¿Qué países han vivido recientemente procesos de paz exitosos? Victor de Currea-Lugo


En medio de una coyuntura como la que vive Colombia, el analista Víctor de Currea-Lugo explica cómo les ha ido a otros países que decidieron llevar a cabo un proceso de paz y finalizar con sus conflictos bélicos.

La historia de la humanidad ha sido contada a través de sus guerras, pero podría ser contada a través de sus paces. Hay paces que han llegado con las armas, por el triunfo militar. Es el caso de las derrotas del nazismo en Europa o de los genocidas de Camboya. En Sri Lanka y en Perú los rebeldes fueron derrotados, pero en Cuba y Nicaragua los rebeldes triunfaron.

Hay otras guerras en las que se ha optado por la negociación, algunas veces ante la imposibilidad de derrotar al enemigo. En Indonesia, por ejemplo, el tsunami potenció la decisión previamente tomada por las partes para negociar.

En Filipinas ha habido varios intentos y cada vez la certeza de la salida negociada es más fuerte.

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En el acuerdo que firmó el gobierno de Filipinas se fijaron porcentajes de distribución de los recursos naturales entre el Estado y el gobierno regional.

Según la Escuela de Cultura de Paz, de Barcelona, más del 80 % de los conflictos finalizados en los últimos 30 años lo han hecho mediante un proceso de paz y menos del 20 % mediante la victoria militar de una de las partes.

Hay conflictos que se han enquistado, prolongados en el tiempo y el dolor, como es el caso de Chechenia. La pregunta es si una negociación podría ofrecer algo aceptable por las partes; pero para esto se requiere cierta maduración política, cierta capacidad de alejarse del maniqueísmo de triunfo total o derrota absoluta.

Esta maduración la puede dar la realidad: los rebeldes salvadoreños entendieron que a pesar de tomarse parte de la capital, eran incapaces de tomar el poder; en Indonesia, el gobierno entendió que a pesar de haber arrinconado a los rebeldes de la región de Aceh, el único camino era la negociación.

Negociar es diferente de claudicar, negociar implica ceder, renunciar al maximalismo, perder una parte de la agenda de lucha para lograr un mejor escenario del conflicto en la arena política. Y eso no es poca cosa, lo agradecen los civiles, desde Guatemala hasta Irlanda.

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El gran enemigo de las salidas negociadas es la doctrina que señala que “con terroristas no se puede ni se debe negociar”.

Pero toda paz tiene enemigos. Desde radicalismos políticos que insisten en el todo-o-nada de la guerra, hasta negociantes de la guerra. En Malí, por ejemplo, ante una propuesta de paz con los tuaregs, un sector de la sociedad se movilizó contra la propuesta de paz y al final hubo un golpe militar, una guerra que fragmentó el país y una parte del territorio cayó en manos de Al-Qaeda (AQMI). Sin una sociedad lista para la paz, la voluntad de los guerreros puede no ser suficiente.

En términos de análisis político, el gran enemigo de las salidas negociadas ha sido la doctrina de la “guerra contra el terror”, en cuya lógica no hay causas de los conflictos y todo se reduce a la lucha entre la sociedad contra unos terroristas con los que “no se puede ni se debe negociar”. Una extensión (incluso previa) de esa lógica es la idea de “nuevas guerras”, con la cual se intenta decir que todas las guerras en África son étnicas y todas las de Oriente Medio son religiosas, lo que no es cierto.

Negociar implica tener agendas, garantías, acompañantes, tiempos y, sobre todo, voluntad política. Algunas negociaciones buscan solo un respiro para la continuación de la guerra, una forma de legitimarse internacionalmente o un espacio para la acumulación política.

Todo proceso tiene altibajos: en el caso de Afganistán el asesinato de algunos voceros negociadores rompió el proceso de acercamiento. Los discursos de las partes son dinámicos y van cambiando, pero no se puede pedir que desde el primer día se porten como esperamos verlos el último día. Nelson Mandela, por ejemplo, no renunció al uso de la violencia sino cuando el proceso ya había tomado curso.

Los altibajos militares pesan mucho, pero es necesario saber que toda tregua es susceptible de romperse, lo que no necesariamente significa el fin del proceso de negociación. Entender que habrá tropiezos como parte del proceso es parte de la madurez política. Las complejidades militares no siempre pueden leerse fácilmente; como decía un escritor español: no es lo mismo tomar trincheras en un café que tomar café en las trincheras.

Formular una agenda implica reconocer el enemigo como actor político. Los talibán son unas organizaciones complejas, más allá de simples vendedores de opio. Los tuaregs son una comunidad étnica del desierto y no un grupo terrorista, Hizbollah es mucho más que sus milicias. Ahora, definir la agenda de negociación es ya una negociación. Esas a veces se formulan en procesos confidenciales para evitar la bulla de la prensa. Hay que recordar que una es la posición que se adopta frente a los micrófonos y que no necesariamente es la misma en la mesa de negociación. Eso no es hipocresía sino parte del ritual.

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Formular una agenda implica reconocer al enemigo como actor político.

Negociar por negociar desgasta la paz, genera incredulidad en la sociedad y alimenta una nueva oleada de violencia, como pasó en Senegal. La solución es la transparencia, pero esa transparencia tiene un límite: entender que se negocia en la mesa y no a través de los medios de comunicación. Hay que prever, en todo caso, el riesgo de que la falta de información se llene con rumores.

Las negociaciones pueden ser tan específicas como las partes quieran: en Mindanao (Filipinas) y en Aceh (Indonesia) se llegó incluso a fijar porcentajes de distribución de los recursos naturales entre el Estado y el gobierno regional; en otros, como en El Salvador, la agenda social fue muy limitada y menos aún implementada.

Esto es relevante: si las causas del conflicto no se tocan, bien en el documento de fin del conflicto o bien en el espacio político que ofrece el posconflicto armado, la posibilidad de regreso a la guerra existe: es el caso del rearme de tamiles en Sri Lanka. Nadie negocia para irse a una cárcel varias décadas, la gran mayoría busca espacios de participación política donde lucharían, en democracia, por lo que buscaban por medio de las armas y, a veces, incluso llegan al poder, como fue el caso de Nepal.

Hoy por hoy, no puede haber un proceso de paz que no mire los estándares internacionales que impone la existencia de la Corte Penal Internacional, así como el debido reconocimiento a las víctimas. Ruanda y Sudáfrica son dos casos donde los principios de verdad, justicia, reparación y no repetición empezaron a jugar un papel esencial, pero esos dos procesos son mejorables en la medida en que las víctimas tengan un papel más activo en la discusión de los acuerdos.

La experiencia demuestra que es posible el establecimiento de penas alternativas, basada en la confesión de la verdad de los hechos de la guerra, que den cuenta de la tensión entre el deseo de justicia de las víctimas y la petición de las partes de no pagar penas de prisión. Así se hizo en los casos ya mencionados de Ruanda y Sudáfrica.

Para Desmond Tutu, de Sudáfrica, hay que diferenciar entre la justicia retributiva, en la cual el delincuente paga ante el Estado, y la justicia restaurativa, en la cual el delincuente responde ante la sociedad, buscando el perdón. Esto no significa penas menores, el establecimiento de trabajos sociales de gran envergadura (puentes, carreteras, desminado) es una alternativa que usa el recurso humano que dejó la guerra, repara y beneficia a la comunidad y permite evitar la maniquea tensión entre justicia y paz. Pero el caso de la verdad debe ser innegociable, previendo castigos (incluso de cárcel) para quienes falten a ese compromiso.

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Desmond Tutu afirma que hay que diferenciar entre la justicia retributiva y la restaurativa.

AL FINAL DEL CONFLICTO
Una vez firmada la paz, es usual que los grupos rebeldes tengan disidencias que decidan continuar con la lucha armada: eso se ha visto en varios conflictos. Otras veces se negocia a diferentes velocidades con diferentes grupos, como se ha hecho en Filipinas y Darfur. En Papúa Nueva Guinea el proceso se benefició porque los rebeldes negociaron en bloque.

También es esperable (aunque no deseable) que no se haga entrega del cien por ciento de las armas, incluso en algunas guerras el porcentaje de armas entregadas no se conduele con el número de combatientes desmovilizados, pero eso no significa un fracaso del proceso en el cual lo principal es que las armas dejen de usarse.

Muchos de los pasos anteriores solo son posibles mediante la presencia de un acompañamiento de la comunidad internacional que dé confianza a las partes, esos acompañamientos obligan a la mesura, la discreción y el respeto a las partes. No se puede apoyar un proceso de paz sin dar un mínimo de credibilidad a las partes y el respeto debido. Por ejemplo, Noruega ayudó a destrabar el proceso de Sri Lanka y fue sede para el proceso entre palestinos e israelíes.

Todo acuerdo posterior implica la creación de nuevas instituciones, pero existe el riesgo de que, como en Sudán, se responda a las preguntas de fondo de la implementación, con una larga lista de instituciones creadas, cambiando el fin por los medios.

En el caso de Afganistán, una vez Estados Unidos acorraló a los talibán en 2001, trató de desarrollar una política de rehabilitación que tuvo tres pecados centrales: no fue una política nacional, sino esfuerzos locales en las zonas más afectadas por la guerra; no se hizo con proyectos a largo plazo, sino muy a corto plazo; y no se implementó a través de las comunidades, sino de operadores. Estos tres pecados llevaron al fracaso de ese modelo de paz territorial y permitieron el regreso de los talibán a muchas zonas del país, así como a la frustración generalizada de la población.

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Intentar decir que todas las guerras en África son étnicas es un error.

Los excombatientes no deben quedar desprotegidos, de ninguna de las partes, urge que se reconozca su condición humana y sus expectativas. Para una sociedad, el costo en ayudas a los desmovilizados siempre es mucho menor que el costo económico, social y político de eternizar una guerra. Lo mejor: políticas que impacten a toda la sociedad: un programa de empleo para excombatientes puede ser una medida específica de aplicación de corto plazo, pero una política social de empleo es más a largo plazo y más general.

No basta firmar, hay que implementar, hay que cumplir la palabra empeñada si de verdad se quieren prevenir nuevos brotes de violencia. Para los enemigos de la paz, cualquier escollo es sinónimo de fracaso. El incumplimiento de lo acordado explica la frustración de Liberia, donde se firmaron en vano nueve acuerdos de paz.

A veces los enemigos son capaces de llevar a un país a lo peor para hacer fracasar la paz. Pocos recuerdan que un año antes del genocidio de Ruanda, hubo la firma de un acuerdo entre los rebeldes tutsi y el gobierno hutu. Al tiempo, los enemigos organizaron grupos paramilitares, atacaron los acuerdos, usaron los medios de comunicación para sembrar cizaña y finalmente dirigieron al país a un genocidio.

Los países que reciben la paz seguirán con algunos problemas (por ejemplo, la inequidad no negociada o la violencia intrafamiliar), enfrentarán nuevos (aumento de la violencia urbana, por ejemplo), y es necesario que la sociedad entienda que la paz no trae automáticamente consigo la solución de toda la problemática social.

La ignorancia, la apatía y el fanatismo son más amigas de la guerra que de la paz, y eso lo deben tener en cuenta quienes apuesten por una salida negociada que, como toda acción humana, siempre será perfectible.

http://revistadiners.com.co/actualidad/37287_paises-vivido-recientemente-procesos-paz-exitosos/

Líderes sociales deben tener máximo nivel de protección: Eamon Gilmore


El enviado de la Unión Europea para el proceso de paz anunció el desembolso de 2,3 millones de euros para la protección de defensores de derechos humanos. Entrevista sobre los puntos claves de la implementación.

Susana Noguera /@011Noguera

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Eamon Gilmore, enviado especial de la Unión Europea para el proceso de paz, inauguró el evento “La inclusión y la educación, pilares de la paz”, de Colombia 2020. / Fotos: Cristian Garavito

En los cinco primeros meses de este año han sido asesinados 32 defensores de derechos humanos y líderes sociales. Estos crímenes han prendido las alarmas en la comunidad internacional y han puesto sobre la mesa un enorme desafío para el Estado: proteger no solo a estas personas, sino a los guerrilleros en tránsito hacia la dejación de las armas y a sus familias.

El Estado no ha encontrado la fórmula para detener ni para investigar estos asesinatos. Sus urgencias están, en medio de un polarizado panorama electoral, en terminar el cronograma de dejación de armas de las Farc y en implementar otros aspectos del Acuerdo Final. Mientras algunos sectores políticos aseguran que quieren “hacer trizas el Acuerdo de Paz”, otros reclaman una implementación completa y rápida. Señalan la tardanza en la construcción de las zonas veredales como una muestra de la incapacidad del Gobierno para cumplir con lo acordado.

Eamon Gilmore conoce a fondo los tropiezos que puede tener un proceso de paz. La Unión Europea lo nombró enviado especial para el proceso de paz en Colombia luego de 30 años de vida política en Irlanda. Estuvo involucrado directamente en el proceso de paz con el Ejército Republicano Irlandés( IRA, por sus siglas en inglés).

Esta vez llegó a Colombia para desembolsar más de 2,3 millones de euros para financiar dos proyectos de protección a defensores de derechos humanos. Estas iniciativas se suman a la creación de una nueva unidad de la Fiscalía especializada en esclarecer crímenes contra líderes sociales.

Colombia 2020 habló con el diplomático durante el encuentro “La inclusión y la educación, pilares para la paz”. El evento fue el cierre del primer año de la campaña pedagógica y periodística de El Espectador para el posconflicto.

¿Cuál es el balance del proceso de paz con las Farc, teniendo en cuenta todos los retrasos que han tenido las zonas y la dejación de las armas?

No deberíamos enfocarnos en los retrasos del cronograma. Todos los procesos de paz son difíciles de implementar, entonces pienso que es importante no volverse prisioneros de las fechas y límites. Lo importante es que el proceso de desarme se complete y que tanto las Farc como el Gobierno estén comprometidos.

¿Pasó algo similar en Irlanda?

Todo el tiempo. ¡Y eso que es considerado un proceso exitoso! En muchas ocasiones no logramos lo que queríamos en el plazo estipulado. Pero la meta a largo plazo, la paz, se logró. Eso es lo importante.

¿Cómo resolvieron esos inconvenientes?

Manteniendo el momentum de la negociación, la voluntad de las partes. Mientras ambos entiendan la necesidad de implementar el acuerdo, como es claramente el caso en Colombia, se cumplirá.

Hace poco usted estuvo en Nigeria, un país africano que también sufre la violencia interna de Boko Haram. ¿Cómo ven ellos el proceso colombiano?

Los parlamentarios nigerianos mostraron un gran interés en las negociaciones colombianas y quieren aplicar algunas de las lecciones aprendidas aquí.

¿Cómo cuáles?

La más importante es la persistencia y nunca perder la visión del objetivo principal, que es alcanzar la paz. Algunas veces, cuando estás lidiando con la cotidianidad de un acuerdo de paz, solo ves el momento presente y no el cuadro general.

En este momento el Gobierno está ocupado precisamente en los detalles inmediatos de la implementación. ¿Cuáles pueden ser las salidas para que se cumpla con lo acordado en La Habana?

La única solución es seguir el paso a paso ya pactado. Seguramente serán necesarios ajustes y eso tendrá que negociarse, pero lo importante es no perder el momentum.

Usted también vino a iniciar unos proyectos de protección a los derechos humanos. ¿Cuáles son los objetivos específicos de estos proyectos?

Queremos ayudar a hacer realidad la dimensión de derechos humanos que tiene el Acuerdo de Paz. Estamos, por ejemplo, trabajando para fortalecer la presencia de la Oficina del Alto Comisionado para los Derechos Humanos de Naciones Unidas en Arauca, Chocó, Córdoba, Guaviare, Huila, Putumayo y Urabá, regiones claves para la desmovilización de las Farc.

¿Cuánto dinero designaron para esta iniciativa?

1,5 millones de euros y debe ser implementado en 18 meses.

¿Y por qué consideran que este es un tema tan importante en este momento?

Una de las preocupaciones que tenemos es la vulnerabilidad de los líderes sociales, las intimidaciones y amenazas de las que han sido víctimas. Lo que queremos es monitorear la seguridad de estos líderes.

Pero ese ha sido un problema histórico en Colombia. ¿Qué soluciones ha encontrado la Unión Europea que harán que esta vez sí se protegerá la vida de estos líderes?

Estamos apoyando la creación de una unidad especializada dentro de la Fiscalía para atender casos de violencia contra líderes sociales. Somos muy conscientes de la historicidad del problema y queremos asegurar que estas personas tengan el máximo nivel de protección.

¿Y eso en cuánto tiempo se implementaría?

Es un proyecto a largo plazo y de carácter permanente. Queremos respaldar la creación de la unidad con capacidad financiera, pero también con ayuda técnica.

¿Por qué la UE cree que el éxito de la reinserción está ligado a programas de desarrollo rural?

Hay un reto importante que es la reincorporación económica. Este conflicto se llevó a cabo mayormente en el campo y si miramos los diferentes puntos del Acuerdo en sustitución, desarrollo rural y reincorporación, nos damos cuenta de que todo está integrado. La Unión Europea está acompañando ese importante paso y espero que los proyectos que estaremos financiando en el tema de desarrollo rural puedan también usarse para miembros de las Farc.

Pero esto es solo una parte de la reintegración…

No hay que olvidar la reincorporación personal y humana. En ese punto hemos priorizado la reincorporación de los niños excombatientes. Queremos apoyar su educación y demás necesidades junto con Unicef.

¿Cuánto designaron para ese proyecto?

En total son 2,5 millones de euros.

¿Ya saben cuántos niños se beneficiarían de ese programa?

Todavía no tenemos una cifra.

Algunos sectores políticos afirman que, de ganar la presidencia, volverán trizas el Acuerdo de Paz, ¿qué piensa de eso?

Entiendo que en un contexto electoral hay un cierto lenguaje asociado con las campañas políticas. No es mi papel meterme en el debate político que sucederá en Colombia de aquí a las elecciones presidenciales, pero espero que cualquiera sea el resultado las ganancias que se han logrado, no se reversen.

En Colombia hay una enorme discusión en torno a la Comisión de la Verdad. ¿Cuál es la importancia de ese mecanismo?

Las personas más importantes al final de cualquier conflicto son las víctimas. Son los que pagaron el precio: la pérdida de miembros de sus cuerpos, la muerte de seres queridos, la desaparición de familiares, las pérdidas económicas y materiales. Por eso las víctimas tienen el derecho de saber qué sucedió y por qué. Por eso debe existir un medio que permita que la verdad se cuente. Las víctimas deben tener herramientas para encontrar verdad y tranquilidad.

¿Qué le diría al Congreso en estos momentos en que cerca del 70 % del Acuerdo de Paz podría ser modificado y su aprobación se podría hacer más lenta?

Entiendo la decisión de la Corte Constitucional, entiendo que reafirmen la independencia del parlamento, fui parlamentario por 30 años y sé cómo es el trabajo. Pero creo que los parlamentos deben actuar responsablemente. El Congreso colombiano sabe lo que está en el Acuerdo y la agenda que debe ser alcanzada y estoy seguro de que ejercerá esa responsabilidad.

http://colombia2020.elespectador.com/politica/lideres-sociales-deben-tener-maximo-nivel-de-proteccion-eamon-gilmore

Buenaventura, ¡carajo! Por: Javier Ortiz


27 Mayo 2017

 

La política de privatización del Estado convenció a muchos que ese era el camino al desarrollo. Los terminales marítimos no se quedaron por fuera de esas lógicas, detrás de la idea de alcanzar una infraestructura acorde con las necesidades del comercio internacional, la estatal Puertos de Colombia se convirtió en un jugoso negocio controlado por unos pocos. El 21 de diciembre de 1993 se conformó la Sociedad Portuaria Regional de Buenaventura que en menos de tres meses recibió la concesión para administrar el Terminal Marítimo.

Apenas el 17 % está en manos del sector público y el 83 % es manejado por privados. Es decir, la plata del Puerto de Buenaventura se acumula en pocos bolsillos. Para el resto del país, como comunidad, Buenaventura no existe. Lo que existe es un puerto. No en vano en clases de ciencias sociales los colombianos aprenden desde pequeños que Buenaventura es un puerto, el más importante del país. Solo eso. A un niño promedio no le enseñan que Buenaventura es un pueblo, lleno de ciudadanos, de familias y expectativas, porque lo único importante que hay que aprender es que por allí salen y entran flujos de intercambio comercial. Eso mismo que aprende un niño de primaria es lo mismo que parece tener el presidente Santos en su cabeza. Buenaventura es un puerto, y no cualquier puerto, uno que crece antipático mientras la gente vive en pésimas condiciones.

Lo que exige el Comité del Paro Cívico es la declaratoria de emergencia social y económica, un ambiente extraordinario para que el Gobierno atienda la grave situación de Buenaventura, pero el Gobierno no da la altura a la justa demanda. En la mesa de diálogo se ha visto un Comité de Paro Cívico sensato, firme y maduro; pero un Gobierno lamentable, retórico, arrogante y torpe. Un Gobierno que llega a una mesa de negociación con una negativa inflexible en la mano, como una dictadura, y que en la madrugada manda al Esmad a sembrar el terror en barrios de gente pobre y a despertar a bebés inocentes asfixiándolos con gases.

La indecencia nacional camina las calles de Buenaventura, se burla de la gente que no tiene agua, se viste de paramilitar, se refugia en las casas de pique, danza al ritmo de los gritos de los torturados, mientras los jóvenes no tienen esperanza de acceder a la educación. El principal puerto marítimo del país le da la espalda a la gente. Funciona como una especie de enclave en el que unos pocos sacan ventaja mientras el pueblo se parte el lomo como esclavizado. A veces, la historia solo avanza para algunos.

La máxima preocupación del Gobierno es que la carga entre y salga, y durante la pasada semana demostró que está dispuesto a pasar por encima de las familias pobres usando el exceso de la fuerza policial y militar. Lo peor es que Buenaventura no es solo un puerto legal, también es un puerto ilegal. Por allí se mueve mucha de la droga que sale del país mientras que las mafias siembran el terror. Ambos puertos —el legal y el ilegal— son parte del problema.

En Buenaventura, la gente en la calle da lecciones de dignidad. Danzan, cantan, gritan, luchan. Creo que hasta el más insensato sabe que aquí lo que hay es una deuda histórica con una gente y un territorio. Es hora de que el gobierno se ponga a la altura de ese compromiso, ¡carajo!

fuente: http://www.elespectador.com

La Mujer es Sagrada


“Los ancianos dicen que los hombres deben mirar a las mujeres de una manera sagrada. Los hombres nunca deberían poner a las mujeres hacia abajo o avergonzar de ninguna manera. Cuando tenemos problemas, debemos buscar su consejo. Debemos compartir con ellas abiertamente. Una mujer tiene poder intuitivo. Ella tiene acceso a otro sistema de conocimiento que pocos hombres desarrollan. Ella puede ayudarnos a entender. Hemos de venerarla como Sagrada…”

  • Nativo Americano

Fuente Plumas de Aguila

http://cronicasinmal.blogspot.com.co/2017/03/la-mujer-es-sagrada.html?spref=fb

¿Dónde está la gente de la Paz? Movilización ciudadana por la paz. 


-Este 1 de junio el pueblo Colombiano se moviliza para reafirmar que #AquiEstaLaGenteDeLaPaz

Jueves 1 de junio – 6:00pm –
Teatro Pablo Tobon Uribe
¡Todos y todas por la Paz!
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Antioquia le habla a Quito
Le seguimos apostando a una #PazCompleta donde todos y todas podamos participar y aportar a su construcción,
 por ello le apostamos a los diálogos entre Gobierno y ELN.
 2 de junio desde las 8:00 a.m.
Museo Casa de la Memoria.

Las mujeres le pusieron el pecho al paro cívico en Buenaventura y clamaron por su pueblo


En su torso desnudo las manifestantes pintaron las necesidades de su gente. El puerto está a la expectativa por el reinicio de los diálogos con el Gobierno.

Fueron varias las mujeres que alzaron su voz y le pusieron el pecho al paro cívico en el puerto, que ya completa 12 días. Clamaron por la salud, el agua, la educación, el medio ambiente y el respeto a la afocolombianidad.

El Gobierno reiteró que no es viable la declaratoria de emergencia social y económica. La reunión fue aplazada en medio de fuertes discusiones.
Noticias Caracol NoticiasCaracol 14:02

Ellas también mostraron su respaldo al paro y se concentraron a la altura de la sede del Sena, junto con otros habitantes del municipio, para no permitir el ingreso de vehículos de carga pesada.

“Requerimos las condiciones necesarias para la educación en Buenaventura, por eso el pueblo no se rinde, por eso no dejamos pasar, ni subir tractomulas”, expresó Gloria Amparo Ángulo, docente del puerto.

En el sitio los tractocamiones tuvieron que regresar hacia el interior del país, tras una concertación con las autoridades. El comercio sigue cerrado y, también las mujeres, piden un acuerdo en la mesa.

Las familias aún no saben por qué los mataron y tampoco quién fue el responsable. Piden explicaciones al Gobierno después de tanto tiempo sin respuestas.
Noticias Caracol NoticiasCaracol 26 may.

 

La paz no es de Santos: Margarita Londoño


OPINIÓN

No podemos caer en los errores protuberantes que estamos cometiendo, porque si la paz fracasa, fracasamos todos

Por: Mayo 26, 2017
Este es un espacio de expresión libre e independiente que refleja exclusivamente los puntos de vista de los autores y no compromete el pensamiento ni la opinión de Las2Orillas.
La paz no es de Santos

El primer error es creer que la paz es de Juan Manuel. Elemental, pero fundamental, convencernos que la paz es patrimonio nacional

Estamos en pleno posconflicto y ya el país siente como si la paz no fuera asunto suyo. Gran equivocación es difundir la idea de que la paz le pertenece y la disfruta, única y exclusivamente el presidente. Puede haber ganado el Nobel, puede que se le reconozca mundialmente el logro de firmar un acuerdo, pero no podemos caer en los errores protuberantes que estamos cometiendo, porque si la paz fracasa, fracasamos todos.

El primer error es precisamente creer que la paz es de Juan Manuel. Elemental, pero fundamental, convencernos que la paz es patrimonio nacional. Un país que logra desactivar un conflicto después de medio siglo es una nación privilegiada y su responsabilidad primera debe ser velar para que esto no se dañe, evitar volver a las oscuras épocas de la guerra con las Farc.

Otro error, por supuesto, es creer lo contrario, que la paz, solo beneficia a las Farc. Claro que la guerrilla va a recibir muchas prebendas, de lo contrario seguiría guerreando, pero eso no significa que sean los más beneficiados. Por el contrario, llegan a un mundo incierto, en el que moverse es peor que andar entre un campo minado. Mientras para guerrilleros y guerrilleras el riesgo puede aumentar con la firma del acuerdo, para el resto de la gente la seguridad si mejora de manera sustancial.

 

Uribe y su Centro Democrático pueden soñar con la guerra
y meter todos los palos en la rueda para torpedear el acuerdo,
pero si regresamos al conflicto, no será él quien ponga los muertos

 

Tercer error: Si la paz no es de Santos, la guerra no es de Uribe. Él y su Centro Democrático pueden soñar con la guerra y meter todos los palos en la rueda para torpedear el acuerdo, pero si regresamos al conflicto, no será Uribe el que ponga los muertos. Volverá el desplazamiento de campesinos, la toma de pueblos, los tatucos, las extorsiones, etc. Etc. ¡Y eso nos perjudica a todos!

Cuarto error: También parece de Perogrullo pero hay que repetir esta verdad hasta el cansancio pues parece habérsenos olvidado, la firma del acuerdo no es la paz. Falta mucho camino para lograr eso que se llamó una paz estable y duradera. Es un camino complicado, pero hay que preservarlo a toda costa. Impresiona que después del fallo de la Corte Constitucional, las voces de defensa de la paz, esas que se unieron para reclamar que se continuara así el si hubiera perdido, no hayan convocado marchas de apoyo. Por el contrario, parece haber aprovechado la debilidad del gobierno para salir a protestar.

El quinto error se deriva del anterior; excluyendo al Chocó y a Buenaventura, que tienen sobradas razones para protestar, las demás protestas deberían encaminarse no a debilitar más a Santos, aprovechando la coyuntura, porque terminarán fortaleciendo esa derecha recalcitrante que busca la guerra. Y no es que no haya razón en los profesores, en los indígenas, en los Uber o en los taxitas, o en cualquier otro gremio, pero como dicen “el palo no está para cucharas” y un gobierno débil es más peligroso para la paz que cualquier trino de Uribe.

Sexto error, y este lo están cometiendo algunos partidos políticos de la Unidad Nacional y por supuesto el uribismo, despreciar la mesa de diálogos con el ELN. La campaña electoral que ya arrancó puede complicarse mucho más sin no se desarman los ánimos criminales de esa guerrilla. Ofrece que si llegan al poder, destrozarán los acuerdos y como lo hizo el presidente de Cambio Radical, levantarán la mesa con el ELN, hace que prácticamente ya se sienta levantada y le restan cualquier estímulo para avanzar en la negociación.

En fin, con el tema más importante en la agenda nacional, la paz, estamos cometiendo muchas ligerezas que pueden costarnos caro. Inclusive el mismo presidente Santos y su ministro de Defensa parecen olvidarse que todavía tienen un polvorín debajo del asiento y el polvorín puede explotar en cualquier momento si no se cumplen los acuerdos y si no se cuidan los territorios dejados por las Farc.

www.margaritalondono.com

http://blogs.elespectador.com/sisifus

https://www.las2orillas.co/la-paz-no-santos/

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