ACOGER LA FUERZA DEL EVANGELIO: JOSE ANTONIO PAGOLA.


3 Pascua – A
(Lucas 24,13-35)

30 de abril 2017

3 Pascua – A
(Lucas 24,13-35)

30 de abril 2017

Dos discípulos de Jesús se van alejando de Jerusalén. Caminan tristes y desolados. Cuando lo han visto morir en la cruz, en su corazón se ha apagado la esperanza que habían puesto en él. Sin embargo continúan pensando en él. No lo pueden olvidar. ¿Habrá sido todo una ilusión?

Mientras conversan y discuten de todo lo vivido, Jesús se acerca y se pone a caminar con ellos. Sin embargo, los discípulos no lo reconocen. Aquel Jesús en el que tanto habían confiado y al que habían amado con pasión les parece ahora un caminante extraño.

Jesús se une a su conversación. Los caminantes lo escuchan primero sorprendidos, pero poco a poco algo se va despertando en su corazón. No saben exactamente qué les está sucediendo. Más tarde dirán: «¿No ardía nuestro corazón mientras nos hablaba en el camino y nos explicaba las Escrituras?».

Los caminantes se sienten atraídos por las palabras de Jesús. Llega un momento en que necesitan su compañía. No quieren dejarle marchar: «Quédate con nosotros». Durante la cena se les abrirán los ojos y lo reconocerán. Este es el gran mensaje de este relato: cuando acogemos a Jesús como compañero de camino, sus palabras pueden despertar en nosotros la esperanza perdida.

Durante estos años, muchas personas han perdido su confianza en Jesús. Poco a poco se les ha ido convirtiendo en un personaje extraño e irreconocible. Todo lo que saben de él es lo que pueden reconstruir, de manera parcial y fragmentaria, a partir de lo que han escuchado a predicadores y catequistas.

Sin duda, la homilía de los domingos cumple una tarea insustituible, pero resulta claramente insuficiente para que las personas de hoy puedan entrar en contacto directo y vivo con el Evangelio. Tal como se lleva a cabo, ante un pueblo que ha de permanecer mudo, sin exponer sus inquietudes, interrogantes y problemas, es difícil que logre regenerar la fe vacilante de tantas personas que buscan, a veces sin saberlo, encontrarse con Jesús.

¿No ha llegado el momento de instaurar, fuera del contexto de la liturgia dominical, un espacio nuevo y diferente para escuchar juntos el Evangelio de Jesús? ¿Por qué no reunirnos laicos y presbíteros, mujeres y hombres, cristianos convencidos y personas que se interesan por la fe, a escuchar, compartir, dialogar y acoger el Evangelio de Jesús?

Hemos de dar al Evangelio la oportunidad de entrar con toda su fuerza transformadora en contacto directo e inmediato con los problemas, crisis, miedos y esperanzas de la gente de hoy. Pronto será demasiado tarde para recuperar entre nosotros la frescura original del Evangelio. Hoy es posible. Esto es lo que se pretende con la propuesta de los Grupos de Jesús.

José Antonio Pagola

ACOGER LA FUERZA DEL EVANGELIO

Dos discípulos de Jesús se van alejando de Jerusalén. Caminan tristes y desolados. Cuando lo han visto morir en la cruz, en su corazón se ha apagado la esperanza que habían puesto en él. Sin embargo continúan pensando en él. No lo pueden olvidar. ¿Habrá sido todo una ilusión?

Mientras conversan y discuten de todo lo vivido, Jesús se acerca y se pone a caminar con ellos. Sin embargo, los discípulos no lo reconocen. Aquel Jesús en el que tanto habían confiado y al que habían amado con pasión les parece ahora un caminante extraño.

Jesús se une a su conversación. Los caminantes lo escuchan primero sorprendidos, pero poco a poco algo se va despertando en su corazón. No saben exactamente qué les está sucediendo. Más tarde dirán: «¿No ardía nuestro corazón mientras nos hablaba en el camino y nos explicaba las Escrituras?».

Los caminantes se sienten atraídos por las palabras de Jesús. Llega un momento en que necesitan su compañía. No quieren dejarle marchar: «Quédate con nosotros». Durante la cena se les abrirán los ojos y lo reconocerán. Este es el gran mensaje de este relato: cuando acogemos a Jesús como compañero de camino, sus palabras pueden despertar en nosotros la esperanza perdida.

Durante estos años, muchas personas han perdido su confianza en Jesús. Poco a poco se les ha ido convirtiendo en un personaje extraño e irreconocible. Todo lo que saben de él es lo que pueden reconstruir, de manera parcial y fragmentaria, a partir de lo que han escuchado a predicadores y catequistas.

Sin duda, la homilía de los domingos cumple una tarea insustituible, pero resulta claramente insuficiente para que las personas de hoy puedan entrar en contacto directo y vivo con el Evangelio. Tal como se lleva a cabo, ante un pueblo que ha de permanecer mudo, sin exponer sus inquietudes, interrogantes y problemas, es difícil que logre regenerar la fe vacilante de tantas personas que buscan, a veces sin saberlo, encontrarse con Jesús.

¿No ha llegado el momento de instaurar, fuera del contexto de la liturgia dominical, un espacio nuevo y diferente para escuchar juntos el Evangelio de Jesús? ¿Por qué no reunirnos laicos y presbíteros, mujeres y hombres, cristianos convencidos y personas que se interesan por la fe, a escuchar, compartir, dialogar y acoger el Evangelio de Jesús?

Hemos de dar al Evangelio la oportunidad de entrar con toda su fuerza transformadora en contacto directo e inmediato con los problemas, crisis, miedos y esperanzas de la gente de hoy. Pronto será demasiado tarde para recuperar entre nosotros la frescura original del Evangelio. Hoy es posible. Esto es lo que se pretende con la propuesta de los Grupos de Jesús.

 

Buenas Noticias | gruposdejesus.com

NADA LE PUDO DETENER : José Antonio Pagola


 

Mt 26, 14-75 y 27, 1-66

La ejecucion del Bautista No Fue algo casual. Segun Una idea muy extendida en el pueblo judío, El Destino Que espera al profeta es la incomprensión, el Rechazo y, en el Muchos Casos, la muerte. Probablemente, Jesús contó desde muy pronto con la Posibilidad de violento final de la ONU.

Pero Jesús no se suicida FUE ONU. TAMPOCO buscaba el martirio. Nunca Quiso el Sufrimiento ni párr El Niño para nadie. Dedico su vida a combatirlo en la enfermedad, las injusticias, la marginación o la desesperanza. Entregado vivio una «buscar el reino de Dios y su justicia»: ESE Mundo Más digno y dichoso para Todos Que busca su Padre.

Si Jesús Acepta la persecución y el martirio Es por fidelidad una ESE Proyecto de Dios, Que No Quiere ver Sufrir una de SUS hijos e hijas. Por Eso no corre Hacia la muerte, Pero TAMPOCO SE ECHA Atrás. No huye ante las Amenazas; Modifica TAMPOCO SU MENSAJE Ni se desdice de Sus afirmaciones En defensa de LOS ULTIMOS.

Le habria Sido Fácil Evitar la ejecucion. Habria bastado con callarse y no insistir en Lo Que podia irritar en el templo o en el palacio del prefecto romano. No lo Hizo. Camino Do siguio. Prefirió Ser ejecutado Antes que traicionar su Conciencia y Ser infiel al Proyecto de Dios, su Padre.

Aprendio a vivir En un clima de inseguridad, Conflictos y acusaciones. Día a día se fue reafirmando en su Misión y siguio anunciando con claridad su Mensaje. Se atrevió a difundirlo sin solitario en las aldeas retiradas de Galilea, sino en el entorno peligroso del Templo. Nada lo detuvo.

Morira fiel al Dios en el Que ha confiado siempre. Seguira acogiendo a todos, INCLUSO una pecadores e Indeseables. Si Terminan rechazándolo, morira Como un «excluido», Pero con su muerte confirmará Lo Que Ha Sido su vida entera: confianza total del miembro En un Dios Que No rechaza ni excluye a Nadie de su perdón.

Seguira buscando el reino de Dios y su justicia, identificándose con los mas Pobres y despreciados. Si Un día lo ejecutan en el suplicio de la cruz, esclavos párr RESERVADO, morira de Como El Más pobre y despreciado, Pero con su muerte sellará para siempre su fe en Un Dios Que Quiere La Salvación del Ser Humano de Todo Lo Que le esclaviza.

Los Seguidores de Jesús descubrimos El misterio Último de Dios encarnado en su amor y Entrega extremos al Ser Humano. En el amor de Dios ESE crucificado ESTA IDENTIFICADO Mismo Con Todos Los Que sufren, Gritando Contra TODAS LAS injusticias y perdonando a los verdugos de Todos los Tiempos. En Este Dios Se Puede Creer o No Creer, Pero No Es Posible burlarse de el. En El confiamos los cristianos. Nada lo detendrá en su empeño por una SALVAR SUS hijos e hijas.

 

José Antonio Pagola

Fuente: http://www.feadulta.com

MENSAJES PARA NIÑOS: EN EL CAMINO DE EMAUS. TERCER DOMINGO DE RESURRECCION


SERMÓN DE LA SEMANA
Título: Abre nuestros ojos, Señor

Tema: En el camino de Emmaús. Tercer Domingo de Resurrección

Objeto: Un afiche de ilusión óptica (haga clic aquí)

Escritura: “Luego, estando con ellos a la mesa, tomó el pan, lo bendijo, lo partió y se lo dio. Entonces se les abrieron los ojos y lo reconocieron, pero él ” (Lucas 24:30-31 NVI).

Tengo un par de dibujos que enseñarles en esta mañana. Este es el primero (Enséñeles la ilusión del árbol.) ¿Qué ven? ¿Cuántos ven un árbol? ¿Alguien vio algo además del árbol? ¿No vieron un gorila? Si no lo vieron, miren a la parte izquierda del dibujo (apunte al gorila). ¿Pueden verlo ahora? ¿Alguien ve algo más que el gorila y el árbol? ¿No ven un león? ¿Alguien ve un león? Miren al lado derecho del dibujo (apunte al león). ¿Lo ven ahora? Así, que si observan este dibujo, verán tres cosas diferentes: un árbol, un gorila y un león.

Aquí está el segundo dibujo (enseñe el dibujo del pato/conejo). ¿Qué ven? ¿Alguien ve un conejo? Eso es fácil ¿no? Esta es la nariz, un ojo y aquí están las orejas. ¿Alguien ve algo distinto al conejo? Oh, ¡Veo un pato! Esta es la cabeza y aquí está el pico del pato. Es interesante como el dibujo cambia dependiendo en cómo lo mires!

Algunas veces, como en estos dibujos, no siempre vemos lo que realmente está allí. Era fácil ver el árbol, pero puede ser que no hayamos visto el gorila o el león hasta que observamos el dibujo por varios minutos. Lo mismo es cierto para el conejo y el pato. Puede ser que no veamos uno o el otro. Nuestra lección bíblica de hoy es acerca de dos hombre que tuvieron dificultad en reconocer a Jesús mientras éste se unía a ellos, al caminar hacia una villa llamada Emmaús.

En el mismo día en que Jesús fue resucitado, dos de sus seguidores estaban caminando hacia Emmaús y hablando de todo lo que había acontecido durante los últimos días. Mientras caminaban, Jesús se le unió, pero la Biblia nos dice que ellos no le reconocieron.

“¿Qué vienen discutiendo por el camino?”, les preguntó.

“¿Eres tú el único visitante en Jerusalén que no se ha enterado de todo lo que ha pasado recientemente?”

“¿Qué ha pasado?”, Jesús preguntó.

“Lo de Jesús de Nazaret. Nuestros gobernantes lo entregaron para ser condenado a muerte, y lo crucificaron. y lo sepultaron. Esta mañana, vimos a algunas mujeres y nos contaron que fueron al sepulcro esta mañana y que no encontraron su cuerpo allí. Nos dijeron que se les habían aparecido un ángel quien les dijo que Jesús está vivo.”
Continuaron caminando y hablando con Jesús. Al acercarse a la villa, Jesús continuó caminando como si fuera a ir más lejo, pero los hombres le pidieron que se quedara con ello ya que estaba terminando el día. Jesús aceptó la invitación y se quedo con ellos. Al sentarse en la mesa a comer, Jesús tomó el pan, dió gracias y lo repartió. Al hacer esto, los ojos de los caminantes fueron abiertos y reconocieron que era Jesús. Entonces él desapareció de su vista.

A veces no vemos todo de momento, tal como cuando vimos las ilusiones al principio de la lección y también como los hombres de la lección bíblica no reconocieron a Jesús. Tú y yo puede que no siempre podamos ver que Jesús está caminando a nuestro lado, pero Él está ahí, caminando con nosotros y cuidando de nosotros.

Padre, abre nuestros ojos para que podamos reconocer que Jesús está con nosotros al caminar por el sendero de la vida. Debemos confiar en él mientra nos guía en nuestro diario caminar. Es en su nombre que oramos. Amén.

PÁGINAS PARA COLOREAR Y ACTIVIDADES

ENLACES A LOS SERMONES 
 
Impresión amistosa:    “Abre nuestros ojos, Señor”
Otro sermón basado en JLucas 24:13-35: “Camino a Emaús”

TENEMOS MATERIALES PARA AYUDARLE CON LOS NIÑOS
Tenemos un CD contiendo estos materiales.
Tres años de sermones
Páginas para colorear
Canciones para la Escuela Biblica de Niños
Catorce presentaciones de PowerPoint
Mucho más.
Estos materiales son gratis.

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¿Quién resucita hoy?


eclesalia@eclesalia.net

index-anastasis-icon¿QUIÉN RESUCITA HOY?
MARÍA TERESA SÁNCHEZ CARMONA, teresa_sc@hotmail.com
SEVILLA.

ECLESALIA, 17/04/16.- ¿Quién no ha sentido, en algún momento de su vida, la experiencia de morir? ¿Quién no ha sufrido el dolor físico, casi somático, de una separación indeseada, de una palabra mal dicha, de un proyecto que se trunca, de un no sentirse comprendido o aceptado?

Cada uno de nosotros lleva grabadas infinitas pequeñas muertes en su geografía íntima. A veces tan pequeñas que no dejan cicatriz visible, pero aun así muy grandes. Lo suficiente como para que nos permitan reconocer esas mismas señales de dolor en otros cuerpos y rostros: las bolsas bajo los ojos de la señora que coge el autobús a las seis de la mañana, el ceño fruncido del funcionario que apenas musita un buenos días, el temblor en la voz de quien recuerda aquel amor del pasado, la inseguridad de la adolescente que se compara con sus amigas, la frustración del que no tiene trabajo, o de quien se busca cada mañana en el espejo y no se encuentra. No hace falta tener grandes problemas para sentirnos morir un poco (¿cuántas veces habremos alzado al cielo de otros ojos nuestra plegaria sentida y sincera, como diciendo calladamente: “¿por qué me has abandonado?”).

Sí, cada uno de nosotros es un testimonio encarnado de resistencia, de resiliencia (ahora que tanto se emplea esta palabra), de aprender a respirar hondo y reencontrar el ánimo, “el ánima”, ese soplo vital que nos mantiene vivos. Porque estamos hechos para resucitar. La nuestra es una bella historia de resurrección, un milagro de fortaleza en la fragilidad que nos impulsa una y otra vez a despertar del letargo, a ponernos en pie, afianzarnos sobre la tierra, dejar atrás nuestras fosas y encierros, y seguir caminando con la cabeza erguida y el pecho descubierto. Para volver a la vida, sí, pero no a la de ayer. Resucitar es recrearnos entrañablemente: asomarnos a aquello que nos duele y acariciarlo como quien unge el cuerpo o los pies de la persona amada. Acoger, aceptar, amar, conmovernos desde las entrañas. Y atrevernos a salir, sin pudor, expuestas las heridas en señal de victoria, más conscientes de nosotros mismos, renacidos y aún dispuestos a hacerlo todo nuevo.

La anastasis es ese dinamismo interno que todos y todas experimentamos al sentirnos liberados de nuestros miedos e infiernos. De nada sirve admirar este milagro de la Pascua cristiana, este rito de paso o transición, si después no lo reconocemos en nuestra vida cotidiana. Y de poco sirve, además, esta experiencia de sanación personal si no transforma nuestro modo de contemplar a los demás y convivir con ellos. Quien ya pasó por una situación parecida comprende a quien ahora está sufriendo, sabe escuchar (porque también un día necesitó esa acogida), sabe acariciar con palabras y con gestos, domina el lenguaje de la ternura, y sabe conceder espacio, tiempo y dignidad a quienes se encuentran librando esa dura batalla. Porque un día fue también la suya; porque es la de todos.

Cada uno de nosotros está llamado a ser testimonio de resurrección para quienes no alcanzan a ver (y aguardan anhelantes) el estallido del alba. En silencio, nos decimos: “Yo pasé por ese trance que tú atraviesas hoy y salí fortalecido. Sé de tu dolor y me conmueve. Y en cuanto quiera que venga a partir de ahora, no estarás solo/a. Seguimos adelante. Estoy contigo”. Ayudarnos a vivir, ayudarnos a morir: he aquí el milagro que se entreteje cuando dos o más personas se reconocen desde la com-pasión y el amor. La radicalidad de este sentir común, de esta comunión que se llena de sentido por lo sentido, nos moviliza e interpela a adoptar una nueva manera más sensible, empática y receptiva de estar en el mundo. Renacidos una y otra vez de tantas pequeñas crisis, albergamos en nosotros un espíritu de sabiduría y fortaleza que nos impulsa a ser portadores de paz, “resucitadores” de otros.

Luego están esas otras muertes: las que nos arrancan de nuestro lado y para siempre a las personas que amamos y que nos aman, y dejan henchido de ausencia el espacio que antes ocupaba su figura. Hermoso y triste vacío habitado. Quien más, quien menos, sabe a qué me refiero. Hace algo más de dos años perdí a mi mejor amigo y no ha pasado un solo día en que no lo haya recordado. Como la Magdalena, también yo fui al sepulcro para visitar y honrar el último lugar en la tierra donde reposó el cuerpo de mi amigo. Sabía que no lo encontraría allí, que aquel nombre sobre esa lápida fría poco o nada podría decirme del hombre que yo había conocido. Fui, no obstante, porque más allá del vértigo que produce el abismo, somos materia en busca de un abrazo. Y, como hemos hecho tantos, lloré junto a su tumba la tristeza de no volver a verlo. Enterramos a nuestros muertos pensando que con ellos muere también una parte de nosotros mismos, una determinada manera de pronunciar nuestro nombre, retazos de una historia hecha recuerdos.

Transcurre el tiempo (tres días, tres meses, tres años) y, en un determinado momento, incomprensiblemente, ciertos lugares parecen reavivar en nosotros aquella presencia tan amada. Resuenan en lo profundo sus palabras, como el eco de una musiquilla que creíamos olvidada. Comenzamos a revivir instantes y destellos de experiencias compartidas. Y descubrimos con sorpresa que los consejos y enseñanzas de las personas que amamos todavía nos acompañan, nos conforman e iluminan el camino. Así debieron sentirlo los discípulos de Jesús (mi espíritu permanece con vosotros), siendo en realidad una experiencia al alcance de todos. Y cuando esto ocurre, nace en los labios (rebosa del corazón) la sonrisa cómplice y serena de quien, al fin, comprende todo. Y sabe (porque lo ha experimentado) que el milagro de la Vida que se entrega sin medida consiste en un irse dando poco a poco, en un quedarse en los demás cada vez con mayor hondura, en un dejar los corazones sembrados con la belleza de los encuentros.

También era esto, resucitar: un reavivar muy dentro esa mirada que alguien (Alguien) nos regaló un día, haciendo que ya nada volviera a ser lo mismo. Un abrirse a la certeza de un Amor partido y repartido, capaz de inaugurar otra forma de comunión y de presencia. Y un alegrarse sin medida y un agradecer el poder transformador de ese Amor. Agradecer siempre. Porque, al cabo, ¿quién no ha tenido alguna vez esta experiencia de resurrección? (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

Abrir la boca: Dolores Aleixandre rscj


31.03.17 | 11:56. Archivado en Evangelio

La expresión me ha sorprendido este año al leer las bienaventuranzas de Mateo: “Subió al monte y, abriendo la boca, dijo: Dichosos los pobres…”. Parece obvio lo de “abrir la boca”, habida cuenta de la imposibilidad de hablar con ella cerrada.

Luego he recordado con qué frecuencia usamos ese giro: “Fulanito/a, en cuanto abre la boca…, ya se sabe lo que va a decir”. Algunos ejemplos: Sor Genoveva informará, sin mediar pregunta alguna, sobre el estado de su rodilla. La vecina del 3º nos contará en el ascensor la última gracia de su nieta. El Hno. Eutiquio, vuelto de Japón después de 30 años, hablará a tiempo y a destiempo de las costumbres de las geishas. Anselmo el cura calificará, una vez más, como craso error el último nombramiento diocesano. El abuelo Tirso, impasible el ademán, contará de nuevo dónde le pilló la guerra y la tía Conchita añadirá nuevos detalles a la narración de su operación de juanetes.

Somos tan predecibles en nuestros decires que lo de “abrió la boca” incluye cierta impaciencia ante lo que nos suena a archiconocido y repetido, y por eso me pregunto si con Jesús pasaba algo parecido: que, en cuanto abría la boca, ya se sabía que iba a hablar de la gente que lo pasaba mal, de los que no tenían donde caerse muertos, de los que no contaban.

Me inclino a pensar que sí, que así era, y que quizá a los que estaban cerca de él les impacientaba secretamente que fuera tan insistente, que dedicara tanta atención a los pobretones de siempre, que se pusiera tan pesado recordando situaciones que ellos preferirían olvidar. “Maestro, ¿no te parecen un disparate las obras del túnel de Siloé?, ¿te has enterado del escándalo de la hija de Herodías…? ¿no te indigna la desfachatez de Pilatos en su tuit de ayer? ¿sabes el último chiste de samaritanos…? Y él nada, a lo suyo, empeñado en hablar de los desposeídos y los hambrientos, de los que no tenían donde reclinar la cabeza.

Quién se pareciera a él, quién tuviera al menos la suerte de hacerse amigo de algunos de esos de los que él hablaba en cuanto “abría la boca”…

http://blogs.periodistadigital.com/un-grano-de-mostaza.php/2017/03/31/abrir-la-boca

Así quiero morir yo. José Antonio Pagola


Vida y muerte

“Descansar en la misericordia de Dios”

Reflexión dominical de José Antonio Pagola

José Antonio Pagola, 30 de marzo de 2017 a las 08:32

Los cristianos no sabemos de la otra vida más que los demás

La muerte que uno quiere/>

La muerte que uno quiere

(José Antonio Pagola).- Jesús nunca oculta su cariño hacia tres hermanos que viven en Betania. Seguramente son los que le acogen en su casa siempre que sube a Jerusalén. Un día, Jesús recibe un recado: “Nuestro hermano Lázaro, tu amigo, está enfermo”. Al poco tiempo Jesús se encamina hacia la pequeña aldea.

Cuando se presenta, Lázaro ha muerto ya. Al verlo llegar, María, la hermana más joven, se echa a llorar. Nadie la puede consolar. Al ver llorar a su amiga y también a los judíos que la acompañan, Jesús no puede contenerse. También él “se echa a llorar” junto a ellos. La gente comenta: “¡Cómo lo quería!”.

Jesús no llora solo por la muerte de un amigo muy querido. Se le rompe el alma al sentir la impotencia de todos ante la muerte. Todos llevamos en lo más íntimo de nuestro ser un deseo insaciable de vivir. ¿Por qué hemos de morir? ¿Por qué la vida no es más dichosa, más larga, más segura, más vida?

El hombre de hoy, como el de todas las épocas, lleva clavada en su corazón la pregunta más inquietante y más difícil de responder: ¿qué va a ser de todos y cada uno de nosotros? Es inútil tratar de engañarnos. ¿Qué podemos hacer ante la muerte? ¿Rebelarnos? ¿Deprimirnos?

Sin duda, la reacción más generalizada es olvidarnos y “seguir tirando”. Pero, ¿no está el ser humano llamado a vivir su vida y a vivirse a sí mismo con lucidez y responsabilidad? ¿Solo hacia nuestro final nos hemos de acercar de forma inconsciente e irresponsable, sin tomar postura alguna?

Ante el misterio último de la muerte no es posible apelar a dogmas científicos ni religiosos. No nos pueden guiar más allá de esta vida. Más honrada parece la postura del escultor Eduardo Chillida, al que en cierta ocasión le escuché decir: “De la muerte, la razón me dice que es definitiva. De la razón, la razón me dice que es limitada”.

Los cristianos no sabemos de la otra vida más que los demás. También nosotros nos hemos de acercar con humildad al hecho oscuro de nuestra muerte. Pero lo hacemos con una confianza radical en la bondad del Misterio de Dios que vislumbramos en Jesús. Ese Jesús al que, sin haberlo visto, amamos y al que, sin verlo aún, damos nuestra confianza.

Esta confianza no puede ser entendida desde fuera. Solo puede ser vivida por quien ha respondido, con fe sencilla, a las palabras de Jesús: “Yo soy la resurrección y la vida. ¿Crees tú esto?”. Recientemente, Hans Küng, el teólogo católico más crítico del siglo XX, cercano ya a su final, ha dicho que, para él, morirse es “descansar en el misterio de la misericordia de Dios”. Así quiero morir yo.

5 Cuaresma – A
(Juan 11,1-45)
02 de abril 2017

Para leer todos los artículos del autor, pincha aquí:

http://www.periodistadigital.com/religion/opinion/2017/03/30/religion-iglesia-reflexion-dominical-5-cuaresma-jose-antonio-pagola-asi-quiero-morir-yo-descansar-en-la-misericordia-de-dios.shtml

Sacramentos para resucitar. Monseñor Santiago Agrelo Martinez OF


Aquel otro día, “al pasar, Jesús vio a un hombre ciego de nacimiento”. Todavía resuenan en nuestro corazón las palabras que le dijo: “Ve a lavarte a la piscina de Siloé”.

Esas palabras evocan el misterio de nuestro encuentro con Jesús, cuando la Luz nos dijo: “Ve a lavarte a la fuente bautismal”, “ve a Siloé”, “al Enviado”, “a Cristo Jesús”…

Fuimos, nos lavamos, y volvimos con ojos de ver, unos ojos que sólo Dios puede dar.

Hoy, el que es nuestra luz, dice de sí mismo: “Yo soy la resurrección y la vida; el que cree en mí, no morirá para siempre”.

Y esas palabras, que nos revelan el misterio de Jesús, revelan al mismo tiempo el misterio del bautismo que los catecúmenos se disponen a recibir y que el pueblo de Dios ya ha recibido, y revelan también el misterio de la eucaristía que hoy celebramos: Hoy, a ti que has creído en él, viene “el que es la resurrección y la vida”.

Tu fe lo recuerda con asombro y agradecimiento: “En la Palabra estaba la vida, y la vida era la luz de los hombres… Y la Palabra se hizo carne y habitó entre nosotros”.

Tu fe dice: “La Palabra habitó entre nosotros”; y el evangelio que se proclama en tu celebración, te ayuda a comprender el significado de lo que dices: La Palabra que es la vida ha venido a ti, ha abrazado tu debilidad, se ha llegado a tu sepulcro, ha descendido a lo hondo de tu mortalidad. La Palabra que es la vida, por amor a ti, habitó contigo en el lugar de los muertos.

Y tú, por la fe y los sacramentos de la fe, has acogido a la Palabra y te has abrazado a la vida: creyendo, vives; comulgando, resucitas.

“La Palabra se hizo carne y habitó entre nosotros”: Viniendo a ti, la Vida ha apartado la losa de tu sepulcro; viniendo a ti, la Resurrección te liberó de tus ataduras y te dejó andar.

A ti, que gritabas desde lo hondo, te ha visitado la misericordia de Dios, a ti ha venido la redención copiosa. El Señor ha abierto nuestros sepulcros y  nos ha hecho salir de nuestros sepulcros, y nos ha infundido el Espíritu que resucitó a Jesús de entre los muertos.

Creyendo, Iglesia cuerpo de Cristo, un día fuiste bautizada en el que es la resurrección y la vida. Creyendo y comulgando, hoy, en la Eucaristía, te haces una con el que es la resurrección y la vida.

Feliz domingo.

 

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