Antonio Aradillas: Contubernio cardenalicio


“Algunas sugerencias tal y como hoy se están poniendo las cosas purpúreamente”

Antonio Aradillas, 27 de noviembre de 2016 a las 11:59
Antonio Aradillas, columnista

Antonio Aradillas, columnista

El Colegio Cardenalicio sigue precisando ancha, profunda y urgente reforma, pese a los pasos que el Papa Francisco ha dado en tal dirección

(Antonio Aradillas).- No definida “ex cáthedra”, pero sí testimoniada con su propia experiencia y adoctrinamientos, el Papa ha expresado con claridad y precisión catequísticas que “el cardenalato no significa una promoción, ni un honor, ni una condecoración; es sencillamente un servicio que exige ampliar la mirada y ensanchar el corazón…”

Tal y como hoy se están poniendo las cosas purpúreamente, presiento que puedan ser provechosas, entre otras, estas sugerencias:

Con la definición cardenalicia del Papa están totalmente en desacuerdo la mayoría del Sagrado Colegio al que pertenecen y que algún día se constituirá en Cónclave para elegir el nuevo “Vicario de Cristo”.

Con respeto ritual y canónico, hipócrita en definitiva, hay cardenales que se reservan para sí y para sus amigos, los comentarios en contra, aún basándolos en argumentos eclesiásticos, bíblicos y litúrgicos prevalentes en la historia de la Iglesia “católica, apostólica y romana”.

Hay cardenales que, prescindiendo ya, “y por las bravas”, de limitaciones, disimulos, “prudencias”, circunspecciones y moderaciones ascéticas, buscan y encuentran colaboradores que en medios de comunicación social de cualquier signo e ideología, proclaman sus desavenencias e inconformidades con el Papa Francisco en relación con la idea que este tiene sobre la Iglesia, así como con el “tempo”- ritmo que sigue para su aplicación. Sus comportamientos y declaraciones caen de lleno en el escándalo más desolador e insensato.

Y es que, gozando de tantos, tan espléndidos y tan soberbios privilegios, con títulos superlativísimos, como “Eminentísimos, Reverendísimos, Sagrada Púrpura y “Príncipes de la Iglesia”, así reconocidos y reivindicados por el protocolo “sagrado”, es explicable que el aludido grupo de cardenales de la Curia, o al frente de Iglesias locales de tanto relieve, reaccionen de modo distinto al señalado y vivido por el Papa Francisco.

Numerosos capítulos de la historia, protagonizados por cardenales, fueron y son, pruebas concluyentes de la carencia total de Evangelio y de sacralidad con que fueron vividos por estos “eminentísimos señores”, “vestidos “de raro” y con símbolos mayoritariamente paganos, además de esperpénticos.

También en la misma historia política, social y aún económica extra- eclesiástica, nombres cardenalicios aparecen en el listado de sus personajes más influyentes, con carencia absoluta de motivaciones que, aún lejanamente, pudieran ser consideradas como actividades, gestos y gestiones propias del “Reino de Dios, del que se sentían, y se sienten, representantes “supremos”. De un famoso y noble cardenal, de apellido Mendoza, conocido y reconocidos como “El Tercer Rey de España”, los Reyes Católicos – Isabel y Fernando o Fernando e Isabel- , todavía en tiempos pretridentinos, hablaban de sus hijos ilegítimos, -“hijastros”-, con la expresión “respetuosa”, pero insinuante, de “los bellos pecados capitales de nuestro cardenal”.

El Colegio Cardenalicio sigue precisando ancha, profunda y urgente reforma, pese a los pasos que el Papa Francisco ha dado en tal dirección, hasta haber logrado ya que la mayoría de las mitras y capisayos no tengan DNI europeos. Demanda así mismo que en él se hagan activamente presentes los laicos y laicas. Solo los cardenales -por supuesto, varones-, no podrán ser electores de un nuevo Papa, que ejerza su ministerio como “Vicario de Cristo”, en pleno siglo XXI. Es una estupidez. Es además una ofensa para muchos y muchas, tener así que genuflectarse ante el vetusto y antievangélico Código de Derecho Canónico, además de una apuesta opuesta absurda y contraria a la mujer, por mujer.

El sistema y la fórmula cardenalicia todavía canónicamente vigentes, han de ser suplantados, en aseada y evangélica coincidencia con otros, definidos por rasgos limpiamente democráticos. Meritocracia y gerontocracia no serán, de pos sí, razones supremas para ser “papables”, aún reconociendo con humildad milagrosa la presencia del Espíritu Santo en casos tales, como los de Juan XXIII y Francisco, del que habrá de suponerse que se exilió del grupo de purpurados que atentan en la actualidad contra este Papa, sin recusar la posibilidad de provocar cismas y rupturas en la propia Iglesia, a cuentas, a veces, de conservar sus “divinales” estatus y privilegios principescos.

En plan amistosamente doméstico, sugiero que nadie aliente la ocurrencia de promocionar que se le “premie” al bendito Padre Ángel, y a su familia de “mensajeros de la paz”, con la recompensa- remuneración socio- eclesiástica del cardenalato… Con su corbata roja y su sempiterna y salvadora sonrisa, él tiene abiertas todas las puertas de las generosidades propias y foráneas, sin necesidad de recurrir a colorines, capisayos y titulitis risibles y caricaturescos. Amén.

http://www.periodistadigital.com/religion/opinion/2016/11/27/contubernio-cardenalicio-religion-iglesia-dios-jesus-papa-francisco-fe-colegio-cardenalicio-conlave-vicario-de-cristo-principes-de-la-igle

“Geopolítica vaticana del nuevo orden mundial”, por Silvina Pérez



Cardenales acuden a una misa por la elección de un nuevo papa, en la Basílica de San Pedro. La misa se llama “Pro Eligendo Romano Pontefice” y está abierta al público. REUTERS/Stefano Rellandini

Francisco, el papa llegado del fin del mundo, irrumpe en las cosas del mundo globalizado entrelazando con refinada sabiduría mensajes de paz y de realpolitik.  El elenco de las situaciones de tensión o de conflicto a las cuales Bergoglio ha dedicado una atención que se ha revelado decisiva es muy largo a estas alturas. Artífice del histórico deshielo entre Estados Unidos y Cuba, mediador invisible entre Obama y Putin en la crisis de Siria… solo por nombrar algunos de los casos más citados, que se van al encuentro entre Shimon Peres y Abu Mazen en el Vaticano, al trabajo para favorecer el acuerdo sobre la energía nuclear en Irán o a la evocación del genocidio armenio.

Por lo que respecta a la Iglesia, ha iniciado una nueva fase de colaboración dentro de la cristiandad con el histórico encuentro con el patriarca ortodoxo ruso Kirill y su reciente viaje ecuménico a Suecia para conmemorar los 500 años de la Reforma luterana, que separó a los cristianos de Occidente en católicos y protestantes, así como con la apertura del diálogo con China. La geopolítica pastoral de Francisco es global, y difiere de los parámetros tradicionales de alianzas temporales, más o menos santas, para objetivos específicos.

Si para Juan Pablo II la prioridad en política exterior era derribar la cortina de hierro y los regímenes comunistas, mientras que para Benedicto XVI era volver a cristianizar Occidente y, en particular, el continente europeo, Francisco advierte como emergencia ineludible poner fin a la “Tercera Guerra Mundial, combatida a pedazos”, que produce miles de muertos, refugiados y destrucción en muchas partes del mundo, y, sobre todo, evitar su progresiva transformación en un conflicto global. Por ello, como ya dijo Bergoglio en su primera intervención ante el cuerpo diplomático en 2013, el respeto del Derecho humanitario debe situarse en primer lugar.

Cuando muere el papa Roncalli, en 1936, los países que mantenían relaciones diplomáticas con la Santa Sede eran solo 40. Cuando Juan Pablo II fue elegido papa, en 1978, el Vaticano tenía relaciones diplomáticas con 84 países. En 2005 eran 174. Con Benedicto XVI se convirtieron en 178. Tanto es así que, después de la difusión de una serie de archivos difundidos por Wikileaks, la embajada estadounidense en el Vaticano, en vista de la visita del presidente Barack Obama de 2009, subrayaba cómo la Santa Sede era ya la segunda, solo después de Estados Unidos, en número de países con los que mantiene relaciones diplomáticas —en aquella época, 188 y 177, respectivamente—. Hoy, en la era del papa Francisco, la Santa Sede mantiene relaciones con 182 países y 32 organizaciones internacionales, incluida la Liga Árabe.

La política de la Santa Sede atraviesa una nueva primavera después del largo otoño bajo el pontificado de Ratzinger con Tarcisio Bertone, secretario di Stato. El papa argentino no tiene objetivos bien definidos y su fuerza reside en el poner en marcha, energías que la política ni siquiera consigue ver. Se mueve sin dejarse condicionar y esto le permite tener una red impresionante de relaciones personales con líderes de movimientos populares laicos y religiosos, con exponentes individuales de partidos, con intelectuales y periodistas, que le permiten entender muy a menudo y por adelantado los problemas que hay que resolver. Es una guía espiritual que habla a todos y, precisamente porque es jefe religioso, no político, es de hecho un gran protagonista geopolítico.

Francisco no quiere una Iglesia que se siente en la mesa de las negociaciones, sino en todo caso una Iglesia que estimule a las partes enfrentadas a sentarse en la mesa de negociaciones y buscar juntos una salida. No ama la teatralidad de las posiciones de principio; prefiere el pragmatismo del sentido común y el realismo de las soluciones de mediación. El estilo de Bergoglio es muy claro y en ciertos aspectos puede dar lugar a confusión. Él pide que la Iglesia se mueva pasando desapercibida, que gestione situaciones de crisis sin grandes lemas, pero trabajando entre bastidores. Podemos decir que durante estos años han emergido con claridad algunas directivas. Ante todo, este papa ha planteado la cuestión de las periferias, la necesidad de derribar muros —realmente construidos o percibidos como tales—.

Otro filón es la reflexión dramática sobre la guerra y sobre la paz: ha denunciado el comercio de armas como una de las causas de los conflictos y se ha activado en complicados y delicados procesos de reconciliación. En su primer viaje europeo, no vuela a Londres o a París, sino a Albania, tierra de mayoría musulmana plagada de mártires del comunismo. En el primer viaje a América Latina puesto en su agenda durante su pontificado, ha elegido viajar a Ecuador, Bolivia y Paraguay, los países más periféricos de la realidad sudamericana, mientras que en su viaje mejicano vuela hacia el extremo sur de Chiapas para pedir perdón a los pueblos indígenas “incomprendidos y excluidos” y termina la visita en Ciudad Juárez, otro lugar símbolo de la emergencia migratoria, donde celebra misa a pocos metros de distancia de la frontera con Estados Unidos y bendice los zapatos de los migrantes muertos en el intento de cruzar el confín.

Francisco, sobre todo, ha cambiado el tono del discurso político invitando a mirar el mundo desde la perspectiva de los excluidos, porque solo de esta manera es posible percibir las contradicciones que afectan a todos y encontrar soluciones integradoras. Generalmente, consideramos la misericordia como un sentimiento individual y privado, que entra en juego solo en la relación del hombre con Dios o con sus semejantes. Sin embargo, cuando es bien entendida, la misericordia es un concepto político revolucionario: es todo excepto debilidad, tanto en la vida de las personas como en la política. Se necesita valor para orientar a las personas hacia procesos de reconciliación y es precisamente tal audacia positiva y creativa la que ofrece verdaderas soluciones para antiguos conflictos y la oportunidad de hacer posible una paz duradera. Declinar la misericordia como categoría política conduce a no considerar nunca a nada ni a nadie como definitivamente perdido en las relaciones entre naciones, pueblos y Estados.

En definitiva, la misericordia política es la virtud de los fuertes, la característica distintiva de los verdaderos líderes, no de los políticos de pequeña talla. Como dijo Pietro Parolin, secretario del Estado vaticano y artífice de muchas de las estrategias diplomáticas de la otra orilla del Tíber, si los poderosos del mundo se mueven “ejerciendo un hard power a través de la potencia económico-financiera o las armas”, la Iglesia de Bergoglio, por el contrario, se mueve mediante “un soft power hecho de convicciones y de comportamientos ejemplares”. Y ese poder blando se muestra más eficaz y más concluyente que el viejo poder duro.

El Orden Mundial en el Siglo XXI no se hace responsable de las opiniones vertidas por los autores de la Tribuna. Para cualquier asunto relacionado con esta sección se puede escribir a tribuna@elordenmundial.com

Acerca de Silvina Pérez 1 Article
Periodista, escritora. Ha trabajado en la televisión pública italiana, la Rai y en la privada La7. Especializada en periodismo político, ha cubierto numerosos eventos internacionales, también como enviada especial. Apasionada de América Latina y de los derechos humanos en particular. Especialmente interesada a la historia de la Iglesia. Desde 2015, es directora de la edición española del Osservatore Romano, diario oficial del Vaticano.

Un nuevo concilio, como hace dieciseis siglos


Los conflictos puestos en movimiento hoy por “Amoris laetitia” tienen un antecedente en las controversias cristológicas del tardo imperio romano. Las resolvió el concilio ecuménico de Calcedonia. Desde Chile, un experto propone recorrer el mismo camino

por Sandro Magister

ROMA, 28 de noviembre de 2016 – Con el acto mismo de no responder la apelación que le hicieron cuatro cardenales para clarificar los puntos más controvertidos de “Amoris laetitia”, el papa Francisco ha dado a entender al menos una cosa: su inquebrantable certeza de la bondad del proceso puesto en movimiento por él con la exhortación apostólica post-sinodal, justamente gracias a la calculada ambigüedad del texto, la cual ha abierto el camino a múltiples interpretaciones y aplicaciones, algunas de ellas decididamente nuevas respecto a la enseñanza plurisecular de la Iglesia.

No es la primera vez, en la historia cristiana, que se verifica un caso de este tipo, en el que precisamente los pronunciamientos del magisterio, deliberadamente no claros, permiten que convivan muchas interpretaciones contrastantes, también sobre puntos centrales del dogma.

Sucedió así en la primera fase de las controversias trinitarias y cristológicas del siglo IV.

En el ensayo que sigue a continuación, un experto de esas controversias antiguas muestra en qué medida su dinámica se asemeja al conflicto hoy en curso en la Iglesia Católica sobre los sacramentos del Matrimonio y de la Eucaristía.

En ese entonces, la herejía que se propagaba era la de Arrio, la cual socavaba la divinidad de Jesús. Mientras que hoy lo que está en peligro es la indisolubilidad del matrimonio cristiano.

El autor del ensayo, Claudio Pierantoni, estudió filología clásica en Roma e historia del cristianismo en la Universidad “La Sapienza” y en el Augustinianum, con su maestro, el insigne patrólogo Manlio Simonetti, especializándose en las controversias cristológicas del siglo IV y en san Agustín.

Casado y con dos hijas, desde 1999 Pierantoni vive en Santiago de Chile. Ha enseñado historia de la Iglesia y patrología en la Pontificia Universidad Católica y actualmente enseña filosofía medieval en la Universidad de Chile.

En Chile tiene estrecha amistad con otros eruditos católicos que han emigrado a ese país, como el austríaco Josef Seifert y el venezolano Carlos Casanova, ambos comprometidos en la actual controversia sobre “Amoris laetitia”. Está entre los firmantes del llamado “Documento de los 45”, la petición enviada el verano pasado a los cardenales y a los patriarcas, para que pidieran al Papa que aclarara los puntos más controvertidos de la exhortación.

El ensayo del profesor Pierantoni fue publicado en estos días en inglés, en la revista alemana “AEMAET – Wissenschaftliche Zeitschrift für Philosophie und Theologie”, de cuyo sitio web puede ser descargado en formato PDF:

> The Arian crisis and the current controversy about “Amoris Laetitia”: a parallel

Mientras que el texto íntegro en italiano está a disposición en esta otra página de http://www.chiesa:

> La crisi ariana e la controversia attuale su “Amoris laetitia”: un parallelo

A continuación se reproducen el prólogo y la parte final del ensayo. El cuadro que se traza es dramático, pero no está privado de esperanza en una superación positiva de la crisis actual. Quizás con un nuevo concilio ecuménico, como en Calcedonia tantos siglos atrás (ver ilustración).

¡Feliz lectura!


La crisis arriana y la controversia actual sobre “Amoris laetitia”: un paralelo

por Claudio Pierantoni

Las reflexiones que siguen derivan su origen de una coincidencia bastante curiosa. En los primeros días de abril de este año, en efecto, en la Facultad de Teología de la Universidad Católica de Santiago de Chile se puso en movimiento un grupo de estudio sobre la controversia arriana.

En la primera reunión del grupo reflexionaron sobre la extraordinaria rapidez con la que la controversia suscitada por el presbítero alejandrino Arrio en el año 318 o 319 [d. C.], aparentemente reprimida con la condena de éste por parte de Alejandro (el obispo de la metrópoli), se difundió rápidamente en Palestina, y desde allí y en pocos años incendió todo el Oriente romano, obligando incluso al emperador Constantino a convocar un concilio ecuménico para resolverla. Aparentemente se trata sólo de un par de frases imprudentes sobre la relación del Hijo con el Padre, pero que pusieron al descubierto profundas diferencias doctrinales existentes en el episcopado, y desencadenaron una polémica evidentemente latente desde mucho tiempo atrás.

Ahora bien, justamente en esos mismos días de abril del 2016 se publicó la exhortación apostólica “Amoris laetitia”, y poco tiempo después […] aparecieron las reacciones del cardenal Burke y las del cardenal Müller, y comenzó la polémica. No pasó mucho tiempo para comprender que el incendio que se estaba propagando rápidamente, justamente como en los tiempos de Arrio, era de vastas proporciones, a pesar de las modestas apariencias de basarse sólo en un par de notas imprudentes a pie de página, de las que el Papa afirmaba que ni siquiera las recordaba.

Me pareció entonces natural comenzar a hacer un parangón entre las dos crisis. […] En efecto, los dos momentos pueden ser vistos en analogía, porque en ambos casos muchos católicos perciben una intervención importante del magisterio como en conflicto con la doctrina anterior. Y además, en ambos casos se percibe un silencio ensordecedor de la jerarquía de la Iglesia Católica, naturalmente con sus excepciones.

En cuanto al contenido, las dos crisis son ciertamente diferentes. En el primer caso, el tema de la discordia es estrictamente teológico, referido al fundamento de la doctrina cristiana sobre el Dios uno y trino, mientras que en el segundo caso es teológico-moral, referido principalmente al tema del matrimonio.

Sin embargo, me parece que el elemento principal que acerca las dos crisis es el hecho que ambos afectan a un pilar del mensaje cristiano, que si es destruido el mensaje mismo pierde su fisonomía fundamental. […]

I. Paralelo entre las dos crisis, en los documentos doctrinales

Desde el punto de visto de los documentos doctrinales, el elemento paralelo que mayormente llama la atención es el carácter de ambigüedad presente en las fórmulas filo-arrianas de los años 357-360 d. C.

En efecto, […] la minoría filo-arriana, aun estando en el poder, no se arriesgó a proponer una posición que se opusiera muy claramente a la visión tradicional. No dice expresamente que el Hijo es inferior al Padre, sino que utiliza una expresión genérica, “semejante” al Padre, que podía prestarse a diversos grados de subordiacionismo. En síntesis, aun estando en el poder, la minoría filo-arriana intenta esconderse.

En modo análogo, la actual exhortación apostólica “Amoris laetitia”, en el famoso capítulo VIII, no niega abiertamente la indisolubilidad del matrimonio, más bien la afirma explícitamente. Pero en la práctica niega las consecuencias necesarias que se derivan de la indisolubilidad matrimonial, pero lo hace a través de un discurso sinuoso y enrevesado, con formulaciones que abarcan una gama de posiciones diferentes, algunas más extremas, otras más moderadas.

Por ejemplo, dice que “en algunos casos” podría darse la “ayuda de los sacramentos” a las personas que viven en uniones “llamadas irregulares”. No se dicen cuáles son estos casos, por eso a partir del texto pueden darse al menos cuatro interpretaciones, de las cuales las más restrictivas son obviamente incompatibles con las más amplias. Por claridad interpretativa, es entonces útil clasificarlas en base al distinto grado de amplitud, partiendo de la más restrictiva hasta la más extensa:

1.    Sobre la base del principio de continuidad hermenéutica, la expresión “en algunos casos” debería interpretarse como referidos a los casos especificados en los documentos del magisterio vigente, como “Familiaris consortio”, la cual dice que se puede dar la absolución y la comunión eucarística en esos casos en los que los convivientes prometen convivir como hermano y hermana.

Esta interpretación tiene desde ya un principio hermenéutico fundamental, el cual podría parecer irrefutable, pero esa interpretación está refutada por la nota 329, que afirma en forma explícita que justamente este comportamiento (es decir, la convivencia como hermano y hermana) sería potencialmente dañino, por eso hay que evitarlo.

2.    “En algunos casos” puede interpretarse en sentido más amplio como referido a la certeza subjetiva de la nulidad del matrimonio anterior, suponiendo que por motivos particulares no es posible probarla en un tribunal.

En tales casos podría darse ciertamente que en el secreto de la conciencia no haya culpa en la nueva unión: esto podría ser visto, en el plano de la doctrina moral, en forma acorde con “Familiaris consortio”. Pero se mantiene una diferencia fundamental en el plano eclesiológico: la Eucaristía es un acto sacramental, público, en el que no puede tomarse en consideración una realidad en sí misma invisible y públicamente incontrolable.

  1.     “En algunos casos” puede interpretarse, más ampliamente todavía, como referido a una responsabilidad subjetiva menor o también nula, debido a ignorancia de la norma, o bien a la incapacidad de comprenderla; o también a una “fuerza mayor”, en la que alguna circunstancia especial puede ser tan fuerte como para “forzar” a una convivencia “more uxorio”, que entonces no constituiría culpa grave; más bien, incluso, según el documento, el abandono de la convivencia podría hacer incurrir en una culpa más grave.

Aquí tenemos ya serios problemas también de teología moral. Ignorancia e incapacidad de comprender pueden limitar efectivamente la responsabilidad personal, pero parece incongruente, por no decir contradictorio, invocarlas en este discurso, en el que se habla de un itinerario y de un discernimiento “acompañado”, los cuales son procesos que precisamente deberían culminar en la superación de esa ignorancia e incapacidad de comprender.

En cuanto a la fuerza mayor, no es para nada obvio, más bien es contrario a toda la tradición y a importantes pronunciamientos dogmáticos que ella pueda justificar el no cumplimiento de la ley divina. Es verdad que no se puede excluir a priori que pueda haber circunstancias particulares, en las que la situación puede cambiar la especie moral de un acto externamente igual, también consciente y voluntario. Por ejemplo, el acto de sustraer un bien a alguien no puede configurarse como hurto, sino como acto de un pronto socorro a una persona o como un acto directo para evitar un mal mayor. Pero aun suponiendo, sin concederlo, que esto pueda aplicarse al adulterio, lo que aquí impide decididamente una justificación de este género es el carácter de permanencia del comportamiento objetivamente negativo: lo que es justificable en un momento puntual, de emergencia, no puede serlo en una situación estable, conscientemente elegida.

De todos modos, se mantiene firme también el principio eclesiológico por el cual en ningún caso puede hacerse mágicamente visible a nivel público lo que por su naturaleza pertenece al secreto de la conciencia.

4.    En la interpretación más extendida de todas, “en algunos casos” puede ampliarse hasta incluir a todos esos casos – que son además esos casos reales, concretos y frecuentes que todos tenemos en mente – en los que se da un matrimonio poco feliz, que fracasa por una serie de malentendidos e incompatibilidades y a los cuales les sigue una convivencia feliz, estable en el tiempo, con fidelidad recíproca, etc. (cf. AL 298).

En estos casos, parecería que el resultado práctico, en particular la duración y la felicidad de la nueva unión contra la brevedad e infelicidad de la anterior, puede interpretarse como una especie de confirmación de la bondad y, en consecuencia, legitimidad de la nueva unión. En este contexto (AL 298) se silencia cualquier consideración sobre la validez del matrimonio anterior y sobre la incapacidad de comprender y sobre la fuerza mayor. Y en efecto, cuando poco más adelante (AL 300) se pasa a considerar el tipo de discernimiento que deberá hacerse en estos casos, resulta todavía más claro que los temas en discusión en el examen de conciencia y en el arrepentimiento respectivo no serán otros que el buen o mal comportamiento frente al fracaso matrimonial y el buen éxito de la nueva unión.

Es claro aquí que el “arrepentimiento” que hay que considerar no se refiere en absoluto a la nueva unión en presencia de una unión legítima anterior; por el contrario, se refiere al comportamiento durante la crisis anterior y las consecuencias (no mejor precisadas) de la nueva unión sobre la familia y sobre la comunidad.

Es entonces evidente que el documento intenta ir más allá, tanto de los casos en los que se tiene certeza subjetiva de la invalidez del vínculo anterior, como también de los casos de ignorancia, de dificultad para comprender y de fuerza mayor o de presunta imposibilidad de cumplir la ley.

Ahora bien, es suficientemente claro que si la medida válida para juzgar la licitud de la nueva unión es, en última instancia, su éxito práctico, su felicidad visible y empírica, contra el fracaso y la infelicidad del matrimonio anterior – licitud que obviamente se supone para recibir la absolución sacramental y la eucaristía –, la consecuencia inevitable es que ahora el matrimonio anterior es considerado implícitamente, y también públicamente, sin efecto y, en consecuencia, disuelto: es decir, el matrimonio es disoluble. De este modo, en la Iglesia Católica se introduce de hecho el divorcio, mientras que se continúa afirmando de palabra su indisolubilidad.

Es también suficientemente claro que si el éxito del nuevo matrimonio basta para establecer su licitud, esto incluye la justificación prácticamente de todos los casos de nueva unión. En efecto, si se tuviera que demostrar que la nueva unión carece de éxito, no subsistirá el estímulo para justificarla y se pasará más bien a una unión ulterior, en la esperanza de un éxito mayor. Ahora bien, ésta y no otra es precisamente la lógica del divorcio.

De esto se puede luego deducir que la discusión sobre casos que podríamos llamar “intermedios”, esto es, los situados entre la posición tradicional y la más amplia – que como hemos mostrado incluye de hecho todos los casos –, si por una parte permite a muchos, más moderados, reconocerse en una u otra gradación y, en consecuencia, puede tener un valor “tranquilizador”, por el contrario, desde el punto de vista práctico termina por ser muy poco relevante. En efecto, en esencia y en líneas generales, el documento otorga carta blanca para resolver la gran mayoría de las situaciones reales con un criterio mucho más simple y en línea con la mentalidad dominante en nuestra civilización: en una palabra, está perfectamente en línea con la ideología del divorcio.

*

Volviendo a nuestro paralelo, todo esto recuerda muy de cerca la política del emperador Constancio, al buscar una expresión suficientemente genérica que se propusiera mantener contentas a muchas posiciones diferentes. En la controversia arriana, el carácter genérico de la expresión “semejante al Padre según las Escrituras” encuentra una perfecta confirmación en el carácter genérico de la expresión “en algunos casos” que encontramos en “Amoris laetitia”. En teoría, se lo puede reconocer en casi todas las posiciones.

En consecuencia, las situaciones resultan análogas también en cuanto al resultado práctico. De la misma manera que casi todo el episcopado del imperio aceptó la fórmula de Rímini-Constantinopla del 359-60 d. C., así también hoy la abrumadora mayoría del episcopado ha aceptado sin quejarse el nuevo documento, aún sabiendo que esto legitima de hecho una serie de posiciones incompatibles entre ellas, algunas de las cuales es manifiestamente herética.

Hoy en día muchos obispos y teólogos calman su propia conciencia afirmando, tanto en público como a sí mismos, que decir que “en ciertos casos” los divorciados que se han vuelto a casar pueden recibir los sacramentos no es de por sí erróneo y puede interpretarse, en una hermenéutica de la continuidad, como en línea con el magisterio anterior. Justamente de la misma manera los antiguos obispos pensaban que no era de por sí erróneo decir que “el Hijo es semejante al Padre según las Escrituras”.

Pero en ambos casos, si bien en una y en otra fórmula tomada aisladamente se puede reconocer una amplia gama de posiciones, en el contexto de los respectivos documentos es muy claro que la posición ortodoxa, verdaderamente en línea con el magisterio anterior, es precisamente la que es netamente excluida. […]

En el caso de “Amoris laetitia”, esto se lleva a cabo:

  • con la negación de la formulación de “Familiaris consortio” sobre la abstención de la convivencia “more uxorio” como condición del acceso a los sacramentos;
  • con la eliminación de los límites netos anteriores entre certeza de la conciencia y normas eclesiológicas sacramentales;
  • con la instrumentalización de los preceptos evangélicos de la misericordia y del no juzgar, usados para sostener que en la Iglesia no sería posible la aplicación de censuras generales a determinados comportamientos objetivamente ilícitos;
  • y por último, aunque no menos importante, censurando duramente a quienes tuvieran la “mezquina” y “farisaica” pretensión de invocar normas jurídicas precisas para juzgar cualquier caso individual, que por el contrario debe ser rigurosamente dejado al discernimiento y al acompañamiento personal.

De este modo, aún con la buena voluntad de respetar un principio hermenéutico ciertamente válido – el de la continuidad con los documentos anteriores -, se corre el riesgo de olvidar otro principio todavía más importante y evidente: el del contexto  inmediato en el que se formula una proposición.

Si se leen las afirmaciones particulares de “Amoris laetitia” no aisladamente, sino en su contexto, y el documento a su vez es leído en su contexto histórico inmediato, se descubre fácilmente que la “mens” general que lo guía es esencialmente la idea del divorcio, además de la idea hoy difundida de no plantear límites claros entre un matrimonio ilegítimo y una unión irregular. […]

II. Paralelo entre las dos crisis, en el desarrollo histórico

También se puede advertir un paralelo evidente desde el punto de vista del desarrollo histórico de la herejía arriana. Se asiste a su preparación durante la segunda mitad del siglo tercero; al hacerse pública, es condenada por el Concilio de Nicea, pero en Oriente, por el contrario, recibe un rechazo generalizado. Sin embargo, el rechazo de Nicea es más moderado en una primera fase, y el arrianismo verdadero y genuino es tolerado solamente como un mal menor, pero poco a poco esta tolerancia le permite retomar vigor, hasta que dadas las favorables circunstancias políticas llega al poder. Una vez alcanzado éste, siente sin embargo la necesidad de enmascararse: no se expresa en forma franca y directa, sino en una forma indirecta, apoyándose sobre la presión y la intimidación pública. Pero el hecho mismo de imponerse, aun cuando el arrianismo era una minoría, sobre una mayoría cobarde e indecisa, lo expone de todos modos a una refutación mucho más fuerte y clara por parte del sector más ortodoxo y consciente del episcopado que prepara, en forma gradual pero inexorable, la derrota definitiva en las dos décadas que siguen.

Análogamente, en el caso de la herejía actual, que a causa del nombre de su exponente principal podemos llamar “kasperiana”, hemos asistido a una lenta preparación, a partir de la segunda mitad del siglo XX. Se hizo pública y fue condenada en los documentos de Juan Pablo II (sobre todo en “Veritatis splendor” y “Familiaris consortio”). Pero desde un sector del episcopado y de la teología culta estos documentos fueron rechazados en forma más o menos abierta y radical, y la praxis ortodoxa fue omitida en amplias e importantes zonas de la catolicidad. Este rechazo fue tolerado ampliamente, tanto a nivel teórico como práctico, y desde allí adquirió fuerza, hasta que, dadas las circunstancias favorables, políticas y eclesiásticas, llegó al poder. Pero a pesar de haber alcanzado el poder, el error no se expresa en forma franca y directa, sino más bien a través de las no del todo claras actividades sinodales (2014-2015), y desemboca luego en un documento apostólico ejemplar por su tortuosidad. Pero el hecho mismo de haber llegado a aparecer en un documento magisterial suscita una indignación moral y una reacción intelectual mucho más fuerte y dinámica, y obliga a todo aquél que tiene los instrumentos intelectuales a repensar la doctrina ortodoxa, por una formulación todavía más profunda y clara de su parte, para preparar una condena definitiva no sólo del error puntual examinado, sino también de todos los errores vinculados a él, que llegan a incidir sobre toda la doctrina sacramental y moral de la Iglesia. Además permite, y esto no es poco, poner a prueba, reconocer y también reunir a los que adhieren verdadera y sólidamente al depósito de la fe.

Podemos decir que ésta es justamente la fase en la que nos encontramos en este momento. Recién ha comenzado y se preanuncia no privada de obstáculos. No podemos prever cuánto durará, pero debemos tener la certeza de la fe que Dios no permitiría esta gravísima crisis si no fuese para un bien superior de las almas. Será ciertamente el Espíritu Santo el que nos dé la solución, iluminando a este Papa o a su sucesor, quizás también a través de la convocatoria a un nuevo concilio ecuménico. Pero entre tanto, cada uno de nosotros está llamado, en la humildad y en la oración, a dar su testimonio y su contribución. Y a cada uno de nosotros ciertamente el Señor nos pedirá cuentas.


Traducción en español de José Arturo Quarracino, Temperley, Buenos Aires, Argentina.

http://chiesa.espresso.repubblica.it/articolo/1351423?sp=y

Interrogatorios después de Medellín (III): el sacerdocio.


Publicado: 26 Nov el año 2016 15:48 PST

Eduardo Hoornaert 6

De la vida vivida y prácticamente sin teorizar, la imagen primitiva de que reaparezca la maestría en las CEB.Es la experiencia que uno se da cuenta de que la lógica de la Base de la Comunidad, la expresión concreta de la opción por los pobres no coincide con el sacerdocio tal como se vive tradicionalmente. En otras palabras, las comunidades postulan un “nuevo tipo” de cura.

En la promoción de la formación de comunidades de base (CEB)en toda América Latina, Medellín abrió un campo de preguntas sobre el sacerdocio.

Cualquier sacerdote que tiene una experiencia en las comunidades de base, sabe que la imagen tradicional sacerdote que aparece en la comunidad para

  • celebrar la misa,
  • administrar los sacramentos,
  • realizar ritos y liturgias

Es reemplazado gradualmente por la imagen del cura

  • Es en el círculo,
  • junto a los laicos,
  • escuchar e interfiriendo de vez en cuando.

Poco a poco, a menudo sin ser conscientes de ello, el sacerdote recuerda la antigua imagen del “maestro”, con el movimiento de Jesús en los primeros siglos.

De hecho, el movimiento de Jesús

  • nacido en oposición al sistema sacerdotal hegemónico en la religión judía de la época
  • y opta por un papel, a través de un tipo de liderazgo en boga en el sistema de la sinagoga.

Por lo tanto la experiencia

  • maestros,
  • profetas,
  • médicos,
  • rabinos,
  • rabinos,

diferentes nombres para indicar no hay líderes sacerdotales.

estos maestros

  • se destacan por sus cualidades personales,
  • No están dotados de poder a través de la legitimación (clasificación) por algún caso,
  • No reciben pago por sus servicios
  • No se distingue por cualquier ropa especial.

Que emana del sistema de la sinagoga judía, estos maestros modelan el movimiento de Jesús, por lo menos hasta la segunda mitad del siglo. Es un modelo

  • sin templo o sacerdocio,
  • sin ritos o sistemas,
  • un movimiento centrado en la acción alimentada por la lectura y la obediencia a la Palabra de Dios en la cotidianidad de la vida.

Hasta que Constantino (siglo IV)

  • no hay distinción entre las personas sagradas y seculares dentro del movimiento de Jesús.
  • Todos son laicos, entre los cuales algunos se destacan como “maestros”.
  • El clero como una clase separada de los laicos es una innovación del siglo IV.

La estructura de oficina trae el postulado de la religión: es la religión que trae el Evangelio. Olvidan que las suposiciones iniciales del movimiento de Jesús, la diferenciación entre la religión y Evangelio es esencial, ya que se acaba de exponer en el párrafo anterior:

  • el Evangelio se vive en la vida real, materiales, sociales,
  • mientras que la religión se vive en un mundo simbólico.

Si, hoy en día, la religión católica se modela en la cultura clerical romana, es un tipo de resistencia especialmente duro.

De la vida vivida y prácticamente sin teorizar, la imagen primitiva de que reaparezca la maestría en las CEB. Es la experiencia que uno se da cuenta de que la lógica de la Base de la Comunidad, la expresión concreta de la opción por los pobres no coincide con el sacerdocio tal como se vive tradicionalmente. En otras palabras, las comunidades postulan un “nuevo tipo” de cura.

En este sentido, por ejemplo, el arzobispo Romero, obispo asesinado, puede ser presentado como un ejemplo de un maestro cristiano en América Latina, porque él dio su vida proclamando la Palabra de Dios ante las situaciones de injusticia extremas. Él no invoca ninguna autoridad establecida en la sociedad, pero sólo la autoridad de la Palabra de Dios que él interpreta de acuerdo a la situación de su país, y por la cual murió.

Eduardo Hoornaert - Corte

Eduardo Hoornaert

Fuente: http://eduardohoornaert.blogspot.com.br/2016/07/questionamentos-apos-medellin-o_16.html 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Claudio Hummes: “¿Las críticas al Papa? Son sólo cuatro cardenales… Todo el Colegio cardenalicio está con él”


Claudio Hummes, ayer en Madrid

“Trump está en contra de los Acuerdos de París, puede que suponga un freno al desafío climático”

“Francisco es un gran pastor. Quiere que todos caminemos juntos, no quiere controlar, criticar, juzgar”

Jesús Bastante, 25 de noviembre de 2016 a las 08:51

La misericordia significa no ser indiferente al sufrimiento, a la exclusión, no puede descartar personas o pueblos. Y el mundo actual descarta pueblos, naciones…. Ese no es el camino

Cardenal Claudio Hummes/>

Cardenal Claudio Hummes

(Jesús Bastante).- Claudio Hummes es el presidente de la REPAM, la red de trabajo de la Iglesia en la Amazonía. El cardenal brasileño, uno de los más cercanos al Papa Francisco -Bergoglio debe su nombre a aquella frase en el Cónclave “No te olvides de los pobres”-, visitó ayer Madrid para participar en la campaña “Enlázate por la justicia”, y clamó por una Iglesia más comprometida con los pobres. Una Iglesia que, de la mano de Francisco, es posible. “Él, sobre todo, es un gran pastor“, afirma en esta entrevista.
Cuando el Papa habla en “Laudato Si” del cuidado de la naturaleza, pensamos inmediatamente en la Amazonía… ¿Cómo es esa realidad?

La Amazonía es uno de los pulmones del planeta. Debemos pensar en cuatro aspectos, que están interrelacionados: la selva, que cuida del agua, y el agua de la selva; la biodiversidad, que surge de ahí. Y los pueblos originarios, que supieron administrar todo sosteniblemente. Los cuatro elementos están allí, y se apoyan entre sí. Es un sistema que se debe preservar para guardar este pulmón.
Sin embargo, en Brasil se critica mucho la deforestación de las grandes empresas, que además están expulsando a las poblaciones indígenas…

La deforestación es una práctica muy antigua, quemar las tierras. Es un proceso que ha tejido todo Brasil. El sistema de la selva Amazónica es más reciente, una deforestación más sistemática. Hoy está deforestado cerca del 20%

¿Qué nos estamos jugando?

Quieren colonizar esta tierra. La deforestación busca producir soja, maíz y otros monocultivos para la exportación, y también ganado, carne, para el mercado mundial. Hay un gran deseo de expandir esos negocios, que son sobre todo para la exportación, pero eso afecta directamente a las poblaciones originarias de la zona, que se sienten muy abandonadas y poco oídas cuando esos proyectos comienzan a ser decididos e implantados. Y no sólo no son escuchados, pierden su posibilidad de vivir. Hay todo un conjunto de grandes desafíos de destrucción ecológica y de la vida, y que tiene su gran importancia en el agravamiento de la crisis medioambiental, que fue tratada en la COP21 de París, con todos sus acuerdos. No sólo es un tema de Amazonía, es un tema global, nos ocupa a todos. La cuestión climática es una cuestión global, la devastación tiene efectos globales. La devastación del planeta, el efecto invernadero, amenaza la vida futura en el planeta.

La COP supuso un cambio en los objetivos de desarrollo. ¿Hasta qué punto?

En este siglo XXI es necesario revertir ese efecto invernadero, para que la temperatura no suba más de 1,5 grados. El planeta no soportaría más.

¿Cómo afecta a estos desafíos la elección de Trump, un presidente electo que no cree en el cambio climático ni sus efectos?

Es algo que nos preocupa. Durante la campaña, Trump fue claramente contrario a los acuerdos de París, y opina que el efecto invernadero es una farsa. Pero París demostró el consenso científico acerca de que esta crisis es real, y que viene como consecuencia de esos gases lanzados a la atmósfera (CO2), por el uso del petróleo, el gas natural, los combustibles fósiles… Esto está probado científicamente. Pienso que Trump puede ser un factor de atraso durante algún tiempo, pero Trump está dentro de los EEUU, que es un Estado democrático. Él no tiene poderes absolutos, tiene el Congreso, las leyes, la población…. Y después tiene un mandato limitado, cuatro u ocho años… Este proceso demanda más de ocho años. Existe toda la fuerza de la opinión púbica mundial, de los acuerdos que están firmados. La estructura democrática de EE.UU…. Pero sí, tal vez habrá problemas, sí.

 
Está en Madrid apoyando la campaña “Enlázate por la Justicia”, que hunde sus raíces en Laudato Si, y en el ser humano como custodio de todo el planeta. ¿Se puede llevar a cabo lo que el Papa pide en la encíclica, o no deja de ser un tratado de buenas intenciones que muestra demasiada confianza en el ser humano?

Debemos tener confianza en el ser humano, que es bueno. Es ambicioso, quiere muchos lucros, todo eso existe… pero es necesario confiar y organizarse. Claro, difícilmente se realiza un proyecto cuando es convocado todo el planeta, toda la sociedad humana como tal. No se llega al cien por cien, pero si alcanzamos el 60-70%, sería un éxito. Creo que la Humanidad aprende con las crisis, cuando se siente amenazada, radicalmente amenazada con no tener futuro. Es inteligente, activa para reaccionar. En la medida en que se demuestra que el clima está sufriendo un calentamiento mayor, con sus efectos y sus desastres… todo eso hace que la Humanidad comience a pensar seriamente qué está detrás de esos cambios. La Humanidad se cuida a sí misma cuando se siente amenazada. Por eso, tengo toda la esperanza y la confianza de que la Humanidad va a lograr superar esa crisis. Con mucho sufrimiento, pero lo debe hacer, porque cada vez será más grave.

Dicen las buenas o malas lenguas que parte de Laudato Si tiene su impronta….

El texto es del Papa, soberanamente del Papa.

¿Qué sintió cuando la leyó por primera vez?

Cuando lo leí me sentí muy contento. Era muy necesario. El Papa demuestra que vivimos una crisis en la que la Iglesia no puede mantenerse al margen, no la podemos ignorar. Y debe estar ahí por ser discípula de Jesucristo, lo debe hacer por fe. Ahí hay cosas fundamentales para nuestra fe. Creemos en un Dios que creó el Universo, y este planeta, tan bello y rico. Dios nos dio este planeta, es un don de Dios, no para que lo destrocemos, sino para que lo cuidemos como un jardín. Ahí está reflejada la belleza de Dios. Tenemos otro aspecto: el cuidado de las personas. Por fe, debemos cuidar de las personas, sobre todo de las que están amenazadas. Toda esa crisis afecta mucho más a los más pobres. Los que que tienen más problemas de acceso al agua, a la comida, a la tierra, al trabajo, son los pobres. La Iglesia debe estar atenta. Los pobres son los que pagan la cuenta de esa gran crisis, que es causada por las ansias de conseguir beneficios a cualquier coste. La gente que sufre…

La respuesta, entonces, sigue siendo colocar a los pobres en el centro…

Claro, y también reconocer nuestra responsabilidad ética con las generaciones futuras.. Y las gestiones económicas y políticas, que también tienen que ver con nuestra fe. La Iglesia es una luz dentro de la realidad, no paralela a ella. Debe estar dentro de la realidad, caminar juntos, sufrir juntos, y debe iluminar caminos. El Papa nos lo dejó muy claro, y eso nos dio a todos mucha fuerza, sobre todo en la REPAM. De hecho, la carta magna de la REPAM es la Laudato Si. Y él acompaña muy de cerca todo este trabajo.

Uste conoce al Papa desde hace tiempo… Él mismo ha contado que el nombre que eligió se debe a aquella frase que dijo durante el Cónclave…

“Que no se olvide de los pobres”. Es verdad. La circunstancia fue muy atípica. Fue al fin del Cónclave, él lo ha contado porque no está sujeto al secreto del cónclave. Cuando le dije eso, no había preparado nada, me vino espontáneamente. Jamás imaginé que tendría impacto sobre él. Yo siempre digo que fue el Espíritu Santo el que habló por mi boca, yo no había preparado nada. Y no pensé más. A partir de ahí, él dice, y es interesante para ver su programa de prioridades, que escogió ese nombre, por san Francisco de Asís, porque es el santo de los pobres, el santo de la paz, el santo de la creación, del cuidado de la creación

Que son tres de los grandes ejes del pontificado de Francisco…

Sí, los pobres, la paz. Él va allí donde hay conflicto a promover la paz. En todos los que existen. Él dice que hay una tercera guerra mundial a pedazos, y está siempre,..

Y también al interior de la Iglesia, por aquello de “Ve, Francisco, y repara mi Iglesia…”

Esa es una frase muy fuerte de San Francisco. Él no la citó jamás, pero tiene mucho que ver con su discurso, claro…

Este Papa está decidido a llevar a cabo el programa por el que fue elegido, pero se está encontrando con muchas resistencias dentro de la propia institución. La última, la carta de los cuatro cardenales…. ¿Hasta qué punto esto puede afectar al Papa en su trabajo?

Empecemos por la carta de los cuatro cardenales. Sin querer relativizar este hecho… son solo cuatro cardenales. En la Iglesia somos más de 200. Sin querer relativizar demasiado, cuatro son cuatro de un grupo enorme que está dando todo su apoyo al Papa. La Iglesia defiende que su unidad debe ser unidad en la diversidad, y no uniformidad, que no sería bueno. La Iglesia no debe trabajar para una uniformidad, sino por una unidad que respete las legítimas diversidades. Cuando esta diversidad se deslegitima es cuando la unidad se ve amenazada, con divisiones. Y la división sí que es un mal, la diversidad no. La Iglesia quiere estar abierta a todas las sensibilidades. El Papa dice que tenemos que caminar todos juntos y no excluir a nadie. No importa lo que piense, lo que sea, lo que haga… Lo que importa es que lleguemos a caminar juntos, como hermanos y como amigos. Debemos encontrar la forma de caminar juntos, sin excluir a nadie. Si alguien se quiere excluir a sí mismo, eso es otra cosa.

Pero a lo que nos convoca el Papa es a que caminemos juntos como hermanos, como amigos, y nos apoyemos e iluminemos juntos y a los otros. Esa Iglesia abierta es una Iglesia muy diferenciada. La uniformidad comienza a levantar muros y a decir quién está dentro y quién fuera, eso es uniformidad. El Papa puede estar preocupado por los motivos para que estas cuatro personas llegue al punto de intentar corregirle, pero él está muy tranquilo, sereno, camina hacia adelante, sabe cuál es el camino a seguir. Y ahí estaba el Colegio Cardenalicio, con él, sin mayores problemas. Todo el Colegio Cardenalicio está con él.
Acaba de concluir el Año de la Misericordia. ¿Cuál es su balance?

Fue un año muy importante para la Iglesia y para la Humanidad. El Papa mostró que la misericordia está en el centro, es aquello para lo que la Iglesia existe. Uno de sus objetivos. Él cita mucho la frase de Benedicto XVI, que decía que la Iglesia crece más por atracción que por proselitismo o adoctrinamiento. Claro que la palabra es importante, ilumina, nos da sentido a lo que creemos. Pero si eso no llega a la caridad, en sentido de misericordia, es una palabra muerta. Lo que hace crecer la Iglesia por atracción es la misericordia. Jesús, el día en que fue entregado en la cruz, en el mayor acto de misericordia, en ese acto atrae a todos. La Iglesia atrae por su misericordia, y debe estar mucho más atenta a esto, y renovar, y realizarse más en sus actitudes, en sus opciones, en sus prioridades, en su cercanía a la gente… La Iglesia se sintió interpelada, y comienza a caminar más fuertemente en esta dirección. También hacia la Humanidad. La sociedad ve que la Iglesia sí es una comunidad, es un pueblo que contribuye al crecimiento de la Humanidad, porque la misericordia significa no ser indiferente al sufrimiento, a la exclusión, no puede descartar personas o pueblos. Y el mundo actual descarta pueblos, naciones…. Ese no es el camino. La Iglesia contribuye a que la humanidad encuentre el camino mejor para que todos puedan participar de los bienes de la historia. Fue una cosa importante para la sociedad humana, ver a un grupo (el pueblo de Dios) que se propone actuar más en términos de misericordia, con todos los que están sufriendo.

El gran problema del terrorismo, de los refugiados, de los migrantes, es una inmensidad de sufrimiento que existe. No podemos apartar el rostro, debemos mirarlos, no podemos dar la espalda al sufrimiento. Hay que tener coraje.

¿Quién es el Papa Francisco para usted?

Se podría responder de muchas formas. Para mí él es, sobre todo, un gran pastor. Un pastor que está muy ligado directamente, a las situaciones reales, y no teóricas. Es mucho más del mundo real que alguien que haga teoría o teología. Francisco, sobre todo, está cerca de las personas, de los grupos y sus sueños, sus sufrimientos, sus aspiraciones, sus esperanzas, sus lamentos… Está siempre muy cerca. Como pastor está ahí, no para criticar, para imponer más leyes o sanciones, o para cargar a la gente con más pesos. No, él está ahí para animar. Es un hombre que quiere que caminemos juntos. Caminar es una de las palabras más importantes para él. Caminar juntos, y animar a las personas. No querer controlar, criticar, juzgar. No es la ley la que a salvar, lo que salva es la misericordia y el amor de Dios. Consolar, perdonar, abrazar, caminar juntos… Él es así, y con todos. Él piensa en animar a la Humanidad en todas sus sombras, dudas, deseos de futuro…. Estar juntos. Que Dios es bueno, que quiere nuestro bien, que nos ama infinitamente, no importa quién somos o quién no somos.

 

http://www.periodistadigital.com/religion/solidaridad/2016/11/25/claudio-hummes-las-criticas-al-papa-son-solo-cuatro-cardenales-todo-el-colegio-cardenalicio-esta-con-el-religion-iglesia-vaticano-medio-ambien

Telegrama de pésame del Papa Francisco por la muerte de Fidel Castro


Hace 4 horas
papa francisco fidel castro

Telegrama de pésame del Papa Francisco por la muerte de Fidel Castro, sábado 26 de noviembre de 2016

EXCELENTÍSIMO SEÑOR RAÚL MODESTO CASTRO RUZ
PRESIDENTE DE LOS CONSEJOS DE ESTADO Y DE MINISTROS
DE LA REPÚBLICA DE CUBA
LA HABANA

AL RECIBIR LA TRISTE NOTICIA DEL FALLECIMIENTO DE SU QUERIDO HERMANO, EL EXCELENTÍSIMO SEÑOR FIDEL ALEJANDRO CASTRO RUZ, EXPRESIDENTE DEL CONSEJO DE ESTADO Y DEL GOBIERNO DE LA REPÚBLICA DE CUBA, EXPRESO MIS SENTIMIENTOS DE PESAR A VUESTRA EXCELENCIA Y A LOS DEMÁS FAMILIARES DEL DIFUNTO DIGNATARIO, ASÍ COMO AL GOBIERNO Y AL PUEBLO DE ESA AMADA NACIÓN.
AL MISMO TIEMPO, OFREZCO PLEGARIAS AL SEÑOR POR SU DESCANSO Y CONFÍO A TODO EL PUEBLO CUBANO A LA MATERNA INTERCESIÓN DE NUESTRA SEÑORA DE LA CARIDAD DEL COBRE, PATRONA DE ESE PAÍS.

FRANCISCO PP.

[01901-ES.01] [Texto original: Español] [B0859-XX.01]

Fuente: Ecclesia

Francisco: “El clericalismo es uno de los males más serios que tiene la Iglesia”


Francisco, con los jesuitas

CG36

El Papa pidió “coraje y audacia profética” a los jesuitas en un diálogo con la CG36

“Faltan esos grandes políticos que eran capaces de jugarse en serio por sus ideales”

Jesús Bastante, 24 de noviembre de 2016 a las 17:17

La política es una de las formas más altas de la caridad. La gran política. Y en eso creo que las polarizaciones no ayudan. Por el contrario, lo que ayuda en la política es el diálogo

(Jesús Bastante).- “El clericalismo es uno de los males más serios que tiene la Iglesia, se aparta de la pobreza. El clericalismo es rico. Y si no es rico en dinero, es rico en soberbia (…). El clericalismo es una de las formas de riqueza más graves que se sufre hoy día en la Iglesia”. El pasado 24 de octubre, el Papa visitó la Congregación General de la Compañía de Jesús y, tras su discurso, mantuvo un intenso coloquio con los jesuitas.

Ahora, un mes después, dicho diálogo ha sido reproducido por La Civiltà Cattolica. En el mismo, Francisco reclama “coraje y audacia profética” a sus hermanos jesuitas, al tiempo que insiste en que “una Iglesia pobre para los pobres es la del Evangelio, la del sermón de la montaña y la del sermón de la llanura”.

Junto a Arturo Sosa, Francisco aseguró que, en la actualidad, “faltan esos grandes políticos que eran capaces de jugarse en serio por sus ideales”. “En general -subrayó el Papa-, la opinión que escucho es que los políticos están de capa caída. Faltan esos grandes políticos que eran capaces de jugarse en serio por sus ideales y no le tenían miedo al diálogo ni a la pelea, sino que iban adelante, con inteligencia y con el carisma propio de la política”.

Para el Pontífice, “la política en general, la gran política, se ha degradado cada vez más en la pequeña política“, en mitad de “un mundo caracterizado por las polarizaciones políticas”. “No solo en la política partidista dentro de cada país, sino en las políticas sectoriales dentro de un mismo continente”, agregó.

Pese a su mala prensa, Bergoglio destacó que “la política es una de las formas más altas de la caridad. La gran política. Y en eso creo que las polarizaciones no ayudan. Por el contrario, lo que ayuda en la política es el diálogo”.

Francisco también criticó “la corrupción muy difundida en algunos países“, especialmente cuando finalizan los mandatos de algunos gobernantes, cuando “enseguida se busca reformar la Constitución para permanecer en el poder”. “Un país no pude crecer si no se respetan los fundamentos legales que el país mismo se ha dado para la propia gobernabilidad futura”, recalcó Bergoglio.

 

 

En otro orden de cosas, el Papa propuso un nuevo modelo de inculturación, pues “la unidad se hace conservando las identidades de los pueblos, de las personas, de las culturas”. Pese a todo, aún queda mucho por hacer: “Tenemos más conciencia de lo que significa la riqueza de los pueblos indígenas (..), tanto política como culturalmente se los quiere anular siempre más”.

Sin embargo, uno de los temas que más preocupan a Francisco está en el interior de la pobreza, en la corrupción y el dinero. “Cuántos desastres eclesiales empezaron por falta de pobreza, incluso fuera de la Compañía, me refiero a toda la Iglesia en general. Cuántos escándalos de los que lamentablemente me tengo que enterar, por el lugar en que me encuentro, nacen del dinero“, lamentó.

Y recordó que “la pobreza engendra, es madre, engendra vida espiritual, vida de santidad, vida apostólica. Y es muro, defiende”. El Papa, quien se definió como “un pesimista”, que “no depresivo”, asegura que ha encontrado en la consolación “mi mejor antidepresivo”.

“Con respecto a mi pontificado me consuela sentir interiormente: está bien. No fue una convergencia de votos los que me metieron en este baile sino que está Él metido allí.Esto me consuela mucho”, concluyó.

Para leer la transcripción del diálogo, pincha aquí:

http://www.periodistadigital.com/religion/

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