La mujer que encarcela a quienes mutilan los genitales de las niñas



DÍA INTERNACIONAL CONTRA LA MUTILACIÓN GENITAL FEMENINA

Mientras que en Europa los casos de ablación condenados en los tribunales son muy pocos, Francia ha tenido más de 40. El mérito es de la abogada Linda Weil-Curiel

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La abogada y activista por los derechos de las mujeres,  Linda Weil-Curiel, en su casa de París.

La abogada y activista por los derechos de las mujeres, Linda Weil-Curiel, en su casa de París. EMANUELA ZUCCALÁEMANUELA ZUCCALÀParís 6 FEB 2019 – 04:24 COT

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Hawa Gréou era la maman (madre) más famosa de toda Île-de-France. Cientos de familias malienses, senegalesas, guineanas y marfileñas llamaban a la puerta de su piso de París pidiendo a la matrona de Mali que “preparase” a sus hijas con el rito que, para algunas etnias africanas, constituye el sello necesario de la pureza femenina: la mutilación genital. Hawa era hábil y rápida. Con su cuchillo, ninguna niña moría de hemorragia.

Un día, su vecina la denunció por alteración del orden público. Los gritos que se escapaban a través de su puerta eran estremecedores, pero no ocurrió nada. Para que fuese detenida fue necesario el valor de una de sus víctimas, una joven que quiso salvar a sus hermanas pequeñas del rito de sangre y explicó a un fiscal los horrores que sucedían en aquel lugar. Hizo falta la testarudez de una abogada para condenar a la maman a ocho años de cárcel, en un juicio histórico que sacudió Francia y abrió los ojos definitivamente a las ablaciones clandestinas. Este año se cumple el vigésimo aniversario de aquel proceso.

La letrada de la causa es Linda Weil-Curiel, presidenta de la Asociación Cams(Comisión para la Abolición de las Mutilaciones Sexuales), que desde la década de los ochenta ha defendido a las víctimas en otros 40 procesos y ha logrado condenar a más de 100 personas entre mutiladoras y padres de niñas mutiladas. Aunque Francia es el único de los países europeos con una fuerte presencia de inmigrantes africanos que no dispone de una ley específica contra la mutilación genital femenina, registra el mayor número de condenas en estos casos. En Italia, a partir de la promulgación de la ley de 2006, se ha dictado solo una; en España y en Suecia, dos; en Reino Unido se ha emitido una única sentencia de condena hace unos días, a pesar de que la ley existe desde 1985.

“Los Parlamentos de media Europa me invitan para que explique por qué en Francia funciona la justicia contra la ablación y en otros países no”, dice sonriendo Weil-Curiel en su despacho de Saint-Germain-des-Prés, en pleno centro de París, “y siempre insisto en que una norma específica es inútil y, además, un error. Basta con el Código Penal, que en cualquier Estado castiga las lesiones permanentes. Además, una ley específica abre la puerta al relativismo cultural al clasificar las mutilaciones sexuales entre africanos como tradición y no simple y llanamente como un delito”.

Los Parlamentos de media Europa me invitan para que explique por qué en Francia funciona la justicia contra la ablación y en otros países no

Según los datos del Ministerio de Sanidad de su país, entre 2007 y 2015 el número de mujeres residentes en Francia que han sido mutiladas ha pasado de 61.000 a 53.000. ¿Cree que hay que atribuir el mérito a su línea dura?

En parte sí. Sin duda, la sensibilización de las comunidades de inmigrantes es fundamental, pero también tienen que ser conscientes de que si mutilan a las niñas irán a la cárcel.

¿Cómo empezó a apasionarse por este tema?

En 1982, una amiga feminista (Annie Sugier, cofundadora con Simone de Beauvoir de la Liga Internacional por los Derechos de las Mujeres) me trajo un artículo de un periódico que informaba de que un padre había mutilado a una niña de tres meses y que esta se había salvado por poco de la muerte. La niña se llamaba Bintou. Con mi asociación, me personé como actor civil en el proceso, y allí empezó mi primera batalla, consistente en que estos casos no se siguiesen dirimiendo en los tribunales ordinarios, sino en los órganos judiciales de máximo rango, es decir, en las Salas de lo Penal de los Tribunales Superiores de Justicia.

Los jueces, por su parte, le quitaban importancia, aduciendo que eran inmigrantes, personas que no hablaban francés, y que eran sus tradiciones. Yo les respondía preguntándoles si no pondrían el grito en el cielo si le amputasen los genitales a una niña blanca francesa, y clamando que la ley es igual para todas las personas que viven en Francia. Así fue como conseguimos que el delito se juzgase en el Tribunal de lo Penal. Luego, cuando muchas familias empezaron a mutilar a sus hijas llevándolas a sus países de origen para eludir la justicia francesa, conseguimos ampliar el Artículo 222 del Código Penal a las ablaciones llevadas a cabo en el extranjero por ciudadanos franceses o residentes en Francia. No obstante, los casos resultaron más complejos.

180.000 NIÑAS EN RIESGO

Se calcula que en Europa hay 180.000 menores emigradas de países africanos o hijas de inmigrantes que corren el peligro de ser sometidas al “corte”. El país en el que la presencia del problema es mayor es Reino Unido, con 65.000 niñas en situación de riesgo, seguido por Francia (unas 44.000), Italia (18.000) y Suecia (11.000). En España, la fundación Wassu-UABde la Universidad Autónoma de Barcelona ha calculado que en el territorio nacional viven casi 41.000 mujeres originarias de países africanos en los que se practica la mutilación genital, y que unas 10.000 niñas de cero a 14 años corren el peligro de ser sometidas a la práctica. De los países con tradición de mutilación genital femenina, las nacionalidades más numerosas en España son la nigeriana, la senegalesa, la gambiana, la guineana, la mauritana, la ghanesa y la camerunesa.

¿Por qué?

Los padres no revelaban los nombres de las mujeres que practicaban la ablación. En el seno de las comunidades africanas, las protegen. Las madres contaban que, en el autobús, una mujer las vio con su bebé en brazos, les preguntó si ya la habían operado y las invitó a su casa, pero que no saben cómo se llama. Cuentan historias inverosímiles.

Hasta que, en 1999, estalló el caso Gréou…

Una investigación que duró 18 meses y un gran juicio de 15 días. Después de que la chica presentase la denuncia, la policía puso bajo vigilancia la casa de Hawa Gréou, pero ella había tomado precauciones y practicaba las escisiones en otro sitio. Hasta que le intervinieron el teléfono, la verdad no salió a la luz. Gréou organizaba sesiones de mutilación en masa, normalmente en época de vacaciones, cuando había menos gente que lo pudiese oír. Se interrogó a todas las personas que aparecían en su agenda.

El fiscal pidió siete años de cárcel, y yo ocho. Gané yo.

Cuando Gréou salió de la cárcel, se hicieron amigas y escribieron conjuntamente el libro Exciseuse [mutiladora] (editorial City). ¿Cómo fue posible esta colaboración entre culpable y acusadora?

Durante el juicio, tuve siempre a Hawa enfrente de mí, y pude darme cuenta de su inteligencia. Me enteré de que el oficio de mutiladora se lo había impuesto su abuela. Las mujeres de su familia lo practicaban desde hacía generaciones y era un papel de prestigio en la comunidad porque daba dinero, telas valiosas, jabón… Hawa no tenía opción. Salió antes de la cárcel por buena conducta y me llamó por teléfono diciéndome: “Soy maman“. Estaba sola, su marido había tomado otras mujeres y quería mandarla a Mali. Ella iba de un lado a otro con un carrito de la compra lleno de ropa porque las otras mujeres le robaban todo, y con el carrito a cuestas, en zapatillas y cubierta con el velo vino a verme. Yo era la única persona con la que podía hablar francamente porque sabía que la entendía. Así nos fuimos acercando. Incluso llevé a su marido ante los tribunales y lo obligué a pagarle una pensión alimenticia.

Háblenos del último caso que ha llevado.

Actualmente tengo dos casos abiertos, pero el último fue el año pasado. Un caso muy triste. A la chica, nacida en Francia, le practicaron la ablación durante unas vacaciones en Guinea, y luego los padres la obligaron a casarse con un hombre mucho mayor que ella. Ella no quería y sus padres le pegaron brutalmente. La chica puso una denuncia, pero los jueces decidieron actuar solo por las palizas y no por la mutilación, y mi apelación fue rechazada por un defecto de forma. La chica me decía que ella era francesa y que no tenían derecho a hacerle eso. Francia no le ha hecho justicia.

No hace falta una ley especial para establecer que cortar una oreja o una mano es un delito. ¿Por qué no debería pasar lo mismo con los genitales?

¿Por qué en otros países europeos que incluso han adoptado leyes específicas contra la mutilación genital femenina es tan difícil que se dicte una condena?

Es más eficaz seguir el Código Penal que crear normas nuevas que siempre resultan difíciles de aplicar. No hace falta una ley especial para establecer que cortar una oreja o una mano es un delito. ¿Por qué no debería pasar lo mismo con los genitales? En Reino Unido, por ejemplo, hay nada menos que tres leyes contra la mutilación genital femenina, la primera de 1985, pero están llenas de puntos débiles, como el hecho de que una asociación no pueda intervenir como actor civil. En Estados Unidos también es difícil aplicar la legislación federal, como ha demostrado el caso reciente de una clínica de Detroit donde una secta india practicaba ablaciones. El juez del Estado de Michigan rechazó la ley federal sobre la mutilación genital en nombre de la libertad religiosa y de otros argumentos que han puesto de manifiesto la fragilidad de la norma.

Se calcula que en Europa hay 500.000 mujeres inmigrantes que han sido sometidas a mutilación genital. Aparte de la vía judicial, ¿qué otras acciones piensa que son útiles para erradicar esta práctica?

Los pediatras tienen que controlar los genitales de las niñas que provienen de países en los que la ablación es una tradición, sobre todo cuando acaban de estar allí de vacaciones, e informar de la mutilación a los servicios sociales. Después hay que transferirles a estos la gestión de los subsidios estatales que recibe la familia. En Francia, un centro de protección a la infancia ha aplicado esta medida con buenos resultados. Las niñas tienen derecho a un desarrollo normal. La ley nos otorga los medios para protegerlas y no debemos tener miedo de utilizarlos.

UNCUT, EN EL PARLAMENTO

La mujer que encarcela a quienes mutilan los genitales de las niñas

El 6 de febrero, Día Mundial contra la Mutilación Genital Femenina, el Parlamento Europeo de Bruselas se centrará en el fenómeno y sus posibles soluciones. Para la ocasión se proyectará el documental Uncut publicado en EL PAÍS de Emanuela Zuccalà (autora de este artículo) y Simona Ghizzoni, acompañado por una exposición fotográfica a cargo de las asociaciones ZonaNon c’è Pace senza Giustizia y Differenza Donna.

https://elpais.com/elpais/2019/02/04/planeta_futuro/1549285616_641917.html

La “libre elección” es la peor mentira del patriarcado


AUTORA

Natalia Salvo Casaus

Directora del Instituto Aragonés de la Mujer. Licenciada en Historia, especialidad en Historia de las Mujeres y estudios feministas.

Hace unos días leía en este mismo medio a Pilar Aguilar un brillante artículo en el que cuestionaba el término heteropatriarcado, precisamente por acotar un sistema que impregna todas las esferas de nuestra vida a una población muy concreta. El feminismo nos obliga a estar alerta, pues a través del lenguaje o de la manipulación de éste nos intentan colar goles por toda la escuadra. El último: los vientres de alquiler, que ahora eufemísticamente llaman maternidad subrogada.

Los vientres de alquiler liberan a las mujeres, dicen con todo el aplomo del mundo quienes nunca pensaron en nosotras ni en nuestras opresiones. Las mujeres ni somos máquinas reproductoras ni estamos en esta sociedad para hacer felices a quienes, chequera en mano, se pueden permitir comprarnos. No somos territorios de conquista, ni tampoco transacciones en nombre de un fin idealizado y revestido de un falso altruismo.

El mito de la libre elección, del que nos hablaba Ana de Miguel, es la mentira más despiadada del sistema patriarcal, donde la feminización de la pobreza, la cosificación de las mujeres y la violencia extrema contra nosotras definen los modelos relacionales de nuestra sociedad.

El doloroso mito de la libre elección sólo ha servido para mantener los privilegios patriarcales de quienes no estarán jamás dispuestos a ceder poder, aunque se pongan la etiqueta de “feministas.

El doloroso mito de la libre elección sólo ha servido para mantener los privilegios patriarcales de quienes no estarán jamás dispuestos a ceder poder, aunque se pongan la etiqueta de “feministas. Nos decían que había mujeres que ejercían la prostitución por elección, pero nunca les oí decir a esas mismas personas que más del 90% de las mujeres prostituidas son tratadas y que ese supuesto porcentaje, ínfimo, que lo habrían “elegido”, vivían en la más absoluta de las miserias. Estos y estas son las mismas personas que nos dicen que las mujeres se convierten en incubadoras por placer, para hacer felices a otras personas. Altruismo, lo llaman. Son las mismas personas, no cambian.

Los eufemismos se han impuesto para dulcificar una práctica que lleva siglos operando y que no es sino la compra de mujeres pobres. Son los vientres de alquiler de toda la vida. Y las cifras las tenemos. Así como los rostros de las mujeres a quienes les han borrado su identidad hasta el punto de denominarlas “gestantes”.

La paternidad y la maternidad no son derechos, son deseos. Ante la dificultad para serlo puedes optar por dos vías: adoptar o acoger niños y niñas que necesitan más que nadie una familia, o comprar a una mujer pobre para engendrar un hijo o una hija ajenos. Y, claro, aquí también hablamos de ideología y prioridades.

La paternidad y la maternidad no son derechos, son deseos. Ante la dificultad para serlo puedes optar por dos vías: adoptar o acoger niños y niñas que necesitan más que nadie una familia, o comprar a una mujer pobre para engendrar un hijo o una hija ajenos.

¿Os imagináis a la izquierda pensando que como la explotación laboral está presente en nuestra sociedad lo que tenemos que hacer es regularla para que sea lo menos dolorosa posible? Pues lo que no vale para los trabajadores sí vale para las mujeres, por lo visto.

Pero lo más doloroso que he tenido que presenciar los últimos días no es eso, sino ver cómo hombres y mujeres que se dicen de izquierdas emprenden una campaña pública contra las feministas a las que tildan de “locas”, “intolerantes” y “violentas”. ¡Qué deja vu histórico más grande! Cuando las feministas luchamos contra nuestra opresión los argumentos para desprestigiarnos siempre son los mismos. Lo que no creí nunca es que los esgrimiesen personas que se dicen progresistas.

Los vientres de alquiler son la máxima expresión del libre mercado, donde todo está a la venta, se compra y se vende. En la inmensa mayoría de los casos son mujeres pobres o abocadas por una situación de desigualdad estructural, ¿debemos legislar, pues, para una supuesta minoría, a costa de acrecentar la dolorosa situación de la inmensa mayoría de mujeres? Por no hablar de que en la mayoría de países del mundo la maternidad supone la principal causa de mortalidad femenina, algo que olvidamos desde nuestra óptica eurocentrista.

Las mujeres no están en venta, y mucho menos dulcificando una situación de desigualdad estructural bajo el mito de una libre elección que nunca será tal hasta que no derribemos el sistema patriarcal

No es una cuestión de debates, sino de prioridades y de ideología. De ser, o no, feministas. De pensar, o no, en las mujeres. De creer, o no, que en esta vida todo se compra y todo se vende. Las mujeres no están en venta, y mucho menos dulcificando una situación de desigualdad estructural bajo el mito de una libre elección que nunca será tal hasta que no derribemos el sistema patriarcal.

https://tribunafeminista.elplural.com/2017/06/la-libre-eleccion-es-la-peor-mentira-del-patriarcado/

El culto a la agresión de mujeres en la iglesia católica cristiana


AUTORA

Esther Tauroni Bernabeu

Doctoranda en Políticas de Igualdad, Licenciada en Historia del Arte, Técnica en Igualdad, Activista, Ingobernable, Investigadora y Mujer.

A lo largo de la era cristiana, pero especialmente durante los últimos 500 años, las mujeres  hemos sido apartadas de la formación e incluso hemos tenido prohibido el acceso sin embargo y a la par hombres y mujeres hemos tenido que cumplir el precepto de ir a misa los domingos y fiestas de guardar, espacio dónde hemos tenido que convivir con todo tipo de lecturas e imágenes misóginas.

Para responder al desafío de la Reforma Protestante, entre 1545 y 1563, la Iglesia Católica Romana organizó el consejo ecuménico conocido como Concilio de Trento, a partir del cual se llevaron acciones de contrarreforma. A partir de entonces las manifestaciones artísticas y la filosofía quedaban al servicio de la teología y su objetivo era inducir a las masas a aceptar “verdades” y adoctrinar al pueblo.

En el adoctrinamiento entra el emocionalismo, sentimentalismo, teatralidad, el deseo de provocar emociones de dolor, aflicción, causar heridas y provocar lágrimas y, especialmente crear temor en los y las fieles. El arte se convierte en propaganda, los centros religiosos en escenarios y las imágenes en una invitación a participar en las agonías y martirios de los personajes representados.

Lo que la Iglesia Católica Romana pretendió transmitir como vidas ejemplares para aleccionar al pueblo se traduce en representaciones de mujeres, cuyas vidas y leyendas habían relatado los hagiógrafos, recibiendo palizas, esclavizadas, degradadas, golpeadas, amputadas y violadas a la par que custodiadas por elementos iconográficos para la identificación y lectura de las imágenes.

Tanto en las representaciones religiosas de las mujeres, especialmente en el barroco pero también en  movimientos artísticos anteriores y posteriores,  se crea un culto a la agresión, una violencia constante ejercida sobre ellas así como una veneración a su virginidad. Santas y mártires transmiten angustia y desasosiego; mientras que vírgenes y castas, calma y tranquilidad.

Con la Contrarreforma, los cuerpos vestidos de las mujeres o cubiertos con sutiles gasas se desnudan convirtiéndose en un producto de tortura misógina, en un espectáculo de terror dónde mutilaciones de pechos , agresiones sexuales, vejaciones y torturas se normalizan mediáticamente, convirtiéndose las iglesias en auténticos shows que provocan el shock en las fieles que entienden los golpes y las ignominias como parte de su existir, a la par que los fieles empiezan a identificarse con verdugos y autoridades en el sometimiento de la mujer.

Aquellas imágenes que se crearon para adoctrinar en el castigo y el temor de las  mujeres, conteniendo esos grados de tortura,  se aproximan a la pornografía al presentarnos mujeres que se muestran gozosas ante el martirio y el horror. Son representaciones crueles, tormentosas, retorcidas y terroríficas que elevan la leyenda al mundo real, adormeciendo al espectador en el pánico en vez de despertarle.

Bajo el mecenazgo eclesial, los artistas encontraron el éxito en la exageración de las leyendas y la intención de emocionar y cautivar al público convirtiendo los templos cristianos en campos de concentración dónde no podían apartar la vista de la atrocidad y el horror. Espeluznantes imágenes que de forma individual, formando series o en tablas que contienen diferentes escenas ,  coronan altares o se penden en laterales, representando  escenas que, con sangre y sin  resistencia, evocan la dureza de la agresión sexual a la mujer a través de cuerpos, generalmente infantilizados, lo que agrava la connotación.

Interiorizar el abuso sexual a la mujer formó parte de la cotidianeidad, una historia cerrada con principio y fin y sin posibilidad de abandonar. Una existencia, para las mujeres, apocalíptica y  reiterativa hasta las náuseas que traspasaba las fronteras de la agresión para llegar al sadismo y que las retenía en una claustrofobia sin luz. Imágenes que devoraban la vida de las mujeres en su propio universo, que las retenía en la creencia de que sus cuerpos habían sido creados para el abuso y el maltrato, que su destino era el sometimiento y la barbarie. Una estrategia en la que Iglesia y Estado con una cuidada escenografía, unos grandes artistas y unas legendarias actrices narraron un discurso patriarcal y misógino.

Aunque el cristianismo fue perseguido por el Imperio Romano desde sus inicios, las persecuciones fueron siendo más o menos sangrientas  dependiendo del Emperador. Con Diocleciano, a mediados del siglo III,  tuvo lugar “La Gran Persecución” y de ella se extrajeron las vidas y leyendas de quienes la sufrieron. Los edictos ordenando a toda la ciudadanía romana a realizar sacrificios a los dioses paganos  se aplicaron por todo el imperio, aunque con más debilidad en Galia y Britania y  más evidentes en las provincias Orientales, motivo por el cual hallamos más mártires en esta zona. Estas vidas inspiraron los relatos de hagiógrafos posteriores, y estas a su vez  las obras pictóricas y escultóricas.

Varones como Cosme y DamiánErasmo de FormiaRomán de AntioquíaVíctor de MarsellaMarcelinoPancracioVicente de Zaragoza, y Pantaleón son algunas de las victimas de estas persecuciones. En sus martirios no sufrieron agresiones sexuales, ni fueron violados ni sodomizados, no fueron objetos sexuales, las mujeres sí.

A diferencia de ello en el caso de las mujeres los martirios tienen una carga sexual, pese al puritanismo muestran sus cuerpos desnudos y además de violentas las escenas llegan al masoquismo más brutal, habiendo siempre una clara diferenciación entre la superioridad del verdugo masculino y la inferioridad de la víctima femenina.

Uno, entre muchos ejemplos, es el caso de Águeda de Catania, cuya leyenda fue narrada a mediados del siglo XIII en “La leyenda dorada” por el hagiógrafo Santiago de la Vorágine, entonces arzobispo de Génova. Águeda fue una virgen y mártir del siglo III que, perseguida como el resto de cristianos y cristianas en tiempos del emperador Decio, sufrió el acoso sexual del procónsul de Sicilia, Quintianus y al ser rechazado por ella mandó que la encerraran en un lupanar para que fuera violada por los hombres que lo visitasen, posteriormente el procónsul, enfurecido,  ordenó que le cortaran los senos y, finalmente, dio la orden de arrojarla sobre carbones al rojo vivo.

Las representaciones del martirio que sufrió Águeda son abominables, posiblemente las más sangrientas, explícitas y crueles que podamos utilizar en la historia del arte. Águeda fue sometida a la violencia física, sexual y psicológica por su activismo y defensa pública de convicciones. Aunque fue amordazada, esposada, golpeada y quemada, los artistas que la han representado han coincidido en su mayoría en representar el momento más sanguinario y  con mas connotaciones  sexuales que padeció y que consistió en la amputación de sus pezones, ensortijándolos y arrancándolos con unas tenazas  enormes empuñadaspor verdugos.

Para dramatizar la escena a mujer la representan como una niña o adolescente de caderas pequeñas y pechos incipientes, desvalida, sin fuerzas, si ánimos, sin poner oposición incluso a veces con un gesto de complacencia o conformismo escalofriante. A la fragilidad de la joven se oponen los cuerpos broncíneos y adultos de los verdugos masculinos que despiadados, en superioridad física y numérica proceden a torturarla.

Encontramos tablas góticas, de autores desconocidos que tratan el tema, obras de Sebastiano del Piombo, de Ambrosius Benson, de Paolo Veronese, Giovanni Lanfranco, Francesco Guarino, Andrea Vaccaro, Tiépolo y muchos más pero de entre ellas, por sus efectos de claroscuro, una de las más dramáticas y aterradoras es la del pintor manierista español Gaspar de Palencia que actualmente se exhibe en el Museo de Bellas artes de Bilbao y que realizó en 1578.

En la obra, la mártir aparece en el centro, y los efectos de la luz consiguen que pongamos toda nuestra atención en su tortura. Está sentada, resignada. El  verdugo de la izquierda alza su brazo para practicarle una incisión en el seno; el de la derecha presiona con sus dedos un pezón con la intención de ponerlo erecto u posteriormente cortarlo con un que alza y amenaza con la mano derecha. Junto a este un soldado romano observa con impasibilidad la escena, mientras al fondo otros tres varones la señalan acusatoriamente. La corpulencia y agresividad de los hombres se opone a la neutralidad  y pasividad de la mujer que, lejos de resistirse asiente. Le escena refleja que tanto un hombre con “autoridad política” como un campesino están autorizados para torturar a una mujer.

Es angustioso pensar que hasta la actualidad Águeda es invocada contra las enfermedades asociadas a las glándulas mamarias, sea protectora de las nodrizas y también de los fundidores de campanas (quizá porque la forma de la campana elude a los senos). Iconográficamente fue representada como una joven vestida portando sus senos en una bandeja, recordemos el cuadro de Zurbarán.

El 26 de junio de cada año, se celebra el Día Internacional de Apoyo   a las víctimas de Tortura. Amnistía Internacional declara que “La tortura es un acto basado en el abuso de poder y la discriminación de género facilita formas de tortura y penas crueles, inhumanas o degradantes que tienen como objetivo  de manera especial o desproporcionada a las mujeres y las personas con identidades sexuales no mayoritarias” La torturas a mujeres incluyen violaciones y agresiones de tipo sexual. En el 2011 las activistas y periodistas que se manifestaron en Yemen contra el gobierno fueron  perseguidas y recibieron palizas. En Bahrein,  Aayat Alqomorzi recibió descargas eléctricas en el rostro después de ser detenida por recitar poemas alusivos al rey durante las protestas de ese año. También en China la abogada Ni Yulan fue torturada hasta dejarla en una silla de ruedas, y en otros países como Irán o Zimbawe, sucede lo mismo.

En los conflictos armados, las mujeres y las niñas son doblemente víctimas, tanto por el conflicto como por ser utilizadas como elemento de desgaste contra el enemigo violándolas y agrediéndolas. Como en la obra que hemos analizado,  actualmente  las escenas se repiten: mujeres lapidadas y vejadas públicamente, violadas grupalmente, propagándoles deliberadamente el VIH, e insertándoles repugnantes objeto en sus órganos sexuales. En ocasiones, y tras la violación, bajo el pretexto de mantener el honor familiar, las víctimas son obligadas  a un matrimonio forzoso, lo que equivale a una esclavitud sexual y tortura de por vida.

La mutilación genital femenina sigue practicándose en muchos países, no estando penalizada e incluso defendida públicamente en Indonesia por la Ministra de Sanidad. La esterilización forzada, que es otra forma de tortura, se practica en demasiados países con el pretexto de la planificación familiar. Las restricciones en el acceso al aborto, especialmente en los casos de violación o cuando el embarazo supone un riesgo para la vida,  también son tratos denigrantes y vejatorios que constituyen una tortura para las mujeres.

Históricamente la tortura, no solo se ha utilizado como una forma para infligir dolor a una víctima específica sino también para aterrorizar a otras personas y disuadirlas de que emprendan diversas acciones. Son “vías” para obtener confesiones, delatar a otras personas pero esencialmente para restringir brutalmente los derechos.

Desde 1948, año en que se aprobó la Declaración Universal de los Derechos Humanos existe una prohibición mundial de tortura y de ejercer cualquier tipo de crueldad y humillación. 156 países han firmado desde entonces la “Convención contra la Tortura” de Naciones Unidas, tratándose de una prohibición vinculante incluso para los Estados no unidos a los tratados. Actualmente la tortura y los malos tratos son considerados crímenes del derecho internacional, incluso de lesa humanidad o genocidio, pese a que sus imágenes sigan formando parte del universo patriarcal en vez de utilizarse para la prevención y sensibilización de la violencia de género.

https://tribunafeminista.elplural.com/2019/01/el-culto-a-la-agresion-de-mujeres-en-la-iglesia-catolica-cristiana/

CHILE: Habla por primera vez la mujer que denunció por abusos al sacerdote Renato Poblete


domingo, 27 de enero de 2019
M. Soledad Vial
Reportajes
El Mercurio

“Me anima buscar verdad y justicia, soy parte de la Iglesia y responsable por ella también”, dice la profesora que denunció por abusos sexuales al sacerdote Renato Poblete, fallecido en 2010. Su caso lo expuso ante la Comisión de Escucha, instalada en Chile por monseñor Charles Scicluna. “Una se transforma en un esclavo de la voluntad del otro”, dice.

“Soy Marcela Aranda Escobar, ingeniero mecánico y teóloga. Soy profesora de la Facultad de Teología de la Pontificia Universidad Católica de Chile, hago clases de teología y también en el programa de Pedagogía en Religión Católica de la UC. Soy mamá de una hija que quiero mucho y, además, vivo con mi padre ya anciano. Me siento sobreviviendo con gran esfuerzo, mucha ayuda especializada y el cariño de mis amigos por abusos horrorosos”. Frente a nosotros está una mujer de 53 años, de pelo corto y canoso, pantalón sencillo y blusa blanca, unos pequeños aros turquesa como único adorno. Tatuajes en su brazo derecho y en su hombro izquierdo llaman la atención, son recientes, dice cuando le preguntamos, “es parte del proceso, son como mis cicatrices”.

Acompañada por su abogado Juan Pablo Hermosilla, en su oficina, Marcela Aranda habla por primera vez con un medio de comunicación de las graves denuncias que ha formulado en contra del sacerdote jesuita Renato Poblete Barth (fallecido en 2010). Habla despacio, a ratos tranquila, a veces con voz angustiada. En un momento se quiebra en una voz casi inaudible, cuando intentamos entrar en las situaciones concretas de los abusos que denunció en la Comisión de Escucha instalada en Chile por el enviado del Papa, monseñor Charles Scicluna, y que Marcela Aranda ha decidido no revelar -públicamente- hasta que sea requerida por el investigador designado por la Compañía de Jesús.

El sacerdote jesuita dirigió el crecimiento del Hogar de Cristo como su capellán por 18 años y se convirtió en una figura pública, emblema de la solidaridad en el país; hoy el popular parque en Quinta Normal lleva su nombre. Hace 9 días, en un comunicado, la Compañía de Jesús anunció el inicio de una investigación canónica preliminar a cargo del abogado laico, Waldo Bown, por hechos que se refieren a “delitos y situaciones abusivas entre 1985 y 1993, de carácter grave en el ámbito sexual, de poder y de conciencia” -cuyos detalles están contenidos en su declaración-, denunciados por una mujer cuya identidad no fue revelada y que habría tenido 19 o 20 años en ese entonces”.

Mientras el foco de las investigaciones eclesiásticas estuvo puesto en la sanción al denunciado, la Iglesia no prestó gran atención a los antecedentes que involucraban a un sacerdote en posibles abusos si este ya había fallecido. La crisis que ha sacudido a la Iglesia en las últimas décadas instaló a las víctimas como foco de las investigaciones eclesiásticas, otorgándoles a esos procesos una finalidad de reparación.

-¿Por qué decidió dar esta entrevista y hacer pública su denuncia?

-Cuando uno hace una denuncia de la envergadura de la que he hecho y del personaje (que se trata), me siento con la responsabilidad de decir que fui yo quien hizo esa denuncia, que la gente perciba la devastación que hay en quien ha sufrido estos abusos, con nombre y rostro concreto. Que vean las huellas del dolor.

-Han pasado 25 años desde los hechos que denuncia, ¿por qué lo hace ahora?

-Mira, las víctimas hacemos un proceso muy doloroso y de muchos años, 20, 30, 50, entre el abuso y el momento que, por fin, logramos poner en palabras el horror que sufrimos. Lo mío, me ha dicho la sicóloga, ha sido una disociación, para sobrevivir, olvidé completamente el período en que fui terriblemente abusada. Mis amigos me dicen que nunca hablé de ese período de mi vida. Inconscientemente borré todo recuerdo, como si esos años nunca hubieran existido, fue una disociación, no una pérdida de memoria.

-¿No se acordaba de nada durante esos años?

-No. Eran como años que no hubieran existido. Pero, en realidad, esos hechos estaban allí y aparecían de muchas otras maneras: fuertes bajones, jaquecas, cambios bruscos de ánimo. Y todo eso me hacía sufrir mucho, porque además no sabía por qué era.

-La Iglesia chilena se remeció con el caso Karadima en 2010, ¿cómo vivió el destape de los abusos de sacerdotes?, ¿la remeció también?

-No, fue una noticia más, no me producía nada. Yo vivía bajo los efectos del abuso, pero en otra línea. Creo que fue la única forma que sicológicamente encontré para sobrevivir, pero no significa que esos eventos no estuvieran ahí. Sufrí mucho, porque no sabía lo que era… El abuso te va destruyendo golpe a golpe, va pulverizando todos los niveles de la vida. Sufrí una destrucción afectiva, de mis emociones, de mis relaciones amorosas, de amistad. Mi vida académica, si bien fue un refugio muy importante, una de mis tablas de salvación, me costó una enormidad concentrarme para sacar adelante mi carrera de Ingeniería Mecánica y mi magíster en Teología.

-¿Cómo ha sido su vida afectiva durante estos años?

-Destruyó mi vida afectiva hasta el día de hoy. Nunca pude armar una relación con nadie. Mi capacidad de entablar relaciones personales, de sentir cariño y de sentirse querido quedó totalmente destruida. Edifiqué un muro para defenderme del mundo exterior, pero no solo quedó lo malo fuera, también lo bueno.

El primer encuentro

-¿Cuándo conoció usted al sacerdote Renato Poblete?

-Yo tenía unos 19 o 20 años. Debe haber sido 1984, durante mis primeros años de universidad como estudiante de Física. En esa época tenía mucha inquietud de ayuda social y me acerqué al Hogar de Cristo para ser voluntaria, entusiasta, idealista, me movía mucho el pensamiento del Padre Hurtado.

-¿Por qué decidió estudiar Teología, viniendo de un área tan distinta como la Física?

-Estudiaba Física, pero durante el proceso de discernimiento decidí cambiarme a Teología. Cuando logré salir huyendo de esta experiencia de abuso, salí arrancando de Teología también, y no alcancé a dar mi examen de grado. Comencé a estudiar Ingeniería y me metí en ese mundo; trabajé como ingeniero y el 2006 volví a terminar mi carrera de Teología. Me hizo sentido, porque era un proceso que había quedado abierto, lo hicimos, y después me surgió la idea de seguir el magíster en 2007; no me fue fácil, pero lo conseguí, y el 2013 entré como profesora a la facultad.

-¿Venía de una familia religiosa?

-No, había estudiado en un colegio laico, mayoritariamente luterano, como el Deutsche Schule, mi mamá era católica y ella me acercó a la religión. Me aboqué con todo el entusiasmo juvenil a ayudar en el Hogar de Cristo y me surgió este llamado a discernir una posible vocación religiosa. Es normal como católico que en algún momento uno se pregunte: ¿qué quiere Dios de mí? Me recomendaron tener un director espiritual para acompañar ese proceso y me hablaron del capellán Renato Poblete Barth. Me sentí muy honrada cuando aceptó recibirme, era una persona muy conocida. Fui muy confiada a ese primer encuentro, recuerdo que me dio un gran abrazo y me pidió que le relatara mi vida. En algún momento me dijo: “De ahora en adelante, yo seré tu padre y te daré todo el cariño que necesitas”. Fue muy emocionante y me dejó completamente abierta a lo que vino después. Nunca pensé que un deseo y una búsqueda tan noble terminaría en un abuso tan horrible.

-¿Qué vino después?

-No voy a hablar de eso, por ahora. Hasta que no dé mi declaración al investigador que ha designado la Compañía de Jesús, no quiero referirme a los abusos que viví (“La denuncia fue presentada a través de la Comisión de Escucha encargada por monseñor Charles Scicluna y se refiere a delitos y situaciones abusivas entre 1985 y 1993 de carácter grave en el ámbito sexual, de poder y de conciencia”, señaló en su comunicado la Compañía de Jesús).

-¿Pero cómo se fue dando una relación como la que describe y tan larga, de los 19 a los 27 años?

-El abusador es una persona muy astuta, con un manejo impresionante de la sicología humana, pero para la maldad. Tienen la capacidad de percibir dónde está tu fragilidad, por ahí entran y uno no tiene herramientas para defenderse del abuso.

-¿Había algo en ese momento que la hiciera vulnerable?

-Tenía relaciones complejas con mi familia, no quisiera entrar en mayores detalles, por respeto a ellos, pero había situaciones complicadas en el hogar que me tenían vulnerable frente a la figura paterna, sobre todo. A medida que van transcurriendo los hechos de abuso, uno va quedando completamente atrapado, comienza a perder la noción de lo que está bien y lo que está mal, pierde la voluntad, la libertad. Uno se transforma en un esclavo de la voluntad del otro.

-¿Esos hechos de abuso comenzaron después de que usted inició la dirección espiritual?, ¿cómo fue ese proceso?

-Sí, por ahora, no quiero referirme a los hechos concretos del horroroso abuso sexual y de conciencia que sufrí durante todos esos años, porque aún no he declarado ante el abogado que investiga a los jesuitas.

-¿Buscó ayuda durante todos esos años, conversó con alguien de lo que estaba pasando?, ¿cómo terminó esa relación?

-Fue muy difícil, fue una huida. No quisiera hablar de eso hasta que hable con el investigador, es un tema muy delicado, porque estamos hablando de potenciales testigos.

-¿Hay personas que pudieron saber o darse cuenta de lo que pasaba?

-Puede ser que sí, esa es la responsabilidad de investigar lo que pasó.

Las conferencias en la Facultad de Teología de la Universidad Católica de Chile

Marcela Aranda cuenta que el año pasado, “me empecé a obsesionar con las noticias que surgieron sobre nuevos casos de abusos por parte de sacerdotes en la iglesia. Me daba cuenta de que no podía dejar de pensar en eso, de hablar de los casos, sentía un dolor enorme”.

Como profesora de la Facultad de Teología de la UC, en mayo recibió una invitación para asistir a un encuentro con el médico James Hamilton, uno de los denunciantes del sacerdote Fernando Karadima, quien les hablaría sobre los efectos de los abusos en la vida de las víctimas. “Me produjo un malestar físico y emocional tremendo”, afirma, “no fui capaz de ir a escucharlo, aunque quería”.

Pocos meses después, en octubre, recibió una nueva invitación para una segunda reunión, esta vez con el abogado Juan Pablo Hermosilla, quien hablaría con los profesores de Teología de la Facultad en la Universidad Católica de Chile sobre “la renovación de las estructuras eclesiales que finalmente han propiciado el abuso”.

-¿Decidió ir a ese encuentro?, ¿qué pasó entonces?

-Se me abrió la herida, sentí una angustia que no podía controlar, no entendía qué me pasaba. En mi desesperación llamé a mi colega y gran amigo, el sacerdote Rodrigo Polanco, y le expliqué que necesitaba hablar con él. Quedamos de hacerlo el 15, un día antes del encuentro con Juan Pablo Hermosilla, pero el día anterior brotaron en mi memoria los más horrorosos recuerdos del abuso sexual sufrido y colapsé psicológicamente. Entonces volví a llamar a Rodrigo para que conversáramos de inmediato. Durante toda esa tarde del 14 de octubre fui, poco a poco, poniendo en palabras los más espantosos y dolorosos eventos del abuso que hasta ese momento lograba recordar.

El proceso de recordar es como si te volvieran a abusar, revivir el abuso sexual con todo el dolor y el horror que implicó. Recordar es muy liberador, pero al mismo tiempo, terriblemente devastador.

Es un proceso duro, doloroso y siempre lo invade la angustia de que, tal vez, no lo logre. Una vez le dije a Rodrigo: “si no logro sobrevivir… cuenta mi historia”, termina casi inaudible, se quiebra. Toma agua y esperamos unos segundos para continuar su relato.

-¿Qué pasó en el encuentro con el abogado Hermosilla y sus colegas de facultad?

-Fui al encuentro con Juan Pablo Hermosilla, no tenía nada decidido, pero le pedí a Rodrigo que se sentara al lado mío, y cuando el abogado comenzó a hablar de ejemplos concretos de abuso, muy impactantes, sentí cómo me iba reflejando en esas historias, en esas estructuras de abuso, de eventos abusivos. Cuando se dio la palabra para intervenir, sentí la necesidad de compartirlo con esa veintena de colegas. No me acuerdo de nada, de hecho, ellos me han contado lo que dije.

-¿Y qué dijo esa primera vez que habló de su experiencia en público?

-Dicen que di las gracias a Juan Pablo, hablé de que me sentía muy adolorida, por lo que contó de otras víctimas y que sentía su dolor en carne propia, dije que yo también había sido abusada sexualmente por un sacerdote. La reunión colapsó, se produjo un silencio, Juan Pablo tomó la palabra, me acogió y me dijo algo que me quedó grabado: “De esto se puede salir y salir bien, hay esperanza”. En una verdadera procesión, mis colegas se acercaron con gestos de cariño y apoyo que todavía me emocionan, uno a uno. Sentí que más allá de una comunidad académica, somos un grupo humano capaz de acoger una experiencia así. Esa fue la primera vez en mi vida que hice pública mi experiencia de abuso.

-¿Qué pasó en la facultad después de su testimonio?

-El decano Joaquín Silva no estuvo en ese encuentro, pero fue informado, y al día siguiente se me acercó, me acogió, me dio todo su apoyo y me dijo que me iba a acompañar. Un par de días después hablamos muy largo, le relaté todos los hechos y me dio todo su apoyo personal e institucional, y me ofreció dejar temporalmente mi actividad académica, porque se me estaba haciendo insostenible.

La otra autoridad con que hablé y que tuvo una acogida muy importante fue el rector de la Universidad Católica, doctor Ignacio Sánchez. También me recibió, me dio todo su apoyo personal e institucional. Se imaginará lo importante que es para mí, en momentos que uno piensa que no va a salir adelante. Se constituyeron en la fuerza que yo no tengo; soy una persona de una extrema fragilidad desde que tengo memoria, el abuso ha sido parte de mi vida. Ellos me aseguraron que se comprometían conmigo hasta el final. Y eso me da esperanza.

-¿Ha seguido en contacto con ellos?

-Sí, en contacto muy estrecho y lo agradezco muchísimo.

La denuncia

“Ahí comenzó un proceso muy doloroso, siempre apoyada por mi amigo Rodrigo Polanco”, sigue relatando Marcela Aranda. “Empezaron a emerger otros recuerdos desordenados, muy intensos y que me fueron desgastando cada vez más”.

En noviembre decidió acercarse a Juan Pablo Hermosilla, el abogado que ha acompañado a los tres principales denunciantes del caso Karadima y que es director de la Fundación para la Confianza creada por uno de ellos, José Andrés Murillo. “En varias reuniones, en esta misma oficina, le relaté los abusos. (…) Me quebré muchas veces, no es fácil reconstruir los hechos, no solo por la carga emocional, sino porque los recuerdos no emergen linealmente”.

“En conjunto decidimos iniciar una denuncia eclesiástica en la oficina de escucha que monseñor Scicluna dejó en Chile. Nos recibió una de las encargadas, Josefina Martínez, le entregué mi relato escrito y hablamos casi dos horas, ahí quedaron estampados los abusos horrorosos a los que fui sometida por tantos años. A cambio recibí un cariño, una acogida, sentí que ella sentía mi dolor”, recuerda Marcela Aranda de su visita a la sicóloga. Ella es una de los cinco integrantes del Consejo Nacional de Prevención de Abusos y Acompañamiento a las Víctimas -organismo de la Conferencia Episcopal- que el enviado papal y hoy secretario adjunto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, el cardenal Charles Scicluna, designó para acoger y escuchar las denuncias de abuso que él no pudo recibir personalmente, durante la segunda visita que realizó a Chile junto al sacerdote Jordi Bertomeu en junio pasado.

-¿Por qué hizo una denuncia eclesiástica y no recurrió a la justicia civil?

-Me anima buscar verdad y justicia, soy parte de la Iglesia y responsable por ella también. Soy profesora de Teología y sigo siendo católica con todas las dudas que me han invadido, las faltas de confianza, la rabia. Obviamente que estos hechos me cuestionan mucho la fe y la confianza. El abuso no destruye una parte de uno, te destruye entero, incluida la fe. Quería que fuera la Iglesia a la que pertenezco la que primero acogiera mi denuncia y tuviera la oportunidad de investigar, transparentar y sancionar estos terribles abusos de que fui objeto.

-¿Ha tenido algún encuentro con la Compañía de Jesús, la congregación a la que perteneció en vida el sacerdote Renato Poblete?

-Es parte del proceso de la oficina de escucha. Mi denuncia inmediatamente gatilla un protocolo que la hace llegar a la congregación a la que perteneció el acusado; en este caso, el jesuita Renato Poblete Barth. En esta misma sala me reuní con el provincial Cristián del Campo y con un miembro de su consejo, porque ellos me pidieron una reunión.

Marcela Aranda no menciona el nombre. Sin embargo, otras fuentes confirmaron a “El Mercurio” que fue el jesuita Gabriel Roblero, quien acompañó al provincial de la Compañía de Jesús en Chile a la reunión.

-¿Cómo fue esa conversación? El sacerdote Renato Poblete fue una figura pública y muy emblemática para los jesuitas en Chile.

-Fue un buen encuentro. Desde el primer instante que aparecí en la sala, ellos me acogieron, me dijeron que estaban primero conmigo y que ya han iniciado un proceso de investigación que procurará ser lo más acucioso, lo más transparente posible. Aquí no se trata de enjuiciar a un muerto, aquí se trata de que la Compañía de Jesús tiene la oportunidad de revisar qué pasó para que alguien sufriera el abuso que yo sufrí por tantos años y nadie hiciera nada, como si nadie hubiera visto ni oído nada.

-¿Cuál es su objetivo al hacer esta denuncia?, ¿qué espera al iniciar un camino que es largo y difícil?

-En primer lugar, con esta denuncia y al mostrarme públicamente, busco verdad y justicia. Eso es indispensable para mi sanación personal y para que yo pueda empezar a vivir de una manera humana y digna. En este momento, yo solo sobrevivo. Quiero también que otras mujeres puedan hacer un proceso, aunque doloroso y difícil, pero sanador como el mío y se animen a denunciar los abusos recibidos. Y espero que sea una oportunidad única para la Compañía de Jesús después de todo lo que ha pasado en la Iglesia, de poder realizar ellos una investigación transparente, diligente y completa que permita comprender cómo algo tan espantoso pudo ocurrir durante tantos años y, tal vez, pueda seguir ocurriendo en muchas partes aún. Se tienen que asumir todas las responsabilidades que hubo.

Por último, de verdad me gustaría que esto ayudara, junto a tantos otros casos, a propiciar una gran corriente de reflexión para que nunca más en la Iglesia y en la sociedad vuelva a ocurrir algo tan horroroso.

-¿Descarta hacer, luego de este proceso, una acción en el ámbito civil?

-No lo he descartado. Lo he pensado, pero primero quiero ver cómo avanza y qué resuelve la investigación eclesial.

-Desde que la Compañía de Jesús informó del inicio de su investigación han habido reacciones, han hablado otros jesuitas, ¿cómo las ha recibido?

-No leo la prensa, tengo prohibición de mis terapeutas de hacerlo. Tengo solo referencias.

“Me anima buscar verdad y justicia, soy parte de la Iglesia y responsable por ella también. Sigo siendo católica, con todas las dudas que me han invadido”.

“Fui muy confiada a ese primer encuentro. Recuerdo que me dio un gran abrazo y me pidió que le relatara mi vida”.

“Recordar es muy liberador, pero al mismo tiempo, terriblemente devastador. Es un proceso duro, doloroso y siempre lo invade la angustia”.

“Uno se transforma en un esclavo de la voluntad del otro”.

“Edifiqué un muro para defenderme del mundo exterior, pero no solo quedó lo malo afuera, también lo bueno”

http://www.economiaynegocios.cl/noticias/noticias.asp?id=541698

El Consejo de Colegios de Médicos como “una grave problemática” la “feminización de la profesión”


La Coordinadora de Plataformas en Defensa de la Sanidad Pública pide que se rectifique el “Estudio Demográfico de los Médicos de Castilla y León” donde se incluyen estas referenciasIMPRIMIR | ENVIAR POR EMAILCOMPÁRTELO EN:  |  |  0

Responsables d elos distintos colegios de médicos de Castilla y León, ayer en las Cortes antes de presentar el estudio.
RESPONSABLES DE LOS DISTINTOS COLEGIOS DE MÉDICOS DE CASTILLA Y LEÓN, AYER EN LAS CORTES ANTES DE PRESENTAR EL ESTUDIO.

POR ÚLTIMOCERO 17 ENERO 2019 
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La Coordinadora de Plataformas en Defensa de la Sanidad Pública reclaman al Consejo de Colegios Oficiales de Médicos de Castilla y León que rectifique el “Estudio Demográfico de los Médicos de Castilla y León” donde se contextualiza “la grave problemática que está viviendo la sanidad de nuestra Autonomía en materia de recursos humanos, sobre todo si tenemos en cuenta circunstancias como la previsión de jubilaciones y la tendencia a la feminización”.

“La valoración aludida nos parece absolutamente inaceptable y conceptualmente rechazable. Incluir en el cajón de grave problemática la tendencia a la feminización de la profesión es cuanto menos un grave error. Los Colegios de Médicos son organismos de derecho público, a los que hay que pertenecer obligatoriamente para ejercer la profesión; por tanto, no pueden manejar el lenguaje, en el caso de que solo fuera eso, de tal manera que pueda alimentar la misoginia que desde tantos ámbitos se está impulsando”, denuncia la Coordinadora en un comunicado.

Carta de invitación a la presentación del estudio sobre la demografía médica. Foto: úC
CARTA DE INVITACIÓN A LA PRESENTACIÓN DEL ESTUDIO SOBRE LA DEMOGRAFÍA MÉDICA. FOTO: ÚC

En concreto el estudio al que se refiere, en el que se pone en cuestión la viabilidad a corto plazo del Sistema Sanitario de Castilla León, incluye un apartado sobre la “dinámica por sexo” en la profesión. En él, además de dejar claro que “la feminización en Medicina es una realidad en Castilla y León, como en el resto de España”, se señala “dos de cada tres colegiados menores de 55 años son mujeres, mientras que esa proporción se invierte en colegiados con edad mayor o igual a 55 años, en donde dos de cada tres colegiados son varones”. Pero además, se realiza la siguiente apreciación: “Considerando que 2/3 de los colegiados menores de 55 años son mujeres; grupo etario en donde se presenta la edad reproductiva. Es indispensable prever el impacto de bajas/reducciones de jornada durante periodos de embarazo y lactancia para no afectar a la prestación de servicios y a la calidad en la asistencia”.

Reclamamos al Consejo de Colegios Oficiales de Médicos de Castilla y León que hace una rectificación formal del texto aludido, y en el menor tiempo posible “, según la Coordinadora de Plataformas para la Sanidad Pública de Castilla y León.

http://ultimocero.com/destacada/2019/01/17/consejo-colegios-medicos-ve-una-grave-problematica-la-feminizacion-la-profesion/?fbclid=IwAR2SlLlSTwBlyJ4BnIgwnT-Mzv3

El movimiento # cuéntalo destapó más de 150.000 casos de violencia de género



Un nuevo proyecto de análisis de datos recoge el testigo del movimiento surgido en las redes sociales

Las expertas destacan la importancia de esta información para desmentir bulos sobre denuncias falsas

Valentina RaffioBarcelona – Viernes, 18/01/2019 | Actualizado a las 23:52 CET

Manifestación feminista convocada en Pamplona, en una imagen de archivo

Manifestación feminista convocada en Pamplona, en una imagen de archivo / VILLAR LOPEZ (EFE)

Hace menos de un año, el hashtag #cuéntalo inundó las redes sociales con centenares de miles de historias de mujeres que, en algún momento de su vida, habían sufrido una agresión. En tan solo 10 días, el movimiento protagonizó unos 3 millones de tuits en todo el mundo destapando, repentinamente, vivencias que habían permanecido ocultas durante años. La iniciativa sacó a la luz más de 150.000 casos de agresión sexual, violación, maltrato, acoso y asesinato. Visto en perspectiva, las cifras resultan estremecedoras. Y quizás sea por eso que algunos han cuestionado la validez de los testimonios tras el ‘hashtag’. “Cuando miles de mujeres deciden hacer públicas unas situaciones tan dolorosas, no puede ser que la primera pregunta que surja es si se trata de denuncias falsas”, argumenta Cristina Fallarás, periodista y primera voz del movimiento. “El hecho de que no nos crean es el primer problema”, añade.

En tan solo 14 días, el ‘hashtag’ #cuéntalo consiguió destapar más de 15.000 relatos de miedo, 18.000 de acoso, 8.000 de maltrato, 14.000 de agresión sexual, 7.000 de violación y 5.000 de asesinato. La gran mayoría de estas historias, más de 40.000, fueron contadas en primera persona por las propias mujeres que habían sufrido la agresión. 11.000 de ellas, en cambio, fueron relatadas de manera indirecta por madres, hermanas, amigas, familiares o conocidas de las víctimas que, en muchos casos, no habían sobrevivido para contarlo. “Habrá algunos que cuestionarán estos datos y dirán que todo es mentira. Pero aquí no hay que olvidar que, según recogió recientemente Newtral, el Informe de la Fiscalía General del Estado apunta que de las 1,2 millones de denuncias registradas, tan solo el 0,01% resultaron falsas“, destaca la periodista de datos Karma Peiró.

En este contexto, el ‘proyectocuéntalo.org’ nace con la intención de recoger el testigo del movimiento para que el rastro de aquellas miles de historias no se pierda con el tiempo. Esta nueva iniciativa de recopilación y análisis de datos, presentada de manera oficial este mismo viernes en Barcelona en un acto al que también ha asistido la alcaldesa de la ciudad Ada Colau, ha contado con la colaboración de Cristina Fallarás (impulsora del movimiento #cuéntalo), Aniol Maria y Vicenç Ruiz (de la Asociación de Archiveros-Gestores de Documentos de Catalunya), Karma Peiró (periodista de datos) y Fernando Cucchietti (investigador del Barcelona Supercomputing Center-Centro Nacional de Supercomputación). 

Visualización de 1.300 tuits sobre el fenómeno #cuéntalo. La posición en el círculo representa el tipo de mensaje. El color representa el contenido, destacando en rojo los que hablan de agresiones físicas (asesinato, violación, agresión sexual y maltrato) en y rosa pálido el resto / PROYECTO CUÉNTALO

Testigos digitales

La historia del ‘proyectocuéntalo.org’ empieza indirectamente en la Asociación de Archiveros-Gestores de Documentos de Catalunya cuando, tras tan solo unos días de vida del hashtag, Aniol Maria y Vicenç Ruiz decidieron recoger el testigo del movimiento que por aquel entonces acababa de surgir en las redes sociales. Los archiveros cuentan que empezaron a almacenar los tuits sin saber muy bien en qué acabaría todo aquello y que, en tan solo unas semanas, ya habían recogido casi 3 millones de tuits, lo que para ellos se convirtió en 13 gigas de información. “En aquel momento nos dimos cuenta que no tan solo manejábamos datos, sino que se trataba de historias muy duras con una fuerte carga emotiva”, explican los archiveros. Fue entonces cuando tuvo que entrar en juego el análisis de datos a gran escala

“El análsis de estos datos ha sido extremadamente complejo tanto por la cantidad de información como por la complejidad de los mensajes”, explica Fernando Cucchietti, investigador del Barcelona Supercomputing Center. Analizar el lenguaje humano, a diferencia del ‘big data’ generado por un ordenador, plantea un reto incluso mayor. En este caso, para poder dibujar el rastro que había dejado el fenómeno de #cuéntalo, fue necesaria la colaboración de hasta doce investigadores expertos en análisis de datos. “Cada uno de nosotros tuvo que leer y clasificar miles de tuits para poder extraer toda la información necesaria. Fue una tarea muy complicada porque, como todos hemos podido ver, las historias con las que nos encontramos eran muy sensibles”, añade Cucchietti. 

Relatos invisibles

El análisis de datos del fenómeno de #cuéntalo muestra cómo el fenómeno llegó a expandirse en todo el mundo. El movimiento empezó en España poniendo el foco en historias de violencia de género que afectaban a mujeres prácticamente desconocidas que, a diferencia de lo poco antes había ocurrido con las denuncias de conocidas actrices a través #Metoo, no solían acaparar la mirada de la opinión pública. Pero la protesta no acabó aquí. En un abrir y cerrar de ojos, el eco del ‘hashtag’ alcanzó 60 países. Argentina, Chile, Colombia y Méjico también alzaron la voz para denunciar casos de violencia de género que habían ocurrido en sus tierras. Buenos Aires, de hecho, destacó como la ciudad con mayor participación.

El resultado de este movimiento global son las  15.000 historias  que ahora recoge el ‘ proyectocuéntalo.org ‘. Ahora, sin embargo, los responsables de la iniciativa recuerdan que, hasta la eclosión en las redes sociales, todos estos casos de violencia de género permanecen en la sombra. Y es Por Eso Que, SEGÚN SUS impulsores explican,  el Proyecto Creciendo seguira  Para No Dejar Que Todas Estas historias Caigan en el olvido y, Todo sobre, Para Que Los Datos recopilados puedan servir para Seguir Luchando Contra la Violencia de Género.

https://www.elperiodico.com/es/sociedad/20190118/analisis-datos-movimiento-cuentalo-7254335

“PERDONAR LO IMPERDONABLE” Olga Lucia Álvarez Benjumea ARCWP*


No es fácil en un mundo de revancha, odio, desquites y venganza, hablar de perdón. Pero, es algo que si se puede. Quienes nos enseñan más del arte de perdonar, han sido aquellos, que más han sufrido.

Recuerdo en Alemania, tuvimos la suerte de un encuentro en el que se pudieron encontrar víctimas y victimarios. No eran propiamente los causantes ni los unos ni los otros de la tragedia alemana en la época de Hitler. Eran los hijos de las víctimas, e hijos de victimarios. Escuchar sus relatos fue escalofriante.

Contaban los hijos de las víctimas: “en las familias, ese tema no se toca, hoy, algo conocemos, es por los nietos, quienes se atreven a preguntar a los abuelos”. Y de parte los victimarios: “nunca supe papá que hacia fuera de la casa…”. “Preguntar? Tampoco se podía”.

Para encontrarnos con la persona, es preciso quitarle la etiqueta de guerrillero, es así como escuchamos testimonios que nos permiten recuperar la dignidad de las personas a través de su sufrimiento.

“A mi mamá y a mis hermanos los mató, el Ejercito, por eso me hice guerrillera. Fui violada. Hoy soy una exguerrillera”.

Otra dice: “Fui violada por el comandante de la guerrilla. Vivo en la guerrilla, por recuperar a mi hijo, por eso soy guerrillera. El comandante me arrebató mi hijo”.

Para perdonar lo imperdonable, es necesario la experiencia para perdonar. El que sufre perdona más fácil que el que no ha tenido la experiencia del sufrimiento.

Quienes no conocen más allá de las murallas de su clase social, de su escritorio, informados solo por la T.V. es muy fácil decir: “que les echen plomo y acaben con esa plaga”, “que se aumente el presupuesto de guerra, para luchar contra la guerrilla”.

Hay que acercarse al “otro”, hay que aprender asubjetivar para ver lo global del otro. Promover los diálogos, cara a cara yaprender a escuchar, sin condenar, sin juzgar, sin maltratar.

Trabajamos por la Paz, por el Amor y la reconciliación entre hermanos/as.

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Foto: Kienyke.com

*Presbitera católica.

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