DE TANTEO EN TANTEO….: IVAN MARULANDA


GACETA DEL TEATRO (10)

Rionegro 09-12-2016

 

Cuando nos reunimos en el Teatro Pablo Tobón en octubre para dialogar sobre el proceso de paz y ver cómo podríamos ayudar a rescatarlo después del revés del plebiscito, estaba convencido de que íbamos para otro Acuerdo con las Farc y los ciudadanos seríamos convocados de nuevo a las urnas.

 

En ese caso, la idea era organizarnos para hacer, al menos en nuestros círculos de influencia, la pedagogía y la movilización que no se habían hecho en el plebiscito anterior, y así ayudar a remontar el resultado del 2 de octubre en Medellín, donde el NO ganó por casi 180 mil votos, ventaja casi cuatro veces mayor que la del total nacional contra del Acuerdo de Paz.

 

Se podría decir que el plebiscito se perdió en Antioquia y la carga histórica que esto acarrea nos sacude ¡es por lo que necesitamos actuar! Aquí fueron más de 400 mil votos de diferencia a favor del NO, cuando en el país esa diferencia solo subió a 52 mil votos. De continuar ese balance de opinión en Antioquia, será difícil lograr la paz en Colombia.

 

En fin, no queríamos quedarnos cruzados de brazos ante esta situación y nos juntamos para ponernos en marcha en caso de que hubiera otro plebiscito.

 

Han pasado dos meses desde entonces y ya sabemos que se firmó otro Acuerdo con las Farc que incluyó buena parte de las razones del NO, pero no se convocó a plebiscito para su refrendación, sino que esta la hizo el Congreso.

 

En esas circunstancias, los ciudadanos no hemos tenido más papel que observar y desear que las cosas salgan bien.

 

 

 

  • EN QUÉ VA EL PROCESO DE PAZ.

 

La Corte Constitucional dirá, al parecer el 12 de diciembre o por esos días, si la refrendación del Acuerdo por el Congreso es válida para sustituir el plebiscito y si por lo mismo tiene iguales efectos jurídicos para poner en marcha las tareas de implementación del Acuerdo.

 

Si la Corte dice en la sentencia que esa refrendación la considera popular, igual que si la hubiera hecho el pueblo por voto directo, el Acuerdo de Paz podrá llevarse a artículos de la Constitución, leyes y decretos, mediante trámites breves y extraordinarios en el Congreso y el Gobierno. Y se podrá trabajar en las tareas del terreno.

 

De lo contrario, los trámites legislativos de implementación deberán hacerse al ritmo lento e incierto de cualquier ley y reforma constitucional. Esto paralizaría la desmovilización de las Farc en el campo, a la espera de que el Congreso expida las normas de implementación del Acuerdo.

 

 

 

  • EL “FAST TRACK”.

 

¿Cuál es la diferencia entre legislar por la vía rápida y legislar por la vía ordinaria?…

 

¡Es enorme!… para empezar me atrevo a afirmar que si no se puede implementar el Acuerdo en el Congreso por la vía legislativa abreviada ¡se hunde el proceso de paz!…

 

Les resumo por qué:

 

  1. Mediante el procedimiento abreviado (“fast track”) el Acuerdo se llevaría a normas legales y a actos administrativos en menos de la mitad del tiempo.

 

  1. Los proyectos de ley y de acto legislativo no los podría modificar el Congreso, por lo mismo no los discutiría artículo por artículo lo cual haría el trámite eterno. Los votaría en bloque a favor o en contra.

 

  • Solo el Gobierno podría presentar proyectos de reforma constitucional o de ley que desarrollen el Acuerdo de Paz, lo cual garantizaría que serían fieles a los acuerdos y que el estudio se concentraría solo en esos textos. Si los congresistas tuvieran libertad de redactar proyectos o presentar modificaciones, los debates se dispersarían en múltiples alternativas y se harían eternos. En tal caso, no se podría garantizar que lo que salga al final, corresponda a los compromisos pactados en el Acuerdo con las Farc.

 

  1. De otro lado, el Presidente haría uso de facultades extraordinaria para firmar decretos con fuerza de ley en ciertos casos de emergencia, para agilizar así la implementación del Acuerdo.

 

  1. Es decir, el proceso se pondría en marcha de inmediato en todas sus facetas, los mecanismos de control y seguridad podrían operar para rodear de garantías la desmovilización de las Farc y el cese del fuego, el Gobierno tendría herramientas legales para cumplir lo pactado y recursos para adelantar el posconflicto.

 

  1. Por la vía ordinaria no se sabría cuándo ni en qué orden estarían aprobadas las leyes y a lo mejor el Congreso ni siquiera podría hacer la tarea porque se ahogaría en discusiones de multitud de propuestas.
  • No olviden, se necesitan decenas de normas extensas y complejas para implementar el Acuerdo de Paz y la campaña electoral del 2018 empieza de lleno en pocos meses. Entonces, la atención de los congresistas estará puesta allí y no en la complicada legislatura para la paz. Lo que logren hacer no será oportuno, ni suficiente y quién sabe si al final quede en línea con el espíritu del Acuerdo. Como dije, en el enredo de los debates parlamentarios las cosas se distorsionan y dilatan en un abrir y cerrar de ojos.

 

  • En medio de semejante incertidumbre y sin que se hagan a tiempo las leyes que conviertan lo acordado con las Farc en instituciones y programas de acción ¡no hay paz! ¡Querría decir que 8000 guerrilleros de las Farc no tendrían cómo dejar las armas así lo deseen, ni cómo reintegrarse a la sociedad para que finalice la guerra!

 

  1. De prolongarse esta situación, a las Farc tal vez no les quedaría otra salida que volver al monte en medio del caos y el desconcierto ¡algo increíble y perverso que la historia no nos perdonaría a los colombianos! No se trata de meter miedo… es la realidad… estas personas han permanecido durante décadas en el monte haciendo la guerra… ese ha sido su mundo…

 

 

 

  • ESTA FOTO PARA LA HISTORIA.

 

Pensemos en lo siguiente…

 

… se negocia el Acuerdo de Paz con las Farc durante seis años en La Habana…

 

… lo firma el Presidente de la República, con plenos poderes constitucionales para comprometer al Estado en su cumplimiento…

 

… son testigos el Secretario General de Naciones Unidas, presidentes de varios países, personalidades mundiales y representantes de organismos internacionales…

 

… tiene el respaldo del Consejo de Seguridad de la ONU y la participación material de este organismo en el monitoreo y verificación en la etapa del Fin del Conflicto…

 

… las Farc, confiadas en la sinceridad del Gobierno y la validez política y jurídica del convenio, dejan sus posiciones de combate, renuncian a sus acciones armadas, empiezan a desmovilizarse y se disponen a desarmarse…

 

… cuando llegan al punto de no retorno, enredos jurídicos y políticos impiden que lo acordado se cumpla y se anarquiza el proceso…

 

… las Farc sin protección de fuerza pública, ni de la Justicia, ni del Gobierno ya que el Acuerdo no se implementa con normas legales, entran en desbandada

 

… sus enemigos armados en el territorio (paramilitares etc) se aprovechan para golpearla y copar espacios que habían ocupado a lo largo de décadas…

 

… en vista del caos, a las Fuerzas Armadas no les queda más remedio que volver a combatir con las Farc…

 

… ¡otra vez la guerra!…

 

Pregunto ¿cómo registrará la historia estos episodios? ¿no creen Ustedes que les daría el calificativo traición? ¿de trampa política para relajar al enemigo, desmantelarlo y aniquilarlo en medio del estado de desconcierto e indefensión, cuando el Estado no había podido vencerlo en más de 50 años?

 

¿Cómo calificaría la Comunidad Internacional esta pantomima?

 

Les pregunto ¿cuándo más podría intentarse en Colombia terminar mediante diálogos y acuerdos políticos estas confrontaciones armadas, como lo hicieron liberales y conservadores en los años 50, o el Estado con el M-19, el Epl, el Quintín Lame, el Epr etc. en los años 90?…

 

… ¡Nunca!… así que de continuar la deriva por la que se ha desbocado el proceso de paz con las Farc, nos tenemos que olvidar de esta paz y de la paz con el Eln, para hablar de algo enorme que llegamos a tener por estos días en las manos…

 

Y pregunto ¿cuál será la ferocidad con la que se vendrían contra el Estado y la sociedad estas fuerzas que se sentirían traicionadas?

 

 

 

  • PARA QUÉ SERVIMOS…

 

Soy sincero, guardé la esperanza de que el proceso de paz se volvería a encarrilar y ahorraríamos esfuerzos, pero no fue así. Estamos en el limbo y peor que eso, los riesgos de que todo lo construido se desbarranque son enormes.

 

Nadie sabe qué viene, al menos yo no lo sé, pero lo que se vislumbra no es tranquilizador…

 

En todo caso no podemos desentendernos de la situación, es el mensaje que quiero darles. Estemos pendientes y cada que podamos, informemos a la gente que nos rodea del estado de las cosas.

 

¿Qué sigue para ciudadanos rasos como nosotros? Es la pregunta que debemos hacernos.

 

Miremos… En cualquier caso, tendremos tareas para ayudar a enderezar este entuerto, así solo sea hablar con la gente y reclamar como podamos… impedir que el daño se haga impunemente, en medio de la indiferencia de la población…

 

Por eso, les transmito información que a lo mejor algunos desconocen y que es necesaria para hablar con propiedad de lo que acontece, participar cuando haya lugar y estar alertas.

 

 

 

  • NO HUBO CONSENSO Y…

 

Ya sabemos que el nuevo Acuerdo no dejó contentos a los opositores del proceso de paz. De hecho, se reavivó la polarización en el país.

 

Los del NO sostienen que no se quiso construir el consenso para la paz, incluyendo todos sus puntos de vista. Entonces se radicalizaron otra vez contra el Acuerdo.

 

De contera, piden otro plebiscito y dicen que el Gobierno “puso conejo” a los que votaron NO, al llevar el Acuerdo a aprobación del Congreso en vez de llamar de nuevo al pueblo a las urnas.

 

 

 

 

Esas fuerzas no están seguras de que volverían a ganar el plebiscito, nadie podría estarlo, pero saben que ya no se convocará. Entonces desafían con el poder que les dio las urnas, como si fueran dueños de las mayorías populares para siempre, después que vencieron en octubre.

 

Para mí, ellos quieren que el proceso de paz fracase y sacar beneficio político de la situación, diciendo que solo ellos con su mano dura pueden controlar el orden público del país. Y así regresar al poder en el 2018.

 

Créanme que decir esto para mí no es fácil, porque supone que hay mala fe de estos políticos al poner por delante sus aspiraciones de poder, a costa de la paz de Colombia. Pero en la situación desesperada que nos encontramos, lo digo claro y sin apasionamiento. Soy realista.

 

Lo menos que podría pensarse en estas circunstancias, es que esos políticos no son conscientes del riesgo que crean, pero sería ingenuo, son políticos avezados. Ellos conocen el suelo que pisan y avanzan con sentido de oportunismo sobre la idea de que las Farc ya no regresan a la guerra y que pueden aprovechar la debilidad militar en la que los dejan los movimientos que han hecho, para derrotarlos por las armas. Este raciocinio, de ser cierto, sería moralmente deleznable y políticamente inmoral.

 

De seguir las cosas como van, día a día el orden público se descompondrá y el discurso de los enemigos del Acuerdo tomará más fuerza. Por su lado las Farc empezarán a pensar de manera distinta a como vienen pensando y quién sabe a dónde iremos a parar.

 

Pregunto ¿qué costo tiene para Colombia esta oposición?

 

El Centro Democrático y sus aliados alegan que defienden intereses del país, pero la verdad es que hacen exigencias imposibles de satisfacer en cualquier proceso de paz en el mundo, pactado con insurgentes que no fueron vencidos en combate.

 

Quieren meterlos entre rejas e impedirles que ingresen a la política en democracia… ¡Eso es imposible y absurdo! Cuando de lo que se trata es de detener el baño de sangre y lograr que esas fuerzas hagan política sin armas.

 

Para acabar de completar, al sostener que la refrendación del Congreso le “puso conejo” a la ciudadanía que dijo NO,  la oposición deslegitima el Acuerdo de Paz a los ojos de la población, que puede terminar por creer que mientras el Acuerdo no sea aprobado en las urnas, es espurio y no tiene validez.

 

Así no son viables el fin de la violencia y la reconciliación, porque sería convencer a la población de que, como no hay Acuerdo de Paz, las Farc sigue de enemiga y sigue la guerra.

 

 

 

  • ¿ENTONCES QUÉ?

 

Lo menos que puedo decirles, apreciados amigos y amigas, es que el desmoronamiento del Acuerdo de Paz sería el caos y el regreso a la confrontación armada en Colombia, sin salvavidas y en condiciones confusas que podrían llevarnos al desastre.

 

El liderazgo del Presidente Santos es cada vez más débil y el equipo negociador en La Habana quedó por desgracia gastado después del plebiscito y los episodios posteriores. Las fuerzas que apoyan el Acuerdo en el Congreso no tienen arraigo en la opinión pública.

 

Debemos reconocer que no hay líderes políticos apoyando el Acuerdo de Paz, que arrastren a la opinión pública. En cambio los contradictores tienen jefe con poder sobre las masas, están unidos y se sienten crecidos con la victoria de octubre en las urnas.

 

Las mayorías que se impusieron días atrás en el Congreso para refrendar el Acuerdo de Paz son heterogéneas, no están unidas y tienen percepciones diferentes del proceso de paz. Tampoco movilizan la opinión pública, buena parte de ellas son fuerzas clientelistas sin ideología, de malas mañas y sin credibilidad.

 

De hecho, el Congreso como institución no goza de prestigio en la ciudadanía para personificar el liderazgo que necesita el proceso de paz.

 

A todas estas, la gente en general está cansada y aburrida con este “culebrón” del proceso de paz. Esa falta de interés y entusiasmo, sumada a la ausencia de liderazgo del lado del Acuerdo, son fatales para el anhelo de paz.

 

Es probable que hacia adelante haya cambios políticos en el país, quizás en el 2018. Pero eso no importa ahora. Lo  que importa es lo inmediato, para empezar, el fallo de la Corte Constitucional. En esa expectativa debemos poner toda la fuerza. La fecha del 12 de diciembre es crucial.

 

Como sabemos, la pasada semana la Corte discutió durante más de 20 horas el asunto. La decisión no es fácil y debo confesarles que encontrar argumentos para abrirle caminos al “fast track” no está fácil. A lo mejor los Magistrados en su sabiduría  encuentren la solución, pensando en los más elevados intereses de Colombia… pueda ser… igual seguirá la cantinela del “conejo” con la que deberemos lidiar…

 

En síntesis, les invito a que apoyemos a la Corte si falla a favor de abrirle paso al “fast track”, la oposición le caerá encima. Si el fallo es contrario, sepamos que el problema para Colombia es monumental y debemos comunicarnos y movilizarnos para apoyar soluciones de emergencia.

 

 

 

  • MIRADA AL CAMPO.

 

Recordemos esto, en los territorios del conflicto armado, que son medio país, sectores violentos quieren destruir la paz con las Farc por múltiples razones que no es del caso analizar aquí.

 

La idea de que el Acuerdo es ilegal y que se “puso conejo” a las mayorías que votaron NO, alimenta esas intenciones de saboteo al proceso de paz e impulsa la ola de atropellos.

 

Si no fuese así, igual estos grupos paramilitares ejercerían violencia en el campo, pero no sería lo mismo porque con el Acuerdo en plena marcha, las Farc y los defensores del proceso de paz en las regiones tendrían el amparo total y articulado de la Justicia, las Fuerzas Armadas y las demás instituciones del Estado, como lo tienen de las Naciones Unidas.

 

Conozco informes fidedignos que hablan de que se presenta fuerte crecimiento de estructuras paramilitares en las zonas del conflicto y de su penetración en los medios políticos y empresariales de esos territorios. Además reportan que las acciones armadas de estos grupos contra líderes sociales, defensores de derechos humanos y campesinos, son crecientes y alarmantes.

Las Fuerzas Militares han sido leales con el proceso de paz y hacen lo que pueden para apoyarlo, pero están atadas por la falta de respaldos logísticos y jurídicos pendientes de las normas legales y se sienten acosadas por la descomposición gradual del orden público en las áreas del conflicto.

 

Sin el pretexto de la supuesta invalidez de la refrendación del Acuerdo por el Congreso, la oposición no tendría argumentos para agitar la animadversión de la gente contra el proceso de paz y a las bandas armadas que operan en los territorios no las envalentonarían las dudas que despierta esa discusión política y jurídica. Con lo cual quiero decir que este debate político hace enorme daño.

 

Reitero para que estén informados, como están las cosas hoy, el avance paramilitar en los territorios y los atentados contra líderes campesinos, defensores de derechos humanos y miembros de las Farc en proceso de desmovilización, crecen a velocidades alarmantes. Los informes son estremecedores.

 

Naciones Unidas están jugadas con el proceso de paz, tienen centenares de expertos internacionales provenientes de varios países desplegados en el terreno, que acompañan con entusiasmo y profesionalismo las tareas del Fin del Conflicto en las que se comprometieron como integrantes del Mecanismo Tripartito de Verificación y Monitoreo (ONU-Gobierno-Farc).

 

Pero son impotentes ante el desmadre político colombiano. ¡Qué puede hacer Naciones Unidas si no se implementa el Acuerdo por parte de la Corte, el Congreso y el Gobierno! ¡Así como las Fuerzas Armadas y las Farc tampoco pueden hacer nada!

 

Como están las cosas, ni la fuerza pública, ni la Justicia, ni las autoridades locales, tienen herramientas legales ni recursos materiales para adelantar las actividades pactadas en el Acuerdo de Paz.

 

¡El Acuerdo está al garete!… solo si la Corte Constitucional da vía libre al procedimiento abreviado de implementación, se puede desempantanar… no veo otra salida, ya es tarde para otro plebiscito…

 

Las guerrillas de las Farc están regadas por los territorios y si no se les despejan los caminos legales y materiales para su desmovilización, desarme y reintegración a la vida civil, entrarían en estampida y el proceso de paz no solo fracasa, sino que podría terminar en catástrofe.

 

Les repito, como cada quien pueda hacerlo, hay que pedirle a la Corte Constitucional que se pronuncie de inmediato y abra el camino del procedimiento abreviado para que el Congreso implemente el Acuerdo de Paz… y si no encuentra argumentos para hacerlo, reclamarle que diga mediante qué mecanismo jurídico puede salvarse la paz de Colombia.

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