Sacramentos para ver: Monseñor Santiago Agrelo Martinez


 

 

Participando en las celebraciones cuaresmales de la comunidad de fe, catecúmenos y fieles salimos al encuentro de Cristo resucitado, encuentro que se hace real en los sacramentos pascuales: en el bautismo que da el “ser otro Cristo”; en la confirmación que da el “actuar al modo de Cristo”; y en la eucaristía que nos lleva a la plenitud de la inserción en Cristo.

Los sacramentos que celebramos son signo de la presencia de Cristo resucitado en medio de sus discípulos. Cuando hablamos de bautismo, confirmación o eucaristía, en realidad hablamos de Cristo y de nosotros, de lo que él es para nosotros, de lo que nosotros somos para él.

Presta ahora atención a la palabra que se proclama en la asamblea litúrgica de este domingo.

Mientras el lector recuerda la unción de David como rey, tú recuerdas que, incorporado a Cristo por el bautismo, en Cristo eres sacerdote, profeta y rey.

Mientras con el Salmista elevas tu canto al Señor, que es tu rey y tu pastor, tú recuerdas que, en Cristo, Dios se te ha revelado pastor que da la vida por ti, buen pastor que te guía por el sendero justo, que te da seguridad aunque camines por cañadas oscuras.

Y mientras el diácono proclama el evangelio de la curación del ciego de nacimiento, tú, Iglesia cuerpo de Cristo, hecha discípulo que escucha, reconocerás en Jesús a la Palabra que era la luz verdadera que alumbra a todo hombre, reconocerás en Jesús al que es la luz del mundo; y a ti misma te reconocerás en aquel ciego, y te verás ungida por Cristo con Espíritu Santo, lavada, purificada e iluminada en Siloé, es decir, en el Enviado, en la muerte y resurrección de tu Señor.

Aquel a quien escuchando viste, comulgando lo recibes.

Aquel en quien, escuchando, creíste, comulgando te haces una con él.

Comulgas, y nada te falta con el pastor de tu vida.

Comulgas, y ungida, te sumerges en Siloé, y la vida entera se te ilumina por dentro con la luz de Dios.

Comulgas, y ves; entras en un mundo que sólo tú puedes ver: un mundo nuevo que resplandece con la luz de la vida.

Feliz domingo, Iglesia iluminada por Cristo.

 

Remitido al e-mail

LA MUJER DEL POZO DE SIQUEM. UNA IGUALADA. OLGA LUCIA ÁLVAREZ BENJUMEA*


“Vos, un judío, me pedís de beber a mí, que soy,samaritana?” Juan 4:9

Consuelito: Uy! que horrible respuesta, definitivamente “la ignorancia es atrevida!”.

….Un momento, Consuelito, no nos adelantemos. Ubiquemos primero, haber que fue lo que pasó.

Vamos para Siquem, una población samaritana, que no se podía ver con la gente de Judea, en ese entonces tambien existia el regionalismo y la discriminación. Acompañenme y observemos todo lo que veamos en este interesante encuentro de Jesús, con la samaritana, antes de que sus discípulos, regresen y nos saquen corriendo. Aclaremos, fue un encuentro casual, no una cita.

Era como la hora del medio día, y hacia mucho calor. Jesús llegó cansado, se queda sentado a un lado del pozo, (el pozo, del coqueteo y las conquistas) mientras los muchachos que le acompañan se fueron a buscar algo de comer en el pueblo.

Cómo les parece, que a raíz de chismes, para poner a Jesús en competencia con Juan, que dizque, porque Él, estaba  “sumergiendo” es decir bautizando más gente que Juan. El chisme lo estaban regando los fariseos…”Jesús está haciendo más discípulos y sumergiendo más que Juan”. Es entonces, para evitar bochinches, sale de Judea y regresó a Galilea, pasando por la zona roja de Samaria, cuando decimos “zona roja” por acá, entendemos de qué estamos hablando, es decir era una zona peligrosa, con muchas bandas criminales y de asaltantes ladrones, algo parecido, como a corruptos organizados. Esto nos lo hace conocer el texto del Buen Samaritano, (Lucas 10:25-37).

No nos despistemos, regresemos a Siquem, al pozo que Jacob le había regalado a su hijo José. Estando Jesús, ahí, sentado descansando, llega una mujer con su cántaro,  bolsa de cuero y cuerda para sacar agua. Aprendamos aquí, que eran las mujeres y los jóvenes, los llamados a buscar el agua para sus casas.

Muy delicadamente Jesús, le pide agua: “Por favor, dame de beber” y aquí es cuando la mujer samaritana le responde: “Vean a este!. Vos, siendo judío, me pedís de beber a mi que soy samaritana?”

Jesús, no se queda corto y le responde: “Si conocieras el donde Dios y quien es el que te esta diciendo “Dame de beber”, tu le habrías pedido y él te habría dado agua vida”. El hablar de “agua viva” se estaba refiriendo a agua corriente, agua que fluye (Jer. 2:13…).

Reflexionando la Palabra en grupo en la Fundación Bordado a Mano.

Seguimos con este hermoso dialogo:

“Señor”, dijo ella, “no tienes con qué sacar el agua, y el pozo es hondo. ¿Cómo vas a conseguir esa agua viva? ¿Eres tú más que nuestro padre Jacob, que nos dio este pozo y bebió de él, y también sus hijos y su ganado?”

Jesús le respondió: “Todo el que beba de esta agua volverá a tener sed, pero el que beba el agua que yo le dé se convertirá en manantial que brotará dentro de él para Vida eterna”….

Al seguir leyendo el texto, sospechamos que la samaritana, esta cansada de sacar agua y le quiere sacar ventaja, para no tener nunca mas que volver al pozo!

“Vete y llama a tu marido”, le replicó él, “luego vuelve acá”.

“No tengo marido” contesto la mujer.

Jesús, le dijo: “Bien lo has dicho. “No tengo marido”, pues tuviste cinco, y el que ahora tienes no es marido tuyo”. Ahí has hablado con toda la verdad”.

Liliana (izquierda) con la mamá y Alberto, concelebrando,
luego disfrutarán del “agua viva”

Liliana. Pide la palabra, antes de continuar.

“Se me ocurre pensar en este instante. Siendo la que samaritana, ni siquiera es de la región de Jesús, nada conoce de Jesús, que es una pecadora, igual que yo, no casada y con 5 maridos. Jesús, le esta ofreciendo a ella, darle “agua viva” !? Es como si le estuviera ofreciendo a ella la Sagrada Comunión! Jesús, a pesar de saber, qué clase de mujer es, no se la niega, todo lo contrario, se la ofrece!?  Me fascina!!!

…Gracias, Liliana, por tu aporte, a mi también, me fascina!

…Seguimos leyendo el texto y nos vamos a encontrar con algo maravilloso! Definitivamente este texto es inagotable, y rico para aprender a relacionarnos personalmente con la Divinidad. Voy a decir algo que a lo mejor no va a caer bien en el mundo civilizado. Este texto es un lindo coqueteo entre Dios y nosotras. No dudo, que a Dios le gusta que le coqueteemos. Esta feliz, que nos acerquemos a El/Ella, sin miedos, sin prevenciones, sin intermediarixs.

En este texto, Jesús rompe esquemas acerca del sitio donde se debe adorar al Padre, a la Divinidad…leamos el texto, por favor.

…….

“La mujer, le dijo: “Sé que ha de venir un Mesías”. Cuando ya este aquí nos lo explicará todo”

Jesús le respondió: “Ese soy yo. el mismo que te esta hablando.”

Detengámonos aquí un momento!…

……Ustedes escucharon, lo que yo acabo de escuchar? Qué les parece?

Jesús, se le acaba de revelar como el MESIAS, a una mujer que no es de su región, que es pecadora, no casada, separada, ha tenido 5 maridos! Con razón, lo persiguen y lo van a matar!.

“Abandonando entonces su cántaro, la mujer corrió a la ciudad y dijo a los hombres: “Venid a ver a uno que me ha dicho todo lo que he hecho” ¿No será el Mesías?”

El alboroto sigue. La mujer sale a anunciar su encuentro con el MESÍAS (El llamado Cristo). Pero, a quien? “a los hombres”? Una mujer?

Josefina: Quiero decir una última cosa. Lo mejor de todo esto, es que los hombres le creyeron a esa mujer. Eh, ahi la responsabilidad que como mujeres tenemos de anunciar la Buena Nueva!!!

….Excelente! Josefina tu remate. Gracias!!!

Dejemos aquí, esto ya es demasiado! Llevemos la Palabra de la Divinidad en nuestros corazones,para seguir anunciando su Reino.

Nos vemos para seguir leyendo y reflexionando su Palabra con ojos nuevos:  Juan 9:1-41; Juan 8,9: 1-40 pág. 413-414.

Resultado de imagen para jesus y la samaritana junto al pozo

BIBLIOGRAFÍA:

Hugh J. Schonfield: El Nuevo Testamento original. Colección Enigmas del Cristianismo. Ed- Martinez Roca. S.A. 1990 Impreso en España. Cap. III, 4:1-25 pág. 403-404

 

Domingo 3 de Cuaresma.Sacramentos para beber: Mons.Santiago Agrelo Martinez


 

En el imaginario de la fe hemos asociado el bautismo a un agua que purifica, y no creo que sean muchos los cristianos que lleguen a representarlo como un agua que se desea porque se tiene sed y que se bebe.

Y ésa, la del agua que se bebe, es la imagen que nos deja la palabra de Dios proclamada en la eucaristía de este domingo: Tiene sed el pueblo de Israel, tiene sed la mujer de Samaría, tiene sed Jesús.

El pueblo, torturado por la sed, murmura contra Moisés –en realidad, contra Dios-: “¿Nos has hecho salir de Egipto para hacernos morir de sed?“.

Jesús, agotado del camino, dice a la mujer samaritana: “dame de beber”.

Y la mujer, después de escuchar las palabras de Jesús sobre un agua que mana por dentro y apaga para siempre la sed de quien la bebe, dirá: “Señor, dame siempre de esa agua”.

¡Se trata de sed, de agua y de beber!, tres palabras que nos dejan la tarea de adentrarnos en su mundo de significados.

El Señor dijo: “Si alguno tiene sed, que venga a mí y beba”.

La misma invitación resonará en el paraíso, en el que habrá un río de agua de vida que brota del trono de Dios: “Quien tenga sed, que venga. Y quien quiera, que tome el agua de la vida gratuitamente”.

Hablemos, pues, de nuestra sed, ya que no deseará beber quien no la tenga, y a quien la experimente y no crea, sólo le servirá para tentar a Dios.

El canto del salmista  evoca la sed del creyente: “Como busca la cierva corrientes de agua, así mi alma te busca a ti, Dios mío; mi alma tiene sed de Dios, del Dios vivo: ¿cuándo entraré a ver el rostro de Dios?

Y la evoca también cuando dice: “Oh Dios, tú eres mi Dios, por ti madrugo, mi alma está sedienta de ti; mi carne tiene ansia de ti, como tierra reseca, agostada, sin agua”.

Sed de Dios, ansia de Dios, búsqueda de Dios… A tu memoria vienen las palabras de Jesús: “Dichosos los que tienen hambre y sed de la justicia, porque ellos quedarán saciados”.

Tu ansia, tu sed, tu búsqueda de Dios y de justicia, son hambre y sed de Jesús, hambre y sed “del don de Dios” que es Jesús, ansia y búsqueda de la fuente de agua que salta hasta la vida eterna, del río de agua de vida que riega el paraíso.

El que se bautiza, el que se confirma, el que participa en la Eucaristía, bebe en Cristo Jesús, y en esa fuente divina se sacia de Dios, de justicia, de gracia, de luz.

Pero has de considerar también la “sed que tiene Dios”, sed que se hizo fuego abrasador en la garganta de Jesús y agotamiento en el camino bajo el sol del mediodía.

El que ahora, sentado junto al manantial, dice a la samaritana: “dame de beber”, un día, desde lo alto de su cruz, a todos nos dirá: “Tengo sed”.

Y entenderás que tiene sed de ti, que te busca con ansia propia de Dios, con pasión de Dios, con amor de Dios…y habrás de hacerte agua para la sed de Dios, habrás de quererte de Dios, porque Dios se ha querido tuyo.

Y mientras no llega la hora de perderte del todo en el amado, apagarás su sed en los pobres, que son el cuerpo de su necesidad: “Tuve sed, y me disteis de beber”.

Feliz camino de los catecúmenos hacia el bautismo.

Feliz camino, Iglesia de Cristo, a la comunión con tu Señor.

REMITIDO AL E-MAIL

MENSAJES PARA NIÑAS/OS: LA MUJER EN EL POZO. MARZO 19/17


SERMÓN DE LA SEMANA
Título: La mujer en el pozo

Tema: Jesús es el agua de vida. 3er Domingo de Cuaresma

Objeto: Varias botellas de refrescos, jugos y AGUA.

Escritura: “Todo el que beba de esta agua volverá a tener sed,” respondió Jesús, “pero el que beba del agua que yo le daré no volverá a tener sed jamás, sino que dentro de él esa agua se convertirá en un manantial del que brotará vida eterna” (Juan 4:13-14 – NVI).

Cuando visitas a un amigo, tu amigo te pregunta: “¿Deseas algo para beber?”

“Sí, me gustaría,” le contestas.

“¿Qué deseas?”

“¿Qué tienes?”

“Tengo refrescos, jugo de fruta y agua.”

¿Qué bebida escogerías tú? (Dé tiempo para que los niños contesten.) Tu contestación dependerá probablemente de si tienes sed o si solo deseas algo para beber. Lo que la mayoría de los niños escogen es refresco. Realmente debo admitir que muchos de los refrescos saben muy bien, pero si deseas algo que satisfaga tu sed y provea lo que tu cuerpo necesita, un refresco no sería la alternativa adecuada. Los refrescos tienen un alto contenido de azúcar y muchas calorías que no necesitamos. Podrías pensar que el jugo de fruta pudiera ser una buena alternativa, pero sorprendentemente, la gran mayoría de ellos contienen tanta azúcar y calorías como los refrescos. ¡Si deseas escoger una alternativa saludable, esa alternativa definitivamente sería el agua!

En nuestra historia bíblica de hoy, Jesús nos enseña la lección más importante que aprenderemos jamás. Un día Jesús estaba cruzando por un pueblo llamado Samaria. Estaba cansado y con mucho calor así que se sentó al lado de un pozo a descansar. Una mujer llegó al pozo a sacar agua y Jesús le preguntó si le podía dar agua para beber. La mujer se sorprendió de que Jesús le hablara, porque los judíos normalmente no le hablaban a los samaritanos. Ella le dijo, “¿Por qué me pides que te dé de beber siendo yo samaritana y tú judío?”

Jesús contestándole dijo: “Si supieras quien te pide de beber, le pedirías a él que te diera del agua de vida.”

“No tienes con qué sacar agua ahora, ¿cómo podrás darme el agua de vida?” la mujer preguntó

Jesús le explicó, “Cualquiera que bebe del agua de este pozo volvera a tener sed, pero el que beba del agua que yo le daré, no tendrá sed jamás.”

Jesús no estaba hablando acerca de la sed que puede calmarse con el agua de un pozo, sino que estaba refiriéndose a la sed de Dios. La Biblia nos enseña que tenemos una sed por el Dios viviente en nuestros corazones y que esa es una sed que solo Jesús puede satisfacer.. Así que, cuando tenemos a Jesús en nuestro corazón, él satisface nuestra sed de Dios y nunca más sentiremos esa sed.

Amado Padre, te damos gracias por enviar a Jesús, el Agua de Vida. Oramos que cada uno de los que estamos aquí hoy pueda beber de esa agua y nunca más sientan sed. En el nombre de Jesús oramos. Amén.

PÁGINAS PARA COLOREAR Y ACTIVIDADES

ENLACES A LOS SERMONES 
 
Impresión amistosa:    “La mujer en el pozo”
Otro sermón basado en Juan 4:13-14: “El que calma nuestra sed”
Otro sermón basado en Éxodo 17:1-7 : “Agua de una Roca”

TENEMOS MATERIALES PARA AYUDARLE CON LOS NIÑOS
Tenemos un CD contiendo estos materiales.
Tres años de sermones
Páginas para colorear
Canciones para la Escuela Biblica de Niños
Catorce presentaciones de PowerPoint
Mucho más.
Estos materiales son gratis.

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El bosque transfigurado: Mons. Santiago Agrelo Martinez OF


Lo que resulta evidente es lo humano, lo nuestro.

Lo otro, el misterio, lo vislumbra la sola fe.

Lo nuestro, es el límite, la finitud, la fecha de caducidad, el mal inevitable.

Junto a ese mal inevitable, Jesús de Nazaret y multitud de hombres y mujeres, tantos que nos parece que sea toda la humanidad, padecen la presencia de otro mal, inicuo, perverso, cruel, obsceno, evitable. Es el mal que hacemos: Hemos llenado de cruces los caminos del hombre; hemos llenado de cristos las cruces; y el grito de los crucificados se nos queda en monotonía molesta a las puertas de nuestra tranquilidad.

Las sombras del bosque –inmigrantes sin cuerpo y sin hambre- preguntan dónde está Dios, de quién es padre, de quién se ocupa… pues más parece que esté en el templo dejándose ahumar por el incienso y sobornar por los satisfechos, que no en los caminos cuidando pobres.

Ya sólo quedan las sombras: los acorralados de las fronteras, los desalojados, los deportados, los apaleados, los ahogados, los mutilados de esta guerra del pan, los huérfanos de esta guerra contra la esperanza, los muertos de este sinsentido, los supervivientes que siempre llevarán heridas del cuerpo que sangran en el alma.

Voy a imaginar pronunciadas por ellos –las víctimas-, por ellas –las sombras-, las palabras de tu salmo Iglesia cuerpo de Cristo: “Nosotros aguardamos al Señor: él es nuestro auxilio y escudo. Que tu misericordia, Señor, venga sobre nosotros, como lo esperamos de ti”.

Voy a repetir contigo y con ellos la confesión de fe: “Los ojos del Señor están puestos en sus fieles, en los que esperan en su misericordia”.

Entonces, a la Iglesia y a las sombras, Jesús nos toma consigo, y nos lleva aparte a su montaña alta.

He dicho Jesús: el perseguido, el odiado, el calumniado, el acusado, el condenado, el crucificado…

Y es él, Jesús, la víctima, el que “se transfigura delante de nosotros”.

En esa transfiguración, no se nos muestra lo que Jesús ha de ser, sino lo que ya es. En la montaña alta no ves la luz que a Jesús lo ha de envolver un día, sino la que desde siempre él lleva por dentro. Y no ves sólo lo que es de Jesús, sino también lo que él comparte contigo, pues, si nuestro es el mal que padece, suya es la luz que a las sombras nos ilumina.

Entonces, como Pedro, también nosotros decimos: «Señor, ¡qué bien se está aquí!»

¡Y aún no hemos prestado atención a la revelación más asombrosa!: de Jesús, de la víctima, una voz desde la nube, la palabra desde Dios, dice: “Éste es mi Hijo, el amado, mi predilecto. Escuchadlo”.

Y tú, no sólo escuchas lo que oyes, sino que escuchas también “lo que ves”, y en “aquella víctima transfigurada”, en aquel Hijo, en aquel amado, reconoces a las sombras de la ciudad amurallada de aire, reconoces a tus hijos, te reconoces a ti misma, te sabes habitada de luz como Jesús.

Feliz domingo.

Enviado al e-mail por su autor.

Hacer memoria de Jesús. Por José Pagola


[et_pb_section admin_label=”section”][et_pb_row admin_label=”row”][et_pb_column type=”4_4″][et_pb_text admin_label=”Texto” background_layout=”light” text_orientation=”left” use_border_color=”off” border_color=”#ffffff” border_style=”solid”]

Al narrar la última Cena de Jesús con sus discípulos, las primeras generaciones cristianas recordaban el deseo expresado de manera solemne por su Maestro: «Haced esto en memoria mía». Así lo recogen el evangelista Lucas y Pablo, el evangelizador de los gentiles. Desde su origen, la Cena del Señor ha sido celebrada por los cristianos para hacer memoria de Jesús, actualizar su presencia viva en medio de nosotros y alimentar nuestra fe en él, en su mensaje y en su vida entregada por nosotros hasta la muerte. Recordemos cuatro momentos significativos en la estructura actual de la misa. Los hemos de vivir desde dentro y en comunidad.

La escucha del Evangelio

Hacemos memoria de Jesús cuando escuchamos en los evangelios el relato de su vida y su mensaje. Los evangelios han sido escritos, precisamente, para guardar el recuerdo de Jesús alimentando así la fe y el seguimiento de sus discípulos. Del relato evangélico no aprendemos doctrina sino, sobre todo, la manera de ser y de actuar de Jesús, que ha de inspirar y modelar nuestra vida. Por eso, lo hemos de escuchar en actitud de discípulos que quieren aprender a pensar, sentir, amar y vivir como él.

La memoria de la Cena

Hacemos memoria de la acción salvadora de Jesús escuchando con fe sus palabras: «Esto es mi cuerpo. Vedme en estos trozos de pan entregándome por vosotros hasta la muerte… Este es el cáliz de mi sangre. La he derramado para el perdón de vuestros pecados. Así me recordaréis siempre. Os he amado hasta el extremo». En este momento confesamos nuestra fe en Jesucristo haciendo una síntesis del misterio de nuestra salvación: «Anunciamos tu muerte, proclamamos tu resurrección. Ven, Señor Jesús». Nos sentimos salvados por Cristo, nuestro Señor.

La oración de Jesús

Antes de comulgar, pronunciamos la oración que nos enseñó Jesús. Primero, nos identificamos con los tres grandes deseos que llevaba en su corazón: el respeto absoluto a Dios, la venida de su reino de justicia y el cumplimiento de su voluntad de Padre. Luego, con sus cuatro peticiones al Padre: pan para todos, perdón y misericordia, superación de la tentación y liberación de todo mal.
La comunión con Jesús

Nos acercamos como pobres, con la mano tendida; tomamos el Pan de la vida; comulgamos haciendo un acto de fe; acogemos en silencio a Jesús en nuestro corazón y en nuestra vida: «Señor, quiero comulgar contigo, seguir tus pasos, vivir animado con tu espíritu y colaborar en tu proyecto de hacer un mundo más humano».

José Antonio Pagola

Santísimo Cuerpo y Sangre de Cristo – C
(1 Corintios 11,23-26)

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http://pazybien.es/memoria-jesus-jose-pagola/

MUJERES E IGLESIA. HOMILÍAS PARA EL DÍA DE HOY. MARZO 5/17


Homilías por HOY
PRIMER DOMINGO DE CUARESMA
5 DE MARZO DE, 2017
Hermana Dianne Bergant, CSA aporta su experiencia en la Escritura a las lecturas para el Primer Domingo de Cuaresma, que ofrece una reflexión profunda para todos nosotros cuando entramos en esta temporada:
. “Mientras que esta temporada ha sido tradicionalmente conocida como una de arrepentimiento y penitencia, las lecturas de la liturgia de los domingos de Cuaresma sugieren que el objetivo principal es la misericordia de Dios en el rostro de la maldad humana Esto no quiere decir que el arrepentimiento no es importante – -. Sin embargo, es, el arrepentimiento debe fluir desde la realización del amor y la misericordia inquebrantable de Dios y no de parte de la deuda que podríamos pensar que debemos a Dios “.

Haga clic aquí para ver la predicación de esta semana

EN CASO QUE TE LO HAYAS PERDIDO
Hermana Simone Campbell comienza el camino cuaresmal con una reflexión sobre el significado del miércoles de ceniza. “Siempre he estado intrigado acerca de por qué nos ponemos cenizas en nuestra frente el Miércoles de Ceniza”, dice la hermana Simone.
“Bueno, lo que me he dado cuenta es que el uso de cenizas en este día es como estar en un rally. Es ver a todos aquellos que comparten este compromiso común a la conversión durante estas semanas seis y media de la Cuaresma.”
Ver predicación de la hermana Simone para el Miércoles de Ceniza en busca de inspiración para ayudar a “hacer esta Cuaresma sobre el acto comunal de conversión.”

 

fuente: Catholic Women Preach info@catholicwomenpreach.org

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