90 cumpleaños de Don Pedro: una gran fiesta para un profeta con más vidas que un gato


Don Pedro Casaldáliga, rodeado de amigos en su 90 cumpleañosRD

Don Pedro siempre fue del pueblo, humano, sensible a las causas por las que dio su vida, las causas de los pobres, de los campesinos, de los negros, de los indígenas, las luchas por la tierra

(Luis Miguel Modino, corresponsal en Brasil).- Son pocos los que llegan a los noventa, todavía más cuando tantas veces se ha puesto la vida en riesgo por defender a los que no cuentan, a los nadies que diría Galeano, cuando durante mucho tiempo se ha estado en el ojo del gatillo de los que mandan, de los que se creen dueños de todo, inclusive de la vida ajena, en definitiva, cuando se ha elegido vivir como profeta que quiere ser voz de los que nunca fueron escuchados, de los que siempre fueron despreciados.

La consecuencia de eso es que uno vive con la muerte en los talones, algo que nunca le importó a quien siempre dejó claro que sus causas valen mucho más que su vida. Cuentan que poco después de ser vilmente asesinado el Padre João Bosco Burnier, el 12 de octubre de 1976, Pedro Casaldáliga, con quien fue confundido y que estaba a su lado, dijo que quien debía haber muerto era él, a lo que una mujer respondió que él iba a vivir muchos años.

La profecía femenina se ha cumplido y este 16 de febrero muchos agradecen a Dios por los 90 años de quien dedicó su vida a la misión entre los más pobres en el Valle del Río Araguaia. Ha sido una fiesta bonita, llena de agradecimiento. Don Pedro, dentro de las limitaciones que su hermano Parkinson le impone, se encontraba bien, como nos decía alguien próximo al poeta del Araguaia, el artista plástico Tony Cálices, uno de los artífices de las últimas Romerías de los Mártires y dinamizador de la Hermandad de los Mártires de la Caminada.

La presencia de algunos de los que formaron parte del equipo de pastoral en los primeros años de la Prelatura, de aquellos que durante mucho tiempo trabajaron codo con codo con quien es considerado una referencia de compromiso con el Reino, ha sido motivo de felicidad para Don Pedro. Pero también estaban presentes muchos otros en espíritu de comunión, expresada en mensajes llegados de todos los rincones del planeta. Junto con ellos, quienes desde la gloria eterna también agradecen y se alegran con su testimonio de vida.

Por encima de todo, cabe destacar la presencia de los más pobres, de aquellos que han destacado la importancia del obispo para el desarrollo de la región. Algunos ya habían estado presentes en la misa de ordenación episcopal y todos recordaron que Don Pedro siempre fue del pueblo, humano, sensible a las causas por las que dio su vida, las causas de los pobres, de los campesinos, de los negros, de los indígenas, las luchas por la tierra, por la preservación del río, por tantas y tantas banderas que nunca dudó en empuñar. Ellos le siguen considerando su obispo, su voz, su gran defensor, a pesar de que las palabras broten con dificultad de un cuerpo dominado por el Parkinson.

En la celebración se han hecho presentes otros dos obispos Monseñor Adriano Ciocca, actual obispo de San Felix, y Monseñor Eugenio Rixen, obispo de la diócesis de Goiás, donde sucedió a Monseñor Tomás Balduino, uno de los grandes amigos y compañero de luchas de Don Pedro, con quien ayudó a fundar la Comisión Pastoral de la Tierra y el Consejo Indigenista. A decir verdad, pocos obispos para un momento en que la Iglesia de São Felix y de Brasil quieren agradecer la larga e intensa vida de un hombre singular y universal. También estaban algunos cofrades claretianos, entre ellos un representante del gobierno general.

Uno se pregunta, ¿qué es lo que estaría pasando por la mente de Don Pedro en un día como éste? ¿Los recuerdos de su infancia en su Balsareny natal? ¿Sus primeros años de claretiano en los que ya iba mostrando su compromiso con el Reino? ¿Las luchas que le han acompañado en sus cincuenta años en este rincón perdido del mundo? Han debido pasar muchos rostros, gente común, de esos que para muchos pasan desapercibidos, pero no para alguien que siempre ha tenido la capacidad de contemplar el mundo y a las personas con una alma poética.

Tanto la celebración como el momento en que se ha compartido el alimento, la vida, de un modo simple, ha tenido lugar allí donde Casaldáliga esbozó, junto con su equipo de pastoral, todo lo que fue haciendo de San Felix un ejemplo de la Iglesia nacida del Vaticano II, de Medellín. Fue en el Centro de Pastoral de la Prelatura, que hoy lleva el nombre de alguien que durante años fue una de sus más estrechas colaboradoras y a quienes todos conocían como la “Tía Irene”, donde se fue diseñando y construyendo una Iglesia pobre y para los pobres.

Mercedes de Budallés Díaz, catalana de nacimiento como Don Pedro pero con el corazón en San Felix desde que llegó al Valle del Araguaia, Asesora Nacional de las Comunidades Eclesiales de Base en Brasil, destacaba que la celebración fue muy bien preparada y al mismo tiempo muy sencilla, idea repetida por uno de los actuales agentes de pastoral de la Prelatura, quien reconocía que fue un “momento de espiritualidad que ha traído una mística para poder continuar la caminada de la Prelatura en defensa de los pobres y oprimidos de nuestra región”.

Junto con él han sido muchas las impresiones de algunos de los presentes, de hombres y mujeres que viven su fe en la Prelatura y siempre tuvieron a Don Pedro como referencia, gente que dice que ha sido una celebración “marcada por la emoción y de verdadero testimonio de todo lo que Don Pedro vivió desde que llegó a la región del Araguaia y que lucha por la justicia en favor de los pobres, de los oprimidos y siempre cargando consigo la esperanza, siguiendo los pasos de Jesús en el Evangelio”.

“Un momento festivo, de mucha gratitud por tener todavía a Pedro entre nosotros, a pesar de la debilidad de su salud”, reconocía una mujer presente. Para los presentes es importante “ver a la gente feliz por el encuentro y reencuentro para festejar los noventa años de Pedro, ayudando a hacer memoria y mirar hacia adelante con esperanza“. La fiesta ha sido una muestra de “una comunidad unida y en comunión a ejemplo de las primeras comunidades, lo que muestra el gran número de personas presentes para rezar con Pedro y celebrar este momento”, afirmando que “Pedro es ejemplo de persona que se entregó en los brazos de Jesús y se convirtió en ejemplo de fidelidad a la propuesta de Dios presentado por Jesús”.

En ese sentido, Douglas Mansur, uno de los fotógrafos más destacados del país, comprometido con las causas sociales, resaltaba que “fue una misa de amigos, una celebración sencilla y muy emocionante”, destacando que “allí estaba la presencia de Dios, la presencia de la solidaridad, de varios pueblos indígenas, campesinos, movimientos, gente de todas las comunidades de la Prelatura, de otros estados y países, representando a todo aquel que cree en la utopía, como siempre Pedro creyó”

¡Felicidades Don Pedro, por noventa años de poesía, de profecía, de rebeldía, de construir el Reino!

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Teología de la gente crítica para entender a Francisco


Reseña: ‘Papa Francisco y la teología del pueblo’ por Rafael Luciani (Parte 1)

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Bergoglio en 2008 Jueves Santo

En la misa del jueves santo en 2008, el entonces cardenal argentino Jorge Mario Bergoglio lava y besa los pies de los residentes de un refugio para usuarios de drogas en una iglesia en un barrio pobre de Buenos Aires, Argentina. El cardenal tomó el nombre de Francisco después de ser elegido Papa el 13 de marzo de 2013. (CNS / Reuters / Enrique Garcia Medina)

Comencé a leer el nuevo libro de Rafael Luciani, el Papa Francisco y la Teología del Pueblo , hace meses. Tenía que seguir bajando el libro y leyendo algo más, no porque el libro estuviera mal escrito o porque el tema no me interesaba. Todo lo contrario. No, tuve que seguir dejando el libro de lado porque leerlo me hizo darme cuenta de lo malvado que soy Christian.

La teología de la gente no es bien conocida aquí en los Estados Unidos. Un par de años atrás, asistí a un almuerzo para el p. Carlos Maria Galli, uno de los principales practicantes de la teología del pueblo, y el paciente pobre, tuvo que lidiar con las preguntas más rudimentarias, y no solo de los periodistas. De los teólogos también! Luciani demuestra cómo y por qué la teología del pueblo tuvo un impacto formativo sobre Jorge María Bergoglio, y también muestra su influencia continua en sus escritos ahora que él es el Papa Francisco. Esta teología es crítica para entender no solo al Papa actual sino a la iglesia en América Latina que, cada vez más, no solo está liderando el camino en la Santa Sede sino también en la iglesia de los Estados Unidos.

Esta teología surgió en Argentina durante e inmediatamente después del Concilio Vaticano II, que se desarrolló entre 1962 y 1965. Los obispos argentinos, en 1966, emitieron una declaración pastoral para el período postconciliar que reconocía el cambio de paradigma que representaba el Vaticano II y apuntaba a la Argentina iglesia en una nueva dirección:

Nuestra gran tarea en este momento, para llevar a cabo la etapa post-conciliar, debe consistir en tres cosas: 1) Siendo imbuidos por el concilio, asimilándolo al reflejar e interiorizar sus ideas y su espíritu; 2) Consolidar y mejorar la forma comunitaria de la Iglesia y sus estructuras colegiadas: asamblea de obispos, presbiterado, consejo pastoral, estructuración y coordinación de los laicos; 3) Promover una mayor apertura al mundo por parte del clero y los laicos. Esto implica una mayor sinceridad para fomentar el espíritu de pobreza y servicio. Para llevar a cabo este programa, la Iglesia en Argentina debe aumentar la reflexión y el diálogo en todos los sectores y en todos los niveles.

Entonces, de inmediato, ve los temas que madurarían en la iglesia en América Latina: pobreza, servicio, colegialidad, diálogo, forma comunitaria de la iglesia, apertura al mundo. Pero, a diferencia de tantas diócesis en los Estados Unidos, los obispos estaban a la vanguardia, no combatiendo una acción de retaguardia contra la implementación del consejo.

Sin embargo, lo más distintivo de la teología del pueblo era su comprensión de las personas como el lugar de la reflexión teológica y la credibilidad eclesial. La lectura de los obispos latinoamericanos de los textos críticos del Vaticano II, como  Lumen Gentium y Gaudium et Spes , eliminó la posibilidad de cualquier tipo de fe pietista y privatizada, pero hizo más que eso. Exigió que la iglesia adoptara el punto de vista del pueblo de Dios y se mirara a sí misma y al mundo con todas sus esperanzas y temores, estando con y entre la gente. Luciani cita al teólogo Rafael Tello:

La iglesia argentina debe verse a sí misma y sus problemas desde el punto de vista de la gente. La gente sería entonces el elemento iluminador y unificador de la problemática de la Iglesia. Eso significa verlo no en términos de sus conflictos internos, sus dificultades internas, o sus problemas internos, sino en términos de su inserción, como pueblo de Dios, en el pueblo argentino. Esto llevaría a un curso de acción relacionado con esa inserción, a saber, la recuperación de los valores cristianos que están en las personas … viendo desde el punto de vista de las personas y adoptando un enfoque centrado en las personas para la acción pastoral.

Apenas se necesita imaginación para vincular esta reflexión con las declaraciones de los obispos argentinos en 1966 con el enfoque pastoral del Papa Francisco en la actualidad. Es por esto que Francisco, el primer Papa que no estuvo presente en el concilio, parece respirar el espíritu conciliar tanto como sus predecesores, tal vez incluso un poco más.

PAPA FRANCISCO Y LA TEOLOGÍA DEL PUEBLO
Por Rafael Luciani
224 páginas; Orbis Books; 2017

Tampoco es demasiado difícil ver cómo difiere esta teología, incluso si retoma algunos de los mismos temas y se enfrenta en gran medida a la misma realidad social, como la teología de la liberación. El teólogo Víctor Fernández es citado:

Solía ​​decirse que la teología del pueblo opta por las masas ignorantes, las personas carentes de cultura y pensamiento crítico. Lo que la teología de la gente defiende es algo muy diferente. Significa considerar a los pobres no solo como el objeto de la liberación o la educación, sino como individuos capaces de pensar en sus propias categorías, capaces de vivir la fe legítimamente a su manera, capaces de forjar caminos basados ​​en su cultura popular.

Creo que ya pasamos el tiempo en el que necesitamos estar a la defensiva acerca de las deficiencias de la teología de la liberación. Intentó importar análisis que difícilmente podrían haber sido más ajenos a la gente: los convirtió en un “objeto de liberación”. Aparte del hecho de que demasiados teólogos de la liberación -no todos- pasaron por alto la realidad de las vidas vividas bajo los preceptos que intentaban bautizar, la fea realidad que el marxismo siempre resultó ser, la teología de la liberación, a pesar de todas sus buenas intenciones, con ello una especie de nobleza intelectual obliga a que la teología argentina fuera alérgica.

De manera similar, a lo largo del libro, Luciani deja en claro cuán diferente es la teología de las personas del tipo de preocupación caritativa reflexiva que caracteriza a la iglesia en los EE. UU. No es que la caridad sea mala. Es que es insuficiente. “Una auténtica conversión personal y emocional al mundo de los pobres, que constituyen la mayoría de la humanidad, se vuelve absolutamente necesaria si queremos comprender el significado del cristianismo actual y responder a este tiempo en el que estamos llamados a vivir”, Luciani escribe

Esta identificación con los pobres está empapada en la creencia tradicional católica. P. Lucio Gera escribe:

En la conversión, las cosas, el mundo, se reinterpretan, se vuelven a sentir, se sienten de una nueva manera, se vuelven a hacer, algo así como recrearse en su novedad pascual; otro punto de partida se usa para reconstruir el significado del mundo. … El mundo en toda su extensión es revivido, no como un mero recuerdo, que sería volver a vivir lo viejo, sino como la resurrección, que no se debe entender solo como vivir de nuevo, sino como vivir de nuevo, no como una nueva vida, pero viviendo diferente.

Esto no se puede confundir de ninguna manera con un mero compromiso secular con la justicia social.

También podemos discernir las reiteradas objeciones del Papa Francisco a la colonización ideológica. Como Luciani explica, el punto aquí no es para nosotros los católicos informados para ir y evangelizar a los pobres en sus barrios, traerles nuestros valores y nuestras visiones. “La opción para los pobres comienza y se desarrolla en el mundo de la vida de los pobres”, escribe. “Implica respetar su forma de ser para reconocerlos honestamente y con sentimiento como verdaderos sujetos de un proceso histórico de desarrollo y liberación. Cuando dejamos de verlos como objetos de estudio y comenzamos a tratar a los pobres personalmente, es cuando comenzamos ser evangelizado por ellos … Es en esta vida cotidiana compartidadonde la belleza de una humanidad que ha sido tocada por el misterio divino se nos revela. “Uno de los pocos pasos en falso, o sobrepasos, que hace Luciani es donde he puesto las elipsis en esa cita. Él escribe,” Ese es el camino “. de conversión, no mediado por la liturgia, sino por el trato diario con las personas y sus historias de vida. “Rechazo esta dicotomía: si has visto a una persona pobre entrar a una hermosa catedral o cantar un himno con fuerza, sabes que no necesitamos elija entre liturgia y tratos cotidianos. Es un pie raro puesto mal en este libro por lo demás notable.

Luciani rastrea el desarrollo de esta teología a través de las grandes reuniones continentales de los obispos latinoamericanos que, en Medellín en 1966, Puebla en 1979, Santo Domingo en 1992 y, por supuesto, Aparecida en 2007, donde el entonces cardenal Bergoglio jugó un papel clave en la redacción del documento final.

Recogeré esa historia el miércoles cuando concluya esta revisión.

[Michael Sean Winters cubre el nexo de la religión y la política para NCR.]

https://www.ncronline.org/news/opinion/distinctly-catholic/theology-people-critical-understanding-francis

Pedro Casaldáliga: La esperanza que sólo se justifica en quienes caminan


José María Concepción, Juan José Tamayo, Eduardo Lallana y Mari Pepa RabaRD

Dios tiene un sueño. Este sueño coincide con los mejores sueños de todas las personas y todos los pueblos: la vida, la paz, la justicia, la libertad en la diversidad, en un solo mundo, sin primero ni segundo ni tercero, en la ley suprema del amor

(Jesús Bastante).- “La esperanza sólo se justifica en quienes caminan”. Palabra de Casaldáliga. La voz del apóstol de la Amazonía se hizo presente esta tarde-noche en el campus de Madrid de la Universidad Carlos III, donde decenas de amigos se concentraron para homenajear a Pedro Casaldáliga. El hombre, el obispo, el intelectual, el poeta subversivo.

Cuatro primeros espada en el conocimiento de dom Pedro, Juan José Tamayo, Mari Pepa Raba, Eduardo Lallana y José María Concepción, se ocuparon de trazar un perfil personal e intelectual de Casaldáliga, que el próximo 16 de febrero cumplirá 90 años (¡Santidad, llame a Pedro Casaldáliga por su 90 cumpleaños!)

Junto a ellos, Fernando García Casas,secretario de Estado de Cooperación Internacional, quiso enviar un saludo a los presentes, en el que definió a Pedro como “un ciudadano universal”, con “un intenso mensaje cristiano” que hoy, a sus 90 años, sigue siendo un ejemplo “para quienes no nacieron en el lado soleado de la vida”.

José María Concepción: “Con Pedro, la utopía sigue”

Fue José María, el ‘archivero de Casaldáliga’, quien apuntó cómo “Pedro vive, y yo prefiero escuchar, y ser su portavoz”. Así, leyó un texto suyo, que dom Pedro pronunció en la Universidad de Campinhas en octubre de 2000, al ser declarado Doctor Honoris Causa. “Un viejo cura de aldea, catalán y poeta”, se definía a sí mismo, aunque pidió ser denominado “Pasionis Causa“, por su “pasión por la utopía” en plena “posmodernidad escarmentada, pero que es la pasión de la esperanza”.

Una utopía frente al “pensamiento único, poder único”, hablaba Pedro, refiriéndose a la “eutopía”, ese “otro lugar” donde quepan todos “para la completa familia humana”, lejos de la “globalización neoliberal homicida y ecocida“. Unas palabras que hoy subrayaría el mismísimo Papa Francisco.

Y tres actitudes éticas: la mirada limpia, la empatía compasiva, y la sencillez de vida, para crear unos valores alternativos. Para Pedro, es preciso “tener en cuenta la realidad, trabajar por y con la realidad, y encargarse de ella para transformarla”. “Somos obreros en construcción de la utopía (…) Queremos dar razón de nuestra esperanza, por una esperanza creíble. No se trata de esperar sentados (…). La esperanza no se puede traducir en pasiva resignación religiosa. Contra toda esperanza, esperamos, tal vez… pero andando”.

“Con Pedro, la utopía sigue”, concluyó José María, anunciando la creación de una web donde se colgarán todos los poemas en castellano de Casaldáliga, y que se podrán consultar aquí.

Mari Pepa Raba: “Un hombre que buscó la verdad, sin hacer daño a nadie”

Por su parte, Mari Pepa Raba recordó sus primeros encuentros con Casaldáliga, allá por 1990. “Desde entonces esos han sido nuestros veranos”, evocó, emocionada. “Nuestra vida más cercana con Pedro han sido estos últimos 16 años. Es un comunicador nato, y te quiere escuchar”.

Ahora, que ella tampoco puede viajar, recuerda el momento en que se despidieron. “será la última vez que nos viéramos. Él me dijo que nos volveríamos a encontrar”.

Hablar de Pedro ahora es un poco duro. La enfermedad es muy cruel. Él le llama ‘su hermano’, un ‘hermano grileiro’, que le estaba cansando la vida”, apuntó Mari Pepa. O “su superior general”, como recordó Eduardo Lallana.

“Es difícil de explicar. Es un hombre con una armonía en sí mismo, en su conexión con el mundo, con la naturaleza, que va unido al encuentro interior con Jesús”, explicó Mari Pepa, y eso “le lleva al amor que ofrece a los demás, especialmente a los niños”. “Es un hombre delicado, con muy buen humor… Ha sido muy especial con las mujeres, con las madres, con las abuelas”.

Cuando conoces a Pedro te das cuenta que lo del Evangelio es verdad, que lo del Buen Pastor es así en Pedro” subrayó Raba, quien confesó cómo en su 80 cumpleaños, el obispo les contó cuando en la Guerra Civil su padre fue arrestado. “Su padre era tratante de ganado, y apareció un corderillo que iba detrás del camión con los detenidos. Pedro cogió al cordero y lo abrazó. Y en ese momento sintió que quería ser pastor, quería cuidar a los demás”.

“Un hombre muy radical, muy crítico con la política y con la Iglesia. Y en esa búsqueda de la verdad, ha tenido muy claro que había de hacerlo sin hacer daño a nadie. Para nosotros siempre estará, y seguirá allí. Ahora, su situación no es buena. Ya no puede hablar, y yo me despedí ya, en el año 2015″.

Eduardo Lallana: “Pedo hace poesía del cada día”

Mi casa y mi corazón están abiertos”, fue la respuesta de Pedro Casaldáliga a la petición de Eduardo Lallana de conocerle. Corría el año 1999. Desde entonces, una experiencia que “ha dado pleno sentido a mi vida desde que le conocí”.

Lallana, presidente de ‘Tierra Sin Males’, habló del río Araguaia, pues el entorno es importante para entender a Casaldáliga. “El río, la tierra, las gentes”. El paisaje de Pedro ha dado naturaleza a toda esa región. “Detrás de su casa está la selva en su virginidad”.

“Pedro hace poesía del cada día”, sostuvo, citando algunas frases de este poeta que, lamentó, “no ha sido reconocido por ninguna Universidad española, tampoco de la Iglesia”. Sí por varias latinoamericanas. Junto al río y la tierra, “el pueblo”. “Pedro entrega su existencia por su gente, el pueblo”, destacó. “Dios tiene un sueño -nos dice Pedro-. Este sueño coincide con los mejores sueños de todas las personas y todos los pueblos: la vida, la paz, la justicia, la libertad en la diversidad, en un solo mundo, sin primero ni segundo ni tercero, en la ley suprema del amor”.

Lo que yo os pido es que no os olvidéis de los pobres. Y estos pobres se concretan en los pueblos indígenas, la mujer marginada, los sin tierra, los prisioneros, y los muchos hijos e hijas de Dios prohibidos de vivir en libertad. También os pido que no os olvidéis nunca de la sangre de los mártires”, les pidió a Lallana y Concepción. Eso es, también, la Misa de la Tierra sin Males, que “nos invita a la lucha y al compromiso, por una tierra que está naciendo ya”.

También, el pueblo negro, oprimido también en Brasil. “Pedro les dedicó la Misa de los Quilombos, pidiéndoles perdón”. En la presentación de la misma, critica cómo “en el nombre de un Dios supuestamente blanco (…), millones de negros vienen siendo sometidos, durante siglos a la esclavitud, a la desesperación y la muerte (…). Pero ahí están, de pie, rompiendo las numerosas cadenas (…). Fulgurantemente negros, al pie de la luz y la esperanza”.

“Me emociona hablar de Pedro”, culminó Lallana, quien recordó cómo, al igual que le sucedió a él, la casa de Casaldáliga siempre está abierta a todos, desde ministros a los más pobres. “A todos los recibe de la misma manera. Por eso Pedro puede decir aquelllo de ‘Al final de mi vida abriré mi corazón lleno de nombres'”.

Juanjo Tamayo: “Memoria subversiva de la liberación”

Finalmente, el teólogo Juan José Tamayo trazó un “retrato en doce imágenes” del obispo-profeta de la Amazonía. Para el director de la Cátedra de Teología y Ciencias de las Religiones ‘Ignacio Ellacuría’ de la Carlos III, la figura de Casaldáliga “trasciende lo religioso”.

“El 16 de febrero de 2018 Pedro Casaldàliga cumple 90 años. Una efemérides para celebrar, conmemorar, festejar, para hacer memoria subversiva de una vida comprometida con la liberación de los pueblos oprimidos y con las causas de los sectores más vulnerables que, como él mismo confiesa, son más importantes que su vida. Pero también para mirar al futuro con esperanza, en medio de los nubarrones que se ciernen por doquier”, señaló Tamayo, quien denunció los “nubarrones” que se ciernen sobre Brasil, “donde una alianza “golpista” entre la oligarquía, el neoliberalismo, una parte de la judicatura y la “bancada evangélica” ha derrocado a la presidenta Dilma Rousseff, elegida democráticamente, ha colocado al frente de la República a un presidente al servicio de la oligarquía y ahora quiere impedir que Lula se presente a las elecciones presidenciales de 2018″.

Para Tamayo, son doce las imágenes que definen a Casaldáliga:

1. El misionero, que no va a convertir infieles, sino a llevar a cabo una evangelización liberadora con el Evangelio como buena noticia

2. El profeta, despertador de conciencias adormecidas, que denuncia las injusticias del sistema y, por ello es amenazado de muerte y anuncia Otro Mundo Posible en la historia.

3. El místico descubre y encuentra a Dios en los rostros de los empobrecidos y habla con él en el silencio

4. El teólogo, que piensa la fe liberadoramente, la vive esperanzadamente, la practica a través de la solidaridad, que él mismo llama “la ternura de los pueblos”, y se pone del lado de las teólogas y los teólogos de la liberación represaliados.

5. El obispo en rebelde fidelidad e insurrección evangélicay, por ello, siempre bajo sospecha del Vaticano y de no pocos de sus colegas episcopales de Brasil, América Latina y España, donde antiguos compañeros claretianos y luego colegas en el episcopado le pusieron bajo sospecha por su ortopraxis.

6. El poeta, esteta de la palabra encarnada, que no se queda en palabrería vacía, sino que provoca revoluciones.

7. El internacionalista, que apoya las luchas populares y no considera ajena ninguna revolución: la cubana, la sandinista, la zapatista, la guatemalteca, la salvadoreña.

8. El intelectual crítico del poder, de todos los poderes, religioso, eclesiástico, político, económico, del imperialismo, del colonialismo, de los poderes oscuros del Vaticano. Pero no iconoclasta, sino creativo, que hace propuestas alternativas.

9. El ecologista que defiende el derecho de los pueblos originarios a su territorio y el respeto a la Madre Tierra que esos pueblos consideran sagrada y con quien se identifican y forman una unidad eco-humana.

10. El defensor de la causa indígena y negra

11. El defensor de la causa de las mujeres campesinas, indias, prostitutas, afrodescendientes y el crítico del patriarcado.

12. El macro-ecumenista en diálogo intercultural interreligioso

Y una decimotercera imagen: “La pasión por la utopía”. Un hombre esperanzado que tiene pasión por la utopía como otro lugar, que está en construcción, con una esperanza creíble, no fundada en promesas electorales, ni en la esperanza religiosa pasiva”.

“A sus 90 años, con el párkinson a cuestas, goza de una envidiable lucidez intelectual que expresa con gestos fraterno-sororales y en el silencio meditativo”, concluyó Tamayo, quien destacó cómo Casaldáliga “mantiene un insobornable compromiso liberador, y propone el reino de Dios como alternativa al Imperio, a cualquier Imperio, pasado presente o futuro”.

CCP: Nuestra historia: Del Nacionalcatolicismo al Postcristianismo. Las Comunidades de base en España y la teología de la liberación. Santiago Villamayor Lloro. Voices 2017


 

Historia de nuestras Comunidades Cristianas Populares. ¿De dónde venimos y dónde estamos?

Este es un artículo que se encuentra dentro de un monográfico sobre la Teología de la Liberación en Europa, que puedes encontrar aquí: http://eatwot.net/VOICES/VOICES-2017-2.pdf

Del Nacionalcatolicismo al Postcristianismo. Las Comunidades de base en España y la teología de la liberación.  Santiago Villamayor Lloro. Voices 2017

Resumen:
La Teología, mejor, la praxis de liberación latinoamericana, llegó a España a finales de los años 1960 y tuvo su momento más intenso en las décadas de los años 1970 y 1980. Coincidió con la lucha antifranquista y la transición a la democracia. Un proceso de liberación política, cultural y religiosa que abarca desde el nacionalcatolicismo hasta el humanismo laico de hoy día. Su fruto más destacado es el surgimiento de las comunidades de base animadas por el testimonio de los mártires y testigos de las comunidades latinoamericanas. En los años 1990 y sobre todo en el siglo XXI la posmodernidad y la globalización, la inflación hipertecnológica y la secularización modularon el impulso liberador de las comunidades hacia una solidaridad internacionalista.

Introducción: 
La Teología de la Liberación es la consecuencia más honesta del Vaticano II, nacida en parte en las catacumbas romanas1 y marginada por la curia romana desde ese mismo momento. Todo el poder y el peso de la gran Basílica de San Pedro caerían a plomo en los años siguientes sobre ese subsuelo evangélico. Pero la iniciativa prendió con fuerza en la religiosidad popular latinoamericana animada por los “misioneros y misioneras” que habiendo ido a evangelizar fueron más bien evangelizados. La expresión más relevante de esta renovación fue la formación de un gran movimiento de doble militancia, cristiana y política, en forma de pequeñas comunidades.

En las fronteras de la misma Iglesia, muchos catequistas, personas religiosas y sacerdotes se acercaron a los pobres, indígenas, chabolistas y campesinos que se ganaban el pan con dificultad, y que por sus protestas perdían la vida con facilidad. El martirologio latinoamericano muestra la radicalidad y la santidad con que se asumió el seguimiento de un Jesús de Nazaret, siempre nuevo, pobre y subversivo, profeta al servicio del pueblo.

En España el ejemplo latinoamericano cundió rápidamente sobre todo entre los cristianos esperanzados por el Concilio. Eran los sectores que se iban desgajando de la ortodoxia y el concubinato político con el Régimen franquista; una pequeña burguesía de religión sincera, trabajadores de la industria de religiosidad todavía muy rural, profesionales liberales, estudiantes contestatarios, y los restos de la izquierda que perdió la guerra y que no por eso habían renunciado a su cultura cristiana. Se originó entonces una dinámica de acercamiento a la “clase obrera”, de proletarización y de vecindad en los barrios. El misticismo revolucionario se abría paso inspirado en el Éxodo y los Profetas.

En el presente artículo analizamos primero y en general las aportaciones de la Teología de la Liberación en nuestro país. Luego exponemos la trayectoria de las comunidades. Los epígrafes responden a los títulos de algunos libros que marcaron su evolución. Se corresponden aproximadamente con las décadas de los últimos casi 50 años, pero es difícil precisar porque no hay fronteras determinadas. Es un continuo quizás artificialmente pautado. Estos grandes momentos son: el descubrimiento del compromiso temporal bajo la influencia del Vaticano II (1), la creación de las comunidades de base como alternativa a la gran y poderosa Iglesia (2), la irrupción del Tercer Mundo, el Sur, en la mirada cristiana (3) y finalmente el momento actual de deconstrucción y reinvención del mensaje cristiano ya convertido en una supra ética universalista (4).2

1. Influencias de la Teologia de la Liberación en España 
“Marx y La Biblia”3
“No te harás imagen alguna de Dios, escucharás su clamor”.

Este libro de José Porfirio Miranda no es el más importante de la TL pero sí uno de los más decisivos en las comunidades. Llamativamente situaba a la justicia interhumana como principio ético común al marxismo y al cristianismo“La fe es creer que este mundo tiene remedio”. El análisis marxista de las alienaciones y la interpretación materialista de la historia comenzó a ser la mediación que la teología necesitaba para salir de las etéreas y desprestigiadas interpretaciones metafísicas. Se descubría así un “amor más universal y por tanto más divino” que el de la atención a las clases influyentes cuyo Dios se sienta a “la mesa del patrón”. La sociología marxista y la revolución de los cristianos se situaban así en el ojo del huracán eclesiástico y político.

Con este acercamiento estructural a los pobres surge también un nuevo paradigma, una sincera clave de interpretar la realidad, muy sencilla y muy poderosa a la vez: que no es el pensamiento el que determina la manera de ser o vivir, sino que es la existencia real, la condición social, la que determina el modo de pensar y por tanto de actuar. Parafraseando nuestros refranes, el “dime con quién te codeas y te diré qué evangelio escribes”.

Este paradigma, esta praxis de la TL, vino para quedarse definitivamente. Impregnó la experiencia cristiana de tal modo que hoy, a pesar de la profunda transformación de las sociedades, todavía persiste, aunque con nuevos modos de expresión: con menor radicalidad quizás, pero con mayor extensión4. Una gran parte del ideal democratizador que prima en tantos países e instituciones es un fruto diferido de la opción preferencial por los pobres que sitúa las políticas de redistribución, de cooperación y de ayuda a la dependencia en las agendas políticas. Hoy se es más solidario que hace años. El consensuado mantenimiento de los servicios públicos con nuestros impuestos es bastante más generoso que la imposición medieval de los diezmos por parte de la Iglesia.

Y decimos también que esta teología vino para reconciliar a la Iglesia con la izquierda, pues hasta los años 1960 la exclusiva del catolicismo la tenía la derecha. Vino para hacer de puente entre la sinceridad del catolicismo en algunas familias y los “héroes rojos”, perdedores de la guerra. Si bien el episcopado y la jerarquía en general, y muy a pesar del Papa Francisco, todavía se resiste a ello.

También vino para construir el istmo de un humanismo liberador universalista. Un movimiento que asume y supera las religiones y las ideologías, el teísmo y el ateísmo, y que une a “griegos, judíos y gentiles” en una convocatoria plural e indefinida interpretada por las comunidades bajo las metáforas del Reino y del Padre. Es decir, animada por el cielo estrellado de la fraternidad universal, y movida por la memoria de la más bella “buena voluntad” en nuestro interior (Kant).

2. Trayectoria de las comunidades de base en España 
“Creer es comprometerse”
La ruptura con el nacionalcatolicismo, ca. años 1960 y 1970

El nacionalcatolicismo fue el movimiento simbiótico construido entre el Régimen franquista ganador de la guerra civil y la Iglesia española defensora de los valores más tradicionales del catolicismo y legitimadora de dicha guerra civil, a la que calificó de Cruzada. De corte fascista, impuso una manera de vivir y de creer propias del “valle de lágrimas”, marcada por la resignación y el silencio ante las atrocidades posbélicas.

Una dictadura católica. Una “triple alianza”: del ejército golpista, el poder económico beneficiado por la guerra y la Iglesia anticomunista y tridentina. Franco seleccionaba el nombramiento de los obispos y entraba bajo palio en las Iglesias. La jerarquía a cambio se sentaba en las Cortes y permanecía erguida en los actos oficiales.

El fiel católico va pasando del catolicismo burgués, centrado en el culto, en la salvación individual, en el moralismo, sobre todo sexual, y en el “otro mundo” –ganado por la reiteración mágica de los sacramentos–, a un cristianismo de solidaridad entre hermanos, que buscan juntos una liberación de sus condiciones de vida y su dignidad. Un tránsito vivenciado conjuntamente en el seno de una comunidad.

Por eso casi se puede decir que fue un milagro salir de esa cerrazón. Pero el milagro se dio. Y sobre todo en los años 1960 donde concurrieron circunstancias muy decisivas y variopintas que luego comentamos. Sobre todo, el descubrimiento de la pobreza extrema en los barrios periféricos a raíz de las misiones catequéticas. “Una chabola en Bilbao”, de José Luis Martín Vigil expresa muy bien la concienciación experimentada ante el desamparo y la injusticia de los suburbios.

En este divorcio con el régimen tiene un lugar destacado el padre José María de Llanos, el monseñor Romero español podríamos llamarlo. Y con él los otros dos José Marías: José María González Ruiz, párroco de barrio y canónigo de la catedral de Málaga, que fue quizás el teólogo espa- ñol más influyente en el Vaticano II, y autor del libro que da título a este apartado. Y José María Díez Alegría, hermano de dos destacados generales del ejército ganador, y compañero de Llanos en el Pozo del Tío Raimundo.

El Padre Llanos pasó de dirigir los ejercicios espirituales a Franco, a la barriada más pobre de Madrid, el citado Pozo del Tío Raimundo. Allí se enroló con los trabajadores y sus luchas e ingresó en el sindicato Comisiones Obreras, y posteriormente en el Partido Comunista. Fue un escándalo para el régimen y una locura de fe de gran impacto en el naciente cristianismo popular de las comunidades. Otro jesuita siguió pasos parecidos: “Paco el Cura”, Francisco García Salve, hijo de guardia civil asesinado por los anarquistas, peón de la construcción y después abogado laboralista. Llegó a ser miembro del Comité Central del Partido Comunista y de la dirección de Comisiones Obreras, y como tal, condenado en el famoso «proceso 1001» de 1973. Estas conversiones más llamativas no ocultan la extensa ola de renovación en el “laicado”, hasta entonces “clase de tropa”, y que ya empezaba a ser valorado por algunos teólogos como Yves Congar.

Otros factores menos “espirituales”, de naturaleza cultural o circunstancial, contribuyeron a crear el clima de apertura que permitió el cambio. El desarrollismo, el turismo y la televisión entraron también con el soplo del Espíritu y abrieron las puertas de la corporalidad y el apego a la tierra; el movimiento hippy alimentó el amor libre y a la naturaleza. Llega a España la obra de Wilhelm Reich que invita a la “revolución sexual”, y ayuda a desinhibir los miedos y acelera el inconformismo y la revolución política. La pequeña burguesía se pone la minifalda y los vaqueros, o los pantalones-campana como los Beatles. Es la “década prodigiosa”. En Europa se prepara el “Mayo del 68” y en EEUU estalla la contestación a la guerra del Vietnam. En Cuba triunfa Fidel y en España los seminarios entran en ebullición.

Comienzan las primeras exclaustraciones hacia el compromiso social y los movimientos apostólicos. La HOAC y la JOC se acercan a las malas compañías de la subversión marxista. Los “curas obreros” se insertan con gran sacrificio en el trabajo manual asalariado. Equipos de religiosos y religiosas, forcejeando con sus superioras, dejan los colegios y residencias y se van a vivir a pisos compartiendo vecindad, mercado y calle como todo quisque. Se ceden los locales parroquiales a la lucha obrera, entonces clandestina, y sus ciclostiladoras imprimen más octavillas que hojas parroquiales. La “Palabra de Dios”, la buena semilla, ya no se deja con devota parsimonia en los bancos de la iglesia, sino que se lanza con rabia sobre las calles, de madrugada. Y en este contexto entra de lleno la Teología de la LiberaciónY se forjan las comunidades de base y otros grupos similares. 

Tanto en Latinoamérica como aquí fueron momentos de mística mesiánicaJesús era un revolucionario como el Che, como Fidel, como incluso entonces Daniel Ortega. Y la comunidad cristiana algo como Solentiname. Y si se tenían reticencias ante el marxismo, se tomaba como ejemplo la no violencia de Gandhi o de Martin Luther King. EEUU era el Leviatán capitalista. El sueño revolucionario se crecía con el antiimperialismo y miraba con admiración la revolución de Mao. Creer era comprometerse, participar en las luchas obreras y vecinales, y celebrar la memoria subversiva de Jesús de Nazaret. Cantar con Atahualpa Yupanqui, que nadie escupiera sangre para que otros vivieran mejor.

De las dos grandes corrientes de la teología de la liberación, la de los “curas villeros”, más centrada en la historia y la cultura del pueblo, representada sobre todo por Juan Carlos Scannone –compañero y profesor del también jesuita Jorge Mario Bergoglio, futuro arzobispo de Buenos Aires y actual papa–, no tuvo una presencia tan importante en España o al menos no la conocimos en las comunidades con tanta intensidad. La herencia marxista de nuestra contienda civil nos predispuso para entrar, aunque no sin reservas críticas, en la perspectiva de la “lucha de clases” y de la “hegemonía del proletariado”.

En las facultades de teología, además del marxismo, se enseñaba el psicoanálisis y el evolucionismo de Teilhard de Chardin. Se leía a Camus, a Sartre, a Simone de Beauvoir. Con Robinson y su “Sincero para con Dios” nos acercamos a Bonhoeffer y Tillich. En las comunidades y sus grupos de formación se divulgan estos escritos y se lee directamente a los teólogos más pastorales. A Hélder Câmara, a Garaudy, a Girardi, a García Nieto y a Comín,que inician en España el movimiento de “Cristianos por el socialismo”. Proliferan los cuadernos de formación como la Teología Popular de José María Castillo, las revistas de la HOAC, “Noticias obreras” o “Exodo” y “Utopía”, ésta ultima de nuestras comunidades. Julio Lois, Tamayo, Casaldáliga, Ivone Gebara, González Faus, y los cuadernillos de “Cristianismo y Justicia”, por poner ejemplos, continuarían posteriormente esta pedagogía de la liberación. Los poemas de Cardenal o las canciones de Víctor Jara, Violeta Parra, Carlos Mejía Godoy y luego Silvio Rodríguez o Pablo Milanés, entre otros, nos transmitieron muchas veces más teología que muchos escritos académicos. 

“La alternativa cristiana” 
Las comunidades cristianas de base, ca. años 1970 y 1980

Las comunidades cristianas de base tienen su apogeo en estas dos décadas. Ya hemos citado sus rasgos principales. El libro, de José María Castillo cuyo título encabeza este epígrafe representa muy bien lo que se buscaba. Una alternativa a la Iglesia tradicional. Un reinicio del cristianismo desde el pueblo, pero sin salirse de ella. Nos situábamos en una pertenencia crítica. Buscábamos ser “otra voz de Iglesia” y compensar la excesiva locuacidad derechona de la jerarquía, que casi siempre dejaba en mal lugar el evangelio.

La evolución de nuestras comunidades discurre muy paralela con las de Latinoamérica, allí con mayor dureza y represión, aquí con mayor admiración por su valentía y continua persecución, por el vigor de sus teologías, arrancadas de esas experiencias y martirios. El asesinato de Monseñor Romero en 1980 fue uno de los hitos más importantes, por lo que significaba como ejemplo de conversión al evangelio de los pobres desde una alta esfera de la Institución. Su muerte dio lugar a los Comités Oscar Romero, que llevaron la teología de la liberación por todo el mundo. Algo similar ocurrió con el asesinato de los jesuitas y las dos personas que les ayudaban en El Salvador.

“En 1969 tiene lugar un acontecimiento importante en el movimiento comunitario cristiano. Se celebra en Valencia la primera Asamblea peninsular de comunidades cristianas. Este hecho supone la consolidación de esta experiencia comunitaria en la Iglesia y en la sociedad españolas”.5 Y en 1973 surge el proyecto de “Iglesia Popular” que cristaliza en la elaboración de unas bases comunes que obtienen su ratificación en el primer Encuentro de Comunidades Cristianas Populares (CCP) del estado, en Madrid en 1976. No son las únicas comunidades de base, pero sí las más relevantes.

Esta primera etapa de las CCP se caracteriza por la militancia y la beligerancia social y política. Por la crítica a la Iglesia Institución y, cómo no, por la clandestinidad, pues también las parroquias y los centros obreros cristianos son vigilados y denunciados. En 1974 se produce la revolución democrática de los claveles en Portugal y el efecto se contagia. El golpe de estado de Pinochet supone sin embargo un asomo de desilusión, como lo sería después la involución nicaragüense.

A principios de los años 1980 se desatan dos debates en las comunidades, uno sobre la presencia o no en las instituciones políticas, recién alcanzadas por la izquierda, y que descabezaron las organizaciones populares. Parecía que el trabajar desde dentro de las instituciones era una traición a la movilización en la calle. Las comunidades se resintieron de la polémica y dado que, en general, se decantaron por las posiciones más idealistas, se produjeron algunos abandonos de la militancia más moderada. En lo relativo al otro debate, sobre nuestra adhesión o no a los comunicados de carácter político, hubo más unanimidad. Dado que se pertenecía a diferentes grupos políticos se prefirió no firmar nunca como comunidades cristianas, salvo los documentos genéricos de carácter humanitario.

A finales de los 80 se inicia una época de trabajo menos llamativo y más eficaz por su escala institucional. Gobernar es otra cosa. En las comunidades se va extendiendo poco a poco un clima de desencanto y de desierto. Más cuando Juan Pablo II ha torcido ya el espíritu del Vaticano II y ha reprendido y humillado a la teología de la liberación en la persona de Ernesto Cardenal en su visita a Nicaragua. España entra en una época de prosperidad económica que va ampliando las clases medias y con ellas un talante más conformista. “Contra Franco vivíamos mejor”, se solía decir.

 “¿Y el sur?”
 La cooperación internacionalista, ca. años 1990 a 2005

Este breve título de una humilde revista de la ONG “Acción Solidaria Aragonesa” representa una de tantas iniciativas de liberación de carácter internacionalista, y es significativo de la evolución de las praxis de liberación, del momento globalizador y de mestizaje que empieza a darse por la inmigración. El cristianismo de la liberación se despliega ennuevos movimientos sociales y en la pre-política mundialista. Las miradas se dirigen al SUR. Las acampadas por el 0,7 en 1994 pueden considerarse como un hito en la irrupción de esta nueva militancia. También en ese año empieza a andar “Mujeres y Teología” en los cauces del movimiento feminista.

Estos años 90 son por tanto de resistencia y de solidaridad reorientada. Se produce una nueva crisis cíclica del capitalismo y el paro afecta a las familias de las comunidades; el cuidado de los hijos preadolescentes y de los mayores empieza a sustraer tiempo de las causas populares.

La caída del muro de Berlín y con ella el desprestigio de los países del socialismo real finiquita la revolución entendida al modo clásico y abre la puerta al pensamiento único y a la globalización. Fukuyama publica “El fin de la historia” para confirmar el triunfo del capitalismo. Pero paralelamente surgen también los movimientos antiglobalización, los foros sociales y el altermundismo: la Cumbre de Rio en 1992, las protestas de Seattle en 1999 y el primer FSM en Porto Alegre en 2001, organizado por ATTAC y el Partido de los Trabajadores de Brasil.

Poco a poco también una nueva cultura se va imponiendo, la postmodernidad. La liberación compite con el gusto por la vida y las costumbres se liberan de la religión. Las relaciones son más efímeras y lejos queda esa cultura rural del vecino que es como de la familia. El individualismo, la soledad y el anonimato se expanden por las ciudades cada vez más cosmopolitas. Se consolidan los rasgos que posteriormente resumirá Bauman en “La sociedad líquida”. 

Las comunidades abordan estos momentos de contrariedad con múltiples iniciativas. Revisión de sus bases identitarias, grupos de formación y de oración, jornadas estatales de reflexión. Cada encuentro estatal se convierte en un motivo de esperanza y una voluntad de reanimación, aunque prima la nostalgia del profetismo de antaño. Sin embargo, la mirada se universaliza y el rescoldo se aviva con el auge de las ONGs. El pluralismo crece la inmigración, la preocupación por la identidad se diluye y se va creando una atmósfera de convergencia por la justicia. 

A lo largo de los últimos años del siglo XX algunos planteamientos teológicos adquieren especial importancia. Crece el interés por encontrar nuevos símbolos, agotados los clásicos sacramentos. La desafección ante la Iglesia es cada vez mayor y la función del sacerdote ha dejado ya hace tiempo de ser reconocida. Las comunidades se sienten mejor en una sociedad laica, más sinceras en las manifestaciones que en el culto. La celebración de la eucaristía se renueva completamente. Es algo de toda la comunidad: reflexión, oración y tentempié en recuerdo de la cena de despedida de Jesús. No son Pascuas judías ni cristianas, ni mucho menos sacrificios redentores, y las mujeres empiezan a presidir. Poco a poco se pierde el carácter sagrado, se valora más el talante común que nace en el compartir la acción social, y la preferencia por los pobres. No hay consagraciones ni liturgias. Son nuevos símbolos vinculados a la gratuidad y al amor desinteresado sobre todo de carácter cívico. Y ya muy recientemente las comunidades se centran en la ayuda a los inmigrantes y la acogida de los refugiados. 

Con las nuevas tecnologías informacionales, las redes sociales y los móviles, el activismo social crece en el mundo virtual y se proyecta sobre la realidad. Las nuevas tecnologías, las neurociencias y la robótica anuncian un mundo todavía más contradictorio con los viejos relatos bíblicos y emancipatorios. La TL, que había eclipsado los problemas metafísicos y existencialistas, vuelve a encontrarse con las cuestiones radicales de la finitud y la limitación, ahora pasadas por el tamiz de la vida real y colectiva: ¿Otro mundo es posible? ¿Cuánto nos durarán las conquistas populares? (“No hay revolución que 50 años dure”). ¿Qué o quién garantiza que el mundo tiene remedio? La opresión y la injusticia son vistas desde la óptica del tradicional problema del mal, y el paraíso comunista o comunitario entra en la incertidumbre del misterio y el enigma. El pluralismo religioso pone sobre el tapete la relatividad de las respuestas religiosas. La fe que busca entender se siente sola e insegura. Los cristianos, ya no tan de la base, son ahora compañeros de viaje de agnósticos activos y anateístas6. 

“Otro cristianismo es posible” 
La pos-religión y el humanismo universalista. Desde ca. años 2005 hasta hoy.

El cristianismo se ha renovado siempre. Y tantas veces como se ha degradado, generalmente por causa del poder, llámese riqueza, autoritarismo o egocentrismo, otras tantas veces han vuelto los profetas. Pero ahora la crisis y su mutación parecen más profundas.Afecta a aspectos muy sustanciales de su credo, incluso de lo que se creía que era el mensaje originario del Evangelio.

Las coordenadas o paradigmas que rigen el mundo han cambiado profundamente. La globalización de la pobreza se manifiesta en una gran brecha de desigualdad entre el 1% del poder financiero y el 99% de desposeídos. El planeta entero entra en los límites del riesgo extremo. Y por otra parte la inteligencia artificial y la ingeniería genética, los bigdata, etc., parecen querer llevarnos al borde del “transhumanismo”, del ser inteligente artificial.

En este panorama muchos se atreven a decir que estamos en una nueva época axial. En una fase convulsiva de metamorfosis que en el caso del cristianismo se traduce en una deconstrucción del gran relato de la Salvación y en un incipiente vuelo de la mariposa hacia la convergencia humanitariaLas comunidades ya no respiramos al ritmo de los grandes acontecimientos salvíficos enunciados en la primera teología paulina. La Biblia es para nosotros una gran metáfora, no tiene razón, sino alma de liberación. La Creación, el Pecado, la Encarnación, la Redención o la Resurrección y la Vida Eterna… no son secuencias de una gran epopeya histórica. Son símbolos de las constantes existenciales de la condición humana y de la llamada a la fraternidad. 

Las obras de Lenaers, Spong, Knitter, Hick y otros, están siendo conocidas en las comunidades gracias a los servicios Koinonia, su biblioteca Relat y los sucesivos encuentros con José María Vigil en sus visitas a España. Es el último paso hoy por hoy de la influencia de la TL en las comunidades. Estas lecturas nos provocaron en un primer momento un desconcierto duro y doloroso, pero hemos remontado a un nuevo paradigma pos-religional y supra-religional que nos produce alivio y un nuevo animo en la liberación. Es la gran onda de la maximización del amor cívico que se expresa con toda su pureza cuando abraza a los más desfavorecidos.

Apéndice. La espeleología de la esperanza “…

Y llegaron tiempos oscuros en que todas nuestras conquistas fueron destruidas por las hordas de ciegos mercenarios al servicio del poder del dinero. Una vez más la esperanza tuvo que buscar refugio en la cueva más honda para evitar que la codicia la arrasara borrando su memoria; y hubo que guardar silencio, lejos de las cosas, de manera que el silencio nos devolviera la conciencia sencilla del amor y el sentido cabal de la palabra” (Fragmento de poema encontrado en las ruinas de Babilonia, junto a la puerta de Ishtar).

Éste iba a ser el título para este artículo, “La Espeleología de la esperanza”, pero me pareció muy llamativo. No así aquí, como epígrafe de un apéndice. Uso este término, “espeleología”, muy intencionadamente porque la tarea que se nos pide es de indagación y creatividad. Porque la “teología” se debilita a la par que crecen la antropología y la sociología de las múltiples trascendencias humanas. Como tales apuntan a lo absoluto, sin llegar a tocarlo ni mancharlo. Y nos tenemos que acostumbrar a seguir en la caverna tratando de salir. Somos incomprensión y limitación, carne de relatividad que dice Dios, Libertad. Somos humanidad escindida por la injusticia a la espera de una integración fraternal. 

Uso este término también porque la esperanza no puede ser sino atractiva. ¿Cómo entusiasmarnos con lo que nos desborda si se anuncia desde un sufrimiento obligado o la impotencia de una “misión imposible”?

Vamos a indagar pues por los recovecos de la compleja injusticia de este capitalismo tardío, financiero y destructor, a buscar soluciones económicas y de pacificación, vamos a mirar en las vetas de la contingencia para descubrir rendijas de libertad duradera. La espeleología es una bella labor de descubrimiento que requiere luz potente en el “casco”, intenso suspense y arriesgado trabajo.

La fe que nace entre los pobres se llama esperanza. El poderoso vive en la seguridad de los cielos luminosos, conoce a Dios, sabe quién es y lo llama por su nombre, porque está con él. El pobre siente su ausencia, anda a oscuras y lo espera y ama sin razones suficientes. La Praxis de la Liberación, ha abierto unas vetas en la caverna humana de profunda fe y compasión activa, cada día más anchas.

Notas:
1 El Pacto de las Catacumbas (1965) promovido por Hélder Câmara fue el primer compromiso sincero de la Iglesia al servicio estructural de los pobres, la semilla de la Teología de la liberación.
2 Estas fases se exponen intuitivamente en el cronograma elaborado por Comunidades Cristianas Populares en Aragón. Véase: http://ccparagon.pangea.org/quienessomos/historiaccp.gif
3 “Una de las mejores obras de los orígenes de la Teología de la Liberación. Porfirio Miranda no aparece, en primera instancia, en la mayoría de listas de padres fundadores de la Teología de la Liberación. En general, el primero que siempre se cita es Gustavo Gutiérrez, luego Hugo Assmann o Juan Luis Segundo, y también a Leonardo Boff”. Alberto Macko en Revista de Teología Crítica. Disponible en https://goo.gl/htfmZn
4 Santiago Villamayor, “Las Comunidades Cristianas Populares, sequía o desbordamiento”, en: https://goo.gl/VH2wGj Disponible también con otros documentos similares en el blog: http://redesreto10.blogspot.com.es/
5 Jesús Gil García, tesis doctoral: La Teología de las Comunidades Cristianas Populares. Libros Certeza. Zaragoza 2007, pp. 24 y sigs.
6 Término utilizado por Richard Kearney (Anatheism, Columbia University Press, 2009) para indicar un regreso a Dios después de Dios. Esa actitud de búsqueda de “algo más” que la revolución o la religión no dan y que la ciencia tampoco puede responder. La situación en que se encuentran tantas personas en el exilio de su antigua religión, en los umbrales de la mística oriental o en su desconcertado compromiso o apuesta moral sin justificaciones definitivas. Un giro hacia la secularidad sagrada de la liberación.

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¡Miedo!


Miedo inseguridad en Colombia Delincuencia ¡Miedo!

La semana pasada, el país vivió una realidad que los colombianos creían superada. Atentados terroristas, una avioneta secuestrada, líderes de tierras asesinados, sangrientas vendettas de la mafia y una delincuencia común desbordada, cuya sevicia indignó al país cuando una mujer embarazada recibió tres tiros a quemarropa de unos criminales que trataban de robarle el carro. Hacía muchos años los colombianos no sentían tanta inseguridad, tanta falta de autoridad y tanta desprotección del Estado.

Pero quizás lo más increíble es que la mayoría de los episodios violentos que sacudieron al país en los últimos días tienen un denominador común: delincuentes reincidentes capturados en el pasado por todo tipo de delitos y, por distintas razones, dejados en libertad en los estrados judiciales.

Esta oleada de inseguridad terminó amplificada en las redes sociales por medio de cadenas en WhatsApp, comentarios apasionados e indignados y hasta falsas noticias con las que muchos quisieron pescar en río revuelto (ver recuadro). ¿Qué pasó? ¿Qué tan inseguro está el país? ¿Acaso regresó Colombia a épocas superadas o hay un pánico exagerado frente a episodios mediáticos, pero que no reflejan la situación real de seguridad?

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Curiosamente, en cuanto a los delitos más duros, es decir asesinato, secuestro, y extorsión, las cifras han mejorado. El primero ha caído a 24 por cada 100.000 habitantes, uno de los más bajos en 30 años. El secuestro y la extorsión han bajado cerca del 10 por ciento según datos la Fiscalía y el Ministerio de Defensa.

Pero esto no quiere decir que la criminalidad no esté haciendo su agosto con delitos como el robo en todas sus modalidades. Y que, ante la falta de pie de fuerza de la Policía, y de autoridad y de justicia del Estado, la delincuencia –y ahora el terrorismo– cabalgue en la impunidad.

Sin duda, el episodio más grave de esta oleada de violencia fue el atentado del ELN en la estación de Policía en Soledad, Atlántico, que dejó 5 muertos y 42 heridos. Esta célula terrorista está relacionada con los autores de otros ataques en Bogotá en 2015, y aunque las autoridades detuvieron a todos sus integrantes hace tres años, los jueces los dejaron en libertad y desde hace dos años están en las calles. Algo similar ocurrió con los integrantes del grupo radical MRP, que detonaron la bomba del Centro Andino y mataron a tres personas. Meses antes del atentado, la Policía había arrestado a dos de ellos con una bomba en su poder. Al llevarlos ante un juez, quedaron en libertad “porque la bomba no estalló”. Una vez libres, orquestaron el ataque al Centro Andino y, esa vez, el artefacto sí estalló. ¿Qué habrá pensado el juez que los soltó?

Y ni hablar de lo que ocurre a diario en las calles. El caso del menor que provocó una masiva movilización en Kennedy, al sur de la capital, refleja esta triste realidad. Su asesino, que lo apuñaló hasta quitarle la vida por robarle la bicicleta, ya había sido arrestado por otro intento de asesinato con arma blanca unos meses atrás. Pero una orden judicial lo sacó a la calle.

Ser malo paga

Este preocupante retrato muestra lo que, sin duda, se ha convertido en unos de los mayores problemas para la seguridad: la reincidencia de los delincuentes. Las cifras son espeluznantes.

Durante 2017, las autoridades capturaron en el país a 207.728 delincuentes en flagrancia, es decir, con las manos en la masa. Otros 37.800 cayeron como resultado de investigaciones y órdenes judiciales, para un total de 245.528. Sin embargo, los jueces solo enviaron a menos de 10.000 a la cárcel, o sea, ni siquiera el 5 por ciento, según cifras de la Fiscalía y la Policía.

Ese complejo escenario de impunidad tiene un agravante. Gran parte de esos delincuentes capturados y dejados en libertad por los jueces son profesionales del delito y un peligro para la sociedad. De los más de 240.000 capturados, 91.423 ya habían sido arrestados entre 2 y 9 veces y otros 1.710 capturados por la Policía entre 10 y 40 veces, según datos de esa institución.

Y lo que es peor: los jueces dejan en libertad a los delincuentes por los delitos que más afectan la percepción de seguridad del ciudadano común. Por ejemplo, solo el año pasado, 12.069 ladrones capturados en flagrancia robando a personas y entidades comerciales quedaron en libertad por orden judicial. Y 6.425 de los arrestados por lesiones personales recobraron la libertad al llegar a audiencias ante los jueces. Más de 26.000 detenidos por tráfico, fabricación y porte de estupefacientes (microtráfico) también salieron.

La primera gran operación para enfrentar este problema demostró su magnitud. Entre el 20 y el 24 de noviembre pasado, la Fiscalía y la Dijín Nacional realizaron una ofensiva en el país para capturar la mayor cantidad de reincidentes posibles. Tan solo en esos cuatro días detuvieron 207 antisociales que habían cometido748 delitos. El 50 por ciento corresponde a una de las modalidades que más afectan a los ciudadanos: el robo.

“Las cifras reflejan un problema de fondo. Mientras por un lado policías y fiscales hacen grandes esfuerzos por sacar de las calles a los delincuentes, por el otro lado algunos jueces aplican la ley de tal modo que están devolviendo los bandidos a las calles”, sostiene un alto funcionario del CTI que no quiso dar su nombre.

Ciudades indefensas

En Bogotá, los habitantes sufren especialmente este fenómeno. En los últimos cuatro años las autoridades capturaron a 26.865 delincuentes en flagrancia, la mayoría implicados por robo a personas y entidades comerciales o por tráfico de estupefacientes y homicidio. Lo increíble es que de esa cifra más del 90 por ciento (25.333) de ellos habían sido detenidos al menos en cinco oportunidades y no pasaron más de un año tras las rejas.

“El país necesita dar un debate de fondo sobre la política criminal y el tratamiento penal a delincuentes reincidentes. Mientras estos delincuentes no paguen condenas efectivas, estamos enviando como sociedad una señal muy equivocada: que el crimen paga”, dijo a SEMANA el secretario de Seguridad de la Alcaldía de Bogotá, Daniel Mejía.

Pero si en Bogotá llueve, en otras ciudades no escampa. En Barranquilla, por ejemplo, en los primeros ocho meses del año pasado las autoridades capturaron a 4.907 personas. Pero solo 397, el 8 por ciento, obtuvieron medida de aseguramiento en centro carcelario y 3.864 quedaron en libertad, es decir que el 79 por ciento de los capturados ni siquiera pisó la cárcel. Del total de la cifra de detenidos que salieron libres, 339 eran delincuentes reincidentes capturados en al menos cinco oportunidades por delitos como homicidio, hurto y porte ilegal de armas.

El problema radica, para el secretario del Interior del departamento del Atlántico, Guillermo Polo, en la imposibilidad del sistema penal para procesar y sancionar a quienes infringen la ley penal, especialmente en delitos de alto impacto, lo que se suma a las dificultades para aplicar programas de resocialización. “En últimas, el delincuente reincide porque tiene la certeza de que la posibilidad de que lo sancionen es realmente baja”, afirmó.

En el barrio Robledo, de Medellín, el miércoles aparecieron los cadáveres de 4 personas envueltos en sábanas. Con ellos la capital antioqueña llegó a 52 asesinatos en lo que va de 2018. Muchos de esos crímenes son coletazos del reacomodo de las grandes mafias, y en este caso en particular tendrían que ver con la captura de alias Tom, uno de los grandes capos. Aunque este tipo de

vendettas suelen ser cíclicas y ligadas a muertes y detenciones de narcos, el mayor problema de los paisas también son los reincidentes.

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“Estas recapturas obedecen a delitos como tráfico de estupefacientes y hurto a personas, y generan consecuencias nefastas para la seguridad”, dijo a SEMANA el alcalde de Medellín, Federico Gutiérrez. “En Medellín se capturó a una misma persona hasta 50 veces, lo que destruye la confianza de la ciudadanía en las instituciones del Estado. El ciudadano está mamado de que lo roben, y más de saber que quien lo hizo vuelve a las calles a seguir robando. La solución no es soltar los criminales, sino definir una política carcelaria seria”, concluye Gutiérrez.

Las quejas de los mandatarios locales aparecen por todo el país. Rafael Martínez, alcalde de Santa Marta, contó a SEMANA que en el más reciente consejo de seguridad en su ciudad demostró que de las 3.000 capturas solo el 15 por ciento terminó en detenciones intramurales. “La gente cree que las administraciones y la Policía no trabajan. Cuando organizamos operativos y hacemos capturas, se entregan a la Justicia, pero la rama judicial no responde. Incluso, es la legislación, más que la rama judicial” afirma.

En Cartagena la situación es aún más crítica por la crisis de liderazgo político que desde hace varios años vive la Heroica. “El 45 por ciento de los ciudadanos de la Heroica se siente inseguro con su ciudad y el 36 por ciento se siente inseguro en su barrio. La principal razón es la ocurrencia de constantes atracos callejeros cometidos por pandillas y drogadictos”, dijo a SEMANA María Claudia Peñas, directora del programa ciudadano Cartagena Cómo Vamos. “La percepción de impunidad en la ciudad es muy alta. Solo 5 de cada 10 cartageneros creen que quienes porten armas, agredan a otra persona o incumplan las normas de tránsito serán sancionados. Eso indica el nivel de desgobierno de una ciudad que ha tenido 8 alcaldes en los últimos 6 años”, concluye.

En Valle del Cauca la situación no es distinta. “Nos afectan mucho las detenciones domiciliarias, ya que casi siempre cobijan a temidos delincuentes que luego reinciden”, aseguró Noralba García, secretaria de Gobierno de la Gobernación de ese departamento.

¿Por qué los sueltan?

Para los representantes de los jueces, que hoy están en la picota, el problema proviene en realidad de una legislación excesivamente garantista. “Parte de lo que está ocurriendo se debe a las modificaciones hechas al Código Penal y al Código Penitenciario debido a la grave situación de hacinamiento”, explicó a SEMANA un directivo de Asonal Judicial, la asociación de empleados y funcionarios de la rama.

La nueva reglamentación contempla que los jueces deben aplicar penas sustitutivas, es decir que no impliquen detención carcelaria o domiciliaria, a personas que cometieron delitos merecedores de pena menor a ocho años. Antes de la reforma, un juez tenía la posibilidad de considerar los factores objetivos y subjetivos. Esto le permitía, por ejemplo, enviar a un delincuente a la cárcel si había reincidido, aunque la pena no superara el mínimo. Ya no. “Ahora solo puede guiarse por causas objetivas que fija la ley”, dijo el funcionario. “Las penas de muchos delitos subieron sustancialmente, pero eso simplemente fue populismo punitivo. Generó una falsa sensación de justicia”, concluye.

Otra parte de la historia por la cual muchos delincuentes regresaron a las calles comenzó hace tres años. En 2015 la Fiscalía y el Ministerio de Justicia de la época promovieron ante el Congreso una ley que buscaba esencialmente descongestionar las cárceles. Todo el que llevara 12 meses tras las rejas sin ir a juicio debía quedar en libertad sin importar la gravedad de su delito. Eso implicaba la salida automática de 10.000 detenidos. En ese momento el gobierno logró atajar esa estampida.

No obstante, el año pasado comenzaron a salir masivamente de las cárceles todo tipo de detenidos. Más de 2.000 quedaron libres en el segundo semestre. Y de estos, 337 cometieron nuevos delitos antes de cumplir el primer mes en las calles. Las consecuencias hoy se sienten en muchas ciudades.

“La reincidencia es una preocupación que afecta la seguridad y hace que el ciudadano desconfíe de las instituciones”, reconoce el general Nieto. “Parte de la solución está contemplada en el proyecto de ley 014 que lidera el Ministerio de Justicia en el Congreso, en el que a los reincidentes se les quitan beneficios judiciales y, además, se fortalece el sistema carcelario”, afirma el oficial.

Falta de Estado, justicia y policías

Para completar este preocupante panorama, habría que añadir la falta de policías en las calles. Bogotá vive el caso más crítico. Una ciudad como Londres, con cantidad similar de habitantes, tiene 30.000 uniformados, para un promedio de 3.750 policías por cada 100.000 personas. Bogotá tiene 238 policías por esta última cifra.

Incluso, en el propio territorio nacional la desproporción es muy notoria, ya que municipios como Bucaramanga, Tunja o Popayán tienen en promedio 600 policías por cada 100.000 habitantes. Es decir, la capital cuenta con poco menos de la tercera parte de las ciudades intermedias (ver gráfico).

“Bogotá sufre un déficit estructural. Mientras varias ciudades del país tienen 400 o 500 policías por cada 100.000 habitantes, Bogotá no llega a 240. La administración del alcalde Peñalosa triplicó la inversión en seguridad (de 177.000 millones en 2015 a 540.000 para 2018), pero ahora necesitamos que el gobierno nacional se comprometa con los bogotanos y solucione este déficit”, afirma Daniel Mejía. Hace dos semanas, el gobierno nacional y el Ministerio de Defensa anunciaron que incorporarían otros 500 uniformados, cifra que es una lágrima en medio del triste problema de seguridad.

Esa situación ha dado lugar a que desde diferentes sectores se lancen propuestas que permitan compensar esa falta de uniformados. Entre ellas, la de aprovechar que la guerra contra las Farc terminó y pasar militares a las filas de la Policía (ver recuadro).

Frente a este panorama, la semana pasada, en un acto de sinceridad, el ministro de Justicia, Enrique Gil, reconoció la crisis en una entrevista a Caracol Noticias. “No nos llamemos a engaño: tenemos una política criminal desastrosa y por eso este ministerio citó el año pasado al Consejo de Po lítica Criminal, donde intervienen todos los entes, para buscar una solución a la crisis”, afirmó Gil, quien reconoció que el tema de los reincidentes es alarmante y crítico.

Lo cierto del caso es que mientras esas reformas llegan, la sociedad inevitablemente se siente cada vez más desprotegida por el Estado. Y esta situación lleva al extremo de que las comunidades toman la justicia o la seguridad por propia mano y linchan a los delincuentes, como ya ha empezado a ocurrir.

Toda esta situación de impunidad, o de falta de herramientas judiciales, o de excesivo garantismo, o de jueces complacientes, ha venido erosionando en el país el respeto por la autoridad. Entre la inseguridad, los paros, los bloqueos y los reincidentes, muchos colombianos se preguntan dónde está el Estado para defender a la mayoría silenciosa y pacífica. El país aún recuerda el video de la agresividad de un indígena en el Cauca que le puso su machete en el cuello a un soldado que realizaba labores de patrullaje para defender la propiedad privada en el Cauca.

Cuando en el país se disparan los cultivos ilícitos a 150.00 hectáreas, el microtráfico extiende sus tentáculos en cada esquina, y las disidencias de la guerrilla y bandas criminales luchan por copar los espacios que dejaron las Farc, el Estado tiene que empezar a tomar decisiones de fondo si no quiere volver a los ciclos de violencia del pasado.

Les puede interesar: ¿Qué está pasando con la seguridad en Bogotá?

Pero así duplique el pie de fuerza de la Policía, mejore la inteligencia y utilice la última tecnología, mientras no haya un verdadero revolcón en el sistema judicial –desde la legislación, la formación de los jueces y el sistema penitenciario– la impunidad seguirá mandando en materia de justicia en Colombia. Y con ella, la inseguridad.

Las redes del pánicoFacebook, Twitter, WhatsApp y otras plataformas se transformaron en el canal de propaganda de mentiras y noticias falsas que empeoró la percepción de inseguridad.

La semana pasada, una vez más, las redes sociales mostraron su cara más oscura. Una oleada de mensajes de voz por WhatsApp, decenas de tuits y mensajes de Facebook desataron un pánico e histeria colectiva, principalmente en Bogotá.

“A todos los del grupo les cuento. Es un mensaje que me acaba de enviar una prima que trabaja en la Fiscalía. No es un juego. Me dice que no salgan porque vienen más bombas”, se escucha decir a un hombre. “5-8 a todos los requerimientos. Se confirma bomba en la Torre Colpatria y portales de TransMilenio”, se oye en otro mensaje de una persona que simula ser un oficial de Policía. “Un tío que es militar me dijo que es muy grave la situación. Por eso no vamos a ir a la universidad estos días”, dice en otro mensaje de voz una mujer

.

“Acabaron de desactivar una bomba a pocos metros de donde está mi hermana en la plazoleta del Rosario. No saben lo que estoy sintiendo”, escribió una mujer en su Twitter, que rápidamente fue compartido por decenas de personas. “Al hijo de una amiga de la oficina lo intentó secuestrar una banda al salir de clases. Por estos días no manden sus niños al colegio”, escribió otra en sus redes. Estos y otros muchos mensajes falsos causaron alarma en amplios sectores a lo largo de la semana. Inescrupulosos, personas interesadas en generar caos con fines políticos y no pocos ingenuos que reproducían los mensajes que les llegaban sin verificarlos se encargaron de aumentar la ya de por sí elevada sensación de inseguridad.

http://www.semana.com/nacion/articulo/miedo-inseguridad-en-colombia-delincuencia/555836?utm_source=newsletter&utm_medium=mail&utm_content=semana&utm_campaign=2018_02_04

50 años de Medellín: Saturnino Rodríguez


Medellín

Pablo VI exhortó a los presentes a asumir una visión crítica frente a los problemas que agitaban a América Latina como un requerimiento indispensable para la acción pastoral de la Iglesia en esas regiones

(Saturnino Rodríguez).- No puedo ocultar la satisfacción de preparar esta presentación sobre un acontecimiento tan importante como lo fue la II Conferencia del Episcopado Latinoamericano en Medellín, Colombia hace ya este año 50 años-en el ya mítico año 1968, que inauguró a finales de agosto el papa Pablo VI en el primer viaje que hacía un Papa al continente Americano.

Satisfacción por haberlo vivido directamente en mis “10 años americanos” junto a otras vivencias que me marcaron y que han ha tenido y tienen gran repercusión en el porvenir de la Iglesia latinoamericana y universal y que para mí han supuesto hacer de Colombia mi “segunda patria”.

Medellín: la aplicación para América del Concilio Vaticano II

El Papa Francisco que visitó recientemente Chile y Perú ha repetido en sus intervenciones muchos de las propuestas que hizo hace ahora 50 años en el emblemático año 1968 la II Conferencia del Episcopado Latinoamericano en Medellín, Colombia (CELAM) (26 agosto – 8 sept. 1968) como concreción del Concilio Vaticano II que tanta resonancia y repercusión han tenido en la Iglesia universal. Esta II Conferencia de Medellín fue inaugurada por Pablo VI en el histórico primer viaje de una Papa a América.

Sus Conclusiones el Papa Francisco las recalcaría como uno de los redactores principales intervinientes de la V Conferencia de Aparecida (Brasil ) y en sus intervenciones y viajes y muy recientemente en su viaje (nov 2017) a Colombia, donde se celebró aquella II Conferencia en 1968.

El CELAM prepara la celebración del 50º de Medellín

Para celebrar esos 50 años de la II Conferencia en Medellín, Colombia, el CELAM (Consejo Episcopal Latinoamericano) prepara un Congreso que se celebrará entre el 23 y el 26 de agosto de este año 2018 en el mismo lugar en donde se celebró la II Conferencia, para “conmemorar y proyectar el mensaje de Medellín como un mensaje clave de la Iglesia en el continente con diálogo en la Iglesia universal. Latinoamericana”. El Congreso impulsado por el CELAM cuenta también con el respaldo de la Confederación de Religiosos y religiosas, el Secretariado Latinoamericano y del Caribe de Cáritas, SECLAC y con la propia Arquidiócesis de Medellín.

Anticipándose al 50º aniversario de Medellín, en octubre del año2015 al celebrar el II Congreso Continental de Teología (Belo Horizonte, Brasil), teólogos y teólogas de diversos países latinoamericanos acordaron celebrar un Congreso académico internacional de teología con el título: “Medellín 50 años después: memoria y perspectivas de futuro” .

Y así la Red Amerindia y la Universidad Centroamericana José Simeón Cañas (UCA) de El Salvador celebrarán del 30 de agosto al 2 de septiembre de 2018 en la misma ciudad su III Congreso de Teología en torno al “patrimonio de Medellín” bajo el lema “Los clamores de los pobres y de la Tierra nos interpelan”. Los teólogos latinoamericanos buscan reafirmar la opción por los pobres y “por nuevos modelos de Iglesia más comunitaria, participativa y ‘en salida’ en la línea del papa Francisco. (El I Congreso se celebró en Sao Leopoldo (Brasil) en 2012).

El Concilio fue el antecedente inmediato de Medellín

Si el Concilio Vaticano II (1962-1965) fue una “Primavera de la Iglesia”, Medellín, que fue la “recepción del Concilio en América”, fue el jardín donde iba creciendo. A diferencia de lo sucedido en la I Conferencia del Episcopado (Río de Janeiro 1956) donde la Santa Sede la preparó y realizó en todas sus partes, la II Conferencia, en Medellín sería el Consejo Episcopal Latinoamericano (CELAM) quien definiría los temas, la mecánica de trabajo y la elección de los conferencistas con la aprobación de la Santa Sede. Los antecedentes inmediatos de la II Conferencia General del Episcopado Latinoamericano pueden situarse hacia el otoño de 1965 cuando el Concilio Vaticano II estaba a días de clausurarse.

Fue en ese momento cuando Pablo VI reunió a los obispos de la directiva y equipos del CELAM (Consejo Episcopal Latinoamericano) que participaban en el Concilio, con motivo del décimo aniversario de la creación de dicho organismo episcopal. Pablo VI exhortó a los presentes a asumir una visión crítica frente a los problemas que agitaban a América Latina como un requerimiento indispensable para la acción pastoral de la Iglesia en esas regiones.

Sería, pues, en ese ambiente cuando el entonces presidente del CELAM, Manuel Larrain Errázuriz (obispo de Talca, Chile) comenzó a poner en marcha el proyecto que le encomendara el papa Pablo VI, de quien era amigo personal desde los años en que era el cardenal Montini. Amigo también del jesuita Alberto Hurtado a quien haría santo Benedicto XVI, amigo de los más avanzados obispos europeos desde el Concilio, de los “nobeles” Pablo Neruda, Gabriela Mistral, Jacques Maritain, y de Roger Schtz prior de la Comunidad de Taizé.

El obispo chileno Manuel Larraín Errázuriz era un hombre “en salida” como pide hoy para el Iglesia el papa Francisco, un pastor integrante del grupo que se denominó entonces “catolicismo social” que durante el Concilio Vaticano II (1962-1965) formó parte del sector más progresista. Fue uno de los cuarenta obispos firmantes del Pacto de las catacumbas de Domitila (Nov. 1965), encabezado por otra de la figuras señeras del CELAM, el arzobispo brasileño Helder Cámara -postulado cuatro veces al Premio Nobel de la Paz. Pacto por el que se comprometieron a caminar con los pobres asumiendo un estilo de vida sencillo y renunciando a todo símbolo de poder. Decía Dom Helder “Cuando doy comida a los pobres, me llaman santo. Cuando pregunto por qué son pobres, me llaman comunista”.

Tras la reunión ordinaria del CELAM en Mar de Plata (Argentina), en mayo de 1967, se pidió al Vaticano que convocara la Conferencia, sugiriendo al mismo tiempo como sede la ciudad de Medellín. En julio de 1967 se recibió la aprobación y comenzaron los preparativos. Se aprobó también el tema de la misma: “La presencia de la iglesia en la actual transformación de América Latina a la luz del Vaticano II”, tema propuesto por Pablo VI en la reunión con los obispos latinoamericanos en noviembre de 1965. Así, pues la II Conferencia del CELAM sería inaugurada por Pablo VI el 24 de agosto de 1968 y se clausuraría el 6 de septiembre del mismo año.

Las reuniones previas a la II Conferencia de Medellín

Entre las principales reuniones previas del Episcopado Latinoamericano y órganos del CELAM para preparar la II Conferencia destacaron estos Encuentros que tanto influirían en la celebración de II Conferencia de Medellín: En Baños (Ecuador) (junio 1966) sobre temas de educación, laicos y acción social. Mar de Plata (Argentina), en la X Asamblea Ordinario del CELAM sobre desarrollo e integración (octubre 1966). Buga (Colombia),(febrero 1967) en el I Encuentro Latinoamericano de Universidades Católicas, sobre la universidad católica en América Latina. Melgar (Colombia) (abril 1968 en el Encuentro Latinoam. sobre pastoral misionera. Itapoan, Salvador (Brasil), (marzo 1968) con el tema Pastoral Social de la Iglesia y Medellín (Colombia), (11 al 18 agosto 1968, sobre Catequesis.

Las 3 líneas trazadas por Pablo VI en Medellín

El 24 de agosto de 1968 el papa Pablo VI inauguraba en Bogotá la II Conferencia del Episcopado Latinoamericano que se clausuraría el 6 de septiembre y cuyas sesiones de trabajo se celebrarían en el Seminario de Medellín. En su apretura oficial Pablo VI trazaba “tres direcciones” para las tareas: espiritual, pastoral y social que hoy, medio siglo después, contienen muchas preguntas que siguen vigentes y que en varios casos se retoman en la encíclica Evangelii gaudium del Papa Francisco del que se espera un importante mensaje al celebrar los 50 años y cuyo papel fue decisivo – siendo cardenal – en la V Conferencia que presidiría Benedicto XVI en Aparecida (Brasil) (13-31 mayo 2007) en la que el entonces arzobispo de Buenos Aires cardenal Bergoglio tuvo un destacado papel. Resumimos a continuación esas tres líneas que proponía Pablo VI en la inauguración

Estas eran las 3 líneas: 1- Espiritual, señalando que no debemos dedicarnos al apostolado, si no sabemos corroborarlo con el ejemplo de las virtudes cristianas y sacerdotales. 2- Pastoral ya que la Iglesia institucional aparece hoy confrontada con otra llamada carismática, como si la primera fuese la de un cristianismo ya superada, mientras la otra, sería capaz de interpretar el cristianismo para responder a los problemas urgentes y reales de nuestro tiempo. 3- Social favoreciendo todo esfuerzo honesto para promover la renovación y la elevación de los pobres partiendo de la propia sencillez de la Iglesia en sus formas que es un testimonio de fidelidad evangélica como condición, alguna vez imprescindible, para dar crédito a su propia misión.

La metodología empleada en las sesiones de Medellín

La metodología adoptada por la Conferencia de Medellín (1968) corresponde al método “ver-juzgar-actuar” que se remonta al método de “revisión de vida”, surgido en el seno de las propuestas pastorales de la Juventud Obrera Católica (JOC) de la “Acción Católica” ,organización laical de renovación en la Iglesia que fundó en 1920 el sacerdote belga Joseph Cardijn por el compromiso social de la Iglesia católica en los comienzos del siglo y fue nombrado cardenal en 1965. La JOC agrupa aun hoy a los dirigentes obreros católicos en todo el mundo.

Un obispo que presidía la Comisión de trabajo sobre los pobres de la II Conferencia de Medellín en 1968 escribía sobre la misma diciendo que uno de los temas más difíciles fue el de la violencia y la paz. Había en aquella época algunos cristianos que querían justificar la violencia, apoyando las guerrillas, con sentimiento pero sin reflexión teológica. Con mucho acierto Pablo VI habló del asunto, y fue muy claro y muy orientador en sus palabras de inauguración en Bogotá enseñando el camino pacificador que debe tener el cristiano en nuestra realidad, al trabajar por la justicia en espíritu de paz, de reconciliación, como después recogerían las Conclusiones.

Las ponencias durante la II Conferencia de Medellín servirían de guía a las 16 comisiones y subcomisiones encargadas de elaborar las aplicaciones pastorales, cuya división y títulos corresponden fundamentalmente a las Conclusiones del Documento Final. Ponencias que expusieron los siguientes obispos:

I. Los signos de los tiempos en América Latina – MARCOS MC GRATH, obispo de Santiago de Veraguas, Panamá.
II. Interpretación cristiana de los signos de los tiempos hoy en América Latina – EDUARDO F. PIRONIO, Secretario General del CELAM
III. La Iglesia en América Latina y la promoción humana – EUGENIO DE ARAÚJO SALES, Administrador Apostólico, Salvador, Brasil.
IV. La evangelización en América Latina – SAMUEL RUIZ G., obispo de San Cristóbal de las Casas, México.
V. La pastoral de masas y la pastoral de élites – LUIS EDUARDO HENRÍQUEZ, obispo auxiliar de Caracas.
VI. La unidad visible de la Iglesia y la coordinación pastoral – PABLO MUÑOZ VEGA, Arzobispo de Quito
VII. Coordinación Pastoral – LEONIDAS E. PROAÑO, Obispo de Riobamba


Los documentos conclusivos de Medellín

Las Conclusiones de Medellín fueron aprobadas por el Papa Pablo VI siendo el presidente de la CELAM Avelar Brandao Vilela y secretario general Eduardo F. Pironio. Las Conclusiones irían repartidas en 16 documentos, agrupados a su vez en tres grandes secciones:

Promoción humana 1. Justicia 2. La Paz 3. Familia y demografía 4. Educación 5. Juventud

Evangelización y crecimiento de la fe 6. Pastoral popular 7. Pastoral de élites 8. Catequesis 9. Liturgia

La Iglesia visible y sus estructuras 10. Movimientos de laicos 11. Sacerdotes 12. Religiosos 13. La formación del clero 14. La pobreza de la Iglesia 15. Pastoral de conjunto y 16. Medios de comunicación social.

Las Conclusiones de Medellín se enfocan hacia la presencia de la Iglesia para “transformar a América Latina a la luz del Concilio Vaticano II”. La solicitud pastoral recae sobre tres áreas: 1ª- La promoción del hombre y de los pueblos hacia los valores de justicia, paz, educación y familia 2ª La necesidad de evangelización y maduración de la fe a través de la catequesis y liturgia y 3ª Los problemas que giran en torno a toda la comunidad para que sea más fuerte la unidad y la acción pastoral.

Se incorpora de manera especial a los laicos en estas tareas de “promoción humana” teniendo en cuenta como “fuentes” la Biblia y el Magisterio de la Iglesia destacando las encíclicas Gaudium et spes, Populorum progressio, Pacem in terris, Gravissimum educationis, Lumen gentium, Sacrosantum concilium, entre muchas otras. Todo ello forma parte de la Doctrina Social Cristiana cuya tarea es anunciar el Evangelio y denunciar las injusticias con el método de “ver, juzgar y actuar”.

Se trató también de la que denominaron “recepción creativa”, esto es, no se limitó simplemente a ajustar la iglesia de la región a las directrices emanadas del Concilio, sino que también intentó adecuar y enriquecer la recepción desde su propia historia y contexto; a manera de ejemplo tenemos las Comunidades de Base, el planteamiento de la salvación como liberación en la historia, la sacramentalidad de la iglesia desde la pobreza, y su compromiso total con los pobres y marginados. De hecho estas opciones y otros temas como el de la dimensión política de la fe y la relación entre desarrollo y salvación serían por los que Medellín llegaría a ser reconocido y recordado en la posteridad y a partir de las cuales se cosolidaba la “teología de la liberación”.

El mensaje de Medellín sigue vivo en la Iglesia

El teólogo brasileño Leonardo Boff, uno de los propulsores de las “Comunidades de Base” y la “Teología de la Liberación” escribe a los 50 años de Medellín recordando que el mérito de Medellín en el 1968 no fue el histórico sino el kerigmático, es decir lo que representa en términos históricos porque dió a luz a la Iglesia latinoamericana como tal. Sus textos constituyen la “Carta magna” de la Iglesia del Continente y el “acto de fundación” de la Iglesia de América Latina y Caribe a partir y en función de sus pueblos y de sus culturas.

De hecho, hasta Medellín – sigue diciendo Boff – la Iglesia en el Continente era la reproducción del modelo de la Iglesia europea, en su modo de organización, en su problemática teológica y en sus propuestas pastorales. Era una “iglesia-reflejo” no una “iglesia-fuente”. Y por ello precisamente iluminaron a la Iglesia del mundo entero ayudándola en su renovación a la luz del Concilio Vaticano II. Ese es el mensaje vivo a los 50 años de la celebración de la II Conferencia del Episcopado Latinoamericano de Medellín, Colombia.

Medellín a los 50 años

Sin decirlo explícitamente Medellín en 1968 estaba en la base de lo que venía diciendo en esos años la “teología de la liberación” que había alumbrado el teólogo peruano Gustavo Gutiérrez con su libro del mismo título y también en su corriente argentina “teología del pueblo” – más popular y menos crítica – que el jesuita Bergoglio, hoy papa Francisco, conoció de la mano de los teólogos también jesuitas Juan Carlos Scannone y Lucio Gera. Decía Scannone que “la teología del pueblo”, una ramificación de la teología de la liberación, está en la base de lo que está haciendo y diciendo el Papa Francisco”.

Ciertamente la corriente había llegado en casos aislados a extremos que preocupaban a la Iglesia como en Colombia sin ir mas lejos en donde se Iba a celebrar la II Conferencia de Medellín – con la incorporación a la guerrilla del sacerdote Camilo Torres y algún otro caso – que explican que Pablo VI al inaugurar la II Conferencia dijese en una de sus alocuciones: “No pongáis vuestra esperanza en la revolución, apoyad más bien las iniciativas que se tomen en vuestro favor.” Advertencias que de otra forma aparecen en los documentos conclusivos de Medellín.

La “reacción” del sector más integrista

En un continente sacudido por las luchas de liberación, los Documentos aprobados en Medellín no fueron sino el reflejo de una Iglesia que mayoritariamente entendió que la tarea evangelizadora pasaba por una enérgica denuncia de la “violencia institucional”, pero las Conclusiones de Medellín entusiastamente acogidas por la mayoría del episcopado latinoamericano provocaron también el rechazo del sector más conservador o integrista en la Iglesia.

Estas reacciones y temores le llevaron a Juan Pablo II a poner sobre aviso en dos Instrucciones sobre algunos aspectos de la «teología de la liberación» (no condenas como afirmaban) que aunque firmadas (8agosto 1984 y marzo 1986). por el cardenal Ratzinger como cardenal Prefecto de la Doctrina de la Fe y futuro Benedicto XV calificándole de “inquisidor”, en realidad no era sino una leal fiel ejecución del Papa aconsejado por el cardenal colombiano Alfonso López Trujillo.

“Condena” por cierto que posteriormente sería rectificada ante la presión de cardenales y obispos (varios de ellos brasileños)… en el segundo documento y una posterior carta ( 9 abril 1986) de Juan Pablo II en donde expresa a los obispos brasileños que “la teología de la liberación es, no sólo oportuna, sino útil y necesaria”.

Los planes y campañas para erradicar los movimientos “liberacionistas” en la Iglesia (por considerarlos “marxistas”, apuntaban entre otros prelados al Secretario General de la CELAM arzobispo Alfonso López Trujillo que de amigo y próximo a las inquietudes sociales del sacerdote Camilo Torres, colombiano como él y ambos universitarios en Lovaina junto con el iniciador de la “teología de la liberación” el teólogo peruano Gustavo Gutiérrez, llegaría a convertirse – a medida que “crecía” en Roma – en el principal opositor junto a algunas altas jerarquías de esas corrientes de compromiso social.

Las alarmas también tuvieron eco en los círculos políticos, muy especialmente en Washington. Algunos documentos (“Documentos de Santa Fe”) que se han conocido con posterioridad, permiten asegurar que incluso la CIA tomó cartas en el asunto entre 1980 y 1986. El propio Rockefeller llegó a explicar cómo se debía combatir un movimiento de esta naturaleza. El método era apoyar a los obispos “conservadores más civilizados”. Archivos hoy desclasificados por la Agencia Central de Inteligencia de Estados Unidos confirman la injerencia norteamericana en el fortalecimiento de las dictaduras de la región en todos estos planes.

Corriente de renovación eclesial que ha producido también numerosos “mártires” especialmente en los años 80 (Los religiosos de Argentina, los jesuitas de la Universidad del Salvador e incluso obispos por el argentino Angelelli, el salvadoreño Oscar Romero (canonizado por el papa Francisco, como muestra.

La reflexión y también la espiritualidad fueron acompañando en esos 50 años desde Medellín sus compromisos con los excluídos sociales y pobres, particularmente tanto en las Comunidades Eclesiales de Base (CEB) animadas por el teólogo franciscano brasileño Leonardo Boff y la “Teología del la liberación” del teólogo peruano Gustavo Gutierrez y su versión “Teología del pueblo” del jesuíta JuanCarlos Scannone seguida por el también jesuita Jorge Bergoglio hoy papa Francisco. En los años 70, 80 y 90 estas corrientes han ido madurando y calando en el pueblo latinoamericano acompañadas también por esos numeroso “mártires” que también los hubo especialmente en los años 80: laicos, sacerdotes y también obispos.

La llegada del papa Francisco y su nuevo estilo de pastoral, ejercido en el clima de la “teología del pueblo” que el vivió con su fundador el también jesuita argentino J.Carlos Scannone, ha supuesto también otro tipo de pontificado más “conciliar” y “en salida” como él suele decir. En ese sentido cabe destacar que prologó el libro escrito por el nuevo cardenal Prefecto de la Doctrina de la Fe Gerard L. Müller junto al fundador e la “Teología de la liberación” Gustavo Gutiérrez a quien conoció como profesor y amigo en sus temporadas en los poblados de Lima.

El libro titulado “Povera per i poveri. La missione della Chiesa” («Pobre para los pobres. La misión de la Iglesia») publicado por Libreria Editrice Vaticana fue presentade el 24 de febrero en la sala san Pío X del Vaticano presidiendo el acto el cardenal Rodríguez Maradiaga -que preside el comitñe de 7 asesores que creó el Papa – y el jesuita padre Lombradi director de la Oficina de Prensa del Vaticano.

Del Papa Francisco se espera un importante mensaje al celebrar los 50 años de la II Conferencia CELAM en Medellín y cuyo papel fue decisivo – siendo entonces cardenal arzobispo de Buenos Aíres Jorge Mario Bergoglio – en la V Conferencia CELAM que presidiría Benedicto XVI en Aparecida (Brasil) (13-31 mayo 2007).

Siendo ya Papa Francisco en su viaje a Brasil (2013) decía: “Si queremos servir desde el CELAM, a nuestra América Latina, lo tenemos que hacer con pasión. Hoy hace falta pasión. Poner el corazón en todo lo que hagamos, pasión de joven enamorado y de anciano sabio, pasión que transforma las ideas en utopías viables, pasión en el trabajo de nuestras manos, pasión que nos convierte en continuos peregrinos en nuestras Iglesias como -permítanme recordarlo- santo Toribio de Mogrovejo, que no se instaló en su sede: de 24 años de episcopado, 18 los pasó entre los pueblos de su diócesis. Hermanos, por favor, les pido pasión, pasión evangelizadora”.

Recordando el Papa Francisco su visita a la sede del CELAM en Bogotá en su reciente viaje a Colombia en noviembre de 2017 repetía lo que ya había señalado en su viaje a Brasil sobre la V Conferencia de Aparecida (Brasil): “Me detuve entonces en las tentaciones, todavía presentes, de la ideologización del mensaje evangélico, del funcionalismo eclesial y del clericalismo, porque está siempre en juego la salvación que nos trae Cristo… No se puede, por tanto, reducir el Evangelio a un programa al servicio de un gnosticismo de moda, a un proyecto de ascenso social o a una concepción de la Iglesia como una burocracia que se autobeneficia, como tampoco esta se puede reducir a una organización dirigida, con modernos criterios empresariales, por una casta clerical”.

Del 27 al 31 de agosto de este 2018 la Universidad de San Buenaventura de Medellín celebrará un encuentro “Luces y sombras a 50 años del Documento de Medellín” bajo el lema “El grito de los pobres: grito por la vida”.

Los organizadores del Encuentro en una carta de invitación y recogida de firmas recordaban al respecto las palabras que el papa Francisco pronunciaba en el Palacio de Nariño en su visita a Colombia (nov 2017), palabras “inspiradoras y motivadoras”: “Por favor, les pido que escuchen a los pobres, a los que sufren. Mírenlos a los ojos y déjense interrogar en todo momento por sus rostros surcados de dolor y sus manos suplicantes. En ellos se aprenden verdaderas lecciones de vida, de humanidad, de dignidad. Porque ellos, que entre cadenas gimen, sí que comprenden las palabras del que murió en la cruz -como dice la letra de vuestro himno nacional-“.

Las cinco Conferencias del CELAM

Las cinco Conferencias, con o sin tensiones en sus deliberaciones, tras la 1ª fundacional de Río de Janeiro, Brasil el año 1955 han sido fieles a la renovación del Concilio Vaticano II y a partir de la 2ª de Medellín, Colombia a su leal aplicación en América Latina.

1ª en Río de Janeiro, Brasil julio 1955. Convocada por Pío XII y orientada por la Santa Sede. Preocupada por fortalecer la fe en América. Lamentaba la urgencia de evangelización en América Latina y la escasez de evangelizadores.

2ª en Medellín, Colombia agosto 1968. Convocada por Pablo VI en el espíritu de “Gaudium et spes” y Populorum progressio” Estudió la renovación cristiana de América Latina a la luz del Concilio.

3ª en Puebla, México enero 1979. Convocada por Juan Pablo I que fallecido presidió Juan Pablo II. Continuadora de Medellín, que pese a los detractores de Medellín que se agrupaban en torno al entonces Ssecretario General del Celam Alfonso López Trujillo lograban hacer de la “opción preferencial por los pobres”, el tema central del la Conferencia insistiendo en la comunión y participación.

4ª en Santo Domingo, Rep. Dominicana octubre 1992. Inaugurada por Juan Pablo II con motivo de la 500° aniversario del “encuentro de dos mundos” para impulsar una nueva evangelización que alentara una más profunda promoción humana y a la configuración de una cultura cristiana. Tampoco faltaron las intentonas contrarias el sector co0nservador.

Y 5ª en Aparecida, Brasil mayo 2007. Convocada por Juan Pablo II, fallecido en 2005 por lo que fue presidida por Benedicto XVI bajo el lema ” Ser Discípulos y Misioneros de Jesucristo, para que los pueblos de Latinoamérica, en Él, tengan Vida”. Resumía los tres principios de la Iglesia latinoamericana con el esquema de “ver, juzgar y actuar».

El Sínodo especial para América en Roma, nov. 1997

El Sínodo América Latina en Roma. Este Sínodo Especial para los obispos de toda América que se celebraría en noviembre de 1997 lo anunció por sorpresa Juan Pablo II en la V Conferencia en Sto. Domingo en octubre 1992  el CELAM lo fue preparando contradiciendo a algunas voces que sospechaban de las intenciones de Roma de controlar la autonomía que en sus Documentos cuando la verdad es que Juan Pablo II tenía pensado celebrar cinco Sínodos Especiales sobre los Cinco Continentes a las puertas del nuevo siglo XXI (África en 1994, América 1997, Oceanía, 1998, Asia y Europa en 1999).

Juan Pablo II propuso como lema del Sínodo Especial para “las dos Américas”: “Encuentro con Jesucristo vivo para la conversión, la comunión y la solidaridad en América”, centralizando la figura de Jesús en la evangelización ofreciendo una salvación íntegra sin reduccionismos. Se celebró en diciembre de 1996 y el 23 de enero de 1999 en su visita a México Juan Pablo II entregaba en la Basílica mexicana de Guadalupe la Exhortación final del Sínodo “Ecclesia in América”.

La teología de la liberación en Europa-España: Benjamín Forcano


ene292018

 

Enviado a la página web de Redes Cristianas

Benjamín Forcano1Este mi artículo viene publicado en inglés y español, en VOICES, revista de la Asociación Ecuménica EATWOT, juntamente con el de otros autores.
El resultado positivo de un comienzo difícil y hostigado
Después de unos 50 años largos, podemos concluir con gozo que la Teología de la Liberación, recelada y temida cuando no reprobada en sus primeros arrimos a Europa, hizo un itinerario sólido y alcanzó muy buenos resultados.

Estábamos estrenando la primavera radiante del Vaticano II, y los anhelos de muchos teólogos, fermentados desde hacía tiempo, cobraban vigor y forma en el ámbito ecuménico del concilio Vaticano II, acontecimiento el más importante de la Iglesia católica en el siglo XX.
Era clara la conciencia, entre muchos movimientos, colectivos y comunidades de la Iglesia, el atraso y el desfase que acompañaba a la Iglesia tras su atrincheramiento antimoderno en los últimos siglos.

Los avances tecnocientíficos, sociales y políticos de la posguerra mundial, airearon muchos errores del pasado, desencanto de absolutismos imperialistas y racistas y aceleraron interrogantes, y desafíos para un nuevo pensar y obrar teológicos.
No obstante, este brio renovador conciliar del Vaticano II, iba a conocer pronto la parálisis y la involución más fuerte, nada improvisada, de Juan Pablo II, continuada luego por Benedicto XVI con temores y dimisión final.
Es un período de casi cuarenta años, donde se impuso la restauración (vuelta al preconcilio) de Karol Josef Wojtyla, quien a sus 58 años, fue elegido el 16 de octubre de 1978, como el primer Papa polaco de la historia y el primer Papa no italiano desde 1523. Su gobierno duró 27 años. Y a él le siguió el del cardenal Joseph Ratzinger, elegido Papa el 2 de abril de 2005, con duración hasta el 28 de febrero de 2013,en que renunció.

Por los años 1960, y aún antes, aparecen en escena los tres factores, que condicionaron fuertemente el periodo soci-político -eclesial que llega hasta nuestros días: Teología pogresista de Europa, Celebración del Concilio Vaticano II , Teología de la Liberación.
Dentro de estos tres factores, se descubre una profunda interrelación que, analizados un poco en detalle, nos van a permitir comprender el panorama teológico que se ha venido desarrollando entre Europa y América o, en términos más amplios, entre el Primer y el Tercer mundo.

La Teología de la Liberación dentro de la Teología Progresista de Europa

Si nos remontamos a los años de la última posguerra mundial, la teología progresista comenzó a ser muy importante en Europa, por ser la más relevante. Prácticamente, fue la que enterró la teología conservadora, convirtiéndose en fragua y motor de la preparación del concilio Vaticano II.

Fueron teólogos europeos los que acompañaron como peritos a sus respectivas Conferencias Episcopales y obtuvieron mayor peso en las deliberaciones del concilio.

¿Se da en el contexto europeo la dialéctica dominación – liberación?
Apenas habían pasado veinte años después del concilio y en Europa eran públicas y alarmistas las noticias sobre la TL. Ya en 1969, a corta distancia de la Conferencia de Medellín, el informe Rockefeller lanza esta alarma: “Debemos tener en cuenta que si la Iglesia pone en práctica las decisiones de Medellín, nuestros intereses sufrirán detrimento”.

Y en el 1979, el Consejo de Santa Fe afirmaba explícitamenre: “La política exterior norteamericana debe comenzar a afrontar la Teología de la Liberación tal como se plantea en América latina y no limitarse a reaccionar contra ella”.
Poco a poco, iba tomando fuerza en la opinión pública la idea de que la TL era una política revolucionaria, marxista , que se había filtrado en la Iglesia y trataba de reemplazar la palabra de Dios por el marxismo y el servicio de los pobres por la lucha de clases. Su método no era válido por aceptar el materialismo histórico o lo era sólo para América Latina y no para Europa.

Hoy, atendiendo al testimonio de algunos autores de entonces podemos conocer mejor la novedad e impacto de la teología de la liberación en el mundo de la teología en general y en el de la teología progresista europea en especial.

GIULIO GIRARDI.- El teólogo Giulio Girardi, gran conocedor del tema, pudo analizar este problema, en un artículo (Revista Misión Abierta, Posibilidad de una Teología europea de Liberación, pp. 151-159, Madrid,1984), en el que reconoce reconoce como incipiente en Europa la TL , con una función positiva en el contexto político y cultural de América Latina y que podía ser una aportación y estímulo para la Teología progresista de Europa.

Puesto a analizar si en Europa se da la dialéctica dominación – liberación concluye que a nivel internacional “La cultura dominante en Europa y en Estados Unidos tiende a imponer sus propias respuestas a los países del Tercer Mundo” (Pg. 154), en el sentido de estar guiadas por un sutil racismo, un presentar como natural la división internacional del trabajo, un narrar la colonización como historia de civilización y un encubrir a las empresas multinacionales que subyugan y sacrifican sistemáticamente a sus propios intereses a los pueblos que someten. Sería una lectura ligada al eurocentrismo que invade nuestra cultura.

A nivel interno, en el seno de las propias naciones europeas, la cultura dominante trata de obviar el problema de los pobres en Europa, insistiendo en que en nuestros países no habría pobres en sentido estricto, ni procederían como elemento intrínseco de sus propias estructuras.
Para superar esa situación, Girardi propone como camino el de la solidaridad, que lleva a trabajar por crear colectivamente sujetos que sean una verdadera alternativa.
Para avanzar hacia ella, la teología no puede eludir realizarse a la luz del dilema dominación-liberación, apoyándola en el pensamiento de Jesús de Nazaret, que es alternativa global a la cultura y sociedad de su tiempo.

En este sentido, la TL supone una cierta ruptura con la Teología progresista , por hacer suya la inspiración fundamental de Jesús, la opción por los pobres: “En definitiva, en la dialécica opresión-liberación, la vida y el mensaje de Jesús se sitúan de parte de la liberación y representan un momento fundamental de toda historia de liberación” (Pg. 158). Y, en consecuencia,”Frente a la Teología de la liberación no cabe una via media de compromiso: o se la acepta o se la rechaza . La teología europea no puede continuar en su trayectoria idealista de afirmación de los “valores espirituales” prescindiendo de los sistemas de poder en que son realizados y de la función real que desarrollan en esos sistemas. En esta teología, el eurocentrismo y el eclesiocentrismo se dan la mano” (PP. 158-159).

JOHANN BAPTIS METZ.- Metz, al afrontar la relación que hay entre la teología de política europea y la teología en Latinoamerica de la liberación , afirma: “La nueva teología política que se hace en Europa y la teología latinoamericana de la liberación tratan de crear una conciencia de ese adiós definitivo que se enfrenta hoy en día cualquier teología cristiana: el adiós a su inocencia social y política , y el adiós a su inocencia cultural y ética , es decir, el eurocentrismo que tiene interiorizado” (Cambio social y pensamiento cristiano en América Latina, Teología europea y teología de la liberación, Trotta, Madrid, 1993, pp. 263-264). .

JON SOBRINO.- Jon Sobrino, señala que , junto a la teología conservadora y progresista, había otra teología más nueva “Con una inspiración afín a la de la Teología de la Liberación, que toma en serio el mundo de los pobres y oprimidos, en Europa y en el resto del mundo, y hace de ellos lugar para la renovación de la fe y así de la teología (Misión Abierta, “Teología de la liberación y teología europea progresista,n.4, 1987,pp. 11-12).
En Europa, esta teología aparece después del concilio, pero no llega a suplantar la relevancia de la teología progresista.
Jon Sobrino, en el artículo citado, se detiene en subrayar la diferencia entre los presupuestos del quehacer teológico liberador frente a los presupuestos del quehacer de la teología progresista.

La teología progresista pretende liberar a la subjetividad humana esclavizada, devolviéndole la autnomía, en tanto que la teología de la liberación , sin abdicar de la autonomía de una razón responsable, busca la liberación de la realidad oprimida, tanto de las personas como de los pueblos, que mueren lentamente o son crucificados.
La teología progresista y la teología de la liberación, no las considera excluyentes, pero la primera hace hincapié en la liberación del yo, en tanto que la segunda lo hace en la liberación del otro y de lo otro: “Cuando la teología se centra – y obsesiona- con el propio creyente, con dificultad llega a interesarse en serio por la liberación de la realidad, mientras que el interés por la realidad integra mejor el interés de la propia fe y de facto da una solución positiva (Idem, p. 15).

La teología de la liberación se diferencia, pues, de la progresista, en que lo que pretende liberar más en directo es la mayor opresión, que es la muerte lenta o rápida, estructural o violenta, de millones de seres humanos. O dicho de otra manera: las realidades históricas y sociales que, en referencia al Reino de Dios , pretenden liberar ambas teologías no todas están igualmente cercanas o lejanas de ese Reino; en el Tercer Mundo la vida aparece perennemente amenazada y pasa a ser elemento fundamental y decisivo de la utopía del reino, lo cual se traduce en realizaciones parciales de ese Reino, que deberán ser discernidas. La realización del Reino de Dios es la finalidad última de la Teología de la liberación.

Sobrino destaca otros aspectos que diferencian a la TL de la TP, tales como las fuentes de su conocimiento y su carácter cognitivo y ético.
Sin negar la naturaleza y méritos de cada una de ellas, realza cuál debe ser, cualquiera que sea la teología que se haga, el talante cristiano de todo quehacer teológico: fidelidad a lo que se nos ha transmitido de la revelación de Dios , con su consiguiente efecto de lucidez y ánimo en el pueblo de Dios y en los más pobres de ese pueblo; servicio a una liberación histórica y trascendente; disponibilidad a inserirse en la conflictividad de la historia y padecer algún tipo de persecución; trabajo dentro del pueblo de Dios y a su servicio , en solidaridad con todos los estamentos del pueblo de Dios; un quehacer que sea espiritual y propicie espiritualidad, que presente de tal manera a Dios que se motive a la oración , la confianza, la disponibilidad; se hable de tal manera de estas últimas cosas que introduzca en el misterio de Dios; que se presente de tal manera a Cristo que se motive a su seguimiento.

Este quehaceer supone unos ojos nuevos, que son gracia , que da vigor al quehacer teológico , contando con que muy frecuentemente esta experiencia gratuita ocurre en presencia de los pobres de este mundo, que son los privilegiados de la Buenas Nueva. Buena para el hombre y la historia y buena sobre todo para los pobres; y buena porque conduce a la plenificación final y ahora humaniza y salva a la historia.

Sobrino reconoce los logros del pasado de la TP, su creciente radicalismo evangélico y opción por los pobres , su apertura a la realidad latinoamericana y mundial : “Pero, concluye, no se puede dudar de que la TL ha puesto el dedo en la llaga de la humanidad actual, la miseria humana y masiva, la crucifixión de los pueblos enteros; y, por otra parte, sus esperanzas de llegar a vivir con dignidad como hijos de Dios , sus exigencia a colaborar en su liberación” ( Idem, pg. 26).

El Vaticano II y la ofensiva restauradora de Juan Pablo II

Algunos tuvieron demasiada prisa en afirmar que el tiempo del concilio había terminado.
El papa Pablo VI advertía:
“No podemos prescindir del concilio. Por su naturaleza es un acontecimiento importante, histórico, decisivo para la vida de la Iglesia, tiene que durar y es evidente que lo encontraremos largo tiempo en nuestro caminar. Y es bueno que así sea” (L´Osservatore Romano, 16 de diciembre de 1965). “En un cierto sentido, es más grave y trabajoso el período que sigue al concilio que el de su celebración. En su aceptación y fidelidad se está poniendo a prueba la vitalidad de la Iglesia” (AAS 58, 1966, 799s.).
¿Dónde quedó esta fidelidad al Vaticano II? ¿Qué cosas fueron las que pasaron? Interesa destacar esto para comprender el contexto real en que surgió la nueva teología española, decantándose por una línea de plena fidelidad al Vaticano II, a la Teología de la liberación y de libertad y resistencia a la involución pretendida por la jerarquía eclesastica.,

Pasaron tres cosas fundamentales:
1ª) Hubo un primer período –hasta el año 78 más o menos- en que hubo voluntad entusiasta en la recepción y aplicación del concilio.
2ª) Vino enseguida la desactivación del concilio. Si bien el Vaticano II alumbraba una nueva época de la Iglesia, unos nuevos planteamientos, un nuevo estilo y dibujaba un nuevo concepto de identidad católica, con Juan Pablo II (1978-2005),pronto se vió que los vientos iban por otros derroteros. Se fue así consolidando una tensión en la Iglesia, en la que cada día con mayor fuerza se imponían las fuerzas y movimientos neoconservadores. Wojtyla se alineaba de la parte inmovilista de la historia, que avanzaba a la defensiva, con apego al pasado y con miedo al futuro.

El Vaticano II dió un salto: se abría una nueva época de la Iglesia en que ella era copartícipe de la historia humana y compartía con toda suerte de personas e instancias la búsqueda de un nuevo camino para la humanidad. Ella no era la depositaria exclusiva de la verdad ni tenía el monopolio del bien, ni era la instancia obligatoria para todos, para realizarse y salvarse. Y diseñaba, con sentido pragmático, un nuevo estilo de relación basado en el respeto, la valoración mutua, el diálogo y el compromiso por las grandes causas de la justicia y de la paz.
Wojtyla traía otro modelo y otra dirección. Grandes sectores de la cristiandad advertían la contraposición: involución contra renovación, autoritarismo contra democracia, clericalismo contra pueblo de Dios, clasismo contra igualdad.

Ya en el 1985, el cardenal J. Ratzinger calificó a los 20 años del posconcilio de decisivamente desfavorables para la Iglesia. Fue ésta la señal de que la restauración o contrarreforma estaba en plena marcha. Y continuó ya hasta la elección del Papa Francisco. .
3ª) Grandes sectores de la Iglesia, a partir de entonces, se sintieron decepcionados y optaron por aparcar su compromiso o exiliarse de la Iglesia. Los teólogos, comenzando por aquellos que prepararon y elaboraron el concilio, fueron los que mayormente sufrieron acoso, silencio y censura. Su disenso se hizo clamorosamente público en la famosa Declaración de Colonia, que recogía la firma de más de 700 teólogos, cuestionando el giro involucionista de Juan Pablo II.

Determinante la involución posconciliar del pontificado de Juan Pablo II

El Vaticano II estableció una reconciliación con la modernidad, un diálogo con las ciencias, un apoyo incondicional a la dignidad humana en todos sus derechos, una prioridad a los problemas y causas mayores de humanidad, una activación de la sociedad por los grandes valores del Evangelio. Esta siembra hizo que la cristiandad, integrada fundamentalmente por laicos, estimulase la dignidad propia, la responsabilidad, el criterio propio, la creatividad, la mayoría de edad y no fuera posible ya detener el cambio con apelaciones a la obediencia.

Juan Pablo II venía de una formación tradicionalista, marcada además por un contexto sociopolítico antinazista, y también profundamente anticomunista y en cierto modo antieuropeo. Su patria había sufrido la humillación de diversos imperios y en todos sus hijos estaban abiertas las heridas, curadas en buena parte por la religión católica.
Todo esto le había hecho ver que Europa no caminaba en la dirección de su pasado cristiano, sino que avanzaba por las sendas de la secularización y del laicismo, del ateismo y de un materialismo hedonista y consumista.

Su visión de la modernidad era negativa, pues en ella la Iglesia había ido perdiendo prestigio y hegemonía y se iba reduciendo cada vez más al ámbito de lo privado.
La opción de Wojtyla iba a ser, pues, la de restaurar, recristianizar a Europa, reconducir todo al pasado. Los males presentes era preciso remediarlos reintroduciendo la imagen de una Iglesia preconciliar: una iglesia centralizada, androcéntrica, clerical, compacta, bien uniformada y obediente, antimoderna.

No es de extrañar que el gran teólogo Schillebeekx escribiera:
“El concilio Vaticano II consagró los nuevos valores modernos de la democracia, de la tolerancia, de la libertad. Todas las grandes ideas de la revolución americana y francesa, combatidas por generaciones de papas; todos los valores democráticos fueron aceptados por el concilio… Existe ahora la tendencia a ponerse contra la modernidad, considerada como una especie de anticristo. El Papa actual parece negar la modernidad con su proyecto de reevangelizar Europa: es necesario –dice- retornar a la antigua Europa de Cirilo y Metodio, santos eslavos, y de san Benito. El retorno al catolicismo del primer milenio es, para Juan Pablo II, el gran reto. En el segundo milenio, Europa ha decaído y, con ella, ha decaído toda la cultura occidental. Para reevangelizar Europa es necesario superar la modernidad y todos los valores modernos y regresar al primer milenio… Es la cristiandad premoderna, agrícola, no crítica, la que, según el pensamiento del Papa, es el modelo de la cristiandad.

Yo critico este retorno porque los valores modernos de la libertad de conciencia, de religión, de tolerancia, no son, desde luego, los valores del primer milenio” (Soy un teólogo feliz, p. 73-74).
La restauración alcanzó a la Iglesia universal en todos los niveles y estamentos: sínodos, conferencias episcopales, reuniones del episcopado latinoamericano, congregaciones religiosas, la CLAR (confederación de religiosos y religiosas latinoamericanos), obispos, teólogos, profesores, publicaciones, revistas, etc.

Para llevar a cabo la restauración había que volver a los instrumentos de poder y había que contar con movimientos fuertes e incondicionales. Tales fueron principalmente el Opus Dei, Comunión y Liberación, Neocatecumenales, Legionarios de Cristo, etc.
Lo ocurrido en el interior de la Iglesia, fue calificado por el gran teólogo K. Rhaner de “larga noche invernal”.
Condiciones demasiado negativas impedían encontrar en la Iglesia estructuras de acogida que invitaran a la confianza, al respeto y al diálogo. Todo un clima que hizo que, a pesar de grandes multitudes aplaudiendo al Papa en estadios y plazas, las iglesias se quedaran cada vez más vacías.
Con razón pudo escribir el teólogo Hans Küng: “Se requiere un cambio de rumbo de parte de la Iglesia, y de la teología: abandonar decididamente la imagen del mundo medieval y aceptar consecuentemente la imagen moderna del mundo, lo que para la misma teología traerá como consecuencia el paso a un nuevo paradigma” (Küng, H., Ser cristiano, p. 173).

La teología de la liberación en España.

Hacia los años 1980, en España se acababa el Gobierno del cardenal Enrique Tarancón , que tuvo tan destacado protagonismo en la transición de la dictadura a la democracia. Con el nombramiento de Juan Pablo II como Papa, la posición y pronunciamientos de la jerarquía eclesiástica española tomaban otro rumbo y provocaban creciente malestar y desconcierto en la gente. Esta posición alcanzó su punto culminante ante la aparición y declaraciones insistentes de la Jerarquía eclesiástica con la nueva situación sociopolítica creada por el Gobierno socialista:

“Se da una crítica y manipulación de los hechos de la Iglesia, un cerco inflexible y permanente por medio de los medios de comunicación. Somos una Iglesia, crecientemente marginada. No nos dejemos engañar. Lo que hoy está en juego no es un rechazo del integrismo o del fundamentalismo religioso, no son unas determinadas cuestiones morales discutibles. Lo que estamos viviendo, quizás sin darnos cuenta de ello, es un rechazo de la religión en cuanto tal, y más en concreto de la Iglesia católica y del mismo cristianismo” (Mons. Fernando Sebastián, Situación actual de la Iglesia: algunas orientaciones prácticas, Madrid, ITVR, 29 –III- 2007).
No se puede ignorar que en los últimos siglos hubo una positiva evolución de la conciencia social y eclesial. El concilio Vaticano II lo entendió perfectamente y, por primera vez, hubo una reconciliación oficial con el mundo moderno, con la democracia, la igualdad, el pluralismo y la libertad.

Previo al concilio, se había dado la alianza de la Iglesia con los poderes estatales, la primacía de la religión católica, el protagonismo del clero, la supeditación de los saberes humanos al saber teológico, la devaluación de lo terreno y temporal, la desigualdad, la desconfianza frente al mundo y otras religiones, la obediencia como norma suprema.
Y, en esa misma dirección, se propuso actuar Juan Pablo II y Benedicto XVI con los vientos hacia un modelo de Iglesia autoritaria y neoconservadora, no servidora ni anunciante de un Reino de hermanos y hermanas, en igualdad, libertad y amor. Un modelo que dictaba el regreso al pasado, con miedo a una auténtica inserción en el presente.

Nace la Asociación de Teólogos Juan XXIII

Después de todo lo dicho, se entenderá lo que representó para los años 1980 de España, la creación de la “Asociación de teólogos Juan XXIII”.
Fue fundada en el año 1980, en ese cruce del Pontificado de Juan Pablo II con la transición de España y, en espacio previo, el Vaticano II, desatendido y orillado, pero no muerto.
A los diez años de funcionar, la Asociación de teólogos Juan XXIII hace evaluación de su caminar y recalca no estar dispuesta a apartarse de su fines: promover el desarrollo de la teología en España y divulgarla; inserirla con empeño renovador en los movimientos y comunidades eclesiales , cuidar el diálogo con la cultura contemporánea y con los logros de la modernidad; hacer de la opción preferencial por los pobres marco básico y lugar epistemológico de la reflexión teológica; contribuir con los sectores más comprometidos a la renovación evangélica de la Iglesia; fomentar la solidaridad fraterna entre todos sus miembros.

Fines y tareas de la Asociación de teólogos Juan XXIII

La Asociación sabía desde el principio lo arduo de la tarea que asumía frente a una Iglesia clerical, depositaria de la verdad, de la dirección y del mando, con simples fieles reducidos a grey pasiva y obediente.
Para sorpresa de muchos, la Asociación se había mostrado en sus diez primeros años, con una plantilla fuerte de téologos (Más de 50) procedentes de las diócesis y diversas congregaciones religiosas, con estudios en diversas Universidades del extranjero, bien preparados y dispuestos a llevar adelante el espíritu y contenidos fundamentales del Vaticano II. Era éste su punto fuerte, al que no podía sustraerse la misma Jerarquía.

Sin duda alguna, la característica principal de la Asociación ha sido la Convocatoria de los Congreso de Teología, que tuvieron comienzo en el año 1980 y quese vienen celbrano hasta hoy.
Pienso que es necesario subrayar lo que estos Congresos han supuesto para la vida de la Sociedad e Iglesia españolas.
Los Congresos comenzaron por tener un interés y una resonancia mediática, que probablemente no se da en ningún otro lugar de Europa, como posteriormente señalaron observadores importantes.

La duración fue, en los cuatro primeros años, de una semana, con asistencia de unas 2.000 personas. Y, como no había ocurrido nunca antes, con presencia y espacio notables en la televisión, radio y periódicos más importantes. La convocatoria viene apoyada por unos 60 colectivos, revistas y grupos.
A partir del 5º Congreso, la duración se redujo a los cuatro últimos días de la Semana. Y así sigue.
Cada Congreso tiene un tema central: Teología y obreza; Esperanza de los pobres, esperanza cristiana; Los cristianos y la paz; Cristianos en una sociedad democrática; Dios de vida, ídolos de muerte; Iglesia y Pueblo; etc. Así sigue y así será en el próximo Congreso, el 37, “Mujeres y religión. De la discriminación a la igualdad de género”, que se celebra en septiembre de 2017.

Los temás se tratan interdisciplinarmente, a través de 7 ponencias, completadas con testimonios y experiencias en Mesas Redondas y Comunicaciones. Sólo los ponentes que hn pasado por los Congresos (sociólogos, economistas, políticos, historiadores filósofos y, por supuesto, teólogos) sumarían más de 250.
Los teólogos y teólogas, han sido muchos, pero entre ellos hay que contar a los teólogos de la liberaciónpresentes en todos ellos.
Es también importante el hecho de que todos los Congresos han sido publicados íntegramente, por el Centro Evangelio y Liberación. Hasta la fecha, son 36 volúmenes. Una joya para el que desee conocer la trayectoria y contenidos teólogicos de esa época.

Acaso lo más importante de la asociación haya sido que, a partir de sus primeras convocatorias, los asistentes de una y otra parte buscaron como dar cauce a esta iniciativa de un modo similar en las principales ciudades de España. En breve, fueron surgiendo Convocatorias de este tipo en Barcelona, Málaga, Valencia, Vitoria, Pamplona, Oviedo, Santiago de Compostela, Zaragoza, Albacete, Burgos, Logroño, etc…, como un onda expansiva que alcanzaba y promovía cada vez más la unión entre movimientos, colectivos y comunidades inspiradas en una teología renovada, comprometida y liberadora. Los Congresos, Foros o Semanas hicieron crecer la continua demanda de teólogos para impartir conferencias en otros muchos lugares y hacer circular sus escritos.

Capítulo aparte merecería la reseña de las publicaciones de todos ellos, en muy diversas modalidades, que han servido para impulsar, profundizar y fortalecer esta nueva Teología liberadora, expresión del Evangelio y de un nuevo rostro de Iglesia.

Relación de la Asociación de teólogos Juan XXIII con la
jerarquía eclesiástica .

Teniendo en cuenta el escenario sociopolítico y eclesial que hemos descrito, a nadie extrañará la actitud que iba a tomar la jerarquía eclesiástica con la Asociación.
En el período de los cinco primeros años fue de recelo y desconfianza mutuas. Le siguió uno más breve de dos años, en que hubo un intento de aproximación y diálogo a través de una comisión de cinco teólogos con tres obispos. El intento no llegó a ningún acuerdo positivo, pues los obispos expresaron como puntos fundamentales que debía abandonar la Asociación: su carácter escasamente jerárquico, su carácter civil y su rechazo al reconocimiento canónico de la misma. La Conferencia episcopal, -estábamos ya bajo el nuevo rumbo del Papa Juan Pablo II-, debía aceptar la línea de Roma, y no olvidar la denuncia que el cardenal Ratzinger, Prefecto de la Congregación para la doctrina de la fe, había formulado contra la Teología de la liberación.
La Asociación, en la evaluación mencionada, escribe. “Creemos honradamente que es excexiva la pretensión episcopal de decidir casi continuamente en cuestiones teológicas disputadas y, por supuesto, la de pretender que los teólogos sean antenas de repetición del magisterio jerárquico”.

El intento de diálogo acabó ahí. La involución creció y había consigna entre los obispos de no asistir a los Congresos, aunque no por ello dejaron de asistir algunos de ellos.
A través del entonces secretario de la Conferencia Epis copal, Fernando Sebastián, se pasó información a la Confer masculijna y femenina en estos términos: “ Los tres obispos que hemos intervenido en estos diálogos con los teólogos quedamos con la convicción de no haber llegado a conclusiones operativas que permitan esperar una modificación de los Congresos hasta hacerlos aceptables como una actividad legítima dentro la comunidad cristiana… Nos hemos encontrado con una entalidad………fuertemente vinculada al movimiento de la teología de la liberación y de algunos teólogo europeos especialmente críticos”.

Ante esta postura episcopal, no faltaron voces que la denunciaban como arbitraria e injusta. Baste coo muestra estas dos:
” No comprendo los recelos que podáis tener con la Juan XXIII, cuando pragmáticamente es una buena mediación para llevar a cabo esta actitud evangélicamente crítica frente a un régimen que se presenta como liberador con respecto a la pasada dictadura” (José Mª González Ruiz).
“Estoy en contra de la sofocación que se ha llevado a cabo del concilio Vaticano II , el cual prometía una apertura del Cristianismo , de la ética social cristiana y sin embargo eso no ha ocurrido. La Fuerza del Cristianismo está sofocada por movimientos conservadores que todos conocemos “ (José Luis Aranguren) .

Me quito la mitra delante de los buenos teólogos

Si resulta que la renovación de la Iglesia, antes y a partir del Vaticano II, fue preparada e impulsada por los teólogos, también es verdad que ningún otro gremio como el de los teólogos ha tenido que sufrir la censura, el desprestigio y la represión después del VaticanoII. Pasan del centenar los que hubieron de sufrirla.

Por eso, resonaron rogocijantes las fraternales y cariñosas palabras que el obispo Pedro Casaldáliga (50 años ya testigo del evangelio y sin retorno en el Sertao del Brasil) dijo en su ponencia mandada por video para el Congreso XVI de 1996: “Aprovecho la ocasión para quitarme la mitra v delante de los buenos teólogos y teólogas que tiene España incluso para reparar la predisposición , una predisposición casi innata, casi instintiva de ciertos obispos de la jerarquía en general, bastante general con respecto a los teólogos. Yo os pido teólogos y teólogas, que sigáis ayundándonos. Con mucha frecuencia los obispos creemos que tenemos la razón, normalmente creemos que la tenemos siempre, lo que pasa es que no siempre tenemos la verdad, sobre todo la verdad teológica, de modo que os pido que no nos dejéis en una especie de dogmática ignorancia. Y hablando de los teólogos de España, creo que es de justicia subrayar que hoy en España haya teólogos y teólogas (las teólogas son más recientes) a la altura de aquel siglo de oro de las letras, y del pensamiento españoles, y ni Italia, ni Francia, ni Alemania, por citar a los países más vecinos, dejan atrás ni en número ni en calidad la galería de teólogos que tenemos en España, y pido a la Asamblea un aplauso”.

Nueva teología y nuevo estilo de vida cristianos

Afortunadamente el Vaticano II había asumido los resultados de una nueva Exégesis y de una nueva Teología que contribuían a recuperar la desfigurada originalidad del cristianismo. El Vaticano II fue el espaldarazo a esta cita
de consecuencias imprevisibles , que generaría un nuevo talante y una nueva manera de ser cristiano.

En esta perspectiva, la Asociación de teólogos Juan XXIII entendía que a la teología le aguardaban tareas ingentes de cambio y “aggiornamento”: historificar el Evangelo haciéndolo oir en medio de la iniquidad que divide al mundo en ricos y pobres; reconciliar la fe con la razón y la ciencia , la terrenalidad y la historia, la democracia y el pluralismo, la libertad y la diferencia, lo universal y lo particular; poner en el centro de todo la dignidad de la persona para construir entre todos un mundo que se apoya en esa fe común de la dignidad de la persona y sus derechos; suscitar espacio de búsqueda, duda y apertura a la trascendencia: El cielo de la persona humana no va a ser explorado por cosmonautas de la tecnología, sino por duendes ingénitos del espíritu. El éxtasis mismo de la existencia es umbral y condición para el surgir y creación de la teología.

http://www.redescristianas.net/la-teologia-de-la-liberacion-en-europa-espanabenjamin-forcano/#more-86728

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