Homilía en la Santa espíritu de la comunidad católica, Miércoles de Ceniza C, 10 de Febrero, el año 2016 [1 Archivo]


La oración, el ayuno, la limosna.
Las prácticas tradicionales de la Cuaresma.
Después de tantos Lents,
parece que debemos tener presente al dedillo por ahora.
Lo que queda por hacer?
Ya oramos,
todos juntos en la misa
y cada uno de nosotros durante toda la semana
con nuestras propias prácticas de oración particulares;
de la meditación en silencio para cantar en la ducha;
de ver crecer la hierba
a la gratitud sorprendido de que los viejos huesos aún chirrían a lo largo;
de oración de la mañana a la gracia antes de las comidas a oración de la noche.
Y te conozco ya rápido,
el cuidado de sus propias necesidades esenciales
y dar un buen grupo de la extra para las personas necesitadas;
hornear el pastel perfecto
y dar a la basura para recibir a un nuevo vecino;
comprar el doble para enviar el mismo a Claver Casa
que se pone en su propio armario.
Y sé que tú des limosna, generosamente,
como lo demuestra nuestra cuenta bancaria del Santo Espíritu Comunidad
que nunca parece bajar
a pesar de que usted vota para enviar donaciones
a grupos de paz y justicia en todo el noroeste de Ohio.
Incluso más que el dinero,
Veo que le da a sí mismos-su tiempo y su Habilidades de
cualquier parte que vayas.
_______________________________
Francisco nos ha pedido que se centran en la misericordia de este año-
un jubileo de la misericordia.
Estoy seguro de que recuerde esas “obras de misericordia”
Del Catecismo de Baltimore:
Las obras espirituales,
como dar consejo;
enseñanza;
hablar acerca de lo correcto e incorrecto;
reconfortantes personas que lloran o sufren
o están pasando por un momento difícil;
perdón, y dejando de lado los rencores;
el desarrollo de un espíritu compasivo;
orar por la gente.
Y entonces las obras de misericordia corporales,
como el abastecimiento de alimentos y agua a las personas necesitadas;
ayudar a las personas sin hogar;
personas que visitan que están confinados en casa o en el hospital
o en hogares de ancianos o enfermos terminales o en la cárcel;
ir a funerales o enviando un mensaje a la familia del fallecido;
y la donación de tiempo o dinero para ayudar a los pobres.
_______________________________
Eso es una lista bastante fuerte,
pero también sé
que es uno que ya se puede comprobar fuera.
Así que la pregunta se convierte en uno de Cuaresma
de ajuste fino de lo que ya está haciendo.
Tal vez haya una necesidad
para volver a una práctica de la oración que se ha quedado en el camino,
o para cambiar uno que ha crecido rancio y aburrido.
Tal vez sea hora de probar un lugar diferente de voluntarios.
En estos días desde el Miércoles de Ceniza
hasta el primer domingo de Cuaresma
se llama el “porche” de la Cuaresma “-
la oportunidad de hacer un balance
y elegir al menos una cosa que a la práctica
de manera que, llegado el Domingo de Pascua,
habrá sido desechado una vieja costumbre
o uno nuevo aprendió
para ayudarnos a seguir el camino de Jesús más de cerca.
_______________________________
Ya he dado algún pensamiento serio
a mi propia necesidad de puesta a punto,
y me inscribí en un punto de acceso en mi teléfono celular
que me va a enviar las lecturas de la misa diaria.
Eso es un poco de práctica oración que he encontrado que es bueno para mí,
pero yo he dejado que se deslice últimamente,
así que voy a utilizar la disciplina de la Cuaresma
para llegar a mí mismo de nuevo en el hábito.
Y he eliminado marcadores de mi ordenador para Sudoku y el Solitario
y un plan para dejar de fumar de golpe.
Eso es un ayuno que, si logro hacerlo,
me dará más tiempo para el ayuno que Dios quiere.
_______________________________
Hoy se cumple el tercer aniversario de nuestra comunidad parroquial,
y en ese tiempo he llegado a conocer como pueblo santo,
verdaderamente al pueblo de Dios.
Escuchar sus historias y viendo sus buenas obras
inspirarme a ser una mejor persona.
¡Le doy gracias a dios por ti!
_______________________________
Ahora vamos a bendecir a estas cenizas,
y todos están invitados a pasar al frente
a participar en nuestro acto comunitaria de la penitencia.
Abracemos esta oportunidad para seguir cada más humildemente,
cada vez más estrechamente,
la forma en que Jesús enseñó.

Bendición e imposición de la Ceniza-instrumentales cenizas, # 883

Sacerdote: Oremos.

La gente buena de Dios,
bendigamos estas cenizas
que utilizaremos como un recordatorio
para convertir nuestros corazones y nuestras vidas aún más
hacia nuestro Dios de amor.

Dios más allá de todos los nombres,
bendiga estas cenizas +
por el cual nos recordamos
que nos ha formado a partir de polvo de estrellas
y que estamos destinados a vivir eternamente
en su presencia divina.

mantenernos fieles a la disciplina de la Cuaresma,
para la que quiere ser crecer y prosperar
al seguir el camino de Jesús, nuestro hermano y maestro,
que sigue siendo uno contigo y el Espíritu Santo,
por los siglos de los siglos. Todos: Amén.

Espolvorear cenizas con agua bendita en silencio. Entonces imponer cenizas, diciendo:
Recuerde que usted es polvo de estrellas y polvo de estrellas a volverás.


Santo Espíritu de la Comunidad Católica
Sábados a las 4:30 pm
Domingos a las 5:30 pm
en 3925 West Central Avenue (Washington Iglesia)

www.holyspirittoledo.org

Rev. Dr. Bev Bingle, Pastor
Dirección postal: 3156 Doyle Street, Toledo, OH 43.608-2006
419-727-1774

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IDENTIFICAR LAS TENTACIONES José Antonio Pagola


Cuaresma

Abrir nuestros ojos a las miserias y heridas

En este Año Santo, podremos realizar la experiencia de abrir el corazón a cuantos viven en las más contradictorias periferias existenciales, que con frecuencia el mundo moderno dramáticamente crea. ¡Cuántas situaciones de precariedad y sufrimiento existen en el mundo hoy! Cuántas heridas sellan la carne de muchos que no tienen voz porque su grito se ha debilitado y silenciado a causa de la indiferencia de los pueblos ricos.

En este Jubileo la Iglesia será llamada a curar aún más estas heridas, a aliviarlas con el óleo de la consolación, a vendarlas con la misericordia y a curarlas con la solidaridad y la debida atención.

No caigamos en la indiferencia que humilla, en la habitualidad que anestesia el ánimo e impide descubrir la novedad, en el cinismo que destruye. Abramos nuestros ojos para mirar las miserias del mundo, las heridas de tantos hermanos y hermanas privados de la dignidad, y sintámonos provocados a escuchar su grito de auxilio.

Nuestras manos estrechen sus manos, y acerquémoslos a nosotros para que sientan el calor de nuestra presencia, de nuestra amistad y de la fraternidad. Que su grito se vuelva el nuestro y juntos podamos romper la barrera de la indiferencia que suele reinar campante para esconder la hipocresía y el egoísmo.

Francisco, Misericordiae Vultus 15
Bula de convocación del Jubileo extraordinario de la Misericordia

 

1 Cuaresma – C
(Lucas 4,1-13)

14 de febrero 2016
José Antonio Pagola

IDENTIFICAR LAS TENTACIONES

José Antonio Pagola

Según los evangelios, las tentaciones experimentadas por Jesús no son propiamente de orden moral. Son planteamientos en los que se le proponen maneras falsas de entender y vivir su misión. Por eso, su reacción nos sirve de modelo para nuestro comportamiento moral, pero, sobre todo, nos alerta para no desviarnos de la misión que Jesús ha confiado a sus seguidores.

Antes que nada, sus tentaciones nos ayudan a identificar con más lucidez y responsabilidad las que puede experimentar hoy su Iglesia y quienes la formamos. ¿Cómo seremos una Iglesia fiel a Jesús si no somos conscientes de las tentaciones más peligrosas que nos pueden desviar hoy de su proyecto y estilo de vida?

En la primera tentación, Jesús renuncia a utilizar a Dios para «convertir» las piedras en panes y saciar así su hambre. No seguirá ese camino. No vivirá buscando su propio interés. No utilizará al Padre de manera egoísta. Se alimentará de la Palabra viva de Dios, solo «multiplicará» los panes para alimentar el hambre de la gente.

Esta es probablemente la tentación más grave de los cristianos de los países ricos: utilizar la religión para completar nuestro bienestar material, tranquilizar nuestras conciencias y vaciar nuestro cristianismo de compasión, viviendo sordos a la voz de Dios que nos sigue gritando ¿dónde están vuestros hermanos?

En la segunda tentación, Jesús renuncia a obtener «poder y gloria» a condición de someterse como todos los poderosos a los abusos, mentiras e injusticias en que se apoya el poder inspirado por el «diablo». El reino de Dios no se impone, se ofrece con amor, solo adorará al Dios de los pobres, débiles e indefensos.

En estos tiempos de pérdida de poder social es tentador para la Iglesia tratar de recuperar el«poder y la gloria» de otros tiempos pretendiendo incluso un poder absoluto sobre la sociedad. Estamos perdiendo una oportunidad histórica para entrar por un camino nuevo de servicio humilde y de acompañamiento fraterno al hombre y a la mujer de hoy, tan necesitados de amor y de esperanza.

En la tercera tentación, Jesús renuncia a cumplir su misión recurriendo al éxito fácil y la ostentación. No será un Mesías triunfalista. Nunca pondrá a Dios al servicio de su vanagloria. Estará entre los suyos como el que sirve.

Siempre será tentador para algunos utilizar el espacio religioso para buscar reputación, renombre y prestigio. Pocas cosas son más ridículas en el seguimiento a Jesús que la ostentación y la búsqueda de honores. Hacen daño a la Iglesia y la vacían de verdad.

José Antonio Pagola

MENSAJES PARA NIÑOS/AS:Cristo resistió la tentación y nosotros podemos hacerlo también. Primer domingo de Cuaresma – Año C.


SERMÓN DE LA SEMANA

Título: Resistiendo la tentación

Tema: Cristo resistió la tentación y nosotros podemos hacerlo también. Primer domingo de Cuaresma – Año C.

Objeto: Un tazón de dulces

Escritura: “Jesús, lleno del Espíritu Santo, volvió del Jordán y fue llevado por el Espíritu al desierto. Allí estuvo cuarenta días y fue tentado por el diablo. No comió nada durante esos días, pasados los cuales tuvo hambre” (Lucas 4:1-2 NVI).

Había un tazón de dulces parecido a este en la mesa del centro de la sala de María. La mamá notaba que María miraba los dulces y decía: “Mira, no comas dulce ahora, espera a después de la cena porque de lo contrario perderás el apetito.” Los dulces se veían apetitosos y la tentación era grande. María pensó: “De seguro que un dulce no me hará daño y mamá no se percatará de la diferencia.”

¿Has tenido alguna vez una experiencia como ésta? Te contaré otra historia que puede serte familiar.

“Guarda tus libros, coge un papel y lápiz,” dijo el maestro. “Tomaremos el examen de ortografía de esta semana.” Juanito comenzó a sentir un vacío en su estómago. Él sabía que el examen iba a tener lugar hoy, pero estuvo viendo la televisión la noche anterior en lugar de estudiar y, por consiguiente, no estaba listo para el mismo. Cuando comenzó el examen, Juanito miró a su alrededor y se percató de que podía ver el examen de Sarita. “Creo que no me hará daño el mirar al papel de Sarita esta vez,” Juanito pensó. “Prometo que no lo volveré a hacer y nadie tendrá que saberlo.”

Todos nos hemos enfrentado a tentaciones parecidas, ¿no es así? ¿Sabías que Jesús fue tentado de la misma manera que nosotros? La Biblia nos dice que Jesús fue llevado por el Espíritu Santo al desierto donde fue tentado por el diablo durante cuarenta días. ¿Sabes lo que hizo Jesús cuando Satanás lo tentó? ¡Le contestó usando la Escritura!

Jesús no había comido por cuarenta días. Tenía hambre y el diablo sabía que estaba hambriento, así que le dijo: “Si eres el Hijo de Dios, dile a estas piedras que se conviertan en pan.”

Jesús fácilmente pudo haber hecho lo que el diablo le decía. En lugar de eso, Jesús le respondió: “Escrito está: No sólo de pan vive el hombre.”

Entonces el diablo lo llevó a un lugar alto y le mostró en un instante todos los reinos del mundo. “Sobre estos reinos y todo su esplendor, le dijo, te daré la autoridad, porque a mí me ha sido entregada, y puedo dársela a quien yo quiera. Así que, si me adoras, todo será tuyo.”

Jesús le contestó: “Escrito está: Adorarás al Señor tu Dios, y a Él sólo servirás.”

El diablo lo llevó luego a Jerusalén e hizo que se pusiera de pie en la parte más alta del templo, y le dijo: “Si eres el Hijo de Dios, ¡tírate de aquí! Pues escrito está: Ordenará a sus ángeles que te guarden con cuidado; te sostendrán en sus manos, para que no tropiece tu pie con piedra alguna.”

“También está escrito: No pongas a prueba al Señor tu Dios,” le replicó Jesús.

¿Sabes lo que hizo el diablo? ¡Se dio por vencido y lo dejó hasta otra oportunidad!

Deseo que cada uno de ustedes tome un dulce de este envase. No tienen que esperar hasta después de cenar, pero mientras se lo comen, deseo que piensen en lo que hemos aprendido en la historia bíblica de hoy. El diablo tentó a Jesús como nos tienta a ti y a mí. Jesús resistió la tentación de Satanás, y nosotros podremos resistirla también contestándole con la Escritura.

Amado Padre, ayúdanos a aprender lo que la Biblia nos enseña a hacer cuando el diablo nos tiente y que hagamos lo que Jesús hizo-contestarle con la Escritura. En el nombre de Jesús oramos. Amén.

PÁGINAS PARA COLOREAR Y ACTIVIDADES
Actividades grupales interactivas

Palabras Secretas
Boletín para niños   DOC   PDF

ENLACES A LOS SERMONES 

 
Impresión amistosa:     “Resistiendo la tentación”
Otro sermón basada en Lucas 4:1-13:  “Regresaré”

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PRIMER DOMINGO DE CUARESMA LECTURAS HOMILIA


Cuaresma

Al Señor, tu Dios, adorarás y a él solo darás culto

Ir a: Introducción / Lecturas / Comentario bíblico / Pautas para la homilía / Sermones clásicos

 


Introducción

El Papa Francisco nos invita a vivir esta Cuaresma en el horizonte de la misericordia. La misericordia no es un atributo más de Dios. Es su nombre propio. El que mejor expresa su misteriosa condición divina, que consiste en ese abismo de bondad y de amor infinito, volcado hacia la debilidad, la miseria y el pecado de los humanos, siempre dispuesto a sanarlos y perdonarlos.

Este misterio, insondable para nosotros, se nos ha manifestado en-por-con Jesucristo con los rasgos de una vida humana que reacciona al sufrimiento de los hombres con la compasión y el consuelo entrañables; nuestra condición pecadora, con la entrega de su propia vida ha destruido el poder del pecado y de la muerte, abriéndonos el camino a la vida eterna. De Jesús hemos aprendido además los humanos a ser misericordiosos como lo es el Padre celestial; a ver en la práctica de la misericordia el ideal de la perfección a la que estamos llamados; y a llenar nuestra vida y el mundo de esa bienaventuranza que procuran el amor mutuo y la esperanza de que nuestra vida termina en los brazos del Padre misericordioso.

Ver la presentación animada de las lecturas

 


Lecturas

Lectura del libro del Deuteronomio 26, 4–10

Dijo Moisés al pueblo:
–El sacerdote tomará de tu mano la cesta con las primicias y la pondrá ante el altar del Señor, tu Dios.
Entonces tú dirás ante el Señor, tu Dios:
«Mi padre fue un arameo errante,
que bajó a Egipto, y se estableció allí, con unas pocas personas.
Pero luego creció, hasta convertirse
en una raza grande, potente y numerosa.
Los Egipcios nos maltrataron y nos oprimieron,
y nos impusieron una dura esclavitud.
Entonces clamamos al Señor, Dios de nuestros padres;
y el Señor escuchó nuestra voz,
miró nuestra opresión, nuestro trabajo y nuestra angustia.
El Señor nos sacó de Egipto con mano fuerte y brazo extendido,
en medio de gran terror, con signos y portentos.
Nos introdujo en este lugar, y nos dio esta tierra,
una tierra que mana leche y miel.
Por eso ahora traigo aquí las primicias de los frutos del suelo,
que tú, Señor, me has dado.»
Lo pondrás ante el Señor, tu Dios, y te postrarás en presencia del Señor, tu Dios.

 

Sal 90, 1-2. 10-11. 12-13. 14-15 R. Acompáñame, Señor, en la tribulación.

Tú que habitas al amparo del Altísimo,
que vives a la sombra del Omnipotente,
di al Señor: «Refugio mío, alcázar mío,
Dios mío, confío en ti.» R.

No se te acercará la desgracia,
ni la plaga llegará hasta tu tienda,
porque a sus ángeles ha dado órdenes
para que te guarden en tus caminos. R.

Te llevarán en sus palmas,
para que tu pie no tropiece en la piedra;
caminarás sobre áspides y víboras,
pisotearás leones y dragones. R.

Se puso junto a mí: lo libraré;
lo protegeré porque conoce mi nombre,
me invocará y lo escucharé.
Con él estaré en la tribulación,
lo defenderé, lo glorificaré. R.

 

Lectura de la carta del Apóstol San Pablo a los Romanos 10, 8-13

Hermanos:
La Escritura dice:
«La palabra está cerca de ti:
la tienes en los labios y en el corazón.»
Se refiere al mensaje de la fe que os anunciamos.
Porque si tus labios profesan que Jesús es el Señor
y tu corazón cree que Dios lo resucitó,
te salvarás.
Por la fe del corazón llegamos a la justicia,
y por la profesión de los labios, a la salvación.
Dice la Escritura:
«Nadie que cree en él quedará defraudado.»
Porque no hay distinción entre Judío y Griego;
ya que uno mismo es el Señor de todos,
generoso con todos los que lo invocan.
Pues «todo el que invoca el nombre del Señor se salvará.»

 

Lectura del santo Evangelio según San Lucas 4, 1-13

En aquel tiempo, Jesús, lleno del Espíritu Santo, volvió del Jordán, y durante cuarenta días, el Espíritu lo fue llevando por el desierto, mientras era tentado por el diablo.
Todo aquel tiempo estuvo sin comer, y al final sintió hambre.
Entonces el diablo le dijo:
–Si eres Hijo de Dios, dile a esta piedra que se convierta en pan.
Jesús le contestó:
–Está escrito: «No sólo de pan vive el hombre.»
Después, llevándole a lo alto, el diablo le mostró en un instante todos los reinos del mundo, y le dijo:
–Te daré el poder y la gloria de todo eso, porque a mí me lo han dado y yo lo doy a quien quiero. Si tú te arrodillas delante de mí, todo será tuyo.
Jesús le contestó:
–Está escrito: «Al Señor tu Dios adorarás y a él sólo darás culto.»
Entonces lo llevó a Jerusalén y lo puso en el alero del templo y le dijo:
–Si eres Hijo de Dios, tírate de aquí abajo, porque está escrito: «Encargará a los ángeles que cuiden de ti», y también: «te sostendrán en sus manos, para que tu pie no tropiece con las piedras.»
Jesús le contestó:
–Está mandado: «No tentarás al Señor tu Dios.»
Completadas las tentaciones, el demonio se marchó hasta otra ocasión.

 


Comentario Bíblico
Está viendo el comentario bíblico de: Fray Miguel de Burgos Núñez

También puede ver el de: Fr. Gerardo Sánchez Mielgo

La fidelidad a Dios nos otorga la liberación de la Pascua

La Cuaresma es uno de los tiempos litúrgicos más determinantes de la vida cristiana porque nos prepara para celebrar la Pascua: es decir, la muerte y la resurrección del Señor. Alguna vez hemos oído que se llama “cuaresma” porque recuerda el número cuarenta, bien los cuarenta años del pueblo en el desierto antes de entrar en la tierra prometida y gustar definitivamente la liberación de Egipto; o bien los cuarenta días en que Jesús se nos presenta en el desierto preparándose, como el pueblo, para su gran misión.

Iª Lectura: Deuteronomio (26,4-10): Dios libera a su pueblo

I.1. En este primer domingo de Cuaresma nos encontramos, primeramente, con una lectura muy significativa, porque es uno de los textos más primitivos del Antiguo Testamento. En esa lectura se nos da un “confesión de fe”, lo que el pueblo creía y repetía frecuentemente: que ellos son descendientes de un arameo errante, un hombre oriental, nuestro padre Abrahán, que lo dejó todo por el Dios que se acercó a los hombres para reconducir la historia de la humanidad, que había perdido su rumbo. La confesión de fe, aparentemente, es pobre, porque es un fórmula y como tal no ofrece detalles; pero tiene la fuerza de la experiencia vital, de los que consideran que su vida tiene una orientación determinada y determinante. El pueblo descendiente de Abrahán ha pasado por numerosas vicisitudes hasta ser un pueblo, una nación.

I.2. Importante es poner de manifiesto también que todo se lo deben a Dios. No a un dios innominado, sino a un Dios que se compromete en la historia de un pueblo concreto y de una comunidad concreta. Ese pueblo es Israel, quien ha dado a la humanidad una de las experiencias religiosas más radicales: porque es un pueblo que ha sentido la liberación de Dios. Ha sido Dios quien se ha hecho notar primero, quien buscó a este pueblo, no ha sido el pueblo quien buscó a Dios. Es verdad que éste no es un privilegio de elección para encerrarse en él mismo, ni para presumir orgullosamente, ya que debe abrirse a todos los demás pueblos y naciones para que conozcan a ese Dios: Yahvé, liberador de Israel y liberador de todos los hombres. Todo lo expresa el Deuteronomio en esa formulación de su fe más radical.

IIª Lectura. Romanos (10,8-13): Toda la humanidad, en Cristo

La segunda lectura es muy expresiva, es confesión de fe también, pero va mucho más allá de lo que Dios puede hacer por nosotros. Lo que hizo con Israel es solamente una pequeña manifestación de lo que ha proyectado sobre todos los hombres. Y eso que piensa hacer con nosotros, lo ha hecho con Jesucristo, su Hijo, a quien ha resucitado, lo ha liberado de la muerte. Es eso lo que nos espera a todos de parte del Dios de Israel y del Dios de Jesucristo. Todos, judíos y paganos, deben encontrarse en ese Dios resucitador, porque hemos sido llamados a la vida verdadera. Ese es el sentido de la Pascua cristiana que marca todo el horizonte de este tiempo cuaresmal.

Evangelio: Lucas (4,1-13): En las manos de Dios

III.1. La lectura del evangelio de Lucas nos expone el relato de las tentaciones, una de las narraciones más expresivas, aunque bien es verdad que no exenta de dificultades. Podemos resumir así el significado del evangelio: Jesús afronta tres tentaciones. Esto viene de la tradición. No es que el número tres sea determinante y no se explica solamente recurriendo al pueblo en el desierto, aunque es posible que esa es la inspiración de este relato. Pero en definitiva son el simbolismo de toda la lucha entre el bien y el mal, entre la elección de uno mismo y la opción por Dios. Todas las tentaciones tienen como objetivo, en definitiva, romper la “comunión” con Dios. Para Lucas, Jesús es el nuevo Adán, como se expresa por su genealogía (Lc 3,1ss), por eso no tiene otro proyecto de vida que el vivir la comunión con Dios, que el primer Adán había perdido.

III.2. Lucas ha leído esta escena de la tradición según su perspectiva personal. Para él no se trata especialmente de releer en Jesús las pruebas del desierto (como en el caso muy evidente de Mateo) y ni siquiera de contemplar a Jesús vencedor sobre Satanás como el Mesías que rechaza el mesianismo glorioso y político. Lo que él considera en Jesús en el desierto es esencialmente el designio del Padre que está cumpliéndose. Y esto lo interpreta según la mentalidad de que no puede suceder sin que se encuentre en su camino al adversario, el que trabaja para que la humanidad se pierda en sí misma.

III.3. Este encuentro es solamente la anticipación de otro que será definitivo: en la Pasión y la Cruz, que es la consecuencia de su vida. De ahí que haya reorganizado la tradición primitiva para que todo acabe en Jerusalén, donde Jesús vivirá su Pasión. En el caso de Mateo el orden de las tentaciones es distinto y termina en un monte muy alto, que es toda una figuración. Ambos han leído este episodio en el evangelio galileo de Q (algunos prefieren llamarlo así). En Lucas todo termina  en Jerusalén porque para este evangelista Jerusalén es el final y el comienzo de la vida de de Jesús y de la comunidad cristiana primitiva. Es en Jerusalén, además, donde han de tener lugar las experiencias del Resucitado a los discípulos y, por lo mismo, este triunfo de Jesús en lo más alto del Templo es todo un apunte de la victoria sobre la muerte que ha de anunciarse desde Jerusalén hasta los confines de la tierra.

III.4. Si Lucas ha querido presentar la filiación divina de Jesús en la dimensión del nuevo Adán (como en la genealogía), su relato de las tentaciones debe leerse en esa clave. De ahí que su cristología, con sus intereses parenéticos, no es descriptiva, sino que busca llevar a la comunidad las posibilidades de vivir una experiencia como la de Jesús. La Iglesia que escucha este relato, la comunidad, vive también bajo el Espíritu, como Jesús, y es conducida por El. Por eso, bajo esa experiencia, los poderes del mal también quieren envolverla en una carrera ciega hacia una desobediencia radical a Dios. En definitiva: Lucas quiere que aprendamos a ser personas libres, como Jesús, en nuestra fidelidad a Dios. Porque Dios es para el hombre, como para Jesús, el que garantiza nuestra libertad y nuestra realización.

Fray Miguel de Burgos NúñezFray Miguel de Burgos Núñez
Lector y Doctor en Teología. Licenciado en Sagrada Escritura
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Este comentario está incluido en el libro: Sedientos de su Palabra. Comentarios bíblicos a las lecturas de la liturgia dominical. Ciclos A, B y C. Editorial San Esteban, Salamanca 2009.

 


Pautas para la homilía

El relato de las tentaciones de Jesús (Lc 4,1-13) no tiene sólo ese sentido moralizante que tantas veces se le ha atribuido. El Tentador no le propone que se aparte de su fin, es decir del Proyecto de Salvación con el cual se identificaba y por el cual había optado al bautizarse en el Jordán, sino que le ofrece unos medios determinados para realizarlo. Medios que, humanamente hablando, son los más eficaces que alguien imaginar pueda: nadie ni nada podría resistirse a alguien que tiene en sus manos el poder total y el dominio absoluto.

En la primera tentación, Jesús se rechaza «convertir» la piedra en pan. Efectivamente, lo primero que necesita una persona es comer, pero «no sólo de pan vive el hombre». Y es que el Reino de Dios no reduce al hombre a un mero consumidor de pan; el hombre necesita también una palabra de Dios que le llame por su nombre, le devuelva su dignidad de interlocutor suyo, ponga en pie toda su persona, lo conduzca a asumir él mismo el trabajo de hacer el pan y compartirlo con todos. El Reino no se construye con el paternalismo asistencialista ni con la seducción de lo espectacular y maravilloso. El camino de presencialización del Reino es el tú a tú, en la limitación y cercanía de los encuentros humanos, en el servicio a todos.

En la segunda escena, Jesús está mirando el mundo desde una montaña alta. A sus pies se le presentan «todos los reinos de la tierra» con sus conflictos, guerras e injusticias. Ahí quiere Jesús introducir el Reino de la paz y la justicia de Dios. El Tentador, por el contrario, le ofrece «el poder y la gloria de estos reinos» si se le somete. Pero dicho Reino no se construye basándose en un prestigio que brota de la renuncia explícita o implícita de Dios.

Por último, en lo alto del templo, el diablo le sugiere a Jesús buscar a Dios en la falsa seguridad. Podrá vivir tranquilo, «sostenido por sus manos» y caminar sin tropiezos ni riesgos de ningún tipo, dominando a todos. Y Jesús reacciona: «No tentarás al Señor tu Dios». Es necesario asumir a veces compromisos arriesgados, confiando en Dios como Jesús.

Así, pues, el Tentador no pretende que Jesús abandone su Causa -el Reino de Dios-, sino que intente lograrla con unos medios -poder, prestigio y dominación- que son exactamente el polo opuesto del único camino y procedimiento señalado por el Padre: la solidaridad con todos los pecadores y oprimidos de la Tierra, vivida hasta las últimas consecuencias, como el Siervo de Yavé (Lc 3,22).

En nuestra vida también encontramos muchas tentaciones: materialismo; egoísmo; orgullo; vanagloria; etc. Ellas son momentos de nuestra lucha contra el mal y contra todo lo que nos aleja de Dios y de su Reino. Son pruebas en las que podemos discernir la profundidad y solidez de nuestra fe. Purificar y fortalecerla, pues a veces está algo floja o se deja llevar por el ambiente, asumiendo sus criterios y opciones. Siempre será tentador buscar reputación, renombre y prestigio. Pero pocas cosas son más ridículas en el seguimiento a Jesús que la ostentación y la búsqueda de honores. Le hacen daño y lo vacían de verdad tanto a nivel personal como eclesial.

Nos señala el mismo relato según San Mateo (4,11) que, tomada la decisión, “lo dejó el diablo… Se acercaron unos ángeles y le sirvieron”; expresando con ello la cercanía del Padre confirmando el camino elegido y toda la armonía y paz de su espíritu que ello conllevaba.

Y todo esto se nos propone en este tiempo cuaresmal que iniciamos, aunque no sea únicamente para él. Esta Cuaresma podría ser:

– un tiempo para revisar a nivel personal cómo vivo personalmente mi ser cristiano, si he caído en las tentaciones que señala el relato evangélico, y si lo hago en coherencia con mi fe. (Hemos escuchado la profesión de fe del pueblo escogido en la primera lectura y la profesión de fe del que cree en Jesucristo en la segunda). Y pedir perdón a Dios y al prójimo por nuestras incoherencias.
– un tiempo para revisar a nivel eclesial cómo vivimos nuestro testimonio cristiano, si hemos caído en esas mismas tentaciones, si lo hacemos en coherencia con nuestra fe. Y pedir perdón a Dios y al prójimo por nuestros fallos.

El Papa Francisco en su Misericordiae Vultus (n. 17) nos invita a vivir la Cuaresma de este Año Jubilar “con mayor intensidad, como momento fuerte para celebrar y experimentar la misericordia de Dios. ¡Cuántas páginas de la Sagrada Escritura pueden ser meditadas en las semanas de Cuaresma para redescubrir el rostro misericordioso del Padre! Con las palabras del profeta Miqueas también nosotros podemos repetir: Tú, oh Señor, eres un Dios que cancelas la iniquidad y perdonas el pecado, que no mantienes para siempre tu cólera, pues amas la misericordia. Tú, Señor, volverás a compadecerte de nosotros y a tener piedad de tu pueblo. Destruirás nuestras culpas y arrojarás en el fondo del mar todos nuestros pecados (cf. 7,18-19).”

Fr. Alfonso Esponera Cerdán O.P.Fr. Alfonso Esponera Cerdán O.P.
Convento San Vicente Ferrer (Valencia)
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El último de los apóstoles: Dos Mujeres Católicas Sacerdotes Considerar Call-Domingo 5 de Dios en T.O.


The Least of the Apostles: Two Roman Catholic Women Priests Consider God’s Call- 5th Sunday in Ordinary Time

LO DEJARON TODO Y LE SIGUIERON: Carmen Soto


Lc 5, 1-11

Tras el incidente en la sinagoga de Nazaret, Lucas sitúa a Jesús en la ciudad de Cafarnaúm, distante unos 47 km de su pueblo natal. Cafarnaúm era una ciudad pequeña situada a la orilla del lago de Genesaret, cerca de la frontera norte de Galilea y bien comunicada con las otras zonas de la región. Por su situación geografía una de las principales actividades económicas de su población era la pesca. Un trabajo que se realizaba normalmente durante la noche o en las primeras horas de la mañana. La comercialización del producto se hacía a través de redes de intermediarios y era gravado con fuertes impuestos que no dejaba grandes beneficios a los pescadores.

El relato lucano presenta a Jesús una mañana predicando a la orilla del lago cuando los pescadores de vuelta ya de su faena comercializaban su producto y arreglaban y limpiaban sus aparejos de pesca. Era un momento en que se concentraba mucha gente junto al lago y posiblemente (aunque Lucas no lo dice) entre las personas que se agolpaban para escuchar al maestro habría pescadores, recaudadores de impuestos, mendigos, comerciantes (varones y mujeres), judíos y paganos… eran tantos/as los que lo rodeaban que Jesús decide subirse a la barca de Pedro y pedirle que la distancie un poco de la orilla para que sus palabras llegasen más fácilmente a sus oyentes.

El autor del evangelio no informa del contenido de la predicación de Jesús, solo que se limita a decir escuetamente que hablaba sobre la palabra de Dios. Quizá como había hecho anteriormente en Nazaret estaba interpretando la Escritura de ese modo tan liberador y sanador que le caracterizaba. Pero ahora ya no lo hacía en el espacio religioso de la sinagoga, sino en un lugar público de trabajo y ante gente de muy variada condición.

Al terminar, Jesús se dirige a Pedro y le pide que salga de nuevo a pescar. Con ciertas reticencias éste acepta y consiguen una abundante. Este hecho deja sin palabras a todos los presentes y Pedro postrándose a los pies de Jesús reconoce en él la actuación portentosa de Dios. Pero Jesús lo invita a ir más allá del temor reverencial que le produce el portento realizado y le ofrece formar parte de su proyecto salvador. El relato finaliza diciendo que Pedro y sus compañeros de trabajo, después de varar las barcas lo dejaron todo y le siguieron.

Los evangelios más que biografías de Jesús, son testimonios de hombres y mujeres que se encontraron con Jesús, creyeron en él y le siguieron. Estas experiencias aparecen a veces narradas en forma de curaciones, otras a través de diálogos con el maestro y otras, como en este caso, con una llamada directa de Jesús al seguimiento. Todas ellas señalan el comienzo de la incorporación de estas personas en la comunidad de Jesús, a su proyecto y a su estilo de vida.

Seguir a Jesús y abandonarlo todo comportaba desarraigo y vida itinerante, lo que suponía, dejar la casa, la familia, el trabajo, la red de relaciones… que era lo que sostenía la vida de una persona, lo que le daba identidad y honorabilidad en aquella sociedad. Abandonar todo eso suponía asumir una conducta desviada, soportar el estigma de la marginalidad y en muchos casos vivir el rechazo de los vecinos/as y familiares.

Aquella mañana a la orilla del lago, la vida de aquellos pescadores y de sus familias cambiaba definitivamente. A partir de ese momento comenzaban a construir un nuevo espacio común junto a Jesús, la comunidad del Reino. Un nuevo espacio identitario y relacional que los vinculaba entre sí como hermanos de un mismo padre, el Abba de Jesús y con un nuevo proyecto el del Reino.

La nueva comunidad del Reino a la que invitaba Jesús (Mc 3, 31-35) abría insospechados horizontes de vida y misión, de fe y esperanza. Jesús, a sus seguidoras y seguidores, les va a proponer incorporarse a una nueva familia (comunidad del reino) que va a trastocar lo establecido. En ella existe un único Padre para tod@s, un padre que él llama Abbá y que tiene entrañas maternas (Parábola del hijo prodigo), que perdona siempre y sólo desde él se puede construir la casa. Pertenecer a la comunidad reconfigura las fidelidades y hace posible una nueva identidad, la de hijo/a, y unas nuevas relaciones la de herman@s, desde una sola actitud, la del servicio.

 

Carmen Soto Varela, sj

http://feadulta.com/es/buscadoravanzado/item/7304-lo-dejaron-todo-y-le-siguieron.html

RECONOCER EL PECADO: José Antonio Pagola


Lc 5, 1-11

El relato de «la pesca milagrosa» en el lago de Galilea fue muy popular entre los primeros cristianos. Varios evangelistas recogen el episodio, pero solo Lucas culmina la narración con una escena conmovedora que tiene por protagonista a Simón Pedro, discípulo creyente y pecador al mismo tiempo.

Pedro es un hombre de fe, seducido por Jesús. Sus palabras tienen para él más fuerza que su propia experiencia. Pedro sabe que nadie se pone a pescar al mediodía en el lago, sobre todo si no ha capturado nada por la noche. Pero se lo ha dicho Jesús y Pedro confía totalmente en él: «Apoyado en tu palabra, echaré las redes».

Pedro es, al mismo tiempo, un hombre de corazón sincero. Sorprendido por la enorme pesca obtenida, «se arroja a los pies de Jesús» y con una espontaneidad admirable le dice: «Apártate de mí, que soy pecador». Pedro reconoce, ante todos, su pecado y su absoluta indignidad para convivir de cerca con Jesús.

Jesús no se asusta de tener junto a sí a un discípulo pecador. Al contrario, si se siente pecador, Pedro podrá comprender mejor su mensaje de perdón para todos y su acogida a pecadores e indeseables. «No temas. Desde ahora, serás pescador de hombres». Jesús le quita el miedo a ser un discípulo pecador y lo asocia a su misión de reunir y convocar a hombres y mujeres de toda condición a entrar en el proyecto salvador de Dios.

¿Por qué la Iglesia se resiste tanto a reconocer sus pecados y confesar su necesidad de conversión? La Iglesia es de Jesucristo, pero ella no es Jesucristo. A nadie puede extrañar que en ella haya pecado. La Iglesia es «santa» porque vive animada por el Espíritu Santo de Jesús, pero es «pecadora» porque no pocas veces se resiste a ese Espíritu y se aleja del evangelio. El pecado está en los creyentes y en las instituciones; en la jerarquía y en el pueblo de Dios; en los pastores y en las comunidades cristianas. Todos necesitamos conversión.

Es muy grave habituarnos a ocultar la verdad pues nos impide comprometernos en una dinámica de conversión y renovación. Por otra parte, ¿no es más evangélica una Iglesia frágil y vulnerable que tiene el coraje de reconocer su pecado, que una institución empeñada inútilmente en ocultar al mundo sus miserias? ¿No son más creíbles nuestras comunidades cuando colaboran con Cristo en la tarea evangelizadora, reconociendo humildemente sus pecados y comprometiéndose a una vida cada vez más evangélica? ¿No tenemos mucho que aprender también hoy del gran apóstol Pedro reconociendo su pecado a los pies de Jesús?

 

José Antonio Pagola

http://feadulta.com/es/buscadoravanzado/item/7292-reconocer-el-pecado.html

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