¿Quién fue Juan Vives Suriá?: ROBERTO POVEDA.


Juan Vives Suriá nació en Barcelona, España, el sábado 26 de enero de 1924 (aunque lo celebraba el 27), hijo de Rosa Suriá y Francisco Vives, con muy fuerte ascendencia católica, que la se veía en dos de sus tíos: Carlos y Jaime. El primero, sacerdote Jesuita y el segundo, diocesano, este último quien hizo vida en la Arquidiócesis de Caracas por más de 15 años, organizando sus archivos históricos.

Desde su temprana edad, e inculcado por la familia, tres características distinguieron su personalidad: alegría, liderazgo y servicio. Y siguiendo parte de la tradición de muchas familias españolas, ingresa en el seminario con 17 años, después de iniciar sus primeros estudios en el Seminiario Conciliar de su ciudad natal. En sus tiempos de seminarista ejerció el periodismo en prensa y radio, con reseñas teatrales, la promoción del pesebresismo con un valor histórico y religioso, y a través de la práctica de los “Castillos de Vals”, una tradición catalana la cual consiste en crear grandes torres humanas que simbolizan la lucha del hombre y la mujer por alcanzar sus sueños.

A los 24 años parte a Venezuela, en 1948, para continuar sus estudios y ordenarse como sacerdote, enviado como Misionero, más específicamente el clero secular de las misiones del Caroní, en el estado Bolívar, donde se encontraría con su tío Jaime Suriá, Párroco de El Callao en esos años. En 1950 el Padre Vives se ordena y da su primera misa como sacerdote de El Callao, población que lo marca en su ascendencia con la esencia popular, los valores venezolanos y en la lucha de los mineros de El Callao, como una importante motivación y sensibilización en contra de la explotación y la reivindicación de los derechos laborales, además de la defensa por el medio ambiente.

En 1957 lo trasladan a Quiriquire, Estado Monagas, donde funda el “Festival de Aguinaldos de Oriente”, y con el fragor de la actividad petrolera en esa región, sigue alentando las luchas reivindicativas de los trabajadores del petróleo, sin descuidar su vocación pastoral de casa en casa, al servicio de los más humildes.

De 1963 a 1978 es trasladado a Caracas, como Presidente-Fundador de Cáritas de Venezuela, una asociación católica para promover la caridad hacia los más pobres. Posicionó la fundación y la hizo nacional, durante más de 15 años a su cabeza, y al servicio de los necesitados, creando direcciones en diversos Estados, y promoviendo una formación en valores y consciencia, que ya llevaba el tono crítico de la teología de la liberación, del cual es una de sus más activos ejecutores en la Venezuela de entonces. Ya en esos años inició por su peregrinaje nacional y regional en favor de la justicia, la necesidad de una iglesia de compromiso social que cuestione las raíces de la pobreza, con lo cual lo empieza como un cura con posiciones políticas claras que muchas veces no gustaban a la jerarquía, particularmente en favor de refugiados políticos de las dictaduras del cono sur que vinieron a Venezuela huyendo del totalitarismo de derecha. No obstante, la solidaridad era lo más importante para él.

En 1978 la Conferencia Episcopal de Venezuela decide apartarlo de la dirección de Cáritas por diferencias políticas, y hasta le revocaron el permiso de dar imponer algunos sacramentos católicos, como dar misa. No obstante, siguió adelante con su lucha social con la creación de un “Fundalatin” (la primera ONG de derechos humanos del país), junto a otros sacerdotes, los exiliados y otros laicos comprometidos, como el Ing. Guido Zuleta, para seguir con la prédica de denuncia de la pobreza, las causas y sus causantes, y activar en favor de su causa.

Temas como la denuncia a la deuda externa (o eterna), la defensa activa de todos los derechos humanos, la denuncia a la Doctrina de Seguridad Nacional de la CIA y el intervencionismo, la promoción de un Nuevo Orden Económico Internacional, la creación de la “Federación Latinoamericana de Asociaciones de Familiares de Detenidos y Desaparecidos”, FEDEFAM; el ecumenismo y diálogo interreligioso, la necesidad de democratizar el ingreso por ingreso petrolero en Venezuela, la promoción de la paz por sobre la imposición de una doctrina antiterrorista en favor la guerra, entre otros grandes temas, lo guiaron a lo largo de toda su larga vida pastoral y misionera, durante 55 años de sacerdocio en Venezuela, y más de 25 al frente de Fundalatin.

Llevó su prédica de paz por todo Hispanoamérica. En 1985 recibe en nombre de Fundalatin, el “Premio Mensajero de Paz” de las Naciones Unidas, y destacó como un luchador incansable, desde la base, desde los campos, los barrios, la escuela, la iglesia pobre, en la creación de una conciencia cristiana profunda basada en la solidaridad, la compasión y la denuncia permanente. En el año 2002, tras el fracaso del intento de golpe de Estado contra el Presidente Hugo Chávez, llamó a la concordia nacional y fue un importante promotor del diálogo y la reconciliación, respetado por todos, y nunca dejando callar sus críticas al orden económico neoliberal y su legado de exclusión.

El 26 de junio de 2004 el Padre Vives se siembra, en Caracas, dejando un legado de inspiración en la lucha social, los más altos valores éticos y de entrega por los demás, que hoy sigue dejando un gran ejemplo a todas las generaciones.

https://www.aporrea.org/actualidad/a240534.html

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