Nuestros miedos: JOSE ANTONIO PAGOLA


Miedo a la libertad

La fe llena el corazón de fuerza

Reflexión dominical de José Antonio Pagola

José Antonio Pagola, 22 de junio de 2017 a las 08:49

Sería un error ver en la fe el agarradero fácil de los pusilánimes, los cobardes y asustadizos

Sin miedo/>

Sin miedo

(José Antonio Pagola).- Cuando nuestro corazón no está habitado por un amor fuerte o una fe firme, fácilmente queda nuestra vida a merced de nuestros miedos. A veces es el miedo a perder prestigio, seguridad, comodidad o bienestar lo que nos detiene al tomar las decisiones. No nos atrevemos a arriesgar nuestra posición social, nuestro dinero o nuestra pequeña felicidad.

Otras veces nos paraliza el miedo a no ser acogidos. Nos atemoriza la posibilidad de quedarnos solos, sin la amistad o el amor de las personas. Tener que enfrentarnos a la vida diaria sin la compañía cercana de nadie.

Con frecuencia vivimos preocupados solo de quedar bien. Nos da miedo hacer el ridículo, confesar nuestras verdaderas convicciones, dar testimonio de nuestra fe. Tememos las críticas, los comentarios y el rechazo de los demás. No queremos ser clasificados. Otras veces nos invade el temor al futuro. No vemos claro nuestro porvenir. No tenemos seguridad en nada. Quizá no confiamos en nadie. Nos da miedo enfrentarnos al mañana.

Siempre ha sido tentador para los creyentes buscar en la religión un refugio seguro que nos libere de nuestros miedos, incertidumbres y temores. Pero sería un error ver en la fe el agarradero fácil de los pusilánimes, los cobardes y asustadizos.

La fe confiada en Dios, cuando es bien entendida, no conduce al creyente a eludir su propia responsabilidad ante los problemas. No le lleva a huir de los conflictos para encerrarse cómodamente en el aislamiento. Al contrario, es la fe en Dios la que llena su corazón de fuerza para vivir con más generosidad y de manera más arriesgada. Es la confianza viva en el Padre la que le ayuda a superar cobardías y miedos para defender con más audacia y libertad el reino de Dios y su justicia.

La fe no crea hombres cobardes, sino personas resueltas y audaces. No encierra a los creyentes en sí mismos, sino que los abre más a la vida problemática y conflictiva de cada día. No los envuelve en la pereza y la comodidad, sino que los anima para el compromiso.

Cuando un creyente escucha de verdad en su corazón las palabras de Jesús: “No tengáis miedo”, no se siente invitado a eludir sus compromisos, sino alentado por la fuerza de Dios para enfrentarse a ellos.

12 Tiempo ordinario – A
(Mateo 10,26-33)
25 de junio 2017

http://www.periodistadigital.com/religion/opinion/2017/06/22/religion-iglesia-opinion-reflexion-dominical-de-jose-antonio-pagola-nuestros-miedos-la-fe-llena-el-corazon-de-fuerza.shtml

Estar de parte de los oprimidos del mundo es estar de parte e Dios


23.06.17 | 17:50

El miedo
Albert Einstein: “Cuando hay amor no hay imposición”. Esta frase, todavía hoy, aun no forma parte de la historia de las religiones.
Gandhi:“Lo que se obtiene con violencia, solamente se puede mantener con violencia”.
Eustacio en la Tebaida: “El miedo fue el primer constructor de dioses”
Dios acepta infinitamente mejor el homenaje de la razón que los ojos tapados por el miedo.
Los ritos, ceremonias y solemnidades, como las Primeras Comuniones, nos pueden dejar muy tranquilos y satisfechos, pero si no hay compromiso con la igualdad, la justicia, el amor, la fraternidad, no hay Dios.
Las religiones explotan mucho el miedo para imponerse sobre los demás: miedo al infierno, miedo al castigo, miedo a la condenación, miedo a la muerte, miedo al misterio, miedo a un Dios terrible y vengativo. Esto en otros tiempos fue tan fuerte que motivó mucho sufrimiento, mucha inhibición, mucha represión, mucha anulación de las personas, incluso traumas síquicos.
El miedo aún se sigue usando también como instrumento de control social y político, para la preeminencia de unos pocos sobre todos los demás. Miedo al otro para justificar la fabricación de armas químicas, bacteriológicas, nucleares, etc., cada vez más mortíferas. Miedo al cambio político ante toda oferta innovadora para que esta no quite del poder a quien lo ostenta.
El mensaje y el Dios de Jesucristo no tienen absolutamente nada que ver con esos miedos.

Mateo 10, 23-33
Dijo Jesús a sus apóstoles: “No tengáis miedo a los hombres porque nada hay cubierto que no llegue a descubrirse; nada hay escondido que no llegue a saberse. Lo que os digo de noche decid¬lo en pleno día, y lo que os digo al oído pregonadlo desde la azotea. No tengáis miedo a los que matan el cuerpo, pero no pueden matar el alma. No; temed al que puede destruir con el fuego alma y cuerpo. ¿No se venden un par de gorriones por unos cuartos? Y, sin embargo, ni uno solo cae al suelo sin que lo disponga vuestro Padre. Pues vosotros hasta los cabellos de la cabeza tenéis contados. Por eso, no tengáis miedo, no hay comparación entre vosotros y los gorriones. Si uno se pone de mi parte ante los hombres, yo también me pondré de su parte ante mi Padre del Cielo. Y si uno me niega ante los hombres, yo también lo negaré ante mi Padre del Cielo”.
1.-Para Jesucristo el miedo no tiene nada que ver con Dios: Para expresar gráficamente el cuidado que Dios tiene de cada uno de nosotros usa un símil bien claro: tiene hasta contados los pelos de nuestra cabeza.
Pero parece que le hacemos la competencia a Dios en esta tarea, pues las mujeres españolas gastan al año en peluquería una media de 378 € y los hombres 138.

¡Qué peluquería!: Conocimos en Carchá (Guatemala)a un hombre que era poco más que un esqueleto cubierto de trapos. No tenía absolutamente nada. Nos saludábamos todas las mañanas a primera hora. Un día faltaba. Al entrar en la iglesia, allí lo encontramos. Con una vela encendida de las muchas que había delante de los retablos fue recorriendo toda la cabeza hasta que dejó todo el pelo quemado. No tenía nada, a no ser la autoestima de cortarse el pelo de esa manera y la sonrisa que te devolvía cuando te interesabas por él o le dabas algo.
2.-Jesús dice que nada hay escondido que no llegue a saberse. Falta hace que algún día se descubra todo lo que hay detrás de los oprimidos y maltratados del mundo, y salgan a la luz los causantes de tanto sufrimiento, pues en ese Departamento donde vivía este hombre se estaba construyendo una gran hidroeléctrica, cuyas presas con frecuencia inundan las tierras de los indígenas, sin una compensación mínima de los daños que les causan, teniendo que abandonarlas, incluidos los difuntos de sus cementerios (memoria histórica truncada para siempre): con ellos se nutren los basureros del país como el de la zona tres de la capital, con miles de familias viviendo en la mayor miseria. Este es un ejemplo, recogido del periódico Prensa Libre, de Guatemala (05/06/14):
La hidroeléctrica Renace II en Carchá iniciará funciones este mes. La división de energía de la Corporación Multi Inversiones (CMI) y Grupo Cobra anunciaron que la central hidroeléctrica Renace II empezará a funcionar a finales de este mes en San Pedro Carchá, Alta Verapaz. La hidroeléctrica cuenta con una presa de derivación, un canal de conducción de 1.1 kilómetros de túneles, un embalse de 100.000 metros cúbicos.
Florentino Pérez, presidente del Grupo ACS al que pertenece el Grupo Cobra y también presidente del Real Madrid, visitó el país y se entrevistó con el Presidente de Guatemala, Otto Pérez Molina ex militar, para verificar los avances del proyecto.
“La empresa española Cobra construye un polémico complejo hidroeléctrico en la región más pobre de Guatemala cuyo impacto vulnera los derechos de 29.000 indígenas quekchí, según una denuncia de Alianza por la Solidaridad…,los que lo denuncian son criminalizados”. Para más información: “Caso Renace-Cobra (ACS): La hidroeléctrica que destruye derechos en Guatemala” (eldiario.es 10/07/2016)
Actualmente Pérez Molina está en la cárcel, procesado por corrupción, mientras que el futbol se convierte cada vez más en el opio del pueblo, y los “mejores” jugadores como Ronaldo, que fue a llevar sus dineros a las islas Vírgenes, defraudan más de 14 millones a Hacienda, e incluso hay quien busca firmas para que se le condone la deuda… A ver si abrimos los ojos para ver algo más que goles… Como dice Jesús en Mateo 19,12: “el que pueda entender que entienda”.
3.-Los ritos y celebraciones nos pueden dejar muy a gusto y satisfechos, como por ejemplo, las Primeras Comuniones: “qué adornada estaba la iglesia, qué bien vestidos los niños, los padres pagaron las flores, todo resultó muy bonito, qué bien lo pasamos en el banquete, cómo disfrutaron los niños, cuántos regalos”…
Pero esa “broma” es una nefanda ofensa a Jesucristo, pues el coste medio de celebrar la Primera Comunión, es de 2412 € por niño, y hasta 4000 o más, (Informe FUCI), pues al lado de eso tenemos 168 millones de niños víctimas de explotación laboral esclava, como en las minas de coltan para nuestros ordenadores y móviles.
Si no hay compromiso con la igualdad, la justicia, la solidaridad, la fraternidad, no hay Dios. Jesús lo dijo así: “Tuve hambre y ME disteis de comer…” San Juan Crisóstomo (año (347-407) lo tradujo con estas palabras: ¿Quieren en verdad honrar el cuerpo de Cristo? No consientan que esté desnudo. No lo honren en el templo con manteles de seda mientras afuera lo dejan pasar frío y desnudez. Porque el mismo que dijo: ‘Este es mi cuerpo’, y con su palabra afirmó nuestra fe, dijo también: ‘Me vieron hambriento y no me dieron de comer’. Y: ‘Lo que no hicieron con uno de mis hermanos más pequeños, tampoco lo hicieron conmigo’… ¿Qué le aprovecha al Señor que su mesa esté llena de vasos de oro, si Él se consume de hambre? Sacien primero su hambre y luego, con lo que les sobra, adornen también su mesa”.
Jesús nos dice por tres veces que no tengamos miedo: el problema no es el miedo a Dios, es el miedo a los hombres. ¿Cómo es posible que la Iglesia, la oficial sobre todo por ser más responsable, se haya ido tan lejos de lo que enseñaron los grandes pastores de los primeros siglos, que habían entendido mucho mejor que nosotros el mensaje de Jesucristo, o es que no lo queremos entender?
¿Conseguirá Francisco retornar la Iglesia a su origen, cuando hay incluso cardenales que lo están cuestionado como: Muller, Burke, Brandmuller, Caffarra…¿Cómo nos les da vergüenza pedir al pueblo acatamiento, sumisión y obediencia al Papa?
A Francisco, que ya hizo mucho, le falta mucho más por hacer. Necesita unos años más hasta alcanzar un punto de no retorno para sus reformas, y mucho apoyo, sobre todo en la base social de la Iglesia, porque la estructura oficial, está muy renuente.
Un cordial abrazo a tod@s.-Faustino

http://blogs.periodistadigital.com/faustino-vilabrille.php/2017/06/23/estar-de-parte-de-los-oprimidos-del-mund

BOLETIN CON LOS ARTÍCULOS MAS DESTACADOS DE FE ADULTA. (CORPUS CHRISTI, CICLO “A” Junio 18/17.


Amigas y amigos:

Os informo que hemos sufrido un ataque informático que está provocando accesos muy lentos a la web. Estamos buscando una solución técnica lo antes posible y os ruego paciencia si la web no funciona bien.

La web ya tiene el material para preparar las Eucaristías del domingo, pero como veis, no hemos querido mandar la carta con los enlaces. Al menos de momento. No sería prudente que, con la página tan precaria que tenemos, llegara un aluvión de visitas esta tarde.

Un poco más abajo, en esta misma carta, tenéis los cuatro comentarios a los evangelios de esta semana y el editorial. Y también la clase de la Escuela y el material multimedia que llevan enlaces a YouTube, y funcionan bien. Y un artículo seleccionado por su estrecha relación con el tema de la semana. No podemos ponerlos todos, porque esta carta quedaría larguísima.

Os pediría que sólo se meta en la web quien tenga verdadera urgencia por acceder a los contenidos. Y un consejo práctico mientras no consigamos arreglarlo: hay que dar las órdenes de una en una, y esperar unos 30 segundos a que la web nos muestre el contenido. Si en un minuto no ha contestado, habría que volver a realizar la petición de acceso al artículo en cuestión. Si hay muchas peticiones a la vez, es posible que salga algún mensaje de error. En ese caso es mejor acceder unos minutos más tarde.

Hemos tenido que recurrir a unos programadores externos que limpiarán la web y la protegerán de futuros ataques, pero necesitan cerca de una semana de trabajo.

Por último, esperamos encontrar una solución provisional aunque sea solo para esta semana. De momento podéis leer el contenido que hemos copiado en la carta.

Gracias por vuestra comprensión,

Un abrazo,

Inma Calvo.

 

El maná y el pan de vida

Fiesta del Corpus Christi. Ciclo A – José Luis Sicre

Esta fiesta comenzó a celebrarse en Bélgica en 1246, y adquirió su mayor difusión pública dos siglos más tarde, en 1447, cuando el Papa Nicolás V recorrió procesionalmente con la Sagrada Forma las calles de Roma. Dos cosas pretende: fomentar la devoción a la Eucaristía y confesar públicamente la presencia real de Jesucristo en el pan y el vino.

Sin embargo, las lecturas del ciclo A conceden más importancia al tema de la vida, con el que es fácil sintonizar en un mundo de guerras y atentados como el que vivimos. El evangelio de hoy comienza y termina con las mismas palabras: «el que coma de este pan vivirá para siempre». Y en medio: «el que come mi carne y bebe mi sangre, tiene vida eterna, y yo lo resucitaré el último día».

Sobrevivir y vivir eternamente

El 1 de junio de 2009, el vuelo 447 de Air France entre Rio de Janeiro y París desapareció en mitad de la noche con 216 pasajeros y 12 tripulantes. Se salvó un matrimonio, no recuerdo si porque llegó tarde al embarque o por un cambio de última hora. Pero ese matrimonio se hizo famoso porque murió en un accidente de automóvil pocos días después. La supervivencia a un accidente, a un ataque terrorista, a una calamidad, no garantiza vivir eternamente.

Mucha gente acepta la muerte con resignación o fatalismo. Otros se rebelan contra ella, como Unamuno: «Con razón, sin razón, o contra ella, no me da la gana de morirme». El cuarto evangelio también se rebela contra la muerte. Comienza afirmando que en la Palabra de Dios «había vida». Y ha venido al mundo para que nosotros participemos de esa vida eterna.

Para expresar el contraste entre “supervivencia” y “vida eterna” las lecturas de hoy contrastan el maná con el alimento que nos ofrece Jesús. El Deuteronomio (1ª lectura) habla del maná como de un alimento sorprendente, novedoso, «que no conocías tú ni conocieron tus padres». Pero no se detiene, como hace el libro del Éxodo, en sus cualidades sorprendentes y su carácter milagroso. Es un alimento de pura supervivencia, que no garantiza la inmortalidad. En el evangelio, las palabras de Jesús subrayan este aspecto: el pan que comieron vuestros padres no los libró de la muerte. En cambio, el alimento que da Jesús, su cuerpo y su sangre, sí garantiza la vida eterna: «yo lo resucitaré en el último día». Estas palabras, tomadas del largo discurso de Jesús en la sinagoga de Cafarnaúm, anticipan la resurrección de Lázaro y el destino de todos nosotros.

Inmortalidad y vida eterna

Sin embargo, el alimento que ofrece Jesús no se limita a garantizar la inmortalidad. Tiene también valor para el presente. «El que come mi carne y bebe mi sangre habita en mí y yo en él». Este es el sentido que tiene a veces el término «vida eterna» en el cuarto evangelio. No es vida de ultratumba, sino vida aquí y ahora, en una dimensión distinta, gracias al contacto íntimo, misterioso, con Jesús.

Unión con Jesús y unión con los hermanos

La idea de que, al comulgar, Jesús habita en nosotros y nosotros en él, corre el peligro de interpretarse de forma muy individualista. La lectura de Pablo a los corintios ayuda a evitar ese error. La comunión con el cuerpo y la sangre de Cristo no es algo que nos aísla. Al contrario, es precisamente lo que nos une, «porque comemos todos del mismo pan».

CORPUS (A) – Fray Marcos

(Dt 8,2-3.14-16) para enseñarte que no sólo de pan vive el hombre, sino de…

(1 cor 10,16-17) El pan que partimos, ¿no nos une en el cuerpo de Cristo?

(Jn 6,51-59) El que come de este pan vivirá para siempre.

Ágape, sacramento de unidad, signo de amor. Reducirlo a la comunión o a la adoración del pan consagrado es devaluarlo absolutamente.

La eucaristía es una realidad muy profunda y compleja, que forma parte de la más antigua tradición. Tal vez sea la realidad cristiana más compleja y difícil de comprender y de explicar. Podíamos considerarla como acción de gracias (eucaristía), Sacrificio, Presencia, Recuerdo (anamnesis), alimento, fiesta, unidad. Tiene tantos aspectos que es imposible abarcarlos todos en una homilía. Podemos quedarnos en la superficialidad del rito y perder así su verdadera riqueza. Lo que vamos a hacer es intentar superar muchas visiones raquíticas o erróneas sobre este sacramento.

1º.- La eucaristía no es magia. Claro que ningún cristiano aceptaría que al celebrar una eucaristía estamos haciendo magia. Pero si leemos la definición de magia de cualquier diccionario, descubriremos que le viene como anillo al dedo a lo que la inmensa mayoría de los cristianos pensamos de la eucaristía: Una persona revestida con ropajes especiales e investida de poderes divinos, realizando unos gestos y pronunciando unas palabras “mágicas”, obliga a Dios a producir un cambio sustancial en una realidad material. Cuando se piensa que en la consagración se produce un milagro, estamos hablando de magia.

2º.- No debemos confundir la eucaristía con la comunión. La comunión es solo la última parte del rito y tiene que estar siempre referida a la celebración de una eucaristía. Tanto la eucaristía sin comunión, como la comunión sin referencia a la eucaristía dejan al sacramento incompleto. Ir a misa y dejar de comulgar, es sencillamente un absurdo. Ir a misa con el único fin de comulgar, sin ninguna referencia a lo que significa el sacramento, es un autoengaño. Esta distinción entre eucaristía y comunión explica la diferencia de lenguaje entre los sinópticos y Jn en el discurso del pan de vida. Jn hace referencia al alimento, pero alimentarse lo identifica con, “el que cree en mí, el que viene a mí”.

3º.- En las palabras de la consagración, “cuerpo” no significa cuerpo; “sangre” no significa sangre. No se trata del sacramento de la carne y de la sangre físicas de Cristo. En la antropología judía, el hombre es una unidad indivisible, pero podemos descubrir en él cuatro aspectos: Hombre-carne, hombre-cuerpo, hombre-alma, hombre-espíritu. Hombre-cuerpo era el ser humano en cuanto sujeto de relaciones. Al decir: esto es mi cuerpo, está diciendo: esto soy yo,esto es mi persona. Para los judíos la sangre era la vida. No era solo símbolo de la vida. Era la vida misma. Cuando Jesús dice: “esto es mi sangre, que se derrama”, está diciendo que toda su vida está entregada a los demás.

4º.- La eucaristía no la celebra el sacerdote, sino la comunidad. El cura puede decir misa. Solo la comunidad puede hacer presente el don de sí mismo que Jesús significó en la última cena y que es lo que significa el sacramento. Es el sacramento del amor. No puede haber signo de amor en ausencia del otro. Por eso dice Mt: “donde dos o más estén reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos”. El clericalismo que otorga a los sacerdotes un poder divino para hacer un milagro, no tiene ningún apoyo en la Escritura.

5º.- La comunión no es un premio para los buenos “que están en gracia”, sino un remedio para los desgraciados que necesitamos descubrir el amor gratuito de Dios. Solo si me siento pecador estoy necesitado de celebrar el sacramento. Cuando más necesitamos el signo del amor de Dios es cuando nos sentimos separados de Él. Hemos llegado al absurdo de dejar de comulgar cuando más lo necesitábamos.

6º.- La realidad significada en el pan y el vino no es Jesús en sí mismo, sino Jesús como don. El don de sí mismo que ha manifestado durante toda su vida y que le ha llevado a su plenitud, identificándole con el Padre. Ese es el significado que yo tengo que descubrir. La eucaristía no es un producto más de consumo que me proporciona seguridades. Podemos oír misa sin que nos obligue a nada, pero no podemos celebrar la eucaristía impunemente. No se puede salir de misa como si no hubiera pasado nada. Si la celebración no cambia mi vida en nada, es que la he reducido a simple rito folclórico.

7º.- Haced esto, no se refiere a que perpetuemos un acto de culto. Jesús no dio importancia al culto. Jesús quiso decir que recordáramos el significado de lo que acaba de hacer. Esto soy yo que me parto y me reparto, que me dejo comer. Haced también vosotros esto. Entregad la propia vida a los demás como he hecho yo.

8ª.- Los signos de la eucaristía no son el pan y el vino, sino el pan partido y el vino derramado.Durante siglos, se llamó a la eucaristía “la fracción del pan”. No se trata del pan como cosa, sino del gesto de partir y comer. Al partirse y dejarse comer, Jesús está haciendo presente a Dios, porque Dios es don infinito, entrega total a todos y siempre. Esto tenéis que ser vosotros. Si queréis ser cristianos tenéis que partiros, repartiros, dejaros comer, triturar, asimilar, desapare­cer en beneficio de los demás. Una comunión sin este compromi­so es una farsa, un garabato, como todo signo que no signifique nada.

Todavía es más tajante el signo del vino. Cuando Jesús dice: esto es mi sangre, está diciendo esta es mi vida que se está derramando, consumiendo, en beneficio de todos. Eso que los judíos tenían por la cosa más horrorosa, apropiarse de la vida (la sangre) de otro, eso es lo que pretende Jesús. Tenéis que hacer vuestra, mi propia vida. Nuestra vida solo será cristiana si se derrama, si se consume, en beneficio de los demás.

Celebrar la Eucaristía es comprometerse a ser para los demás. Todas las estructu­ras que están basadas en el interés personal o de grupo, no son cristianas. Una celebración de la Eucaristía compatible con nuestros egoísmos, con nuestro desprecio por los demás, con nuestros odios y rivalidades, con nuestros complejos de superioridad, sean personales o grupales, no tiene nada que ver con lo que Jesús quiso expresar en la última cena.

La eucaristía es un sacramento. Y los sacramentos ni son milagros ni son magia. Se produce un sacramento cuando el signo (algo que entra por los sentidos) nos conecta con una realidad trascendente que no podemos ver ni oír ni tocar. Esa realidad significada, es lo que nos debe interesar. La hacemos presente por medio del signo. No se puede hacer presente de otra manera. Las realidades trascendentes, ni se crean ni se destruyen; ni se traen ni se llevan; ni se ponen ni se quitan. Están siempre ahí. Son inmutables y eternas.

El ser humano no tiene que liberar o salvar su “ego”, a partir de ejercicios de piedad sino liberarse del “ego”, que es precisamente lo contrario. Solo cuando hayamos descubierto nuestro verdadero ser, descubriremos la falsedad de nuestro yo individual y egoísta que se cree independiente. Estamos hablando del sacramento del amor, del sacramento de la unidad. Si la celebración de la eucaristía no nos lleva a esa unidad, significa que es falsa.

Meditación

No se trata solo de comer, sino de asimilar lo comido.

Si como sin asimilar, se producirá indigestión.

Si comulgo y no me identifico con lo que fue Jesús, me engaño.

Si no llego a lo significado, no hay sacramento que valga.

Realizado el signo, que entra por los sentidos,

queda por hacer lo importante: descubrir y vivir lo significado.

La verdadera comunión no está en el signo

sino en vivir la unidad con Dios y con los demás, como hizo él.

ESTANCADOS – J. A. Pagola

El papa Francisco está repitiendo que los miedos, las dudas, la falta de audacia… pueden impedir de raíz impulsar la renovación que necesita hoy la Iglesia. En su Exhortación La alegría del Evangelio llega a decir que, si quedamos paralizados por el miedo, una vez más podemos quedarnos simplemente en «espectadores de un estancamiento infecundo de la Iglesia».

Sus palabras hacen pensar. ¿Qué podemos percibir entre nosotros? ¿Nos estamos movilizando para reavivar la fe de nuestras comunidades cristianas o seguimos instalados en ese «estancamiento infecundo» del que habla Francisco? ¿Dónde podemos encontrar fuerzas para reaccionar?

Una de las grandes aportaciones del Concilio Vaticano II fue impulsar el paso desde la «misa», entendida como una obligación individual para cumplir un precepto sagrado, a la «eucaristía» vivida como celebración gozosa de toda la comunidad para alimentar su fe, crecer en fraternidad y reavivar su esperanza en Jesucristo resucitado.

Sin duda, a lo largo de estos años hemos dado pasos muy importantes. Quedan muy lejos aquellas misas celebradas en latín en las que el sacerdote «decía» la misa y el pueblo cristiano venía a «oír» la misa o a «asistir» a la celebración. Pero, ¿no estamos celebrando la eucaristía de manera rutinaria y aburrida?

Hay un hecho innegable. La gente se está alejando de manera imparable de la práctica dominical, porque no encuentra en nuestras celebraciones el clima, la palabra clara, el rito expresivo, la acogida estimulante que necesita para alimentar su fe débil y vacilante.

Sin duda, todos, presbíteros y laicos, nos hemos de preguntar qué estamos haciendo para que la eucaristía sea, como quiere el Concilio, «centro y cumbre de toda la vida cristiana». ¿Cómo permanece tan callada e inmóvil la jerarquía? ¿Por qué los creyentes no manifestamos nuestra preocupación y nuestro dolor con más fuerza?

El problema es grave. ¿Hemos de seguir «estancados» en un modo de celebración eucarística tan poco atractivo para los hombres y mujeres de hoy? ¿Es esta liturgia que venimos repitiendo desde hace siglos la que mejor puede ayudarnos a actualizar aquella cena memorable de Jesús donde se concentra de modo admirable el núcleo de nuestra fe?

El que coma de este pan, vivirá para siempre…

Dolores Aleixandre

Recuerdo una devota costumbre que me inculcaron de niña que se llamaba “hacer una comunión espiritual”: consistía en mandar el corazón al sagrario (se recomendaba mucho hacerlo en los viajes al ver un campanario) y desear recibir a Jesús espiritual­mente ya que no podía hacerse sacramen­talmente. A la hora de escuchar la expresión evangélica “comer de este pan”, se me ocurre un ejercicio parecido que nos permita sondear la verdad de nuestras “disposiciones eucarísticas”: consistiría en abrir el Evangelio por donde nos salga y cuando leamos, por ej.: “El que quiera ser el mayor entre vosotros que sea vuestro servidor” (Mt 23,12); “No te digo que perdones hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete” (Mt 18,22); “Me dan compasión estas gen­tes, dadles vosotros de comer”(Mc 6,34.37 ); “No atesoréis tesoros en la tierra”(Mt 6,19); “Las prostitutas os precederán”(Mt 21,31) “Prestad sin esperar nada a cam­bio”(Lc 6,35)…, hacer el gesto interior de “tragarnos” eso, de comulgar con ello, de desear, al menos, irnos poniendo de acuerdo con Jesús, creciendo en afinidad con él, pidiendo al Padre, con la pobreza de quien se siente incapaz desde sus fuerzas, que nos haga ir teniendo “parte con él” (cf.Jn 13,8), con las consecuencias de que sea el “Primogé­nito de una multitud de hermanos…”

Esto de “tragar” es un verbo un poco áspero pero tiene la ventaja de ser familiar en nuestro vocabulario: “no trago a tal persona”, “ese disgusto aún no me lo he tragado…”, “todavía lo tengo aquí “(y señalamos la garganta). Nos es fácil sacar la lengua o poner la mano para comulgar y tragarnos el Pan y luego volver a nuestro sitio con recogimiento y dar gracias lo mejor que podemos.

Pero, de vez en cuando, tendríamos que cambiar la expresión “comulgar” por la de “tragarnos a Jesús” para caer un poco más en la cuenta de lo que significaría “tragarnos” su mentalidad (es el “cambiad de mentalidad” de Mc 1,15, o el “tened los mismos sentimientos que Cristo Jesús de Fil 2,5), sus preferen­cias, sus opciones, su estilo de vida, su extraña manera de vivir, de pensar y de actuar.

Porque la forma de comer de la que habla el evangelio de hoy expresa una forma de vivir. Hacemos memoria de Jesús para seguir haciendo lo que él hizo: “partirse la vida”, “vaciarse hasta la muerte”, según la expresión del cuarto canto del Siervo (Is 53,12). De esa memoria nace nuestra fraternidad y sólo se “reconoce a Jesús al partir el Pan” cuando el estilo de vida que él expresó en su entrega se hace presen­te, aunque sea germinalmente, en los que pretendemos seguirle.

Vicente Martínez: Corpus Christi

Fue tu voluntad hacerme infinito. Este frágil vaso mío tú lo derramas una y otra vez, y lo vuelves a llenar con nueva vida (Tagore)

18 de junio. Festividad del Corpus Christi

Jn 6, 51-58

Quien come mi carne y bebe mi sangre habita en mí y yo en él (6, 56)

En el Zoroastrismo se cuenta un relato similar al que se narra en el evangelio de Juan. Dice así: “El Maestro invita a sus discípulos a una cena, en la que se bendice el pan y el vino y se los da a comer y beber para que participen en ella y sean con él uno”. San Pablo insiste en 1 Corintios 10, 16-17 que el pan es uno y que nosotros, siendo muchos, formamos un solo cuerpo:“Uno es el pan y uno es el cuerpo que todos formamos, pues todos compartimos el único pan”. Juan subraya en 11, 3, el amor de Jesús a cada uno de los miembros de la comunidad cristiana. La primera de ellas, presidida por el propio Jesús, el Colegio Apostólico.

Los Hechos de los Apóstoles y algunas de las Cartas de San Pablo, hacen referencia a las comunidades del cristianismo primitivo: Jerusalén, Antioquía, Tesalónica…etc. Los discípulos del desaparecido Maestro sintieron la necesidad de unirse para apoyarse y defender su fe frente a quienes les perseguían. En Hch 2, 42-47 se describe su modo de vivir: la vida comunitaria era uno de los aspectos más destacados.

Jesús es parte de la Comunidad, y sin él el Cristianismo carecería de sentido. De ahí la eucaristía, el ágape, la concelebración. No olvidemos que los términos “comunidad”, “comunión”, -“común-unión”- encierran el significado profundo de “pertenencia a todos”. Los primeros cristianos se llamaban hermanos y, como tales, compartían bienes materiales y espirituales. Un sentido que también se ha dado en otros grupos: los shangas(monjes) en el budismo, las tariqas del sufismo.

Tertuliano, Padre de la Iglesia nacido en Cartago en la segunda mitad del silgo segundo, se refería al culto de Mitra cuando mencionaba el rito de la oblación del pan como ofrenda muy difundida en los tiempos antiguos:“Si se la considera aquí característica del culto de Mitra y testimonio del más estrecho parecido con el cristianismo, es porque esta oblación afecta la misma forma en el culto de Mitra y en la Iglesia. Y no es una simple oblación, sino que constituye la cena mitríaca, en condiciones sumamente parecidas a la fe de la cena cristiana”. ¿Ocurrió o no ocurrió? ¿Pasó fuera o adentro? Es antiguo el castillo, y también es antigua la leyenda, pero lo importante es, como propone el Bardo, “oirla en silencio”.

Los textos de Ugarit, ya citados en mi artículo del pasado Domingo de Ramos, El templo vacío, nos muestran la influencia que tuvieron en la Biblia. Un ejemplo lo encontramos en Proverbios 9, 5, cuyo texto es similar a uno ugarítico que dice: “Venid a comer de mis manjares y a beber del vino que he mezclado. También aquí el parecido con el relato de Juan en 6, 56 –“Quien come mi carne y bebe mi sangre habita en mí y yo en él”- parece evidente, como lo es este otro literal de las tablillas: “Aprestándose escanció y le dio de beber. Puso una copa en su mano, un cáliz en sus dos manos, el copón de un héroe celeste, una copa sagrada”.

Con relatos como éstos –zoroástrico, mítrico, evangélico, eclesial- de indiscutible origen común, sean ciertos o no, lo importante es lo que nos quieren transmitir. En la ópera El castillo del conde Barbazul, del compositor rumano Bela Bartók (1881-1945), el Bardo canta en el Prólogo los siguientes versos: “Oh, historia antigua, / cómo, cómo la esconderé… / La historia es antigua, / pero ¿ocurrió?, ¿no ocurrió? /¿Pasó fuera, dentro? / ¿cuál será su significado?”

Rabindranath Tagore cantó en Gitanjali. Poemas en prosa: “Fue tu voluntad hacerme infinito. Este frágil vaso mío tú lo derramas una y otra vez, y lo vuelves a llenar con nueva vida”

UNIDAD

La Unidad es como el cielo azul.

Todo surge, se desarrolla y desaparece

en su amor de ilimitada compasión.

Todo es un aspecto de la Unidad.

Y nuestra búsqueda para descubrirlo

procede de la Unidad”

Abhivagupta (Jeff Foster La vida sin centro)

Tema de la semana: ¿Palabra de Dios?

Además de meditar sobre el sacramento de la Eucaristía, con ocasión de la fiesta del Corpus, esta semana os invitamos a reflexionar sobre la Revelación. El artículo de Gonzalo Haya nos hace ver la incoherencia de considerar como Palabra de Diostantos textos de la Biblia o del Magisterio que sonincompatibles con la ética actual más elemental.

Y para profundizar aún más, contamos con una nueva clase magistral de Andrés Torres Queiruga: La Revelación.

La Biblia no es “Palabra de Dios”

Gonzalo Haya

 

La Biblia no es Palabra de Dios; los evangelios no son Palabra de Dios, las Encíclicas de Juan Pablo II o de Francisco no son Palabra de Dios; el Credo no es Palabra de Dios.

Dios inspira su espíritu en la conciencia del cristiano, del judío, del musulmán, del budista, y del ateo; otra cosa es que le escuchemos, o no. Como dijo Pedro:

“Realmente, voy comprendiendo que Dios no discrimina a nadie, sino que acepta al que lo respeta y obra rectamente, sea de la nación que sea” (Hechos 10,34-35).

 

Interpretar el mensaje de Dios

 

La dificultad está al traducir el mensaje de Dios en conceptos y en comportamientos humanos. Jesús había anunciado que les transmitiría su espíritu a los discípulos; ¿cuándo y cómo lo cumplió? Para expresar la importancia de tal acontecimiento, Lucas compone la escenografía de Pentecostés, con estruendo, lenguas de fuego y glosolalia. Juan, que escribe después de Lucas, lo expresa en forma menos aparatosa pero más íntima, con una aparición y un soplo semejante al de la creación del primer hombre. Los discípulos no entenderían muy bien lo que les enseñaba el espíritu porque tuvieron que discutir mucho para ponerse de acuerdo sobre continuar con la circuncisión o prescindir de ella.

El espíritu de Dios estaba, y está, en todos los humanos desde nuestro nacimiento; lo que nos falta es dejar que esta presencia se vaya manifestando en las personas y en la sociedad.

Traducir con nuestras palabras ese manifestarse de Dios no es como traducir del arameo o del griego al castellano; que ya es difícil: “traduttore traditore”. Sería algo así como traducir la música en el lenguaje jurídico. Rûmî y San Juan de la Cruz tradujeron la inspiración de Dios al lenguaje de la poesía; más decepcionante fue traducir esa inspiración a conceptos, como vemos al comparar la poesía de “El Cántico espiritual” con la explicación del mismo san Juan de la Cruz.

Nuestro cerebro está hecho para explicar el mundo en que vivimos y no podemos renunciar a esta tarea porque necesitamos un “Manual de instrucciones” que nos ayude a entender el mundo y la sociedad para manejarnos en ellos, tanto en la manipulación física, como en las relaciones sociales, o en la contemplación de la belleza.

La consideración de los libros sagrados como palabra de Dios ha sido útil para organizar la convivencia social y política de los pueblos, y para dar consistencia a sus gobiernos pero, en el desarrollo histórico, la mayor parte de esta misión ha ido pasando a la sociedad civil, que se ha fortalecido y ha tomado conciencia de esa misión, en su legislación, protección social, educación, y demás aspectos de nuestra convivencia.

Por otra parte, el auge de la cultura científica, y últimamente de la hermenéutica, nos obliga no sólo a matizar sino a reformular la creencia sobre el origen de esos libros sagrados. Algunos relatos bíblicos se contradicen con actuales descubrimientos arqueológicos y, lo que resulta más grave, se contradicen entre sí o se contradicen con la más elemental ética actual.

En una conferencia comencé leyendo este texto del Primer Libro de Samuel

Así dice el Señor de los ejércitos: Yo castigaré lo que hizo Amalec a Israel al oponérsele en el camino cuando subía de Egipto. Ve, pues, hiere a Amalec, y destruye todo lo que tiene, y no te apiades de él; mata a hombres, mujeres, niños, y aun los de pecho, vacas, ovejas, camellos y asnos(1Sam 15,3).

¿Alguien se atreve a decir que esto es palabra de Dios? La orden de matar a los niños de pecho no es palabra de Dios; atribuirla hoy a Dios sería una blasfemia. Aniquilar a los enemigos actuales y futuros fue una táctica de un exaltado nacionalismo en una época muy atrasada en la evolución de la conciencia.

En el mismo sentido es conocida la carta que un oyente envió a la locutora Laura Schlessinger, que había reprobado la homosexualidad basándose en un texto del Levítico 18,22. En esta carta el oyente le pide la interpretación de diez textos del Antiguo Testamento, desde uno que le permite vender a su hija como esclava (Éxodo 21,7) hasta otro que le impide acercarse al altar si tiene un defecto en la vista (Levítico 21,18-20).

 

Importancia de los libros sagrados

 

El teólogo dominico Edward Schillebeeckx decía que “la Biblia es palabra humana sobre Dios”. La liturgia termina la lectura del evangelio reconociéndolo como “Palabra de Dios”; creo que debería cambiar esta expresión, porque esta afirmación, repetida y una otra vez en un ambiente sagrado, tiene una enorme eficacia de convicción subliminal. Y esta convicción mantiene a los participantes alejados, o enfrentados, a una cultura y a una fe adulta.

La Biblia no es palabra de Dios. La Biblia, como otros libros -sagrados, filosóficos, poéticos, o legislativos- nos transmite palabras humanas surgidas de la experiencia de personas con un avanzado nivel de conciencia que, en un determinado momento, han orientado a sus pueblos hacia mejores relaciones morales, sociales y espirituales. La Biblia, y todos los libros sagrados, son valiosas antologías de destacadas experiencias religiosas y éticas.

Dios, la Realidad inmanente y trascendente, no se manifiesta directamente en los libros sagrados; se ha manifestado en la conciencia humana, y esta experiencia ha sido traducida a los libros sagrados, inevitablemente mediante los conceptos culturales de su época, y con más o menos acierto. Igualmente la teoría de la relatividad o la teoría cuántica han llegado a los libros por medio de los descubrimientos realizados por los científicos.

¿Qué hacemos, pues, con la Biblia? Por lo pronto sacarla del rincón de la biblioteca -o de la vitrina en la que se mantiene respetuosamente encerrada- y leerla paulatinamente, porque los cristianos tenemos en ella las raíces de nuestra espiritualidad, con momentos éticos y místicos extraordinarios. Necesitaremos sin embargo alguna Introducción o Comentario, que nos ayude a situar su contexto histórico y su progresiva evolución ética y cultural.

El Nuevo Testamento es más breve y algo más comprensible para nuestra cultura. En él encontraremos las diversas tendencias que surgieron sobre la interpretación del mensaje de Jesús; tendencias que fueron poco a poco reajustadas – o suprimidas- para que encajaran en una teología común, para iglesias muy dispersas, con culturas y circunstancias sociopolíticas muy distintas. Una lectura atenta y bien documentada de estos escritos del Nuevo Testamento será el mejor camino para la vuelta a un pluralismo religioso, como exige nuestra conciencia actual.

Los evangelios son lectura imprescindible de todo cristiano para volver a Jesús; el riesgo que corremos es que, al leerlos, proyectamos sobre ellos las explicaciones que venimos oyendo desde nuestra primera comunión. Tenemos que leer el evangelio desde los signos de los tiempos y desde nuestra conciencia.

¿Qué nos dicen los evangelios sobre el papel de la mujer en el movimiento de Jesús? ¿Lo alteró Pablo al decir que el resucitado se apareció primero a Pedro? ¿Lo interpreta bien la teología actual al excluir a la mujer del sacerdocio? ¿Qué papel concedió Jesús al sacerdocio oficial y al culto en el templo? ¿Cómo consideraba Jesús la riqueza, el poder, y los signos de prestigio?

Tenemos que escuchar la palabra de Dios (mejor, el mensaje de Dios) en nuestra conciencia. Y para descifrar este mensaje será fundamental el ejemplo y las palabras de Jesús, y su resonancia en nuestra comunidad; también las palabras de otros expertos y sabios, antiguos o actuales, y el sentir del pueblo sencillo, de cualquier cultura o religión.

La mejor hermenéutica ya la nos la enseñó Jesús:¡Bienaventurados los limpios de corazón porque ellos verán a Dios!

ENLACES MULTIMEDIA

MEDITACIÓN: “No trates de encajar en este mundo”: Por Sergi Torres

“¡¡¡Trata de encajar en ti mismo, en tu conciencia humana!!!”.Atrévete a ver este video, vívelo en este instante de tu vida…..TE CAMBIARÁ.

Salomé: “No es lo mismo”

“Apareciste en mi vida, y ya nada es lo mismo, ya no puedo “ser” sin tu calor”. PRESENTACION LENIN VLADIMR CARDENAS

“Confía” CANCIÓN DE ÁLVARO FRAILE. “¿Qué va a ser de mí?”…. ¡¡¡Confía!!!

“Carta al ego” Por Jose Miguel Vale “Conseguí escucharte, sé que estás aquí conmigo tomados de las manos, acompañándome a afrontar mis miedos. Permitiéndome mirar a los demás con compasión, y mirar esta ilusión con belleza”.

Equipo Quiero Ver: “Pan que da vida”: Estamos hechos con delicadeza, cariño, de forma artesanal y personalizada. Y de esta manera, tal como Jesús se hace pan para nosotros, así hemos de ser nosotros “pan para los demás”.

Video de la semana: “Reflexiones”: Por Deepak Chopra

Para interiorizar…

Domingo 18 de junio de 2017 Cuerpo y Sangre de Cristo


 

 

Justina de Falconieri, fundadora (1341)

 

Dt 8,2-3.14b-16a: Te alimentó con el maná

Salmo 147: Glorifica al Señor, Jerusalén

1Cor 10,16-17: Uno es el cuerpo que todos formamos

Jn 6,51-58: Mi carne es verdadera comida, y mi sangre es verdadera bebida

 

 

 

Por distintas razones históricas y culturales nuestra iglesia ha cultivado durante mucho tiempo una perspectiva negativa del cuerpo humano. A excepción de la solemnidad que hoy conmemoramos, casi nunca ha considerado la celebración de la corporalidad del varón o la mujer, de la cual hay testimonio en el libro del Cantar de los Cantares. Una perspectiva renovada de la antropología cristiana y la corporalidad humana se impone paulatinamente en la espiritualidad y la práctica pastoral de nuestra comunidad eclesial desde la renovación impulsada por del Concilio Vaticano II, celebrado hace más de 50 años. Sin embargo llama la atención que muchas propuestas eclesiales reafirmen aún hoy una reflexión y una praxis bastante conservadora. El influjo de cierto dualismo filosófico griego todavía se hace sentir en la espiritualidad cristiana y en la teología práctica de la iglesia. Desde este enfoque, el cuerpo y todas las realidades “materiales” están sujetos al pecado y a la corrupción; por tanto son pensados como obstáculos para los deseos del “espíritu” y las búsquedas del “alma” humana que, por contraposición, son vistas como algo más sublime.

Por lo general los católicos concebimos la solemnidad del Cuerpo y la Sangre de Cristo como la fiesta de Jesús-Pan-de-Vida; y las lecturas que nos propone la liturgia del día nos llevan en esa dirección. Pero la celebración del Corpus Christi implica una realidad que incluye y a la vez trasciende la sola dimensión eucarística de la corporalidad de Jesús. Tenemos la firme convicción que el Cuerpo y la Sangre de Jesús que compartimos en la comunión son la presencia real de Cristo portadora de vida y salvación; pero nos cuesta comprender el sentido de esta afirmación y, particularmente, percibir la continuidad en la discontinuidad del mismo y único Jesucristo. El recorte litúrgico del evangelio del día acentúa esta perspectiva clásica.

En esta celebración se hace necesario incluir la memoria del Jesús histórico que pone a disposición de la salvación del mundo la totalidad de su persona. El Cristo que ofrece su cuerpo progresivamente andando por los polvorientos caminos de Galilea. Ya desde entonces su existencia está puesta a disposición del proyecto salvador del Padre. Jesús se deja conducir por el Espíritu hasta las últimas consecuencias. Y si en el camino a Jerusalén abraza la perspectiva de la cruz es porque antes había puesto a disposición su cuerpo, al abrazar la carne doliente de tantos hermanos y hermanas. Los acontecimientos de la pasión, muerte y resurrección en Jerusalén tanto como la reflexión posterior de la comunidad cristiana no se entienden sin aquella solidaridad primera de Jesús que ofrece su cuerpo para que lo encuentren quienes lo buscan en sus necesidades.

 

En cuanto a los textos litúrgicos, el texto del Deuteronomio pone en boca de Moisés tres grandes y solemnes discursos ante el pueblo, antes de entrar en la tierra prometida. Algunos han catalogado el Deuteronomio como el “testamento de Moisés”, refiriéndose a sus últimas palabras, llenas de unción y de una honda espiritualidad. Moisés hace memoria del pasado, para dar sentido al hoy de cada generación.

La primera palabra de nuestro texto es “recuerda”. Recordar, hacer memoria, conectar con el pasado glorioso, es parte de la historia de fe, o de la salvación. Dios no sólo ha irrumpido en un momento dado en la historia de este pueblo, sino que ha estado presente en todos los momentos alegres y tristes. Nunca le ha abandonado. Más aún las pruebas sufridas en el desierto, fueron necesarias para madurar, para confiar, para vivir exclusivamente de Yahvé, sin apoyos humanos. El desierto es símbolo de la fe pura. El hambre, necesidad básica y urgente se convirtió en prueba para medir la fe-confianza en el Dios que sacia plenamente. Más tarde en una sociedad próspera y consumista el pueblo se olvidó de Yahveh. Fue entonces cuando estos discursos de Moisés adquirieron plena actualidad. Se les recuerda que: “no sólo de pan vive el ser humano sino de cuanto sale de la boca de Dios“. Desde esta perspectiva el ayuno adquiere su sentido profundo. Recuérdese que Mateo retomará este verso para enfrentar las tentaciones de Jesús. En la fiesta de hoy proclamamos a Jesús, Pan de vida, ante las hambres de nuestros desiertos. El es el verdadero maná que Dios da a la humanidad. Todos los demás panes (el dinero, el sexo, el consumismo, la fama, el poder…) no logran saciar plenamente las ansias de hambre del corazón humano, más aún dejan un hambre mayor… Viene entonces Jesús con su palabra y sus gestos, con su propuesta de Reino y Alianza y hace posible un mundo lleno de posibilidades en donde todo se comparte y nadie pasa necesidad.

 

Pablo orienta a una comunidad de los peligros de división. Aprovecha el contexto comunitario de la Eucaristía para hacer algunas aplicaciones prácticas a este respecto. La palabra clave es: el Cáliz, el Pan… ¿no nos “une” a todos, en la sangre, en el cuerpo de Cristo?. El tema es: La unión de todos en el cuerpo y la sangre de Cristo. De este modo revela el grave compromiso de unidad (común – unión) entre todos. Beber el Cáliz, comer el Pan…expresan el hondo sentido de una fe comprometida por la unidad, la fraternidad, el amor, la solidaridad, la entrega, a los hermanos en Cristo. Si esto no está claro, nuestras Eucaristías están vacías de sentido, o son un mero rito religioso intimista, muy lejos de lo que lo que Pablo quiso inculcar a su comunidad. Acto seguido el Apóstol de los gentiles remacha el tema con la comparación “el Pan es uno… nosotros somos muchos”… para concluir que al comulgar “formamos un solo cuerpo”. La unidad en la universalidad, es un tema de gran actualidad. Pero también “el cuerpo” expresa la dimensión sacramental de la Iglesia que en la diversidad de razas y culturas visibiliza al Cristo total.

 

“Mi Cuerpo es Comida”

 

Mis manos, esas manos y Tus manos

hacemos este Gesto, compartida

la mesa y el destino, como hermanos.

Las vidas en Tu muerte y en Tu vida.

 

Unidos en el pan los muchos granos,

iremos aprendiendo a ser la unida

Ciudad de Dios, Ciudad de los humanos.

Comiéndote sabremos ser comida,

 

El vino de sus venas nos provoca.

El pan que ellos no tienen nos convoca

a ser Contigo el pan de cada día.

 

Llamados por la luz de Tu memoria,

marchamos hacia el Reino haciendo Historia,

fraterna y subversiva Eucaristía.

 

(Pedro CASALDÁLIGA)

 

El evangelio de hoy es dramatizado en el capítulo 058 de la serie «Un tal Jesús» (http://radialistas.net/category/un-tal-jesus/), de los hermanos LÓPEZ VIGIL, titulado «El gemido del viento».

La serie «Otro Dios es posible» contiene la entrevista 64, titulada «¿El Cuerpo y la sangre de Cristo?», que puede ser útil para un debate en grupo. [http://radialistas.net/article/63-santisima-trinidad/]

 

Para la revisión de vida

¿Digo yo también, por dentro, al participar en la eucaristía, desde mi más honda opción: “tomad y comed, éste es mi cuerpo…”, poniéndome en disposición de dejarme comer por el servicio a mis hermanos?

¿Es mi vida realmente un “compartir”?

¿Estoy sentado, participo en alguno de los “grupos de cincuenta” para reflexionar qué hacer frente al hambre del pueblo?

 

Para la reunión de grupo

  • La doctrina y la teología clásica (de los últimos siglos sólo, al fin y al cabo) sobre la Eucaristía ha estado centrada en el concepto de «transubstanciación». Compartir en el grupo sobre lo que este concepto filosófico, escolástico, aristotélico en el fondo, comporta.
  • ¿Es necesario aceptar la filosofía escolástica para estar en la verdad de la Iglesia sobre la Eucaristía? Explicitar las relaciones entre la fe en la eucaristía y las opiniones filosóficas involucradas en los conceptos con que se expresan las formulaciones oficiales de la fe.

 

Para la oración de los fieles

  • Por los 200 millones de niños menores de cinco años que están desnutridos; por los 11 millones de niños que mueren al año por desnutrición…
  • Por nuestras “eu-caristías”, para que sean realmente una acción de gracias, una fiesta, una auténtica celebración…
  • Para que la liturgia de nuestra Iglesia se despoje de todo hermetismo hierático, acoja los símbolos de los pueblos, se inculture, asuma nuestras vidas, con sus problemas, sus esperanzas y todas sus riquezas culturales y espirituales…
  • Por todos los niños y niñas que en este día, en muchas iglesias locales, celebran su “primera comunión”, su primera participación formal en la eucaristía: para que esa “primera” comunión no sea la última, ni sea demasiado distanciada su participación en la comunidad…

 

Oración comunitaria

Señor Jesús, que partiste y repartiste tu pan, tu vino, tu cuerpo y tu sangre, durante toda tu vida, y en la víspera de tu muerte lo hiciste también simbólicamente; te pedimos que cada vez que nosotros lo hagamos también “en memoria tuya” renovemos nuestra decisión de seguir partiendo y repartiendo, como tú, en la vida diaria, nuestro pan y nuestro vino, nuestro cuerpo y nuestra sangre, todo lo que somos y poseemos. Te lo pedimos a ti, que nos diste ejemplo para que nosotros hagamos lo mismo.

https//biblico.org

Santa María de Pentecostés: Xavier Pikaza


03.06.17 | 21:52.


María, la Madre de Jesús, aparece vinculada en Hech 1, 13-14 y Hch 2 con la venida y presencia del Espíritu Santo, de forma que Dios ratifica en el gesto y camino de la Anunciación:

En la Anunciación (Lc 1, 26-38) ella sola recibe (aunque como representante de todas las mujeres) el Espíritu de Dios, para así ser Madre de Jesús.

En Pentecostés (Hch 1-2) ella lo recibe con todos los creyentes, en el principio de la iglesia. De esa forma culmina el camino iniciado en la Anunciación, pasando de la promesa de Israel a la experiencia y plenitud de la iglesia. Así dice el texto:

«Subieron a la sala superior donde se alojaban. Eran Pedro, Juan, Santiago y Andrés, Felipe y Tomás, Bartolomé y Mateo, Santiago el de Alfeo y Simón el celota y Judas el de Santiago. Todos estos perseveraban con un mismo interés en la oración, junto con algunas mujeres y María, la madre de Jesús, y sus hermanos» (Hch 1,13-14).

En ese contexto quiero evocar de un modo sencillo (sin un estudio crítico de los hechos en su aspecto externo) el sentido alcance de la presencia de María en Pentecostés (como persona individual y como representante de toda la Iglesia), partiendo de reflexiones extendidas en varias entradas del GranDiccionario de la Biblia (Verbo Divino, Estella 2015)

— María está presente en el comienzo de la Iglesia: ella ha realizado el camino de la fe y, unida a unos grupos especiales de seguidores de Jesús, forma parte de la Iglesia originaria.

— María ha recibido el Espíritu de Pentecostés, culminando de esa forma el camino que había comenzado con la anunciación.

— Ya no recibe el Espíritu de maternidad para engendrar al Cristo sino que recibe y comparte con los restantes cristianos el Espíritu Pascual de libertad y unión fraterna que le ofrece el mismo Jesús resucitado.

Estos son los temas que ahora trataremos, para terminar uniendo en perspectiva pneumatológica y mariana los motivos de la anunciación y pentecostés. Buen día a todos.
— En la imagen 1 (de El Greco), María aparece como receptora privilegiada (central) del Espíritu Santo, entre los “apóstoles” (con otra mujer, que debe ser Magdalena). Significativamente no aparecen los hermanos de Jesús.
— En la imagen 2 María se identifica (al menos virtualmente) con el Espíritu Santo (una tesis defendida, al menos en principio, por L. Boff, Urs von Balthasar y otros teólogos).
— En la imagen final… una visión de oriente. En vez de María aparece la llama de Dios.

1. Entre los apóstoles, las mujeres y los parientes de Jesús

Algunos consideran la presencia de María en el comienzo de la Iglesia como un dato sin valor histórico. Así ha dicho M. Goguel: «no hay ningún indicio válido que nos permita suponer que María ha formado nunca parte de la Iglesia» (La Naissance du Christianisme, Paris 1955, 141).

Pues bien, en contra de eso, debemos afirmar que hay no solamente indicios sino también certezas fundantes que nos llevan a descubrir la presencia de María en la Iglesia primitiva. Sólo así se explica no sólo Hch 1,14 sino también Jn 19,25-27 que nos habla de María como miembro de la comunidad del discípulo amado. Sólo así se explica la existencia de una intensa veneración mariana que encontramos en el fondo de Lc 1,48 y en todo el evangelio de la infancia.

La simple afirmación de la presencia de María en el comienzo pascual y pentecostal de la Iglesia suscita una serie de certezas que son determinantes para comprender el sentido de su vida y el sentido de todo el cristianismo primitivo. María nos conduce del encuentro individual con Dios, que se explicita en Lc 1,26-38, al encuentro comunitario de Hch 1,14. Así universaliza el valor de su experiencia y expande, en ámbito de unión fraterna, la misma realidad de su persona.

Por la pascua de Jesús, ella ha renacido dentro de la Iglesia o, mejor dicho, ha renacido como Iglesia, en unión con sus hermanos. De esa forma ha culminado la presencia del Espíritu en su vida: podía parecer en Lc 1,35 que el Espíritu se daba sólo a su persona, de una forma individual, aislada y ya perfecta. Pues bien, ahora descubrimos que aquello fue un primer momento en el camino; por el don pentecostal de Jesús, el Espíritu de María se convierte en Espíritu de todos, como misterio de amor que unifica a la comunidad de los creyentes.

Pero con esto podemos volver hacia los textos. Hch 1,14 nos ofrece una lista fundacional de los miembros primitivos de la Iglesia. Ellos forman el ejemplo, concreción y signo de todos los creyentes posteriores. Cada uno de los grupos tiene su propio sentido, una razón de ser y una función que cumplir dentro de la primitiva comunidad.

Primero están los once cuyos nombres se citan expresamente (cf. también Lc 6,14-16). Ellos reciben el nombre de «apóstoles» (Hch 1,2) y se definen como acompañantes de Jesús en el camino de su vida y testigos de su resurrección (Hch 1,21-22). Dentro de la Iglesia primitiva ellos garantizan y atestiguan la continuidad entre el mensaje histórico de Jesús y la experiencia pascual. Son intérpretes de la fe y garantía de la unidad originaria de la Iglesia.

Junto a los apóstoles están las mujeres. El texto (syn gynaixin) resulta indeterminado y podría referirse a diferentes tipos de personas (por ejemplo a las esposas de los apóstoles). Pero es evidente que en el fondo de Lc-Hch ellas son, al menos, las mujeres que acompañaron a Jesús desde el principio: María Magdalena, Juana, la mujer del funcionario Cuza, Susana y muchas otras (cf Lc 8,3). Han servido a Jesús, le han visto morir (Lc 23,49); son testigos de su entierro (Lc 23,55-56) y, sobre todo, testifican el misterio de su tumba abierta (Lc 23,56-24,11)14. Sin su presencia en la primera comunidad la Iglesia hubiera perdido un elemento fundante de la historia y plenitud del Cristo.

Están, al mismo tiempo, los hermanos de Jesús que forman un grupo bien determinado, como en 1 Cor 9,5 (tois adelphois autou). Pertenecen a la vieja familia del Señor, interpretada en un sentido extenso, como entonces se entendía en el oriente 15: Ellos ofrecen el testimonio de la humanidad de Jesús, de su familia, tan insignificante, perdida y poco culta, en Nazaret de Galilea (cf. Mc 6,1-6). Han sido en un principio adversarios de Jesús y han rechazado su camino mesiánico (cf. Mc 3,20-21.31-35; Jn 7,3.5.10).

Pues bien, en un momento determinado, quizá a partir de la experiencia pas-cual de Santiago (cf. 1 Cor 15,7), que aparece como portavoz de todos ellos, estos familiares se han convertido (cf. 1 Cor 9,5; Gál 1,19), formando con apóstoles y mujeres el principio de la nueva Iglesia 16. Ellos aportan la prueba de los orígenes de Jesús, el re-cuerdo de su familia concreta entre los hombres. Un Jesús sin hermanos, sin crecimiento compartido, sin tradición asumida crítica-mente no sería verdaderamente humano.

Finalmente, como distinguiéndose de todos los grupos, está María, la madre de Jesús. Literariamente (si el kai tiene sentido conjuntivo respecto a lo anterior) se podría suponer que ella está integrada en el grupo de mujeres. Habría, según esto, tres grandes componentes de la Iglesia: apóstoles, mujeres y parientes. Sin embargo, es mucho más probable que ese kai (y) que le vincula a mujeres-parientes sea disyuntivo, de modo que ella forme grupo aparte.

María tiene su propia personalidad, aporta una experiencia irrepetible y diferente en el conjunto de la Iglesia17. Así lo suponemos en las notas que ahora siguen.
Para entender lo que implica el surgimiento de esta primera comunidad donde se encuentra María como miembro distinguido, es conveniente que tracemos, al menos de manera hipotética, el transcurso de los hechos 18. Los apóstoles, impactados por el juicio-cruz, se han dispersado, volviendo a Galilea, donde el mismo Jesús vuelve a su encuentro (cf. Mc 16,7; Mt 28,7.10).

Parece seguro que en esta conversión pascual ha intervenido poderosamente Simón (cf. Lc 22,32; 24,34; 1 Cor 15,5), que ahora confirma su nombre de Cefas-Pedro, fundamento de la Iglesia. Evidentemente, la experiencia pascual les lleva a Jerusalén, donde esperan la revelación definitiva de Jesús, Mesías de Israel, Hijo de Hombre escatológico. Las mujeres han quedado desde el principio en Jerusalén, donde han encontrado el sepulcro abierto. No sabemos lo que han hecho después. ¿Han corrido a Galilea para comunicar su experiencia a los apóstoles? (cf. Mc 16,7; Mt 28,10). No podemos precisarlo.

Lo cierto es que las hallamos luego en Jerusalén, formando la primera Iglesia, con los apóstoles (Hch 1,13-14) 21. Sobre los parientes no sabemos nada, a no ser que asumamos la hipótesis de un duelo transformado en experiencia pascual de resurrección. Según la costumbre judía, la madre y hermanos se habrían reunido una semana y luego un mes en llanto riguroso y luto por Jesús, el muerto. En un momento determinado, quizá por el testimonio de las mujeres y/o los apóstoles el duelo se habría convertido en gozo y canto, en experiencia de nuevo nacimiento. 22
Pero dejemos las hipótesis, volvamos a los datos. Conforme al testimonio de Hch 1,13-14, la muerte de Jesús se ha convertido, a través de la experiencia pascual, en principio de unidad para los suyos.

Pues bien, en este espacio pascual, que ha de entenderse como nuevo nacimiento, encontramos a María. Ella, que había recorrido un largo camino de fidelidad fundado en la presencia maternal y engendradora del Espíritu (cf. Lc 1,26-38), debe caminar de nuevo, muriendo con Jesús y renaciendo en el conjunto de la Iglesia.

Pero ahora no se encuentra sola, no tiene una palabra propia, aislada, irrepetible (como en Lc 1,38). Su palabra se ha vuelto universal y su experiencia es experiencia de todos los creyentes que, en torno a ella, esperan la plenitud de Jesús resucitado. Comprendemos ya que en esta perspectiva, en contra de una tendencia de inhabitación individualista y separada, que hemos visto culminar en L. Boff, no puede hablarse ya de identidad personal del Espíritu y María: ella recibe ese Espíritu como propio en la medida en que el Espíritu se expande a todos los creyentes, apareciendo así como «persona comunitaria», alma profunda, del conjunto de la Iglesia.

2. Al servicio de la Iglesia

¿Qué hacen los diversos miembros de la Iglesia reunidos? Quizá al principio lloraban por el hijo, hermano, amigo asesinado. Pero el llanto se convierte en gozo (cf. Tn 20.11-18), el dolor en nuevo nacimiento (cf. In 16,19-21). Enriquecidos por la nueva presencia de Jesús, sus fieles se han juntado porque esperan ya el fin de este mundo. El mismo Señor había anunciado la llegada de su Reino.

Lógicamente, los discípulos que han visto su gloria pascual le preguntan: «¿es este el tiempo en que vas a establecer el reino de Israel?» (Hch 1,6). Jn 20,19 nos dice que los fieles de Jesús se hallaban reunidos con las puertas cerradas, por miedo a los judíos. En una actitud semejante, de gozo desbordado y de temor, parecen encontrarse los grupos de que trata Hch 1,13-14. Dos son las palabras que describen su experiencia: unanimidad y plegaria.

Los fieles se mantenían unánimes (homothymadon), en gesto que recuerda y anticipa la actitud posterior de la Iglesia ya constituida (Hch 2,44-47; 4,32-35). Pues bien, en nuestro caso, la nueva comunión no es todavía consecuencia del Espíritu, que debe revelarse. La comunión deriva de Jesús y es principio de manifestación definitiva de su Espíritu. Hasta ahora los diversos grupos se encontraban separados: apóstoles, hermanos, mujeres… La misma madre de Jesús había hecho su camino aislada. De ahora en adelante todos ellos forman como un cuerpo, van constituyendo y realizando esa nueva personalidad comunitaria que es la misma verdad personal del Espíritu de Dios que se explicita sobre el mundo.

Los fieles se mantienen en plegaria, se reúnen para orar (en proseukhé). El texto posterior dice que «estaban sentados» (Hch 2,2), quizá en actitud litúrgica de celebración del pentecostés judío. Ciertamente, su plegaria se halla abierta hacia el futuro de Jesús a quien esperan como el gran libertador, que ha de venir a transformar su vida antigua, inaugurando el Reino sobre el mundo. Desde esa perspectiva entienden y celebran la vieja y nueva fiesta de su pueblo.

Ahora, al fondo de su gesto de esperanza y de recuerdo, han descubierto un elemento nuevo: experimentan el Espíritu del Cristo que les hace vivir desde ahora en el misterio de la nueva comunión eclesial, abriéndoles al mismo tiempo, en gesto misionero, hacia los hombres 25. De aquí se deducen dos grandes consecuencias: la comunión del Espíritu, que ellos viven como grupo de creyentes, viene a abrirse hacia los hombres y mujeres de Israel (y, después, a todo el mundo); la esperanza del futuro se traduce en gesto misionero del presente, en un camino que está determinado por la comunión intraeclesial y la palabra que irá abriéndose a todos los pueblos de la tierra.

Pues bien, en esa matriz de nacimiento de la Iglesia hallamos a María, abierta con los otros grupos de creyentes al misterio del Espíritu de Cristo. Ciertamente, no podemos entender los datos de Hch 1-2 de una manera historicista.

Pero al fondo de ellos encontramos el camino verdadero de la Iglesia. En un primer momento a experiencia pascual ha unificado a los discípulos del Cristo, haciéndoles vivir en comunión la presencia plena del Espíritu. En un segundo momento ese mismo Espíritu les abre, haciendo así que ofrezcan su experiencia y comunión a los judíos, samaritanos y, luego, a los gentiles (cf. Hch 1,8). Precisamente en el lugar de ese nuevo nacimiento, que supone la manifestación final de Dios sobre la tierra, hallamos a María. Ella ha culminado su camino de fe, introduciéndose como mujer carismática en el cuerpo de una Iglesia donde ofrece su experiencia y riqueza de misterio.

Ella ha realizado y culminado su camino individual de creyente, «avanzando en la peregrinación de la f e» que la mantiene unida a Jesús y transparente ante la gracia de su Espíritu (cf. Vaticano II, Sobre la Iglesia, 58). De esa forma es figura y modelo para todos los creyentes. La fragilidad de su vida de sierva humillada ha venido a convertirse en espacio de presencia y manifestación de la grandeza de Dios sobre la tierra. Ha combatido el buen combate, ha mantenido la fe; por eso puede presentarse como persona culminada, transparencia del Espíritu de Dios sobre la tierra (cf. 2 Tes 4,6).

Ese camino de la fe no la ha llevado a la muerte sino a la Iglesia donde, en unión con los otros caminantes (apóstoles, mujeres, parientes) viene a presentarse como la primera carismática. El Espíritu, que antes era fuerza de Dios en su gesto de maternidad mesiánica y maduración individual, viene a presentarse ahora como principio de vida compartida, matriz y sentido del nuevo nacimiento universal de los creyentes.

Están allí todos (pantes de Hch 21,1), los apóstoles (cf. 1,26), los 120 hermanos (cf. 1,15), es decir, los tres grupos de que hablaba nuestro texto de Hch 1,14-15 27. Entre ellos, como primer testigo del camino de Jesús y como hermana primera, culminada, de la Iglesia está María. La palabra de Dios, que empezó a resonar el día de la anunciación, la hizo morir al mundo viejo de su casa israelita y de sus padres, familiares, de la tierra. Lo ha dejado todo por Jesús y Jesús la ha hecho nacer de nuevo en el centro de su Iglesia, dándole así el ciento por uno de aquello que había perdido (cf. Mc 10,29-31).

Vuelve de esta forma el tema de Jn 19,25-27, pero ahora la Iglesia está formada por todos los grupos de creyentes, que acogen a María en su centro. Ella recibe así la plenitud del Espíritu como amor comunitario, principio de nuevo nacimiento compartido.

Sólo ella puede ofrecer al conjunto de la Iglesia el testimonio viviente de la plena humanidad de Jesús. Por eso, su palabra y su presencia resulta necesaria para el nacimiento de la Iglesia donde todos comparten ya la misma vida del Espíritu.

María es, de esa forma, el tipo y signo de todos los creyentes, que deben recorrer el camino que ella ha recorrido. Así, podemos afirmar que los momentos de la fe son ya momentos de la vida y misterio de María. 1) Asumiendo en su persona todo el camino de Israel, María ha respondido a la palabra de Dios, ofreciendo su vida como espacio de manifestación del Espíritu (Lc 1,35.38). 2) Situándose ante el Cristo ya nacido, María ha tenido que recorrer un proceso de conversión que no la lleva del pecado a la gracia sino de la gracia inicial (plena como inicial) a la gracia consumada que implica su muerte al mundo antiguo y su nuevo nacimiento por la pascua. 3) Finalmente, cooperando al nacimiento de la Iglesia (Hch 1,13-14; 2,1s), María viene a presentarse como hermana universal de los creyentes: ha recibido un Espíritu de comunión y en la comunión cristiana viene a introducirse, como ejemplo de fe para todos los creyentes.

Todavía un paso más. La comunidad primera de María está formada por apóstoles, mujeres y parientes. Pienso que este dato, en su misma facticidad histórica, resulta extraordinariamente significativo para aquellos que aprenden a leer en el misterio. María se presenta aquí como persona abierta en tres aspectos. Está abierta a los parientes, de tal forma que ellos pueden recuperar su historia antigua, recreada por Jesús después de pascua. No niega su origen, no borra sus principios.

El mismo Jesús la capacita para comprender y vivir de un modo nuevo su herencia israelita. María se halla abierta a los apóstoles en su doble función de testigos de Jesús y de varones: como a testigos les escucha, como a varones les ama en nuevo amor de fraternidad y comunión universal. Finalmente, Ma-ría se halla abierta a las mujeres en su doble función de servidoras-testigos de Jesús y de mujeres: como a servidoras de Jesús ha de acogerlas, recibiendo el testimonio que ellas siguen dando de la tumba vacía y de la pascua; como a mujeres las ama, dentro de una comunidad donde se viene a superar la división antigua que escindía y enfrentaba a varones y mujeres, siervos y libres, judíos y gentiles (cf. Gál 3,28). Pero con esto entramos en un tema (de distinción de masculino y femenino) que debemos tratar más adelante.

3. Anunciación y pentecostés. Conclusiones

Al menos en esquema debemos precisar el sentido del Espíritu en la obra total de Lucas (Lc-Hch).

1) En primer lugar, el Espíritu es poder de Dios que dirige la historia hacia Jesús. Esta línea se condensa en Lc 1,35: el Espíritu de Dios llena a María, de manera que ella pueda ser la madre, engendradora humana, del Hijo de Dios.

2) El Espíritu es poder divino de Jesús, como se muestra ya desde el relato del bautismo (cf. Lc 3,21-22). Ciertamente, Jesús mismo es persona, el Hijo eterno de Dios en forma humana; pero el fundamento y sentido de su acción liberadora es el Espíritu que actúa a través de su palabra y de su obra (cf. Lc 4,1-18; Hch 10,38). 3) Finalmente, el Espíritu es presencia y actuación de Jesús resucitado que lo ofrece desde el cielo a los creyentes (cf. Lc 24,49; Hch 1,5; 2,32-33).

Conforme muestra el esquema anterior, es evidente que Jesús mismo es el hombre del Espíritu, «pneumatóforo» por excelencia: del Espirito nace, con Espíritu actúa y Espíritu ofrece tras la pascua a sus creyentes, que pueden convertirse también en «pneumatóforos». Pues bien, el primero de esos creyentes, portadores del Espíritu es María. Ella aparece, de un modo privilegiado e irrepetible, en el primero y tercer momento del esquema. En el primero, María es representante de la historia, signo y concreción de toda la humanidad que busca al Cristo. En este plano, siendo expresión y portavoz de todos, ella debe actuar como persona individual: individualmente ha recibido la palabra y respondido con su «fiat» (hágase), recibiendo así el Espíritu divino que la constituye madre del Mesías universal.

Pues bien, en el tercer momento del proceso María tiene que invertir el movimiento precedente: antes era humanidad que se concentra en una persona; ahora es persona individual que se introduce dentro de una comunidad, para renacer en ella y por ella desde Cristo. Ciertamente, no pierde su persona, no se pierde en un conjunto indeterminado, en una masa dirigida desde arriba. Pero ahora culmina su camino personal y se realiza plena-mente, en el Espíritu de Cristo, como miembro de una comunión de fieles que la admiten jubilosos en su seno (cf. Lc 1,48).

Situando a María en estos dos momentos de su esquema pneumatológico, Lucas ha mostrado que existe una marcada semejanza estructural entre el origen de Jesús (Lc 1,26-38) y el nacimiento de la Iglesia (Hch 1,13-14; 2,1s). En el primer caso el Espíritu actúa únicamente sobre María, en camino de transformación personal-individual que la convierte en madre del mesías. En el segundo caso actúa sobre María y sobre todo el resto de los fieles, en camino de transformación personal-comunitaria que les hace ser Iglesia, es decir, comunidad escatológica del Cristo en el camino de la historia.

María es quien aúna en su persona ambos momentos, realizando un camino de fidelidad materna y entrega cristiana al servicio de toda la Iglesia. Nadie la ha podido sustituir en su ca-mino; todos debemos aceptarla en la memoria y realidad creyente, como transmisora de la bienaventuranza de Dios sobre la tierra (cf. Lc 1,42). En ese aspecto, la fe de todos los cristianos conserva una clara dimensión mariana: como fundamento y base de nuestra comunión eclesial, tenemos que apoyarnos en el gesto de María; sólo si aceptamos como propia su palabra de fidelidad comprometida (Lc 1,38) podemos luego acompañarla en el misterio compartido de la Iglesia. En otras palabras, la entrega y presencia del Espíritu al principio de la anunciación (Lc 1,35) se conserva y plenifica en el conjunto de la Iglesia a través de la experiencia siempre actual de pentecostés (Hch 2). A partir de aquí podemos esbozar unas sencillas conclusiones.

Hch 1,14 sirve para recuperar eclesialmente el camino de María. Ella no es recuerdo del pasado, como uno de los viejos patriarcas de Israel que sólo vive para nosotros a través del cumplimiento de Jesús. Ella ha penetrado por pentecostés en el misterio de la Iglesia, apareciendo para siempre como la primera cristiana de la historia.

Desde Hch 1,14 comprendemos la palabra «me llamarán bienaventurada todas las generaciones» (Lc 1,48). El gesto de María permanece dentro de la Iglesia como signo de bienaventuranza: su pasado pertenece al futuro de los hombres que buscan con ella la bienaventuranza de Dios, esto es, el reino de la plenitud y justicia verdadera.

Por Hch 1,14 descubrimos a María como plenitud de un camino realizado. Hasta entonces ella compartió la búsqueda y dolor de todos los creyentes de la historia. Vivió en inquietud de fe (cf. Le 2,35.48), no pudo anticipar el gozo de la pascua. Pero ahora, culminada su experiencia, se presenta ante nosotros como vida ya cumplida, madurez ya realizada.

Por Hch 1,14 sabemos que María ha descubierto, al fin, el pleno carácter comunitario del Espíritu. Tuvo que salir de la familia de Israel por Jesús (cf. cap. 5); ahora, después que su Hijo ha muerto, ha descubierto en el Jesús resucitado la plena comunión de los hermanos. Por eso surge como hermana de todos, dentro de la Iglesia. Después ya no aparece en el camino de la historia. Cuando Lucas escribe, ella ha muerto, pero sigue viviendo no solamente en Dios (¡en Asunción celeste!) sino también en la memoria y vida de los fieles que participan de su mismo Espíritu y cantan su mismo canto de alabanza (Lc 1,46-55).

 

 

 

 

 

http://blogs.periodistadigital.com/xpikaza.php/2017/06/03/p400938#more400938

MENSAJES PARA NIÑOS: El Espíritu Santo – Día de Pentecostés,


SERMÓN DE LA SEMANA
Título: El poder y la luz

Tema: El Espíritu Santo – Día de Pentecostés

Objetos: Una linterna de mano y baterías (Se recomienda una LED)

Escritura: “Todos fueron llenos del Espíritu Santo y comenzaron a hablar en diferentes lenguas, según el Espíritu les concedía expresarse” (Hechos 2:4 – NVI).

¿Saben ustedes que día especial es hoy? Es Domingo de Pentecostés. Es el momento en que se nos recuerda que antes de Jesús regresar al cielo, había prometido que su Padre enviaría un ayudador – el Espíritu Santo – a vivir dentro de aquellos que le siguieran. Prometió que el Espíritu santo les daría poder para hacer cosas grandes y poderosas.

Y ocurrió tal cual Jesús dijo que haría. En el día que se llama Pentecostés, todos los discípulos estaban reunidos en un lugar. La Biblia nos dice que se oyó un sonido del cielo como una ráfaba de viento fuerte el cual llenó todo el lugar donde estaban reunidos. Luego aparecieron como llamas de fuego sobre cada uno de ellos. Al ocurrir estas cosas, los discípulos fueron llenados con poder y comenzaron a predicar y enseñar a otros acerca de Jesús. Pudieron hacer cosas que nunca antes habían podido hacer gracias al poder del Espíritu Santo en ellos.

En esta mañana he traído una linterna de mano para ayudarnos a entender cuán importante es el Espíritu Santo. Esta linterna no es muy grande, pero ¡qué mucho alumbra!, ¿no es así? Tengo varias de estas linternas de mano distribuídas por la casa. Hay una en la cocina, otra en la sala de estar, el cuarto y el baño. Si se va la electricidad y está oscuro, estas linternas de mano me ayudan a encontrar mi camino alrededor de la casa. Ellas son el sistema de electricidad de emergencia.

¿Qué piensas que le suple poder a esta linterna para que pueda iluminar un cuarto? Desde luego, la linterna tiene una batería (o baterías) dentro que le da ese poder, esa energía. Sin ese poder dentro de ella, la linterna no trabaja. Eso me recuerda la forma en que el Espíritu Santo trabaja en nuestra vida. En el Sermón del Monte Jesús dijo: “Hagan brillar su luz delante de todos, para que ellos puedan ver las buenas obras de ustedes y alaben al Padre que está en el cielo” (Mateo 5:16). Nuestra lección de hoy nos dice que en el día de Pentecostés la gente fue llenada con el Espíritu Santo para que pudieran hacer grandes cosas según la habilidad dada a cada uno de ellos por el Espíritu Santo. Es ese mismo poder del Espíritu Santo el que nos permite a ti y a mí dejar brillar esa luz en el mundo. Tal como una linterna debe tener baterías para darle poder, el Espíritu Santo es nuestra fuente de poder para vivir por Jesús.

Padre celestial, gracias por enviarnos el poder del Espíritu Santo. Por favor llénanos cada día con tu Espíritu Santo para que podemos tener el poder necesario para vivir por Jesús y dejar que su luz brille en nuestras vidas. En el nombre de Jesús oramos. Amén.

PÁGINAS PARA COLOREAR Y ACTIVIDADES

ENLACES A LOS SERMONES 
 
Impresión amistosa:   “El poder y la luz”
Otro sermón basado en Hechos 2:1-21:  “Llenos del Espíritu Santos”

TENEMOS MATERIALES PARA AYUDARLE CON LOS NIÑOS
Tenemos un CD contiendo estos materiales.
Tres años de sermones
Páginas para colorear
Canciones para la Escuela Biblica de Niños
Catorce presentaciones de PowerPoint
Mucho más.
Estos materiales son gratis.

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Testigos del amor: + Fr. Santiago Agrelo


A los fieles laicos, a los religiosos y a los presbíteros de la Iglesia de Tánger: PAZ Y BIEN.

 

Los discípulos de Jesús, hoy lo mismo que ayer, preguntamos al Señor por el mundo, por el sufrimiento de los pobres, por el cumplimiento de las esperanzas que hay en nuestros sueños: ¿Es ahora cuando nos vas a restaurar? ¿Hasta cuándo la injusticia, el odio, la violencia van a tener en vilo nuestras vidas? ¿Has cuándo?

Y la respuesta del Señor es hoy para nosotros la misma que oyeron entonces los discípulos: “Cuando el Espíritu Santo descienda sobre vosotros, recibiréis fuerza para ser mis testigos –mis mártires-”.

Que es como si a todos hubiese dicho: Lo que yo tenía que hacer, está hecho. Falta lo que habéis de hacer vosotros. El mundo que esperáis está en vuestras manos, pues una vez recibido el Espíritu Santo, con él se os habrá dado la fuerza que necesitáis para realizar vuestra esperanza.

 

El mismo que “sube al cielo”, es el que ha de permanecer en la tierra:

Ése es el  misterio: El mismo que ha dejado a sus discípulos para subir el cielo, es el que ha de vivir en ellos para permanecer con ellos en el mundo.

El mundo que esperamos es el mundo de Jesús de Nazaret. El hombre que soñamos es el que hemos conocido en Jesús de Nazaret. Y de él –de ese mundo, de ese hombre que es Jesús de Nazaret- a nosotros se nos dice que hemos de ser testigos hasta los confines de la tierra.

Ser testigos de Jesús es hacerlo presente, es llenar de Cristo el mundo en que vivimos, es dejarnos transformar en Cristo por la acción del Espíritu Santo.

Los testigos del Señor haremos posible la paradoja de que haya subido al cielo el que se queda con nosotros, el que se queda en nosotros, el que, precisamente porque es de Dios, porque es todo de Dios, es el primer hombre de una humanidad nueva, pacífica, esperanzada, resucitada y agradecida, aunque nunca deje de ser una humanidad crucificada.

 

El mismo que “sube al cielo”, es el que permanece en sus testigos:

Es la hora de los testigos –la hora de los mártires- de Cristo Jesús. Lo ha sido desde el día en que el Señor ascendió a la vida de Dios. Puede que hoy lo sea más que nunca.

La indiferencia de los epulones, la corrupción de los necios, el pragmatismo de opciones políticas y económicas, el fanatismo de los idólatras, han llenado de víctimas los caminos de la humanidad.

La humillación de los esclavizados se ha vuelto clamor en los oídos de Dios, un clamor que resuena también en nuestros oídos y conmueve las entrañas.

En un mundo en el que hay recursos para que todos puedan vivir en paz y con dignidad, constatamos cada día que las guerras matan, el hambre mata, el fanatismo mata, y la economía, que por principio sacrifica personas a beneficio, mata ciertamente más que el fanatismo.

En ese mundo al que somos enviados los testigos de Cristo resucitado, la muerte es negocio que genera intereses elevados, reconocidos y garantizados.

El hombre del mundo viejo ha interiorizado la certeza de que a la violencia sólo se puede responder adecuadamente con otra violencia.

Tal vez por sí solo nunca pueda desaprender esa certeza.

Tal vez la de amar siempre y amar a todos sea una sabiduría que sólo Dios pueda enseñarnos.

Completada en el libro de la vida de Jesús de Nazaret la lección sobre el amor, a los discípulos se nos constituye testigos del Maestro, para que, también en el libro de nuestra vida, todos puedan ver lo que de Jesús hemos aprendido.

Discípulos, testigos, enviados como ovejas entre lobos, sin más defensa que la cruz del Señor, sin más fuerza que la que nos da el Espíritu del Señor y su santa operación: Eso es lo que somos. Eso ha hecho de nosotros la fe en Cristo Jesús.

 

La misión de la Iglesia:

Queridos: conocemos el mandato del Señor, “que nos amemos unos a otros como él nos ha amado”.

Conocemos el modo de cumplirlo: arrodillados a los pies de los hermanos como Jesús se arrodilló a los pies de sus discípulos para lavárselos.

E intuimos que ésa es nuestra misión en el mundo nuevo inaugurado por Cristo Jesús.

La fe nos dice que el que hoy sube al cielo, es el mismo que ha descendido del cielo: Es el que ha nacido pobre en Belén, ha vivido pobre en todos los caminos, y ha muerto en una cruz sin disponer siquiera de un vestido de pudor para su cuerpo martirizado.

La fe nos dice que el que hoy sube al cielo es el que se anonadó a sí mismo, el que se despojó de su rango, el que se hizo obediente hasta la muerte y muerte de cruz.

La fe nos dice que el que hoy sube al cielo es amigo de publicanos y pecadores, se deja ungir por prostitutas, se deja tocar por mujeres que tienen flujo de sangre, y no da su aprobación para que se lapide a una mujer sorprendida en flagrante adulterio.

Y esa misma fe nos dice que es de él de quien hemos de ser testigos, que es él quien ha de vivir en nosotros, que es de él de quien ha de hablar nuestra vida.

Ésta es nuestra misión: Ser testigos de Cristo, Iglesia de Cristo, Iglesia-Cristo, Iglesia pobre y humilde entre los humildes y los pobres, Iglesia mundo nuevo, Iglesia humanidad nueva.

 

Con la fuerza del Espíritu:

Lo dijo Jesús: “Cuando venga él, el Espíritu de la verdad, os guiará hasta la verdad plena”.

No podremos aprender a Cristo si no nos guía el Espíritu de Cristo.

No podremos ser de Cristo y en Cristo si no nos transforma el Espíritu de Cristo.

No podremos ser testigos de Cristo –mártires de Cristo- si no nos mueve con su fuerza el Espíritu de Cristo.

El Espíritu Santo, que es el mismo en Jesús de Nazaret y en nosotros, nos unge, nos transforma, nos mueve, nos envía, para renovar según el modelo que es Cristo la faz de la tierra.

Feliz día de la Ascensión del Señor.

Feliz día de Pentecostés.

Feliz y dichosa misión para hacer, con la fuerza del Espíritu, un mundo nuevo.

 

Tánger, 27 de mayo de 2017.

 

  • Fr. Santiago Agrelo

Arzobispo de Tánger

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