Sacerdotes víctimas de Karadima: “El Papa constató que había una crisis en la iglesia chilena”


Sacerdotes víctimas de Karadima: “El Papa constató que había una crisis en la iglesia chilena”

Un grupo de 9 personas se reunirán con el Papa en el Vaticano, con el fin de contar sus propias experiencias con el ex párroco de El Bosque.

NACIONAL

Por  23 de mayo de 2018

Hace un mes y medio, los sacerdotes Francisco Astaburuaga, Alejandro Vial y Eugenio de la Fuente fueron invitados directamente por el Papa Francisco a su residencia en Santa Marta, ubicada en el Vaticano. Ellos junto a otras 6 personas se reunirán con él para relatarle sus testimonios de los abusos que sufrieron por parte de Fernando Karadima cuando era párroco de El Bosque.

“Esperamos que nuestra experiencia pueda dar voz  a muchos otros que han sufrido abuso”, comenzó diciendo De la Fuente en una conferencia de prensa, advirtiendo que esta sería la única vez que hablarían hasta el regreso del encuentro con el Papa.

“La invitación tiene que ver con todo el proceso que está llevando él, escuchar nuestra experiencia personalmente más allá de documentos más o documentos menos. Es un deseo de él de escuchar a ciertas víctimas de abuso y a quienes han acompañado a las víctimas”, señaló Vial.

Por su parte, Astaburuaga contó que la mayoría de ellos se entrevistó con la comisión Scicluna, con el fin de aportar más testimonios y antecedentes de los abusos de Karadima, que se traducían en abuso de conciencia y abuso sexual.

Los sacerdotes hicieron una especial mención a James Hamilton, Juan Carlos Cruz y José Andrés Murillo, quienes fueron los primeros en destapar la espiral de abusos. “Estamos tremendamente agradecidos de ellos, han sido pieza clave. Estamos agradecidos de su testimonio, de su amistad”, dijo De la Fuente.

Este nuevo encuentro se suma a una serie de citas que ha tenido Francisco I para investigar y poner fin a los abusos por parte de sacerdotes. “El Papa constató que había una crisis en la iglesia chilena”, sentenció el sacerdote Alejandro Vial.

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Las monjas contemplativas: autonomía en cuarentena?


TRADUCCIÓN NO OFICIAL DEL CATALAN.

Fotografía: parroquia de San Juan de Vilassar de Mar.

(Laura Mor -CR)   Primeras impresiones de la nueva instrucción del Vaticano a la vida religiosa contemplativa femenina. Las comunidades afectadas, como pueden ser las carmelitas, las benedictinas, las cistercienses, las dominicas o las clarisas, entre otros, todavía no han hecho un debate a fondo del documento ‘ Corazón Orans‘. Pero algunas perciben que la nueva legislación les hará perder autonomía.

Las monjas del monasterio de las carmelitas descalzas de Mataró participaron en la consulta previa que hizo el Vaticano a las comunidades de todo el mundo. Fruto de aquellas orientaciones, el Papa Francisco publica en junio de 2016 la constitución apostólica   Vultum dei Quaerere. Y ahora se ha concretado en un texto normativo.

Sorpresa por el asistente religioso

la carmelita   Anna Boj   es priora de las carmelitas de Mataró desde el 2013. Señala la importancia de tener una pauta, una normativa conjunta para la vida contemplativa. Pero reconoce que les ha sorprendido la novedad de las visitas: “Nos ha venido muy de nuevo”.

Se refiere a la figura del asistente religioso, que explicita el punto VI del segundo capítulo de la instrucción. “En nuestra federación, en Cataluña, no habíamos querido y nunca se nos había impuesto. Ahora será obligatorio “. Además, dice, “podríamos tener una asistenta, por qué tiene que ser siempre un hombre?”.

Boj hace una valoración desde la prudencia. Ahora les corresponde estudiar su aplicación. Pero, a priori, la primera impresión no es muy positiva: “No parece que las normas favorezcan mucho la apertura que habíamos visto con el primer documento del papa Francisco. Esta instrucción de leyes en vez de abrir, cierra “.

mayor control

Una impresión basada en el hecho de que “hay muchos puntos de control”. Por ejemplo, con la visita pastoral que pasa a ser regular. Para Boj es un buen mecanismo que puede ayudar a “solucionar problemas cuando desde dentro es muy complicado”. La crítica la hace porque “estas medidas se adoptan para todas las comunidades, tengan o no dificultades”.

Interpretan que esto les resta autonomía. “Hasta ahora no nos venía nadie de fuera a ver cómo estábamos dentro de casa; no nos hace mucho ilusión “, apunta. “Parecen cosas muy superficiales, de norma y estructura, pero que responden a una concepción teológica de cómo entiendes Dios y la vida espiritual y, y las relaciones humanas y fraternas.”

En el caso particular de las carmelitas, cada monasterio es autónomo. La priora es la máxima autoridad. Hasta ahora, la presidenta federal era elegida en asamblea cada tres años -un mandato que con la nueva instrucción pasa a ser de seis años- y tenía como objetivo “crear más fraternidad”. Ahora gana autoridad desde Roma: “Podrá decidir, intervenir, ir y pedir cuentas a una comunidad; y eso no nos hace gracia “.

La priora del monasterio de Mataró diferencia el hecho de que “tenga la facultad de solucionar un problema puntual” -cosa que sí habían pedido- a que se establezcan unas visitas regulares, en el que la presidenta federal irá acompañada del obispo o de un delegado episcopal: “Aquí no estábamos acostumbradas”.

Según Anna Boj, el primer texto del papa Francisco,   Vultum dei Quaerere, pedía no juzgar por la diferencia entre institutos de vida contemplativa. “La normativa no debería ahogar”, dice.

Desde las carmelitas de Mataró, una comunidad de 15 monjas, han convocado una reunión para comentar con el vicario de los frailes, que consideran sus hermanos. “Pero a ellos no les afecta. Es una normativa para la vida femenina “. El caso contrario no se da. No hay mujeres que asesoren o hagan acompañamiento a una congregación masculina.

“Los frailes tienen un general de la orden y provinciales por regiones o países”. El general de los carmelitas no tiene ningún poder jurídicamente sobre las monjas, pero como hermanos colaboran y la relación es muy buena. “Siempre se ha intentado que las relaciones fueran de tú a tú”. Un caso que difiere, por ejemplo, de otras congregaciones, como son las monjas cistercienses, que dependen jurídicamente del monasterio masculino de Poblet.

Después de la consulta

“Cuando se nos pidió la opinión hace unos años, nos dimos cuenta de que el sector que quería más apertura era minoritario”. Por eso “nos sorprendió positivamente el aire que le daba el Papa Francisco”.

Para Boj el Papa Francisco en el primer texto defendió que “se puede ser diversamente plural y que esto sea enriquecedor”. Y recomendaba “que cada uno intentara vivir fielmente a lo que le decía el espíritu o la conciencia y que no juzgara a la comunidad de al lado que lo hacía diferente”. Un aspecto que ellas reivindicaron durante la consulta: “Pedimos una palabra de autoridad que dijera puede ser diferente y ser igualmente auténtico”.

Cada institución tiene su carisma y muchos acentos diferentes. “Sólo en las carmelitas también hay una gran diversidad de interpretación”. La realidad de cada país también condiciona: “No tenemos la misma mentalidad aquí que en China”.

Clausura y redes sociales

“La famosa clausura, si nosotros la observáramos tal como está establecida, muchas de las salidas que hacemos  deberíamos pedir permiso al obispo y eso no lo hemos hecho nunca.” En el caso de las carmelitas. “Por ley deberíamos dar razón de nuestros movimientos y pensamos que esto, hoy en día, ya no debería ser”.

Aplauden las orientaciones referidas a la formación, pero también pone en cuarentena que sea una ventaja poder estudiar desde casa gracias a las nuevas tecnologías: “Antes si te querías formar tenías que salir, ahora no es necesario”. Pero no les ha llamado la atención ningún aspecto concreto en el capítulo dedicado a la formación.

Sobre el uso de las redes sociales , Boj reivindica el criterio de cada comunidad a la vez de discernir qué ayuda y qué dificulta la oración. “No se nos debe decir desde fuera internet sí y facebook no ‘o puede mirarlo de día, pero de noche está prohibido”. Cree que las pautas que da el nuevo documento “son orientaciones para cualquier colectivo o persona” y que “por ser de vida contemplativa no tenemos más peligro que las otras personas”.

Boj encuentra curioso que en relación a la vida contemplativa “siempre se fijan en las cosas que tienen que ver con el contacto con el exterior”: “Como si nos pudiéramos contaminar o no fuéramos capaces de poner un filtro”, dice.

Una cuestión que liga a la actualización de la clausura. “Lo que nos gustaría de verdad es acabar sacando la clausura papal, pero eso ya son palabras mayores”. Por lo menos, querrían “entenderla de otra manera”. Es decir: que no se las defina primeramente como monjas de clausura sino de vida contemplativa. “Es toda una concepción teológica: la clausura puede ser un medio, pero no el fin de nuestra vida”.

Desde las carmelitas de Mataró entienden que conviene hacer un replanteo, con perspectiva: “La clausura nos ha llevado más inconvenientes que ventajas: de falta de formación, de conocimiento de la realidad del mundo, de una vida más aislada”.

Señala que “hay hermanas que ya se encuentran cómodos y les va bien” o de otras que seguirán haciendo su. Pero también cree que “si realmente algo no te identifica, se debería poder cambiar -… vas con unos escritos que luego no responden a la realidad”. En un futuro inmediato prevé “continuar viviendo como la conciencia nos dice que tenemos que vivir” y plantea una duda: “saber si se pondrán muy encima”.

 

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Detalles

BUILES: GUSTAVO GARDEAZABAL


El Jodario
BUILES
Publicado en Diario ADN, mayo 23  2018
El hecho de que el Vaticano haya resuelto avanzar en el camino para declarar santo al obispo colombiano Miguel Angel Builes y, como tal, haya dictado un decreto reconociéndole sus “ virtudes heróicas”,nos hace pensar que es una provocación innecesaria de la Iglesia.Y  recordando lo que oímos de nuestros ancestros antioqueños  cuanto les hizo sufrir con sus atrabiliarios mandatos eclesiales y a los que hemos leído sus pastorales y los numerosos estudios que sobre su personalidad se han hecho,no vacilo en afirmar que pretender canonizar a Builes es una afrenta del papa Francisco contra Colombia y que,acaso, esté tan mal informado como lo estuvo en Chile cuando fue a defender al obispo protector de los curas maricones . Aquí no va a volver para que llegare a medir el rechazo nacional,como se lo hicieron en Chile, pero si allá reculó y terminó pidiéndoles la renuncia a todos los obispos, aquí ,si no corrige su equivocación será la Iglesia, sus obispos y sus curas y sus monjas las que sufran el reproche social  por tamaña descachada del pontífice argentino.
Builes fue un acérrimo y despiadado perseguidor de la Madre Laura Montoya, que ya fue canonizada por la Iglesia. Builes usó la excomunión como herramienta para cobrar equivocaciones políticas o amores furtivos de sus fieles. Builes fue un machista irredento que no permitió que las monjas lauritas fueran una congregación y les prohibió a las mujeres montar a caballo a horcajadas y usar pantalones para subirse a alguna de las mulas que recorrían los caminos de su diócesis.
Por todas esas razones, y por muchas más graves como las persecuciones políticas que acaudilló,el papa argentino no puede afrentar a Colombia elevando a los altares a Builes.
@eljodario

Obispos de Nicaragua denuncian amenazas de muerte


La iglesia Católica de Nicaragua, a través de la Conferencia Episcopal de Nicaragua (CEN), denunció hoy amenazas de muerte y descrédito contra obispos y sacerdotes, particularmente contra monseñor Silvio José Báez, obispo auxiliar de la Arquidiócesis de Managua.

“Como mediadores y testigos en el diálogo nacional estamos llamados a proponer y promover todas las vías posibles para alcanzar la tan deseada democratización del país y, por tanto, es nuestro sagrado deber pronunciar la palabra verdadera que nos haga libres”, expresa el comunicado de los obispos.

“Sin embargo, ante algunos sectores sociales poco acostumbrados a la cultura del diálogo y ante los inmediatismos de los que quieren perpetrarse en el poder, nos vemos en la urgente necesidad de informar a nuestro pueblo sobre el descrédito y las amenazas de muerte de las que estamos siendo objeto los obispos y sacerdotes, particularmente nuestro hermano, monseñor Silvio José Báez, obispo auxiliar de la Arquidiócesis de Managua”.

Las amenazas y descrédito contra obispos y sacerdotes, según la CEN, se están dando a través de distintos medios: ataques del Gobierno orquestados a través periodistas y medios de comunicación oficialistas, y cuentas anónimas en Facebook y Twitter.

Este martes en una de las comparecencias a medios de comunicación durante las pausas del diálogo nacional, Báez no confirmó ni desmintió las amenazas de muerte en su contra, sin embargo afirmó que “los obispos nos estamos jugando literalmente la vida en este diálogo”.

“A pesar de estas amenazas, recordamos a nuestros agresores que somos un cuerpo colegiado y que si se ataca a un obispo o un sacerdote se nos ataca a la Iglesia, y que no renunciaremos a acompañar en esta hora decisiva a todo el pueblo nicaragüense que bajo el azul y blanco de nuestra bandera ha salido a las calles a reclamar sus justos derechos”, refiere el comunicado de los obispos firmado por el secretario de la CEN, monseñor Juan Abelardo Mata, de Estelí.

En el comunicado la Conferencia Episcopal, que es mediadora y testigo del diálogo nacional, explica que “este pueblo atraviesa hoy una de las peores crisis de su historia tras la cruda represión por parte del Gobierno de Nicaragua que trata de evadir su responsabilidad como principal actor de las diversas agresiones”.

https://www.elnuevodiario.com.ni/nacionales/465011-obispos-nicaragua-denuncian-amenazas-muerte/

Cuatro cuestiones sobre los fallos de la Iglesia chilena


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Cuatro cuestiones sobre los fallos de la Iglesia chilena
 22 mayo 2018, 12:35  0 Comentarios
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Los obispos chilenos han anunciado el viernes 18 de mayo su dimisión colectiva tras los casos de abusos sexuales que han sacudido la Iglesia del país.

Lejos de poner punto final a la crisis, esta decisión marca, al contrario, el punto de partida de un largo proceso de reconstrucción, que le deja al Papa vía libre para elegir a sus hombres.

1. ¿Por qué los obispos chilenos han presentado su dimisión?

El viernes 18 de mayo, inmediatamente después de los tres días de oración y reflexión a los que el Papa Francisco les había convocado en Roma, los 32 obispos diocesanos y auxiliares de Chile han anunciado «que ponían sus cargos pastorales en manos del Papa» para que éste «pudiera disponer libremente» de ellos. Una dimisión colectiva, iniciativa de todo el episcopado, inédita en la  historia de la Iglesia, a la que los obispos chilenos se han visto, de hecho, obligados.

El martes por la mañana, durante el primero de los cuatro encuentros con el Papa, éste les ha leído un texto del que sacaba sus propias conclusiones acerca de la «misión especial» en Chile confiada a Mons. Charles Scicluna, arzobispo de Malta y especialista en abusos sexuales.

Este texto, inapelable, subrayaba «la existencia de negligencias gravísimas, por parte de los obispos, en la protección de los niños vulnerables» y el hecho que algunos sacerdotes expulsados por «comportamientos inmorales» hubieran sido acogidos en otras diócesis, que les habían confiado cargos que conllevaban «un contacto diario y directo con menores». Francisco hacía notar también que «problemas graves» concernientes «a muchos abusadores» habían sido detectados en los seminarios, y que algunos obispos habían confiado además la dirección de los seminarios a «sacerdotes sospechosos de ser homosexuales activos».

Respecto a las denuncias de las víctimas, el Papa ha señalado la superficialidad y el retraso con el que han sido tratadas, al haber juzgado algunas de estas denuncias como «inverosímiles» a pesar «de los graves indicios de delito efectivo», mientras que otras eran archivadas sin ser investigadas. El Papa ha recordado las presiones ejercidas  sobre los jueces eclesiásticos encargados de la investigación y la destrucción de «documentos comprometedores» en los archivos de la Iglesia.

2. ¿Se ha quedado la Iglesia de Chile sin obispos?

Tras una semana en Roma, los obispos chilenos están ya de vuelta en sus diócesis. A pesar de haber presentado su dimisión, deben permanecer en sus cargos hasta que el Papa acepte su renuncia. En algunos casos, la decisión de Roma no debería tardar en llegar. En otros, Francisco podría tomarse un tiempo de reflexión y, tal vez, reexaminar sus dossiers.

Sobre todo porque a causa de la sorpresa del viernes pasado, nuevos casos salen a la luz. En Rancagua, al sur de Santiago, algunos sacerdotes han sido acusados este fin de semana de haber formado un amplia red sectaria de abusos sexuales. El obispo, Mons. Alejandro Goic, habría recibido una serie de denuncias hace un año y medio, pero sin tomar cartas en el asunto debido a la falta de pruebas, a pesar de presidir la comisión de lucha contra los abusos sexuales. Finalmente, este fin de semana pasado ha anunciado haber suspendido de su ministerio a quince sacerdotes, casi una cuarta parte del clero de la diócesis.

Sin embargo, la dimisión colectiva de los obispos chilenos debe permitir al Papa tener las manos libres, y no diluir las responsabilidades. Ya el martes dijo que los problemas «no se solucionarán abordando únicamente los casos concretos y reduciéndolos a la expulsión de las personas implicadas». «Esto, lo digo claramente, es necesario hacerlo, pero no es suficiente, hay que ir más allá, -ha afirmado-. Sería irresponsable por nuestra parte no profundizar para buscar las raíces y las estructuras que han permitido que estos hechos concretos tuvieran lugar y se perpetuaran».

También ha puesto en evidencia una «psicología elitista (que) ha acabado generando dinámicas de división, de separación, unos “círculos cerrados” que han llevado a espiritualidades narcisistas y autoritarias». Hasta el punto que los obispos chilenos no han dudado, según cuanto han explicado las propias víctimas, a «engañar» al Papa sobre la realidad de los hechos, llevándole a tomar partido por ellos, en detrimento de las víctimas. La Iglesia chilena necesitará mucho tiempo para reconstruirse sobre bases sanas, pero Francisco quiere que todos se impliquen y que, esta vez, los laicos no sean apartados.

3. ¿Cómo han reaccionado en el Vaticano?

Los encuentros entre el Papa y los obispos chilenos han sido a puerta cerrada. Sólo el cardenal Marc Ouellet, prefecto de la Congregación para los Obispos, ha asistido a las reuniones; el resto de la curia ha permanecido al margen, en un caso en el que el Papa ha estado expuesto personalmente. Durante toda la semana, el Vaticano ha funcionado como es habitual.

Sin embargo, el sábado, la concomitancia entre el anuncio de la canonización de Monseñor Oscar Romero y las exequias del cardenal colombiano Dario Castrillon Hoyos, figura de la recuperación por mano romana de la Iglesia latinoamericana durante el papado de Juan Pablo II, hacía que algunos se preguntaran sobre la oportunidad de reconsiderar este pasado.

Ahora bien, resulta que otra figura de esta recuperación por mano romana está particularmente preocupada por Chile: el cardenal Angelo Sodano, antiguo secretario de Estado de Juan Pablo II. Nuncio en Chile en los tiempos de la dictadura, ha dado forma en gran parte a la Iglesia chilena actual, lejos de la que había conocido el joven jesuita Bergoglio en sus años de formación. En muchos sentidos, la «psicología elitista» del episcopado chileno es debida a quien ha estado durante mucho tiempo muy implicado en los asuntos de Chile. El nuncio actual, al que se pidió expresamente que no fuera a Roma la semana pasada, es además uno de los protegidos de quien, a pesar de sus 90 años, sigue siendo, como decano del Sacro Colegio, un personaje muy influyente en la curia.

4. ¿Es todo esto un mensaje para el resto de la Iglesia?

Si bien no hay que extrapolar más allá de lo debido el caso chileno, la manera cómo el Papa ha gestionado la crisis es un mensaje claro para todos los episcopados que sientan la tentación de minimizar en Roma los casos de abusos sexual, o de implicar al Papa. El caso chileno es, no obstante, muy especial, arraigado en un caldo de cultivo concreto que Francisco ha analizado con mucha sutileza.

El paralelo con los casos de Pell, en Australia, o de Barbarin, en Francia, es difícil de establecer, puesto que son casos sobre los que la justicia de cada país aún no se ha pronunciado. El propio Francisco ha dicho que sólo se pronunciará cuando los juicios hayan concluido. Lo mismo en lo que atañe a la aplicación del motu proprio Como una madre amorosa, de 2016, sobre las negligencia de los obispos: al no ser retroactivo, no se aplica a los casos chilenos.

Todo este caso subraya, sin embargo, la reafirmación de la política de «tolerancia cero» que Francisco lleva a cabo siguiendo la estela de Benedicto XVI. Pero pone en evidencia, también, los límites de la política vaticana en materia, aún demasiado expuesta a las veleidades encubridoras de ciertos episcopados. La idea lanzada por los asesores del Papa de crear en los distintos continentes tribunales dependientes directamente del Vaticano, y no de las diócesis, es más actual que nunca.

Nicolas Senèze, en Rome

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EN 1802 PIO VII EXIGIO LA RENUNCIA DE LOS OBISPOS FRANCESES.


El Papa exigió la renuncia de los obispos franceses en 1802
Solo hay un precedente histórico para la dimisión masiva de los obispos chilenos: cuando Pío VII exigió la renuncia de todos los obispos franceses
Claire Lesegretain 
Francia
21 de mayo de 2018

Alegoría del Concordato en 1801 por Pierre Joseph Célestin François (Foto: Wikimedia Commons / Dominio Público)

 

Es extremadamente raro que cada obispo de una nación ofrezca colectivamente sus renuncias. Antes de la renuncia de los 32 obispos de Chile el 18 de mayo tras su incapacidad para tratar adecuadamente los casos de pedofilia clerical, el único otro evento similar en la historia de la iglesia tuvo lugar en Francia en 1802.

Después de la elección del Papa Pío VII en marzo de 1800, Napoleón Bonaparte, el Primer Cónsul de la República Francesa, expresó el deseo de enmendar las relaciones con la iglesia.

Él necesitaba el apoyo de la iglesia para consolidar su régimen. También deseaba terminar con los conflictos que habían dividido a los franceses desde la adopción de la Constitución Civil del Clero de 1790 , que apuntaba a subordinar la iglesia al estado.

La Constitución Civil había creado una iglesia nacional basada en obispos y sacerdotes elegidos por los fieles, quienes eran pagados por el estado y requerían jurar fidelidad a la nación.

Este sistema fue condenado por la Santa Sede, lo que provocó un conflicto entre los obispos “jurados” o jurados (o constitucionales) y los obispos “refractarios”, que permanecieron fieles a Roma.

Etienne Bernier, párroco de Angers, que ya había negociado la paz civil en la región de Vendée en el oeste de Francia, y el cardenal Giuseppe Spina, delegado del Papa, llevaron a cabo las negociaciones iniciales en París en noviembre de 1800.

Sin embargo, estas negociaciones chocaron con el deseo de Napoleón de confirmar a los obispos constitucionales en sus roles como una forma de mantener a los republicanos a flote.

En junio de 1801, el cardenal Ercole Consalvi, secretario de estado de la Santa Sede, vino a París para reiniciar las negociaciones.

Redactado por el hermano de Napoleón

Finalmente, el 15 de julio de 1801, la versión definitiva del Concordato, redactada por el hermano de Napoleón, José Bonaparte, fue firmada por el Primer Cónsul y el Papa Pío VII. Un mes después, el 15 de agosto de 1801, el Papa ratificó el documento en la bula “Ecclesia Christi”.

En este documento, el Papa reconoció a la República y renunció a cualquier reclamo de propiedad confiscada al clero durante la Revolución Francesa.

A cambio, el gobierno republicano reconoció la religión católica como la de “la gran mayoría del pueblo francés”, aunque ya no como la religión del estado.

Solo 59 diócesis

Promulgado el 8 de abril de 1802, el Concordato permitió al Primer Cónsul mantener el control sobre la Iglesia.

Además, el gobierno aceptó la responsabilidad de los salarios de los 24,000 ministros de la religión católica, a quienes se les exigió que juraran fidelidad.

Napoleón mismo retuvo la responsabilidad de nombrar a los obispos, a pesar de que recibieron la institución canónica del Papa.

Los obispos también podrían ser juzgados por el Consejo de Estado en casos de desobediencia.

Por razones económicas, el número de diócesis se redujo a la mitad en comparación con la situación anterior a la Revolución. Solo quedaron 59 diócesis, agrupadas en diez provincias eclesiásticas en Francia más Bélgica anexa.

Renuncia de cada obispo

La insistencia de Napoleón en tener el episcopado que él quería obligó a los obispos a renunciar a la posibilidad de restaurar a los obispos refractarios, que estaban en el exilio en Suiza, Italia y España, y permitir que los obispos constitucionales permanezcan en su lugar.

El Papa Pío VII promulgó dos escritos para lograr esto. ” Tam multa ” pidió la renuncia de los obispos instituidos por Roma, mientras que ” Post multos labores ” exigió la renuncia de los obispos electos.

Esta intervención papal directa fue significativa porque restauró el papel del papado como fuente de institución canónica, poniendo fin a la noción de “galicanismo” que permitió al estado ejercer control sobre la iglesia.

De los 81 obispos refractarios que todavía vivían en 1801, que eran despreciados por haber rechazado la Constitución Civil del Clero, 38 se negaron a presentar sus renuncias al Papa.

Varios de estos obispos, que tenían vínculos con el obispo Alexandre-Amédée de Lauzières-Thémines (1742-1829), ex obispo de Blois, fundaron la Pequeña Iglesia, que se opuso al Concordato. Esto todavía existe en el oeste de Francia, donde tiene 3.000 miembros.

Restaurando la paz religiosa

Sin embargo, Napoleón todavía no estaba satisfecho. A sugerencia de su ministro de Asuntos Exteriores, Charles-Maurice de Talleyrand, ex obispo de Autun, ordenó al abogado Jean Portalis redactar los ” Artículos Orgánicos “, que tenían por objeto exponer los términos del Concordato en detalle.

Estos 77 artículos resultaron en una reducción severa de la autoridad de la Santa Sede sobre el clero nacional.

A pesar de este subterfugio, que el Papa protestó en vano, el Concordato permitió un retorno a la paz religiosa.

Permaneció en vigor en Francia hasta la separación de la iglesia y el estado en 1905. Todavía se mantiene vigente en los tres departamentos del Alto Rin, el Bajo Rin y el Mosela, que estuvieron bajo dominación alemana en 1905.

Estas áreas lograron mantener el sistema Concordato incluso después de que regresaron a Francia después del final de la Primera Guerra Mundial.

https://international.la-croix.com/news/pope-demanded-resignation-of-french-bishops-in-1802/7627?utm_source=Newsletter&utm_medium=e-mail&utm_content=22-05-2018&utm_campaign=news

Vaticano: ¿dónde está el piloto?: Escribe Arturo Alejandro Muñoz


FUENTE: opcion.porlospobres.chile tambiensomosiglesia

 

La prensa europea señala que todos los obispos chilenos le entregaron su dimisión al Papa. Lo que da la dimensión del escándalo de la pedofilia. Ya veremos si su santidad sanciona o bendice. Entretanto, Arturo Alejandro Muñoz hurga en la santa sede para saber quien manda…

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Esta nota no apunta a los misterios de la fe, sino a ciertas acciones de una iglesia que ya es más materia que espíritu



“Con la iglesia hemos topado, Sancho”; frase inolvidable de la obra magnífica del manco de Lepanto, Miguel de Cervantes, que ha traspasado siglos y fronteras. También con esa iglesia se está topando en Chile y en gran parte de occidente. Es cierto que los vaticanistas han ido perdiendo poder e influencia en estos últimos decenios, pero todavía mantienen poder sobre algunas acciones de la administración política de una nación, e influjo sobre vastos sectores de la sociedad de esa misma nación.

Hoy, ser cura o sacerdote sigue contando con granjerías indisimulables, algunas de las cuales sobrepasan las legislaciones vigentes, aquellas que el Estado aplica sin miramientos al 97% de la población, pues el restante 3% pareciera poseer derechos divinos para sentarse en las leyes. La curia eclesiástica católica cuenta con granjerías que nadie le ha otorgado ni por gracia ni por ley.

Ejemplos hay por montones. Basta recordar lo acontecido con algunos ‘eméritos’ obispos que la curia protegió sacándolos del país justo a tiempo para escapar de la mano legal que los requería por actos de pederastia, como fue el bullado caso del ‘curita’ Cox que huyó desde La Serena para refugiarse en un monasterio europeo, lugar donde hoy lleva una vida de Karadima mientras los niños que abusó enfrentan una juventud traumada.

Es un ejemplo que vale otros casos, entre los que se encuentra el de aquel sacerdote de una institución de niños de la calle, muchos de ellos abusados por el ‘padrecito’, como demostró la justicia… Pero ese ‘padrecito’ fue finalmente rescatado por la curia –con el beneplácito servil de las autoridades de turno– y llevado no a Europa sino a otra comuna chilena donde, de seguro, continuó su prédica de sexo aberrante.

En una entrevista concedida a un periódico italiano, el Papa manifestó: “Según fuentes fiables, aproximadamente el 2% del clero es pedófilo y está decidido a confrontar el problema (…) otro grupo, más numeroso, calla sabiendo. Esto es intolerable”. El Vaticano salió de inmediato a “aclarar” los dichos del pontífice, informando que si bien esas no fueron sus palabras “exactas”, reflejan el espíritu del mensaje que el Papa quiso entregar.

Tomando aquel porcentaje (2%) como dato duro, es posible determinar las siguientes cifras a nivel planetario:

Total de obispos: 5132 // Obispos pederastas: 102 
Total de sacerdotes: 413.418 // Sacerdotes pederastas: 8.268 
(Fuente respecto de los totales de obispos y sacerdotes: 
www.religionenlibertad.com/ articulo.asp?idarticulo=31563)

¿Hace falta recordar al cura O’Reilly, amiguete de Marcial Maciel (fundador de los Legionarios de Cristo) y abusador de una menor, o al “padre” Karadima, estuprador de niños de “buena familia”?

Omito a curas como Ezzati, Barros, González y otros de la misma calaña, pues sus omisiones, complicidades, encubrimientos y pecadillos varios son de sobra conocidos.

La iglesia debería ser la sumatoria de todos los creyentes: “allí donde se junten dos o tres de ustedes, estaré yo”, dijo el hijo del carpintero de Galilea. Sería, en mi opinión, un error cargarle a Jesús la responsabilidad del crimen cometido por quienes han convertido la iglesia en una empresa bolichera y politicastra.

Sabemos que Francisco I, papa latinoamericano, no ha actuado como un ortodoxo pastor de todos los católicos, vale decir, humilde y cuidadoso de sus dichos. Los osorninos saben de ello. El ‘caso Barros’ lo certificó. Más tarde, con el tonelaje de la verdad aplastándole el alma, dio pie atrás.

Para algunos católicos el pontífice no es responsable directo de sus propios dichos. Quien fuera vocero del movimiento ‘Laicos de Osorno’, Juan Carlos Claret, en los momentos más ardorosos de la disputa con el Vaticano por sacar de la catedral de esa ciudad al cura Barros, dirigió sus dardos no contra el jefe de la Iglesia Católica, sino contra el nuncio Ivo Scapolo. “Más que apuntar al Papa por lo que dice, hay que señalar a los que le informan lo que él repite. Los dardos no deben dirigirse contra Jorge Mario Bergoglio, sino que contra el nuncio apostólico, Ivo Scapolo”, señaló Claret.

Es cierto que existe una curia vaticana (también llamada ‘curia romana’), un conjunto de órganos de gobierno de la Santa Sede conformada por un grupo de instituciones llamadas dicasterios. Bajo la autoridad del papa, ejercen funciones legislativas, ejecutivas y judiciales. La potestad de la curia romana se considera vicaria del Papa. Se encarga de coordinar y proporcionar la necesaria organización central para el correcto funcionamiento de la Iglesia y el logro de sus objetivos.

Pero según Mario Puzo, escritor estadounidense autor de “El Padrino”, quienes mandan en el Vaticano son curas conocidos bajo el mote de “pezzonovante” (los “importantes”), que conforman el sólido caparazón que envuelve, coopta y atrapa a quienes fungen como pontífices.

Le ocurrió a Juan Pablo I, fallecido en su cama pocas semanas después de haber sido ungido Pastor de la Iglesia de Pedro, asfixiado tal vez por el poder de los “pezzonovante”. Luego fue el turno del inefable Benedicto XVI, quien pispó que le sería imposible imponer sus términos en esa sociedad de frailes, y optó por renunciar al pontificado para vivir sus últimos años en un lugar alejado de las maromas y contubernios de la mafia vaticana.

El ‘Banco Ambrosiano’, institución financiera vaticana, fue motivo de escándalo económico y mediático cuando quebró en 1982. Entre otras cosas se le acusaba de lavado de dinero, de tráfico de armas a favor de grupos de ultraderecha en Latinoamérica, de financiamiento de publicaciones fascistas en Italia, y de fraude fiscal vía operaciones en ultramar (Bahamas y Sudamérica) usando como fachada al ‘Banco Ambrosiano Andino’, filial sudamericana cuyas oficinas estaban en Perú, con sucursales en El Callao y en Lima.

Pero Francisco llegó dispuesto a renovar su iglesia. Si sus planes se llevaran a la práctica, la estructura del poder vaticano sufriría una reforma sin precedentes, arriesgando desaparecer en su forma actual.

Recordemos que en el año 2014, en una de las tradicionales salutaciones vaticanas, delante de casi todos los exponentes de ese poder (la curia romana), el Papa se despachó unos términos durísimos.

Acusó a los miembros de la curia de “Alzheimer espiritual”, “esquizofrenia existencial”, “petrificación mental y espiritual”, y de “terrorismo de habladurías”. Los calificó de “enfermos de rostro fúnebre” y denunció su “arribismo”, su “arrogancia”, su “hipocresía de una vida oculta y a menudo disoluta”, su “persecución de una gloria vana”, su “vacío espiritual”, su “mediocridad”, su “maledicencia”, y también de ser “asesinos a sangre fría del buen nombre de sus colegas”.

¿Podrá provocar los cambios que desea? ¿Le dejarán camino libre los ‘pezzonovante’ de la curia vaticana?

Digámoslo sin ambages; la iglesia católica es más empresa que iglesia, más banca y negocio que templo. Más materia que espíritu. Además de ser una empresa poderosa en lo económico y en lo financiero, tiene otro punto a considerar, que dice relación con el mundillo político, con las relaciones ante los poderes del Estado de cualquier nación occidental (especialmente las iberoamericanas), con la diplomacia y con las luchas partidistas. No es poca cosa tener una experiencia de dos mil años… veinte siglos trabajando, aprendiendo, avanzando, en materias de alta y de baja política… como también en los negocios, la banca y las finanzas.

Estos aspectos de la iglesia son los que la han hermanado con políticas de extrema derecha, con el conservadurismo y el clasismo sin fronteras. Lo vemos en sus negocios de Educación, administrando establecimientos destinados preferentemente a hijos de familias con poder económico.

Es cierto que en tiempos coloniales esa misma iglesia quiso educar a los hijos de los campesinos y de los pobres. Fueron los jesuitas quienes mayor empeño pusieron en tal labor, pero el resto de las órdenes vaticanas (otros “pezzonovante”), de la mano con la monarquía de la época, decidió expulsarlos de las colonias que España tenía en América (y también de la propia España).

Esa lucha constante al interior de la iglesia católica, apostólica y romana viene de tiempos antiguos, enfrentando a un sector minoritario con las poderosas órdenes que la manejan sin contrapeso. Los resultados están a la vista. El combate es observable en los contenidos de algunas de las principales encíclicas papales, esas ‘cartas circulares’ que los pontífices hacen llegar a obispos, sacerdotes y fieles de todo el planeta.

“Rerum Novarum” (1891): Léon XIII involucra a la Iglesia católica en temas sociales, denuncia las condiciones de trabajo de la clase obrera e impulsa a los trabajadores a organizarse.

“Vehementer nos” (1906): Pío X condena las leyes que separan la Iglesia del Estado, adoptadas en Francia en 1905.

“Ad beatissimi apostolorum principis” (1914): Benedicto XV denuncia los horrores de la guerra y defiende la caridad cristiana.

“Mit brennender sorge” (1937): Pío XI condena el paganismo y el racismo nazi.

“Divini Redemptoris” (1937): El papa Pío XI vuelve a condenar el comunismo ateo.

“Pacem in terris” (1963): Juan XXIII defiende la paz, fundada en la verdad, la justicia, la caridad y la libertad y condena la carrera armamentista.

“Populorum Progressio” (1967): Pablo VI se pronuncia a favor del desarrollo sostenible del mundo.

“Humanae vitae” (1968): Pablo VI condena los métodos anticonceptivos.

“Evangelium vitae” (1995): Juan Pablo II condena el aborto y la eutanasia y hace un llamamiento para combatir contra las leyes que las autorizan.

“Fides et ratio” (1998): Juan Pablo II pide a los científicos que ante los avances científicos y tecnológicos tengan en cuenta los valores filosóficos y morales.

Es difícil que la iglesia católica cambie de manera sustantiva y se acerque, por fin, a aquella que nació con un objetivo muy diferente a los propósitos y deseos que hoy la mueven. En su interior hay golondrinas que no hacen verano, pero son exactamente eso, casos puntuales de sacerdotes convencidos de realizar la verdadera labor para la cual nació su iglesia, pero no logran convencer al resto de la gran bandada vaticana de imitarlos.

Al parecer, es más que posible que los “pezzonovante” (ultraderechistas, clasistas, machistas, misóginos, comerciantes, especuladores financieros), sigan al mando de las cuerdas que mueven a los pontífices.

 

 

 

 

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