garantizar la inscripción en las filas de los descartados: desarraigado y “nati liquidi” [nacido en un estado fluido]. Los jóvenes de nuestros días son inciertos y frágiles, a menudo instrumentalizados por la política, privados de un futuro. Por otro lado, todavía sueñan con un mundo que los incluya y les permita ser protagonistas de la historia, creadores en clave de servicio y no de poder. Los auditores también pidieron firmeza y transparencia en la lucha contra el abuso de las personas en la Iglesia, para que la Iglesia sea más creíble. Finalmente, dijeron que una mayor apreciación del papel de las mujeres en la vida eclesial era esencial, para que las mujeres pudieran sentirse animadas a crecer en la libertad de fe en Jesús.

https://www.vaticannews.va/en/church/news/2018-10/synod-youth-2018-day-three-morning-session-summary.html

Mons. Tissera: El Sínodo, una oportunidad para rejuvenecer a la Iglesia


Jueves 4 Oct 2018 | 12:54 pm« Volver

ver másCiudad del Vaticano (AICA): “Este Sínodo es un momento privilegiado para la Iglesia. Para la Iglesia es una oportunidad de rejuvenecernos, porque envejecemos cuando perdemos la fuerza del Evangelio”, expresó el obispo de Quilmes, monseñor Carlos José Tissera, padre sinodal electo por la Conferencia Episcopal Argentina, durante la conferencia de prensa, este jueves 4 de octubre, en la Sala de Prensa de la Santa Sede al finalizar las primeras sesiones de la XV Asamblea General Ordinaria del Sínodo de los Obispos. 

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  “Este Sínodo es un momento privilegiado para la Iglesia. Para la Iglesia es una oportunidad de rejuvenecernos, porque envejecemos cuando perdemos la fuerza del Evangelio”, expresó el obispo de Quilmes, monseñor Carlos José Tissera, padre sinodal electo por la Conferencia Episcopal Argentina, durante la conferencia de prensa, este jueves 4 de octubre, en la Sala de Prensa de la Santa Sede al finalizar las primeras sesiones de la XV Asamblea General Ordinaria del Sínodo de los Obispos. 

La rueda de prensa, en la que participó monseñor Tissera, fue coordinada por el prefecto del Dicasterio para la Comunicación del Vaticano, Paolo Ruffini, que dijo que en esta 2ª sesión participaron 25 padres sinodales y el tema de la escucha fue una constante en todas ellas. 

El obispo de Quilmes recordó en primer lugar a los periodistas presentes que “América Latina es el continente que acoge a la mayoría de los cristianos” y añadió: “Estamos aquí para escuchar profundamente los clamores de la juventud de todo el mundo. Hay que caminar con un oído en el pueblo y con otro en el Evangelio, y en este caso, con un oído en los jóvenes y otro en el Evangelio”, subrayó. 

En este sentido, señaló que uno de los retos es “provocar el encuentro entre Jesús y los jóvenes de hoy, y nosotros, como cualquier cristiano, somos un intermediario”. 

Aclaró que cuando los padres sinodales hablan de “la llamada” a los jóvenes, del discernimiento vocacional, no es únicamente una referencia a la llamada al sacerdocio, sino que es una llamada “a vivir, a seguir, el camino de Jesús”. 

Sobre el acento que se está poniendo en la necesidad de escucha, afirmó que “hay que escuchar a esos jóvenes para hacerles entender que Dios los ama. Los jóvenes no están perdidos, quizás la que está perdida es la sociedad que no les abre las puertas. Por lo tanto, estos días estamos escuchando”, concluyó monseñor Tissera 

Recuperar la capacidad de escucha
El prefecto del Dicasterio para la Comunicación del Vaticano, explicó que los trabajos del Sínodo se organizaron en una estructura de tres partes, siendo la primera dedicada a la Iglesia en escucha de la realidad, que se alargará durante esta primera semana del Sínodo. Las otras dos son interpretar y escoger. 

Seguidamente señaló en las intervenciones de los 25 padres sinodales se habló sobre el problema del descarte, la credibilidad de la Iglesia, afectividad y la sexualidad, la vocación en sentido amplio: laical y religiosa, la acogida de los migrantes, “ya que de hecho, los migrantes son casi todos jóvenes”, indicó el prefecto. 

Otros temas fueron la necesidad de recuperar la capacidad de escucha y de recuperar la paternidad de la Iglesia. Se ha reflexionado sobre la familia como lugar de la fe; sobre cómo los jóvenes viven la propia religiosidad; sobre cómo se puede hacer para que las religiones permanezcan abiertas al diálogo y al testimonio. 

Por otra parte, también se prestó atención a cómo debe ser la pastoral juvenil, y se señaló “que no debe ser un intento de domesticar”. 

Asimismo se mencionó la capacidad de profecía de los jóvenes, de su capacidad de mirar al futuro. Se habló del perdón de la Iglesia cuando no estuvo a la altura de sus compromisos. Se abordó el tema de los abusos. La necesidad de la Iglesia de ser empática y las relaciones entre diferentes generaciones. 

“El clima era muy participativo. Se prestó gran atención a los participantes que no eran padres sinodales”, comentó sobre las intervenciones Paolo Ruffini, agregando: “Se percibió en todas las intervenciones un constante deseo de soñar junto con los jóvenes, de intentar mirar el mundo con los ojos de los jóvenes”, concluyó el prefecto. 

http://www.aica.org/35826-mons-tissera-el-sinodo-una-oportunidad-para-rejuvenecer-la-iglesia.html

Ivone Gebara: “La Iglesia va a perder a las mujeres que piensan”


    LA TEÓLOGA BRASILEÑA SOSTIENE QUE “LO QUE MOLESTA A LA IGLESIA NO ES LO FEMENINO, ES EL FEMINISMO”

    “Jesús tenía que aprender, ser contestado, responder, equivocarse”, asegura desde ComillasJesús Bastante, 01 de octubre de 2018 a las 20:24  

    La teóloga brasileña sostiene que “lo que molesta a la Iglesia no es lo femenino, es el feminismo”RDRELIGIÓN | MUNDO

    No todos los hombres son machistas, ni todos los obispos son machistas, por eso yo prefiero hablar de un fundamento patriarcal. Aquí quien manda es el varón porque es el representante de Jesús

    (Jesús Bastante).- “Decir que la Virgen María es más importante que los apóstoles, sólo sirve para que todo siga igual. Eso no viene del Evangelio“. La teóloga brasileña Ivone Gebara es una de las máximas representantes de la teología feminista en el mundo.

    Desde Comillas, donde esta tarde ha participado en unas conversaciones organizadas por la Asociación de Teólogas Españolas, Gebara critica a la “Iglesia patriarcal” que, asegura, corre el riesgo de “perder a las mujeres que piensan”. Hablamos con ella en exclusiva.


    En tu ponencia, hablas de alteridad, diferencia e igualdad. ¿Qué quieres decir con todo eso?

    Son conceptos muy conectados con el feminismo, y por eso algunas filósofas feministas han trabajado, y yo también, estos conceptos, que no nacieron con el feminismo, sino de otras reflexiones filosóficas, como las del filósofo judío francés Lèvinas, que habló mucho del otro, de quién es el otro. Mi aportación es levantar una sospecha de que las reflexiones sobre la alteridad han colocado a la mujer como ‘la otra’. Y cuando se habla de diferencia, se hace dentro de un contexto, donde la universalidad masculina es bastante fuerte.


    ¿Vivimos una ética machista?

    No necesariamente machista. Quiero decir que no siempre están conectados con una ética, sino también con una manera de reducir al otro, de no tener en cuenta la diferencia. Estos conceptos pasan a ser teóricos, casi vacíos en la práctica. La igualdad, la alteridad, la diferencia… están relacionadas con algo. Igual a qué, diferente de qué. En este sentido quiero hablar de algo que está conectado con la vida de las mujeres, que es la belleza. Se fabrica una sola belleza, que en realidad son los productos que se venden. Las mismas marcas producidas para diferente marca…

    Esta es una tela de araña en la que caemos todas, porque esa belleza es algo exterior, y es muy sacrificada. Tenemos que sacrificarnos mucho para tener el peso ideal, la piel sin arrugas… miles de esclavitudes. Finalmente, hablo del cuerpo femenino desde el Cristianismo. Y es interesante que el Cristianismo, y cuando hablo del Cristianismo hablo de la teología, no del tiempo de Jesús, el ideal de la belleza femenina es un ideal ‘espiritual’, pero es la belleza del servicio. La mujer que es buena es la que sirve, la que es una buenísima madre… Por ejemplo, todas estas mujeres que salen a la calle para hablar de los derechos de las mujeres, traicionan el ideal de la mujer como madre, cuidadora, sometida, ama de casa, limpiadora de la Iglesia, servidora de los curas. Son las mujeres que les cocinan, limpian los seminarios….

    ¿La Iglesia no da cuenta de que el día que las mujeres digan ‘Ya basta’ a ser siervas, esclavas… y no otras cosas dentro de esa Iglesia, la Iglesia puede quedarse vacía?

    Es que hasta ahora ellos ven este proyecto de mujeres muy lejano, sobre todo en América Latina. Se dan cuenta, pero hacen como si el problema no existiera. Yo conozco a unos curas que pagan un sueldo mísero y, al mismo tiempo, hablan de justicia social. Estas contradicciones existen, porque existe la pobreza, que viven las mujeres. Pobreza material, en primer lugar, pero también hay una ‘compensación’, porque a veces el cura es buen tipo, educado, no es como el borracho del marido. Está el consuelo…

    Sí, pero la mujer no cambia su rol, sigue estando sometida…

    Pero el sometimiento es distinto. El cura no la pega, el cura le agradece, le dice que va a rezar por ella. Hay una idea del cura como representante de Jesús. Esta simbología, en cierta manera, atrasa el proceso.

    Eso, aquí, se llama ‘micromachismos’, sin darte cuenta…

    … estás fomentando la injusticia. Y el día en que el cura se da cuenta, las relaciones van a cambiar. Pero son más relaciones de amistad.


    ¿Cuándo la Iglesia reconocerá a las mujeres, también, como discípulas de Jesús?

    Lo primero que hay que decir es que si decimos ‘discípulas’, ya establecemos una jerarquía. Yo prefiero hablar de ‘Movimiento Jesús’. En este movimiento, Jesús no siempre tenía la última palabra. Las teologías masculinas han subrayado una sabiduría infusa en Jesús, como si no necesitara aprender nada de nadie, hasta el punto de decir que María fue la primera discípula de su hijo. Eso no puede sostenerse. Jesús tenía que aprender, ser contestado, responder, equivocarse. Creo que tenemos una idea muy romántica de Jesús de Nazaret, y al hablar de movimiento estamos bajando a la realidad de la vida. En el mundo judío, las mujeres tienen un rol importantísimo, como madres, educadoras, que son escuchadas. El mundo patriarcal, el Cristianismo de a partir del siglo II y III va a conectarse con la idea de poder del Imperio Romano, y allí las cosas empiezan a cambiar. La autoridad pública de la mujer se pierde totalmente.

    La Iglesia, ¿es machista?

    Yo prefiero no usar la palabra machismo, porque esa palabra tienen una connotación de subjetividad y emocionalidad muy negativa. No todos los hombres son machistas, ni todos los obispos son machistas, por eso yo prefiero hablar de un fundamento patriarcal. Aquí quien manda es el varón porque es el representante de Jesús, y yo no lo soy. Entonces, yo podría tener más razón que tú, pero la última palabra es tuya. El mundo patriarcal no solo subsiste en la Iglesia.


    ¿Es evangélico que sólo los hombres puedan ser sacerdotes, que las mujeres no tengan un papel sacramental en la Iglesia?

    Esto no viene del Evangelio. Los sacerdotes quieren ver a los 12 apóstoles, varones, como una elección de Jesús. Yo no veo eso. La hermenéutica bíblica feminista ve otras cosas, pero desgraciadamente no nos leen, no nos escuchan y nos echan afuera de las instituciones de formación. Las pocas teólogas que enseñan en facultades de Teología tienen que ajustarse a las normas.Ver imagen en Twitter

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    Conversatorio con Ivone Gebara: Montse Escribano, socia de la Asiciación, Raquel Lobato @HOAC_es , Marisa Vidal de Exeria #galicia, pensar sobre lo que nos está pasando…

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    ¿Cómo interpretas que el Papa haya incluido tres mujeres en la Comision teológica internacional, o haya abierto una comisión para el diaconado femenino?

    Yo soy muy crítica. No soy la única que piensa así. Primero, ¿quién ha elegido a estas teólogas como representantes? Pueden ser representantes de lo femenino, pero no del feminismo católico. Porque lo que molesta a la Iglesia no es lo femenino, es el feminismo. Porque femenino es decir, como dice el Papa, la Virgen María es más importante que los apóstoles, ese es un discurso romántico y que sirve para que todo siga igual.

    El Papa pone tres mujeres, entre ellas hay una monja, dos teólogas alemanas. ¿Por qué no preguntó a las diferentes organizaciones de teólogas, por ejemplo, la ATE de España, qué nombres indicarían?


    ¿Crees que es más tema de cuota, y no de convencimiento?

    Claro, y luego te ponen dos cardenales viejos que no tienen nada que ver. Dicen que están estudiando, pero no van a llegar a ninguna conclusión. Ya de antemano, él ya ha dicho no a la ordenación presbiteral. Ahora abre una pequeña brecha para la diaconal, pero no hay que tener mucha esperanza.


    ¿Qué tenemos que hacer los católicos feministas, hombres o mujeres, que entendamos que la Iglesia debe ser un lugar donde la igualdad se practique?

    Creo que los varones hablan muy poco de esto. Pueden hacerlo en círculos cerrados, pero no hablan en los congresos, no escriben al Papa. Están satisfechos, aunque se podría hacer diferente. No hay voces masculinas. Están los dominicos, jesuitas, que hablan de respeto a las mujeres, contra la violencia, hay textos muy bonitos sobre esto. Pero entre esto y decir ‘Hay que cambiar la teología’, hasta el momento en que hablemos de los apóstoles, de Dios Padre Todopoderoso, de los sacramentos solamente conectados con la figura masculina de Jesús… entonces no hay cambios. Y si hay cambios, estoy segura que no será ahora, pero hay que empezar a cambiar.


    ¿Por dónde deberíamos empezar?

    Cada comunidad, en cada grupo, en cada país, tiene que empezar desde su propia realidad. Yo invitaría a las mujeres que se reúnan, que estudien, por su parte, y a los varones que reflexionen por su lado.


    ¿Qué futuro le espera a la Iglesia si no rompe con el paradigma de varones con poder y mujeres servidoras?

    No sé hablar del futuro, pero el presente lo que pasa es que muchas mujeres se salen de la Iglesia. La Iglesia ya perdió a lo sobreros, ya perdió al campesinado, y va a perder a las mujeres que piensan. Las mujeres que piensan y las líderes de movimientos populares. La Iglesia católica ya no les dice casi nada. En el mundo indígena, esta manera de la Iglesia con el feminismo comunitario, no les dice nada. Sí que van a quedar algunas, pero van a perder a muchas.

    Por si algun@ estáis en casa y queréis seguir la conferencia de Ivone Gebara en directo @alandar @ReligionDigit @teologiafeminis @Revista_VN https://tv.comillas.edu/media/1+10+2018+CONFERENCIA+%22ALTERIDAD%2C+DIFERENCIA+E+IGUALDAD.+CONVERSACIONES+CON+IVONE+GEBARA%22+F.+DE+TEOLOG%C3%8DA/1_ykwebp5s …

    1/10/2018 CONFERENCIA “ALTERIDAD, DIFERENCIA E IGUALDAD. CONVERSACIONES CON IVONE GEBARA” F. DE TEOLOGÍA

    https://www.periodistadigital.com/religion/mundo/2018/10/01/ivone-gebara-la-iglesia-va-a-perder-a-las-mujeres-que-piensan-religon-iglesi

    Una Historia, en el corazón de la Iglesia Latinoamericana. Olga Lucia Alvarez Benjumea ARCWP*


    Es en el corazón de la Iglesia Latinoamericana, que sucede esta Historia, hace 4 días.  Es la Iglesia Latinoamericana, con identidad propia, autóctona, espontanea, descolonizada de devociones, y ritos foráneos, inclusiva, humana, profundamente enraizada en la catolicidad, del mensaje de Cristo Jesús, misionera, portadora de Vida y Vida en abundancia. (Juan 10:10).

    Maria Teresa (derecha) acompañada de Blanca Azucena (izquierda) el día Junio 13/18 día de su ordenación presentadas a la Comunidad.

    En el Servicio Médico , una mujer sacerdote, Maria Teresa, celebró la Cena del Señor! Todo el personal del Servicio, se hizo presente, participaron activamente, cada uno realizó su trabajo y se entregaron al niño débil, enfermo, que el mundo no quería recibir. Quien presidia el servicio, -Maria Teresa- le atendía, abrazaba fuertemente, y su energía y su vida, así se la quiso dar: No te vayas, quédate con nosotros! yo te ayudo, yo te quiero, yo te necesito…!

    Ante la gravedad de la criatura, ella, pregunta a la madre, si es católica. Ante la respuesta afirmativa, le dije: “Soy una mujer sacerdote católica-médica, me permites, bautizar el niño?” La madre accedió. Sus lágrimas cargadas de emoción, dolor y tristeza, se entre mezclaron con el Espíritu del agua, y Alexander fue bautizado: Yo te bautizo, Alexander, yo soy la Resurrección y la Vida!, He venido a dar Consuelo y Vida en abundancia (Juan 10:10) En el Nombre del Padre-Madre, Hijo y Espíritu Santo.

    “Era un recién nacido de 25 días se le hizo RCP ( reanimación cardio pulmonar) se le administró oxigeno y masajes en el tórax posterior ( espalda).. hizo tres paros cardíacos de donde logramos sacarlo y le colocamos 0.1cc de epinefrina… mientras se trataba de ubicar una ambulancia con oxigeno. Hasta que llego y fue subido de emergencia y trasladado a un centro de salud con neonatologo… en el camino  volvió a hacer otro paro y no reaccionaba hasta q logramos sacarlo de allí… y seguíamos con el RCP.. al llegar al centro de salud corrimos con él a la emergencia donde enseguida le colocaron oxigeno y prosiguieron con el RCP… lo monitorearon enseguida y tomaron via endovenosa… colocaron solución de expansion, incluyendo glucosa… y en total tres dosis de epinefrina porque hizo otro paro… continuaron con RCP… hasta que  a las 6pm le dio un paro fulminante y ya no reaccionó…”

    Por mas esfuerzos del equipo medico no lograron reanimarlo.

    El niño se fue…hubo dolor y silencio en aquel momento.

    El mundo no estaba preparado para recibirle. Pero hubo Eucaristía. con dolor, lo entregaron, con dolor se entregaron todos, y Alexander nos dejó su mensaje: Hagan esto siempre en memoria mía! Muchos seres humanos han de venir igual que yo vine hoy o en peores circunstancias, rechazados, marginados…, pero ustedes, me devolvieron la Vida. Me hicieron sentir amado, me hicieron sentir el más importante. Y eso es sentir la Vida. Gracias, gracias, gracias.

     

    Foto tomada de internet.

    Nota:

    Por respeto a la intimidad de la familia del niño, no damos sus apellidos, ni dónde ocurrió esta situación.

     

    *Presbitera católica.

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