El femicidio, la reacción contra el fin de una era


En el siglo XX, el genocidio se impuso contra las identidades nacionales; en el XXI, la reacción es contra las identidades individual
DOMINGO 07 DE MAYO DE 2017
Ilustración: Power Paola
Ilustración: Power Paola.

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Cuando un evento se repite a tal punto de volverse cotidiano, ya no estamos observando un evento, sino una práctica social. En la Argentina, desde hace varios años, somos testigos de un alarmante incremento de la violencia de género que, a cada minuto, termina en un nuevo femicidio. El asesinato sistemático de mujeres se ha convertido en un hongo que crece y se multiplica sobre la superficie de la Tierra. Y como todo hongo, estamos ante el peligro de leerlo como algo normal, cotidiano, natural. Este peligro nos exige pensar el femicidio desde nuevas categorías de análisis.

Micaela García, Belén Rivas, Claudia Lima, Silvia Castañera, M. Estela Torres, Florencia Di Marco, Silvina Núñez, Ornella Dotori, Antonia Ríos, Lucía Hoyos, Karina Catalano, M. Adela Duarte, Gabriela Barceló, Noemí Salvaneschi, Cielo Torres, Paulina Portillo, Cristina Sandoval, M. Esther Ramírez, Tamara Olguín, Alejandra Polizzi, María Vedia Durán, Malvina Noelia, Silvia Morales, Carmen Solís, Tamara Córdoba, Mayra Díaz y Analía Núñez: 27 mujeres asesinadas, violadas y abusadas en 27 días, en abril de 2017.

Nuestro país no es el único caso: el informe de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal) de octubre de 2016 mostró que existe un promedio de 12 mujeres asesinadas cada día por violencia de género en América Latina, con la Argentina, México, Guatemala y Brasil en la cima de estas escalofriantes cifras. ¿Por qué todo indicaría que el femicidio se ha convertido en una práctica social? ¿Cuál es la lógica que se esconde debajo del asesinato sistemático de mujeres en todos los continentes?

Hacia finales de la Segunda Guerra Mundial el mundo amanecía frente a una nueva realidad que se expandía desde Europa hacia los confines de la Tierra: el genocidio como una práctica social. Como escribió Daniel Feierstein en su libro El genocidio como práctica social (FCE, 2007), el nazismo inauguró la idea de la “reorganización genocida, del poder del aniquilamiento como destructor y refundador de las relaciones sociales”. El genocidio no fue una excepción, sino la conclusión de diferentes procesos sociales que tuvieron sus orígenes en la construcción propia del Estado y el tiempo modernos. Procesos que nacen con la conformación de la identidad nacional, en los que diferentes identidades y culturas se vieron solapadas bajo la idea de igualación de un territorio con una lengua y una religión. Y frente a un discurso de autonomía que toleraba la diversidad de pensamientos y formas de vida, pero que ante el límite de la radicalización de las prácticas autónomas de índole política, social, económica o cultural, encontró en la destrucción la herramienta para reconfigurar las sociedades nacionales. El genocidio no mermó ante las banderas del “Ni un genocidio más” posteriores a 1945, sino que se multiplicó a la par de la exigencia de autonomía de los países coloniales, los Estados multiculturales o las identidades religiosas diferentes.

No es casualidad que el mismo síntoma haya sido percibido con perplejidad por Hannah Arendt en su libro Eichmann en Jerusalén y por Michel Foucault en sus estudios sobre el biopoder: el genocidio no es un evento único y pasajero, sino que bajo determinadas condiciones cualquier Estado puede llegar a su realización. Y esas condiciones se vinculan directamente con la ruptura de la matriz moderna de la identidad nacional. Es así como el mapa europeo se vio transformado por estas prácticas, pero también bajo las políticas represivas y genocidas en las últimas dictaduras militares latinoamericanas, en África, Medio Oriente y Asia.

Síntoma de resistencia

Debemos pensar el siglo XX como el siglo del estallido de las identidades nacionales con la respuesta genocida de los Estados. Hoy vemos el estallido de las identidades individuales, de los discursos sociales que exigen la ruptura de las categorías obsoletas que determinaban la relación entre los seres humanos, las elecciones sexuales, la relación de poder hombre-mujer y mujer-hombre. Discursos que ya no sólo exigen la libre manifestación y radicalización de la autonomía individual, sino que además exploran nuevas formas de autonomía, nuevas formas de relaciones sociales. Así como desde el origen de los tiempos la mujer fue señalada como “el otro” y su asesinato una realidad, hoy el concepto y la práctica femicida se han transformado en una dinámica social, quizás la respuesta desde la sociedad misma a la ruptura de los discursos de la Modernidad sobre las libertades individuales.

Como bien explica Michel Foucault en su curso del Collège de France de 1975-1976 (Defender la sociedad, FCE, 2000), el Estado nazi hizo que coincidieran el campo de la vida disciplinaria y reguladora característico de todo Estado nación con el derecho soberano de matar a cualquiera por sobre el contrato social que inauguró el tiempo moderno. Hoy el análisis nos exige entender que el carácter monstruoso del femicidio se vincula también con prácticas humanas, para ampliar la comprensión sobre lo que esconde esta realidad que azota a nuestras sociedades: la aterradora posibilidad que cualquiera se pueda transformar en un femicida, un vecino, un familiar, un amigo, un desconocido. La destrucción de las configuraciones identitarias tradicionales pareciera haber liberado tabúes y pulsiones que no sólo hacen del femicida aquel que en el otrx, en la alteridad, deja de ver a un semejante, sino que radicaliza su cosificación como reacción ante la libertad, como un síntoma defensivo de resistencia al cambio de paradigma.

En 1963, Arendt le respondió en una carta a las acusaciones de Gershom Scholem tras el debate generado por sus escritos sobre la “banalidad del mal” (Escritos judíos, Paidós, 2009). Allí le dice que el mal nunca puede ser radical, sino solamente extremo y que carece de profundidad, porque “puede crecer desmesuradamente y reducir todo el mundo a escombros precisamente porque se extiende como un hongo por la superficie”. De igual modo, hoy el femicidio crece desmesuradamente como respuesta al fin del discurso moderno sobre el lugar de la mujer en la sociedad.

La estructura social moderna durante el siglo XX llegó a su fin y ante la necesidad de nuevas categorías para definir al otro, el genocidio se convirtió en la herramienta para erradicar el exceso de autonomía: judíos, gitanos, musulmanes, bosnios, indígenas, afrodescendientes, armenios, tutsis, comunistas. Todo lo que ponía en jaque la identidad nacional debía ser subyugado. La Modernidad no estaba preparada para contener una doble identidad, dos lenguas nacionales, el amor por una tierra en la que residían pero no se sentían parte, ni tampoco discursos sostenidos en la solidaridad, en la igualdad económica y política.

El siglo XXI se enfrenta a una nueva realidad: mientras el problema de las identidades nacionales fue girando hacia el problema del “otro diferente y terrorista”, hacia el interior de los Estados nuevos discursos sociales implosionan las viejas identidades. Las categorías no son suficientes para ir a la par de las configuraciones humanas: ni hombre/masculino ni mujer/femenino, agénero, intergénero, demigénero, género fluido, pángenero, queer, trans, cisgénero, pluriamor, nuevas familias. Y en la punta del iceberg, estamos frente a la ruptura de una matriz de pensamiento que saca a la mujer del lugar del objeto, de la cosificación, de la sumisión. En este contexto, el femicidio se ha multiplicado. se ha vuelto una práctica cotidiana y nos convoca a pensar.

Un hecho alarmante es que el femicidio, a diferencia de las prácticas genocidas, ya no se dirige desde el poder del Estado hacia sus ciudadanos, sino que nace en el propio estrato social. Más allá de las políticas públicas y lo que puede hacer o no el Estado y sus fuerzas de seguridad, es la crisis de los discursos sociales y los conceptos modernos lo que puede convertir al otro en tu futuro asesino. Es el quiebre de la mirada del mundo que conformaba el discurso sobre el rol y el lugar de la mujer. Y por ello, no podemos dejar de lado que hoy estas prácticas son intrasociales. Tal vez como la herencia nefasta de sociedades post-genocidas, o tal vez, como la incapacidad de soportar el fin de los discursos heteronormativos que determinaban los vínculos entre los seres humanos.

El autor es especialista en filosofía política y pensamiento judío, e investigador del Conicet

http://www.lanacion.com.ar/2020576-el-femicidio-la-reaccion-contra-el-fin-de-una-era

EL PEOR ABRIL POSIBLE: EN LA ARGENTINA ASESINAN A UNA MUJER POR DÍA


Con Araceli Fulles se completa una larga y trágica lista de femicidios durante el último mes. De las mujeres muertas, diez fueron además abusadas sexualmente. Aún hay cinco desapariciones no resueltas.

La confirmación del asesinato de Araceli Fulles, este mediodía, marcó en el calendario local otra triste estadística. En abril murió una mujer por día (promedio) a causa de un femicidio.

Araceli Fulles
Araceli fue encontrada hoy enterrada en la casa de su captor.

La violencia contra las mujeres se manifiesta de las formas más disímiles. A veces se da en el marco de una relación de pareja y otras a mano de delincuentes y asesinos, que no necesariamente forman parte del entorno de la víctima.

Micaela García
Micaela García tenía 21 años.

La primera noticia que se tuvo al comienzo de este mes que se va, fue el del homicidio de Micaela García quien desapareció el 1° –un día más tarde se perdía todo contacto con Araceli–. Tan sólo una semana después, Micaela apareció muerta. La joven fue salvajemente abusada por su captor, quien “disfrutaba” del beneficio de libertad condicional.

El 11 de abril, mientras velaban a Micaela, fue hallada muerta en una finca en Alberdi, Tucumán, a la vera de la ruta 38, Ornella Dottori. Tenía 16 años y estaba embarazada. La encontraron desnuda, con ladrillos en el cuello y señales de haber sido violada.

Ornella Dottari
Ornella de 16 años fue encontrada muerta en Tucumán.

En un femicidio particularmente siniestro Alejandra Polizzi fue asesinada el 20 por su esposo Gustavo Flores en la localidad bonaerense de Castelar. El hombre la apuñaló tres veces, en presencia del hijo de ocho años de la pareja. Y, como para sumar aún más datos escalofriantes, convivió con el cadáver dentro de la casa durante diez horas.

Alejandre Polizzi
Alejandra Polizzi murió a manos de su esposo.

Unos días después, el 23, Silvia Morales fue muerta a manos de su ex esposo. El hombre le asestó ocho puñaladas en plena vía pública, en el barrio Crucero Belgrano de San Miguel de Tucumán.

Hoy la triste noticia del asesinato de Araceli completó el almanaque. El cuerpo de la joven de 22 años fue encontrado enterrada bajo cal en la casa de su posible captor en José León Suárez, partido de San Martín. Hasta el momento se sabe que fue estrangulada con un lazo.

LA FATÍDICA SUCESIÓN DE FEMICIDIOS:

  • 1 de abril /Micaela García (desaparecida)
  • 2 de abril /Araceli Fulles (desaparecida)
  • 5 de abril /Daniela Ameri (abusada)
  • 8 de abril /Claudia Lima (abusada y asesinada)
  • 9 de abril /Micaela García (abusada y asesinada)
  • 9 de abril /Silvia Castañera (asesinada)
  • 9 de abril /M. Estela Torres (asesinada)
  • 10 de abril /Florencia Di Marco (abusada y asesinada)
  • 11 de abril /Silvia Nuñez (abusada y asesinada)
  • 11 de abril /Marina Vedia Duran (desaparecida)
  • 12 de abril /Ornella Doroti (abusada y asesinada)
  • 12 de abril /Antonia Rios (abusada y asesinada)
  • 14 de abril /Lucía Hoyos (asesinada)
  • 14 de abril /Karina Catalano (asesinada)
  • 15 de abril /M. Adela Duarte (asesinada)
  • 16 de abril /Gabriela Barceló (asesinada)
  • 17 de abril /Noemí Salvaneschi (asesinada)
  • 17 de abril /Cielo Torres (asesinada y abusada)
  • 18 de abril /Paulina Portillo (asesinada)
  • 18 de abril /Cristina Sandoval (asesinada)
  • 19 de abril /M. Esther Ramirez (asesinada)
  • 20 de abril /Tamara Olguín (asesinada)
  • 20 de abril /Alejandra Polizzi (asesinada)
  • 21 de abril /Marina Vedia Duran (abusada y asesinada)
  • 21 de abril /Malvina Noelia (abusada y asesinada)
  • 23 de abril /Silvia Morales (asesinada)
  • 24 de abril /Carmen Solis (asesinada)
  • 25 de abril /Tamara Cordoba (asesinada)
  • 26 de abril /Mayra Díaz (Asesinada)
  • 27 de abril /Araceli Fulles (Asesinada)

La idea del calendario fue de Ramiro, un usuario de twitter que buscó reflejar una realidad a la cual aún no se puede combatir. “Me puso bastante mal hacer esto, pero es la única forma de visibilizar el horror”, dijo en uno de sus tweets.

De las mujeres asesinadas, diez fueron además abusadas sexualmente. A ello se suma un caso de abuso sin asesinato y cinco desapariciones no resueltas aún.

http://www.bigbangnews.com/actualidad/El-peor-abril-posible-en-la-Argentina-asesinan-a-una-mujer-por-dia-20170428-0021.html

Los dolores de Colombia: Lucy Nieto de Samper.


Es aterrador el aumento de los feminicidios. La violencia parece incontenible.

28 de abril 2017 , 08:45 p.m.

Lluvias torrenciales y ríos desbordados arrasaron barrios enteros en diferentes departamentos. A su paso, dejaron miles de muertos, de heridos, de desaparecidos; y en la ruina, a la mayoría. En auxilio de los damnificados, se movilizó el país. La eficiente acción de los socorristas, de los vecinos de las zonas afectadas, del Ejército, la Policía, la Cruz Roja y de todo el equipo gubernamental alivió, en parte, las primeras urgencias de las víctimas.

La presencia del Presidente de la República y de sus ministros, en las zonas destruidas, aceleró la atención de los damnificados. Y bajo la dirección del ministro de Defensa, Luis Carlos Villegas, nombrado gerente de la recuperación de Mocoa, la ciudad con mayor número de víctimas, en poco tiempo se han hecho obras importantes: reconstruir puentes, instalar agua y luz, planear nuevos desarrollos. Y con alimentos, medicinas, ropa, colchones, cobijas, aporte del Gobierno y donación de empresas, ciudadanos y países amigos, se ayudó a miles de familias. El país unido se volcó en favor de los damnificados.

En otros escenarios, las víctimas son bebés de pocos meses y niñas de entre 1 y 13 años, violados por hombres perversos quienes, varias veces, cometen esa infamia dentro de sus propios hogares. Esos violadores –provengan de los bajos fondos o luzcan cuello blanco– son un peligro público y merecen cadena perpetua. Por eso luchó hasta su muerte la congresista Gilma Jiménez. Y lo mismo pide la directora del ICBF. Sin embargo, en las cortes ese tema no se discute porque la Constitución, en su artículo 34, prohíbe la prisión perpetua.

La corrupción, una enorme desgracia nacional, los entes de control no dan abasto denunciando y persiguiendo a los corruptos

Hoy, la pena máxima impuesta al asesino de Yuliana Samboní equivale a 51 años, 10 meses de cárcel. Pero, con atenuantes por buena conducta, trabajo, etc., peligrosos asesinos quedarían libres en la mitad del tiempo y los niños estarían en peligro. Si se omite la palabra “perpetua” y se lucha por una pena máxima de 60 años, se lograría que los asesinos envejezcan en la cárcel.

Al tiempo, es aterrador el aumento de los feminicidios. La violencia masculina parece incontenible. Con cuchillo, o con bala, los hombres asesinan a las mujeres, o las desfiguran con ácidos. Estos criminales no siempre van a la cárcel y muchas veces las penas son mínimas.

De acuerdo con estadísticas, la violencia contra las mujeres, incluidas las niñas menores de 10 años, alcanza el 90 por ciento de impunidad. Se necesitó que en el año 2012, un hombre violara y empalara a Rosa Elvira Cely, para que en su nombre se expidiera la Ley 1257, que condena con 50 años de cárcel el feminicidio.

No obstante, los hombres siguen violando y asesinando a mujeres y niñas. Es urgente que las mujeres sepan defenderse, comenzando por denunciar a tiempo al agresor y que exijan que funcione la justicia, porque no siempre hay jueces imparciales e idóneos.

En cuanto a la corrupción, una enorme desgracia nacional, los entes de control no dan abasto denunciando y persiguiendo a los corruptos. Porque involucrados en la corrupción hay altos funcionarios, poderosos empresarios, contratistas, congresistas, administradores y empleados de segunda categoría.

Corrupción hubo en Interbolsa, pero algunos de los culpables empiezan a quedar libres. En Odebrecht –la tapa de la corrupción– siguen apareciendo peces gordos. Y vuelve a sonar Reficar, la refinería de Cartagena, en donde la Fiscalía descubrió que pagó en sobornos 18 veces más dinero que en Odebrecht. Por hoy, no hay más espacio para recordar otros dolores nacionales.

LUCY NIETO DE SAMPER
lucynietods@gmail.com

http://www.eltiempo.com/opinion/columnistas/lucy-nieto-de-samper/los-dolores-de-colombia-crimenes-en-colombia-82790

ARGENTINA: Confirman asesinato de joven Araceli Fulles en Argentina


La joven de 22 años fue vista por última vez el pasado 1 de abril en su vivienda.

La joven de 22 años fue vista por última vez el pasado 1 de abril en su vivienda. | Foto: @teleSURtv

Publicado 28 abril 2017 (Hace 3 horas 23 minutos)
Investigadores de la Fiscalía confirmaron que el cuerpo hallado este jueves pertenece a Araceli Fulles, desaparecida el 1 de abril.

Funcionarios policiales confirmaron este viernes que los restos humanos encontrados en la localidad argentina de José L. Suárez pertenecen a Araceli Fulles, joven desaparecida desde principio de mes.

El cuerpo fue encontrado en el terreno de una casa, debajo de unos escombros que estaban tapados con cal.
La autopsia preliminar de Fulles arrojó que la muerte fue aproximadamente hace 25 días, lo cual concuerda con la fecha de su desaparición.

Por el asesinato hay seis detenidos y un prófugo quien sería el autor material del hecho, identificado como Darío Gastón Badaracco, de 29 años.

>> Hallan el cadáver de una mujer sin identificar en Argentina

La casa donde encontraron el cadáver pertenece a Badaracco, quien había declarado en varias oportunidades en relación al hecho, sin embargo, tras su último llamado por parte de la Fiscalía para aclarar detalles del caso el hombre no fue encontrado.

La vivienda fue revisada en otras oportunidades sin encontrar rastros. Esta vez los funcionarios llegaron al lugar por el trabajo de perros de seguridad, que encontraron las cajas donde estaba el cuerpo de Fulles.

>> Asesinan a maestra argentina frente a sus hijos

Araceli Fulles (22 años) desapareció el pasado 1 de abril de su vivienda en San Martín, por lo que familiares y amigos iniciaron una campaña a través de las redes sociales para encontrarla.

Con este caso, se suman en Argentina 26 feminicidios en abril, lo que representa en promedio una mujer asesinada por día.

http://www.telesurtv.net/news/Confirman-asesinato-de-joven-Araceli-Fulles-en-Argentina-20170428-0032.html?utm_source=planisys&utm_medium=NewsletterEspañol&utm_campaign=NewsletterEs

No puedo ni escribir. No sé. Lloro. Vuelvo a escribir. Borro.


Andar sola por la calle y tener miedo me produce una crisis… A mí que toda la vida hice lo que quise… Que anduve por todos lados… La reputa madre que los parió. Se llevaron a otra. Se cargaron una más. 20 años tirados literalmente como basura a un descampado sólo porque un enfermo hijo de puta sintió ganas de coger y eso hizo. Salió a cazar. SIEMPRE. Una, dos, tres veces. ¿Por qué iba a ser diferente la noche del sábado? Si estos cabrones saben que pueden violar tranquilamente cuanta mujer se les cruce y seguir libres. Lo sabemos todos. Así funciona. Volver caminando a tu casa para no llegar jamás. No pasa nada. Para que te suban a un auto y hagan desastres con tu cuerpo. Para que te maten a golpes mientras te violan Y te vas yendo, y te vas apagando. Ya está. Ya se termina. Te nos fuiste carajo. Desfigurada. Indefensa Llena de barro.
¿Y ahora? ¿Qué le decimos a su madre? ¿Señora calmese? ¿Está todo en manos de la justicia? ¿Qué justicia? ¿Qué jueces? ¿De que mierda están hablando?
Tengan la dignidad de no decirle nada. De respetar su dolor ya que no tienen los huevos de protegernos cuando todavía estamos vivas. “Los padres reconocieron el cuerpo”, rezan los medios. Cómo reconocer a tu hija en esos restos. En ese cuerpo que se fue pudriendo a la intemperie. Con qué cara mirás a esa mamá, pregunto, al destapar la sábana blanca de la morgue y preguntar si esa es su hija.
Esa no es Noemí Vergara. Esa no. Esa no es. Esos son los restos. Eso es lo que dejó la bestia que dejarán libre después de comersela. Noemí era la de la sonrisa, la de la risa, y la que caminaba en libertad por las calles. La ingenua que se creyó con derecho a caminar sola a su casa. La que estaba viva y hoy no está.
(copia y pega, esta de mas decirlo)
#ConspiremosJuntas
AlmaLibre

COLOMBIA: Las 21 Yulianas diarias que Colombia no vio


Por Staff ¡PACIFISTA! Publicado Diciembre 7, 2016 En Opinión

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El andén frente al edificio en el que fue asesinada Yuliana Andrea se ha convertido en un sentido altar. /Mateo Rueda  Por: Julia Alegre Barrientos* El lunes 5 de diciembre Colombia se despertó con la macabra noticia del asesinato y violación de Yuliana Andrea, una niña de siete años a quien las autoridades policiales encontraron sin vida en un apartamento de Chapinero Alto, Bogotá. La menor fue raptada el domingo a las nueve de la mañana mientras jugaba con su primo a las puertas de su casa en el barrio de Bosque Calderón, también en la localidad de Chapinero. La Fiscalía dictó orden de captura contra el arquitecto Rafael Uribe Noguera, de 38 años, un día después del hallazgo. Y poco más de 24 horas después, Uribe Noguera era acusado de feminicidio agravado (por ser la víctima una menor de edad), de secuestro simple, tortura y acceso carnal violento. El martes seis de diciembre un periódico independiente denunció la violación de una joven de 19 años y activista de la Red Juvenil Compaz en San Vicente del Caguán, Caquetá. La noticia todavía no ha saltado a los grandes medios colombianos. Mucho menos internacionales, como sí ha sucedido con el asesinato de Yuliana. No hay sospechosos. El 30 de noviembre murió en el hospital Dora Lilia Gálvez, una mujer de 43 años del municipio vallecaucano de Buga, que no superó las heridas que su asesino le dejó en su cuerpo el 6 de ese mismo mes: la violó, empaló y quemó. Su caso sí que protagonizó algún que otro titular en la prensa y en televisión, pero sin mayor seguimiento ni impacto en la opinión pública. Tampoco se ha oficializado el nombre del sospechoso/sospechosos. Tres casos diferentes, con diferentes protagonistas y escenarios, seguro que también con diferentes móviles. Pero a todos ellos los aflige una misma afección: son el reflejo de una Colombia retorcida, perversa y arbitraria que no ahonda en el problema estructural de violencia contra la mujer que le golpea a diario.

Cada día se violan 21 niñas y niños en el territorio, según el Fondo de Población de las Naciones Unidas (Unfpa), por poner una sola cifra (suficiente). Sin embargo, los medios masivos sólo reproducen de forma puntual e intencionada las informaciones que a este respecto saben que les reportarán mayor lecturabilidad, clics y rating. Yuliana puede ser cualquiera. Dora Lilia puede ser cualquiera. La joven del Caguán de la que no ha trascendido el nombre puede ser cualquiera. Pero cualquiera no moviliza a las masas ni a los medios, ni a las autoridades. Cualquiera nos importa una mierda, vaya. Nos están matando y nadie ahonda en los porqués o las causas que han llevado al país a este escenario vergonzoso de feminicidios. Los lectores y audiencia tampoco preguntan. Y bajo esta lógica facilista y de estupidez generalizada, los medios se permiten el lujo de caer en perversiones, trivialidades y amarillismo que no ayudan a atajar esta lacra de violencia contra la mujer, sino a dudar más de su labor como contrapoder. Sin hablar de la reacción de la mayoría de políticos, subiéndose al carro de la coyuntura para obtener visibilidad política, pero incapaces de llegar a compromisos que generen verdadero impacto para que historias como la de Yuliana, la de Dora Lilia o la de cualquier mujer violentada en Colombia no se repita no solo en Bogotá. Porque, señores políticos, el #NiUnaMenos debe aplicarse tanto en las grandes ciudades como en el resto del territorio. Esa doble moral que indigna al colombiano cuando un asesino sesga una vida y no otra es insostenible y bochornosa. Eso sí, saquemos de nuevo el tema de las cartillas de educación sexual y les falta tiempo a todos los defensores de la familia para salir en tropel a las calles armados de pancartas con lemas tan poderosos (y creíbles) como “nosotros protegemos a los niños de Colombia”. Una belleza. ¿Y qué decir de la importancia que se le da en este país a la procedencia de los asesinos, violadores y maltratadores de mujeres? Otra belleza. El estrato, quiénes son sus padres o dónde estudiaron son razones de peso para que la sociedad se movilice en masa y pida justicia. Diga “No” al asesino rico. Si se tiene en cuenta que en Colombia, según Medicina Legal, se denuncian en promedio unos 17.000 casos de abuso sexual cada año, lo más ventajoso que le puede pasar a una mujer es que la viole un señorito bien de estrato 20.000 y no un don nadie de un municipio apartado que solo los ñoños saben ubicar en el mapa. Así usted se asegura que su historia como víctima no va a pasar inadvertida ante las autoridades policiales, judiciales y políticas y ante una opinión pública mediatizada, sesgada e influenciable.

Analizando el caso de Yuliana, desde el minuto uno el tratamiento informativo que le dieron los medios de comunicación al asesinato y violación de la niña fue nefasto y miserable. Un ejemplo de que la inmediatez y la lógica del click fácil está matando a la profesión y no aporta nada a la generación de un pensamiento crítico en los colombianos. Los otros dos casos —les recuerdo: el de la mujer de Buga y el de la del Caguán— apenas tuvieron (tienen) seguimiento. “¿Y esas quiénes son?”. Pues eso. Tampoco los medios han mostrado el mismo interés para que se encuentre a los culpables. ¿Nadie se pregunta por qué? Es una cuestión de lucro: los medios saben del morbo que genera en la población las historias que involucran a culpables con apellidos poderosos. Y la población participa de ese juego: el morbo mueve montañas y conciencias. Leí en uno de los medios más importantes de este país, mucho antes de que la Fiscalía oficializara la posible vinculación de Uribe Noguera, que el —por aquel entonces— supuesto sospechoso de la muerte de Yuliana era “aficionado al cigarrillo, las bebidas alcohólicas y energizantes”. Eso sí que es un verdadero indicio para apuntar a alguien de violador. Les explico una cosa: la ética periodística también aplica para asesinos, violadores y maltratadores, y el nombre del supuesto responsable (que ya es oficialmente el principal sospechoso, como indiqué en párrafos anteriores) debería haberse resguardado hasta que autoridades policiales o judiciales hubieran hecho oficial su implicación. De hecho, la ética periodística aplica para no trivializar con una noticia que se ha llevado por delante la vida de alguien. Mientras escribo, estoy tomándome una bebida energizante, por si alguien quiere sacar conclusiones al respecto. ¿Qué pasa con todas las informaciones no contrastadas que salieron y que no ayudan al proceso de esclarecimiento de los hechos ni mucho menos a conocer la verdad? Por no hablar del daño que tanto bombardeo mediático pudo haber ocasionado a la familia de la niña asesinada. Bajo la premisa del “supuesto”, los medios nos estamos permitiendo todo, y todas las bajezas que atentan contra las bases del periodismo y el esclarecimiento de la verdad.  ¿Qué hubiera pasado si el supuesto asesino al que todo el mundo apuntó sin tener pruebas confirmadas hubiera sido inocente? Resultó que Uribe Noguera parece no serlo, y ahora, todo el mundo le quiere linchar. Un mensaje muy apropiado: resolver el odio con más odio. Lo más probable es que, cuando termine el aluvión mediático y los colombianos tengan otra noticia en la que recrearse (seguramente más macabra), la niña Yuliana sea un recuerdo. Y con ella se irán diariamente 21 Yulianas más por las que nadie se conmueve. Lo dicho: la indignación en este país dura lo que dura un noticiero. *Periodista española radicada en Colombia, en Twitter la consiguen por aquí.

Copyright: http://pacifista.co/en-colombia-hay-21-yulianas-que-a-diario-no-nos-conmueven/ .

Mujeres en Colombia: ciudadanas de segunda clase


El Estado y la sociedad son cómplices de los feminicidios en Colombia, el silencio y la falta de medidas que eviten la violencia hacia la mujer son responsables
Por: Julieth Zúñiga Cárdenas Abril 26, 2017
Este es un espacio de expresión libre e independiente que refleja exclusivamente los puntos de vista de los autores y no compromete el pensamiento ni la opinión de Las2Orillas.
Mujeres en Colombia: ciudadanas de segunda clase

Foto: Uniradio

Según datos de Medicina Legal, en lo que va corrido del año 2017 van 204 mujeres asesinadas en Colombia. Por otro lado, en la Fiscalía General de la Nación han sido denunciados 345 casos de feminicidios, donde se encuentra que los principales agresores son los compañeros sentimentales.

Ante este panorama debemos preguntarnos, ¿por qué en Colombia los hombres asesinan a las mujeres? Porque somos una cultura profundamente machista, les enseñamos a los hombres desde niños que son los dueños de la vida de las mujeres, que ellas son sub-humanos, es decir, andan en “el proceso de convertirse en seres humanos” y mientras eso ocurre, son ellos quienes deben decidir sobre nuestros cuerpos y si vivimos o no.

No se trata solo de decir “mujer, quiérete, valórate”, aquí hay un trasfondo más preocupante, la lucha por la igualdad de género. Esta no es solo cuestión de empoderar mujeres, porque aunque yo soy feminista, creo y lucho por la igualdad de derechos entre hombres y mujeres, cuando salgo a la calle me acosan, los hombres opinan sobre mi cuerpo, mi vestido y forma de caminar. No ha pasado un día en que salga a manejar bicicleta sin que me acosen, sin que me hagan sentir completamente incomoda los conductores que lanzan frases violentas, miradas lascivas o besos, violentando mi subjetividad y mi derecho a la ciudad. Así que la cuestión no es solo que nosotras estemos empoderadas puesto que mientras ellos ignoren el tema seguirán violentándonos.

En este orden de ideas escuchamos otras frases de campañas que ya suena trillado y es “mujer denuncia”, como si denunciar en Colombia fuera la solución. Claudia Rodríguez denunció, huyó, gritó, imploró por su vida y no sirvió de nada. Estamos ante un Estado feminicida y un Gobierno que tiene como máximo exponente al premio Nobel de Paz, que hace alardes sobre el trabajo para la consecución de un país en paz, pero que nos deja morir. Vivimos en un país donde desde niñas nos matan por ser mujeres, donde unos padres matan a una bebé de 33 días de nacida porque no nació niño, donde una niña que huyó con su familia de la violencia del conflicto armado es asesinada por el hecho de ser mujer (Yuliana Samboní). Este es el país en paz donde ni en el colegio están seguras nuestras niñas porque los compañeros, profesores y trabajadores abusan sexualmente de ellas. La violencia machista está tan naturalizada en la población como en el Estado que es cómplice de nuestras muertes, que calla o que no sensibiliza a sus instituciones en materia de género y entonces revictimizan a las mujeres, las hacen contar 11 veces ante la Fiscalía cómo fue que fueron abusadas sexualmente como en el caso de la periodista Jineth Bedoya.

Las culpables de la violencia machista que vivenciamos las mujeres no somos nosotras mismas: iniciar una relación amorosa con alguien que estuvo en prisión, ni por no denunciar, ni por vestirnos de x manera, o por salir solas a la calle, por salir tarde, por no parar a tiempo. La violencia contra nosotras es un problema estructural y cultural. La culpa es de una sociedad que en silencio ve día a día como somos víctimas y no hacen nada para exigir a ese otro culpable que es el Estado que nos vulnera, que también nos culpa cuando denunciamos y que no vela por nuestros derechos, ¿será por qué en Colombia las mujeres seguimos siendo ciudadanas de segunda clase?

https://www.las2orillas.co/mujeres-colombia-ciudadanas-segunda-clase/

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