Las sospechosas de siempre. Por: Carolina Vásquez Araya


 

 

Entre las múltiples agresiones enfrentadas por las mujeres, está esa duda constante…

 

Tenía 18 años y un embarazo complicado. Doloroso y cargado de riesgos. Mi médico luchó por evitar un aborto, pero al final terminó llevándome al hospital a punto de morir desangrada. Era finales de los años sesenta en un país conservador apegado a la iglesia como la manera más sólida de validar sus prejuicios, y las instituciones del Estado no se libraban de esa visión fundamentalista. Recuerdo muy bien la mirada de la enfermera que me recibió en la sala de emergencia: dura, inclemente, acusadora, cargada de desprecio… “¿te lo provocaste, jovencita?”. La rabia y la impotencia de la agresión en un momento tan crítico para una mujer como es perder un embarazo, es inimaginable. La imposibilidad de defenderse cuando estás más vulnerable que nunca y dependes de otros, de su atención profesional y objetiva, de su empatía, de su sensibilidad humana, se agolpa en la garganta impidiendo pronunciar palabra.

Recordé este episodio casi olvidado pensando en cuánta violencia enfrentan las mujeres en Guatemala y otros países de la región y el mundo, en todos los estadios que rodean su vida sexual y reproductiva. Víctimas de un sistema patriarcal tan inclemente y duro como la enfermera de mi historia, cualquier manifestación relacionada con su capacidad reproductiva es objeto de duda y desconfianza. Las mujeres somos sospechosas desde el nacimiento y, a pesar de cuánto hemos avanzado en la defensa de nuestros derechos, esa nube gris posada sobre nuestra cabeza permanece inalterable. Es así como miles de mujeres alrededor del mundo sufren condenas de prisión por haber abortado, no importando si la pérdida fue voluntaria o espontánea, porque la culpa se instala a priori sin mayor investigación.

Este castigo, injusto pero tolerado por amplios sectores de la sociedad, se aplica con especial saña contra las mujeres más pobres, aquellas cuya falta de información y acceso a los servicios de salud y educación las condenan al silencio y a la resignación. Para ellas hay violencia incluso cuando dan a luz, porque ese procedimiento se realiza en las condiciones sanitarias menos apropiadas, enfrentando en cada parto un peligro de muerte. El Estado, cuya obligación es proporcionarles una atención digna y adecuada, está ausente para la mayor parte de ese sector de escasos recursos y, por ende, condenado a embarazos y partos de alto riesgo.

La actitud de desconfianza está también firmemente instalada en el momento de denunciar una violación sexual, favoreciendo la impunidad de quienes cometen este vil crimen contra niñas, niños y mujeres adultas. Considerada por algunos como “una falta” cometida bajo la influencia del alcohol, las drogas o el “entusiasmo del grupo”, la violación sexual representa una de las mayores amenazas contra la integridad física y psicológica de millones de mujeres alrededor del mundo. Sin embargo es a ellas a quienes se les exige revivir el episodio una y otra vez, ilustrando los detalles de su dramática experiencia frente a policías, investigadores y juzgadores insensibilizados por un sistema permisivo y machista.

Los derechos sexuales y reproductivos de las mujeres han sido ignorados de manera deliberada por aquellos Estados sometidos a las presiones de la iglesia, pero sobre todo aliado de un sistema político y económico que mantiene a la población en la ignorancia, desinformada y sumisa con el fin de impedirle alcanzar el empoderamiento ciudadano indispensable para exigir el respeto de todos sus derechos. En este escenario, las mujeres enfrentan la doble tarea de romper los estigmas y demandar justicia.

 

Las mujeres no son ciudadanas de segunda sino parte fundamental y muy valiosa de la sociedad.

 

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“PORQUE SOY HIJA DE ABRAHÁN” PRESENTACIÓN DEL LIBRO. MARIA ELENA GARMENDIA. Carmelita.


 

Presentación del libro

Iscreb 2 de diciembre 2017

 

I.- Un tipo de escritura

Porque soy hija de Abrahán es un libro corto que quiere pertenecer a un tipo de escritos: el testimonio.

Hace poco leí en una revista una entrevista a Cristina López Barrio (escritora) y  ella comentaba que dejó la carrera de Derecho para presentarse a un premio literario. Como no ganó, volvió a los estudios, pero el gusanillo de la escritura no le abandonaba; y cuando triunfó con La casa de los amores imposibles (Plaza&Janés) abandonó la abogacía por la escritura. A lo largo de la entrevista, esta mujer afirmó dos cosas que me parecen importantes:

  • “Me interesa esa forma de tratar la creación literaria (realidad y ficción se combinan de manera sutil y perfecta), la manera en que, a través de la literatura, creamos vida”.
  • “Niebla en Tánger (su última novela) es una novela que habla cómo las historias nos ayudan y nos dan valor, cómo nos salvan la vida (como se la salvaron al protagonista).

 

Estoy convencida de ese poder de la escritura que comenta Cristina. Con las palabras, con nuestras palabras podemos crear vida y las historias ficticias nos pueden hacer sentir que nos salvan la vida. Hace tiempo, la revista Imágenes de fe dedicó uno de sus números a la cuestión de la novela como herramienta adecuada para la teología. Esa posibilidad amplió mi mentalidad; porque, sí, estoy convencida que la novela –la novela profana-, por no ser dogmática, rompe provocativamente los límites convencionales y puede servir para (re)”pensar” la teología. Cuando en el perfil de los profesores de Iscreb vi que Marc Mercadé era doctorando y su tesis versaba sobre las novelas de Dostoievski, en concreto Los hermanos Karamazov (¡impresionante la figura del Gran Inquisidor!) valoré ese proyecto. Es más, recuerdo que cuando estudié la asignatura Misterio de Dios leí con la misma atención el tratado De Trinitate de S. Agustín  que la novela La cabaña de William Paul Young.

Sin embargo, el libro Porque soy hija de Abrahán no pertenece a este tipo de escritura. No es una novela “en servicio” de la teología. Si me permitís una comparación –salvando las diferencias- creo que mi libro corto se asemeja a la segunda forma de escribir de Teresa de Jesús. Porque sabéis que Teresa de Ahumada fue una mujer culta –no erudita- que demostró un dominio precoz del lenguaje y escribió en su adolescencia una novela de caballería (“que daría mucho que hablar”-según palabras del P. Gracián). Sin embargo, sus obras de teología mística las escribió en su madurez cristiana, a partir de los cincuenta años. Para que nazca cierto tipo de literatura se necesita tiempo. Su libro Vida –su gran clásico de teología narrativa- cristalizó después de varias Cuentas de conciencia, unas más largas que otras. Estas Cuentas de conciencia sirvieron de borradores para el perfil de una obra de 40 capítulos donde la autora “ensaya” doctrina. Es decir, a medida que ella cuenta “lo que le acaeció” nos testifica que la mujer sí es sujeto de oración (algo entonces en entredicho y muy vigilado por la Inquisición) y sujeto de misión (¡tremenda osadía! después de la sesión 25 de Trento que enclaustró a todas las monjas por la fuerza del brazo regular o secular). Las tres grandes obras de Teresa de Jesús (Vida-Camino-Moradas) son como una luna en creciente de su vida interior (mientras escribe -¿y como consecuencia de escribir?, me pregunto- avanza del desposorio al matrimonio espiritual) y crece también su compromiso (la monja se convierte en fundadora de mujeres y varones) lo cual, que revierte en la teología post-tridentina enriqueciéndola con un nuevo título cristológico: Cristo Amigo. A partir de Teresa, las mujeres tenemos status de orantes dentro de la Iglesia[1].

Teresa no es un caso aislado como escritora mistagógica. De este tipo de escritura humana que “fermenta” la teología está llena la Biblia (biblos). Según la RAE fermentar significa transformarse químicamente [una sustancia orgánica] en otra, generalmente más simple, por la acción de un fermento.  Leudar o aleudar la masa del pan es una parábola del Evangelio, algo que Jesús se paró a observar cómo lo hacían las mujeres.

En la Biblia hay libros cortos que son potentes levaduras. Por ejemplo, el libro de Jonás. Estrictamente hablando en términos de la primera Alianza, el libro de Jonás suena heterodoxo porque Dios “no puede” tener compasión del enemigo por excelencia (Nínive). No sólo la historia en sí; también es escandaloso que exista un profeta que “conozca” a Dios con ese temple. Por eso huye Jonás, no porque fuese un mal tipo sino porque era un profeta post-temporal, tocando ya el NT.

No sólo en el profetismo hay levadura, también en el culto. El libro de Judit es una joya “deuterocanónica”[2] donde una mujer corrige el modo de orar de Ozías y los jefes de la ciudad: “”No están bien las palabras que habéis pronunciado hoy delante del pueblo, cuando habéis interpuesto entre Dios y vosotros un juramento, asegurando que entregaríais la ciudad en el plazo convenido (cinco días) no os enviaba socorro el Señor. ¿Quiénes sois vosotros para permitiros hoy poner a Dios a prueba y suplantar a Dios entre los hombres? Así tentáis al Señor Omnipotente, vosotros que nunca llegaréis a sondear el fondo del corazón humano, ni podréis apoderaros de los pensamientos de su inteligencia, pues ¿cómo vais a escrutar a Dios? (…) no exijáis garantías a los designios del Señor (…) pidámosle, más bien, que nos socorra, mientras esperamos confiadamente que nos salve” (Judit 8,11-17). La Biblia de Jerusalén pone en Nota: “Su concepto de la eficacia de la oración es ya cristiano”.

Permitidme referirme, todavía, a otro libro corto de la Biblia: Ruth. En clave de Alianza imaginaros cómo tuvo que sonar el “contrato” de lealtad de una mujer joven y fértil con una mujer acabada: me separaré de mi Dios, pero no de ti. “No insistas que te abandone y me separe de ti, porque donde tú vayas, to iré, donde habites, habitaré. Tu pueblo será mi pueblo y tu Dios será mi Dios” (Rt 1,16). Este juramento femenino rompía la teología del Deuteronomio que excluía del culto a los moabitas (DT 23, 4)  y abrió una brecha en la genealogía de Jesús recogida por Mateo, con cinco nombres de mujeres que fueron como un big-bang en el AT.

Este otro tipo de escritura (en la Biblia y en los místicos) no garantiza a sus autores una mejor cobertura humana –cuando murió Teresa todavía estaba en la cuerda floja de la Inquisición- ni llegar a ser bets-seller –el libro de Judith no logra el consenso de su inspiración divina en todas las Biblias-. Pero lo irrefutable de ellos –al menos para nosotros, católicos- es que Dios en estos libros es un amanecer sobre buenos y malos; y el sol y la lluvia benefician universalmente. Es decir: hay escritores que viven de sus libros; y hay libros que dan vida. Como imagináis, soy lúcida como para saber que no me voy a mantener por escribir libros; pero tampoco me considero tan “inspirada” como para traer un nuevo filón a la humanidad. Sin embargo, sería una falsa humildad no creer en la chispa divina que se esconde en del barro de nuestra insignificancia. Lo difícil no es creer en Dios como concepto sino creer a Dios en nuestra quebrada vida. Si he escrito Porque soy hija de Abrahán es porque creo a Dios que se me hizo presente, un Dios que se oculta y se manifiesta según sus criterios. Este libro es el testimonio de una creyente.

 

  1. ¿Cómo se gestó el libro?

1.- Teología narrativa:

Por el hecho de ser carmelita he tenido claro esta diferencia de escrituras que acabo de comentaros. El Carmelo tiene tradición de escritura mistagógica y leer durante años a Teresa y Juan de la Cruz formatea. Pero una cosa es saber y otra hacer. Además, ¿la teología post-moderna escucha a la mística? Escuchando a Roberto Casas hablar de la teología narrativa en Donamaría comprendí el valor y la cualidad del texto testimonial en la actualidad, no sólo en tiempos medievales. Desde un sustrato racional que pide estudio y ciencia, la teología narrativa tiene la intención de consolidar la fe en Dios desde su “ministerio” de creer a Dios. Y subrayo estas dos preposiciones: creer en Dios y creer a Dios; porque opino que una cosa es admitir los dogmas y el Magisterio (creer en Dios) y otra obedecer a Dios –en el sentido bíblico de la palabra- que pide la persona entera (subjetividad) y la historia (objetividad); y que, no pocas veces, supone dejar lo sabido y adentrarse por caminos desconocidos. Los libros que antes os he mencionado (Jonás, Judith, Ruth) en la Biblia son saltos en la fe. Si colocásemos seguidos los 73 libros de la Biblia formando un gráfico, en vez de una línea ascendente continua, la Revelación se dibujaría por sucesivos picos, interconectados, mostrándonos intervenciones trinitarias. Ruth es ancestra de Jesús, el Nazareno; Judith balbucea una primitiva oración cristiana; y Jonás entra en el vocabulario de Jesús. Incluso cuando Teresa suma a la cristología el título Amigo, lo que aflora es la vena de Juan 15, uno de los grandes picos del NT.

 

2.- Desencadenante del libro

¿Cuándo una persona comprende que tiene “algo” que decir? Estaba acompañando a una joven carmelita y el médico nos comentó que se estaba dejando morir (en las mujeres, las hemorragias pueden ser una somatización-señal de lo que nos cuesta posicionarnos vitalmente en la sociedad o en la institución eclesial). Me pregunté con dolor: “¿Cuántas mujeres todavía tienen que morir porque no encuentran su lugar en nuestra Iglesia católica?”. Para canalizar mi frustración y poder dormir, esa noche cogí la revista Vida Nueva y leí un artículo sobre ministerios femeninos, una entrevista hecha a cuatro teólogas. Una de esas teólogas era Adelaide Baracco, profesora en Iscreb presencial. Me puse en contacto con ella y por ella supe que otra mujer había vivido la misma experiencia que yo llamo Suceso. Saber que hay más mujeres con esa experiencia fue decisivo para mí. Fue como pasar de la subjetividad a la objetividad: “Luego Dios está actuando” –me dije- “¡y está haciendo sentir esta llamada a mujeres! ¿Cuántas seremos, en realidad?”

 

3.- Lo fundamental que quiero compartir en el libro es esta experiencia que llamo Suceso, que me ha marcado profundamente y que otras mujeres –estoy segura- han recibido. Si hasta ahora he acatado el magisterio católico sobre las mujeres, en este momento que el Obispo de Roma ha nombrado una comisión para estudiar el diaconado femenino, sería una grave omisión no aportar el dato de lo que Dios hace en la historia y en la vida de algunas creyentes. Sé que “lo místico” suscita recelos; y más ahora que nos hemos vuelto tan empíricos. Pero alguien tiene que dar palabra a Dios.

¿No nos está hablando Dios desde la realidad? Sabemos que en Brasil el 75% de las parroquias se quedan sin la misa dominical porque no hay sacerdotes. ¿Está justificada esta hambre eucarística? En mi opinión, en el catolicismo el tema del sacerdocio no sólo está anclado con referencia a la mujer[3] sino además con respecto al celibato obligatorio[4]. Cuando en mi libro hablo de un presbiterado católico judaizado no me refiero al judaísmo como religión sino a un dato que aparece en los evangelios: el judío Jesús nunca hizo una ruptura irreversible con la Torá  pero su exégesis de YHWH y de la Ley chocó frontalmente con la exégesis oficial de los sacerdotes judíos. Los casos que Jesús interpretó (curar en sábado, sobrepasar el ayuno, salvar a los pecadores, admitir mujeres en su discipulado…) nunca invalidaron la Torá. Ni una tilde. Pero puso el dedo en la llaga: “al principio no era así; con vuestras tradiciones, invalidáis el designio de Dios”. Eso tocaba al poder religioso, no a la Revelación en sí.

Lo que ocurría en tiempos de Jesús puede estar pasando ahora en su Iglesia.

 

4.- El Suceso me ha llevado a una vida oculta durante casi treinta años, y recientemente a escribir un libro. Nunca me ha llevado a la reivindicación por la fuerza sino por la vida. Pero… ¡oh, paradoja! el testimonio tiene una extraña mezcla de servicio y parresía; y mentiría si dijese que no las siento. Tengo confianza en Jesús y amo a esta Iglesia católica. Su bautismo me hizo cristiana. Aquí soy templo de la Trinidad. Para ella ha ocurrido este Suceso. Aunque la institución me persiga, mi vida seguiría siendo una carta del Espíritu a su Iglesia, una carta de amor… al modo de Jesús.

 

 

[1] La inspiración que s. Francisco dio al monasterio de San Dámaso donde vivía Clara fue llamarlas “Damas de la pobreza” y sto Domingo fundó la segunda Orden en función de sus predicadores.

[2] Entró en las listas oficiales del Canon, en Occidente a partir del sínodo romano del 382 y en Oriente a partir del concilio de Constantinopla llamado “in Trullo”, el 692. Ni la Biblia hebrea ni la Biblia protestante lo ha aceptado.

[3] La Carta Apostólica Ordinatio sacerdotalis (1994) de s. Juan Pablo II dice: “la Iglesia no tiene en modo alguno la facultad de conferir la ordenación sacerdotal a las mujeres y que este dictamen debe ser considerado como definitivo por todos los fieles de la Iglesia”.

[4] El celibato obligatorio para los presbíteros católicos. Todos sabemos que ni el NT, ni en la Iglesia primitiva, ni en parte de la Iglesia medieval era obligatorio. La obligatoriedad nace de Concilios locales, concretamente del II Concilio Lateranense (1139)

sentación del libro

Iscreb 2 de diciembre 2017

 

 

Remitido al e-mail

Las mujeres en los suburbios de Delhi utilizan la Ley de Información de la India para acceder al agua


05 de diciembre de 2017, 8:29 a.m.
  • Anjana Pasricha

No es fácil para los residentes de la colonia de reasentamiento más grande de Nueva Delhi salir corriendo de sus casas y luchar para llenar las jarras de agua en las mañanas de invierno frías y neblinosas cuando escuchan el arribo de un camión cisterna.

Pero después de vivir sin acceso a un grifo durante años, los 30,000 residentes de esta área están agradecidos cuando el camión cisterna se presenta todos los días.

“Solíamos traer agua desde una distancia tan larga. Ni siquiera podíamos ofrecerle a nadie un vaso de agua, teníamos que guardarlo para nuestros hijos “, recuerda Urmila Devi, una de los residentes.

Durante años, los residentes tuvieron problemas sin servicios cívicos básicos en este suburbio distante, donde fueron reubicados en los barrios marginales de la ciudad cuando la capital india se vestía para los Juegos de la Commonwealth 2010.

Eso ha cambiado ahora que las mujeres como Devi han aprendido a ejercer sus derechos legales para acceder a los servicios básicos.

Una mujer reacciona en medio de los escombros de su casa en un barrio pobre que fue arrasado por las autoridades locales en un intento por reubicar a los residentes, Delhi, India, 2 de noviembre de 2017.

Una mujer reacciona en medio de los escombros de su casa en un barrio pobre que fue arrasado por las autoridades locales en un intento por reubicar a los residentes, Delhi, India, 2 de noviembre de 2017.

Utilizando una ley que permite a los indígenas buscar información del gobierno para promover la rendición de cuentas y la transparencia, estas mujeres emprendieron una campaña efectiva con las autoridades de la ciudad para mejorar el acceso al agua, el saneamiento y el transporte. Su éxito es un raro ejemplo de personas económicamente desfavorecidas que utilizan la Ley de Derecho a la Información para transformar su comunidad.

Al presentar solicitudes bajo esta ley, descubrieron que los buques tanque de agua asignados a su área solían ir a otra parte, una práctica común en una ciudad donde la escasez de agua lleva a los residentes de otras áreas a comprar el agua de los buques tanque.

Las quejas llevaron a las autoridades locales a colocar los camiones cisterna con rastreadores GPS para garantizar que lleguen a su destino. Desde entonces, los buques tanque han llegado regularmente a aliviar sus problemas de agua. Se ha instalado una unidad de dispensación de agua automatizada en caso de que los suministros domésticos se agoten.

ARCHIVO - Se ve a un hombre indio navegando en internet en Nueva Delhi.

ARCHIVO – Se ve a un hombre indio navegando en internet en Nueva Delhi.

Desde que se promulgó el derecho a la información en 2005, ciudadanos comunes han presentado decenas de miles de solicitudes para que las autoridades respondan por agravios como carreteras rotas o desagües obstruidos. Algunos informes de los medios han llamado a RTI el “quinto pilar de la democracia”.

Pero las consultas rara vez provienen de comunidades más pobres. Sin embargo, los activistas esperan que esta colonia de reasentamiento, donde la batalla por el agua provocó una campaña sostenida para otros servicios como baños públicos y autobuses, muestre el camino a otros. Una vez que el servicio de transporte público fue mal atendido, ahora llegan más autobuses al área, lo que facilita los viajes diarios. Se ha construido un centro de salud y también se está creando un centro comunitario.

Estas mujeres apenas alfabetizadas aprendieron cómo manejar el papeleo y tratar con los funcionarios de la ciudad bajo un proyecto liderado por la organización sin fines de lucro Marg. No fue un esfuerzo fácil. Urmila Devi y las otras mujeres recuerdan viajar por millas para asistir a las reuniones. Después de estar acostumbrados a vivir en los márgenes durante años, se confundieron cuando les dijeron que tenían derechos cívicos. Y tomó casi un año entender cómo presentar una petición a las autoridades.

“Inicialmente nuestra escritura fue torcida. Pero gradualmente mejoró. Las niñas y niños involucrados en nuestro proyecto aquí nos ayudaron “, dijo Devi.

Las mujeres estaban motivadas para aprender porque fueron las más afectadas por la falta de comodidades, señala Mohammed Noor Alam, un gerente de programa de Marg, quien ha estado a la vanguardia del programa para capacitar a las mujeres. “El agua se convirtió en el caso de prueba en el que pudieron aprender, probarse a sí mismos que pueden lograr sus derechos. Y las mujeres provocaron cambios “, señaló.

Una mujer refugiada Rohingya extrae agua de una bomba manual en un refugio temporal en Nueva Delhi, India, el 16 de agosto de 2017.

Una mujer refugiada Rohingya extrae agua de una bomba manual en un refugio temporal en Nueva Delhi, India, el 16 de agosto de 2017.

Fue un proceso lento y gradual que ha prendido fuego a sus ambiciones de transformar su área.

Mujeres como Nazra Khatun ahora están centrando su atención en problemas sociales como la seguridad para mujeres y niñas. “Nos sentimos fortalecidos después de nuestros esfuerzos. Queremos trabajar para poner fin a la violencia doméstica aquí y tener más armonía en los hogares “, dijo.

El poder del activismo ha convertido a estas mujeres en líderes de la comunidad. Alam dijo que empoderar a las mujeres de esta manera podría ayudar a millones de residentes que abarrotan barrios marginales en las extensas ciudades indias. “Son como halcones que vigilan todo”. Si ven de manera integral, ese cambio liderado por las mujeres puede transformar a toda la sociedad “, dijo.

Y la batalla para mejorar el área de reasentamiento no ha terminado. Las mujeres presionan a las autoridades para que mejoren la limpieza y hagan campaña para que haya agua corriente en la puerta de su casa. Urmila Devi dice que quiere un grifo de agua en su casa. “Me mojo cuando salgo a llenar el agua todos los días”, dijo. “Si tanta gente en la ciudad tiene agua corriente, ¿por qué nosotros no?”

Los cantos de una tubería ahora suenan fuerte en las estrechas calles de esta colonia de reasentamiento.

https://www.voanews.com/a/new-delhi-slums-gain-water-access/4149742.html?trk1&utm_medium=email&utm_campaign=2017-12-05&utm_source=newsletter

¡Sacerdote para siempre! el Espíritu de Dios irrumpió en mi vida para configurarme interiormente a Cristo-Sacerdote.


03 de diciembre 2017 , 01:25 a.m.

Hace 61 años se coló este gozo por todos los rincones de mi ser y no me ha abandonado ni un instante de mi vida: ¡soy sacerdote para siempre!

Permítanme que los haga partícipes de mi alegría. Es contagiosa. Deseo que se regocijen conmigo para que me ayuden a darle gracias a Dios por este sol que hace ya 61 años alumbra mi oscuridad y corrige todos los meandros retorcidos de mi ser.

Todo empezó una mañanita de diciembre de 1956. Me parece que fue ayer no más, cuando el Espíritu de Dios irrumpió en mi vida para configurarme interiormente a Cristo-Sacerdote. Entonces, con las manos sobre mi cabeza, pronunció el obispo estas palabras: “Eres sacerdote para siempre”. No sé expresarlo. No sé lo que entonces sucedió en mi ser, si Cristo-Sacerdote entró en mí o yo en Él. Solo recuerdo que estamos presentes el uno al otro. Desde entonces, mi vida entera cambió.

Cuando me acerco a un ‘hijo de hombre’ para convertirlo en ‘hijo de Dios’ y pronuncio sobre su inocente cabecita el rito inicial: “Yo te bautizo”, es Cristo-Sacerdote quien lo dice, valiéndose de mis labios humanos y pecadores. Cuando, frágil e impotente, alzo mi mano a lo alto para impartir el perdón de Dios sobre la frente de mi hermano pecador, es su voz misericordiosa la que le dice: “Yo te absuelvo…”. “Cuando, hambriento de pan y sediento de amor, vago por las calles de la vida, y, en la asamblea dominical, calmo el hambre y la sed de mis hermanos con el Cuerpo y la Sangre del Hijo de Dios cuando, ante el asombro de ellos y el estupor mío, exclamo: “Este es mi Cuerpo; esta es mi Sangre”, eres tú, Jesús-Sacerdote, quien habla desde mi interior.

Nada, quizá, como la muerte del ser humano sacude tan profundamente mi mortal existencia. He acompañado a muchos amigos en el trance doloroso de morir, y allí es donde mi sacerdocio, perdón, el de Cristo, le ha dado más sentido a mi vida, y consuelo, al morir de mis amigos: “Yo soy la resurrección y la vida –les digo–; perdón, no yo, es Cristo quien les dice: “Quien cree en mí, aunque haya muerto, vivirá”.

Ser sacerdote es la experiencia más sublime que puede vivir un hombre sobre la tierra. Es la experiencia que convierte la tierra en cielo y la muerte del hombre, en vida de Dios.

Algunos jóvenes de hoy dicen que las mejores experiencias de su vida las encuentran en el sexo, en tecnologías, en el licor o en la droga.

Si no conociéramos los funestos resultados de esas experiencias, hasta nos podrían convencer. Convencen al ingenuo, al desprevenido. No saben aún que no todo lo que brilla es oro. No saben aún que se encuentra mayor felicidad en dar que en recibir, en morir a uno mismo que en vivir para el placer. No saben distinguir aún la felicidad verdadera del placer engañoso y fugaz.

Sesenta y un años que han corrido veloces, dejando entre las entretelas de mi espíritu la felicidad de compartir con los demás sus penas y alegrías, sus éxitos y fracasos, su vida y su muerte.

Ser sacerdote es ser testigo de Dios en este mundo, es decirles a todos los hombres que existe Dios, que está presente entre nosotros y se llama Jesús.

¡Qué haríamos en este mundo sin sacerdotes! Se apagaría el luminoso sol. La sonrisa huiría de las caritas ingenuas de los niños y se extinguiría la esperanza en los rostros arrugados de los ancianos. La ilusión abandonaría el corazón alegre de los novios y el amor dejaría huérfanos a los amantes esposos. La paloma de la paz alzaría su vuelo hacia el mar Muerto y las abejas trocarían por acíbar su dulce miel.

Pero, no, no alimentemos pensamientos tristes y odiosos. Seguirá habiendo sacerdotes; seguirá triunfando la vida sobre la muerte. ¡Jesucristo es Sacerdote para siempre!

Y habrá alguien, todavía, que me pregunte por qué, hace 61 años, se coló esta inmensa dicha por todos los poros ocultos de mi espíritu.

ALFONSO LLANO ESCOBAR, S. J.

http://www.eltiempo.com/opinion/columnistas/alfonso-llano-escobar/sacerdote-para-siempre-desde-hace-61-anos-157906

María vivió a los 15 años la peor pesadilla para una mujer reclutada por el ELN en Antioquia


Antioquia, Santander, Nariño, Bolívar y Valle encabezan las regiones más afectadas por el flagelo del abuso sexual.

Uno de los datos más estremecedores del informe del Centro de Memoria Histórica es que en el 53 por ciento de los casos las víctimas  de violencia sexual en la guerra eran menores de edad.

Como en la siguiente historia.

Esta mujer, que llamaremos María, fue reclutada por el ELN cuando tenía 15 años en uno de los caminos serpenteantes del Oriente antioqueño.

No duró mucho en las filas subversivas porque la dejaron volar, pero lo que le hicieron dos guerrilleros todavía espanta sus noches.

“Yo no pude gritar, él lo hizo porque… yo no sé, se creyó con el derecho. Yo pensé que eso era normal y me dejé. Yo qué más podía hacer si era una niña. Él era grande, estaba armado y era el que mandaba en ese momento”, recuerda María.

Primero lo hizo un comandante de escuadra que tenía bajo su mando a doce hombres. A hurtadillas la metió a rastras a un rancho en la manigua.

“Yo en el momento pensé que para eso estaba allá, para que hicieran conmigo lo que quisieran porque allá me sentí como una letrina, suena feo pero es verdad”, continúa María.

Le dijo a un guerrillero que le ayudara a volarse, que ella solo quería volver a su vereda del Carmen de Viboral para abrazar a su mamá, que las botas de caucho y las caminatas extensas en medio de esa escarpada geografía le habían ampollado los pies, que el morral en el que cargaba las raciones y la munición pesaba más que ella.

“Nunca se me olvida el olor de la ropa húmeda cuando uno camina y se seca y uno no tiene donde bañarse, y que a uno le da hambre y le dan agua con sal. Y tampoco el sonido de los grillos. Me aterra. Y también el de los sapos”, recuerda angustiada María.

Ese guerrillero la ayudó, sí, pero mientras elevaba consultas al alto mando, o eso le decía, también la abusó. Cuando iban por leña, cuando patrullaban por ahí.

Al fin regresó a casa, todavía no sabe muy bien por qué, pero la dejaron volar.

Solo a su mamá le contó lo que pasó. Pactaron sepultar aquello y jamás discutirlo de nuevo. Pero las grietas del pasado se abrieron a zarpazos y fueron derrumbándola a destiempo. La escritura la salvó. A través de esa rendija liberó sus fantasmas.

Con el tiempo “empecé a no verme sucia, a reconciliarme con el espejo, a estar mejor, a verme bonita, a quererme un poquito más. Es muy importante que se haga memoria con las historias, para nosotros es muy importante que se nos reconozca como sujetos de derecho, como mujeres, no mirando ahí a la victimita, a la pobrecita”, afirma María.

Pero el miedo jamás se le fue, y en las noches, bajo el cielo estrellado del Valle de Aburrá, sobre el filo de una esas comunas de Medellín que parecieran no terminar, se lamenta por el pavor que se le instaló para siempre y con el que batalla a diario cada que sale de su casa y deja a sus dos hijos.

“Cómo hago para protegerme, para meterme en un cascarón, para que las manos humanas no me toquen y no me hagan daño de la manera que lo han hecho. O sea, cómo se protege uno como mujer. Dios mío, por qué no hay una justicia. Yo la verdad me siento muy desprotegida y hablo por las otras mujeres de Colombia que se sienten desprotegidas”, reflexiona María.

Lo peor de todo es que la impunidad en estos casos ronda el 90 por ciento.

Tres casos emblemáticos de este delito: Raúl Reyes, exjefe de las FARC, abatido en 2008. Un informe asegura que abusaba de guerrilleras menores de edad a las que escogía como escoltas y a quienes turnaba para complacerlo día por medio.

También está el exjefe paramilitar Hernán Giraldo, extraditado a los Estados Unidos en mayo de 2008. Se calcula que abuso de medio centenar de menores de edad en la Sierra Nevada de Santa Marta. Según decía, las niñas debían ser vírgenes y menores de 15 años porque las de 20 ya eran ancianas para él.

Y el subteniente del Ejército Raúl Muñoz Linares, quien abusó y asesinó a machetazos a tres niños en Arauca en 2010. Su caso estremeció a Colombia y hoy purga una pena de 60 años de cárcel.

https://noticias.caracoltv.com/violencia-contra-la-mujer/maria-vivio-los-15-anos-la-peor-pesadilla-para-una-mujer-reclutada-por-el-eln-en-antioquia

La ATE en Iguales y Diferentes


November 9, 2017

 

El pasado 17 de Octubre el programa Iguales y Diferentes, sección sobre ecumenismo de San Pablo Radio, dedicó su tiempo a presentar nuestra asociación y además habló con Isabel Gomez Acebo, una de las fundadoras, y con Mireia Vidal, nuestra actual secretaria.

¡No podéis dejar de escuchar este programa! Muy interesantes las aportaciones de Isabel y de Mireia, dos voces de mujer.

                                                                                            Programa de Radio

https://www.asociaciondeteologas.org/single-post/2017/11/10/La-ATE-en-Iguales-y-Diferentes

DEVUELTA CON LA HISTORIA (III). MEMORIAS DE MANUEL BEDOYA, SOBRE GERARDO VALENCIA CANO.


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