Una Iglesia despierta. José Antonio Pagola.


Esperanza y Adviento

(José Antonio Pagola).- Jesús está en Jerusalén, sentado en el monte de los Olivos, mirando hacia el Templo y conversando confidencialmente con cuatro discípulos: Pedro, Santiago, Juan y Andrés. Los ve preocupados por saber cuándo llegará el final de los tiempos. A él, por el contrario, le preocupa cómo vivirán sus seguidores cuando ya no lo tengan entre ellos.

Por eso, una vez más, les descubre su inquietud: “Mirad, vivid despiertos”. Después, dejando de lado el lenguaje terrorífico de los visionarios apocalípticos, les cuenta una pequeña parábola que ha pasado casi inadvertida entre los cristianos.

“Un señor se fue de viaje y dejó su casa”. Pero, antes de ausentarse, “confió a cada uno de sus criados su tarea”. Al despedirse solo les insistió en una cosa: “Vigilad, pues no sabéis cuándo vendrá el dueño de la casa”. Que, cuando venga, no os encuentre dormidos.

El relato sugiere que los seguidores de Jesús formarán una familia. La Iglesia será “la casa de Jesús” que sustituirá a “la casa de Israel”. En ella, todos son servidores. No hay señores. Todos vivirán esperando al único Señor de la casa: Jesús, el Cristo. No lo han de olvidar jamás.

En la casa de Jesús nadie ha de permanecer pasivo. Nadie se ha de sentir excluido, sin responsabilidad alguna. Todos somos necesarios. Todos tenemos alguna misión confiada por él. Todos estamos llamados a contribuir a la gran tarea de vivir como Jesús. Él vivió siempre dedicado a servir al reino de Dios.

Los años irán pasando. ¿Se mantendrá vivo el espíritu de Jesús entre los suyos? ¿Seguirán recordando su estilo servicial a los más necesitados y desvalidos? ¿Le seguirán por el camino abierto por él? Su gran preocupación es que su Iglesia se duerma.

Por eso les insiste hasta tres veces: “Vivid despiertos”. No es una recomendación a los cuatro discípulos que le están escuchando, sino un mandato a los creyentes de todos los tiempos: “Lo que os digo a vosotros os lo digo a todos: velad”.

El rasgo más generalizado de los cristianos que no han abandonado la Iglesia es seguramente la pasividad. Durante siglos hemos educado a los fieles para la sumisión y la obediencia. En la casa de Jesús, solo una minoría se siente hoy con alguna responsabilidad eclesial.

Ha llegado el momento de reaccionar. No podemos seguir aumentando aún más la distancia entre “los que mandan” y “los que obedecen”. Es pecado promover el desafecto, la mutua exclusión o la pasividad. Jesús nos quería ver a todos despiertos, activos, colaborando con lucidez y responsabilidad en su proyecto del reino de Dios.

Domingo 1 Adviento – B
(Marcos 13,33-37)
3 de diciembre 2017

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“LOS PEQUEÑOS SON SUS PREDILECTOS” J.A. Pagola


Los pobres son de Dios
Los pobresUnicef

(José Antonio Pagola).- A espaldas de Jesús, los fariseos llegan a un acuerdo para prepararle una trampa decisiva. No vienen ellos mismos a encontrarse con él. Le envían a unos discípulos acompañados por unos partidarios de Herodes Antipas. Tal vez no faltan entre ellos algunos poderosos recaudadores de los tributos para Roma.

La trampa está bien pensada: “¿Estamos obligados a pagar tributo al César o no?”. Si responde negativamente le podrán acusar de rebelión contra Roma. Si legitima el pago de tributos quedará desprestigiado ante aquellos pobres campesinos que viven oprimidos por los impuestos, y a los que él ama y defiende con todas sus fuerzas.

La respuesta de Jesús ha sido resumida de manera lapidaria a lo largo de los siglos en estos términos: “Dad al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios”. Pocas palabras de Jesús habrán sido tan citadas como estas. Y ninguna, tal vez, más distorsionada y manipulada desde intereses muy ajenos al Profeta defensor de los pobres.

Jesús no está pensando en Dios y en el César de Roma como dos poderes que pueden exigir cada uno de ellos, en su propio campo, sus derechos a sus súbditos. Como todo judío fiel, Jesús sabe que a Dios “le pertenece la tierra y todo lo que contiene, el orbe y todos sus habitantes”(Salmo 24). ¿Qué puede ser del César que no sea de Dios? ¿Acaso no son hijos de Dios los súbditos del emperador?

Jesús no se detiene en las diferentes posiciones que enfrentan en aquella sociedad a herodianos, saduceos o fariseos sobre los tributos a Roma y su significado: si llevan la “moneda del tributo” en sus bolsas que cumplan sus obligaciones. Pero él no vive al servicio del Imperio de Roma, sino abriendo caminos al reino de Dios y su justicia.

Por eso les recuerda algo que nadie le ha preguntado: “Dad a Dios lo que es de Dios”. Es decir, no deis a ningún César lo que solo es de Dios: la vida de sus hijos. Como ha repetido tantas veces a sus seguidores, los pobres son de Dios, los pequeños son sus predilectos, el reino de Dios les pertenece. Nadie ha de abusar de ellos.

No se ha de sacrificar la vida, la dignidad o la felicidad de las personas a ningún poder. Y, sin duda, ningún poder sacrifica hoy más vidas y causa más sufrimiento, hambre y destrucción que esa “dictadura de una economía sin rostro y sin un objetivo verdaderamente humano” que, según el Papa Francisco, han logrado imponer los poderosos de la tierra. No podemos permanecer pasivos e indiferentes acallando la voz de nuestra conciencia con las prácticas religiosas.

29 Tiempo ordinario – A
(Mateo 22,15-21)
22 de octubre 2017

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“Dios sabe mucho de mi sufrimiento” JOSE ANTONIO PAGOLA


Reino de Dios

(José Antonio Pagola).- Un día, Jesús pronunció estas duras palabras contra los dirigentes religiosos de su pueblo: “Os aseguro que los publicanos y las prostitutas entrarán antes que vosotros en el reino de Dios”. Hace unos años pude comprobar que la afirmación de Jesús no es una exageración.

Un grupo de prostitutas de diferentes países, acompañadas por algunas Hermanas Oblatas, reflexionaron sobre Jesús con la ayuda de mi libro Jesús. Aproximación histórica. Todavía me conmueve la fuerza y el atractivo que tiene Jesús para estas mujeres de alma sencilla y corazón bueno. Rescato algunos de sus testimonios.

“Me sentía sucia, vacía y poca cosa, todo el mundo me usaba. Ahora me siento con ganas de seguir viviendo, porque Dios sabe mucho de mi sufrimiento[…] Dios está dentro de mí. Dios está dentro de mí. Dios está dentro de mí. ¡Este Jesús me entiende…!”.

“Ahora, cuando llego a casa después del trabajo, me lavo con agua muy caliente para arrancar de mi piel la suciedad y después le rezo a este Jesús porque él sí me entiende y sabe mucho de mi sufrimiento […] Jesús, quiero cambiar de vida, guíame, porque tú solo conoces mi futuro”.

“Yo pido a Jesús todo el día que me aparte de este modo de vida. Siempre que me ocurre algo yo le llamo y él me ayuda. Él está cerca de mí, es maravilloso […] Él me lleva en sus manos, él carga conmigo, siento su presencia”.

“En la madrugada es cuando más hablo con él. Él me escucha mejor, porque en este horario la gente duerme. Él está aquí, no duerme. Él siempre está aquí. A puerta cerrada me arrodillo y le pido que merezca su ayuda, que me perdone, que yo lucharé por él”.

“Un día, yo estaba sentada en la plaza y dije: “Oh, Dios mío, ¿será que yo solo sirvo para esto? ¿Solo para la prostitución?” […] Entonces es el momento en que más sentí a Dios cargando conmigo, ¿entendiste?, transformándome. Fue en aquel momento. Tanto que yo no me olvido. ¿Entendiste?”.

“Yo ahora hablo con Jesús y le digo: aquí estoy, acompáñame. Tú viste lo que le sucedió a mi compañera [se refiere a una compañera asesinada en un hotel]. Te ruego por ella y pido que nada malo les suceda a mis compañeras. Yo no hablo, pero pido por ellas, pues ellas son personas como yo”.

“Estoy furiosa, triste, dolida, rechazada, nadie me quiere, no sé a quién culpar, o sería mejor odiar a la gente y a mí, o al mundo. Fíjate, desde que era niña yo creí en ti y has permitido que esto me pasara. Te doy otra oportunidad para protegerme ahora. Bien, yo te perdono, pero, por favor, no me dejes de nuevo“.

¿Qué misterio se encierra en Jesús para tener ese poder en el corazón de las personas? Cómo cambiaría la vida de muchos si le conocieran mejor.

26 Tiempo ordinario – A
(Mateo 21,28-32)
01 de octubre 2017

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Jesucristo odiaba las fronteras


Jesucristo y los nacionalismos

(José María Castillo).- Frontera es la línea que separa y divide una nación de otra, un país de otro y, con frecuencia, también una cultura de otra. Por eso, las fronteras nos separan, quizá nos dividen y con frecuencia nos alejan a unos de otros. De ahí que, tantas veces, las fronteras nos enfrentan a los unos con los otros. Es inevitable.

Me dirán que estoy exagerando lo negativo. Es posible. Pero nadie me puede negar que la historia está repleta de peripecias y desgracias relacionadas con lo que acabo de apuntar.

Dicho esto, por formación (o deformación) profesional, cuando veo un problema o una situación, como la que estamos viviendo ahora mismo, en España, en Europa y en el mundo, echo mano del Evangelio y me pregunto: ¿me enseña Jesús de Nazaret algo que me sirva para orientarme en lo que está pasando?

Jesús dio señales de nacionalista. Cuando envió a sus apóstoles a anunciar la llegada del reino de Dios, lo primero que les dijo es que no fueran a los paganos, ni a ciudades de samaritanos (Mt 10, 5, par). Y a la mujer cananea, que le pedía la salud para su hija enferma, le dijo que él había venido sólo para las ovejas descarriadas de Israel (Mt 15, 24 par). Los estudiosos de estos relatos les buscan explicaciones a estos episodios extraños. Porque, entre otras cosas, sabemos de sobra que Jesús apreció en extremo a los samaritanos (Lc 9, 51-56; 10, 30-35; 17, 11-19; Jn 4). Y es que, según parece, en la mentalidad de Jesús, las “ovejas descarriadas” estaban precisamente en su pueblo, en Israel. De ahí, su insistencia en que los apóstoles atendieran, ante todo, a quienes vivían extraviados y perdidos. Lo de Jesús, no era una mentalidad nacionalista. Nada de eso. Era una mentalidad humanitaria.

Por eso, llama la atención que la primera vez que, según el evangelio de Lucas, Jesús fue a su pueblo (Nazaret), le pidieron que hiciera la lectura en la sinagoga. Y no se le ocurrió otra cosa que, al leer un texto del profeta Isaías (61, 1-2), hizo mención sólo del “año de la gracia” y se saltó lo del “día del desquite”. Lo que produjo el enfrentamiento (según la traducción más correcta. J. Jeremias) de la gente (Lc 4, 22). Y lo peor fue que, en vez de tranquilizar a sus conciudadanos, les vino a decir que Dios prefiere a los extranjeros (una viuda de Sarepta y un político de Siria) (Lc 4, 24-27), antes que a los vecinos de Nazaret. Esto puso furiosa a la gente y no lo despeñaron por un tajo, de verdadero milagro (Lc 4, 28-30). Jesús odiaba las fronteras hasta el punto de jugarse la vida, por dejar claro que no soporta fronteras que nos separan y nos dividen.

Pero no es esto lo más llamativo. Una de las cosas que más sorprenden, en los evangelios, es que los tres elogios más notables, que hizo Jesús sobre la fe, no se los hizo ni a sus apóstoles, ni a sus compatriotas, ni a sus amigos. Se los hizo: a un centurión romano (Mt 8, 10 par), a una mujer cananea (Mt 15, 28 par) y a un leproso samaritano, que vino a dar las gracias a Jesús, frente a los nueve leprosos judíos que se dieron por satisfechos con el cumplimiento de “su ley” (Lc 17, 11-19).

Jesús, al morir, “entregó el espíritu” (Jn 19, 30). ¿Se fue de esta vida? Eso, por supuesto. Pero algo mucho más profundo: “entregó” (“paradídomi”) el “Espíritu”. Para el IV evangelio, Pascua, Ascensión, Pentecostés, todo aconteció en aquel instante (H. U. Weidemann). Y desde aquel instante, que cambió la Historia, se acabó el mito de la Torre de Babel, las muchas lenguas, las divisiones e incapacidades para entendernos y convivir unidos y en paz. Es la cumbre del Evangelio. Y si es que lo de Dios sirve para algo, ¿de qué nos sirve a nosotros, si cada día que pasa, se nos hace más insoportable convivir unidos? ¿Es que España o Catalunya son más importantes que el Evangelio de Jesús? Por lo que estamos viendo, para muchos cristianos y no pocos curas, así es. O ésa es la impresión que dan.

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Upper Room Liturgia – 17 de septiembre 2017 – La compasión divina


Jim Marsh, ARCWP y Mary Theresa Streck, ARCWP, llevaron la liturgia Upper Room con el tema: La compasión divina.

Salmo 103 adaptada por Nan Merrill y una lectura de lleno de amor por Elizabeth Johnson sobre el Salmo 103 se imprimen debajo de arranque homilía de Jim.

Homilía de arranque por Jim Marsh: Recientemente, he leído “El libro de la alegría”, que es acerca de la reunión y los diálogos posterioresdel Dalai Lama y Desmond Tutu en el transcurso de una semana en 2015 – dos grandes líderes espirituales mayores de nuestro tiempo discutiendo cómo a vivir con alegría en medio de todo el sufrimiento en nuestro mundo.   Señalan que “n ada es más alegre que el nacimiento … .. de hecho, la alegría es nuestro derecho de nacimiento!     ¿Sabías que en el budismo, t aquí son ocho pilares de la alegría: perspectiva, la humildad, humor y aceptación que residen en nuestra mente, y los cuatro pilares del perdón, la gratitud, la compasión y la generosidad que residen en nuestro corazón.

El Evangelio de hoy habla del perdón y la compasión, dos de los pilares de nuestro corazón.

Tenga en cuenta que Pedro le pide a su pregunta e inmediatamente se propone una respuesta antes de que Jesús responde. Sin duda, Pedro probablemente pensó que su sugerencia de siete años era más generoso ya que la norma rabínica era tres (Amos); sin embargo, ahora había sido ing siguen este maestro judío desde hace algún tiempo y tal vez detectado que Jesús w ould ‘estiramiento’ los límites de la ley, una vez más. O tal vez, que estaba recordando la advertencia antes de Jesús de ‘ser perfectos, así como su Abba en los cielos es perfecto’ (Mateo 5:48) y siete era un número sagrado para los Judios, representan ing perfección.

Sin embargo, Jesús responde con setenta veces siete; en otras palabras, no llevar la cuenta! Y luego se sigue con la parábola de un gobernante que ha d compasión y forg ave la deuda de un criado que le debe d   decenas de millones de dólares.    A su vez, el ‘liberado’ deudor d ID no tiene compasión por un colega que le debo d una suma mucho más modestos de veinte dólares. La historia termina con la regla revocar su perdón y tener el ‘perdonado, pero no perdona’deudor torturado, sin duda, por toda la eternidad ya que era una deuda que nunca podría pagar. Y a continuación, el evangelista afirma que así es como Abba, el Santo, se ocupará de nosotros si no perdonamos.

Así que tenemos una historia que contrasta deudas grandes y pequeñas, y la compasión frente a una falta de compasión. Como seres humanos, tenemos tanto la capacidad de venganza y el perdón. Para pedir perdón y para conceder el perdón son ambos challeng ingpara muchos. Piense en las personas que han sido perdonados en gran medida, por ejemplo, los padres Amish que públicamente forgAVE los que ha d asesinados a sus hijos en una escuela hace varios años.

Mis amigos, vamos a r ecuerde el poder que tenemos “desatar y de obligar.” Cuando buscamos el perdón o perdonar, sanamos yliberados. Sin perdón, seguimos conectado al ordenador, atados,atrapado. Los retributi VE / Venge ful “ojo por ojo” respuesta sólo creará un mundo de personas ciegas.

Fuera de los desastres naturales que están fuera de nuestro control,creamos la mayor parte del sufrimiento que experimentamos en nuestro mundo.   Pero también podemos determinar el futuro, cada día y cada momento en que usamos nuestro poder de crear y recrearla alegría, nuestro derecho de nacimiento. Cada día es una nueva oportunidad para comenzar de nuevo … y el perdón es necesario.   “Nadie es incapaz de perdonar, y nadie es imperdonable.”
¿Qué escuchaste?

Mary Theresa Streck, Doctor en Educación, D. Min.

Asociación de Católicos romanos Mujeres Sacerdotes

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Locura contagiosa: OBISPO SANTIAGO AGRELO


Hemos llegado a un punto en que el creyente, si quiere adentrarse en el misterio de la voluntad divina sobre su vida, ya no puede apartar los ojos de Cristo Jesús, que es la Palabra de Dios hecha carne, la revelación del amor de Dios que nos envuelve.

Guiados por el Espíritu del Señor, hemos llegado a la frontera de lo que es propio de Dios: “El Señor es compasivo y misericordioso, lento a la ira y rico en clemencia”; “tanto amó Dios al mundo, que entregó a su Unigénito, para que todo el que cree en él no perezca, sino que tenga vida eterna”; “Dios no envió a su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que el mundo se salve por él”.

Hemos llegado a la “casa de la compasión”, en la que toda deuda se perdona sencillamente porque se pide perdón. Hemos hallado de nuevo abiertas las puertas del paraíso, las hemos atravesado por el bautismo, hemos entrado en la “tierra de Dios”, en la que se mueve la humanidad nueva que tiene por cabeza a Cristo Jesús, humanidad libre, pacificada, bendecida, santificada, resucitada.

La ley que va a regular de ahora en adelante la relación del creyente con los demás –creyentes o no-, es la ley del amor, es la perfección del amor, es el amor que es el mismo Dios.

La medida del amor a los demás ya no la establece la ley del hombre ni se fundamente en sus razones: la medida del amor cristiano es el amor sin medida de Dios; y el fundamento del amor con que hemos de amar a nuestro prójimo lo pone el amor con que Dios nos ha amado: “Os doy un mandamiento nuevo –dice el Señor-: que os améis unos a otros como yo os he amado”.

Ese amor, Iglesia cuerpo de Cristo, no es una idea que se aprende en los libros sino un sacramento que recibes en la fe: Hoy, en la comunidad eclesial, te encuentras con Cristo resucitado, escuchas al que te ama, comulgas con el amor entregado de Dios que es Cristo Jesús. Hoy te haces una con Cristo para ser en Cristo perdonada, reconciliada, amada, elevada al corazón de Dios.

Y esa locura divina se te ha de contagiar, pues única condición puesta para que permanezcamos en el amor que es Dios, es amar a los hermanos como Dios nos ama, como Dios los ama.

Feliz domingo.

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NI AMOS NI PERROS


17.08.17 | 10:18. Archivado en Acerca del autor

Desde Jesús ya no tiene sentido hablar de Pueblo de Dios, de Iglesia en un sentido limitado a la raza o nación; ya no hay perros ni amos, judíos ni griegos, siervos ni libres, hombres ni mujeres (cfr. Romanos 10,12 y Gálatas 3, 28).

01. JESÚS JUDÍO: LA ENCARNACIÓN SE ABRE A TODOS.
Es difícil encontrar en los cuatro evangelios una imagen de Jesús tan judía como la que nos ofrece Mateo en este relato que hemos escuchado.
Jesús se muestra judío. En alguna persona (pueblo) había de encarnarse la salvación: en Jesús, un judío del siglo I.
Al mismo tiempo, es difícil encontrar otro texto como éste en el que esa historia concreta se quiebra y cambia de rumbo. Mateo lo ha conseguido con una imagen de mujer sencilla, extranjera: cananea pero pobre, enferma y creyente.
Mateo escribe a cristianos de origen judío y le ofrece esta (y otras) catequesis de modo que pasen del particularismo étnico, incluso racial, al universalismo.
Esta mujer extranjera y pagana, no es miembro del Pueblo de Dios, pero encarna el ideal de lo que debe ser un miembro del Pueblo de Dios.

Dos breves -pero importantes- conclusiones:

a. La simplicidad (con matices fanáticos) con que se utilizan algunos términos tales como Pueblo de Dios e Iglesia, porque ni están todos los que son ni son todos los que están. Ni todos los creyentes (como la mujer siro fenicia) están en la Iglesia, ni todos los que están en la Iglesia son creyentes. Pasaba ayer y pasa hoy.
b. San Pablo fue quien, años después, daría forma teológica a estas cosas y formuló una antropología y eclesiología racista: Ya no hay judío ni griego, pues toda diferencia entre judío y no judío ha quedado superada, (Rom 10, 12). “Todos vosotros, los que creéis en Cristo Jesús, sois hijos de Dios… Ya no hay distinción entre judío y no judío, ni entre esclavo y libre, ni entre varón y mujer. Todos sois uno en Cristo Jesús”, (Gál 26, 28).
El cristiano, es universal por esencia. Bonhoeffer clamaba y rompió con la iglesia oficial del Reich porque no se puede (no se debe) preguntar si uno es judío (español, vasco o de tal partido) al entrar en la Iglesia.
¿Somos católicos en serio: es decir, universales?

02. LOS PERROS Y LOS AMOS
Los perros son los no judíos. Pero entonces -y hoy- esta expresión funciona como insulto.
Vivimos tiempos de grandes migraciones, de pateras, de refugiados, etc… Son la mujer cananea: extranjeros y pobres.
Incluso la misma mujer cananea da por válido el presupuesto cuando le dice a Jesús: También los perros se comen las migajas que caen de la mesa de sus amos.
En tiempos no lejanos hemos conocido insultar a personas con expresiones como “maquetos, coreanos, manchurrianos”, hoy también los despreciamos y decimos de ellos: “sudacas, moros, etc.”
La escena del evangelio de hoy se desarrolla, dentro de las más puras coordenadas de la religiosidad étnica. Pero Jesús va a dar una superación de lo racial, de lo étnico.
¿Quiénes son los perros y quiénes los amos? Más aún: ¿tiene sentido seguir hablando de perros y de amos desde el cristianismo?

Jesús no desprecia a nadie, no se impone por la fuerza de la ley, de la tradición.

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03. MUJER, QUÉ GRANDE ES TU FE.
Esta afirmación rompe los esquemas religiosos hasta ahora vigentes en el Pueblo de Dios.
Desde Jesús ya no tiene sentido hablar de Pueblo de Dios, de Iglesia en un sentido limitado a la raza o nación; ya no hay perros ni amos, judíos ni griegos, siervos ni libres, hombres ni mujeres (cfr. Romanos 10,12 y Gálatas 3, 28).
Nacionalidad, condición social y sexo quedan eliminados como factores determinantes de pertenencia al Pueblo de Dios.
Que una mujer sea protagonista de este relato es un hecho significativo. Si alguien no tenía voz en el interior del Pueblo de Dios, eran precisamente las mujeres. Eligiendo a una mujer primero, extranjera después, y cananea por último, Mateo acaba con todos los esquemas religiosos hasta entonces vigentes.
Desde Jesús lo que determina la pertenencia al Pueblo de Dios es la fe en Jesús, la adhesión a su persona. No olvidamos nunca que, en el contexto de Mateo, esta fe significa la relativización de la Ley y de la Tradición, importantes y necesarias, pero nunca prioritarias ni con valor de absolutos.

04. TEN COMPASIÓN DE MÍ.
Aquella mujer cananea es como los que pasan en pateras: pobre gente, sin papeles, necesitan compasión. Los amos, Europa, ni les acogemos; les pedimos mil papeles, les hacemos la vida imposible.
Tengamos compasión, misericordia. Es lo más cristiano, quizás lo único cristiano que pueda tener la Iglesia: compasión.

Jesús cura, perdona, sana, alivia, acompaña a todo el mundo sea de la nación que sea, sin hacer acepción de personas, (Rom 2,11). A Jesús le da lo mismo da que seamos leprosos, endemoniados, medio locos, paralíticos, hombres o mujeres, samaritanos y samaritanas, centurión romano, cananeos, cobradores de impuestos, o que estemos muertos moral o físicamente. Jesús cura, salva.
Parece que las naciones y las Iglesias tienen fronteras, pero la salvación de Jesús no tiene límites.
Salid a los cruces de los caminos e invitad a todos los que encontréis, buenos y malos. (Mt 22).
Como la hija de aquella mujer pagana y atea, confiemos en el Señor, sintámonos compadecidos
Y EN ESE MOMENTO QUEDAREMOS CURADOS.

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