CARTA PÓSTUMA DE UN PADRE A SU HIJO EN EL ANIVERSARIO DE SU PASCUA.


CARTA POSTUMA A CAMI

 

Puerto del Rosario, 6 de abril de 2014

 

Mi queridísimo e inolvidable Cami:

Qué necesidad tan grande tenía de escribirte, aún sabiendo que nunca recibirás esta carta. Hoy, cuando se cumple el primer aniversario de tu adiós definitivo, siento con mayor angustia que hay algo me quema por dentro, algo que me atormenta y que debo sacarlo fuera para poder sanar.

Pienso, una y otra vez, en cómo tu vida habría sido diferente si yo, como papá y guía, no hubiera cometido tantos errores contigo, ni me hubiera equivocado con tanta frecuencia. Hoy, más que nunca, estoy convencido de que mis grandes desaciertos, a pesar de mi buena fe y mis mejores intenciones, te marcaron desde niño para siempre. Cuánto diera porque Dios me concediera el milagro de que volvieras nacer. Cuánto diera por poder arrullarte de nuevo entre mis brazos. Te dedicaría horas eternas hasta descubrir, uno a uno, tus talentos naturales y te llenaría de estímulos para que pudieras sacarle a tus dones el mejor provecho. Te invitaría a aprender sin imponerte nada y te corregiría sin castigos ni reproches. Te llevaría de la mano con firmeza, pero dejando que escogieras libremente tu camino. Me acostaría en las noches junto a ti, para compartir tus sueños y jugar con las estrellas. Te esperaría sonriente en la puerta, dispuesto a secarte las lágrimas, asegurándote que “eso no fue nada” y pronto el dolor pasará. No me cansaría de reconocerte todo lo que vales y te animaría todos los días para que alcanzaras nuevos logros y te fijaras otras metas. Y no desaprovecharía la más mínina oportunidad para arroparte con cientos de abrazos y miles de besos, y así hacerte sentir, de verdad, ¡cuánto te quiero!

Hoy debo confesarte, también, con el corazón hecho pedazos, que fueron muchos los años que tuvieron que pasar, para que yo pudiera comprender por fin, que tú lo que necesitabas y buscabas desde niño no eran las amenazas, los reproches y castigos, sino el apoyo incondicional de un padre que con su amor y su atención, te hiciera sentir seguro, valorado y acogido.

Recuerdas cuando la gente decía:

-¡Este año se pasó volando!

Hoy, tristemente, no puedo repetir lo mismo. No sólo han sido 365 días sin verte. ¡Es mucho más! Para mí, han sido 8.960 interminables horas sintiéndome huérfano de ti; 537.600 minutos, en los que mi mente, tanto despierta como dormida, no ha parado de mostrarme tu rostro a través de los recuerdos. Han sido más de 32 millones de largos minutos, en los que, uno a uno, me he negado a aceptar tu prolongada ausencia.

 

2

 

Sólo Dios y tú saben lo duro que ha sido para mí poder seguir viviendo sin ti. Qué difícil retomar el día a día, trabajando y sonriendo como si nada hubiera pasado. Qué papel más exigente el que he tenido que representar después de que te has ido, mostrándome hacia fuera con un máscara de serenidad  y fortaleza, mientras por dentro, me derrumbo frágilmente y me consumo en medio de mi soledad y de mi tristeza inconsolable.

Qué reto tan grande y doloroso el que me ha impuesto la vida, obligándome a creer que el tiempo sanará esta herida… pero pasan las horas, los días y los meses, y compruebo que la herida permanece aún abierta y sin curar. Y le pregunto al cielo ¿cuándo podré volver a verte y abrazarte?, mientras el pensamiento humano me atormenta, asegurando que tu viaje es sólo de ida y sin regreso.

Tu vida y tu muerte, han sido para mí grandes oportunidades de aprendizaje y crecimiento. El legado que me dejas, desbordante de vivencias y experiencias, es de una riqueza incalculable. Por eso hoy, día de tu primer aniversario, he querido escoger tres de esos regalos que, como verdaderos tesoros, servirán para que puedas trascender y ser recordado como un hombre que, en medio de sus fortalezas y debilidades, de sus aciertos y equivocaciones, luchó con valentía por sobreponerse siempre al sufrimiento y la adversidad.

 

  • El primer regalo que he sacado, nuestra gratitud al Todopoderoso por habernos escogido como tus padres. Tú fuiste –y sigues siendo- nuestro mejor maestro. Contigo aprendimos  verdaderamente a ser papás. Fueron los errores que cometimos contigo, los que nos llevaron a descubrir que ser padres es mucho más que dar un pan, comprar un vestido o llevarte de paseo. Y fuiste tú, Cami, el que nos permitiste entrar por la puerta de la humildad  para que, reconociendo nuestras equivocaciones y nuestras carencias, pudiéramos un día encontrar al verdadero Dios y recuperarte como hijo.
  • El segundo, poder desempacar tu historia. Esa historia personal y única, en la que el sufrimiento fue tu compañero inseparable de camino. Ese sufrimiento que estuvo a tu lado desde antes de nacer y te acompañó, sin reparos, hasta el día de tu adiós definitivo. Tu historia completa, con tus aciertos y tus errores; con tus problemas y tus soluciones; con tus sueños y tus frustraciones, es al final, una historia de superación valiosa y valiente, y un testimonio de lucha y esperanza. Este tesoro, tu historia, merece ser contada y compartida con otros. Hace un año, precisamente un día antes de tu muerte, te hice la promesa de que contaría tu vida. Quiero que sepas que ya llevo varios meses escribiéndola y espero terminarla muy pronto.

 

 

3

 

 

  • Y el tercer tesoro, nuestro compromiso sagrado de amar, cuidar y estar siempre pendientes de María del Mar. Tu hijita era tu desvelo y tu gran preocupación. Tú, como todos los papás, no sólo querías lo mejor para tu hija, sino soñabas con grandes proyectos para ella. María del Mar, es la prolongación de tu sangre y de tu alma. Es la más grande herencia que has podido dejarnos. Por ello, hijo mío, te pido que descanses en paz, sabiendo que tus padres y tus hermanos, estaremos siempre muy cerca de María del Mar, cobijándola con nuestro afecto y brindándole nuestro apoyo.

Me despido, mi querido Cami, con la tristeza de saber que de verdad te has ido, pero con la tranquilidad de haberme podido desahogar y liberarme de esas cargas que me atormentaban de tiempo atrás. Lamento, querido hijo, no haber tenido el valor y la humildad para habértelo reconocido en vida.

Por eso, mi Cami, desde que partirte de este mundo, me he hecho el propósito de abrazar más, de dar más besos, de decirle a los demás cosas bonitas y agradables, de no ahorrar ni una sola gota de afecto y de cariño. Y me he propuesto compartir mi testimonio personal con muchos padres de familia, especialmente con aquellos con hijos pequeñitos, para que no caigan y repitan los errores que cometí contigo.

 

Te amo con toda mi alma y sabes que jamás te olvidaré. Espero con ilusión ese nuevo amanecer, en el que tú me recibas sonriente y con un abrazo me prometas que ya nunca te separarás de mí.

 

Papá

 

Remitido al e-mail

Deja una respuesta

Por favor, inicia sesión con uno de estos métodos para publicar tu comentario:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

A %d blogueros les gusta esto: