De Segovia a San Roque: otra protesta de los mineros del oro en Antioquia


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Unos 200 mineros del oriente del departamento completan 8 días reclamando para que Anglo Gold Ashanti y el gobierno nacional atiendan sus reclamaciones.

Los protestantes llaman a la manifestación, que se da frente a la mina Gramalote de San Roque, un municipio ubicado a unas dos horas de recorrido en carro desde Medellín, un plantón pacífico en el que “aún no participa el comercio con el cierre de establecimientos”, le contó a Noticias Caracol Jairo Castrillón, uno de los mineros.

Según Castrillón, las reclamaciones fueron emprendidas el lunes 4 de septiembre por 209 mineros que llevan cinco años tratando de negociar con Anglo Gold una serie de contratos y la creación de una reserva especial de minería que les permita formalizar el trabajo que han hecho de manera ancestral durante décadas.

“El problema grave es que la empresa aduce que está negociando con los mineros de Providencia (corregimiento donde está Gramalote), pero no mencionan a otros que viven del oro en el municipio de San Francisco, Guadualejo y La palma, en el municipio de Santo Domingo, y el municipio de Caracolí, todos en el Cañón del río Nus”, explicó.

El líder minero también menciona en sus reclamaciones a ‘agromineros’ que se mueven entre el negocio del oro y la agricultura, dependiendo de la rentabilidad de las cosechas o el mineral.

“Le solicitamos a la compañía que se siente a hacer una mesa de estudio de soluciones, que respondan a estos mineros que están negociando y reconozcan a los demás mineros existentes”, agregó Castrillón.

En sus redes sociales, Anglo Gold Ashanti dijo que “estamos comprometidos con el proceso de formalización de la minería en San Roque” y compartió un comunicado en el que asegura que confía en que la política de formalización del gobierno nacional, donde el diálogo y la concertación primen, sea exitosa.

Este es el escrito de la empresa:

https://noticias.caracoltv.com/medellin/de-segovia-san-roque-otra-protesta-de-los-mineros-del-oro-en-antioquia

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COLOMBIA: Omaira Montoya Henao Cuarenta años de su desaparición forzada.


CARLOS MEDINA GALLEGO
Docente-Investigador
Universidad Nacional de Colombia
Centro de Pensamiento y Seguimiento al Proceso de Paz (CPSPP)

 

Han transcurrido cuarenta años de la desaparición de OMAIRA MONTOYA HENAO, la primera desaparición forzada reconocida en el país, en el marco del conflicto armado al que se busca poner fin actualmente. Omaira, era bacterióloga y formaba parte de las milicias urbanas del Ejército de Liberación Nacional (ELN), una mujer joven que soñó, como muchos de su generación, con cambiar el mundo y construir una sociedad más justa y un mejor Estado, una mujer cargada de sueños y de afectos, de profundo compromiso con los oprimidos y los marginados de Colombia, una mujer enamorada de la vida.

Según las versiones que se construyen a su alrededor había decidido desde muy temprano de su existencia ingresar a la filas del ELN, siguiendo el ejemplo de muchos jóvenes que se fueron tras el ejemplo de Camilo Torres Restrepo, hacia un compromiso en el que colocaron a disposición de la lucha revolucionaria su propia capacidad de sacrificio.

Omaira Montoya Henao y Mauricio Trujillo Uribe, su compañero, fueron capturados en Barranquilla el 9 de septiembre de 1977, en el momento en que se desplazaban en un Simca verde en las inmediaciones del aeropuerto “Ernesto Cortizzos” de Barranquilla. Se dice que se les atravesó una camioneta del F2 a las 5:30 de la tarde, y que estuvieron juntos hasta que los separaron en una playa en el municipio de Soledad. Allí se perdió el rastro de Omaira y comenzó el tormento de su familia. A Mauricio Trujillo lo detuvieron, lo torturaron, lo llevaron de un lugar de detención a otro. Lo condenaron en consejo verbal de guerra a 7 años de prisión por el delito de rebelión. Ya en Bogotá, en la cárcel cuando estaba seguro de que su vida no iba a correr peligro, el 23 de septiembre, denunció la desaparición de Omaira, señalando que el 9 de septiembre los miembros del F2, del Departamento de Policía del Atlántico, en el marco de un operativo conjunto con la II Brigada del Ejército Nacional. Desde entonces Omaira se encuentra desaparecida.

Un largo proceso de búsquedas judiciales se ha emprendido alrededor del caso Omaira Montoya Henao a quien que se declaró como desaparecida desde la fecha de su captura. a pesar de que la Procuraduría investigó y determinó responsabilidades los oficiales del Ejército Nacional y de la Policía Nacional implicados en la desaparición forzada de Omaira Montoya no sólo contaron con la impunidad con que los cobijó la jurisdicción penal militar y la Procuraduría General de la Nación, sino que todos fueron ascendidos, incluso durante la tramitación de los procesos penal militar y disciplinario , tal y como se confirma en el informe Huellas y rostros de la desaparición forzada, publicado en 2014 por el Centro Nacional de Memoria Histórica (CNMH).

Al momento de su desaparición Omaira tenía 30 años y una situación de embarazo de 3 meses. Su detención –desaparición se da en el momento en que los movimientos sociales y populares se preparan para la realización del paro cívico del 14 de septiembre de 1977, contra el gobierno de Alfonso López Michelsen, quien por esa época enfrentaba a numerosos paros cívicos y protestas.

Los empeños de la familia de esta militante del ELN lograron un fallido proceso en la jurisdicción militar. Dos de los implicados en la desaparición, el comandante del departamento de Policía del Atlántico (teniente coronel Ramírez Gómez) y el capitán Álvaro Blanco Noriega fungían como juez de primera instancia y como fiscal militar, respectivamente. La investigación interna de la Policía Nacional concluyó el 4 de noviembre de 1982 y la Procuraduría Delegada para la Policía Nacional concluyó que “la señorita Omaira Montoya Henao sí fue capturada por unidades de la Policía Nacional el 9 de septiembre de 1977 y no se volvió a tener noticia de ella, o sea que desapareció desde esa fecha” esta conclusión involucra la responsabilidad de la policía y las unidades militares que participaron en la captura de Omaira y Mauricio. Aunque se recomendaron algunas destituciones, todo quedó en una sanción de 15 días de salario para el teniente García Osorio. Respecto del teniente coronel Ramírez Gómez, la Procuraduría Delegada declaró prescrita la acción disciplinaria. Igual decisión tomó respecto del subteniente Castañeda Vargas.

La historia judicial del caso de Omaira también desaparece. El 29 de noviembre de 1988, la Dirección Nacional de Instrucción Criminal le solicitó a la Seccional de Instrucción Criminal Atlántico estudiar la posibilidad de “reabrir la investigación penal”. “El 10 de enero de 1989, mediante la Resolución 0010, la Directora Seccional de Instrucción Criminal Atlántico designó al Juez 16 de Instrucción Criminal Ambulante de Barranquilla para que reabriera el caso de Omaira Montoya Henao. Hasta la fecha no se conoce de ningún resultado de esta investigación”, se concluye Huellas y rostros de la desaparición forzada.

En septiembre 1985, la revista Semana entrevistaba al general Nelson Mejía Henao, procurador delegado para las Fuerzas Militares, quien cargado de cinismo aseguraba: “Estamos en una guerra sucia desde hace treinta y cinco años, y hay gente mala, porque éste no es un país de ángeles. Pero estén seguros de que la institución militar no tapa ni esconde abusos o extralimitaciones: si lo hiciera, se acabaría. Cometemos errores, es indudable, pero somos implacables con los culpables: los castigamos”. Ningún castigo en el caso de Omaira, como en tantos otros.

La impunidad ha caminado pareja a la desaparición en Colombia. El último informe del CNMH, Hasta encontrarlos, cifra en, al menos, 2.368 casos de desaparición forzada los relacionados directamente con agentes del Estado en aquellos pocos casos en los que hay un supuesto perpetrador. Otros 222 casos tienen que ver con acciones conjuntas entre paramilitares y agentes del Estado.

Los investigadores aseguran que de esas “2.331 desapariciones forzadas atribuidas a agentes de Estado, 1.472 corresponden a miembros del Ejército Nacional, 653 a miembros de la Policía Nacional, 55 a agentes del DAS, 25 a miembros de la Armada Nacional, 7 a miembros de la Fuerza Aérea, entre otros”. (Notas Tomadas de Colombia Plural)

Es de esperarse que la comisión creada en el marco del acuerdo de paz para la búsqueda de personas detenidas-desaparecidas, comience a dar resultados y las familias de estas personas las encuentren y puedan descansar de la zozobra que significa para ellas este atroz crimen.


https://www.facebook.com/carlos.medinagallego/posts/1390483387732261

El alcalde de Cartagena encerró a los pobres para que no vean al Papa


“Nos quieren encerrar” dicen los habitantes de Ceballos, el barrio donde se llevará a cabo la misma que dará Francisco en Cartagena

Por:  Septiembre 08, 2017
El alcalde de Cartagena encerró a los pobres para que no vean al Papa

Francisco es el papa de los pobres, pero eso le importó poco al alcalde encargado de Cartagena Jaime Londoño Zurek, a  Zully Salazar presidenta de la Corporación de Turismo de Cartagena, y a Padre Javier Eduardo Rosanía, coordinador de la visita papal en Cartagena. Por un lado a los vecinos pobres de donde dará la misa de despedida los encerraron con muros y rejas, mientras que el escenario escogido es del clan García Romero y de los Parody, las familias más poderosas de Cartagena.

Después del almuerzo, bajo el inclemente sol costero, el papa se despedirá de Colombia con una misa en Contecar, un descampado de 50 hectáreas donde se almacenan todos los contenedores de carga que llegan a la Sociedad Portuaria de Cartagena.

La Sociedad Portuaria tiene poderosos dueños. La familia de la exministra Gina Parody, cuestionada por la adjudicación del otro sí de Ocaña-Gamarra a Odebrecht; los Salas y los Ochoa, familias tradicionales que compraron sus acciones en medio de escándalos en 1993; y la familia García Romero.

El papa, seguramente sin saberlo, se despedirá de nuestro país desde un terreno del cual es socio el primer senador en recibir una condena ejemplarizante por paramilitarismo. Álvaro El Gordo García, uno de los hermanos socios de la Sociedad Portuaria, está pagando 40 años de cárcel por haber diseñado y ordenado el asesinato de 15 campesinos en el sur de Sucre, conocida como la Masacre de Macayepo.

En 1993 se quebró el puerto público de Cartagena, y salió a licitación para que los compraran empresarios privados. Un año antes había sido elegido como alcalde de la ciudad Gabriel Antonio García Romero, hermano del Gordo García. La alcaldía tuvo la oportunidad de comprar más de 200,000 acciones de la Sociedad por unos $137 millones, pero García Romero dijo que no había tanto dinero y solo compró 43,019.

Paralelamente Cecilia Buelvas, la empleada de Stella Sotelo de García mamá de los hermanos García Romero, compró acciones de la Sociedad Portuaria a través de la empresa Tractores del Caribe. La familia García Romero esperó cinco años para apoderarse de esas acciones, pero en 1998 Juan José y su esposa Piedad Zuccardi se hicieron a sus acciones. Luego los otros hermanos tuvieron puestos desde los que ayudaron a conseguir lotes que luego usufructuó la Sociedad Portuaria. Dos de los hermanos – El Gordo y Juan José

La misa de despedida se centrará en los derechos humanos y la dignidad humana. Pero solo la podrán ver los que entren al lote del clan García Romero, a pesar de que linda con uno de los barrios más populares de Cartagena.

Frente a Contecar, desde donde se hará la misa, queda Ceballos y los habitantes del barrio tenían la esperanza de escuchar al papa de los pobres. Pero el miércoles a la madrugada el sueño se les vino abajo: contratistas de la Corporación de Turismo de Cartagena comenzaron a levantar vallas de dos metros y medio de alto.

Dos kilómetros tenían el muro, pero los habitantes se resistieron a ver una pared y comenzaron a presionar al alcalde encargado, Sergio Londoño Zurek, quien dijo que había sido un exabrupto del contratista. La construcción del muro se hizo con los $5,000 millones de pesos que envió el gobierno nacional y que estaba administrando la corporación de turismo.

La presión se tornó inaguantable y Sergio Londoño mandó a quitar las paredes, pero su solución despertó aún más la indignación, pues detrás del empleado que removía la valla, iba otro poniendo una reja de dos metros de alto. Según el alcalde, tienen que ponerla pues hay un desnivel, pero para Marta Angulo, presidenta de la Junta de Acción Comunal, “nos quieren esconder como si tuviéramos una enfermedad”. Cuando en redes sociales comenzaron a cuestionar las vallas, el alcalde se lavó la manos le endilgó la culpa al contratista y a la Corporación de Turismo, junta directiva que él mismo preside y se olvidó que había sido él quien sacó pecho cuando le hacían los reconocimientos por la organización de la visita papal y no mencionaba la labor de la Corporación.

Juan Diego Perdomo es uno de los activistas que denunció con vehemencia las separaciones del lote con el barrio: “Cambiaron las vayas por rejas tipo campo de concentración durante el Holocausto. Pésimo mensaje que atenta con la dignidad humana.”

Los habitantes no se explican cómo no pueden poner vallas bajas de metro y medio, como las de los conciertos, y un cordón policial. Así han hecho en todo el país. Pero por ahora quieren saber cómo el alcalde Londoño y la presidenta de la corporación Zully Salazar permitieron la encerrona a los habitantes de Ceballos, mientras otros se preguntan cómo el Padre Javier Eduardo Rosanía, el vocero de la visita del papa a Cartagena, dio el visto bueno para que la última presencia del papa en nuestro país se diera en un lote del que son socios los hermanos García Romero, condenados por corrupción y paramilitarismo.

https://www.las2orillas.co/alcalde-cartagena-encerro-los-pobres-no-vean-al-papa/

“Proyectos mineros están acabando la Sierra Nevada”: Consejo Territorial Indígena


En una reciente reunión con la Corte Constitucional y el procurador general de la nación, Fernando Carrillo, las etnias indígenas de la Sierra Nevada de Santa Marta expusieron problemas culturales y ambientales que están deteriorando el macizo montañoso de forma acelerada, principalmente por acción de la actividad minera, y lo dicho alarmó tanto al Ministerio Público al punto que definió una agenda de atención y seguimiento prioritaria sobre esta zona del país.

La preocupación de los indígenas kogui, arhuacos, wiwas y kankuamos principalmente se mostró orientada a la desaparición de la Línea Negra, que es para ellos un territorio sagrado que está siendo atacado por minería legal e ilegal, sobre la cual existen 132 títulos mineros vigentes y 244 solicitudes más para ejecución de proyectos según la Agencia Nacional Minera.

Según el Consejo Territorial Indígena, la minería está contaminando 30 ríos del Magdalena que nacen en las zonas altas de la Sierra Nevada y han bajado dramáticamente su caudal hasta en un 70%, como por ejemplo los ríos Manzanares, Piedras o Gaira que bañan la ciudad de Santa Marta; además está afectando ríos que bañan el Cesar como el Gutapurí que de los 11.200 litros por segundo que recorrían su cauce hace dos décadas hoy solo alcanza los 5.000.

En un documento que los indígenas entregaron a la Procuraduría y la Corte Constitucional, advirtieron que la situación de los ríos podría agravarse con la puesta en marcha de un nuevo proyecto de hidroeléctrica sobre el Río Don Diego, en jurisdicción de Santa Marta, que utilizará el 80% de su caudal.

Las etnias también denunciaron que los proyectos mineros están impidiendo su derecho al tránsito por los caminos que conducen a lugares sagrados, impidiéndoles hacer pagamentos y fortalecer la enseñanza de su cultura ancestral a los más jóvenes.

El Consejo Territorial Indígena le habló a la Procuraduría y la Corte sobre el estado de la Ciénaga Grande de Santa Marta, que también hace parte de la Línea Negra, indicando que en ese ecosistema especial los bosques se están muriendo por quemas indiscriminadas que en 2014 arrasaron con 3 mil hectáreas, los espejos de agua se redujeron de 3.109 a 739 entre 2002 y 2012, animales han desaparecido como el jaguar, el paujil pico azul, la danta y algunos tipos de guacamaya; y las tierras degradadas aumentaron de 67 hectáreas en 2002 a 12.567 en 2012.

Según el informe de los indígenas, la pérdida del glacial de la Sierra Nevada retrocedió en un 85% entre los años 1850 y 2012 pero en 2017 se incrementó al 92%.

Por último, el Consejo Territorial Indígena aseguró ante el procurador Carrillo y la Corte Constitucional que sus pueblos están dispuestos a negociar los proyectos energéticos y mineros en la Sierra Nevada pero continuarán en su posición de no participar en ninguna consulta previa hasta que haya una solución estructural a los problemas que esos procesos le están causando al macizo montañoso.

Fuente:http://caracol.com.co/emisora/2017/09/04/santa_marta/1504528828_994034.html

Tragedia en Cauca: campesinos se enfrentaron a fuerza pública y una persona murió


El enfrentamiento ocurrió en zona rural de Morales, Cauca, con una comunidad que se opone a la erradicación forzada de cultivos ilícitos. Hubo 4 heridos.

Los lamentables hechos se presentaron exactamente en la vereda San Isidro, donde un campesino murió y cuatro más resultaron heridos. 

Son de esos hechos que uno quisiera que no se presentarán de confrontación entre la fuerza pública y la comunidad, máxime después de un proceso de paz, cuando esperábamos que las cosas se dieran con mayor calma”, dijo Luis Miguel Correa, personero de Morales

Asimismo, hizo un llamado a la comunidad y autoridades para que se recurra al diálogo para evitar “llegar a estas instancias”.

Los campesinos denuncian que, a pesar de la existencia de una mesa de conversaciones para tratar el tema de la erradicación, fueron agredidos por la fuerza pública.

“Donde se iban a definir acuerdos de erradicación, pero llega el Ejército, atropella a la población civil, no les importa si hay niños, ancianos, mujeres embarazadas. Es más, hay una vivienda donde estaba una señora con niños y la llenaron de gas”, afirmó Yamilet Gonzales, campesina de la región.

En ese sentido, pidió que se esclarezca lo sucedido y sostuvo que su comunidad sí está dispuesta a concertar una solución sobre los cultivos ilícitos en la zona.

“Que no quede en la impunidad nada. Nosotros sabemos que no es bueno tener esa mata allá, pero no tenemos alternativa y, peor con lo que está pasando, el Gobierno no nos está dejando opción. Nosotros sí queremos dialogar y llegar a unos acuerdos”, indicó la mujer.

Después de la mediación de los organismos defensores de derechos humanos se acordó una reunión entre las partes para buscar una salida negociada a este conflicto.

Por la gravedad de las lesiones, dos de los cuatro campesinos heridos fueron remitidos hasta centros asistenciales de Popayán.

https://noticias.caracoltv.com/cali/tragedia-en-cauca-campesinos-se-enfrentaron-fuerza-publica-y-una-persona-murio

Tensión en el Paramillo por avance ‘gaitanista’


El reciente asesinato de un líder campesino e integrante del movimiento político Marcha Patriótica en zona rural del municipio de Carepa, Urabá antioqueño, deja en evidencia el avance de las Autodefensas Gaitanistas de Colombia a zonas de antiguo dominio de las Farc, poniendo en grave riesgo la vida de dirigentes sociales, activistas y comunidades campesinas e indígenas.

saiza 1El caserío de Saiza ha estado por décadas en el centro de las disputas territoriales de la guerrilla de las Farc, paramilitares de las Autodefensas Unidas de Colombia (Auc) y ahora de las llamadas Autodefensas Gaitanistas de Colombia (Agc). Foto: Juan Diego Restrepo E.El nuevo año no arranca nada bien para los líderes campesinos, los dirigentes comunitarios y defensores de derechos humanos del Urabá cordobés. En la mañana del pasado 11 de enero, miembros de la Policía Nacional hallaron el cuerpo sin vida de José Yimer Cartagena Úsuga, vicepresidente de la Asociación Campesina del Alto Sinú (Asodecas) e integrante del movimiento político Marcha Patriótica. Horas antes, miembros de esta organización política habían denunciado públicamente su desaparición forzada.

Según informaron voceros de Marcha Patriótica, José Yimer partió en la mañana del 10 de enero desde la vereda El Cerro, en límites con el municipio de Tierralta, Córdoba, rumbo al casco urbano de Carepa, Urabá antioqueño, pero al llegar al sitio conocido como La Petrolera fue abordado por varios hombres que se movilizaban en una camioneta color blanco, quienes lo obligaron a subirse al automotor. “Y a quienes alcanzaron a ver algo los amedrentaron, que no podían decir nada”, señalaron los voceros del movimiento político.

Tal como lo pudo establecer VerdadAbierta.com con integrantes de la Defensoría del Pueblo, Regional Córdoba, el líder campesino, reconocido por promover diálogos de paz en su región, venía recibiendo intimidaciones desde finales de 2016 por parte de integrantes de las llamadas Autodefensas Gaitanistas de Colombia (Agc). Con su muerte ya son 129 los integrantes de Marcha Patriótica asesinados desde su fundación en 2010. Sin embargo, lo que más preocupa a los integrantes de este movimiento político es que hechos como este se pueden repetir en el Urabá antioqueño y cordobés.

“Todos los integrantes de Marcha Patriótica del sur de Córdoba -Tierralta, Montelíbano- han recibido amenazas en los últimos meses. También hay una situación muy delicada de los miembros de Marcha en (corregimiento) San José de Apartadó, en Carepa, en (corregimiento) Nuevo Antioquia y también se están presentando tensiones en Dabeiba y Peque (occidente de Antioquia)”, declararon voceros de esta organización política a VerdadAbierta.com

Avance ‘gaitanista’

saiza 2Tres frentes de las Farc se encuentran en fase de preconcentración en la región del Nudo del Paramillo y en sus inmediaciones las Agc están llegando a dominar la región, lo que se convierte en un factor de riesgo para el proceso. Foto: Juan Diego Restrepo E.Para los miembros de Marcha Patriótica, la muerte del dirigente campesino constituye prueba  fehaciente de las denuncias formuladas desde finales de 2016 y las cuales, dicen, no han sido atenidas ni por las autoridades civiles ni militares sobre la creciente expansión de las Autodefensas Gaitanistas de Colombia (Agc), también conocidas como ‘Clan del Golfo’, organización criminal que consolidó su presencia en el norte del Urabá antioqueño y ahora busca incursionar en territorios anteriormente dominados por la guerrilla de las Farc, sobre todo en el sur de Córdoba.

Y quienes están padeciendo los efectos de dicha expansión son los líderes campesinos. En efecto, mediante Informe de Riesgo 037-16 de Inminencia del 23 de noviembre de 2016, el Sistema de Alertas Tempranas (SAT) de la Defensoría del Pueblo llamó la atención sobre la situación de alta vulnerabilidad en que se encontraban los líderes sociales, dirigentes indígenas, los transportadores fluviales, integrantes de la Asociación de Campesinos del Sur de Córdoba (Ascsucor) y Asociación Campesina del Alto Sinú (Asodecas) y, en general, todos los habitantes de la zona de confluencia de la represa Urrá I, por cuenta de la expansión de los ‘gaitanistas’ hacia territorios de donde salieron los frentes 5, 18 y 58 de las Farc con el fin de iniciar el camino hacia la legalidad bajo los acuerdos con el gobierno nacional.

De acuerdo con el SAT de la Defensoría, los guerrilleros ya comenzaron a abandonar sus dominios territoriales para preconcentrarse en inmediaciones del corregimiento Crucito, de Tierralta, Córdoba, de donde partirán hacia la vereda Gallo de este municipio, designada por el gobierno nacional y las Farc como la Zona Veredal de Normalización y Tránsito (ZVNT). Esta situación viene siendo aprovechada por los ‘gaitanistas’ para ingresar a tierras del sur cordobés a través las localidades antioqueñas de Carepa, Chigorodó y Mutatá.

“Desde el 9 de septiembre de 2016 se tuvo conocimiento de la llegada de un contingente de hombres vestidos con uniformes camuflados y portando armas largas, con brazaletes de las Agc, provenientes del Urabá antioqueño a las veredas El Cerro, El Llano, La Luna y La Estrella. Este mismo grupo permaneció en la zona unos dos meses y posteriormente se dirigió (el 3 de noviembre de 2016) al centro poblado del corregimiento Saiza, donde permanecieron hasta el 17 de noviembre de 2016 de manera intermitente. Allí abordaron a los campesinos para decirles que no tuviesen miedo, que ellos venían a asumir el control del territorio para evitar la entrada de otros grupos armados a la región.”, según se lee en el Informe.

El hecho generó pánico y zozobra entre los pobladores de Saiza, situación más que entendible si se tiene en cuenta que este caserío, incrustado en el corazón del Nudo de Paramillo, ha sido escenario constante de una guerra que parece perpetuarse. El 22 de agosto de 1988 guerrilleros del Frente 5 de las Farc atacaron la única estación de Policía que han tenido los saiceños; mientras que el 14 de julio de 1999, los paramilitares de Carlos y Vicente Castaño masacraron 14 campesinos, quemaron varias viviendas y obligaron al éxodo de todos los lugareños.

Información recopilada por esta Agencia del Ministerio Público señala que los ‘gaitanistas’ vienen forzando la venta de predios en las veredas Buchegallo, La Luna y La Estrella, en límites con el municipio de Tierrralta, hecho que ha generado la respuesta violenta de miembros del Frente 5 de las Farc, quienes han amedrentado a varios labriegos.

A ello se suman crecientes denuncias de abusos sexuales por parte de miembros de las Agc en veredas como San Felipe de Cadillo y el asesinato del campesino Armando Bedolla Fabra, ocurrida el 10 de septiembre de 2016 a manos de los ‘gaitanistas’ en esta misma vereda. Denuncias consignadas por el SAT de la Defensoría señalan que su cuerpo fue desmembrado.

Interés ‘narco’

saiza 3Uno de los botines en disputa en el Nudo de Paramillo es la hoja de coca para uso ilícito. Esta región registra aumentos significativos de sembradíos, lo que atrae a grupos armados ilegales. Foto: Juan Diego Restrepo E.¿Por qué el interés de los ‘gaitanistas’ por los territorios que vienen abandonando las Farc? Todas las hipótesis apuntan a asumir el control de la población, del territorio y de la economía  ilegal del narcotráfico que viene creciendo en Córdoba, tal como lo muestra el monitoreo a los cultivos de hoja de coca que anualmente realiza la Oficina en Colombia de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (Unodc).

El más reciente informe de esta dependencia muestra un notable incremento en las hectáreas sembradas con hoja de coca en el departamento de Córdoba, que pasó de tener 560 hectáreas en 2014 a 1.363 ha en 2015, lo que representa un aumento de más del 143 por ciento. El 77 por ciento de los cultivos cocaleros se encuentran en jurisdicción del municipio de Tierralta, principalmente en áreas del Parque Nacional Natural Paramillo, siendo a su vez el parque natural del país más afectado por la presencia de cultivos ilícitos: 774 ha aproximadamente.

Lo anterior supone varios  riesgos para el proceso de dejación de armas de las Farc, toda vez que los hechos que viene denunciando el SAT de la Defensoría se registran a varios kilómetros de la vereda Gallo, de Tierralta, designada como una de ZVNT. Si bien en el pasado las Farc y los ‘gaitanistas’ establecieron sendos pactos para el control y manejo de la economía ilegal del narcotráfico en el Paramillo, aún es incierto el futuro de estos pactos -y de la actividad económica como tal- una vez este grupo guerrillero deje sus armas.

Las preocupaciones también giran en torno a las disidencias que pueda generar al interior de las filas de las Farc la creciente presencia de los ‘gaitanistas’ en la región y la permanencia de una oferta de “trabajo ilegal”. ¿Habrá mandos medios o, incluso, guerrilleros rasos, que se opongan a los términos del Acuerdo de Paz y decidan continuar lucrándose del negocio del narcotráfico que viene consolidándose peligrosamente en el sur de Córdoba? Son algunas de las preguntas que se formulan líderes campesinos, movimientos políticos y organismos humanitarios.

Por lo pronto, los miembros de las organizaciones campesinas del sur de Córdoba esperan acciones contundentes de las autoridades de Policía y militares frente a los ‘gaitanistas’; que se esclarezcan los hechos que rodearon el asesinato del líder campesino José Yimer Cartagena Úsuga y que más casos como este no se vuelvan a repetir.

http://www.verdadabierta.com/victimas-seccion/asesinatos-colectivos/6513-tension-en-el-paramillo-por-avance-gaitanista

“Todos, de un modo u otro, también somos víctimas. Inocentes o culpables, pero todos víctimas”


Francisco saluda a víctimas y victimarios

El Papa preside un emocionante encuentro de reconciliación en Villavicencio

“Colombia, déjate reconciliar. Es hora de sanar heridas, tender puentes, limar diferencias”

Jesús Bastante, 09 de septiembre de 2017 a las 00:28

Es la hora para desactivar los odios y renunciar a las venganzas y abrirse a la convivencia basada en la justicia, la verdad y la creación de una verdadera cultura del encuentro fraterno. Que podamos habitar en armonía y fraternidad

Una de las intervenciones/>

Una de las intervenciones

(Jesús Bastante).- Cuando dentro de muchos años, los fieles hablen sobre el pontificado de Francisco, resultará imposible no recordar el momento vivido esta noche en el Parque Las Malocas de Villavicencio. La emoción de un Papa que escuchaba, visible conmovido, las palabras de víctimas y victimarios, a los pies de la rotunda imagen del Cristo de Bojayá, una figura sin brazos ni piernas, destruida en una explosión durante los combates entre las FARC y los paramilitares en 2002. Aquel día, en el templo, murieron 79 personas.

El Cristo mutilado fue testigo mudo de las experiencias de cuatro personas, reflejo del dolor y el sufrimiento de un país, pero también de sus ganas de levantarse y construir un mundo nuevo, donde la paz, la justicia y la misericordia venzan al odio, la venganza y la enemistad. Los distintos conflictos en Colombia se han cobrado la vida de 8.432.104 personas. “Todos ellos víctimas“, como recordó el Papa en su alocución.

Sin lugar a dudas, el testimonio más impactante vino de la mano de Pastora Mira García, quien a lo largo de los años sufrió el asesinato de su padre y de su marido, el secuestro y muerte de su hija y el asesinato de su otro hijo. Que cuidó “al asesino de mi padre, que estaba enfermo, anciano y abandonado”. Y que desde 2004 viene acompañando a familias víctimas de los secuestros, como ella misma. Durante siete años esperó el regreso de su hija, en vano. Su hija, que regaló una camisa a su otro hijo, muerto en 2005, tres días antes de que su asesino llegara a su casa malherido y le revelara cómo lo habían torturado antes de matarlo.

 

 

Y sin embargo, en su mirada, la misma del Cristo de Bojayá, sólo se veía un deseo, el de la paz. “Coloco el dolor y el sufrimiento de las miles de víctimas a los pies de Jesús, para que lo una al suyo, y sea transformado en bendiciones y capacidad de perdón para romper el ciclo de violencia que en las últimas cinco décadas ha sufrido Colombia”, señalaba Pastora, que quiso entregar, junto a la vela que cada uno de los intervinientes colocaban al lado de la imagen, la camisa que su hija entregó a su hermano, “como auspicio de que eso nunca vuelva a ocurrir, y que la paz triunfe en Colombia”.

Antes, Juan Carlos Murcia, que fue reclutado por las FARC y perdió su mano izquierda manipulando explosivos; o Desisy Sánchez, reclutada para las autodefensas unidas de Colombia; o Luz Dary, víctima de las minas antipersonas. Juntos, víctimas y victimarios, que no se resignaron a vivir llenos de odio.

En sus palabras, el Papa parecía no saber qué decir, más que reconocer el gesto de sus cuatro interlocutores. “Vengo aquí con respeto y con una conciencia clara de estar, como Moisés, pisando un terreno sagrado. Una tierra regada con la sangre de miles de inocentes, heridas que cuesta cicatrizar y que nos duelen a todos, porque cada violencia cometida contra un ser humano es una herida en la carne de la Humanidad”.

“Estoy aquí no tanto para hablar yo, sino para estar cerca de ustedes, mirarlos a los ojos, para escucharlos, abrir mi corazón a vuestro testimonio de vida y de fe”, proclamó el Papa, quien deseó “llorar con ustedes”. “Quisiera que recemos juntos y que nos perdonemos. Yo también tengo que pedir perdón. Y que así todos juntos podamos mirar y caminar hacia adelante, con fe y esperanza”.

Mirando al Cristo de Bojayá, “mutilado, herido”, el Papa puso a todas las víctimas del conflicto. “Ya no tiene brazos, y su cuerpo ya no está, pero conserva su rostro, y con él nos mira y nos ama. Cristo roto y amputado, para nosotros, es más Cristo aún, porque nos muestra una vez más que él vino para sufrir por su pueblo y con su pueblo“.

 

 

 

 

“Y para enseñarnos, también, que el odio no tiene la última palabra, que el amor es más fuerte que la muerte y la violencia”, y que se puede transformar el dolor en vida, “para que aprendamos la fuerza del perdón, la grandeza del amor”.

“Estoy conmovido, son historias de sufrimiento y amargura, pero también y sobre todo historias de amor y perdón, que nos hablan de vida y esperanza, de no dejar que el odio la venganza y el dolor se apoderen de nuestro corazón”, añadió el Papa, quien dio las gracias “por el testimonio de los que han inflingido dolor y piden perdón, de los que han sufrido injustamente, y perdonan. Eso ya es un signo enorme de que quieren restaurar la paz y la concordia en esta tierra colombiana”.

Dirigiéndose a Pastora Mira, el Papa sostuvo que “la violencia engendra violencia, y la muerte más muerte. Tenemos que romper esa cadena, y eso solo es posible con el perdón y la reconciliación concreta“. Es Cristo quien “te ha dado esa fuerza para perdonar y para amar, y para ayudarte a ver en la camisa que tu hija regaló a tu hijo no sólo el recuerdo de sus muertes, sino la esperanza de que la paz triunfe definitivamente en Colombia. Gracias, gracias”.

 

 

Refiriéndose a Luz Dary, mutilada por las minas, Francisco subrayó que “las heridas del corazón son más profundas y difíciles de curar que las del cuerpo”. La mujer entregó al Cristo una de sus muletas, y Bergoglio reconoció que “ese andar espiritual no necesita violencia, es rápido y firme porque piensas en los demás y en ayudarlos”.

Finalmente, y sobre los testimonios de Daisy y Juan Pablo, el Papa indicó que “todos, de un modo u otro, también somos víctimas. Inocentes o culpables, pero todos víctimas, los de un lado y los del otro, todos víctimas. Todos unidos en esa pérdida de humanidad que supone la violencia y la muerte”.

No todo está perdido. Hay esperanza para quien hizo el mal“, concluyó Bergoglio, quien recordó que “en Colombia todavía hay espacio para la cizaña, no nos engañemos. Estén atentos a los frutos, cuiden el trigo, no pierdan la paz por la cizaña”.

 

 

“No impidamos que la justicia y la misericordia se unan en un abrazo. Sanemos aquel dolor y acojamos a todo ser humano que cometió delitos, los reconoce, se arrepiente y se compromete a reparar, contribuyendo a la contribución de un orden nuevo donde brille la justicia y la paz”, culminó. Porque “en todo este proceso largo, difícil pero esperanzador de la reconciliación, resulta indispensable asumir la verdad. Es un desafío grande pero necesario. La verdad es compañera inseparable de la justicia y la misericordia. Las tres son imprescindibles para construir la paz”.

Ante eso, incidió en que la verdad “no debe conducir a la venganza, sino a la reconciliación y al perdón“, pues “verdad es contar a las familias desgarradas por el dolor lo que ha ocurrido con sus parientes desaparecidos, contar qué pasó con los menores reclutados, reconocer el dolor de las mujeres víctimas de la violencia y de abuso”.

Colombia, abre tu corazón de pueblo de Dios, déjate reconciliar. Es hora de sanar heridas, de tender puentes, de limar diferencias. Es la hora para desactivar los odios y renunciar a las venganzas y abrirse a la convivencia basada en la justicia, la verdad y la creación de una verdadera cultura del encuentro fraterno. Que podamos habitar en armonía y fraternidad”.

 

 

Tras el encuentro y la bendición, el Papa se detuvo en la Cruz de la Reconciliación en el Parque de los Fundadores, donde tras rezar por espacio de diez minutos, plantó un árbol junto tres niños, como símbolo de la paz entre los pueblos y la reconciliación que tanto ansía Colombia. Después, el “Pastor Uno” reemprendió vuelo hacia Bogotá, donde Francisco descansará. Próxima etapa: Medellín.

 

 

Por su interés, les ofrecemos los cuatro testimonios:

 

 

1) – Testimonio de Juan Carlos Murcia Perdomo (por 12 años en las FARC) sobre la Verdad

Papa Francisco,
Soy Juan Carlos Murcia Perdomo, provengo del Caquetá y por 12 años he estado en las FARC. Cuando me reclutaron tenía dieciséis años; después de poco tiempo perdí la mano izquierda, manipulando explosivos.
Al inicio colaboré con convicción en la causa de la revolución. Así, fui promovido a comandante de escuadra con la tarea de acercarme a la población para ilustrarla sobre la doctrina de nuestro grupo alzado en armas. Con el tiempo, sin embargo, me sentí frustrado y utilizado. Al mismo tiempo, sentía una ansiosa nostalgia por mis padres, de los cuales me habían obligado a perder cualquier rastro.
A pesar de que me enseñaron que el único verdadero Dios son las armas y el dinero, no perdí del todo la fe y Dios me hizo comprender que la violencia no es verdad y que debía salir de la selva más profunda, la de mi corazón esclavizado por el mal, si quería vivir feliz. Percibía que la verdadera revolución traía consigo, ante todo, que asumiera la verdad sobre mí mismo, como también la aceptación de las obligaciones de la justicia respecto a mí y la demostración de que definitivamente he cambiado.
De este modo nació Funddrras, una Fundación para el desarrollo del deporte: al inicio doce, y ahora setenta jóvenes, a quienes, a través del deporte, ayudo a no ser reclutados ni por las armas ni por las drogas. Ellos me han enseñado muchas cosas y yo he buscado trasmitirles a ellos la pasión por la verdad y la libertad.
Con esta misma pasión he aceptado dar hoy mi testimonio. Puedo pedir así una vez más perdón, mi corazón se desahoga y me siento más libre.

 

 

2) – Testimonio de Deisy Sánchez Rey (reclutada para las Autodefensas Unidas de Colombia) sobre la Justicia

Santidad,
Me llamo Deisy Sánchez Rey y provengo de Barrancabermeja, Santander. A los 16 años fui reclutada por mi hermano para las Autodefensas Unidas de Colombia. Por 3 años abracé las armas, desempeñándome sobre todo en las comunicaciones, hasta cuando fui arrestada.
Después de más de dos años de cárcel quería cambiar de vida, pero las AUC me obligaron a entrar nuevamente en sus filas, donde permanecí hasta cuando se desmovilizó el Bloque Puerto Boyacá, del cual era integrante.
En mi familia no todos son católicos, pero personalmente permanecí cercana a la Iglesia y, en la Eucaristía dominical, encuentro ahora consuelo y una orientación para el futuro. He comprendido, por ejemplo, aquello que ya sentía desde hacía tiempo, o sea que yo misma había sido una víctima y tenía necesidad de que me fuese concedida una oportunidad. He aceptado también que era justo que aportase a la sociedad, a la cual había hecho daño gravemente en el pasado. Así, decidí estudiar sicología y ahora aporto al trabajo con población víctima de la violencia y ayudo profesionalmente a jóvenes vulnerables y personas adultas en rehabilitación por consumo de sustancias psicoactivas.
Pido al Señor, y a Usted Santo Padre, que rece para que los victimarios se dignifiquen a sí mismos, y a las víctimas, dándoles la cara, mostrándose disponibles a saldar sus deudas con la justicia y a contribuir positivamente a la sociedad que han lacerado. ¡Muchas gracias!

 

 

3) – Testimonio de Luz Dary Landazury (víctima de la explosión de un artefacto) sobre la Misericordia

Papa Francisco,
Soy Luz Dary Landazury. El 18 de octubre del 2012 la explosión de un artefacto puesto por la guerrilla en los alrededores de Tumaco, en el Océano Pacífico colombiano, acabó irremediablemente con mi talón de Aquiles, fracturó mi tibia y el peroné y puso en riesgo de amputación mi pierna izquierda. Las esquirlas provocaron decenas de heridas en mi cuerpo. De aquel día recuerdo solo los gritos de la gente y que había sangre por todas partes. Lo que más me aterrorizaba era la suerte de Luz Ariana, mi niña de 7 meses: ella estaba cubierta de sangre y en su rostro se le habían incrustado innumerables pedazos de vidrio.
Ahora Luz Ariana está bien y yo me he recuperado lentamente, gracias a Dios, a través de la Diócesis de Tumaco. Hoy deseo ofrecer a Cristo crucificado la única muleta que me queda después del atentado y que he usado para la recuperación. La segunda la he regalado a otra víctima, que la necesitaba urgentemente.
Aquella bomba es como si hubiera estallado también dentro de mi corazón, para permitirme curar las heridas mucho más profundas que aquellas de la piel. Al inicio sentía rabia y rencor, pero después he descubierto que, si me limitaba a transmitir este odio, creaba más violencia todavía. He entendido que muchas víctimas tenían necesidad de descubrir, por medio de mi experiencia, que tampoco para ellas había terminado todo y que no se puede vivir del rencor. Así he comenzado a visitarles y a ayudarles, me he preparado para enseñar a prevenir el riesgo de accidentes por los millones de minas sembradas en nuestro territorio, y ahora me siento mejor. Doy gracias a Dios por haber comprendido que ayudar a los demás no es tiempo perdido, sino que me enriquece.

 

4) – Testimonio de Pastora Mira García (víctima de la violencia) sobre la Paz

Santidad,
Me llamo Pastora Mira García, soy católica, viuda y, en varias ocasiones, víctima de la violencia. Cuando tenía 6 años, la guerrilla y los paramilitares no habían llegado todavía a mi pueblo: San Carlos, Antioquia. Mi padre fue matado. Años más tarde, pude cuidar a su asesino, quien, en ese momento, se había enfermado, era ya anciano y estaba abandonado.
Cuando mi hija tenía solo 2 meses, mataron a mi primer marido. En seguida, entré a trabajar en la inspección de policía, pero tuve que renunciar por las amenazas de la guerrilla y los paramilitares, que se habían instalado en la zona. Con muchos esfuerzos logré montar una juguetería, pero la guerrilla empezó a cobrarme vacunas, por lo cual terminé regalando las mercancías.
En 2001, los paramilitares desaparecieron a mi hija Sandra Paola; emprendí su búsqueda, pero encontré el cadáver solo después de haberlo llorado por 7 años. Todo este sufrimiento me ha hecho más sensible al dolor ajeno y, a partir de 2004, trabajo con las familias de las víctimas de desaparición forzada y con los desplazados.
¡Pero no todo estaba aún cumplido! En 2005, el Bloque Héroes de Granada, de los paramilitares, asesinó a Jorge Aníbal, mi hijo menor. Tres días después de haberlo sepultado, atendí, herido, a un jovencito y lo puse a descansar en la misma cama que había pertenecido a Jorge Aníbal. Al salir de la casa, el joven vio sus fotos y reaccionó contándome que era uno de sus asesinos y cómo lo habían torturado antes de matarlo. Doy gracias a Dios que, con la ayuda de Mamita María, me dio la fuerza de servirle sin causarle daño, a pesar de mi indecible dolor.
Ahora coloco este dolor y el sufrimiento de las miles de víctimas de Colombia a los pies de Jesús Crucificado, para que se una al suyo y, a través de la plegaria de Su Santidad, sea transformado en bendición y capacidad de perdón para romper el ciclo de violencia de las últimas 5 décadas en Colombia. Como signo de esta ofrenda de dolor, depongo a los pies de la cruz de Bojayá la camisa que Sandra Paola, mi hija desaparecida, había regalado a Jorge Aníbal, el hijo que me mataron los paramilitares. La conservamos en familia como auspicio de que todo esto nunca más vaya a ocurrir y la paz triunfe en Colombia.
Dios transforme el corazón de quienes se niegan a creer que con Cristo todo puede cambiar y no tienen la esperanza de un país en paz y más solidario.

 


 

Este fue el discurso del Papa:

 

Queridos hermanos y hermanas:
Desde el primer día he deseado que llegara este momento de nuestro encuentro. Ustedes llevan en su corazón y en su carne las huellas de la historia viva y reciente de su pueblo, marcada por eventos trágicos pero también llena de gestos heroicos, de gran humanidad y de alto valor espiritual de fe y esperanza. Vengo aquí con respeto y con una conciencia clara de estar, como Moisés, pisando un terreno sagrado (cf. Ex 3,5). Una tierra regada con la sangre de miles de víctimas inocentes y el dolor desgarrador de sus familiares y conocidos. Heridas que cuesta cicatrizar y que nos duelen a todos, porque cada violencia cometida contra un ser humano es una herida en la carne de la humanidad; cada muerte violenta nos disminuye como personas.
Y estoy aquí no tanto para hablar yo sino para estar cerca de ustedes y mirarlos a los ojos, para escucharlos y abrir mi corazón a vuestro testimonio de vida y de fe. Y si me lo permiten, desearía también abrazarlos y llorar con ustedes, quisiera que recemos juntos y que nos perdonemos -yo también tengo que pedir perdón- y que así, todos juntos, podamos mirar y caminar hacia delante con fe y esperanza.
Nos reunimos a los pies del Crucificado de Bojayá, que el 2 de mayo de 2002 presenció y sufrió la masacre de decenas de personas refugiadas en su iglesia. Esta imagen tiene un fuerte valor simbólico y espiritual. Al mirarla contemplamos no sólo lo que ocurrió aquel día, sino también tanto dolor, tanta muerte, tantas vidas rotas y tanta sangre derramada en la Colombia de los últimos decenios. Ver a Cristo así, mutilado y herido, nos interpela. Ya no tiene brazos y su cuerpo ya no está, pero conserva su rostro y con él nos mira y nos ama. Cristo roto y amputado, para nosotros es «más Cristo» aún, porque nos muestra una vez más que Él vino para sufrir por su pueblo y con su pueblo; y para enseñarnos también que el odio no tiene la última palabra, que el amor es más fuerte que la muerte y la violencia. Nos enseña a transformar el dolor en fuente de vida y resurrección, para que junto a Él y con Él aprendamos la fuerza del perdón, la grandeza del amor.
Agradezco a estos hermanos nuestros que han querido compartir su testimonio, en nombre de tantos otros. ¡Cuánto bien nos hace escuchar sus historias! Estoy conmovido. Son historias de sufrimiento y amargura, pero también y, sobre todo, son historias de amor y perdón que nos hablan de vida y esperanza; de no dejar que el odio, la venganza o el dolor se apoderen de nuestro corazón.
El oráculo final del Salmo 85: «El amor y la verdad se encontrarán, la justicia y la paz se abrazarán» (v.11), es posterior a la acción de gracias y a la súplica donde se le pide a Dios: ¡Restáuranos! Gracias Señor por el testimonio de los que han infligido dolor y piden perdón; los que han sufrido injustamente y perdonan. Esto sólo es posible con tu ayuda y presencia. Eso ya es un signo enorme de que quieres restaurar la paz y la concordia en esta tierra colombiana.
Pastora Mira, tú lo has dicho muy bien: Quieres poner todo tu dolor, y el de miles de víctimas, a los pies de Jesús Crucificado, para que se una al suyo y así sea transformado en bendición y capacidad de perdón para romper el ciclo de violencia que ha imperado en Colombia. Tienes razón: la violencia engendra más violencia, el odio más odio, y la muerte más muerte. Tenemos que romper esa cadena que se presenta como ineludible, y eso sólo es posible con el perdón y la reconciliación. Y tú, querida Pastora, y tantos otros como tú, nos han demostrado que es posible. Sí, con la ayuda de Cristo vivo en medio de la comunidad es posible vencer el odio, es posible vencer la muerte, es posible comenzar de nuevo y alumbrar una Colombia nueva. Gracias, Pastora, qué gran bien nos haces hoy a todos con el testimonio de tu vida. Es el crucificado de Bojayá quien te ha dado esa fuerza para perdonar y para amar, y para ayudarte a ver en la camisa que tu hija Sandra Paola regaló a tu hijo Jorge Aníbal, no sólo el recuerdo de sus muertes, sino la esperanza de que la paz triunfe definitivamente en Colombia.
Nos conmueve también lo que ha dicho Luz Dary en su testimonio: que las heridas del corazón son más profundas y difíciles de curar que las del cuerpo. Así es. Y lo que es más importante, te has dado cuenta de que no se puede vivir del rencor, de que sólo el amor libera y construye. Y de esta manera comenzaste a sanar también las heridas de otras víctimas, a reconstruir su dignidad. Este salir de ti misma te ha enriquecido, te ha ayudado a mirar hacia delante, a encontrar paz y serenidad y un motivo para seguir caminando. Te agradezco la muleta que me ofreces. Aunque aún te quedan secuelas físicas de tus heridas, tu andar espiritual es rápido y firme, porque piensas en los demás y quieres ayudarles. Esta muleta tuya es un símbolo de esa otra muleta más importante, y que todos necesitamos, que es el amor y el perdón. Con tu amor y tu perdón estás ayudando a tantas personas a caminar en la vida. Gracias.
Deseo agradecer también el testimonio elocuente de Deisy y Juan Carlos. Nos hicieron comprender que todos, al final, de un modo u otro, también somos víctimas, inocentes o culpables, pero todos víctimas. Todos unidos en esa pérdida de humanidad que supone la violencia y la muerte. Deisy lo ha dicho claro: comprendiste que tú misma habías sido una víctima y tenías necesidad de que se te concediera una oportunidad. Y comenzaste a estudiar, y ahora trabajas para ayudar a las víctimas y para que los jóvenes no caigan en las redes de la violencia y de la droga. También hay esperanza para quien hizo el mal; no todo está perdido. Es cierto que en esa regeneración moral y espiritual del victimario la justicia tiene que cumplirse. Como ha dicho Deisy, se debe contribuir positivamente a sanar esa sociedad que ha sido lacerada por la violencia.

 

 

Resulta difícil aceptar el cambio de quienes apelaron a la violencia cruel para promover sus fines, para proteger negocios ilícitos y enriquecerse o para, engañosamente, creer estar defendiendo la vida de sus hermanos. Ciertamente es un reto para cada uno de nosotros confiar en que se pueda dar un paso adelante por parte de aquellos que infligieron sufrimiento a comunidades y a un país entero. Es cierto que en este enorme campo que es Colombia todavía hay espacio para la cizaña. Ustedes estén atentos a los frutos, cuiden el trigo y no pierdan la paz por la cizaña. El sembrador, cuando ve despuntar la cizaña en medio del trigo, no tiene reacciones alarmistas. Encuentra la manera de que la Palabra se encarne en una situación concreta y dé frutos de vida nueva, aunque en apariencia sean imperfectos o inacabados (cf. Exhort. ap. Evangelii gaudium, 24). Aun cuando perduren conflictos, violencia o sentimientos de venganza, no impidamos que la justicia y la misericordia se encuentren en un abrazo que asuma la historia de dolor de Colombia. Sanemos aquel dolor y acojamos a todo ser humano que cometió delitos, los reconoce, se arrepiente y se compromete a reparar, contribuyendo a la construcción del orden nuevo donde brille la justicia y la paz.
Como ha dejado entrever en su testimonio Juan Carlos, en todo este proceso, largo, difícil, pero esperanzador de la reconciliación, resulta indispensable también asumir la verdad. Es un desafío grande pero necesario. La verdad es una compañera inseparable de la justicia y de la misericordia. Juntas son esenciales para construir la paz y, por otra parte, cada una de ellas impide que las otras sean alteradas y se transformen en instrumentos de venganza sobre quien es más débil. La verdad no debe, de hecho, conducir a la venganza, sino más bien a la reconciliación y al perdón. Verdad es contar a las familias desgarradas por el dolor lo que ha ocurrido con sus parientes desaparecidos. Verdad es confesar qué pasó con los menores de edad reclutados por los actores violentos. Verdad es reconocer el dolor de las mujeres víctimas de violencia y de abusos.

 

 

Quisiera, finalmente, como hermano y como padre, decir: Colombia, abre tu corazón de pueblo de Dios y déjate reconciliar. No temas a la verdad ni a la justicia. Queridos colombianos: No tengan temor a pedir y a ofrecer el perdón. No se resistan a la reconciliación para acercarse, reencontrarse como hermanos y superar las enemistades. Es hora de sanar heridas, de tender puentes, de limar diferencias. Es la hora para desactivar los odios, renunciar a las venganzas y abrirse a la convivencia basada en la justicia, en la verdad y en la creación de una verdadera cultura del encuentro fraterno. Que podamos habitar en armonía y fraternidad, como desea el Señor. Pidamos ser constructores de paz, que allá donde haya odio y resentimiento, pongamos amor y misericordia (cf. Oración atribuida a san Francisco de Asís).

 

Deseo poner todas estas intenciones ante la imagen del crucificado, el Cristo negro de Bojayá:
Oh Cristo negro de Bojayá,
que nos recuerdas tu pasión y muerte;
junto con tus brazos y pies
te han arrancado a tus hijos
que buscaron refugio en ti.
Oh Cristo negro de Bojayá,
que nos miras con ternura
y en tu rostro hay serenidad;
palpita también tu corazón
para acogernos en tu amor.
Oh Cristo negro de Bojayá,
haz que nos comprometamos
a restaurar tu cuerpo.
Que seamos tus pies para salir al encuentro
del hermano necesitado;
tus brazos para abrazar
al que ha perdido su dignidad;
tus manos para bendecir y consolar
al que llora en soledad.
Haz que seamos testigos
de tu amor y de tu infinita misericordia.

 

http://www.periodistadigital.com/religion/vaticano/2017/09/09/encuentro-por-la-reconciliacion-religion-iglesia-colombia-francisco-victimas-victimarios-verdad-justicia-reparacion-venganza.shtml

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