Otro paradigma: escuchar a la naturaleza


Leonardo Boff, teólogo

Koinonía

Ahora que se aproximan grandes lluvias, inundaciones, temporales, huracanes y deslizamientos de tierras, tenemos que reaprender a escuchar a la naturaleza.
Toda nuestra cultura occidental, de vertiente griega, está asentada sobre el ver. No sin razón la categoría central –idéia (eidos en griego)– significa visión. La tele-visión es su expresión mayor. Hemos desarrollado nuestra visión hasta los últimos límites.

Con los telescopios de gran potencia hemos penetrado hasta las profundidades del universo para ver las galaxias más distantes. Hemos descendido hasta las partículas elementales y el misterio íntimo de la vida. Mirar es todo para nosotros. Pero debemos tomar conciencia de que este es el modo de ser de los occidentales y no el de todos.

Otras culturas próximas a nosotros, las andinas de los quechuas, los aymaras y otros se estructuran alrededor del escuchar. Lógicamente también ven, pero su particularidad es escuchar los mensajes de aquello que ven. Un campesino del altiplano boliviano me dijo: «yo escucho la naturaleza y sé lo que me dice la montaña». Y hablando con un chamán me decía: «yo escucho a la Pachamama y sé lo que ella me está comunicando».

Todo habla: las estrellas, el sol, la luna, las montañas soberbias, los lagos serenos, los valles profundos, las nubes fugaces, las selvas, los pájaros y los animales. Esas personas aprenden a escuchar atentamente estas voces. Los libros no son importantes para ellos porque son mudos, mientras que la naturaleza está llena de voces. Y se han especializado en esta escucha de tal forma que, al ver las nubes, al escuchar los vientos, al observar las llamas o los movimientos de las hormigas, saben lo que va a suceder en la naturaleza. 

Esto me recuerda una antigua tradición teológica elaborada por san Agustín y sistematizada por san Buenaventura en la Edad Media: la revelación divina primera es la voz de la naturaleza, el verdadero libro hablante de Dios. Pero como hemos perdido nuestra capacidad de oír, Dios, por piedad, nos dio un segundo libro, que es la Biblia, para que escuchando sus contenidos pudiésemos oír nuevamente lo que la naturaleza nos dice.

Cuando Francisco Pizarro en 1532 en Cajamarca, mediante una emboscada traicionera, hizo prisionero al jefe inca Atahualpa, ordenó al fraile dominico Vicente Valverde que con su intérprete Felipillo le leyese el requerimiento, un texto en latín por el cual se dejaban bautizar y se sometían a los soberanos españoles, pues el papa así lo había dispuesto. Si no lo hacían, podían ser esclavizados por desobediencia. Atahualpa le preguntó que de dónde le venía la autoridad. Valverde le entregó el libro de la Biblia. Atahualpa se lo puso al oído. Como no escuchó nada, tiró la Biblia al suelo. Fue la señal para que Pizarro masacrase a toda la guardia real y aprisionase al soberano inca. Vemos, pues, que la escucha lo era todo para Atahualpa. El libro de la Biblia no hablaba nada.

Para la cultura andina todo se estructura dentro de un tejido de relaciones vivas, cargadas de sentido y de mensajes. Perciben el hilo que penetra, unifica y da significado a todo. Nosotros los occidentales vemos los árboles pero no percibimos el bosque. Las cosas están aisladas unas de otras. Son mudas. Hablar es sólo cosa nuestra. Captamos las cosas fuera del conjunto de relaciones, por eso nuestro lenguaje es formal y frío. En él hemos elaborado filosofías, teologías, doctrinas, ciencias y dogmas. Pero esta es nuestra manera de sentir el mundo, no la de todos los pueblos.

Los andinos nos ayudan a relativizar nuestro pretendido «universalismo». Podemos expresar los mensajes mediante otras formas relacionales e incluyentes y no por aquellas objetivas y mudas a las que estamos acostumbrados. Ellos nos desafían a escuchar los mensajes que nos vienen de todos lados. 

En estos días debemos escuchar lo que las nubes negras, los bosques de las laderas de las montañas, los ríos que crecen y rompen barreras, las pendientes abruptas y las rocas sueltas nos advierten. Las ciencias de la naturaleza nos ayudan en esta escucha. Pero no es nuestro hábito cultural captar las advertencias de aquello que vemos y entonces nuestra sordera nos hace víctimas de desastres que hay que lamentar. Sólo dominamos la naturaleza, obedeciéndola, es decir, escuchando lo que ella nos quiere enseñar. La sordera nos dará amargas lecciones.

Fuente: http://www.redescristianas.net

ESPAÑA: CASILLA DE APOYO A LA CIENCIA EN LA DECLARACIÓN DE LA RENTA 0.7%


Supongo que ya habréis recibido esto por otras vías. Si no es el caso, se trata de una iniciativa para que se proponga incluir una casilla en la declaración de la renta para “donar” el 0.7 % a investigación científica.

También supongo que ya estaréis al corriente que este año el gobierno del PP recortara 600 millones de euros del ya de por si modesto presupuesto del estado para investigación  (sí, 600 millones de euros). Estamos hablando de becas FPU, Juan de la Cierva, Ramón y Cajal, Torres Quevedo, y planes nacionales. Sin un proyecto plan nacional del ministerio es muy difícil tirar adelante un grupo.

Por cierto, la Iglesia cobra del estado mensualmente 13 millones de euros (!!!).
Sí, mensualmente. Estos datos son sacados del BOE (he copiado el documento en mi facebook por si tenéis curiosidad). Tampoco se ha considerado en ningún momento hacer recortes a esta institución.

Puede que la propuesta no llegue a nada, o que creáis que no es la manera óptima de plantear el problema. Pero si juntamos una masa crítica importante, y la iniciativa llega a los medios, como mínimo concienciaremos un poco a la sociedad. Que oigan nuestra voz.

Si os parece adecuado, firmar la petición y reenviarlo a vuestros contactos. Tenéis el link más abajo. Sino, perdonad por el spam.

Peticiónhttp://actuable.es/peticiones/casilla-apoyo-la-ciencia-la-declaracion-la-renta
Editorial de Nature: http://www.nature.com/nature/journal/v480/n7375/full/480005a.html

Y un articulo muy interesante sobre la experiencia de una estudiante pre-doctoral en el CIPF de Valencia: http://medtempus.com/archives/por-que-he-renunciado-a-la-beca-predoctoral-del-cipf/

Y bueno, feliz 2012 y día de reyes!
un abrazo

Remitido al e-mail

Diario Vaticano / ¿Demasiados cardenales italianos y de curia? Juan XXIII inclusive creó más


Y el Papa que menos lo hizo fue Pío XII. Las estadísticas sobre los cardenales creados por los últimos seis pontífices redimensionan las críticas a Benedicto XVI, retomadas a partir del anuncio del próximo consistorio. Ninguna marcha atrás también para África

por ***

CIUDAD DEL VATICANO, 11 de enero de 2012 – Luego del anuncio por parte de Benedicto XVI del Consistorio del 18-19 de febrero no han faltado, en los medios de comunicación italianos y de otros países, reacciones críticas también por parte de observadores de ninguna manera hostiles al actual pontificado. Las críticas se han dirigido sobre todo al peso que habría tenido el cardenal Tarcisio Bertone, el secretario de Estado, en la elección de los nuevos cardenales. Pero objetivamente se imputan también al pontífice reinante.

De hecho, es el Papa en persona el que, según las normas – y ciertamente con Benedicto XVI también en realidad – elige “libremente” a los hombres “que hayan recibido al menos el presbiterado” y que merecen ser promovidos al cardenalato, en tanto se “destaquen notablemente por su doctrina, costumbres, piedad y prudencia en la gestión de asuntos”, como afirma el primer parágrafo del canon 351 del Código de Derecho Canónico.

Las críticas no golpean precisamente a los individuos eclesiásticos “premiados” con la púrpura, la abrumadora mayoría de los cuales cubren cargos que les corresponden según las normas vigentes: o en la curia (prefectos de Congregaciones, Fernando Filoni y Joao Braz de Aviz, el penitenciario Manuel Monteiro de Castro, los presidentes del APSA, Domenico Calcagno, y de la Prefectura de los Asuntos Económicos, Giuseppe Versaldi), o en Roma (el arcipreste de Santa María la Mayor, Santos Abril y Castello, el gobernador del Estados de la Ciudad del Vaticano, Giuseppe Bertello, el gran maestro de la Orden Ecuestre del Santo Sepulcro, Edwin F. O’Brien), o en la dirección de sedes episcopales de ya consolidada tradición cardenalicia (George Alencherry en Ernakulam, de los sirios-malabares, Thomas C. Collins en Toronto, Willem J. Eijk en Utrecht, Rainer M. Woelki en Berlín, John Tong Hon en Hong Kong).

Los únicos nombramientos que han sido una excepción a la regla remiten a dos presidentes de Consejos Pontificios, para los cuales no es obligatoria la púrpura (Francesco Coccopalmerio y Antonio Maria Vegliò), y esas sedes para las cuales se ha derogado la praxis que prevé no crear un nuevo cardenal allí donde ya hay uno con menos de 80 años y, en consecuencia, con derecho de voto en un eventual cónclave. Por eso Florencia, con Giuseppe Betori, ha recibido la púrpura que, por el contrario, no ha llegado a Toledo ni a Quebec, cuando estas tres sedes tienen sus respectivos eméritos con menos de 80 años que han sido llamados a cubrir cargos en la curia romana. Mientras que el cardenalato en Timothy M. Dolan, de Nueva York, y en Dominik Duka, de Praga, parece explicable por el hecho que los respectivos eméritos cumplirán 80 años en breve, el 2 de abril y el 17 de mayo respectivamente. Ninguno de los cinco nuevos cardenales “excedentes” ahora citados puede en absoluto ser incluido entre los favoritos del cardenal Bertone.

Una vez dicho esto, queda en pie el hecho concluyente, criticado por varios comentaristas, que las púrpuras concedidas por el papa Joseph Ratzinger a la curia romana y a los eclesiásticos italianos son particularmente numerosos, tanto en el próximo Consistorio como también en los tres anteriores de su pontificado.

Los números hablan por sí mismos. En cuatro Consistorios, Benedicto XVI ha creado efectivamente o se apresta a crear (los cardenales anunciados el 6 de enero se convertirán realmente en tales sólo el 18 de febrero) 84 purpurados, de los cuales 68 son electores. Entre estos últimos, los italianos son 21 (el 30,1 por ciento) y los curiales 28 (el 41,2 por ciento).

Son cifras muchos más altas que las registradas con el beato Juan Pablo II (sobre 209 cardenales electores por él creados, los italianos fueron 46, es decir, el 22 por ciento, y los curiales 61, es decir, el 29,2 por ciento), con Pablo VI (que nombró a 144 purpurados, entre los cuales hubo 38 italianos, es decir, el 26,4 por ciento, y 40 los curiales, es decir, el 27,8 por ciento) y también con Pío XII (entre sus 54 cardenales, los italianos fueron 13, el 24,1 por ciento, y los curiales 10, el 18,5 por ciento, porcentaje éste último que es, curiosamente, más bajo que el de todos los Papas posteriores a él).

Siempre respecto a la preponderancia de italianos y de curiales en las creaciones de cardenales salta a la vista, por el contrario, una singular analogía entre el pontificado de Ratzinger y el de Juan XXIII.

Efectivamente, con el papa Angelo Giuseppe Roncalli – con quien Benedicto XVI parece compartir un cierto candor mezclado con astucia en el tratamiento de las promociones eclesiásticas – los cardenales creados fueron 52, y de éstos los italianos llegaron a 23, justamente el 44,2 por ciento, y los curiales a 26, directamente la mitad del total.

Quizás no es casualidad, entonces, que en defensa de la lista de los nuevos cardenales haya salido a jugar, con un comentario en el “Corriere della Sera”, el historiado Alberto Melloni, líder de la escuela de Boloña, la cual ha dado una contribución decisiva a la compilación de la “Positio” que sirvió para elevar a los altares al beato Juan XXIII. Melloni ha aprovechado para señalar los benjamines en el nuevo Consistorio (Filoni y Bertello, Tong y Betori) y no ha ocultado el propio desacuerdo por lo que él llama el “clamoroso” aplazamiento de la púrpura para el joven arzobispo de Manila, Luis Antonio Tagle, uno de los autores de la discutida “Storia del Concilio Vaticano II”, producida por la escuela de Boloña.

Volviendo a los números del Consistorio del papa Ratzinger, hay que agregar por último que parecen inmotivadas las críticas por una presunta consideración pobre de su parte respecto a la Iglesia en África. Hasta ahora, Benedicto XVI ha concedido a ese continente 6 púrpuras “votantes”, el 8,8 por ciento. Juan Pablo II concedió en total 16, el 7,6 por ciento, y Pablo VI 12, el 8,2 por ciento.

Por el contrario, es verdad que hasta ahora el actual pontífice, con sólo 7 púrpuras – el 10,3 por ciento – ha “premiado” a América latina menos que sus predecesores. El papa Karol Wojtyla concedió 35, el 16,7 por ciento, y el papa Juan Bautista Montini 18, el 12,5 por ciento.

Pero Benedicto XVI podrá referirse a este continente en futuros Consistorios, “si Dios quiere”. Podrá crear nuevos cardenales en las no pocas diócesis donde el único obstáculo actual es la presencia de un emérito votante (Bogotá, Río de Janeiro, Santiago de Chile, San Salvador, Quito) o donde el titular ya ha superado los 75 años y se apresta a jubilarse (La Habana, Santo Domingo, Buenos Aires).

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La lista de los nuevos cardenales que serán creados el 18 de febrero próximo:

> Annuncio di concistoro

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Todos los servicios referentes al gobierno central de la Iglesia:

> Focus al VATICANO

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Traducción en español de José Arturo Quarracino, Buenos Aires, Argentina.

http://chiesa.espresso.repubblica.it/articolo/1350142?sp=y

He terminado de leer el libro de José María Castillo: “La Iglesia que quiso el Concilio”


Juan Cejudo, miembro de MOCEOP y de Comunidades Cristianas Populares

El Blog de Juan Cejudo

Lo compré en Octubre pasado en el Encuentro de Comunidades Cristianas Populares de Andalucía en Torrox (Málaga) y lo tengo dedicado por su autor.
Lo compré porque, aunque el libro se escribió hace 10 años, me parecía de gran interés en este año 2012 que se va a celebrar el 50 aniversario de su inauguración el 11 de Octubre de 1962 por el papa bueno, Juan XXIII (¡Cómo se le echa de menos!)

Y la verdad que me ha sido muy útil su lectura para comprender bien, explicado de un modo muy pedagógico y muy bien documentado, habitual en José María, todos los aspectos importantes que el Concilio quiso ofrecer a la Iglesia y al Mundo y el cambio profundo que supuso, desde que, unos años antes, el papa lo convocara y que, como ha escrito recientemente el historiador Hilari Raguer, fuera muy “torpedeado” por los altos cargos de la Curia y casi silenciado por el Observatore Romano.

José María nos habla de la genialidad profética que supuso aquel gesto de Juan XXIII. Nos cuenta cómo las primeras ponencias fueron redactadas por un grupo de teólogos afines a la Congregación del Santo Oficio, pero que fueron rechazadas por el Concilio. Los primeros redactores pretendían afirmar la autoridad de la Iglesia y el significado de salvación que tiene el aparato institucional de la misma. Se quiso dar prioridad primero a la jerarquía y después al pueblo de Dios. El Concilio cambió el orden: primero se hablaba del pueblo de Dios, después de la jerarquía.

Se entró en contacto con el mundo moderno: “Los gozos y las esperanzas, las tristezas y las angustias de los hombres de nuestro tiempo, sobre todo de los pobres y de cuantos sufren, son a la vez gozos y esperanzas, tristezas y angustias de los discípulos de Cristo”

El libro de Castillo va desgranando con detalle los distintos documentos del Concilio. Nos habla del papa que quiso el Concilio, los cristianos que quiso el Concilio, los obispos que quiso el Concilio, los presbíteros que quiso el Concilio, el papel de los religiosos y de los laicos, según el Concilio y el diálogo con la modernidad.

La Iglesia del Concilio dejó claro que el centro no podía ser la misma Iglesia, sino la alegría y el sufrimiento de los seres humanos.

Ya Juan XXIII había dicho pocos días antes de la apertura del Concilio, que la Iglesia tiene que ser, ante todo, la Iglesia de los pobres”. Y que la Iglesia tenía que ser rejuvenecida. Había mucho que cambiar en ella.

Es por eso que, cuando habla de los presbíteros, el Concilio abrió las puertas a que los sacerdotes pudieran compartir también el trabajo manual y se extendió por muchos sitios el fenómeno de los curas obreros que en los años posteriores al Concilio proliferaron en muchas diócesis.

Castillo habla también en su libro de las ambigüedades que el Concilio dejó. Y deja claro que, si bien, introdujo cambios profundos en la teología de la Iglesia, sim embargo, dejó practicamente intacta la organización eclesiástica.

Esa organización que, con el paso de los años, ha conseguido en gran parte, dejar en el olvido las grandes innovaciones que el Concilio Vaticano II aportó a la Sociedad y a la Iglesia.

Dicen que cuando apareció muerto Juan Pablo I, estaba preparando una reforma profunda de la curia romana. ¿Sería por eso, como dicen algunos autores que pudo ser asesinado?

Creo que este librito de Castillo, a pesar de los 10 años transcurridos desde que lo publicó, sigue siendo muy oportuno para ser leido en este año 2012, quincuagésimo de la inauguración del Concilio. Os lo recomiendo. Está editado por PPC.

http://www.redescristianas.net/2012/01/11/he-terminado-de-leer-el-libro-de-jose-maria-castillo-la-iglesia-que-quiso-el-conciliojuan-cejudo-miembro-de-moceop-y-de-comunidades-crist

Los obispos instan a “desenmascarar las mafias que abusan de los inmigrantes”


(Jesús Bastante).- “El compromiso por la verdad exige también desenmascarar las mafias que abusan de los trabajadores inmigrantes (transportes hacia España, contratos abusivos, trata y explotación de personas con fines de explotación sexual, etc…)”. Éste es el mensaje que lanzan los obispos de la Comisión Episcopal de Migraciones con motivo de su jornada, que se celebra el 15 de enero bajo el lema “Migraciones y Nueva Evangelización“. En la nota, el Episcopado clama por denunciar también “a todos aquellos que pretenden sacar rentabilidad social y política del sufrimiento de los inmigrantes“, y reclama “unas leyes y una opinión pública favorable a los inmigrantes”.

El mensaje arranca señalando “la desaparición de fronteras y los procesos de globalización” consecuencia del fenómeno migratorio, que “están dando lugar al encuentro entre personas y pueblos diferentes”, y alcanzándose “sociedades pluriculturales y plurirreligiosas“.

Detrás de esos desplazamientos, constatan los obispos, se encuentran diversas razones, como la amenaza de persecuciones, las guerras, la violencia, el hambre y las catástrofes naturales. “Todo ello origina problemas nuevos «no solo desde el punto de vista humano, sino también ético, religioso y espiritual»”.

“No pocos de los inmigrantes que llegan a nuestro país proceden de pueblos marcados por la fe cristiana. Muchos llegan con una fe fresca y viva, capaz de enriquecer nuestras comunidades; otros, tal vez con la fe adormecida, ¿encontrarán en nosotros «comunidades acogedoras que les ayuden a despertar o a mantener firme su fe, promoviendo incluso estrategias pastorales, métodos y lenguajes para una acogida siempre viva de la Palabra de Dios», como nos dice el Papa?”, se pregunta la nota, que también constata cómo también llegan “hombres y mujeres que no han encontrado a Jesucristo”, lo que supone “una oportunidad providencial” para la evangelización.

“El diálogo respetuoso, el testimonio de la solidaridad, además de abrir horizontes de paz, han de contribuir al conocimiento mutuo, a mostrar que el Dios en quien creemos es el Dios del amor, de la justicia, de la ternura y de la misericordia”, apunta la nota, que insta a los inmigrantes católicos a “ser los primeros evangelizadores de sus hermanos“.

Un testimonio que tiene que ser traducido “en acogida y hospitalidad”, y cuyos horizontes deben ser “tanto la integración social como la comunión eclesial”.
Recalcando el objetivo de la nueva evangelización, los obispos piden a las comunidades “leer en el rostro de los inmigrantes sus dolores y esperanzas, traduciendo la esperanza del Evangelio en respuestas prácticas para adultos, jóvenes y niños”.

“En medio de la crisis económica, social, cultural, política y religiosa, se nos pide una nueva imaginación pastoral, para ser testigos y servidores «del Evangelio de la esperanza y de la solidaridad», añade la nota, que ofrece una serie de propuestas.

Seguir insistiendo en crear espacios y comunidades promotoras de solidaridad, acogida, diálogo y comunión fraterna trabajando en una pastoral específica -¡aun cuando los inmigrantes hablen español!-, unida a la pastoral general para lograr la mejor armonía.

Fortalecer el acompañamiento de personas y grupos. La acción pastoral debe acompañar a la persona en su totalidad. Es importante fomentar el valor de la familia como elemento imprescindible de cohesión social. Las intervenciones en el campo de las migraciones han tenido casi como única mirada al individuo y su integración socio-laboral. Sin embargo, trabajar con las familias, y especialmente en el ámbito educativo, tiene efectos multiplicadores en lo referente a la integración, como se ha confirmado en la labor realizada en nuestras Misiones en Europa, por medio de sus capellanes y de las asociaciones promovidas al respecto.

Dentro de los grupos que hay que acompañar no podemos dejar de seguir teniendo en cuenta el número notable de los españoles que, actualmente en razón de la situación por la que atraviesa nuestro país actualmente, están saliendo fuera por razones de trabajo, intercambio o estudio. Ellos pueden descubrir las puertas abiertas de nuestras Misiones católicas de habla hispana, que precisan de más sacerdotes y agentes de pastoral.

Colaboración por parte de todos para el establecimiento de unas leyes y una opinión pública favorable a los inmigrantes desde una antropología basada en el respeto a la dignidad de la persona humana. Trabajar por unas leyes justas en el país de acogida ha de ir unido al empeño de que se promuevan políticas de desarrollo en los países de origen. El compromiso por la verdad exige también desenmascarar las mafias que abusan de los trabajadores inmigrantes (transportes hacia España, contratos abusivos, trata y explotación de personas con fines de explotación sexual, etc.). La denuncia ha de extenderse también a todos aquellos que pretenden sacar rentabilidad social y política del sufrimiento de los inmigrantes.

El Papa nos invita a que «las comunidades cristianas presten una atención particular a los trabajadores inmigrantes y a sus familias, a través del acompañamiento de la oración, de la solidaridad y de la caridad cristiana; la valoración de lo que enriquece recíprocamente, así como la promoción de nuevos programas políticos, económicos y sociales, que favorezcan el respeto de la dignidad de toda persona humana, la tutela de la familia y el acceso a una vivienda digna, al trabajo y a la asistencia». Inspirados por el mensaje del Papa, deseamos que los marcos normativos para las regulación de las migraciones sean fruto de un consenso lo más amplio posible; recordamos y pedimos, a la luz de la Doctrina Social de la Iglesia, de la tradición y la práctica pastoral de esta en su labor de acompañamiento a los grupos más débiles de nuestra sociedad, que se garantice la atención religiosa adecuada, fluida, regularizada y permanente en los centros de internamiento de emigrantes y refugiados, en donde no pocos ven una excepcionalidad jurídica. Pero, mientras existan, confiamos en que sean utilizados de modo excepcional, y que en todo caso se vele por las condiciones de vida de los internos y reciban la asistencia y el apoyo previstos en la ley.

Potenciar la pastoral juvenil con los inmigrantes, recogiendo el encargo del Santo Padre en la JMJ, en cuya Eucaristía final recibimos el encargo de «comunicar a los demás la alegría de nuestra fe». En el mundo de las migraciones existen admirables experiencias de trabajo pastoral con jóvenes. La JMJ ha de suponer un renovado impulso para acercarnos, más si cabe, al millón y medio de jóvenes emigrantes (entre 15 y 29 años) que representan casi el treinta por ciento de la población migratoria.

http://www.periodistadigital.com/religion/solidaridad/2012/01/10/religion-iglesia-obispos-migraciones-mafias-dignidad-acogida-evangelizacion.shtml

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