Pregunta dirigiéndose al sínodo de Amazon: ¿Agitará la olla o calmará las aguas?


Pregunta dirigiéndose al sínodo de Amazon: ¿Agitará la olla o calmará las aguas?

El Papa Francisco llega a un coliseo en Puerto Maldonado, la ciudad considerada una puerta de entrada al Amazonas en la provincia de Madre de Dios, Perú, para reunirse con varios miles de indígenas en el primer día completo de la visita del Papa al Perú, el viernes de enero. 19, 2018. (Crédito: L’Osservatore Romano Vatican Media / Pool Photo a través de AP.)

ROMA – Hasta el momento, el Papa Francisco ha celebrado tres sínodos de obispos, dos de los cuales fueron asuntos de alto octanaje con grandes enfrentamientos, y uno que produjo una era relajante de buenos sentimientos. Con su cuarto sínodo a punto de iniciarse en solo siete meses, la cuestión de qué tipo de discusión resultará ser esta reunión no puede ser más que una idea.

Titulada “Amazonia: nuevos caminos para la iglesia y para una ecología integral”, la reunión se realiza en la región panamazónica de América del Sur, que incluye partes de Bolivia, Brasil, Colombia, Ecuador, Guyana Francesa, Guyana, Perú, Venezuela y Surinam y tendrá lugar del 6 al 27 de octubre.

Un documento preparatorio publicado en junio de 2018 indicó que los puntos clave de discusión para la reunión serán el papel de las mujeres en la Iglesia, los derechos y tradiciones de los pueblos indígenas y posibles sugerencias para un mayor acceso a la Eucaristía en una región con pocos sacerdotes.

Si la discusión de este año levantara polvo, es casi seguro que se trataría de dos temas clave: el cambio climático y la ordenación de viri probati , es decir, hombres casados ​​maduros, al sacerdocio.

En una entrevista reciente con Crux , el padre jesuita Francisco Taborda, profesor de teología en la universidad administrada por los jesuitas en Belo Horizonte, Brasil, y autor de numerosos libros sobre los sacramentos, dijo que la escasez de sacerdotes en el Amazonas hace que sea imposible para muchos en la región para asistir a misa más de un puñado de veces al año, especialmente para las poblaciones indígenas que viven en áreas rurales de difícil acceso.

RELACIONADO: los sacerdotes casados ​​estarán en la agenda del sínodo de Amazon, dice un teólogo

La escasez de sacerdotes, dijo, ha llevado a “una nueva reflexión” sobre cómo asegurar que cada comunidad amazónica tenga acceso a la misa semanalmente. Y este replanteamiento, dijo, incluye la ordenación de los viri probati .

“De eso se trata”, dijo Taborda, y agregó que “en el análisis final, la solución que se puede ver es esta”, que dijo que se analizará en la sala del sínodo.

También es probable que se produzca al menos cierto grado de agitación en el tema del cambio climático y el medio ambiente, especialmente debido a nuevos enfrentamientos entre el Vaticano y el presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, así como el presidente de Brasil, Jair Bolsonaro.

En junio de 2017, Trump anunció su intención de retirar a los EE. UU. Del acuerdo sobre el clima de la COP21 de París 2015, que ha sido un tema importante de la agenda para el Vaticano y que sostiene que las emisiones globales de gases de efecto invernadero deben reducirse a la mitad de lo que se necesita para evitar una Incremento de las temperaturas atmosféricas de dos grados centígrados.

Durante su propia campaña, Bolsonaro, quien ha estado en el cargo desde enero, dijo que toma la misma postura respecto del acuerdo COP21, pero aún no se ha retirado.

Aunque Brasil es el país católico más grande del mundo, el gobierno populista de derecha de Bolsonaro ha expresado sus críticas al sínodo, diciendo que fue llamado para promover una “agenda de izquierda”.

Sin duda, este sínodo también dará voz de manera significativa a la Iglesia en América Latina, que tiende a estar en desacuerdo con sus vecinos del norte.

Los obispos del norte y del sur a menudo tienen un análisis muy diferente de los problemas acuciantes en función de su región geográfica. Particularmente cuando se trata de la teoría social, los obispos del sur tienden a ser muy escépticos con respecto al capitalismo de libre mercado, una visión que el propio Papa Francisco ha expuesto abiertamente en múltiples ocasiones.

Basado en la experiencia pasada, es difícil saber qué esperar.

Cuando se llevaron a cabo dos sínodos sobre la familia en 2014 y 2015, las tensiones eran tan intensas que podían cortarse con un cuchillo. Aquellos en campos más conservadores afirmaron que la discusión había sido secuestrada por temas como el acceso a la comunión para los católicos divorciados y que se habían vuelto a casar y un ablandamiento del enfoque de la Iglesia hacia la comunidad homosexual, mientras que la izquierda estaba entusiasmada de ver que tales asuntos aparentemente avanzaban.

Para bien o para mal, esas intensas discusiones produjeron resultados definitorios, el más notable de los cuales es la exhortación posterior al sínodo de 2016, Amoris Laetitia . Las consecuencias de ese documento, que abrió una puerta cautelosa para permitir que los católicos divorciados y vueltos a casar reciban la comunión, continúan impulsando una gran parte de la discusión eclesial incluso hoy en día.

Sin embargo, cuando se celebró el Sínodo de los Obispos sobre los jóvenes, la fe y el discernimiento vocacional en octubre de 2018, sucedió lo contrario. En lugar de los bulliciosos debates escuchados en 2014 y 2015, la discusión parecía carecer de truenos.

Durante la discusión, las cosas fueron tan bien que muchos participantes jóvenes se quejaron de que, a falta de fuegos artificiales, el evento fue algo aburrido.

En términos del próximo sínodo para el Amazonas, es imposible saber de antemano si sus problemas candentes causarán un gran alboroto, pero sin duda es una posibilidad, una para la cual, sin duda, muchos en la Iglesia ya se están preparando.

https://cruxnow.com/vatican/2019/03/01/question-heading-into-amazon-synod-will-it-stir-the-pot-or-calm-the-waters/

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POLONIA: Las conversaciones sobre el clima de la ONU en Polonia, conocidas como COP24, han comenzado oficialmente.



 Los negociadores y una oleada de seguidores se reunieron en la ciudad de Katowice, al sur de Polonia, para discutir sobre los próximos pasos a seguir en el acuerdo climático de París. Nosotros del MCMC estamos entre ellos.Crédito: COP24OfficialEsta conferencia es un hito importante en el camino para mantener el calentamiento global por debajo de 1.5 grados. Sin embargo, el progreso en las conversaciones se ha visto frenado por países dependientes de combustibles fósiles que se muestran reacios a comprometerse con una ambición real y por desacuerdos sobre qué naciones pueden considerarse “en desarrollo”. Las naciones “en desarrollo” tienen derecho a una reducción más ligera de gases de efecto invernadero y pueden tener más fondos para establecer su sistema de energía limpia, por eso, incluso países con economías grandes como China y Turquía quieren ser considerados “en desarrollo”.Mientras tanto, los grupos católicos se están reuniendo en el centro de las negociaciones y también a los márgenes. El lunes, el cardenal Pietro Parolin,Secretario de Estado de la Santa Sede, pronunció un emotivo discurso en la sesión plenaria inaugural, diciendo que “el cambio climático es una cuestión más moral que técnica,” ya que las soluciones al cambio climático están a nuestro alcance, pero la pregunta es si las vamos a utilizar. Ese mismo día, los franciscanos convocaron a un evento sobre el rol de las comunidades religiosas en la justicia climática. El momento más destacado fue el diálogo con un veterano que ha trabajado 25 años en los pozos de carbón de Polonia, quien pidió apoyo para que su comunidad pueda hacer la transición hacia la energía limpia.Evento FranciscanoLos católicos continuarán liderando en los próximos días y tú estás invitado a asistir desde tu casa.Sigue a la Peregrinación por el Clima en las redes sociales, ya que harán una protesta en una planta de carbón ubicada cerca de las conversaciones de la ONU. El 07 de diciembre, a partir de las 16:00 CET / 10:00 Este / 22:00 Manila. Las actualizaciones y fotos del evento estarán disponibles aquí.Mira la transmisión en vivo del servicio de oración en la COP24, seguido de una reunión internacional que conecta los temas de alto nivel de la COP con los problemas cotidianos que enfrentan las personas de todo el mundo. El 08 de diciembre a las 16:45 CET / 10:45 Este / 22:45 Manila. Estará disponible aquí.Sigue una conferencia de alto nivel convocada por la Pontificia Academia de las Ciencias en las redes sociales. El 09 de diciembre, todo el día. Las actualizaciones y fotos de la conferencia estarán disponibles aquí.Las conversaciones de la ONU demuestran que aunque los poderes políticos intenten retrasar el progreso, la solución al cambio climático depende en última instancia de nuestra capacidad de amar a los demás como nos amamos a nosotros mismos y los católicos aportamos fortalezas únicas a este desafío. Con las acciones y oraciones de todos, veremos  como la justicia climática sale a la luz.Juntos en la fe,
Fabián del MCMC 
-=-=-Global Catholic Climate Movement · United States 

“El Sínodo de la Amazonía va a ser un campo de pruebas para la Iglesia universal”, afirma el misionero



César Caro: “‘Iglesia’ no es solo los sacramentos, sino presencia en medio de la gente”

“Solamente con estar presentes en la Amazonía estamos respondiendo a lo que Jesús quiere; que estemos ahí”

Jesús Bastante, 10 de noviembre de 2018

¿Qué significa ser ‘Iglesia’ en la tan aislada Amazonía donde los habitantes, además, no tienen la “cultura cristiana” que damos por hecho en Occidente? El misionero en la selva peruana y bloguero en RDCésar Caro, explica en esta entrevista qué ‘evangelizar’ a los indígenas significa mucho más que catequizarles o celebrar los sacramentos. Para él, significa “compartir en lo que puedas su vida y mirar cómo hacer para que eso sea más humano”. “Todo lo que podamos hacer para mejorar la vida de estas poblaciones es bueno”, insiste César.

Estamos con César Caro. Bienvenido a la madre patria. Que no sé si se dice así todavía.

Gracias. Se dice allí.

Vienes de Perú. ¿Estás en la triple frontera?

Sí, en la triple frontera Colombia-Perú-Brasil, en el noreste peruano. En la Amazonia peruana.

Un lugar interesantísimo y con un futuro, eclesialmente hablando, potente, porque el año que viene está el Sínodo de la Amazonía. Y tú tienes algo que ver con eso.

Estamos en el proceso de aportaciones a lo que va a ser el documento de trabajo. Hay un documento preparatorio que tiene una batería de preguntas y tres partes. Y se trata de trabajar estos dos meses este año, hasta el mes de diciembre. Nosotros, en mi vicariato, hemos hecho ya una reunión de misioneros. Hemos dedicado un día entero solo a eso, y ahora, en diferentes eventos y foros, vamos contestado si no a todas las preguntas, al menos a las que atañen a cada grupo que se va reuniendo.

¿Cuáles crees que son las claves para entenderlo desde allí y desde el resto de la Iglesia?

Una, que el Papa ha puesto la Amazonía de moda. Que el Sínodo, su reflexión y la decisiones que tomen se van a ver como una especie de campo de pruebas para la iglesia universal. Que es muy importante porque la situación, digamos eclesial, de la Amazonía, parece que puede ser la misma dentro de algunos años en otros lugares.

Estamos hablando de viri probati y de una mayor implementación de ministerios para laicos.

Eso es. Y del papel de la mujer, de los ministerios autóctonos, de la inculturación de la fe, del modelaje de la iglesia local… De todos esos temas que son los puntos-fuerza del Sínodo, a los que se presta atención porque son una referencia de cómo puede evolucionar la Iglesia en los próximos años.

Ahora bien, te digo que desde abajo se ve de una manera y desde arriba de otra, creo. Cuando nosotros trabajamos las preguntas con la gente de la base, que son campesinos, gente de la chakra, pescadores de los ríos, descubrimos cosas que además nos dicen ellos también: “Los que han hecho el documento no tienen mucha idea atinera”.

Hay preguntas que no necesitan respuestas y respuestas que no tienen preguntas en el documento.

Efectivamente: el documento está hecho como si todos en la Amazonía fueran indígenas. Y no es cierto, tal y como está reflejado ahí. Los indígenas que han perdido su lengua, o su señal de identidad cultural, o son urbanos, no se sienten identificados con cierto tipo de preguntas que contiene el documento. Esa es una. Otra, es parece que la Iglesia está ya formada y no lo está: hay sitios en que casi no hay Iglesia, como en el lugar donde yo estoy.

Claro, tú estás en un sitio donde hasta muy poco no había presencia sacerdotal.

En la misión donde estoy soy el primer sacerdote que tienen. Y llevo un año y medio.

¿Cuánto tiempo podían llevar allí sin tener sacerdote propio?

La capilla donde estoy yo, Islandia, hay una primera capilla vieja que llevará construida unos veinte años. Y la nueva, diez.

Y antes no había presencia; a lo mejor aparecía un misionero de vez en cuando.

Enfrente están los capuchinos, en un pueblo grande de la parte brasilera, y ellos iban esporádicamente. Pero presencia de los misioneros constante allí, hay desde el año 2004. Y de sacerdotes, desde el año 2017. Eso en la capital del distrito, que está cerca de la triple frontera. Pero cuando te metes Yavarí arriba, o en el bajo Amazonas, ya no hay Iglesia. Hay algunas familias, y estamos tratando de ver cómo generamos ahí.

Esas realidades no se entienden desde la Iglesia europea, la romana, o la Iglesia urbana. No se entiende que haya sitios donde la Iglesia es a, lo mejor, un matrimonio que son creyentes, o una persona. O que no hay presencia, algo a lo que no sé si nos tendríamos que acostumbrar en el futuro, lamentablemente. O si es una oportunidad para entender que, igual que en algunos sitios estamos comenzando a ser minoría, en otros hay oportunidades de penetración.

Allí somos minoría, por lo que no hay la inercia de la época de la cristiandad, que quedó acá y que es algo que plantea problemas, pero también tiene sus ventajas porque no hay tampoco un imaginario social de la Iglesia católica en este sitio. Y es una ventaja porque hay muchos sitios que son una tabla rasa, o gente con otra religiosidad, o son los indígenas con sus tradiciones y con su espiritualidad, que la tienen. Entonces, ahí es donde hay que batirse, donde hay que dialogar, etc.

Quizá la pregunta es, entonces, si la Iglesia tiene un hueco en la Amazonía.

La Iglesia tiene un hueco, porque con solamente estar presentes estamos respondiendo a lo que Jesús quiere; que estemos ahí. Y ya iremos viendo con el tiempo si conseguimos armar muchas misas, muchos sacramentos, o pocos. También hay un debate sobre qué tipo de Iglesia hay que generar. El Papa dice que tienen que hacerla ellos, y nosotros ayudamos. Y eso queda lejísimos. Estamos en un proceso muy lento. Qué Iglesia va a salir de ahí, ya lo veremos. Pero el solo hecho de estar presentes, es una cosa muy bonita, buena y un triunfo. Y claro que tiene un sitio.

Estás en un lugar que se llama Islandia, pero que ni está en Europa ni hace frío. Hace mucho calor. ¿Qué es Islandia?

Islandia es un pueblecito que está en la frontera con Brasil, en la parte brasilera. Se ha quedado ahí porque el curso del río ha cambiado.

¿Pero es Perú?

Sí. El Yavarí es la frontera natural de la parte peruana y la parte brasilera. Pero Islandia está en la parte brasilera porque el Yavarí ha cambiado hace unos cincuenta años y toda la parte que estaba dentro del Perú sigue siéndolo, pero geográficamente se ha quedado dentro de Brasil. Es lo que hay. Nosotros usamos la moneda brasilera y se habla portugués un montón.

Estamos como dentro de Brasil, pero es el Perú. Es la desembocadura del Yavarí en el Amazonas, y abarca todo el Yavarí río arriba, que es la frontera, y la parte del rodeo que da el Amazonas en la zona del bajo Amazonas peruano, que es el final del río cuando sale del Perú por esa frontera.

¿Cómo es de ancho el río allí?

Es enorme, y más el Amazonas, que es un río grandísimo. Y en la época de vaciante algo menos, pero en la época de creciente, es un río enorme y además bravísimo, con mucho oleaje y bien peligroso; con muchas pozas, agujeros, y bichos de todo tipo.

Curioso.

Sí, no te rías, no.

(Ríe) ¿Qué trabajo realizáis allí?

Durante el primer año el trabajo ha sido una toma de contacto con las personas que viven en las comunidades del Amazonas y del Yavarí; conocer y ser conocidos. Nosotros vamos viendo que, en general, (menos los que son de otras religiones, muy cerrados), nos van percibiendo como aliados, como gente buena que los pueden ayudar.

Hay una línea de trabajo: donde vemos posibilidades de armar una comunidad cristiana, lo intentamos con algunas personas que se responsabilizan y vamos haciendo algunos sacramentos, sobre todo bautismos, que es lo que piden.

Donde vemos que es imposible, porque no hay ningún católico ni quieren serlo, o tienen otras religiones, porque hay de todo, nos permiten e incluso nos invitan a armar reuniones con otros temas que van más en la línea social, de derechos humanos, de identidad de los indígenas y defensa del territorio. Ese tipo de temas.

¿Le cambia a uno la vida cuando va a la misión pensando que su labor es estar con la gente pero también ejercer de sacerdote ministerialmente, y se da cuenta de que buena parte de su trabajo nos es la que haría aquí un cura?

Claro, también he sido cura aquí, y es totalmente distinto.

¿Choca? ¿Es mejor?

Lo tienes que aceptar al principio, porque te sientes un poco inútil. Piensas: ¿cuántos bautizos he hecho yo aquí?, he hecho tres. O ¿cuántos sacramentos hemos hecho?, ninguno. Ninguna boda… Muere la gente y nadie te pide que nada, ellos van al cementerio y ya está.

Lo que se entiende habitualmente por “ministerial”, hacer sacramentos, eso, no hay. Entonces tú tienes que evolucionar un poco en la comprensión de lo que significa el ministerio; ministerial no es solo los sacramentos, sino la presencia tuya en medio de allí, con la gente, compartiendo en lo que puedas su vida y mirando cómo hacer para que eso sea más humano, porque hace mucha falta y cómo Iglesia católica puede ser un factor a favor en ese sentido.

Allí hay un problema gordísimo de trata de personas y de narcotráfico, con lo todo lo que lleva emparejado de violencia de sicariato, de asaltos en el río. También está el tema de la violencia contra la mujer y el abuso sexual de niñas. Hay mucha violencia verbal y física contra la mujer. Son problemas muy típicos de las fronteras y más de la triple frontera. Allí eso se vive mucho.

Aparte de todo esto están la marginación y la lejanía; son gente que vive río arriba, comunidades que van desde 25 a 100 familias, que no tienen agua potable, no tienen saneamiento ni luz eléctrica. Y así viven, alejados del Estado y de los servicios básicos que esto conlleva. La educación es muy deficiente.

En el tema de los servicios sanitarios, estamos haciendo proyectos para botiquines comunales y para que nos lleven microscopios para leer la gota gruesa para la malaria. Y otro, el que traigo hoy, que es para saneamientos de una comunidad que no es que no tenga saneamientos ni donde ir la gente al baño, es que ni siquiera tiene espacios donde poder ir, porque cuando sube el río, le queda una franja, y luego empiezan unas chakras bravas imposibles de transitar.

Es uno de los proyectos que vienes a tratar hoy con Mensajeros de la paz.

Sí. De un problema tan simple como que la gente no tiene dónde ir a hacer sus necesidades fisiológicas; así estamos allí. Entonces, el Papa dice: todo lo que podamos hacer para mejorar la vida de estas poblaciones, es bueno. Y esa es nuestra línea de trabajo fundamental.

Cómo le explicas a alguien de aquí, de Europa, que eso también es construir Iglesia. Que también es portar el Evangelio de Jesús.

Pues no sé, con estas mismas palabras no se puede hacer explícito que es una evangelización, porque no estamos en una etapa de pastoral allí, es una etapa misionera de primera evangelización, para la que los curas no hemos recibido ningún tipo de educación. No sabemos cómo hacer. Nosotros, el equipo procedemos por ensayo y error. Un poco por instinto o respondiendo a lo que va saliendo, pero siempre con la constante de la presencia, del acompañamiento, de estar ahí, en las comunidades. Tenemos que ir a visitar, eso es el número uno para nosotros. Y en eso nos ocupamos. Es trabajoso, es costoso económicamente, y te pegas un paliza o te sacas el ancho, como dicen en Perú.

Fuente: fecansada.com

Religiones e indígenas exigen detener la deforestación


28 Nov 2018 – 4:40 AMPor: Santiago Villa

Las comunidades religiosas de Colombia dieron la semana pasada un giro histórico: se pusieron del lado de los grupos indígenas y afrocolombianos para proteger los bosques húmedos tropicales. Si se cumple la declaración firmada por los representantes de 11 religiones del Consejo Interreligioso de Colombia, y representantes de comunidades indígenas y afrodescendientes, presenciaremos un frente común por parte de resguardos, consejos comunitarios afrocolombianos y las comunidades religiosas de Colombia, para oponerse a la fumigación con glifosato, la minería, la agricultura extensiva y la deforestación en los bosques húmedos tropicales del país.

Las 11 comunidades religiosas del Consejo Interreligioso de Colombia, además, pidieron perdón a los pueblos indígenas y afrocolombianos por los siglos de colonización.

“Colombia es hoy uno de los países más desiguales del planeta, donde acudir a la violencia para resolver los conflictos ha sido parte central de nuestra historia. Somos herencia de una colonización en la que no prevalecieron las voces compasivas de las religiones. Por ello, nuestras confesiones están pidiendo perdón a las generaciones actuales de los pueblos originarios y esclavizados, acompañado del compromiso de no repetición y de una acción reparadora, que protege la vida humana y la naturaleza con sus bosques tropicales, de lo cual hace parte nuestra iniciativa”, dijeron los participantes en la declaración final de la Cumbre de la Iniciativa Interreligiosa para los Bosques Tropicales, un evento organizado por el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente, GreenFaith y el Consejo Interreligioso de Colombia. 

La ONU y GreenFaith, con financiación adicional del gobierno de Noruega, le apostaron al vínculo con las organizaciones religiosas en el objetivo de proteger los bosques tropicales porque, según un documento en la página de internet de la iniciativa: “los valores espirituales influyen en los comportamientos individuales del 80% de las personas en el mundo, y las religiones definen los valores culturales, la inclusión social, la participación política y la prosperidad económica en muchos países”.

Colombia es el primer país de cinco en el que se lanzó la Iniciativa Interreligiosa para los Bosques Tropicales. Los otros son Brasil, Perú, Indonesia y República Democrática del Congo, que es donde se encuentra la mayoría de los bosques húmedos tropicales del mundo.

El propósito del vínculo directo con las comunidades indígenas responde a que las zonas donde mejor se han conservado los bosques húmedos corresponden a los resguardos indígenas. 

Irónicamente, una gran dificultad del ambientalismo es que casi nadie se opone abiertamente a él. Nadie defiende la destrucción de los ecosistemas, la deforestación y el calentamiento global. Es más evidente atacar el aumento en los impuestos o la firma de un tratado de libre comercio: temas en los que hay posiciones abiertas y un debate más o menos franco.

En cambio, incluso quienes deforestan dicen estar a favor del medio ambiente. Posan de ecologistas. Las empresas mineras y petroleras pintan sus logos de verde y azul y los decoran con animalitos. Es fácil ensombrecer la controversia con bellas palabras y promesas vacías, y hay pocas causas más inocuas que proteger aquello que nadie ataca.

Casi todos los partidos políticos asumen como una de sus banderas impedir la deforestación y ampliar la educación ambiental. En el peor de los casos cuestionan la solidez científica que anuncia un cambio climático, o se quejan de que grupos ambientalistas malintencionados, codiciosos y con afán de protagonismo quieren impedir el crecimiento económico y las pocas fuentes de empleo para las comunidades pobres que viven de la minería. Proponen conciliar la lucha contra la pobreza con la protección ambiental; el necesario crecimiento económico con el necesario ecologismo. Para eso usan la expresión “desarrollo sostenible”: un anillo que se ajusta a cualquier dedo.

Es complicado enfrentarse a un enemigo que no se muestra, porque algunos querrán decir que no existe.

Por eso un interesante avance de la Cumbre Interreligiosa ha sido esa alianza con los grupos indígenas, que tienen objetivos bastante más claros y posiciones abiertas con respecto a lo que implica proteger los bosques húmedos.

“El Gobierno habla de que hay que acabar con la minería ilegal”, dijo durante una de sus lúcidas intervenciones Henry Negedeka, coordinador de Salud de la Organización Indígena AZCAITA, “pero para nosotros toda la minería es ilegal porque atenta contra la vida”.  

Qué tan lejos irán las comunidades religiosas en el camino de acompañar a los indígenas en sus reclamos es una pregunta central de este encuentro. Con toda seguridad, las comunidades religiosas no les acompañarán en su oposición a cualquier forma de minería en Colombia, pero deberían hacerlo a todo proyecto extractivista en bosques húmedos.  

Las intervenciones de académicos y funcionarios como Inés Cavelier, directora de Patrimonio Natural, y José Yunis, director de Visión Amazonía, aclararon que la mitad de las 220.000 hectáreas de bosque que se perdieron en Colombia durante el 2017 corresponden tan sólo a siete municipios amazónicos: San Vicente del Caguán, Cartagena del Chairá, La Macarena, Calamar, El Retorno, Solano y San José del Guaviare. 

En este caso no se trata de oponerse a grandes proyectos, sino de alterar el comportamiento de sus feligreses. Convencer a los colonos y ganaderos de la zona de que es inmoral deforestar. ¿Si se lo exigen sus iglesias, dejarán de talar los árboles? ¿Pueden las comunidades religiosas en el terreno transformar la forma como los seres humanos se relacionan con los bosques húmedos? ¿Serán escuchadas y acatadas, y podrán sus jerarquías difundir con suficiente fuerza el mensaje ambientalista, para que sus representantes lo comuniquen en esos municipios? ¿Pueden presionar al Gobierno para que les ofrezca alternativas a estas comunidades y disuadirles de deforestar? Es una apuesta difícil, pero necesaria y consecuente. 

Las comunidades religiosas no son ajenas a la acción política. La Iglesia católica, por ejemplo, fue protagónica al lograr avances en el proceso de paz con la guerrilla de las Farc; y desde un ámbito más controversial, diversas iglesias cristianas, además del catolicismo, han ejercido presión para impedir la ampliación de los derechos reproductivos de las mujeres. Las religiones afectan los comportamientos individuales, las normas sociales y la política pública. Ahora se han comprometido abiertamente con la protección de la Amazonía: confiamos, por el bien de los bosques húmedos, en que desplegarán semejantes recursos humanos y materiales para ello que para sus otras prioridades políticas.

Twitter: @santiagovillach

https://www.elespectador.com/opinion/religiones-e-indigenas-exigen-detener-la-deforestacion-columna-826091

Bolsonaro, una amenaza para el Amazonas


Ulises Noyola Rodríguez

ALAI AMLATINA, 13/11/2018.- La región del Amazonas está amenazada por las actividades de las empresas del agro-negocio tras el triunfo electoral de Jair Bolsonaro. El futuro presidente designó a Tereza Cristina, líder del Frente Parlamentario de la Agropecuaria, como ministra de Agricultura. Este grupo parlamentario, respaldado por las empresas del agro-negocio, ha impulsado varias iniciativas en el Congreso. Entre ellas destacamos el uso de agrotóxicos; el cultivo de transgénicos; y la explotación de los recursos naturales de las zonas protegidas en el Amazonas. Al tener el territorio brasileño la mayor parte del Amazonas, Bolsonaro amenazará la preservación de la biodiversidad y las comunidades indígenas.

La región tiene una enorme importancia por diversas razones: posee una gran diversidad de recursos naturales (agua, minerales, petróleo, madera, entre otros); mitiga los efectos del cambio climático a través de la absorción de emisiones de carbono; y representa un espacio vital para las comunidades indígenas. Por estas razones, la selva amazónica es un espacio geográfico que necesita ser preservado para la supervivencia de la raza humana. En caso de llevar adelante la explotación de las riquezas naturales del Amazonas, el gobierno de Bolsonaro enfrentará una fuerte oposición.

Actualmente el gobierno brasileño protege la región amazónica por medio de la designación de parques nacionales, bosques protegidos, corredores ecológicos, entre otros espacios. En este régimen, las áreas protegidas reciben financiamiento del gobierno para la construcción de obras públicas y la prestación de servicios enfocados a la preservación de las comunidades y los ecosistemas. Sin embargo, la ganadería y el cultivo de soja en grandes extensiones de tierra han contribuido a su deforestación. El gobierno de Bolsonaro tendrá que echar mano de cambios en la ley para explotar las riquezas naturales localizadas en áreas protegidas, pues en la Constitución está estipulado que las áreas protegidas sólo pueden ser alteradas mediante la aprobación de una ley.

Pese haber obtenido una amplia ventaja sobre Haddad, Bolsonaro consiguió solamente 52 de los 520 escaños del Congreso; con lo cual, tendrá que negociar con los demás partidos para poder explotar los recursos del Amazonas. Los congresistas del Partido Social Liberal piensan apoyarse en los partidos de diversos grupos políticos (católico, armamentístico y agro-negocio). Así estas iniciativas serán apoyadas por los sectores más conservadores de la sociedad brasileña, que sin duda alguna tratarán de crear un clima de miedo para conseguir el aval de la sociedad hacia las reformas. Si los partidos de izquierda no hacen un trabajo de base con la población, el conservadurismo tomará fuerza entre la sociedad, fortaleciendo la xenofobia, la discriminación y la intolerancia.  

La polarización social afectará a las comunidades indígenas del Amazonas que sufren constantemente la discriminación de la clase media. Por el abandono del Estado brasileño, las comunidades indígenas padecen analfabetismo, desnutrición e inseguridad, entre otros problemas. Para resolver estos males, el gobierno brasileño tendría que potenciar el gasto social por medio de la provisión de servicios básicos, además de garantizar la protección de la tierra. Sin protección de sus tierras ancestrales, los indígenas no logran sobrevivir ya que su forma de vida está íntimamente ligada a la naturaleza.  

Por otra parte, las actividades del agro-negocio, al destruir los ecosistemas del Amazonas, seguirán incrementando las emisiones de carbono. En cuanto a la emisión de carbono, Brasil se ha mantenido en el séptimo lugar a escala global pues el gobierno ha venido incumpliendo sus compromisos en el Acuerdo Climático de París. En el acuerdo, el gobierno se comprometió a disminuir la deforestación y aumentar el número de áreas protegidas. Bajo el gobierno de Bolsonaro, el cambio climático se agravará mediante actividades que atenten contra el medio ambiente como el monocultivo de soja, la minería a cielo abierto y la instalación de grandes presas eléctricas en el Amazonas.

Estas actividades provocarán la destrucción de parte del Amazonas y el aumento de la temperatura del planeta. Entre las repercusiones de este fenómeno, encontramos la desertificación, la extinción de especies, la alteración del ciclo del agua y desastres naturales, entre otros. Al depender de la naturaleza, la raza humana se encuentra amenazada por el cambio climático, de suerte que la preservación del Amazonas es clave para poder revertir el calentamiento global. De hecho, el futuro presidente Jair Bolsonaro mencionó recientemente que evaluará si Brasil abandonará el Acuerdo Climático de París, pero no ha asegurado la preservación del Amazonas.

Además, la respuesta de los organismos internacionales ante la política de Bolsonaro no sería tan fuerte como es esperado. Para combatir el cambio climático, los mandatarios de varios países han suscrito el Acuerdo Climático de París en donde se comprometieron a reducir la emisión de dióxido de carbono. Pero el acuerdo es letra muerta, pues no obliga a los gobiernos a aplicar estrictas regulaciones ni impone sanciones en caso de incumplimiento. En este contexto, el gobierno de Bolsonaro dejaría la puerta abierta a las empresas trasnacionales para explotar las riquezas naturales del Amazonas.

No menos importante es que la supervivencia de las comunidades indígenas está en riesgo, ya que representan apenas un 0.4% de la población total. Bolsonaro declaró, en su campaña electoral, que no les iba a dar un centímetro cuadrado más de tierra. Cabe recordar que las comunidades indígenas han sido continuamente exterminadas a lo largo de la historia de Brasil. Desde los tiempos de la colonia, las comunidades fueron sometidas bajo la prolongada esclavitud de Portugal y hasta nuestros días son perseguidas por oponerse a las actividades extractivistas. La resistencia de las comunidades aumentará ahora con el gobierno de Bolsonaro, que no dudará en intensificar la militarización de la región amazónica.

Ya el Amazonas ha sido objeto de una fuerte presencia de las Fuerzas Armadas de Brasil por problemas de narcotráfico, trata de personas y violencia producto de la pobreza extrema. Actualmente, el Comando Militar de la Amazonía realiza de manera regular ejercicios militares (Curaretinga, Curare y Relâmpago, entre otros) en la frontera norte de Brasil con el fin de hacer frente al crimen organizado, de acuerdo con el gobierno brasileño. Las Fuerzas Armadas, al entrenarse continuamente en la selva amazónica, conocen a fondo el territorio, las comunidades indígenas y las condiciones climáticas. Con ello, el ejército ha logrado poner a raya la resistencia de las comunidades indígenas y despojarlas de sus territorios. Con Bolsonaro, las operaciones militares se incrementarán para despojar a las comunidades de sus territorios.

El triunfo de Jair Bolsonaro constituye un retroceso para América Latina. El de Bolsonaro será un gobierno que apoyará la destrucción de la naturaleza, el despojo de tierras de las comunidades indígenas y la criminalización de la protesta social. Será necesario que la población brasileña se movilice para frenar las reformas que el Partido Social Liberal se propone llevar adelante. De lo contrario los brasileños verán cómo son privatizadas las riquezas naturales del Amazonas.

– Ulises Noyola Rodríguez es Colaborador del Centro de Investigación sobre la Globalización.

URL de este artículo: https://www.alainet.org/es/articulo/196492

Caminos de la memoria para el sínodo amazónico — Amerindia Colombia


Ya comenzaron los trabajos preparatorios de cara al sínodo amazónico con el cual la Iglesia Católica pretende reaccionar a los desafíos sociales, ambientales y pastorales planteados por la realidad del bioma: destrucción del territorio (ecológicamente uno de los más importantes que posee el mundo) y violencia institucionalizada contra muchos de sus pobladores (mayoritariamente miembros de […]

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