Falta mucho para garantizar los derechos indígenas


Por Tharanga Yakupitiyage y Baher Kamal© Reproducir este artículo|   | Imprimir | |English version

La Declaración de las Naciones Unidas sobre los derechos de los pueblos indígenas cumple 10 años en 2017, pero queda mucho por hacer para garantizar la total protección de las comunidades aborígenes. Crédito: FAO.

La Declaración de las Naciones Unidas sobre los derechos de los pueblos indígenas cumple 10 años en 2017, pero queda mucho por hacer para garantizar la total protección de las comunidades aborígenes. Crédito: FAO.

NACIONES UNIDAS/ROMA, 25 abr 2017 (IPS) – Se han logrado avances en la protección de los derechos de los pueblos indígenas, pero quedan muchos problemas por resolver, precisaron representantes de pueblos aborígenes en la reunión anual de la ONU.

Más de 1.000 delegados indígenas de todo el mundo se reunieron en la 16 sesión del Foro Permanente de las Naciones Unidas para las Cuestiones Indígenas, que este año se concentra en la Declaración sobre los Derechos de los Pueblos Indígenas, adoptada por la Asamblea General hace 10 años.

“El día de la adopción de la declaración, hubo un gran cambio en el reconocimiento de los derechos de los pueblos indígenas”, destacó la presidenta del foro, Mariam Wallet Aboubakrine, en la apertura del mismo el miércoles 24.

Por su parte, el jefe de la nación Ermineskin Cree, Willie Littlechild, recordó que las comunidades no tenían voz en el concierto internacional hasta la década de los años 80, cuando comenzaron los debates sobre la creación de un instrumento especial para proteger a los pueblos indígenas del mundo.

Falta mucho para garantizar los derechos indígenas

Mujeres indígenas de Panamá redactan planes de acción para garantizar la seguridad alimentaria. Crédito: FAO.

Además de la declaración, la ONU (Organización de las Naciones Unidas) tiene otros mecanismos dedicados a las comunidades indígenas, como el foro y un relator especial sobre derechos de los pueblos indígenas.

“Pasar de no tener voz a tener cuatro mecanismos en la ONU, creo que es un logro significativo”, destacó Littlechild.

La Agenda de Desarrollo Sostenible para 2030, adoptada en 2015, también menciona y contempla a los pueblos aborígenes, a diferencia de sus antecesores los Objetivos de Desarrollo del Milenio.

Pero todavía quedan muchos desafíos por delante para lograr que se implemente la declaración y que se aplique.

De hecho, Littlechild se mostró preocupado por la falta de mecanismos de implementación en Canadá. “Justin Trudeau fue el primer ministro que tan siquiera miró la declaración de la ONU, pero la tarea ahora es realizar el seguimiento”, comentó a IPS.

Tras adoptar formalmente la declaración en 2016, muchos críticos acusaron a Trudeau de violar el documento al aprobar varios oleoductos controvertidos sin el consentimiento total de las comunidades indígenas cuyo territorio se ve implicado en las obras.

Uno de esos proyectos es la expansión del oleoducto Trans Mountain, que recibió apoyo de 40 de las 139 Primeras Naciones de Canadá que viven en la ruta prevista.

Falta mucho para garantizar los derechos indígenas

Mariam Wallet Aboubakrine, de Mali. Crédito: Rick Bajornas/UN Photo.

La organización Artículo 19 subrayó la importancia de contar con ese consentimiento.

“Los estados están obligados a consultar y cooperar con los pueblos indígenas para obtener su consentimiento previo, libre e informado antes de adoptar e implementar medidas legislativas o administrativas que los afecten”, explicó.

El derecho a las tierras, territorios y recursos también está entre las disposiciones más importantes de la declaración.

Aboubakrine y Littlechild subrayaron la importancia de discusiones y toma de decisiones inclusivas a escala internacional y estatal para garantizar la protección de los derechos indígenas.

“El conocimiento tradicional de los ancianos es fundamental para asegurar su desarrollo sano, si es lo que acordaron, o para proteger el ambiente”, dijo Littlechild a IPS.

Por su parte, Aboubakrine remarcó la necesidad de las agencias de la ONU de comunicar y coordinar para lograr el respeto efectivo del texto de la declaración.

Según el Departamento de Asuntos Económicos y Sociales de la ONU, los pueblos indígenas constituyen cinco por ciento de la población mundial, pero representan 15 por ciento de las personas más pobres del mundo, lo que explica su mal estado de salud y la discriminación que sufren.

La 16 sesión del foro procura atender esos desafíos y realzar los avances en materia de derechos indígenas en el encuentro que comenzó el miércoles 24 y terminará este 5 de mayo.

Australia

Australia debe reducir su “increíble” proporción de indígenas presos y redoblar la lucha contra el racismo, alertó el 4 de este mes la relatora especial para derechos de los pueblos indígenas, Victoria Tauli-Corpuz.

“Es alarmante; el país adoptó numerosas políticas para atender las desventajas de los pueblos aborígenes y de las Islas del estrecho de Torres, pero no respeta sus derechos a la autodeterminación y su total y efectiva participación en la sociedad”, añadió al terminar una visita por Australia.

Las políticas del gobierno australiano no han logrado los objetivos en materia de “salud, educación y empleo e hicieron que un creciente número de indígenas terminen en la cárcel y que cada vez más niñas y niños sean separados de sus hogares en las comunidades de aborígenes e isleños del estrecho de Torres”, explicó Tauli-Corpuz.

Datos impactantes

“Me describieron la elevada proporción de detención como un ‘tsunami’ que afectaba a los pueblos indígenas. Los datos son sencillamente sorprendentes. Los aborígenes y los isleños del estrecho de Torres representan solo tres por ciento de la población total, constituyen 27 por ciento de la reclusa, y mucho más en algunas cárceles”, subrayó.

“Visité el Centro de Detención para Jóvenes de Cleveland, en Townsville, Queensland, donde niños aborígenes e isleños constituyen 95 por ciento de los menores detenidos. Muchos pasaron de la atención fuera del hogar a la reclusión”, explicó Tauli-Corpuz.

La relatora de la ONU acotó que los niños aborígenes tienen siete veces más probabilidades de tener contacto con el sistema de protección infantil o sufrir abusos o negligencia en comparación con los de otros orígenes.

“Urjo a Australia a aumentar la edad de responsabilidad penal. Los niños deberían quedar detenidos solo como último recurso. Se los castiga simplemente por ser pobres y, en la mayoría de los casos, la cárcel no hará más que agravar el ciclo de violencia, pobreza y delincuencia”, precisó.

“Encontré en los niños, algunos de apenas 12 años, en detención, los elementos más perturbadores de mi visita”, añadió.

La experta de la ONU también se mostró preocupada por el programa gubernamental Estrategia de Avance Indígena, lanzado en 2014 y que implicó un gran recorte presupuestal en los programas de apoyo.

“La implementación de la estrategia ha sido burocrática y rígida y desperdició una cantidad considerable de recursos en administración”, cuestionó.

Tauli-Corpuz también instó al gobierno australiano a crear una nueva relación con el órgano nacional indígena, el Congreso Nacional de los Primeros Pueblos de Australia, y devolver los fondos.

También se mostró preocupada de que el gobierno no cumpla con los objetivos para acortar la brecha en materia de “esperanza de vida, mortalidad infantil, educación y empleo” y reclamó un enfoque integral que incluya objetivos específicos para la “reducción de la proporción de detenciones, de la retirada de los niños y de violencia contra la mujer”.

Aliados fundamentales

El mismo 4 de abril, cuando Tauli-Corpuz realizó estas declaraciones sobre la situación de los indígenas, el director ejecutivo de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura, José Graziano da Silva, recibía en Roma a un grupo de jóvenes representantes indígenas de siete regiones del mundo.

Los Objetivos de Desarrollo Sostenible ofrecen oportunidades a los países, organizaciones indígenas y a la ONU de trabajar juntos para lograr un impacto desde ya para 2030, subrayó, y recordó que desde la creación del equipo de Pueblos Indígenas en 2014, la FAO refuerza su trabajo con organizaciones indígenas con dos enfoques:

“Por un lado, reconoció que los pueblos indígenas son “aliados fundamentales” en la lucha contra el hambre, la inseguridad alimentaria y la pobreza “por sus abundantes conocimientos ancestrales y buenas prácticas”, según dijo Graziano da Silva en su discurso al Grupo Global de Jóvenes Indígenas.

Y “por otro lado, sabemos que la falta de reconocimiento de sus derechos en la gestión de los recursos naturales y la marginación que sufren los coloca en una posición muy vulnerable. Me refiero por encima de todo en vuestros derechos ancestrales a la propiedad de la tierra”, precisó.

El encuentro en Roma, de 5 al 7 de este mes, coincidió con la celebración del 10 aniversario de la Declaración de las Naciones Unidas sobre los Derechos de los Pueblos Indígenas.

Traducido por Verónica Firme

http://www.ipsnoticias.net/2017/04/falta-mucho-para-garantizar-los-derechos-indigenas/

Cuatro claves para leer América Latina


Es posible leer la última década de América Latina a partir de cuatro ejes: el avance de las luchas indígenas; el cuestionamiento de la visión hegemónica de desarrollo a la luz de la expansión del extractivismo; la reactualización de la figura de la dependencia y, vinculado a ella, el alcance efectivo de un regionalismo latinoamericano desafiante. La última clave alude al retorno de los populismos «infinitos». Sin duda, estas no son las únicas claves político-ideológicas, pero la interrelación y la dinámica recursiva que se estableció entre ellas han jugado un rol preeminente en la reconfiguración del escenario político-social a escala regional.

Marzo – Abril 2017

Cuatro claves para leer América Latina

A partir del año 2000, América Latina ingresó en un nuevo ciclo político y económico caracterizado por un novedoso escenario transicional, marcado por el protagonismo creciente de los movimientos sociales y por la crisis de los partidos políticos tradicionales y de sus formas de representación; en fin, por el cuestionamiento al neoliberalismo y la relegitimación de discursos políticamente radicales. El cambio de época tomó un nuevo giro con la emergencia de diferentes gobiernos que, apoyándose en políticas económicas heterodoxas, se propusieron articular las demandas promovidas «desde abajo», al tiempo que valorizaron la construcción de un espacio regional latinoamericano. Frente a ello, no pocos autores alentaron grandes expectativas de cambio y escribieron con optimismo acerca del «giro a la izquierda», la «nueva izquierda latinoamericana» y el «posneoliberalismo», entre otros tópicos.

Para designar a estos nuevos gobiernos, se impuso como lugar común la denominación genérica de progresismo; si bien tiene el defecto de ser demasiado amplia, esta categoría permite abarcar una diversidad de corrientes ideológicas y experiencias políticas gubernamentales, desde aquellas de inspiración más institucionalista hasta las más radicales, vinculadas a procesos constituyentes. Más aún, en una América Latina diezmada por décadas de neoliberalismo y ajustes fiscales, el progresismo fue emergiendo como una suerte de lingua franca, común a diferentes países, más allá de la diversidad de experiencias y los horizontes de cambio.

La hegemonía del progresismo estuvo ligada al boom de los commodities. En un artículo publicado en esta revista, definimos la actual fase de acumulación que atraviesa América Latina con el concepto de «Consenso de los Commodities»1, cuya caracterización parte del reconocimiento de que, a diferencia de lo que ocurría en los años 90, las economías latinoamericanas fueron enormemente favorecidas por los altos precios internacionales de los productos primarios, lo que se verá reflejado en las balanzas comerciales hasta los años 2011-2013. En este contexto, todos los gobiernos latinoamericanos, más allá de su signo ideológico, apostaron por las ventajas comparativas, habilitaron el retorno de una visión productivista del desarrollo y negaron o buscaron escamotear los crecientes conflictos ligados a las implicancias (daños ambientales, impactos sociosanitarios) de los diferentes modelos de desarrollo.

Con el correr de los años, el cambio de época fue configurando un escenario conflictivo en el cual una de las notas mayores es la articulación entre tradición populista y paradigma extractivista. Categorías críticas como la de «(neo)extractivismo», «maldesarrollo», «nueva dependencia» o «populismos del siglo xxi», y otras de tipo propositivo, como «autonomía», «Estado Plurinacional», «buen vivir», «bienes comunes», «derechos de la naturaleza», «ética del cuidado» o «posextractivismo», atraviesan los debates intelectuales y políticos, así como las luchas sociales de la época y plantean modos diversos –si no antagónicos– de pensar la relación entre economía, sociedad, naturaleza y política.Para dar cuenta de estos escenarios en disputa, presentaré algunas líneas de cuatro debates que, si bien atraviesan la historia latinoamericana de los últimos siglos, han vuelto a constituirse en claves importantes para leer el escenario político actual bajo el ciclo progresista (2000-2016). El primer eje se refiere al avance de las luchas indígenas y nos convoca a pensar acerca de la expansión de las fronteras de los derechos de los pueblos originarios. El segundo alude al cuestionamiento de la visión hegemónica de desarrollo, sobre todo, a la luz de la expansión del extractivismo en sus diferentes modalidades. El tercero nos inserta en el plano geopolítico y remite a dos cuestiones: por un lado, la reactualización de la figura de la dependencia, categoría faro del pensamiento crítico latinoamericano, y por otro lado, al alcance efectivo de un regionalismo latinoamericano desafiante. La última clave remite al retorno de los populismos «infinitos» en América Latina. Sin duda, estos debates no son las únicas claves político-ideológicas, pero la interrelación y la dinámica recursiva que se estableció entre ellos han jugado un rol preeminente en la reconfiguración del escenario político-social a escala regional.

El avance de las luchas indígenas: entre la demanda de autonomía y la consulta previa

En las últimas décadas asistimos a un ascenso de los pueblos indígenas y a una apertura de las oportunidades políticas; esto se hizo visible, entre otros factores, en el cruce de la agenda internacional –la discusión en la Organización de las Naciones Unidas (onu) acerca de los derechos colectivos de los pueblos originarios que derivó en el Convenio 169 de la Organización Internacional del Trabajo (oit), en 1989 y, posteriormente, en la Declaración Universal de los Derechos de los Pueblos Indígenas, de 2007–, con las agendas regionales y nacionales (la crisis del Estado modernizador desarrollista y, posteriormente, del neoliberalismo, el fracaso de la integración en una identidad mestizo-campesina, la presencia cada vez más masiva de indígenas en las ciudades) y cuestiones de índole político-ideológica (la crisis del marxismo y la revaloración de las construcciones anclada en lo étnico y lo cultural). En suma, hacia los años 90, la apelación a una ciudadanía étnica devino una herramienta política ineludible en la dinámica de empoderamiento de los pueblos indios, no solamente en términos de reconocimiento cultural, sino también vinculado a la reivindicación de la tierra y el territorio.

Sin embargo, en los últimos 15 años, el proceso de expansión de la frontera de derechos tuvo como contracara la expansión de las fronteras del capital hacia los territorios indígenas, junto con la emergencia de una nueva conflictividad. En consecuencia, en el marco de los gobiernos progresistas, esta problemática –leída primero como tensión y posteriormente como antagonismo– fue suscitando respuestas diferentes, frente a lo cual los pueblos originarios colocaron en el centro del conflicto la cuestión de la autonomía y, de modo más generalizado, la defensa del derecho de consulta previa.

  • 1.M. Svampa: «‘Consenso de los Commodities’ y lenguajes de valoración en América Latina» en Nueva Sociedad No 244, 3-4/2013, disponible en www.nuso.org.

COLOMBIA. ALTO NAYA. Territorialidad en un contexto interétnico


Foto: JenzeraFoto: Jenzera

Por Efraín Jaramillo Jaramillo*

25 de abril, 2017.- Hacemos público este texto inédito de unas notas preparadas para un conversatorio con estudiantes de Geografía Raizal, pues hacen parte de la memoria histórica de una convulsionada región del Cauca, conocida como el Alto Naya, que fue objeto de una violencia atroz. Esta violencia culminó con la masacre de cerca de 50 indígenas nasa, perpetrada por un grupo paramilitar en abril del 2001.

En esa ocasión fuimos  invitados al Naya para hacer parte de un equipo de trabajo para acompañar a los pobladores de la región en la búsqueda de salidas a la difícil situación que estaban atravesando. Esa experiencia de trabajo dio origen a la Escuela Interétnica que desde entonces viene desarrollando el Colectivo de Trabajo Jenzera en varias regiones del Pacífico para seguir promoviendo relaciones interculturales entre comunidades étnicas, diferenciadas culturalmente, pero unidas por la agresividad con que la alianza entre el Estado e inversionistas ha afrontado la oposición indígena a la ocupación de sus territorios, generando situaciones extremadamente difíciles que han afectado aspectos fundamentales para la vida en comunidad como la tranquilidad, la integridad social, la seguridad alimentaria y el derecho a un territorio propio. 

Consideramos que lo vivido en esa corta pero ilustrativa experiencia de trabajo, ofrece insumos para seguir pensando las posibilidades de construir territorialidades interétnicas,  más cuando en estos momentos se habla de que la paz debe construirse territorialmente.

.-.-

Apreciados estudiosos de la geografía que vincula a su objeto de estudio la problemática social y cultural. Aquí no voy a abordar el tema sólo desde una perspectiva teórica; la idea es tratar de plantear la problemática interétnica partiendo de una situación concreta que se vivió en una región del Pacífico colombiano, cuando los pobladores de la cuenca del río Naya (límites entre Cauca y Valle) buscaron construir un territorio interétnico. Vamos entonces a mostrar esta experiencia, señalando a) los momentos más importantes del proceso; b) las estrategias que sostienen la lógica de los actores que participaron en el proceso; c) los discursos geopolíticos de estos actores; y d) las relaciones de poder que se presentaron por el  dominio de los espacios al interior de  este territorio.

También queremos discutir las razones por las cuales este proceso se encuentra estancado, aunque no liquidado, y espera mejores tiempos (ojalá no vaya a ser muy tarde) para seguirlo desarrollando.

Algunos datos significativos sobre la región del Naya

1. Cuenca emblemática del Pacífico, con una extensión de aproximadamente 300.000 hectáreas. Tiene aproximadamente 27.000 habitantes: (22.000 afrocolombianos, 3.500 indígenas nasa, 1.000 campesinos y 400 indígenas eperara siapidaara.

2. Es una Colombia en miniatura: Allí se presentan muchos de los aspectos naturales y sociales que caracterizan al país (los buenos y los malos):

– Variedad de climas y sistemas de vida: desde los páramos hasta los manglares.

– Asombrosa biodiversidad con alto grado de endemismo.

– Región multiétnica.

– Con excepción de los indígenas eperara siapidaara, el resto de pobladores no tienen títulos ni individual, ni colectivamente sobre las tierras del Naya, y la universidad del Cauca les ha venido disputando el derecho de propiedad.

– En la parte alta del río la economía depende del cultivo de la hoja de coca y procesamiento de pasta. Los pobladores de esta parte de la cuenca son importadores netos de alimentos. La entrada se realiza por un camino de herradura que atraviesa la cordillera occidental, por donde cerca de 200 mulas entran diariamente  transportando víveres e insumos para la producción de la base de coca.

– Cultivos de uso ilícito que inicialmente se encontraban en la zona alta y que ahora se han apoderado de toda la cuenca.  Fumigaciones. Contaminación. Deforestación.

– Presencia de grupos armados ilegales. Corredor geográfico para la movilización de tropas y transporte de drogas. Tiene zonas inexpugnables, que permitieron que un reducto del ELN ocultara durante meses los secuestrados de la iglesia la María y los del kilómetro 18 de la vía al mar.

– Disputa por el control económico, político y territorial.

– Violencia y asesinatos. En el Alto naya tuvo lugar en abril del 2001 una de las últimas y más cruentas masacre, donde perdieron la vida cerca de 50 personas, entre indígenas nasa (la mayoría) y campesinos.

– Existen muchos diagnósticos sobre el Naya y muchas ideas sobre lo que debería ser ese territorio para los pobladores. Sobre todo existen muchos intereses económicos, políticos y militares sobre esta región: Intereses del Estado, de la academia, de comerciantes, narcotraficantes, empresas extractoras de recursos, grupos armados y, naturalmente, de los pobladores indígenas, negros y campesinos. Paradójicamente son los intereses de estos pobladores los que menos cuentan a la hora de buscar soluciones a la problemática territorial.

El proceso de construcción social del territorio del Naya tuvo tres momentos:

a) Un momento constituyente, en el cual se buscó configurar el sujeto social que iría  a desarrollar las acciones necesarias para esta construcción del territorio, una construcción que es social. Lo fundamental aquí es que el  sujeto es plural;

b) Un momento de definiciones y acuerdos para conducir el proceso, para el cual se realizaron cuatro encuentros interétnicos con 10 delegados de cada uno de los sectores sociales del Naya sobre los temas de territorio, uso y manejo de recursos, convivencia intercultural y gobernanza territorial interétnica; y,

c) Un momento de construcción de agenda estratégica y movilización: Economía propia, como mecanismo para apropiarse del territorio. Desarrollo de las organizaciones de base de los pueblos (Consejo Comunitario, Cabildos Indígenas, Juntas de Gobierno Campesino) y de UTINAYA (Unión Territorial Interétnica del Naya), como medios para apropiarse políticamente del territorio y presionar la titulación.

Estos tres momentos se dieron simultáneamente, si aquí los separamos es por razones didácticas para tratar de entender mejor el proceso. Este proceso está plenamente documentado y lo podemos poner a disposición de ustedes los geógrafos que como ustedes, vinculan la geografía con procesos sociales y económicos. Los componentes de estos tres momentos son:

a) Todos los sectores sociales del Naya, independientemente de su fuerza o capacidad de acción, poseen un discurso geopolítico, es decir, tienen una serie de ideas (individuales o colectivas) acerca del espacio que habitan;

b) Los afrocolombianos, los indígenas nasa, los indígenas eperara siapidaara y los campesinos tienen un conocimiento de los espacios que les pertenecen. Pero ya venían advirtiendo, mucho antes de la masacre del 2001, que sobre el Naya se agitaban intereses económicos que no siempre respetaban ese dominio de hecho que tienen sobre sus tierras. Afirmaban entonces que mientras no tuvieran títulos, cualquiera podría disputarles su dominio.  De allí es que surgen las demandas por una protección legal sobre sus predios. Los indígenas nasa emprenden la lucha por la constitución de un resguardo indígena en el Alto Naya. Los afrocolombianos exigen la titulación colectiva del territorio que pueblan en el Bajo Naya. Los campesinos, cuyos predios están intercalados en un territorio habitado fundamentalmente por indígenas, piden la titulación individual de sus fincas, una reclamación que tiene la oposición de los indígenas nasa, pues esto haría inviable la constitución de su resguardo; y,

c) La lucha por la legalización de sus posesiones llevó a estos pobladores a solicitar apoyo a varias organizaciones sociales y ONG amigas o conocedoras de la problemática. Ese fue el momento en que hicimos presencia en la región un equipo interétnico e interdisciplinario para acompañar este proceso.

Sabíamos por experiencia en otras regiones del Pacífico que no teníamos mucho tiempo para organizar largos estudios y análisis rigurosos y objetivos sobre esta problemática. La información relevante para desbrozar el camino a seguir la íbamos obteniendo en las reuniones informales y charlas con los pobladores, y en los encuentros interétnicos, donde se expresaban los temores y deseos, pero también las formas particulares que tenían de ver el territorio, las relaciones sociales y económicas entre vecinos y sus historias particulares. Nos sirvió también de referencia para entender lo que estábamos tratando de construir con la gente en materia territorial, otras experiencias, que aunque efímeras, fueron muy significativas  en eso de construir territorialidad en el Pacífico: El territorio Wounaan negro en el sur del Chocó. Pero también de la experiencia vivida en Chiapas, donde indígenas y campesinos mestizos habían emprendido una lucha común por el territorio. Esa fue la forma en que nos fuimos aproximando al problema.

Los paradigmas centrales los aportaron las comunidades. Para entender el territorio se partió de una analogía que los indígenas y los negros hicieron sobre la cuenca del río Naya y el cuerpo humano, una metáfora que caló bien en la población y poco a poco fue haciendo escuela en la región.

– El territorio del Naya es un cuerpo con vida. Lo que le da vida a este cuerpo es el río Naya y sus 46 afluentes. En el Naya viven comunidades diferentes, con culturas diferentes, con historias diferentes. A estas comunidades las une el río, que es la columna vertebral de este cuerpo. Sin este cuerpo estas comunidades no tendrían vida.

– De esta metáfora implícitamente se derivaba la responsabilidad de los habitantes con ese cuerpo-territorio: Su integridad física debe mantenerse. Desmembrarlo sería matar este cuerpo. Debía haber un manejo integral del territorio con responsabilidades compartidas.

– Esta analogía entre territorio y cuerpo humano  dio lugar a otra metáfora, esta vez tomada de la cultura eperara siapidaara: La Casa Grande, donde se reúne el pueblo sia para aconsejarse mutuamente y junto con la líder espiritual , la Tachi Nawe, tomar las decisiones más importantes para su futuro.  De esa forma surge la idea de que había que conformar una organización-techo, donde estuvieran representados todos los pueblos. Una organización que coordinara y ayudara a fortalecer a todas y a cada una de las organizaciones de los pobladores: cabildos, consejos comunitarios y juntas de gobierno campesino.

El reto que teníamos por delante era enorme y lleno de incertidumbres, pues como veremos más adelante, en la decisión que se tomó de proteger los suelos bosques, y ríos de la depredación y la propuesta de una Unión Territorial Interétnica se encontraba también el germen de los conflictos que viviría más tarde el Naya, para decirlo en términos gramcianos, los grandes intereses, propiciaron también que emergieran los pequeños intereses.

Los pobladores del Naya atravesaban una de las situaciones más difíciles de su historia. La penetración en su vida social de una economía basada en el cultivo y procesamiento de la coca, había quebrado la columna vertebral de su economía tradicional y desestructurado su sociedad y su cultura. La conclusión de que solo frenando la expansión de esta economía, que estaba también destruyendo bosques y ríos, podría iniciarse un proceso de reconstrucción territorial, social, económica y cultural, comenzó a abrirse paso.

Aquí y allá, encontrábamos familias y comunidades de colonos e indígenas  que utilizaban sus antiguas estrategias de trabajo y aprovechamiento de la oferta ambiental de su territorio, adaptadas a las condiciones de este ecosistema, que les había permitido vivir bien y ofrecerles a sus hijos las mismas condiciones que ellos recibieron de sus padres, sin causarle daños sensibles al territorio. Como resultado de estos análisis que se propiciaron con los pobladores surgió lo que se llamaron “cinco tesis para que el Naya continúe con vida”:

1. Sin acuerdos sobre su manejo, el Naya no tiene perspectivas de seguir existiendo como cuerpo-territorio. En la parte alta se está destruyendo el bosque primario y se están contaminando las aguas con desechos tóxicos. La parte baja está recibiendo las consecuencias (por ejemplo escasea el pescado).

2. Sin convivencia, las culturas no tienen la fuerza para sostener con vida a este cuerpo-territorio. Dicho en otras palabras: El Naya para existir como territorio necesita la convivencia intercultural.

3. La interculturalidad es vida, es práctica. No sólo saber (teoría) sino proceder (acción): La multiculturalidad es la realidad que se da. La interculturalidad es una realidad por construir.

4. Construir interculturalidad no es un camino fácil. Tomando lo que decía Bachelard para la educación, que para “aprender hay que desaprender”, para construir interculturalidad, para entender al otro y llegar a convivir con él, hay que despojarse de muchos prejuicios aprendidos.

5. No se estaba hablando de biculturalismo: esquizofrenia, ser dos personas al mismo tiempo. Se estaba hablando de interculturalidad: Una cultura que se apropia de/y se enriquece con elementos de otras culturas,  y que en aras de construir la convivencia, prescinde de aquellos elementos circunstanciales y no esenciales de su cultura, que afecta a los otros.

Sobreestimamos la generosidad de la gente con su territorio. La inserción de la región a la economía de la coca, el impacto permanente de representaciones y señales provenientes de la sociedad regional y nacional, nos indicó tardíamente la necesidad de relativizar esa sobreestimación. Ante todo entendimos que los apremios económicos, políticos y sociales que coartan voluntades, dificultan los diálogos interculturales que son fundamentales para la construcción social de un territorio interétnico.

Reclamos territoriales y particularidades étnicas

Para iniciar un proceso intercultural se requiere un diálogo entre iguales sin que medie algún tipo de coacción. Y no se construye interculturalidad si no se acepta como igual al interlocutor o si se tiene una visión simple del otro: los indios y los negros son los que poseen culturas auténticas. Los esencialismos conducen a oposiciones que inhiben o bloquean cualquier proceso intercultural.

Las organizaciones indígenas y negras, debido al desconocimiento y la exclusión autoritaria que han sufrido sus pueblos, responden a menudo con fundamentalismo. El esencialismo y el fundamentalismo no son buenos  consejeros para establecer diálogos interculturales.

El auge de las luchas indígenas por la tierra y la conciencia de delimitar áreas de especial importancia ecológica condujo al Estado a partir de los años 70 a crear resguardos indígenas y parques naturales en la Amazonia, la Orinoquia y el Pacífico. Este ordenamiento territorial bajo los conceptos de etno- y ecodesarrollo, estuvo acompañado de fuertes controversias. Por un lado se reducían las expectativas de ganaderos de ampliar latifundios a costa de “baldíos”. Por otro lado no se tuvo en cuenta la situación social de los campesinos (colonos) que habían emigrado a esas regiones desde la zona andina y valles interandinos.

Con el fin de facilitar la unidad política como estrategia para la construcción de un territorio interétnico, había la necesidad de flexibilizar los reclamos territoriales con base en los rasgos étnicos. Aunque en Colombia esta discusión no se ha dado en profundidad, la apreciación que teníamos es que en el Naya, por sus particularidades de región pluriétnica y por el perfil y desarrollo de las luchas que habían dado los indígenas nasa, se daban condiciones que favorecían una perspectiva política que difuminaba las fronteras étnicas, semejante a Chiapas o Guatemala, donde los campesinos son asimilados o reconocidos como grupo étnico.

Nietzsche decía que la democracia era un asunto para los débiles. Esto lo aplaudió el Nacionalsocialismo para su proyecto de dominación. Sin embargo Nietzsche tenía razón, pues los débiles necesitan practicar la democracia si algún día querían ser fuertes. Ningún grupo puede entonces imponer su voluntad a los otros. Así no se construye interculturalidad ni sociedades democráticas y la democracia es un principio fundamental de la interculturalidad y la convivencia.

Tales propuestas demuestran un vínculo íntimo de la gente del campo con las luchas por la democratización de las sociedades y la creación de unidades de gobierno que sean compartidas por todos. Para el caso que venimos presentando, se trataría de uniones territoriales interétnicas, que son no sólo más democráticas, sino más eficientes en términos de manejo ambiental (permite abarcar unidades geográficas más amplias); sobre todo son más efectivas a la hora de pisar tierra y enfrentar a sus adversarios, que hoy vuelven con más ímpetu por el oro, los hidrocarburos y otros recursos de sus territorios, que amenazan a estos pobladores en transformarlos de propietarios agrarios, en jornaleros y pobres rurales.

Para regiones pluriétnicas en el Pacífico o el resto de Colombia son de gran relevancia estos acercamientos y “mestizajes” culturales y políticos, pues señalan caminos para reducir las tensiones y polarizaciones entre los grupos, que impiden la fusión de esfuerzos y voluntades para construir un proyecto social y político común como es una territorialidad interétnica.

Aparentemente, uno de los obstáculos para conformar un territorio interétnico es que sólo los indígenas y los negros tendrían mecanismos jurídicos para acceder a la titulación colectiva (resguardos y territorios colectivos de comunidades negras), caso contrario es el de los campesinos que  no contarían  con una fórmula legal de acceso a la propiedad colectiva de la tierra. Las reservas campesinas que posibilitaban la defensa de sus tierras y eran un obstáculo para la expansión del latifundio, fueron anuladas por el Estado. Las posibilidades de reclamar títulos para un territorio interétnico es una lucha, que aunque no imposible era por lo menos del largo plazo y en el largo plazo, como decía Keynes todos estaremos muertos.

La idea que surgieron en los debates interétnicos, es que la clave para avanzar en la conformación de un territorio interétnico sería la apropiación del territorio por medio de una economía propia que fundamentara garantizara la estabilidad de la población en el territorio, una estabilidad que no la asegura daba la coca, ni los títulos sobre el territorio, en una región, donde el Estado no tiene ni la capacidad ni la voluntad de garantizar los derechos de indios, negros y campesinos.

El territorio interétnico del Naya sin modelos productivos propios, sin una economía propia, solidaria, que se parezca a la gente, con rostro humano, como dice Max Neef, no tiene futuro. El Naya requiere una economía que responda a las necesidades y deseos de las comunidades, ante todo que sea controlada por las comunidades, pues la economía es política y expresa relaciones de poder.

En el portafolio del Estado se encuentran una serie de proyectos económicos extractivos, de plantación y de infraestructura) que iban a cercenar el cuerpo y a arrasar con sus comunidades.

No es indiferente el tipo de economía que se decida para el Naya. Aquí, distinto a lo que es la interculturalidad, no pueden estar conviviendo varios sistemas económicos, por ejemplo uno mercantilista extractivo, uno capitalista y uno solidario, pues el más fuerte, el más depredador se ‘traga’ al que menos capacidad tenga para defenderse.

Echar a andar un proceso intercultural de tal envergadura necesita superar dos obstáculos. El primero de ellos es que las organizaciones requieren, lo decimos con franqueza, renovar sus liderazgos. Liderazgos que sean receptivos a nuevas ideas. Liderazgos que le impriman a sus movilizaciones un marco más coherente y más acorde con la realidad que viven sus pueblos.  Los lemas de unidad, territorio, cultura y autonomía son banderas que unieron en un solo haz las luchas indígenas. Empero son hoy insuficientes, para enfrentar los nuevos poderes generadores de desigualdad, que tienen que ver con la transnacionalidad de las decisiones económicas que impone la globalización neoliberal.

El segundo obstáculo es el miedo a perder la identidad y el determinismo de lo propio y autóctono de su historia particular, un miedo que impide entender las condiciones de existencia de los otros, sin lo cual es imposible unirse con los diferentes y compartir con ellos proyectos comunes. Para decirlo en palabras de Michael Taussig, un estudioso de la problemática de indígenas y negros:

“Perder el miedo a enfrentar la tarea de construir una estabilidad en la inestabilidad, que implica el ejercicio mimético de los seres humanos de “danzar entre la similitud y la diferencia”


*Efraín Jaramillo Jaramillo pertenece al Colectivo de Trabajo Jenzera.

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Fuente: Jenzera: http://jenzera.org/web/?p=3168

https://www.servindi.org/actualidad-noticias/24/04/2017/territorialidad-en-un-contexto-interetnico

COLOMBIA: La historia de paz del pueblo indígena inga contra el narcotráfico


Espantaron a los grupos ilegales de su territorio con una sola arma: sus saberes ancestrales.

Comunidad indígena inga

La comunidad indígena inga, ejemplo de fortaleza por su lucha contra el narcotráfico y amor por su territorio, enfrenta hoy una fuerza que amenaza con destruirlos: la madre naturaleza.

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Juan M. Siza

Por: Javier Forero
17 de abril 2017 , 02:38 p.m.

En El Tablón de Gómez, 70 kilómetros al sur de Pasto, Nariño, corre tranquilo el río Juanambú. Sus gélidas aguas se deslizan sobre las laderas de las montañas, enclavadas en las faldas del volcán Doña Juana, en la cordillera Central andina.

Bajo los árboles, las capas de hojarasca quebradiza crujen bajo las fuertes pisadas de los indígenas ingas, quienes danzan al ritmo de los tambores, la melodía de las flautas y las palabras del taita Queta Alvarado, quien dirige la ceremonia de toma de yagé (bebida sagrada).

“Mana sisai, mana llulai, allí kai (no mentir, ser digno)”, reza el taita en su ritual sagrado. Invoca la sabiduría y la unión para los indígenas ingas del resguardo de Aponte, que entre 1991 y el 2003 estuvo en el centro del conflicto armado y cuyo territorio fue invadido con cultivos ilícitos.

Los primeros habitantes del pueblo inga que llegaron a estas tierras lo hicieron a comienzos del siglo XVI, hacia el año de 1535, procedentes del Putumayo.

Cuentan que las familias se reunían alrededor del fogón para compartir la comida y oír relatos de los adultos con mensajes para los niños.

“Antes se cultivaba sin químicos. En cada comunidad había chagras (sistema de producción sostenible); en cada una había plantas medicinales como la sábila, la ruda y el llantén. Con ellas se curaban los ‘malvientos’ y los espantos”, relató Pedro Carlosama, miembro del resguardo.

La armonía se rompió en los 90, cuando la amapola llegó al norte de Nariño, uno de los departamentos con más cultivos ilícitos, y se instaló en las productivas tierras de El Tablón de Gómez.

De repente, a Aponte llegaron cientos de campesinos a cultivar la flor roja y a recoger, en pequeños recipientes, la savia de sus bulbos, que luego se convierte en heroína.

Con la amapola llegaron los ilegales: primero, el frente 48 de las Farc y luego las Auc.

Hernando Chindoy, entonces gobernador indígena, recordó que en su territorio había cerca de 2.000 hectáreas de amapola. Una familia podía ganar hasta $ 10 millones al mes durante las épocas de cosecha.

La bonanza económica que obtuvieron los indígenas llegó acompañada de violencia y explotación de la que no se salvaron ni los menores. Los niños eran obligados a trabajar en la extracción de la savia de amapola.

Según informes de la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (Undoc), durante esa época Colombia alcanzó las 10.000 hectáreas de amapola y llegó a ser el octavo mayor productor del mundo.

La muerte se apoderó del territorio. El deterioro ambiental era evidente, y los valores culturales agonizaban. “Nos daba vergüenza hablar nuestra lengua y vestir nuestro traje tradicional”, contó Carlosama.

En medio del conflicto entre los grupos ilegales, la ruptura del tejido social y las fumigaciones aéreas, el pueblo resolvió enfrentarse la guerra pero sin hacer un solo disparo. Acudieron a sus saberes ancestrales.

Mediante mingas espirituales –espacios sagrados de diálogo– y ceremonias como la toma de yagé, la comunidad encontró la fortaleza para enfrentarse a los grupos ilegales y las estrategias para hacer retornar la armonía a su territorio. Y lo logró.

“Había que volver a conectarnos con la madre naturaleza a través de las plantas sagradas y escuchar a las autoridades mayores de nuestro territorio. Eso fue fundamental”, expresó Chindoy.

La segunda lucha por una tierra ancestral

La comunidad indígena inga, ejemplo de fortaleza por su lucha contra el narcotráficoy amor por su territorio, enfrenta hoy una fuerza que amenaza con destruirlos: la madre naturaleza.

En enero del 2003 lucharon para que el territorio, de 22.283 hectáreas, que habían logrado liberar de los grupos ilegales y los cultivos ilícitos, les fuera titulado como resguardo, y presentaron la solicitud ante el antiguo Incora.

El 22 de julio de ese año, esa entidad expidió la resolución 013 y constituyó el resguardo, en el cual fueron declaradas zonas de reserva casi 18.000 hectáreas de páramos, montañas y lagunas.

Ese fue el primer paso. Ahora que tenían titulado su territorio podían ejercer la soberanía y reconstruir el tejido social.

La comunidad fue galardonada con el Premio Ecuatorial 2015, que entregó la ONU a 21 acciones de base comunitaria e indígena por su trabajo ambientalmente sostenible para la sustitución de cultivos ilícitos, como parte del programa de Familias Guardabosques.

Sin embargo, desde ese mismo año, la tierra por la que tanto lucharon cientos de ingas empezó a agrietarse.

Una falla geológica vino a recordarles, 12 años después de constituirse como resguardo, que tenían una deuda pendiente con la tierra.

Casas con paredes agrietadas, pisos destruidos y hasta las calles adoquinadas levantadas por la falla geológica son el panorama actual. Son cerca de 200 las viviendas que ya fueron afectadas por el fenómeno.

Algunos ya dejaron sus casas y se trasladaron a las de familiares o amigos. En algunos casos, las viviendas son ocupadas por varias familias,  que prefieren la incomodidad a permanecer en un territorio en el que siente una amenaza latente, ya no de los grupos ilegales sino de la naturaleza.

Pero aún la mayoría se resiste a abandonar su tierra. Ahora cultivan café y crían peces, sus ocupaciones desde que dejaron la amapola.

Cultivan principalmente el Kusny, un café especial de altura apetecido a nivel internacional y que, aseguran los indígenas, tomaban los dioses ingas, esas mismas divinidades a las que hoy se aferran para continuar en la segunda lucha por su tierra ancestral.

JAVIER FORERO
Redacción Política
gerfor@eltiempo.com
*Con colaboración de María Eugenia Lombardo

http://www.eltiempo.com/politica/proceso-de-paz/historia-de-paz-de-indigenas-inga-contra-el-narcotrafico-78274

El derecho de los pueblos indígenas al territorio: herramientas para el diálogo de saberes


Pueblos indígenas

“Este material, se centra, como su nombre lo indica, en el derecho al territorio de las comunidades indígenas, un derecho que ha sido identificado como fundamental para estos pueblos y precisamente uno de los más afectados, -antes y ahora-, tanto por su significado y la importancia que tiene como por su relación de conexidad con otros derechos.”

EL DERECHO DE LOS PUEBLOS INDÍGENAS AL TERRITORIO: herramientas para el diálogo de saberes es un módulo que hace parte de la Colección

EXPERIENCIAS DE LAS COMUNIDADES EN DEFENSA DEL TERRITORIO Y CONTRA EL DESPOJO que el Instituto Latinoamericano para una sociedad y un derecho Alternativos, ILSA viene produciendo en el marco del proyecto Protección, restablecimiento y reparación en los Montes de María, financiado por la Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo (AECID).

Este material, se centra, como su nombre lo indica, en el derecho al territorio de las comunidades indígenas, un derecho que ha sido identificado como fundamental para estos pueblos y precisamente uno de los más afectados, -antes y ahora-, tanto por su significado y la importancia que tiene como por su relación de conexidad con otros derechos.

El punto de partida será entonces un acercamiento al territorio desde la perspectiva de algunos pueblos indígenas, identificando los principales aspectos en los que radica su significado e importancia. Luego se abordará en el reconocimiento del territorio como un derecho de los pueblos indígenas, incorporado en la legislación y jurisprudencia nacional e internacional, y finalmente se trabajará la relación entre el derecho a la reparación integral y el territorio de los pueblos indígenas a partir de un análisis de las normas específicas que en Colombia regulan la materia.

Para acceder al documento completo (formato PDF) haga clic en el enlace a continuación y descargue el archivo:

http://www.biodiversidadla.org/Portada_Principal/Documentos/El_derecho_de_los_pueblos_indigenas_al_territorio_herramientas_para_el_dialogo_de_saberes

ECUADOR: HERMOSA SINTESIS DE LA CELEBRACIÓN DEL DÍA DE LA MUJER 2017


Celebración del Día de la Mujer 2017

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PERÚ: Presentarán Gerencia de Desarrollo de Pueblos Indígenas de Satipo


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Fotografía: Selva Central.Fotografía: Selva Central.

El 27 de abril se oficializará las labores de la Gerencia de Desarrollo de Pueblos Indígenas de Satipo a cargo de Yoni García Rivera. Su finalidad es garantizar la identidad cultural y social de las comunidades nativas.

Servindi, 23 de abril, 2017.- El jueves 27 de abril a las 9:00 a.m. se realizará el lanzamiento oficial de la Gerencia de Desarrollo de Pueblos Indígenas de la Municipalidad Provincial de Satipo, Junín, en la selva central del Perú.

La gerencia encabezada por Yoni García Rivera, joven profesional del pueblo Asháninka, se creó con la finalidad de acercar el gobierno local a las comunidades nativas y organizaciones indígenas para atender sus necesidades básicas y promover su desarrollo, garantizando el respeto a su identidad cultural y social.

Desde el mes de enero se dio inicio el funcionamiento de este nuevo espacio de trabajo que está conformado por la Subgerencia de Derechos e Interculturalidad y la de Promoción e Identidad Indígena.

La Gerencia de Desarrollo de Pueblos Indígenas se enmarca en la política de desarrollo provincial y en el respeto a la Constitución Política del Estado, el Convenio sobre Pueblos Indígenas 169 de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) y la Declaración de las Naciones Unidas sobre los Derechos de los Pueblos Indígenas.

Asimismo, en el respeto a la Ley 29785, Ley de Consulta Previa a los Pueblos Indígenas u Originarios.

El acto protocolar se realizará en el frontis de la Municipalidad Provincial.

Diversidad en Satipo

De acuerdo a Teódulo Santos Arana, alcalde de Satipo, existen más de 40 mil asháninkas en esta región amazónica de Junín. Asimismo, señaló que hay más de 6 mil personas de otras etnias.

“Son peruanos, ¿cómo tenerlos al margen? (…) ¿cómo no incluirlos si no los reconocemos formalmente dentro de nuestro esquema administrativo institucional? Hemos pensado que debemos dar ese paso”, enfatizó el burgomaestre para Ideeleradio.

Satipo

La provincia de Satipo se ubica en la parte oriental del Departamento de Junín, bajo la administración del Gobierno regional de Junín, en la parte central del Perú.

Limita por el norte con el Departamento de Pasco; por el este con el Departamento del Ucayali y el Departamento del Cusco; por el sur con el Departamento de Ayacucho; y, por el oeste con las provincias de Chanchamayo, Jauja, Concepción y Huancayo.

La Provincia de Satipo está dividida en nueve distritos: Satipo, Coviriali, Llaylla, Mazamari, Pampa Hermosa, Pangoa, Río Negro, Río Tambo y Vizcatán del Ene.


Yoni García y el regidor provincial Fernando Rivas Cardenas (presidente de FECONACA) en el aniversario de la creación política de la C.N. Santa Clara.

https://www.servindi.org/actualidad-noticias/20/04/2017/satipo-presentaran-oficialmente-gerencia-de-desarrollo-de-pueblos

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