¿Por qué los hombres matan a las mujeres?


Son los primeros avances y resultados de un proyecto de investigación inédito en España: 500 personas revisan, uno a uno, cientos de “homicidios de pareja”. El objetivo, predecirlos.

Momento en que retiran el cuerpo de una mujer asesinada por su pareja en Barcelona en 2014.Ver fotogalería
Momento en que retiran el cuerpo de una mujer asesinada por su pareja en Barcelona en 2014. ALBERT GARCIA EL PAÍS

Todo arranca lanzando al aire una pregunta casi siempre obviada bajo la etiqueta de “crimen machista”: ¿Por qué las matan?

El apartado de homicidios titulado “violencia de género” suma una media de 60 muertes de mujeres al año en España. Desde el caso del tipo que un buen día le dio un golpe mortal a su mujer en la cabeza y después la descuartizó para deshacerse del cadáver; hasta el del buen padre con el divorcio atragantado que una noche, henchido de ira, entra en la casa de los suegros y se lia a cuchilladas con toda la familia; pasando por el caso del malote del pueblo, que coquetea con las drogas, de vez en cuando se le va la mano, entra y sale de prisión y acumula órdenes de alejamiento que incumple —incluso con el consentimiento de ella—, hasta que un día la mano se le va del todo y acaba matándola.

Frente a la idea generalizada —e impartida en universidades— de que la violencia de género implica una escalada (tensiones, agresiones verbales, físicas, falsa luna de miel y manipulación emocional…), existe un dato novedoso y desconcertante: en el 45% de los casos los hombres que asesinaron a sus parejas no tenía ningún antecedente violento conocido, entrarían dentro de un amplio grupo que podría calificarse como agresores “ocasionales” y, por tanto, impredecibles.

La etiqueta global de “violencia de género” incluye todos los “homicidios de pareja” y se ha demostrado útil para llevar esa macabra contabilidad, pero inútil para atajarla, porque el número apenas varía año a año: 60.

Un análisis pormenorizado de los casos puede arrojar algunas claves. Eso han pensado en la Secretaría de Estado de Seguridad del Ministerio del Interior. Y se han puesto a revisar uno a uno. Tienen ya 42 casos cerrados y más de cien en estudio. Y pretenden llegar a los 200 a final de año. El objetivo es lograr prevenir los crímenes detectando y sumando indicadores de “riesgo homicida” en las comisarías y cuarteles donde se realizan las denuncias.

Según las primeros análisis del minucioso trabajo, habría un 20% de agresores que podrían considerarse “sociópatas”, hombres con dificultades de integración social, con antecedentes penales o policiales; un 30% que serían inestables emocionalmente. Y un 5% podría clasificarse como psicópatas.

Aunque las revisiones de casos no terminarán hasta final de año y los resultados del estudio vendrán después, ya hay una primera conclusión: “No hay un patrón único, la violencia de género no se puede tratar como un fenómeno homogéneo, porque es heterogéneo y multicausal”, coinciden los expertos. “Decir que todo es machismo es quedarse en la superficie, hay que averiguar qué detona esa agresividad mortal”, señalan los coordinadores del proyecto, el comandante de la Guardia Civil y doctor en psicología José Luis González y el policía y doctor en psicología Juan José López-Ossorio, de la Unidad Central de Familia y Mujer (UFAM), ambos con media vida analizando la violencia en la pareja.

Las variables psicosociales más comunes a todos los casos analizados servirán de indicadores para mejorar la llamada “Escala del Riesgo Homicida”.

¿Por qué los hombres matan a las mujeres?

”. En el caso de ellos, factores como una “socialización en cultura sexista, aumento de discusiones, proceso de separación con o sin hijos, infidelidades (más si el despechado es él), escasa tolerancia a la frustración, sensación de abandono o de pérdida, estrés, rumiación de pensamiento…”. Y en el caso de ellas: “Maltrato previo, baja autoestima, ser dependiente (emocional o económicamente), falta de apoyo social/familiar, situación de inmigración, adicciones…”

Lo que sigue son tres ejemplos resumidos de esta macroinvestigación. Los datos más reveladores se obtienen con entrevistas al entorno de la pareja: familiares, amigos, exparejas, compañeros de trabajo, médicos, asistentes sociales… EL PAÍS tuvo acceso a muchas de ellas, irreproducibles literalmente por una cláusula de confidencialidad.

Caso 1. Una ‘carnicería’ sin violencia previa.

Se habían conocido hacia poco y se habían ido a vivir juntos al quedarse ella embarazada. Peruana con tres hijos de una pareja anterior y sin permiso de residencia en España, ella. Había llegado al pueblo desde una casa de acogida tras haber sido ya víctima de violencia de género. Él regentaba una carnicería y tenía una buena situación económica. Parecía que todo iba bien, hasta que una buena mañana, en el trasiego de una discusión, él la golpea y la mata.

Metió el cuerpo en su coche y lo arrojó a una buitrera. Luego se lo pensó mejor y lo despiezó como a una vaca y lo enterró. En los siguientes días mintió a los hijos y a los amigos y dio versiones contradictorias: “Está en el hospital”; “Está de viaje”… Incluso se mandó a sí mismo mensajes desde el móvil de ella y también a su madre: “Mamá, estoy en las Islas Griegas”. Pero ésta, extrañada, denunció la desaparición de su hija.

Él “de bueno era tonto, le debía dinero todo el pueblo”, dicen. “Estaba muy enamorado, se enfrentó a su padre por ella”. “Hasta se hizo amigo de la expareja de ella”. “Y llevaba a sus niños al colegio”. Él “estaba en una peña, nunca se metió con nadie”… Palabras de familiares y conocidos.

Así que él, sin antecedentes violentos, no confesó el crimen hasta 25 días después. Su versión, ya en prisión, es que aquella mañana habían discutido porque ella —que solo ingresaba la pensión que le pasaba su ex por los tres niños— quería que se fueran de viaje. Él quería quedarse para las fiestas del pueblo y servir la carne. Entonces ella le “amenazó” con denunciarle por violencia…

Algunas conclusiones del informe elaborado por la psicóloga Maria Luisa Alcázar, experta en Análisis de Conducta en la unidad técnica de Policía Judicial de la Guardia Civil, señalan en lo que se refiere a él: “Violencia situacional, falta de habilidades para gestionar conflictos (siempre huía), incapacidad para decir “no”, elevada necesidad de aceptación social (contradicción con valores socialmente aceptados), sensación de acorralamiento, dificultad para la expresión emocional…”. Y en el caso de ella: “Falta de apoyos familiares, hijos a su cargo, embarazo, dependencia económica, adicciones, antecedentes de violencia, situación de inmigración…”

Caso 2. Ella y sus hijos sobreviven.

“Lo raro es que era papá”. “Lo raro es que era papá”, dice el niño de ocho años al día siguiente de los hechos. “Cuando llegué al cuarto vi que estaba pegando a mamá con un cuchillo y que su novio estaba tumbado en el suelo con sangre en la tripa y yo le dije a mi padre: “¿Pero qué haces, tú eres tonto? Y se fue”.

“Fue mi primer novio”, cuenta ella, que sobrevivió a sus puñaladas. “No tenía amigos, era controlador y celoso”, dice. “Empezó a humillarme, a vigilarme y a aislarme”, continúa. “Una vez me sacó de la cama de los pelos, me fui un par de días a casa de mis padres y regresé porque me convenció, hasta que pedí el divorcio”, asegura. “Esa noche se enteró de que yo iba a obtener un cargo político”, subraya. Y concluye: “No denuncié porque creí que sería contraproducente, no le vi venir”.

Las conversaciones con personas de su entorno revelan que las discusiones comenzaron cuando él le pilló un mensaje de un tercero. Ella pidió el divorcio y comenzó una nueva relación “con el de los mensajes” a la par que despegaba su carrera política. Él aceptó la situación de muy mala gana, crisis de ansiedad incluidas y amenazas de suicidio mediante. Él se quedó en la aldea, en el domicilio familiar, con las monsergas de su madre. Ella se quedó el coche que tanto le costó comprarse. Él le pasaba la pensión a los hijos, los recogía y devolvía los fines de semana, y se quejaba de que siempre iban igual vestidos. No tenía ningún rasgo de violencia previo.

El informe de la capitán y doctora en Psicología Maria José Garrido, señala como posibles factores de riesgo “la importancia de la personalidad: de corte introvertido, el neuroticismo (rumiaciones, tendencia a la preocupación), aislamiento…”, apunta. “Una persona que no ventila sus problemas acaba convirtiéndose en una bomba de relojería”. Mató al novio de su exmujer, y al padre y al hermano de ella al tratar de detenerle.

Caso 3. 49 denuncias. La “escalada de violencia”.

“Ya me la he cargado, ya está, me tiene en un sin vivir con denuncias por todos lados”. Es un fragmento de la llamada que él hizo de madrugada al 112. Los años de vaivenes de la pareja eran conocidos por todo el pueblo. El sistema informático del puesto de la Guardia Civil registró 49 denuncias.

El agresor acumulaba 14 delitos por quebrantamiento de órdenes de alejamiento, en ocasiones “con el beneplácito de la víctima”, según informes policiales. Ella le visitó hasta 17 veces en la cárcel, incluso con el hijo de ambos, y le escribía cartas de amor. Él se divorciado de otra pareja por violencia de género.

La noche de los hechos se encontraron en un bar del pueblo. Ella le dijo que se fuera o llamaba a la guardia civil. Él le dijo que llamase a quien quisiera, que era su cumpleaños. Acabó matándola a golpes en la calle.

“Era ella la que le perseguía”, dicen vecinos del pueblo, “les pierde el alcohol”. La hija mayor la describe como “buena, con un pronto malo, depresiva por los impagos, pero ilusionada con otra relación”. De él: “Malo, obsesionado con mi madre, cocainómano, manipulador y agresivo”. Los hermanos de ella dicen que “era irresponsable e impulsiva” pero niegan estar al tanto de su relación. Los amigos le describen a él como “un maltratador de libro”. “Trabajador pero bebedor”; “con pocos amigos”; “encantador pero muy irritable”.

La psicóloga que la atendía la veía “indefensa, cuestionada por el pueblo y dependiente”.

¿Por qué esa noche? ¿Qué detono la violencia mortal? “Él vio frustrada sus expectativas de pasar esa noche con ella”, dice el Informe de la capitán y psicóloga Cristina Gayá. “Ambos eran conscientes de que esa relación estaba terminando y buscaban alternativas sentimentales”. “A él, educado en una cultura machista, le llegaban en ese momento condenas tardías y teme perder contacto con su hijo”. “Ella sufre un aislamiento sociofamiliar que la hace vulnerable. Y él carece de apoyos reales”. Un cóctel que agitado con alcohol fue mortal.

 

UN MÉTODO CIENTÍFICO CONTRA LA VIOLENCIA DE GÉNERO

P.O.D.

Los hechos son tozudos. La mitad de las muertes violentas de mujeres en España son a manos de sus parejas o exparejas. Son asesinadas una media de 60 mujeres al año en nuestro país. A 9 de julio de 2017 vamos por la víctima número 32 y ha habido un incremento del 20% en el número de denuncias (40.509 en el primer trimestre). Solo el 1,3% las realizan familiares o personas del entorno de las víctimas. El resto, o las hacen ellas mismas o directamente la policía. El 70% de las mujeres agredidas son españolas y un 30% extrajeras. Los datos no varían mucho año a año.

Los homicidios de pareja son un fenómeno tan alarmante por su idiosincrasia como constante y complejo. Desde la Secretaria de Estado de Seguridad del Ministerio del Interior, y mientras se concreta o no ese pacto de Estado en ciernes, se han propuesto aplicar un método científico a la violencia de género para averiguar qué detona cada crimen. Y han implicado a las fuerzas y cuerpos de seguridad del Estado (Policía y Guardia Civil), al Observatorio contra la Violencia Doméstica y de Género (CGPJ), a la Fiscalía, a Instituciones Penitenciarias, a catedráticos de universidades y a alumnos de postgrado de psicología y criminología de toda España, y a colegios de psicologos y anatomía forense. Se han propuesto revisar pormenorizadamente al menos 200 casos, ocurridos entre 2010 y 2016 ya condenados, para sacar conclusiones que permitan prevenir los homicidios.

En estos momentos hay 300 “revisores”, la mayoría estudiantes de posgrado tutelados por catedráticos y psicólogos de la Policía Nacional y Guardia Civil, que comienzan realizando un concienzudo análisis de toda la documentación existente sobre el homicidio en cuestión (policial, judicial, asistencial…) y concluyen en la cárcel entrevistando al asesino, previo paso por los entornos de víctima y agresor.

“En la mayoría de los casos no hay escalada de violencia, lo que les convierte en difícilmente detectables con los parámetros que utilizamos para valorar el riesgo homicida actualmente, eso es lo que queremos mejorar”, explica José Luis González, coordinador de todo el proyecto de investigación.

“Las explicaciones de cómo y por qué ocurrió el homicidio nos sitúan ante un fenómeno poliédrico”, comenta Juan José López-Ossorio, la pata de la Policial Nacional en este macroestudio. “Es probable que lleguemos a una clasificación de tipologías de agresores basada en esas diferentes explicaciones del crimen: desde uno con una demencia senil, hasta el que no tiene rastro de violencia”, coincide. “Desgraciadamente, hay que asumir que una persona normal puede hacer cosas que no son normales”, agrega.

Los revisores son entrenados en la elaboración de entrevistas, para obtener de información fidedigna de los familiares y de personas del entorno de la víctima y el agresor, o de ellos directamente, en caso de que estén vivos. Todo se graba. Y, finalmente, elaboran un perfil psicosocial de ambos y unas conclusiones que expliquen qué pudo desencadenar el luctuoso hecho, identificando factores de riesgo que pudieron precipitar el crimen. Cada día se suman equipos y casos nuevos, a la vez que se van cerrando otros y se hacen puestas en común periódicas en Madrid para unificar criterios.

Medidas dirigidas a ellos

“Es la primera vez que se hace algo así en España, donde es obvio que cometemos errores porque tenemos 60 mujeres muertas al año”, señala Enrique Carbonell, director del Instituto Universitario de Criminología de la Universidad de Valencia, implicado en el proyecto.

“Sabemos mucho de cómo la mató, pero no sabemos por qué, qué sucedió, que pasó esos días anteriores, por qué ellas no les ven venir”, apunta. “Me interesa esa parte predictiva y, aunque soy un optimista moderado, ya aparecen índices que tienen que ver con la personalidad y el comportamiento de los agresores que pueden dar lugar a medidas dirigidas a ellos, no a ellas”.

Y concluye: “Este proyecto no va a resolver el complejo problema de la violencia de género, pero va a ayudar a mejorarlo, solo un 10% de mejoría, son seis mujeres muertas menos al año”.

https://politica.elpais.com/politica/2017/07/08/actualidad/1499533272_517542.html?id_externo_rsoc=FB_CC

Arquidiócesis responde a nueva serie de Netflix sobre monja asesinada en Estados Unidos


Sor Catherine Ann Cesnik / Crédito: Facebook The Keepers

Sor Catherine Ann Cesnik / Crédito: Facebook The Keepers

BALTIMORE, 17 Jun. 17 / 06:21 pm (ACI).- Ante las interrogantes sobre el asesinato de Sor Catherine (Cathy) Ann Cesnik a finales de la década de 1960, recogidas en la serie de Netflix “The Keepers”, la Arquidiócesis de Baltimore en Estados Unidos negó las acusaciones de conspiración que supuestamente habría realizado para encubrir la muerte de la religiosa.

La serie de siete temporadas, dirigida por Ryan White, se estrenó el 19 de mayo y trata sobre el caso de Sor Catherine, una joven monja de 26 años que fue asesinada el 7 de noviembre de 1969.

En la serie se ve a algunos testigos y se examinan pruebas antes de que el caso se archive para siempre.

La Arquidiócesis de Baltimore informó que estaba dispuesta a dar comentarios y responder preguntas a los productores de la nueva serie Netflix sobre el caso.

“Desafortunadamente, los productores hicieron muy pocas preguntas de la Arquidiócesis antes de lanzar la serie y no respondieron a la solicitud de la Arquidiócesis de recibir una copia adelantada de la serie, pero sí se entregaron copias adelantadas a los medios de comunicación”, señaló la Arquidiócesis en su sitio web.

Antes del lanzamiento de la serie, la Arquidiócesis de Baltimore publicó las respuestas a varias preguntas frecuentes sobre el caso de Sor Cathy y reiteró la importancia de su política de “tolerancia cero” y la capacitación y prevención de abuso sexual para sus voluntarios y empleados.

El caso

Como miembro de las Hermanas Educadoras de Notre Dame desde los 18 años, Sor Cathy junto con su amiga la hermana Helen Russell Phillips, salieron con licencia de la congregación en 1969 y se mudaron del convento a un departamento.

Una amable y muy querida maestra, la hermana Cathy, como la llamaban sus amigos, enseñó inglés en la escuela de niñas Archbishop Seton Keough Catholic High School y en 1969 se trasladó al Western Public High School, también de niñas.

En la historia también ingresa el capellán de Keough en esa época, P. A. Joseph Maskell, que fue acusado años más tarde por numerosos delitos de violación y abuso sexual durante su tiempo en la escuela, los que salieron a la luz por primera vez a principios de 1990.

El P. Maskell fue expulsado del ministerio sacerdotal y huyó de Estados Unidos en 1994. Nunca fue acusado por crimen alguno antes de su muerte en 2001.

Este sacerdote ha sido desde hace mucho tiempo sospechoso de la muerte de Sor Catherine.

Los antiguos alumnos de la religiosa creían que ella sabía de los abusos del presbítero, ya que muchas de las jóvenes confiaban en ella.

Muchos creen que el P. Maskell, que en ese momento también era el capellán de la policía de Baltimore, asesinó a Sor Cathy para mantenerla callada y utilizó sus conexiones para ocultar sus crímenes.

La Arquidiócesis de Baltimore siempre ha negado las acusaciones de conspiración para encubrir la muerte de Sor Cathy y ocultar los crímenes del P. Maskell, y sostienen que no tenían conocimiento previo de los abusos del sacerdote o su conexión con la religiosa hasta los años 90, cuando varias víctimas aparecieron.

No hay evidencia que sugiera que la Arquidiócesis estuviera involucrada en el encubrimiento del caso.

“Las sugerencias de un encubrimiento por parte de la Arquidiócesis son especulativas y falsas”, afirmó la Arquidiócesis de Baltimore en un comunicado publicado previo al estreno de la serie de Netflix.

“El (diario) Baltimore Sun se ha retractado de sus ‘errores’ por informar que ciertos supervisores de la policía sugirieron una interferencia arquidiocesana en 1969-70, ya que las personas citadas se habían retirado justamente antes (algunos incluso años antes) del período de tiempo pertinente”, señalaron desde la Arquidiócesis.

El periódico “también notificó de los numerosos oficiales de policía que declararon que no sabían de tal interferencia. No hay ninguna sugerencia de que la Arquidiócesis interfirió de ninguna manera cuando se efectuaban las investigaciones subsecuentes en los años noventa. La Arquidiócesis informó de la acusación inicial de abuso sexual a las autoridades en 1993, sacó a Maskell del ministerio y sostuvo una reunión pública en 1994, y ha sido transparente con una Junta de Revisión Independiente (Independent Review Board) desde ese momento”.

La policía de Baltimore comenzó a trabajar en el caso, con un enfoque en los sospechosos de la Iglesia Católica. La policía del condado de esa ciudad se hizo cargo del caso cuando el cuerpo de Sor Cathy fue encontrado dos meses después de su desaparición.

Según los informes, la religiosa fue encontrada con un traumatismo en la cabeza, posiblemente provocado por un martillo. El descubrimiento de su cuerpo apenas fue noticia ya que los periódicos locales estaban en huelga en ese momento.

Debido a que el presunto abuso del P. Maskell no había sido reportado a la Arquidiócesis ni a las autoridades en 1970, cuando se encontró el cuerpo de la Sor Cathy el sacerdote no fue investigado como sospechoso en el caso.

El día del asesinato

A principios de mayo de este año, la prensa local informó que la policía del condado de Baltimore exhumó el cuerpo del P. Maskell para realizar pruebas de ADN, días antes del lanzamiento de la serie Netflix que lo vincula al asesinato de Sor Cathy.

Cuando el caso se abrió en 1969, habían otros pocos investigados como posibles sospechosos.

En la noche del 7 de noviembre de 1969, cuando ocurrió la desaparición, Sor Cathy había conducido hasta Catonsville para cobrar un cheque y luego fue a una panadería en el centro comercial Edmondson Village.

Cuando no regresó después de lo que se suponía era una breve diligencia, su compañera de cuarto, Helen Phillips, se puso en contacto con el P. Gerard Koob, un amigo cercano que habría tenido una relación con Sor Cathy.

El P. Koob y un amigo se dirigieron al departamento de las religiosas que no usaban hábito debido a la licencia que habían solicitado y, después de hablar con Phillips y no recibir noticias de Sor Cathy, contactaron a las autoridades para notificarla como desaparecida.

Koob, que ahora es ministro metodista, fue cuestionado por las autoridades en ese momento. Su versión es que había estado en el cine con un amigo esa noche antes de enterarse de la desaparición de Sor Cathy.

A falta de pistas y nuevas evidencias, el caso se congeló alrededor del año 1975, pero fue reabierto en 1992 luego que una mujer llamada Jean Wehner apareciera e informara que había sido víctima de abusos del P. Maskell.

La Arquidiócesis de Baltimore retiró al P. Maskell del ministerio y lo envió lejos para consejería y evaluación. Sin embargo, al no tener ninguna prueba sólida en su contra, el sacerdote volvió a ejercer como sacerdote en 1994.

Según indicó el Washington Post, en ese momento Jean Wehner reveló a la policía que el P. Maskell la había llevado a ver el cuerpo de Sor Cathy para “mostrarle lo que le pasaba a la gente que se le cruzaba”, y varias otras víctimas de abusos se acercaron a denunciar al sacerdote.

Luego, la policía del condado de Baltimore consultó al P. Maskell sobre el caso, pero él negó las acusaciones de asesinato y las de abuso sexual. Fue retirado permanentemente del ministerio en 1994 y huyó a Irlanda en 1996 sin el conocimiento de la Arquidiócesis.

La Arquidiócesis ha ofrecido a cada víctima una disculpa y la oportunidad de reunirse con el Arzobispo, así como pagar la asistencia de consejería para cualquier persona que haya sido abusada por el P. Maskell.

Algunas víctimas han buscado asistencia financiera directa a través de un programa voluntario de mediación pastoral establecido por la Arquidiócesis, la que hasta la fecha ha proporcionado más de  97 mil dólares en asistencia de consejería y más de 472 mil dólares en asistencia financiera directa a aquellos que pudieron haber sido abusados por el sacerdote.

“Se convirtió en un proceso de sanación para varios de ellos”, señaló Sheldon Jacobs, un abogado de las víctimas, respecto a los acuerdos alcanzados en 2016.

“Varios pensaron que era una experiencia catártica (liberadora)”, dijo Jacobs a The Washington Post.

Traducido y adaptado por Bárbara Bustamante. Publicado originalmente en CNA.

https://www.aciprensa.com/noticias/arquidiocesis-responde-a-nueva-serie-de-netflix-sobre-monja-asesinada-en-estados-unidos-55232/

COLOMBIA: feminicidio y el arraigo en lo religioso judeo cristiano falta mencionar


29 Mayo 2017

Feminicida, desde la cuna

Por: Cristina de la Torre

Parece complacerse nuestra  cultura en la violencia que hiere todos los días a las mujeres y los niños. En un país que ha “domesticado” su población más indefensa a fuete y a puñal, la mayoría ni se entera de que éste compite por la corona mundial en feminicidio…

… Porque ya podríamos esperar el vuelco de una saga milenaria a tiro de una generación. No serán muchos los niños que gocen de educación sin sufrimiento y, en todo caso, ninguno escapa al asedio de padres, curas, maestros, Malumas, publicistas y seriados de televisión que enseñan la feminidad como impotencia y daguerrotipo de muñeca deseable; y la masculinidad como ferocidad, miedo a la ternura y a la furtiva, que es “cosa de nenas”.

http://www.elespectador.com/opinion/feminicida-desde-la-cuna-columna-696060

 

 

23 Abril 2017

El feminicidio está arraigado en la cultura

Por Myriam Jimeno

 

A pesar de las leyes, las cifras siguen siendo deplorables. Por eso hay que buscar más hondo, en la romantización del amor, en el supuesto de que el agresor es un enfermo, o en la creencia de que razón y emoción son cosas separadas. Una mirada crítica sobre ideas que damos por sentadas.

… Las ideas, valoraciones, supuestos y afectos sobre los cuales descansan nuestras actitudes y acciones tienen una larga historia de conformación. Por eso no cambian fácil. El sociólogo Norbert Elias decía que es muy importante entender que nuestra modelación afectiva es el resultado de un largo proceso de creación y que está en continuo cambio. Pero la transformación de las orientaciones culturales no es uniforme ni continua y sí, más bien, contradictoria y ambigua.

 

… es la romantización del amor que se arraigó en Occidente a partir del siglo XVIII. Consiste en considerar el vínculo amoroso como algo sin contradicciones, sublime y, en lo posible, eterno. Se basa en la idea de que dos se convierten en uno.  …. ve la violencia contra la mujer como expresión de la locura. Afirman que quien haya sido violento debió estar fuera de sus cabales o padecer algún trastorno metal, así haya sido por un momento.  …  la razón y las emociones son dos aspectos separados del ser humano también ha sustentado la violencia contra las mujeres. Los celos, la rabia o el miedo de perder a la pareja son argumentos que han pretendido justificar la violencia entre parejas.

 

http://www.razonpublica.com/index.php/economia-y-sociedad/10201-el-feminicidio-est%C3%A1-arraigado-en-la-cultura.html

 

 

El femicidio, la reacción contra el fin de una era


En el siglo XX, el genocidio se impuso contra las identidades nacionales; en el XXI, la reacción es contra las identidades individual
DOMINGO 07 DE MAYO DE 2017
Ilustración: Power Paola
Ilustración: Power Paola.

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Cuando un evento se repite a tal punto de volverse cotidiano, ya no estamos observando un evento, sino una práctica social. En la Argentina, desde hace varios años, somos testigos de un alarmante incremento de la violencia de género que, a cada minuto, termina en un nuevo femicidio. El asesinato sistemático de mujeres se ha convertido en un hongo que crece y se multiplica sobre la superficie de la Tierra. Y como todo hongo, estamos ante el peligro de leerlo como algo normal, cotidiano, natural. Este peligro nos exige pensar el femicidio desde nuevas categorías de análisis.

Micaela García, Belén Rivas, Claudia Lima, Silvia Castañera, M. Estela Torres, Florencia Di Marco, Silvina Núñez, Ornella Dotori, Antonia Ríos, Lucía Hoyos, Karina Catalano, M. Adela Duarte, Gabriela Barceló, Noemí Salvaneschi, Cielo Torres, Paulina Portillo, Cristina Sandoval, M. Esther Ramírez, Tamara Olguín, Alejandra Polizzi, María Vedia Durán, Malvina Noelia, Silvia Morales, Carmen Solís, Tamara Córdoba, Mayra Díaz y Analía Núñez: 27 mujeres asesinadas, violadas y abusadas en 27 días, en abril de 2017.

Nuestro país no es el único caso: el informe de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal) de octubre de 2016 mostró que existe un promedio de 12 mujeres asesinadas cada día por violencia de género en América Latina, con la Argentina, México, Guatemala y Brasil en la cima de estas escalofriantes cifras. ¿Por qué todo indicaría que el femicidio se ha convertido en una práctica social? ¿Cuál es la lógica que se esconde debajo del asesinato sistemático de mujeres en todos los continentes?

Hacia finales de la Segunda Guerra Mundial el mundo amanecía frente a una nueva realidad que se expandía desde Europa hacia los confines de la Tierra: el genocidio como una práctica social. Como escribió Daniel Feierstein en su libro El genocidio como práctica social (FCE, 2007), el nazismo inauguró la idea de la “reorganización genocida, del poder del aniquilamiento como destructor y refundador de las relaciones sociales”. El genocidio no fue una excepción, sino la conclusión de diferentes procesos sociales que tuvieron sus orígenes en la construcción propia del Estado y el tiempo modernos. Procesos que nacen con la conformación de la identidad nacional, en los que diferentes identidades y culturas se vieron solapadas bajo la idea de igualación de un territorio con una lengua y una religión. Y frente a un discurso de autonomía que toleraba la diversidad de pensamientos y formas de vida, pero que ante el límite de la radicalización de las prácticas autónomas de índole política, social, económica o cultural, encontró en la destrucción la herramienta para reconfigurar las sociedades nacionales. El genocidio no mermó ante las banderas del “Ni un genocidio más” posteriores a 1945, sino que se multiplicó a la par de la exigencia de autonomía de los países coloniales, los Estados multiculturales o las identidades religiosas diferentes.

No es casualidad que el mismo síntoma haya sido percibido con perplejidad por Hannah Arendt en su libro Eichmann en Jerusalén y por Michel Foucault en sus estudios sobre el biopoder: el genocidio no es un evento único y pasajero, sino que bajo determinadas condiciones cualquier Estado puede llegar a su realización. Y esas condiciones se vinculan directamente con la ruptura de la matriz moderna de la identidad nacional. Es así como el mapa europeo se vio transformado por estas prácticas, pero también bajo las políticas represivas y genocidas en las últimas dictaduras militares latinoamericanas, en África, Medio Oriente y Asia.

Síntoma de resistencia

Debemos pensar el siglo XX como el siglo del estallido de las identidades nacionales con la respuesta genocida de los Estados. Hoy vemos el estallido de las identidades individuales, de los discursos sociales que exigen la ruptura de las categorías obsoletas que determinaban la relación entre los seres humanos, las elecciones sexuales, la relación de poder hombre-mujer y mujer-hombre. Discursos que ya no sólo exigen la libre manifestación y radicalización de la autonomía individual, sino que además exploran nuevas formas de autonomía, nuevas formas de relaciones sociales. Así como desde el origen de los tiempos la mujer fue señalada como “el otro” y su asesinato una realidad, hoy el concepto y la práctica femicida se han transformado en una dinámica social, quizás la respuesta desde la sociedad misma a la ruptura de los discursos de la Modernidad sobre las libertades individuales.

Como bien explica Michel Foucault en su curso del Collège de France de 1975-1976 (Defender la sociedad, FCE, 2000), el Estado nazi hizo que coincidieran el campo de la vida disciplinaria y reguladora característico de todo Estado nación con el derecho soberano de matar a cualquiera por sobre el contrato social que inauguró el tiempo moderno. Hoy el análisis nos exige entender que el carácter monstruoso del femicidio se vincula también con prácticas humanas, para ampliar la comprensión sobre lo que esconde esta realidad que azota a nuestras sociedades: la aterradora posibilidad que cualquiera se pueda transformar en un femicida, un vecino, un familiar, un amigo, un desconocido. La destrucción de las configuraciones identitarias tradicionales pareciera haber liberado tabúes y pulsiones que no sólo hacen del femicida aquel que en el otrx, en la alteridad, deja de ver a un semejante, sino que radicaliza su cosificación como reacción ante la libertad, como un síntoma defensivo de resistencia al cambio de paradigma.

En 1963, Arendt le respondió en una carta a las acusaciones de Gershom Scholem tras el debate generado por sus escritos sobre la “banalidad del mal” (Escritos judíos, Paidós, 2009). Allí le dice que el mal nunca puede ser radical, sino solamente extremo y que carece de profundidad, porque “puede crecer desmesuradamente y reducir todo el mundo a escombros precisamente porque se extiende como un hongo por la superficie”. De igual modo, hoy el femicidio crece desmesuradamente como respuesta al fin del discurso moderno sobre el lugar de la mujer en la sociedad.

La estructura social moderna durante el siglo XX llegó a su fin y ante la necesidad de nuevas categorías para definir al otro, el genocidio se convirtió en la herramienta para erradicar el exceso de autonomía: judíos, gitanos, musulmanes, bosnios, indígenas, afrodescendientes, armenios, tutsis, comunistas. Todo lo que ponía en jaque la identidad nacional debía ser subyugado. La Modernidad no estaba preparada para contener una doble identidad, dos lenguas nacionales, el amor por una tierra en la que residían pero no se sentían parte, ni tampoco discursos sostenidos en la solidaridad, en la igualdad económica y política.

El siglo XXI se enfrenta a una nueva realidad: mientras el problema de las identidades nacionales fue girando hacia el problema del “otro diferente y terrorista”, hacia el interior de los Estados nuevos discursos sociales implosionan las viejas identidades. Las categorías no son suficientes para ir a la par de las configuraciones humanas: ni hombre/masculino ni mujer/femenino, agénero, intergénero, demigénero, género fluido, pángenero, queer, trans, cisgénero, pluriamor, nuevas familias. Y en la punta del iceberg, estamos frente a la ruptura de una matriz de pensamiento que saca a la mujer del lugar del objeto, de la cosificación, de la sumisión. En este contexto, el femicidio se ha multiplicado. se ha vuelto una práctica cotidiana y nos convoca a pensar.

Un hecho alarmante es que el femicidio, a diferencia de las prácticas genocidas, ya no se dirige desde el poder del Estado hacia sus ciudadanos, sino que nace en el propio estrato social. Más allá de las políticas públicas y lo que puede hacer o no el Estado y sus fuerzas de seguridad, es la crisis de los discursos sociales y los conceptos modernos lo que puede convertir al otro en tu futuro asesino. Es el quiebre de la mirada del mundo que conformaba el discurso sobre el rol y el lugar de la mujer. Y por ello, no podemos dejar de lado que hoy estas prácticas son intrasociales. Tal vez como la herencia nefasta de sociedades post-genocidas, o tal vez, como la incapacidad de soportar el fin de los discursos heteronormativos que determinaban los vínculos entre los seres humanos.

El autor es especialista en filosofía política y pensamiento judío, e investigador del Conicet

http://www.lanacion.com.ar/2020576-el-femicidio-la-reaccion-contra-el-fin-de-una-era

EL PEOR ABRIL POSIBLE: EN LA ARGENTINA ASESINAN A UNA MUJER POR DÍA


Con Araceli Fulles se completa una larga y trágica lista de femicidios durante el último mes. De las mujeres muertas, diez fueron además abusadas sexualmente. Aún hay cinco desapariciones no resueltas.

La confirmación del asesinato de Araceli Fulles, este mediodía, marcó en el calendario local otra triste estadística. En abril murió una mujer por día (promedio) a causa de un femicidio.

Araceli Fulles
Araceli fue encontrada hoy enterrada en la casa de su captor.

La violencia contra las mujeres se manifiesta de las formas más disímiles. A veces se da en el marco de una relación de pareja y otras a mano de delincuentes y asesinos, que no necesariamente forman parte del entorno de la víctima.

Micaela García
Micaela García tenía 21 años.

La primera noticia que se tuvo al comienzo de este mes que se va, fue el del homicidio de Micaela García quien desapareció el 1° –un día más tarde se perdía todo contacto con Araceli–. Tan sólo una semana después, Micaela apareció muerta. La joven fue salvajemente abusada por su captor, quien “disfrutaba” del beneficio de libertad condicional.

El 11 de abril, mientras velaban a Micaela, fue hallada muerta en una finca en Alberdi, Tucumán, a la vera de la ruta 38, Ornella Dottori. Tenía 16 años y estaba embarazada. La encontraron desnuda, con ladrillos en el cuello y señales de haber sido violada.

Ornella Dottari
Ornella de 16 años fue encontrada muerta en Tucumán.

En un femicidio particularmente siniestro Alejandra Polizzi fue asesinada el 20 por su esposo Gustavo Flores en la localidad bonaerense de Castelar. El hombre la apuñaló tres veces, en presencia del hijo de ocho años de la pareja. Y, como para sumar aún más datos escalofriantes, convivió con el cadáver dentro de la casa durante diez horas.

Alejandre Polizzi
Alejandra Polizzi murió a manos de su esposo.

Unos días después, el 23, Silvia Morales fue muerta a manos de su ex esposo. El hombre le asestó ocho puñaladas en plena vía pública, en el barrio Crucero Belgrano de San Miguel de Tucumán.

Hoy la triste noticia del asesinato de Araceli completó el almanaque. El cuerpo de la joven de 22 años fue encontrado enterrada bajo cal en la casa de su posible captor en José León Suárez, partido de San Martín. Hasta el momento se sabe que fue estrangulada con un lazo.

LA FATÍDICA SUCESIÓN DE FEMICIDIOS:

  • 1 de abril /Micaela García (desaparecida)
  • 2 de abril /Araceli Fulles (desaparecida)
  • 5 de abril /Daniela Ameri (abusada)
  • 8 de abril /Claudia Lima (abusada y asesinada)
  • 9 de abril /Micaela García (abusada y asesinada)
  • 9 de abril /Silvia Castañera (asesinada)
  • 9 de abril /M. Estela Torres (asesinada)
  • 10 de abril /Florencia Di Marco (abusada y asesinada)
  • 11 de abril /Silvia Nuñez (abusada y asesinada)
  • 11 de abril /Marina Vedia Duran (desaparecida)
  • 12 de abril /Ornella Doroti (abusada y asesinada)
  • 12 de abril /Antonia Rios (abusada y asesinada)
  • 14 de abril /Lucía Hoyos (asesinada)
  • 14 de abril /Karina Catalano (asesinada)
  • 15 de abril /M. Adela Duarte (asesinada)
  • 16 de abril /Gabriela Barceló (asesinada)
  • 17 de abril /Noemí Salvaneschi (asesinada)
  • 17 de abril /Cielo Torres (asesinada y abusada)
  • 18 de abril /Paulina Portillo (asesinada)
  • 18 de abril /Cristina Sandoval (asesinada)
  • 19 de abril /M. Esther Ramirez (asesinada)
  • 20 de abril /Tamara Olguín (asesinada)
  • 20 de abril /Alejandra Polizzi (asesinada)
  • 21 de abril /Marina Vedia Duran (abusada y asesinada)
  • 21 de abril /Malvina Noelia (abusada y asesinada)
  • 23 de abril /Silvia Morales (asesinada)
  • 24 de abril /Carmen Solis (asesinada)
  • 25 de abril /Tamara Cordoba (asesinada)
  • 26 de abril /Mayra Díaz (Asesinada)
  • 27 de abril /Araceli Fulles (Asesinada)

La idea del calendario fue de Ramiro, un usuario de twitter que buscó reflejar una realidad a la cual aún no se puede combatir. “Me puso bastante mal hacer esto, pero es la única forma de visibilizar el horror”, dijo en uno de sus tweets.

De las mujeres asesinadas, diez fueron además abusadas sexualmente. A ello se suma un caso de abuso sin asesinato y cinco desapariciones no resueltas aún.

http://www.bigbangnews.com/actualidad/El-peor-abril-posible-en-la-Argentina-asesinan-a-una-mujer-por-dia-20170428-0021.html

Los dolores de Colombia: Lucy Nieto de Samper.


Es aterrador el aumento de los feminicidios. La violencia parece incontenible.

28 de abril 2017 , 08:45 p.m.

Lluvias torrenciales y ríos desbordados arrasaron barrios enteros en diferentes departamentos. A su paso, dejaron miles de muertos, de heridos, de desaparecidos; y en la ruina, a la mayoría. En auxilio de los damnificados, se movilizó el país. La eficiente acción de los socorristas, de los vecinos de las zonas afectadas, del Ejército, la Policía, la Cruz Roja y de todo el equipo gubernamental alivió, en parte, las primeras urgencias de las víctimas.

La presencia del Presidente de la República y de sus ministros, en las zonas destruidas, aceleró la atención de los damnificados. Y bajo la dirección del ministro de Defensa, Luis Carlos Villegas, nombrado gerente de la recuperación de Mocoa, la ciudad con mayor número de víctimas, en poco tiempo se han hecho obras importantes: reconstruir puentes, instalar agua y luz, planear nuevos desarrollos. Y con alimentos, medicinas, ropa, colchones, cobijas, aporte del Gobierno y donación de empresas, ciudadanos y países amigos, se ayudó a miles de familias. El país unido se volcó en favor de los damnificados.

En otros escenarios, las víctimas son bebés de pocos meses y niñas de entre 1 y 13 años, violados por hombres perversos quienes, varias veces, cometen esa infamia dentro de sus propios hogares. Esos violadores –provengan de los bajos fondos o luzcan cuello blanco– son un peligro público y merecen cadena perpetua. Por eso luchó hasta su muerte la congresista Gilma Jiménez. Y lo mismo pide la directora del ICBF. Sin embargo, en las cortes ese tema no se discute porque la Constitución, en su artículo 34, prohíbe la prisión perpetua.

La corrupción, una enorme desgracia nacional, los entes de control no dan abasto denunciando y persiguiendo a los corruptos

Hoy, la pena máxima impuesta al asesino de Yuliana Samboní equivale a 51 años, 10 meses de cárcel. Pero, con atenuantes por buena conducta, trabajo, etc., peligrosos asesinos quedarían libres en la mitad del tiempo y los niños estarían en peligro. Si se omite la palabra “perpetua” y se lucha por una pena máxima de 60 años, se lograría que los asesinos envejezcan en la cárcel.

Al tiempo, es aterrador el aumento de los feminicidios. La violencia masculina parece incontenible. Con cuchillo, o con bala, los hombres asesinan a las mujeres, o las desfiguran con ácidos. Estos criminales no siempre van a la cárcel y muchas veces las penas son mínimas.

De acuerdo con estadísticas, la violencia contra las mujeres, incluidas las niñas menores de 10 años, alcanza el 90 por ciento de impunidad. Se necesitó que en el año 2012, un hombre violara y empalara a Rosa Elvira Cely, para que en su nombre se expidiera la Ley 1257, que condena con 50 años de cárcel el feminicidio.

No obstante, los hombres siguen violando y asesinando a mujeres y niñas. Es urgente que las mujeres sepan defenderse, comenzando por denunciar a tiempo al agresor y que exijan que funcione la justicia, porque no siempre hay jueces imparciales e idóneos.

En cuanto a la corrupción, una enorme desgracia nacional, los entes de control no dan abasto denunciando y persiguiendo a los corruptos. Porque involucrados en la corrupción hay altos funcionarios, poderosos empresarios, contratistas, congresistas, administradores y empleados de segunda categoría.

Corrupción hubo en Interbolsa, pero algunos de los culpables empiezan a quedar libres. En Odebrecht –la tapa de la corrupción– siguen apareciendo peces gordos. Y vuelve a sonar Reficar, la refinería de Cartagena, en donde la Fiscalía descubrió que pagó en sobornos 18 veces más dinero que en Odebrecht. Por hoy, no hay más espacio para recordar otros dolores nacionales.

LUCY NIETO DE SAMPER
lucynietods@gmail.com

http://www.eltiempo.com/opinion/columnistas/lucy-nieto-de-samper/los-dolores-de-colombia-crimenes-en-colombia-82790

ARGENTINA: Confirman asesinato de joven Araceli Fulles en Argentina


La joven de 22 años fue vista por última vez el pasado 1 de abril en su vivienda.

La joven de 22 años fue vista por última vez el pasado 1 de abril en su vivienda. | Foto: @teleSURtv

Publicado 28 abril 2017 (Hace 3 horas 23 minutos)
Investigadores de la Fiscalía confirmaron que el cuerpo hallado este jueves pertenece a Araceli Fulles, desaparecida el 1 de abril.

Funcionarios policiales confirmaron este viernes que los restos humanos encontrados en la localidad argentina de José L. Suárez pertenecen a Araceli Fulles, joven desaparecida desde principio de mes.

El cuerpo fue encontrado en el terreno de una casa, debajo de unos escombros que estaban tapados con cal.
La autopsia preliminar de Fulles arrojó que la muerte fue aproximadamente hace 25 días, lo cual concuerda con la fecha de su desaparición.

Por el asesinato hay seis detenidos y un prófugo quien sería el autor material del hecho, identificado como Darío Gastón Badaracco, de 29 años.

>> Hallan el cadáver de una mujer sin identificar en Argentina

La casa donde encontraron el cadáver pertenece a Badaracco, quien había declarado en varias oportunidades en relación al hecho, sin embargo, tras su último llamado por parte de la Fiscalía para aclarar detalles del caso el hombre no fue encontrado.

La vivienda fue revisada en otras oportunidades sin encontrar rastros. Esta vez los funcionarios llegaron al lugar por el trabajo de perros de seguridad, que encontraron las cajas donde estaba el cuerpo de Fulles.

>> Asesinan a maestra argentina frente a sus hijos

Araceli Fulles (22 años) desapareció el pasado 1 de abril de su vivienda en San Martín, por lo que familiares y amigos iniciaron una campaña a través de las redes sociales para encontrarla.

Con este caso, se suman en Argentina 26 feminicidios en abril, lo que representa en promedio una mujer asesinada por día.

http://www.telesurtv.net/news/Confirman-asesinato-de-joven-Araceli-Fulles-en-Argentina-20170428-0032.html?utm_source=planisys&utm_medium=NewsletterEspañol&utm_campaign=NewsletterEs

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