Mayo 29/16 “DENLES USTEDES DE COMER”: Lucas 9:11-17. Olga Lucia Álvarez Benjumea ARCWP*


apcr_color_solid_128px

Esta tarde hemos compartido el tema del Evangelio del próximo Domingo, con las mujeres pos-penadas Lucas 9:11-17

Nos reunimos en la sede de la Fundación Bordado a Mano, a pesar de la tarde lluviosa, nos encontramos 63 personas…ellas reciben su ficho, y esperan ser llamadas para entregarles su pequeño mercado. Antes de todo esto, tenemos la reflexión y oración con ellas.

Cada una trae su bolsa vacía, en la que luego va colocando lo que las compañeras han traído de la Plaza de la Minorista.

En esta ocasión les hemos invitado para despojarse de la carga del pasado. Porque si seguimos arrastrándolo, se nos va poniendo una carga muy pesada, que nos daña la espalda, se nos daña el genio, nos enfermamos, vamos perdiendo fuerzas…Hay que dejar ese pasado de que “mi hija/o -drogadicto/a-, mi marido…mi suegra, mi cuñada, mi hermana/a, mi patrón/a, mi perdida de libertad, mi experiencia en El Pedragal, en Bella-Vista, en la Picota (nombres de cárceles) el hijo/a, que me mataron, mi madre que murió, mi enfermedad, que me echaron del empleo, no tengo trabajo por mi hoja de vida, etc, etc. Todo eso queda atrás, y podemos mirarlo, pero para agradecer todo ese sufrimiento. Porque el sufrimiento, es lo que nos impulsa a ser libres. Cómo liberarnos de ello. Agradeciendo. Dando gracias! Porque todo aquello que de una u otra forma nos atornilla la vida, es lo que nos hace más humanos y nos hace crecer. Es algo así como tocar fondo, cuando se esta nadando -ahogando- en una piscina o en el rió, y luego tomar impulso para regresar a la superficie a tomar aire.Solo así dejaremos de sentirnos victimas, hay que despojarnos de ese creer que somos victimas y que son los de afuera los que nos hacen sufrir. Cargar con el peso de ese sufrimiento nos bloquea, no nos deja avanzar y ser felices. Es como si fuera un ancla pesada, que no nos deja y nos hace daño, mucho daño.

Quienes nos “hacen” sufrir, esa es su misión, a eso han venido, a humanizarnos y sobre todo a enseñarnos a dar gracias, por el sufrimiento, aunque nos parezca raro,  debemos dar gracias, por ello. Disculpen la insistencia.

Hagamos el ensayo y nos liberaremos de esa carga que pesa tanto sobre nuestras espalda…y nos la rompe.

Ahora veamos en el texto del Evangelio del próximo Domingo, cómo Jesús “atornilla”a sus discípulos y les dice: “denles ustedes de comer”. Y ellos tartamudean y dicen…”de dónde, no nos alcanza, solo tenemos…” se acuerdan?

Hemos sido invitadas a liberarnos, a salir de nosotras mismas, es colocarnos en la Presencia de la Esencia Divina y celebrar la Eucaristía. Aqui cada Viernes, celebramos la Eucaristía. Nos encontramos, oramos, reflexionamos, y compartimos así sea poco, pero compartimos los dones que Dios mismo nos hace llegar a través de nuestros hermanos de la Plaza de la Minorista, la Fundación, y ustedes a su vez, parten y comparten con su familia y vecinas.

Aquí cada Viernes, realizamos y vivimos la Eucaristía. Es ese compartir nuestros dones, la capacidad de perdonar, amar y entregarnos al servicio de los demás.Ustedes con sus dones, también tienen mucho que partir y compartir. Gracias, por su presencia en nuestras vidas.

FELIZ FIN DE SEMANA.

 

Medellin, Mayo 17/16

*Presbitera católica romana

 

“Me recibís en comunión y luego me vomitáis con vuestras injusticias contra los más pobres”


Jesús, en el banquete con los niños y los pobres

Jesús, el Corpus y la miseria

“Vuestras fiestas, misas y solemnidades, no son mis misas, ni mis fiestas, ni mis solemnidades”

Jesús Bastante, 26 de mayo de 2016 a las 11:51

Detesto vuestras misas, vuestras custodias, vuestros ropajes, vuestras procesiones, vuestras calles cubiertas de flores, vuestras músicas

Con los pobres/>

Con los pobres

(Faustino Vilabrille).- Hace años el hambre era una fatalidad porque no había alimentos suficientes. Hoy es una injusticia, porque sobran muchos alimentos. Paliar el hambre con el asistencialismo es prolongar la injusticia, aunque haya que hacerlo hasta que acabemos con la injusticia y los injustos que la causan.

Ya sé que para vosotros soy un desgraciado, un miserable, y os doy asco, pero soy un ser humano.

La celebración de la Fiesta de Corpus, nos da para hacer múltiples reflexiones:

Jesús, con Isaías (ver 1,10-18), nos dice hoy:

Detesto vuestras misas, vuestras custodias, vuestros ropajes, vuestras procesiones, vuestras calles cubiertas de flores, vuestras músicas,

porque:

-me tenéis muriendo de hambre en Africa, América o la India.

-me obligáis a emigrar de mi tierra.

-no me acogéis y me rechazáis en los inmigrantes que llegan a vosotros, ni os importa verme escarbando en los contenedores de vuestra calles, ni verme cerrado en una cárcel aunque sea por robar para comer. Para enriqueceros sois capaces de explotarme atiborrándome de droga y luego meterme en una celda de aislamiento como si fuera una fiera.Ya sé que para vosotros soy un desgraciado, un miserable, y os doy asco, pero soy un ser humano.

porque:

-me robáis mis minerales en el Níger para vuestras centrales nucleares, mi coltán en el Congo para nuestros móviles y ordenadores: me pagáis por un kilo 2 € y después vosotros los vendéis a 400, mientras yo aquí me muero de hambre.

-vuestras Multinacionales, vuestros bancos y sus dueños son cada vez mas ricos, y empobrecen cada vez más al resto de mis hermanos.

-compráis mi tierra a los gobiernos corruptos de mi país en Angola, Kenia, Zambia, Liberia, Senegal, Malí, Benín y otros muchos países de Africa, y a mi no me queda ni para cultivar un poco maíz para alimentar a mi familia, y el dinero de la venta va parar a vuestros paraísos fiscales.

porque:

-me explotáis con mano de obra de miseria, incluso en los niños, en Bangladesh, norte de Africa o las maquilas de América, para lucir vuestros trajes y modelitos, incluso en esto que llamáis fiesta del corpus.

porque:

-llenáis mis costas de basura radiactiva en Somalia y por eso me estoy muriendo de cáncer en el 40 % de sus habitantes.

porque:

-con las armas que vosotros fabricáis, me matáis en Siria, Afganistán, Sudán, Irak…,destruyendo mi casa, mi escuela, mi hospital.

“Por eso me tapo los ojos para no veros, detesto vuestros solemnidades, aunque elevéis las manos y menudeéis la plegaria yo no oigo, porque vuestras manos están de sangre llenas”. Me recibís en vuestra comunión y luego me vomitáis con vuestras injusticias contra los más pobres de la tierra.

porque:

-me da asco la corrupción de vuestros políticos y empresarios, de vuestros corruptos y corruptores, porque “comen a mi pueblo como se come el pan…, y tienen en sus manos la infamia, y su diestra repleta de soborno” (Salmo 14 y 26).

-no puedo ver vuestras pompas, báculos, ropas, mitras y solemnidades; vuestros órganos, altares, sagrarios e iglesias lujosas, porque me tenéis abandonado y lleno de miseria en los basureros de las ciudades del Tercer Mundo: ¿no veis que es ahí donde yo necesito realmente de vuestra justicia?

porque:

-tiráis millones de toneladas de comida y ropa a la basura, mientras millones de hermanas y hermanos míos se mueren de hambre y frío. No necesito de vuestras caridades, sino vuestra justicia.

-cada día maltratáis cada vez más a la Madre Tierra: la contamináis, la deforestáis, la alteráis genéticamente, matáis su vida, no os consideráis sus hijos ni la cuidáis como Buena Madre. Cuando gastáis más de lo necesario estáis siendo injustos conmigo y con ella.

Por todo eso, vuestras fiestas, misas y solemnidades, no son mis misas, ni mis fiestas, ni mis solemnidades. Con ellas fomentáis adoración y devoción, pero no transformáis mi iglesia, ni hacéis una sociedad humana, ni un mundo más igual, justo y fraterno: vivís en un sistema económico que hace cada vez más ricos a unos pocos y más pobres a todos los demás, que lejos de promover la igualdad aumenta la desigualdad, la injusticia y la violencia.

porque:

-rendís culto al dinero y le adoráis como a un dios: a ese dios ante el que se inclina el sistema económico al que servís y que es totalmente incompatible con el Reino que yo os mostré y del que decís ser discípulos…

-con caridades asistenciales queréis lavar vuestra cara, pero por dentro estáis corrompidos por el dinero, el poder y la avaricia. Ni vosotros queréis ser discípulos míos y a los que quieren serlo se lo impedís, porque vuestro sistema capitalista es el mayor enemigo de mi mensaje de vida y salvación.

Convertíos: “Lavaos, limpiaos, quitad vuestras fechorías de delante de mi vista, desistid de hacer el mal, aprended a hacer el bien, buscad lo justo, defended el derecho del pobre, haced justicia al abandonado”, devolvedle lo que le habéis robado, compartid vuestros bienes. Construid una sociedad nueva inundada de justicia, de amor, de igualdad, de fraternidad: eso es lo que yo os he enseñado. Entonces vuestra luz brillará como el sol del mediodía, seréis hijos de mi Padre, y así nadie vivirá indignamente de vuestras caridades, ni de lo que tiráis como basura en los contenedores de vuestras calles.

Jesús el libertador:

“El hará justicia a los humildes del pueblo, salvará a los

hijos de los pobres, y aplastará al opresor… En sus días

florecerá la justicia y la paz…, porque el librará al pobre

suplicante, al desdichado y al que nadie ampara, se

apiadará del débil y del pobre… De la opresión, de la

violencia rescatará su vida, su sangre será preciosa

ante sus ojos” (Salmo 72)

Yo, vuestro hermano, Jesús de Nazaret, os quiero

a todos viviendo dignamente como hermanos.

Un abrazo muy cordial a tod@s.-Faustino

Para leer todos los artículos del autor, pincha aquí:

http://www.periodistadigital.com/religion/opinion/2016/05/26/faustino-vilabrille-religion-iglesia-corpus-christi-pobres-jesus-eucaristia-miseria-verguenza.shtml

Renovar la Iglesia es hacer actual el ‘recuerdo peligroso’ de Jesús


José Mª Castillo, 25-mayo-2016

 

CastilloSi la Iglesia quiere renovarse en serio y a fondo, una de las primeras cosas que tendría que hacer es renovar en serio y a fondo el recuerdo de Jesús. No meramente recordando lo que sucedió cuando Jesús andaba por el mundo. Sino actualizando lo que ocurrió entonces. Es decir, la liturgia tiene que celebrarse de tal manera que se haga presente, en lo que vivimos ahora, lo que Jesús vivió, hizo y decidió cuando estaba en esta vida. Concretamente lo que ocurrió la noche aquella en que cenó, por última vez, con el grupo de personas que le acompañaron y compartieron lo que él vivió y cómo lo vivió. En aquella ocasión, Jesús dijo: “Haced esto en recuerdo mío” (1 Cor 11, 24. 25; Lc 22, 19). Lo cual quería decir: “Haced esto para que me tengáis presente”, como en seguida explicaré.

Lo que acabo de indicar se basa en un presupuesto previo: la última cena de Jesús con sus discípulos no fue un ritual religioso. El ritual de la “cena pascual” que celebran los judíos, con motivo del pèsaj, la fiesta del cordero, que marcó el punto de partida de la liberación de los judíos esclavos en Egipto (Ex 12). Por supuesto, sabemos que, según los evangelios sinópticos, la última cena fue la cena de Pascua (Mc 14, 12; Mt 26, 17; Lc 22, 7). Pero el evangelio de Juan, que se escribió después que los sinópticos, puntualiza este dato capital indicando que la cena se celebró antes de la Pascua (Jn 13, 1; 18, 28), de forma que Jesús murió el día de la Preparación de la Pascua (Jn 19, 14; cf. 19, 31. 42). Y san Pablo, que nos ha conservado el recuerdo más antiguo de la cena, ni menciona la Pascua (1 Cor 11, 23). Además, en ninguno de los relatos de la Cena se menciona el cordero pascual, ni se habla de las hierbas amargas, ni hay alusión alguna a los mazzen, ni de la haggadà, ni del primer hallel, ni se mencionan las cuatro copas que eran esenciales en el ritual judío de la Pascua. No hay, pues, traza ni indicio alguno de que allí se estuviera celebrando un ritual sagrado (Ulrich Luz, El evangelio según san Mateo, vol. IV, Salamanca, Sígueme, 2005, 138-139).

Ahora bien, si aquello no fue un “ritual sagrado”, sino una “cena”, en la que se vivieron una serie de experiencias muy fuertes, cuando Jesús les dice a sus “amigos” (Jn 15, 14-15): “Haced esto en memoria mía” (1 Cor 11, 25) o sea,”Haced esto para que me tengáis presente”, sin duda alguna, el término “esto” (toûto) engloba la cena entera, no únicamente el pan, sino el conjunto de experiencias vividas allí aquella noche (François Bovon, El evangelio según san Lucas, vol. IV, Salamanca, Sígueme, 2010, 282-283). Hacer lo que allí dijo Jesús no es repetir rutinariamente un ritual, sino actualizar (hacer presente y operante hoy) lo que allí se vivió aquella noche. El “recuerdo”, la “anamnêsis”, según la raíz original zkr, quiere decir “hacer presente el pasado” (H. Patsch, en Diccionario Exegético del Nuevo Testamento, vol. I, Salamanca, Sígueme, 2005, 251-254).

Pero, ¡atención!, estos datos no son meras matizaciones –por lo demás, muy elementales– de erudición. Nada de eso. Aquí se juega el ser o no ser de la autenticidad o del fracaso de lo que Jesús quiso. Sabemos que Jesús no fue amante, ni practicante de ritos, ceremonias, altares y templos. Jesús centró sus preocupaciones en tres cosas: el “sufrimiento humano” (curaciones), la “alimentación compartida” (comidas y comensalía, sobre todo con pobres y pecadores), las “relaciones humanas” (sermón del monte, en Mt, o de la llanura, en Lc). Al proceder así, Jesús desplazó la religión: la sacó del templo, la disoció de los “rituales” y la puso en el centro y en el conjunto de la “vida”.

Aquí y en esto está la clave y el secreto de todo lo demás. ¿Por qué? Porque hoy está sobradamente demostrado que los ritos constituyen un factor tan importante en la pervivencia de las sociedades humanas, que, desde hace incontables generaciones, los ritos (religiosos, políticos, sociales…) son decisivos en la integración o exclusión del individuo en la sociedad y, en general, en el sistema establecido (Walter Burkert, La creación de lo sagrado, Barcelona, Acantilado, 2009, 60 ss; ID., Homo necans, Barcelona, Acantilado, 2013, 50-61). Pero no se trata de esto solamente. Porque los ritos integran al sujeto en el sistema de tal forma, que, al mismo tiempo que el sujeto hace suyos los valores del sistema, por otra parte, esos mismos ritos no modifican la conducta del sujeto que los cumple. Concretamente, un piadoso creyente se puede pasar cuarenta años comulgando a diario, y al cabo de ese tiempo sigue teniendo los mismos defectos que tenía el día que inició su comunión diaria. Y es que el ritual, por sí solo, no solamente no modifica la conducta, sino que además tiene la virtualidad de tranquilizar la conciencia del observante.

Entonces, ¿qué quiso decir Jesús cuando afirmó en la Cena: “Haced esto en memoria de mí”? No se refería simplemente a repetir lo que llamamos ahora “las palabras de la consagración”. Porque esta referencia al recuerdo o memoria (anamnêsis) lo introdujo san Pablo (1 Cor 11, 24. 25), del que depende el relato de Lucas (22, 19), para motivar a la comunidad de Corinto, al decirles a aquellos cristianos que lo que ellos hacían –y tal como lo hacían–, en realidad aquello ya no era la Cena del Señor. Literalmente: “eso ya no es comer la Cena del Señor” (“oúk éstin kyriakòn deipnon phagein”) (1 Cor 11, 20) (H. Patsch, o. c., 252-254). O sea, en Corinto, realizando exactamente el rito, realmente no celebraban la eucaristía. ¿Por qué? Porque la comunidad de Corinto estaba dividida. No por ideas teológicas, sino por la forma de vida que llevaban. Concretamente, porque allí había ricos y pobres. Y cuando se reunían para la eucaristía, los ricos comían hasta emborracharse, mientras que los pobres se quedaban con hambre (1 Cor 11, 21). Es decir, lo que pasaba en Corinto es que allí se repetían las palabras del Señor, pero allí no había una comunidad unida en la que quienes tenían dinero y comida lo compartían con los demás. Cada cual iba a lo suyo. Y Pablo afirma: donde hay división entre ricos y pobres, por mucho y muy bien que se repitan las palabras de Jesús, en realidad la memoria de Jesús está ausente. No se recuerda a Jesús. En esas condiciones, se dirá misa, pero allí no está Jesús. (J. D. Crossan, J. L. Reed, En busca de Pablo, Estella, Verbo Divino, 2006, 398-405).

Conclusión: la Eucaristía no consiste en “decir misa”, observando exactamente lo que manda la Sagrada Congregación de Ritos (o del Culto divino). Se puede hacer eso y no celebrar la Cena que quiso Jesús. Y tal como la quiso Jesús: haciéndonos esclavos unos de otros (Jn 13, 12-15), queriéndonos unos a otros, como él nos quiso (Jn 13, 33-35), mojando todos en el mismo plato, como él lo hizo (Jn 13, 20). Celebrar la Eucaristía no es repetir literalmente un “ritual”. Eso es una misa que nos tranquiliza (incluso nos da devoción). Pero eso no es lo que instituyó y quiso Jesús: el “recuerdo peligroso” (J. B. Metz, La Fe en la historia y en la sociedad, Madrid, Cristiandad, 1979, 100-102; 210-211), que hace actual la subversión de esos presuntos valores que se sostienen repitiendo los ritos. Lo que instituyó Jesús fue un “proyecto de vida”, que se expresa simbólicamente y que hace presente la persona y la vida de Jesús, en nuestras vidas y en nuestra sociedad. El día que resulte más “peligroso” ir a misa que acudir a una manifestación, ese día empezará a ser cierto que celebramos la Cena del Señor, en la que los cristianos vivimos la presencia, en el recuerdo vivo, de aquel Jesús que “aceptó la función más baja que una sociedad puede adjudicar: la de delincuente ejecutado” (G. Theissen, El movimiento de Jesús, Salamanca, Sígueme, 2005. 53). Entonces será cierto y la gente palpará que la misa no es un mero “rito”, sino un “recuerdo peligroso”.

http://www.atrio.org/2016/05/renovar-la-iglesia-es-hacer-actual-el-recuerdo-peligroso-de-jesus/

CORPUS CHRISTI: COMIDA COMPARTIDA


comentario editorial

 

Quiero que me entregues tu corazón por propia voluntad, por propio convencimiento (Selim a Constanza, El rapto en el serrallo)

29 de mayo, festividad del Corpus Christi

Lc 9, 11b-17

Les contestó: Dadles vosotros de comer

El Corpus Christi tiene sus orígenes en el amanecer del siglo XIII en Bélgica. La promovió la religiosa Juliana de Cornillón con la idea de celebrar una festividad en honor al cuerpo y sangre de Cristo. El papa Urbano IV la hizo extensible a toda la Iglesia en 1264.

Ha sido interpretada por la Cristiandad como presencia real en la Eucaristía: recuérdese el hecho milagroso de Bolsena acaecido en 1263. La Carta Magna de los católicos ha sido las palabras de la última cena: “esto es mi cuerpo, esta es mi sangre”,a cuyo significado literal se han mantenido adheridos desde los primeros tiempos. Los reformadores protestantes, en cambio, coincidieron más en que lo que Jesús quiso dejarnos fue una memoria, un recuerdo.

Hoy existe una fuerte corriente en la Iglesia Católica Romana que niega esa presencia real en la eucaristía y pone especial énfasis en la idea de recuerdo, aproximándose así a las Iglesias protestantes, que lo toman como un símbolo. Parece ser que éste era el sentido que le atribuían los primeros cristianos en sus celebraciones. Sólo un par de citas como testimonio de esta corriente. Juan Mateo comenta: “La identificación del pan con su persona no puede ser más que simbólica”; y Fray Marcos dice:“Está muy claro que comer materialmente el pan y beber literalmente la sangre, no es más que un signo (sacramento) de la adhesión a Jesús, que es lo verdaderamente importante”.

El pintor holandés Gérard de Lairesse (1640-1711) inmortalizó la escena en su óleo La institución de la Eucaristía. Y el teólogo José Mª Castillo comenta en su obra La religión de Jesús, -Ed. Descleé de Brouwer 2015- el hecho en estos términos:“Un ritual que, como todos los rituales religiosos, tranquiliza las conciencias, pero no modifica las costumbres. Y, a veces, se utiliza como acto de ostentación y pompa solemne, que fomenta la adoración y la devoción, pero no transforma ni a la Iglesia, ni a la sociedad. Ejemplo, la fiesta del Corpus. El amor no puede forzarse y, como le dice en la ópera de Mozart Selim a Constanza: “Quiero que me entregues tu corazón por propia voluntad, por propio convencimiento”.

“Por eso hoy día,” prosigue José Mª, “de la eucaristía, hay que preguntarse: ¿seguimos creyendo en Jesús? ¿De qué nos sirve el Evangelio?”.

El poeta Antonio Murciano (1929-2015) nos presenta sucesivamente en su soneto Corpus Christi, primero la exaltación de Cristo Eucaristía, luego la naturaleza viva y la inerte, y en los últimos versos, una llamada urgente al hombre para que se rinda ante ese Cristo humilde y caminante -poco de pan, copo de pan- que pasa una y otra vez ante nosotros. Pasa vestido de mendigo, desempleado, hambriento, enfermo, solitario, abandonado, que nos invita a vivir la Eucaristía, no como milagro ni misterio, sino como lugar de encuentro con los más necesitados.

 

CORPUS CHRISTI

Que viene por la calle Dios, que viene 
como de espuma o pluma o nieve ilesa;
tan azucenamente pisa y pesa
que sólo un soplo de aire le sostiene.

Otro milagro, ¿ves? Él, que no tiene
ni tamaño ni límites, no cesa
nunca de recrearnos la sorpresa
y ahora en un aro de aire se contiene.

Se le rinde el romero y se arrodilla;
se le dobla la palma ondulante;
las torres en tropel, campaneando.

Dobla también y rinde tu rodilla,
hombre, que viene Cristo caminante
—poco de pan, copo de pan— pasando.

(Antonio Murciano)

 

Vicente Martínez

http://www.feadulta.com/es/eucol1.html

LA PLENITUD HUMANA CONSISTE EN : Fray Marcos


Lc 9, 11-17

Es muy difícil no caer en la tentación de decir sobre la eucaristía lo políticamente correctoy dispensarnos de un verdadero análisis del sacramento más importante de nuestra fe. Son tantos los aspectos que habría que analizar, y tantas las desviaciones que hay que corregir, que solo el tener que planteármelo, me asusta. Hemos tergiversado hasta tal punto el mensaje original del evangelio, que lo hemos convertido en algo totalmente ineficaz para llevarnos a una verdadera vida espiritual. Para recuperar el sacramento debemos volver a la tradición. Lo malo es que para algunos acaba en Trento.

Lo último que se le hubiera ocurrido a Jesús, es pedir que los demás seres humanos se pusieran de rodillas ante él. Él sí se arrodilló ante sus discípulos para lavarles los pies; y al terminar esa tarea de esclavos, les dijo: “vosotros me llamáis el Maestro y el Señor. Pues si yo, el Maestro y el Señor os he lavado los pies, vosotros tenéis que hacer los mismo”. Esa lección nunca nos ha interesado. Es más cómodo convertirle en objeto de adoración, que imitarle en el servicio y la disponibilidad para con todos los hombres.

Hemos convertido la eucaristía en un rito puramente cultual. En la mayoría de los casos no es más que una pesada obligación que, si pudiéramos, nos quitaríamos de encima. Se ha convertido en una ceremonia rutinaria, que demuestra la falta absoluta de convicción y compromiso. La eucaristía era para las primeras comunidades el acto más subversivo que nos podamos imaginar. Los cristianos que la celebraban se sentían comprometidos a vivir lo que el sacramento significaba. Eran conscientes de que recordaban lo que Jesús había sido durante su vida y se comprometían a vivir como él vivió.

El mayor problema de este sacramento hoy, es que se ha desorbitado la importancia de aspectos secundarios (sacrificio, presencia, adoración) y se ha olvidado totalmente la esencia de la eucaristía, que es precisamente su aspecto sacramental. Con la palabreja “transustanciación” no decimos nada, porque la “sustancia” aristotélica es solo un concepto que no tiene correspondencia alguna en la realidad física. La eucaristía es un sacramento. Los sacramentos ni son ritos mágicos ni son milagros. Los sacramentos son la unión de un signo con una realidad significada.

El signo.- Lo que es un signo lo sabemos muy bien, porque toda la capacidad de comunicación, que los seres humanos hemos desplegado, se realiza a través de signos. Todas las formas de lenguaje no son más que una intrincada maraña de signos. Con esta estratagema hacemos presentes mentalmente las realidades que no están al alcance de nuestros sentidos. Ahora bien, todos los sonidos, todos los gestos, todos los grafismos, que sirven para comunicarnos, son convencionales, no se pueden inventar a capricho. Si me invento un signo que no dice nada a los demás, será solo un garabato.

El primer signo es el Pan partido y preparado para ser comido, es el signo de lo que fue Jesús toda su vida. La clave del signo no está en el pan como cosa, sino en el hecho de que está partido. El pan se parte para re-partirlo, y comerlo, es decir, el signo está en la disponibilidad de poder ser comido de inmediato. Jesús estuvo siempre preparado para que todo el que se acercara a él pudiera hacer suyo todo lo que él era. Se dejó partir, se dejó comer, se dejó asimilar; aunque esa actitud tuvo como consecuencia última que fuera aniquilado por los jefes oficiales de su religión. La posibilidad de morir por ser como era, fue asumida con la mayor naturalidad. Esto indica la calidad de su actitud vital.

El segundo signo es la sangre derramada. Es muy importante tomar conciencia de que para los judíos, la sangre era la vida misma. Si no tenemos esto en cuenta, se pierde el significado. Tenían prohibido tomar la sangre de los animales, porque como era la vida, pertenecía solo a Dios. Con esta perspectiva, la sangre está haciendo alusión a la vida de Jesús que estuvo siempre a disposición de los demás. No es la muerte la que nos salva, sino su vida humana que estuvo siempre disponible para todo el que lo necesitaba. El valor sacrificial que se le ha dado al sacramente no pertenece a lo esencial. Se trata de una connotación secundaria que no añade nada al verdadero significado del signo.

La realidad significada.- Se trata de una realidad trascendente, que está fuera del alcance de los sentidos. Si queremos hacerla presente, tenemos que utilizar los signos. Por eso tenemos necesidad de los sacramentos. Dios no los necesita, pero nosotros sí, porque no tenemos otra manera de acceder a esas realidades. Esas realidades son eternas y no se pueden ni crear ni destruir; ni traer ni llevar; ni poner ni quitar. Están siempre ahí. En lo que fue Jesús durante su vida, podemos descubrir esa realidad, la presencia de Dios como don. En el don total de sí mismo descubrimos a Dios que es Don absoluto y eterno.

El primero y principal objetivo al celebrar este sacramento, es tomar conciencia de la realidad divina en nosotros. Pero esa toma de conciencia tiene que llevarnos a vivir esa misma realidad como la vivió Jesús. Toda celebración que no alcance, aunque sea mínimamente, este objetivo, se convierte en completamente inútil. Celebrar la eucaristía pensando que me añadirá algo (gracia) automáticamente, sin exigirme la entrega al servicio de los demás, no es más que un autoengaño. Nos hemos conformado con realizar el signo sin tener en cuenta que un signo que no nos lleva a lo significado, es un garabato.

En la eucaristía se concentra todo el mensaje de Jesús, que es el AMOR. El Amor que es Dios manifestado en el don de sí mismo que hizo Jesús durante su vida. Esto soy yo: Don total, Amor total, sin límites. Al comer el pan y beber el vino consagrados, estoy completando el signo. Lo que quiere decir es que hago mía su vida y me comprometo a identificarme con lo que fue e hizo Jesús, y a ser y hacer yo lo mismo. El pan que me da la Vida no es el pan que como, sino el pan en que me convierto cuando me doy. Soy cristiano, no cuando “como a Jesús”, sino cuando me dejo comer, como hizo él.

El ser humano no tiene que liberar o salvar su “ego”, a partir de ejercicios de piedad, que consigan de Dios mayor reconocimiento, sino liberarse del “ego” y tomar conciencia de que todo lo que cree ser, es artificial y anecdótica y que su verdadero ser está en lo que hay de Dios en él. Intentar potenciar el “yo”, aunque sea a través de ejercicios de devoción, es precisamente el camino opuesto al evangelio. Solo cuando hayamos descubierto nuestro verdadero ser, descubriremos la falsedad de nuestra religiosidad que solo pretende acrecentar el yo, y no solo aquí y ahora sino para siempre.

La comunión no tiene ningún valor si la desligamos del signo sacramental. El gesto de comer el pan y beber el vino consagrados es el signo de nuestra aceptación de lo que significa el sacramento. Comulgar significa el compromiso de hacer nuestro todo lo que ES Jesús. Significa que, como él, soy capaz de entregar mi vida por los demás, no muriendo, sino estando siempre disponible para todo aquel que me pueda necesitar. Es una pena que en estos días en que se celebran tantas primeras comuniones, hagamos pensar a los niños que lo importante es comulgar, sin hacerles ve que lo importante es celebrar la eucaristía en la que por primera vez, van a participar plenamente.

Todas las muestras de respeto hacia las especies consagradas están muy bien. Pero arrodillarse ante el Santísimo y seguir menospreciando o ignorando al prójimo, es un sarcasmo. Si en nuestra vida no reflejamos la actitud de Jesús, la celebración de la eucaristía seguirá siendo magia barata para tranquilizar nuestra conciencia. A Jesús hay que descubrirlo en todo aquel que espera algo de nosotros, en todo aquél a quien puedo ayudar a ser él mismo, sabiendo que esa es la única manera de llegar a ser yo mismo.

 

Meditación-contemplación

La Única Realidad es el Amor (Dios) que está en ti.
Los signos son solo medios para llegar a la realidad significada;
Pero son indispensables para nosotros los humanos.
Lo esencial es descubrir esa Realidad y vivirla.
……………………

Si descubro que ese AMOR me identifica con Él,
mi verdadero ser ya no soy yo sino Él.
Mi actuar no será ya mío, sino el de Él.
Solo por ese camino entraré en la dinámica del amor.
………………

En cada eucaristía que celebre,
debo sentir dentro de mí, lo que se significa en el rito.
Al comulgar, manifiesto y fortalezco la intención
de ser como Jesús, pan que se deja comer.
………………

 

Fray Marcos

PALABRAS EN LA NOCHE : Dolores Aleixandre rscj


 

Después de despedir a la gente,
Jesús se retiró de nuevo al monte solo (Jn 6,15)

Esta noche vengo a ti, Abba, después de despedir a la multitud venida de todas partes que me han seguido hasta el desierto. Al verlos me he dado cuenta de que estaban hambrientos de escucharte y verte y tocarte a través de mí, y he sentido que me llamabas a realizar para ellos un signo de tu compasión y de tu ternura.

Los he hecho recostar sobre la hierba, como un pastor que conduce a su rebaño junto a una fuente tranquila, y me he dispuesto a servirles el banquete que tú mismo habías preparado. No había mucho que repartir y he sorprendido en algunos el gesto ávido de retener lo poco que tenían para comerlo en soledad y a escondidas.

Mis discípulos, como casi siempre, miraban la situación haciendo cálculos a partir de sus posibilidades: “no tenemos”, “esto es poco”, “despídelos”, “que vayan ellos mismos a comprar…” Ante cualquier imprevisto, se miran a sí mismos, miden sus propias fuerzas y se agobian por sus carencias, olvidándose de mirar hacia ti, Abba, que eres el manantial inagotable de todo don.

Por eso he tomado en mis manos los panes y los pececillos que me han traído y he levantado mis ojos hacia el cielo para orientar su mirada hacia Ti, de quien lo recibimos todo. Luego he pronunciado la bendición sobre los alimentos que tenía en las manos, para arrancarlos de la esfera de la posesividad y devolverlos a su verdadero ser que es el de circular, y partirse, y generar vida, energía y convivialidad.

Al empezar a repartirlos, la gente ha comenzado también a ofrecer lo poco que tenía, a desapropiarse de lo que llevaban y a cambiar la preocupación por su sustento por el gozo de compartir con otros. La carencia estaba siendo vencida por el derroche y la gratuidad, y eso los igualaba, derretía muros invisibles de categorías y distancias, rompía la frontera entre extranjeros y hermanos.

Era tu vida la que circulaba entre ellos, Abba, y en ese momento he comprendido mejor que este deseo que me invade tantas veces de entregarles mi misma vida como alimento, como las madres a sus hijos pequeños, surge de ti y fluye de tus propias entrañas. Y por eso les hablo de ti como de un hogar abierto en el que esperas a tus hijos a mesa puesta, con un banquete que tú mismo has preparado y en el que abundan manjares espléndidos y vinos de solera

He recordado aquella noche en que tú sacaste de Egipto a nuestros padres y los introdujiste en la tierra que mana leche y miel y sé que es a mí ahora a quien envías, Abba. Y que estarás a mi lado para sacar a tus hijos, hermanos míos, de la servidumbre de la posesión para conducirlos, más allá de sus ambiciones, a esa tierra tuya de la fiesta fraterna compartida.

 

Dolores Aleixandre RSCJ

http://feadulta.com/es/buscadoravanzado/item/7652-palabras-en-la-noche.html

Jesús se asombra con la fe de un centurión romano. Propio 4(9), Año C


SERMÓN DE LA SEMANA

Título: Fe asombrosa

Tema: Jesús  se asombra con la fe de un centurión romano. Propio 4(9), Año C

Objeto: No es necesario, pero podrían usarse algunos objetos de los mencionados

Escritura: “Al oírlo, Jesús quedó asombrado. Se dirigió a la multitud que lo seguía y dijo: ‘Les digo, ¡no he visto una fe como esta en todo Israel!'” (Lucas 7:9 – NTV).

En muchas ocasiones he visto algo que me hace decir: “¡Eso es asombroso!”  De hecho, raramente pasa un día en que no vea algo que me asombre.  Por ejemplo: ¡me asombra que un avión cargando 400 personas pueda volar!;  ¡me asombra que pueda hacerle una pregunta a mi teléfono inteligente y que reciba una contestación!;  ¡me asombra que pueda darle a un interruptor de la luz y se prenda o se apague la luz!;  ¡me asombra que algunas personas puedan comer insectos!  ¿Qué cosas te asombran a ti? (Dé tiempo para que contesten.)

Muchos de nosotros nos asombramos fácilmente.  ¿Crees que Jesús se sintió asombrado alguna vez?  Después de todo, Jesús vino a la tierra como el Hijo de Dios.  No creería que algo pudiera asombrarlo.  La lectura bíblica de hoy nos cuenta la historia de un hombre que sinceramente asombró a Jesús.  Y he aquí algo que nos asombra de esta historia – ¡la Biblia nos nos dice como se llamaba ese hombre!  Solo nos dice que es un oficial del ejército romano.  ¡Veamos esta historia asombrosa!

Un día, mientras Jesús entraba en el pueblo de Capernaúm, se encontró con un pequeño grupo de líderes judíos que tenían una petición que hacerle.  Allí . en Capernaún, se encontraba un centurión romano que tenía un sirviente que estaba tan enfermo que estaba cerca de la muerte.  El centurión había escuchado de Jesús y vino a pedirle a estos ancianos que fueran a Jesús en nombre suyo para ver si Jesús estaría dispuesto a sanar a su sirviente.  Los hombres vinieron a Jesús y le suplicaron que sanara al sirviente del centurión. “Si alguien merece tu ayuda, es él; pues ama al pueblo judío y hasta construyó una sinagoga para nosotros.”  Así que Jesús fue con ellos.

Antes de que Jesús llegara a la casa del centurión, el oficial envió a algunos amigos a decirle “Mastro, no te molestes a venir a mi casa, porque no soy digno de tanto honor.  Tan solo pronuncia la palabra desde donde estás y mi siervo se sanará”.

Cuando Jesús escuchó esto, se asombró.  Se dirigió a la multitud de personas que le estaban siguiendo y dijo: “¡no he visto fe como esta en todo Israel!”  Cuando los amigos del oficial regresaron a la casa del centurión, encontraron al esclavo completamente sano.

“Les digo, ¡no he visto una fe como esta en todo Israel!” (Lucas 7:9 – NTV).  Sí, creo que Jesús se asombró de la fe del oficial romano.  ¿No sería maravilloso si tú y yo tuviéramos una fe que pudiera asombrar a Jesús?

Padre celestial, danos una fe tan profunda como la del centurión romano, una fe asombrosa.  En el nombre de Jesús oramos.  Amén.

PÁGINAS PARA COLOREAR Y ACTIVIDADES

ENLACES A LOS SERMONES 

 
Impresión amistosa:     “Fe asombrosa”
Otra sermon para Lucas 7:1-10:  “La fe es la llave”

TENEMOS MATERIALES PARA AYUDARLE CON LOS NIÑOS

Tenemos un CD contiendo estos materiales.
Tres años de sermones
Páginas para colorear
Canciones para la Escuela Biblica de Niños
Catorce presentaciones de PowerPoint
Mucho más.
Estos materiales son gratis.

Haga clic aquí.

Like us on Facebook

Anteriores Entradas antiguas

Seguir

Recibe cada nueva publicación en tu buzón de correo electrónico.

Únete a otros 552 seguidores

A %d blogueros les gusta esto: