VOCACIÓN Y MISIÓN DE LOS LAICOS EN LA IGLESIA Y EN EL MUNDO: W.KASPER


Estamos en la hora de los laicos en la iglesia.

Ya en el pasado los laicos tenían su misión, consubstancial a la esencia de la iglesia. Pero en el presente esta misión ha cobrado una significación especial. La justificación de esta tesis no radica en fenómenos como la escasez de sacerdotes, el creciente significado de la corresponsabilidad y de la incidencia en el mundo, ni tan siquiera en el postulado de la democratización de la iglesia, que son factores externos.

La explicación reside en que la iglesia ha tomado mayor conciencia de sí misma y de su misión en este mundo. Tanto este proceso como el último concilio han de ser vistos como signos de la actividad del Espíritu de Dios en nuestro tiempo. Por ello el autor reflexiona aquí sobre el significado de los laicos hoy en la iglesia. Berufung und Sendung des Laien in Kirche und Welt. Geschichtliche und systematische Perspektiven, Stimmen der Zeit, 205 (1987) 579 – 593 Deberíamos preguntarnos si hemos entendido realmente los signos del Espíritu. Pues si fuera así no serían comprensibles el descontento y la crítica, en especial por parte de las mujeres, ni sería necesario un sínodo episcopal sobre este tema. De cualquier forma, el fuerte compromiso de los laicos es uno de los signos más alentadores de la iglesia postconciliar.

Pero la relación entre clérigos y laicos no se ha resuelto satisfactoriamente a pesar del concilio y del progreso en el nuevo derecho canónico. I. La misma misión para todos los bautizados 1. ¿Laico = no clérigo? El problema empieza con la pregunta: ¿Qué es un laico y quién es un laico? Normalmente un laico es una persona que no tiene noción de una cosa. Este sentido peyorativo proviene de muy antiguo. En Clemente de Roma (90 d.C.) laikos significa aquél que no pertenece al clero, entendido como clase elegida. Posteriormente los laicos fueron designados, negativamente, como los no clérigos, los no monjes. También hoy en día es identificada la iglesia con el clero y con la jerarquía. Los laicos son miembros pasivos, no sujetos responsables. No en vano se ha propuesto la posibilidad de desestimar el término equívoco laico y hacerlo desaparecer de nuestro vocabulario religioso. 2. Laico = miembro del pueblo de Dios Si se quiere dotar al término “laico” de un contenido teológico adecuado y de un sentido cristiano hay que acudir al sentido originario y bíblico de laos (pueblo). En el AT, laos no significaba pueblo común, sino el pueblo elegido por Dios en contraposición a los pueblos paganos. Laikos es aquel que pertenece al pueblo de Dios a raíz de una elección WALTER KASPER y un llamamiento especiales. Laico es una designación honorífica y digna para aquellos que, tras el bautizo, son “linaje elegido, sacerdocio real, nación santa, pueblo adquirido” (l P 2,9). En esta acepción genérica, laico significa lo mismo que los términos bíblicos discípulo, hermano, santo, cristiano. Por tanto, la línea de separación no transcurre entre clérigos y laicos, sino entre cristianos y no cristianos. La igualdad fundamental de todos los creyentes y bautizados es previa a las diferenciaciones posteriores. La gran obra del concilio Vaticano II volvió a destacar este elemento común que une a todos los cristianos. Para ello, en la constitución de la iglesia Lumen gentium incluyó un capítulo sobre el pueblo de Dios, antes de los capítulos sobre la jerarquía y los laicos, en el que se trata de la vocación y misión comunes para todos los cristianos, así como de su participación en el sacerdocio común de todos los bautizados y en el ministerio profético, sacerdotal y real de Jesucristo. De manera parecida se incluye un capítulo sobre la vocación de todos los cristianos a la santidad, antes del capítulo sobre los religiosos.

II. La diferenciación entre laicos y sacerdotes 1. En los primeros siglos primó la unidad de misión Desde un principio la iglesia se constituyó como un todo estructurado que se componía de una gran variedad y riqueza de carismas, ministerios y servicios. La iglesia y sus comunidades se autoconcibieron, desde su inicio, como un solo cuerpo, en el que cada órgano tenía su propio deber (l Co 12, 4-31). La iglesia no es clerical, vista “desde arriba”, o laica, “desde abajo”. Es una totalidad estructurada y diferenciada, una realidad viva de comunión. La doctrina bíblica de un sacerdocio y responsabilidad común a todos los bautizados se articula en especial a partir de 1 P 2,5.9-10 y de Ap 1,6; 5,10. Encuentra un eco importante en tiempo de los Padres que se prolonga hasta la escolástica tardía. Según san Ireneo todos los justos poseen rango sacerdotal. Esto mismo se refleja en la liturgia, donde la comunidad entera es denominada plebs sancta, y en el Crisóstomo, donde es designada como plenitud sacerdotal del obispo. Según los Padres, la alta escolástica e, incluso, el concilio de Trento, en conjunto, los creyentes son los que sacrifican y consagran a través del servicio del sacerdote. A partir de la interpretación de Mt 16,19 Agustín pudo escribir que la iglesia en conjunto tenía la llave del reino de los cielos. San Cipriano creía que no debía suceder nada en la iglesia sin el consentimiento de todo el pueblo. Esta corresponsabilidad de los laicos en la iglesia antigua queda patente, ante todo, en la elección de los ministros y en el papel que jugaban los laicos en los concilios. La fundamentación teológica viene dada por la unción, por medio del Espíritu Santo, que todos han recibido, y la doctrina del sentido de la fe de todos los creyentes. El cardenal J.H. Newman ha demostrado que en la crisis arriana del s. IV no fueron los obispos, sino el pueblo creyente, el que profesó la fe auténtica. WALTER KASPER

2. Breve historia de la diferenciación En el transcurso de la historia de la teología y de la iglesia, la estructura “de comunión” de la iglesia y el sacerdocio común de todos los creyentes no sólo no fueron desarrollados, sino también, a menudo, ignorados e, incluso, olvidados. Una serie de factores juegan un papel muy importante. El más importante es el introducido por Constantino, que llevó al cristianismo a ser permitido en el imperio, para pasar, después, a ser declarado religión oficial del estado. Como consecuencia de ello las masas entraron a formar parte de la iglesia y así el cristianismo perdió su fuerza originaria. Los obispos fueron equiparados a los altos funcionarios del imperio, tomando parte en sus privilegios. La diferenciación teológica inherente a la iglesia entre clérigos y laicos se convirtió en una diferenciación sociológica; los clérigos superiores se convirtieron en una clase poderosa, la mayoría de los laicos, en cambio, en el pueblo “sencillo”. Además en la temprana edad media los clérigos recibieron el privilegio de la formación. De esta forma, carisma y poder se confundieron, a menudo, de manera funesta. La protesta de los monjes pronto se erigió contra esta secularización y aburguesamiento de la iglesia. Los monjes pretendían mantener el ideal cristiano originario, viviéndolo radicalmente. Todos los obispos famosos de la iglesia antigua, todos los Padres de la iglesia de oriente y occidente surgieron de los monasterios que influyeron así, decisivamente, en la iglesia. Naturalmente durante la edad media el monacato se convirtió en una institución política y económicamente muy poderosa, que constantemente se hallaba en peligro de secularización. Sobre todo a partir de la reforma gregoriana y de la contienda de las investiduras del s. XI se intentó diferenciar nítidamente entre los ámbitos espiritual y terrenal. Pero la diferenciación originaria entre cristianos y no cristianos, iglesia y mundo, fue trasladada a la misma cristiandad. Se reservó a los clérigos el campo espiritual, mientras que los laicos recibían el mundano. Así prosiguió hasta la proclamación fatal en el “decreto de Graciano”: hay dos clases de cristianos, los espirituales y los carna les (mundanos). En el N.T. tal afirmación hubiera sido totalmente inconcebible. El papa Bonifacio VIII manifestaba en la bula Clericis laicos (1296) que los laicos siempre han sido enemigos de los clérigos. Esta afirmación hace referencia a las desavenencias políticas entre el papa y el emperador o el rey de Francia, pero muestra una tendencia peligrosa. Conflictos parecidos se sucedieron en numerosas ciudades episcopales, donde los obispos príncipes dirigían a menudo batallas contra los ciudadanos cristianos. Este trasfondo nos permite comprender mejor el surgimiento de movimientos laicos anticlericales ya en la temprana edad media y que posteriormente cobraron importancia en la edad moderna. Clericalismo y laicismo son dos caras de una misma moneda. Las pretensiones clericales eran políticas, teológicas y económicas; por ello los movimientos laicos no sólo pusieron en tela de juicio las exigencias políticas, sino también las teológicas. Ello llevó a que la teología, desde el IV concilio de Letrán (1215) hasta el concilio de Trento, defendiera unilateralmente la posición de los ministerios en la iglesia en contra de los reformadores, con lo cual tales constataciones teológicas fueron concebidas erróneamente en la práctica como instrumentos ideológicos para conquistar posiciones de poder terrenal. Bajo estas condiciones la eclesiología se convirtió cada vez más en jerarcología. Era una visión piramidal de la iglesia, en contraposición a la eclesiología de comunión de la sagrada escritura y de la iglesia antigua. WALTER KASPER

3. Inicio de la revalorización de los laicos Naturalmente también hay ejemplos destacables de obispos y sacerdotes que eran buenos pastores de su rebaño. Además ya en la piedad de la tardía edad media, en la “devolución moderna”, se fue configurado una piedad marcadamente laica. Erasmo de Rotterdam y Tomás Moro fueron representantes posteriormente de una espiritualidad laica en otro ámbito. A finales de la edad moderna la visión positiva de los laicos empieza a abrirse paso. A ello contribuyen la secularización tras la revolución francesa y el desmoronamiento de la cultura occidental con su orden eclesioimperial tras la primera guerra mundial. Había llegado la hora de los laicos. Ya no era posible que el clero representase la presencia de los cristianos en el mundo; en numerosos países esta presencia fue fuertemente combatida: pensemos en las revueltas de Colonia, el conflicto entre la iglesia y el estado del s. XIX, la persecución de la iglesia en el tercer Reich. Así teólogos, laicos católicos y pastores descubrieron de nuevo el significado de los laicos para la consecución de la misión de la iglesia en el mundo. De entre los papas destacó Pío XI que promovió la separación de la iglesia y el estado, retiró a los clérigos de la política e hizo nacer en su encíclica Ubi arcano (1922) el apostolado de los laicos. El programa del papa estaba configurado por las situaciones que se daban en Italia. Y su idea principal – “participación de los laicos en el apostolado jerárquico”- contenía, además, el peligro de que los laicos continuasen siendo una prolongación del clero. De todas formas se había dado un paso muy importante. En el período de entreguerras surgió la teología de los laicos. Fueron dos ideas, sobre todo, las que fueron subrayadas: 1. La misión de los laicos no radica en una participación extraordinaria en el apostolado jerárquico; tiene sus propias raíces en el bautismo, la confirmación y el matrimonio (en el campo de la familia). 2. Los ámbitos seculares (trabajo, políticas…) poseen, gracias al orden creacional, su propia legitimidad, que ha de ser conocida y respetada, si se las quiere configurar cristianamente. Aquí son los laicos los expertos. Esta tendencia acaba con la antigua suposición de que se podían derivar directamente de la fe normas concretas de comportamiento secular. Contra este totalitarismo teológico se opuso la propia competencia y responsabilidad de los laicos en los asuntos seculares. Se les tomó como sujetos y no como meros objetos de cuidados pastorales o como simples órganos de la jerarquía. Con ello queda claro que, por dolorosa que fuera, la secularización de la edad moderna tuvo un eminente significado positivo para la iglesia, quedando así liberada de un lastre histórico y de implicaciones terrenales para poder realizar así su auténtica misión en y para el mundo. El descubrimiento de la misión teológica de los laicos es una parte importante de este nuevo nacimiento de la iglesia. 4. Papel del concilio Vaticano II El concilio Vaticano lI y sus afirmaciones sobre la misión de los laicos y sobre la libertad de religión han de ser entendidos bajo las perspectivas anteriores. Este concilio significa el final de la época constantiniana de la historia de la iglesia. Una ruptura de este tipo no es posible sin dolor; algunas crisis de la iglesia postconciliar son fruto de esta situación. No podemos contemplar la situación actual como catastrófica, sino como nacimiento esperanzador de una nueva figura de la iglesia. WALTER KASPER Como idea rectora de esta nueva configuración, el concilio escogió la eclesiología de comunión -una figura bíblica y de la antigua iglesia-, la unidad en la variedad de carismas, ministerios y servicios. Se confirmó que los laicos son creyentes, que pertenecen al pueblo de Dios y son copartícipes en la misión de todo el pueblo de Dios. Por consiguiente, los laicos toman parte activa en los tres servicios principales de la iglesia: en el testimonio de la fe y sentido de la fe sobrenatural, en la celebración litúrgica y en el ministerio real de Jesucristo, sobre todo, sirviendo a todas las personas. La responsabilidad común de todos los miembros de la iglesia debe reflejarse en los consejos pastorales, diocesanos y, según el nuevo derecho canónico, también en los sínodos. Por otro lado, sin embargo, el concilio no niveló las diferenc ias entre clérigos y laicos. El sacerdocio especial no es una intensificación del sacerdocio común. Si así fuera, los clérigos serían cristianos mejores y más completos, cosa que naturalmente no es así. Sacerdocio común y especial no se diferencian en el nivel de “ser cristiano”, sino que dentro de la comunión responden a diferentes vocaciones y misiones. Conscientemente el concilio no estableció ninguna definición teológica de laico, sino que se conformó con una descripción tipológica. Se constató que los laicos son los miembros del pueblo de Dios que no pertenecen a un estado consagrado o a una orden religiosa. El carácter secular es propio de los laicos, ellos llevan a cabo su misión inmersos en el mundo. Naturalmente también los clérigos viven en el mundo, pero su misión cristiana no está unida directamente a la conformación de las relaciones que se dan en el mundo. En contrapartida para los laicos, tras el concilio, la existencia mundana no es una concesión a la debilidad de los hombres, sino que comporta un llamamiento específico. Los laicos deben ocuparse en buscar el reino de Dios en la administración y regulación de las cosas temporales, para así, dirigidos por el espíritu del evangelio, contribuir a la evangelización del mundo desde su mismo corazón. Los pastores deben procurar “luz y fuerza” a los laicos, pero no en forma de tutelaje, sino respetando su libertad cristiana y escuchándoles. En el seno de la comunidad cristiana hay diferentes llamamientos y misiones. En este punto radica la diferencia específica de los laicos. No tiene por encima ningún ministerio en su llamamiento y misión específicos, sino que está a su servicio acompañándolos. El concilio ha determinado la existencia de una relación fraternal entre sacerdotes y laicos. Este es un ideal de eclesiología de comunión y de corresponsabilidad que aún no corresponde del todo con la realidad. III. Tres problemas actuales La discusión sobre la posición de los laicos en la iglesia y en el mundo no ha permanecido inalterada desde el último concilio. A finales de los sesenta y principios de los setenta la secularización y la emancipación recibieron un nuevo impulso en occidente, así como la democratización de todos los ámbitos de la vida. Ello produjo, por un lado, un crisis en la concepción del ministerio eclesial y una cierta nivelación de sacerdotes y laicos y, por otra parte, como reacción, una acentuación excesiva de las diferencias sin tener en cuenta lo común y unificador. Así a los laicos se les adjudicó, a menudo unilateralmente, el servic io secular y a los WALTER KASPER sacerdotes el servicio salvífico. La participación de los laicos en el servicio salvífico específico de la iglesia sólo podía concebirse en forma de nuevos ministerios eclesiales. Algunos teólogos opinaban que la distinción conciliar entre clérigos y laicos debía abandonarse en favor de la aceptación de una variedad de carismas y ministerios. La relación existente entre el servicio secular y el salvífico nos lleva a preguntarnos por la relación entre iglesia y mundo moderno. Este es uno de los puntos más conflictivos en la actualidad. Ya antes del concilio la teología había superado la relación dualística y extrínseca entre iglesia y mundo, entre naturaleza y gracia. Además de esto el concilio afirmó que sólo existe un plan divino que abarca a la creación y a la salvación. El mundo se halla orientado hacia la gracia; el mensaje de la salvación y de la gracia es la más profunda finalidad del mundo. La iglesia está profundamente unida a la historia de la humanidad. 1. El servicio del laico ¿un servicio sólo mundano? De lo dicho se siguen tres consecuencias. En primer lugar, el servicio del laico en el mundo no es un servicio puramente mundano, sino que es un servicio salvífico que, a la vez, es servicio eclesial. Pues, dado que la iglesia es, por su esencia, iglesia “en” y “para” el mundo, el servicio del laico al mundo tiene una dimensión eclesial. Este servicio permite que las cuestiones y necesidades, a la vez que las riquezas y experiencias espirituales y culturales del mundo estén presentes y enriquezcan la iglesia. A su vez los laicos han de hacer presente en el mundo el mensaje y la realidad salvífica del cristianismo. Por medio de ellos se debe llegar a una interpenetración de iglesia y cultura, a una especie de encarnación del cristianismo en nuestro mundo actual. Por tanto, el servicio del laico al mundo participa del carácter significativo-sacramental de la iglesia, que como un todo es sacramento universal de salvación. 2. ¿Convertir a los laicos en clérigos de segundo orden? En segundo lugar, a partir de esta situación fundamental del laico en la relación iglesiamundo, la misión de los laicos no debe ser reducida a la cuestión intraeclesial de los “nuevos ministerios de los laicos” en la iglesia (p. Ej. los de aquellos que trabajan con dedicación plena en ella). Estos son importantes para la consecución del cometido pastoral de la iglesia, pero no deben cegarnos ante la labor primaria del laico en los diferentes ámbitos de la familia, el trabajo, la ciencia, la economía, la cultura, la política. Actualmente hay una forma nueva de huida del mundo: situar la tarea del laico sobre todo dentro de la iglesia. Pero no es bueno que esquematicemos demasiado. Hoy, al igual que en los tiempos originarios de la iglesia, hay numerosos laicos dispuestos a participar activamente en el ámbito más estrecho de la iglesia y asumir determinados servicios pastorales. La iglesia ha tenido en cuenta esta evolución y a raíz de la correspondiente prescripción del concilio ha acuñado en el nuevo derecho canónico un concepto de ministerio que recoge tanto los ministerios que se transmiten por la ordenación sacramental como los nuevos ministerios pastorales de los laicos. WALTER KASPER Entre ellos encontramos servicios litúrgicos como los de acólitos y lectores, distribuidores de la comunión, cantores. Cabe destacar a los catequistas en las misiones y, entre nosotros, a los catequistas y profesores de religión. En los países germanoparlantes encontramos, además, a los asistentes pastorales y a los responsables de los servicios caritativos. También existe el ministerio del animador de pequeños grupos, el encargado de las celebraciones de la Palabra y de las liturgias dominicales sin sacerdote, así como los responsables de comunidades sin sacerdotes. Por último también hay responsables de movimientos apostólicos y espirituales.

Tiene un significado fundamental el que estos nuevos ministerios laicos posean una base sacramental en la confirmación y en el bautismo, por ello no es posible hablar de una escisión del sacramento del orden. Estos ministerios no son un mal necesario por el reducido número de sacerdotes. Son una contribución positiva y un signo de que el servicio secular y el salvífico no son dos ámbitos herméticamente cerrados. A través de estos ministerios la actividad pastoral de la iglesia debe ser más rica en contenido de “mundo”. Por otra parte, los laicos no pueden prescindir de los sacerdotes, para los que la vida terrena no es extraña, sino que se han comprometido personalmente en ella. Esta incidencia recíproca al servicio de un testimonio más activo del evangelio se muestra también en otro fenómeno actual: los institutos seculares. Sus miembros viven según principios evangélicos, pero lo hacen en medio del mundo y participando en una profesión laica. La vida en las órdenes y la vida en el mundo forman parte de una nueva síntesis, sin que por ello desaparezca la distinción entre clérigos y laicos. A través de la aceptación de los nuevos ministerios tiene lugar una estrecha colaboración entre ,clérigos y laicos, sin que por ello los nuevos titulares se conviertan en clérigos. Clericalizar los ministerios no serviría de nada, tan sólo suprimiría su relativa autonomía. 3. La posición de la mujer en la iglesia Una tercera problemática se desprende del último concilio: la posición dula mujer en la iglesia. El hecho de que aún deba hablarse expresamente de las mujeres y sus tareas indica que su rol eclesial aún no es evidente. Ya Juan XXIII en su encíclica Pacem in terris incluía la participación de la mujer en la vida pública como uno de los signos del momento. Esta conciencia social distinta tiene, naturalmente, consecuencias para la iglesia de hoy. El problema tan sólo fue insinuado por el concilio; desde entonces se ha convertido en uno de los problemas pastorales más candentes. Vamos a tratar esta cuestión en la . medida en que afecta a la posición de la mujer como laica. En la iglesia, en el ámbito de los laicos, las mujeres no sólo son equiparadas “canónicamente” a los hombres, sino que, prácticamente, son valoradas por un igual. Esto no tiene nada que ver con “igualitarismo”. Hombres y mujeres no son iguales, pero poseen la misma condición y dignidad. Esta diferencia explica la atracción y tensión existentes entre sexos. Esto debe conducir a una relación fraternal entre los hombres y las mujeres. No hay ninguna razón teológica por la que las mujeres no puedan acceder a puestos directivos en la formación religiosa de adultos, en teología, en la administración eclesial o en trabajos caritativos. WALTER KASPER El hecho de que se de una situación insatisfactoria perjudica especialmente a la iglesia. Las mujeres podrían aportar sus propias experiencias y dones a la iglesia, con lo que ésta se enriquecería notablemente. El futuro de la iglesia va a depender de la disposición de las mujeres para colaborar, pero también de la disposición de la iglesia a aceptarlas. IV. Espiritualidad de los laicos 1. Una espiritualidad de la vida entera: opción por Dios y por los demás Cuando los Padres de la iglesia hablan del servicio sacerdotal de todos los creyentes, están hablando del culto de la vida cristiana que consiste en la opción por Dios y por el otro. Esta autoentrega llega a su grado máximo en el ofrecimiento de la vida en el martirio. Tomás de Aquino resume la tradición patrística. Entiende el carácter sacramental del bautismo y de la confirmación como participación del sacerdocio de Jesucristo y como deputación para el culto. Por culto no entiende un rito externo, sino el rito de la vida cristiana, Pues, como la iglesia en conjunto, tampoco los laicos inciden en primera instancia por lo que dicen y hacen, sino por le que son y viven. ¿Cómo es, pues, concretamente, la espiritualidad de los laicos? La espiritualidad laica comporta lo mismo que cualquier espiritualidad cristiana: oración personal, conversión diaria, celebración de la eucaristía. Pero será, especialmente, una espiritualidad abierta al mundo. Su divisa es: encontrar a Dios en todas las cosas; alegrarse de lo que Dios nos ha dado y dar gracias por ello; sufrir con los necesitados. La solidaridad con los pobres y perseguidos es una característica importante de la espiritualidad secular cristiana. 2. Espíritu de libertad cristiana y discernimiento A esto se añade el espíritu de la libertad cristiana. El laico está en el punto crítico de contacto entre una realidad mundana y una realidad salvífica con todas las tensiones y conflictos que ello conlleva. Se exige una existencia cristiana en la tensión entre diálogo y martirio, entrega al mundo y contratestimonio bajo la señal de la cruz. El justo discernimiento de los espíritus no es siempre fácil. A menudo el cristiano se acomodará, pero nadie puede sustraerle su propia decisión. Al contrario, tiene que haber en la iglesia mucho más espacio para la tolerancia, el respeto y el estímulo para tales decisiones. La mejor ayuda que puede ofrecer la iglesia en estos casos es la oferta de una formación cualificada de la fe y de la conciencia. 3. Espiritualidad de comunión Finalmente una tercera cosa. Tertuliano dijo una vez: “Un cristiano no es cristiano”. Se es cristiano junto a otros formando parte de la gran comunión de los santos. La comunión necesita de la comunicación. Esta se da de modo diferente en grupos, equipos de matrimonios y de amigos, asociaciones, aunque la célula más importante sigue siendo la familia. Actualmente los movimiento espirituales y las comunidades de base desempeñan un papel muy importante. Ambos representan una esperanza para la iglesia. A pesar de que su configuración concreta aún conlleva problemas, representan WALTER KASPER importantes señales del espíritu de Dios, son signos de la configuración que comienza a tomar el apostolado de los laicos. Lo que significan las comunidades de base lo experimenté por primera vez en barrios de chabolas en Lima y después en África. Es fácil malinterpretar estas comunidades y creer que son células revolucionarias. Normalmente estos cristianos se reúnen sin sacerdote para leer la palabra de Dios, orar, cantar, preparar los oficios, para asesorarse sobre cuestiones humanas que les afectan. Aquí la responsabilidad y la actividad de los laicos es impresionante. Aquí revive la iglesia como comunión. Sería ingenuo pensar que tales formas son exportables a Europa. Europa debe encontrarse a sí misma, eso sí, prestando atención a las nuevas iglesias. Esto sólo es posible en la medida en que encuentre y reactive sus raíces cristianas. Europa es grande gracias a la síntesis de la fe cristiana con las culturas paganas. Esta síntesis se ha seguido atomizando en los procesos de secularización y emancipación. La renovación no será posible sin una nueva evangelización y conversión. Esta penetración del espíritu cristiano en nuestra civilización es cosa de los laicos. En ellos reposa la responsabilidad del futuro de la iglesia en esta parte del mundo. Por eso ha llegado la hora de los laicos. Es un momento de nuevas y grandes esperanzas.

Tradujo y condensó: JUAN JOSE PRIEGO

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JOSÉ MARÍA CASTILLO: ” YA ESTAMOS HARTOS DE LOS ENGAÑOS RELIGIOSOS”


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No nos angustiemos si la religión se debilita y se hunde. No nos preocupemos por la escasez de vocaciones, la falta de sacerdotes, el vacío de los templos y el abandono de sacramentos. El cristianismo no es una religión… El centro de nuestra fe es el Evangelio.

Estamos viviendo un hecho patente: los países tradicionalmente más cristianos, a medida que se van desarrollando y son cada día países más industrializados y más ricos, son también cada día países menos religiosos. Por eso se puede (y se suele) decir que la religión cristiana ha entrado en crisis. Una crisis incontenible y creciente. ¿Qué podemos pensar y hacer en esta situación?

Lo que tenemos que hacer los cristianos es vivir de acuerdo con el Evangelio de Jesús. Teniendo en cuenta que, si hacemos eso, nos va a ocurrir lo que le ocurrió a Jesús. A saber: nuestra relación con Dios no se realizará mediante el templo, los sacerdotes y sus ceremonias, sino viviendo (en la medida de lo posible) como vivió Jesús: con su misma espiritualidad y llevando una vida que contagia honradez, bondad y generosidad. Para estar con los que sufren, los que menos pintan en la vida (mujeres, niños, extranjeros…), los publicanos y los pecadores. Haciendo todo eso, con demasiada frecuencia, como lo hizo Jesús: precisamente cuando y como lo prohibía la religión. De ahí, el conflicto y los constantes enfrentamientos, que terminaron por llevar a Jesús al juicio, a la condena y a la muerte cruel de un subversivo. Que eso fue la cruz.

De ahí, la pregunta capital que nos hacemos hoy: ¿es el cristianismo una religión? Como religión se ha vivido durante siglos. Pero, ¿fue así en su origen?

Mucha gente no se imagina que la palabra “religión”, que designa el servicio sagrado, aparece solo cuatro veces en el Nuevo Testamento. Como referida a los creyentes en Jesús, aparece únicamente dos veces, en la carta de Santiago (1,26-27), que se aplica a la “religión de los cristianos”. Para decirnos que “religión pura y sin tacha a los ojos de Dios Padre, es visitar (para dar consuelo y alivio) a huérfanos y viudas en sus apuros y no dejarse contaminar por el mundo”.

En el cristianismo naciente se evitó el vocabulario que caracteriza a los “hombres de la religión” porque, como bien se ha dicho, “la causa y la consecuencia de este hecho (la ausencia de vocabulario sagrado o religioso) son idénticas: el cristianismo, fundamentalmente, no exige un comportamiento cultual especial”. Por eso, cuando Pablo se dirige al romano Agripa, pero incluyendo al judío Festo, le dice: “He vivido con arreglo a la tendencia más rigurosa de nuestra religión” (Hech 26, 5). Pablo obviamente se refería a la religión judía en la que había sido “fariseo”, como asegura el mismo Pablo (l. c.).

No nos angustiemos si la religión se debilita y se hunde. No nos preocupemos por la escasez de vocaciones, la falta de sacerdotes, el vacío de los templos y el abandono de sacramentos como la penitencia o el matrimonio. No pasa nada. Porque, si nos enteramos, de veras, de lo que es el cristianismo, empezaremos a tomar en serio – y con todas sus consecuencias – que el centro de nuestra fe y el camino de los cristianos, para buscar a Dios, es el Evangelio, el proyecto de vida que, con su forma de vivir, nos enseñó y nos marcó Jesús.

Lo que ocurre, según creo, es que esto nos asusta. Porque la religión nos ofrece muchas seguridades: tranquiliza conciencias (que tienen motivos para sentirse inquietas), da prestigio, refuerza intereses políticos, tiene sus ventajas económicas, legitima el sistema dominante, fomenta el turismo y hasta sirve para lucirse en festejos lustrosos. Y es verdad que la religión ha hecho santos. Sí, los ha hecho. Pero no olvidemos que los santos de verdad vivieron de acuerdo con el Evangelio. Como tampoco debemos olvidar que “la experiencia religiosa de todos nosotros ya no es de fiar, porque (como te descuides) nos remite a la falsa religión . Y, la verdad, ya estamos hartos de engaños religiosos.

José María Castillo

JOSÉ MARÍA CASTILLO: ” YA ESTAMOS HARTOS DE LOS ENGAÑOS RELIGIOSOS”

No nos angustiemos si la religión se debilita y se hunde. No nos preocupemos por la escasez de vocaciones, la falta de sacerdotes, el vacío de los templos y el abandono de sacramentos. El cristianismo no es una religión… El centro de nuestra fe es el Evangelio.

Estamos viviendo un hecho patente: los países tradicionalmente más cristianos, a medida que se van desarrollando y son cada día países más industrializados y más ricos, son también cada día países menos religiosos. Por eso se puede (y se suele) decir que la religión cristiana ha entrado en crisis. Una crisis incontenible y creciente. ¿Qué podemos pensar y hacer en esta situación?

Lo que tenemos que hacer los cristianos es vivir de acuerdo con el Evangelio de Jesús. Teniendo en cuenta que, si hacemos eso, nos va a ocurrir lo que le ocurrió a Jesús. A saber: nuestra relación con Dios no se realizará mediante el templo, los sacerdotes y sus ceremonias, sino viviendo (en la medida de lo posible) como vivió Jesús: con su misma espiritualidad y llevando una vida que contagia honradez, bondad y generosidad. Para estar con los que sufren, los que menos pintan en la vida (mujeres, niños, extranjeros…), los publicanos y los pecadores. Haciendo todo eso, con demasiada frecuencia, como lo hizo Jesús: precisamente cuando y como lo prohibía la religión. De ahí, el conflicto y los constantes enfrentamientos, que terminaron por llevar a Jesús al juicio, a la condena y a la muerte cruel de un subversivo. Que eso fue la cruz.

De ahí, la pregunta capital que nos hacemos hoy: ¿es el cristianismo una religión? Como religión se ha vivido durante siglos. Pero, ¿fue así en su origen?

Mucha gente no se imagina que la palabra “religión”, que designa el servicio sagrado, aparece solo cuatro veces en el Nuevo Testamento. Como referida a los creyentes en Jesús, aparece únicamente dos veces, en la carta de Santiago (1,26-27), que se aplica a la “religión de los cristianos”. Para decirnos que “religión pura y sin tacha a los ojos de Dios Padre, es visitar (para dar consuelo y alivio) a huérfanos y viudas en sus apuros y no dejarse contaminar por el mundo”.

En el cristianismo naciente se evitó el vocabulario que caracteriza a los “hombres de la religión” porque, como bien se ha dicho, “la causa y la consecuencia de este hecho (la ausencia de vocabulario sagrado o religioso) son idénticas: el cristianismo, fundamentalmente, no exige un comportamiento cultual especial”. Por eso, cuando Pablo se dirige al romano Agripa, pero incluyendo al judío Festo, le dice: “He vivido con arreglo a la tendencia más rigurosa de nuestra religión” (Hech 26, 5). Pablo obviamente se refería a la religión judía en la que había sido “fariseo”, como asegura el mismo Pablo (l. c.).

No nos angustiemos si la religión se debilita y se hunde. No nos preocupemos por la escasez de vocaciones, la falta de sacerdotes, el vacío de los templos y el abandono de sacramentos como la penitencia o el matrimonio. No pasa nada. Porque, si nos enteramos, de veras, de lo que es el cristianismo, empezaremos a tomar en serio – y con todas sus consecuencias – que el centro de nuestra fe y el camino de los cristianos, para buscar a Dios, es el Evangelio, el proyecto de vida que, con su forma de vivir, nos enseñó y nos marcó Jesús.

Lo que ocurre, según creo, es que esto nos asusta. Porque la religión nos ofrece muchas seguridades: tranquiliza conciencias (que tienen motivos para sentirse inquietas), da prestigio, refuerza intereses políticos, tiene sus ventajas económicas, legitima el sistema dominante, fomenta el turismo y hasta sirve para lucirse en festejos lustrosos. Y es verdad que la religión ha hecho santos. Sí, los ha hecho. Pero no olvidemos que los santos de verdad vivieron de acuerdo con el Evangelio. Como tampoco debemos olvidar que “la experiencia religiosa de todos nosotros ya no es de fiar, porque (como te descuides) nos remite a la falsa religión . Y, la verdad, ya estamos hartos de engaños religiosos.

José María Castillo

JOSÉ MARÍA CASTILLO: ” YA ESTAMOS HARTOS DE LOS ENGAÑOS RELIGIOSOS”

No nos angustiemos si la religión se debilita y se hunde. No nos preocupemos por la escasez de vocaciones, la falta de sacerdotes, el vacío de los templos y el abandono de sacramentos. El cristianismo no es una religión… El centro de nuestra fe es el Evangelio.

Estamos viviendo un hecho patente: los países tradicionalmente más cristianos, a medida que se van desarrollando y son cada día países más industrializados y más ricos, son también cada día países menos religiosos. Por eso se puede (y se suele) decir que la religión cristiana ha entrado en crisis. Una crisis incontenible y creciente. ¿Qué podemos pensar y hacer en esta situación?

Lo que tenemos que hacer los cristianos es vivir de acuerdo con el Evangelio de Jesús. Teniendo en cuenta que, si hacemos eso, nos va a ocurrir lo que le ocurrió a Jesús. A saber: nuestra relación con Dios no se realizará mediante el templo, los sacerdotes y sus ceremonias, sino viviendo (en la medida de lo posible) como vivió Jesús: con su misma espiritualidad y llevando una vida que contagia honradez, bondad y generosidad. Para estar con los que sufren, los que menos pintan en la vida (mujeres, niños, extranjeros…), los publicanos y los pecadores. Haciendo todo eso, con demasiada frecuencia, como lo hizo Jesús: precisamente cuando y como lo prohibía la religión. De ahí, el conflicto y los constantes enfrentamientos, que terminaron por llevar a Jesús al juicio, a la condena y a la muerte cruel de un subversivo. Que eso fue la cruz.

De ahí, la pregunta capital que nos hacemos hoy: ¿es el cristianismo una religión? Como religión se ha vivido durante siglos. Pero, ¿fue así en su origen?

Mucha gente no se imagina que la palabra “religión”, que designa el servicio sagrado, aparece solo cuatro veces en el Nuevo Testamento. Como referida a los creyentes en Jesús, aparece únicamente dos veces, en la carta de Santiago (1,26-27), que se aplica a la “religión de los cristianos”. Para decirnos que “religión pura y sin tacha a los ojos de Dios Padre, es visitar (para dar consuelo y alivio) a huérfanos y viudas en sus apuros y no dejarse contaminar por el mundo”.

En el cristianismo naciente se evitó el vocabulario que caracteriza a los “hombres de la religión” porque, como bien se ha dicho, “la causa y la consecuencia de este hecho (la ausencia de vocabulario sagrado o religioso) son idénticas: el cristianismo, fundamentalmente, no exige un comportamiento cultual especial”. Por eso, cuando Pablo se dirige al romano Agripa, pero incluyendo al judío Festo, le dice: “He vivido con arreglo a la tendencia más rigurosa de nuestra religión” (Hech 26, 5). Pablo obviamente se refería a la religión judía en la que había sido “fariseo”, como asegura el mismo Pablo (l. c.).

No nos angustiemos si la religión se debilita y se hunde. No nos preocupemos por la escasez de vocaciones, la falta de sacerdotes, el vacío de los templos y el abandono de sacramentos como la penitencia o el matrimonio. No pasa nada. Porque, si nos enteramos, de veras, de lo que es el cristianismo, empezaremos a tomar en serio – y con todas sus consecuencias – que el centro de nuestra fe y el camino de los cristianos, para buscar a Dios, es el Evangelio, el proyecto de vida que, con su forma de vivir, nos enseñó y nos marcó Jesús.

Lo que ocurre, según creo, es que esto nos asusta. Porque la religión nos ofrece muchas seguridades: tranquiliza conciencias (que tienen motivos para sentirse inquietas), da prestigio, refuerza intereses políticos, tiene sus ventajas económicas, legitima el sistema dominante, fomenta el turismo y hasta sirve para lucirse en festejos lustrosos. Y es verdad que la religión ha hecho santos. Sí, los ha hecho. Pero no olvidemos que los santos de verdad vivieron de acuerdo con el Evangelio. Como tampoco debemos olvidar que “la experiencia religiosa de todos nosotros ya no es de fiar, porque (como te descuides) nos remite a la falsa religión . Y, la verdad, ya estamos hartos de engaños religiosos.

José María Castillo

JOSÉ MARÍA CASTILLO: ” YA ESTAMOS HARTOS DE LOS ENGAÑOS RELIGIOSOS”

No nos angustiemos si la religión se debilita y se hunde. No nos preocupemos por la escasez de vocaciones, la falta de sacerdotes, el vacío de los templos y el abandono de sacramentos. El cristianismo no es una religión… El centro de nuestra fe es el Evangelio.

Estamos viviendo un hecho patente: los países tradicionalmente más cristianos, a medida que se van desarrollando y son cada día países más industrializados y más ricos, son también cada día países menos religiosos. Por eso se puede (y se suele) decir que la religión cristiana ha entrado en crisis. Una crisis incontenible y creciente. ¿Qué podemos pensar y hacer en esta situación?

Lo que tenemos que hacer los cristianos es vivir de acuerdo con el Evangelio de Jesús. Teniendo en cuenta que, si hacemos eso, nos va a ocurrir lo que le ocurrió a Jesús. A saber: nuestra relación con Dios no se realizará mediante el templo, los sacerdotes y sus ceremonias, sino viviendo (en la medida de lo posible) como vivió Jesús: con su misma espiritualidad y llevando una vida que contagia honradez, bondad y generosidad. Para estar con los que sufren, los que menos pintan en la vida (mujeres, niños, extranjeros…), los publicanos y los pecadores. Haciendo todo eso, con demasiada frecuencia, como lo hizo Jesús: precisamente cuando y como lo prohibía la religión. De ahí, el conflicto y los constantes enfrentamientos, que terminaron por llevar a Jesús al juicio, a la condena y a la muerte cruel de un subversivo. Que eso fue la cruz.

De ahí, la pregunta capital que nos hacemos hoy: ¿es el cristianismo una religión? Como religión se ha vivido durante siglos. Pero, ¿fue así en su origen?

Mucha gente no se imagina que la palabra “religión”, que designa el servicio sagrado, aparece solo cuatro veces en el Nuevo Testamento. Como referida a los creyentes en Jesús, aparece únicamente dos veces, en la carta de Santiago (1,26-27), que se aplica a la “religión de los cristianos”. Para decirnos que “religión pura y sin tacha a los ojos de Dios Padre, es visitar (para dar consuelo y alivio) a huérfanos y viudas en sus apuros y no dejarse contaminar por el mundo”.

En el cristianismo naciente se evitó el vocabulario que caracteriza a los “hombres de la religión” porque, como bien se ha dicho, “la causa y la consecuencia de este hecho (la ausencia de vocabulario sagrado o religioso) son idénticas: el cristianismo, fundamentalmente, no exige un comportamiento cultual especial”. Por eso, cuando Pablo se dirige al romano Agripa, pero incluyendo al judío Festo, le dice: “He vivido con arreglo a la tendencia más rigurosa de nuestra religión” (Hech 26, 5). Pablo obviamente se refería a la religión judía en la que había sido “fariseo”, como asegura el mismo Pablo (l. c.).

No nos angustiemos si la religión se debilita y se hunde. No nos preocupemos por la escasez de vocaciones, la falta de sacerdotes, el vacío de los templos y el abandono de sacramentos como la penitencia o el matrimonio. No pasa nada. Porque, si nos enteramos, de veras, de lo que es el cristianismo, empezaremos a tomar en serio – y con todas sus consecuencias – que el centro de nuestra fe y el camino de los cristianos, para buscar a Dios, es el Evangelio, el proyecto de vida que, con su forma de vivir, nos enseñó y nos marcó Jesús.

Lo que ocurre, según creo, es que esto nos asusta. Porque la religión nos ofrece muchas seguridades: tranquiliza conciencias (que tienen motivos para sentirse inquietas), da prestigio, refuerza intereses políticos, tiene sus ventajas económicas, legitima el sistema dominante, fomenta el turismo y hasta sirve para lucirse en festejos lustrosos. Y es verdad que la religión ha hecho santos. Sí, los ha hecho. Pero no olvidemos que los santos de verdad vivieron de acuerdo con el Evangelio. Como tampoco debemos olvidar que “la experiencia religiosa de todos nosotros ya no es de fiar, porque (como te descuides) nos remite a la falsa religión . Y, la verdad, ya estamos hartos de engaños religiosos.

José María Castillo

JOSÉ MARÍA CASTILLO: ” YA ESTAMOS HARTOS DE LOS ENGAÑOS RELIGIOSOS”

No nos angustiemos si la religión se debilita y se hunde. No nos preocupemos por la escasez de vocaciones, la falta de sacerdotes, el vacío de los templos y el abandono de sacramentos. El cristianismo no es una religión… El centro de nuestra fe es el Evangelio.

Estamos viviendo un hecho patente: los países tradicionalmente más cristianos, a medida que se van desarrollando y son cada día países más industrializados y más ricos, son también cada día países menos religiosos. Por eso se puede (y se suele) decir que la religión cristiana ha entrado en crisis. Una crisis incontenible y creciente. ¿Qué podemos pensar y hacer en esta situación?

Lo que tenemos que hacer los cristianos es vivir de acuerdo con el Evangelio de Jesús. Teniendo en cuenta que, si hacemos eso, nos va a ocurrir lo que le ocurrió a Jesús. A saber: nuestra relación con Dios no se realizará mediante el templo, los sacerdotes y sus ceremonias, sino viviendo (en la medida de lo posible) como vivió Jesús: con su misma espiritualidad y llevando una vida que contagia honradez, bondad y generosidad. Para estar con los que sufren, los que menos pintan en la vida (mujeres, niños, extranjeros…), los publicanos y los pecadores. Haciendo todo eso, con demasiada frecuencia, como lo hizo Jesús: precisamente cuando y como lo prohibía la religión. De ahí, el conflicto y los constantes enfrentamientos, que terminaron por llevar a Jesús al juicio, a la condena y a la muerte cruel de un subversivo. Que eso fue la cruz.

De ahí, la pregunta capital que nos hacemos hoy: ¿es el cristianismo una religión? Como religión se ha vivido durante siglos. Pero, ¿fue así en su origen?

Mucha gente no se imagina que la palabra “religión”, que designa el servicio sagrado, aparece solo cuatro veces en el Nuevo Testamento. Como referida a los creyentes en Jesús, aparece únicamente dos veces, en la carta de Santiago (1,26-27), que se aplica a la “religión de los cristianos”. Para decirnos que “religión pura y sin tacha a los ojos de Dios Padre, es visitar (para dar consuelo y alivio) a huérfanos y viudas en sus apuros y no dejarse contaminar por el mundo”.

En el cristianismo naciente se evitó el vocabulario que caracteriza a los “hombres de la religión” porque, como bien se ha dicho, “la causa y la consecuencia de este hecho (la ausencia de vocabulario sagrado o religioso) son idénticas: el cristianismo, fundamentalmente, no exige un comportamiento cultual especial”. Por eso, cuando Pablo se dirige al romano Agripa, pero incluyendo al judío Festo, le dice: “He vivido con arreglo a la tendencia más rigurosa de nuestra religión” (Hech 26, 5). Pablo obviamente se refería a la religión judía en la que había sido “fariseo”, como asegura el mismo Pablo (l. c.).

No nos angustiemos si la religión se debilita y se hunde. No nos preocupemos por la escasez de vocaciones, la falta de sacerdotes, el vacío de los templos y el abandono de sacramentos como la penitencia o el matrimonio. No pasa nada. Porque, si nos enteramos, de veras, de lo que es el cristianismo, empezaremos a tomar en serio – y con todas sus consecuencias – que el centro de nuestra fe y el camino de los cristianos, para buscar a Dios, es el Evangelio, el proyecto de vida que, con su forma de vivir, nos enseñó y nos marcó Jesús.

Lo que ocurre, según creo, es que esto nos asusta. Porque la religión nos ofrece muchas seguridades: tranquiliza conciencias (que tienen motivos para sentirse inquietas), da prestigio, refuerza intereses políticos, tiene sus ventajas económicas, legitima el sistema dominante, fomenta el turismo y hasta sirve para lucirse en festejos lustrosos. Y es verdad que la religión ha hecho santos. Sí, los ha hecho. Pero no olvidemos que los santos de verdad vivieron de acuerdo con el Evangelio. Como tampoco debemos olvidar que “la experiencia religiosa de todos nosotros ya no es de fiar, porque (como te descuides) nos remite a la falsa religión . Y, la verdad, ya estamos hartos de engaños religiosos.

José María Castillo

JOSÉ MARÍA CASTILLO: ” YA ESTAMOS HARTOS DE LOS ENGAÑOS RELIGIOSOS”

No nos angustiemos si la religión se debilita y se hunde. No nos preocupemos por la escasez de vocaciones, la falta de sacerdotes, el vacío de los templos y el abandono de sacramentos. El cristianismo no es una religión… El centro de nuestra fe es el Evangelio.

Estamos viviendo un hecho patente: los países tradicionalmente más cristianos, a medida que se van desarrollando y son cada día países más industrializados y más ricos, son también cada día países menos religiosos. Por eso se puede (y se suele) decir que la religión cristiana ha entrado en crisis. Una crisis incontenible y creciente. ¿Qué podemos pensar y hacer en esta situación?

Lo que tenemos que hacer los cristianos es vivir de acuerdo con el Evangelio de Jesús. Teniendo en cuenta que, si hacemos eso, nos va a ocurrir lo que le ocurrió a Jesús. A saber: nuestra relación con Dios no se realizará mediante el templo, los sacerdotes y sus ceremonias, sino viviendo (en la medida de lo posible) como vivió Jesús: con su misma espiritualidad y llevando una vida que contagia honradez, bondad y generosidad. Para estar con los que sufren, los que menos pintan en la vida (mujeres, niños, extranjeros…), los publicanos y los pecadores. Haciendo todo eso, con demasiada frecuencia, como lo hizo Jesús: precisamente cuando y como lo prohibía la religión. De ahí, el conflicto y los constantes enfrentamientos, que terminaron por llevar a Jesús al juicio, a la condena y a la muerte cruel de un subversivo. Que eso fue la cruz.

De ahí, la pregunta capital que nos hacemos hoy: ¿es el cristianismo una religión? Como religión se ha vivido durante siglos. Pero, ¿fue así en su origen?

Mucha gente no se imagina que la palabra “religión”, que designa el servicio sagrado, aparece solo cuatro veces en el Nuevo Testamento. Como referida a los creyentes en Jesús, aparece únicamente dos veces, en la carta de Santiago (1,26-27), que se aplica a la “religión de los cristianos”. Para decirnos que “religión pura y sin tacha a los ojos de Dios Padre, es visitar (para dar consuelo y alivio) a huérfanos y viudas en sus apuros y no dejarse contaminar por el mundo”.

En el cristianismo naciente se evitó el vocabulario que caracteriza a los “hombres de la religión” porque, como bien se ha dicho, “la causa y la consecuencia de este hecho (la ausencia de vocabulario sagrado o religioso) son idénticas: el cristianismo, fundamentalmente, no exige un comportamiento cultual especial”. Por eso, cuando Pablo se dirige al romano Agripa, pero incluyendo al judío Festo, le dice: “He vivido con arreglo a la tendencia más rigurosa de nuestra religión” (Hech 26, 5). Pablo obviamente se refería a la religión judía en la que había sido “fariseo”, como asegura el mismo Pablo (l. c.).

No nos angustiemos si la religión se debilita y se hunde. No nos preocupemos por la escasez de vocaciones, la falta de sacerdotes, el vacío de los templos y el abandono de sacramentos como la penitencia o el matrimonio. No pasa nada. Porque, si nos enteramos, de veras, de lo que es el cristianismo, empezaremos a tomar en serio – y con todas sus consecuencias – que el centro de nuestra fe y el camino de los cristianos, para buscar a Dios, es el Evangelio, el proyecto de vida que, con su forma de vivir, nos enseñó y nos marcó Jesús.

Lo que ocurre, según creo, es que esto nos asusta. Porque la religión nos ofrece muchas seguridades: tranquiliza conciencias (que tienen motivos para sentirse inquietas), da prestigio, refuerza intereses políticos, tiene sus ventajas económicas, legitima el sistema dominante, fomenta el turismo y hasta sirve para lucirse en festejos lustrosos. Y es verdad que la religión ha hecho santos. Sí, los ha hecho. Pero no olvidemos que los santos de verdad vivieron de acuerdo con el Evangelio. Como tampoco debemos olvidar que “la experiencia religiosa de todos nosotros ya no es de fiar, porque (como te descuides) nos remite a la falsa religión . Y, la verdad, ya estamos hartos de engaños religiosos.

José María Castillo

JOSÉ MARÍA CASTILLO: ” YA ESTAMOS HARTOS DE LOS ENGAÑOS RELIGIOSOS”

No nos angustiemos si la religión se debilita y se hunde. No nos preocupemos por la escasez de vocaciones, la falta de sacerdotes, el vacío de los templos y el abandono de sacramentos. El cristianismo no es una religión… El centro de nuestra fe es el Evangelio.

Estamos viviendo un hecho patente: los países tradicionalmente más cristianos, a medida que se van desarrollando y son cada día países más industrializados y más ricos, son también cada día países menos religiosos. Por eso se puede (y se suele) decir que la religión cristiana ha entrado en crisis. Una crisis incontenible y creciente. ¿Qué podemos pensar y hacer en esta situación?

Lo que tenemos que hacer los cristianos es vivir de acuerdo con el Evangelio de Jesús. Teniendo en cuenta que, si hacemos eso, nos va a ocurrir lo que le ocurrió a Jesús. A saber: nuestra relación con Dios no se realizará mediante el templo, los sacerdotes y sus ceremonias, sino viviendo (en la medida de lo posible) como vivió Jesús: con su misma espiritualidad y llevando una vida que contagia honradez, bondad y generosidad. Para estar con los que sufren, los que menos pintan en la vida (mujeres, niños, extranjeros…), los publicanos y los pecadores. Haciendo todo eso, con demasiada frecuencia, como lo hizo Jesús: precisamente cuando y como lo prohibía la religión. De ahí, el conflicto y los constantes enfrentamientos, que terminaron por llevar a Jesús al juicio, a la condena y a la muerte cruel de un subversivo. Que eso fue la cruz.

De ahí, la pregunta capital que nos hacemos hoy: ¿es el cristianismo una religión? Como religión se ha vivido durante siglos. Pero, ¿fue así en su origen?

Mucha gente no se imagina que la palabra “religión”, que designa el servicio sagrado, aparece solo cuatro veces en el Nuevo Testamento. Como referida a los creyentes en Jesús, aparece únicamente dos veces, en la carta de Santiago (1,26-27), que se aplica a la “religión de los cristianos”. Para decirnos que “religión pura y sin tacha a los ojos de Dios Padre, es visitar (para dar consuelo y alivio) a huérfanos y viudas en sus apuros y no dejarse contaminar por el mundo”.

En el cristianismo naciente se evitó el vocabulario que caracteriza a los “hombres de la religión” porque, como bien se ha dicho, “la causa y la consecuencia de este hecho (la ausencia de vocabulario sagrado o religioso) son idénticas: el cristianismo, fundamentalmente, no exige un comportamiento cultual especial”. Por eso, cuando Pablo se dirige al romano Agripa, pero incluyendo al judío Festo, le dice: “He vivido con arreglo a la tendencia más rigurosa de nuestra religión” (Hech 26, 5). Pablo obviamente se refería a la religión judía en la que había sido “fariseo”, como asegura el mismo Pablo (l. c.).

No nos angustiemos si la religión se debilita y se hunde. No nos preocupemos por la escasez de vocaciones, la falta de sacerdotes, el vacío de los templos y el abandono de sacramentos como la penitencia o el matrimonio. No pasa nada. Porque, si nos enteramos, de veras, de lo que es el cristianismo, empezaremos a tomar en serio – y con todas sus consecuencias – que el centro de nuestra fe y el camino de los cristianos, para buscar a Dios, es el Evangelio, el proyecto de vida que, con su forma de vivir, nos enseñó y nos marcó Jesús.

Lo que ocurre, según creo, es que esto nos asusta. Porque la religión nos ofrece muchas seguridades: tranquiliza conciencias (que tienen motivos para sentirse inquietas), da prestigio, refuerza intereses políticos, tiene sus ventajas económicas, legitima el sistema dominante, fomenta el turismo y hasta sirve para lucirse en festejos lustrosos. Y es verdad que la religión ha hecho santos. Sí, los ha hecho. Pero no olvidemos que los santos de verdad vivieron de acuerdo con el Evangelio. Como tampoco debemos olvidar que “la experiencia religiosa de todos nosotros ya no es de fiar, porque (como te descuides) nos remite a la falsa religión . Y, la verdad, ya estamos hartos de engaños religiosos.

José María Castillo

JOSÉ MARÍA CASTILLO: ” YA ESTAMOS HARTOS DE LOS ENGAÑOS RELIGIOSOS”

No nos angustiemos si la religión se debilita y se hunde. No nos preocupemos por la escasez de vocaciones, la falta de sacerdotes, el vacío de los templos y el abandono de sacramentos. El cristianismo no es una religión… El centro de nuestra fe es el Evangelio.

Estamos viviendo un hecho patente: los países tradicionalmente más cristianos, a medida que se van desarrollando y son cada día países más industrializados y más ricos, son también cada día países menos religiosos. Por eso se puede (y se suele) decir que la religión cristiana ha entrado en crisis. Una crisis incontenible y creciente. ¿Qué podemos pensar y hacer en esta situación?

Lo que tenemos que hacer los cristianos es vivir de acuerdo con el Evangelio de Jesús. Teniendo en cuenta que, si hacemos eso, nos va a ocurrir lo que le ocurrió a Jesús. A saber: nuestra relación con Dios no se realizará mediante el templo, los sacerdotes y sus ceremonias, sino viviendo (en la medida de lo posible) como vivió Jesús: con su misma espiritualidad y llevando una vida que contagia honradez, bondad y generosidad. Para estar con los que sufren, los que menos pintan en la vida (mujeres, niños, extranjeros…), los publicanos y los pecadores. Haciendo todo eso, con demasiada frecuencia, como lo hizo Jesús: precisamente cuando y como lo prohibía la religión. De ahí, el conflicto y los constantes enfrentamientos, que terminaron por llevar a Jesús al juicio, a la condena y a la muerte cruel de un subversivo. Que eso fue la cruz.

De ahí, la pregunta capital que nos hacemos hoy: ¿es el cristianismo una religión? Como religión se ha vivido durante siglos. Pero, ¿fue así en su origen?

Mucha gente no se imagina que la palabra “religión”, que designa el servicio sagrado, aparece solo cuatro veces en el Nuevo Testamento. Como referida a los creyentes en Jesús, aparece únicamente dos veces, en la carta de Santiago (1,26-27), que se aplica a la “religión de los cristianos”. Para decirnos que “religión pura y sin tacha a los ojos de Dios Padre, es visitar (para dar consuelo y alivio) a huérfanos y viudas en sus apuros y no dejarse contaminar por el mundo”.

En el cristianismo naciente se evitó el vocabulario que caracteriza a los “hombres de la religión” porque, como bien se ha dicho, “la causa y la consecuencia de este hecho (la ausencia de vocabulario sagrado o religioso) son idénticas: el cristianismo, fundamentalmente, no exige un comportamiento cultual especial”. Por eso, cuando Pablo se dirige al romano Agripa, pero incluyendo al judío Festo, le dice: “He vivido con arreglo a la tendencia más rigurosa de nuestra religión” (Hech 26, 5). Pablo obviamente se refería a la religión judía en la que había sido “fariseo”, como asegura el mismo Pablo (l. c.).

No nos angustiemos si la religión se debilita y se hunde. No nos preocupemos por la escasez de vocaciones, la falta de sacerdotes, el vacío de los templos y el abandono de sacramentos como la penitencia o el matrimonio. No pasa nada. Porque, si nos enteramos, de veras, de lo que es el cristianismo, empezaremos a tomar en serio – y con todas sus consecuencias – que el centro de nuestra fe y el camino de los cristianos, para buscar a Dios, es el Evangelio, el proyecto de vida que, con su forma de vivir, nos enseñó y nos marcó Jesús.

Lo que ocurre, según creo, es que esto nos asusta. Porque la religión nos ofrece muchas seguridades: tranquiliza conciencias (que tienen motivos para sentirse inquietas), da prestigio, refuerza intereses políticos, tiene sus ventajas económicas, legitima el sistema dominante, fomenta el turismo y hasta sirve para lucirse en festejos lustrosos. Y es verdad que la religión ha hecho santos. Sí, los ha hecho. Pero no olvidemos que los santos de verdad vivieron de acuerdo con el Evangelio. Como tampoco debemos olvidar que “la experiencia religiosa de todos nosotros ya no es de fiar, porque (como te descuides) nos remite a la falsa religión . Y, la verdad, ya estamos hartos de engaños religiosos.

José María Castillo

JOSÉ MARÍA CASTILLO: ” YA ESTAMOS HARTOS DE LOS ENGAÑOS RELIGIOSOS”

No nos angustiemos si la religión se debilita y se hunde. No nos preocupemos por la escasez de vocaciones, la falta de sacerdotes, el vacío de los templos y el abandono de sacramentos. El cristianismo no es una religión… El centro de nuestra fe es el Evangelio.

Estamos viviendo un hecho patente: los países tradicionalmente más cristianos, a medida que se van desarrollando y son cada día países más industrializados y más ricos, son también cada día países menos religiosos. Por eso se puede (y se suele) decir que la religión cristiana ha entrado en crisis. Una crisis incontenible y creciente. ¿Qué podemos pensar y hacer en esta situación?

Lo que tenemos que hacer los cristianos es vivir de acuerdo con el Evangelio de Jesús. Teniendo en cuenta que, si hacemos eso, nos va a ocurrir lo que le ocurrió a Jesús. A saber: nuestra relación con Dios no se realizará mediante el templo, los sacerdotes y sus ceremonias, sino viviendo (en la medida de lo posible) como vivió Jesús: con su misma espiritualidad y llevando una vida que contagia honradez, bondad y generosidad. Para estar con los que sufren, los que menos pintan en la vida (mujeres, niños, extranjeros…), los publicanos y los pecadores. Haciendo todo eso, con demasiada frecuencia, como lo hizo Jesús: precisamente cuando y como lo prohibía la religión. De ahí, el conflicto y los constantes enfrentamientos, que terminaron por llevar a Jesús al juicio, a la condena y a la muerte cruel de un subversivo. Que eso fue la cruz.

De ahí, la pregunta capital que nos hacemos hoy: ¿es el cristianismo una religión? Como religión se ha vivido durante siglos. Pero, ¿fue así en su origen?

Mucha gente no se imagina que la palabra “religión”, que designa el servicio sagrado, aparece solo cuatro veces en el Nuevo Testamento. Como referida a los creyentes en Jesús, aparece únicamente dos veces, en la carta de Santiago (1,26-27), que se aplica a la “religión de los cristianos”. Para decirnos que “religión pura y sin tacha a los ojos de Dios Padre, es visitar (para dar consuelo y alivio) a huérfanos y viudas en sus apuros y no dejarse contaminar por el mundo”.

En el cristianismo naciente se evitó el vocabulario que caracteriza a los “hombres de la religión” porque, como bien se ha dicho, “la causa y la consecuencia de este hecho (la ausencia de vocabulario sagrado o religioso) son idénticas: el cristianismo, fundamentalmente, no exige un comportamiento cultual especial”. Por eso, cuando Pablo se dirige al romano Agripa, pero incluyendo al judío Festo, le dice: “He vivido con arreglo a la tendencia más rigurosa de nuestra religión” (Hech 26, 5). Pablo obviamente se refería a la religión judía en la que había sido “fariseo”, como asegura el mismo Pablo (l. c.).

No nos angustiemos si la religión se debilita y se hunde. No nos preocupemos por la escasez de vocaciones, la falta de sacerdotes, el vacío de los templos y el abandono de sacramentos como la penitencia o el matrimonio. No pasa nada. Porque, si nos enteramos, de veras, de lo que es el cristianismo, empezaremos a tomar en serio – y con todas sus consecuencias – que el centro de nuestra fe y el camino de los cristianos, para buscar a Dios, es el Evangelio, el proyecto de vida que, con su forma de vivir, nos enseñó y nos marcó Jesús.

Lo que ocurre, según creo, es que esto nos asusta. Porque la religión nos ofrece muchas seguridades: tranquiliza conciencias (que tienen motivos para sentirse inquietas), da prestigio, refuerza intereses políticos, tiene sus ventajas económicas, legitima el sistema dominante, fomenta el turismo y hasta sirve para lucirse en festejos lustrosos. Y es verdad que la religión ha hecho santos. Sí, los ha hecho. Pero no olvidemos que los santos de verdad vivieron de acuerdo con el Evangelio. Como tampoco debemos olvidar que “la experiencia religiosa de todos nosotros ya no es de fiar, porque (como te descuides) nos remite a la falsa religión . Y, la verdad, ya estamos hartos de engaños religiosos.

José María Castillo

JOSÉ MARÍA CASTILLO: ” YA ESTAMOS HARTOS DE LOS ENGAÑOS RELIGIOSOS”

No nos angustiemos si la religión se debilita y se hunde. No nos preocupemos por la escasez de vocaciones, la falta de sacerdotes, el vacío de los templos y el abandono de sacramentos. El cristianismo no es una religión… El centro de nuestra fe es el Evangelio.

Estamos viviendo un hecho patente: los países tradicionalmente más cristianos, a medida que se van desarrollando y son cada día países más industrializados y más ricos, son también cada día países menos religiosos. Por eso se puede (y se suele) decir que la religión cristiana ha entrado en crisis. Una crisis incontenible y creciente. ¿Qué podemos pensar y hacer en esta situación?

Lo que tenemos que hacer los cristianos es vivir de acuerdo con el Evangelio de Jesús. Teniendo en cuenta que, si hacemos eso, nos va a ocurrir lo que le ocurrió a Jesús. A saber: nuestra relación con Dios no se realizará mediante el templo, los sacerdotes y sus ceremonias, sino viviendo (en la medida de lo posible) como vivió Jesús: con su misma espiritualidad y llevando una vida que contagia honradez, bondad y generosidad. Para estar con los que sufren, los que menos pintan en la vida (mujeres, niños, extranjeros…), los publicanos y los pecadores. Haciendo todo eso, con demasiada frecuencia, como lo hizo Jesús: precisamente cuando y como lo prohibía la religión. De ahí, el conflicto y los constantes enfrentamientos, que terminaron por llevar a Jesús al juicio, a la condena y a la muerte cruel de un subversivo. Que eso fue la cruz.

De ahí, la pregunta capital que nos hacemos hoy: ¿es el cristianismo una religión? Como religión se ha vivido durante siglos. Pero, ¿fue así en su origen?

Mucha gente no se imagina que la palabra “religión”, que designa el servicio sagrado, aparece solo cuatro veces en el Nuevo Testamento. Como referida a los creyentes en Jesús, aparece únicamente dos veces, en la carta de Santiago (1,26-27), que se aplica a la “religión de los cristianos”. Para decirnos que “religión pura y sin tacha a los ojos de Dios Padre, es visitar (para dar consuelo y alivio) a huérfanos y viudas en sus apuros y no dejarse contaminar por el mundo”.

En el cristianismo naciente se evitó el vocabulario que caracteriza a los “hombres de la religión” porque, como bien se ha dicho, “la causa y la consecuencia de este hecho (la ausencia de vocabulario sagrado o religioso) son idénticas: el cristianismo, fundamentalmente, no exige un comportamiento cultual especial”. Por eso, cuando Pablo se dirige al romano Agripa, pero incluyendo al judío Festo, le dice: “He vivido con arreglo a la tendencia más rigurosa de nuestra religión” (Hech 26, 5). Pablo obviamente se refería a la religión judía en la que había sido “fariseo”, como asegura el mismo Pablo (l. c.).

No nos angustiemos si la religión se debilita y se hunde. No nos preocupemos por la escasez de vocaciones, la falta de sacerdotes, el vacío de los templos y el abandono de sacramentos como la penitencia o el matrimonio. No pasa nada. Porque, si nos enteramos, de veras, de lo que es el cristianismo, empezaremos a tomar en serio – y con todas sus consecuencias – que el centro de nuestra fe y el camino de los cristianos, para buscar a Dios, es el Evangelio, el proyecto de vida que, con su forma de vivir, nos enseñó y nos marcó Jesús.

Lo que ocurre, según creo, es que esto nos asusta. Porque la religión nos ofrece muchas seguridades: tranquiliza conciencias (que tienen motivos para sentirse inquietas), da prestigio, refuerza intereses políticos, tiene sus ventajas económicas, legitima el sistema dominante, fomenta el turismo y hasta sirve para lucirse en festejos lustrosos. Y es verdad que la religión ha hecho santos. Sí, los ha hecho. Pero no olvidemos que los santos de verdad vivieron de acuerdo con el Evangelio. Como tampoco debemos olvidar que “la experiencia religiosa de todos nosotros ya no es de fiar, porque (como te descuides) nos remite a la falsa religión . Y, la verdad, ya estamos hartos de engaños religiosos.

José María Castillo

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La jerarquía y la teología están atrapadas en la interrupción católica


7 de junio de 2019por Massimo FaggioliResponsabilidadOpiniónTeología

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Una figura alegórica de la teología de Rafael en 1511, vista en los Museos Vaticanos (Wikimedia Commons / Darafsh)

Una figura alegórica de la teología de Rafael en 1511, vista en los Museos Vaticanos (Wikimedia Commons / Darafsh)

Nota del editor: la siguiente es la transcripción de una charla del 7 de junio dada por Massimo Faggioli en la conferencia anual de la Sociedad Católica de Teología de América, celebrada en Pittsburgh.

Iglesia institucional y teología académica en un tiempo de interrupción católica

1. La iglesia en un momento de interrupción.

Una vez, el catolicismo fue sinónimo de status quo; Ahora, podría ser una interrupción. La iglesia institucional no está exenta de la crisis que afecta a todas las instituciones en la actualidad: una crisis social y política, en parte como respuesta a la creciente desigualdad, que en muchos países ha llevado al poder a los partidos y líderes políticos que albergan sentimientos xenófobos, si no racistas; una crisis de la globalización en términos de una redefinición de alianzas y alineamientos políticos internacionales; una interrupción cultural e intelectual donde el surgimiento de un discurso público impulsado por las redes sociales configura una redefinición del papel del conocimiento y la erudición, junto con la crisis de autoridad de las instituciones culturales y la educación.

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También hay una particular interrupción intra-católica. El fenómeno más visible es la politización de las divisiones teológicas, es decir, la identificación entre divergencias teológicas y diferentes partidos políticos en torno a algunas cuestiones clave que cimentan las culturas teológicas y políticas en términos binarios, lo que resulta en una cuasi-excomunión mutua entre los católicos: la excomunión política y la excomunión sacramental. En la mayoría de los casos, que se superponen con esta polarización política, existe una “extremización” en torno al papel del Concilio Vaticano II en la iglesia actual: por extremización, quiero decir aquí lo contrario de radicalización. Etimológicamente, la radicalización significa un retorno al núcleo, a la base, y generalmente un desprendimiento de incrustaciones culturalmente cargadas. La extremización es una identificación de un conjunto particular y secundario de supuestamente “

Por un lado, hay una extremización de las reacciones contra el presunto “liberalismo” del Vaticano II con el regreso de un tradicionalismo teológico que no es muy diferente de la interpretación cismática del Vaticano II por parte del Arzobispo Marcel Lefebvre y la Sociedad de San Pío X , SSPX. A este respecto, vale la pena señalar que, últimamente, instituciones de educación superior altamente respetadas, como Harvard y Notre Dame, se han convertido en el escenario para el lanzamiento de un nuevo integralismo católico. Existe una modificación genética dentro del conservadurismo católico estadounidense que merece mucha más atención por parte de los estudiosos de teología, y no solo de periodistas o políticos.

Por otro lado, también hay una extremización de las decepciones con el Vaticano II y la iglesia posterior al Vaticano II a la luz de la crisis de abuso sexual: el reciente debate sobre la opción de dejar o permanecer en la iglesia tiene que ver con el escándalo , pero también interpone y complica un debate historiográfico sobre el pasado reciente de la historia de la iglesia, especialmente la historia del período posterior al Vaticano II.

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Los miembros de la Schola Cantorum cantan canto gregoriano en el pasillo central al comienzo de una misa en latín el 8 de octubre de 2018, en la Catedral de San Mateo Apóstol en Washington.  (CNS / Chaz Muth)

Los miembros de la Schola Cantorum cantan canto gregoriano en el pasillo central al comienzo de una misa en latín el 8 de octubre de 2018, en la Catedral de San Mateo Apóstol en Washington. (CNS / Chaz Muth)

La línea de falla sobre el Vaticano II es dividir a los católicos en sus bancas y parroquias de muchas maneras diferentes, una de las más destacadas es la división en torno a la reforma litúrgica. Este fenómeno parece ser más fuerte que en cualquier otro lugar en el catolicismo angloamericano, donde la preferencia por la misa en latín a menudo se asocia con un conjunto particular de opiniones políticas y teológicas fuertemente sostenidas.

La interrupción católica se ha acelerado en la última década, gracias en parte al pontificado de Benedicto XVI que comenzó en 2005 y al cambio de pontificado con Francisco en 2013, especialmente en los EE. UU. Y el hemisferio norte del Atlántico. Esta situación ha producido en la Iglesia católica una serie de intentos, coordinados entre facciones conservadoras en los EE. UU. Y Roma, para socavar el papado de Francisco desde fines de la primavera y el verano de 2013, hasta el punto de coquetear con el cisma en agosto-septiembre de 2018. Más de dos docenas de obispos de EE. UU. Registraron el registro en esos días para decir que confiaban en el “testimonio de Viganò”, en el que el ex nuncio en los EE. UU. Acusó a Francisco de ser parte de una vasta conspiración y le pidió que renunciara.

La nueva ola de crisis de abuso sexual que comenzó en 2018, con la participación directa de obispos y cardenales culpables de encubrimientos, pero también de abusos sexuales (Theodore McCarrick, George Pell), es simplemente el acelerador de un proceso mucho más profundo y Alteración eclesial más ramificada. Todo esto habla de un colapso vertical de la autoridad jerárquica de la iglesia institucional: los obispos, el clero y el Vaticano. Pero esto también es un problema para la autoridad intelectual de la academia católica y la teología académica.

2. Cambiando las relaciones mutuas entre la teología académica y la iglesia católica institucional.

La eclesiología se está convirtiendo en eclesiodicida: la presión, a la luz de las noticias diarias de los escándalos financieros y sexuales, para justificar o encontrar para la iglesia las razones para existir como una organización histórica instituida por Cristo. Porque está claro que la Iglesia católica institucional no puede seguir haciendo negocios como de costumbre en el futuro.

Creo que lo mismo debería decirse de la teología académica. Sospecho que la situación de alejamiento y alienación mutua entre la Iglesia católica institucional y la teología, a la larga, pondrá en peligro la teología más que la iglesia institucional.

Por un lado, la interrupción actual significa que las relaciones entre la teología académica y las instituciones eclesiales ya no son las mismas que en el período anterior al Vaticano II (Pablo VI), y ni siquiera las mismas que en el segundo período del Vaticano II ( Juan Pablo II y Benedicto XVI). A menudo me pregunto si mi relación con la iglesia institucional no se debe a mi rechazo a los obispos que tratan de dictarme cómo debemos votar (en Italia: tengo una tarjeta verde), más que por un sensus ecclesiaesaludable que me ayude a mirar a las personas reales de la iglesia sin ser apuntados en la dirección equivocada por su liderazgo jerárquico.

Por otro lado, también hay una crisis de autoridad dentro de la teología académica: tal vez menos publicitada, es una crisis no menos grave que la que aflige a la iglesia institucional. Es el resultado de presiones diferentes y coexistentes: la mercantilización y el paradigma tecnocrático en la educación superior; el colapso del apoyo curricular institucional, el interés de los estudiantes y los subsidios de publicación en las humanidades; la erosión del catolicismo a nivel popular; Últimamente, el rechazo del establecimiento teológico por la extraña mezcla entre populismo y neotradicionalismo que forma parte de la iglesia actual.

Estas fuerzas no desaparecerán pronto, y cuando se vayan, habrán hecho un daño considerable al establecimiento teológico-académico, en el sentido del papel de los departamentos de teología y estudios religiosos, pero también el daño a la posición moral e intelectual. De nuestras disciplinas en el mundo. La interrupción actual afectará tanto a la iglesia institucional como a la teología académica, pero de maneras muy diferentes. La iglesia institucional tiene recursos (financieros, políticos, simbólicos) para sobrevivir a esta interrupción que la teología académica simplemente no tiene. La crisis de la teología y los estudios religiosos en el mundo académico no lo hace.afectan a los seminarios en el mismo grado: de ahí una creciente clericalización de la teología que se desarrolla en las venas de la iglesia institucional, que se verá cada vez más impulsada por preocupaciones y visiones del mundo que no solo son diferentes, si no realmente opuestas, sino también en general. Una posición de ventaja financiera y sistémica en la competencia con teólogos académicos.

La actual interrupción también se traduce en un movimiento de católicos militantes o enérgicos que se reagrupan alrededor de la fortaleza: la iglesia institucional existente u otra fortaleza que se construirá, una vez que la ira tradicionalista, neo-donatista y neo-pelagiana se libere de los restos supuestamente ” Obispos liberales y de la elite liberal intelectual. Esto debe verse en el contexto de la lucha por el futuro del catolicismo, donde la reconquista de la iglesia institucional es vista como un objetivo por lo que llamaré aquí, a falta de un término mejor, la agenda anti-Vaticano II. Hay en la Iglesia católica una revancha neo-tradicionalista que ve no solo al Papa Francisco, sino también al Vaticano II, y los logros de la teología católica desde el Vaticano II, como algo que debe eliminarse. Teología académica católica en diálogo con el mundo secular,

Pero incluso dejando de lado por un momento la lucha en curso por el alma del catolicismo emprendida por el neotradicionalista, revanche anti-Vatican II, está claro en mi experiencia que las personas que quieren estudiar teología católica son quienes realmente quieren ser católicos. Y quiero ver en los programas de teología algo más abiertamente católico en el sentido eclesial . Con algunas excepciones, la mayoría de los otros estudiantes tienden a aburrirse de la teología o se sienten desconcertados por ella.

El precio por ignorar estos movimientos puede ser que la teología volverá a ser lo que era hasta hace unas décadas: la preservación de una camarilla clerical interesada y autoabsorbida, solo ahora, con muy pocos clérigos ordenados en sus filas y con No hay apoyo de la Iglesia católica institucional. Los teólogos académicos católicos y los teólogos académicos que trabajan en instituciones católicas deben desentenderse de algunos malentendidos: el revanche neotradicionalista es parte de la ” revanche de Dieu” y no desaparecerá en el corto plazo. Lo que muchos estudiantes católicos quieren hoy es un estudio de teología católico más intencionalmente.

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Los estudiantes esperan en fila frente a la Basílica del Sagrado Corazón en el campus de la Universidad de Notre Dame en 2015. (CNS / Universidad de Notre Dame / Barbara Johnston)

Los estudiantes esperan en fila frente a la Basílica del Sagrado Corazón en el campus de la Universidad de Notre Dame en 2015. (CNS / Universidad de Notre Dame / Barbara Johnston)

Déjame ser claro aquí. El desprendimiento de la teología académica del control de la iglesia institucional fue uno de los logros más importantes en la iglesia posterior al Vaticano II porque dio libertad a la investigación intelectual. No hay retroceso de la declaración de Land O’Lakes y lo que significó para la academia teológica.

Lo que quiero decirles a otros teólogos académicos es que no quiero que la teología académica católica se convierta en catequesis o en la voz de la iglesia institucional o que regrese a las antiguas apologéticas neoescolares. Pero creo que tendrá que volverse más “eclesial” en el sentido de estar más conscientes de las expectativas de los católicos de hoy, especialmente de la generación joven. En este sentido, el patrón actual de desprendimiento de la teología católica académica del destino de la iglesia institucional es a largo plazo insostenible: no hay desprendimiento de la iglesia institucional que no conlleva también cierto desprendimiento del verdadero pueblo de Dios. En esto, creo que hay una de las oportunidades perdidas que el pontificado del Papa Francisco representa para los teólogos académicos.

Claramente, esto también es un desafío para la iglesia institucional y los obispos: no hay un alejamiento de la dirección jerárquica de la iglesia de la teología que no es también una declaración sobre el alejamiento de los obispos y sus seminarios de la conversación intelectual general.

3. La teología académica y la crisis del abuso sexual.

El desprendimiento de la academia católica de la iglesia institucional también es insostenible por otra razón y tiene que ver con una causa importante de interrupción para la iglesia: la crisis de abuso sexual.

Entre los efectos a largo plazo de la crisis de abuso, se encuentra, teológicamente, la tentación de los católicos militantes de volver a un nuevo universalismo monocultural: el retorno a la reforma gregoriana en el siglo XI o la Contrarreforma en el siglo XVI. Institucionalmente, la crisis tendrá un impacto desproporcionado en los diferentes tipos de católicos, acelerando el éxodo de católicos desencantados y dando vueltas a los carros de católicos de mentalidad más clerical y tradicional alrededor de una institución considerada como atacada.

Pero hay más que la teología académica tiene que reflexionar hoy. La crisis de abuso sexual ha sido (más bien, todavía es ) un juego masivo de negación en las filas clericales de la iglesia. Fue una crisis sistémica causada por sacerdotes abusivos y por un fracaso catastrófico de la jerarquía episcopal al tratar con ellos. El enfoque en la responsabilidad legal y moral de los abusos sexuales ha sido casi exclusivamente en la iglesia clerical institucional. El distanciamiento mutuo entre la teología académica y la iglesia institucional, y el hecho de que la gran mayoría de los teólogos académicos ahora son hombres y mujeres laicos, permitieron a la academia mantener un cierto desapego público de la crisis de abuso.

Pero esto es una crisis de abuso católico , no solo una crisis de abuso clerical. No es solo una crisis legal, sino también una crisis teológica . Por lo tanto, me pregunto si tendremos que hablar, en algún momento, acerca de las responsabilidades de la academia (ante todo yo mismo) en términos de acciones muy demoradas y fallas intelectuales en la crisis de abuso sexual. Vale la pena preguntar si ha habido alguna complacencia entre las élites intelectuales de la iglesia en el desastroso reconocimiento erróneo de la crisis de abuso como una crisis teológica. Yo personalmente comencé a prestar atención mucho más tarde de lo que debería.

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Un panel en una exhibición en la Universidad Católica de América en Washington, el 24 de abril, cuenta la historia de un sobreviviente de abuso.  (CNS / Bob Roller)

Un panel en una exhibición en la Universidad Católica de América en Washington, el 24 de abril, cuenta la historia de un sobreviviente de abuso. (CNS / Bob Roller)

Me he preguntado muchas veces: ¿Hay algo que puedan hacer los teólogos académicos para moldear una reacción a la crisis diferente a la que hemos visto en el último año? Me pregunto si la teología académica ha sido o está jugando un juego de negación: la negación sobre el papel de la teología académica en la educación superior y en la agitación eclesial, pero también en la negación sobre la crisis de abuso sexual en sí misma.

Esto no quiere decir que los teólogos no hayan hecho nada por la crisis de abuso. Hay disponible y buena literatura de algunos estudiosos individuales. Pero el hecho es que hasta ahora no ha habido ningún esfuerzo sistémico, organizado y coordinado por los teólogos católicos para pensar en la crisis de abuso sexual. Lo que se hizo público al menos desde 2002 podría y debería haber provocado un vasto replanteamiento teológico, de manera similar a cuando nuevas fuentes se pusieron a disposición para abordar problemas intelectuales clave para la vida de la iglesia. Lo que sé es que no hay un centro o instituto dedicado a una investigación sobre las causas y consecuencias de la crisis del abuso en la teología católica. Algunas universidades católicas tomaron medidas o prometieron tomar medidas últimamente, solo después de la tormenta de 2018.

Si la teología católica no lo hace, entonces es posible que los tecnócratas tengan razón cuando dicen que la teología católica en la academia es una reliquia del pasado, que ahora solo protege los viejos privilegios y merece morir o al menos ser marginada en la educación superior hoy en día. Los debates públicos y las conferencias de alto perfil son un complemento y una consecuencia del trabajo periodístico sobre la crisis del abuso, no un sustituto: los paneles públicos no podrán cambiar los términos de la conversación y agregarle una contribución intelectual, lo que Es algo que la teología académica debe ser capaz de proporcionar.

Conclusión

Este es un mea culpa personal más que un ” J’accuse “. Es sobre todo una invitación a tomar mi parte de la responsabilidad en la interrupción de la iglesia institucional. La situación de interrupción ahora a simple vista me deja claro que tanto la iglesia institucional como la teología académica católica enfrentan enormes desafíos, no solo desde un punto de vista empresarial: ¿Cuáles son las perspectivas de futuro de la teología académica en un futuro profundamente incierto para el ¿Iglesia Católica? Pero los desafíos también están en términos de misión: ¿Cuál es el papel de la teología académica en esta situación?

Como académico italiano que vino a los Estados Unidos en 2008 después de pasar largos períodos de investigación y trabajo en otros países, soy consciente de que el problema del papel de la teología académica en la interrupción católica está en todas partes. También creo que tiene características particulares en los Estados Unidos. La red de instituciones católicas de educación superior en los Estados Unidos no tiene paralelo en el mundo. Esto significa también una responsabilidad particular de los teólogos católicos en los EE. UU. Y de los teólogos no católicos que trabajan en colegios y universidades católicas en los EE. UU.

Como historiador de la iglesia, no estoy ciego a las razones estructurales que llevaron a la relación actual entre los teólogos y el liderazgo de la iglesia institucional, especialmente en los Estados Unidos. Sin embargo, ahora vale la pena preguntar si el desapego y el alejamiento mutuos entre la teología académica y la iglesia institucional son sostenibles y responsables.

¿Para qué podemos nosotros, como teólogos académicos, posiblemente hacer? Es mi deseo que comencemos lo antes posible un replanteamiento profundo de lo que significa ser académicos teólogos católicos en esta situación de perturbación eclesial. Porque no va a desaparecer pronto y la teología académica no se salvará.

[Massimo Faggioli es profesor en el Departamento de Teología y Estudios Religiosos de la Universidad de Villanova.]

http://www.ncronline.org/news/accountability/hierarchy-and-theology-alike-are-caught-catholic-disruption?clickSource=email

A ELENA CORNARO LA IGLESIA LE PROHIBIO DOCTORARSE EN TEOLOGIA PORQUE ERA MUJER.


Google homenajea con su doodle a la primera mujer en recibir un doctorado

#Natalicio

Google homenajea con su doodle a la primera mujer en recibir un doctorado

Se trata de Elena Cornaro, una filósofa italiana nacida el 5 de junio de 1646 en VeneciaESPECIALES05/06/2019

Google homenajea con su doodle a Elena Cornaro, la primera mujer en recibir un doctorado.

Fue reconocida como un prodigio con tan solo siete años. A esa edad, comenzó a estudiar latín y griego. También aprendió hebreo, español, francés y árabe. Años más tarde, estudió matemáticas, filosofía y teología. En 1665, tomó los hábitos de oblata benedictina, aunque sin convertirse en monja. También hizo un voto de celibato a la temprana edad de 11 años, aunque no le dijo a nadie su voto, rechazando varias propuestas de matrimonio.

Después de hacerse un nombre como una brillante académica, fue enviada a la Universidad de Padua para estudiar ante la insistencia de su padre, publicó Misionescuatro.

Sobresalió en teología, pero la Iglesia Católica Romana le prohibió que obtuviera un título en esa rama por ser mujer, a pesar de haber cumplido con todos los créditos necesarios. Entonces, se le otorgó un doctorado en filosofía a los 32 años y se convirtió así en la primera mujer en el mundo en recibir un doctorado universitario, abriendo un camino para que generaciones de mujeres siguieran sus pasos hacia los niveles académicos más altos.

Dedicó los últimos siete años de su vida al estudio y la caridad. Falleció en Padua en 1684 de tuberculosis, y fue sepultada en la Basílica de Santa Justina. –

www,nuevodiarioweb.com/noticias

Las facultades de teología ‘podrían desaparecer’ a menos que se contrate más personal femenino y de minorías étnicas


 porADAM BECKET31 DE MAYO DE 2019187

Los académicos están ‘envejeciendo y en gran parte son hombres’, dice un nuevo informe de la Academia Británica

ISTOCK

La Universidad de Edimburgo (en la foto), la Universidad de Durham, el King’s College de Londres y la Universidad de Oxford (todas las universidades del Grupo Russell), fueron los proveedores más grandes de estudios universitarios de teología y estudios religiosos el año pasado.

Los departamentos de TEOLOGÍA y estudios religiosos en las universidades podrían desaparecer a menos que recluten y promuevan más personal femenino y de minorías étnicas, dijo el Vicepresidente de Investigación y Política de Educación Superior de la Academia Británica, el profesor Roger Kain.

Un informe publicado el jueves pasado, Disposición sobre teología y estudios religiosos en la educación superior del Reino Unido , dice que el personal académico en teología y estudios religiosos está envejeciendo y es en gran parte masculino.

Solo el 37.2 por ciento del personal de teología y estudios religiosos eran mujeres en 2017-2018, en contraste con el personal académico de humanidades e idiomas, de los cuales el 53.1 por ciento eran mujeres en el mismo año académico.

“El desequilibrio de género ha mejorado lentamente con el tiempo, pero al ritmo actual llevaría más de 20 años simplemente ponerse al día con las otras humanidades”, dice.

Además, el personal académico en teología y estudios religiosos tiende a ser más antiguo que sus homólogos en otras materias históricas y filosóficas.

El informe también dice que el personal académico en los departamentos de teología y estudios religiosos es “predominantemente blanco”, aunque señala que “las proporciones del personal negro y de minorías étnicas están más en línea con todas las disciplinas de humanidades e idiomas que con respecto al género”.

En un comunicado de prensa que acompaña a la publicación del informe, el profesor Kain dice que la disminución de la popularidad de la teología y los estudios religiosos “se ve confundida por el perfil de su personal docente; “Si grupos más diversos étnicamente y de género no ascienden en las filas, existe el peligro de que estas disciplinas altamente relevantes desaparezcan de nuestras universidades”.

El informe dice que hubo aproximadamente 6500 estudiantes menos en cursos de teología y estudios religiosos en instituciones de educación superior en 2017/18 que en 2011/12, un año antes de que las tasas anuales de licenciatura de tiempo completo aumentaran hasta £ 9000.

El informe, publicado el viernes, dice: “Esto es particularmente preocupante ya que, mientras que otros temas de humanidades han experimentado un rebote en los últimos años, los números de Teología y Estudios Religiosos han seguido disminuyendo.

“La disminución en la inscripción de estudiantes en instituciones financiadas con fondos públicos puede ser compensada en parte por un aumento en el estudio en proveedores alternativos, pero en general ha habido una caída preocupante en la inscripción en los programas de enseñanza de pregrado y posgrado”.

Concluye: “Es difícil determinar las causas de la disminución de la inscripción en TRS, pero la evidencia. . . sugiere que el aumento en las tasas de matrícula ha desempeñado un papel importante para disuadir a los futuros estudiantes y presionar a las instituciones para que cambien los cursos que ofrecen por razones financieras.

“La desaparición de muchas becas y becas para estudiantes, especialmente para los grados de fundación, también puede haber tenido un impacto”.

La Rev. Profesora Diarmaid MacCulloch, profesora de Historia de la Iglesia en la Universidad de Oxford, dice en un comunicado de prensa que acompaña a la publicación del informe: “A pesar del aumento del laicismo en Occidente, la religión sigue desempeñando un papel dominante en la escenario mundial. El extremismo religioso, el nacionalismo infundido en la religión y la tensión entre comunidades religiosas son solo algunos de los muchos desafíos que enfrentamos hoy. La religión es más, no menos, más relevante que nunca, y su estudio debería reflejar esto.

“Como comunidad académica, debemos esforzarnos por garantizar que nuestra Teología y Estudios Religiosos reflejen el mundo que buscan explicar”.

El informe también señala: “En los últimos años, los departamentos de TRS en varias instituciones se fusionaron con otros departamentos o se cerraron por completo. La institución teológica especializada del Reino Unido, Heythrop College, fundada en 1614, cerró sus puertas en 2018 después de más de 400 años de enseñanza “.

www.britishacademy.ac.uk

http://www.churchtimes.co.uk/articles/2019/31-may/news/uk/academics-call-for-diversity-in-theology-faculties

Teología arraigada en el patriarcado retrasa la restauración del diaconado femenino


14 de mayo de 2019por Christine SchenkOpiniónTeología

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Detalle del fragmento de vidrio coloreado del siglo XII que representa a un ángel que aparece ante un santo diácono, Clermont-Ferrand, Francia (Museo Metropolitano de Arte)

En general, me sentí más alentado que desanimado por la discusión del 10 de mayo del Papa Francisco sobre las mujeres diáconas en la reunión trienal de la Unión de Superiores Generales Internacionales.

Me sorprendió gratamente que el Papa estaba considerando un “decreto sacramental” sobre el tema. Mi mayor temor era que los funcionarios de la iglesia establecieran una función de “diaconeta” híbrida ahistórica para las mujeres que no fuera ni pez ni ave, ni ordenada ni laica. En cambio, parece que Francisco busca una “sólida base teológica e histórica” ​​para ordenar sacramentalmente a las mujeres diáconos.

Aquí es donde entra la parte desalentadora.

La sólida base histórica ya está allí. En espadas.

Existe una amplia evidencia histórica de que las mujeres ministraron como diáconos durante 12 siglos: desde el primer siglo Phoebe, a quien Paul identifica en Romanos 16: 1 como diakonos , la misma palabra que usa para describir su propio ministerio (1 Corintios 3: 5 y 2 Corintios 6: 4) – al teólogo y diácono francés del siglo XII, Heloise.

Visite los Clasificados en línea de NCR para obtener información sobre oportunidades de trabajo, conferencias, retiros y más.

La historia no es el punto de inflexión. El punto de fricción parece ser teológico, con el desacuerdo centrado alrededor de la anacrónica pista falsa de la sacramentalidad.

Esto es irritante ya que el reconocimiento teológico de la sacramentalidad, la capacidad del mundo material para mediar en lo sagrado, no comenzó a desarrollarse hasta la Edad Media, mucho más tarde que el liderazgo equitativo modelado en la iglesia del primer siglo donde Paul nombra a Prisca y a ella. el esposo Aquila como sus “compañeros de trabajo en el Evangelio”, y Junia y su esposo Andronicus como “sobresalientes entre los apóstoles” (Romanos 16: 3-4,7).

En nuestra historia más temprana, tanto mujeres como hombres predicaron el Evangelio, sirvieron como misioneros, profetas y patrocinadores, bautizaron, enseñaron las Escrituras, fundaron y dirigieron iglesias en casas y presidieron celebraciones eucarísticas en sus comunidades de iglesias en casas.

Se entendió que todos los cristianos imaginaban a Cristo: “Ya no hay judío ni griego, ya no hay esclavo ni libre, ya no hay hombre ni mujer; porque todos ustedes son uno en Cristo Jesús”, como Pablo nos recuerda en la hermoso himno bautismal de Galacia (3:28).

¿Entonces qué pasó? Una lucha con la cultura patriarcal más grande es lo que sucedió.

La visión igualitaria seminal de Jesús era atractiva tanto para mujeres como para hombres. Ambos fueron inspirados y capacitados para evangelizar y predicar públicamente las Buenas Nuevas a través de sus redes domésticas y de negocios.

Pero el ejercicio público de la autoridad eclesial por parte de las mujeres fue perturbador para la cultura greco-romana, que lo vio como una violación de los entendimientos de género del espacio público y doméstico. Cuando Prisca enseñó al discípulo masculino Apolos (Hechos 18:26), estaba violando otra norma cultural en la que las mujeres no enseñaban ni instruían a los hombres.

Durante los siguientes tres siglos, estas convenciones culturales se convirtieron en normativas en las estructuras de la iglesia. Las mujeres fueron desempoderadas progresivamente en la proclamación pública del Evangelio y en el ejercicio de la autoridad dentro de las iglesias.

Es una ironía suprema que en el cristianismo primitivo las personas estuvieran escandalizadas por el liderazgo igualitario de las mujeres, mientras que hoy en día las personas están escandalizadas porque a las mujeres no se les permite dirigir.

Desde mi punto de vista, los obstáculos para la ordenación sacramental de las mujeres diáconos no son teológicas en absoluto, sino que se desprenden del abrazo de nuestra humanidad defectuosa de patriarcado, sexismo y misoginia.

Esto me lleva a la parte alentadora del intercambio de Francisco con las líderes de las hermanas del mundo.

Al contrario de algunos titulares más bien negativos , Francis no descartó sumariamente la posibilidad de restaurar el diaconado femenino. En su lugar, dijo: “Seguiremos adelante. Después de un tiempo, puedo llamar a los miembros de la comisión para ver lo que han encontrado”.

Me complació la convincente explicación de Francisco de que la enseñanza de la iglesia, aunque está enraizada en la revelación, no es estática sino que se desarrolla con el tiempo.

“La forma de entender la fe hoy, después del Concilio Vaticano II, es diferente a la de entender la fe antes del Concilio Vaticano II”, dijo. “Porque hubo un desarrollo de la comprensión”.

En efecto.

Un desarrollo de la comprensión de los roles de las mujeres es exactamente lo que está ocurriendo ahora. Estamos llegando a una nueva conciencia de que la prohibición de la ordenación femenina no es de Dios.

Las normas culturales que subordinan a las mujeres ya no son vistas como parte del orden dado por Dios. Todo lo contrario. Por lo tanto, si la enseñanza de la iglesia sobre el gobierno y la ordenación se deriva de la subordinación femenina sancionada culturalmente, esa enseñanza debe desarrollarse y transformarse.

Esta es la obra del Espíritu en nuestro momento presente.

El hecho de que Francis nombrara una idea teológica clave del Concilio Vaticano II, que la doctrina no es estática sino que se desarrolla y profundiza con el tiempo, es significativo, útil y esperanzador.

Los dos últimos papados evitaron asiduamente cualquier mención de nuevos entendimientos de la enseñanza de la iglesia, especialmente en torno a los llamados “problemas de la mujer”.

Sin embargo, la enseñanza de la iglesia se ha desarrollado y cambiado inequívocamente. Una vez enseñamos que la esclavitud era moral, que las personas ajenas a la Iglesia católica no pueden ser salvas y que el judaísmo fue responsable de la muerte de Cristo. Ahora, el Vaticano II nos ha dado nuevos conocimientos sobre la libertad religiosa, la bondad que se encuentra en las religiones no cristianas, la primacía de la conciencia y (créanlo o no), la participación de todos los fieles en el ejercicio de la infalibilidad eclesial.

Desde Lumen Gentium :

El cuerpo entero de los fieles, ungidos como están por el Santo, no puede errar en asuntos de creencia. Manifiestan esta propiedad especial por medio del discernimiento sobrenatural de todos los pueblos en asuntos de fe cuando “desde los Obispos hasta el último de los fieles laicos” muestran un acuerdo universal en asuntos de fe y moral.

Estamos muy lejos del “acuerdo universal” sobre la práctica católica actual de excluir a las mujeres del gobierno y la ordenación de la iglesia.

Es hora de ejercer nuestra propia infalibilidad eclesial compartiendo nuestros puntos de vista sobre “asuntos relacionados con el bien de la iglesia” con nuestros feligreses, nuestros sacerdotes y otros funcionarios de la iglesia ( Código de la Ley Canónica 212.3).

Aquí hay un sitio web que puede ayudar: http://catholicwomendeacons.org/support/support .

Por el poder del Espíritu que actúa en nosotros y en nuestros líderes, nuestras estructuras eclesiales sexistas serán sanadas y transformadas algún día.

[S t. Joseph Sr. Christine Schenk, miembro de la junta de NCR, sirvió a familias urbanas durante 18 años como enfermera partera antes de ser cofundadora de FutureChurch, donde prestó servicio durante 23 años. Su reciente libro Crispina y sus hermanas: Mujeres y autoridad en el cristianismo primitivo (Fortress, 2017) recibió el primer lugar en Historia de la Asociación de la Prensa Católica. Tiene una maestría en enfermería y teología.

http://www.ncronline.org/news/opinion/simply-spirit/theology-rooted-patriarchy-delays-restoration-female-diaconate

José María Castillo: “Jesús vivía con la gente; ésa es la cristología que aprendieron los apóstoles”


Libros

José María Castillo, en Religión Digital

El teólogo español, citado por el Papa, publica “La Humanidad de Jesús” (Trotta)

“En la Iglesia ha habido más dificultad para aceptar la humanidad de Jesús que su divinidad”

Jesús Bastante, 21 de mayo de 2016 a las 12:08

Los apóstoles no aprendieron cristología leyendo libros sobre el tema ni escuchando conferencias, ni Jesús se dedicó a dar charlas de Teología. Se dedicó a vivir de una manera. Y seguirle era vivir de esa manera cuanto era posible

José María Castillo publica 'La humanidad de Jesús' (Trotta)

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José María Castillo publica “La humanidad de Jesús” (Trotta)

(Jesús Bastante).- Es uno de los mejores teólogos españoles. Tanto, que el propio Papa Francisco está tomando “prestados” algunos de sus conceptos, ligados a la Teología Popular. Ardoroso defensor de la libertad,José María Castillo presenta su último libro, “La Humanidad de Jesús” (Trotta), donde defiende una fe frente a los que, hoy como ayer, prefieren lo artificioso y lo ritual. “Nos sobra religión y nos falta humanidad”.

¿Qué quieres decir con esta frase?

Cuando se estudia en Teología la figura de Jesús, resulta que históricamente, en la Iglesia ha habido más dificultad para aceptar la humanidad de Jesús que la divinidad de Jesús. Lo cual quiere decir, que si entendemos por lo divino todo aquello que se encarna en lo sagrado, en la Iglesia manda más lo sagrado que lo profano. Que, traducido al problema que yo planteo aquí, quiere decir que lo sagrado manda más que lo humano y se superpone a lo humano.

Nos encontramos con la dificultad que estamos experimentando con tanta frecuencia y en asuntos enormemente importantes. Por ejemplo, cómo en nombre de un presunto derecho divino se limitan o sencillamente se eliminan los derechos humanos.

En nombre de lo divino o sagrado, se limita la libertad para pensar, hablar, escribir… Cosas tan elementales como es amar. Y aprovecho para recordar un artículo que me impresionó mucho de Karl Rahner en el que se preguntó por qué para amar más a Dios, tenemos que amar menos a un ser humano. O tenemos que renunciar al amor humano.

Eso es muy extraño. Porque una de las cosas que más cautivan del Cristianismo es, precisamente que Dios se hace hombre para asumir todo el pecado de la humanidad y ofrecer una nueva puerta de salvación. Y sin embargo, la figura de Jesús que debería de ser el más humano de los hombres, se ha trasladado a una excesiva divinización de su figura, como planteas en el libro. Como si no fuera importante que Dios se hubiera hecho hombre, que es el germen del Cristianismo. Sin este hecho, es imposible que suceda la salvación.

Es la clave. No podemos olvidar que nosotros no somos de condición divina. Sino que somo seres humanos. Y desde lo humano tenemos que comprender lo transcendente. Lo divino. Y no nos es posible, porque Dios no está a nuestro alcance. Si lo estuviera, sería un ser todopoderoso, pero no Dios. Ni siquiera el concepto de infinito, porque esto significa lo humano, pero sin límites. Y Dios no es ni eso, es una realidad que está en un ámbito al cual no tenemos acceso. Es incomunicable en ese sentido.

El Cristianismo, ¿qué solución le ha dado a ese problema?, pues sencillamente, el “Misterio de la Encarnación”, donde el transcendente se ha hecho visible, tangible y cercano, humanizándose. Y se humanizó en Jesús que, sin dejar de ser divino, se hizo plenamente humano. De tal manera que en la medida en que conocemos la humanidad de Jesús, es el único camino que tenemos para conocer qué es Dios, cómo es y lo quiere.

Y sin embargo, durante siglos se ha ido sepultando esa figura humana en una serie de normas, ritos, judicaturas, misterios, dogmas de fe, etc., que han convertido la figura de Jesús en algo distinto. Hasta el punto en el que la Iglesia de hoy no se parece a lo que Jesús quería, o se parece a lo que fueron promoviendo otros. Tú te centras mucho en la figura de Pablo.

Aquí hay varias cosas.

Primera: Jesús fue plenamente humano y el hecho es que los evangelios, tal como han llegado a nosotros, así lo presentan. Lo primero con lo que se tenía que enfrentar, fue con lo religioso y lo sagrado, tal como en aquél tiempo se entendía. Y por eso, Jesús se enfrentó al templo, a los sacerdotes y los rituales, a las normas religiosas. Y el enfrentamiento fue tan duro, que llegó un momento en el que la institución religiosa se dio cuenta de que, o acababan con él o él acababa con ellos. El final del capítulo XI del Evangelio de San Juan, después de la resurrección de Lázaro, es clave. El Sanedrín se reunió de urgencia y plantearon: o él, o nosotros.

Es interesante eso que dices porque Lázaro es una figura muy relevante y muy olvidada.

Además, cada día va ganando terreno relacionar el Lázaro de Juan, hermano de Marta y María, con el Lázaro del que habla Lucas en la parábola, el epulón, el comilón. Aquél se murió y fue al paraíso, y este ricachón se murió sin importarle la gente que se moría de hambre delante de él. Exactamente lo que se está conociendo y viendo ahora mismo en España. Ricachones que se hinchan de dinero y como ya no les cabe en los bancos de España, lo guardan en los paraísos fiscales del mundo.

Ya verás cuando salga algún obispo en los famosos papeles de Panamá.

Yo estoy temiendo que pueda suceder.

Vamos a dejarlo ahí.

Y mientras, estamos viendo familias sin trabajo, chiquillos sin escuela, enfermos sin remedio ni curación…, el desastre. Esto es el Lázaro del evangelio de Lucas. También el rico se muere, como todos estos que tienen los paraísos fiscales a sus pies van a morir. El epulón aquél que vestía de púrpura y oro y con comida banqueteada todos los días. Que pidió desde el Hades que Lázaro volviera de entre los muertos a avisar a sus hermanos, que debían ser tan sinvergüenzas como él.Pero Abraham le dijo: “A Moisés y a los Profetas tienen; ¡que los oigan a ellos!”. Y eso es lo que toma el evangelio de Juan y conecta con la resurrección de Lázaro. Ahí está el muerto que resucita. ¿Qué decidieron los sumos sacerdotes?: matar de nuevo a Lázaro. Lo dice el evangelio de Juan, y por supuesto, a Jesús. Se reúne el Sanedrín de urgencia y allí se dieron cuenta de que el proyecto de Jesús era un conflicto imposible de conciliar. Y nosotros nos hemos apañado para hacerlo conciliable, que ni los sacerdotes del templo de Jerusalén ni Jesús lo hicieron. Nosotros lo hemos conciliado y así tenemos esta Iglesia. ¿Qué ha pasado? Que entre la muerte de Jesús y los evangelios aparece en el Nuevo Testamento la figura de Pablo.

Pero, si Jesús viene a modificar ese sistema, pues ese sistema le mata, y al final, con el paso del tiempo, conciliándolo, es ese sistema el que está venciendo en la Institución, ¿no estamos traicionando la nueva alianza que Jesús vino a traer entre Dios y los hombres?

La estamos traicionando y de ahí el conflicto, la tensión y los problemas que está sufriendo el papa Francisco. Porque el Papa es un hombre que por formación, su educación jesuita tuvo que ser más bien conservadora. Pero su humanidad es tan honda, tan sensible a todo lo que es el dolor humano, la injusticia contra los débiles, los niños, los enfermos…, que no puede callarse, ni aguanta el estar por encima de los demás, ni quiere tener privilegios. Hay teólogos que se preguntan por qué no toma decisiones más terminantes. Yo pondría a esos teólogos allí a que tomen las decisiones.

Además, yo tengo la opinión de que si este Papa u otro, quiere cambiar las cosas por medio de un golpe en la mesa, le estaría dando la razón a los que piensan que la Iglesia no tiene camino sinodal, dialogado. Pienso que está intentando repartir el juego y que todos nos sintamos responsables. Y los cambios que se están dando son porque el pueblo empuja. El concepto del pontificado de Francisco y el de Teología de José María del Castillo, son muy parecidos.

Bueno, es que cada día lo veo con más claridad, la cosa tiene que ir por ahí. Porque no se trata de cambiar cargos, ni en tomar decisiones en esto y lo otro. Lo importante es cambiar la manera de hacer Teología. La manera de gobernar. La manera de vivir cerca de la gente. Saber lo que demanda el pueblo.

Conversando ayer con Reyes Mate, gran pensador, sobre todo este asunto, él decía una gran verdad: las dos grandes cabezas pensantes que ha habido en el cristianismo en el siglo pasado fueron, primero, Bonhoeffer a quien mató el nazismo al final de la 2ª Guerra Mundial. Y el otro, Juan Bautista Metz, que dice una cosa impresionante: la cristología, es decir, el saber sobre Jesús y el poder hablar sobre él es constitutivo el seguimiento de Jesús. Los apóstoles no aprendieron cristología leyendo libros sobre el tema ni escuchando conferencias, ni Jesús se dedicó a dar charlas de Teología. Se dedicó a vivir de una manera. Y seguirle era vivir de esa manera cuanto era posible. Jesús vivía con la gente. Estaba cerca de los enfermos y los niños. De los pobres y los excluidos. Y esa es la cristología que aprendieron.

La novedad de este libro es explicar que entre Jesús y su muerte, y su nacimiento y los Evangelios, que son posteriores al año 70, están las cartas de Pablo. Que ni conoció al Jesús terreno de la historia, ni dio muestras de interesarse mucho por conocerlo.

Y tuvo sus conflictos con Pedro y con otros.

Y sobretodo, que sin conocer a Jesús ni los evangelios se puso a organizar las primeras iglesias. Las primeras comunidades eran iglesias domésticas. Como tenía la formación de un buen judío y su experiencia de Jesús era la del resucitado, eso fue lo que transmitió.

Más espiritual.

Más espiritual y más religioso. Más ritualista y normativo. Es verdad que Pablo explicó que todos somos iguales para la salvación, que no es la ley lo que nos salva. Pero todo mirando lo transcendente. En lo inmanente, lo que hizo fue organizar iglesias domésticas. Y si eran domésticas, debían de ser en casas. Y si se reunían en casas, tenían que ser de gente con dinero. Entonces lo que ocurría, era que los líderes de las iglesias eran gente con dinero.

Para hacerle justicia a Pablo, sin haberse arrimado a estos conversos ricos, la Iglesia no hubiera podido hacer todo el proceso de evangelización y toda la creación de una cultura y de una sociedad nueva a lo largo de todo este tiempo.

Efectivamente. Estoy completamente de acuerdo y me alegro de que saques el tema. Porque Pablo, como bien notó Hans Küng, hizo dos grandísimas y geniales aportaciones. Primera: extendió el cristianismo por todo el imperio. Por tanto convirtió el pequeño movimiento de Jesús en un movimiento universal, en lo que entonces era el mundo conocido. Y, en segundo lugar, socializó aquél movimiento en las costumbres de la sociedad. Pero aquello tuvo un precio, y eso lo explico yo en el libro.

Hay cuatro problemas en los que Pablo se atascó. Leyendo a Pablo saltan a la vista cuatro cuestiones que se relacionan muy directamente con la moral, que hoy nos preocupa y nos interesa.

Primero, el tema del sexo. Por qué el sexo masculino ha de ser más dominante, con más derechos y poder que el femenino. En definitiva, la desigualdad. La gente no cae en la cuenta de esto. No es lo mismo hablar de desigualdad que de diferencia. Porque la diferencia es un hecho, pero la igualdad es un derecho.

Segundo: el modelo de familia. El modelo patriarcal. Para mí lo más genial que ha escrito el Papa actual, es decir que el amor conyugal es un amor de amistad. Y lo argumenta y lo repite. Decir esto, es revolucionar la familia.

O entenderla.

Claro. La tercera cuestión es la de la esclavitud. La esclavitud es la clave de la economía. Comprendo que esto es una lectura marxista. Pero es que en esto Marx dio en el clavo. Y esto explica por qué los ricos han podido acumular la riqueza que tienen: a costa de miles de millones de esclavos que han trabajado para ellos. Y sigue pasando hoy. Pero lo que ocurre, es que hoy sucede sin el estigma de la esclavitud. A primera vista todos somos iguales en dignidad y derechos, cuando en realidad no lo somos. Además, pasa otra cosa, antiguamente el que compraba un esclavo tenía que darle de comer todos los días. Hoy, el que tiene esclavos que trabajan par él, les da lo que considera. Y ya está. Los otros que se apañen y yo tengo una cuenta en Panamá.

Y la cuarta. Es el sometimiento a la autoridad constituida. No olvidemos, que cuando Pablo escribió esto era el tiempo de Nerón. Que no era precisamente un modelo ejemplar de gobernante. Al comienzo del capítulo XIII de la carta a los romanos, Pablo dice que la autoridad la establece Dios. Y por tanto, lo que manda la autoridad es voluntad de Dios. Y hay que someterse a Dios sometiéndose a la autoridad. Eso, lo predico yo hoy en cualquier esquina de Venezuela, o de Rusia, o de Francia, y me corren a gorrazos, con toda la razón.

Jesús no se metió en estos líos, sino que sencillamente vivió.

En realidad dijo que al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios.

Está diciendo que seamos ciudadanos, y buenos creyentes. Poner a cada uno en su sitio.

¿Qué imagen de Jesús tienes tú hoy? Después de tantos años de estudiarlo y de vivirlo.

Primero voy a decir cómo no me lo imagino. No me lo imagino como un cura. No sería obispo, por supuesto. No tendría ningún cargo. Sería un profeta itinerante que defiende con una vida intachable, y que podría ir diciendo: “si no creéis en lo que digo, por lo menos mirad lo que hago”. Que es lo que Jesús no paraba de decir. O, con otra imagen: el árbol se conoce por los frutos que produce. Sería un profeta itinerante, cercano a todo lo que es sufrimiento, dolor, miseria humana. No porque hubiera hecho un voto de pobreza. Porque el voto que hacen hoy los religiosos de pobreza es una de la fuentes de seguridad más grandes que hay. Seguridad económica.

No te entiendo.

El que pertenece a una comunidad religiosa, tiene la vida asegurada. No le va a faltar nunca nada. Esto lo aprecia el que lo ha tenido y de pronto un día se encuentra en la calle. Es mi caso. La incertidumbre te plantea muchas preguntas que los que tienen voto de pobreza no se hacen.

Jesús estaría ocupado y preocupado por los pobres, pero no desde un voto de pobreza.

Claro, sería una persona que comparte la habilidad con esta gente, la condición, la suerte. Y sería un hombre enormemente libre, para hablar, para actuar. No andaría entremezclándose en partidos políticos, sino que andaría preocupándose de las necesidades de la gente.

Tenemos que terminar. Ese Jesús se parecería un poquito a ti.

No, en absoluto. Si quieres otro día dedicamos un tiempo a ese tema. Pero no me importaría. Yo no tengo nada que ocultar. Además, si llega el día de decir cosas, voy a decirlas.

No, se parecería a muchas personas buenas y desconocidas. Jesús, cuando se puso a reunir un grupo y dijo que era de Nazaret…, yo soy de la Puebla de don Fadrique, un pueblo perdido en el último rincón de la provincia de Granada. Soy un pobre que intento, busco, quiero, pero llego adonde llego. Que no es muy lejos.

Llegas mucho y llegas bien. Un placer, Jose María. Siempre lo es cuando vienes a presentarnos libros como este. “La humanidad de Jesús” editado por Trota. Cómprenlo y léanlo.

VIDEO:

Gracias a vosotros y adelante con RD. Que es un elemento muy importante en todo el mundo hispanoparlante sobretodo.

http://www.periodistadigital.com/religion/libros/2016/05/21/jose-maria-castillo-religion-iglesia-humanidad-jesus-libro-trotta-papa-francisco-teologia.shtml?fbclid=IwAR1Gjj83nAXV

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