Un espacio para recrear lo sagrado y lo profano con ojos de mujer. Somos un grupo ecuménico en búsqueda de la justicia e igualdad.Respetamos la opinión, de los autores aunque no necesariamente estemos de acuerdo.


Casimiro López Llorente

 

“No tamará ninguna medida contra este sacerdote diocesano”

Dice que el acusador fue expulsado del colegio por “indisciplina y falta de aprovechamiento”

Redacción, 18 de mayo de 2013 a las 13:11

 El obispado de Castellón insinúa que la supuesta víctima de abusos actuó por despecho o venganza, tras ser expulsada del colegio diocesano

Seminario mayor de Castellón/>

Seminario mayor de Castellón

(José M. Vidal).- A las pocas horas de publicarse la noticia de que el rector del seminario mayor y menor de la diócesis de Segorber-Castellón había sido citado por los juzgados como imputado en un caso de abuso sexual a un menor, el obispado hizo público un comunicado en el que asegura que no da “verosimilitud a la acusación” y que, por lo tanto, “no tamará ninguna medida contra este sacerdote diocesano”. Al menos por ahora, “hasta tanto no se determine lo que proceda por la autoridad judicial”.

La nota de monseñor López Llorente explica que el alumno supuestamente víctima de abusos por parte del Rector “había sido excluido del internado por indisciplina y por falta de aprovechamiento y de disponibilidad para la corrección“.

Y añade que “a raíz de la exclusión de dicho alumno de otro internado, dos cursos después, este ex-alumno comienza a acusar al Rector de nuestro colegio de abuso sexual”.

También asegura el obispado castellonense que colaboró siempre con la Policía Nacional y está a disposición de la Atoridad Judicial ”para el esclarecimiento total de los hechos”.

Eso sí, el obispado asegura que, en las investigaciones realizadas por la diócesis cuando tuvo conocimiento de los hechos, “no encontró indicio alguna para dar verosimilitud a la acusación”.
COMUNICADO DE PRENSA DEL OBISPADO DE SEGORBE-CASTELLÓN

Ante las informaciones aparecidas hoy en algún medio de comunicación sobre la citación de un sacerdote diocesano para declarar como imputado por una acusación de un presunto abuso sexual a un alumno del colegio diocesano Mater Dei, este Obispado comunica:

1. Hace un tiempo, la Policía Nacional, encargada por el juez de investigar los hechos, nos informó de que un ex-alumno del colegio diocesano Mater Dei había acusado al Rector de abuso sexual. Este alumno había sido excluido del internado por indisciplina y por falta de aprovechamiento y de disponibilidad para la corrección. A raíz de la exclusión de dicho alumno de otro internado, dos cursos después, este ex-alumno comienza a acusar al Rector de nuestro colegio de abuso sexual.

2. Este Obispado ha colaborado en todo momento con la Policía Nacional en su tarea de investigación facilitando los nombres de personas que pudieran testificar sobre este asunto. De igual modo está a disposición de la Autoridad Judicial en lo que estime conveniente para el esclarecimiento total de los hechos.

3. Este Obispado, por su parte, realizó las investigaciones necesarias para esclarecer los hechos y no encontró indicio alguno para dar verosimilitud a la acusación.

4. Hasta tanto no se determine lo que proceda por la autoridad judicial, este Obispado ha decidido no tomar ninguna medida contra este sacerdote diocesano.

Castellón de la Plana, 18 de mayo de 2013

 

 

 

 

 

http://www.periodistadigital.com/religion/diocesis/2013/05/18/el-obispo-de-castellon-no-da-verosimilitud-a-la-acusacion-de-abusos-sexuales-del-rector-de-su-seminario-iglesia-religion-segorbe.shtml


 

A lo largo de los siglos, los teólogos se han esforzado por investigar el misterio de Dios ahondando conceptualmente en su naturaleza y exponiendo sus conclusiones con diferentes lenguajes. Pero, con frecuencia, nuestras palabras esconden su misterio más que revelarlo. Jesús no habla mucho de Dios. Nos ofrece sencillamente su experiencia.

A Dios Jesús lo llama “Padre” y lo experimenta como un misterio de bondad. Lo vive como una Presencia buena que bendice la vida y atrae a sus hijos e hijas a luchar contra lo que hace daño al ser humano. Para él, ese misterio último de la realidad que los creyentes llamamos “Dios” es una Presencia cercana y amistosa que está abriéndose camino en el mundo para construir, con nosotros y junto a nosotros, una vida más humana.

Jesús no separa nunca a ese Padre de su proyecto de transformar el mundo. No puede pensar en él como alguien encerrado en su misterio insondable, de espaldas al sufrimiento de sus hijos e hijas. Por eso, pide a sus seguidores abrirse al misterio de ese Dios, creer en la Buena Noticia de su proyecto, unirnos a él para trabajar por un mundo más justo y dichoso para todos, y buscar siempre que su justicia, su verdad y su paz reinen cada vez más en entre nosotros.

Por otra parte, Jesús se experimenta a sí mismo como “Hijo” de ese Dios, nacido para impulsar en la tierra el proyecto humanizador del Padre y para llevarlo a su plenitud definitiva por encima incluso de la muerte. Por eso, busca en todo momento lo que quiere el Padre. Su fidelidad a él lo conduce a buscar siempre el bien de sus hijos e hijas. Su pasión por Dios se traduce en compasión por todos los que sufren.

Por eso, la existencia entera de Jesús, el Hijo de Dios, consiste en curar la vida y aliviar el sufrimiento, defender a las víctimas y reclamar para ellas justicia, sembrar gestos de bondad, y ofrecer a todos la misericordia y el perdón gratuito de Dios: la salvación que viene del Padre.

Por último, Jesús actúa siempre impulsado por el “Espíritu” de Dios. Es el amor del Padre el que lo envía a anunciar a los pobres la Buena Noticia de su proyecto salvador. Es el aliento de Dios el que lo mueve a curar la vida. Es su fuerza salvadora la que se manifiesta en toda su trayectoria profética.

Este Espíritu no se apagará en el mundo cuando Jesús se ausente. Él mismo lo promete así a sus discípulos. La fuerza del Espíritu los hará testigos de Jesús, Hijo de Dios, y colaboradores del proyecto salvador del Padre. Así vivimos los cristianos prácticamente el misterio de la Trinidad.

José Antonio Pagola

Red Evangelizadora BUENAS NOTICIAS

Difunde el misterio de la bondad de Dios.

Pásalo.

26 de mayo de 2013

Santísima Trinidad (C)

Juan 16, 12-15

 


Lilith Natasha Border Line, una mujer transgenerista antropóloga,  merecedora, inteligente y valiente, ha sido nombrada DOCENTE UNIVERSITARIA de la Fundación Universitaria Luis Amigó- Medellín.

Que triunfo, que logro, que alegría.

Un ser humano del que tendremos mucho que aprender, me alegra que la sociedad esté abriendo espacios distintos a la peluqueria y la prostitución donde estas mujeres pueden desplegar todas sus capacidades.

Interesados no conozco el nombre la materia aunque sé que la temática será sobre género. Más info: Registro Académico Funlam.
 
ISABEL MARÍN RESTREPO
 
Reflexóloga – MasoTERAPEUTA – Teóloga.

La víctima de malos tratos nunca está moralmente obligada a vivir con su agresor

 22 abr 2013 
Autor: Juan Carlos Valderrama
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© SHUTTERSTOCK

¿Es el matrimonio un impedimento para la igualdad de la mujer? ¿Pide la Iglesia a las mujeres maltratadas asumir su condición de víctimas sin posibilidad de compensación penal? ¿Está la mujer obligada a convivir con su agresor? ¿Bastan las medidas judiciales para restaurarla en su dignidad?

El magisterio de la Iglesia es absolutamente explícito en su rechazo a cualquier forma de violencia y discriminación contra la mujer, como obviamente lo es en los demás casos de atentado contra la dignidad en general de la persona. El respeto a la vida, a su integridad física y moral, a su reputación, su libertad y bienes, enmarcados en el precepto divino de “amar al otro como a sí mismo”, tiene, desde este punto de vista, un alcance universal y permanente, con independencia de cualquier otra consideración (cf. Catecismo de la Iglesia Católica, nn. 1229-1233; 2258-2330; 2477-2487).

Sin embargo, lo que marca el carácter distintivo de la violencia contra la mujer en el entorno de sus relaciones afectivas y, más aún, de las domésticas, no es sólo la dignidad que le corresponde por el mero hecho de ser persona, sino el modo específico en que lo es, así como la naturaleza de la relación a la que el hombre y ella, desde la diferencia en que se expresa su dignidad igual, se encuentran esencialmente llamados.

La conciencia cada vez más clara por parte de la mujer de su propia dignidad, por la que reclama la plena igualdad de hecho y de derecho con el hombre, así como el reconocimiento de lo que ella puede aportar al bien de toda la familia humana en la vida pública y en la privada, constituye uno de los rasgos característicos de la sensibilidad de nuestro tiempo a la que la antropología cristiana, como el magisterio de la Iglesia recuerda insistentemente, tiene algo todavía que aportar.

La suerte de la mujer es la suerte de la humanidad entera. En su defensa todos deben sentirse solidarios. Su aportación al desarrollo humano posee un valor insustituible que toda la sociedad, comenzando por los poderes públicos, tienen obligación de reconocer, promover y preservar con medidas eficaces. Mary Ann Glendon, como representante de la Delegación de la Santa Sede en la IV Conferencia Mundial sobre la Mujer celebrada en Pekín el 5 de septiembre de 1995, lo subrayaba muy enérgicamente, haciéndose eco de las palabras de Juan Pablo II en su Carta a las mujeres del 29 de junio anterior.

“La histórica opresión de las mujeres –decía ahí la Prof. Glendon– ha privado a la especie humana de innumerables recursos. El reconocimiento de la igualdad en dignidad y en derechos fundamentales de las mujeres y de los hombres, y la garantía para todas las mujeres del acceso al pleno ejercicio de estos derechos tendrán consecuencias de largo alcance, y abrirán enormes reservas de inteligencia y energía, tan necesarias en un mundo que clama por la paz y la justicia”.

Los poderes públicos tienen especial responsabilidad en la promoción de una verdadera política social encaminada a prevenir e intervenir directamente sobre las causas de la violencia física, sexual, psicológica o moral ejercida sobre la mujer, a veces con pretextos étnicos, culturales, políticos o económicos, que no resultan en modo alguno tolerables. Prácticas especialmente inhumanas como la mutilación genital, la esterilización forzosa, la prostitución –cuánto más dramática en los casos del tráfico infantil–, los matrimonios forzados cuando, víctimas de violación, reciben la nueva pena de verse atadas a su agresor o el rechazo de las comunidades a las que pertenecen, requieren del compromiso unánime de todas las naciones por desterrarlas mediante el establecimiento de medidas concretas orientadas legalmente a su prohibición y a la promoción de una educación conforme a la dignidad de la mujer como igual al hombre.

Sin embargo, no debe achacarse sólo a la falta de desarrollo la aparición de situaciones como ésas, evidentemente injustas. En nuestras propias sociedades, en que priman los valores de la posesión y del consumo, también la mujer se encuentra expuesta a una cultura que tiende a convertirlas en objetos de uso, o que –incluso bajo proclamas en favor de su igualdad– menosprecia y se muestra incapaz de reconocer el valor diferencial que sólo ellas están en condiciones de aportar al desarrollo global de sus entornos sociales.

Su papel insustituible en el cuidado familiar, no puede verse como un obstáculo al pleno desarrollo de los derechos que le corresponden como ciudadana exactamente igual a los restantes. Ni esgrimirse tampoco como uno de los frenos que han impedido su liberación de las formas de violencia de las que con mucha frecuencia ha sido objeto. Quien así piensa olvida que si la mujer es la primera víctima de esa violencia, con ella lo es también el vínculo del matrimonio, cuya dignidad se vulnera igualmente cuando, frente a la lógica de la comunión y la entrega recíproca, la relación entre los esposos se establece en forma de una posesión despersonalizadora. La Iglesia en modo alguno insta a la mujer a convertirse en víctima del matrimonio cuando ya lo ha sido previamente de su agresor. Máxime si su vida y el bien de los hijos se hallan objetivamente en peligro, como elCatecismo de la Iglesia Católica (nn. 1649, 2383) y el Código de Derecho Canónico (1153, §1) recuerdan –entre otros– claramente. La víctima, por tanto, no está moralmente obligada a vivir con su agresor, la Iglesia nunca diría eso.

A un problema tan complejo como el maltrato no puede dársele una respuesta unilateral. Las medidas policiales y penales a las que las mujeres deben recurrir inmediatamente, deben verse apoyadas por un proceso más amplio de acompañamiento que sirva tanto para liberarla de ese mal ahí cuando se produzca, como para sanar las heridas que le hubieran provocado. Se debe garantizar el cumplimiento de la ley; la atención judicial urgente de esas mujeres; el reproche social al acto y a sus autores.

Pero la vía penal y policial no basta. La reparación integral de la víctima exige que pueda ella contar con una compañía cercana que la sostenga. Entre las propuestas pastorales del Documento de Aparecida (2007) de los obispos latinoamericanos (CELAM) se precisan dos especialmente importantes al respecto: a) acompañar y guiar a las asociaciones de mujeres que luchan por superar las situaciones de vulnerabilidad y de exclusión, y b) promover un diálogo constructivo y desideologizado con las autoridades públicas “para la elaboración de programas, leyes y políticas públicas” orientadas al pleno desarrollo de la mujer en la vida personal, social y familiar (cf. n. 458).


Redacción de Atrio, 18-Mayo-2013

Víctor M. Fernández, es un sacerdote argentino, rector de la Universidad Católica Argentina, recientemente nombrado Arzobispo, que tal vez sea el teólogo y gestor en el que más confía el papa Francisco. Seguramente está llamado a ser en el futuro una persona importante en el gobierno de la Iglesia universal. Por eso resulta especialmente significativo este artículo en el que habla sobre el Bergoglio bien conocido por él, con sorprendentes revelaciones sobre sus relaciones con la curia y con el episcopado argentino. Agradecemos este desconocido artículo al amigo argentino Jorge Gerbaldo, quien nos remite a La Voz para conocer más sobre Fernández, a quienes casi todos llaman Tucho. ¡Gracias, armigos argentinos, que nos proporcionáis este fin de semana buenos elementos para la reflexión! Como a vosotros, no nos importa la iglesia, sunque tengamos que volver sobre ellas, sino el pueblo

 

Estos días escribí varias cosas por pe­dido insistente de periodistas y me parecía que esas notas debían ayu­dar al pueblo de Dios a valorar con esperanza la figura del nuevo papa. Ahora, pensando más en los agen­tes pastorales, me gustaría entrar en otras consideraciones. No obstante, anticipo que no lo voy a hacer desde una perspectiva crítica, pero sí desde el corazón y al mismo tiempo desde convicciones bien personales.

Novedades que puede aportar Bergoglio como Papa

Prefiero decir “Bergoglio” como él si empre se presentaba a sí mismo, pero lo hago para destacar cosas que tienen que ver con característi­cas que él tuvo siempre. Porque sin duda, en esta nueva misión Dios re­cogerá providencialmente esa histo­ria personal.

  • Profundo sentido popular

La palabra “pueblo” es una de las que Bergoglio usa con brillo en los ojos. Valora al pueblo como sujeto colectivo, que debería estar en el centro de las preocupaciones de la Iglesia y de cualquier poder. No es poca cosa decir esto, cuando en algunos sectores de la sociedad y de la Iglesia el pueblo es considerado sólo como una masa llena de de­fectos que deben ser saneados por la acción educativa de los “sabios y prudentes”. No podemos igno­rar que, como obispo, siempre les insistía a los curas no sólo que fue­ran misericordiosos, sino también que supieran adaptarse a la gente, que no sostuvieran ni una moral ni unas prácticas eclesiales rígidas, que no complicaran la vida de la gente con normas bajadas autori­tariamente desde arriba. “Nosotros estamos para dar al pueblo lo que el pueblo necesita”, es una convic­ción que expresó insistentemente. Estoy convencido de que esto no es un populismo oportunista (aun­que pueden llamar lo como quieran), sino la seguridad de que el Espíritu Santo actúa en el pueblo, y lo hace con esquemas y categorías muchas veces intragables para los sectores i lustrados o acomodados, que en su incomprensión suelen demostrar el mismo autoritarismo irracional que ellos critican.

  • Constante y sentida valoración de la piedad popular

La mayor parte del pueblo argentino manifiesta su fe en el modo propio de la “religiosidad popular”, que no siempre coincide con las propuestas de la jerarquía eclesiástica, y que con un di­namismo original crea sus formas propias de expresión. Bergoglio hizo suya esta valoración positiva de la fe popular, entendida como re­sultado de la libre y misteriosa acción del Es­píritu. Cuando estábamos en Aparecida, una noche me dijo que lo que más le interesaba era que el documento conclusivo plasmara de un modo más contundente esa valoración. Me pidió un texto breve pero bien orientado en esa línea. Después me indicó algunos ajustes y me guió para completarlo y enriquecerlo. En Buenos Aires mostró de muchas maneras esta convicción, remarcando que los agentes pas­torales están al servicio de esa vida que corre por las entrañas del pueblo, que nadie es due­ño de ese dinamismo y que más que aplicar le críticas y límites hay que acompañarlo y ofre­cerle cauces.

  • Opción por los pobres

Su preferencia por los pobres es de toda la vida. Siendo arzobispo la orientó dando un especial apoyo a los curas que viven en las vi­llas y barrios pobres. Pero es una opción que se entiende en el marco de los dos puntos anteriores. El pobre no es sólo objeto de un discurso, ni siquiera de una mera asistencia, y tampoco exclusivamente de una “promoción” que lo libere de sus males. La opción por los pobres es todo eso, pero más. Porque es pres­tarles atención, tratarlos como personas que piensan, tienen sus propios proyectos, e inclu­so el derecho de expresar la fe a su modo. Son sujetos, activos y creativos desde su propia cultura, no sólo objetos de un discurso, un pensamiento o una acción pastoral. De todos modos, nadie puede decir que él no haya planteado una crítica a las causas estructura­les de la pobreza. Lo hizo de distintas maneras y en muchas ocasiones.

  • Pobreza y austeridad personal

Su pobreza personal no es oportunista ni mediática. Todos saben que fue siempre así. Austero hasta el sacrificio. Porque hay que re­conocer que cuando uno tiene responsabilida­des importantes, trata de usar los medios que le permitan optimizar el aprovechamiento del tiempo. Pero Bergoglio es coherente con su sentida opción por una vida pobre. Nunca se sintió digno de hacerse servir y son conocidos sus gestos de servicio sencillo, evitando mostrarse como superior.

  • Sencillez evangélica

El gusto por la sencillez es otro aporte que puede llegar a descolocar las prácticas y cos­tumbres del Vaticano. Sencillo no sólo en la ropa y en e! lenguaje (lejos de discursos abs­tractos) sino en las costumbres, con lo cual parece difícil que pueda soportar por mucho tiempo los modismos palaciegos, algunos ritos y formalidades que él más bien detesta, porque no reflejan la simplicidad del Evangelio de Jesús.

  • Jerarquía de verdades y virtudes

Si bien Bergoglio no es estrictamente un pro­gresista, y siente un serio respeto por las en­señanzas tradicionales de la Iglesia y de los papas anteriores, tiene claro que hay algunas cosas más centrales y medulares (el amor, la justicia, la fraternidad…) y otras que no dejan de ser secundarias. Sin restar importancia a nada, entiende que en la predicación hay que mantener una sana proporción donde la insis­tencia en cosas importantes no debería opa­car el brillo de las más importantes, de aque­llas que más directamente reflejan al Jesús del Evangelio.

  • Empeño ecuménico y amistad con el Judaismo

Como arzobispo de Buenos Aires dedicó mu­cho, muchísimo tiempo a conversar con no católicos. Una vez más, quiero destacar que no se trata de una estrategia diplomática. No es frecuente que alguien que esté lleno de compromisos dedique a los “diferentes” tanto tiempo de calidad a encuentros tan gratuitos. El año pasado se pasó varios días encerrado con un grupo de pastores, compartiendo con ellos un retiro. También se mezcló con la gen­te en el encuentro de grupos pentecostales (CRECES) del Luna Park. Recuerdo además, por mencionar algo bien conocido, sus prolonga­das conversaciones con el rabino Skorka y el gusto con que le confirió el doctorado honoris causa en la UCA a pesar de las críti­cas que esto le ocasionaba. Si éste no es un rostro abierto y dialogante de la Iglesia…

Cuestiones eclesiales oscuras

En los últimos años parece haberse desarrollado un estilo de Iglesia que no es el que Bergoglio promovería, porque él es un hombre del Concilio Vaticano I I. Hay que decir con toda claridad que abogó siempre por una Iglesia misionera y servidora, no cen­trada en sí misma sino al servicio de la gente. Bergoglio abraza a las vie­jas, besa a los pobres, visita a cual­quiera, atiende o llama a las perso­nas más sencillas, pierde tiempo con gente que no tiene poder alguno, muestra una Iglesia despojada y en salida. Se cansó de pedir a los curas que estuvieran disponibles para el pueblo, que se mantuvieran abier­tos a la escucha y al diálogo, que no fueran jueces implacables, que salie­ran a las periferias, que se ocuparan de los “descartables” de la sociedad. No siempre ha sido esa la opción de algunos hombres de Iglesia. Es más, pensando que Bergoglio ya estaba por jubilarse, e imaginándo­lo encerrado en al asilo sacerdotal, abundaban las intrigas para conso­lidar con su desaparición un poder que fueron amasando en los últimos años. Yo mismo estuve en reuniones donde algunos obispos argentinos, y algún representante importante de la Santa Sede (excluyo al actual Nuncio, que es un caballero) se so­lazaban sin pudor criticando a Ber­goglio. Le cuestionaban no ser más exigente con los fieles, no remarcar mejor la identidad sacerdotal, no predicar demasiado sobre cuestio­nes de moral sexual, etcétera. Hace pocos días, antes de la elección del papa Francisco, estuve en un acto donde algunos de ellos —sin imagi­nar lo que iba a pasar— transpiraban aires de inminente victoria. Había allí otro ideal de Iglesia, poderosa, triunfante, jueza del mundo.

La concentración del poder en al­gunos sectores de la Iglesia, y la imposibilidad de resolver todos los problemas con semejante centrali­zación romana, ha dado lugar a una prepotencia que muchos obispos argentinos cuentan haber sufrido en carne propia en algunas visitas a la Santa Sede (excluyen el trato amable y respetuoso del entonces Cardenal Ratzinger).

Una triste experiencia personal Cuando, después de un tiempo de “prueba” que acordamos, el car­denal Bergoglio envió el pedido a Roma para que yo jurara formal­mente como rector de la Univer­sidad Católica, descubrimos que desde Argentina habían enviado algunos artículos míos porque los consideraban poco ortodoxos. Para mostrar lo burdo del asunto, destaco que uno de estos escritos era una brevísima nota periodística que yo había publicado muchos años atrás, por pedido de mi obispo, en un diario de Río Cuarto. En esa nota completamente ortodoxa, yo decía en pocas palabras que la Iglesia no condena a los individuos, pero SÍ opone al matrimonio homosexual porque quiere sostener una deter­minada concepción del matrimonio. Aunque esa nota podría haber sido escrita por San Josemaría, me obje­taban que allí yo no ofrecía todos los argumentos filosóficos que requiere un tratamiento completo contra el matrimonio homosexual. ¿Quién, entonces, podría atreverse a escribir una nota periodística, un artículo de divulgación o intentar algún diálo­go con la cultura?

Por otra parte, llama la atención que esos escritos no habían sido cues­tionados anteriormente, ni para mi designación como profesor ordina­rio, ni como invitado a Aparecida, ni como decano de la facultad de Teo­logía, tres instancias que requerían una aprobación de la Santa Sede. ¿Qué extraños intereses había en la Universidad Católica que aparecían aquellos textos en ese momento (uno de ellos de veinte años atrás)? Ya antes de esta experiencia, siem­pre me preguntaba: ¿Puede ser que alguien sea cuestionado de manera anónima y que no tenga posibilidad alguna de hablar para defenderse? Para colmo de males, parecía impo­sible opinar diferente aun en asuntos de libre discusión teológica, porque todos los temas adquirían el peso de los dogmas de fe, dentro de un cuerpo doctrinal donde cada detalle parecía absolutamente intocable. En aquella ocasión yo tenía previsto un viaje a Roma, Tenía temor de que no me atendieran, pero el Cardenal mandó una carta a una Con­gregación vaticana rogando que me escucharan. Recibí un e-mail que me confirmaba una fecha y hora en que me iban a recibir. Viajé con una copia de la carta de Bergoglio en la mano. Pero ya estando allá, un día antes me avisaron que no me iban a recibir. Llamé al Cardenal, quien lamentó profundamente el episodio (mejor no reproduzco las palabras que dijo) y me pidió paternalmente que tuviera paciencia y no me deja­ra vencer. Me dijo que si yo bajaba los brazos estaría confirmando que esas metodologías antievangélicas podían lograr su cometido. Como objetivamente estas acusaciones no podían sostenerse, Bergoglio aguantaba aplicando uno de los principios de Juan Manuel de Rosas que él si empre cita: “el tiempo pre­valece sobre el espacio”.

El año pasado pedí nuevamente au­diencia a esa misma Congregación, que me la concedió. Cuando llegué allí me dijeron que no estaba regis­trado. Insistí y final mente me aten­dieron sólo unos pocos minutos. En noviembre pasado, me anticipé a pedir audiencia para abril de este año. No me respondieron. Insistí en diciembre para poder organizarme. Tampoco tuve respuesta. El 4 de febrero pedí al Nuncio que reitera­ra mi pedido, pero tampoco él tuvo respuesta. La semana pasada, des­pués de la elección de Francisco, el Nuncio volvió a insistir, e inmediata­mente obtuve la audiencia solicitada en la que espero hablar con abso­luta sinceridad. Debo decir que esa Congregación suele recibir a cual­quier sacerdote, e incluso a algunos que van sin haber pedido audiencia. Cualquiera que me conozca sabe que no soy un santo ni un mártir. Pero me parece que hasta la peor escoria humana merece un poco más de respeto. No juzgo las inten­ciones que pueda haber detrás de estos maltratos, pero sin duda indi­can un estilo que no es el de Bergo­glio, quien solía devolver un llamado o escribir un cariñoso saludo aun a la vieja más sencilla que le hiciera lle­gar alguna inquietud.

Sabemos que para avanzar en el estilo de Iglesia que quiere el papa Francisco hacen falta cambios y re­formas, al menos para que los pro­cedimientos sean más humanos y evangélicos. Además, considero que él puede hacerlo, aunque sea en parte, de un modo eficiente. Acos­tumbrado al poder y conociendo su astucia, creo que no será fácil enga­ñarlo. Desde un punto de vista bien teológico, sabemos que el hecho de que se haya presentado desde el primer momento, e insistentemen­te, como obispo de Roma, ya está indicando un modo de entender el ejercicio del papado. Es papa en cuanto es obispo de una porción del mundo, lo cual indica un ejercicio del poder marcadamente descentra­lizado, que respeta procedimientos, opciones, historias y culturas locales.

Expresiones características de Bergoglio

Para terminar, comparto con uste­des un breve análisis que publiqué en Clarín (17/03/2013) sobre algunas expresiones que Bergoglio ha usado con frecuencia:

  • “Autorreferencial”. Indica una Iglesia que se mira el ombligo, encerrada en intrigas, internas o necesidades mundanas, en lugar de abrirse, de entregarse con alegría y de servir humildemente.
  • “Reza por mí”. Lo dice siempre. Muestra la conciencia de sus límites, de que necesita la ayuda permanen­te de Dios y la oración de los demás. Por eso, apenas elegido, se inclinó ante el pueblo pidiendo su oración.
  • “Descartables”. Expresa con crudeza cómo la sociedad deja afuera a los que sobran, ya que no entran en la lógica de la producción y del consu­mo. Si no tienen belleza, dinero, po­der o juventud, son arrojados como basura al cesto del olvido.
  • “Humíllate”. Es lo que le dice a una persona que está haciendo mucho bien. Porque está convencido, por su formación jesuítica, de que la humil­dad es indispensable para que no se arruinen las mejores obras: “Humi­llate, para que el Señor pueda seguir haciendo grandes cosas”. Cuando le ofrecieron el papado respondió: “Soy un pecador, pero acepto”.
  • “Audacia”. La usa para dar aliento a los que se achican o se dejan ven­cer por los temores. Para él nunca está todo perdido. No se echa atrás por más que intenten voltearlo con calumnias y ataques. Está seguro de que al final el bien y la verdad siem­pre triunfan. Yo mismo pasé por situaciones en las que habría pre­ferido desaparecer, pero él me sos­tuvo con firmeza diciendo: “Ánimo. Levanta la cabeza y no dejes que te quiten tu dignidad”.
  • “Periferias existenciales”. Invita a los agentes pastorales a no quedarse encerrados y a llegar a las periferias allí donde nadie va: “Salgan de las cuevas, salgan de las sacristías.. Prefiero que los atropelle un auto; no que se queden encerrados”. Exhorta a salir de la comodidad personal o del círculo de personas agradables, para estar cerca de todos. Asi lo hacía Jesús, que dedicaba tiempo al ciego del camino, al leproso, a la mujer pecadora.
  • “Fervor apostólico”. Lo dice para motivar una entrega generosa desde el corazón. Porque entiende que nadie cambia el mundo haciendo cosas por obligación. Los que han dejado huellas en la tierra siempre han tenido un fuego de fervor inte­rior que los ha movilizado. Por eso critica la “mundanidad espiritual” de los que se aterran a prácticas exter­nas o a la apariencia religiosa, pero vacíos de la fuerza interna del Espíritu.
  • “Cultura del encuentro”. Procura fomentar todo lo que acerca, une, suma, conecta a las personas y a los grupos. Es un enamorado del bien común y de laamistad social.
  • Cuidar la fragilidad del pueblo. Lo pide a cualquiera que tenga alguna autoridad. Nadie tiene fuerza o po­der, para obtener beneficios o glorias mundanas, sino para cuidar a ia gente, para sostener y promover a los más débiles. “Cuidar” en general es una palabra que lo define, y que él encuentra plasmada en la figura de San José.
  • Déjate misericordear. Es uno de sus felices neologismos. Invita a las personas que se llenan de culpas y escrúpulos a dejarse perdonar y en­volverpor la ternura del Padre Dios. Como dice el jesuíta Ángel Rossi: “Los más frágiles encontraron en él siempre un padre, casi diría superan­do el límite de lo que puede ser pos i b l e, con una magnanimidad con la fragilidad humana que va a marcar el papado”.

No jodamos

Por favor, los que queremos estar con la gente no dejemos de reconocer los valores que encarna este papa Francisco. Hoy estos valores no son tan frecuentes. Dejémonos de joder. Podemos detenernos a encontrar el pelo en la leche y lo vamos a encon­trar. Pero en este mundo no existe la pureza absoluta y creo que estamos ante una oportunidad inmensa para volver a poner en el centro a Jesu­cristo y al pueblo que Dios ama. Las últimas declaraciones de Jalics, junto a la opinión de gente de iz­quierda con buena información, como Pérez Esquivel, Oliveira, Fer­nández Meijide, Navarro y otros, muestran que Bergoglio no cagó a nadie, no fue cómplice de la dicta­dura, no dejó de ayudar a ocultarse o a escapar a quienes se lo pidieran e intercedió por algunos en la medi­da en que podía, porque ni siquiera era obispo. Hace treinta años Pablo Tissera, un jesuíta progresista, me decía que en la dictadura Bergoglio había actuado según una convicción que tuvo siempre: “los curas tene­mos que mantenernos siempre lejos de los que tienen poder en el país, para no quedar pegados”.

Para Rossi “los pobres son los que mejor entenderán la designación de Francisco”. Cuánta gente sencilla lle­na de alegría uno se encuentra por la calle. Cuando se transmitió el acto de inicio del pontificado frente a la catedral, la plaza de mayo estaba desbordante de cristianismo popu­lar. Allí festejaban muchos villeros con banderas, murgas, bailes, imá­genes de la Virgen de Lujan en an­das… Perdámonos en el corazón del pueblo con confianza en el Espíritu y compartamos esa alegría.

Fuente: La revista online de editorial SAN PABLO: www.sanpablo.com.ar/rol/

[Esta es la referencia que consta en el documento PDF que nos llegó por Internet. Pero ATRIO no ha podido encontrar este documento en ese lugar


Claudia Selser
may182013

 

Enviado a la página wseb de Redes Cristianas

Las razones de un voto. El dilema del celibato eclesiástico
DOMINICAL • 12 MAYO 2013
La Iglesia católica persiste en negar la libertad de matrimonio para sus ministros; la abstinencia sexual fue impuesta en 1123 y los papas pío IV y Gregorio XIII tuvieron hijos ilegítimos. Hoy abundan concubinatos y pedofilia, así como las corrientes que piden flexibilizar la regla.

• El papa Francisco heredó una Iglesia plagada de problemas y la necesidad de dar un cierre definitivo al enorme escándalo de abuso de niños por parte de sacerdotes, una brasa que ardió en las manos de su antecesor, Benedicto XVI. El 5 de abril, antes de que se cumpliera un mes de su elección y consciente de la importancia que tiene el combate al abuso sexual para “la Iglesia y su credibilidad”, Francisco se reunió con el jefe doctrinal de la Santa Sede, el arzobispo Gerhard Muller y le pidió mano dura tanto para evitar el flagelo que alcanzó a miles de parroquias en todo el mundo como para “asegurar que ahora sus perpetradores sean castigados”.

La necesidad del castigo ejemplar innova sobre una práctica histórica de la Iglesia católica que prefirió siempre mantener a rajatabla la rigidez de la doctrina —a sabiendas de que el hombre, por su debilidad, terminará probablemente por quebrantarla— para ejercer luego la dadivosa comprensión del transgresor concediéndole el beneficio de la confesión y el perdón.

El telón de fondo de todos estos escándalos es la polémica sobre el voto de celibato, que se pregunta si las pasiones irrefrenables no son la obvia contracara de una prohibición que va contra la naturaleza de los hombres. Si bien los especialistas en sexualidad afirman que la pedofilia es una perversión que no está vinculada con la abstinencia sexual al punto de que puede ejercerse en simultáneo con una vida heterosexual “normal”, a lo largo de los últimos 50 años han proliferado en toda Europa los movimientos de sacerdotes que piden “flexibilizar” el celibato para que sea una opción y no una obligación en el camino religioso. Para justificarlo esgrimen el dato no menor y “curiosamente” desconocido de que la Iglesia católica no fue monolítica en torno al tema del celibato a lo largo de la historia.

No existe en el Nuevo Testamento ninguna ley que imponga el celibato a los curas. Por el contrario, una carta que San Pablo envió a su discípulo Timoteo dice: “Los sacerdotes deberán ser hombres casados una sola vez, que sepan gobernar en su casa. Porque si no son capaces de gobernar en su hogar ¿cómo van a poder gobernar la Iglesia?”.

Aunque ya desde el Antiguo Testamento algunos hombres, como Elías y Jeremías, prefirieron ser célibes, y aunque en los tiempos de Jesús los rabinos hablaban de casarse con la Torah, lo que quería decir dedicar toda la vida al estudio de la Palabra, hasta la llegada de Cristo y después San Pablo, el único estado de vida conocido era el matrimonio. Los rabinos (maestros) enseñaban que el hombre era sólo medio hombre si no se casaba a los 20 años.

San Pablo eligió su celibato desde antes de convertirse en cristiano y lo recomendó para aquellos dedicados a servir a Dios en este mundo. Sin embargo, como se dirigía a una audiencia general aconsejó, como Jesús, seguir la vocación dada por Dios, ya sea el celibato o el matrimonio: “Cada uno se desenvuelva en la condición en que lo puso el Señor, tal como lo encontró el llamado de Dios. Así lo ordeno yo en todas las Iglesias”.

Las primeras interdicciones se remontan a principios del siglo IV, pero fueron esporádicas. SegúnLe controle des naissances (El control de nacimientos), de André Dumas, recién a partir del siglo V la ley empezó a prohibir a los sacerdotes que fueran casados, pero esta prohibición solo alcanzaba a los obispos, no al clero. La prueba de que la restricción no era terminante fue el Concilio de Rímini, realizado en julio del año 359, al que asistieron 300 obispos casados, una cifra considerable dados los pocos obispos que había por entonces en el mundo latino.

Y no solamente los sacerdotes tenían esposas. Hay pruebas contundentes de que los canónigos y el clero bajo tenían concubinas, algo criticado en muchos concilios. Se sabe por ejemplo que en el año 1000, por exigencia de los concilios de Maguncia y Augsburgo —realizados dos siglos antes—, el obispo de Brema tuvo que expulsar de la ciudad a las concubinas. Y también se sabe —según cuenta el historiador católico Daniel Rops— que al Concilio de Constanza se desplazaron 700 prostitutas para atender a los obispos y al clero.

Recién en el siglo XI las interdicciones se generalizaron como regla, pero no eran para todos: estaban dirigidas en lo fundamental a impedir un segundo casamiento por parte de los ministros viudos. Cuando el primer Concilio de Letrán exigió en 1123, la obligación del celibato, ésta sólo rigió para el mundo latino: en el Oriente cristiano se había declarado que hombres casados podían ser ordenados sacerdotes, y así rige hasta el día de hoy.

Si bien en 1139 el Concilio de Letrán II impuso la obligatoriedad del celibato para todos los miembros de la Iglesia, hasta el siglo XIII se conocen casos de sacerdotes casados formal y públicamente. Recién en el Concilio de Trento (1545-1563) se sancionó solemnemente y de forma definitiva el celibato clerical: a partir de allí la castidad y la virginidad son considerados superiores al matrimonio.

¿Qué hizo que se cambiara el criterio y que de la objeción inicial, referida a un segundo casamiento luego de la viudez, se pasara a la certeza de una incompatibilidad fundamental entre los estados conyugal y sacerdotal? Hay acuerdo en que el arrepentimiento de San Agustín fue determinante, al dictaminar —luego de una vida dedicada a los vicios— que el sacerdote debe ser casto y moverse únicamente en terrenos espirituales porque la construcción del reino de Dios es una tarea tan titánica que necesita una dedicación full time y todas las energías. Para él no había dudas de que se trata de un voto consciente y voluntario que debe hacer todo aquel que quiera abrazar la carrera religiosa como prueba de entrega y modo de selección de las mejores almas.

Así fue como la Iglesia católica, en la lucha por la castidad, prefirió sostener a rajatabla su dogma, aun sabiendo que podía ser trasgredido. La imposibilidad de cumplir el voto a rajatabla era un secreto a voces. Tres siglos antes de ese concilio donde se impuso el celibato, durante el Concilio de Aiz-la-Chapelle, se había admitido abiertamente que en los conventos se realizaban abortos e infanticidios para encubrir la actividad de los clérigos, y el obispo Ulrico, reivindicando el sentido común, argumentó a favor de permitir que los obispos se casaran como la única forma de purificar la Iglesia de los peores excesos.

Ni siquiera en las altas cumbres vaticanas era fácil cumplir el voto. En 1045 el papa Bonifacio IX se dispensó a sí mismo del celibato y renunció al papado para poder casarse. Varios papas tuvieron hijos ilegítimos en los siglos XIII y XIV —Inocencio VIII, Alejandro VI y Pablo III. E incluso después de la sanción solemne del celibato en el Concilio de Trento, los papas Pío IV y Gregorio XIII tuvieron hijos ilegítimos.

¿Por qué ante las evidencias siguió imponiéndose el voto de castidad en el seno de la Iglesia católica? En su libro Los bienes terrenales del hombre, el sociólogo estadunidense Leo Huberman da razones muy pragmáticas: “La Iglesia era el mayor terrateniente de la época feudal. Los aristócratas, preocupados por la clase de vida que habían llevado, querían asegurarse de que al morir irían a la diestra de Dios, por ello donaban tierras a la Iglesia; quienes sabían que la Iglesia cuidaba a enfermos y pobres hacían lo mismo, mientras algunos nobles y reyes crearon la costumbre de ceder parte de las tierras conquistadas en las guerras a la Iglesia.

De ésta y otras maneras la Iglesia acrecentó sus posesiones a lo largo de varios siglos hasta que llegó a ser dueña de la mitad de toda la tierra en Europa occidental. Según relata Huberman, en tiempos en que se impuso el voto del celibato, los curas o abades vivían del diezmo (la gente aportaba a la Iglesia el 10 por ciento de su salario) y el poder político y económico de la Iglesia se hubiera desbaratado si cada sacerdote hubiera tenido que mantener seis o siete descendientes y repartir entre ellos sus tierras.

A partir del siglo XVIII las leyes eclesiásticas iniciaron una progresiva rigurosidad interna. El Código de Derecho Canónico de 1917 estableció penas para los delitos cometidos por religiosos: por concubinato se les suspendía a divinis (canon 2359-1), y por corromper menores de 16 años, adulterio, estupro, sodomía o zoofilia, se les suspendía y declaraba infames (canon 2359-2).

Cuando en la década de 1970, y ventilando numerosas situaciones internas, el papa Paulo VI (1963 a 1978) optó por conceder autorizaciones a quienes desearan contraer matrimonio, cerca de cuatro mil 800 sacerdotes dejaron la Iglesia a través de esa dispensa. Estos permisos fueron negados en forma sistemática a partir del pontificado de Juan Pablo II, quien prefirió el método tradicional de alentar al cumplimiento del voto y actuar sobre las consecuencias.

Los primeros casos de abuso sexual en el seno de la Iglesia denunciados de forma pública se presentaron en la década del noventa en Estados Unidos y en Irlanda. El informe John Jay encontró acusaciones contra cuatro mil 392 sacerdotes estadunidenses en el lapso de 50 años, lo que representaba el 4 por ciento del clero de ese país. Se trataba de víctimas menores de edad, numerosos niños impúberes y en su mayoría varones y el escándalo produjo la apertura de nuevas causas públicas en otros países de Occidente.

La abrumadora cantidad de casos de pedofilia obligó a la Iglesia católica a endurecer las penas que ella misma había suavizado en 1983 cuando a través del Código de Derecho Canónico condenó el concubinato con la pena de suspensión simple, y dejó librado al término genérico de “penas justas” el castigo por todos los demás delitos sexuales.

 

 

 

http://www.redescristianas.net/2013/05/18/la-iglesia-catolica-persiste-en-negar-la-libertad-de-matrimonio-para-sus-ministrosclaudia-selser/


14 abril, 2012 |

Ricardo Solís.- El reconocido autor y catedrático estadunidense Harvey Cox, profesor emérito de Teología para la Universidad de Harvard, llega a las librerías del

Harvey Cox. Foto cortesía de la editorial

Ricardo Solís.- El reconocido autor y catedrático estadunidense Harvey Cox, profesor emérito de Teología para la Universidad de Harvard, llega a las librerías del país con un nuevo título que promete no dejar indiferente a quien se adentre en sus contenidos; publicado en español hace apenas unos meses, El futuro de la fe (Editorial Océano, 2011) es un estudio en el que Cox analiza lo que llama “el renacimiento espiritual de nuestros días” y que se manifiesta al margen de dogmatismos y alejándose de las iglesias jerárquicas, especialmente dentro del cristianismo.
De esta forma, en lo que significa una pesquisa histórica detallada pero en una prosa ágil y concisa, el teólogo exhibe cómo en la actualidad, tanto en el cristianismo como en otras tradiciones religiosas, las doctrinas y dogmas están siendo progresivamente rebasadas por “movimientos” que se distinguen no sólo por una “recuperación de la fe” (vista como experiencia espiritual y lejos de lo que se concibe como “creencia”) sino, también, por apoyarse en la comunidad y la justicia social.
En opinión de Cox, esta tendencia que se distancia de los conceptos de la jerarquía, así como lo patriarcal e institucional, está produciendo “un cambio profundo” que está transformando la noción misma de religión; además, resulta en buena medida una “respuesta vigorosa” frente al ateísmo o los funda­mentalismos contemporáneos que, en sus palabras, tienden a debilitarse ante el empuje de comunidades que se hallan en un proceso de “recuperación” de las características que distinguían a la cristiandad de los primeros tres siglos de nuestra era.
Ahí radica, para Cox, lo que se vuelve “esperanzador” y le hace pensar en “una nueva era” para la religiosidad en el planeta y, en específico, para el cristianismo; en su planteamiento, después de una Era de la fe (durante los tres primeros siglos desde su aparición) que se caracterizó por haber sido “un vigoroso movimiento de fe”, se convirtió en “una falange de creencias obligatorias, con lo que sentó las bases de todos los fundamentalismos en los siglos por venir” (esto es, lo que significa una Era de la creencia) y, para no desentonar con la intensidad de las expresiones, la conclusión es que la base comunitaria y de constitución “material” de un reino “en la Tierra”, fue –tras la “fusión corporativa” que unió el culto con el imperio romano– “traicionada”.
En estos términos, de acuerdo con el reputado teólogo, en el siglo XXI parece ocurrir una especie de “vuelta de tuerca” en la que, lejos de que se cumplan augurios sobre su desaparición, el cristianismo más bien “crece hoy más rápido que nunca”, en especial “fuera de Occidente” (en lo que suelen llamar algunos especialistas “el Sur global”); ahora, estos cambios ocurren gracias a que muchos pueblos que abrazaron la nueva religión acabaron por “contaminarla” y, por otra parte, el avance de los conocimientos históricos (sobre todo respecto de los primeros siglos del cristianismo) han demostrado la falsedad de los cimientos aparentes de los dogmas y la creencia obligatoria que se busca imponer desde la burocracia centralista de Roma.
Con todo, aunque Cox abunda en ejemplos de la tradición cristiano-católica, no se limita a ello y, con una amplia experiencia en la promoción del “diálogo” entre religiones, busca probar que este fenómeno de “retorno” a los orígenes de los distintos cultos parece ser general y se sustenta en una recuperación de la religiosidad como “experiencia interior” y, asimismo, como una manera de enfrentar –de tomar posición ante– “el misterio” como seres humanos, lo que puede expresarse “de muy distintas formas”.
Ahora bien, esta cuestión de “regreso” hacia lo “primitivo” en el cristianismo hace pensar a Cox en las semejanzas entre aquella época y la actual, esto es, un contexto social que estaba determinado por la multiplicidad de culturas y los desplazamientos migratorios, detalles que permitieron a la religión ser “multifacética”, sin patrones de gobierno establecidos, liturgia uniforme o una teología estandarizada; parecería que aquella flexibilidad se repitiera, aunque basada en condiciones distintas que producen resultados similares, permitiendo que las comunidades de muchas partes del mundo formar parte de un culto que es “cultural, racial y teológicamente heterogéneo”.
Entre los detalles de interés para el lector en este país, el capítulo 8 se centra en una entrevista que sostuvo Cox con Joseph Ratzinger en 1988, cuando el ahora papa presidía la Congregación para la Doctrina de la Fe, en El Vaticano. A querer y no, el retrato que, casi de manera involuntaria, dibuja el autor sobre quien hoy ostenta el nombre de Benedicto XVI es bastante ilustrador y desilusionante si se piensa en que el papel del papado será fundamental en el futuro del catolicismo que, como otras religiones, se encuentra inserto en una época –la actual– en la que, respecto del diálogo posible y necesario entre los diferentes cultos, existe “más conversación y más conflicto que nunca”.
Respecto del fundamentalismo, Cox no hace distingos entre religiones y destaca que, en su mayoría, estos movimientos llegan al extremo de equiparar la fe con la creencia (justo lo que dio pie al autor para comenzar el libro) y, también, a buscar la imposición de lo que consideran como “creencias correctas” pero que, al alejarse del sentido originario de la experiencia de la fe, terminan por dedicar –de acuerdo con Cox– “demasiada energía a una causa perdida”.
En el libro se dedica un buen número de páginas a los movimientos pentecostales, la diversidad de “critianismos” en Estados Unidos, Asia, África o Latinoamérica y, pensando en este último continente, un apartado donde Cox se detiene en lo que significó su contacto con la “teología de la liberación” (que describe como “el movimiento teológico más innovador e influyente del siglo XX”), que “replantea el mensaje cristiano” desde la perspectiva de los pobres y los marginados.
Para concluir, basta citar en extenso una de las conclusiones del autor que, después de todo, resulta inevitablemente cercana a nosotros: “el cristianismo entendido como un sistema de creencias protegido y transmitido a través de una institución religiosa privilegiada por una clase clerical se extingue ya. Hoy está en ascenso el cristianismo como un modo de vida compartido de una inmensa variedad de maneras por una diversa red global de hermandades”. Nada mal para alguien que no se declara ateo.

http://www.lajornadajalisco.com.mx/2012/04/14/harvey-cox-revisa-en-el-futuro-de-la-fe-las-recientes-transformaciones-religiosas/


ENRIQUE BEOTAS
Día 19/05/2013 - 02.51h

En sus muchos viajes por el mundo afirma haber visto «muchos pobres felices y muchos ricos que nada les llega»

José Rodríguez Carballo: «La igualdad entre hombres y mujeres no comporta que los ministerios sean los mismos»

-¿Los Medios de Comunicación de la Iglesia están para ganar dinero?

-Todo en la Iglesia debería estar en función de la evangelización, también sus medios de comunicación. Es verdad que estos necesitan dinero, pero siempre deben estar al servicio del Evangelio, nunca al servicio de ganar dinero.

-¿Un solo modelo Europeo nos ha llevado a esta profunda desigualdad?

-Ante tanta desigualdad y materialismo hay salida. La indicó Jesús y san Francisco de Asís: la fraternidad y la esencialidad de vida. La fraternidad nos lleva a contemplar en el «otro» a uno mismo, y para los cristianos, a contemplar en el «otro» a Cristo. La fraternidad jamás levanta muros entre ricos y pobres, entre los que son «de los nuestros» y los «otros», sino que construye puentes de comunión y de comunicación de bienes. San Francisco nos enseña, que los bienes de que disponemos no son nuestros, solo los administramos. La esencialidad evita el que se acumule sin necesidad.

-¿De quien son los bienes?

-De todos, pues es Dios el «gran limosnero», el propietario. Debemos vivir la espiritualidad de la «restitución», de lo contrario san Francisco nos diría que somos ladrones.

-¿Y ante el materialismo?

-Solo queda que volvamos a una vida que se contente con lo esencial. Esto nos hará más libres. San Francisco diría «vivir sin nada propio», y más felices.

-En sus muchos viajes por todo el mundo, ¿qué han visto sus ojos?

-Muchos pobres felices y muchos ricos que nada les llega.

-¿La iglesia de los desheredados camina acompasada con la de los poderosos?

-No se puede hablar de una iglesia que viva cerca de los poderosos y otra junto a los desheredados. Hay una única Iglesia, la de Jesús, que está al lado de todos, y que con preferencia debe estar al lado de los desheredados.

-Islamismo y fundamentalismo: ¿Frente, ante, cabe o con…?

-San Francisco en su Regla, la primera que habla de lo que hoy diríamos misión ad gentes, al hablar de los frailes que van a países musulmanes usa las expresiones «entre» y «con» ellos. Es la clave para el entendimiento, como lo demuestra su diálogo con el Sultán Melek el Kamil. Estamos llamados a vivir juntos y a respetarnos.

-¿Qué le diría la madre de aquel niño de aldea al hoy arzobispo?

-Me diría y me lo está diciendo aunque de otra forma: sé fiel a tu vocación franciscana y sacerdotal y serás buen obispo. Sé constante, como hasta ahora, y vive volcado para el Señor y para los demás, particularmente para los más pobres. Sé tu mismo, haz siempre el bien y no mires a quién. Vive con alegría franciscana el nuevo servicio que el Papa te pide.

-¿Su lema episcopal?

«Fíate siempre del Señor, para el cual todo es posible»

-Fíate siempre del Señor, para el cual todo es posible.

-Hablamos de nuestras madres, pero no del papel que la mujer ha de jugar a futuro en la iglesia…

-El papel de la mujer en la Iglesia es fundamental. Basta pensar en la misión que realizan en todo el mundo, particularmente en los lugares que llamamos de «frontera» y en la transmisión de la fe. Ello no quiere decir que hombres y mujeres estén llamados a ejercer los mismos ministerios. La igualdad no comporta que los ministerios sean los mismos.

-¿Y el celibato?

-Un gran don que ni es dado a todos, ni todos lo pueden entender. Quienes hemos recibido ese don y esa gracia, estamos felices de servir al Señor con corazón íntegro, a pesar de nuestras debilidades y flaquezas. Precisamente por ello somos conscientes de que es un tesoro que llevamos en vasijas de barro.

-¿La castidad es más que abstinencia?

-La castidad comporta abstinencia, pero es, sobre todo, entrega sin reservas, amor gratuito, disponibilidad total e incondicional. Es corazón indiviso.

-¿Qué amores bendice la iglesia y qué amores no caben en la bendición?

-El amor, cuando es amor, siempre se bendice y porta bendición. Se bendicen los amores que son gratuitos, desinteresados, el amor que no busca el propio bien sino el de los demás, en definitiva, el amor-ágape. No se pueden bendecir los amores que no responden a cuanto acabo de decir. Es más, en este caso no se debería usar la palabra amor, pues es tan exigente y grande que no pude ser utilizada sino con ciertas condiciones.

-¿Sencillez, humildad y obediencia le solucionan todo al monje?

-También le hace falta mucho sentido común y mucha sabiduría.

-¿La dan los libros?

-No tanto los libros, cuanto la vida. La experiencia hace de uno un testigo.

-Machado escribió: «Siempre todavía».¿Hacia dónde camina el pueblo de Dios?

-Escuchando su pregunta me viene en mente un texto de Juan Pablo II en el que invita a todos a «mirar al pasado con gratitud, vivir el presente con pasión y mirar al fututo con esperanza». Todo un programa para el Pueblo de Dios del siglo XXI.

-El cardenal Herrera escribió: No quiero un partido católico, sino católicos en los partidos…

-Tenía toda la razón. Lo importante no es que haya un partido que se presenta como «católico», sino que haya católicos que logren transformarlos.

-¿Todos necesitan transformación?

-Necesitan tener como base el Evangelio y sus valores.

-¿Qué me dice de quienes se empeñan en denostar a la Iglesia?

-Las críticas que nacen del amor y miran a mejorar no me duelen.

-¿Cuáles duelen?

-No comprendo ni acepto aquellas que solo miran a minar y destruir, sin tener en cuenta lo mucho positivo que hace la Iglesia.

-¿Tiene enemigos…?

-Si los tuvo Jesús, ¿qué tiene de extraño que los tenga la Iglesia? Hay que recordar cuando dice: «las puertas del infierno no prevalecerán contra ella». De ello estoy plenamente convencido.

-¿De quien es la iglesia?

-De Jesús y de todos cuantos le siguen, algo que no impide que esté al servicio de todos, incluso de aquellos que no creen en Jesucristo.

-Hora en Santiago de cantos y salmos. Fray José se levanta dulcemente de su silla y me acompaña hasta el Obradoiro. Aquí rezará durante su Consagración en español, gallego, italiano, francés, inglés, portugués, latín, griego y hebreo bíblicos; las lenguas que domina y no gusta reconocer por humildad. Mientras me despide con su sempiterno «paz y bien», no puedo evitar preguntarle si los obispos se jubilan…

-No, como tampoco se jubilan los cristianos, los religiosos o los sacerdotes. Para hacer el bien y proclamar el evangelio no hay jubilación, esta es la misión principal de un Obispo.

-Me despido del hombre sencillo de aldea al estilo de nuestro común amigo de Maceira, Antón Lamazares, ese franciscano sin hábito y artista genial: Laus Deo…

 

 

 

http://www.abc.es/sociedad/20130519/abci-carballo-igualdad-ministerios-201305182035.html

 


Sábado, 18 de Mayo de 2013

inShare3
18 abril 2013

DEBATE La intervención de la psicóloga Martha Lucía Cuéllar genera centenares de reacciones en las redes.

“Soy felizmente casada hace 35 años, abiertamente heterosexual, enamorada de mi esposo, profundamente creyente… y tengo un hijo gay”, así empezó su intervención la activista que se presentó ante el Senado mientras se discutía el proyecto que busca el derecho al matrimonio entre personas del mismo sexo.Aunque el debate fue aplazado, sus argumentos en este video toman fuerza en Internet:


11. Otto Maduro.pdf 11. Otto Maduro.pdf
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Drew University – Madison, NJ 07940-1493, E.U.A.

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